All language subtitles for La traición 008.mp4-es-CC1

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Original subtitles

[Todos gritan]

¡Silencio!

¡Silencio!

- ¡Acéptalo!

Arturo: Admítelo, criminal.

Abusaste de mi hermana.

[Todos gritan]

Juez: ¡Silencio!

¡Silencio! ¡Silencio!

Señor Hugo de Medina,

de acuerdo a este testimonio,

queda usted formalmente acusado de haber violado

a la señorita Beatriz de Linares.

Por tal razón, deberá permanecer en prisión

hasta el momento del juicio.

En caso de ser hallado culpable,

morirá en la horca.

[Todos gritan]

[♪♪♪]

- Necesito que bajes a Soledad y la lleves al carruaje.

- Sí, señora.

- ¿Y Soledad?

Ah, no es posible que se haya levantado.

Yo le di...

[Recuerda]

- No tengo apetito, pero gracias por el jugo.

- Ella cambió los vasos.

Nos escuchó.

[Lee con voz de Soledad] Mamá,

ayer escuché tu conversación con Alcides

y ya sé que estaban planeando dormirme

para sacarme de la ciudad.

Me duele en el alma que hayas intentado

un truco tan sucio.

No te imaginas lo decepcionada que estoy de ti.

Llegaste demasiado lejos y con eso solo has conseguido

que tome una decisión.

No me importan las consecuencias.

Voy a ir ahora mismo al juzgado

a hablar a favor de Hugo

y les diré la verdad,

que él pasó la noche conmigo.

- Sh, sh, sh. Silencio. Silencio o te mato.

[Soledad gruñe]

Soledad: ¡Suélteme!!

- Maldita sea, cállate. Cállate o te muelo a golpes.

Silencio.

Ya sabes. Rápido.

Rápido.

[Caballo relincha]

Guillermo: Yo sabía que algo pasaba.

¿Por qué se la llevan a la fuerza?

De aquí se puede sacar mucho dinero.

Tengo que seguirlos.

[Todos gritan]

Juez: ¡Silencio!

¡Silencio!

[Todos gritan]

Por favor, se callan

o los hago salir a todos de la sala.

Señor Hugo de Medina,

¿qué tiene que decir sobre la acusación

que hay en su contra?

- Que soy inocente, señor juez.

- Es una coincidencia muy extraña

que tanto usted como la señorita de Linares

desaparecieran del club en medio de la pelea.

¿Dónde se metió con ella?

- Ya se lo dije antes:

estuve fuera de la ciudad

y no me encontré con Beatriz.

- Entonces, ¿con quién?

¿Tiene testigos de lo que está diciendo?

- No, no los tengo.

Arturo: ¿Lo ven?

¿Lo ve, señor juez?

Este hombre es culpable de haber abusado

de mi hermana y lo que merece es morir en la horca.

[Todos gritan]

Juez: ¡Silencio!

¡Silencio!

Guardia: ¡Silencio!

- Continúe, inspector.

- No tengo más preguntas por ahora, señor juez.

- Señor Hugo de Medina,

¿tiene algo más que decir en su defensa?

- Sí, claro.

Voy a demostrar mi inocencia.

Juez: Muy bien.

Entonces, se mantendrá al acusado

en los calabozos de la comisaría.

- ¿Los calabozos de la comisaría?

Señor juez, ¿cómo es posible?

El lugar de un criminal no es la comisaría,

es la prisión de la ciudad.

- Don Arturo de Linares...

[Todos gritan]

¡Silencio!

Soy yo quien imparte justicia

y soy yo quien decide dónde permanecerá el acusado

hasta que empiece el juicio.

He dicho.

[Todos gritan]

Guardia 1: No tienen nada que hacer aquí.

¡Fuera!

Guardia 2: ¡Retírense!

Guardia 1: ¡Afuera ! ¡Afuera!

Guardia 2: ¡Retírense! ¡Retírense!

[♪♪♪]

- Finalmente se hizo justicia.

- ¿Justicia?

¿Cuál justicia?

Tu hermano es suficientemente poderoso

como para librarse de esto.

- ¿Entonces?

- Si el juez no lo condena a la horca,

yo me encargaré de que reciba su merecido.

- ¿Qué piensas hacer?

- No voy a decirte paso a paso

cuáles son mis planes.

Lo que sí puedo decirte

es que tu hermano se va a arrepentir

por el resto de sus días de haber tocado a mi hermana.

- ¿Cómo que Soledad escapó, Esther?

¿Acaso no le diste unas gotas para dormir?

- Me engañó, Lucas.

Dejó esta nota.

[♪♪♪]

- ¿Cómo?

¿Que fue al juzgado

a declarar en favor de Hugo de Medina?

- Eso no puede pasar, Lucas.

Si Soledad abre la boca,

todo el mundo sabrá

que ella se entregó a ese hombre,

y seremos la comidilla de la ciudad.

Ve a buscarla, tienes que detenerla.

- ¡Pero por supuesto que voy a ir a buscarla!

Pero no a detenerla.

- ¿Cómo que no?

Tu deber es evitar que nuestro apellido

y la dignidad de nuestra hija queden por el suelo.

- No, estoy de acuerdo

con lo que dice esta nota de Soledad.

Te pasaste, Esther.

Dormirla para llevarla en contra de su voluntad

es demasiado.

Yo no voy a ser cómplice de tus locuras.

- ¿Me crees un monstruo?

Adoro a mi hija,

solo busco evitarle humillaciones.

- Ruega por algo,

porque no le haya pasado nada, Esther,

que no le haya pasado nada malo.

[♪♪♪]

Hombre 1: Vamos, pa' bajo. Soledad: ¡No! ¡No!

¡Suéltenme!

¿Quiénes son? Hombre 2: Cójanla, cójanla.

Soledad: ¿Quiénes son?

¿Qué es lo que quieren de mí?

¿Qué es lo que quieren?

¡Déjenme ir!

- Llévenla adentro.

Vigílala todo el tiempo,

yo iré con don Arturo.

Vamos. Vamos.

Hey, vamos.

[♪♪♪]

- ¡Hugo de Medina es un ser maldito!

[Todos gritan]

¡Es un ser del demonio!

¡Acabemos con él y con todo lo que es suyo!

¡Vamos!

¡Ah, desgraciado!

¡Eso, va!

Marina: Úrsula, Úrsula, esta gente está odiando

a don Hugo, ¿qué vamos a hacer?

Nos van a matar. ¡Ay!

Úrsula: Lo mejor es que vaya por la escopeta.

- ¡No, no me dejes sola! Por favor, tengo mucho miedo.

- Ya, tranquila, tranquila, Marina.

- Ya sé, ya sé.

¡Escapémonos por la puerta de atrás!

- ¡No! ¿Cómo se te ocurre?

No podemos dejar la casa,

está bajo nuestra responsabilidad.

- ¡Ay!

No, pero, Úrsula, vamos a morir.

Yo no quiero morir.

- Cálmate, Marina. No nos va a pasar nada.

Tranquila.

Soledad: ¿En dónde estoy? Hombre: Quieta.

Soledad: ¡Ay, no!

¿Qué me van a hacer?

¡Hable, cobarde!

¡Auxilio! ¡Ayúdenme!

Hombre: Cállate.

[Golpe]

[Soledad llora]

Soledad: Déjeme, déjeme.

- Quieta.

Me dieron orden de tratarte bien,

y lo quiero hacer,

pero no tengo por qué aguantarme tus gritos.

¿Entiendes?

[Solloza]

Hombre: ¿Ves?

Así está mucho mejor.

Vamos.

- Hugo,

Hugo, ayúdame, por favor.

[Suspira]

- Lamento mucho todo esto.

Yo te conozco, muchacho,

y sé que no eres capaz de cometer una bajeza semejante

a la que cometieron con Beatriz de Linares.

Pero no entiendo por qué ella misma te acusó.

- Yo tampoco lo entiendo,

pero le prometo que voy a averiguarlo

y voy a demostrar mi inocencia.

- Las cosas no van a ser fáciles, Hugo.

Aquí en la ciudad hay mucha gente que te odia,

empezando por Arturo de Linares.

Con esto hará lo que sea.

Buscará presionar para,

para llevarte a la horca.

- Ya lo sé.

- ¡Guardia!

Hugo,

vine a decirte que,

por lo menos en lo que a mí concierne,

puedes tener la absoluta tranquilidad

de que se te hará un juicio justo.

[♪♪♪♪]

- Roldán,

necesito pedirle un favor.

Juez: Claro.

- Se trata de Soledad.

- ¡Fuera! ¡Maldito!

¡Fuera!

- Gatita, ¿qué haces aquí?

- ¿No ve?

Soy la líder de esta gente. Los guio a una noble causa.

- Se supone que tú le tienes miedo

a la casa de Medina y a don Hugo.

- ¡Ay, no!

Eso así en montonera no se siente

y lo importante es que se vaya de la ciudad.

- Gatita, deja eso ahí.

Tengo algo muy importante que decirte.

- No hay nada más importante que acabar con Hugo de Medina.

¡Déjame terminar mi obra!

[Disparo]

[Mujer grita]

[Disparos]

- Porque mis enemigos me quieren lastimar

y pueden tratar de hacerle daño a Soledad.

- ¿Te refieres a Arturo de Linares?

- Ajá.

- ¿No crees que exageras? - No. No, no.

Mire, esto no lo sabe nadie,

pero él ya en dos ocasiones ha intentado matarme.

Por eso es importante que envíe a alguien a proteger a Soledad.

- Veré qué puedo hacer.

A propósito,

tengo entendido que Duarte citó a Soledad para que declare.

Si tú quieres,

puedo ordenar que le permitan verte.

- No, no, no, Roldán, yo quiero que la dejen en paz.

Ella no tiene nada que declarar.

Necesito que envíe a alguien a protegerla, por favor.

- De acuerdo.

Mucha suerte, Hugo.

Espero que consigas un buen abogado,

va a tener un caso difícil por delante.

[♪♪♪]

♪ Quisiera acercarme a ti, ♪

♪ Pero me frena una razón oculta ♪

♪ En lo más profundo de mi ser. ♪

♪ Quisiera devolver el tiempo a mi favor ♪

♪ Y no dejar que nada se interponga entre tú y yo. ♪

♪ Sálvame, despiértame otra vez. ♪

♪ Temo cerrar los ojos ♪

♪ Sin saber si vas a estar conmigo al amanecer. ♪

♪ No. ♪

♪ No. ♪

♪ No... ♪

♪ Bésame hasta enloquecer. ♪

♪ Quiero perderme en tus sentidos ♪

♪ Para no saber quién soy y lo que temo ser. ♪

♪ Otra vez, despiértame. ♪

♪ No te puedo perder. ♪

Lo que te estoy diciendo, Burke,

el tipo ese que se llevó

a la señorita Soledad de Obregón

es Fabio, el matón que trabaja para don Arturo de Lina...

- Ah, ¿o sea que él es

el que está detrás de todo esto?

- Yo creo que sí.

Deberíamos decirle a don Alcides,

él siempre ha pretendido a la señorita Soledad

y nos podría pagar muy bien por esta información.

- Guillermo, él no paga nada.

¿No te acuerdas la última vez cómo nos trató?

- ¿Cómo?

Helena: ¡Ay! - Ah, sí.

- Al que deberíamos decirle es a Arturo de Linares.

Deberíamos decirle que nosotros sabemos

que él tiene a la señorita Soledad.

- ¿Tú me estás diciendo que le pidamos dinero

por tener la boca cerrada?

[Riendo]

- ¡Cómo es de inteligente mi Burke!

- No, señora. No, señora.

¿Ya se te olvidó lo que Arturo de Linares

le hizo al amigo ese de Fabio?

No, señora.

Ese sujeto es más matón

que todos sus compinches juntos.

- Por lo visto tú quieres estar en la miseria toda la vida.

Pues, yo no, yo no.

Lo voy a hacer, así sea sola. - No, señora.

Este es mi plan

y las cosas se hacen como yo diga.

- No quiero tener nada que ver con los Medina.

Lo voy a hacer sola, así que adiós.

- Ay, adiós, adiós.

Deja de amenazarme con que me voy,

me voy, me voy.

Siempre es...

Gatita,

Burke.

¡Burke!

Inspector: ¿Cómo le fue, señor juez?

¿Logró sacarle algo a don Hugo?

- No, nada.

Duarte, usted citó a Soledad de Obregón

para rendir una declaración, ¿ya habló con ella?

- No, señor, no ha venido.

Pensaba ir a hablar con ella precisamente en este momento.

- No la moleste, Duarte.

- Pero, señor, ella...

- Obedezca, inspector, sin hacer preguntas.

En todo caso, quiero que mande un hombre a casa

de Soledad de Obregón para que la vigile.

- Sí, señor.

- Pero fui claro con usted, doña Esther.

Su compromiso era sacarla de aquí,

por eso le di el somnífero.

- Lo sé,

pero ella nos engañó, y en este momento,

debe estar declarando a favor de ese hombre.

- No, eso no sucedió.

Yo estuve durante el interrogatorio

que le hicieron a mi hermano y ella nunca apareció.

- Pero si no fue allá,

entonces, ¿dónde se metió mi hija?

- Don Lucas.

Lucas: Alcides.

- ¿Averiguaste algo? ¿La encontraste?

- La busqué en el juzgado,

pasé por la comisaría y nada.

Cuando venía,

di una vuelta alrededor de la casa y...

- ¡Dios!

Esto es de ella.

¿Qué le pasó a mi hija?

- No lo sé, no lo sé. Todo esto es tan confuso.

- Voy a hacer todo lo que esté en mis manos

por encontrarla.

Marina: Fue horrible, Boris.

La gente gritaba cosas horribles

en contra del patrón.

Úrsula: Si usted no llega a tiempo,

habrían quemado la casa con nosotras adentro.

Fue muy valiente al defendernos.

- Sí, pero la más valiente fue Úrsula.

Imagínate que me sugirió que nos escapáramos

por la puerta de atrás de la casa.

- ¿Qué? Mentirosa.

No le crea, Boris, que fue todo lo contrario.

- A mí no me digas mentirosa.

- ¡Ya!

Debí imaginar que algo así iba a suceder.

Luego de semejante acusación,

todo mundo está odiando a don Hugo.

- ¿Y cómo está él?

¿Por qué no regresó con usted?

- Lo detuvieron.

Lo acusaron formalmente de la violación

de Beatriz de Linares.

Arturo: No quiero que escatime en gastos para su tratamiento.

Lo único que me interesa es el restablecimiento total

de mi hermana,

no me interesa el precio.

- ¿Sabes con quién me voy a casar?

Con Hugo de Medina.

- Sí, querida, ya lo sabía. Ven, ven.

Beatriz: ¿Ya lo sabía? - Sí, ya lo sabía. Por favor.

Beatriz: ¿Tú sabes con quién me voy a casar?

Con Hugo de Medina.

- Pierda cuidado, señor de Linares.

- Por favor,

espero que le den el trato que se merece.

- Así será, señor. Permiso.

[♪♪♪]

- ¿Qué estás haciendo acá?

- Solo quería informarle

que ya cumplimos con su encargo.

La señorita Soledad de Obregón

ya está en nuestro poder.

La tenemos en la Colina Roja.

- Espero que no hayan cometido la torpeza de dejar testigos.

- No se preocupe, que nadie nos vio.

¿Qué quiere que hagamos con ella, señor?

- Yo me encargo.

Soledad de Obregón va a padecer

lo mismo que tuvo que sufrir mi hermana.

- El señor Arturo salió con la señorita Beatriz,

pero no sé a dónde fueron, señor.

- Matilde, no me estarás mintiendo, ¿verdad?

Matilde: No tendría por qué hacerlo, señor.

- Bueno, entonces, cuando regrese,

le dices que lo estoy buscando

y que me urge hablar con él.

[Suspira]

Me lleva el demonio.

Guillermo: ¿Está buscando a don Arturo, don Alcides?

- Sáquese.

- Supongo que por lo que le pasó

a la señorita Soledad.

[♪♪♪]

- ¿Tú qué sabes de Soledad?

- Sé a dónde se la llevaron los hombres de don Arturo.

- ¿Por qué no me dices lo que sabes, Burke?

- Sí, señor. Claro, claro.

Si me paga lo que me debe

más...

¿Cuánto puede valer la vida de la señorita Soledad?

- Fuera dinero.

[Bufido]

¿Será suficiente con esto?

- ¡Ay! Mi cabeza.

[Quejidos]

¡Mi cabeza!

[Respira con dificultad]

¡Ah!

Alcides: ¡Derecho!

Dime dónde está Soledad.

[♪♪♪]

- ¿Quién es?

¡Ay! ¡Ay, no!

[Solloza]

[Llorando] No me toque.

No, por favor.

¡Por favor!

¡Por favor! No, déjeme.

¡Ay! ¡No!

¡No!

¡Ay, no!

¡Por favor!

[Quejidos]

[Respira con dificultad]

- ¿Qué te pasó?

- Mi cabecita.

- ¿Qué te pasó?

Guillermo, ¿qué te hicieron?

- Aquí.

- ¿Dónde? - Aquí.

[Quejidos]

- Perdón. ¿Quién te hizo esto?

¿Quién te hizo esto, Guillermo? Dime quién fue.

- El animal ese de Alcides Medina

me golpeó con su bastón.

- No, no me mate.

Se lo suplico.

[Golpe]

[♪♪♪]

[Solloza]

No.

♪ Es así. ♪

¿Quién está ahí?

♪ La vida me ha obligado a decidir por mí. ♪

♪ Con sangre borraré mi dolor. ♪

Quien quiera que sea, ayúdeme, por favor.

¡Ayúdeme, por favor!

♪ ...Se la llevan de mi vida. ♪

♪ Los dos pagarán... ♪

[Caballo relincha]

- Úrsula,

necesito hablar contigo.

- Don Lucas, ¿usted qué hace aquí?

- ¿Sabes algo de Soledad?

- No, ¿por qué? ¿Debería?

- Salió esta mañana de la casa.

No la encuentro por ninguna parte.

Está desaparecida.

- ¿Desaparecida?

[♪♪♪]

Marina: Úrsula hablando con ese señor.

Esto lo tiene que saber Boris.

[♪♪♪]

- ¿Cómo te atreves a golpearme?

- ¿Cómo te atreves a llevarte a Soledad sin consultármelo?

- Soledad es la mujer de Hugo de Medina,

no tu mujer.

Y a él lo voy a golpear donde más le duele.

¿Quieres saber

lo que le va a pasar a Soledad?

- Soledad es mía, Arturo.

Y si la tocas,

te juro que te mato.

[Quejidos]

[♪♪♪]

Fabio: ¡Quieto!

Quieto o te mueres.

Marina: ¿Para dónde crees que vas?

- Tengo que salir, es urgente.

- Úrsula, ¿qué estabas hablando con dos Lucas?

- Te lo dije, Boris, esta mujer entró a esta casa

para ser espía de esa familia.

- Tú cállate, que no sabes nada, cizañera.

- Por favor, Úrsula, ¿qué estabas hablando?

- No piense mal, Boris.

Don Lucas solo vino a preguntarme

por la señorita Soledad.

Ella está desaparecida.

[Quejidos]

- ¡Ay! Dios mío, gracias.

¡Gracias!

- ¡Maldita sea!

[Quejido]

[♪♪♪]

- ¡Ah!

[Tos]

- Eso es para que no vuelvas a meterte conmigo.

- Tú ya deberías saber

lo que Soledad significa para mí.

- Lo que sé

es lo que significa para tu hermano,

por eso hice lo que hice.

- Mi hermano será colgado muy pronto, Arturo.

- No seas iluso, Alcides.

El juez Roldán es un amigo cercano de tu hermano,

va a hacer todo lo posible por liberarlo.

- Pues, entonces, tenemos que asegurarnos

que eso no suceda.

Tenemos que comprarlo.

- ¿Comprar al honorable juez Roldán?

Estás delirando, Alcides.

- No, no estoy delirando.

Todo hombre tiene su precio.

Yo me voy a encargar que él pase de nuestro lado.

Tú quédate tranquilo.

- Por favor, Boris,

se lo ruego, déjeme ir a buscarla.

Ella me necesita.

- No, Úrsula.

Ninguna de ustedes debe salir de esta casa.

Ahora como empleados de don Hugo

corremos mucho peligro en la calle.

- ¿Pero y si ella corre peligro?

Yo tengo que hacer algo.

- Ya oíste a Boris.

Tu trabajo es quedarte en esta casa

arreglando el desorden que hizo esa chusma.

- Si don Hugo estuviera aquí, a él le importaría más

lo que le pudiera pasar a la señorita Soledad

que cualquier otra cosa.

- A mí no me hables así, que yo soy tu jefe.

- Suficientes problemas tenemos ahora

como para que se pongan a pelear.

Úrsula tiene razón, tenemos que hacer algo.

- ¿Eso quiere decir que me va a ayudar a buscarla?

- No, pero le voy a avisar a don Hugo.

Él tiene que saber lo que está pasando

con su prometida.

- ¿Y yo para qué quiero que intervenga alguien más?

Si tengo a Soledad aquí,

tengo la solución en mis manos.

- Cuando Hugo muera, yo recibiré su herencia

y te daré la parte que te prometí,

pero eso solo va a suceder si a Soledad no la tocas.

- Vamos a hacer una cosa:

yo te doy del dinero que necesitas

para comprar al juez, pero me quedo con Soledad aquí

hasta garantizar que tu plan funcione.

- No, Arturo.

- Alcides, las cosas se van a hacer así

o no se van a hacer.

Alcides: No.

- Y si tu hermano llega a salir libre,

puedes estar seguro de que le voy a cobrar

lo que hizo con la vida de Soledad.

- Si tocas a Soledad, te mueres.

- Muchachos.

Fabio: Señor.

- Escuchen algo:

si tocamos a Soledad,

me muero.

Así que, de ahora en adelante,

a la señorita la vamos a tratar como a una princesa.

Hombre: Señor, señor.

La mujer,

la señorita Soledad escapó.

- ¿Escapó?

¿Cómo que escapó? Ve a buscarla.

Vayan a buscarla, a pie no puede ir muy lejos.

Fabio: Vamos, vamos. - Vamos.

- Tú dijiste que Soledad de Obregón

estaba en Colina Roja.

- ¿Por qué?

¿Qué estás pensando hacer?

- Lo que hemos debido hacer hace tiempo.

- Ah-ah.

- Sí.

Negociar con...

- ¿Con Arturo de Linares? ¡No!

- Claro, claro, claro.

- No, gatita, no, por favor.

- Eso es lo mejor. - No, no, no.

Ya te lo he dicho mil veces,

eso puede ser muy peligroso, gatita.

- No, mi amor, no me va a pasar nada.

- Te suplico, te suplico. No vayas, gatita.

No vayas, ¿sí?

[Riendo]

- No me va a pasar nada.

Hugo: Pero ¿por qué atacaron la casa?

- La gente estaba furiosa.

Gritaban consignas en su contra,

lanzaban piedras y por poco la incendian.

- ¿A las empleadas les pasó algo?

- No, señor, ellas están bien.

Don Hugo,

no quisiera traerle más preocupaciones

de las que ya tiene,

pero la señorita Soledad está desaparecida.

- Yo presentí que algo

le estaba sucediendo a Soledad,

y seguramente Arturo de Linares está detrás de todo esto.

- Ese hombre lo odia,

pero ¿tanto como para hacerle daño

a la señorita Soledad?

- Sí,

tanto así.

Tenemos que hacer algo.

No me perdonaría que algo le sucediera a Soledad

por mi culpa.

[Respira rápidamente]

- Dios mío.

Fabio: Rápido, no debe estar lejos.

[Quejido]

- Ay, Dios mío.

Dios mío, no puede ser.

Estoy corriendo en círculos.

Hombre: Por aquí, Fabio, por aquí.

- ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! ¡Ayúdeme, por favor!

Ayúdeme, sáqueme de aquí.

Ayúdeme. - ¿Ayudarla?

- Hay unos hombres que me están siguiendo

y me quieren hacer daño.

Por favor, sáqueme de aquí. Necesito escapar.

- Y si yo le ayudo, ¿usted que me va a dar?

- Lo que sea, pero sáqueme de aquí.

¿Por dónde?

[Caballo relincha]

Ay, venga aquí.

- ¿Qué hace? - ¡Ay, venga!

- ¿Qué está haciendo? Soledad: Sh.

Ahí vienen, ahí vienen.

- Señor, aquí está, aquí está, aquí está.

- ¿Qué haces?

- Lo que está buscando aquí está.

[Risa]

- Vas a hacer exactamente como te digo.

Vas a buscar a Alcides y le vas a decir

que venga a verme cuanto antes.

- Señor, con todo respeto,

aunque el señor Alcides lleve su sangre,

no creo que sea la persona indicada

como para pedirle esto.

- Boris, vas a hacer exactamente como te digo.

Vas a buscar a Alcides, lo vas a convencer

de que venga a verme a como dé lugar.

- Sí, señor, como usted diga.

¿Se le ofrece algo más?

- Sí.

[Inaudible]

- Ja, no, no me apunte con esa arma, señor.

No es necesario,

porque yo estoy de parte de ustedes.

Eh, eh, lo único que yo necesito

es que ustedes me lleven donde su jefe

para yo proponerle un negocio.

- ¿Un negocio?

No me haga reír.

- Sí, sí, porque mi esposo y yo nos dimos cuenta

de la retención de la señorita Soledad

y yo simplemente a eso vine.

- Ah, ¿sí? - Sí, sí, sí.

Pero no se preocupe,

que nosotros no vamos a decir nada

a cambio de que nos den una buena recompensa.

Lléveme dónde él.

- Mira dónde estás, estúpida.

Podría matarte ahora mismo y nadie se daría cuenta.

- ¡Ah!

[Quejidos]

Señor, eso le hace mal.

Si usted, si usted me hace algo, pues,

mi esposo le va a contar a todo el mundo

y eso solo perjudicaría realmente...

¡Ah! ¡No, por favor!

- A mí no me amenaza nadie

y mucho menos una estúpida andrajosa.

- No, por favor, por favor, no lo haga.

Por favor, no.

[Soledad y Helena lloran]

- No entiendo para qué me citó en este lugar, don Alcides.

¿Qué es eso tan delicado que tiene que decirme

sobre su hermano?

- Es muy delicado, señor juez,

es muy importante.

Hugo es culpable de los cargos que se le imputan.

- Debe tener una prueba contundente

para semejante afirmación.

- Por supuesto que la tengo.

- No me tome por un tonto, Alcides de Medina.

Yo sé que la relación entre usted y su hermano

es pésima.

Y algo me dice que usted quiere levantar

una calumnia contra él.

- Señor juez, no sea mal pensado.

Yo estoy seguro que con las pruebas que tengo

usted no dudará en mandarlo a la horca.

♪ Es así. ♪

♪ El mundo me ha enseñado el dolor de vivir. ♪

- No. Mire.

Si ustedes la matan, ella va a terminar metiéndolos

en problemas.

Por favor.

[Llorando]

- Puede que tenga razón.

- ¿Eso quiere decir, señor, que podemos hacer

negocios usted y yo?

[Gritos]

- Vuelves a repetirlo y te mueres.

Llévatelas.

Fabio: Andando.

- Muévete, rápido. -

Buen trabajo, Fabio.

Arturo: Y ahora cuida que no vuelvan a escapar.

- ¿Qué hacemos con la loca de Helena, señor?

- No, por ella no te preocupes.

Cuando encontremos a Guillermo en la ciudad

y lo eliminemos,

entonces, nos encargaremos de ella.

- Lo que está haciendo se llama soborno,

y usted mejor que nadie sabe que es un delito muy grave.

- No, soborno es una palabra demasiado fuerte.

Yo simplemente le estoy ofreciendo un negocio.

Un negocio que nos conviene a los dos.

- No me ofenda, Alcides de Medina,

porque voy a olvidar quién soy y lo retaré a muerte

aquí mismo.

- Pero yo sé quién es.

Usted es un hombre correcto.

Tan correcto que no le importa

hacer apuestas en mesas de juego clandestinas.

- No sé de qué está hablando.

- Estoy hablando de su debilidad

por los juegos del azar.

Estoy hablando que le debe mucho dinero

a Manrique, el prestamista del pueblo.

Y le debe tanto,

que con un año de su honorable salario de juez

no le alcanzaría para pagarle.

Señor juez,

su imagen de impecable autoridad moral

está a salvo.

Solo acepte mi generosa oferta y declare a Hugo culpable.

- Usted es un miserable.

¿Tanto odia a su hermano como para caer tan bajo?

- Yo no le tengo que dar explicaciones.

Va a aceptar, ¿sí o no?

Le aseguro que tomó la decisión correcta.

Boris: Don Alcides.

Don Alcides,

el señor Hugo me envió a buscarlo.

Necesita verlo con urgencia.

Lucas: Pasan las horas, Esther.

No tenemos noticias de Soledad.

- Nada de esto estaría pasando si tú hubieras aceptado

enviar a Soledad donde Antonia cuando yo te lo propuse.

- Basta de reproches.

Nuestra hija está desaparecida

y es muy posible que esté en poder de alguien.

- Pero qué cosa tan horrible estás diciendo.

- Hugo de Medina, querida Esther,

tiene enemigos.

Y si ellos la relacionan con él,

es posible que le quieran hacer daño a ella también.

Así que hay que dar aviso a la policía.

- No, esperemos a que regrese Alcides,

tal vez él nos traiga noticias de Soledad.

- Mira la hora.

Lucas: Él no ha regresado.

Se trata de nuestra hija, Soledad,

y no me voy a quedar aquí sin hacer absolutamente nada.

Así que voy a dar aviso a la policía,

y ellos tendrán que ayudarnos.

- Espera, Lucas.

Está bien, voy contigo.

Helena: Yo no quise ayudarla cuando usted me lo pidió.

En cambio, usted no dudó en ayudarme

cuando Fabi casi me quita la vida.

¿Por qué lo hizo?

- Porque la vida solamente le pertenece a Dios.

Nadie tiene derecho a disponer de ella, nadie.

- La verdad es que

le debo la vida, estoy en deuda con usted.

- Helena, Helena, no es que quiera ser negativa...

Helena: Ajá.

- Pero creo que corremos mucho peligro

si nos quedamos aquí.

- ¿Por qué?

- Porque ya creo saber por qué me tienen aquí encerrada.

Es un hombre que está enceguecido

por el odio

y me quiere hacer daño.

- No, porque mi Guillermo le dijo a don Alcides

que usted se encuentra aquí retenida,

y él va a venir

y la va a rescatar.

- ¿Alcides? Helena: Ajá.

- Pues, Dios te oiga.

Dios te oiga.

- Cuando quiera salir, me avisa, don Alcides.

- Gracias.

¿Me mandaste a llamar?

¿Necesitas mis servicios como abogado?

- Pedirte que me defiendas

no sería muy sensato de mi parte.

- Sé que eres amigo del juez,

seguramente te ayudará a salir libre.

- Yo no necesito de artimañas

como las que tal vez tú sí eres capaz de utilizar, Alcides.

- Si me mandaste a llamar para insultarme,

no tengo por qué escucharte.

- Sé que fuiste tú quien abusó de Beatriz de Linares.

- ¿Qué estupidez estás diciendo?

- La violaste haciéndote pasar por mí.

[♪♪♪]

- Matilde, ya sabes en qué habitación

dejar las maletas de mi madre.

- Claro que sí, don Arturo.

Doña Gladys, ¿le gustaría tomar algo?

- No, Matilde,

ahora tan solo quiero cambiarme y ver a mi hija.

- Madre,

hay algo que debes saber.

El estado de nervios de Beatriz

era tal

que me vi obligado a internarla en una clínica de reposo.

- ¡Ah! Dios mío.

Debiste advertírmelo en tu telegrama.

- No quería preocuparte, madre.

No sabía que vendrías.

- Tenía que estar cerca de mi hija.

¿Qué pasó, Arturo?

- A Beatriz

la violaron.

- ¡Ah!

- ¿Cómo se te ocurre acusarme de semejante atrocidad?

- Ella cree que yo la ataqué, pero yo sé que tú lo hiciste.

- Ja, lo dices muy convencido.

Te recuerdo que no eres Dios para saberlo todo.

- Alcides, somos hermanos.

Desde hace un tiempo tengo el presentimiento

que algo perverso ronda por tu mente.

¿Cómo fuiste capaz?

¿Y también te involucraste en la desaparición de Soledad?

¿También?

- Bueno, trata de probarlo y nadie te va a creer.

[Quejidos]

Ay, tú y tus golpecitos raros.

[Quejidos]

- Sí, ahora sí.

Ahora sí voy a ir por ti, mi gatita.

[♪♪♪]

- Beatriz está peor de lo que imaginé, Arturo.

Su mirada luce vacía.

Es como si su alma la hubiera abandonado.

- Lo sé,

lo sé, por eso tuve que internarla aquí.

- Madre,

yo soy el culpable de lo que está pasando.

Debí ser más enérgico, debí evitar que Beatriz

se encaprichara con Hugo de Medina.

- Aquí el único culpable es ese miserable.

Tú tienes que vengarte de ese hombre, Arturo.

Lo quiero muerto.

Gladys: Tendrá que pagar con su vida

el daño que le hizo a nuestra familia.

- ¡Guardia,

guardia!

- Cuénteme, don Alcides, qué pasó.

- Tuve un pequeño altercado con mi hermano.

Solo espero que haya aprendido la lección.

- ¿Pero usted se encuentra bien?

- Sí, sí, perfectamente.

Guillermo: ¡Quietos!

¡Quieto!

Vine a rescatar a mi gatita.

Señor Linares,

quiero que me devuelva a mi Helena Burke

y la quiero ahora mismo.

- Alcides,

qué bueno que te encontramos.

Queremos saber si has averiguado algo

sobre el paradero de nuestra hija.

No hemos podido saber...

- Disculpen que no los pueda atender,

llevo mucha prisa.

Lucas: Alcides, es, es...

Te dije que no podíamos confiar

en Alcides para encontrar a nuestra hija, Esther.

- Bueno, tienes que entender,

seguramente acaba de discutir con el patán de Hugo.

¡Ay! Tú siempre defendiéndolo, siempre.

- Qué extraño,

¿ese no es el carruaje de Hugo,

de su hermano?

¿Por qué se subió ahí?

Lucas: Vamos, Esther, vamos.

- Y Boris.

- Vamos, que hay que denunciar la desaparición

de nuestra hija.

Vamos. Vamos.

- Date prisa, Boris.

Tenemos que rescatar a Soledad cuanto antes.

- Sí, señor.

¡Arre!

[Caballo relincha]

[Tose]

[Quejidos]

- ¡Dejaron escapar a Hugo de Medina!

¡Yo soy Alcides!

¡Abran!

¡Abran!

¡Sáquenme de aquí! ¡Abran!

¡Dejaron escapar a Hugo de Medina!

¡Abran!

♪ ...detrás de ti. ♪

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