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♪ Te la llevas de mi vida. ♪
♪ Los dos pagarán. ♪
♪ Los dos sufrirán. ♪
♪ La vida que he llevado. ♪
♪ De penas y de oscuridad. ♪
♪ Los dos probarán. ♪
♪ Los dos por igual. ♪
♪ Un poco de mi alma ♪
♪ que solo con su dolor sanará. ♪
- Solo dime si vas a hacer o no.
Quiero a Soledad de Obregón muerta, cuanto antes.
- Debes odiar mucho a esa mujer
como para darme tu cuerpo a cambio de su vida.
Está bien...
lo haré.
- Tiene que parecer un accidente.
No podemos levantar sospechas por la muerte de esa idiota.
- A tus órdenes, preciosa.
Solo que vamos a tener un pequeño inconveniente.
Tu hermano.
Sí...
él va a estar sobre mí
esperando a que yo mate a Hugo de Medina
y eso es algo que tú no quieres.
- De mi hermano me encargo yo.
Tú cumple con el trato.
- ¿Y quién me garantiza que me lo vas a cumplir?
¿Hmm?
¿No será que después de que te haga el trabajo
tú me dejes aquí vestido de alborotado?
- Tienes mi palabra.
Vas a tener la fortuna
de estar con una verdadera dama...
y eso es mucho más de lo que puede aspirar
alguien como tú.
[♪♪♪]
[♪♪♪]
- Hoy es el día más maravilloso de toda mi vida.
Ay, soy tu mujer y soy tan feliz.
- Yo me alegro de haber escuchado
mi corazón,
y creo que es el momento preciso
para que sepas...
para que sepas...
- No.
No tenemos que hablar de nada ahorita.
[♪♪♪]
- Tú eres la mujer
que yo siempre he estado esperando, Soledad.
- Tú eres...
mi amor.
El amor de mi vida, Hugo.
- Espero que esta locura no le traiga problemas
con tus papás.
- ¿Te arrepientes?
- Jamás.
Yo te amo.
[♪♪♪]
[♪♪♪]
- Mamá...
Papá.
Ustedes son los culpables.
Ustedes tienen la culpa de todo esto.
[♪♪♪]
- Hugo...
Hugo, ¿eres tú?
- No, mamá. Soy yo, Alcides.
- ¿Tú qué haces aquí?
¿Me quieres matar a mí también?
Por tu culpa a tu padre le dio ese ataque de catalepsia.
Por tu culpa lo enterraron vivo.
- ¡No digas eso, mamá! ¡No lo vuelvas a decir!
- ¡Vete!
¡Tú eres el culpable de todo!
¡Tu hermano Hugo es tan diferente!
¡Tú eres el demonio, Alcides!
[Solloza]
- ¡Te odio!
- [Sollozando] Yo no soy Hugo, mamá.
[♪♪♪]
Yo no soy Hugo, mamá...
Yo no soy Hugo, mamá. Yo no soy Hugo...
[♪♪♪]
[Solloza]
Yo no soy Hugo, por el amor de Dios.
Dios mío, sácame de esta miseria...
[♪♪♪]
¡Mamá!
¡Papá!
¡Por favor,
yo no soy Hugo!
¡Ya estoy cansado de perder!
Por favor, quiéranme.
Quiéranme.
- ¿Estás bien?
¿Qué pasa?
- Tuve una sensación extraña.
- Pero ¿qué, qué pasó?
- Creo que...
creo que algo le sucede a mi hermano.
- ¿Por qué estás pensando en tu hermano ahorita?
- A veces me atacan sentimientos ajenos
que solo puedo relacionarlos con él.
- Hmm...
Sí, alguna vez leí sobre eso.
Eso es muy común en los hermanos gemelos,
y aunque estén a cientos de kilómetros,
el uno siente lo que está pensando el otro.
- A mí me sucede desde que éramos niños.
Siempre.
[♪♪♪]
- Ya, mi amor.
No pienses en eso.
Estás conmigo.
[♪♪♪]
Lucas: Llame a mi hija.
Dígale que su padre vino a buscarla.
Marina: Señor, la señorita soledad no se encuentra aquí.
- ¡O la llama, o entro por ella!
- ¡Usted no entra a esta casa
sin la autorización de mi patrón!
Y ya le dije que él tampoco está.
Boris: Marina, retírate.
Don Hugo se encuentra atendiendo
un negocio fuera de la ciudad,
y de su hija no sé nada.
Así que, por favor, señor, deje el escándalo y retírese,
o me veré obligado a retirarlo por la fuerza.
- ¡Qué atrevido e igualado es usted!
¡Respéteme!
Está bien...
me voy,
pero dígale a...
su señor
que si mi hija está aquí
tendrá que responder.
[♪♪♪]
- Hiciste un buen trabajo, Marina.
- Qué bueno que llegaste, Boris.
- Nuestro deber es cuidar la espalda de don Hugo.
Voy a avisarle lo que acaba de suceder.
Él debe estar enterado.
- Don Hugo no se encuentra.
La señorita Soledad estuvo por acá
y él salió corriendo detrás de ella.
Boris, yo creo que discutieron,
porque la señorita Soledad iba llorando.
- Ay, Marina.
Serías una gran empleada,
si no fueras tan chismosa.
[♪♪♪]
- Me siento tan feliz en tus brazos.
[♪♪♪]
Quisiera estar aquí...
siempre.
- Te necesito a mi lado, Soledad.
Creo que ya no podría vivir sin ti.
Creo...
creo que alguien viene.
[Gente hablando]
- ¿A esta hora?
- Sh.
Helena: Por aquí. Por aquí, Burke.
Guillermo: Helena, estoy seguro que oí unos ruidos "estraños".
- ¿Ruidos?
¡No! Déjate de la bobada y sigue caminando.
- ¡No me sueltes, gatita!
¡No me sueltes!
- Ven.
[♪♪♪]
- ¿Viste?
Son los Burke.
- ¿Qué hacen los Burke por acá?
- Yo no me puedo imaginar lo que pasaría
si alguien sabe que estamos acá.
¿Él no era tu jardinero?
- [En vos baja] Esa es una historia muy larga,
pero no, él ya no trabaja para mí.
¿Por qué no me das un beso?
[♪♪♪]
- Espera.
Vamos mejor, ¿sí?
Es que, no sé,
no quiero que mis papás se enteren que me estoy...
- Vamos.
- Vamos.
[♪♪♪]
- Todo lo que hemos hecho por ti,
y mira cómo nos pagas.
Alcahueteándole las sinvergüencerías a mi hija.
- Doña Esther, por favor, entiéndame.
Yo solamente quería ayudar a la señori...
- ¡No tengo nada que entender!
Te largas de esta casa esta misma noche...
[♪♪♪]
No viniste con ella.
Lucas: ¿Cómo?
¿No ha regresado?
- ¡Dios mío! ¿Qué le pudo haber pasado?
- Es increíble.
No puedo creer que esto esté pasando.
- ¿Qué vamos a hacer, Lucas?
- Por ahora,
esperar a que aparezca.
- Y cuando aparezca,
vas a ver de lo que es capaz Esther de Obregón
para hacer respetar a esta familia.
- Voy a hablar con tus papás esta misma noche.
- Yo creo que es mejor que esperemos.
- ¿Esperemos a qué?
- Es que...
- ¿Qué vamos a esperar?
- Mi amor,
ellos no están preparados, sobre todo, mi mamá.
Dame tiempo de hablar con ella y de...
- Soledad...
quiero que estés consciente que estoy dispuesto
a formalizar nuestra relación.
[Ríe]
- Bueno, está bien.
Mañana hablaré con ellos.
Ahora no, porque es muy tarde,
pero te prometo que lo haré mañana.
[♪♪♪]
[♪♪♪]
[Mujer cantando]
- Sírvame otro, don Omar.
Cantinero: Lo siento.
No le puedo dar más crédito, don Alcides.
Arturo: Invito yo,
y quiero otro igual para mí, por favor.
Nada como un poco de licor
para olvidar los problemas, Alcides.
- Linares, quisiera estar solo.
- Estado solo las amarguras...
pesan más.
¿Se trata de Soledad?
¿Acaso ella y tu hermano se siguen viendo?
- Cuéntame, ¿qué sabes tú de mi hermano y Soledad?
♪ El mundo me ha enseñado el dolor, ♪
♪ De vivir ♪
[Truenos]
Helena: Esta es la vieja Clarisa.
Vamos a sacarla.
- No, nada de eso.
Tú sabes que a mí no me gustan los cuerpos viejos y arrugados.
Vamos a sacar al muchacho
y no quiero más discusiones, gatita.
- De acuerdo, de acuerdo.
Vamos, vamos.
Aquí está.
- ¿Estás segura?
- Estoy segura.
- Bueno.
[Truenos]
- ¿Quién está ahí?
[♪♪♪]
[Ladridos]
- ¿Qué son estas horas de llegar, Soledad?
¿Puedo saber dónde estabas?
- Papá, sé que es tarde. Así que...
Mejor hablemos mañana.
Esther: ¿Mañana?
¿Necesitas tiempo para inventar algún pretexto?
Eso de nada te va a servir.
- Esther, por favor...
Hija...
no hagas más difícil esto.
Sabemos que estabas con Hugo de Medina.
- No lo puedes negar.
Úrsula nos lo confesó.
Estabas con ese hombre, ¿verdad?
[♪♪♪]
♪ Quisiera acercarme a ti, ♪
♪ pero me frena una razón ♪
♪ oculta en lo más profundo de mi ser. ♪
♪ Quisiera devolver el tiempo a mi favor ♪
♪ y no dejar que nada se interponga entre tú y yo. ♪
♪ Sálvame, despiértame otra vez. ♪
♪ Temo cerrar los ojos
sin saber si vas a estar conmigo al amanecer. ♪
♪ No,
No,
No... ♪
♪ Bésame hasta enloquecer. ♪
♪ Quiero perderme en tus sentidos ♪
♪ para no saber quién soy y lo que temo ser. ♪
♪ Otra vez,
despiértame. ♪
♪ No te puedo perder. ♪
- Quietos ahí. ¡No se muevan!
- ¡Ay, no, no nos mates, Miguel!
Vinimos a,
a despedirnos de la finadita Clarisa,
mi prima.
La vamos a extrañar.
- [Imitando voz sollozante] Sí, era tan buena,
tan generosa.
- ¿Tú, Helena?
¿Familiar de la finada Clarisa Manchego?
- ¡Ay, sí!
Éramos primas lejanas, lejanas,
pero nos queríamos mucho.
Mucho, mucho.
- Ya.
[Helena imita llanto]
¿Y por qué vinieron a visitarla a esta hora?
- Ah, Miguel.
A los pobres, los familiares ricos
siempre los desconocen, hombre.
No nos dejaron entrar al entierro.
Nos tocó venir a esta hora
para rendirle un tributo.
- Claro.
- Miguel, déjanos estar aquí un rato.
Mientras tanto,
tómate un trago con nosotros para el frío.
- ¿Estabas con Hugo de Medina?
¡Contesta!
[♪♪♪]
- Si ya lo sabes,
¿para qué me torturas con tus preguntas, mamá?
- ¡Esther!
[♪♪♪]
- Hagas lo que hagas,
no vas a conseguir que me aleje de Hugo, mamá.
Porque yo lo amo
y no voy a renunciar a él por nada de este mundo.
- ¡Eso está por verse!
Me voy a encargar de sacarte
a Hugo de Medina de la cabeza,
así me cueste la vida.
- ¿Qué?
- Mañana, a primera hora,
te irás lejos de esta ciudad, a casa de tu tía Antonia.
- Papá, por favor.
- Tu papá está de acuerdo conmigo.
¿No es verdad, Lucas?
- Así es. Así es, Soledad.
- Y te quedará allá todo el tiempo que sea necesario,
hasta que te olvides de Hugo de Medina.
- No van a lograr sacarme a Hugo del corazón.
Nunca,
¿lo oyeron?
Nunca lo van a lograr.
[♪♪♪]
Alcides: Lo he intentado todo
para ganarme el amor de Soledad,
pero no he podido.
- Perdón, pero...
yo no entiendo por qué estás tan obsesionado con una mujer
que no siente nada por ti.
Alcides...
tú...
no eres un hombre rico,
pero...
tienes un apellido.
Podrías fácilmente conseguir a una mujer que te quiera.
- Pero lo tengo,
y no he conseguido amor.
- Pero...
¿por qué Soledad de Obregón?
¿Por qué ella?
¿Acaso por su dinero?
- ¿Dinero?
No, qué dinero...
¿Sabes lo que es el amor?
¿Has amado alguna vez, Arturo?
- No.
- Yo quiero ver a Hugo humillado ante mis ojos.
- ¿Qué tanto lo odias, Alcides?
¿Lo suficiente como para desear su muerte?
- Lo suficiente para borrarlo de mi vida.
Porque se ha convertido en una sombra.
[♪♪♪]
Se ha convertido en una sombra
que llenado de amargura mi existencia.
- Quizás tu sueño pueda hacerse realidad.
Alcides...
yo...
te puedo ayudar.
- ¿A cambio de qué?
- He escuchado que ustedes no tienen familia...
cercana.
Así que, si Hugo muriera,
tú serías el único heredero de toda su fortuna.
- Arturo, si cumples lo que dices,
te voy a recompensar muy bien.
Muy, muy bien.
- Eso le llamo cerrar un trato.
- Cerrado.
[♪♪♪]
- Fue muy buena idea, Burke,
que trajeras licor.
Guillermo: ¡Oh!
Guillermo: [Con voz agitada] Yo siempre tengo que pensar
en todo
Helena: ¡Ay!
No exageres.
Es un muerto reciente, no huele tan mal.
Guillermo: Uno nunca sabe.
Gatita, sácalo tú.
A mí me da cosa.
- Déjate de remilgos Guillermo: ¡No!
y sácalo de una buena vez,
Sí, sí.
Guillermo: ¡Ah!
¡Este no es el muchacho!
¡Es la vieja Clarisa!
Me engañaste.
Me engañaste, gata traidora.
[Helena ríe]
Úrsula: Perdóneme, señorita Soledad .
Perdóneme por haberle dicho a doña Esther
dónde estaba "ustet",
pero ella me obligó.
- No te preocupes.
Yo sé que no tenías opción.
Ay, yo no, no quiero que salgas a esta hora.
Además, ¿en dónde vas a trabajar?
- No se preocupe que algo saldrá
en alguna parte.
Esther: Eso, ni lo sueñes .
Me voy a encargar
de que toda la gente decente de esta ciudad
sepa la clase de empleada que eres.
¡Alcahueta!
- Ya basta, mamá.
- ¡Fuera de mi casa, Úrsula!
- No.
- ¡Sí! ¡Fuera de mi casa!
- [Sollozando] No te preocupes.
Te prometo que voy a encontrar el modo de que regreses,
te lo prometo.
[♪♪♪]
- ¿Y tú? ¿Qué esperas?
Vete a la cama.
- Ojalá la vida no te cobre
todo lo que estás haciendo, mamá.
[♪♪♪]
- Me enteré que la señorita Soledad estuvo aquí, señor.
- Te enteraste bien, Boris.
- Me imagino que las cosa cambiaron.
Se le nota en su semblante.
- Solo espero que no se mete en problemas
con la mamá por llegar tan tarde.
- No creo que se den cuenta, señor.
Además, se ve que...
Úrsula: Don Hugo.
[♪♪♪]
- ¡Úrsula!
Pero ¿qué haces aquí?
¿Pasó algo con Soledad?
- La descubrieron.
Ya sus papás se dieron cuenta de que vino a verse con usted.
[♪♪♪]
- No te burles,
me hiciste trampa y lo sa...
[Helena ríe]
lo sabías y me engañaste.
- Ay, ¡Ya!, ya.
Deja de protestar y apúrate
antes de que Miguel se despierte
y nos vea en estas.
Guillermo: Yo, a esa vieja, no la voy a tocar .
- Mmm-hmm
Guillermo, no es la primera vez que haces algo así.
- Sí, pero esa vieja era tan fea,
tan arrugada, tan gruñona.
Me da miedo que va a abrir los ojos
y me va a regañar por lo que le estamos haciendo.
- Eres un cobarde, Guillermo.
Eres un cobarde.
A ver.
Guillermo: Gatita, no. Cuidado.
- Ah, pesa, pesa...
pesa...
¡Ayúdame, Burke!...
[♪♪♪]
Hola, doña Claricita.
- Boris.
- Señor
- Prepárame el caballo.
Iré a casa de los Obregón.
- Señor, le iba a decir
que don Lucas estuvo aquí buscándola
y estaba muy alterado.
Le tuve que decir que se fuera.
Yo creo que debería de esperar, don Hugo,
a que los ánimos se calmen.
- No, Boris. Esto no da espera.
- Don Hugo,
perdone que me meta, pero yo opino lo mismo.
A esta hora, don Lucas y doña Esther
no lo van a escuchar.
Y si se aparece por allá,
seguro va a ser peor para la señorita Soledad.
[♪♪♪]
- No debí dejar que enfrentara esto sola.
- No se mortifique, don Hugo.
Usted no podía saberlo.
- Me preocupa lo que le haga la mamá.
[♪♪♪]
Lucas: Ese será tu castigo, Soledad.
Tal como lo dijo tu madre,
te irás al campo a casa de mi hermana Antonia.
- Ya se los dije.
No me voy a ir de la ciudad.
No me van a separar de Hugo, papá.
- ¿Por qué te has vuelto tan rebelde, hija?
Nos miras como si fuéramos tus enemigos.
[Suspira]
- Sí, perdóname.
Tú sabes que los quiero mucho,
pero...
yo amo a Hugo y es un hombre maravilloso.
Es que sé que si tú lo conocieras...
- ¡No, no, no!
No tengo necesidad de conocerlo
para saber qué clase de hombre es.
- No es verdad todo que se dice de él
en la ciudad, papá.
- [Con tono molesto] Tú sabes que no soy amigo
de creer en chismes,
pero no confío en un hombre
que no ha tenido la más mínima decencia
de venir a nuestra casa a presentarse.
- Pero, eso es mi culpa,
porque yo sabía que mi mamá no lo iba a aceptar,
por eso no quise que viniera.
- [Con tono molesto] No, y no lo va a aceptar jamás.
Es que lo que hiciste esta noche
fue demasiado, Soledad.
Esther está deshecha.
Sé que va a enfermar
y será por tu culpa.
Por tu culpa .
[♪♪♪]
Guillermo: No es mi culpa
que Helena haya preferido traer
el cuerpo de la vieja Clarisa que el de ese joven.
Dr. Max: ¡Se equivocaron!
Yo quería el cuerpo del joven.
Helena: [Titubeando] Eh, doctor.
Eh, yo pensé que era importante traer a la vieja
porque su cuerpo enfermó.
Debe ser muy útil para sus investigaciones.
Las enfermedades que ella tiene...
- ¡Estúpida ignorante!
¿Me vas a decir cuáles cuerpos necesito
para mis investigaciones?
- No, doctor. Claro que no.
- Ya, cállate, por favor.
No enredes más las cosas, gatita.
- Aquí tienen,
y ahora, váyanse.
- Doctor...
esto no fue lo que nos prometió.
Dr. Max: No me trajeron lo que yo necesitaba.
Así que eso es lo que reciben.
- Odio a los tramposos.
- ¡A mí tampoco me gustan los inútiles!
¿Está claro?
- Está muy claro.
Guille, está muy claro.
- Ya.
Tranquilo, doctor.
Le aseguro que no nos vamos a volver a equivocar.
Tranquilo.
Arturo: Tan temprano y ya levantada.
- Quiero salir, Arturo.
Arturo: ¿No estarás pensando?
- No.
No pienso ir a buscar a Hugo,
ni tampoco quiero tener más encontrones
con Soledad.
- ¿Y se supone que debo creerte?
[♪♪♪]
- Estuve pensando bien anoche
y creo que tienes razón.
Ya toqué fondo.
No voy a humillarme más ante Hugo de Medina.
Quiero olvidarlo,
pero necesito tu ayuda.
- ¿Mi ayuda?
- Mmm-hmm.
Dijiste que podías presentarme posibles candidatos.
¡Salgamos a visitar a tus amistades!
Tal vez, entre ellos
esté el pretendiente que me conviene.
¿Hmm?
- Beatriz...
¿tú crees que soy idiota?
¿Hmm?
¿Piensas que porque de un momento a otro
dices que Hugo de Medina ya no te interesa
yo voy a dejarlo en paz?
- ¡Suéltame!
¡Eres un insensible!
¡Un animal, Arturo!
¡Estoy intentando dejar esta amargura!
¿Y esta es tu respuesta?
Mira, no te niego que lo sigo queriendo,
y seguramente pasará mucho tiempo
antes que lo saque de mi corazón,
[♪♪♪]
pero tengo que hacer el esfuerzo, ¿no?
¡Ay, Arturo!
¡Así es como dices que me quieres?
- Beatriz...
está bien.
Vamos a visitar a mis amigos...
pero no trates de engañarme,
hermanita.
Porque, digas lo que digas,
hagas lo que hagas,
yo estoy resuelto a acabar con Hugo de Medina.
convencer a sus padres,
pero estaré al lado de Soledad en todo esto.
- ¿Eso incluye casarse con ella, señor?
- Me encantaría...
pero sabes el precio que deberá pagar
si llega a vivir conmigo.
- La señorita Soledad ha demostrado
que tiene carácter y decisión.
Ella, sin duda, podrá asumir su padecimiento
y ayudarlo a sobrellevarlo.
- Aun así...
no creo que sea capaz de acostumbrarse
a verme desfallecer una y otra vez,
como si estuviera muerto.
- Entonces, no lo veo muy convencido, don Hugo,
de dar el paso y casarse con ella.
- Boris, ¿quieres dejar de analizarme?
- Perdón, señor.
No fue mi intención incomodarlo.
- La cabeza me da vueltas.
- Sé que es una difícil encrucijada, señor.
- Es que no solo se trata de Soledad,
también está mi hermano.
- Desde anoche tengo un mal presentimiento.
- ¿A qué se refiere?
- No podría asegurarlo,
pero es una sensación que no me gusta...
[♪♪♪]
No me gusta.
Alcides: El alcohol le hace decir a uno
cosas que no son.
Arturo: Alcides...
no tienes que probarme.
Yo sé que sí sientes todo lo que me dijiste ayer.
Quieres ver a tu hermano muerto
y yo te voy a ayudar como te prometí.
[♪♪♪]
- Vas a ser un hombre muy rico cuando yo reciba la herencia.
- No dudes de que me voy a encargar de eliminar
ese obstáculo que tienes en tu vida.
- ¿Qué va a pasar con tu hermana, Arturo?
- Dice que quiere olvidar a Hugo,
pero yo sé que no es verdad.
De todas formas,
una vez que cumpla con mi cometido,
no tendrá más remedio que olvidarlo,
aunque voy a necesitar de tu ayuda.
- El trato era que yo no me ensuciaría
las manos.
- No, es algo muy simple.
Necesito información
sobre todos los movimientos de Hugo,
y quién mejor que sus empleados para dárnosla.
Tenemos que comprar a uno.
♪ Los dos pagarán. ♪
Soledad: Buenos días.
- Buenos días, hija.
- Le estoy llevando el desayuno a mi madre.
¿Cómo sigue?
- No durmió en toda la noche.
Se la pasó llorando...
[♪♪♪]
Soledad...
me preocupa la salud de tu mamá.
No le hagas más difícil todo esto, hija.
Por favor.
[♪♪♪]
- ¿Mamá?
Mamá, mira, te traje tu desayuno.
- ¿Crees que con eso voy a perdonar lo que hiciste?
- Mamá, no me hables así.
Te lo ruego.
- Me pregunto dónde fue que fallé en tu educación.
¿Cómo es posible,
que después de todo el amor que te hemos dado,
puedas avergonzarnos de este modo?
- Mamá, no es vergonzoso estar enamorada.
- Enamorada de un libertino, sí.
Y para colmo, viéndote con él
a escondidas y en la noche.
Ruego al cielo para que nadie te haya visto,
porque eso sería el fin.
- Mamá, yo nunca quise hacerles daño.
Yo me desesperé cuando recibí la nota de Hugo diciendo
que ya no quería saber nada de mí, mamá.
- Pierdes el tiempo tratando de justificarte.
[♪♪♪]
Me parte el alma lo que hiciste.
No te reconozco.
- Si de algo sirve,
y para que me perdones,
voy a hacer lo que me dices.
[♪♪♪]
- ¿Qué quieres decir?
- Anoche estuve pensando y...
a mí me duele mucho verte sufrir,
así que...
acepto ir a la casa de la tía Antonia.
[♪♪♪]
Aunque me duela,
voy a alejarme de Hugo de Medina, mamá.
[♪♪♪]
♪ Preferiría morir ♪
♪ de no estar junto a ti. ♪
[Gente hablando]
[Helena ríe]
- ¿Quién es?
Miguel: Soy yo.
Miguel el celador.
- Nos descu...
- [Con voz baja] Sh.
No...
"ave de mal agüero", cállate.
- Eh, eh.
¡Ya va, Miguel!
Sh, sh.
- Calma, Burka.
Helena: Miguel.
- Helena.
Guillermo: Miguel.
- Entra, Miguel.
- Supongo que esto es de ustedes.
[♪♪♪]
Se les quedó anoche
en la visita que hicieron al cementerio
y supongo que lo vas a necesitar, Guillermo,
para tu trabajo en jardinería.
[Risas]
- Miguel.
Eres un buen tipo, Miguel.
- [Riendo] Ay. Gracias, Miguel...
Gracias, Miguel.
- Bueno.
Guillermo: Gracias, Miguel.
- Feliz día.
Guillermo: Sí.
- Adiós. Guillermo: Que tengas buen día.
[♪♪♪]
- Marina, Úrsula se va a quedar con nosotros
durante un tiempo,
así que, quiero que le des instrucciones
sobre el manejo de la casa.
- Sí, señor.
- Y tú,
obedecerás a Marina y a Boris
por igual, ¿de acuerdo?
- No tendrá queja de mí.
Haré todo lo que me ordenen al pie de la letra.
- Muy bien.
- Ah, Marina.
- Señor.
- La limpieza de mi recámara no la pongas
entre sus funciones, ¿de acuerdo?
- Sí, señor.
Hugo: Boris.
- Señor...
hace un rato vi pasar a don Alcides
en frente de la casa.
Ahora está de nuevo ahí.
¿No le parece un poco extraño?
[♪♪♪]
Hugo: ¿Me quieres explicar
qué haces rondando en mi casa?
Alcides: Necesito hablar contigo.
- ¿Quieres hablar conmigo?
Alcides, tengo un asunto urgente
que atender, así que tendrás que esperar.
- ¿Un asunto que atender?
Seguramente vas a verte
con una de tus nuevas conquistas,
porque a Soledad la vas a dejar a un lado,
como ya obtuviste lo que querías de ella.
- ¿De qué estás hablando?
- Que estuviste con ella. Anoche las vi.
Ahora, seguramente, la vas a abandonar
como si fuera un trapo viejo.
- ¿Cómo te hago entender
que lo que pasa entre Soledad y yo no es asunto tuyo?
- Sí es mi asunto, porque yo la pretendí primero,
y tú, como el canalla que eres, aun sabiendo me la quitaste.
Boris: Señor, recuerde que esta visita es urgente.
Tenemos que irnos.
- Esta conversación no ha terminado.
Cuando regreses, aquí te voy a estar esperando.
♪ La vida me ha obligado a decidir ♪
♪ por mí. ♪
- No me estás mintiendo, ¿cierto, Fabio?
¿Es contra Soledad Obregón el asunto?
Porque ya te lo advertí.
No quiero tener nada que ver con Hugo de Medina.
- ¡Ya!
Deja el miedo, que es como te dije.
Tenemos que deshacernos de Soledad de Obregón
y hacerlo parecer como si fuera un accidente.
- ¿Mi mamá?
¿no viene con nosotros?
- No. No se siente bien.
- Hija, en un tiempo nos vas a agradecer esto
que estamos haciendo por ti...
♪ Amor, ♪
Vamos.
♪ mira lo que me tocó vivir. ♪
- Pensándolo bien,
no debería dejar que Lucas y Soledad viajen solos.
Conociendo a mi hija, ja,
es capaz de hacer cualquier cosa para engañarnos.
- Tú lo que quieres es engañarnos
para poder escapar, ¿verdad?
[♪♪♪]
- ¡No!
Ay, papá.
No, yo lo único que quiero es que,
cuando salgamos de la ciudad,
nos acerquemos un momento a la casa de Hugo
para poderme despedir de él.
- Em, no,
No me tomes por tonto.
Si tu llegas a hablar con él,
le vas a decir adónde te llevaremos,
y de nada servirá que estés allá
porque él iría a buscarte.
¿Hmm?
- Ay, papá.
Perdóname por lo que te voy a hacer.
- ¡Hija! ¡Soledad!...
¡Soledad! ¡Soledad!
[♪♪♪]
[Suspira]
- ¿Y Soledad?
- Ah...
lo siento, Esther.
Se me acaba de escapar.
Fue a casa de Hugo a despedirse de él.
- ¡Eres un torpe!
- Esther, espera.
- Tú no te muevas de ahí.
Que así sea del pelo la traigo de regreso.
- No. ¡No, Esther!
- ¡Soledad!...
[♪♪♪]
[Relincha]
¡Soledad!
¡Soledad, hija! ¡Espera!
¡Soledad!
Hugo: Boris, detén el caballo.
Detente, Boris.
[Detiene los caballos]
Esther: [Gritando] ¡Soledad! ¡Espera, hija!
¡Soledad!
[Relincha]
[Relincha]
- ¡Mamá!
[♪♪♪]
- No puede ser.
- ¿Qué, Arturo?
- Tengo que asegurarme de algo.
- Pero ¿nuestras visitas?
Tú me prometiste. - Eso puede esperar, Beatriz.
Vamos.
- ¡Arturo!
[Esther grita]
- Mamá, ¿estás bien?
Mamá.
¡Mamá, quieta!
Esther: [Gritando] Por culpa de este demonio,
por poco me mata un caballo
- ¡Mamá! Esther: ¡No me toque!
- No seas injusta. ¡Te salvó la vida!
¡Mamá!
- [Gritando] ¡Lo hiciste tú, mala hija!
¡Y confié de ti y mira cómo me pagas!
[Esther jadeando]
Hugo: ¡Boris!
¡Boris!
Viniste.
[♪♪♪]
- Úrsula, ¿por qué trabajas ahora en casa de mi hermano?
- Así son las cosas, don Alcides.
Hoy estamos aquí, mañana quién sabe dónde.
[♪♪♪]
- Marina...
¿será que podemos hablar a solas, por favor?
Úrsula: Marina,
recuerde que don Hugo quiere me ponga al tanto
de mis funciones.
No sería bueno que a su regreso
usted no haya cumplido lo que él le ordenó.
- Qué pena con usted, don Alcides, pero...
en este momento no puedo atenderlo.
Si quiere, espéreme aquí y ya regreso.
Con su permiso.
[♪♪♪]
Úrsula: Marina,
si quiere mi consejo, desconfíe de don Alcides.
- Ya basta de chismes y presta atención.
Tienes que limpiar cada jarrón y cada adorno todos los días.
No importa que no se vean empolvados.
Y mucho cuidado,
tienes acceso a toda la casa,
menos a la habitación de don Hugo.
- Eso, ¿Y... y por qué?
- Tú limítate a obedecer sin hacer preguntas.
[♪♪♪]
Lucas: ¡Esther!
¡Amor!
¿Qué pasó ahí?
- Sufrió un accidente,
pero gracias a Hugo, no le pasó nada.
- Solo se desmayó, don Lucas.
Necesita descansar. Vamos a llevar, Boris.
Lucas: ¡No! ¡No la toque, es mi esposa!
¡Lo hago yo!
Lucas: Permiso. Soledad: ¡Papá, por favor!
Papá, no digas tonterías, deja que lo hagan.
Hugo, ¿la llevas a la habitación?
[♪♪♪]
- ¿Qué es esto, Dios mío?
¿Qué es esto?
Hugo guarda los restos de mí...
tu padre.
[Pasos acercándose]
Marina: Don Alcides, ¿usted qué hace aquí?
Fabio: [Gritando] ¿No te siguieron?
- [Gritando] ¿Estás seguro?
Fabio: [Gritando] Sí.
Fue un grave error el que cometiste, imbécil.
Ibas a atropellar a la persona equivocada.
- No pude controlar el caballo, Fabio. Fue eso.
- Solo espero que no nos hayan reconocido.
Porque de ser así,
vamos a estar en serios problemas.
Arturo: En eso sí que tienes toda la razón.
Me vas a decir ahora mismo
por qué pretendían matar a Soledad de Obregón.
¿Por qué?
[♪♪♪]
- Por favor, retírese.
Déjeme a solas con mi esposa.
- Con permiso.
- Gracias por lo que hiciste.
[♪♪♪]
- Podemos irnos.
- Hugo.
- ¿Qué pasó? ¿Por qué corrías en la calle?
- Te estaba buscando.
Es que...
quería hablar contigo,
quería encontrar la manera de que nos siguiéramos viendo.
Mi amor...
mi mamá quiere alejarme de ti,
me convenció para que me fuera a la casa de campo de mi tía.
- ¿Cómo que te convenció?
- Sí, pero, pero, ya no.
Ya no.
Me di cuenta de que me estaba manipulando.
Mi amor,
la única manera en que podemos seguir juntos
es que huyas conmigo.
Huyamos...
ahora mismo.
[♪♪♪]
♪ Quisiera acercarme a ti, ♪
♪ pero me frena una razón... ♪
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