All language subtitles for La traición 013.mp4-es-CC1

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Original subtitles

- ¡Uh! Helena: ¡Uh!

[Risas]

- A estas botellas ya casi no les echan licor, Helenita,

¿te diste cuenta?

Esta no nos duró nada.

- ¡Nada!

- Nada.

- Nada, nada.

- Nada.

Oye, tu marido se está como demorando un poquito.

- Sí. Yo, yo creo que se fue para la casa.

- Ah, se fue para la casa.

- Sí. Y, y yo mejor me voy.

- No, no. Eh, eh, espera, Helenita.

¿Por, por qué te vas a ir?

¿Por qué te vas a ir?

Si la estamos pasando tan, tan sabroso.

[Quejidos]

¡Ay!

- ¡Eres un idiota!

Mira lo que hiciste.

Deberías estar desenterrando a Hugo de Medina,

no espiándome.

- No lo puedo creer, Gatita.

- Eres un baboso. Yo me puedo cuidar sola.

Tenemos que desenterrar a Hugo de Medina

porque tenemos un compromiso con el doctor Max

y tenemos que entregar ese cuerpo esta noche.

-¡Ah! No lo puedo creer, Gatita, no lo puedo creer.

¡Gata desagradecida! ¡Coqueta!

Alcides: Marina.

Marina. - Dígame, señor.

- Boris, como empleado de confianza de Hugo,

debió saber de cualquier enfermedad

o padecimiento secreto que él tuviera.

- No lo sé, señor.

Cuando a Don Hugo le dio ese terrible desmayo,

Boris pasó toda la noche con él

y después se fueron juntos para el club,

a la fiesta de la señorita Soledad.

- ¿Y no te comentó nada al respecto?

- No, no, no, señor.

¿Por qué? ¿Pasa algo?

- No, no pasa nada.

[♪♪♪]

No pasa nada.

Buenas noches.

- Buenas noches, señor.

Un telegrama de Boris.

[♪♪♪]

Llega esta noche.

Úrsula: ¿Que sus papás quieren hacerla casar a la fuerza

con Don Alcides?

Pero si acabamos de enterrar a Don Hugo.

- Sí.

A ellos no les importa nada.

Mira, por lo que oí, mis papás están mal de dinero

y lo único que les interesa es arreglar su situación.

No les importa que tengan que venderme.

- No, no pueden ser tan crueles.

- Ay, de mi mamá no me extraña, pero de mi papá sí.

Ay, es que ahora entiendo todo.

De Hugo solamente les interesaba su dinero, claro.

Por eso ese cambio de actitud de mi mamá

frente a nuestro matrimonio.

- ¿Usted creed?

- Ay. Qué tonta, tonta fui.

[Truenos]

Ellos solamente nos engañaron,

solamente querían utilizarnos a él y a mí.

¿No te das cuenta?

- Entonces, ahora como Don Hugo no está,

¿la van a obligar a casarse con Don Alcides?

- Ay. A ellos...

[Solloza]

A ellos no les importa mi dolor.

Ellos son demasiado egoístas para pensar en mí.

[Sollozo]

No les importo nada, no les importo.

- No llore más, no llore más, señorita.

Alguna solución tiene que haber.

[Sollozo]

- Sí.

Creo que sí la hay.

Úrsula, mis papás son demasiado obsesivos,

ellos van a hacer lo que sea

con tal de lograr lo que quieren.

Así que, yo creo que lo mejor

es que nos vayamos de esta casa.

- No, señorita, usted está embarazada.

No puede irse así, piense en el bebé.

- Justamente por el bebé es que lo quiero hacer.

Aunque si te quieres quedar, lo entendería perfectamente.

- Ahora menos que nunca pienso dejarla sola.

Le propongo algo. Vámonos a casa de mis papás.

Somos pobres, pero...

sé que no tendrán ningún problema en recibirlos.

- ¿Tú crees?

- Sí.

A mí mamá le va a dar mucho gusto conocerla,

le he hablado tanto de usted.

- Soy afortunada de poder contar contigo.

Está bien.

Tenemos que darnos prisa y arreglar todo.

Nos iremos esta misma noche...

a la madrugada.

[Se cierra puerta]

- Alcides de Medina.

¿A qué debo el honor y a estas horas?

- Necesito que me prestes a algunos de tus hombres,

tengo un asunto muy importante que resolver.

- Y ¿por qué la urgencia?

Pensé que con la muerte de tu hermano,

nuestras preocupaciones irían quedando atrás.

- El empleado de confianza de mi hermano

regresará a la ciudad esta misma noche

y de seguro querrá saber lo que le pasó a su amo.

- Y tú tienes miedo de que sospechen de ti.

- Si me descubren a mí, te descubren a ti.

¿Vas a llamar a tus hombres o no?

- ¡Guillermo, apúrate, apúrate!

- Ay, eso es lo que estoy haciendo, Gatita,

como tú no eres la que está aquí paleando.

Ya quisiera verte aquí metida, pa' que vieras.

- Mira que ya casi viene una tormenta.

- ¡Quietos ahí!

- ¡Ah!

- Así que ustedes son los profanadores de tumbas.

[♪♪♪]

Boris: ¡Vamos!

[Relinchos]

[Disparos]

[Relincho]

[Disparos]

[Disparos]

- Miguel, quita esa arma.

Por favor,

no pensarás que nosotros somos esos profanadores de tumbas

de los que hablas.

Guillermo: No, señor, somos comerciantes independientes

y muy respetables.

- Claro, sí, claro. Entonces, ¿qué hacen con esa pala?

¿Sembrando un árbol en la tumba de Don Hugo?

Guillermo: ¿Sembrando un árbol?

[Risas]

Buena, Miguel, buena. Pero no, no, no.

No es lo que tú piensas, Miguel, no.

- No, no.

- Soy tonto, pero no tanto.

Al unísono: "Tonto, pero no tanto".

- Sí, ríanse, ríanse mientras me acompañan.

Voy a llevarlos con el inspector Duarte.

- No, no, no, Miguel.

No, no, no, Miguel, espérate, espérate.

Está, está bien, Miguel, está bien.

Te vamos a contar una verdad

y solamente lo hacemos porque tú nos caes muy bien, Miguel.

No sabes cuánto, mira.

Lo que pasa es que este sujeto,

este sujeto me contrató para hacerle un trabajo...

- Ajá.

- ...que yo le cumplí a cabalidad.

Y nunca me pagó, Miguel.

Y como nosotros estamos hasta aquí de deudas,

eso debemos de todo, Miguel.

Helena: Sí.

Y, entonces, nos vimos obligados a sacar su cuerpo

y a pagarnos con las joyas de este sujeto.

- ¿Joyas?

- Eh. Sí.

- Joyas.

- Joyas, joyas, Miguel.

Y no te imaginas de qué tamaño, Miguel.

- ¿Sí?

- Sí, y nosotros estamos dispuestos

a compartirlas contigo si, si no nos denuncias.

[♪♪♪]

- ¿Úrsula?

[♪♪♪]

¡Úrsula!

Úrsula.

¿Qué pasó? ¿Y los caballos?

- No nos podemos ir a caballo, señorita,

los arreos están bajo llave.

¿Será que sus papás se dieron cuenta

de que nos íbamos a escapar?

- No tendría nada de raro.

Ay. ¿Y ahora qué vamos a hacer?

- Pues, tenemos que esperar hasta mañana

a que salga algún carruaje de la ciudad.

- ¿Hasta mañana?

No. No, no, no, hasta mañana... Hasta mañana no. Nos vamos.

Nos vamos de aquí.

- Pero eso le puede hacer daño, señorita.

- Úrsula, no te preocupes.

Mira, estoy segura que en el camino

alguien nos va a llevar.

Pero, por favor, no nos podemos quedar,

faltan unas horas para que amanezca,

se van a dar cuenta de que tratamos de huir.

Vamos.

- ¡Maldita sea! Se escapó.

Hombre: No debe estar muy lejos.

Debe estar herido, estoy seguro que le di.

- Bueno, pues, entonces, muévete. Búscalo.

Hombre: No está por acá. Seguro se fue río abajo.

- Tenemos que encontrarlo.

Esas fueron las órdenes de Don Arturo.

Tenemos que encontrarlo y matarlo. Andando.

- Boris.

Boris. Boris, despierta. Soy yo, Marina.

Boris.

Leí tu telegrama, y por eso salí a buscarte.

- Marina.

[Boris tose]

Marina...

- Don Hugo... Ay, Marina, Don Hugo...

- Don Hugo...

Don Hugo murió, Boris, lo enterraron hace unas horas.

- Marina, Marina, tienes que llevarme a... Marina...

- Boris. Boris, Boris, no. - Tengo que ir a verlo, Marina.

- Boris, Boris. Boris, no.

[Boris tose]

Boris.

Boris, Boris, no te me mueras.

Boris. Boris, despiértate.

[Susurra] - Ayúdenme. Ayúdenme.

Papá.

[♪♪♪]

- Hijo.

- Mamá.

- Hijo.

- Estoy muerto.

Si estoy con ustedes, es porque estoy muerto.

[Rasgueo]

- Cómo pesa el sepulcro. - ¡Ay! Ya está aquí por fin.

Bueno, Guillermo,

¿qué estás esperando para abrirla?

Abrir, abrir, eh, sí.

Eh, Miguel, tú encárgate de subirlo a la carreta,

voy a hacer una diligencia allá dentro.

Helena: ¿A dónde crees que vas, Guillermo?

- Ay, Burkesita, si todo te lo digo, todo lo sabes.

Tengo que ir a hacer una diligencia.

No querrás que me haga en los pantalones, ¿no?

Ya vuelvo.

- Aún no es tiempo de que estés con nosotros, Hugo. Regresa.

- No estoy preparado para regresar, papá.

Armando: Quisiera poder evitar tanto dolor,

pero es tu destino y tienes que enfrentarlo.

No temas.

Madre: Siempre estaremos contigo.

Algún día nos volveremos a encontrar.

Por ahora, regresa, Hugo.

[Eco] Regresa, Hugo.

- ¿Papá?

Miguel: Helenita, ven, no te vayas.

¿Por qué estás tan asustada?

Si los muertos son inofensivos, mira.

Ven, Helenita, ven. Ven.

- ¡Ah! Miguel: ¡Ah, ah!

¡Ah! ¡Ah!

[♪♪♪]

♪ Quisiera acercarme a ti, ♪

♪ Pero me frena una razón ♪

♪ Oculta en lo más profundo de mi ser. ♪

♪ Quisiera devolver el tiempo a mi favor, ♪

♪ Y no dejar que nada se interponga entre tú y yo. ♪

♪ Sálvame, despiértame otra vez. ♪

♪ Temo cerrar los ojos sin saber ♪

♪ Si vas a estar conmigo al amanecer. ♪

♪ No, no, no. ♪

♪ Bésame hasta enloquecer. ♪

♪ Quiero perderme en tus sentidos ♪

♪ Para no saber quién soy y lo que temo ser. ♪

♪ Otra vez, despiértame. ♪

♪ No te puedo perder. ♪

- A esta hora, no vamos a conseguir

a nadie que nos lleve, señorita.

¿Se siente bien?

- Sí, estoy es un poco cansada.

Úrsula: En su estado, es natural

que se canse más rápido.

Mi mamá me contaba que cuando estaba embarazada,

le daban unos calambres muy fuertes.

Venga, descansemos un momento.

- No.

No, no, no, ahorita no podemos descansar, ¿sí?

Además, quiero ir al cementerio.

Yo no me puedo ir de esta ciudad

sin antes despedirme de Hugo.

- Nos desviaríamos demasiado y se nos haría muy tarde.

- Yo tengo que ir.

Necesito ir, tengo que, que verlo.

- Señorita, Don Hugo ya está en el cielo.

Usted no necesita ir al cementerio

para hablar con él.

Yo estoy segura que él puede escucharla

y verla desde donde está.

- Sí. Sí, creo que tienes razón.

Hugo y yo vamos a estar unidos para siempre,

así él esté muerto, sí.

Tenemos que salir de aquí,

porque creo que va a caer una tormenta.

- Sí, vamos.

Guillermo: Pero, Gatita, ¿qué fue lo que pasó?

- Yo no sé, Miguel pegó un grito,

no sé lo que pasó.

- Este lo que se ve es que está robando.

Ay, qué cosa.

- Ay, no. No, no, no, no me digas.

No me digas, está...

Guillermo: Muerto.

Este está bien muerto, Gatita.

Helena: Dios mío.

Esto es una maldición, yo te lo dije.

Hugo de Medina solo trae la desgracia.

¡No te acerques, Guillermo! ¡Por favor!

Por favor, vámonos de aquí.

- No, Gatita, cálmate. No nos podemos ir de aquí.

No podemos dejar a este señor aquí tirado,

tenemos que terminar lo que empezamos, sí, señora.

- Guillermo, ¿tú estás loco? Mírame, mi amor, mírame.

¿Viste lo que acabó de suceder?

Él lo tocó y se murió en el instante.

Por favor, vámonos de aquí. Piénsalo, mi amor,

yo no quiero que a ti te pase lo mismo.

- Piensa tú, Burke.

No podemos llegar sin este señor,

porque el doctor Max nos va a matar,

no tenemos otra opción.

- ¿Y qué hacemos con Miguel?

- Pues, lo metemos en el cajón de Don Hugo de Medina

y lo enterramos.

- No, no, no.

A mí no me gusta esa idea. No, Guillermo, no.

Guillermo: Cálmate, Gatita.

Entonces, ¿qué hacemos? ¿Ah? No veo otra salida.

- ¡Ay! ¡Está bien!

Está bien, hacemos lo que tú digas.

Que conste, yo a este señor no le pongo una mano encima.

- Ya. Respira, cálmate.

[Marina llora]

- Ay, ánimo, Marina.

¡Boris!

Pesas. Ay, ay.

¡Ay!

No te mueras. - Oh, quieto, Querubín.

Quieto, Querubín. ¡Oh, oh!

¿Qué sucede aquí, mujer?

¿Qué haces a mitad de la noche en el camino?

¿Con quién estás?

¿Es tu marido? Debe estar borracho.

- Viene de un viaje muy lejos y unos hombres lo hirieron

y tengo que llevarlo a casa de mi patrón.

- A ver, no lo muevas. Déjame verlo.

¿Quién es tu patrón?

- El difunto Don Hugo de Medina.

Boris y yo trabajábamos para él.

- Debe ser el hombre de confianza de Don Hugo,

el que estuvo alguna vez...

Marina: ¡Señor!

Ayúdeme, que Boris se me muere.

- Ay, ya, deja de llorar. No grites.

Muévete. Déjame revisarlo.

Sostén.

[Solloza]

Marina: Boris. Francisco: Ay.

Ah, sangre.

Este hombre está muy mal.

Hay que llevarlo inmediatamente al médico.

Mi bastón.

Vamos, mujer. Súbelo a la carreta.

Muévete.

[Quejidos]

- ¡Ay!

- Pero ¿qué esperas, mujer? ¡Ah!

Permíteme.

A las tres. Una, dos, tres. Empuja.

¡Ay!

[♪♪♪]

Esther: Lucas. ¡Lucas!

Lucas, despierta.

- ¿Qué pasa? - ¡Lucas!

- Pero ¿qué pasa?

¿Por qué estás gritando, Esther?

- No está en su habitación, Soledad no está.

Acabo de ir a buscarla y no está.

- Búscala, seguramente, no podía dormir

y está en la cocina tomando algo.

- No, te digo que no está, se fue.

Mira, encontré esto.

- "Papá y mamá."

Soledad: "Siempre pensé que podía confiar en ustedes,

pero hoy me di cuenta que no es así.

Me duele en el alma saber que mis propios padres

me engañaron y que ahora me quieren obligar a casarme

con un hombre solo por un interés.

Por eso me voy mi hijo,

él es lo único que en este momento

me motiva a vivir.

Que Dios los perdone. Soledad".

- Dios. Dios mío, ¿qué hicimos?

- No es el momento para arrepentimientos.

Levántate y vístete.

Tenemos que ir a buscarla, no debe ir muy lejos.

Soledad no puede salir de la ciudad.

Lucas: No.

- ¡Apúrate!

Francisco: Ay, con cuidado.

¡Ah! Ahí está.

- Boris.

- Marina.

Marina: Boris.

- ¿Qué está pasando aquí?

- Don Alcides, algo terrible.

Boris sufrió un atentado en el camino y está muy mal.

- ¿Un atentado?

Pero ¿por qué lo trajiste hasta acá?

¿Por qué no lo llevaste a un hospital?

- Qué pena con usted, señor,

pero me dio miedo encontrarme a los matones

en la calle otra vez.

Francisco: Ella tiene razón, señor.

Despierta, despierta. - ¿Y usted quién es?

Francisco: Ay, qué grosero. Permítame presentarme.

Mi nombre es Francisco de Morales,

soy periodista de sociedad.

Escribo a muchos medios, principalmente a El Vespertino.

[Estornudo]

Salud, señor.

Alcides: ¿Los que escriben,

los que escriben reseñas sobre las familias de la capital?

Francisco: Exactamente.

Vine a esta ciudad a escribir una...

Perdón, un artículo sobre su difunto hermano.

Mi más sentido pésame.

- Pues, llegó demasiado tarde.

- La muerte no es la única noticia, señor.

Yo le aseguro que muchas personas

querrán saber cómo vivió su hermano.

- Mi hermano fue enterrado esta mañana.

Marina, este hombre está muy mal,

será mejor que vayas a buscar al doctor Max.

Marina: Sí, señor. - Rápido.

Marina: Con su permiso. - Rápido.

Y usted no se quede ahí parado, ayúdeme a moverlo.

- Eh, sí, con todo gusto.

Alcides: Vamos a llevarlo a un lugar más cómodo.

- Ay, muy bien. Ay, levántelo.

Cómo pesa. Cielos. Qué bonita casa tiene, señor.

¡Ay!

- ¿Será que el doctor Max sí nos paga por este

como nos ha pagado por los otros?

- Bueno, si no nos paga, por lo menos que sirva

para que quede y contribuya al desarrollo

de la investigación y la ciencia.

[♪♪♪]

- Mire, ahí viene una carreta.

- Te lo dije.

- Ay, mira, mira, Guillermo.

Allá hay unas personas que nos están haciendo señas

para que paremos.

- ¡Deténganse!

¡Por favor!

- Tenga cuidado, mi niña, que no sabemos quienes son.

- Es nuestra única opción.

¡Señores! ¡Por favor, deténganse!

- ¿Y qué vamos a hacer?

Marina: Doctor, por favor, ayúdeme.

Boris, el mayordomo de Don Hugo,

lo hirieron en un asalto y está muy mal.

Acompáñeme a la casa de Don Hugo, por favor.

- Eso es imposible.

Ahora mismo estoy esperando que me traigan un paciente

y no me puedo mover de aquí.

- Doctor, Boris está muy mal y se me va a morir.

Usted tiene que salvarlo.

- No moleste más.

- Pues, yo no me voy a ir de aquí sin usted.

- Está bien.

Voy a escribir una nota y voy con usted.

- Señorita Soledad.

- Por lo visto,

usted siempre aparece en el momento menos oportuno.

Guillermo: Ay, señorita, ¿qué hace aquí?

La hubiera podido atropellar.

- Es que necesito que nos haga un favor

y nos saque de la ciudad.

Hugo: Soledad.

Es la voz de Soledad.

- No, nosotros sí quisiéramos llevarla,

pero necesitamos llegar a nuestro destino urgentemente.

Soledad: Lo único que les estoy pidiendo

es que nos lleven a las afueras de la ciudad,

en donde podamos conseguir otro transporte.

Además, les puedo pagar muy bien.

- No, no, no insista, señorita Soledad, no insista.

Ya dijo mi marido, llevamos mucha prisa.

Vamos, Guillermo, vamos.

- Sí, sí, señora,

necesitamos entregar una mercancía urgentemente.

- Venga, señorita, no insista más. Venga.

Hugo: Soledad.

Soledad.

- ¿Hugo?

♪ Sálvame, ♪

♪ Despiértame otra vez. ♪

Hugo.

♪ Sin saber si vas a estar conmigo al amanecer. ♪

♪ Bésame, hasta enloquecer. ♪

Hugo: Soledad.

Soledad, ayúdame.

- ¿Hugo?

- ¡Arre! ¡Ar!

[Relincho]

¡Arre! ¡Arre, arre!

Soledad: ¡Espere! ¡Deténgase!

- Señorita, ¿qué está haciendo?

- Lo escuché. Úrsula, lo escuché.

- Ay, no diga eso, señorita.

♪ Era lo que me tocó vivir, ♪

♪ Aquel momento que dejé partir. ♪

♪ Amor. ♪

- Hugo.

Mi amor, ¿cuándo vas a llegar, mh?

Eso que dicen de ti...

que estás muerto,

eso, eso es mentira.

Es mentira, eso es mentira.

Eso es mentira.

¡Eso es mentira! ¡Es mentira!

♪ Y seré feliz, ♪

♪ Cada vez que ella llore. ♪

♪ Voy a hacer que te abandone ♪

♪ Y entonces... ♪

- Hugo. Ay, Hugo.

- Soy Alcides. Alcides, no soy Hugo.

- ¿Por qué me miras así?

- Porque soy Hugo, tu amado Hugo.

Por eso.

- No fue Hugo.

Alcides fue el que me violó.

¡No, no te me acerques! ¡No te me acerques!

¡Él me quiere hacer daño! ¡Él me quiere hacer daño!

- Beatriz, yo soy Alcides.

Alcides, Beatriz, trata de calmarte.

- ¡Fuiste tú, Alcides!

[Sollozo]

- "Esposos Burke.

Tuve que salir a atender una...".

- "Emergencia".

- "La puerta está abierta.

Lleven el encargo al...".

- "Anfiteatro".

- "Y espérenme, es una orden.

Doctor Max".

- "Es una orden", mh.

Helena: Ay, no veo la hora de deshacerme

de Hugo de Medina.

Me da miedo hasta muerto.

¿Qué tal lo que le hizo a Miguel?

- No, de eso ni hablemos, Gatita.

Pero lo mejor de todo esto es,

es que con este cadáver ya lo pagamos la deuda

que tenemos ahí con el doctor Max.

No hay que volver a sacar cadáveres del cementerio.

Ven, ayúdame.

- Pero no hables mal de los muertitos,

gracias a ellos vivimos por tres meses.

Marina: ¿Cómo está Boris, doctor?

Dígame que se va a salvar, por favor.

- No se lo puedo asegurar.

Detuve la hemorragia, pero perdió mucha sangre.

Es necesario hacerle una transfusión.

- ¿Una transfusión?

- Sí, pasarle sangre al paciente.

El problema es que no tenemos mucho tiempo.

- Sáqueme toda la que necesite, doctor,

con tal de salvar a Boris.

¡Despierte!

Despierte, por favor.

[Relincho]

- Úrsula, ¿qué le pasó a mi hija?

- Se desmayó, Don Lucas.

Íbamos por el camino y se desmayó.

- Soledad. Soledad, mi amor.

Soledad, ¿qué te pasó? ¿Qué le hiciste, Úrsula?

¿Qué le hiciste?

- Nada, doña Esther, yo no le hice nada.

- Si algo le llega a pasar a nuestra hija,

tú serás la única responsable, por haberla ayudado a escapar.

- Basta, Esther, basta.

Úrsula no tiene la culpa de nada, déjala en paz.

Si Soledad se fue, es por culpa nuestra solamente.

Úrsula, ayúdame a subirla.

- Mi amor.

- No mires, Esther.

- ¡Déjenme salir!

¡Déjenme salir de acá! ¡Yo no estoy loca!

¡No estoy loca! ¡Déjenme salir!

¡Tienen que saber la verdad!

¡Por favor, sáquenme de aquí!

¡Sáquenme de aquí!

Doctor: ¿Qué te sucede, Beatriz?

¿Acaso no le dieron las medicinas?

Enfermero: Claro que sí, doctor,

recibió la rutina como todos los días.

- Yo sé quién me hizo daño.

Tienen que saber toda la verdad.

- No entiendo qué le pudo suceder,

los últimos días estuvo más tranquila.

- ¡No, no!

Doctor: Sédenla pronto.

Beatriz: ¡No! ¡No! ¡Por favor, no!

Yo sé, yo sé toda la verdad.

¡Por favor, no! ¡No! Yo sé.

[Beatriz respira agitadamente]

Yo sé toda la verdad. Yo sé toda la verdad.

[Susurra] Sé qué pasó...

Max: Todo parece indicar

que su cuerpo asimiló muy bien la transfusión.

- Eso significa que no se va a morir, ¿verdad?

- Tiene que estar pendiente de que no convulsione.

Si lo hace, pues, avíseme.

Marina: Doctor,

¿y por qué no se queda con nosotros

mientras nos aseguramos que Boris esté a salvo?

Por favor, se lo suplico.

- Yo ya hice todo lo que podía hacer por él.

- Hugo me estaba llamando,

yo lo escuché.

- Hija, hija, ¿estás bien?

- ¿Qué estoy haciendo aquí?

- Usted se desmayó, señorita, y sus papás llegaron y...

- Fuimos a buscarte, hija.

Estábamos muy preocupados por ti.

Lucas: ¿Estás bien?

- Dios.

No me toques. Yo no tengo nada que hacer en esta casa.

- No, señora. - Acompáñame.

Lucas: Soledad,

no te puedes levantar, estás muy débil.

- Déjame. Esther: Hija, por favor,

tranquilízate. Hablemos.

- Yo no tengo nada de qué hablar con ustedes

y menos contigo, mamá.

¿Cómo fueron capaces?

- Lucas, Úrsula, salgan de la habitación.

Lucas: Esther.

¿Qué vas a decirle? Soledad está muy débil,

no es el momento para... - ¿Es que no te das cuenta?

Mi hija me está odiando.

Necesito hablar con ella a solas.

- Está bien, está bien.

Pero voy a estar afuera pendiente.

Úrsula, vamos.

[Soledad llora]

Mírame.

Tenemos que hablar sobre esto.

- ¿Qué me vas a decir?

¿Que me quieres vender a Alcides?

Pues, te equivocas, mamá,

porque eso no lo voy a permitir.

[♪♪♪]

- Así que Boris se pondrá bien.

Me alegra mucho esa noticia, doctor.

- De todas maneras, hay que tenerlo en observación.

Le hice una transfusión de sangre.

De no ser por eso, otro hubiera sido su destino.

- ¿Usted cree que despertará?

- Despertará, de eso no hay duda,

pero no sabría decirle cuándo. Bueno, tengo que irme.

- Muchas gracias. Max: Ay. Sí, señor.

"Señor, después de una ardua búsqueda,

he logrado encontrar una propiedad

que será de su completo agrado.

Esta noche, en cuanto regrese, le daré los detalles".

[♪♪♪]

Guillermo: Listo.

Ya no estoy para estos trabajos.

Me duele todo.

Voy a la taberna a tomarme una cerveza

y luego voy a dormir. - No, no, no...

Tenemos que esperar al doctor Max,

eso es lo que vamos a hacer.

- No, Gatita, espéralo tú.

- Guillermo, quédate aquí. ¿Me vas a dejar sola con...?

- Está bien. Está bien, Helena.

Lo vamos a esperar, pero...

Voy a dormir un ratico. - Guillermo, Guillermo.

No te atrevas a cerrar los ojos, Guillermo.

No me dejes aquí sola con este señor.

- ¿Cómo pudiste, mamá?

¿Cómo pudiste negociar conmigo? Como si yo fuera una mercancía.

- Soledad, no es lo que piensas.

Solo quiero protegerte. - No me digas más mentiras.

Escuché perfectamente cuando hablaban con este prestamista,

el tal Manrique,

que le deben muchísimo dinero

y que Alcides te lo va a prestar

si se casa conmigo.

Esther: Perdona, hija. Sé que suena muy duro,

pero esa salida nos beneficia a todos.

Tu hijo crecerá con un padre y nosotros salvaremos la casa.

- Cada día me sorprendes más.

Eres capaz de venderle tu alma al diablo

con tal de conservar tu prestigio, mamá.

Acabo de enterrar al amor de mi vida.

¿Te das cuenta?

Creo que a ti no te importa, no te interesa porque, además,

aceptaste ese compromiso por pura conveniencia.

- ¿De dónde sacas semejante cosa?

- Ay, no lo niegues.

Ahora sí ya entendí por qué ese repentino cambio.

Un día me estabas dando un bebedizo

para que no fuera a declarar favor de Hugo

y el otro día estabas aceptando mi compromiso con él.

- Solo quería evitar que te expusieras.

- Ya lo sé todo, mamá,

ya me quité la venda de los ojos.

Ya sé qué es lo que quieres realmente.

Tú me engañaste

y me has utilizado todo este tiempo.

- Te lo ruego, hija.

Eres nuestra salvación.

Si te casas con Alcides, vamos a perderlo todo.

Si de verdad nos amas, hazlo por nosotros.

Te lo ruego.

Tienes que compensar lo que hemos hecho por ti.

Al menos dime que lo vas a pensar.

- No.

Ahora tengo un hijo...

Y por él y por la memoria de Hugo,

no voy a permitir que me sigas manipulando más.

- Yo estoy de acuerdo con mi hija, Esther,

y la apoyo.

Ella no va a casarse con Alcides. No.

[♪♪♪]

[♪♪♪]

- ¿Se puede saber qué hace?

- Don Alcides, ¿cómo está?

Tomo nota de ciertos detalles

de la casa de su difunto hermano.

En el artículo que estoy escribiendo,

me parece importante destacar el buen gusto que tenía.

Lo felicito, tiene una casa maravillosa.

- Sin embargo, me pregunto a quién le podría interesar

leer sobre alguien que estuvo rodeado de escándalos

y de vergüenza.

- Ay, no diga eso, Don Alcides.

A la gente le interesa saber,

sobre todo lo que tenga que ver con las bajas pasiones humanas,

y creo que su hermano sí vivió de eso.

Bueno, con todo respeto. Esos son los rumores que dicen.

- Pero la fama de mi hermano a mí también me perjudica.

Me perjudica, porque él llevaba mi apellido.

- Lo entiendo, pero nada se puede hacer.

- Yo creo que sí.

¿Qué tal un paralelo entre lo que fue él

y lo que soy yo?

- Don Alcides, con todo respeto,

creo en la libertad de expresión,

pero le voy a decir algo que no me gusta.

Que me digan qué es lo que tengo que escribir.

- Yo estoy dispuesto a colaborarle generosamente

para que haga una excepción a sus reglas.

- ¿Qué es lo que está tratando de decir?

Soy un periodista serio, señor.

Y para que lo entienda,

soy de las pocas personas en esta ciudad

que no tienen precio.

♪ Estoy cansado de suplicar. ♪

♪ Y ahora que encontré... ♪

- Ay, periodistas de farándula, ya veremos si no tiene precio.

Ya veremos.

♪ Los dos sufrirán. ♪

[Estornudo]

[♪♪♪]

- Con esta hambre que tengo yo. No veo aquí nada para comer.

[Ronquidos]

[♪♪♪]

Lucas: Esther,

esta vez fuiste demasiado lejos

y no voy a concretar ese absurdo matrimonio

entre Alcides y mi hija.

- No me hables como si yo fuera lo peor.

Solo estoy buscando una solución para mi familia.

¿O se te olvida que tú eres el culpable de todo esto?

Tú fuiste quien nos endeudó, quien nos arruinó.

Lucas: Tienes razón.

Yo me equivoqué en el manejo de mis negocios,

pero Soledad no tiene por qué pagar por mis errores.

Esther: Vamos a perder la casa, Lucas,

¿eso es lo que quieres para tu familia?

- No. Lo que quiero

es salvar a mi hija de una injusticia,

de una monstruosidad.

- Pues, entonces, ella tendrá que irse.

Si vamos a quedar en la ruina,

al menos que nos quede un poco de dignidad.

No voy a convivir con ese bastardo.

Lucas: Ni yo voy a vivir contigo, Esther.

Mi hija y yo nos iremos juntos.

- No me amenaces, Lucas.

Si vas a hacer algo,

piénsalo muy bien antes de dar cualquier paso.

- Papá, no, no pelees con ella. Lucas: Soledad.

No, durante muchos años,

he tenido que soportar los caprichos de tu mamá

en silencio, pero esta vez no va a ser así.

Tú y mi nieto no están solos, hija,

me tienen a mí.

Y si, por defenderlos, tengo que separarme de tu mamá,

lo haré.

Esther: No te atrevas, Lucas.

Si llegas a poner un pie fuera de esta casa,

no volverás nunca.

- Guárdate tus amenazas, Esther.

Esta vez, las cosas no se harán a tu manera.

Esther: Pensé que éramos una familia

y que estábamos unidos para salir adelante,

pero veo que no es así.

Te va a pesar esta decisión, Lucas.

Y tú...

[♪♪♪]

- Se demora mucho el doctor Max.

[Guillermo ronca]

Guillermo.

Por favor, despiértate, no me gusta estar aquí sola.

El doctor Max que no llega y tengo un hambre.

Guillermo, por favor, despiértate.

No me gusta estar aquí sola.

Guillermo, por favor.

Despiértate.

[♪♪♪]

¡Ah, ah!

[♪♪♪]

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