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- Vine a hablarle sobre mi hija,
y a pesar de haber dañado su dignidad, Hugo de Medina,
yo pensé ingenuamente que usted la quería de verdad,
y me encuentro con esto.
- Don Lucas...
don Lucas, yo le aseguro que voy a asumir
mi responsabilidad con Soledad.
Solo que en este momento no puedo atenderlo, por favor.
- No me importa lo que usted esté haciendo
en este momento con esta señorita.
A mí usted me respeta y me atiende ya mismo.
Qué miserable es usted, Hugo.
Es evidente que disfruta jugando con las mujeres.
- Eso no es cierto.
- Qué bueno que al menos usted se ha dado cuenta, don Lucas.
Porque lo que es su hija... - Cállate.
- ...no quiere abrir los ojos. - Cállate.
Cállate, por favor, ¿que no te das cuenta?
Con cada cosa que dices o haces
solo consigues darme más lástima.
Salte de mi casa, por favor.
Salte. Salte de mi casa.
Don Lucas, por el amor de Dios, retírese.
Yo le prometo que más tarde,
incluso, le prometo que mañana...
- No, no, usted me responde ahora mismo, ya.
- Boris, por favor, acompáñalo
- Don Lucas, acompáñeme, - Suélteme.
Suélteme. A que no piensa darme la cara.
- Acompáñeme, don Lucas. - ¡Suélteme!
-Miserable... -¡Vamos! ¡Afuera!
[Lucas] ¡Suélteme, suélteme! [Boris] ¡Afuera!
[Lucas] ¡Es el colmo que venga a faltarme el respeto a mí,
a Lucas de Obregón!
¡Usted tiene que soltarme, señor!
¡Es imposible! ¡Inaudito! No sea tan igualado!
¡Suélteme!
- Señor, permítame llevarlo hasta la puerta.
- Que me suelte le estoy diciendo. ¡Suélteme!
¡...me falten el respeto de esta forma!
[♪♪♪]
- Don Efraín, ¿cómo le va?
- ¿Cómo me le va, don Alcides?
- Cuénteme algo,
¿usted como farmaceuta con, con solo ver y oler un frasco
podría saber de qué medicina se trata?
- A ver, don Alcides,
20 años de experiencia para algo tienen que servir.
- Muy bien, entonces, dígame qué es esto
y para qué sirve.
Hugo: Ayúdame, Soledad, ayúdame.
- Hugo, Hugo, mi amor.
Ya...
Mi amorl.
[Hugo] ¡Suéltame! ¡Ya, suéltame!
no te voy a...
¡No!
¡No!
No.
- ¿Qué pasa, hija?
¿Por qué gritas?
- Era Hugo.
Tuve un sueño.
Algo malo está pasando con él.
Ay, no, tengo que ir a verlo.
[♪♪♪]
[Tos]
[♪♪♪]
- Hugo está en peligro.
Ay, mamá, lo acabo de ver en mi sueño.
- Deja de decir tonterías. Fue solo una pesadilla.
- No, no. No, era tan real.
Estaba sufriendo.
Ay, no Dios, mío, algo terrible le va a pasar, mamá.
Tengo que ir a verlo, él me necesita en este momento.
- Regresa a tu cama,
Soledad, es una orden. [Soledad] ¿Qué?
Ay, mamá, por favor, no me hagas esto, por favor.
- No voy a permitir que hagas más locuras,
con las que has hecho es suficiente.
- Pero es que no me puedes mantener encerrada.
- Lo haré hasta que Lucas hable con ese hombre.
Hace poco se fue a verlo.
- ¿Y se fue a, a verlo?
¿Para qué? - Es obvio.
Para arreglar la situación entre ustedes dos.
Me duele en el alma tener que admitirlo,
pero Hugo de Medina tendrá que casarse contigo.
- ¿Te das cuenta el problema que formaste, Úrsula?
Si no hubieras dejado entrar a don Lucas
ni a la señorita Beatriz,
nada de esto habría pasado.
- ¿Cómo podría imaginar que él iba a subir
hasta el cuarto de don Hugo?
Y la señorita yo no supe cuándo entró.
- Con excusas no vas a convencerme.
[Quejidos] - ¿Y ese ruido?
- Viene de la habitación del patrón.
Marina: ¿Patrón?
[Golpes en puerta] Patrón, ¿se encuentra bien?
Don Hugo.
Don Hugo. ¡Ah!
¿Usted quién es?
¡Boris!
Don Hugo.
- ¿Se siente bien?
- Sí.
Pero me... me, me sentiré mejor cuando me diga
de qué medicina se trata.
- La verdad no he podido identificar la sustancia,
tendría que analizarla por lo menos
2 o 3 días haciendo pruebas.
- 2 o 3 días es demasiado tiempo.
- Lo siento mucho, don Alcides, no puedo en menor tiempo.
♪ El mundo me ha enseñado el dolor de vivir. ♪
- ¡Quieto!
- Patrón, patrón, por favor, reaccione.
Dios mío, está muy frío.
Patrón, patrón, reacciona, por favor.
- Vi a un hombre corriendo en el jardín, ¿qué pasó?
- No lo sé, yo me atreví a entrar porque escuché ruidos
y, y don Hugo estaba peleando con un sujeto
y de repente se desmayó, Boris.
- Don Hugo, don Hugo.
- Está muy frío.
Boris, ¿don Hugo está muerto?
- Claro que no. Vete de aquí.
- Sí. ¿Voy por el doctor Max?
- Sí, sí, ve por el doctor Max,
y pídele las medicinas de don Hugo.
- Las medicinas, sí.
- Marina, y ni una sola palabra de esto a nadie, ¿entendido?
Don Hugo.
Don Hugo.
Don Hugo.
- ¡Lea y entérese de las últimas noticias ocurridas
en las calles de esta ciudad
entre la distinguida dama Esther de Obregón
y el ricachón Hugo de Medina! - Muchacho.
Niño: Señor. - Deme uno.
Gracias. - De nada.
¡Lea y entérese de las últimas noticias...!
- En acto heroico, Hugo de Medina
salva a Esther de Obregón de morir en accidente.
[niño] Esther de Obregón... ¿Y esto qué es?
- ¿Sigues enojada conmigo, Gatita?
- No me digas así, que si lo fuera,
me harías caso y dejarías de hacer tanta locura.
- Ah.
¿Lo dices por lo del negocio con don Alcides?
Gatita, por favor,
créeme,
no te dije nada porque quería darte la sorpresa.
- ¿La sorpresa de qué? ¿De que encuentren tu cadáver por ahí?
No seas bruto.
¿No entiendes que, si vuelves a la casa de Hugo de Medina,
vas a terminar muerto?
- Hombre ¿y qué?
Así se te acabarían los dolores de cabeza.
- Ah, sí, pero entonces, no tendría a quién querer.
- ¿Qué? ¿Qué fue lo que dijiste?
- Eh, nada, que no tendría a quién cocinarle.
- No, señora, eso no fue lo que dijiste,
dijiste que me querías.
Yo lo oí muy bien.
- Sí, ¿y qué? ¿Y qué? ¿Y qué con eso?
- Te prometo que mañana voy a ir a la casa de don Alcides
y le voy a decir que no voy a trabajar más con él.
- ¿En serio harías eso por mí?
- Claro que sí, Gatita.
Te amo. No quiero hacer nada
que te moleste.
Quiero verte feliz.
- Y yo quiero tener a quien querer.
Arturo: ¿Por qué traes esa cara?
- Tengo un dolor de cabeza que me está matando.
Voy a descansar. - Espera.
¿Dónde están tus aretes?
Max: Respire profundo.
- ¿Cómo está mi hija, doctor?
- Con mucho gusto se lo diré
cuando termine de examinarla, señora.
- ¿Cómo te fue? - Bien.
Ven, hablemos en la sala. - Papá,
¿pudiste, pudiste ver a Hugo?
- A ver, que el doctor termine de examinarte
y luego hablaremos de eso.
- Ah, pero el doctor ya casi va a terminar.
¿Verdad que ya...? - No.
Y si sigue moviéndose, no vamos a terminar nunca.
- Vamos. - Vamos. Adiós.
- ¿Qué pasó?
Saliste de aquí con aretes y regresaste sin ellos.
¿Qué me estás ocultando, Beatriz?
- No te oculto nada. Me estás lastimando.
- Matilde,
se supone que te envié para cuidarla.
¿Qué es lo que pasó?
- Señor, la verdad es que yo... - Los dejé donde Argelia.
Me los saqué para probarme un vestido y se me olvidaron.
¿Terminaste con el interrogatorio?
- Eso no fue así.
¿Cómo que me salvó la vida?
Todo lo contrario, ese hombre casi me mata.
- Sabía que te iba a afectar cuando te enteraras.
- ¿Qué vamos a hacer, Lucas?
Me imagino a todas nuestras amistades
hablando maravillas de ese demonio en mi propia cara.
- Y eso no es todo.
Hay algo más grave que tengo que contarte.
- ¿Qué puede haber peor que esto?
¿Qué pasó en la casa de Hugo de Medina?
- Ese miserable, Esther,
no va a responder por la deshonra
que le causó a nuestra hija.
- Don Hugo, me inquieta mucho el ataque que le dio.
Esta vez puede demorar horas o tal vez días en recuperarse.
No se preocupe, señor,
ya mandé a Marina por las medicinas
para que usted pueda despertar
sin esos terribles dolores en el cuerpo.
- En acto heroico, Hugo de Medina
salva a distinguida dama de sociedad.
Qué idiotas.
[Golpes en puerta]
Marina: ¡Doctor Max!
¡Doctor Max! ¡Abra, por favor!
- El doctor Max salió a atender una emergencia.
- Ay, Dios mío, ¿y ahora yo qué hago?
- ¿Qué pasa, Marina? ¿Para qué lo necesitas?
Señor, qué pena con usted, don Alcides,
yo no puedo contarle nada a nadie. Con su permiso.
- ¿Es esto lo que buscas?
Marina: ¿Esas son las medicinas de don Hugo?
- Sí. Él me pidió antes de salir
que se las llevara a mi hermano.
- Entréguemelas, por favor, es urgente que las lleve.
- Claro, claro, toma.
¿Qué le pasa a Hugo, Marina?
¿Qué tiene?
Por favor, cuéntame, me interesa saber
qué le sucede a mi hermano.
- Don Alcides, yo solo sé que un hombre
entró a la casa y se puso a pelear con don Hugo,
y de repente él cayó desmayado,
y estaba muy pálido y muy frío.
- Por Dios.
¿Lo lastimaron?
- No, eso es lo raro, ¿sabe?
No había sangre ni nada por ningún lado.
Boris me mandó por las medicinas
porque seguro eso lo va a ayudar a recuperarse.
Por favor. - Claro, claro.
Es urgente que se las lleves.
[Grito]
Ay, pero qué torpe fui. Dios.
- ¿Que Hugo de Medina no va a responder por nuestra hija?
¿Hablaste con él? ¿Él te lo dijo?
- No, no, no exactamente, Esther.
Pero luego de lo que vi, no puedo llegar a otra conclusión.
- ¿Qué fue eso tan terrible que viste?
- Esther, Hugo de Medina
estaba besándose con Beatriz de Linares.
- ¿Qué?
¿Qué dijiste?
♪ Quisiera acercarme a ti, ♪
♪ pero me frena una razón ♪
♪ oculta en lo más profundo de mi ser. ♪
♪ Quisiera devolver el tiempo a mi favor, ♪
♪ y no dejar que nada se interponga entre tú y yo. ♪
♪ Sálvame, ♪
♪ despiértame otra vez. ♪
♪ Temo cerrar los ojos sin saber ♪
♪ si vas a estar conmigo al amanecer. ♪
♪ No. ♪
♪ No. ♪
♪ No. ♪
♪ Bésame ♪
♪ hasta enloquecer. ♪
♪ Quiero perderme en tus sentidos ♪
♪ para no saber quién soy y lo que temo ser. ♪
♪ Otra vez, ♪
♪ despiértame. ♪
♪ No te puedo perder. ♪
- Me encontré con una de las empleadas de Hugo
y me dijo que intentaron asesinarlo.
Y supongo que fuiste tú.
- Supones bien, pero ¿a qué te refieres con eso
de que "intentaron"?
¿No lo lograron?
- Le dieron un susto que le provocó un ataque al corazón,
que lo tiene al borde la muerte o algo parecido.
- Tenemos que averiguar exactamente
en qué estado está tu hermano.
¿Tú crees que puedas volver a hablar con esta empleada?
- Sí, sí, pero no creo que sea buena idea.
Don Omar.
Un vaso de vino, por favor.
No creo que sea buena idea porque están prevenidas.
Pero el Burke nos puede ayudar.
- Guillermo Burke, tú confías en él.
- Voy a hablar con él
y te aseguro que tendremos noticias de Hugo.
- Y si todavía está vivo,
habrá que hacerle una nueva visita a tu hermano.
- ¿Cómo?
¿Cómo que Hugo se estaba besando con Beatriz de Linares?
Explícame. [Beatriz carraspea]
- Por ahora es más importante
saber cómo te encontró el doctor Max, ¿no crees?
- Eh, pues, casi no se deja examinar,
pero no hay por qué preocuparse.
Es cuestión de que repose por algunas horas.
Hasta luego.
- Lo acompaño, doctor. Lucas: Hasta luego.
- Papá, dime. Por favor, estoy esperando tu explicación.
¿Es verdad lo que dices?
- Hija, lamentablemente sí.
Yo los vi.
Vi cuando se besaban.
- Pero no, es que yo sé
que a lo mejor ella lo estaba acosando,
porque Beatriz está obsesionada con Hugo, papá.
No pudo ser eso, estoy segura. - Soledad, no seas ingenua.
Para que exista una traición, se necesitan dos.
Y hasta donde yo sé, tu padre nunca dijo
que él se estuviera oponiendo a que esa mujer lo besara, ¿o sí?
- Bueno, todo fue muy rápido.
Lo cierto es que Hugo de Medina no quiso darme la cara.
Cuando le pedí una explicación
para resolver la situación entre ustedes dos,
prácticamente me echó de la casa.
- No vayas a llorar, Soledad,
ese hombre no merece una sola lágrima tuya.
¿Es que no te das cuenta?
Hugo de Medina se aprovechó de tu inocencia.
- Esther, eres injusta con ella.
Hoy es su cumpleaños.
Deberías tener más tacto para hablarle.
- Qué tacto ni qué nada.
Ella tiene que despertar
y darse cuenta que ese hombre es un miserable.
- ¿Cómo que se rompieron, Marina?
¡Esas medicinas eran muy importantes!
- Ya te lo expliqué, la culpa fue del hermano del señor.
Don Alcides las dejó caer antes de que yo las pudiera agarrar.
- ¿Qué dices?
¿Y me puedes explicar cómo esas medicinas
llegaron a manos de don Alcides?
¿No será que las rompiste y estás inventando todo esto?
- No me importa lo que pienses, Boris.
Y si no quieres creer, es problema tuyo.
- ¡Un momento!
Suponiendo que lo que dices es verdad,
don Alcides se enteró de lo que le pasó a su hermano.
- No, no.
Qué poca confianza tienes en mí, Boris.
- Boris, si quiere, yo puedo ir y conseguir las medicinas.
- Imposible.
Esas medicinas vienen de Alemania
y no son fáciles de conseguir.
- Bueno, al menos, podría pedirle al doctor Max
que venga a examinar al señor.
- No, no tiene caso.
Don Hugo pronto se va a recuperar.
- ¿Puedo saber qué es lo que tiene?
- Úrsula, por favor, no preguntes más de la cuenta.
De todas maneras, gracias por preocuparte.
- Esto lo tiene que saber la señorita Soledad.
[♪♪♪]
- No quiero verte sufrir por ese hombre, Soledad, no.
- Papá, mira...
yo conozco a Hugo
y sé que él no me engañaría.
Tiene que haber una explicación para esto
que me estás diciendo.
- Y yo quisiera encontrarla para evitarte esto,
pero no te puedo mentir, es muy claro lo que vi.
♪ Amor... ♪
- Yo te quiero.
Te quiero, no puedo seguir ocultándolo.
Te quiero, te quiero, te quiero.
♪ ...que no estar junto a ti. ♪
♪ Y la vida se encargará... ♪
- Tengo que verlo, papá.
Él, él me tiene que explicar qué fue lo que viste.
- No. No, no, no.
Este no es el momento.
Hoy es tu cumpleaños y no quiero ver que sufras.
- Es mi cumpleaños. Hasta se me había olvidado ya.
No tengo ganas de ver a nadie.
- Sí. Está bien, tienes toda la razón.
No es momento para celebrar.
- ¿Sabes? - ¿Mh?
- Yo no entiendo por qué.
¿Por qué me tiene que pasar todo esto
ahorita que estoy tan ilusionada con Hugo?
¡Ay! ¿Por qué?
- Bueno, pues, así te dijo, hija,
Hugo de Medina
va a pagar muy caro el dolor que te ha hecho.
De eso puedes estar segura, muy segura.
- ¿Para dónde crees que vas?
Fabio: No fue nada fácil,
porque el señor Hugo de Medina se defendió
hasta el último momento.
Pero de repente
se puso muy pálido,
le faltó la respiración y se desmayó.
Hermán: ¿Qué opina, don Arturo?
- Por lo que dicen,
parece que sufrió un ataque al corazón.
- Bueno, pues,
el trabajo ya está cumplido
y usted tiene que darnos el resto de nuestro dinero.
- El trabajo estará cumplido cuando
la muerte de Hugo de Medina esté comprobada.
Si no fue así,
tendrán que atacarlo de nuevo.
- No, no, no, un momento.
Yo no pienso seguir exponiéndome a más peligros
por ese hombre.
No, yo me largo. - Hermán.
- Señor De Linares,
Fabio y yo corremos muchos riesgos por su capricho,
así que consígase otro porque yo me voy.
[Disparo]
- ¿Y tú, Fabio?
¿También te quieres ir?
- Te hice una pregunta.
¿Para dónde ibas con tanto misterio?
- No tengo por qué darte explicaciones.
Voy a salir.
- ¿Qué está pasando aquí?
¿Por qué tanto escándalo?
- Encontré a tu protegida en la puerta.
Parece que iba a llevarle chismes a los Obregón.
- Eso no es cierto.
Iba a salir, es cierto, pero no a lo que ella dice,
sino a felicitar a la señorita Soledad.
Hoy es su cumpleaños. - Mentiras.
- Basta. Ya no quiero escucharlas más.
Mejor váyanse a su habitación, que es muy tarde.
[♪♪♪]
- Vas a ver que esa tonta que tanto proteges
nos va a meter en problemas.
Y bien graves, Boris.
[Ladridos]
- Papá, es una belleza.
Gracias. - Te quiero tanto.
- Ay, papá, gracias.
- Soledad, ¿y tú por qué no te has arreglado para la fiesta?
- Esther, no va a haber fiesta.
Con todo lo que ha pasado, nuestra hija
no está para fiestas.
- ¿Y tú prefieres que se quede encerrada
en su cuarto llorando?
No voy a permitir que Soledad se amargue su cumpleaños
por culpa de un hombre que no vale la pena.
- Perdóname, pero no pienso asistir.
- Ya es tarde, Soledad.
Las invitaciones se enviaron hace varios días.
En este momento, los invitados deben estar llegando al club.
- Entonces tendrás que avisar a los invitados
que no me voy a presentar.
- No, no puedo hacer eso.
Tú eres el motivo de esta fiesta. Y si tú no vas,
nos harás pasar una vergüenza a todos.
- ¿Y eso es lo único que te importa?
¿Para nada te interesa lo que pueda estar sintiendo
en este momento, mamá?
- Esther, Soledad tiene razón.
Al menos, complazcámosla hoy en el día de su cumpleaños.
- No, Lucas.
Seguí adelante con esta fiesta
porque no voy a permitir que Hugo de Medina
se dé el gusto de ver a mi hija derrotada.
Así que arréglate inmediatamente,
que ya vamos tarde para el club.
- Como tú digas.
Me voy a alistar para que te puedas lucir
con todos tus invitados, mamá.
[♪♪♪]
Boris: Esta es la página de Sociales, señor.
Se la voy a leer.
Encontré algo interesante.
"Cumpleaños Soledad de Obregón.
Esta noche se llevará a cabo en el club de banqueros
de esta ciudad la elegante fiesta para celebrar
el cumpleaños de la señorita Soledad de Obregón".
Imagino lo que está sintiendo, señor,
pero no se preocupe,
algo me inventaré para sacarlo de ese estado.
Lamentablemente le tengo una mala noticia.
Las medicinas que usted esperaba,
no sé cómo, llegaron a manos de su hermano Alcides.
El caso es que las destruyó.
Hay algo que no entiendo.
Si ustedes vivieron juntos hasta la muerte de su madre,
¿cómo es posible que su hermano
no se haya enterado de su enfermedad?
♪ Mi sufrimiento... ♪
- ¿Y bien, doctor?
♪ Es estar solo como el viento. ♪
- Lamento tener que confirmar lo que ya sospechábamos,
su hijo Hugo sufre de su misma enfermedad, don Armando.
- Alcides nunca ha dado síntomas de la enfermedad.
¿Por qué?
- No le puedo explicar.
Es posible que haya sido más afortunado que Hugo
y no tenga la enfermedad en su sangre.
- ¿Qué le pasa a mi hermano, mamá? ¿Está muerto?
¿Está muerto?
¿Por qué no me lo dicen? ¿Qué tiene?
¡Yo no lo maté, no le hice nada!
- Melina, saca a Alcides de aquí.
♪ Eternidad... ♪
Alcides: ¿Qué disparate está diciendo?
¿Cómo que no puede cumplir con el trato?
- ¡Ya no más, señor, ya! - ¡Cállese!
- Estuve pensando,
y no me quiero meter en problemas con su hermano.
- Mi hermano no se va a dar cuenta.
Sufrió un accidente y está muy grave.
Burke, necesito que entre a su casa
y consiga algo de brujería.
Y que de una vez averigüe si se va a recuperar o se va a morir.
- ¿Se va a morir?
Siendo así, las cosas cambian.
- Guillermo Burke,
¿en qué habíamos quedado tú y yo?
- Gatita, digo que las cosas cambian
porque definitivamente no puedo hacer el trabajo, don Alcides.
- ¿Y cree que se puede salir tan fácil?
Yo le di un adelanto, Burke.
- Señor Alcides,
por el dinero no se preocupe.
Mire, nosotros tenemos esto.
Y, y yo estoy segura que esto recompensará
y, y, y quedaremos a paz y salvo.
- ¿Qué demonios les pasa?
Ese reloj era de mi padre.
Ustedes se lo robaron de casa de Hugo.
- Perdón, señor Alcides.
¿Cómo hace eso? Ese reloj es finísimo.
[Quejidos]
- Hicimos un trato y lo va a cumplir.
O de lo contrario, va a tener serios problemas.
Soy amigo de las autoridades, Burke.
O me cumple o se va a pudrir en la cárcel
por el resto de sus días.
Arturo: ¿Cuándo piensas decirme
lo que pasó esta tarde?
Pensé que teníamos un trato, Beatriz,
que no volverías a ver a Hugo de Medina.
- Y no lo he vuelto a ver, te lo juro.
- ¿Lo juras?
Si no fuera porque nuestra madre le tiene tanto cariño,
habría echado a Matilde de la casa por ser tu cómplice.
Beatriz.
Quiero que me digas la verdad.
- Es cierto.
Esta tarde estuve en casa de Hugo.
- ¿Hasta cuándo piensas humillarte
delante de ese imbécil? - ¡Ya nunca más!
Hugo me odia.
Me dijo que no soy nadie en su vida.
Y que solo sentía lástima por mí.
- Malnacido.
Ahora sí te juro
que voy a acabar con tu querido Hugo de Medina.
- Hazlo.
♪ Ahora dedico mi vida ♪
♪ a acabar con su alegría. ♪
Mata a Hugo de Medina.
- Burke, no puedes ir a la casa de don Hugo de Medina.
Habíamos acordado
que es muy peligroso y que... - No tengo otra opción, gatita.
¿No oíste a don Alcides?
Si no hago lo que me ordena, me va a hundir en la cárcel.
¿Eso es lo que quieres o qué?
- No. Por supuesto que no.
Pero podíamos irnos de la ciudad
tú y yo esta misma noche. - ¿Adónde nos vamos a ir?
Este es el lugar perfecto para nuestro trabajo, gatita.
Salimos de eso y ya.
- Saldrás directo al cementerio. Bruto.
- Si don Hugo está enfermo, nada me va a pasar.
Gatita, me voy.
De todas maneras, si algo me llega a pasar, gatita,
reparte nuestra herencia
entre tú y mis hijos.
- Tú no tienes hijos, Burke. - Bueno, nunca se sabe.
- Ya han pasado varias horas y usted no despierta, señor.
Me imagino que ya debe estar sintiendo
esos terribles dolores en los músculos.
Voy a bajarlo al sótano.
Sí, voy a bajarlo al sótano
para empezar el tratamiento con urna térmica.
Al no tener las medicinas,
esa es la única opción que tenemos
para mantener su cuerpo a la temperatura adecuada.
Creo que este es el momento perfecto,
las empleadas ya se fueron a dormir.
No se preocupe, don Hugo, todo va a estar bien.
[♪♪♪]
♪ Mi sufrimiento ♪
♪ es estar solo como el viento, ♪
♪ Es saber que así grite ♪
♪ nadie me va a escuchar. ♪
♪ Es saber si un día te tengo ♪
♪ será solo un momento, ♪
♪ un instante fugaz. ♪
♪ Pero mi sufrimiento ♪
♪ será por toda ♪
♪ la eternidad. ♪
Don Hugo, sé que no le gusta permanecer aquí,
pero no tenemos otra alternativa.
[♪♪♪]
- Estás preciosa, hija.
- Gracias, papá.
Aunque no es como me estoy sintiendo.
Así a mi mamá no le importe.
- No seas tan dura con Esther, hija.
Si ella insistió en esta fiesta
es porque, ay, de alguna manera,
quiere ayudarte a superar todo esto.
Soledad, mírame, mírame,
tú tienes que volver a ser la de antes, hija.
Una joven alegre, llena de ilusiones.
- Papá,
¿qué ilusiones voy a tener si llega a ser verdad
lo que tú me dijiste?
Dime.
- Mira, un hombre bueno va a llegar a tu vida.
Ya verás.
Ah, además, pensándolo bien,
tal vez no es tan mala idea que,
que tengas un noviazgo con Alcides.
- Ay, papá, ahora no quiero saber nada de nadie.
Es que, papá, por primera vez en mi vida estoy enamorada,
y yo creo ciegamente en él.
No puedo, no puedo entender y no puedo aceptar
que me esté engañando con alguien, papá.
Yo sé que tiene que haber una explicación.
Tiene que haberla.
Lo sé.
- ¿Beatriz y Hugo besándose?
Qué vergüenza.
La desfachatez de Hugo no tiene límites.
- ¡Ah! Así es, Alcides,
yo estaba dispuesta a que mi hija se casara con él
después de semejante deshonra,
pero es evidente que Hugo de Medina
solo quiere burlarse de mi hija.
- Doña Esther, me apena mucho el comportamiento
de mi hermano. Créame que lo lamento.
- La vida de mi hija no se va a acabar
por lo que le hizo tu hermano.
No lo voy a permitir.
- Usted sabe lo que siento por Soledad.
No pierdo las esperanzas de ganarme su corazón algún día.
- Tal vez la fiesta de cumpleaños de mi hija
sea esa oportunidad, Alcides.
Sí, señor, tal vez ese sea tu momento.
- Alcides, ¿cómo estás?
- Don Lucas. Soledad.
Estoy...
Con todo respeto, creo que estás más hermosa que nunca.
- Ah, Alcides me pidió permiso
para ser tu acompañante en la fiesta,
¿qué te parece?
- ¿Acaso te importa lo que piense?
Pues, vamos.
♪ Los dos pagarán, los dos sufrirán. ♪
- Beatriz, vístete,
quiero que vengas conmigo al club de banqueros.
Esta noche hay una fiesta.
- Una fiesta a la que no estamos invitados.
¿Acaso no sabes que el cumpleaños
de la idiota de Soledad?
- No me interesa si estamos o no invitados.
Beatriz, tú y yo somos socios de ese club
y nadie nos puede impedir el ingreso.
- Pero, Arturo... - Beatriz,
habrá varios de mis amigos,
algunos de los cuales pueden ser
un excelente partido para ti.
- ¿Quién te entiende? ¿No te das cuenta?
Hugo va a estar ahí con ella.
Y yo no tengo ganas de encontrármelos.
- Hermanita, no te preocupes.
Yo te puedo asegurar que Hugo de Medina no se va a presentar.
♪ ...ya de aquí. ♪
- Tratado de catalepsia.
No obstante, las sustancias fuertes como el alcohol,
el formol y el amoníaco pueden hacer
que el paciente reaccione.
Esto ya lo probé muchas veces con usted, don Hugo,
y no funciona.
No sé qué es lo que me impulsa, pero tengo que buscar algo más.
Sí, sí, algo más. Tiene que haber algo más.
[♪♪♪]
- Soledad, por favor, sonríe.
Todos los invitados te están mirando.
- Ya tengo suficiente con tener que acompañarte
a esta fiesta, mamá.
- Ya sé que no quieres estar aquí,
pero no todo el mundo tiene que enterarse.
Así que, por favor, sonríe. Al menos, disimula.
- ¿Así? ¿Te gusta?
- Sí, mucho mejor, hija, mucho mejor.
[Aplausos]
- Buenas noches, señores.
Permítame les hago un retrato
para las páginas sociales de nuestro periódico.
- Claro que sí. - Gracias.
- Hija, por favor, sonríe, ¿sí?
Ah, un momento.
Ven, ven, Alcides, ven a la foto.
- Sonrientes, por favor.
[Obturador]
Listo. Gracias.
[Aplausos]
- Este ya lo leí varias veces.
[♪♪♪]
¿El diario de don Armando?
Qué extraño, nunca lo había visto.
"Yo llevaba ya dos días en la cama.
Había sufrido uno de mis ataques
más severos de catalepsia.
Y entonces sucedió lo imposible, un milagro.
Todo gracias a mi perro Sultán y a la habilidad de mi esposa.
[♪♪♪]
[Ladridos] - ¡Fuera de aquí, Sultán!
[Ladridos] Sigue ladrando, Sultán.
¡Sigue ladrando, Sultán!
[Ladridos]
Boris: Los ladridos de Sultán fueron un estímulo
para que yo despertara".
Claro, claro.
Un estímulo.
Un estímulo es lo que don Hugo necesita para despertar.
♪ Quisiera acercarme a ti, pero me frena una razón. ♪
[♪♪♪]
[Grito] - ¡Ah!
Guillermo: ¡Me asustaste, gatita!
- Y tú a mi, imbécil. - ¿Qué haces aquí?
No me digas que viniste a convencerme para no entrar
a la casa de don Hugo porque no te voy a hacer caso.
- No, no, no, no vine a eso, vine a cuidarte, tonto.
[♪♪♪]
- Gracias al cielo.
Solo espero que funcione.
Arturo: Sin duda, serás la mujer más hermosa
de toda la fiesta.
Mucho más que Soledad de Obregón.
¿Qué pasa? ¿Por qué esa cara?
- Es que sigo pensando que no es una buena idea
que vayamos a esa fiesta. - Es una buena idea.
Quiero que toda la ciudad se dé cuenta
de que Beatriz de Linares dejó atrás el daño
que le hizo el infeliz de Hugo de Medina.
Vamos. Te aseguro que va a ser una noche inolvidable.
Boris: Tengo frente a usted
el pañuelo de la señorita Soledad.
Piense en ella.
Recuerde su aroma,
sus palabras,
todo lo que la ama.
Todo lo que ella significa para usted.
Por favor, don Hugo,
haga un esfuerzo.
- Juez Roldán, bienvenido.
Doña Juana. Roldán: Gracias.
Soledad, felicidades en tu cumpleaños.
Estás muy linda.
- Gracias, señor juez.
- A ver, bienvenido. - Gracias.
- Señora, bienvenida. Roldán: Don Alcides.
Alcides: Señor juez. - Pero, por favor, adelante.
Roldán: Gracias, permiso.
- Bienvenidos. Roldán: Gracias.
- Te noto preocupada. ¿Pasa algo?
- Me preocupa Hugo de Medina. Ese hombre es tan descarado
que a pesar de lo que hizo, podría venir para acá.
- No se preocupe, doña Esther.
Yo me enteré que se encuentra muy muy enfermo.
- Ojalá sea como tú dices.
Anda, ve con Soledad, los dejaré solos.
Soledad: Que disfruten, muchas gracias.
Mamá, ¿cuánto tiempo más tengo que estar aquí parada?
- Mh, el tiempo que sea necesario
para que acabes de recibir a los invitados.
Así que cambia esa cara,
estamos en tu fiesta de cumpleaños, no en un funeral.
Vamos a bailar, Lucas.
Lucas: Mh, mh.
Pero, pero...
-Bueno.
- Me encantaría acompañarte a recibir los invitados.
- No, en realidad esto
es algo que solamente me corresponde a mí.
Si quieres, puedes esperar en el salón.
♪ El mundo me ha enseñado el dolor de vivir. ♪
♪ Tu sombra no me deja respirar. ♪
Ay, que rico que vinieron.
Gracias.
...si estoy aquí.
Hugo: Buenas noches, Soledad.
♪ Quisiera acercarme a ti, pero me frena una razón ♪
Lamento llegar tarde.
Feliz cumpleaños.
♪ Quisiera devolver el tiempo a mi favor ♪
♪ Y no dejar que nada se interponga entre tú y yo. ♪
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