All language subtitles for Provocazione

af Afrikaans
ak Akan
sq Albanian
am Amharic
ar Arabic Download
hy Armenian
az Azerbaijani
eu Basque
be Belarusian
bem Bemba
bn Bengali
bh Bihari
bs Bosnian
br Breton
bg Bulgarian
km Cambodian
ca Catalan
ceb Cebuano
chr Cherokee
ny Chichewa
zh-CN Chinese (Simplified)
zh-TW Chinese (Traditional)
co Corsican
hr Croatian
cs Czech
da Danish
nl Dutch
en English Download
eo Esperanto
et Estonian
ee Ewe
fo Faroese
tl Filipino
fi Finnish
fr French
fy Frisian
gaa Ga
gl Galician
ka Georgian
de German
el Greek
gn Guarani
gu Gujarati
ht Haitian Creole
ha Hausa
haw Hawaiian
iw Hebrew
hi Hindi
hmn Hmong
hu Hungarian
is Icelandic
ig Igbo
id Indonesian
ia Interlingua
ga Irish
it Italian
ja Japanese
jw Javanese
kn Kannada
kk Kazakh
rw Kinyarwanda
rn Kirundi
kg Kongo
ko Korean Download
kri Krio (Sierra Leone)
ku Kurdish
ckb Kurdish (Soranî)
ky Kyrgyz
lo Laothian
la Latin
lv Latvian
ln Lingala
lt Lithuanian
loz Lozi
lg Luganda
ach Luo
lb Luxembourgish
mk Macedonian
mg Malagasy
ms Malay
ml Malayalam
mt Maltese
mi Maori
mr Marathi
mfe Mauritian Creole
mo Moldavian
mn Mongolian
my Myanmar (Burmese)
sr-ME Montenegrin
ne Nepali
pcm Nigerian Pidgin
nso Northern Sotho
no Norwegian
nn Norwegian (Nynorsk)
oc Occitan
or Oriya
om Oromo
ps Pashto
fa Persian
pl Polish
pt-BR Portuguese (Brazil)
pt Portuguese (Portugal)
pa Punjabi
qu Quechua
ro Romanian
rm Romansh
nyn Runyakitara
ru Russian Download
sm Samoan
gd Scots Gaelic
sr Serbian
sh Serbo-Croatian
st Sesotho
tn Setswana
crs Seychellois Creole
sn Shona
sd Sindhi
si Sinhalese
sk Slovak
sl Slovenian
so Somali
es Spanish Download
es-419 Spanish (Latin American) Download
su Sundanese
sw Swahili
sv Swedish
tg Tajik
ta Tamil
tt Tatar
te Telugu
th Thai
ti Tigrinya
to Tonga
lua Tshiluba
tum Tumbuka
tr Turkish
tk Turkmen
tw Twi
ug Uighur
uk Ukrainian
ur Urdu
uz Uzbek
vi Vietnamese
cy Welsh
wo Wolof
xh Xhosa
yi Yiddish
yo Yoruba
zu Zulu

Original subtitles

Cosas que encontramos expresadas mayormente

en Schopenhauer, por ejemplo.

Schopenhauer advierte un dualismo arraigado en el ser humano,

entre el mundo del conocimiento y el pensamiento, por una parte,

y el mundo del instinto y de la voluntad, por la otra.

El dualismo...

¿Qué estaba diciendo?

Profesor,

estaba hablando del contraste entre alma y cuerpo

frente a la inteligencia y sensibilidad.

Ah, sí, sí...

¿Ve como con este sol hasta usted se distrae?

¿Por qué no lo dejamos y nos vamos a la playa a darnos un baño?

Sí, claro, y en julio os presentáis a exámenes de natación

en vez de a los de bachillerato.

Pero tenemos tiempo. Nos queda todo el invierno por delante.

Mi hermana tiene razón. Si supiera cómo es aquí el invierno.

Estudiaremos a la fuerza, no hay otra cosa que hacer.

Mirad, me he comprometido con vuestra...

Sí, con la Sra. Rinaldi y pretendo mantenerlo.

Si se ha decidido que os quedéis aquí en invierno

es para podáis estudiar sin distracciones.

Figúrese, para tenernos controladas sería capaz de hacer cualquier cosa.

Continuemos.

Por lo tanto, la verdad desde la que el filósofo efectúa su reflexión

es que el mundo es una representación nuestra...

Hablando del rey de Roma, por la puerta asoma.

Antes de comer nos gustaría tomar un poco el sol, ¿podemos?

Vamos, vente.

Estas chicas...

Estamos escandalizando al profesor.

Mira, ya se ha marchado.

Ese sólo piensa en Schopenhauer.

Sí.

Bueno...

¿Cómo van las niñas?

Bueno, una semana es poco para emitir un juicio.

Sin embargo, deberían aprobar.

Vivi sobretodo.

Kiki... es más perezosa, pero...

me ocuparé de ella, yo me encargo.

Bueno.

Las dos son inmaduras, mimadas...

Es una gran responsabilidad para mí.

Al fin y al cabo, ¿qué otra cosa podía hacer?

Ocurrió todo tan de repente...

Después de la muerte de mi pobre marido,

se han quedado completamente solas en el mundo.

No me apetecía dejarlas en un internado aunque fuese muy lujoso.

Las dejo en sus manos, no traicione mi confianza.

Por supuesto.

Aunque debo decirle que sus referencias son estupendas.

Gracias.

A saber de lo que están hablando.

Relájate cariño, a nuestra madrastra no le faltan argumentos

cuando está a solas con un hombre.

No tienes que preocuparte, querida Vanessa.

Será un placer pasar aquí el invierno estudiando

con un profesor tan apuesto.

No seas tan impertinente, no tienes ninguna gracia.

Esta noche nos vamos al pueblo,

primero a comer pescado a casa de Justina y luego a la discoteca.

Verá, la discoteca sólo abre los sábados, es la única diversión que hay.

Diversión, con los catetos del pueblo, menuda juerga.

Mejor que nada...

- Por lo menos son jóvenes. - No hables con la boca llena.

Señoritas, síganme.

Adiós, Vanessa.

Adiós.

Zorras.

Estás más guapa aún.

Tienes un aire más confiado y más consciente de tu encanto.

¿Y has esperado una semana para decírmelo?

Es la primera vez que estamos a solas desde que llegué.

Las chicas siempre están de por medio.

¿Qué podía hacer?

Y además...

no sabía como...

comportarme.

Sí, te veía formal, distante.

Aparte del hecho de que me llamaste para que me ocupara de ellas.

Y te juro que me ocuparé concienzuda y escrupulosamente.

Idiota.

A lo mejor he hecho mal haciéndote venir aquí.

Pero no quería seguir estando sola.

Mi marido murió hace tres meses

y desde entonces te he buscado.

No ha sido fácil, te habías cambiado de ciudad.

Y había perdido el contacto con viejos amigos y conocidos.

Pero al final te encontré.

Siempre has conseguido todo lo que querías.

Incluso después de haberte perdido de vista por lo que parece.

Un buen matrimonio,

una bonita casa,

lujo, dinero...

La verdad es que no podía imaginarme todo esto.

Enhorabuena, ha sido sorprendente.

He venido sólo porque me has llamado tú.

¿Vale?

¿Seguro de que no has venido aquí porque te gustan las jovencitas?

Eres un cerdo, lo sé perfectamente.

Pero también eres el único hombre en el mundo capaz de hacerme feliz.

Oye, ¿por qué no nos vamos un rato a la sauna?

¿Una sauna? Pero...

Perdona, ¿tú no tenías la tensión baja?

No hay problema si tu me la subes.

¿Qué haces, no te desnudas?

Ya te he visto desnudo, ¿no?

Está bien.

Ya está.

Ya no tengo el físico de antes, pero...

¿Puedo sentarme ya?

Oye, quiero saber una cosa.

Sé muy bien por qué me has hecho venir.

En el fondo, seguimos queriéndonos, ¿verdad?

Lo pasamos bien juntos.

Soy profesor,

aunque nunca he querido dar clases.

Así que la tapadera es perfecta.

Pero eso es precisamente lo que no entiendo.

¿Por qué necesitamos una tapadera?

Eres viuda.

Eres libre. Tu marido te ha dejado un montón de dinero.

Entonces, ¿a quién tienes que rendir cuentas de tu vida?

Y además...

¿Cómo es que te has hecho responsable de esas dos niñas?

No me vayas a decir...

que las quieres y que te sentías culpable.

Es totalmente evidente...

que las odias.

Y ellas te odian a ti.

Y luego, no me parece que sean fáciles de tratar.

¿No era mucho mejor un buen internado?

Con renombre y severidad, quizás en el extranjero.

No puedo hacerlo.

Déjalo.

Te conozco muy bien.

Sé que no dudarías en hacerlo.

Te conozco desde que eras una niña.

Y eras tan cínica como ahora.

Mira quien habla.

En aquel tiempo tú ibas por ahí haciendo la revolución detrás de Pannella.

Pero no perdías de vista ni por un momento tus intereses personales.

Yo al menos nunca dije que quería hacer la revolución.

Eh.

¿Y ahora qué te gustaría hacer?

¿El amor, quizás?

Sin embargo, mi situación es bastante complicada.

Puede que un día te cuente todo, pero...

ahora no tengo ganas de hablar, me encuentro rara.

Habré puesto el termostato demasiado alto.

Me estoy mareando, me voy a tumbar.

Claro.

- ¿Cómo estás? - Bien.

Ha sido un malestar pasajero.

Métemela.

La vieja zorra sigue despierta.

¿Vieja? Pero si sólo tiene unos años más que yo.

Bueno, entonces vieja no, pero zorra sí.

¿En quién estás pensando?

- En el profesor. - ¿No te basto yo?

Contigo es distinto.

Lo nuestro es indestructible.

No es sólo un vínculo de sangre,

es también complicidad,

solidaridad,

y quizás amor.

Sí, pero aquí te aburres,

y te gustaría un bonito juguete nuevo sólo para ti, ¿verdad?

No sólo para mí.

Para nosotras.

Siempre hemos compartido todos nuestros juguetes, ¿recuerdas?

Y además, lo que más me gusta...

es precisamente...

calentarle, excitarle.

Para mi es como un desafío.

¿Con Vanessa?

No, con Vanessa no.

Con él, con el profesor.

Con su moralidad.

Con sus defensas.

Con su resistencia.

Tranquila, acabará por rendirse.

Sí, es verdad.

Pero estoy impaciente por ver hasta qué punto resiste.

Resistirá muy poco, ya lo verás.

"Los recuerdos",

"La quietud después de la tormenta"

y "El sábado de la aldea",

fueron escritas...

por Giacomo Leopardi, todos seguidos...

a lo largo de un mes...

particularmente feliz para su actividad.

Septiembre...

de 1829.

Entre el primer canto y los otros dos...

se intercala un canto nocturno de un pastor errante de Asia...

que acabará de escribir en abril del año siguiente.

El canto nocturno recoge los interrogantes de Asilvia y de los recuerdos.

pero sustituye los monólogos de yo leopardiano

con la confabulación lunar del poeta.

Ten compostura, que no eres más que una putita.

- ¿Has oído lo que te he dicho? - Lo he oído.

Profesor, voy a hacer la compra. ¿Necesita algo?

No, nada.

Gracias. Hasta luego.

- Adiós. - Hasta luego.

Sí, hasta muy pronto.

Bueno, estaba diciendo que el personaje del pastor errante es ficticio

y fue elegido por su condición de errante en el mundo.

Profesor, ¿puedo hacerle una pregunta?

Según usted, ¿qué es exactamente una puta?

¿Pero qué tienes en la cabeza?

¿Qué tiene que ver una puta con Leopardi?

Pero vamos, profesor...

¿No se habrá ofendido, profesor?

¿No ha oído a Vanessa?

Ten compostura, que no eres más que una putita.

Se te ve todo.

Eso no es cosa suya.

De todas formas, quiero precisar que...

vuestras partes íntimas no son materia de examen.

¿Y entonces...?

Profesor...

No, no me he ofendido,

sí que avancemos, así hoy podemos...

Hoy podemos...

acabar...

al menos con los cantos de Leopardi.

Después, por la tarde...

pasaremos a matemáticas e inglés.

El pastor, como decía, es una figura ficticia...

situado allí en una etapa no definitiva de sus pastos desiertos...

para indicar el estatus humano...

en su grado original y absoluto.

Qué coñazo de Leopardi. Creía que la mañana no iba a acabar nunca.

Aquí no hacemos más que estudiar, profesor.

¿Por qué no toma el sol con nosotras?

Con este tiempo, parece que el verano no ha terminado.

Bueno, la verdad, antes tengo que hacer...

Bueno, sólo 5 minutos, ¿de acuerdo? Bien.

No, lo siento, es tarde. No puedo.

Oh, qué pena.

Vivi, estás distraída.

Repite lo que acabo de decir.

La verdad, no lo sé.

Disculpe, pero hoy no me concentro. No sé lo que me pasa.

Oiga, profesor, quizás es mejor dejarlo.

No sé, será el tiempo...

pero yo hoy también me siento rara. Muy rara, la verdad.

Además tengo que bajar al pueblo,

así que, si quiere acompañarme...

para ver si han llegado los libros que había encargado...

Gracias, muy amable de su parte.

Acepto encantado.

Sí, claro, marcharos.

Ahora estamos libres. ¿Bajamos al pueblo o nos quedamos aquí?

No, no. He tenido una idea.

Ven.

¿Te acuerdas?

Había una cosa, que...

que siempre querías hacer,

y yo no quería.

Ahora quiero.

Mira, parece una perra en celo.

Sí, pero es guapa, ¿no?

No está mal, pero él está mejor.

Te gusta mucho, ¿eh?

Mira qué físico, ¡madre mía!

¡Qué guapa!

Lo tomas con hielo, ¿verdad?

Gracias.

Oye, ¿para qué estoy aquí?

Menuda pregunta.

Has venido porque tienes que preparar a las chicas para los exámenes.

No te hagas la tonta.

¿Por qué estamos aquí tú y yo?

Ah, por qué estamos aquí...

En el fondo por la misma razón. El dinero.

Tú de profesor no vives.

Y tampoco te importa.

Pero te gusta la buena vida, la ropa,

los coches, la comodidad...

Y harías cualquier cosa para conseguirlo.

Yo te entiendo.

Recuerdo que antes de que tu padre se arruinara

tú llevabas un cierto tren de vida y es lógico que quieras...

No es verdad. ¿Qué estás diciendo?

He venido aquí sólo por ti.

Tú me llamaste.

El dinero para mí no es tan importante, lo sabes.

¿Cómo eres tan hipócrita?

El profesor se indigna, imagínate si este es el nivel.

¿Pero sabes por qué soy mejor que tú?

Porque para empezar, yo me he dejado de excusas.

No me da miedo decir la verdad,

desde que conseguí que mi difunto marido se casara conmigo.

Al dejarte,

sabía perfectamente que estaba renunciando al amor,

a la alegría, a todo en definitiva.

Y también sabía qué era lo que me esperaba.

¿El qué?

Bueno, nada...

Ciertos antecedentes familiares.

Cosas raras y misteriosas.

Vaya, es tardísimo.

Voy a darle instrucciones a Justina para que prepare la cena.

¿Y Joe Cocker, le gusta?

Al menos tiene que conocerlo, es de su época.

Pero qué dices. Es un intelectual.

A nuestra edad sólo escuchaba a Mozart y a Bach, lo juraría.

En mi época iba a conciertos de rock y vosotras aún no habíais nacido.

Vaya, conciertos de rock...

- Sí, ¿a escuchar a quién? - Sí, exacto. ¿A escuchar a quién?

De acuerdo, abogado.

Cogeré el primer ferry de la mañana.

Pues...

a los Beatles, por ejemplo...

a los Rolling Stones, Stevie Wonder...

¿O es que no cuentan los anteriores a Michael Jackson, el negro blanco?

O a... ¿cómo se llama? Ah, Madonna, sí.

Vaya, así que el profesorcito era un tío de sexo, drogas y rock n' roll.

Interesante, sí.

Mañana por la mañana tengo que irme.

Estaré fuera dos días, puede que tres.

El abogado Molinari quiere que firme una montaña de documentos.

Cogeré el primer ferry de la mañana.

Pobre de nosotras, nos quedamos solas.

Menos mal que está el profesor. Así nos dejas en buenas manos.

Profesor, ¿podría acompañarme mañana al puerto?

Siento hacerle madrugar, pero no sé cómo iba a ir.

Por supuesto, Sra. Rinaldi.

- La acompaño encantado. - Gracias.

Me voy a dormir, y aún tengo que preparar la maleta. Buenas noches.

- Buenas noches. - Buenas noches.

Bueno, yo también me voy a dormir.

- Entonces... - ¿Ah, sí?

- Buenas noches. - Buenas noches, profesor.

Buenas noches.

Muy bien...

Continuemos con la I Guerra Mundial.

Cuando sucedió el desastre de Caporetto,

el juicio casi unánime de los líderes políticos, por un lado,

y de los mandos militares, por otro,

fue el de echarle la culpa al papa,

Benedicto XV,

que con la encíclica de primeros de agosto de 1917

había apelado a los dirigentes

de los países beligerantes,

y a los socialistas que habían envenenado

el espíritu del país y de sus combatientes.

Profesor, el otro día no terminó de explicarnos una cosa.

No nos dijo que era para usted una puta.

Mirad...

No estoy dispuesto a tolerar vuestras provocaciones.

Así que, o cambiáis de actitud, o bien...

¿O bien...?

¡Profesor! ¡Señoritas!

La comida está servida.

Ya vamos.

¡Profesor!

- ¡Profesor! - ¡Profesor!

¿Qué pasa?

- Hoy hacemos fiesta. - De eso nada.

Vamos, profesor. No se haga de rogar.

Bien, como hace un día tan bueno

os daré una clase de botánica en vivo, por así decirlo.

El matorral mediterráneo de esta zona

se presta totalmente a una clase exhaustiva.

¡Vamos!

Mire, eso por ejemplo es enebro. Sé reconocerlo.

- Ah, muy bien. - Y esto es romero.

¡Qué aroma!

¿Se utiliza en cocina? Es bueno.

¿Ha visto, profesor, como somos aplicadas?

Es verdad.

Vamos a buscar aloe.

Venga, sígame, profesor.

Todo esto es enebro.

Estoy segurísima.

Profesor, se ha levantado un poco el viento. Me ha entrado frío.

Pues no se está mal.

A lo mejor mi vestido es demasiado ligero.

Pero es la estación...

Pero, ¿dónde está Vivi? Voy a buscarla.

- ¡Profesor! - ¿Sí?

Profesor, venga a ver.

¿Qué pasa?

Venga.

- ¿Qué pasa? - Mire.

Está bien.

Claro, no se preocupe.

Iré a recogerla al puerto.

- Sufre añoranza. - Ya, pobrecito.

Ahí viene, mira.

Era...

La Sra. Rinaldi. Os manda saludos...

- Y los consejos habituales. - Vamos, beba.

No, no. Basta, basta, basta. Hoy ya he bebido bastante.

Y tú ten cuidado que también has bebido mucho, ¿eh?

Vamos, beba, venga. Así veremos cómo es borracho.

Bueno, ¿no creerás que basta un poco de vino para emborracharme?

Estoy acostumbrado al alcohol.

Vosotras dos sin embargo...

Ah, se me ha olvidado deciros

que la Sra. Rinaldi vuelve mañana en el primer ferry.

Si es que vuelve porque ha firmado todo.

Esa es capaz de perder cien ferrys con tal de no perder mil liras.

Qué injusta eres, Vivi.

No es verdad que el dinero es lo que más le interesa a Vanessa.

Antes está el sexo.

¿Sabe cómo la llamamos nosotras? Perra en celo.

Bueno, ya vale, basta. Sois realmente insoportables.

Malvadas y cotillas.

No veo qué hay de malo en eso.

Es una mujer atractiva, joven...

Y ahora, además...

se ha quedado muy sola, la pobrecilla.

Oh, sí, pobrecilla. Se me encoge el corazón sólo de pensarlo.

Tan sola y con tanto dinero...

¿Quién sabe cómo consiguió casarse con nuestro padre?

Debió de hacerle cada numerito en la cama...

¿Por qué? ¿No podía haberse enamorado simplemente?

Es ridículo ese desprecio hacia Vanessa.

Os gusta pensar en ella como la madrastra del cuento.

Haceros las víctimas.

Con todo lo que ha hecho y está haciendo por vosotras.

Y por usted. Sí, por usted.

No por ella, por usted, profesor. O mejor dicho, con usted.

No se haga ahora ni el sorprendido ni el indignado.

Por nosotras, puede ahorrarse la escena.

Total, ya lo sabemos todo.

- Sí. - ¿Todo qué?

No hay nada que saber.

¿Ah, no?

Todas las noches cuando piensa que estamos durmiendo,

se mete en el cuarto de Vanessa.

¿A eso lo llama nada?

El amor en esas rocas, tan romántico...

consumidos por el fuego de la pasión.

Espías de tres al cuarto, eso es lo que sois.

Espías no, en todo caso mironas, nada más.

De hecho hemos visto todo.

Hasta... ¿cómo puedo decirlo sin parecer vulgar?

La sodomía. ¿Es así como se dice?

No se avergüence, profesor. No es el primero, ¿sabe?

La perra en celo no rechaza a ningún hombre.

Imagínese si además es joven y guapo.

Incluso viejo, feo y rico.

Pero vamos a dejar ya de hablar de esa bruja.

Tengo una sorpresa. Voy a por ella.

Profesor, ¿jugamos a una cosa?

¿Eh, un juego? Por favor...

No tengo ninguna intención de jugar a nada.

De hecho, mira a tu hermana, que ya se ha ido a dormir.

Pero no tiene que hacer nada.

Sólo tiene que quedarse sentado

y adivinar el título de las películas que imito.

No insistas.

Y con esto...

le será muy fácil adivinarlas.

Fume, por favor. Hágalo por mí.

No tendrá miedo, ¿verdad?

¿Miedo yo de fumar eso?

No lo sé...

Tú y tu hermana tenéis una presunción así...

Enorme.

Bueno...

¿Quiénes os creéis? ¿Las inventoras del pecado?

Sigue, sigue.

Es una buena película.

Espera que pienso, ¿eh?

Espera...

La tengo...

Eso, un poco más arriba. Sube, sube, sube.

Sí... ¡Ah, ah! ¿Cómo no he caído?

"La diligencia".

Entonces, profesor, ¿se rinde?

Era "Nueve semanas y media".

"Nueve semanas y media", es verdad.

No me salía el título. ¡Qué estúpido!

Ha perdido. Ahora tiene que pagar prenda.

- Buenos días. - Buenos días, profesor.

¿Vamos a dar física hoy?

Estoy destrozado.

Será mejor que nos tomemos libre la mañana.

Aquí tiene su desayuno.

Gracias.

Tengo que ir a recoger a Vanessa al puerto.

Ya es casi la hora.

Estudiaremos por la tarde.

Tiene mala cara,

no podemos dejar que vaya solo.

Le acompañamos al pueblo. ¿Contento?

Vanessa se alegrará de vernos.

Sí, imagino cuánto.

Vamos tarde.

- Hola. - Buenos días, Vanessa.

Tenemos compañía.

No sabes qué alegría volver a verte, Vanessa.

Te esperábamos con ansia.

Espero que te haya ido todo bien con el abogado. ¿Y el viaje?

Ha ido todo estupendamente.

¿Me pasas la sal, por favor?

Gracias.

¿Un poco de vino, profesor? Le sentará bien.

No, basta. Te lo ruego, basta.

Las dos queréis a la fuerza verme borracho.

Disculpe, señora.

Bueno...

Sin embargo,

volviendo a la conversación,

estaba diciendo...

que...

el programa ministerial deja mucho que desear, ¿verdad?

El siglo 19 se estudia poco y mal.

Sí.

En historia, literatura...

Y también filosofía. Sí, y también filosofía.

Se está terminando el vino.

- ¿Puedo ir a buscar un poco más? - Vaya.

Vuelvo enseguida, con permiso.

Qué sueño.

En cuanto acabe de cenar, me acuesto.

Yo también, no puedo más.

¿Y usted, profesor, no está cansado?

Nosotras dos estamos rendidas.

En cambio mire a Vanessa.

A pesar del viaje está fresca como una rosa.

Parece dispuesta a pasar la noche en blanco.

¿Has visto a esas dos putas?

Han hecho todo lo posible para avergonzarnos fingiendo tener sueño.

Imagínate que están durmiendo,

se despiertan, vienen por detrás y nos pillan a nosotros aquí.

Vanessa.

No podemos seguir de esta manera.

Deshazte de ellas.

Mándalas a un internado.

Después de todo, no son tus hijas.

Y luego, nosotros, nos iremos de esta maldita isla.

Tú y yo juntos.

Como antes. Eres viuda, ¿no?

¿Por qué no podemos amarnos sin escondernos?

A la luz del sol, ¿eh?

Quítatelo de la cabeza.

Deshacerse de esas dos idiotas significa perder todo el dinero,

y te aseguro que eso es lo último que quiero que pase.

Y tú tampoco, creo.

Pero, ¿de qué estás hablando?

En pocas palabras, en el testamento hay una cláusula concreta

que dice que puedo administrar libremente todo el patrimonio

sólo a condición de que me ocupe personalmente de ellas.

Personalmente, ¿entiendes?

Bueno, tengo que decir que es una condición muy singular.

Porque Vivi acaba de cumplir 18 años,

y puede hacer lo que quiera.

Así que ya es mayor de edad.

Basta, estoy harta de toda esta historia, no lo soporto más.

¿Te gusta?

Vente, vamos.

Qué rara eres.

Vamos, están durmiendo.

No, estoy cansada.

- Adiós. - Adiós.

- ¿Lo has hecho? - Sí.

¿A ver?

Mira lo que ha escrito, mira.

Giancarlo do not loves.

¿Lo ves?

Dímelo correctamente.

Giancarlo...

- does... - Sí.

love.

- Pero, profesor, ¿qué se ha hecho? - Nada, nada.

¡Vivi!

¿Estás loca?

Compórtate decentemente aunque sea por una vez.

- Son chicas... - Disculpe, profesor,

pero con estas niñas ya no puedo más.

Mira, parece el arañazo de un gato.

- Sí, si tuviéramos uno. - No, es que...

al intentar cortarme el pelo...

Oh, pobre profesor.

¿Pero en qué pensaba? ¿Por qué no fue al barbero?

Está justo en la plaza frente al bar

y no está mal después de todo, ¿verdad, Kiki?

Si no se fía de ese barbero, siempre puede coger un ferry a la ciudad.

No será un problema aunque falte uno o dos días.

Pero hay que desinfectarlo, poner alguna pomada.

En el pueblo hay una farmacia.

Algo venderán para curarle.

Vivi tiene razón, no podemos quedarnos aquí sin hacer nada.

Estamos perdiendo el tiempo. Le acompañamos nosotras.

Profesor, no se preocupe.

De hecho, si nos das la lista de la compra,

nos encargaremos de todo y así podrás descansar.

Al pueblo puedo bajar yo.

No, no te molestes. ¿Qué sentido tiene que vayamos los cuatro?

Y esta mañana ya no daremos clase.

Está bien, podéis ir.

Pero volved pronto, ¿eh?

Los arañazos se lo hizo Vanessa, ¿verdad?

¿Pero cómo fue?

Después de que iros a dormir, imagino.

¿Y dónde fue, en el salón?

¿Me explica una cosa?

¿Qué es lo que ve en esa zorra?

Guapa es guapa, pero tiene que tener algo más.

El olor de la perra en celo atrae a los machos.

Es como una bestia.

Pero bueno, basta ya con tanto odio,

con ese desprecio que sentís hacia Vanessa.

Además, vosotras tampoco sois unas vírgenes inmaculadas.

Todo lo contrario.

Podríais hacer un pequeño esfuerzo para tratar de comprenderla.

¿Y a nosotras? ¿Quién intenta comprendernos a nosotras?

Precisamente porque ya no somos dos niñas que no somos asexuadas.

¿Se imagina lo bonito que es vivir solas en esta isla,

apartadas de la poca vida que hay aquí en esta época?

Aquí, después del verano, ya no se ve a ningún joven.

Claro.

¿Pero os dais cuenta de la situación que habéis creado?

¿Sabéis? Me siento como un gatito agarrado por el pescuezo

y suspendido en el vacío, apunto de caer de un momento a otro.

Así.

Bueno, las cosas se están poniendo feas, me parece...

que no voy a poder controlar la situación,

y mucho menos a vosotras dos.

Es más, debería decir...

a vosotras tres.

En fin,

que será mejor que me vaya.

Entonces, váyase.

Si tiene que echarle tanto cuento, será mejor que se vaya.

¿O está tan enamorado de esa zorra que ya no puede vivir sin ella?

No me lo creo ni aunque lo jure.

¿Sabe cuál es la verdad?

La verdad es que, en el fondo, esta situación tan enredada le gusta.

Cálmate, no te sulfures.

¿A que esta situación le halaga, profesor?

Le gusta ser el único gallo del corral, ¿verdad?

Sí.

Mire qué vistas. Siéntese.

Sí.

Venga.

- ¿Me meto en medio? - Sí.

Ya era hora.

Os habéis tomado vuestro tiempo.

¿Se puede saber dónde habéis estado?

Hemos dado un bonito paseo por la playa, con un día así.

Además, a ti también te gusta la playa fuera de temporada, ¿verdad?

Las calas aisladas y desiertas.

Ya he hablado con Cesare, le acompañará al puerto.

Cogerá el primer ferry de la mañana

e irá a cortarse su maldito pelo a la ciudad.

Vuelva con calma después de uno o dos días.

Vale, de acuerdo.

Está bien.

Voy ahora mismo a preparar la maleta.

Vaya.

Vaya, es lo mejor.

- ¡Señora! - ¿Sí?

Señora, Cesare acaba de venir del pueblo. El profesor se ha marchado.

La cena está lista, sólo hay que calentarla.

Así que si no le importa, nos iremos un poco antes.

Podéis iros, nos apañaremos solas.

Bien.

Escuchad,

estoy harta de vosotras, de vuestra arrogancia

y desfachatez de putitas que tenéis hacia el profesor.

No estoy dispuesta a tolerarlo más.

O cambiáis de actitud o no tardaré nada en echaros.

Es inútil que te enfades,

sabemos que si nos abandonas perderás todo el dinero.

Sí, es verdad, pero como os vuelva a enviar allí

vosotras perderéis más que yo.

Me gusta el dinero, pero todo tiene un límite.

Para empezar, despediré al profesor.

Así os daréis cuenta de quién tiene la sartén por el mango.

En cuanto vuelva, le pediré amablemente que haga las maletas

y que no vuelva a dejarse ver por aquí.

Fin de la transmisión.

Y ahora llorad lo que queráis, que no me importa.

Me voy a la sauna.

Se cena a las ocho y espero que seáis puntuales.

No llores, confía en mí.

Oye, ¿qué hemos venido a hacer aquí?

Sólo una bromita con el termostato.

¡Abridme!

¡Abridme!

¡Abridme!

Por desgracia,

me había ido al continente,

y cuando regresé, me encontré...

Comisario, ya se lo he dicho.

No era la primera vez que se sentía mal.

Estando yo aquí ya le había pasado.

El fuerte calor, la tensión baja...

pero ella nada, pobrecita, no quería renunciar.

Decía que le sentaba muy bien.

Hoy en día con esta manía de mantenerse en forma,

se ven todo tipo de cosas.

Como esos chalados que van corriendo por la mañana.

Si supiera cuántos veo...

Y no sólo jóvenes, ¿sabe? De 50 o incluso más.

Todos rojos, asfixiados, a punto del colapso.

Te rogamos, Señor misericordioso,

que acojas en el cielo el alma de tu sierva Vanessa.

Concédele eterno descanso, reluzca en ella la luz perpetua,

y descanse en paz.

- Amén. - Amén.

Hace falta mucho valor

y aceptar con serenidad la voluntad de Dios.

Estas dos jóvenes criaturas ya han experimentado la dureza de la vida.

Primero la pérdida del padre, y ahora esta otra desgracia.

Debéis ser muy fuertes.

Menos mal que ahora está el profesor con vosotras.

- ¿Se quedará por algún tiempo? - Sí.

No las abandone de momento.

Ya no somos dos niñas, comisario.

Acabo de cumplir 18 años y mi hermana tiene 17.

No se preocupe, sabremos apañárnosla.

Pero no podéis quedaros solas.

Por lo menos de momento.

Habrá que avisar lo antes posible al abogado de la familia.

Yo me encargo.

Encontraré su número por la casa.

Me quedaré aquí hasta que llegue.

Joder, menudas cuentas. Hay que ver lo que gastaba.

Y qué quisquillosa, no tiraba nada.

Facturas, recibos, billetes de avión...

En vez de analizar el carácter de Vanessa, buscad el número del abogado.

Hay que avisarle inmediatamente.

¿Qué prisa tiene? En el fondo las interesadas somos nosotras.

Ya nos preocuparemos nosotras.

El profesor está frito por irse.

Ahora que no está Vanessa no ve la hora de largarse.

No, eso no es un problema,

os he dicho que hasta que no esté todo arreglado no os voy a dejar.

Pero hay que solucionar muchas cosas...

Qué tocapelotas. Aquí tiene el número del abogado.

Llámele, escríbale, mándele un telegrama o una paloma mensajera,

haga lo que quiera, pero no moleste más.

¿Por qué pone esa cara? ¿Es que nuestros vestidos de luto le ponen triste?

- Mire la lencería de luto. - ¿Pero qué estás haciendo?

Como las verdaderas señoras.

No te digo... No es posible.

Por favor.

- ¿Pero tú también te desnudas? - La lencería negra no sólo es de luto.

- También es de putas. - ¿Qué os pasa?

¿Qué es lo que queréis?

Ésto.

¿Pero qué haces? ¡No, basta!

No utilice ese tono autoritario, ahora la señora de la casa soy yo.

Es nuestro prisionero.

No, perdona...

- Haga lo que le digo. - ¿El qué?

- Gírese y camine. - ¿Adónde vamos?

- Al sofá. - ¿Para hacer qué?

- Todo lo que queramos. - Bien.

No, bien. Pero os lo pido, no hagáis tonterías, chicas.

- Abajo. - Con calma.

¡Con calma!

Eh, despierta. Es tarde.

Mira qué buen día hace.

¡Qué hambre! Tendremos que prepararlo solas esta mañana.

Pues sí.

Mira qué pobrecito.

Que carita más cansada.

Seguramente no se encuentra bien.

Nuestro pequeño recién nacido tendrá hambre.

- Vamos a prepararle la papilla. - Sí, buena idea.

Vamos, es una excusa. Eres tú la que tiene hambre.

Vamos a la cocina.

¿Quién sabe dónde guarda la batidora Justina?

Oye, que para batir huevos sólo hace falta un tenedor.

Qué torpe. Ya lo hago yo.

Bueno, lo he intentado. Perdona.

¡Vamos!

¡No!

Aún estamos dormidas.

Vuelve a intentarlo.

- Éste también se ha ido al carajo. - Todos ellos.

Dame otro, vamos.

Los últimos dos.

- ¡Menos mal! - Ya está.

Ponle un montón de azúcar.

Si no cómo iba el profesor a recuperar las fuerzas.

- Más. - Sí, sí, muchísima.

Vamos, coma, profesor, esto sí que le animará.

Sabayón con Armagnac. Qué bueno, ¿verdad?

Era el afrodisíaco preferido del rey Sol.

¿Ha visto como me sé la historia?

Bravo.

¿Está buena la papilla?

Ésta es por mamá. Vamos.

Ésta es por papá.

Bravo.

Y ésta es por la abuela.

Cómase toda la papillita.

Así se hará grande y recuperará toda la fuerza.

¿Cómo está?

Profesor, ¿por qué no se baña con nosotras?

Imagínate, seguro que está otra vez durmiendo.

No oye nada. Qué pena que tenga el sueño tan profundo.

Pobrecito, está cansado.

Dejémosle descansar o romperemos el juguete.

Date la vuelta.

Está fría.

- Kiki. - ¿Sí?

Acabo de tener una idea.

- Escucha. - Dime.

¿Has oído?

¿Qué?

Vivi.

Hola, profesor. ¿Qué me dice de un buen blanco frío como aperitivo?

Vivi, debo hablar contigo un momento.

No, así no puedo continuar.

Vamos, profesor, ¿cómo decía aquel filósofo?

"Panta rei".

Todo fluye, ¿no lo recuerda? Me lo enseñó usted.

Sí, pero tengo que hablar contigo, Vivi.

Yo, verás, yo soy un hombre abierto.

Comprendo... comprendo muchas cosas, pero...

Profesor, "seize the time", aprovecha el momento.

Brindemos, venga.

Venga, esperadme, que yo también quiero brindar.

Mirad lo que he podido encontrar.

¡Qué bueno, caviar!

Ahora brindemos por los tres.

Chinchín.

- Chinchín, profesor. - Chinchín.

- Nos emborracharemos juntos. - Tanto como emborracharnos...

Gracias, Vivi, por todo esto,

pero no puedo quedarme con vosotras, creedme.

Profesor, si me hace un hueco me siento en su regazo.

Así.

El caviar...

- Es otro afrodisíaco, ¿lo sabe? - ¿De verdad?

Venga, coma, coma. Así, muy bien.

- Vale, está bueno, ¿verdad? - Sí, está bueno, sí.

Venga, otra cucharadita más.

Que no se le caiga, ¿eh? Qué bien. Abra otra vez la boquita.

Así.

Bravo.

- Muy bien. Le gusta, ¿verdad? - Basta.

Un poquito más, no sea caprichoso.

Eso es, muy bien.

¿Más?

- Basta. - Venga, un poco más.

Ahora os voy a enseñar cómo hacer más sabroso el caviar.

Cuidado, Kiki, no te pases.

Dejémoslo descansar.

Vamos, ya sabes que me importa más a mí que a ti

que el juguete no se rompa.

Pero, ¿se puede saber que estáis tramando?

De vosotras no me fío un pelo, ¿eh?

¿Pero qué dice? Bébase esto y luego iré a preparar algo para cenar.

Bueno, enseguida vuelvo.

Vamos pequeñín, venga.

No, basta. Lleváis toda la tarde haciéndome beber.

- No puedo más. - Otro buchito.

¡Kiki! ¡Kiki!

Sube un momento..

Tengo que enseñarte una cosa.

Mira, Kiki.

Bueno, ¿y qué es?

¿No son magníficos?

Sí, sí. Bonitos son bonitos.

¿Me has hecho venir para que vea dos cojines y unas plumas?

¿Y a mí qué me importa?

No, deja que te explique. Se me acaba de ocurrir un juego nuevo.

Es estupendo.

Las dos estáis completamente locas.

Mirad lo que me estáis haciendo.

Sin duda...

Sin duda, tenéis una imaginación desbordante.

Sobretodo en ciertos campos.

Apuesto a que con Vanessa estas cosas nunca las hizo.

Verá lo bien que lo vamos a pasar.

Comenzaremos a lamerle lentamente, como a un helado.

Un helado de miel.

Sí.

Vamos, profesor, haga kikirikí, como el profesor de "El ángel azul".

Pero él no es un profesor.

Es el gallo del gallinero. Un gallo de verdad con plumas y todo.

¿Qué estáis haciendo? ¡Basta!

¡Basta! ¡Soy alérgico a las plumas!

¡Basta! ¡Parad!

¡Estáis locas! ¡Soy alérgico!

¡Basta! ¡Basta!

¡Profesor!

¡No!

¡Está muerto!

Oh, Kiki, ¿qué importa?

Ahora somos ricas y te compraré un juguete aún más bonito.

¿Abogado Molinari? Soy el Comisario Orlando.

Mucho gusto. Le presento al doctor Samat.

Encantado.

Por favor.

Lamento haberles molestado a esta hora,

pero se trata de un caso realmente urgente.

Yo soy médico psiquiatra.

Le aseguro que no tenemos ni un minuto que perder.

En cuanto el abogado me ha dicho que las dos chicas se han quedado solas,

he insistido en intervenir cuanto antes.

La pobre Sra. Vanessa había asumido una gran responsabilidad

al hacerse cargo de las dos hermanas.

Las pobres son incapaces de comprender y razonar.

Dos jóvenes psicópatas.

Extremadamente peligrosas para ellas y para los demás.

Sí, al igual que también lo fue su madre.

Sepa que acabo sus días

en una clínica psiquiátrica. Había cometido un delito horrible.

Sólo el dinero del pobre Dr. Rinaldi pudo acallar el escándalo.

Pobrecillas.

Tan jóvenes y solas en el mundo.

Ya estamos, es esa.

Ah, sí.

- ¡Vivi, Kiki! - ¿Qué pasa?

Tenéis que levantaros.

Todavía no, déjanos dormir.

Vamos, chicas, despertad.

¿Lo habéis olvidado? Esta mañana llega vuestro profesor.

Tenemos que ir a recogerle al puerto.

Daos prisa.

¿Quién sabe cómo será el profesor?

Será viejo, gordo, calvo y gilipollas.

Bueno...

¿Quién sabe?

Cosas que encontramos expresadas mayormente

en Schopenhauer, por ejemplo.

Schopenhauer advierte un dualismo arraigado en el ser humano,

entre el mundo del conocimiento y el pensamiento, por una parte,

y el mundo del instinto y de la voluntad, por la otra.

El dualismo...

¿Qué estaba diciendo?

Profesor,

estaba hablando del contraste entre alma y cuerpo

frente a la inteligencia y sensibilidad.

Ah, sí, sí...

¿Ve como con este sol hasta usted se distrae?

¿Por qué no lo dejamos y nos vamos a la playa a darnos un baño?

Sí, claro, y en julio os presentáis a exámenes de natación

en vez de a los de bachillerato.

Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.