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- ¿Estás segura?
- ¡Vámonos!
- ¿Huir juntos? - Sí, mi amor.
Yo estoy dispuesta a hacer lo que sea
con tal de no separarme de ti.
- Soledad, yo tampoco quiero separarme de ti,
no quiero,
pero huir en este momento no sería prudente.
- Pero ¿por qué?
¿A caso dudas de lo que sientes por mí?
- Nunca en la vida había estado tan seguro de mis sentimientos,
solo que si huimos,
le haremos mucho daño a tu familia,
a ti te señalarían públicamente.
- Hugo, yo amo a mis papás, pero ellos no van a entender.
Mira, anoche,
anoche se enteraron que salí a buscarte,
que fui... que salí de casa. - Ya estoy enterado,
Úrsula está en mi casa.
Yo precisamente venía a hablar con ellos.
Soledad, no te pongas así.
- Hugo, ¿tú te diste cuenta?
¿Te diste cuenta cómo te trató mi mamá
cuando trataste de salvarle la vida?
Créeme, ella no te va a escuchar, ¡por Dios,
no te va a escuchar! - Por Dios
que yo voy buscar la manera de que acepten
nuestra relación. Confía en mí.
- Mi amor, admiro tu positivismo,
pero estás en un error.
♪ Oculta en lo más profundo de mi ser. ♪
♪ Quisiera devolver el tiempo a mi favor ♪
♪ Y no dejar que nada se interponga entre tú y yo. ♪
- Vamos, Boris.
♪ Despiértame otra vez. ♪
♪ Temo cerrar los ojos sin saber ♪
♪ Sin vas a estar conmigo al amanecer. ♪
- No voy a volver a preguntar,
¿por qué intentaron matar a Soledad de Obregón?
- Don Arturo,
el plan era atropellar a Hugo de Medina.
Ese hombre estaba en esa calle usted lo vió .
Lo que pasa es que el caballo se desbocó.
¿Verdad, Germán?
- Sí, sí, señor, así fue.
[Quejido]
- No mientas, Fabio.
Habla. - Arturo, por favor, cálmate,
ya oíste, fue un accidente. - Me voy a calmar
cuando me digan la verdad.
Habla o te mueres.
[♪♪♪]
[Disparo]
- Salga, por favor, ni usted ni yo podemos estar aquí.
- Marina.
Marina, ¿por qué mi hermano guarda los restos de mi padre?
- ¡Dios mío!
- ¿Te das cuenta?
¿Te das cuenta? Esto no está bien.
El pobre Hugo debe estar mal de la cabeza.
- Venga conmigo, por favor.
- Escúchame,
escúchame, me preocupa la salud mental de mi hermano,
tenemos que ayudarlo.
¡Tú me tienes que ayudar!
Me vas a mantener al tanto de todos sus pasos.
- ¿Qué cosas dice, don Alcides? Yo no puedo hacer eso.
- Pero yo pensé que lo estimabas.
Marina, si lo ayudamos, será nuestro secreto,
no te preocupes.
No me des tu respuesta ahora, tómate tu tiempo.
[Alcides] Mira, mientras lo haces,
cómprate algo lindo.
- No me ofenda, don Alcides, por favor y salga de aquí.
♪ El dolor vivir.♪
♪ Tu sombra no me deja respirar ♪
♪ ¿Cuánto más tengo que esperar detrás de ti? ♪
- Ya casi te tengo, Hugo.
Ya casi.
[♪♪♪]
Beatriz: ¿Estás loco, Arturo?
- Espero que eso te refresque la memoria, Fabio.
Porque puedes estar seguro
que a ti no te voy a disparar en la mano.
- Ay, ¡basta, basta! - Beatriz, ¡no te metas!
- Me meto porque eres mi hermano.
¡No voy a permitir que cometas una locura
que luego te lleve a la cárcel!
Con mamá lejos tú eres mi única familia, Arturo.
Si te pasa algo, ¿qué va a hacer de mí?
- Espero, por el bien de ustedes dos,
que esto haya sido un error.
Más les vale que no se vuelva a repetir.
Vamos, Beatriz. ¡Vamos!
- ¿Dónde está Soledad?
No me digas que otra vez se fue...
- Por favor, no pienses mal.
Soledad está en su cuarto.
¿Sabes algo?
Creo que desde hace mucho tiempo
hemos estado equivocados.
Hugo de Medina no es tan mala persona como pensábamos.
- No me digas que Soledad te convenció
de ponerte de su lado.
- Hace un momento escuché a Hugo a hablar con Soledad.
Me puso a pensar.
Creo que... - ¡No me importa
lo que hayas escuchado!
Soledad se va y punto,
no la quiero cerca de ese libertino.
- ¿Y por qué tienes que ser tan radical, Esther?
- Lucas,
¿cómo te atreves a hablarme así?
- Esta vez las cosas no van a ser como tú dices,
nuestra hija no se va para ninguna parte.
- Huir con Soledad en este momento
sería darle la razón a sus padres.
- No entiendo por qué los Obregón
lo detestan tanto, señor.
- Por la envidia, Boris.
La envidia y la ignorancia de la gente
me han creado una fama de mujeriego que no merezco.
Ellos han de haber escuchado que mis romances
siempre terminan mal.
Lo que no saben es el por qué.
- Eso es ridículo, señor,
usted no ha querido involucrarse con esas mujeres
por no hacerlas sufrir por su enfermedad.
- La catalepsia me ha quitado el derecho a la felicidad.
- Hasta que llegó a señorita Soledad.
- En este caso me siento incapaz de dejarla.
- En todo caso, señor,
no va a ser nada fácil quitarse esa fama de seductor
que usted tiene.
Las fantasías amorosas de la señorita Linares
lo tienen en boca de todo el mundo.
- Boris, lo único que no he logrado vencer
en esta vida es esta enfermedad que cargo conmigo.
Por lo demás, el universo nos lo pone al alcance de la mano.
Nada ni nadie va a impedir que Soledad y yo nos amemos.
- A ver,
escuché como tú hablabas con Hugo de Medina hace un rato.
- Papá,
debes estar decepcionado porque le dije que huyéramos.
¡Ay, no!
- No lo tomes como una ofensa, porque de ti,
no me sorprende absolutamente nada.
Lo que sí me impactó fue la respuesta de Hugo de Medina.
Me pareció un hombre decente
y muy preocupado de ti y de los tuyos.
- ¿Viste?
Él es así, papá.
Es muy diferente a todo lo que...
a todos esos chismes que dice la gente de la ciudad.
- Conseguí que ganes unos días,
dos días más para que él hable con nosotros
y así nos demuestre sus verdaderas intenciones contigo.
- ¿Me estás hablando en serio?
Ay, papá, ¡papi!
Papá, te amo, gracias.
Es perfecto, es perfecto porque le voy a escribir una nota
recordándole mi invitación para la fiesta de cumpleaños.
Yo creo que no hay mejor momento para que se conozcan.
- Hazlo, hazlo, envíale la nota
y yo veré cómo, cómo manejo esto con tu mamá.
- ¡Ay! ¡Voy ya!
¡Gracias! - Te amo.
Guillermo: Gatita,
ven a ver lo que te traje.
Gatita, ¿dónde estás?
[Grito]
¡No, señora Clarisa, no me haga nada, se lo juro!
¡Yo no quería desenterrarla! ¡Se lo juro!
¡No me haga nada, no me haga nada!
- No seas idiota, ¿no ves que soy yo?
- Gatita.
¿Qué haces con ese adefesio?
- Ningún adefesio, no, señor.
Este es un vestido de corte italiano muy elegante
que me queda muy bonito.
- Sí, bonito lo que te gastaste.
Vas a acabar con el dinero que nos dieron
por el cuerpo de la vieja Clarisa. ¿No?
¡Y no te voy a permitir que te gastes lo que queda!
¡No, señor!
- ¿Qué vas a hacer con mi dinero?
- ¡Lo mismo que tú!
Me voy a gastar la parte que me corresponde
y voy a comprar lo que se me antoje. ¡Quítate!
- ¡Au! ¡Ven acá, gato sarnoso!
[Hugo] Mmm, el estofado estuvo delicioso, Úrsula.
Se nota que eres muy buena cocinera.
- Para servirle, señor.
Es una vieja receta de mi abuela
y es el plato favorito de la señorita Soledad.
- Entonces deberás prepararlo más a menudo.
- Con mucho gusto, señor.
Boris: Te felicito, Úrsula.
Empezaste con el pie derecho.
Marina, deberías aprovechar y aprender
recetas nuevas de ella.
- Boris, ¿Marina ya le contó lo que pasó esta tarde
cuando ustedes se fueron? - No.
- Es que se supone que nadie puede entra al cuarto
de don Hugo, y yo vi salir a don Alcides de ahí,
y me pareció muy extraño.
Alcides: ¿Qué opina de mi hermano?
¿Cuándo trabajaba para él no le parecía
un tipo muy extraño?
- Pues sí, muy extraño, sí.
Pero mejor no hablemos de su hermano,
que se me daña la cervecita.
- Bueno, pero algo tuvo que haber visto,
algo fura de lo normal.
Brujería, por ejemplo.
- Pues, yo brujería no vi nunca,
pero de su hermano se puede esperar cualquier cosa.
Cualquier cosa.
- Tengo un negocio que proponerle
por el que puede ganar mucho dinero.
Le pagaré muy bien.
♪ Siempre en el segundo lugar, y ya no más. ♪
- ¿Por qué no me dijiste que don Alcides
estuvo en la habitación de don Hugo?
- ¿De dónde sacas eso, Boris?
- ¡No te hagas, Marina!
Úrsula me comentó que lo vio salir de la alcoba
y tú también estuviste ahí.
¿A caso me estás ocultando algo, Marina?
- Boris, te lo juro que no fue mi culpa.
Don Alcides estaba esperando al patrón en al sala
y yo me fui con Úrsula a darle instrucciones.
Cuando venía de regreso por el corredor,
la puerta de la habitación estaba abierta.
¡Él entró ahí en un abrir y cerrar de ojos!
- ¡Tu deber es cuidarle la espalda a don Hugo!
- Boris,
en la habitación del patrón había una calavera.
Don Alcides dice que son los restos de su padre.
¿Qué locura es esa, por Dios? - ¡No metas tus narices
donde no debes, Marina!
Cometiste un error, estás en serios problemas, Marina.
Y un error muy grave, Marina.
Vas a tener que asumir las consecuencias.
[♪♪♪]
- Estos han sido los tres meses más maravillosos de mi vida.
♪ Quisiera acercarme a ti, ♪
♪ pero me frena una razón ♪
♪ oculta en lo más profundo de mi ser. ♪
♪ Quisiera devolver el tiempo a mi favor ♪
♪ Y no dejar que nada se interponga entre tú y yo. ♪
♪ Sálvame... ♪
- Esto que estoy sintiendo ahora
no lo había sentido antes.
♪ Temo cerrar los ojos sin saber ♪
♪ Si vas a estar conmigo... ♪
No lo había sentido antes por nadie.
♪ ...hasta enloquecer. ♪
♪ Quiero perderme en tus sentidos ♪
♪ Para no saber quién soy y lo que temo ser. ♪
Esta vez, ni siquiera tú
vas a impedir que yo sea completamente feliz.
Voy a torcer mi destino.
Lo juro.
[♪♪♪]
Soledad: "El destino se ha puesto ahora de nuestro lado.
Gracias a mi papá, me quedaré unos días más
para que tú tengas la oportunidad
de hablar con ellos.
Yo sé que cuando te conozcan de verdad,
van a cambiar su forma de pensar de ti.
El mejor momento será en mi fiesta de cumpleaños,
que mañana se hará en el club de la ciudad.
Te espero entonces,
tú con tu presencia, harás la noche inolvidable.
Te quiere, Soledad".
♪ Y la vida se encargará de unirnos. ♪
♪ Resiste un poco más. ♪
Esther: ¿Y eso?
¿A quién le escribes con tanto sentimiento?
- ¡No, mamá! ¡No!
- Estás muy equivocada, Soledad.
Puede que haya permitido que te quedes
hasta que pase tu cumpleaños,
pero no te voy a permitir que vuelvas a ver a ese hombre
y menos durante la fiesta en el club.
- ¿Por qué tienes tanto miedo
de darte la oportunidad de conocerlo?
- Porque sé perfectamente la clase de hombre que es.
- No, no lo sabes.
Hugo es una persona maravillosa y yo lo amo.
- No seas ridícula,
¿tú qué sabes del amor?
No voy a tolerar que por un capricho tonto,
por un hombre malo,
arruines la dignidad de esta familia.
- ¿Eso es lo único que te importa?
¿Tu imagen?
¿Y lo que yo siento qué, mamá?
¿Y mi felicidad?
¿En algo te interesa?
- No, no me interesa mientras sigas empecinada
en el hombre equivocado.
Métete esto en la cabeza, Soledad,
nunca vas a ser de Hugo de Medina.
Nunca.
- Creo que no me estás entiendo, mamá,
nada de lo que hagas va a poder separarme de él.
- ¿Anoche...
pasó algo entre ustedes?
- Por favor...
- ¿Te entregaste a ese hombre?
♪ Quisiera acercarme a ti, ♪
♪ pero me frena una razón ♪
♪ oculta en lo más profundo de mi ser. ♪
♪ Quisiera devolver el tiempo a mi favor ♪
♪ y no dejar que nada se interponga entre tú y yo. ♪
♪ Sálvame. ♪
♪ Despiértame otra vez. ♪
♪ Temo cerrar los ojos sin saber ♪
♪ si vas a estar conmigo al amanecer. ♪
♪ No. ♪
♪ No. ♪
♪ No. ♪
♪ Bésame, ♪
♪ hasta enloquecer. ♪
♪ Quiero perderme en tus sentidos ♪
♪ Para no saber quién soy y lo que temo ser. ♪
♪ Otra vez, ♪
♪ despiértame. ♪
♪ No te puedo perder. ♪
Guillermo: Don Alcides, eso suena muy mal.
Entrar a la casa de su hermano como si fuera un ladrón.
- No se haga el imbécil conmigo,
que yo sé que lo sacaron de casa de Hugo por ladrón.
No le va a ser difícil entrar y conseguir lo que le pido.
- Bueno, digamos que acepto su propuesta.
Ya conozco la habilidad de su hermano con las armas, ¿no?
Mi esposa podría quedar viuda y mi vida vale dinero, señor.
- Ya le dije que le voy a pagar muy bien.
- Con todo respeto, don Alcides,
pero creo que usted no tiene dinero suficiente
para pagar bien.
Alcides: Necesito el dinero que te pedí.
Aquí tiene un adelanto.
Le voy a dar el doble si consigue lo que le pido.
Ahora váyase.
Don Omar,
una botella de buen vino, por favor, y dos vasos.
- ¿Puedes explicarme qué es lo que estás planeando
con semejante inútil?
- Conseguí la manera de acabar con Hugo.
♪ Los dos pagarán. ♪
[Sollozando] Esther: ¿Cómo pudiste, Soledad?
Traicionaste nuestra confianza,
¿cuál es el ejemplo que te hemos dado?
- Mamá, lo siento.
Pero compréndeme,
lo que hay entre Hugo y yo es hermoso y digno.
- ¡No hay dignidad cuando te andas revolcando a escondidas
con un hombre que ni siquiera es tu prometido!
- ¡Porque no lo has querido aceptar, mamá!
Pero nosotros dos nos amamos.
- ¡Eso no es amor!
¡Eso es pecado!
- Llámalo como quieras llamarlo, mamá,
pero yo tengo nada de qué arrepentirme ni avergonzarme.
- ¡Eres una...! Lucas: ¿Qué haces, Esther?
¿Por qué le vas a pegar a Soledad?
¡Déjala! - No la defiendas.
Tu hija se ha estado burlando de nosotros
y nos ha avergonzado.
- Pero no sé de qué hablas. ¿Ahora qué hizo mi niña?
¿Qué hizo?
- Se entregó a Hugo de Medina.
¡Ahí está, ahí está la hija que tanto defiendes!
[Sollozo]
[♪♪♪]
- Hoy estuve en su casa y pude entrar a su alcoba,
¿y qué crees?
Descubrí que guarda la calavera de mi padre.
- ¿Qué dices?
- Que algo oscuro esconde mi hermanito.
Burke va a tratar de entrar a buscar qué más hay.
Nada de raro tendría que practique ciencias ocultas.
- Pero... ¿brujería?
- Sí, he oído que esa gente tiene huesos y altares,
invocan a demonios.
- Te he prestado bastante dinero para esto, Alcides.
Así que espero que tus sospechas sean ciertas.
- Cuando tenga pruebas, lo voy a exponer ante las autoridades.
Entonces Soledad conocerá la verdadera cara
de mi hermanito y lo va a despreciar como a un perro.
[Hugo] En estos tiempos de tanta ignorancia,
si la gente supiera que guardo los restos de mi padre,
pensarían cosas horribles de mí.
Sin embargo,
lo tengo aquí para recordar,
para recordar el destino al que estoy atado.
- Señor, debió ser terrible para usted
el que haya visto sufrir a su padre,
tomando en cuenta su corta edad.
- Bueno, desenterramos su cadáver un mes después
de su supuesta muerte,
a pesar de que mamá insistía y repetía
desde el día del entierro que él estaba vivo.
Pero claro, nadie le hacía caso.
La pobre había perdido la razón hace mucho tiempo.
Precisamente por cuidar en secreto
los ataques de catalepsia de mi papá.
Entonces, un médico sugirió
que la enfrentaran a su miedo y que le mostraran el cadáver,
pero fue una pésima idea.
Pésima idea.
Lo que vimos ese día fue espantoso.
- ¡Se los dije!
♪ Nadie me va a escuchar. ♪
¡Se los dije y no me creyeron!
¡Malditos!
¡Malditos sean todos ustedes!
[Sollozo]
♪ Pero mi sufrimiento ♪
♪ será por toda ♪
♪ la eternidad. ♪
Perdóname,
no me escucharon, no me creyeron.
¡Malditos! ¡No me creyeron!
Hugo: El cuerpo de papá estaba boca abajo en el ataúd.
Toda la tapa manchada de sangre seca y de rasguños .
De rasguños, Boris.
El pobre hombre seguramente cuando despertó
trató inútilmente de abrir la tapa.
Y gritó, y pidió auxilio, pero nadie vino a rescatarlo.
Nadie hizo nada por salvarlo.
Y así, poco a poco se fue quedando sin aire,
hasta... hasta que llegó lo inevitable.
- Don Hugo...
- Ese día fue...
ese día fue verdaderamente horrible, Boris.
Sus manos crispadas.
Y en su rostro ese rictus de agonía, como,
como si lanzara un último grito de auxilio, como...
- No invoque a la muerte, señor.
- ¿Me dejas solo, por favor?
- Permiso.
♪ Será por toda ♪
♪ la eternidad. ♪
[♪♪♪]
- Vine a ahorrarme dinerito aquí.
- ¡Ay! ¡Ay! ¡Eso!
-...nunca, Burke. Helena: ¡Guillermo!
¡Guillermo Burke! - ¡Ah! ¡Ya, Margot!
¡Suéltame, suéltame, Margot!
¡No, no, no!
-¡Suéltalo, golfa! - ¡Sí, suélteme!
¿No te das cuenta que está horrendo, ah?
¿Y que tiene los dientes torcidos?
Pero ¡a pesar de todo...!
¡Ese hombre tiene una mujer!
¡Y esa mujer soy yo!
- ¡Bueno! ¡Ya, ya, ya, Burke, ya!
- ¡Deja de decir estúpideces, Guillermo Burke!
¡Y nos vamos ya para la casa!
- ¡Ya nos vamos para la casa! - ¡No es lo que tú crees!
Helena: Y en la casa arreglamos cuentas, muchas.
Guillermo: ¡Por favor, que me estás haciendo....
delante de todo el mundo!
¡Ay, ay, ay! ¡Ay, ay, ay!
Marina: Entonces, ¿no se lo dijiste al patrón?
- No hubo oportunidad de hablarlo anoche.
- Boris, prepara el carruaje para salir de inmediato.
- Sí, señor, como usted diga.
Don Hugo,
Marina tiene algo importante que decirle.
- ¿Sí, Marina?
- Será mejor que tú misma lo cuentes.
- Patrón,
ayer cuando usted se fue de la casa,
don Alcides se fue aquí esperándolo.
En un descuido mío, él se metió en su cuarto.
- ¿Alcides se metió en mi cuarto?
Pero si tú sabes que nadie puede entrar a mi alcoba,
y mucho menos mi hermano.
- Perdóneme, patrón, yo... [Hugo] No, no,
no quiero disculpas.
No te imaginas las consecuencias de tu descuido.
Boris: Don Hugo, por favor, no se inquiete.
- Que nadie me interrumpa, quiero descansar un rato.
Boris: Sí, señor.
[♪♪♪]
- Ya estarás contenta. Úrsula: ¿De qué hablas?
- El patrón se puso furioso
por lo que contaste sobre don Alcides.
- ¿Qué? - Sí,
que él estuvo en su cuarto.
- Ay, Marina, yo...
la verdad no quise perjudicarte.
- ¿Y esperas que te crea?
Desde que llegaste a esta casa
lo único que has querido es perjudicarme.
No solamente te quieres quedar con mi trabajo,
sino que también estás detrás de Boris.
- Marina, te equivocas,
yo no pretendo nada de lo que estás diciendo.
- ¿Sabes algo?
Yo no me voy a quedar con los brazos cruzados.
Esto es una guerra, y apenas empieza, Úrsula.
- ¿Y tú qué vas a hacer?
Lucas: Es el cumpleaños de Soledad.
Le llevo su regalo a su cuarto.
- ¿Estás loco?
¿La vas a premiar después de lo que hizo?
No, señor.
Por faltarle mano dura
es que nos está haciendo padecer esta vergüenza.
Estás llevando esto demasiado lejos.
- ¿Eso crees?
Pues, ya vas a ver, yo misma me voy a encargar
de hablar con Hugo de Medina,
él tendrá que responder por esta ofensa.
Aunque me duela en el alma,
ese hombre tendrá que casarse con mi hija.
Esther, ¡espera!
¡Esther! ¡Espera!
Beatriz: Llevaba rato esperándote.
pensé que no ibas a venir.
- Detesto que me den órdenes.
- Necesitaba verte.
Te agradezco mucho que no hayas abierto la boca
ante mi hermano.
De haberlo hecho, estaríamos en serios problemas.
- Y no los quiero más.
- ¿Arturo te metió miedo?
- Piensa lo que quieras, Beatriz,
pero me interesa más salvar mi pellejo.
Así que es mejor que te olvides de Soledad de Obregón,
porque de ahora en adelante,
solo seguiré las órdenes de don Arturo.
- No te vayas, Fabio, espera.
Tiene que haber otra forma.
Si no te intereso lo suficiente,
puedo darte dinero,
más de lo que mi hermano te está ofreciendo.
¡O joyas!
Tengo joyas también. - No me interesa
nada tuyo, ¿entendiste?
Voy a matar a Hugo de Medina hoy mismo.
- Juvenal, ayúdeme a subir, tengo prisa.
Lucas: No, no, no, yo me encargo.
Retírate.
Esther, esto no te corresponde a ti.
Yo soy el jefe de esta familia, y como tal,
debo a hablar con ese hombre,
para obligarlo a enmendar la deshonra que nos causó.
- "¿Deshonra?".
¿De qué habla, don Lucas?
¿Cuál "deshonra"?
♪ Con sangre borraré mi dolor. ♪
- Es el colmo que te gastes
todo nuestro dinero con esa sinvergüenza.
- Ah, gatita, no se te olvide que ese dinero también es mío.
- ¿Ah? - ¡Somos una sociedad!
- Sociedad cuando te conviene, ¿no?
Te recuerdo que yo fui quien sacó
a la vieja Clarisa del cementerio,
y yo quien la cargó.
- ¡Ya deja de humillarme por tres cochinos centavos!
¡Yo también tengo mi propio dinero!
[Imita risa] - Me río.
- ¿Sí? A ver si ahora te ríes.
A ver si ahora te ríes. Ríete.
¿Ah?
- ¿Y eso de, de dónde lo sacaste?
- Para que veas,
yo también puedo hacer mis propios negocios.
- Gatito. - Qué gatito ni qué nada.
- ¿De dónde lo sacaste, mi amor?
- Tengo mis propias cosas que hacer,
y no te voy a decir nada.
Tú sigue allá sacando cadáveres de ese cementerio,
que yo tengo cosas muy importantes que hacer.
Y, por favor, retírate, retírate
que tengo que cambiarme, Gatita.
Por favor, tengo que ir a trabajar.
- A ver, Alcides, lo que sucede es que....
- Alcides, agradezco mucho tu preocupación,
pero esto es algo que solo nos concierne a nosotros.
- Sí, sí, y ahora, si nos disculpa.
- Don Lucas, por favor, un momento.
Les pido que sean sinceros conmigo,
yo creo saber de qué se trata.
Mi hermano abusó de soledad, ¿es eso?
- ¿Y esto?
¿Papá?
Papá, ¿Estás por ahí?
Esto tiene que ser obra de mi mamá.
¡Papá! ¡Papá, abrame, por favor!
¡Papá!
- Qué vergüenza que mi propio hermano
le haya hecho esta canallada a Soledad.
- Así es, tu hermano se aprovechó
de la inocencia de nuestra hija.
En este momento iba a buscarlo para que responda.
- Miren, yo no quiero ser ave de mal agüero,
pero conociendo a Hugo...
Bueno, ya ustedes conocen la fama que lo precede.
Dudo mucho que él asuma su responsabilidad.
- Eso está por verse.
Yo no voy a permitir que el apellido
de nuestra familia esté en boca de todo el mundo.
- Escuchen, don Lucas, doña Esther,
si ustedes me lo permiten y...
y me dan su bendición, yo podría casarme con Soledad,
y de esa forma la libro de su deshonra.
- ¿Estás seguro de lo que dices?
- Completamente, don Lucas.
Mi amor por Soledad es a prueba de todo, y...
y sí, yo estoy dispuesto a casarme con ella,
a pesar de lo que pasó.
Soledad: Mamá, mamá, no puedes tenerme encerrada toda la vida.
- Claro que puedo. Y, por favor, no grites más.
Disculpa, Alcides,
pero después de lo que ha sucedido con Soledad,
no podemos arriesgarnos a que cometa otra locura.
- No se preocupen, yo entiendo.
- Está bien,
entonces, lo haremos a las malas.
[♪♪♪]
Esther: ¿Qué haces, Soledad?
[♪♪♪]
[Relincho] ¡Soledad!
- ¿Cómo se siente, señor?
- Ay, pues, ahí, más o menos.
Uh...
Yo sabía que mi hermano estuvo aquí anoche.
- Lamento mucho que eso lo haya perturbado, señor.
- Tengo el presentimiento de que me va a dar otro ataque,
y si ese es el caso,
quiero que tengas listas las medicinas, por favor.
- El doctor Max no ha mandado los medicamentos
que usted mandó a pedir de Alemania.
- Ve a buscarlas tú mismo, Boris,
por favor, personalmente.
Si llego a sufrir un ataque, eso será lo único
que me ayude a soportar.
- Aún así, tenemos el tratamiento
de la urna térmica, señor.
- No, no confío en ese maldito aparato.
- Ahí lo he puesto antes.
- Sí, pero mal cálculo o un error
y no volveré a despertar nunca.
- Usted sabe lo cuidadoso que soy.
- Necesito reponerme.
Necesito ir a hablar con los padres de Soledad
para resolver esto cuanto antes.
Por favor, prepárame las sales para,
para las náuseas.
- Recuéstese... - Por favor,
ve y prepárame las sales.
♪ ...es saber que así grite...♪
[Quejido]
¿Cómo te sientes?
- Hugo. Hugo, mi amor.
- Soledad, soy Alcides.
- Ay, ¿qué fue lo que pasó?
- Te caíste del caballo. - Mi cabeza.
- ¿Qué locura hiciste? Pudiste matarte.
- Lo volvería a hacer si me vuelves a encerrar, mamá.
- Yo creo que lo más prudente es que la vea el doctor Max.
- No, no, no es para tanto.
- Sí, hija, es mejor que te examine.
- Ya, Lucas.
Vamos, es mejor que los dejemos solos.
Ellos tienen que hablar. - Esther, no.
Esther. - Vamos, vamos.
- Desde hace tiempo quería tener esta atención contigo,
y te traje estas flores como muestra de mi cariño.
- Gracias.
Alcides, yo creo que no está bien que te reciba más regalos.
- Soledad,
yo solo te pido que busques un momento para reflexionar.
Sé que has estado viendo a Hugo,
y aunque esto suene mal,
no hay nadie que lo conozca mejor que yo,
y él no es lo que aparenta.
Él no es lo que tú esperas, Soledad.
- Gracias, eh, Alcides, pero yo...
no, no quiero ser grosera contigo.
¿Me podrías dejar a solas?
[♪♪♪]
- Hugo, ¿eres tú?
- No, mamá, soy yo, Alcides.
Yo voy a demostrarte que soy mejor que él.
♪ ...el amor de una mujer, ♪
♪ Te la llevas de mi vida... ♪
- Señorita Beatriz, no vaya tan rápido.
- Matilde, no tienes por qué seguirme.
- Su herman quiere que la mantenga vigilada,
son sus órdenes.
- Ya sabes cómo son las cosas entre nosotras.
Si mal no recuerdo,
estos son los aretes
que siempre te han gustado, ¿verdad?
Tómalos, son tuyos.
- Pero... - Pero nada.
¿Qué pasa?
No es la primera vez que hacemos tratos.
Anda, ya sabes lo que tienes que hacer.
Esther: ¿Tú qué opinas del ofrecimiento de Alcides
de casarse con nuestra hija?
- No, prefiero hablar primero con Hugo.
Soledad está demasiado encaprichada con él
y no creo que vaya a aceptar a Alcides así como así.
- Está bien.
Ve tú a buscar con ese desgraciado,
yo me quedo cuidando a Soledad para que no cometa otra locura.
- Esther, Esther, cuida tu lengua.
Voy a hablar con Hugo. - Don Lucas.
Por lo que veo, insisten en hablar con Hugo.
- Alcides, querido,
agradecemos mucho tu ofrecimiento,
pero muy a mi pesar, debemos tratar esto con él.
Ese hombre tiene que responder por esta afrenta.
- Muy bien.
Yo los entiendo y...
y bueno, me ofrezco a acompañarlo, don Lucas.
Yo sé cómo lidiar con mi hermano.
- No, no, Alcides,
prefiero que vayas a buscar primero al doctor Max
para que vea a mi hija.
El golpe no fue fuerte, pero es mejor no confiarnos.
- ¿Qué es lo que tienes aquí?
- Helena, por favor,
¡devuélveme eso, gata ladrona!
- Dime qué es lo que tienes ahí.
Ah, claro, ahora que tienes dinero,
andas despilfarrando con mujeres
y, sobre todo, con esas de la cantina, ¿ah?
- Ya, Gatita, no hagas escándalo,
que no es lo que estás pensando.
- Déjame ver qué es lo que tienes aquí. ¿Ah?
¿Qué es? ¿Qué es esto?
- ¿Eso? ¿No estás viendo?
Ropa negra, y cuerdas para escalar muros.
[♪♪♪]
- Doctor Max. Doctor.
Qué bueno que lo encuentro.
Venía a buscarlo para que vaya a atender a Soledad de Obregón.
- ¿Y eso? ¿Qué le sucedió? - Imagínese,
se cayó de su caballo y se golpeó la cabeza.
Sus padres y yo creemos que sería prudente
que usted vaya a atenderla.
- Por supuesto que iré,
pero tendrá que ser después de que lleve estas medicinas.
Precisamente estaba saliendo
para la casa de tu hermano Hugo.
- ¿Son para Hugo?
Pero no sabía que él estaba enfermo, ¿qué le pasa?
- Don Hugo nunca ha sido mi paciente,
yo simplemente le consigo estas medicinas,
que son de Ernesto Von Sirak,
un gran doctor que es una eminencia en Alemania.
- Le propongo algo.
Yo le llevo las medicinas a mi hermano
y usted va a atender a Soledad.
- ¿Tú harías eso por mí?
- Por supuesto, doctor.
Por mi hermano soy capaz de hacer cualquier cosa.
Solo le pido que atienda de la mejor manera a Soledad.
- ¿Conseguiste las medicinas?
- Soy yo, mi amor.
- ¿Qué haces aquí, Beatriz?
¿Quién te dejó pasar?
- Eso no importa.
Ya sabes que para el amor no hay nada imposible.
Y ya ves, aquí estoy.
¿Por qué estás tan pálido, mi amor?
¿Estás enfermo?
- Quiero que salgas de inmediato de mi casa.
Mi vida, tenía que verte.
Se trata de un asunto de vida o muerte, mi amor.
- Por favor, deja de inventar tonterías.
Yo fui claro contigo.
No quiero saber más de ti, Beatriz.
- ¿Tampoco te interesa saber que mi hermano quiere matarte?
- Don Lucas, ¿usted aquí?
- El sorprendido deberías ser yo, Úrsula.
¿Ahora trabajas para Hugo de Medina?
- Sí, señor, y, la verdad, él muy amablemente
aceptó darme trabajo... - Los detalles no me interesan.
Necesito hablar con tu patrón.
- Claro que sí.
Espéreme aquí, por favor, ya se lo hago llamar.
- Que sea rápido, Úrsula.
- Que tu hermano quiera matarme no es nada nuevo.
- Yo quiero salvarte, mi amor.
No sabes todo lo que he hecho para evitar
que Arturo te haga daño.
- ¿Tú quieres salvarme?
Beatriz,
la que ha creado toda esta confusión has sido tú, Beatriz,
no me hagas reír
con, con tus inventos sobre una posible...
una posible relación entre nosotros.
- Teníamos una relación.
Mi amor, pasaron muchas cosas.
Yo te consideraba mi novio.
- Esas cosas solo pasaban en tu cabeza, Beatriz.
Créeme, confundiste todo,
y comenzaste a inventar aún más cosas
que nunca, nunca, nunca pasaron.
- No, mi amor, eso no es cierto.
Éramos novios.
- Te vas a salir inmediatamente de mi casa
en este, en este momento.
Sal de mi casa, Beatriz. - Hugo, ¿qué te pasa?
¿Te sientes mal? ¿Qué te pasa? [Hugo] Sal de mi casa.
Cielo, no era mi intención...
perdóname, mi amor, perdóname es que yo te amo tanto.
- Pero ¿qué está pasando aquí?
[♪♪♪]
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