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Soledad: [Gritando] ¡Hugo!
¡Hugo!
¡Ábreme, por favor!...
Hugo, discúlpame que haya venido a esta hora
a buscarte, pero es que, yo necesito hablar contigo.
Ábreme, por favor...
Ay, Boris.
Buenas noches.
- Buenas noches, señorita...
Don Hugo no puede recibirla en este momento.
Desde que llegó del parque se sintió un poco mal
y decidió recostarse.
- ¿Ah, sí?
¿Le pasa algo?
- Eh, no. No es nada grave.
Simplemente se trata de un dolor de cabeza,
pero como usted comprenderá, está indispuesto
y está dormido. No puede recibirla.
- Ya.
Bueno, yo, yo no pienso quitarle mucho tiempo.
Boris: Señorita, por favor.
Si gusta, yo le puedo dar su recado. Está dormido.
- Seguro no es nada grave, ¿verdad?
[Niega]
- Por favor, entrégale esto y asegúrale que lo lea.
Es muy, muy importante.
- Señorita, yo se lo entrego.
Soledad: Buenas noches.
- Buenas noches.
- Boris, ¿qué le pasa al patrón?
- [Con voz molesta] No es asunto tuyo.
La próxima vez, Marina, no hagas seguir a nadie
hasta a esta parte de la casa sin que don Hugo lo autorice.
¿Entendido?
- Grosero.
Boris: Señor, por favor, tiene que despertar.
Hágalo por ella... por la señorita Soledad.
[Truenos]
- ¡Ah!
- ¿Qué paso, preciosa? Tranquila. [Ríe]
Solo soy yo, el enterrador.
[Ríe]
¿Qué pasó? ¿Creíste que era un muerto
que se levantó de su tumba, o qué?
[Tose]
- Gracias a Dios.
Pensé que no iba a despertar. ¿Cómo se siente, señor?
- Bien, gracias. Bien.
- Lo bueno es que esta crisis no fue tan fuerte.
Seguramente fue por la discusión que tuvo
con su hermano.
Se alteró demasiado.
- Tengo mucha sed, Boris.
¿Me traes un vaso de agua, por favor?
- Enseguida.
- ¡Boris!
- Sí, señor.
- ¿Soledad estuvo aquí?
- Sí, pero le tuve que decir que usted no estaba
en condiciones de recibirla.
- Sí, me di cuenta. Me di cuenta.
¿Dejó algo para mí?
- Sí. Mire, dejó esta carta, don Hugo.
- [Con voz baja] ¿Me traes mi vaso de agua?
Soledad: "Mis padres ya saben lo nuestro, Hugo.
Están resueltos a separarnos, pero no lo van a conseguir.
Si tú me apoyas, si lo quieres, voy a dejarlos.
Voy a abandonar esta casa.
No me importa el escándalo, ni lo que piense
esta sociedad. Lo importante es estar a tu lado".
[♪♪♪]
- ¿En qué locura estás pensando, Soledad?
- ¿Mi hija, dónde está?
- La señorita Soledad se está bañando.
- Voy a hablar con ella.
- Doña Ester, ¿ya le mostré el vestido que arreglé?
Mire, no se le quedaron 'tando las puntadas. Mire.
[♪♪♪]
[Gesticulan con la boca]
Ester: ¡Úrsula, por qué me tienes que decir mentiras!
- Yo creí que la señorita estaba en el baño.
- ¿Qué sucede?
Ester: Nada. Quería saber cómo estás.
- Perfectamente. - Necesito hablar contigo.
- Mamá, ¿puedes esperar a que me dé un baño
y, si quieres, luego hablamos?
Y, ¿me ayudas, Úrsula? Por favor.
[♪♪♪]
- Casi me mata del susto, señorita.
- Dios. - ¿Pudo hablar con don Hugo?
- [Suspira] No.
Su mayordomo me dijo que se sentía mal pero...
hay algo raro.
Es que yo creo que me está diciendo mentiras.
- ¿Mentiras? ¿Por qué?
- Porque Hugo no se negaría a verme.
Hay algo que me están ocultando
y yo tengo que investigar qué es.
Hugo: ¿Te das cuenta todo lo que está dispuesta
a sacrificar Soledad por estar conmigo?
- ¿Y si se lo cuenta, señor?
Si le habla sobre su enfermedad.
La señorita Soledad se ve que es una joven comprensiva.
Podría ayudarlo y apoyarlo.
- Boris, yo te conté lo trágica que fue la vida de mi madre.
Los ataques de catalepsia que padecía papá
terminaron por enloquecerla.
El día que él supuestamente murió...
Madre de Hugo: [Sollozando] No lo pueden enterrar.
Por favor, por favor.
Él no está muerto. Él padece una extraña enfermedad.
Lo juro. Lo juro, por favor, tienen que escucharme
Por favor, no lo entierren. No está muerto.
No está, no está muerto.
- De nada valieron los gritos de mi madre
para que no lo enterraran.
La creyeron loca.
Nadie sabía que papá padecía de catalepsia
y mamá terminó por enloquecer de verdad.
Debió ser terrible, señor.
- ¿Te das cuenta, Boris?
Yo no puedo permitir que Soledad padezca
lo mismo que mi madre. Sería, sería muy egoísta de mi parte.
- Algo tiene que hacer.
Hace mucho que no consulta a sus médicos de Europa.
Posiblemente, para estos momentos,
ya hayan encontrado una cura para la catalepsia, señor.
- Pues, yo ya gasté una fortuna con esos médicos.
Llegué a la conclusión que la catalepsia es incurable.
Boris: No sabe cuánto lo siento.
¿Y qué piensa hacer, señor?
- Tomar una decisión.
- Has perdido el juicio.
¿Hasta dónde has llegado con ese capricho absurdo
por ese hombre?
- Mamá, es que no es capricho. ¡Estoy enamorada!
¿Por qué? ¿Por qué no intentas acercarte a él?
Él no es la persona oscura que tú crees que es.
- ¡No voy a hablar con él y no irá a tu fiesta!
[♪♪♪]
- ¿Podemos hablar, Linares?
¿Me puedo sentar?
- ¿Para qué voy a hablar yo con el hermano
de mi peor enemigo?
- Porque no estoy de acuerdo con el trato indecoroso
que Hugo le dio a Beatriz.
Porque su comportamiento es una vergüenza que empaña
el buen apellido de mi familia...
Te confieso que llegué a pensar que,
a pesar de haber perdido el vuelo,
seguías insistiendo pa' que Hugo
cumpliera con Beatriz.
- Hugo de Medina es un cínico
que no quiere reconocer el daño que le hizo a mi hermana.
A personas así, solamente queda matarlas.
- Solamente te estoy pidiendo que vaya a mi fiesta.
¡Es mi cumpleaños! Por favor.
- No me hagas esa carita, que no conseguirá nada...
Haremos tu fiesta, pero ese hombre no irá.
Ese día atenderás a su hermano.
Y para tu información, en medio de la fiesta,
tú y Alcides de Medina se van a comprometer.
[♪♪♪]
- ¿Y qué has pensado hacer al respecto?
- ¿Qué quieres que te diga, Alcides de Medina?
¿Cuáles son mis planes para asesinarlo?
¿Para que vayas corriendo y se los cuentes a tu hermano?
- Él y yo nunca hemos tenido buenas relaciones.
Además, soy de la opinión que la mala hierba
hay que cortarla de raíz.
Para que no dañe el huerto.
- Felizmente, he llegado a un buen trato con mi hermana,
y mientras ella no vuelva a ver a Hugo de Medina,
yo no lo voy a tocar.
- Ese es un muy mal trato, Linares. Mal trato.
Puedes tener la seguridad que Hugo seguirá
siendo un peligro para todas las mujeres
de esta ciudad, mucho más para Beatriz.
[♪♪♪]
- ¿Qué te digo, gatita?
Prácticamente no tenemos dinero nos lo gastamos todo.
Voy a tener que volver a robar cosas valiosas de la casa
de don Hugo.
- Ay, no. A la casa de don Hugo no voy.
No, ¿qué tal que él nos descubra
o uno de sus sirvientes? No.
- Pues, entonces, vamos a tener que vender este reloj.
- ¡Ay, no! ¡No, no, no, no, no!
¡Mi reloj, no!
Ay, no, mi reloj.
Boris: Marina. Marina: Señor.
- ¿Dónde está el reloj de esta mesa?
- ¿Qué se yo?
Yo hace mucho tiempo que no lo veo.
Pensé que usted lo había guardado.
- ¿Y yo para qué iba a hacerlo?
¿Hace cuánto tiempo que no lo ves ahí?
- No lo sé. Dos, tres meses, tal vez.
Boris: ¡Guillermo Burke!
¿Qué lleva en ese saco?
El maldito Guillermo Burke.
- ¿Cree que él se lo robó?
¿Has notado que falte alguna otra cosa más
entre los adornos de la casa?
- No. No, señor. La verdad es que no.
- Necesito que hagas un inventario de todas
las cosas valiosas que hay en la casa
y que lo hagas inmediatamente.
- Sí, señor.
- Necesito saber...
si ese hombre ha estado robando.
Arturo: Me enteré de algo que tienes que saber.
Tu amado Hugo ahora pretende a otra joven.
Soledad de Obregón.
- Eso no es cierto.
Está jugando con ella.
- No.
Beatriz: Sí
- Beatriz, despierta.
Él jugó contigo, te trató como a una cualquiera.
Tú para él no eres nadie.
- [Cachetada][Sollozando] ¡Ay, déjame en paz!
[Truenos]
- [Sollozando] ¿Por qué?
¿Por qué me tenías que dejar sola?
¿Por qué me tenías que engañar?
Tú sabías que esa enfermedad iba a acabar contigo.
Tú sabías que te ibas a morir.
- Sáquenme de aquí. Sáquenme de aquí. Estoy vivo.
[Grito]
♪ Mi sufrimiento es estar solo como el viento ♪
♪ y saber que así grité nadie me va a escuchar ♪
Úrsula: Espero que sepa lo que está haciendo, señorita.
Se supone que vamos donde la modista.
- Ay, solo nos vamos a desviar un poco.
Además, que necesito hablar con Hugo.
No he podido dejar de pensar en él
y necesito saber qué es lo que le pasa.
Además, quiero saber la respuesta
sobre mi propuesta.
- ¡Soledad!
Iba a buscarte a tu casa.
Tú y yo tenemos que hablar de algo muy importante.
De Hugo.
♪ Quisiera acercarme a ti, ♪
♪ pero me frena una razón ♪
♪ oculta en lo más profundo de mi ser. ♪
♪ Quisiera devolver el tiempo a mi favor ♪
♪ y no dejar que nada se interponga entre tú y yo. ♪
♪ Sálvame, despiértame otra vez. ♪
♪ Temo cerrar los ojos sin saber ♪
♪ si vas a estar conmigo al amanecer. ♪
♪ No, No, No... ♪
♪ Bésame hasta enloquecer. ♪
♪ Quiero perderme en tus sentidos ♪
♪ para no saber quién soy y lo que temo ser. ♪
♪ Otra vez, despiértame. ♪
♪ No te puedo perder. ♪
[♪♪♪]
[Chillido de emoción]
- Beatriz, yo lamento mucho lo que te pasó,
pero no tengo nada que decirte sobre Hugo.
Así que, si me permites. - ¿Qué pasa?
¿No quieres saber la verdad sobre la clase de hombre
que es él?
- Venga, señorita. Sigamos adelante.
- ¿Y, y, y qué es lo que me piensas decir?
¿Todas las cosas terribles que supuestamente Hugo te hizo?
- No se trata solamente de lo que me lo hizo a mí.
Hugo es un experto en romper corazones.
- No te creo nada de lo que me puedas decir,
porque yo sé qué clase de persona es Hugo.
- Es a ciega porque lo amas, pero va a defraudarte,
igual como lo hizo conmigo.
- No me interesa nada de lo que digas.
- ¡Por lo visto te gusta que un hombre juegue contigo!
- Te mucho cuidado con lo que dices, Beatriz.
Porque a mí me tienes que respetar.
- ¿Estás detrás de su dinero? Es eso, ¿no?
¡Claro, estás detrás del dinero de Hugo de Medina!
¡No eres más que una cualquiera!
[Cachetada]
- ¿Qué te has creído para ponerme las manos encima?
[Gritos]
- Ya, ya. Basta, basta las dos.
Usted que dice una palabra más en contra de mi patrona
y yo que le cierro la boca de un puñetazo.
Vamos, señorita.
- [Gritando] ¿Qué miran?
Hugo: ¿Y tienes pruebas de esa acusación?
- Sí, señor.
Si quiere, ya mismo hago traer a Guillermo
para que lo enfrente.
Lo vi robarse hace un momento una cadena mía sin mayor valor
que le puse como trampa.
- Bueno, pero dejemos eso para después.
Ahora tengo algo mucho más importante
que quiero que hagas de inmediato.
Le vas a entregar esta carta a Soledad en sus propias manos.
A Soledad en sus propias manos, a nadie más.
- Así será. Permiso.
[♪♪♪]
- ¿Estás segura?
¿No va a ir entonces donde don Hugo?
- No. Mejor regresemos a la casa.
- Señorita, señorita.
¿No será, más bien, que la dejó pensando
lo que ella le dijo?
- No. No digas tonterías. No, no...
A ver, esa mujer está mal de la cabeza.
Está loca. Estoy segura que está obsesionada por Hugo.
- Puede ser, pero en la ciudad se cuentan
cuestiones horribles de él.
Dicen que es un seductor de miedo...
- No me importa lo que digan en la ciudad.
En la ciudad lo calumnian, dicen mentiras,
dicen cosas para desprestigiarlo.
Yo sé quién es Hugo.
A mí lo único que me importa es que Hugo me quiere,
y yo lo quiero. Y eso me basta.
- ¡No me basta con que sea culpa de Soledad!
¡El caso es que tú y ella se estaban peleando
en medio de la calle, como dos vendedoras de plaza!
- ¡Ay, cállate! A mí me respetas.
- El respeto se gana.
El chisme anda rodando por toda la ciudad.
- ¿Y qué? No me importa. Que digan lo que quieran.
Total, es cierto, ¿no?
Estoy enamorada de Hugo de Medina.
¡Ah, pégame!
¡Anda, pégame!
- Quizás a ti no te importe que ensucien tu apellido,
pero a mí, sí.
Y no me voy a quedar quieto.
- ¡Si piensas mantenerme amarrada
no lo vas a conseguir, Arturo!
¿Y sabes qué?
Todo esto me ha dado más valor para luchar
por el amor de Hugo.
Por lo visto, la única manera de hacer que lo olvides
es deshaciéndome de él.
Y es lo que voy a hacer.
Te juro que es lo que voy a hacer.
Ester: Hija, ¿tan rápido regresaste
de la modista?
- Emmm. No fui, mamá.
No me siento muy bien, así que, voy a descansar.
- Conozco muy bien a mi hija.
Algo le sucedió. ¿Qué fue?
- Nada, doña Ester.
Seguramente, el calor la indispuso.
- Espero que me estés diciendo la verdad...
Ve a abrir la puerta.
- ¿Usted qué hace aquí?
Boris: Buenos días.
Traigo una carta de don Hugo
para la señorita Soledad.
- Démela y váyase antes de que lo vea doña Ester.
- Lo siento, pero tengo que entregarla personalmente.
- La señorita Soledad subió a su habitación
y pidió no ser molestada.
Confíe en mí, démela.
- Espero, por el bien de nuestros patrones,
que se la haga llegar de inmediato.
[♪♪♪]
- ¿Quién estaba en la puerta?
- Un vendedor de baratijas, señora.
- ¿De veras? ¿Y qué llevas ahí?
- Nada. - Dame eso.
¿Mh? Una carta para Soledad de ese indecente.
Con que tú eres la que ha estado alcahueteando
la relación de esos dos.
- Señora, yo solo...
- ¡Cállate!
Eso lo resolvemos después.
Veamos qué dice la cartica de amor.
Bien, entrégasela.
¿Qué esperas? ¡No era eso lo que ibas a hacer?
[♪♪♪]
- ¿Dices que mi madre la leyó?
- No pude hacer nada para impedirlo, señorita,
pero aun así, ella me pidió que se la entregara
[♪♪♪]
- "Querida Soledad...
No te imaginas..."
♪ Amor, mira lo que me tocó vivir ♪
Me dejó.
Dice que no quiere saber nada de mí...
No entiendo. ¿Por qué?
♪ Preferiría morir que no estar junto a ti ♪
- Mi gatita, ¿volviste?
- Esa cadena que me diste... - ¿Mmm?
- Es una baratija.
- ¿Ah?
- Se burlaron de mí en la casa de empeño.
- Mmm.
- Te va a tocar volver a entrar a la casa
y robarte algo que sí valga la pena.
- No, pero mi gatita... Sospecharían de mí.
Tengo prohibido subir al segundo piso.
- Pues, arréglatelas como puedas,
porque todo esto fue idea tuya.
Y si no, nos vemos en la casa
- ¿Ya está más tranquila?...
[Sollozos]
¿Se da cuenta?
La señorita Beatriz, tal vez, sí tenía razón.
Don Hugo no es una buena persona,
estuvo jugando con usted.
- [Sollozando] Me cuesta tanto trabajo aceptarlo.
Parecía tan sincero.
- Así son los hombres, señorita.
Soledad: No hables así.
Hugo no es esa clase de persona.
- Tiene que serlo, si no, ¿por qué la dejó así,
sin ninguna razón, de un momento a otro?
- [Sollozando] No sé.
No sé, a lo mejor estaba confundido.
A lo mejor, lo asusté con la nota que le envié.
No sé.
- Precisamente.
Perdóneme que le diga, señorita,
pero alguien tiene que hacerlo.
Fue un error enamorarse de ese hombre.
Él no la merece.
Hugo: No la merezco.
Soledad no debe amar a un hombre como yo.
- Espero que lo haya pensado bien, señor.
Hugo: No pude decirle.
No sé cómo le explicas a alguien que padeces
de una enfermedad como la catalepsia.
- Si me permite decirlo, señor.
Creo que es demasiado duro con usted mismo.
Usted tiene derecho a amar y a ser feliz con una mujer.
- Eso no es verdad, Boris.
Yo no soy un hombre como cualquier otro.
La enfermedad que padezco no es para tomarla a la ligera.
El día menos pensado, puede que yo no regrese
de uno de esos ataques.
- Usted sabe que para eso estoy aquí.
Para ayudarlo cuando sobrevienen
las crisis de catalepsia.
Y estoy seguro que, si habla con la señorita Soledad,
ella también lo apoyará y ayudará.
- Eso sería egoísta de mi parte
y no lo haré, Boris.
Soledad merece otro hombre, uno que llene su vida de luz.
Que no la haga sufrir.
- Es tu oportunidad de conquistarla, Alcides.
Según la nota que leí,
Hugo no quiere volver a saber nada de Soledad.
- Yo estaba enterado de sus encuentros.
Fue por eso que dejé de visitarla.
- Ah, me da vergüenza lo que ella hizo,
pero ten la seguridad que la virtud de mi hija
está intacta.
Las citas que tenían ellos dos fueron algo inocente
que no pasaron a mayores.
- Por favor, doña Ester.
De eso no me cabe la menor duda,
y no por Hugo, sino por ella.
Se nota que fue educada con los mejores principios.
- Bueno, Hugo es un hombre peligroso
y, seguramente, tenía malas intenciones
con ella.
- Hugo es un seductor empedernido
que no se mide en conseguir lo que quiere.
- Entonces, ¿qué resuelves?
- Eso que me dice me devuelve las esperanzas.
Le aseguro que haré todo lo posible
por conseguir su corazón.
- Claro que sí, hijo. Seguramente lo vas a conseguir.
♪ De penas y de oscuridad ♪
Boris: ¡Señor Burke!
- ¿Se da cuenta lo que me hizo hacer?
Lo estaba mirando, usted me asustó y lo rompí.
- Conmigo no trate de hacerse el imbécil, señor Burke.
Sé que ha estado robando artículos valiosos de la casa.
- ¡Cómo se atreve a hacerme una acusación semejante! ¿Ah?
¿Usted quién se cree que es? ¿Mmm?
- El encargado de la seguridad de esta casa, y tengo pruebas.
Estas son las boletas de los artículos que usted
ha dejado en las casas de empeño de la ciudad.
Hoy las recorrí todas y recuperé esos artículos
que usted robó.
- ¿Y qué piensa hacer?
¿Me va a denunciar ante las autoridades?
- Por supuesto que eso es lo que voy a hacer.
Una rata como usted no debe andar suelta
por las calles.
- Pues, no lo va a poder hacer, porque no se lo voy a permitir.
[Hugo amartilla el revólver]
♪ me tocó vivir ♪
♪ aquel momento te dejé partir ♪
♪ Amor ♪
Hugo: Ya no hallo placer distinto al de estar
en tu compañía, Soledad.
Has logrado ponerle color a la vida gris
que llevaba antes.
- A la vida gris. ¿Por qué lo dices?
- Porque ahora siento que soy un hombre distinto.
- Estos han sido los tres meses más maravillosos de mi vida.
♪ Diles que siempre seré para ti ♪
♪ una mágica flor ♪
Úrsula: Señorita Soledad.
Su mamá manda a preguntar si va a bajar
a tomar el té con ella.
- [Sollozando] No.
Dile que prefiero quedarme en mi habitación.
- Todavía está llorando por ese hombre.
- [Sollozando] Ay, ¿qué puedo hacer?
Entre más lo pienso, más trabajo me cuesta aceptar
que me haya dejado de esa manera.
- Está muy enamorada.
Va a ser muy duro que lo olvide.
- No.
Yo nunca lo voy a olvidar. Sí, no puedo.
Aquí. Aunque hayan pasado pocas cosas entre nosotros,
siento que está aquí, en mi corazón.
- La entiendo.
- No, yo no...
yo no me puedo resignar por una simple nota de adiós.
Necesito respuestas.
Necesito saber la verdadera razón
por la cual ya no quiere saber nada de mí.
Tengo que saber...
y tú me tienes que ayudar a averiguarlo.
[♪♪♪]
Guillermo: ¡Huye! ¡A un lado! ¡Huye, nos descubrieron!
¡Huye, Helena! ¡Huye!
¡No se atreva a dispararle! ¡Soy un hombre... indefenso!
¡Huye, Helena!
¡Huye, huye, huye! [Disparo]
[Gritos]
- Me mataron. Me mataron, Helena. Me mataron.
- Ay, no. No, no me mate, por favor.
No me mate, por favor. No, no, no me mate.
No, no me... no me mate, por favor. Por favor, no.
- Huye, Helena. Huye. Huye, Helena. [Inaudible].
- Perdón.
- Voy a entregarlos a la policía.
- Déjalos ir, Boris.
Ya aprendieron su lección.
Boris: Como usted diga, señor.
- La próxima vez que te enfrentes
a algo como eso, ten más cuidado, ¿mmm?
- ¿Qué le pasa al patrón?
¿Por qué tiene que ser tan injusto contigo, Boris?
- [Con voz molesta] Guárdate tus comentarios.
Alcides: Espero no perturbarlos al venir a esta hora,
pero usted comprenderá, doña Ester.
Quisiera ver a soledad.
- Siéntate mientras mi esposa llama a nuestra hija.
- Gracias.
- Permiso.
[♪♪♪]
- Doña Ester.
- Hazte a un lado. Necesito a mi hija.
- La señorita Soledad está durmiendo.
- ¡Que te quites, te digo!
- Hija, Soledad. Tienes que levantarte.
Alcides estás esperando...
¡Ah!
¿Dónde está mi hija?
¿Dónde está? A ver, responde, habla. ¿Dónde está?
Marina: Señorita Soledad,
no puede entrar así, por favor.
Soledad: Ya.
Marina: Señorita Soledad, deje que primero la anuncie.
Me puede meter en un problema.
- Hugo.
Hugo, necesito una explicación.
¡Me la merezco! Dime.
¿Cuáles son los verdaderos motivos
para que hayas decidido dejarme.
♪ Quisiera acercarme a ti, pero me frena una razón ♪
♪ oculta en los más profundo ♪
- ¿Enferma?
- No es nada para preocuparse.
Es un pequeño resfrío que pescó en la mañana.
- Ester, ¿por qué no me habías dicho lo de Soledad?
- Porque no quería preocuparte por tan poco.
- Yo... yo entiendo.
No se preocupe. Buenas noches, doña Ester.
- Habla. Vine a escucharte. Dime.
- No deberías estar aquí, Soledad...
Por favor, no hagamos más dolorosa esta situación.
- ¿Me estás echando? - No, no te echo.
Simplemente, trato de evitar que esta locura
te traiga consecuencias graves.
Si alguien te vio entrar a mi casa,
el escándalo te haría muchísimo daño.
- Yo arriesgué todo lo que tenía por ti.
Yo pensé que lo había entre nosotros
era algo importante.
¿Cómo puedes mandarme una nota, terminando todo,
que no me explica nada?
- Soledad, ¿tus papás se dieron cuenta de tu salida?
- Lucas. Lucas, pasó algo terrible.
- Ester, ¿qué está pasando con Soledad?
- No está en la casa. Hice confesar a Úrsula.
Ella se fue a la casa de Hugo de Medina.
- Aquí hay gato encerrado.
♪ De mi vida, los dos pagarán ♪
- Te voy a llevar a casa. Espera un momento.
- [Suspirando] No, espera.
No hay necesidad de que me lleves...
¿Cómo pudiste decepcionarme tanto?
¿Cómo pudiste jugar así con mi cariño?
Eres un miserable.
Guillermo: Yo creo que, que don Hugo no nos denunció
ante las autoridades.
- Ay, qué bueno, mi amor.
Qué bueno. Ponme mucha atención, Burke.
Tu plan se vino al suelo.
No tenemos otra alternativa.
Tenemos que robar... - No, Burke, no.
Ya te lo dije.
No voy a volver a robar cadáveres en el cementerio
para llevárselos al Dr. Max. No.
- ¿Y tú crees que mandas en esta sociedad? ¿Ah?
No, no, no, no, no.
¡Aquí mando yo! - No, no, mi gatita. No.
Ya te lo dije, así me vuelves picadillo
esta vez, no pienso obedecerte.
A mí, los cadáveres me enferman.
- Enfermo vas a quedar cuando te enderece
los dientes del golpe que te voy a dar.
[Golpes a la puerta]
- La policía. Huyamos. Ven, Burke. Huyamos.
- ¿ Y por dónde vamos a huir? ¿Ah? ¿Por las ventanas?
- Sí, las ventanas. - Cálmate, Burke. Cálmate.
Nos tiramos por las ventanas y quedamos hechos papilla.
- Ve, cuidado, Burke. Yo te cubro, yo te cubro.
- Buenas noches, mis amigos.
- Dr. Max. - [Titubeando] Dr. Max.
[♪♪♪]
- [En voz baja] Soledad, Soledad...
- Ya, ya, ya. Yo puedo - ¿Estás bien?
- Sí. Eh, no te preocupes por mí.
Regresa a tu casa, de verdad, no tienes que molestarte más.
- Soledad, puedes pensar lo peor de mí,
pero no pienso dejarte ir sola...
Anda, vamos. Te acompaño.
- No, déjame.
- Tienes que entender que esto tampoco es fácil para mí.
- [Sollozando] ¿A no? Sí lo es.
Yo soy una persona más en tu lista de conquistas.
Dime, ¿cómo pudiste hacerme esto? ¿Por qué?
¡Yo, yo, yo te odio!
¡Yo te odio!
- No hay razón para que haya resentimiento
entre nosotros.
Yo, en el pasado, les ayudé mucho
cuando hicimos negocios.
Guillermo: Sí, reconocemos que nos ayudó,
pero no pensamos volver a robar cadáveres
para sus experimentos.
- ¡No los llames experimentos!
Son estudios científicos muy serios los que yo hago
en mi anfiteatro.
Ustedes saben muy bien,
que si me veo obligado a conseguir ilegalmente
esos cuerpos,
es porque la ley pone muchas trabas para obtenerlos.
- Como sea.
No pensamos volver a ayudarlo.
- Eh, eh. Lo escuchamos, Dr. Max.
- Escuché que hoy te despidieron de la casa
de Hugo de Medina, Guillermo.
- Discrepancias profesionales.
- Sé que están muy necesitados de dinero
y yo estoy dispuesto a ayudarlos.
Les voy a pagar el doble
por cada cadáver que me traigan.
- [Al unísono] ¿El doble?
Arturo: ¿Y qué pasó con tu compañero?
- No quiso venir.
Le teme a Hugo de Medina.
Es por él que usted nos mandó a llamar, ¿verdad?
- Sí, Fabio. No te equivocas.
Mi hermana parece empecinada en avergonzarme,
en dañar el honor de la familia buscando a Hugo de Medina,
y yo no pienso quedarme con los brazos cruzados.
- Usted nada más diga qué es lo que tenemos que hacer.
- Tenemos que volver a nuestro plan.
Tenemos que eliminar a Hugo de Medina,
cueste lo que cueste.
[♪♪♪]
¡Fabio!
Sé que mi hermano te encargó matar a Hugo.
[♪♪♪]
- No sé de qué me habla, señorita.
- No te hagas en tonto conmigo.
Quiero proponerte un cambio de planes.
- Lo siento mucho, pero yo con usted no puedo hablar.
Permiso.
- Al menos, escucha mi propuesta.
Estoy segura que te va a interesar.
- [Sollozando] Perdóname.
No sé qué estoy diciendo.
¿Cómo que una de tus conquistas?
Ni siquiera alcancé a ser una de tus conquistas.
Total, solamente hubo besos y palabras bonitas
entre nosotros.
- No. No hables así. Estás equivocada.
- [Sollozando] ¿Cómo pude ser tan ilusa?
¿Cómo pude ser tan tonta? Ay, perdóname.
Claro, seguramente te parecí una niña tonta...
- A ver, déjame hablar, por favor.
Yo te voy a explicar, pero déjame hablar.
- [Sollozando] Hugo, tú eres el único hombre
que yo podría amar en mi vida.
Por ti contradije a mis padres, y ahora veo que tenían razón.
Claro, tu única meta...
puedes enredar a las mujeres para luego
disfrutar abandonándolas sin ninguna explicación.
- Te mereces una explicación y te la voy a dar.
- ¿Se puede saber qué te pasa?
- Ya fue suficiente.
Esto es una muestra de lo que puedes recibir
si me ayudas.
- Definitivamente debes estar completamente loca
por ese ricachón...
como para aceptar acostarte conmigo
a cambio de su vida,
pero no habrá trato a menos que me des todo lo que quiero.
- Lo tendrás,
pero antes, tienes que hacer algo más por mí.
- ¿Algo más?
¿De qué se trata?
- Quiero que mates a Soledad de Obregón.
- No.
Ya no quiero que me des ninguna explicación,
porque sé que me va a lastimar, y además, ¿qué me puedes decir?
¿Que no quieres estar conmigo?
¿Qué encontraste a alguien mejor que yo?
- Por favor, me tienes que dejar hablar.
- Es que no necesito tu preocupación,
que, además, sé que no sientes.
Mira, lo último que quiero de ti, es tu compasión.
- Jamás, jamás. Yo te juro que no quise lastimarte.
Me tienes que creer, por favor.
- Eres un cínico.
Es mi culpa por abrir mi corazón.
Por decirte lo que sentía.
- ¡Yo te quiero!
Aquí el único que ha estado engañándose
así mismo soy yo.
No puedo ocultarlo más, aunque quisiera.
Aun sabiendo que debo dejarte ir, no puedo.
Yo te quiero, Soledad.
- Hugo.
- Yo te quiero.
Te quiero, no puedo seguir ocultándolo.
♪ Cerrar los ojos sin saber si vas a estar conmigo ♪
♪ hasta el amanecer ♪
♪ Bésame hasta enloquecer ♪
♪ Quiero perderme en tus sentidos ♪
♪ para no saber quién soy ♪
♪ y lo que temo ser ♪
♪ Otra vez despiértame, no te puedo perder ♪
[♪♪♪]
♪ Y ahora que encontré el amor de una mujer ♪
♪ Te la llevas de mi vida ♪
♪ Los dos pagarán ♪
♪ Los dos sufrirán ♪
♪ La vida que he llevado ♪
♪ De penas y de oscuridad ♪
♪ Los dos probarán, los dos por igual ♪
♪ Un poco de mi alma ♪
♪ Y solo con su dolor sanará ♪
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