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¡Accio!
El día que me fui al seminario solo vino mi hermano a despedirme.
«...eoque intraverunt Menelaus,
Ulixes, Diomedes, Thessander».
Los aqueos llevaban diez años intentando tomar Troya.
Epeo construyó un enorme caballo de madera
donde se metieron Menelao, Ulises...
¡Excelente, Benassi!
Ya vemos que te lo sabes muy bien.
Vuelve a tu sitio.
Manrico, de vez en cuando, venía a verme. Era el único.
Hola.
Hola.
Te traigo un regalito.
Es una foto de mi chica.
- Igual obra el milagro. - ¿Qué milagro?
Cógela, anda.
El milagro de volverte normal. ¿Tú te has visto?
- La religión es una farsa. - ¿Y Jesús qué?
Jesús era un revolucionario que jodía a los romanos.
Por eso acabó como acabó.
¿Y la Biblia?
No fue Dios quien creó a Adán de un puñado de barro, ¿no?
- Eso son gilipolleces. - Ya.
Gilipolleces. El hombre viene del mono.
¿Lo entiendes? Hazme caso.
Sal de aquí mientras puedas.
Yo ya te lo he dicho, tú haz lo que quieras.
Me hermano me habló de su novia
y me dejó una foto que me hizo pecar.
Esta es una actriz.
- ¿Una actriz? - Una actriz.
Se llama Marisa Allasio. Es actriz.
Me gusta mucho. Estoy en pecado mortal. ¿Qué hago?
¿Es tu primer pecado de este tipo?
Sí.
Reza seis avemarías y seis salves.
- ¿Me absuelve? - Claro.
- Volveré a caer. - ¿Cómo que volverás a caer?
No tienes por qué.
¡Claro que volveré a caer! ¡No quiero que me absuelva!
Mira, hoy estás nervioso. Ya hablaremos mañana.
La pureza lo es todo.
¡Castígueme!
Todo el mundo puede pecar.
Hablamos dentro de unos días, ¿vale?
A una isla lejana, al otro lado del océano,
la isla de Cuba,
están llegando barcos soviéticos
con misiles nucleares que apuntarán a Estados Unidos.
Puede que estalle la Tercera Guerra Mundial.
Os invito a rezar.
¿Cómo pueden ser comunistas?
Benassi, reza.
Pero ¿no se dan cuenta?
No preguntes, Benassi. Reza.
¡Benassi!
Señor, mátame de una pulmonía,
pero convierte a Jrushchov y a los comunistas.
Te has tocado, ¿eh?
¿Y a ti qué?
La próxima vez, vente a mi cama y te toco yo.
Si te preguntan quién te rompió la nariz: Antonio Benassi de Latina, apodado Accio.
Padre, tengo una crisis de conciencia, ¿qué hago?
¡Accio, hola!
¿Le abres así a los extraños? ¿Desnuda?
- ¿Tú eres un extraño? - ¿Y qué sabías si era yo?
- Qué pelma eres. - ¿Y mamá?
Lo único que nos faltaba, que tomaras esta decisión.
Anda, dame un beso.
¿Y qué es este trasto?
Este trasto sirve para llegar a fin de mes.
Con el sueldo de tu padre, a mitad de mes
solo podría daros de comer pan con agua y azúcar.
Marisa Allasio obró el milagro.
- ¿Te la ha comprado mamá? - Me la han prestado.
¿La quieres probar?
¿Sabes dónde puedes meterte las baquetas?
¿Qué haces en mi cama?
Ahora duermo aquí.
- ¿Y yo dónde duermo? - De momento, en el pasillo.
En el sillón cama.
- Anda, venga. - ¿Ahora soy el patito feo?
Yo duermo en el cuarto de Manrico.
Papá, quiero dormir en el cuarto de Manrico.
Aquí está. ¿Y ahora qué hacemos contigo?
- Hola, papá. - Hola.
Nos habría ido bien un cura en la familia.
Hago el examen y me meto a Letras.
Soy muy bueno en latín.
Hazte aparejador y tendrás trabajo.
- No quiero ser aparejador. - ¿Y eso por qué?
Porque los números no me entran. Es más fuerte que yo.
Hagamos una cosa: Si en los exámenes sacas un ocho de media, vas a Letras.
Si no, te haces aparejador.
Y ahora déjame cambiarme, voy a lavarme un poco.
Papá, escúchame un momento.
¿Y si dejo de estudiar y me voy a trabajar contigo?
- ¿En la fábrica? ¿Tú estás loco? - Así estaría en vuestro bando.
- ¿Qué bando? - El de los desfavorecidos.
Vete con tu madre. ¡Desfavorecidos, dice!
¡Gracias por el recibimiento! ¡Qué bien volver a casa! ¡Gracias!
¡Estaos quietos!
Mi familia era como era. Por suerte estaba Mario.
¿Qué es eso?
Un cementerio militar americano.
Soldados muertos en Anzio.
Pobrecitos.
¡Qué pobrecitos ni qué nada!
Que se hubieran quedado en su país en vez de tocarle los huevos al fascismo.
Hace 200 años eran unos zulúes. ¿Ahora nos enseñan democracia?
¿Y qué saben hacer los americanos aparte de rascacielos? Nada.
El fascismo, en cambio,
construyó Asmara y Trípoli en pleno desierto.
Ibas por Asmara y parecía el barrio de Coppedè de Roma.
Ojalá fuera.
¿A Asmara?
No, a Roma.
Es la Ciudad Eterna. Me gustan las cosas eternas.
¡Eh, guapas! ¡Subid un rato!
Esas no son eternas.
Sí, ya lo veo.
He aprobado. ¡He sacado un 8 de media!
Bien, has hecho la mitad de lo que debías.
Pero ahora tenéis que meterme en Letras.
Eso te lo prometió tu padre.
Tú también lo sabías.
Pero las decisiones de uno solo de los padres no valen. Lo dice la ley.
- ¿Qué coño de ley es esa? - ¡Esa boca!
¡Ven aquí! ¡Habla bien!
¡Habla bien! ¿Entendido?
Ven aquí. ¡Ven aquí!
- Sí, para que me arrees. - Pues claro.
No eres justa. ¿Por qué ella sí y yo no?
Ella es una mujer. Se casará y la mantendrá el marido.
- De eso nada. - Ya, claro.
¿La oyes? No se casará.
- ¡Pues se hará concertista! - ¿Y no puedo ser latinista?
Manrico está acabando la FP.
¿Irá a la universidad? No. ¿Por qué tú sí?
¿Y por qué va a estudiar Violetta?
¡Ya basta! Los conciertos dan de comer.
¿El latín da de comer? ¡Razona un poco!
Ya vale, ¿no?
- ¡Lárgate! - Se te oye a kilómetros.
Cógele las bolsas a mamá.
¡Pero mira a este...!
- ¿Y tú por qué te metes? - Monta, mamá.
Desde que ha llegado, se ha acabado la paz.
- Vamos a casa. - Piérdete.
Ven a casa o te arreo.
¡Que te pierdas, hombre!
- ¿A qué te arreo? - ¡Lárgate!
¡No sé qué te crees, con esa bicicleta!
- ¿Sigues hablando? - ¡Cállate!
Asqueroso.
Decidí que en esa casa no me quedaba ni muerto.
Mi madre era de las que votaba al «partido de las casitas».
Nuestra casa se caía a pedazos.
Ella vio en la papeleta electoral la imagen de una casita y la votó.
Y esperaba que por fin nos dieran una casa nueva.
¿Me lleva?
- ¿La carretera a Génova acaba aquí? - Sí.
Gracias.
¿Adónde coño voy ahora?
Quería ir a Génova por la costa
y de allí embarcarme a África, o adonde fuera,
para ir a ayudar a los desfavorecidos,
pero no me habían dicho que la carretera de Génova
terminaba en Ostia, 500 kilómetros antes.
Os dije que lo soltarían ya.
Los carabineros me llevaron a casa.
Intenten llevarse bien.
- Adiós. - Adiós.
Tengo mucha paciencia y mucha esperanza.
- ¿Qué te hemos hecho? - Ser injustos conmigo.
¿Injustos? ¿En qué?
- Haber hablado con tu madre. - Ella es la primera injusta.
No hables así de tu madre.
Ella daría el alma por vosotros.
Por ellos dos, sí. Por mí no.
- ¿Tú de quién eres hijo? - ¿Qué hacéis?
¡Nos han dicho que no le digamos nada!
¡Quiero saber qué le hemos hecho!
Yo también quisiera saber muchas cosas.
No debemos decirle nada. Así que cállate.
¿Quieres dejarlo ya? ¿No ves que la haces llorar?
¿Y ella a mí no?
- Me estás cabreando. - Quita. No me toques.
- Ha vuelto Fray Capullo. - Cuando pueda, me vuelvo a ir.
¡Pues vete! ¡Vete!
Accio tiene el diablo dentro.
Tenemos un hijo del demonio.
¡Señoras, miren qué manteles! ¡Miren qué sábanas! ¡De tergal!
Perdone, señora.
¡Bordadas con los colores de nuestra patria!
Mire qué bonitas.
¡No les quedan manchas que haya que frotar!
- ¿Le gustan? - Estas son bonitas.
- Mario, estoy aquí. - Sí.
Toque, toque... Es tergal, ¿eh? No es algodón.
No se arrugan ni hay que plancharlas. Eso sí, nada de fumar en la cama.
¿Usted fuma? ¿Y su marido? ¿Ni después de?
Pues estas son sus sábanas.
Si su marido fuma, le enseño otras.
¡Vengan, señoras!
Mario...
- ¿Puedo preguntarte algo? - Dime.
Si los italianos lo querían tanto,
¿por qué hicieron que acabara así?
Déjalo, anda.
¡Las mejores sábanas de tergal!
¡Bordadas con nuestros colores! Mire, señora.
Desembraga poco a poco. Mira por el retrovisor.
La primera regla es el honor. ¿Sabes lo que quiere decir?
No traicionar al amigo, ni a la patria, ni los ideales.
Cambia, que lo ahogas.
Poco a poco, afloja. Mete segunda. Así.
¿Y por qué no se traicionan los ideales?
¿Por qué?
Porque son ideales.
¿Queda claro?
Hola, María.
Vamos, ¿no tienes hambre?
Mira quién es.
- ¿Recuerdas a Accio? - Claro.
¿Me das la mano? Venga, dame un be si to.
- Qué guapo. - Cenará con nosotros.
- No, gracias. - ¿No? ¿Nos mirarás cenar?
Menos mal que no tenías hambre.
Felicidades, señora. Está todo buenísimo.
¿Cuántos sois de familia? No me acuerdo.
Yo, mi hermano y mi hermana. Todos educados a la antigua.
- ¿Cómo a la antigua? - A golpes y tortazos.
Ya nadie educa así a sus hijos.
Por eso nos criamos bien.
- Pero te llaman Accio».Malo». - De pequeño les pegaba a todos.
Ahí dentro hay un fascista.
Tú naciste fascista. Un verdadero matón.
Debes apuntarte al partido.
El Duce inventó la arquitectura racionalista.
- ¿Sabes qué es «racionalista»? - Que siempre tenía razón.
Muy bien.
¿Qué pone ahí? Lee.
¿En cuántos días se construyó Sabaudia?
Aquí dice que en 253 días.
Ocho meses y medio.
Se necesitan nueve para hacer un humano.
Aunque lo de humano habría que verlo.
¿Y si te sale uno de la acera de enfrente?
Mira, ¿lo ves?
El balcón desde donde dio el discurso. Casi puedo oírlo.
La gente aplaudiendo, gritando, agitando banderas.
Luego, en el 44, llegaron los americanos y no veías ni un fascista.
¡Desparecidos! ¡Todos!
Putos desgraciados.
Los italianos son así, ayudan al que gana.
Y dime, ¿quién ha hecho las cosas que hizo el Duce?
Él les quitaba a los ricos para dárselo a los pobres.
¿Quién más lo ha hecho?
Nadie. Solo el Duce.
¿Seguro?
Seguro.
¡Dux!
Dux.
De repente vi que mi ciudad, Latina, no estaba tan mal.
Y teníamos Aprilia, Ardea, Pomezia...
Y sentí gratitud por el hombre que las había construido.
Eh, ¿es cierto que eres comunista?
¿Tú eres tonto?
¡Que te mato!
Mira cómo te has puesto.
Imbécil.
Mi familia era como era.
Pero sentí que a partir de entonces ya no volvería a estar solo.
- ¿Cómo has llegado aquí? - En autobús.
Muy gracioso. ¿Quién te ha mandado?
Quiero afiliarme.
No te creo.
Ahora nadie se convierte en fascista así sin más.
Trabajo con Mario Nastri, el vendedor de manteles.
- Haberlo dicho antes. - No sabía que era importante.
Rellena esto.
Intenta entenderlo. Nosotros, los mejores...
Oi aristói... Escúchame.
Tenemos que desconfiar.
Seamos claros: El fascismo cayó por culpa de los traidores.
Millones de italianos traidores.
Lo sé, lo sé. ¿Qué tengo que hacer?
Háblame de tus motivaciones personales.
Mire, secretario Bombacci... ¿Secretario o camarada?
Secretario.
Junto a usted y los camaradas quiero rescatar el honor de la patria.
¿Me afilia o no?
Con reservas.
Te tendré vigilado.
Ahora que estoy afiliado, ¿qué hago?
- ¿Qué quieres hacer? - Una acción, no sé.
Vete a jugar al futbolín, que yo tengo trabajo.
Estoy disponible para hacer lo que sea.
Pues vete a jugar al futbolín.
¡A sus órdenes!
- Eh, tú, me han ordenado que juegue. - ¿Con pase y chute a puerta o sin?
Sin.
- ¡Pero yo juego así! - ¿Y a mí qué?
...la fe.
Porque la fe es vida,
y el que no cree,
el que no tiene el valor de profesar una fe
y de vivirla
demuestra claramente...
¿Y mis llaves?
- ¿No lo oyes? - ¿El qué?
Está oyendo discursos fascistas. Y hasta se ha afiliado.
Yo he quedado con una chica.
Dile algo y luego te vas.
- Acabaré pegándole. - Vale.
Venga.
- ¿Qué queréis? - Abre.
Vamos a intentar que entre en razón, si no...
- Eres un capullo total. - ¿Qué he hecho?
Dame el carné.
- Es decisión mía. - ¡Menuda decisión!
¿Sabes de dónde viene el MSI?
De «Mussolini, Siempre Inmortal».
¿Dónde estaríamos si no fuera por Mussolini?
Con mucha gente que no habría muerto en la guerra.
- ¿Te enteras, subnormal? - ¿Qué?
Tú en política no te metas.
¿Solo ustedes pueden tener conciencia política?
¿Cómo que «ustedes»? ¡A mí me tratas de tú!
¿Hablamos de Stalin, de los crímenes del comunismo?
Tú no sabes una mierda, exterminador de judíos.
El exterminio de judíos no es cierto.
- ¿No ves qué gilipolleces dices? - Los americanos hacen películas falsas.
¡Te voy a partir la cara!
Llévatelo o lo mato yo misma.
¡Subnormal!
¡Mamón!
Ven aquí, te voy a sacar de la cabeza esas putas ideas que tienes.
Te las saco.
¿Suficiente?
¡Eres un subnormal, un subnormal!
Te he dicho mil veces que me irrita la nariz.
Lávame esto.
Lávatela tú.
¡Anda y que te den!
Imbécil.
- ¿Viven aquí los Benassi? - Sí, ahí.
¿Quién es?
Hola.
Hola.
¿Buscas a Violetta?
No, soy una compañera de fracción de Manrico.
Ah. Pues no está.
Vale.
¿Puedo esperarlo?
Sí.
¿Puedo esperarlo dentro?
Sí.
Tengo que recoger unos panfletos.
¿Panfletos?
Sí.
Ya, perdona.
¿Está es su cama?
No, esa es la mía. Es un sillón que se abre.
Ellos duermen allí. Él y mi hermana.
Yo estoy mejor en el pasillo.
Estoy más recogido.
¿Quién toca el violonchelo?
Mi hermana.
No lo toques, por Dios, que se mosquea.
- ¿No están ahí? - No.
Lo sabía.
Seguro que mi hermano te lo ha dicho como excusa.
Y tú has picado.
No pasa nada.
Será que me gusta picar.
Qué bonito es esto.
A mí me da asco.
Tu hermano dice que te gusta el latín. ¿Por qué estudias para aparejador?
Buena pregunta.
Ya está aquí. ¡Manrì!
Hay una amiga tuya que busca unos panfletos.
- ¡Hola! - Hola.
¿Salimos?
Sí, salgamos.
¿Y mamá?
No está.
¿Cuándo vuelve?
¿Y si nos quedamos aquí?
¿Aquí?
Te invito a un vermú.
No, a un café. Accio, ¿nos haces café?
Escucha.
Tengo una cita importante en la fábrica.
- Si va bien, me contratan. - Vale.
Como aún no hemos terminado de hablar...
Quédate con ella. Vuelvo en media horita.
- No, Manrico, estoy ocupado. - Venga, solo será media hora.
¿Se nota que me ha hecho papilla? ¿Cómo estoy?
Menudo morro.
Acabo de recordar que tengo una cita.
Voy y vuelvo en media hora, ¿vale?
- Voy contigo. - No, quédate aquí.
- ¿Haciendo qué? - Habla con Accio.
Media hora.
Te lo prometo.
- Adiós, ¿eh? - ¡Adiós!
- Tú no eres de Latina, ¿no? - No, soy medio francesa.
¿Medio francesa?
Mi madre también es del norte, aunque de Italia. Nada que ver.
¿Y qué haces en Latina?
Mi padre es ingeniero aquí, en la central.
¿Tú también estás metido en política?
Sí, pero te lo digo ya: En el otro bando.
- ¿Qué quieres decir? - ¿Tú qué crees?
- Que soy fascista. - ¿Eres fascista?
Sí. ¿Quieres que sea tan original como Manrico?
¡Venga ya!
¿Quieres ver mi carné?
Toma. ¿Me crees ahora?
Antonio Benassi, apodado Accio por motivos que no voy a contarte.
Los comunistas vais de prepotentes por la vida.
Bueno, olvídalo.
Por cierto, ¿eres francesa? A ver, di algo en francés.
«Vous êtes le magnifique podesta, vous avez droit de vie et de mort,
toute puissance, toute liberté».
Francesa de verdad, ¿eh?
Fascista de verdad, ¿eh?
Fascista, sí, y a mucha honra.
- Muy bien. - Estupendo.
¿Qué?
¿Ves cómo sois?
Ni imagináis cómo son nuestras fracciones.
¿Qué piensas? Tenemos debates como...
¿Seguro que eres francesa?
Mira, es mejor que salgamos. Si llega mamá y te encuentra aquí...
Lo digo por ti.
Y vamos a acabar discutiendo.
Seguramente.
¡Mamá! Sí, soy yo, Accio.
Sí.
Oye, ¿ha llegado Manrico? No, por nada.
Nada, todavía no ha vuelto.
Anda que tu hermano...
¿Es siempre así?
- ¿Cómo? - Que no se puede contar con él.
Es mucho peor.
No digo que venga, pero no sé, que avise...
Creo que quererlo es una desgracia.
Debo de estar loca.
¿Adónde vas?
¡Francesca!
Loca no, eres tonta por pensar en él. ¿Sabes cuántas he visto como tú?
Te llaman Accio porque eres malo.
Yo me voy.
Anda y muérete.
A Manrico lo cogieron en la fábrica. El primer día se compró el mono.
El segundo, se endeudó de por vida comprándose un 850.
¿Has acabado la traducción?
- A ver. - ¿A ver qué? Tú no entiendes nada.
Eres un so le té. Te debo una.
¿A qué te doy?
- No te pongas así. - Lo hago por Francesca, no por ti.
Vale. Bueno, me voy. Empieza mi turno.
¿He cogido las llaves? Adiós.
He hecho la traducción.
Era una estupidez.
Y además parece una descripción de Manrico.
«Engañoso, inconstante, mucha elocuencia, poca sabiduría»..
Mi hermano, prácticamente.
¿Has visto cómo se comporta un fascista? No como vosotros.
¿Cuántos de los nuestros matasteis después de la guerra?
¡Dios! ¿Ya empezamos?
Sí, empezamos. Un puñado de inocentes.
¡Un puñado de asesinos!
¿Asesinos? Eran tiempos de paz.
Después de la guerra que empezasteis y luego, la dictadura.
Vosotros no tenéis valor para aplicar una dictadura.
Pero olvídalo. Tú no razonas.
Qué cómodo. Primero matasteis, torturasteis, fusilasteis...
¿Sabes lo que era la Decima MAS? ¿Y los calabozos de la calle Tasso?
Esta me gusta.
¿Qué haces? ¿Bailar?
Soy un hombre completo.
- El mes que viene me voy a Turín. - ¿Qué?
Me voy a Turín. Trasladan a mi padre.
- ¿Adónde? - A Turín.
¿Y qué dice Manrico?
Dice que vendrá a verme los fines de semana.
¿Y tú qué dices?
Tranquila. Si no va él, iré yo.
Quiero que todos, obreros y obreras,
suban aquí conmigo
y cuenten qué se siente trabajando 50 horas semanales en una fábrica.
¡Quieren convertirnos en máquinas!
¡Necesitamos hablar, necesitamos comunicarnos!
En suma, necesitamos
que se nos trate como a seres humanos.
Y me dirijo a las madres, porque sé que aquí hay madres.
¡Decidles a vuestros hijos que la fábrica es mala!
¡Que la fábrica hace daño!
¡No podemos tolerar esto!
¡Tenemos que liberarnos!
¡Nos tratan como a esclavos!
¡Adelante, compañeros! ¡Enfrentémonos al patrón!
Manrico tenía valor, no hay duda. Era algo natural en él.
Como enamorar a los demás.
Aquel día, en medio del follón,
bastaba con mirar a las mujeres para ver que lo adoraban.
Sobre todo una.
Deberíamos ser antiamericanos. Eran el enemigo.
El antiamericanismo no pinta nada.
Hay que juzgar hombre a hombre. El concepto es ese.
- ¿Entiendes? - Mientras, nos joden igual.
¿Qué le pasa al chico? Parece triste.
Es que lo está.
¿Sufre por alguna chica?
No, al contrario, no tiene chica. Por eso está triste.
- Pero ¿qué haces? - Si la puerta es baja, no es mi culpa.
¿Pero entiendes la grandeza de este eslogan?
Eia, eia, alalà. ¿Sabes lo que significa?
¿Qué significa?
Nada.
Y todos detrás de él.
¡Genial!
¿Ni siquiera ha venido a despedirse?
Quién sabe cuándo volveréis a veros.
¿Por qué no miras a tu alrededor? Igual ves que él no es el único.
¿Te quieres ligar a la novia de tu hermano?
¿Estás loca?
¡No!
¿No te gusto porque soy fascista?
¿Y él sí porque es comunista?
Me gusta Manrico porque es Manrico.
Pero ¿no ves cómo es?
Es alguien con quien no se puede contar.
Y no es verdad que no me gustes.
Me encanta discutir contigo.
Viene tu padre.
Adiós.
¡Viva Italia!
¡La clase trabajadora vencerá!
¡La clase trabajadora vencerá!
¡Rusia libre!
¡Rusia libre! ¡Rusia libre! ¡Rusia libre!
¡Duce! ¡Duce! ¡Duce!
¿Qué coño haces?
¿Creéis que una noche en el cuartelillo me asusta?
Ha sido un honor pasar la noche aquí. He servido a mis ideales.
A tomar por culo, Benassi. ¿No basta con uno tocando los cojones?
¡Menudo coñazo de familia! Anda, lárgate.
Nos importa una mierda la cárcel.
¡Los Camisas Negras triunfarán!
¡Mamá!
Ya no se puede ni gritar «Rusia libre». ¡Qué país! Y lo llaman democ...
Que no se te ocurra volver a hacer pellas.
¿Estás loca?
¿Está claro?
¿Está claro?
Perdona, ¿las huelgas de Manrico están bien y las mías no?
¡Sí, las suyas sí, las tuyas no!
Estupendo, viva la democracia.
«La princesa Ruspoli reconquista el título de tiro al plato».
Los Borghese, los Torlonia, los Ruspoli...
¿Por qué nos ha tocado este periódico?
- ¿Por qué? - Porque somos aristócratas.
¿Tú te has visto bien?
Carita negra, bella abisinia, espera y no desesperes...
A veces íbamos a Roma a exponer nuestras ideas
en mítines de izquierdas.
La estrategia se confiaba a los camaradas romanos.
- Quartasponda. - Accio. Llevamos dos horas esperando.
Hemos tenido que ir a por material.
Traemos huevos, pintura y bolsas llenas de mierda,
para agasajar a esos capullos.
- Payasos. - ¡Eh, que ya salen!
¡Europa!
¡Nación! ¡Socialización!
- ¡Deben de ser peces gordos! - ¿Quiénes son?
Escritores, periodistas, actores. Les gusta poner el culo.
Pues vamos a darles por él.
Parad. Ya estamos bastante lejos.
Dime una cosa, ¿dónde están nuestros líderes?
Para hacer determinadas cosas, los líderes no están.
¿Te has divertido? Vamos a tomar un capuchino.
Violetta, soy Accio.
Ah, hola.
Quería decirte que estoy en Roma. No he vuelto a casa.
Ya nos hemos dado cuenta.
Me tengo que quedar un par de días más.
Se está montando un cristo. Va a haber una guerra civil.
Una guerra civil. Entiendo.
Debo hablar con algún dirigente, algún pez gordo.
Michelini, el Almirante...
¿Entiendes?
¿Violetta?
¿Hola?
Adiós, Accio.
Estás hablando con alguien que creó la República Social.
- ¿Y a mí qué me importa? - ¡Un respeto!
Quiero hablar con un jefe de verdad, un dirigente. ¿Quién es este?
- Quiero hablar con los de arriba. - ¿Lo habéis traído vosotros?
Lleva aquí una semana. Quiere hablar con alguien.
Pues que se tranquilice.
Venga, tranquilo.
- Hablas como un mafioso. - Un respeto a los dirigentes.
- Lleváoslo de aquí. - Te estás pasando. Vamos fuera.
- Vámonos. - Estás alterado.
Pero hablas como un mafioso.
¡Un mafioso!
¡A ver si te tranquilizas!
¿Qué pasa?
¿Qué coño hacéis?
¡Muestra un poco de respeto!
Se acabó el debate, Benassi.
Lárgate.
¡Despierta! Ya casi hemos llegado.
¿Sabes cuál es tu problema? ¿Por qué haces tantas tonterías?
No quiero saberlo.
Te lo voy a decir igual: tienes que follar.
Parece fácil.
Uno vuelve a casa, y todos contentos, besos, abrazos...
¿Contentos de qué, de vivir en este cuchitril?
¿O de que vayas por ahí partiendo caras? ¡Pues esta vez te la han partido a ti!
El mundo está lleno de injusticias.
- Sí, claro. - Claro.
Y yo las combato.
Con hechos, no con palabrería como Manrico y Violetta.
¿Qué quieres?
- Necesito un favor. - ¿Qué me calle?
No, un favor de verdad.
Tienes que pegar a Peppe. Peppe de Bari.
¿Qué le había hecho Peppe a Violetta?
Me daba igual. Ya lo sabría ella.
¿Eres Peppe de Bari?
El caso es que siempre viene bien tener a un fascista en la familia.
Como un médico.
Ahora no vayas diciendo que te ha zurrado un fascista.
Te he zurrado como hermano.
Meses después, en el bolso de mi hermana
mi madre encontró un objeto misterioso:
una especie de desatascador para no quedarse embarazada.
Un tema grave.
«Amo a mi chico».
Lo que nos faltaba.
Mira.
El tío tiene mi edad.
- Violetta, quién iba a pensar... - Voy a hablar con ese desgraciado.
Si los desfavorecidos pudieran acceder a la cultura...
¿Sí?
Entonces, según usted...
Según tú, llevando la cultura a las clases más humildes,
¿habría más bienestar?
Claro, pero para ello hay que cambiar el modelo social
sustituyendo el Parlamento por...
...la Cámara de Corporaciones.
Eso era un órgano fascista.
No le haga caso, profesor, es un camisa negra. Continúe.
Solo le he hecho una pregunta para entenderlo.
¿Es ese el profesor?
- ¡Violetta! - ¿Ha venido toda la familia?
Solo falta mamá.
Está en casa, llorando. Y tú te vienes a casa.
No, no me voy a casa.
- ¡Tú te vienes a casa conmigo! - ¡Que no me voy!
Me voy a Roma.
¿Crees que voy a morirme en esta ciudad de mierda?
¡Calma, calma, calma!
¿Quieres intervenir?
Sí, pero fuera.
- Calma... - ¡No me toques!
Tú tranquilo, tu padre se encarga de esto.
Tu padre ha venido armado.
Y mi arma es esta.
- ¡Esta! - Será ridículo...
Pensad en vuestros padres, son gente de bien.
¡Poneos en su pellejo!
- ¿Bajas aquí? - Sí.
¿Cómo se abre?
¿Sabes qué tus amigos me quieren quemar el coche?
¿Quién te lo ha dicho?
La Celestini. La de la CISNAL.
¿Ahora también te tiras a la Celestini del sindicato?
¿Tú solo te lías con las de tu partido?
No, pensaba en Francesca, que aún te manda cartas.
- Pobrecilla. - ¿Me has oído?
Van a quemarme el coche y tú piensas en ella.
Piensa en mí, ¿no?
¿Sabes quién lo ha organizado?
Tu amigo, Nastri.
- El de los manteles. - ¿Qué dices?
- Nastri me lo habría dicho. - ¿Y qué habrías hecho?
¿Me lo habrías dicho o no?
Yo te lo habría dicho.
¿Por qué?
¿Cómo que por qué?
Porque eres mi hermano.
¿Y qué más da?
- ¿Qué qué más da? - Sí.
¿Pero a quién coño has salido tú?
¡Hacen bien en quemarlo!
- ¡Ojo con la puerta! - ¡Total, te lo van a quemar!
Es este.
¿Vais a quemarle el coche a mi hermano?
Es un acto demostrativo.
- Nos está tocando los huevos. - ¡Es un obrero!
¿Qué obrero?
Un obrero se deja la piel trabajando. Él es un fanático.
Aún está pagando los plazos.
A quien le toca, le toca. Eso es democracia.
¿Y desde cuándo nos importa la democracia?
¿Desde cuándo te has vuelto demócrata?
¿Eres imbécil? ¿Ahora atacas al secretario juvenil?
Vale, Mario, está bien, pero el coche de Manrico no se toca.
Vale, quemaremos los otros.
¡No! ¡Los otros tampoco!
¿Ahora lo decides tú todo?
Lárgate de aquí.
Agradece que eres un viejo. Yo no pego a los viejos.
Aquella noche, la policía paró a Mario.
Registraron el maletero, encontraron de todo y lo detuvieron.
- Llegó la policía y se lo llevó. - Tú te salvaste de milagro.
Ya me dirás la calamidad de marido que fui a elegir.
¿Qué tendrá en la cabeza?
¿Sabes qué me enamoré de él porque me daba pena?
Me dijo que tenía un soplo en el corazón, de una pleuritis de cuando la guerra.
Sea como sea, el coche estaba lleno
de armas.
No sé cómo acabará esto.
Voy a tirar todo lo que guarda en el sótano de mi madre.
Cualquier día estalla el edificio con la vieja dentro.
¿Qué guarda allí?
Nada.
¿Por qué estás tan sudado?
Ven, que te lavo el polo.
¡Va!
No es necesario, Bella.
Quítate los pantalones también.
Me crié con hombres en casa. No me asustan unos calzoncillos.
Ya, pero...
es que están secos.
¿Te da vergüenza porque soy una mujer?
¡Claro que no!
Te das un aire a mi padre.
Voy a enseñarte una foto.
Mira.
La frente.
¡Qué bueno era! Me quería mucho.
Métete en la cama y descansa un rato.
Va.
¿Por qué tiemblas? ¿Tienes frío o miedo?
No estoy temblando.
Yo te calentaré, venga.
¿Quieres?
- ¿De qué te ríes? - De nada, estoy contenta.
¡Ay, que se me comen!
Enhorabuena por el título, aparejador.
¿Y este coche?
¿Quieres conducirlo?
- ¿De quién es? - Tuyo.
Te lo he comprado a plazos.
¿Te gusta?
Va.
- Recuerda el doble embrague. - Bella, esto es un 600.
No sé por qué intuía que las cosas que me estaba enseñando Bella
me serían útiles después de los años 60.
En mayo del 68, la gran ola revolucionaria tomó París.
En julio, China. En agosto, Checoslovaquia.
A Latina no llegó nunca.
Me parece haber pasado el 68 sentado en la cocina
tomando la sopa de mi madre.
Un día Violetta nos invitó a Roma a su primer concierto
en el conservatorio ocupado.
Damos las gracias a los compañeros del conservatorio.
- ¿Cómo estás? - Bien.
A ver, que te vea.
¿Qué, cómo me encuentras?
- Un poco empeorado. - ¿Cómo que empeorado?
¡Si estoy hecho un figurín!
- Tú has engordado un poco. - ¿Yo?
Di la verdad. Venga, un poquito.
¿Dónde está?
Son todos amigos tuyos, ¿no?
Este concierto es a la vez arte y solidaridad.
Porque el arte por sí solo, es masturbación,
y la solidaridad por sí sola es limosna, caridad.
El arte, desarraigado del pueblo,
es una enorme paja a dos manos.
Ahora los compañeros van a tocar a Beethoven
para demostrar que incluso él, por muy grande que sea,
es inmortal pero no inmutable.
De hecho, el compañero Montagna y yo...
hemos...
hemos «desfascistizado» la letra del Himno a la alegría.
Pues bien,
ahora permitidme solamente un pequeño comentario sentimental.
Quiero decir dos palabras sobre la compañera Benassi.
La compañera Benassi es mi hermana.
Cuando la oía tocar de niña, lloraba.
¡Sí, hombre!
Y ahora,
damos la palabra al gran sordo,
al gran discapacitado: ¡Beethoven!
♪ Mao, ♪
♪ Mao Zedong, Marx, Trotski, ♪
♪ Lenin y Stalin ♪
♪ marchan dichosos ♪
♪ hacia el sol, hacia el futuro. ♪
♪ ¡Surge, oh, sol, oh, sol del futuro! ♪
♪ ¡Adelante, pueblo, a la revuelta! ♪
♪ ¡Bandera roja, bandera roja! ♪
¡A los inmortales ni tocarlos!
- ¡Payasos! - ¡Dejad a Beethoven en paz!
- ¿O queréis cobrar? - ¡Duce! ¡Duce!
♪ ¡Adelante, pueblo, a la revuelta! ♪
♪ ¡Bandera roja, bandera roja! ♪
Pero ¿qué cojones hacéis? ¡Quartasponda!
¿Tú qué coño quieres?
- ¿Qué coño estáis haciendo? - ¡No me toques!
¿Desde cuándo os importa Beethoven?
¿Desde cuándo...?
¿Desde cuándo os importa Beethoven?
Esto no volverá a ocurrir, ¿no?
¿El qué?
Esto.
No.
Júramelo.
No. Te lo juro.
¿Cómo que no?
No tontees conmigo.
No soy yo quien tontea contigo.
Es verdad que he engordado. ¿Sabes por qué?
Estoy embarazada.
¿Has oído lo que he dicho?
Estoy embarazada.
- ¿De cuánto? - De tres meses.
Luego dices que me mosqueo, pero han pasado tres meses.
Me lo podías haber dicho.
Yo me enteré ayer.
¿Y Manrico?
Se lo dije ayer.
No lo quiere.
Pero lo voy a tener igual.
Madre mía...
¿Qué haces?
Ponte los zapatos, por favor.
Que estás embarazada y puedes coger algo.
Yo qué sé, la gripe. Venga.
¿Por qué no te los quitas tú también?
Por suerte tengo unos sanos principios que me enseñó mi madre,
como ponerme una camiseta para no coger la gripe.
¿Quieres que enferme?
¡Genial!
Yo haciendo la revolución y vosotros tomando el sol.
¿Qué?
¿Por qué me miráis así?
Estoy muy contento.
Sabía que no eras un fascista.
El que no lo sabía eras tú.
Dejémoslo claro. He hecho lo que he hecho por la música.
Porque bueno...
Si tengo que seguir ahí sentado
viendo a ese subnormal con los letreros...
Sí, lo sé.
Son las contradicciones del pueblo.
Al pueblo hay que quererlo,
aunque sean una panda de gilipollas.
Pero hoy tenemos que celebrar
que ya no eres un fascista.
¿A qué te convierto en un montón de huesos?
- ¿En qué? - En un montón de huesos.
Luego tendrán que montarte por piezas.
¡A ella déjala tranquila!
Hay que proteger el futuro.
No sabes cuánto me has hecho llorar.
¿Te parece bien hacerme esto?
Nos veíamos todos los días y de pronto desapareces. ¿Por qué?
Bella...
Bella...
Debo decirte que he cambiado.
Eso me da igual. La política no me importa.
No es solo en cuanto a política.
Eres tú también, ¿qué esperabas?
Estás casada.
Y yo estoy enamorado de otra.
¿Adónde vas?
¿Qué te pasa?
¿Ahora fumas?
Uno...
después de cenar.
¿Ya has cenado?
Oye, ¿y Mario cómo está?
Ha salido de la cárcel.
Y se lo he contado todo.
¿Lo nuestro?
Sí.
¿Y cómo se lo ha tomado?
Dice que si te ve, te mata.
Y esa chica de la que estás enamorado...
¿te corresponde?
¡Qué me va a corresponder!
Accio, ha llamado Bella.
La mujer de Nastri ha vuelto a llamar.
Dice que te vio en la plaza y que no la saludaste.
¿Qué quiere de ti?
Mamá, ¿qué miras?
- En orden. - ¿El qué?
Benassi, todo en orden.
No, perdone.
Luego lo deja ahí, bajo un montón de papeles, y se acabó.
- No me enseñe mi oficio. - Llevamos esperando toda la vida.
- ¡Siguiente! - No, no...
¿Sabe lo que significa toda la vida?
Traigo la nómina de mi marido.
Aquí dice, en letra pequeña que, de esta nómina,
le quitan un montón de dinero cada mes
para que el gobierno nos construya casas con él.
Llevan quitándoselo 25 años. ¿Dónde están las casas?
¿Dónde están las casas?
- Las llaves de las casas están ahí. - ¿Qué dice?
Las llaves están ahí.
- ¿Y nuestras llaves? - ¡Esas casas no existen!
- ¿Cómo que no? - ¡No están asignadas!
- ¿Por qué? - Lleva tiempo decidir.
¿Qué lleva tiempo? ¡Nos moriremos sin tenerlas!
Mire, la única vez que he votado, voté al partido de las casitas.
- ¿Qué casitas? - Diles que les voté. ¡Ayúdame!
¿Y me lo pides a mí? ¡Díselo a Manrico!
¡Cálmense! ¡Silencio!
He decidido que quiero el carné de aquí.
Aquí no damos carnés.
¿Por qué no?
Esto no es un partido.
- ¿Y qué es? - Un movimiento.
Entonces apunta: «Benassi se afilia».
No hay que apuntar nada. Me lo has dicho y ya está.
- ¿Puedo sentarme aquí? - Ahí.
- ¿Puedo leer? - Sí.
- La revolución... - Sí, sí.
- ¿Aquí está bien? - Sí, siéntate ahí.
Me falta poco.
He estudiado, me he leído un montón de libros.
Lo sé, lo sé. Has hecho muy bien.
Y me gusta esta situación.
Nadie te dice qué hacer. Se decide entre todos.
Es la diferencia principal.
Aquí somos todos iguales.
Uno sale, expresa su opinión y si la idea es buena...
- Todos al mismo nivel. - Exacto.
¡Por favor, votemos a mano alzada!
¿Quién está a favor de la acción?
- ¿A favor? - Sí, a favor.
- ¡A favor! - ¡A favor!
¡La lucha es justa y no nos asusta!
¡La lucha es justa y no nos asusta!
La pongo yo.
La pongo yo. ¿Sabes cuántas veces lo he hecho?
- A ver. - ¿Qué quieres ver?
¿Quién te la ha dado?
- Te va a explotar en la mano. - Se la dieron sus amigos.
Examigos.
Luego, cada uno por su cuenta.
¿Cómo coño la enciendes?
Las cerillas.
Compañeros, echemos una partidita mientras.
Muévete, imbécil.
No hay nadie, está libre.
Tapaos los oídos.
¡Corre! ¡Corre!
¿Dónde coño estáis?
- ¿Qué tal, Mario? - Bien, ¿y tú?
¡Ven aquí, no huyas! ¡Quiero decirte unas palabritas!
- No tengo nada que decirte. - ¡Yo sí!
¡Aún estoy pagando tu 600!
¡Quieto!
Esto es por lo que te enseñé.
¡Esto es por los cuernos!
Y esto...
porque te tenía por un hijo.
Y sí, eres un hijo.
¡Un hijo de puta!
Mario...
Mario...
¡Mario!
Mario...
No bromees.
No hagas el gilipollas.
Pero si ni te he tocado...
No jodas...
¡Me cago en la puta, Mario! ¡Me cago en la puta!
Aquella noche fue la más horrible de mi vida.
Corrí tanto que llegué al mar.
Accio...
¡Accio!
Sabía que estarías aquí.
¿Te has enterado?
Yo no lo maté, ¿eh?
Vino cabreadísimo, nos liamos a golpes y...
Más bien me pegó el a mí.
Y de repente...
Yo qué sé.
Pobre Mario.
Anda, venga.
No pasa nada.
Estás temblando.
¿Por qué tiemblas?
La verdad es que Manrico tenía la cabeza en otro sitio.
¿Qué pasa?
Director.
Han pegado un tiro a Marotti, el director de la fábrica.
No jodas.
¿Lo han matado?
No.
El tiro fue en la pierna.
Llevaba un maletín lleno de dinero.
Tengo que irme de aquí. Tengo que irme.
Tú también. ¿Qué coño haces aquí?
Vete. ¿Qué esperas, que vengan a detenerte?
Ya, pero ¿adónde voy a ir? Yo no conozco a nadie.
Con unos amigos míos. Irás de mi parte.
Te daré algo de dinero de la caja.
¿De qué caja?
¿En qué estáis metidos, Manrico?
¿Qué tenéis que ver con lo de la fábrica?
¿Le disparaste tú?
¿Qué dices?
¿Qué coño dices?
Te hemos preparado un cuarto. Puedes quedarte el tiempo que quieras.
Aquí estarás seguro.
Fabio, ven, ha llegado el hermano de Manrico.
¡Hola! ¿Cómo estás?
Ven, ponte cómodo.
Gracias.
Mi exilio en el Piamonte duró casi un año.
Lo de ser fugitivo me lo tomé demasiado a pecho.
Nastri murió de un infarto, el caso estaba cerrado
y a mí no me buscaba nadie.
Pero a Manrico se le pasó decírmelo.
Luego, cuando se acordó, decidió mandar a alguien.
Tío Accio.
Tío Accio. No «tiacho», sino tío Accio.
El hermano de papá. Nos parecemos, ¿no?
¿No nos parecemos un poco? ¿No?
Rompimos hace algunos meses.
Luego volvimos otra vez.
Me gustaría decirle que me deje en paz,
pero no puedo.
Lo veo y todo vuelve a empezar.
¿Y qué hace ahora Manrico?
¿Está en algún grupo extraparlamentario?
No lo sé.
Lo denunciaron por robo.
¡Está haciendo carrera!
Estoy peleada con mis padres. Me odian.
Y odian a Amedeo porque no soportan que haya tenido un hijo con un obrero.
Si quieres, puedes quedarte en casa.
- ¿En Turín? - Sí.
El último sitio donde debería estar es contigo.
Lo decía porque su padre nunca está.
- ¿Y a mí qué? - ¿Qué mosca te ha picado ahora?
¿Qué mosca me ha picado? Llévame a la estación. Me largo.
Ya me tienes harto.
Le había dicho que venía su tío, que lo llevarías a la feria.
¿Le has dicho que lo llevaría a la feria?
- ¡Venga! - ¡Francesca!
¡Para eso están los padres!
¡Pídeselo a ellos!
¡El tío Accio tiene vida propia!
- ¡Aunque sea una vida de mierda! - ¡No grites, lo asustas!
Déjame bajar, por favor.
Para aquí.
¡Joder!
¡Qué hartura!
Dicen que con los años mejoras.
Yo envejecía y punto.
Manrico estuvo dos años en el norte, organizando la revolución.
Hasta que un día...
- ¿Diga? - Hola, Accio.
- Soy Manrico. - ¡Manrico!
¿Qué tal? Hace siglos que no hablamos.
¿Sabes el armario de mi habitación? Hay una mochila con dinero.
Coge lo que necesites para venir a Turín y me la traes.
¿Diga?
¿Quién es?
Soy Accio. ¿No me reconoces?
- Estoy aquí. - ¿Dónde?
¡Pues en Turín!
- ¿Manrico no te ha dicho nada? - Llevo dos años sin verlo.
¿Otra vez peleados?
¡Francesca!
Francesca, soy yo otra vez.
A ver si lo entiendo, ¿hace dos años que no ve al niño?
- Olvida esa historia. - Voy a verlo. Puedo hablar con él.
Hemos quedado aquí, en el bar del Peso.
¡Francè!
Vaya par de dos.
La mochila.
He cogido dinero para el tren. Para la vuelta también.
Y para un bocadillo y un café.
¿Cómo están mamá y papá?
¿Qué?
Mira, el dinero es para comprar una casa
para mí, Francesca y el niño.
¿Todos juntitos?
¿De qué te ríes? Te juro que no estoy bromeando.
Conmigo no te justifiques.
Haz lo que te plazca, yo no pregunto nada.
Haz esa revolución de una vez.
¿Realmente pensáis que la clase obrera os seguirá?
Papá es de clase obrera.
¿Ves a papá con una pistola?
Pero da igual, es cosa vuestra.
De hecho, haces bien.
Hay que tomarse la vida así. Yo me la he tomado demasiado en serio.
- ¿Qué coño dices? - ¡Y yo qué sé!
Joder, Accio, ¿no te bastó con los guantazos que te di?
Yo te daría uno aquí.
No te atrevas, gilipollas.
- Un respeto, chaval. - Eh, portémonos bien.
¡Quítame las manos de encima!
Eres un gilipollas.
Un puto gilipollas.
Te he echado de menos.
¿Qué pasa?
- Es Francesca. - ¿Dónde?
¿La has avisado tú?
No, le dije que estaríamos aquí.
¿Qué pasa?
Nos vemos.
¡Alto! ¡Policía!
A Francesca la detuvieron acusada de complicidad.
A mí me soltaron al cabo de unos días.
Eh.
Ya hemos llegado.
¿Estás bien?
Mira, la casa de los abuelos. Toda rota.
Vamos.
Qué susto, creía que a ti también te habían matado.
Va.
Mira a la abuela.
Anda, vamos a la cocina.
A ver si encontramos una galleta.
Se parece a su padre.
Esperemos que no.
Y a ti también.
Pues vamos listos.
¡Qué gilipollas!
Violetta...
Venga.
Ya vale.
Buenas noches, ¿está la Sra. Biancopane?
Perdone la hora, llamo de la oficina de asignación de casas.
Estaba esperando... Sí, disculpe por la hora.
Las casas están listas y vamos a ocuparlas.
Están listas, sí.
Sr. Pelotti, aquí hay unos papeles...
Están todos los nombres. Llevan meses asignadas.
¿Cómo que lo había soñado?
¿Lo ve? Pero ahora...
No, ahora despierte a los niños.
Niños, abuelos... a todo el mundo.
Tenemos que ir a ocupar esas casas.
Tenemos las llaves, pero es mejor entrar ya.
Violetta, ¿cómo está mamá?
Levántala y pásamela, tengo buenas noticias.
- Del Vecchio. - Somos nosotros.
- Caruso. - Nosotros.
Calma, hay sitio para todos.
¡Es nuestra casa!
Nunca había tenido balcón.
Las flores las ponía...
en la bañera.
Si Manrico estuviera aquí, te traería rosas.
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