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yo Yoruba
zu Zulu

Original subtitles

Una producción de

Con la colaboración de

Con la participación de

presentan

LA LEYENDA DEL ESCANYAPOBRES

Con la colaboración especial de

Una película de

¿Qué?

Vaya pelos, ¿no?

No sabes cómo me ha costado salir de La Coma hoy.

Ya me imagino. Tu padre, ¿no?

- ¿No me ves? - Sí.

Preciosa.

Va, dejadme jugar.

- ¿Con quién? ¿Con estos? - Sí.

Leta, no empieces.

Sin cuartos no te dejarán jugar.

Va, Eloi.

¿Qué vas a apostar? ¿Garbanzos?

Mi padre se ha encontrado otra nota de esas.

- ¿Conoces a un tal Oleguer? - Tu padre es hombre muerto.

¿Qué? ¿Cuánto? ¿Cuánto debe?

Sisco, ¿qué haces?

- ¿Tú sabes quién es? - ¡Calla!

Podría estar por aquí.

Siempre lleva

la misma ropa vieja y sudada, como si fuera pobre,

pero a mí no me engaña.

Todo el mundo sabe para quién trabaja y cómo trabaja.

Uno le debía veinte duros y...

Lo encontraron en el fondo de la mina.

- No. Eso fue un accidente. - Claro. Qué accidente más oportuno.

- ¡Sisco! - Sisco, no espantes a la clientela.

Sisco no molesta, son amigos.

Son amigos míos.

¡Tú!

Eh, tú.

Tú.

¿Qué te dije?

- No te quiero ver más por aquí. - Carles.

- ¿Qué? - Deja que se quede.

¿Que deje que se quede?

El día que pague, la dejaré.

¡Me cago en Dios!

- Déjalo, ya lo hago yo. - Déjame, déjame a mí.

Tú siéntate.

- ¿Dónde está Toto? - No lo sé.

¿No te dije que no le quitaras ojo?

¡Eh, tú! ¿A dónde te crees que vas?

Mi padre dijo que te traiga trigo.

¿Sí? Y te ha dicho que lo traigas hasta aquí, ¿no?

¡Lárgate!

¡Andando!

Buenas tardes, señores.

- Buenas tardes. - Ey.

Cileta, mira qué he encontrado.

Es un reloj.

¿Qué vale un reloj?

No lo sé.

Podríamos venderlo, ¿no?

Está oxidado, Toto.

- No funciona. - ¡Ey!

¡Corred! ¡Corred!

¡Cileta, corre!

- Toto. - ¿Qué pasa?

Corre.

¡Rápido, entrad a casa!

¡Cerradlo todo y escondeos!

- Padre, ¿qué pasa? - ¡Cerradlo todo!

- Cierra la puerta de la cocina. - ¿Y Moreno?

No le pasará nada. Cierra la cocina.

So… Tranquilo.

Moreno, Moreno.

¡Basta!

Dile a don Magí que le pagaremos.

¡Ya estamos segando!

Pere…

Ya te lo advertí.

Te dije lo que pasaría.

Solo necesito una semana.

¡Dos! ¡Dos como mucho!

- Cileta, quítate. - ¡Tiene la llave!

- ¡Quítate! - ¡No!

Buenos días, Pere.

Trabajaréis en el campo, como habéis hecho siempre.

Hasta que paguéis la deuda.

Todo seguirá igual.

Lo único es que ahora me lo pagaréis a mí.

La Coma es mía.

- Prepara una cama en la buhardilla. - No.

No te lo pienso repetir.

Levántate.

¿No hay cerradura?

No solemos recibir visitas.

¿Y no tenéis un candado?

No.

¿Y el de la entrada?

El de la entrada no se toca.

Me da igual de dónde saques un candado.

Pero esta puerta se cierra.

Ya están acabando las vías.

Iremos, ¿no?

Tenemos mucho trabajo, Cileta.

No estamos para fiestas.

Esto solo pasa una vez en la vida.

- Si Cileta va, yo también. - Solo es para ver cómo llega el tren.

Eso no cambiará nada.

Y tanto que cambiará.

Sí, cambiará. Cambiará para la gente como tú.

El tren no es suyo.

Pero lo acabará siendo.

Saben cómo hacerlo, como han hecho con medio pueblo.

¿Me permites?

La gente como yo

no nos quedamos quietos esperando a que llegue el tren.

La gente como yo

hacemos que llegue el tren.

Estoy sirviendo yo.

- ¿Dejarás que nos mate de hambre? - Comerá cuando se lo gane.

En mi casa sirvo yo.

Cileta, ve a guardar la comida.

Toto, acompáñame.

Es tuyo, ¿verdad?

- Toto se lo encontró en el río. - Está oxidado.

Pero es de plata.

Trabajaremos día y noche.

Te devolveremos hasta el último céntimo,

pero no hace falta que te quedes aquí.

Déjanos trabajar tranquilos.

¿Habéis hecho compota?

Muy bien.

Me parece que estoy muy lleno.

Pero esto mañana estará muy bueno.

Guardadme.

Pere, eres muy buen hombre.

Hasta demasiado, para los tiempos que corren.

Gracias.

Come.

¿Ves esto? ¿No ves que está podrido?

Solo son algunos matojos, el resto están bien.

No podemos separarlos.

¿Crees que esto está bien? Mira, huélelo.

¿Tú ves esto bien?

¿Sabes qué pasa?

Cuando uno se pudre, se pudren todos.

¡No, no! ¡Por favor!

¿Qué hace?

Son las crías de los conejos.

¡No está podrido!

Pere, ¿cuánto hace que siega?

- Ya lleva dos o tres años. - Más.

A ver tus manos.

Cuando te sangren, sabrás cómo hacerlo.

Dame.

Qué, ¿ya te has cansado?

- ¿Ya has llenado todos los sacos? - ¿No lo ves?

Si te acompaño, solo nos quedará un viaje.

Los sacos siempre los llevo yo.

Ah, ¿siempre los llevas tú?

¿Por qué pasamos por aquí?

Aquí antes había una cascada.

Pero desde que abrieron las minas ha desaparecido.

- Me gusta este olor. - Yo huelo a quemado.

Ya te irás acostumbrando.

Deberían cultivar la tierra, no quemarla.

No tienes ni idea de para qué sirve la ceniza.

¿Qué quieres? ¿Venderla?

No te la comprará nadie.

- Ceniza. Veinte kilos. - ¿Ceniza?

- Mira esto. - Venga, hombre, no, no, no.

No intentes colármela.

Esto en la ciudad lo compran a peseta el kilo.

Puedes hacer de todo:

fertilizantes, jabones, colorantes, lo que quieras...

No… Venga, Oleguer.

No, no puedo.

Mi mujer me matará si sigo comprando.

Pues nada. No perdamos el tiempo. Vamos, Cileta.

Adiós.

¿Cuánto ha dicho que nos pagaba aquel señor?

- ¿Cuatro duros? - Pere.

Joder, cuánta prisa…

Ven, ven.

¿Cuántos sacos dices que tienes?

- Veinte kilos. - ¿Veinte kilos?

A ti te lo dejo en…

¡Sí, hombre!

¿Qué?

- ¿Me estás persiguiendo? - Más quisieras.

Aprovecha, es todo lo que me verás.

¿Cómo? ¿No vienes a la inauguración?

Es complicado.

Cileta.

Ahora vengo, Eloi.

Estaremos en la taberna.

Me voy con ellos.

No hemos acabado.

¿Aquí vive el notario?

¡Señor Oleguer!

- ¿Cómo estás, Alfredo? - Muy bien. Pase, pase.

No sabía que tenía criada.

Se ve que sí.

Venga, Cileta.

¿Puedo verlo, o está muy ocupado?

Por favor, ¡lleva días preguntando por usted!

¿Así que está animado?

¿Tú como lo ves, Alfredo?

Bueno, él intenta hacer ver que no, pero está un poco delicado.

- Vaya. - Ya… Ya me ocupo yo.

No hace falta, Cileta.

De verdad, no… No es ninguna molestia.

¿Me permite,

¿Don Oleguer?

¡Al fin!

Me tenías abandonado.

Yo te veo muy bien acompañado.

Me cuestan su dinero.

Dejadme, hombre. ¿No veis que tengo visita?

Yo venía a pedirte…

¿Matrimonio?

Eso mismo.

Ricardo y Dolors.

¿Le has quitado la alianza?

Se ve que no tenían dinero.

- Dime que todavía conserva el dedo. - Eso no te lo puedo asegurar.

¡Cómo eres, Oleguer!

Qué, ¿aún no ha pagado Codina?

¿Quieres que le haga una visita?

¿Y Camarasa…? Tampoco.

- Mira, el abad ha pagado. - ¿No estabas bien allí?

Con tu vida en La Coma.

¿No querías empezar de nuevo?

Lejos de todo.

Sé que no es fácil olvidar lo que pasó…

¿Pero no crees que es hora de volver a casarte?

Hace falta mucho trabajo para que esa tierra dé dinero.

La tierra es dura.

Pero calma.

Quédate el tiempo que haga falta.

Disfruta.

Te vendrá bien.

A mí ya me va bien cobrando préstamos.

Olvídate de eso.

¿Sabes cuántos años llevo

prestando dinero a los del ferrocarril?

Muchos.

Me he dejado la piel por ese tren, Oleguer.

Para que llegase a Pratbell.

Dejándole dinero a todo el mundo, discutiendo con todo el mundo…

¿Y los cuartos que has ganado?

Sí.

Sí… Y ahora lo daría todo

por ver cómo llega a la estación.

En esta vida, Oleguer,

lo único que se debe ahorrar es el tiempo.

Aquí tiene su chaqueta.

Qué, ¿ya hemos acabado?

Todavía no.

Espérame abajo.

Se me ha caído.

Muchas gracias.

No vuelvas a traer a una desconocida a mi casa.

Trabaja para mí.

¿Ahora tienes criada?

Sí que te van bien las cosas por La Coma.

¿Qué quieres, Tuies?

Ignasi aún no ha pagado y tengo dos préstamos más sin cobrar.

Ahora, con el tren, todos quieren abrir su negocio.

¿Y Alfredo?

No tiene el mismo tacto... que tú.

Me quedaré en La Coma.

Ya lo he hablado con tu marido.

Oleguer.

Si tanto te gustan, cóbralos tú misma.

Tampoco lo he hecho tan mal. ¿Cuánto cobra una criada?

Si lo que quieres es pagar tu deuda, tienes que progresar.

- ¿Ya lo has engrasado? - Sí.

¿Esto qué es?

¿No querías cultivar?

Ven, Cileta.

- Ayúdame. - Ya te he ayudado bastante.

Toma, te lo has ganado.

- Empuja por ese lado. - ¿De dónde, de aquí?

- ¿Lo cojo de aquí? - Sí.

¿Y ahora qué?

Si tuviéramos un caballo algo más joven, iríamos más rápido.

- Moreno es de la familia. - Sí, pero es viejo.

El trigo ya no se volverá a pudrir, padre.

Genial.

- Hoy puedo repetir, ¿no? - Las veces que quieras.

En una semana ya habremos acabado.

¿Ahora le gusta segar?

Eso parece.

No te confundas

por mucho que se vista y trabaje como nosotros.

Necesitábamos ayuda.

Tienes la puerta abierta.

Es que no podía dormir.

Perdón.

¿Tú como lo haces?

Para dormir, digo.

Dame la mano.

Me lo hacía mi madre.

Era lo único que conseguía calmarme.

Cierra los ojos.

Cierra los ojos.

¡Cileta! ¿Y la azada?

¡Donde siempre!

¡Ve a buscarla, coño!

¡Sí!

Vamos, Moreno.

¡Oleguer!

¡Oleguer!

¡Venga, por favor!

¡Corra, corra!

Un momento.

Cuando queráis.

Te pedí que me avisaras si empeoraba.

Lo hice.

Se lo dije a Alfredo hace una semana.

Estaba ocupado haciendo tu trabajo.

Tendrías que estar tú ahí.

No eres el primero que lo dice hoy.

Odian que una mujer toque más dinero que un hombre.

Imagina ahora,

que el negocio es todo mío.

Un día más y lo habrías visto llegar.

Exactamente.

Mañana llega el tren.

Y tenemos un negocio del que ocuparnos.

¿Cómo que "tenemos"?

Es lo que él habría querido.

En esta vida lo único que importa son los negocios.

¡Qué guay!

¡Abajo, abajo!

¿Billetes para Barcelona?

Ven, ven.

Señorita, perdone...

- Hola, buenos días. - Buenos días.

Hola.

Cuidado aquí, pasa.

¿Seguro que podemos estar aquí?

- Guau. - Tengo mis secretos. ¿Has visto?

¿Y has visto esto?

- ¿Qué tal por las minas? - Uf...

Agotados, no se acaba nunca.

Hoy, por suerte... tenemos el día libre.

¿Qué?

¿A quién buscas?

A nadie.

¿Ah, no?

- ¿Qué? - ¿Cuánto te paga Oleguer?

¿Quién te lo ha dicho?

¿Sabes que en la ciudad pagan mucho más?

Y... con un día de descanso a la semana.

Ya ha llegado el tren, huyamos de este horrible pueblo.

¿Con qué dinero?

¿Sabes que están apostando en el pueblo?

¿A qué apuestan?

Se casarán antes del invierno.

¿Quién se casa?

¿No lo sabes?

El notario murió ayer.

¿Tú... cuánto crees que tardarán en casarse la arpía y el ahogapobres?

Cileta. ¡Leta!

¿Padre?

¿Toto?

¡Toto!

Padre.

¡Padre, eh! ¿Qué ha pasado?

Se ha vuelto loco.

- Toto. - Se ha puesto a gritar y...

¿Qué ha pasado?

- ¡Contestadme! - No sé.

Dice que le hemos robado el reloj, pero miente.

¿Se lo has robado?

Toto, el reloj, ¿se lo has quitado?

- ¡Dilo! ¿Lo has robado? - ¡Me haces daño!

¿Qué tal la inauguración?

¿Dónde está?

Se ha llevado a Moreno.

"Santos y amados:

revestíos de compasión entrañable, bondad, humildad,

mansedumbre y paciencia.

Sobrellevaos mutuamente y, cuando alguno tenga queja,

- perdonaos... - Moreno...

"Revestíos del amor, que es el vínculo de la perfección".

"Dando gracias de corazón,

cantad a Dios con salmos, himnos y cánticos inspirados".

Ignóralos.

¿Te gusta?

No te preocupes.

Ya puedes dormir tranquilo.

Gracias.

Mi habitación está justo enfrente

por si necesitas algo.

¿Te he pedido esta salsa?

No tenemos de frambuesas.

- Solo la salsa de don Magí. - Seguro que está muy buena.

Don Magí tenía buen paladar, no se privaba de nada.

Gracias, Alfredo.

Mañana debes ir a cobrarle a Manel Roure.

Va con dos pagos de retraso.

¿Ah, sí?

Vuestra amistad le sirve de excusa y...

Mañana voy a vender trigo.

Claro.

Lo entiendo.

Alfredo, ponme más salsa, por favor.

Hoy es un día especial, ¿no?

¿No te da demasiado trabajo La Coma?

No te preocupes, Tuies.

Son cuatro sacos de trigo.

Se encargan los campesinos, ¿no?

Para eso están.

Decía que si tuvieras más tiempo,

haríamos más préstamos y ganaríamos más.

- Por favor, más salsa. - Sí, señora.

Tendré que buscar un ayudante.

El trigo también da dinero.

Si le pagas a otra persona, no.

Más salsa.

La Coma es mía.

Haré lo que quiera.

Alfredo.

- ¿Señora? - Llévatelo, no tengo hambre.

Alfredo.

- ¿Señora? - No quiero ver esa salsa asquerosa.

Don Magí ya no vive aquí.

¿Me entiendes?

Haz lo que quieras con La Coma.

Es tuya.

Solo era una opinión.

- ¿Cómo va todo? - Ah, bien. Muy bien.

No para de venir gente por el tren.

¿Quieres una copa?

- No. - Yo sí.

Te dejo dos a tres pesetas.

¿No lo has vendido aún?

No te burles, Oleguer.

No te burles, lo estoy pasando muy mal.

- Que no me burlo. - Ah.

Yo estoy igual.

Ah, perdona.

Abres un negocio, piensas que ganarás dinero y

que será todo para ti y no lo compartirás.

Y resulta

que tienes que pedirle dinero a gente asquerosa,

- que no puedes ni ver. - Razón no te falta.

Y ellos no paran de ganar dinero.

Y mientras, tú

te estás ahogando.

Y averiguas el secreto de cómo sacan dinero del dinero.

Tienes una semana para pagarle a doña Tuies.

¿Me has oído?

¿Trato?

- Ah, Oleguer. - Oleguer...

Oye, mira, te prometo que la semana que viene...

Malnacido.

¿Cómo quedamos?

- Que pagarías, ¿no? - Sí.

¿Quedamos así o no?

La comida.

¿Qué haces aquí?

Tu mujer paga mejor que tú.

Acabas de limpiar y te vas.

Le dices que te encuentras mal, que debes irte ya mismo.

¿Dónde está Moreno?

Lo he vendido.

Haré lo que diga la señora, es mi jefa.

Esto no es La Coma.

No es un juego.

- Son negocios de verdad. - Quiero dinero de verdad.

Como tiene ella.

¿O es que es solo de su marido?

Me quedaré

hasta que te pague La Coma. Es nuestra.

Y no te veré nunca más.

- No tienes ni idea de hacer de criada. - Ya aprenderé.

Hasta que me sangren las manos.

¿Cuántos cuartos hay?

Uy, tantos como criadas tenía el duque.

Era todo un despilfarro.

¿Soy la única criada?

- No nos hace falta. - Necesitamos a alguien de confianza.

- Tú lo dijiste. - ¿Y Alfredo?

No sufras por Alfredo.

Esta me cuesta dos duros menos.

Es una ganga.

Nosotros haremos nuestros cuartos,

dejaremos ropa fuera, lávala el domingo.

No uses jabón cada día.

¿Los domingos también?

Nuestro Señor descansará, pero Él no tiene un negocio.

¡No, tan fuerte no!

Que lo estropearás.

Venga a tirar el dinero, ni que fuésemos ricos.

¿Qué es?

Salsa de frambuesas.

Increíble.

No sé ni cómo se hace.

Cenamos en el salón.

Buenos días.

Pasa.

¿Qué tal, Carles? ¿Bien?

¿La mujer bien? ¿Y la niña?

Ven, ven a mi despacho.

Tienes que ayudarme con las cuentas de agosto.

¡Carles, qué alegría verte!

¿Qué tal la taberna?

Ahí va, señora Tuies.

Hombre, una taberna, qué buena idea.

Siempre tendremos sed.

Carles vino a pedir un préstamo.

Después te ayudo. Ven, Carles.

¿Después cuándo?

Cuando firmemos.

Lo debías hacer hace una semana.

Tuies.

Ahora no toca.

Encuentra el momento.

Puedo ayudar, señora.

Acabé ya los baños.

Pues haz la cena.

- ¿Sabes contar? - Sí.

- ¿Sumar? - Sí.

- ¿Restar? - Tuies.

¿Apuntar? Acompáñame.

No te preocupes.

Tienes razón, estás ocupado.

Gabriel Solans Clua:

sesenta.

Lluís Codina Viladomar: noventa y seis con cincuenta.

Ignasi Vilar Sauturri: treinta y nueve con noventa y cinco.

Rodin Ciborrelli Puig: doscientos con treinta.

¿Dónde... dónde firmo?

Aquí.

No pienso limpiar mi cuarto.

Moreno.

Eh.

Eh...

Sabía que te iría bien.

- ¿Es normal que me cueste respirar? - Te acostumbrarás, tranquila.

Hoy Cileta llevará los préstamos de Barcelona al tren.

No me encuentro bien.

Cileta debe trabajar en el establo.

Debe alimentar a los caballos.

Como si se mueren de hambre.

Dejé el dinero en la mesa del despacho.

Sí, señora.

¿Y qué?

- ¿Cuadran las cuentas? - ¡Todas!

La chica sabe contar.

Pero, una cosa

es hacer las cuentas aquí, otra sacar dinero fuera.

Alguien debería acompañarla.

No te preocupes.

Es de fiar, ¿no?

¿Qué haces?

Si quisiera tu dinero ya no estaría aquí.

No te di la llave para esto.

Encontré a Moreno.

No me daban ni un duro por él.

Ya, pero no lo vendiste.

Dame la llave.

Tome, señora.

¿Están todas?

Las dos mil pesetas.

Sí, señora.

¿Las has contado?

- No. No, señora. - ¿Entonces cómo lo sabes?

Si están las dos mil pesetas.

No lo sé

- señora. - Pues cuenta, mujer.

Luego faltarán y te culparemos.

Da igual.

Vete.

Pero cuenta siempre el dinero.

Sí, señora.

Acompáñala, por favor.

Venga, entrad.

Pasad, pasad.

Como si fuese vuestra casa.

Pues ya lo tenemos.

No era tan difícil.

La gente está loca.

Normal.

Se van a la ciudad.

¿Y tú?

Soy la única con dos mil pesetas encima.

¿Las notas?

¿Qué haces?

Cuidado.

Solo estoy jugando.

Si tuviésemos más...

- ¿Qué? - Podría cubrirme entera.

Más.

¿Más?

Tantas... como guarda la señora.

Yo no lo guardaría ahí.

Sígueme.

Me gusta tenerlo cerca.

Hay espacio para los dos.

¿Qué pasa?

¿No te fías?

Yo tampoco lo haría.

Don Magí y yo lo guardábamos juntos.

Nos gustaba contarlo antes de dormir.

Hasta que enfermó.

Gastaba muchísimo.

Médicos y más médicos.

Yo hice

lo que habría hecho él por mí.

¿Qué haces con un negocio a pique?

Cerrarlo

y abrir uno nuevo.

- Su enfermedad nos habría matado. - Os habría arruinado.

Ven.

¡Ven!

Nosotros también lo contábamos de noche.

¿Lo contabais?

Yo también estuve casado.

A ella le encantaba el dinero.

Podíamos hacer cualquier cosa por una de estas.

De noche... no podía dormir.

Me perseguían los gritos, las familias, la sangre.

Entonces, ella

sacaba el dinero.

Me decía que lo contara.

Y poco a poco,

- todo dejaba de importar. - ¿Las juntamos todas?

Pero, una vez, la pillaron.

Me amenazaron con que la matarían si no devolvía el dinero.

Y no les di nada.

Me habría arruinado.

Oleguer.

Yo habría hecho lo mismo.

Nunca...

Nunca daré tu dinero.

Pase lo que pase.

Te doy mi palabra.

He preparado la bañera.

Cileta,

tómate el día libre.

Te lo has ganado después de tantas semanas.

¿Te hace ilusión ir a La Coma?

Pues eso.

Espero que te parezca bien.

Me parece perfecto.

- No, no. Es él. - ¡Tú!

¡Coño!

¡Mírala!

- No jugamos con judías. - Si ella lo hace, yo también.

No, no. Con dinero o nada.

¿Quién reparte?

AHOGAPOBRES

Porque tú lo digas.

Allí se trabaja aunque llueva.

Éramos nosotros, Josep Maria…

- Miquelet… - Sí, y Ramón.

Mira qué tengo para nosotros.

- Llenita. - Eloi…

¿Qué?

Que no puedo.

Pero antes te escapabas para venir a las minas.

Pero ya no estoy en La Coma. No.

No me puedo escapar.

Y menos para emborracharme toda la noche.

Sal de ese palacio. No se te ha perdido nada.

Deja que se pudran los dos.

Vente conmigo a Barcelona.

¡Va! Si ya tienes el dinero.

¡Eh, parejita! ¿Jugáis o no?

¿Qué dices de parejita?

¡Va, va, va!

- ¡Cállate! - Venga.

- ¿Quién ha repartido? - Yo.

Las mangas.

Qué pesados sois con las mangas.

No tengo nada.

Va, va... Empezamos.

- Venga. - La primera.

¿Quién va?

Joder...

- Mierda. Yo no voy. - Ni yo.

¿Leta?

¡Es un farol!

¡Chulita!

¿No jugamos así? ¿De farol?

- No, yo no. - ¿Tú vas de farol o no?

Yo no.

Mira, no voy. Apañaos.

Estás de farol.

Todo.

Pau, frena.

Hostia, qué fuerte que vas.

Creía que no estábamos para derrochar.

Estás de farol, tramposa.

¿De dónde has sacado eso?

No me jodáis. Que estamos jugando. Aquí nadie quiere perder dinero.

Dos parejas. Sí, señor, Pau.

Va, ¿qué tienes?

- Eso te pasa por chulo. - ¡Te la comes!

- ¿Qué haces? - Estamos jugando.

Estamos jugando, tranquilos.

Que se tranquilice un poco tu amiga.

Ya está, gracias.

Va, reparte, Cileta. Espabila.

- ¿Qué haces? ¡Para! - ¿Estás loca?

¿Qué te pasa? ¡Toma tus putas monedas!

- ¡Cállate! Vete. ¡Cileta! - ¡Fuera!

Fuera de aquí, Cileta.

- ¡Cileta! - ¡Fuera!

- Oleguer… - ¿De dónde sales?

¿Dónde está la señora?

En su habitación.

¿Has bebido?

Sí.

¿Qué te pasa?

No puedo más con este pueblo.

Vámonos.

Vámonos con el dinero.

¿Esto es lo que querías?

¿Es esto?

Mira, mira…

Ya sabes qué hay que hacer.

¿Lo harías?

Porque ella sí que lo haría.

No te supone ningún problema, ¿no?

¿A que no?

Oleguer…

No nos hace falta.

¿Me oyes?

Ni ella nos hace falta,

ni matar...

Yo no cambiaré

ni aquí ni en ningún sitio. Soy como ella.

No son horas. ¿Y el almuerzo?

Lo siento, señora.

- Oleguer, quiero hablar. - ¡Cileta!

¡Qué!

Ponme un anís, Carles.

- No me queda. - ¿Ah, no?

- Pues ponme un coñac. - Tampoco.

Tendré que irme a otro sitio donde me sirvan.

¡Oleguer! ¿Dónde está Moreno?

¡Oleguer!

Señora.

¿Dónde está Oleguer?

Populacho desagradecido…

TENEMOS A OLEGUER. 500 DUROS.

¿Qué? ¿Qué es esto?

Dame eso.

- ¿Adónde te crees que vas? - ¡A la taberna!

Quizás saben algo.

Dame las llaves.

¿Qué hace?

Te quedas aquí.

¡Conmigo!

Esperaremos hasta que vuelva.

Señora.

Lo han secuestrado.

Volverá. Es un farol.

Hace bien, señora.

Nadie debería morir por unas monedas.

Este no es Oleguer.

Señora... ¡Señora!

Señora…

Él nunca me pediría algo así.

Quizás sea su letra, pero no es él.

Le han hecho escribirla.

Pero ¿qué hace?

¿Que dé su dinero

y el mío?

- Él nunca me lo pediría. - ¡Se lo está suplicando!

Conozco a mi marido más que nadie.

- No es Oleguer. - Lo matarán.

- Deje el dinero en la puerta. - ¡Basta!

¿Crees que no sé todo lo que pasa en mi casa?

Ya sé que soy vieja,

pero los años terminan dándote ventaja.

Métete en la cama de mi marido.

Pero nunca te metas en mis negocios.

No tienes ni idea de qué significan mil duros.

¡Quieto!

¿Cileta?

¿Eloi?

Baja el arma.

¿Qué haces tú aquí?

¿Qué habéis hecho?

¿Traes el dinero?

No.

Y tampoco os los dará. Eloi, está loca.

¡Vuelve!

Ve y dile que te lo dé o lo matarán.

Quiero verlo, ¿dónde está?

¿Por qué?

Sé dónde guarda el dinero.

¡Leta!

¡Leta!

Eloi, ¿qué cojones hace aquí?

- ¿Qué te pasa? - ¿Queréis el dinero o no?

Trabaja para ellos. ¡Joder!

Pero ella sabe dónde lo guardan.

Va, Pau. Déjala pasar.

Cileta…

¿Dónde está Moreno?

¿Moreno?

¿Lo has vendido?

¡Eh!

Dame la llave.

No tengo ninguna llave.

Dame la llave de tu habitación, Oleguer.

No pagará nada, ¿me oyes?

Prefiere que te mueras.

Oleguer, la llave.

Estás enfermo.

- ¡Enfermo! - Ya basta.

¡Chicos! La llave.

- ¡Desnudadlo! - ¡No!

¡Soltadme!

¡Soltadme!

- Quitadle la ropa. - ¡La llave!

- ¿Qué le haréis? - Toma.

Cógela.

Vuelve al palacio y coge su dinero. ¡Va!

Vale, pero suéltalo, Eloi.

- Por favor. - Es un desgraciado.

¿Sabes cuántas vidas ha arruinado?

¿Lo sabes o no?

Mira...

Vámonos tú y yo...

Vámonos a la ciudad. ¿No es lo que querías?

Tengo el dinero, Eloi.

Eloi, va.

¿Queréis ayudarme?

No ganarás nada matándolo.

Yo también quiero perderlo de vista para siempre.

Eloi, por favor.

Vete de aquí.

¡Eloi!

- Eloi, por favor. - ¡He dicho que te vayas de aquí!

Ahora os traeré el dinero.

No vuelvas a irte sin mi permiso.

Oleguer ha escapado.

¿Dónde está?

No lo sé.

Pero si vuelve aquí, lo matarán. Lo están buscando todos.

Quédese aquí, estará más segura.

- ¿Adónde vas? - Me voy.

Se acabó.

No pienso servirla más.

Ni a tú ni a tu marido.

Yo no tengo marido.

No lo necesito.

Me he pasado la vida

preocupada

por terminar con un hombre rico...

Y yo…

Yo soy el hombre rico.

Lo aceptarán.

Les guste o no,

porque me necesitan.

Quédate el vestido negro.

A ti te hará más falta.

¡Oleguer! ¿Dónde estás?

Sal del escondite, rata. Te encontraremos.

- Rata asquerosa. - ¡Oleguer, sal!

¿Oleguer?

Cileta.

Vámonos. Tengo su dinero.

¿No es lo que querías?

Ahora sí, sí.

¡Coged al malnacido!

Te mataremos, ahogapobres.

Ahogapobres, sal de ahí, va.

Id por la puerta principal.

Tú ve por el otro lado.

Sabemos que estás ahí. ¡Sal!

¡Ahí está!

¡Oleguer!

- Ahí arriba. - ¿Dónde?

Lo que habíamos acordado.

¡Papá, papá! Mira quién está aquí.

¡Moreno!

¿Y Cileta, papá?

Buen viaje.

El siguiente. Billetes.

LA LEYENDA DEL ESCANYAPOBRES

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