All language subtitles for La traición 005.mp4-es-CC1

af Afrikaans
ak Akan
sq Albanian
am Amharic
ar Arabic
hy Armenian
az Azerbaijani
eu Basque
be Belarusian
bem Bemba
bn Bengali
bh Bihari
bs Bosnian
br Breton
bg Bulgarian
km Cambodian
ca Catalan
ceb Cebuano
chr Cherokee
ny Chichewa
zh-CN Chinese (Simplified)
zh-TW Chinese (Traditional)
co Corsican
hr Croatian
cs Czech
da Danish
nl Dutch
en English Download
eo Esperanto
et Estonian
ee Ewe
fo Faroese
tl Filipino
fi Finnish
fr French
fy Frisian
gaa Ga
gl Galician
ka Georgian
de German
el Greek
gn Guarani
gu Gujarati
ht Haitian Creole
ha Hausa
haw Hawaiian
iw Hebrew
hi Hindi
hmn Hmong
hu Hungarian
is Icelandic
ig Igbo
id Indonesian
ia Interlingua
ga Irish
it Italian
ja Japanese
jw Javanese
kn Kannada
kk Kazakh
rw Kinyarwanda
rn Kirundi
kg Kongo
ko Korean
kri Krio (Sierra Leone)
ku Kurdish
ckb Kurdish (Soranî)
ky Kyrgyz
lo Laothian
la Latin
lv Latvian
ln Lingala
lt Lithuanian
loz Lozi
lg Luganda
ach Luo
lb Luxembourgish
mk Macedonian
mg Malagasy
ms Malay
ml Malayalam
mt Maltese
mi Maori
mr Marathi
mfe Mauritian Creole
mo Moldavian
mn Mongolian
my Myanmar (Burmese)
sr-ME Montenegrin
ne Nepali
pcm Nigerian Pidgin
nso Northern Sotho
no Norwegian
nn Norwegian (Nynorsk)
oc Occitan
or Oriya
om Oromo
ps Pashto
fa Persian
pl Polish
pt-BR Portuguese (Brazil)
pt Portuguese (Portugal)
pa Punjabi
qu Quechua
ro Romanian
rm Romansh
nyn Runyakitara
ru Russian
sm Samoan
gd Scots Gaelic
sr Serbian
sh Serbo-Croatian
st Sesotho
tn Setswana
crs Seychellois Creole
sn Shona
sd Sindhi
si Sinhalese
sk Slovak
sl Slovenian
so Somali
es Spanish
es-419 Spanish (Latin American)
su Sundanese
sw Swahili
sv Swedish
tg Tajik
ta Tamil
tt Tatar
te Telugu
th Thai
ti Tigrinya
to Tonga
lua Tshiluba
tum Tumbuka
tr Turkish
tk Turkmen
tw Twi
ug Uighur
uk Ukrainian
ur Urdu
uz Uzbek
vi Vietnamese
cy Welsh
wo Wolof
xh Xhosa
yi Yiddish
yo Yoruba
zu Zulu

Original subtitles

- Vine a hablarle sobre mi hija,

y a pesar de haber dañado su dignidad, Hugo de Medina,

yo pensé ingenuamente que usted la quería de verdad,

y me encuentro con esto.

- Don Lucas...

don Lucas, yo le aseguro que voy a asumir

mi responsabilidad con Soledad.

Solo que en este momento no puedo atenderlo, por favor.

- No me importa lo que usted esté haciendo

en este momento con esta señorita.

A mí usted me respeta y me atiende ya mismo.

Qué miserable es usted, Hugo.

Es evidente que disfruta jugando con las mujeres.

- Eso no es cierto.

- Qué bueno que al menos usted se ha dado cuenta, don Lucas.

Porque lo que es su hija... - Cállate.

- ...no quiere abrir los ojos. - Cállate.

Cállate, por favor, ¿que no te das cuenta?

Con cada cosa que dices o haces

solo consigues darme más lástima.

Salte de mi casa, por favor.

Salte. Salte de mi casa.

Don Lucas, por el amor de Dios, retírese.

Yo le prometo que más tarde,

incluso, le prometo que mañana...

- No, no, usted me responde ahora mismo, ya.

- Boris, por favor, acompáñalo

- Don Lucas, acompáñeme, - Suélteme.

Suélteme. A que no piensa darme la cara.

- Acompáñeme, don Lucas. - ¡Suélteme!

-Miserable... -¡Vamos! ¡Afuera!

[Lucas] ¡Suélteme, suélteme! [Boris] ¡Afuera!

[Lucas] ¡Es el colmo que venga a faltarme el respeto a mí,

a Lucas de Obregón!

¡Usted tiene que soltarme, señor!

¡Es imposible! ¡Inaudito! No sea tan igualado!

¡Suélteme!

- Señor, permítame llevarlo hasta la puerta.

- Que me suelte le estoy diciendo. ¡Suélteme!

¡...me falten el respeto de esta forma!

[♪♪♪]

- Don Efraín, ¿cómo le va?

- ¿Cómo me le va, don Alcides?

- Cuénteme algo,

¿usted como farmaceuta con, con solo ver y oler un frasco

podría saber de qué medicina se trata?

- A ver, don Alcides,

20 años de experiencia para algo tienen que servir.

- Muy bien, entonces, dígame qué es esto

y para qué sirve.

Hugo: Ayúdame, Soledad, ayúdame.

- Hugo, Hugo, mi amor.

Ya...

Mi amorl.

[Hugo] ¡Suéltame! ¡Ya, suéltame!

no te voy a...

¡No!

¡No!

No.

- ¿Qué pasa, hija?

¿Por qué gritas?

- Era Hugo.

Tuve un sueño.

Algo malo está pasando con él.

Ay, no, tengo que ir a verlo.

[♪♪♪]

[Tos]

[♪♪♪]

- Hugo está en peligro.

Ay, mamá, lo acabo de ver en mi sueño.

- Deja de decir tonterías. Fue solo una pesadilla.

- No, no. No, era tan real.

Estaba sufriendo.

Ay, no Dios, mío, algo terrible le va a pasar, mamá.

Tengo que ir a verlo, él me necesita en este momento.

- Regresa a tu cama,

Soledad, es una orden. [Soledad] ¿Qué?

Ay, mamá, por favor, no me hagas esto, por favor.

- No voy a permitir que hagas más locuras,

con las que has hecho es suficiente.

- Pero es que no me puedes mantener encerrada.

- Lo haré hasta que Lucas hable con ese hombre.

Hace poco se fue a verlo.

- ¿Y se fue a, a verlo?

¿Para qué? - Es obvio.

Para arreglar la situación entre ustedes dos.

Me duele en el alma tener que admitirlo,

pero Hugo de Medina tendrá que casarse contigo.

- ¿Te das cuenta el problema que formaste, Úrsula?

Si no hubieras dejado entrar a don Lucas

ni a la señorita Beatriz,

nada de esto habría pasado.

- ¿Cómo podría imaginar que él iba a subir

hasta el cuarto de don Hugo?

Y la señorita yo no supe cuándo entró.

- Con excusas no vas a convencerme.

[Quejidos] - ¿Y ese ruido?

- Viene de la habitación del patrón.

Marina: ¿Patrón?

[Golpes en puerta] Patrón, ¿se encuentra bien?

Don Hugo.

Don Hugo. ¡Ah!

¿Usted quién es?

¡Boris!

Don Hugo.

- ¿Se siente bien?

- Sí.

Pero me... me, me sentiré mejor cuando me diga

de qué medicina se trata.

- La verdad no he podido identificar la sustancia,

tendría que analizarla por lo menos

2 o 3 días haciendo pruebas.

- 2 o 3 días es demasiado tiempo.

- Lo siento mucho, don Alcides, no puedo en menor tiempo.

♪ El mundo me ha enseñado el dolor de vivir. ♪

- ¡Quieto!

- Patrón, patrón, por favor, reaccione.

Dios mío, está muy frío.

Patrón, patrón, reacciona, por favor.

- Vi a un hombre corriendo en el jardín, ¿qué pasó?

- No lo sé, yo me atreví a entrar porque escuché ruidos

y, y don Hugo estaba peleando con un sujeto

y de repente se desmayó, Boris.

- Don Hugo, don Hugo.

- Está muy frío.

Boris, ¿don Hugo está muerto?

- Claro que no. Vete de aquí.

- Sí. ¿Voy por el doctor Max?

- Sí, sí, ve por el doctor Max,

y pídele las medicinas de don Hugo.

- Las medicinas, sí.

- Marina, y ni una sola palabra de esto a nadie, ¿entendido?

Don Hugo.

Don Hugo.

Don Hugo.

- ¡Lea y entérese de las últimas noticias ocurridas

en las calles de esta ciudad

entre la distinguida dama Esther de Obregón

y el ricachón Hugo de Medina! - Muchacho.

Niño: Señor. - Deme uno.

Gracias. - De nada.

¡Lea y entérese de las últimas noticias...!

- En acto heroico, Hugo de Medina

salva a Esther de Obregón de morir en accidente.

[niño] Esther de Obregón... ¿Y esto qué es?

- ¿Sigues enojada conmigo, Gatita?

- No me digas así, que si lo fuera,

me harías caso y dejarías de hacer tanta locura.

- Ah.

¿Lo dices por lo del negocio con don Alcides?

Gatita, por favor,

créeme,

no te dije nada porque quería darte la sorpresa.

- ¿La sorpresa de qué? ¿De que encuentren tu cadáver por ahí?

No seas bruto.

¿No entiendes que, si vuelves a la casa de Hugo de Medina,

vas a terminar muerto?

- Hombre ¿y qué?

Así se te acabarían los dolores de cabeza.

- Ah, sí, pero entonces, no tendría a quién querer.

- ¿Qué? ¿Qué fue lo que dijiste?

- Eh, nada, que no tendría a quién cocinarle.

- No, señora, eso no fue lo que dijiste,

dijiste que me querías.

Yo lo oí muy bien.

- Sí, ¿y qué? ¿Y qué? ¿Y qué con eso?

- Te prometo que mañana voy a ir a la casa de don Alcides

y le voy a decir que no voy a trabajar más con él.

- ¿En serio harías eso por mí?

- Claro que sí, Gatita.

Te amo. No quiero hacer nada

que te moleste.

Quiero verte feliz.

- Y yo quiero tener a quien querer.

Arturo: ¿Por qué traes esa cara?

- Tengo un dolor de cabeza que me está matando.

Voy a descansar. - Espera.

¿Dónde están tus aretes?

Max: Respire profundo.

- ¿Cómo está mi hija, doctor?

- Con mucho gusto se lo diré

cuando termine de examinarla, señora.

- ¿Cómo te fue? - Bien.

Ven, hablemos en la sala. - Papá,

¿pudiste, pudiste ver a Hugo?

- A ver, que el doctor termine de examinarte

y luego hablaremos de eso.

- Ah, pero el doctor ya casi va a terminar.

¿Verdad que ya...? - No.

Y si sigue moviéndose, no vamos a terminar nunca.

- Vamos. - Vamos. Adiós.

- ¿Qué pasó?

Saliste de aquí con aretes y regresaste sin ellos.

¿Qué me estás ocultando, Beatriz?

- No te oculto nada. Me estás lastimando.

- Matilde,

se supone que te envié para cuidarla.

¿Qué es lo que pasó?

- Señor, la verdad es que yo... - Los dejé donde Argelia.

Me los saqué para probarme un vestido y se me olvidaron.

¿Terminaste con el interrogatorio?

- Eso no fue así.

¿Cómo que me salvó la vida?

Todo lo contrario, ese hombre casi me mata.

- Sabía que te iba a afectar cuando te enteraras.

- ¿Qué vamos a hacer, Lucas?

Me imagino a todas nuestras amistades

hablando maravillas de ese demonio en mi propia cara.

- Y eso no es todo.

Hay algo más grave que tengo que contarte.

- ¿Qué puede haber peor que esto?

¿Qué pasó en la casa de Hugo de Medina?

- Ese miserable, Esther,

no va a responder por la deshonra

que le causó a nuestra hija.

- Don Hugo, me inquieta mucho el ataque que le dio.

Esta vez puede demorar horas o tal vez días en recuperarse.

No se preocupe, señor,

ya mandé a Marina por las medicinas

para que usted pueda despertar

sin esos terribles dolores en el cuerpo.

- En acto heroico, Hugo de Medina

salva a distinguida dama de sociedad.

Qué idiotas.

[Golpes en puerta]

Marina: ¡Doctor Max!

¡Doctor Max! ¡Abra, por favor!

- El doctor Max salió a atender una emergencia.

- Ay, Dios mío, ¿y ahora yo qué hago?

- ¿Qué pasa, Marina? ¿Para qué lo necesitas?

Señor, qué pena con usted, don Alcides,

yo no puedo contarle nada a nadie. Con su permiso.

- ¿Es esto lo que buscas?

Marina: ¿Esas son las medicinas de don Hugo?

- Sí. Él me pidió antes de salir

que se las llevara a mi hermano.

- Entréguemelas, por favor, es urgente que las lleve.

- Claro, claro, toma.

¿Qué le pasa a Hugo, Marina?

¿Qué tiene?

Por favor, cuéntame, me interesa saber

qué le sucede a mi hermano.

- Don Alcides, yo solo sé que un hombre

entró a la casa y se puso a pelear con don Hugo,

y de repente él cayó desmayado,

y estaba muy pálido y muy frío.

- Por Dios.

¿Lo lastimaron?

- No, eso es lo raro, ¿sabe?

No había sangre ni nada por ningún lado.

Boris me mandó por las medicinas

porque seguro eso lo va a ayudar a recuperarse.

Por favor. - Claro, claro.

Es urgente que se las lleves.

[Grito]

Ay, pero qué torpe fui. Dios.

- ¿Que Hugo de Medina no va a responder por nuestra hija?

¿Hablaste con él? ¿Él te lo dijo?

- No, no, no exactamente, Esther.

Pero luego de lo que vi, no puedo llegar a otra conclusión.

- ¿Qué fue eso tan terrible que viste?

- Esther, Hugo de Medina

estaba besándose con Beatriz de Linares.

- ¿Qué?

¿Qué dijiste?

♪ Quisiera acercarme a ti, ♪

♪ pero me frena una razón ♪

♪ oculta en lo más profundo de mi ser. ♪

♪ Quisiera devolver el tiempo a mi favor, ♪

♪ y no dejar que nada se interponga entre tú y yo. ♪

♪ Sálvame, ♪

♪ despiértame otra vez. ♪

♪ Temo cerrar los ojos sin saber ♪

♪ si vas a estar conmigo al amanecer. ♪

♪ No. ♪

♪ No. ♪

♪ No. ♪

♪ Bésame ♪

♪ hasta enloquecer. ♪

♪ Quiero perderme en tus sentidos ♪

♪ para no saber quién soy y lo que temo ser. ♪

♪ Otra vez, ♪

♪ despiértame. ♪

♪ No te puedo perder. ♪

- Me encontré con una de las empleadas de Hugo

y me dijo que intentaron asesinarlo.

Y supongo que fuiste tú.

- Supones bien, pero ¿a qué te refieres con eso

de que "intentaron"?

¿No lo lograron?

- Le dieron un susto que le provocó un ataque al corazón,

que lo tiene al borde la muerte o algo parecido.

- Tenemos que averiguar exactamente

en qué estado está tu hermano.

¿Tú crees que puedas volver a hablar con esta empleada?

- Sí, sí, pero no creo que sea buena idea.

Don Omar.

Un vaso de vino, por favor.

No creo que sea buena idea porque están prevenidas.

Pero el Burke nos puede ayudar.

- Guillermo Burke, tú confías en él.

- Voy a hablar con él

y te aseguro que tendremos noticias de Hugo.

- Y si todavía está vivo,

habrá que hacerle una nueva visita a tu hermano.

- ¿Cómo?

¿Cómo que Hugo se estaba besando con Beatriz de Linares?

Explícame. [Beatriz carraspea]

- Por ahora es más importante

saber cómo te encontró el doctor Max, ¿no crees?

- Eh, pues, casi no se deja examinar,

pero no hay por qué preocuparse.

Es cuestión de que repose por algunas horas.

Hasta luego.

- Lo acompaño, doctor. Lucas: Hasta luego.

- Papá, dime. Por favor, estoy esperando tu explicación.

¿Es verdad lo que dices?

- Hija, lamentablemente sí.

Yo los vi.

Vi cuando se besaban.

- Pero no, es que yo sé

que a lo mejor ella lo estaba acosando,

porque Beatriz está obsesionada con Hugo, papá.

No pudo ser eso, estoy segura. - Soledad, no seas ingenua.

Para que exista una traición, se necesitan dos.

Y hasta donde yo sé, tu padre nunca dijo

que él se estuviera oponiendo a que esa mujer lo besara, ¿o sí?

- Bueno, todo fue muy rápido.

Lo cierto es que Hugo de Medina no quiso darme la cara.

Cuando le pedí una explicación

para resolver la situación entre ustedes dos,

prácticamente me echó de la casa.

- No vayas a llorar, Soledad,

ese hombre no merece una sola lágrima tuya.

¿Es que no te das cuenta?

Hugo de Medina se aprovechó de tu inocencia.

- Esther, eres injusta con ella.

Hoy es su cumpleaños.

Deberías tener más tacto para hablarle.

- Qué tacto ni qué nada.

Ella tiene que despertar

y darse cuenta que ese hombre es un miserable.

- ¿Cómo que se rompieron, Marina?

¡Esas medicinas eran muy importantes!

- Ya te lo expliqué, la culpa fue del hermano del señor.

Don Alcides las dejó caer antes de que yo las pudiera agarrar.

- ¿Qué dices?

¿Y me puedes explicar cómo esas medicinas

llegaron a manos de don Alcides?

¿No será que las rompiste y estás inventando todo esto?

- No me importa lo que pienses, Boris.

Y si no quieres creer, es problema tuyo.

- ¡Un momento!

Suponiendo que lo que dices es verdad,

don Alcides se enteró de lo que le pasó a su hermano.

- No, no.

Qué poca confianza tienes en mí, Boris.

- Boris, si quiere, yo puedo ir y conseguir las medicinas.

- Imposible.

Esas medicinas vienen de Alemania

y no son fáciles de conseguir.

- Bueno, al menos, podría pedirle al doctor Max

que venga a examinar al señor.

- No, no tiene caso.

Don Hugo pronto se va a recuperar.

- ¿Puedo saber qué es lo que tiene?

- Úrsula, por favor, no preguntes más de la cuenta.

De todas maneras, gracias por preocuparte.

- Esto lo tiene que saber la señorita Soledad.

[♪♪♪]

- No quiero verte sufrir por ese hombre, Soledad, no.

- Papá, mira...

yo conozco a Hugo

y sé que él no me engañaría.

Tiene que haber una explicación para esto

que me estás diciendo.

- Y yo quisiera encontrarla para evitarte esto,

pero no te puedo mentir, es muy claro lo que vi.

♪ Amor... ♪

- Yo te quiero.

Te quiero, no puedo seguir ocultándolo.

Te quiero, te quiero, te quiero.

♪ ...que no estar junto a ti. ♪

♪ Y la vida se encargará... ♪

- Tengo que verlo, papá.

Él, él me tiene que explicar qué fue lo que viste.

- No. No, no, no.

Este no es el momento.

Hoy es tu cumpleaños y no quiero ver que sufras.

- Es mi cumpleaños. Hasta se me había olvidado ya.

No tengo ganas de ver a nadie.

- Sí. Está bien, tienes toda la razón.

No es momento para celebrar.

- ¿Sabes? - ¿Mh?

- Yo no entiendo por qué.

¿Por qué me tiene que pasar todo esto

ahorita que estoy tan ilusionada con Hugo?

¡Ay! ¿Por qué?

- Bueno, pues, así te dijo, hija,

Hugo de Medina

va a pagar muy caro el dolor que te ha hecho.

De eso puedes estar segura, muy segura.

- ¿Para dónde crees que vas?

Fabio: No fue nada fácil,

porque el señor Hugo de Medina se defendió

hasta el último momento.

Pero de repente

se puso muy pálido,

le faltó la respiración y se desmayó.

Hermán: ¿Qué opina, don Arturo?

- Por lo que dicen,

parece que sufrió un ataque al corazón.

- Bueno, pues,

el trabajo ya está cumplido

y usted tiene que darnos el resto de nuestro dinero.

- El trabajo estará cumplido cuando

la muerte de Hugo de Medina esté comprobada.

Si no fue así,

tendrán que atacarlo de nuevo.

- No, no, no, un momento.

Yo no pienso seguir exponiéndome a más peligros

por ese hombre.

No, yo me largo. - Hermán.

- Señor De Linares,

Fabio y yo corremos muchos riesgos por su capricho,

así que consígase otro porque yo me voy.

[Disparo]

- ¿Y tú, Fabio?

¿También te quieres ir?

- Te hice una pregunta.

¿Para dónde ibas con tanto misterio?

- No tengo por qué darte explicaciones.

Voy a salir.

- ¿Qué está pasando aquí?

¿Por qué tanto escándalo?

- Encontré a tu protegida en la puerta.

Parece que iba a llevarle chismes a los Obregón.

- Eso no es cierto.

Iba a salir, es cierto, pero no a lo que ella dice,

sino a felicitar a la señorita Soledad.

Hoy es su cumpleaños. - Mentiras.

- Basta. Ya no quiero escucharlas más.

Mejor váyanse a su habitación, que es muy tarde.

[♪♪♪]

- Vas a ver que esa tonta que tanto proteges

nos va a meter en problemas.

Y bien graves, Boris.

[Ladridos]

- Papá, es una belleza.

Gracias. - Te quiero tanto.

- Ay, papá, gracias.

- Soledad, ¿y tú por qué no te has arreglado para la fiesta?

- Esther, no va a haber fiesta.

Con todo lo que ha pasado, nuestra hija

no está para fiestas.

- ¿Y tú prefieres que se quede encerrada

en su cuarto llorando?

No voy a permitir que Soledad se amargue su cumpleaños

por culpa de un hombre que no vale la pena.

- Perdóname, pero no pienso asistir.

- Ya es tarde, Soledad.

Las invitaciones se enviaron hace varios días.

En este momento, los invitados deben estar llegando al club.

- Entonces tendrás que avisar a los invitados

que no me voy a presentar.

- No, no puedo hacer eso.

Tú eres el motivo de esta fiesta. Y si tú no vas,

nos harás pasar una vergüenza a todos.

- ¿Y eso es lo único que te importa?

¿Para nada te interesa lo que pueda estar sintiendo

en este momento, mamá?

- Esther, Soledad tiene razón.

Al menos, complazcámosla hoy en el día de su cumpleaños.

- No, Lucas.

Seguí adelante con esta fiesta

porque no voy a permitir que Hugo de Medina

se dé el gusto de ver a mi hija derrotada.

Así que arréglate inmediatamente,

que ya vamos tarde para el club.

- Como tú digas.

Me voy a alistar para que te puedas lucir

con todos tus invitados, mamá.

[♪♪♪]

Boris: Esta es la página de Sociales, señor.

Se la voy a leer.

Encontré algo interesante.

"Cumpleaños Soledad de Obregón.

Esta noche se llevará a cabo en el club de banqueros

de esta ciudad la elegante fiesta para celebrar

el cumpleaños de la señorita Soledad de Obregón".

Imagino lo que está sintiendo, señor,

pero no se preocupe,

algo me inventaré para sacarlo de ese estado.

Lamentablemente le tengo una mala noticia.

Las medicinas que usted esperaba,

no sé cómo, llegaron a manos de su hermano Alcides.

El caso es que las destruyó.

Hay algo que no entiendo.

Si ustedes vivieron juntos hasta la muerte de su madre,

¿cómo es posible que su hermano

no se haya enterado de su enfermedad?

♪ Mi sufrimiento... ♪

- ¿Y bien, doctor?

♪ Es estar solo como el viento. ♪

- Lamento tener que confirmar lo que ya sospechábamos,

su hijo Hugo sufre de su misma enfermedad, don Armando.

- Alcides nunca ha dado síntomas de la enfermedad.

¿Por qué?

- No le puedo explicar.

Es posible que haya sido más afortunado que Hugo

y no tenga la enfermedad en su sangre.

- ¿Qué le pasa a mi hermano, mamá? ¿Está muerto?

¿Está muerto?

¿Por qué no me lo dicen? ¿Qué tiene?

¡Yo no lo maté, no le hice nada!

- Melina, saca a Alcides de aquí.

♪ Eternidad... ♪

Alcides: ¿Qué disparate está diciendo?

¿Cómo que no puede cumplir con el trato?

- ¡Ya no más, señor, ya! - ¡Cállese!

- Estuve pensando,

y no me quiero meter en problemas con su hermano.

- Mi hermano no se va a dar cuenta.

Sufrió un accidente y está muy grave.

Burke, necesito que entre a su casa

y consiga algo de brujería.

Y que de una vez averigüe si se va a recuperar o se va a morir.

- ¿Se va a morir?

Siendo así, las cosas cambian.

- Guillermo Burke,

¿en qué habíamos quedado tú y yo?

- Gatita, digo que las cosas cambian

porque definitivamente no puedo hacer el trabajo, don Alcides.

- ¿Y cree que se puede salir tan fácil?

Yo le di un adelanto, Burke.

- Señor Alcides,

por el dinero no se preocupe.

Mire, nosotros tenemos esto.

Y, y yo estoy segura que esto recompensará

y, y, y quedaremos a paz y salvo.

- ¿Qué demonios les pasa?

Ese reloj era de mi padre.

Ustedes se lo robaron de casa de Hugo.

- Perdón, señor Alcides.

¿Cómo hace eso? Ese reloj es finísimo.

[Quejidos]

- Hicimos un trato y lo va a cumplir.

O de lo contrario, va a tener serios problemas.

Soy amigo de las autoridades, Burke.

O me cumple o se va a pudrir en la cárcel

por el resto de sus días.

Arturo: ¿Cuándo piensas decirme

lo que pasó esta tarde?

Pensé que teníamos un trato, Beatriz,

que no volverías a ver a Hugo de Medina.

- Y no lo he vuelto a ver, te lo juro.

- ¿Lo juras?

Si no fuera porque nuestra madre le tiene tanto cariño,

habría echado a Matilde de la casa por ser tu cómplice.

Beatriz.

Quiero que me digas la verdad.

- Es cierto.

Esta tarde estuve en casa de Hugo.

- ¿Hasta cuándo piensas humillarte

delante de ese imbécil? - ¡Ya nunca más!

Hugo me odia.

Me dijo que no soy nadie en su vida.

Y que solo sentía lástima por mí.

- Malnacido.

Ahora sí te juro

que voy a acabar con tu querido Hugo de Medina.

- Hazlo.

♪ Ahora dedico mi vida ♪

♪ a acabar con su alegría. ♪

Mata a Hugo de Medina.

- Burke, no puedes ir a la casa de don Hugo de Medina.

Habíamos acordado

que es muy peligroso y que... - No tengo otra opción, gatita.

¿No oíste a don Alcides?

Si no hago lo que me ordena, me va a hundir en la cárcel.

¿Eso es lo que quieres o qué?

- No. Por supuesto que no.

Pero podíamos irnos de la ciudad

tú y yo esta misma noche. - ¿Adónde nos vamos a ir?

Este es el lugar perfecto para nuestro trabajo, gatita.

Salimos de eso y ya.

- Saldrás directo al cementerio. Bruto.

- Si don Hugo está enfermo, nada me va a pasar.

Gatita, me voy.

De todas maneras, si algo me llega a pasar, gatita,

reparte nuestra herencia

entre tú y mis hijos.

- Tú no tienes hijos, Burke. - Bueno, nunca se sabe.

- Ya han pasado varias horas y usted no despierta, señor.

Me imagino que ya debe estar sintiendo

esos terribles dolores en los músculos.

Voy a bajarlo al sótano.

Sí, voy a bajarlo al sótano

para empezar el tratamiento con urna térmica.

Al no tener las medicinas,

esa es la única opción que tenemos

para mantener su cuerpo a la temperatura adecuada.

Creo que este es el momento perfecto,

las empleadas ya se fueron a dormir.

No se preocupe, don Hugo, todo va a estar bien.

[♪♪♪]

♪ Mi sufrimiento ♪

♪ es estar solo como el viento, ♪

♪ Es saber que así grite ♪

♪ nadie me va a escuchar. ♪

♪ Es saber si un día te tengo ♪

♪ será solo un momento, ♪

♪ un instante fugaz. ♪

♪ Pero mi sufrimiento ♪

♪ será por toda ♪

♪ la eternidad. ♪

Don Hugo, sé que no le gusta permanecer aquí,

pero no tenemos otra alternativa.

[♪♪♪]

- Estás preciosa, hija.

- Gracias, papá.

Aunque no es como me estoy sintiendo.

Así a mi mamá no le importe.

- No seas tan dura con Esther, hija.

Si ella insistió en esta fiesta

es porque, ay, de alguna manera,

quiere ayudarte a superar todo esto.

Soledad, mírame, mírame,

tú tienes que volver a ser la de antes, hija.

Una joven alegre, llena de ilusiones.

- Papá,

¿qué ilusiones voy a tener si llega a ser verdad

lo que tú me dijiste?

Dime.

- Mira, un hombre bueno va a llegar a tu vida.

Ya verás.

Ah, además, pensándolo bien,

tal vez no es tan mala idea que,

que tengas un noviazgo con Alcides.

- Ay, papá, ahora no quiero saber nada de nadie.

Es que, papá, por primera vez en mi vida estoy enamorada,

y yo creo ciegamente en él.

No puedo, no puedo entender y no puedo aceptar

que me esté engañando con alguien, papá.

Yo sé que tiene que haber una explicación.

Tiene que haberla.

Lo sé.

- ¿Beatriz y Hugo besándose?

Qué vergüenza.

La desfachatez de Hugo no tiene límites.

- ¡Ah! Así es, Alcides,

yo estaba dispuesta a que mi hija se casara con él

después de semejante deshonra,

pero es evidente que Hugo de Medina

solo quiere burlarse de mi hija.

- Doña Esther, me apena mucho el comportamiento

de mi hermano. Créame que lo lamento.

- La vida de mi hija no se va a acabar

por lo que le hizo tu hermano.

No lo voy a permitir.

- Usted sabe lo que siento por Soledad.

No pierdo las esperanzas de ganarme su corazón algún día.

- Tal vez la fiesta de cumpleaños de mi hija

sea esa oportunidad, Alcides.

Sí, señor, tal vez ese sea tu momento.

- Alcides, ¿cómo estás?

- Don Lucas. Soledad.

Estoy...

Con todo respeto, creo que estás más hermosa que nunca.

- Ah, Alcides me pidió permiso

para ser tu acompañante en la fiesta,

¿qué te parece?

- ¿Acaso te importa lo que piense?

Pues, vamos.

♪ Los dos pagarán, los dos sufrirán. ♪

- Beatriz, vístete,

quiero que vengas conmigo al club de banqueros.

Esta noche hay una fiesta.

- Una fiesta a la que no estamos invitados.

¿Acaso no sabes que el cumpleaños

de la idiota de Soledad?

- No me interesa si estamos o no invitados.

Beatriz, tú y yo somos socios de ese club

y nadie nos puede impedir el ingreso.

- Pero, Arturo... - Beatriz,

habrá varios de mis amigos,

algunos de los cuales pueden ser

un excelente partido para ti.

- ¿Quién te entiende? ¿No te das cuenta?

Hugo va a estar ahí con ella.

Y yo no tengo ganas de encontrármelos.

- Hermanita, no te preocupes.

Yo te puedo asegurar que Hugo de Medina no se va a presentar.

♪ ...ya de aquí. ♪

- Tratado de catalepsia.

No obstante, las sustancias fuertes como el alcohol,

el formol y el amoníaco pueden hacer

que el paciente reaccione.

Esto ya lo probé muchas veces con usted, don Hugo,

y no funciona.

No sé qué es lo que me impulsa, pero tengo que buscar algo más.

Sí, sí, algo más. Tiene que haber algo más.

[♪♪♪]

- Soledad, por favor, sonríe.

Todos los invitados te están mirando.

- Ya tengo suficiente con tener que acompañarte

a esta fiesta, mamá.

- Ya sé que no quieres estar aquí,

pero no todo el mundo tiene que enterarse.

Así que, por favor, sonríe. Al menos, disimula.

- ¿Así? ¿Te gusta?

- Sí, mucho mejor, hija, mucho mejor.

[Aplausos]

- Buenas noches, señores.

Permítame les hago un retrato

para las páginas sociales de nuestro periódico.

- Claro que sí. - Gracias.

- Hija, por favor, sonríe, ¿sí?

Ah, un momento.

Ven, ven, Alcides, ven a la foto.

- Sonrientes, por favor.

[Obturador]

Listo. Gracias.

[Aplausos]

- Este ya lo leí varias veces.

[♪♪♪]

¿El diario de don Armando?

Qué extraño, nunca lo había visto.

"Yo llevaba ya dos días en la cama.

Había sufrido uno de mis ataques

más severos de catalepsia.

Y entonces sucedió lo imposible, un milagro.

Todo gracias a mi perro Sultán y a la habilidad de mi esposa.

[♪♪♪]

[Ladridos] - ¡Fuera de aquí, Sultán!

[Ladridos] Sigue ladrando, Sultán.

¡Sigue ladrando, Sultán!

[Ladridos]

Boris: Los ladridos de Sultán fueron un estímulo

para que yo despertara".

Claro, claro.

Un estímulo.

Un estímulo es lo que don Hugo necesita para despertar.

♪ Quisiera acercarme a ti, pero me frena una razón. ♪

[♪♪♪]

[Grito] - ¡Ah!

Guillermo: ¡Me asustaste, gatita!

- Y tú a mi, imbécil. - ¿Qué haces aquí?

No me digas que viniste a convencerme para no entrar

a la casa de don Hugo porque no te voy a hacer caso.

- No, no, no, no vine a eso, vine a cuidarte, tonto.

[♪♪♪]

- Gracias al cielo.

Solo espero que funcione.

Arturo: Sin duda, serás la mujer más hermosa

de toda la fiesta.

Mucho más que Soledad de Obregón.

¿Qué pasa? ¿Por qué esa cara?

- Es que sigo pensando que no es una buena idea

que vayamos a esa fiesta. - Es una buena idea.

Quiero que toda la ciudad se dé cuenta

de que Beatriz de Linares dejó atrás el daño

que le hizo el infeliz de Hugo de Medina.

Vamos. Te aseguro que va a ser una noche inolvidable.

Boris: Tengo frente a usted

el pañuelo de la señorita Soledad.

Piense en ella.

Recuerde su aroma,

sus palabras,

todo lo que la ama.

Todo lo que ella significa para usted.

Por favor, don Hugo,

haga un esfuerzo.

- Juez Roldán, bienvenido.

Doña Juana. Roldán: Gracias.

Soledad, felicidades en tu cumpleaños.

Estás muy linda.

- Gracias, señor juez.

- A ver, bienvenido. - Gracias.

- Señora, bienvenida. Roldán: Don Alcides.

Alcides: Señor juez. - Pero, por favor, adelante.

Roldán: Gracias, permiso.

- Bienvenidos. Roldán: Gracias.

- Te noto preocupada. ¿Pasa algo?

- Me preocupa Hugo de Medina. Ese hombre es tan descarado

que a pesar de lo que hizo, podría venir para acá.

- No se preocupe, doña Esther.

Yo me enteré que se encuentra muy muy enfermo.

- Ojalá sea como tú dices.

Anda, ve con Soledad, los dejaré solos.

Soledad: Que disfruten, muchas gracias.

Mamá, ¿cuánto tiempo más tengo que estar aquí parada?

- Mh, el tiempo que sea necesario

para que acabes de recibir a los invitados.

Así que cambia esa cara,

estamos en tu fiesta de cumpleaños, no en un funeral.

Vamos a bailar, Lucas.

Lucas: Mh, mh.

Pero, pero...

-Bueno.

- Me encantaría acompañarte a recibir los invitados.

- No, en realidad esto

es algo que solamente me corresponde a mí.

Si quieres, puedes esperar en el salón.

♪ El mundo me ha enseñado el dolor de vivir. ♪

♪ Tu sombra no me deja respirar. ♪

Ay, que rico que vinieron.

Gracias.

...si estoy aquí.

Hugo: Buenas noches, Soledad.

♪ Quisiera acercarme a ti, pero me frena una razón ♪

Lamento llegar tarde.

Feliz cumpleaños.

♪ Quisiera devolver el tiempo a mi favor ♪

♪ Y no dejar que nada se interponga entre tú y yo. ♪

Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.