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- [Asistente] Oye, Matias, están listos para usted.
- Mis distinguidos invitados,
se dice que toda gran innovación
comienza como una idea en una página.
Pues bien, hoy vamos a ser testigos
de cómo una de esas ideas se hace realidad.
Les presento al Tacomatic.
El primer camión de tacos
con inteligencia artificial del mundo.
Aporta la cantidad perfecta de oferta
a la mayor cantidad de demanda
aprovechando las publicaciones en las redes sociales,
la información de localización,
el tiempo y los patrones de tráfico,
todo ello mientras produce las rutas
con mayor margen de ganancias
y la mejor satisfacción del cliente
que la tecnología puede ofrecer.
- ¡Oh!
- ¿Lo probamos?
Mmm, esta muy bueno. Les va a encantar.
Este es para usted.
Ahí lo tiene.
Hay muy pocas partes móviles.
El mantenimiento es muy mínimo.
Y después de esta primera ronda de financiación,
tendremos tres camiones más.
Podemos establecer una cadena de suministro adecuada.
- Mmm. Suena bien.
- Mmm...
Mmm, voy a revisarlo, si... Si le parece bien.
- ¡Oh, oh! Algo...
- [Voz del Tacomatic] Necesito obtener esto en gramos.
- [Mujer] Bueno, publicaré esto en mi TikTok.
- ¡No!
¡No se vayan!
¡No!
¡Tengo pico en mis pantalones!
- ¡Matias!
- ¡Es solo crema!
Emblematic Pictures presenta
Protagonizada por
Ramón O. Torres
Alma Martinez
Diana Torres
Jeff Meacham
Albert De Jong
y Marissa Reyes
Con Romi Dias
Reparto a cargo de Lisa Zambetti, CSA
Diseñador de producción Alessandra Manias
Supervisor musical Steve Berlin
Director de fotografía Travis Labella
Coproductor Francisco Covarrubias
Una producción de Miachael Karp
Ramón Torres y Nadia Zoe
Escrito por Ramón Torres y Nadia Zoe
Dirigido por Nadia Zoe
Un pequeño drama familiar
Solicitud para el programa de ciencias ambientales
- Hola, mamá.
Lo siento. El teléfono estaba en vibración.
- Habla con ella. - Hay un gran error
en el menú de la reunión.
- Bien, pero estoy bastante segura de que estaba bien
cuando me fui anoche.
Quiero decir...
- Demasiado salado. - ¿Perdón?
- No te hablaba a ti.
Más poblano y chocolate.
Siguen agregando demasiada sal al mole del Abuelo.
- [Cecilia] Bueno, si les das la receta...
- La mantuvo como un secreto familiar por una razón,
Cecilia.
Solo estoy siguiendo sus deseos.
El menú dice: "Cena anual de la familia Sepulveda"
y normalmente indicamos el año.
Que nos hayamos saltado un año
no significa que cambiemos las cosas.
¿Mija?
"Cena anual de la familia Sepulveda número 52"
- ¿Puedes ir a ver a Matias?
Me olvidé de llamar a su puerta esta mañana.
- Mamá, es un hombre adulto. Puede cuidarse solo.
- ¡Ay, mija, no digas eso!
Solo nos tiene a nosotros para cuidarlo.
Nos faltan servilletas.
- ¿Y la abuela? Han pasado casi seis meses.
- No quiero hablar de esa mujer.
- ¡Ay, mamá, ya basta!
Tú y la abuela tienen que hablar. Viven en la misma casa.
- Nadie necesita hablar, Cecilia.
Ahora, ve, por favor, a ver cómo está tu hermano.
Ninguno de los dos parece saber contestar al teléfono.
Eres responsable si llega tarde otra vez.
- Por supuesto.
Disculpen, está cerrado.
Hola, está abierto.
- [Yari] Kasey dijo que estaría aquí en quince minutos.
- Oh, para. Es la última vez que discutes.
No vas a subirte al auto
con esa imbécil de tu prima.
- ¿Por qué siguen aquí? - ¿Cuántos autos se ha llevado
de todos modos?, ¿eh?
- ¡Vas a llegar tarde! - Como cuatro.
- ¡Cuatro! - Yari, entra al auto
o te juro que publicaré tus fotos de bebé.
- Mamá, las amenazas solo funcionan
si realmente las cumples.
- No me tientes.
- ¿Papá puede al menos dejarme a una manzana de distancia?
- ¿Qué? - ¡Por favor!
- Cariño, no te preocupes.
Puedo usar mi placa oficial y acelerar como un loco.
- Eso no funciona con los guardias de seguridad.
- ¡Cinturón de seguridad, Yari!
Debería haberte enviado a un internado.
No puedo soportar mucho más esta fase
de: "Eres una vergüenza".
¿Cuándo voy a volver a ser un padre genial?
- Nunca fuiste un padre genial.
- Oh, ¿eso también? Y veo que te ríes de mi dolor.
- Yo diría que es más un dolor compartido.
- Ajá, ajá.
Oye, ven aquí. Dame un beso.
Oye, ¿ya hablaste con tu mamá?
- Lo haré. Ahora vete de aquí.
Tengo que ir a buscar a Matias.
- De acuerdo.
Hazme un favor. No seas dura con él.
- Has estado pasando demasiado tiempo con mi madre.
- No puedo evitar que me quiera.
- Yo también te quiero, cariño.
Buenos días.
- ¡Oh! Toma la de chocolate.
- Bien.
Gracias, abuela.
Pórtate bien con tu hermano. - "Con tu hermano".
Sí, lo sé, abuela.
¡Matias!
- ¡Solo es crema!
- Oh, cielos, Cecilia.
¿Por qué siempre haces eso?
- Porque es divertido.
Vamos. - Buenos días a ti también.
- Supongo que el camión de tacos
sigue atormentando tus sueños.
Deberías ver a alguien por eso.
Probablemente tienes TEPT o algo así.
Es decir, si yo...
- ¿Te importaría....?
Aviso de intención de ejecución hipotecaria
- Bueno, tal vez no deberías dejar tus cosas por ahí.
- Bueno, tal vez deberías irte de aquí.
- Lo haría, pero aparentemente alguien tiene que asegurarse
de que el niño de mamá llegue al trabajo a tiempo.
¿En serio? ¿La compra, el restaurante?
- Oh, lo siento. Lo olvidé.
Es que tengo muchas cosas en la cabeza.
¿No puedes encontrar a alguien más?
- No, estamos cortos de personal y aceptaste ayudar.
- De acuerdo, bueno, dame unos minutos.
- En serio, tienes diez y luego me voy.
- De acuerdo.
- Diez minutos, Matias. - Diez. Gracias, sí.
- ¡Diez minutos! - Iré. Estaré allí.
¡Vale, vete, vete, vete, vete, vete! ¡Vas a llegar tarde!
- Cecilia, Cecilia, Cecilia, ¡necesito hablar contigo!
- Conozco tus tácticas de retraso, abuela.
No voy a esperarlo. - Mija, por favor.
Estás caminando demasiado rápido para mi rodilla mala.
¡Ay, ay, ay, ay, ay!
- ¡Abuela!
Aviso de intención de ejecución hipotecaria
- Mija, necesito que me hagas un favor.
Dile a tu mama
que quiero terminar con la sopa.
Ya sabes, tu sopa vegana,
¿la que me enseñaste la semana pasada?
Tienes razón. Esta familia necesita comer menos carne.
- ¿De verdad lo crees?
Estupendo.
Oh, espera. No, no voy a decirle eso.
Se volverá loca. ¡No!
- Mija, mija, por favor.
Tu mamá me estresa.
- Abuela, tú y mamá no pueden seguir
usándonos a Matias y a mí como mensajeros.
Ustedes dos necesitan hablar.
- Gracias, abuela. - Oh.
- Mija... - ¡Lo sabía!
- Oh, no, no, no. - ¡Tácticas de retraso!
- Mija, hablo en serio.
Esta familia necesita nuevas tradiciones.
Y tú lo sabes, ujú.
Te agradezco que hables con tu madre por mí. Ay, dios.
Que tengas un buen día. ¡Adiós!
¡No, Matias!
No, no comas la rosa...
- ¿Qué dijo?
¿Siempre tienes que conducir así?
Mmm. Estos son realmente buenos.
- Oh, sí. - Ujú.
- Ese está adulterado.
- Marisella, Shelly, ¿pueden terminar de preparar todo?
La familia de Ainsley llegará en breve.
- Vas a estar bien. Apenas lo probaste.
- Hablaremos de su retraso más tarde.
- Marisella, cuando llegue la fiesta,
¿puedes atender a los VIP?
Tomaré las órdenes. Y Matias, ¿puedes atender las mesas?
- Puedo atender las mesas. Yo me encargo.
- ¿En serio?
- Cecilia, sé que ha pasado tiempo,
pero puedo atender las mesas.
- De acuerdo, gracias.
Empresario multimillonario, Trevor O'Leary,
una historia estadounidense
Convención de gente influyente
- Disculpe.
Disculpe.
Llamada entrante de Bank of Fargo
- ¿Hola? Él habla.
- ¡Señor! Sí.
¿Podría, por favor, servirnos un poco de agua para...?
Espere un momento.
¿De donde lo conozco?
- No creo que nos conozcamos.
- Eres ese hombre.
- Oh, no estoy seguro...
- ¡Oye, Ian!
Ven aquí, amigo.
- Yo...
- ¿Qué ocurre?
- Es el hombre del camión de tacos.
- ¡Oh, Dios mío, es él! ¡Es él!
- No, ese... ese no soy yo.
- Tienes que decirlo.
- No, no estoy seguro de que...
¿Decir qué?
- Vamos, amigo, ya sabes. - Mira esto.
- [Narrador de video] ¡Tengo pico en los pantalones!
- [Ian] ¡Ese eres tú! ¡Sí!
- Aunque en realidad no es tan gracioso.
- [Ian] Oh, eres el hombre. ¡Eres es el hombre!
Tienes que decirlo.
Solicitud para el programa de ciencias ambientales
Comunicación
Revise sus respuestas
- ¡Cecilia! ¿Por qué está Matias solo?
- Necesitaba que Shelly empezara a cubrir los descansos.
Estaba a punto de ir a ayudar.
- ¿Por qué propones chapulines en el menú?
A nadie le gustan los grillos.
- He estado investigando
sobre platos más ecológicos.
Tenemos tanta carne en el menú y los chapulines...
- Mija, entiendo que quieras ser ergonómica...
- Esa no es la palabra.
- Esto es tradición.
Hemos tenido los mismos platos en el restaurante
durante los últimos cincuenta años.
Ni una sola vez hemos servido chapulines ni nada diferente.
Y este año, sin el abuelo aquí,
necesitamos recordar y celebrar nuestras raíces.
- ¿Pero no crees que él hubiera querido que nosotros
construyéramos sobre su legado?
- Oh, mija, no me hables
como si no conociera a mi propio padre.
- Mamá, yo no...
- Mija, si de verdad quieres probar los chapulines,
podemos darnos un festín de grillos en tu casa.
Incluso dejaré que me enseñes a cocinarlos.
Pero no aquí. Seguiremos con la tradición.
- Bueno, hablando de tradición...
- ¿Qué?
- La abuela quiere terminar la cena familiar con una sopa.
- Por el amor de Dios
¡Te dije que no lo dejaras solo!
- Disculpen. Lo siento mucho.
- ¡Amigo, esto es seda!
- ¿Qué ha pasado?
- [Cecilia] Sr. Ainsley, ¿se encuentra bien?
- Este sujeto debería ganarse la vida haciendo comedias.
- ¡Matias, ve a limpiarte!
Llamada entrante de Bank of Fargo
Lo siento mucho. Mis más sinceras disculpas.
Esto no suele pasar.
- ¿Por qué te llama tu banco?
- Yo solo... Ya vuelvo.
- ¡Matias! - ¡Cecilia!
Mmm, vamos a arreglar todo esto y, por supuesto,
nos encargaremos de cualquier gasto de tintorería.
- Bueno, ¿hay algún margen?
Bueno, ¿no puedo hablar por los dos?
Bueno, ¿y si está enferma o algo así?
No, no, no, ella solo...
Está bien. Allí estaremos.
Sí. Gracias.
¿Abuela?
- Ayúdame a poner esto en la camioneta.
- [Matias] Estás... Espera, espera.
- Gracias, mijo. Eres una bendición, cariño.
- Espera, ¿adónde vas?
- Tengo más cosas.
- ¿Pero para qué es todo esto?
- Ponlo en la camioneta. La puerta está abierta.
Ve, ve.
- ¿Para qué es todo esto?
¡Abuela!
- ¡Bu! - ¡Jesús!
Oh.
- ¿Estás en problemas?
- No, yo... Yo solo...
- ¿Te escondías?
- Sí, me estoy escondiendo.
- Oh. Ayúdame con esto.
- ¿A dónde llevas esto?
- A la casa.
Mueve esa caja junto a la silla y pon esos ahí.
- ¿Para qué es esto?
- La cena de la reunión.
- ¿Qué cena de reunión? - Nuestra cena de reunión.
- ¿Nuestra cena de reunión familiar?
- Sí, Matias.
Deja de jugar.
Nuestra cena de reunión familiar.
Todos estarán allí mañana.
- Espera, ¿mamá lo sabe?
- [Anselma] Ella lo averiguará.
- ¿Cuándo?
- Imagino que cuando vea a todos en la casa.
- Pero ella ya encargó todo
para la cena al restaurante.
- Matias, Matias, ¿qué crees que es todo esto?
- ¿Estás robando la comida
de la cena de la reunión familiar?
- Mijo, mijo, no puedes robar lo que ya es tuyo.
- Pero, ¿y los demás?
- Todos lo saben ya.
- Bueno, yo no lo sabía.
Deberías revisar tu correo electrónico más a menudo.
- Abuela, esto es ridículo.
Ella está ahí. Solo ve a hablar con ella.
- No hablaré con ella hasta que se disculpe.
Ay, es muy terca y se aferra a sus costumbres y tradiciones.
Mijo, este año, de todos los años,
la familia necesita un nuevo comienzo.
Necesito un nuevo comienzo.
Algo nuevo.
- Abuela, esta pelea entre ustedes dos
está realmente fuera de control.
- Bueno, ella la empezó.
La escuchaste en el funeral,
gritando que mis conchas rosas hicieron esto
y que yo hice aquello.
Es decir, casi pensarías
que ella me estaba culpando por matar al abuelo.
- Sabes que ella no lo decía en serio.
- ¿De qué lado estás?
- Del de nadie, solo digo...
Cuando llegues a mi edad y tengas tus propios hijos...
Oh, lo que me recuerda
que me gustaría tener bisnietos antes de morir.
- Abuela, yo... - ¡Matias!
- ¡Diablos! - ¡Diablos!
Sigue cargando hasta que esté dentro.
¿Qué demonios está pasando aquí?
- ¿Qué parece que estamos haciendo? Sigue cargando.
- ¿Por qué tienen todas esas cosas?
¿Esos son mis chiles?
- ¿Qué están haciendo?
- ¿Qué parece que estoy haciendo?
Estoy ayudando a la abuela
a cargar estas provisiones en la camioneta.
- ¿Qué es...?
- Puedo hacerlo solo.
- Son mis chiles. Y sí, lo son.
- ¿Y qué piensas hacer con mis chiles?
- Voy a hacer chile con los chiles.
- ¿Por qué te llama tu banco?
- [Anselma] ¡Aún no estoy muerta, Victoria!
- No es asunto tuyo. No es importante.
No me haga preguntas.
- Ya veo, ¿y por qué estás...?
- Te voy a detener ahí.
Chile es lo que la gente pone en la comida para disfrutar.
- No seas grosera, mamá.
- A mí es a quien están interrogando aquí.
- Te conozco, Matias. Sé cuando escondes algo.
Haces eso de rascarte el pelo.
- No me rasco el pelo.
- ¿Lo ves? Lo acabas de hacer, ¡justo ahora!
- ¿Y qué es eso de que comeremos la sopa al final?
¿Desde cuándo esta familia sirve la sopa al final?
¿Lo ves? A esto me refiero.
Has estado tomando decisiones precipitadas.
- Oh, no es nada precipitado, Victoria.
Tienes que probar nuevas ideas para mantenerte joven.
Ese es tu problema.
Estás tan arraigada en el pasado que no te das cuenta.
- Ser errático no es ser inventivo.
Solo es una prueba más
de que estás perdiendo la noción de las cosas.
- Aún no he muerto, Victoria.
Sigo siendo una persona muy capaz.
- ¿Qué están haciendo ustedes dos?
¡Están actuando como niños!
- ¿Lo ves?, esto es exactamente por lo que necesitamos
tener la reunión en casa.
Esta familia necesita un cambio.
- ¿Perdón?
- ¿Sabías de esto?
- No. Me acabo de enterar ahora.
- Ya las envié. - ¿Cómo dices?
- Envié invitaciones a todo el mundo.
- ¿Lo hiciste a mis espaldas?
- No, lo hice de frente pero a tus espaldas.
Te dije que íbamos a tener la cena en la casa.
- ¡Oh, no! ¡Dijiste que ibas a tener una cena, no la cena!
- ¡Ay, ya, ya, Victoria, ya!
Ya llamé a Pancho y está de camino a la casa
para entregar el resto de las provisiones.
- ¿Y quién te va a ayudar?
- Tengo gente.
- ¿A dónde vas?
- Ella va a necesitar ayuda para descargar la camioneta.
- Solo dímelo.
- No hay nada que decir, Cecilia.
- ¿A dónde van todos?
¡Cecilia!
- ¿Qué estás haciendo?
No te dejaré hasta que me digas qué pasa.
- ¡Puedes venir a la cena o no! ¡Es tu elección!
¡No podría evitarlo aunque lo intentara!
¡Vivimos en la misma casa!
- ¡Entonces quédate en tu habitación!
- ¡Eso te gustaría!
¡Cecilia!
- [Cecilia] Te llamaré.
- ¿Vas a dejar a mamá sola en el restaurante?
- Oh, bien, nos vendría bien un par de manos extra.
- Necesito saber qué está pasando, Matias.
- Solo vete. Hay mucha responsabilidad en la cocina.
¿Qué estás haciendo? - ¡Cállense!
¡Necesito concentrarme!
- Vamos, enséñame.
- Déjame en paz.
Es solo una llamada telefónica.
- ¿Lo ves? ¿Lo ves?
- No, no hay nada. No pasa nada.
- Lo hiciste de nuevo.
Lo hiciste de nuevo. - Nadie llama.
- Dímelo. Vamos, dímelo, dímelo.
Dime qué está pasando.
- Todo va bien. Todo está bien, ¿de acuerdo?
Abuela, ¿podemos girar a la derecha aquí? Por favor.
- ¿Por qué?
- Tenemos que parar en el banco.
- Por supuesto.
- [Matias] Solo necesito más tiempo.
- Señor, ha estado ignorando nuestros avisos
durante los últimos seis meses.
Su única opción es pagar todo el saldo.
No hay otras opciones en este momento. Lo siento.
- ¿De cuánto tiempo disponemos?
- Bueno, usted recibió su aviso final hace tres días,
lo que significa que tiene dos días más
antes de que programen la subasta.
- ¿Cómo pudiste ser tan irresponsable?
- ¡Estaba intentándolo! Voy a arreglar esto.
- ¡Cecilia, ya!
- Mire.
Necesita contratar a un abogado.
- Gracias.
- Oh, antes de que se vaya, ¿es posible...?
Sé que no es el momento adecuado,
pero ¿es posible conseguir una foto con usted?
A mi hija le encanta su video.
- Le costaría 586 000 dólares.
- Esto es malo.
- Lo siento.
- ¿Saben lo que necesitamos? Algunas de mis conchas rosas.
- No te desvíes, abuela.
- Solo era una sugerencia.
Las cosas están muy tensas ahora.
- ¿Cómo sucedió esto?
- La abuela y yo firmamos de manera conjunta
un préstamo para el Tacomatic
y usamos el restaurante como garantía.
- No, lo que quería decir es, ¿por qué?
¿Por qué pensaste que era una buena idea
arriesgar nuestras vidas en tu estúpida idea?
- Ay, no seas grosera, Cecilia.
Fue una gran idea, mijo.
- Gracias, abuela.
- Vamos a perder el restaurante, abuela,
a menos que por casualidad tengas medio millón de dólares
en alguna parte.
- Lo hacía por todos nosotros.
Habría cambiado nuestras vidas.
- ¡Oh! Claro.
Matias y sus actos desinteresados.
Haciendo cosas por nosotros
y sin embargo nunca incluyéndonos.
- Habría funcionado.
- ¡Ay, basta! ¡Los dos!
- Mamá va a estar destrozada.
- No es su restaurante. Es mi restaurante.
- Yo solo... No puedo estar con ustedes dos en este momento.
- Voy a arreglar esto.
- Sé que lo harás, mijo. Confío en ti.
- ¡Yari, la cena está lista! - ¡No tengo hambre!
- ¡No me importa!
- Cariño.
Seguirá llamando.
- Oh, Dios.
- Hola, mamá.
Sí, lo sé. Lo siento, el teléfono estaba en vibración.
Me retrasé. Lo siento, lo siento.
Matias se lastimó la espalda ayudando a la abuela.
Oh, no, no, no. Él está bien.
Está bien. Está bien, adiós.
- ¿Cómo se lastimó Matias la espalda?
- No lo hizo. Solo me vi envuelta en su caos.
- Mmm, lo siento.
- ¿Sabías que este año la abuela celebrará la cena
en su casa?
- Sí, recibí la invitación electrónica.
Pensé que tú también la habrías recibido.
- Bueno, no lo hice.
- Oh, de acuerdo. Lo siento.
- ¿Podemos hablar?
- Claro.
Iré a buscar a Yari.
- ¿Se lo dirás a mamá?
- Tal vez.
No, claro que no.
Pero alguien tiene que decírselo
y ese alguien deberías ser tú.
- No puedo. Sabes lo que ella siente por ese lugar.
- Lo sé.
- La última vez, le hablé de la posibilidad de cambiar
los azulejos del cuarto de baño y empezó a llorar.
- Ni siquiera me hagas hablar del mole.
- Voy a hacer esto bien, Cecilia. Tengo un plan.
- Bueno, tal vez no sea el fin del mundo si lo perdemos.
- ¿Qué?
- Entonces,
¿el tío fracasado se unirá a nosotros para la cena?
- Yari, ¿podemos tener una noche sin tu mala actitud?
- Solo estoy repitiendo lo que tú y mamá dicen.
- ¿En serio?
- Solo se está metiendo contigo.
- Ujú.
- Yo también fui un adolescente molesto una vez.
- Era el peor.
- Se necesita uno para identificar a otro.
- Es inspirador. ¿Te unes a nosotros para cenar?
- Mmm... Sí.
Iba a dejar de hacer el papel de ermitaño en mi habitación
probar algo nuevo.
- Hagámoslo.
¡Pizza! - ¡Sí! ¡Sí!
- Adelante.
- ¿Puedo agarrar esa? - ¿Quieres esa? Sí.
- Lo sé, pero vamos.
De acuerdo. Buen provecho.
Matias, si no te importa,
hazme un pago de cinco dólares por Venmo, ¿si?
- ¡Papá! - Está bien, está bien.
No lo hagas.
- Quiero otro bebé, así que vamos a hacerlo.
- No, por favor, no. - Oh.
Hola, mamá.
- Ah.
¿Cómo está la espalda de mi pequeño?
- Se tomó una aspirina y prometió
que no ayudará a la abuela a cargar más peso, ¿cierto?
- Sí. Oh, sí, se siente mucho mejor.
- Bien.
Pero si le duele algo mañana,
Mi comadre dice que te pongas VapoRub
con algo de CBD.
Su médico se lo recomendó.
- ¿CBD?
Sí, eso.
- Mamá, ¿sabes lo que es el CBD?
- Sí. Es un medicamento
contra la enfermedad crónica de la espalda o algo así.
Su médico se lo recomendó.
- Seguro.
- Seguro que la abuela tiene un poco.
- Ay, no me importa lo que use esa mujer.
¿Qué están comiendo? ¿Pizza?
- Mamá, tranquila. Es la noche de Jason y eligió pizza.
- Sí. - Jason, por favor.
¡No más de esta basura!
- No es basura, es pizza. Es italiana.
- Mmm.
¿Dónde está Yari?
- Preparándose para ir a la cama.
- De acuerdo, subiré a darle las buenas noches.
Ten cuidado, mijo.
- Gracias, mamá.
- Buenas noches, mamá.
¿Hablaste con ella? - Espera, ¿hablaste con ella?
Pensé que no hablarías con ella.
- ¿Cuándo tendría tiempo para hablar con ella?
- ¿Por qué no hablarías con ella?
- No, no, no. Se supone que no debes hablar con ella.
- No, se supone que hable con ella.
- Espera, no creo que debas hablar con ella.
Lo acordamos.
- ¿De qué estás hablando?
- No te voy a decir de qué estoy hablando.
- Bueno, yo no voy a decirte de qué estoy hablando.
- No estoy hablando de nada.
- No, estás hablando de algo
y siento que es diferente de lo que estoy hablando.
- Bueno, probablemente es...
Iba a hablar con...
Bueno, ¿sabes? Tú empezaste.
- Yo no lo empecé.
Solo siento que lo tuyo es peor que lo mío.
Lo mío no es para tanto.
- Lo mío definitivamente no es gran trato.
Es algo de muy bajo perfil.
- Chicos, paren. - Oh, te conozco, Matias,
eso es seguro.
- Estamos hablando de dos cosas diferentes.
- ¿Ves? - Oh.
- Eres tan desordenada como lo era tu madre a tu edad.
Me sorprende que no esté más encima de ti
para mantener esta habitación en orden.
- No, ella lo intenta.
- Seguro que lo hace.
Deberías ser un poco más suave con ella, ¿sabes?
Ella trabaja muy duro.
- No, lo sé, es solo que...
¿por qué tiene que ser tan molesta con todo?
- Porque ella quiere lo mejor para ti
y a veces eso sale de una manera
que ninguna de las dos disfruta.
Entonces,
¿qué está pasando en la escuela?
- Nada. Todo va bien.
- Eso no es lo que he oído.
- ¿Cuándo se va a enterar del CDB?
No tengo ni idea. No se lo voy a decir.
- Nadie se lo va a decir. Ella tiene que enterarse.
Entonces,
¿vas a involucrarme en tu plan?
- ¿Vas a guardar silencio?
- Ya dije que lo haría. ¡Cielos!
- [Jason] Ya veo cómo es.
Solo me dejan limpiando. Está bien.
- ¡Te quiero, cariño!
¿Entonces? ¿Vas a dejarme en suspenso?
- Estoy intentando convencer a tu madre
para que te deje venir a trabajar al restaurante.
Podría ser divertido
y creo que la responsabilidad sería buena para ti.
Fue bueno para tu madre cuando tenía tu edad.
- Le preocupa que interfiera con mis notas
y a entrar en una buena escuela.
- Ninguno de nosotros fue a la escuela y estamos bien.
No, lo sé, abuela, pero quiero ir.
A pesar de mi necesidad de discutir con la autoridad,
mis notas son buenas
y mi consejero dice que tengo muy buenas posibilidades.
- Yari, mi padre estaría muy orgulloso
de la persona en la que te estás convirtiendo.
Siento mucho que no hayas podido pasar más tiempo con él.
La próxima vez que vengas al restaurante,
te haré sus famosas donas de churro.
Probablemente no recuerdes que te las hiciera.
- No, sí que los recuerdo.
Estoy segura de que se llaman "crullers".
- No, se llaman donas de churro.
- Abuela, puedes comprarlas en Dunkin.
- ¡No discutas con tu abuela!
- ¡No lo hago! - ¡Siempre tengo razón!
- ¡No!
- "Abuela, tienes razón. Tienes razón".
- [Yari] ¡De acuerdo, tienes razón, tienes razón!
- Tengo razón. Tengo razón.
- ¿Puedes cubrirme mañana, solo para los preparativos?
Volveré para la cena.
- ¿Qué... Qué estás planeando?
- ¿Sabes quién es Trevor O'Leary?
Bueno, va a estar en un evento en el centro mañana.
Algún evento de personas influyentes de marketing.
Y como aparentemente soy una sensación de internet,
estaba pensando que podría entrar allí
y hablarle del proyecto del restaurante.
- ¿Trevor O'Leary? ¿El Trevor O'Leary?
- Sí.
- Bueno, él es muy importante, Matias.
No va a ser tan fácil llegar a él.
De hecho, una vez traté de escribirle un mensaje directo
sobre un proyecto que tiene
con combustibles a base de hidrógeno.
Nunca me contestó.
- Bueno, quizás es porque es una persona de gran nombre
y la gente de gran nombre
en realidad no responde a sus mensajes directos.
Tiene como un millón de seguidores.
- Bueno, valía la pena intentarlo.
- ¿Y desde cuándo te interesan
los combustibles a base de hidrógeno?
- Desde siempre. Tenía otros intereses, Matias.
Trabajar en el restaurante no era mi sueño. Ya lo sabes.
- Deberías considerar ir a la escuela.
En realidad, siempre me pregunté
por qué no fuiste a la universidad.
- ¿Hablas en serio?
- Sí. Siempre hablabas de ello.
Como que querías ir y nunca lo hiciste.
Solo pensé que era porque querías
empezar una familia. - ¿En serio, Matias?
- ¿Qué te dije?
- Matias, ¿olvidaste completamente
lo que pasó en esa época?
- Cecilia, yo estaba allí.
Yo estaba allí cuando papá se fue.
Pude haber ayudado a mamá.
- Bueno, no lo hiciste. Me lo dejaste a mí.
- Eso es muy injusto. Yo hice que funcionara.
Tú también podrías haber hecho que funcionara.
- Claro que pensarías así.
No sabes...
Ni siquiera sé por qué lo intento.
- ¡Cecilia!
- Mira, te cubriré mañana.
Pero si abres un poco más los ojos
y sacas tu cabeza de tu trasero
verías cómo son realmente las cosas en esta familia.
Las cosas han mal durante mucho tiempo,
mucho antes de... - Cecilia, arreglaré esto.
¿Llaman a la puerta? ¡Matias!
¡Oh! - ¡Lo siento mucho!
- ¿Quién eres y para qué son esas flores?
- Mmm, son para la fiesta.
- ¿Qué fiesta?
- La de Anselma.
- ¿Somos parientes?
- Perdone. - Discúlpeme. Disculpe.
- ¿Qué hace en mi casa?
- ¿No es esta la casa de Anselma?
- Sí, pero no, yo también vivo aquí.
- Oh, yo... Oh, flores.
Puede ponerlas en cualquier lugar de la cocina.
Buenos días. - Hola.
- ¿Has visto a Cecilia? - ¿Dónde está la cocina?
- Al final del pasillo y a la izquierda.
Matias, ¿por qué estás...?
Hola, disculpe.
Oh. - Oh, disculpe.
- Ah, pon esa caja en la mesa del bufet en el patio trasero.
- [Trabajador] Bien, entendido.
- Bien, te levantaste.
- ¿Esperabas que no lo estuviera?
- Oh, olvidaste algo.
- Oh.
¿Quién es toda esta gente?
- Son mi gente. Te lo dije, tengo gente.
- Sí, pero ¿quiénes son?
¿Es esa la sopa con la que supuestamente vamos a terminar
en lugar de empezar la cena?
- Victoria, ¿podrías ir a mi habitación
y agarrar el reposado de debajo de mi cama?
Sebastian llegará pronto.
¿Sabías que tu hermano es ahora un buscador de champiñones?
¿Puedes creerlo?
- Puede conseguirlas él mismo.
¡Y no vamos a terminar la cena con esa sopa!
- ¡Oh, mamá!
¡Matias!
- Cecilia. Hola.
Me tengo que ir. ¿Esos son los tamales?
- Sí, sí.
Mamá llegó a mi cocina
a las cinco de la mañana para prepararlos,
ya que aparentemente esa mujer
no la dejaba tocar nada en su cocina.
- De acuerdo. Eso apesta.
Volveré para la cena. ¿Aún podrás cubrirme?
- Sí, lo haré. ¿Pero puedes estar de vuelta para la cena?
No siempre eres la persona más puntual.
- Sí, sí, lo prometo.
Ah y asegúrate de mantener a mamá ocupada.
La abuela está pagando a todos con conchas rosas.
- Oh, de acuerdo.
- Deséame suerte. - ¿Qué hay de mí?
- Estarás bien.
- Al menos habla conmigo. - No.
- ¿Desde cuando terminamos con la sopa?
Oh, Cecilia está aquí. Veamos lo que piensa.
Cecilia, tu abuela quiere terminar con una sopa,
en lugar de como terminamos tradicionalmente
nuestras comidas, con tamales.
- Mmm. Yo solo voy a dejar los tamales aquí.
- ¿Ves? Ella está de acuerdo conmigo.
Terminamos con tamales.
¿Dónde está Matias?
- Está haciendo un recado.
Pero Yaretzi y Jason vendrán en un rato a ayudar.
Mamá, tienes...
- ¡Ay!
Si no tuviéramos a todos estos extraños
corriendo por la casa
podría terminar de prepararme.
Recuerden mis palabras. Todos serán asesinados al atardecer.
- ¡Y yo soy la irracional! ¡Eh!
- ¡Ay! ¡Hola, Sebastian!
¡Llegaste! ¡Ay!
- ¡Ta da!
- Los trajiste.
- Claro que sí.
Son los porcinis de los que le hablé,
los que coseché con mis propias manos
en los Alpes italianos.
- Mmm. Huelen de maravilla, mijo. Gracias.
Mira, no se lo digas a tu hermana,
pero estoy usando una receta de pozole sin carne este año,
hecha con garbanzos
y champiñones.
- Estamos muy contentos de tenerte aquí.
Aquí tienes. Aquí está la credencial.
- Encantador.
- Sí y veo que tienes 100 000 seguidores. Eso es estupendo.
Asegúrate de revisar el seminario en 3B
sobre cómo aumentar tu presencia.
Hola. ¿Cúal es tu nombre?
- Mmm, en realidad, creo que hubo un descuido.
Mi nombre no estaba en la lista. Matias Sepulveda.
- De acuerdo, si tu nombre no está en la lista,
entonces realmente no hay nada que pueda hacer.
- Oh, pero verás, soy un influyente de redes sociales.
No tengo todos los seguidores,
pero tengo un video que se hizo viral.
He influido en la sociedad a muchos niveles,
así que soy un influyente de redes sociales
y por lo tanto deberían dejarme entrar
al evento de influyentes de redes sociales.
- De acuerdo, bueno, ¿tienes patrocinio?
- No.
- No veo cómo esperas que te deje entrar en este evento
si no estás en la lista.
Espere un momento.
¿No es usted
el...?
- Sí, en realidad, el único e inigualable...
Oh, puede dejarme entrar ahora.
- Es decir, todas estas personas aquí
tienen algún tipo de presencia en las redes sociales
o tienen 100 000 seguidores.
Su situación es algo diferente.
Pero podría hacer una excepción.
Si usted lo dice.
- Aunque en realidad no lo dije.
Usted vio el texto en el video.
- De todos modos, me gustaría oírlo.
- Preferiría no hacerlo. Seguro tiene cosas que hacer.
- Está bien, no tengo tiempo para esto. ¡Siguiente!
- Tengo pico en mis pantalones.
- Creo que puede hacerlo mejor que eso.
- Tengo pico en mis pantalones.
- Vamos.
- Tengo pico en mis pantalones.
- Ajá.
♪ Tengo pico en mis pantalones ♪
- ¡Tengo pico en mis pantalones!
¡Tengo pico en mis pantalones!
¡Tengo pico...!
¡Tengo pico en mis pantalones!
¡Tengo pico en mis pantalones!
- Perfecto. De acuerdo, lo tengo.
Estoy satisfecha. Aquí tienes.
Gracias.
- Muy bien.
Tengo dos más para ti.
- Oh, esos se ven bien.
- No está mal, ¿eh?
- Gracias, mijo.
- Mmm.
Veo que ella los puso a todos a trabajar.
- No sé lo que planeas hacer con ese delantal,
pero no vas a cocinar en mi cocina para mi cena.
- ¿Te refieres a la cena que me robaste,
que se suponía que iba a ser en el restaurante,
como se hace normalmente?
- No, no, no, no.
No le vas a quitar dinero a mi hija.
Las apuestas paralelas no están permitidas en esta familia.
- Nos ceñiremos a los juegos de beber.
- Oh, así es. - Victoria, se acabó.
La cena está en marcha.
Y además, ¿viste los champiñones que trajo tu hermano,
desde Italia?
- Mmm. Por supuesto que los trajo.
¡Qué bien que te unas a nosotros, Sebastian!
- ¡Yo también me alegro de verte, hermanita!
Hey, ¿escuchaste eso? Pozole vegano.
Apuesto a que no servirían eso en el restaurante.
- No seas sangrón.
- ¿Qué? No estoy siendo malo.
- ¿Sabes qué?
Voy a preparar los platos para los tamales de papá
con los que terminaremos.
- Ahí está.
El chico del pico en los pantalones.
- Disculpe...
Disculpen, yo...
Trevor O'Leary hoy a las 2:30 p. m. en la sala Sunshine.
- Oh.
¡Hermoso!
Muchas gracias por el duro trabajo.
Puse algunos extra para los demás.
- ¡Oh, gracias!
- Es una buena trabajadora, pero no del todo.
- [Mujer] Oye, ¿sigues ese nuevo micro...?
- Disculpe, ¿sabe dónde está la sala Sunshine?
Sunshine...
- [Mujer] Deberíamos experimentar
con diferentes formatos.
Video, anuncios en carrusel, lo que sea.
- Discúlpeme. ¿Sabe dónde puedo encontrar a Trevor O'Leary?
- ¿Matias?
Matias.
Un segundo.
Matias, ¿me estás evitando?
- Oh, no, no, es que no te había visto.
Oh, ¿qué estás haciendo aquí?
Nunca hubiera imaginado verte aquí
ni en un millón de años.
- Mmm, estoy aquí con Trevor O'Leary.
- ¿Trabajas para él?
Pensé que trabajabas en alguna firma de capital privado.
- Mmm...
Estoy con Trevor.
- ¡Oh!
Oh, cierto. - Sí.
Ha pasado un tiempo.
Mmm, de todos modos, uh, ¿cómo está tu familia?
¿Estás en la ciudad para la cena de reunión?
- Sí. - Ya sabes,
la abuela todavía me envía boletines todos los años.
Mmm, estoy...
Lamenté mucho lo del abuelo.
Pensé en pasar por la cena para presentar mis respetos,
pero pensé que sería incómodo, porque no hemos hablado.
- Eres más que bienvenido a venir a la cena familiar.
Mi familia aún habla de ti todo el tiempo.
Es un poco raro que mi abuela
te envíe boletines, pero supongo que está bien.
Es algo bueno.
- Sí, bueno.
Bueno, fue bueno verte. Tengo que irme.
- Escucha, Hanz.
Tengo que pedirte un favor.
♪ Una copa para ti ♪
Felicidades.
Disfrútalo. Lo hice especialmente para ti.
- Ni un momento antes de tiempo.
- Buen provecho. - Salud.
- Sigo sin entender por qué escondes
tequila debajo de la cama, mamá.
- Ah, es muy seguro.
Así siempre sé dónde están mis objetos de valor.
Es bueno saberlo para cuando me muera.
- ¡Ay, mamá!
- ¿Por qué tienes que ser tan morbosa?
- Perdona, ¿te estoy hablando a ti?
Tienes suerte de que comparta mi cocina contigo.
- ¡Oh! - ¡Ja!
- ¡Cecilia!
¿Dónde está Matias?
- Oh...
Yo solo estoy rellenando mi bebida.
Creo que hay alguien ahí fuera. De hecho, déjame ver.
¡Demonios, Matias!
- [Victoria] ¡Cecilia!
¡Cecilia!
¿Dónde estás?
- Bien, te conseguí diez minutos.
Tiene una reunión al otro lado de la ciudad
en menos de una hora,
pero acaba de terminar el seminario,
así que está de buen humor.
- ¿Crees que es una buena idea?
- Oh, confía en mí. Hará tiempo para un viejo amigo mío.
- ¿Viejo amigo? ¿Eso es lo que soy?
- Para él eso es lo que eres.
- Gracias. Definitivamente le debo mi riñón izquierdo.
- Oh, no. Quédate con tus órganos.
Tal vez podrías reservarme
algunas de las conchas rosas de la abuela.
Quiero que algunos de mis amigos las prueben.
Espera aquí.
- ¡Sebastian!
¡Saca otra botella de tequila de debajo de mi cama, mijo!
- Hola. Traje postre.
- ¡Oh!
- Hola, hola, hola.
- ¡Qué gusto verte!
- ¿Todo bien?
- Muchas gracias, sobrina.
Ahora, ¿podrías poner el postre en la mesa de afuera?
- Ajá. Muy bien.
- Serviré la cena en un minuto.
- De acuerdo.
- Y, oh, Omar.
- Ay, esta nueva empresa para la que trabaja,
juro que lo envían a...
¿Qué? - ¿Puedo irme?
- Kasey, ¿te gustaría saludar a tu familia
antes de que te escapes con Yari?
- Hola.
- Oh, mira ese maquillaje.
- Mira cómo has crecido. Me alegro de verte, mija.
Ahora, sé que estás ansiosa
por hablar con tu prima, así que vete.
Vamos, vamos, vamos, vamos.
- ¡Yari! - ¡Hola!
- ¡Hola, te extrañé!
- Victoria, ¿por qué no haces algo útil
y le enseñas a Ximena dónde está la mesa de postres?
Aquí todo está bajo control.
- Hola.
- ¡Hola!
¿Quieres ayuda con estas cosas?
- Sí, por favor. - ¿Tienen postres aquí?
- Aparentemente hay una mesa afuera.
- Muy bien, agarra esa.
- Salgamos de esta cocina.
Podemos hablar afuera.
- En fin... De acuerdo, tengo algo que decirte.
Traje algo que va a resolver todos nuestros problemas.
- No lo sé, Kasey. Tus ideas no siempre son las mejores.
- ¿En serio? Yari, vamos, va a estar bien.
Te va a encantar. Vamos, vamos.
- ¡Oh, oh! Siempre estás comiendo algo a escondidas.
No vas a comer postre antes de la cena.
Ve afuera. Hay mucho que preparar.
¡Vamos, vamos, vamos! - ¡Bien!
- ¡Yari, vamos!
- Ay, aquí, mija. Lleva esto contigo.
Ahora ve, necesitan tu ayuda. Date prisa.
Vamos. Vamos a comer pronto.
¡Sebastian!
¿Trajiste otra...?
- Preparemos esto para la próxima vez.
Creo que salió muy bien.
- Trevor, este es mi viejo amigo, Matias Sepulveda,
del que te hablaba.
- Matias, sí. Eres el chico de la abuela graciosa.
- Sí. - Ella es todo un personaje.
- Lo es.
En realidad quería hablarte de eso.
- Oh.
- Mmm, nuestra familia ha sido propietaria de un restaurante
durante más de cincuenta años
y sé que es un inversor ángel
que se preocupa por las pequeñas empresas,
así que esperaba poder hablar contigo sobre...
- Bueno, ¿tienes una presentación?
Estoy seguro de que al equipo de inversión
le encantaría escucharla,
pero tengo que estar en algún lugar
al otro lado de la ciudad en una hora.
- Trevor, puedes disponer de unos minutos.
- Habla rápido.
- Gracias.
- ¿Qué has tramado esta vez?
- Yari, oh, Dios mío.
Fue mucho más fácil de lo que pensé que iba a ser.
Pensé que íbamos a tener que hacer
algo al estilo de "Misión Imposible".
- ¿Qué hiciste?
Nada. La verdad es que nada.
Es decir, la bisabuela fue quién lo hizo.
- Sí, ¿y...?
- De acuerdo, puede que haya traído algunos hongos
que agarré del almacén de mi padre antes de que se fuera.
Y puede que se los hayan agregado a la sopa
con la esperanza de que nuestra familia termine drogada
y todos se den cuenta de lo estúpidas que son sus peleas.
Genial, ¿cierto?
- ¡Estamos perdidos!
- Oh, va a estar muy bueno.
Relájate, está bien. - ¿Pero qué pasa con tu madre?
- Ni siquiera se va a dar cuenta.
- No, mija.
Dicen que la edad es solo un número, pero díselo a mis pies.
- Espero que estés usando plantillas.
- Ay, por Dios, mi juanete.
Siéntate ahí.
- Oh, eso está caliente.
- Entonces, cuéntame.
¿Qué está pasando con Omar?
- Oh, no, todo está bien.
Bueno, no bien, pero
nos arreglamos.
- Ximena.
- Sebastian.
- Oh, me encanta la nueva nariz.
Me alegro de que por fin te ocuparas de eso
después del incidente de la piscina del 98.
- Se llama contorno, idiota.
- Sebastian,
creo que algunos champiñones en el jardín delantero.
¿Podrías ir a buscarlos?
Pero date prisa, puede que sean raros.
- Los celos no te sientan bien, hermanita.
- Ay, no te preocupes por él.
Estoy un poco más preocupada
por lo que está pasando aquí.
¿Qué están tramando estas dos?
- Ay, solo están siendo niñas.
- Mmm.
- Oh, hola.
- ¿Qué están haciendo?
- Nada. - Nada.
- Mmm. Bueno, no se queden ahí paradas.
Lleven esto a la mesa. - De acuerdo.
- De acuerdo.
- Espera.
- ¿Qué?
- No sé cómo vamos a salir de esta.
- Saldrá bien.
Lo probé con la familia de mi papá la Navidad pasada.
Todos pensaron que era intoxicación alimenticia.
Pero digamos que nunca había oído a mi tía Patricia
hablar tan abiertamente sobre sus preferencias sexuales.
- ¡Qué asco!
- Ahora, tanto si querían que saliera a la luz como si no,
pues ahora ya es público.
¡Yari!
- Bien, pero por si acaso,
yo digo que lo grabemos todo en video
y luego retengamos las imágenes para pedir rescate.
- Me encantan tus ideas. Sí, hagámoslo.
- Sería bueno que trajeran esos platos hoy.
- De acuerdo, lo siento. - Oh.
- Lo siento.
- Voy a detenerlo ahí. Realmente necesito irme.
Pero fue un placer conocerte, Matias.
- El placer fue todo mío, Sr. O'Leary.
- Trevor, por favor.
- Trevor. - Sí.
- Entonces, ¿cuándo me enteraré?
- Haré que alguien se ponga en contacto el lunes.
- Estupendo. - De acuerdo.
¿H?
- ¿Si?
- Mira, entiendo que ese sujeto
es tu viejo amigo o lo que sea.
No me sorprendas con cosas así nunca más, ¿de acuerdo?
Lo entiendo. Parece bien intencionado.
Lo siento por él, de verdad. Parece un buen sujeto.
Quizá su restaurante no sea un espectáculo de terror.
No me importa.
Sé quién es ese sujeto. Es un chiste.
Es tóxico. Nadie va a querer tener nada que ver con él.
Nadie se va a acercar a ese sujeto, especialmente yo.
- Entendido.
- Vámonos.
- ¡Sí!
Lo siento. Solo quería darle las gracias.
- De nada.
- Creo que salió muy bien. Voy a decírselo a todo el mundo.
- Tal vez deba esperar hasta el lunes.
- Oh, claro, claro. Solo estoy emocionado.
Entonces, ¿quieres acompañarnos en la cena?
- Oh, por supuesto.
Oye, ¿cuántas de las conchas rosas de la abuela
cree que me puedo llevar?
Sabes que sería un negocio muy exitoso
si invirtieras en una tienda física.
- Deberías decirle eso a mi madre.
- Hablaré con ella. - Hecho.
- Ya estoy lleno. Ya me estoy llenando.
- Oh, voy a matarlo.
- Vendrá. Eso espero.
- ¿Dónde está? - Ya viene.
- Estará en camino.
- Llevas horas diciendo eso. Dame tu teléfono.
- Mamá, por favor. - Mamá, está bien.
Estará aquí en un rato.
- ¿No irían a empezar sin mí?
Mira a quién traje. ¡Traje compañía!
- [Hanz] Espero que esté bien que me haya colado.
- ¡Hola, Hanz!
No te estás colando si tienes invitación.
- ¿Todo bien? - Me alegro de verte, mijo.
¿Cuándo van a volver a estar juntos, eh?
- Acaba de llegar, abuela.
¿Recuerdas a mi hermana? - Hola.
- Me alegro de volver a verla.
- Sebastian, hijo mío,
¿por qué no traes un cubierto para nuestro invitado?
- ¿Recuerdas a Hanz? - Sí.
- ¿Recuerdas esto?
Ya está, ya está. Lo tengo.
- ¡Hey, has vuelto!
- Recibió una invitación. ¡Incómodo!
- Y ya no puedes beber más.
- ¿Te acuerdas de Hanz? - ¡Hanz!
Me alegro de verte, amigo. Bienvenido.
- Ahora que estamos todos aquí...
- Sí, ahora que estamos todos aquí...
- Quiero darles las gracias a todos...
- Me gustaría darles las gracias a todos...
- Oh, Dios.
- [Ambas] ¡Bienvenidos a la cena de la familia Sepulveda!
- ¿Qué me perdí?
- Vas a necesitar esto.
- Por favor, Victoria, tienes algo que decir.
- No me hagas favores.
- No lo hago. Te estoy dando lo que quieres.
Esta es tu cena, ¿cierto?
Yo empecé la tradición hace solo cincuenta años.
- No, no, no. No, no. - Es mía.
Mira, sé que tenías que cuidar de papá,
pero alguien tenía que mantener las tradiciones.
- Victoria, no quería quitarte esto.
Por favor.
- Te agradezco que lo digas.
Solo quiero darles las gracias por venir.
Puede que no estemos todos juntos,
pero con suerte, un día no muy lejano,
nos reuniremos todos de nuevo
como lo hemos hecho en el pasado.
Una gran cena familiar en el restaurante.
Mi padre era un hombre increíble.
Le echo mucho de menos.
Pero su legado sigue aquí.
Podemos saborearlo en su mole...
- ¡Ja!
- Y verlo en la gente que nos rodea.
Así que levantemos una copa en su recuerdo.
- ¡Todavía lo tienen en un pedestal!
Obtuvo la receta del mole de una bolsa de chiles secos
que compramos en una tienda de comestibles en Oaxaca.
- Y en ese sentido, comamos.
- ¡Sí! - ¡Sí!
- ¿Perdón?
- Sí, mamá, vamos a comer.
- Victoria, gracias, ha sido un discurso encantador.
Ahora, si todos guardan sitio
al final de la comida para el último plato...
Es un poco poco tradicional.
Vamos a terminar la cena con una sugerencia
de mi hermosa nieta, Cecilia.
Se trata
de un pozole vegano.
Salud.
- [Jason] Ahí vamos. Gracias, gracias.
- Gracias, gracias, gracias.
- ¿Todo esta bien?
- Sí, todo bien.
- ¿Comiste suficiente?
- Mmm. Está bueno.
- Sí, es jugo. Margarita.
No lo hagas. Lo juro por Dios.
- Dejé la carne.
Es algo nuevo.
Aunque me encantan las bebidas.
- Déjame traerte algo.
- No, no, no, está bien, está bien.
- Dios mío.
- ¿Puedo servir la sopa de Hanz?
- Por supuesto.
¿Está bien?
- Dejó de comer carne.
- Ah, ¿es vegetariano?
- Sí.
- No me traigas nada. No traigas un tazón aquí.
Ponlo en ese lado de tu plato.
- Como quieras. Te odio.
- ¡Por fin! ¡Sí!
- ¡Menos mal!
Estaba esperando a que alguien se sirviera primero.
Me muero por probar mis porcinis.
- Toma. Déjame servirte algunos.
- Entonces, tú y Hanz, ¿eh?
¿Vuelven a estar juntos?
- No, él es... Eh, él ha seguido adelante. Solo digo.
- ¿Entonces por qué demonios lo traes a una cena familiar?
- ¿Ves lo que le has hecho a ese hombre?
¿Emocionado por la sopa de champiñones?
No piensa en nada más. No quiere nada más.
- Absolutamente. Conduciría un auto de porcini.
- Lo llaman "Porschini".
- Eso es. Un "Porschini".
Gracias. Gracias.
- Siento que esto podría ser una mala idea.
- No, está bien. Siempre te preocupas mucho.
- No. - Solo mira. Solo mira.
- Quédate sentada.
- ¡Mmm!
¡Oh, mamá!
- Este pozole está realmente bueno.
- Es bueno, ¿cierto?
- Creo que es un éxito.
- ¿Los recogiste tú mismo?
- [Sebastian] Sí.
- [Kasey] Le gustó mucho. Realmente le gustó.
- Está realmente bueno.
- Vaya, lo están terminando todo. Comió muchísimo.
- ¡Oh!
Esta sopa es muy buena.
En serio, Victoria, realmente deberías considerar
tenerla como plato principal en el restaurante.
- No permitas que te engañe.
- ¿De verdad quieres que este restaurante
ascienda en el mundo de las artes culinarias?
- ¡Hey!
¿Qué? ¿Te estás muriendo?
- Estás bien. Ella es buena, tragó mal.
Ella está bien.
- Sí. - ¿Estás bien?
- Parece que las dos se están ahogando.
- Ella está bien. - Yo estoy bien. Estoy bien.
- Ella se ahogó.
- ¿Se ahogaron los dos?
- Sí.
Estoy bien.
- La abuela es una gran cocinera, ¿eh?
- Lo sé, lo sé. Me recordó enseguida.
¿Sabes algo?
Tendrías un negocio muy exitoso si invirtiera en ella.
Es decir, el campo del cannabis
está creciendo ahora mismo.
- Oh, ¿te refieres a la agricultura de la abuela?
Su talento para las plantas.
- Oh, sí, totalmente.
- No sé nada sobre el talento para las plantas.
¿Pero crees que no sé
lo que tu abuela ha estado haciendo?
¿Conchas rosas?
Primero mi padre
y ahora las reparte entre extraños.
Puede que haya sido un poco dura diciendo que eran veneno,
pero no por mucho.
- Sabes, no sé cuándo empezaste a pensar
que eras mucho mejor que nosotros.
Tu complejo de superioridad no tiene cabida aquí.
- ¡Papá estaba drogado todo el tiempo!
- ¿Cómo crees que logré que comiera?
- Creo que ahora es el momento
de los tamales de mole de papá.
¡Su auténtico mole!
- Creo que tienes razón.
Ahora es el momento perfecto para la sopa.
Muchachas, el pozole.
- ¡Cecilia! - ¡Cecilia!
- [Victoria] ¡Matias!
- ¿Qué voy a hacer? - ¡Ándale, ándale!
- ¿Por qué de repente todo el mundo se preocupa por la sopa?
- Ni idea.
El veganismo está de moda, ¿no? Es popular ahora.
- Kasey, esto es una mala idea. Tienes que dejarlo.
- Bueno, es demasiado tarde para eso.
- No, no lo es.
¡Alto! ¡Yari!
- Sí, ¿podemos no empezar a servir? Por favor.
- ¡No! - ¿Hablas en serio?
- ¡Estamos sirviendo la sopa!
Matias, lleva esos tamales a la casa.
No vamos a servirlos.
Dije que estamos sirviendo... - Estás arruinando el plan.
- La sopa primero. - Estás arruinando el plan.
- ¡Nadie va a servir tamales!
- Tal vez podamos servir las dos cosas.
- ¿Saben? En realidad, eso es...
- ¿Cuál es tu problema? Aún puedes servir la sopa de última.
Estás logrando lo que quieres.
- ¡Dije que serviremos la sopa primero!
- ¡Estás siendo irracional!
- Estaban sucios.
- Gracias, Yaretzi. Alguien tenía que actuar.
Pero sí, por favor, empiece a servir.
- ¡No! ¡Nadie va a servir los tamales!
- ¿No me dejarás comer esto?
- ¡No! ¡Dame eso!
¡No! - ¡Basta!
- ¡Tómalo!
- ¡Oh!
- Pero no vas a servir esta sopa.
- ¡No, no, tenemos que servir la sopa!
Tenemos que servir la sopa.
- ¡Suéltenla! - Estoy ayudando.
- ¡No! ¡Abuela!
- Entonces, ¿eso significa que no comeremos sopa y tamales?
Solo quiero uno.
- [Kasey] ¡Yari!
- Todos se ven tan lindos. No deberían pelearse.
¡Vaya!
Deberían estar abrazándose.
- [Matias] ¿Hanz?
- ¿Está bien?
- ¿Estás bien?
- No. Todo está bien.
Creo que estoy tan triste de que todos estén tan enojados.
Todo es culpa mía. Debería haber dicho algo antes.
- Nada es culpa tuya.
- No.
Pero es tuya.
- Gracias. Por fin alguien lo entiende.
- ¿Qué?
- Tengo que decirte algo. Es malo para ti.
- ¿Malo?
- Solo está borracho.
- No. No estoy borracho.
Puedo... Puedo ver.
No, no estoy borracho. Puedo verlo todo.
El pasado. ¿No?
No, no, Mati, es... No es tu culpa.
Trevor es un asco. Tiene un buen trasero.
- Oye, Hanz, tal vez debería llevarte a casa.
- ¿Trevor O'Leary?
- Sí, vio tu video.
Vio cómo tu vida se iba al diablo.
La maquina de pico de gallo de Mati
llenó de pico sus pantalones.
Y Trevor estaba...
- Creo que tengo que llevarte a casa.
- No, tengo que decírtelo.
- Dios mío, Matias, no me digas que está diciendo
lo que creo que él está diciendo.
- [Anselma] ¿Matias?
- No está invirtiendo. No te va a dar dinero.
Nadie lo hará. Eres un riesgo demasiado grande.
¿Eres radioactivo?
Es decir, te ves un poco verde.
- Mmm.
Espera, espera, ¿qué quieres decir?
Pensé que iba a...
Pensé que le encantaba la idea.
- Dijo que no.
Dijo que no.
Siento mucho lo del restaurante.
- ¿Está hablando de nuestro restaurante?
- No es nada, Victoria.
- Definitivamente es algo.
Matias. - Cecilia.
- No me siento bien.
- ¿Estás bien?
- ¡Oh, Dios mío!
- ¡Dios mío! ¡Ve adentro, ve adentro!
¡Oh, Dios mío! ¡Oh, oh, dios!
- ¿Crees que fue la sopa?
Fueron los únicos que comieron la sopa.
Hanz. ¿Quieres entrar?
Déjame meterte.
- ¡La sopa!
¡No!
¿Quizás?
Nunca antes había cocinado con champiñones.
¡Ay!
- Soy un gato.
- Oye, entra. Ven, ven.
- Mamá, Sebastian no puede sentir su cara.
¿Llamamos a una ambulancia? - ¡No, no, mija!
Toma, lleva a Hanz a la casa. Tiene los mismos síntomas.
- ¿Qué tipo de champiñones? - ¿Qué está pasando?
- Adelante, mijo.
- No siento la lengua. - Lo resolveremos.
- Es raro, porque está ahí, pero no está.
Nada de esto estaría pasando si papá aún estuviera vivo.
¡Podemos decir que la cena está arruinada!
¿Alguien va a decir algo?
- ¿Matias?
- Cecilia, yo...
Voy a ver a Hanz.
- Siempre haces lo mismo.
Cuando realmente importa,
corres y evitas a todos y a todo.
A nosotros, a esta familia, a Hanz,
siempre.
- Cecilia, la gente no se siente bien en este momento.
Creo que eso tiene prioridad.
- La familia tiene prioridad.
- Será mejor que alguien empiece a hablar.
- Quizá ahora no sea el momento.
- Está bien. Déjame recoger los pedazos.
Si no vas a decir nada, entonces...
- ¡Cecilia, por favor!
- Mamá, tienes que saber que...
- ¡Basta!
¿Matias?
Matias, ¿qué?
- Mamá, yo...
No sé cómo decir esto.
- ¡Termina con esto!
- Celia, métete en tus propios asuntos.
- ¿Mis propios asuntos? - Por favor, basta.
De acuerdo, lo siento. Déjame...
Vamos a perder el restaurante.
Metí la pata
y voy a arreglarlo.
Quería que estuvieras orgullosa.
Quería que todos estuviéramos orgullosos.
Quería que el abuelo se sintiera orgulloso.
Lo arruiné. Lo siento.
- ¿Qué?
- [Matias] Tomé un préstamo
usando el restaurante como garantía hipotecaria
para pagar el Tacomatic.
- No lo entiendo.
- El banco va a ejecutar la hipoteca del restaurante.
Vamos a perder el restaurante.
- [Cecilia] Mamá.
- ¿Y ustedes sabían esto?
¿Cómo pudiste hacer esto?
Y una vez más, ¿a mis espaldas?
- Ay, Victoria. No seas tan dramática.
Firmé los papeles porque es mi restaurante
para hacer con él lo que me parezca.
- ¿Tu restaurante? - Sí.
De nombre tal vez,
pero soy yo quien lo ha mantenido a flote
todos estos años.
Lo hiciste a propósito.
- ¿A propósito?
- Mamá, nadie quería que esto pasara.
- Desde que papá enfermó, querías venderlo.
Y tú.
Cecilia, prácticamente me rogaste,
me rogaste que la dejara venderlo.
Bueno, hoy se logró tu deseo.
- ¿Cómo se convirtió esto en culpa mía?
- Ay, no la culpes, Victoria.
- No la culpo a ella. Los culpo a todos ustedes.
- ¿Quieren parar?
Matias nos perdió el restaurante. Matias.
¿Cuántas veces tengo que decirlo?
- Todo lo que hice,
lo sacrifiqué por ti y por el restaurante.
¿Qué quieres de mí?
- Quiero que vivas tu vida por ti misma
y que te des cuenta de que tu padre no era perfecto.
Y solo porque yo elija continuar mi vida
diferente de la que tenía cuando tu padre vivía,
no significa que no lo amaba.
Solo necesito seguir adelante.
Todos necesitamos
seguir adelante.
- ¿Seguir adelante? Sigan adelante,
pero déjame fuera de esto.
- Mamá, basta. Esto está fuera de control.
Solo siguen hablando y nunca se escuchan.
¿Por qué nadie reconoce lo que hizo Matias?
Él fue quien nos hizo perder el restaurante. Él lo hizo.
- Cecilia, voy a arreglar esto.
Pero no hagas que esto se trate de tus decisiones.
- ¿Mis decisiones? - Sí, tus decisiones.
Tú eres la que no quiso ir a la escuela.
Nadie te lo impidió.
- No sabes de lo que estás hablando.
Ni siquiera has estado aquí.
- Siempre he estado aquí.
- Huiste en cuanto saliste de la escuela
y nos has estado evitando desde entonces.
Tomas lo que quieres de nosotros
y nunca te quedas para las consecuencias.
- Cecilia, lo siento.
Siento que seas muy infeliz, pero no es culpa mía.
Siento que no hayas ido a la escuela.
- Matias.
- ¿Sabes siquiera lo que es arriesgarse?
¿Hacer sacrificios? - ¡Matias!
- Tengo ese trabajo
porque no pudiste molestarte lo suficiente
para quedarte y ayudar con ello.
Alguien tenía que dar un paso adelante y siempre he sido yo.
- Nadie te ha pedido que lo hagas.
- ¿Por qué todo el mundo sigue diciendo eso?
Mis decisiones son mías.
No ha sido fácil para mí.
No ha sido fácil ver a mi hermano pequeño
irse y marcharse a la escuela.
Sin obligaciones, sin responsabilidades, nada de eso.
Pero si intentará hacer eso
se me consideraría una mala madre o una mala hija.
Egoísta, desconsiderada. - ¡Eso es mentira!
Sabes que eso es mentira.
Has tenido todas las opciones que yo he tenido.
- Victoria, esto es culpa tuya.
- Culpa mía. - Tu terquedad
ha alejado a los niños.
- ¿Terquedad? - Por eso yo di...
- Nunca has dado un gramo de apoyo.
Y estoy tan estresada... - ¡El restaurante! ¡No!
- ¡Basta!
- Siguen hablando, hablando, hablando
y nunca se escuchan.
Ni a mí, ni a nadie, nunca.
Llevo años intentando que me escuchen.
Ambas han sacrificado sus vidas
y sus elecciones por esta familia.
Y por supuesto, si me atrevo a pedir algo nuevo,
me cierran la boca inmediatamente.
- Eso no es verdad. - ¡Mamá!
Tú eres la que me dijo que nunca lo conseguiría
y que ya tenía un marido,
una casa,
un trabajo
y que me necesitaban en casa.
No, no quiero que esta sea mi vida.
Ninguno de nosotros debería.
- Mamá, ¿es verdad?
- Cecilia, yo...
¡Soy la mariposa monarca más grande del mundo!
- Sebastian, ¿qué estás haciendo?
- Necesito agua. - ¡No, no!
¡No, vuelve!
- ¿Tenemos una red para mariposas? ¿Una caja?
Que... - Mmm...
Las chicas me acaban de decir que, Anselma,
accidentalmente pusiste una bolsa
de champiñones medicinales de mi esposo en la sopa.
- ¿Qué champiñones?
- Los champiñones medicinales de mi esposo.
Lo acabo de decir literalmente.
- Y esta es la razón
por la que no ponemos champiñones en el pozole.
- Creo que es por eso. Creo que tienes razón.
- Bueno, pensar que tengo razón es algo.
- ¿Qué tipo de champiñones?
- Otra vez, ¿nadie me escucha?
¡Los champiñones medicinales de mi esposo!
¡Vaya!
¡No, no, no, no, no, no, no!
¡Es culpa mía, es culpa mía! ¡Ay!
- Matias, trae dos vasos pequeños.
Ximena, ayúdame.
- Bien.
- ¿Necesitas una cuchara? - Las gotas.
- [Cecilia] ¿Cómo está Sebastian?
- Los dos están bien.
Ximena llevó a Hanz a la habitación de Matias.
Yaretzi lo está vigilando
y nos las arreglamos para meter a Sebastian
al baño de su madre.
- Chicos, ¿deberíamos llamar a una ambulancia?
- ¡No! - ¡Nada de ambulancia!
- ¿Cómo está Yaretzi?
- Se disculpó, lo cual es nuevo.
- Bueno, eso es algo. - Sí.
- ¿Sin teléfono durante una semana?
- ¡Oh, Dios, no! - ¿Qué es eso?
- Extracto de belladona y carbón activado.
- ¡Uf! - Toma.
Dale esto a Sebastian y Hanz.
- Huele fatal.
- Ay, bueno, entonces mézclalo con tequila.
Solo asegúrate de que se lo beban.
- Dios mío. - ¡Ve, ahora!
- ¿A dónde vas?
- No me voy. Solo voy a ver cómo está Hanz.
- Cariño, ¿por qué no ayudamos a Ximena
a atrapar a la mariposa
antes de que se aleje revoloteando de nuevo?
- ¿Mamá?
Champiñones, pinches champiñones.
Ven aquí.
Ay.
- ¿Qué vamos a hacer, mamá?
- Ay, mija.
Solo queda una cosa por hacer.
Limpiar.
- ¿No tienes gente para eso?
- Te tengo a ti.
- Gracias, Yari. Yo me encargo ahora.
- De acuerdo.
Sí, acaba de desmayarse.
Y lamentablemente
no pude grabar su estriptis, así que...
- ¿Qué?
- ¡Relájate!
No, todo está bien.
- Supongo que me encargaré ahora. Puedes irte a la cama.
- De acuerdo.
¿Tío Matias?
- ¿Sí?
- ¿Qué vas a hacer ahora?
Es decir, ¿qué pasará ahora?
- Mmm,
no tengo ni idea.
Por primera vez, no tengo ni idea.
Pero lo resolveré.
- Bueno, decidas lo que decidas hacer, yo solo...
Espero que te quedes por aquí.
No sé, contigo aquí, simplemente
se siente más como en familia.
¿Me entiendes?
- Sí, creo que sí.
- Bien. Así que no seas un tonto y no huyas.
- Mientras ya no sea el tío fracasado.
- Nunca lo fuiste.
- Buenas noches.
- Buenas noches.
¿Qué le ocurre al deudor
en una ejecución hipotecaria comercial?
- ¡Yo puedo con esto!
Gracias
No puedo hacerlo solo.
- ¿Crees que estaremos aquí toda la noche?
- Probablemente.
Solo quiero que sepas que no me di cuenta...
Pensé que lo tenías todo resuelto.
- Matias,
nadie lo tiene resuelto.
- No me voy a ninguna parte, Cecilia.
Estoy aquí, ¿de acuerdo?
- Gracias.
Te lo agradezco.
- Toma, te daré esta.
- ¡Oh, qué desastre!
- Lo sé, ¿no es cierto?
- Entonces,
¿mamá es tu responsabilidad a partir de ahora?
- Sí, bueno. ¡No!
Estoy bromeando, estoy bromeando,
estoy bromeando. Por supuesto.
Entonces,
ingeniería ambiental.
Nota de venta fiduciaria
- ¿Quién es su supervisor? ¿A quién rinde cuentas?
- ¿Cómo puede ser tan despiadado?
¡El mundo no necesita otro Chipotle!
- Ya se lo dije a los dos,
todo debe quedarse donde está.
- Se lo seguimos diciendo, estas son reliquias.
- ¡Han estado en la familia por generaciones!
- Oiga, espere, ¿qué...?
- ¡Mire, míreme cuando le hablo!
Ay, qué bonito bigote tiene, joven.
¡Míreme cuando le hablo!
- Oiga, ¿adónde va? - ¡Ay!
- ¿Por qué le hace esto a una anciana?
- ¡No lo hice!
- ¡Ay, ay, ay!
- ¡Oh, Dios mío! ¡Voy a llamar a una ambulancia!
- ¡Ambulancia! ¡Ambulancia!
- ¡Vamos, vamos, vamos!
¡Vamos!
Agradecimientos especiales
País de origen: Estados Unidos de América
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