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- ¡Mi hermano Hugo escapó! ¡Sáquenme de aquí!
- Tenemos que rescatar a Soledad
antes de que la policía se dé cuenta que escapé
y comiencen a buscarme.
- Imagino que le dio buen uso al dinero que le di
en el callejón.
- Si usted está aquí, ¿dónde diablos está su hermano?
- Don Alcides.
- Tranquilas, es don Hugo. Luego les explico.
Hugo: Soledad, yo soy...
- Sé quién eres.
- ¿Sabes lo que deberías hacer?
Entregarte a las autoridades si quieres salvar a Soledad.
De lo contrario, Arturo la va a matar
por lo que le hiciste a Beatriz.
- Necesito que me ayudes a encontrar unas personas.
Ya sé. Ya sé cómo podemos ayudar a demostrar
la inocencia de Hugo.
- ¡Esa mujer no debe llegar al juzgado!
- Soy culpable del cargo que se me acusa.
Soledad: Eso no es verdad, su señoría.
♪ Sálvame. ♪
- Hugo de Medina es inocente.
♪ Despiértame otra vez. ♪
♪ Temo cerrar los ojos sin saber ♪
♪ si vas a estar conmigo. ♪
- ¡Hugo de Medina es inocente!
Él no le hizo daño a Beatriz de Linares.
[Golpe de mazo] Juez: ¡Silencio!
- Esto es absurdo, señor juez.
¿Qué hace aquí esta señorita disfrazada de policía?
- Y lamento mucho tener que presentarme así,
su señoría, pero lo hice por mi propia seguridad.
Fiscal: El prisionero acaba de declararse culpable.
Ya ningún testimonio se puede tener en cuenta.
- El fiscal tiene razón, señorita de Obregón.
Si Hugo de Medina ya se declaró culpable,
no tiene ningún sentido que usted lo defienda.
- Señoría, él lo hizo para protegerme.
Estuvimos juntos esa noche cuan...
- Soledad, no es necesario que me defiendas,
no es necesario que des detalles, por el amor de Dios.
- Hugo de Medina no es culpable
porque yo estuve toda la noche con él.
¡Hasta el amanecer estuvimos juntos!
- Señor juez, usted no puede creer esto.
Esta mujer miente.
Está enamorada de Hugo de Medina,
y quiere hacer lo que sea con tal de salvarlo.
Soledad: ¡Señor, puedo presentar testigos!
Ellos pueden decir que lo que estoy hablando es cierto.
Si usted me permite, los hago pasar.
- Inspector, que pasen los testigos.
[♪♪♪]
- Hoy es el juicio de Hugo de Medina.
¿Guillermo?
¿Guillermo?
[Lee] "Mi gatita, lo estuve pensando bien anoche.
Rogar confianza y mendigar amor es algo que no puedo hacer.
Decidí dejarte el camino libre
y alejarme de tu lado para siempre.
Guillermo".
Soledad: Su señoría, estas personas pueden confirmar
que estábamos fuera de la ciudad
la mañana siguiente de la fiesta.
Fiscal: Con todo respeto, señor juez,
estos campesinos pudieron ser comprados.
- Pero por supuesto que fueron comprados, señor juez.
Si Soledad de Obregón ha sido capaz de exponer
su dignidad frente a todos,
¿qué no será capaz de hacer con tal de salvar a su novio?
- Su señoría, escúchelos.
Es lo mínimo que puede hacer antes de juzgarme.
- ¿Es cierto que ustedes se encontraron
en la mañana de ayer con el señor Hugo de Medina
y la señorita aquí presente?
- Así es, señor juez.
Los vimos en el camino.
Ellos venían rumbo a la ciudad,
y nos hicieron señas para detenernos, pero no lo hicimos.
Arturo: Señor juez, ¿por qué, en vez de preguntarle a ellos,
no le preguntamos a la niña?
Esta niña no nos va a mentir.
Pequeña, pequeña, dinos,
¿no es acaso cierto que esta mujer habló con tus padres
y les pidió que vinieran a este juzgado a mentir?
- Dinos ayer si viste a este señor
y a la señorita por el camino.
- ¡Ah!
Hugo: Necesitamos ayuda, señor.
- ¡Por favor, deténgase!
Juez: No te escuchamos, nena.
Dinos, ¿viste antes a esta pareja?
- Sí.
Estaban ayer en el camino.
[Murmullos]
Guillermo: ¡Suéltenme! ¡Soy inocente!
¡Soy un honorable jardinero!
- ¿A dónde llevan a mi marido?
- ¡Anita, huye! ¡Huye! - ¡Suéltenlo! ¡Suéltenlo!
- ¡Suéltenme! ¡Suéltenme!
- ¡Suéltenlo! ¡Dígame a dónde lleva a mi marido!
- Este tipo amenazó con un arma a una señora importante.
- ¡Ay, mentira! ¡Soy inocente! ¡Soy inocente, gatita!
- Ella dijo que este pedazo de gusano la iba a matar.
- ¡Ningún gusano!
¡Soy el honorable Guillermo Burke! ¡Suéltenme!
- ¡Sí, oyó bien, Guillermo Burke!
¡Y mi marido puede ser todo lo que usted diga,
menos un asesino!
¡Así que, suéltelo! ¡Suéltelo! ¡Suéltelo! ¡Suéltelo!
- El testimonio de la niña no es válido, señor juez.
- ¿Por qué no es válido?
Ustedes mismos fueron los que pidieron
que la niña testificara, ¿no es así, señor juez?
- El testimonio de la familia
y, en especial, el de la niña, es aceptado.
[Murmullos]
[Golpes de mazo] ¡Silencio! ¡Silencio!
Por el poder que me otorga la ley,
declaro al señor Hugo de Medina inocente del cargo
que se le acusa por abuso sexual
a la señorita Beatriz de Linares.
[Murmullos]
[Golpes de mazo] ¡Silencio! ¡Silencio!
La investigación, para dar con el verdadero culpable,
seguirá su curso.
Señor Hugo de Medina, queda usted en libertad.
[Golpe de mazo]
- Mi amor, lo logramos.
- Gracias a ti. Lo logramos gracias a ti.
[♪♪♪]
Helena: ¿Es verdad lo que dijo el policía, Burke?
¿Tú trataste de matar a una señora?
- La mamá de Arturo de Linares.
Estaba con él cuando la enfrenté.
Me vi en la desesperada, gatita,
y pensé que algo malo te había pasado.
Tuve que amenazarla para que me dijera qué había hecho contigo.
- ¿Y tú hiciste eso por mí?
- Mmm-hmm.
Después apareció el matón ese del Fabio y me iba a matar.
Me tocó salir corriendo de la taberna y esconderme allá.
Margot me ayudó.
Ahí esperé horas,
y después salí otra vez a buscarte de nuevo.
¿Me crees?
- Claro que te creo.
¿Me perdonas, Burke? ¿Me perdonas?
- No tengo nada que perdonarte.
- No sabe cuánto me alegra verlos tan felices.
- Parte de esta felicidad es gracias a ustedes.
Soledad me contó lo que hicieron, fueron muy valientes.
- Pero no fuimos solo nosotras, señor,
Boris fue el más valiente.
- Perdone que lo hayamos desobedecido, señor,
pero si no hubiera sido por eso,
no hubiéramos podido rescatar a la señorita Soledad
y, tal vez, usted no estaría libre.
- Muy bien, Boris. Muy bien.
Eres un empleado fiel que sabe tomar decisiones.
- Bueno, creo que ha sido todo por hoy.
Tenemos que regresar a nuestras labores. Permiso.
- Con su permiso.
- Ah, mi amor, quiero que conozcas
a las personas que nos ayudaron.
- Quiero que sepan que estoy muy agradecido
por lo que hicieron.
Quisiera recompensarlos de alguna manera.
- No es necesario, señor.
Nosotros dijimos lo que, lo que vimos.
Permiso.
- ¿Cómo se te ocurrió traerlos?
- Sabía que con mi testimonio no iba a ser suficiente,
necesitaba algo mucho más contundente,
y por eso pensé en ellos.
- Soy muy afortunado.
Además de bella, eres muy inteligente.
- Me prometiste que te encargarías
de que Hugo de Medina
pagara por lo que le hizo a tu hermana,
y mira lo que sucedió.
- Yo estoy tan sorprendido como tú, madre.
Pero te aseguro que esto no se queda así.
- No seas idiota.
Ahora lo más importante es que tú salgas bien librado
de todo esto.
Tienes que evitar que esa muchacha te acuse.
Podría enviarte a la cárcel por haberla retenido.
- Tranquila, madre. Yo sé lo que tengo que hacer.
- ¡Jm!
[♪♪♪]
[♪♪♪]
- Tú y yo tenemos una conversación pendiente.
Te espero en el lado norte del bosque en una hora.
[♪♪♪]
Yo sé que lo que hice no estuvo bien,
pero quisiera que entiendan.
Mi hermana fue víctima de una atrocidad,
y todo parecía indicar que tú eras el culpable, Hugo.
Yo temía que tú salieras libre injustamente,
y decidí retener a Soledad.
Sé que fue algo drástico, excesivo,
pero quería asegurarme de que se hiciera justicia.
- No solo me retuviste, trataste de abusar de mí.
- Yo puedo jurar que no tuve nada que ver con eso.
Y si alguno de mis hombres se propasó,
puedes tener la seguridad de que será severamente castigado.
- Linares, usted no puede maltratar a la gente que amo.
Yo voy a hacer que pague por lo que hizo.
- Mi amor, igual ya no importa.
No creo que pueda probar que fue Arturo.
Pero al menos puedo esperar que nos dejen en paz, ¿no?
- Le puedo asegurar que así va a ser.
- Bueno, vamos, mi amor. Vamos a hablar con mis papás.
- Adelántate tú. Yo te alcanzo. Ve.
Yo sé la clase de hombre que es.
No le creo una sola palabra de su arrepentimiento.
[♪♪♪]
- Regresemos a la casa. Tienes muchas cosas que explicarnos.
- Para empezar, hija, ¿cómo es eso
que Arturo de Linares te tuvo retenida?
Cuando Alcides nos lo contó, no lo podíamos creer, hija.
- No quiero preocuparlos con eso.
Ya estoy bien, estoy aquí. Gracias a Dios, estoy libre.
- Y tal vez este no sea el lugar adecuado,
pero es importante que sepan que Soledad y yo
estamos dispuestos a casarnos cuanto antes.
- Señor Medina, aunque lo hayan declarado inocente,
nosotros seguimos pensado que usted
no es una buena influencia para nuestra hija.
A su lado, Soledad no ha hecho más que cometer locuras
y hacernos pasar vergüenzas.
- Mamá, yo lo único que les estoy pidiendo es su bendición.
Así no estén de acuerdo, me voy a casar con Hugo.
- Lo que dice el señor Hugo de Medina es cierto.
No es el lugar ni el momento para hablar
de algo tan importante.
- Aquí no hay nada de qué hablar.
- Nos vemos en la casa, hija. Permiso, señor Hugo.
[♪♪♪]
♪ Quisiera acercarme a ti, ♪
♪ pero me frena una razón ♪
♪ oculta en lo más profundo de mi ser. ♪
♪ Quisiera devolver el tiempo a mi favor ♪
♪ y no dejar que nada se interponga entre tú y yo. ♪
♪ Sálvame, despiértame otra vez. ♪
♪ Temo cerrar los ojos sin saber ♪
♪ si vas a estar conmigo al amanecer. ♪
♪ No, No, No... ♪
♪ Bésame hasta enloquecer. ♪
♪ Quiero perderme en tus sentidos ♪
♪ para no saber quién soy y lo que temo ser. ♪
♪ Otra vez, despiértame. ♪
♪ No te puedo perder. ♪
[Pasos]
Guardia: Señora, se puede ir.
- ¿Cómo? ¿Mi Burke?
- Solo usted.
La señora Gladys de Linares no ha establecido la denuncia
contra su esposo, así que él tendrá que esperar.
- No entiendo. ¿Lo van a enjuiciar?
- Bueno, eso depende de la denuncia
de la señora de Linares y lo que determine el juez.
- Pero usted entenderá que yo no quiero dejar
a mi esposo aquí, metido en esta ratonera.
- Él podrá salir si paga una fianza.
- Ay, eso es injusto. Mi esposo solo trataba de ayudarme.
Guardia: Señora, no tengo todo el día para esperarla.
Así que, por favor, le pido que se marche,
o tendré que dejarla haciéndole compañía a su esposo.
- Ve, gatita, ve. Yo me sacrifico por los dos.
Ve, goza de tu libertad.
- Mi amor, te prometo, te prometo que yo vengo y te saco.
Yo, yo hago hasta lo imposible por, por rescatarte.
Bueno, si la fianza no es muy cara, ¿no?
[♪♪♪]
Esther: No debiste callarme delante de Hugo de Medina.
Ese hombre tiene que saber que... ¡Ih!
- ¿Manrique? ¿Qué...? ¿Qué hace aquí? ¿Có...?
¿Cómo entró en mi casa?
- Mis muchachos son unos expertos en estos menesteres.
Yo vine solamente a conocer la que será mi nueva casa.
- ¿De qué habla este hombre, Lucas?
- Su esposo tuvo a bien hipotecar esta casa
como garantía del préstamo que le hice.
Yo, la verdad, lo he pensado detenidamente,
y creo que no tiene ningún sentido
esperar que me devuelvan el dinero.
Tú, Lucas, no tienes con qué pagarme,
pero te queda esta hermosa casa.
- Se equivoca, señor.
Esta casa es mía, es herencia de mi familia,
así que no la puede tocar.
- ¿Quiere apostar, señora?
Permítame. Observe nada más
lo que puedo hacer con mis cosas.
Esther: ¡No! ¡No, ese jarrón no!
¡No, el jarrón no! ¡No!
¡Déjenlo! ¡Suéltelo, salvaje! ¡Suéltelo!
- Señora. ¡Señora! Quiero mi dinero.
O, tal vez, ustedes prefieran salir de esta casa hoy mismo.
- No, espere, espere. Tengo una manera de pagarle.
Pero, por favor, no lo golpee más.
No, por favor.
- La escucho, señora.
Hugo: Bueno, pero escuchaste a tu mamá
a la salida del juzgado.
- Ellos van a tener que aceptar.
Y si no, amor, igual hacemos lo que teníamos planeado.
Nos casamos lejos de todo el mundo, lejos de todo.
¿Sabes una cosa?
Siento un poco de miedo
porque es como si todo el mundo
se opusiera a que estuviéramos juntos.
- Nadie nos va a separar.
Nadie. Yo siempre estaré a tu lado para protegerte, ¿mh?
- No voy a desistir con mis padres.
Voy a hablar con mi papá.
A lo mejor, él puede convencer a mi mamá
para que nos dé su bendición.
Dame unos días.
Esther: Mi hija está comprometida
con Hugo de Medina,
usted sabe que él tiene mucho dinero.
Acaban de dejar libre a Hugo, y se va a casar con mi hija.
Le aseguro que con él conseguiré todo el dinero
que le debemos.
- Conozco a Hugo de Medina, y sé que no es ningún tonto.
Les va a quedar muy difícil el sacarle una suma tan grande.
- Mi hija sabe cómo manejarlo, ella se encargará.
Tenga la seguridad que él le dará todo,
absolutamente todo lo que ella le pida.
- Sí sé de la relación que tiene su hija
con Hugo de Medina, y solamente por eso acepto su trato.
¿Cuándo es la boda?
- Es un mes.
- Bien.
Ese es, entonces, el plazo que tiene para pagarme, un mes.
Ay, señora, le ruego tenga en cuenta,
voy a considerar a Hugo de Medina
como parte integral de nuestro negocio.
Con permiso.
Vamos.
- Lucas. Lucas. Lucas, por Dios.
Lucas. Lucas, háblame. Lucas.
Dios mío, ¿qué hice?
- El trato era que tu hermano se iba a la horca
y que tú te encargabas de comprar al juez.
- Fueron tus hombres quienes dejaron escapar a Soledad.
- Como sea. El juez no cumplió con su parte.
- No sé.
Pero yo voy a arreglar ese asunto con él.
- Qué bueno que lo quieras arreglar,
porque lo vas a poder hacer ahora mismo.
- ¡Tráiganlo! Juez: ¡No!
¡Suéltenme! ¡Suéltenme! ¡Suélteme!
Don Alcides, no.
Don Alcides, no me mate, por favor, se lo ruego.
Usted sabe que yo no tuve la culpa.
No pude hacer nada, entiéndame.
- Cállese.
Juez: Yo no pude hacer nada.
No pude hacer nada. No pude hacer... No.
- Arréglalo.
Juez: No. No, don Alcides, no, por favor.
No tuve culpa.
- No me gusta que me prueben.
Juez: ¡No!
- ¿Se siente bien, señor?
Hugo: Sí, Boris.
Sí, me siento bien.
Tengo el presentimiento que algo malo
le sucede a mi hermano.
- Señor, tranquilícese.
Ahora tiene razones para ser feliz
y olvidarse de toda esa gente que lo perturba.
- A Alcides lo está consumiendo la maldad.
Él fue quien abusó de Beatriz de Linares.
Lo hizo para utilizarlo en mi contra.
- Señor, creo que, aunque él lleve su sangre,
debería denunciarlo a las autoridades.
- No, no hay manera de probar que fue él.
Y tengo la corazonada de que intentará
hacerme daño otra vez.
Max: No sé cómo tienes el descaro de venir
a pedirme dinero, Helena.
- Ay, doctor, con todo respeto, yo necesito pagar
la fianza de Guillermo.
Y si no pago la fianza, usted entenderá
que él no puede salir de la comisaría.
Y si no sale de la comisaría, yo no tengo quién me ayude
a desenterrar los muertos que usted necesita.
- No. Ustedes no me cumplieron.
Tenían que traerme un cadáver, y no lo hicieron.
- Mi esposo y yo tuvimos un problema muy grave,
eso nos retrasó.
- Pero yo le... - ¡No me creas idiota, Helena!
¿Cómo crees que te voy a dar todo ese dinero,
cuando no cumples con tu palabra?
- Esta vez, nosotros le cumplimos, doctor.
Se lo prometo. Le juro...
por mi madrecita linda que le cumplimos, doctor.
Es más, le traemos lo que quiera.
Muertos a la carta, pida lo que usted necesite.
Estamos en venta.
- ¿Los que yo quiera?
- Sí, doctor.
Cuatro por el precio de uno.
Usted entenderá, doctor,
que de algo tenemos que vivir mi Guille y yo.
- No te creo.
- Doctor, que me parta un rayo
si no le estoy diciendo la verdad.
- Está bien. Te voy a dar este dinero.
- Sí, señor.
- Pero no me juegues sucio.
Comenzarán esta misma noche.
Quiero que me traigan el cadáver del juez Roldán.
- ¡No! ¿Se murió el juez Roldán? No le creo, Max.
Doctor Max, perdón.
- Sí, parece muy extraño.
Pero parece que se suicidó
después de haber dejado libre a Hugo de Medina.
Hugo: Me alegra que hayan reconsiderado
permitirme hablar con ustedes.
- Hugo, he pensado que...
hemos pensado que el amor de ustedes es tan evidente,
que nosotros...
- Papá, ya, habla de una vez.
- Que no nos vamos a oponer a esa relación.
Señor Hugo de Medina,
usted tiene nuestra autorización
para casarse con Soledad.
♪ Quisiera acercarme a ti, ♪
♪ pero me frena una razón ♪
♪ oculta en lo más profundo de mi ser. ♪
Gladys: Eso, hijita, así. Come, come. Es tu postre favorito.
Vas a ver cómo muy pronto te vas a recuperar
y regresarás a casa con tu hermano y conmigo.
- No, mamá.
Yo voy a vivir con Hugo, nos vamos a casar,
y quiero que nos des tu bendición.
- ¡Ya basta, Beatriz!
Ah, y mira, mira lo que te traje.
Mira, es un diario.
Quiero que escribas en él todo lo que pienses y recuerdes.
Deja que fluyan las palabras sin ningún temor, ¿mh?
♪ Cuando todo era perfecto ♪
♪ y pensaba que por fin tú me querías, ♪
♪ que de mí te enamorarías, ♪
♪ me botaste sin deparo. ♪
- Doctor, ¿usted sí cree que esto va a funcionar?
- Claro que sí.
Escribir es una gran terapia
para los pacientes que presentan
lagunas postraumáticas.
- Cómo me gustaría volver a Beatriz como era antes,
que recuperara su, su mirada vivaz, su alegría,
su entusiasmo.
- Ese diario le servirá de ancla a la realidad.
Entre sus pensamientos y fantasías, llegará la cordura.
Ya lo verá.
Helena: Bienvenido a tu casa, mi gatito.
Bienvenido, mi amor.
- Gracias, gatita.
Estoy feliz de estar aquí, pero gracias a ti.
Me contaron los guardias que tú pagaste la fianza.
Qué detalle tan lindo, mi gatita. Te amo.
¿Y cómo hiciste? Era mucho dinero.
- Bueno, fue un adelante, o digamos, más bien, un préstamo.
- ¿Adelanto? ¿De qué estás hablando?
- Le pedí ayuda al doctor Max.
- ¡Ay, no!
- No, pero mira, él me dio todo el dinero de tu fianza
a cambio de sacar unos cuantos muertitos del cementerio,
no más.
- No, gatita, pero ¿por qué tuviste que hacer eso?
Hubiera preferido venderle el alma al diablo
antes que tener tratos con ese sujeto.
- Bueno, ya lo hecho, hecho está.
Y nos toca empezar a pagar esta misma noche.
Ya deja de quejarte, y más bien prepárate.
- Esta vez fuiste muy eficaz para convencer a tus padres.
- Mi amor, no sé qué fue lo que pasó.
Cuando llegué a la casa, mis papás me tenían la noticia.
♪ Mira lo que tocó vivir. ♪
- No saben cuánto me alegra verlos tan felices.
- Úrsula, me has hecho tanta falta.
Yo quiero que regreses a la casa conmigo.
¿Por qué...?
¿Por qué no regresas y me ayudas
con los preparativos de la boda?
- ¿Y don Hugo está de acuerdo?
- Lo que desee Soledad está bien para mí.
- Bueno, mamá, papá.
Quiero que Úrsula regrese a la casa conmigo.
- Será. Que vuelva.
- Esta ocasión merece un brindis.
Quisiera que todos, incluidos ustedes,
los empleados, tomen unas copas y...
quisiera que con este anillo
aceptaras mi oferta de convertirte en mi esposa.
- Ay, mi amor. Hugo: ¿Aceptas?
¿Quieres ser mi esposa?
- No hay nada más que quiera en mi vida que eso.
[♪♪♪]
- Quiero decirles que me esforzaré
todos los días de mi vida por, por hacerla feliz,
y que... le voy a demostrar cuánto la amo.
- Bien, entonces, un brindis por los novios.
[♪♪♪]
[Quejidos]
- Si el doctor Max nos pagara por kilos,
estaríamos millonarios.
- Engañoso el desgraciado.
Sh.
- ¿Qué? - ¿No oyes algo?
- No. No oigo nada.
Miguel: ¿Quién anda ahí?
Helena: ¡Miguel!
Hola, Miguel. Qué alegra verte. Miguel.
- Helena.
- Estaba perdida, estaba...
- Sí, perdida. - Nerviosa.
- Sí, perdida estás porque la tumba de Clarisa no,
no queda por allá, queda...
- No, ¿dónde queda? - Por allá.
- Ah, allá. - Sí.
- Ah. - Sí, allá.
- Ah, qué bueno. ¿Me acompañas?
Vine a saludar a la tía Clarisa.
Tú sabes, nadie la visita.
- Sí, ella no, nadie la visita. Solo usted, sí.
Helena: Nadie. Y yo vine a rezarle un ratito.
[♪♪♪]
Hombre: ¡Atención! ¡Silencio todo el mundo, por favor!
Acabo de escuchar a dos policías hablando.
Dicen que el juez Roldan se suicidó.
Al parecer, se disparó en la cabeza.
Arturo: ¿Lo ves, Alcides?
Nadie sospecha que tú te encargaste de Roldan.
Sin embargo, te debo una disculpa.
Yo sé que no debí ponerte a prueba,
pero necesitaba saber hasta dónde eras capaz de llegar.
- Nunca vas a conocer mis límites, Arturo.
- Qué bueno. Porque lo siguiente
que tendrás que hacer
será encargarte de tu propio hermano.
- ¿Qué remedio me queda?
Pero Hugo tiene que morir.
Es algo que debí hacer yo mismo hace mucho tiempo.
Arturo: Y cuando antes suceda, mejor.
- No. Cuanto antes no.
Hacerlo, te pondría a ti como primer sospechoso.
¿Eso es lo que quieres?
Lo haremos a mi manera.
Voy a tomar todo el tiempo que sea necesario.
♪ La vida que he llevado. ♪
Soledad: Gracias.
Gracias, papá.
Gracias por lo que hicieron por mí.
De verdad que casarme con Hugo es lo mejor
que me puede pasar en toda mi vida.
¿Y cómo hiciste para convencer a mi mamá?
- Te sorprendería si te contara.
- Bueno, yo creo que ya han sido
demasiadas emociones por hoy.
Los amo con todo mi corazón, pero me voy a dormir.
Vamos. Ay, ay, ay. Te quiero.
- Y yo a ti.
- Gracias.
[Risas]
- Esther, no salgo de mi desconcierto.
Esta mañana no querías ver a Hugo de Medina
cerca de mi hija,
y ahora apruebas su compromiso como si nada.
Dime, ¿por qué ese cambio tan repentino?
- Reconsideré las cosas.
Soy la mamá de Soledad, sufro por ella,
y lo único que me interesa es su bienestar.
¿Por qué más iba a cambiar de opinión?
- Eso me parece... E...
Hugo: Quiero que tomes este cuarto
y lo guardes en el sótano.
- ¿Tan convencido está, señor?
Es la primera vez, desde que estoy a su servicio,
que quiere deshacerse del recuerdo de su padre.
- El recuerdo de mi padre está asociado a la muerte.
Y ella y yo no tenemos nada que hacer más juntos.
A partir de hoy, mi destino será otro.
Boris: Me imagino que ya le contó a la señorita Soledad
sobre su enfermedad.
- No, no lo he hecho, y no será necesario.
Toma.
- Siempre he tenido curiosidad, don Hugo,
por saber lo que usted sufría cuando le daban los ataques.
- Pues, es como un estado de ensueño.
No estoy ni dormido ni despierto,
y la respiración se hace muy lenta,
el corazón apenas palpita.
No siento ni frío ni calor,
y no puedo mover ningún músculo de mi cuerpo.
Y es verdaderamente angustiante querer hacerlo
y no poder conseguirlo.
Lo único que me mantiene atado al mundo
es mi oído y mi mente.
Pero, en fin, Boris, a partir de hoy,
la catalepsia formará parte de mi pasado.
- ¿Tan convencido está, señor?
- Tengo fe que el amor de Soledad
me salvará de una recaída.
En un mes, me voy a casar con ella
y voy a ser el hombre más feliz del mundo.
♪ Quisiera acercarme a ti, ♪
♪ pero me frena una razón ♪
♪ oculta en lo más profundo de mi ser. ♪
♪ Quisiera devolver el tiempo a mi favor, ♪
♪ y no dejar que nada se interponga entre tú y yo. ♪
Vigilante: ¡Alto! ¡Alto!
♪ Despiértame otra vez. ♪
♪ Temo cerrar los ojos sin saber ♪
♪ si vas a estar conmigo al amanecer. ♪
♪ Bésame hasta enloquecer. ♪
♪ Quiero perderme en tus sentidos ♪
♪ para no saber quién soy y lo que temo ser. ♪
♪ Otra vez, despiértame. ♪
♪ No te puedo perder. ♪
Esther: ¿Cómo está eso de que le vas a hacer
una despedida de soltero a Hugo de Medina en el club?
¿Por qué no me habías contado?
- Sabía que no te iba a gustar.
Mujer, ha pasado un mes.
Mañana nuestra hija se casa con Hugo.
Me parece un acto de cortesía.
- No tenemos por qué ser corteses con ese hombre,
por mucho que ahora sea de nuestra familia.
- Bueno, ya es tarde.
Las invitaciones están repartidas.
Al único que no querré ver por allá será a Manrique.
- No me digas que invitaste a ese miserable.
- Tuve que hacerlo.
Se dio cuenta del evento, y me obligó.
- Madre de Dios.
Solo espero que a ese infeliz no le dé por ventilar
nuestros problemas con él delante de todo el mundo.
Hugo: Mi suegro insiste en hacer una despedida de soltero.
- ¿Quiere que lo acompañe al club de esta noche, señor?
- Quiero que esta misma tarde vayas a San Marino
con estos cheques al portador,
y me negocies una buena hacienda
para cuando regrese de mi luna de miel con Soledad.
San Marino queda lejos.
Seguramente, en cuanto encuentre una propiedad,
voy a tardar días en regresar, señor.
- Qué pena, amigo mío, pero no podrás asistir a mi boda.
Lo he pensado bien, y tengo demasiados
enemigos en esta ciudad.
No quiero que Soledad se vea afectada.
- Me parece sabia su decisión, señor.
Pero ahora que no voy a estar a su lado para cuidarlo
cuando sobrevengan las crisis de su enfermedad,
creo prudente le diga la verdad a la señorita Soledad.
- Boris, han pasado meses sin un solo ataque,
ni siquiera un síntoma.
Estoy curado.
- De todas maneras, señor.
Hugo: De todas maneras,
estos han sido los mejores días de mi vida.
Así que alista tus maletas y vete pronto para San Marino.
- Así será. Permiso.
- Pronto, Boris.
Boris: Señor.
- Es un compuesto muy potente para dormir.
No lo puedes mezclar con alcohol
porque se vuelve altamente tóxico.
- ¿Qué estás pensando hacer?
- Prepara tus hombres para esta noche.
[♪♪♪]
Manrique: Felicidades, Hugo de Medina.
Que seas muy feliz estando casado.
Que hagas muy feliz a Soledad y, sobre todo, a sus padres.
- Gracias. Con permiso.
Manrique: Salud.
- Hermano, espera.
Supe de tu fiesta, y no quería perdérmela por nada del mundo.
Y supongo que se te olvidó invitarme,
pero, por fortuna, yo soy miembro del club,
así que puedo entrar cuando quiera.
- Sí, puedes entrar al club,
pero, Alcides, a esta reunión no eres invitado.
- Hugo.
Hugo, dejemos los rencores a un lado.
Si yo estoy aquí hoy, es porque,
es porque reconozco mi derrota, porque creo...
Un momento.
Porque creo que...
creo que llegó el momento de unirnos como hermanos.
- Yo en innumerables ocasiones he intentado acercarme a ti,
Alcides, y tú nunca me has tenido buena estima.
Yo no creo que hayas cambiado.
- Está bien, tienes tus razones para pensar así,
pero al menos hoy dame la fortuna
de compartir tu alegría.
Te propongo un brindis.
Brindo por ti, hermano, y por tu felicidad.
¿Qué pasa? ¿Piensas que le puse algo para envenenarte?
Señores, brindo por mi hermano, por su felicidad.
- ¡Salud! Por mi futuro yerno.
Alcides: Salud. Manrique: Salud.
♪ Los dos pagarán. ♪
♪ Los dos sufrirán. ♪
Guillermo: Tiene que estar por aquí.
¿Dónde puse yo eso?
- ¿Será esto lo que estás buscando?
¿Por qué no me dijiste que le habías quitado
el anillo al juez Roldán?
- Eh, no querías que te enojaras,
por eso no te dije nada.
¿Lo viste bien? Es de oro puro. Se puede vender muy bien.
- Eres bruto, Burke. Guillermo: ¿Ah?
- Bruto. - ¿Ah?
- ¿No te das cuenta que aquí tiene las iniciales
del juez Roldán?
Si lo vendemos, nos van a descubrir.
- Ah, pero yo conozco a alguien
que puede estar interesado, y vive en San Marino.
- Mmm.
¿Tú lo que querías era hacer negocio a mis espaldas?
¿Con todo el dinero que debemos?
Al doctor Max, dos meses de renta,
en la tienda también estamos de...
- No, no, no. Burke, estás equivocada.
Yo lo iba a vender, pero cuando tuviera el dinero en la mano,
te lo iba a traer y te lo iba a entregar todo.
- Eres un mentiroso, un descarado,
desconsiderado, ¡atrevido!
¡Burke, ven aquí! ¡Burke!
Manrique: Señores, salud.
- Salud.
Manrique: Por Hugo de Medina,
y porque, gracias a él, podré recuperar mi dinero.
[Risa]
- ¿Dinero?
Nunca hemos... Nunca hemos tenido negocios.
- Eso es relativo. - Manrique,
¿qué tonterías son esas?
¿Qué es lo que está diciendo?
Manrique: Estoy diciendo lo que puedo decir
en cualquier momento. Es normal.
Su esposa, su esposa me dijo
que cuando Hugo de Medina se casara con Soledad,
yo podría recuperar el dinero que me deben.
Lucas: Ya. Ya, ya, ya.
Pero este no es el lugar para hablar de eso, señor Manrique.
Por favor, no beba más.
- ¿Cuál es el problema?
Si Soledad está enterada de todo, ¿o no?
Esa es la razón por la que decidió casarse
con Hugo de Medina.
Esa es la verdadera razón, ¿o me equivoco?
- ¿Qué dijo?
- Señores, la reunión, por esta noche, se ha terminado.
- Estoy de acuerdo con usted, don Lucas.
Encárguese de Manrique, que yo trataré de llevar
a Hugo a su casa.
Lucas: Por favor, Alcides.
- Vamos.
- ¿Por qué todo...? ¿Por qué...?
¿Por qué me va vueltas todo?
- Porque, seguramente, no estás acostumbrado a beber, hermano.
Anda, vamos, te acompaño.
- No me siento bien.
- Déjame acompañarte, Hugo.
[♪♪♪]
Quedaste tan bien amarrado
que no va haber forma de que te caigas.
- Listo. Los ejes de la carreta ya están sueltos.
- Entonces, es hora de que se vayan.
Es hora de que te vayas, hermanito.
¡Ea! ¡Ea! ¡Ea! [Relinchos]
- ¿Estás seguro de que esto será suficiente?
- Es la mejor manera de deshacernos de él
sin juntarnos las manos.
Hugo: Ayúdenme. Soledad, ayúdame.
Soledad: ¿Hugo?
Hugo, mi amor, ya.
Mi amor, yo te voy a ayudar.
No. ¡No! ¡No!
¡Ayúdenme!
¡Alguien ayúdeme!
¡Ayúdenme! ¡Alguien, ayúdeme!
Ay. ¡No!
- ¿Qué pasa, señorita? ¿Por qué grita?
- Ay, Dios mío.
Tuve, tuve la misma pesadilla,
la que Hugo se está ahogando en un pantano
y no lo puedo rescatar.
- Fue solo un mal sueño, señorita.
- No, no.
- Le voy a traer un té para los nervios.
- Este era real, sentía angustia,
impotencia de no poderlo ayudar.
- Mire, voy a prepararle un té de valeriana
porque mañana es el día más importante de su vida,
y tiene que estar tranquila y más hermosa que nunca.
Regreso enseguida.
[♪♪♪]
- Dios mío.
Dios mío, yo solamente te pido
que no le pase nada malo a Hugo y que esté bien.
Por favor.
[Relinchos]
[♪♪♪]
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