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- ¿Qué estás haciendo aquí?
- Yo solo quería desearte un feliz cumpleaños.
Supongo que tu padre te contó
lo que pasó esta mañana en la casa.
Te debo una explicación, por eso estoy aquí.
Todo fue un malentendido.
- Esther, no vayas a hacer un escándalo, por favor.
- Suéltame.
- Esther. Esther.
Hugo: Dame la oportunidad de aclararte
cómo fueron las cosas.
- Usted no tiene nada que aclarar aquí.
Haga el favor de irse de esta fiesta.
- Madre...
Juez: Pero miren a quién tenemos aquí,
nada más y nada menos que al héroe que salvó la vida
a la señora Esther de Obregón.
- Juez, por favor.
- Pierda cuidado, señora Esther,
ya toda la ciudad está enterada
que don Hugo la salvó de ser arrollada por un carruaje.
Hugo, muchacho.
- Juez, por favor. Qué pena.
- Tranquilo. En lo personal,
creo que don Hugo merece un aplauso, ¿no les parece?
[Ovación]
- ¿Estás seguro de que por aquí es la entrada?
- Sí, sí, sí.
Yo siempre estaba pendiente de todo
para poder entrar a robarme las cosas de mi expatrón,
¿recuerda?
[Risas]
No te preocupes, mi gatita, no te preocupes.
Tengo todo calculado, vamos.
[Gritos]
¡No, perro, suéltame, perro sarnoso!
- ¡Te va a morder las nalgas! ¡Ay!
Guillermo: ¡No, no...! ¡No me aprietes tanto, gordito!
Sh, sh. ¡Ay, ay, ay!
Maldito perro salvaje ese.
- Sh, ya, deja de hacer tanto ruido,
que entre tú y el perro
vamos a terminar despertando a don Hugo.
¿Por qué?
Ay, vámonos de esta casa.
Ay, yo siento que algo malo va a pasar.
- ¿Estás loca?
No pienso irme con las manos vacías
después de haberme enfrentado con ese perro salvaje,
no, señora.
No lo puedo creer, gatita, no lo puedo creer.
Tú que desentierras cadáveres del cementerio,
¿le tienes miedo a Hugo de Medina?
Jm, gata cobardona.
[Carraspeo]
- Por experiencia, te digo que hay que tenerle miedo
más a los vivos que a los muertos.
Y Hugo de Medina está de primero en mi lista.
- Tú no vas a escuchar
los embustes de este hombre, Soledad.
Y usted, señor, si tiene un poco de decencia, ¡márchese!
- Precisamente porque la tengo no me marcharé
hasta que ella no escuche lo que tengo que decirle.
- Creo que es mejor que vayamos a hablar al jardín.
- Permiso.
- No, Esther, no vayas a cometer una estupidez.
Todas las miradas están puestas sobre nosotros.
Te guste o no te guste,
tienes que aceptar a Hugo de Medina
aquí en la fiesta.
- ¿Y esto qué?
[Gritos]
- ¿Me quieren explicar qué hace Hugo con Soledad?
Se supone que yo soy la pareja de su hija en esta fiesta.
Estoy haciendo el ridículo, doña Esther.
- Entiendo tu molestia, así es. Pero no tuvimos alternativa.
Tú viste cómo aplaudieron a tu hermano.
- Tendremos que soportarlo durante la fiesta.
No nos conviene rechazarlo, ¿no ves?
Todo el mundo lo considera un héroe.
- ¿Les importa más eso
que lo que vio esta mañana con sus propios ojos?
- No tienes que recordármelo.
Mi hija necesita hablar con Hugo.
Y Hugo creo que necesita darle alguna explicación
por lo que pasó.
- ¿Una explicación o una mentira?
- Estoy de acuerdo contigo, Alcides.
Ese hombre seguramente tratará de enredarla con sus embustes.
- Yo voy a hablar con él ahora mismo.
- No. Eres un caballero, Alcides.
Y como tal, te debes comportar, por favor. Esperemos.
Esperemos que mi hija sea sensata
y se dé cuenta la clase de hombre que es Hugo de Medina,
¿te parece?
♪ Tú sombra no me deja respirar. ♪
Hugo: Tienes toda la razón, toda.
Estás en todo tu derecho en pensar lo peor de mí.
Por favor, Soledad,
yo solo quiero asegurar que lo que tu padre vio en mi casa,
no es lo que parece.
- Te estabas besando con Beatriz.
- Yo podría darte mil explicaciones.
Podría incluso...
¿Qué tanto confías en mí?
- Yo sé que Beatriz te persigue,
pero cuando mi papá los encontró, tu respuesta...
Hugo, ¿por qué no quisiste hablar con él? ¿Por qué?
Si él quería hablar sobre nosotros.
- Lo sé, pero no pude atenderlo.
No podía.
- Dime qué es lo que pasa, por favor.
Es que no te entiendo.
¿Qué es lo que pasa?
¿Por qué tuviste que sacar a mi papá de esa manera?
¿Hay algo?
¿Qué es lo que es tan fuerte para que no seas capaz
de enfrentar lo nuestro?
Tú me prometiste que lo ibas a hacer.
[Guillermo ríe]
Helena: ¿Y tú de qué te ríes?
- Yo ya sabía de la calavera y se me olvidó comentártelo.
- ¿Que sabías qué?
- La calavera, la calavera.
Es la calavera de don Armando, el papá de don Hugo.
Don Alcides ya me lo había comentado.
Por eso es que él sospecha
que su hermano esconde algo raro.
- ¡Eres un idiota!
¿Por qué no me dijiste antes, gato sarnoso, asqueroso?
Me hubieras evitado el susto.
- Bueno, ya, ya, ya, cálmate, Burke, cálmate.
Cálmate, porque nos van a descubrir
y todavía nos queda mucho por registrar en esta casa.
A ver qué más brujería esconde esta gente.
- Qué brujerías ni qué nada.
Yo me voy a llevar eso.
Mmm...
Quizás el doctor Max me dé algo por esos huesos.
- ¡No, Burke, no!
[Crujidos]
- ¿Y ese ruido?
- Yo acababa de tener una discusión
muy muy fuerte con Beatriz.
Amor mío, ese no era el momento más oportuno
para atender a tu papá.
- Yo... arriesgué todo lo que tengo por ti.
Les llevé la contraria a mis padres,
desafié la sociedad.
Y te lo juro que después de esto,
yo ya no sé qué pensar.
- ¿Eso quiere decir que desconfías de mí?
Yo quiero que pienses en cada beso.
Quiero que pienses en cada palabra de amor
que nos dijimos esa noche.
Soledad, ¿piensas que fue mentira?
- No lo sé...
- Yo por ti superé mi temor a enamorarme.
Por primera vez en la vida
me entregué en cuerpo y alma a una mujer.
Hoy, esta noche,
yo estoy más seguro que nunca que tú eres la mujer
con la que yo quiero pasar el resto de mi vida.
Soledad... yo te amo.
Te amo con toda mi alma.
- Yo también te amo.
- ¿Entonces?
♪ Sálvame, despiértame otra vez. ♪
♪ Debo cerrar los ojos sin saber ♪
♪ si vas a estar conmigo al amanecer. ♪
♪ Bésame hasta enloquecer. ♪
- Me aseguraste que Hugo no vendría.
- Yo no entiendo.
Su criada me dijo que estaba muy muy enfermo.
- Tal vez fue un engaño para que nos tranquilizáramos
y que pudiera llegar sin problemas al club.
- Escúcheme, doña Esther.
Yo no sé por cuánto tiempo más voy a soportar esta situación.
Ustedes van a tener que decidir
si quieren que yo salve a Soledad de las garras de Hugo.
- Tranquilicémonos, por favor. Tienes razón, Alcides.
Llegó el momento de demostrarte que estamos de tu lado.
- ¿Entonces?
- Entonces, vamos a acabar con ese tonto capricho de Soledad.
Esta misma noche, públicamente, pedirás la mano de mi hija.
♪ Quisiera acercarme a ti. ♪
♪ pero me frena una razón ♪
♪ oculta en lo más profundo de mi ser. ♪
♪ Quisiera devolver el tiempo a mi favor, ♪
♪ y no dejar que nada se interponga entre tú y yo. ♪
♪ Sálvame, ♪
♪ despiértame otra vez. ♪
♪ Temo cerrar los ojos sin saber ♪
♪ si vas a estar conmigo al amanecer. ♪
♪ No. ♪
♪ No. ♪
♪ No. ♪
♪ Bésame ♪
♪ hasta enloquecer. ♪
♪ Quiero perderme en tus sentidos ♪
♪ para no saber quién soy y lo que temo ser. ♪
♪ Otra vez, ♪
♪ despiértame. ♪
♪ No te puedo perder. ♪
- Será mejor que regreses a casa,
me voy a quedar un tiempo más.
- No creo que sea muy buena idea dejarlo solo, señor,
usted acaba de salir de una crisis.
Además, después del intento que hicieron sus enemigos hoy,
creo que sería muy peligroso.
- No, Boris, no te preocupes,
nadie va a empañar la noche más feliz de mi vida.
- Lo noto muy animado.
- El pañuelo de Soledad
logró despertarme de mi ataque de catalepsia.
Eso...
eso tiene un significado especial,
muy especial.
- Tengo frente a usted el pañuelo de la señorita Soledad.
Por favor, señor, piense en ella.
Recuerde su aroma, sus palabras,
todo lo que ella significa para usted.
Haga un esfuerzo.
Tiene que despertar.
- Ella es mi salvación.
Boris: Supongo entonces que le va a decir la verdad
sobre su enfermedad.
- En su debido momento.
- Estoy seguro que la señorita Soledad lo apoyará.
- Regresa a casa, Boris.
- Me iré enseguida, señor. Permiso.
- ¡Lo que nos faltaba!
No la puedo abrir.
Guillermo: ¿No se puede abrir? Déjame darle.
Es verdad, no se puede abrir. Estamos encerrados.
- Te lo dije, Burke.
- No, no, no.
- ¡Esta casa está encantada!
- Ya, ya, ya. Veamos, veamos.
Debe haber, debe haber otra salida.
Ven, ven, ven.
- Pero ¿por dónde? - No lo sé. No sé.
- Marina. Marina, despiértate.
- ¿Qué pasa? ¡Déjame dormir!
- He estado escuchando ruidos desde hace un rato.
¿Por qué no vamos a ver?
Creo que hay alguien dentro de la casa.
- Pues, claro que hay alguien dentro de la casa, mensa.
Don Hugo y Boris.
- Ellos no están.
Yo vi por la ventana que salieron hace un buen rato.
- Eso no puede ser, Úrsula.
Don Hugo estaba muy enfermo, él no se pudo haber levantado.
- Marina, yo te juro que los vi salir.
¿Y si hay un ladrón en la casa?
- Pues, entonces, ve a mirar. ¡Apúrate!
Hugo: Lo compré la misma tarde
que me invitaste a tu fiesta de cumpleaños.
♪ Amor, digan lo que digan... ♪
- Mi amor... gracias.
Es hermoso.
♪ ¿En qué momento te dejé partir? ♪
- Y aún tenemos que regresar a la fiesta.
Llevamos mucho tiempo aquí.
Los invitados deben estar preguntando por ti.
- Que esperen.
El único invitado que a mí me interesa está aquí conmigo.
- Pero tenemos que hablar con tus papás.
Ellos tienen que saber que yo voy a hacerte mi esposa.
- No va a ser fácil, pero no importa.
Después de esto, nadie, nadie va a poder separarnos.
♪ Pero nunca olvides que siempre seré para ti ♪
♪ una mágica flor de vida. ♪
♪ Siempre estaré para... ♪
Helena: ¿Para dónde me llevas, Guillermo?
- Sh, alguien viene, alguien viene. Metámonos ahí.
- Ay, pero ¿cómo nos vamos a meter ahí
si eso debe ser un sótano? Y no creo que tenga una salida.
- No protestes y métete.
- ¡Esto está oscuro, no veo nada!
- Ay, Dios mío, yo tenía razón.
Helena: Nos cerraron la puerta.
[Todos hablan]
- ¿Y ustedes qué están haciendo aquí?
Yo no los invité.
- No necesitamos de tu invitación para venir al club.
Nuestro abuelo fue uno de los fundadores,
así que podemos venir a cuanta reunión queramos.
- Beatriz, mejor nos vamos. Buenas noches, Soledad.
- ¿No acabas de llegar y ya te quieres ir, Linares?
- Dijiste que él no iba a estar acá.
- Precisamente por eso es que nos vamos.
- No, Arturo. Por favor, confía en mí.
Quiero demostrarle a ese imbécil que ya no me importa.
- ¿Piensas que yo soy un idiota?
Dije que nos vamos, y es lo que vamos a hacer.
- Arturo, Beatriz, bienvenidos. Por favor, adelante.
- Mamá, ellos no fueron invitados.
- Soledad tiene razón. Nosotros nos vamos.
- No, Arturo.
Sería una descortesía que se marcharan.
Después de todo,
no son los únicos que entraron sin invitación.
- Marina, te lo dije, los oí. Sí hay ladrones en la casa.
- Ah, ¿sí? Supongo que a esos también los dejaste entrar.
- Es en serio, Marina.
Escuché las voces en el sótano, yo los encerré.
- ¿Cómo que los encerraste?
- ¡Ah!
- Esta puerta es una puerta metálica.
Eh... es una bóveda.
- Ay, sí, pero no pensarás salir por aquí.
- No. Claro que no, Burke, pero ¿te has puesto a pensar?
Mira, escúchame.
Detrás de esta bóveda
puede estar lo que estamos buscando, Burke.
La fortuna y los secretos de don Hugo.
- Esther, ¿qué hacen los Linares aquí?
Esther: Yo los dejé entrar.
- ¿Estás loca?
- Piensa, un poco locas.
Esta puede ser nuestra oportunidad
para desenmascarar a Hugo de Medina
frente a Soledad.
- No creo que sirva de mucho.
Parece que Soledad ya perdonó a Hugo.
Míralos, están muy sonrientes.
Esther: Por ahora la presencia de Beatriz
nos puede ayudar a aclarar algunas dudas
sobre la relación de ella con ese hombre.
♪ Con sangre borraré mi dolor. ♪
♪ Y cuando había encontrado una ilusión, ♪
♪ se la llevan de mi vida. ♪
♪ Los dos pagarán, los dos sufrirán. ♪
- No puedo creer que esté aquí, mis hombres me aseguraron
que había caído al suelo como muerto.
- Tus hombres son unos inútiles
que no han podido acabar con él.
- Ya tomé las medidas necesarias
para que la próxima vez no cometan errores.
- ¿La próxima vez? ¿La próxima vez cuándo?
¿Cuando Soledad ya se haya casado con él
y yo sea un viejo?
- Tú también tienes parte de la culpa, Alcides.
Me aseguraste que tu hermano estaba muy enfermo.
Por eso vine a esta estúpida fiesta.
Y encima, traje a mi hermana.
- Tú y yo tenemos un trato, Arturo.
Tú te encargarías de él.
Y cuando yo cobre la fortuna, yo te daría una buena parte.
Por lo visto, no lo vas a lograr.
- Ya te dije que la próxima vez no cometeremos errores.
- Eso espero.
♪ Que solo con su dolor sanará. ♪
Marina: Más te vale, Úrsula,
que sea verdad lo de los ladrones
¡y que no te estés burlando de mí!
Porque te voy a matar.
[Golpe] ¡Ay! ¿Eso qué fue?
- Seguramente los ladrones lograron entrar
y vienen por nosotras.
- ¿Y qué vamos a hacer?
- Escucha, ahí vienen. - ¡Ah!
[Úrsula grita]
- ¡Ay, idiota, es Boris! Boris, Boris, por Dios.
Boris, Boris. Boris.
Boris, reacciona.
- Me tienes que ayudar, Dios mío.
¿Me estás escuchando?
Me tienes que ayudar a ganarme el corazón de Soledad.
Ayúdame, Dios mío, ayúdame.
Beatriz: ¿Tan mal te pone verlo?
Debe ser muy frustrante para ti
saber que tu hermano siempre consigue lo que se propone.
En cambio tú, jm...
- ¿Qué te hace pensar
que voy a escuchar a una niña malcriada como tú?
- Claro.
Tú prefieres quedarte en un rincón lamentándote
mientras tu hermano te quita a tu novia.
- Beatriz, ¿no has escuchado de eso que dicen
que en bocas cerradas no entran moscas?
- Tú y Hugo son idénticos por fuera,
pero por dentro son tan opuestos
como el día y la noche.
Él es exitoso, es rico, es atractivo.
Sin embargo, tú...
- Yo soy mucho mejor que él.
Y te lo puedo demostrar.
Beatriz: ¿Mh?
- Y te lo puedo demostrar ahora mismo.
- ¡Ah!
Aquí pueden vernos. Vamos a otro lugar.
- Hugo. ¡Ay, Hugo!
- Soy Alcides.
Alcides, no soy Hugo.
♪ Tu sombra no me deja respirar. ♪
♪ ¿Cuánto más tengo que esperar? ♪
[Quejidos]
- ¡Qué torpe eres, Úrsula, por poco y lo matas!
- Pensé que era uno de los ladrones.
Perdóneme, Boris, no me di cuenta que era usted,
perdóneme.
- ¡Quítate de aquí! Que de Boris me encargo yo.
Tú ve a ver qué pasó con los supuestos ladrones.
- Pero yo... - ¡Pero nada! Vete, Úrsula.
Boris, Boris, reacciona. Boris, por favor.
Arturo: ¿Beatriz? Beatriz, ¿dónde estás?
- Arturo.
- ¿Qué estás haciendo aquí, Beatriz?
- Salí a tomar un poco de aire.
- Solo conversábamos, Arturo.
- Regresa inmediatamente a la fiesta, Beatriz.
Por tu propio bien, Alcides, no te acerques a mi hermana.
- ¿Marina? ¡Ah! Marina, ¿por qué me golpearon?
- No, fue la tonta de Úrsula.
Según ella, escuchó unas voces
y te confundió con unos supuestos ladrones.
- ¿Voces? ¿En dónde?
- No te preocupes. Ella dice que en el sótano,
pero yo creo que son puros inventos de ella.
- No, no, Mari...
- De todos modos, ya fue a mirar.
- Tengo que ir a buscarla.
- No, Boris, tú estás muy delicado,
tú te quedas acá.
- ¡Ah! Mi cabeza.
Marina: Ya va a pasar, yo te voy a cuidar.
- Marina, yo...
- Pero, por favor,
de una vez por todas deja de preocuparte
por la tonta de Úrsula.
Mejor date cuenta quién se preocupa por ti.
- ¿Será que me lo imaginé?
¿Hay alguien ahí?
¿Hay alguien ahí?
¡Ah! No, aquí no hay nadie.
Úrsula: ¡Ah!
- Perdón.
Úrsula: Miserables.
¡Ni se crean que se van a escapar!
Hugo: Alcides...
¿por qué me odias tanto, hermano?
- ¿Odiarte? ¿De qué hablas?
- Estoy enterado de lo que le hiciste a mis medicinas.
Eso no se hace.
- Eso fue un accidente, Hugo, un accidente.
Pero sí, la vida es frágil.
Sobre todo cuando estás enfermo, ¿no?
¿Qué mal te agobia, Hugo? ¿Qué te pasa?
- ¿A mí? Nada.
Pero cuando se tiene algo por qué luchar,
te haces fuerte, te haces invencible.
- ¿Te refieres a Soledad?
Aún no está dicha la última palabra,
aún está por verse quién la llevará al altar.
- Alcides, yo te conozco, hermano.
Soledad no es más que un capricho para ti.
- Cuando tienes algo por qué luchar,
te haces fuerte, te haces invencible.
Y yo me cansé de perder ante ti.
- ¿Perder?
Pero si tú y yo nunca hemos estado en competencia.
- Ah, ¿no?
¿Y quién, desde niño,
ha recibido todo el cariño de mi familia?
¿A quién le dieron la mejor parte de la fortuna?
¿Quién tiene el respeto de todo el mundo
porque ha recorrido el mundo entero?
Esta vez no voy a ser yo al que señalen con desprecio.
Voy a ganarme el corazón de Soledad
cueste lo que cueste.
- Estás confundido, hermano.
Soledad no es un trofeo, yo no voy a entrar en tu juego.
♪ Los dos por igual, un poco de mi alma. ♪
♪ Que solo con su dolor sanará. ♪
- ¿Por qué hiciste eso?
¿Por qué me besaste?
- ¿De verdad no te habías dado cuenta, Boris?
Desde que llegué a esta casa, yo, yo he sentido...
[Disparo] - ¡Un disparo! ¡Úrsula!
Úrsula: ¡Y ni se les ocurra volver a aparecerse por acá
porque los mato!
- Úrsula. Úrsula, ¿estás bien?
[Jadeos]
¿Estás bien?
- La verdad no, don Boris.
Pero no se preocupe que yo saqué a esos ladrones a tiros.
- No debiste arriesgarte de esa manera.
- Suéltala. Suéltala, que yo puedo llevarla.
- Debiste creerle a Úrsula
cuando te dijo que había ladrones en la casa.
¡Por tu negligencia casi ocurre una tragedia!
Vamos.
- Beatriz, ¿me permites?
- Claro, doña Esther.
- Imagino lo que ha sido tu vida
desde que Hugo de Medina te dejó.
- No haga caso a las habladurías de la gente,
doña Esther.
- Beatriz, somos mujeres. Y sé lo que es el amor.
A veces terminamos sufriendo por alguien que no lo merece.
- Eso no es así.
La relación entre Hugo y yo no ha terminado.
- Ah, ¿no?
- No se haga la tonta conmigo, doña Esther.
Estoy segura que su esposa le ha contado
lo que vio en casa de Hugo.
Claro, no es algo para andar divulgándolo por ahí,
pero Hugo y yo seguimos siendo amantes.
- Beatriz, mi hija es joven e inexperta.
Y no quiero que sufra una decepción.
Dime la verdad.
- Hugo no quiere nada con su hija, señora.
Él la ve como una niñita tonta para lucir en sociedad.
Quiere quitarse esa fama de seductor
que no le ha hecho nada bien en los negocios.
- Ya. Entiendo.
- Él es un hombre con necesidades muy fuertes.
Hugo es un hombre insaciable.
Y solo a mi lado se ha sentido satisfecho,
es por eso que seguimos juntos.
¿Sabe qué, señora?
A mí me da mucha pena por su hija,
y por ustedes, claro,
que son una familia tan distinguida.
Pero Hugo de Medina solo les va a traer dolor
y mucha vergüenza.
- Permiso.
La guerra no ha terminado, Hugo de Medina.
Yo juré que iba a acabar contigo.
Y no me voy a detener hasta lograrlo.
- Me imagino que debe ser frustrante encontrarme aquí.
- La próxima vez mis hombres no fallarán.
- Si tantas ganas tienes de matarme,
¿por qué no lo haces con tus propias manos?
En vez de refugiarte en bandidos de poca monta.
- Si crees que tengo miedo de enfrentarte en persona,
estás muy equivocado.
Puedo pelear contigo aquí...
[Quebrazón de vidrios]
...y ahora.
A ver.
- ¿Todavía nos persiguen?
- No. Creo que nos salvamos, gatita.
- ¡Ah! ¡Ah!
Es la noche más horrible que he vivido en mi vida.
- No exageres, gatita.
Conocimos muy bien la casa de don Hugo.
La próxima vez entrar va a ser más fácil.
- No, no va a haber próxima vez.
Yo a esta casa no vuelvo jamás.
- No, gatita, ¿qué estás diciendo?
Tenemos que averiguar qué hay en esa bóveda.
¿Te imaginas donde descubramos la fortuna de don Hugo?
La vida nos va a cambiar completamente.
- No, no, ni por todo el oro del mundo
quiero yo tener algo que ver con Hugo de Medina.
¿Está claro?
- Pero, gatita...
- ¿Está claro?
- Sí, está claro.
- ¿Qué pasa? ¿Qué pasa, cobarde?
Aquí estoy. A ver.
- Hugo, ¿qué es lo que está pasando?
- ¿Qué falta de respeto es esta?
Hugo de Medina,
haga el favor de marcharse inmediatamente de esta fiesta.
- Qué vergüenza, qué incidente tan bochornoso.
Pero les pido disculpas.
- Esta es mi fiesta, mamá, y yo decido quién se queda.
Además, está muy claro quién no es bienvenido aquí. Vamos.
- Vámonos.
- Ya encontraremos oportunidad para resolver
nuestras diferencias.
- No, no, Esther, no hagas más difíciles las cosas, por favor.
Qué vergüenza.
Señores, siga, siga con la música,
por favor, siga.
- Doña Esther, esta situación está llegando al límite.
- Esther, Alcides, por favor, calmémonos.
- ¿Cómo me voy a calmar?
Si ese hombre está haciendo lo que se le da la gana
con la fiesta.
¡No siente ningún respeto por nosotros!
- Pero Soledad lo sigue apoyando,
él se va a sentir dueño de la situación.
- Eso está por verse.
Lucas, dile al jefe de meseros
que prepare todo para el brindis.
Y tú prepárate para lo que te dije.
- No entiendo. ¿Qué piensan hacer?
- Durante el brindis,
Alcides anunciará públicamente su compromiso con Soledad.
- Esther, yo hablé con mi hija
y me contó que Hugo le aclaró que había sido un malentendido,
que él luego nos explicaría las cosas.
Está dispuesto a casarse con Soledad.
- Eso será sobre cadáver.
Ya Beatriz me contó las verdaderas intenciones
de ese miserable
¡y no le voy a permitir que se acerque a mi hija!
Lucas: Esther.
- Úrsula, tu rodilla está sangrando.
- Debí golpearme cuando los ladrones me empujaron,
pero no se preocupe que no es nada.
- ¿Viste quiénes eran?
- No, estaba muy oscuro y todo fue muy rápido.
- Marina, por favor, trae alcohol,
agua y un trapo para limpiarle la herida a Úrsula.
Marina: No.
No, primero hay que curarte a ti
del golpe que dio esta torpe.
Lo que ella tiene no es nada grave.
- Boris es todo un caballero.
- Mucho cuidado, Úrsula.
Ni se te ocurra,
ni se te ocurra poner tus ojos en él.
- A mí no me amenaces, que Boris no tiene dueña.
Despabílate, Marina, él nunca se va a fijar en ti.
- ¡Ay!
- ¡Suéltame, suéltame! ¡Marina, Marina, suéltame!
- No te preocupes, amor,
yo sé que fue por el malentendido con Beatriz.
- Arturo es un hombre muy violento
y, y ha tratado,
pero, pero no quiero preocuparte con esas cosas.
Olvidémoslo.
- ¿Tú te das cuenta que todos están en contra de nosotros?
Mis papás, Beatriz, Arturo.
Mi amor, tiene que haber alguna manera de poder evitarlos.
¿Sabes qué es lo que quisiera hacer en este momento?
- ¿Qué?
- Quisiera que nos fuéramos
y nos casáramos ahora mismo en una iglesia.
- Esa sería una hermosa locura.
Pero tenemos que hacer las cosas como se debe.
Yo voy a hablar con tus papás.
Esta noche voy a hablar con ellos.
- No me importa lo que digan.
Yo me voy a casar contigo, mi amor.
Así me tenga que imponer en contra de ellos,
yo lo voy a hacer.
- ¡Soledad!
Te estamos esperando para el brindis.
- Vamos. Esther: ¡Él no va!
Ya conozco su juego, miserable.
Usted nunca ha tenido buenas intenciones con mi hija.
- Ya basta, mamá.
- Esther, permítame explicarle. - ¡No me explique nada!
Y se equivoca si piensa que mi hija es un juguete
para sus fines cochinos.
- Amor mío... ¿confías en mí?
Vamos.
Esther: Un momento. Soledad, ¿qué haces?
¡Soledad, espérame!
Boris: ¡Suéltala, Marina! ¡Suéltala!
¿Qué está pasando aquí?
Marina: Ella empezó, don Boris.
- Debí imaginármelo.
¡No sé qué te pasa hoy, Marina, pero no te reconozco!
- ¡Eso te digo yo a ti, Boris, no te reconozco!
Desde que esa mujer entró a esta casa,
tú eres otra persona. ¡Y eso no me lo voy a aguantar!
¿Me entiendes? - ¿De qué estás hablando?
- Está muy claro.
En esta casa no cabemos las dos.
O se queda ella o me quedo yo, Boris.
Boris: ¡Marina, vuelve acá! ¡Marina!
- Alcides, ¿dónde estás?
- Señoras, señores, atención, por favor. Atención.
Quiero brindar por Soledad,
por su felicidad en este día tan especial,
en el día de su cumpleaños, por...
Aprovechar la ocasión
para anunciar a toda la distinguida sociedad
aquí reunida
que esta noche ella y yo
nos hemos comprometido formalmente en matrimonio.
- Entonces, por los novios.
Que hacen una linda pareja
y seguramente van a ser muy felices.
¡Salud!
[Al unísono] - Salud.
Juez: ¡Alcides, por Dios!
[Todos gritan]
- ¿Qué farsa es esta?
No tienes ningún derecho a anunciar nada
porque sus padres no te han acepta'o.
[Quejidos]
[Todos gritan] [Quejidos]
Lucas: ¡Basta, ya no peleen más!
¡Ya, cálmate!
Alcides: Suélteme. Lucas: ¡Cálmate!
Alcides: ¡Suélteme, don...!
[Disparos]
- ¡Basta, calma! ¡Basta! - ¡Suélteme!
Lucas: Ya.
- ¡Es vergonzoso que en un lugar tan respetable como este
tenga que hacer uso de la fuerza para detenerlos!
Acaban con esta pelea ahora mismo,
o como autoridad judicial me veré obligado
a llevarlos ¡a todos a la comisaría!
- ¿Dónde está Hugo?
[Todos hablan]
- ¿Y Soledad? ¿Dónde está Soledad?
- Soledad, Soledad.
¿Estás segura que quieres hacer esto?
- Completamente.
- Pero ¿irnos? ¿Ahora? ¿Así?
- Mi amor, después de lo que me dijiste,
yo no necesito nada más.
- ¡Ah!
Tienes razón, tienes toda la razón.
♪ Bésame hasta enloquecer, ♪
♪ Quiero perderme en tus senti... ♪
[Ladridos]
- Bienvenida a su casa, futura señora de Medina.
- Gracias, futuro esposo mío.
¿Y este lugar qué es?
- Es la cabaña de mi familia.
Papá solía usarla cuando...
cuando salía por temporadas a pescar.
Y yo la uso cuando...
cuando necesito paz.
- Qué locura hemos hecho, mi amor.
- Sí.
Una hermosa locura, Soledad.
Una locura que recordaremos con mucho amor
cuando se la contemos a nuestros nietos.
- Prométeme, prométeme que siempre va a ser así.
- Te lo prometo.
Te lo prometo.
♪ Amor, mira lo que me tocó vivir. ♪
♪ ¿En qué momento te dejé partir? ♪
♪ Amor, perdona si alguna vez te herí. ♪
♪ Preferiría morir que no estar junto a ti. ♪
♪ Y la vida se encargará de unirnos, ♪
♪ Resiste un poco más. ♪
♪ Pero nunca olvides que siempre seré para ti ♪
♪ Una mágica flor de vida. ♪
♪ Siempre estaré para ti. ♪
♪ Siempre, mi amor. ♪
- ¿Por qué jugaste conmigo todo este tiempo?
Me llenaste de ilusiones,
¡y todo era mentira, me mentiste!
¡Ay, te odio, te odio, Hugo de Medina, te odio!
♪ Cuando todo era perfecto ♪
♪ Y pensaba que por fin tú me querías, ♪
♪ Que de mí te enamorarías, me botaste sin reparo. ♪
Hugo.
Mi amor, ¿eres tú?
Yo sabía que no me podías fallar.
Todo eso del compromiso con Soledad era un plan, ¿no?
¡Ay, claro!
Vamos a engañar a todo el mundo
para seguir viviendo lo nuestro.
Ay, mi amor, ya nunca nos vamos a separar.
Nunca.
Nunca nos vamos a separar.
Es que yo te amo.
Te amo y no puedo vivir sin ti, mi amor. Te amo.
Me estás lastimando.
Au.
¡Ah!
No.
¡Ah!
¿Qué te pasa?
¿Por qué me miras así?
- Porque voy a hacerte mía.
Porque soy Hugo, tu amado Hugo.
Por eso.
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