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NO ME DIGAS ADIÓS
- Aquí tiene. Gracias. - Gracias, Señora.
- Buenas noches, Sra. Tessier. - Hola. ¿Gaby está en mi casa?
Sí, sí. Puede subir.
¡Gaby!
Gaby, llego tarde.
- ¿Ha llamado el señor? - No, madame.
No encontraba un taxi. Había un atasco...
- ¿Está listo el vestido? - Oui, madame.
Sé buena y prepárame un baño. No muy caliente.
¡Oh, mi cremallera!
Nunca va cuando... No, está bien.
Oh, Gaby. ¿Dónde está mí...?
No, ya lo he encontrado.
Esta noche llevaré el visón.
- ¿Has cosido el cinturón al vestido? - Oui, madame.
No oui, madame. Sí, señora. Tienes que aprender mi idioma.
Oui... Sí, señora.
Cógelo tú. Di que no estoy, que acabo de salir.
¿Diga?
Sí, señor. Oui, monsieur.
- Bien, ya lo cojo. - Un momento, por favor.
Vigila el agua, Gaby. Roger, cariño.
Lo siento, pero llegaré tarde.
El tráfico de París a estas horas es realmente...
¿Qué?
¿Que no puedes? Oh, no, Roger, otra vez no.
Sé que es por trabajo, pero...
Es que esta noche es muy especial.
Es nuestro quinto aniversario.
¿De qué?
De la noche que nos conocimos.
No, no, lo entiendo.
Sí, mañana está bien.
Buenas noches, cariño.
Buenas noches.
A los hombres les vienen muy bien las reuniones de trabajo.
Sí. Muy bien.
Yo en su lugar le daría un ultimátum.
¿Qué ultimátum?
¿Nos casamos? Porque si no...
Ya te he dicho que no queremos casarnos.
Él no quiere.
Ambos estuvimos casados, ya lo sabes. Y aprendimos lo mismo.
La gente debe estar junta porque quiere no porque debe.
La libertad es algo precioso.
- Para él, no para usted. - ¡Gaby!
- Él sale con otras chicas. - Sí.
- Usted no sale con otros hombres. - No quiero.
Menuda libertad.
Te preocupas demasiado por mí.
Mamá dice que cuando eres joven no importa,
pero cuando eres mayor, tienes que casarte.
- ¿Tan vieja soy? - No,
pero está muy sola.
Siento lo de anoche.
- Ha sido una semana terrible. - Sí, lo sé, Roger.
Sigo intentando cerrar lo de Dinamarca pero lo de Holanda falló.
Y no hay envíos de América por la huelga.
- No es nada divertido todo eso. - No.
¿Debería dejarlo, Paula,
e irme a vivir al campo en una casita junto al río?
No sabrías qué hacer contigo mismo.
No podrías vivir sin tus camiones
ni tus tractores, ni tu vida en la ciudad,
tus noches en París...
Pero últimamente conduces muy rápido.
Lo sé. ¿De qué es señal eso?
¿Pretendo seguir joven?
Tú nunca serás viejo.
Te adoro.
Comprendes todo lo que digo, respondes a todas mis preguntas.
- Sí, soy notable. - Lo eres.
¿Cuántas veces habré hecho esto?
Poner la radio mientras me llevas a casa volviendo de cenar.
Paula.
¿Estoy siendo muy egoísta contigo?
No, Roger.
Es sólo que a veces me siento sola.
Ya no soy tan joven, y te echo de menos.
Pero sé cuánto significa tu trabajo para ti.
- ¿Sabes cuánto significas tú para mí? - Eso creo.
Ah, lo olvidaba. Hoy he almorzado con Jacques Bunnell.
Tiene una amiga que necesita una decoradora.
Una americana rica. Con un apartamento nuevo.
El nombre y la dirección. Tienes que ir a verla mañana.
Gracias.
- Parece que hay dinero ahí. - Me vendría bien.
Bien, buenas noches.
Te dejo dormir.
Buenas noches.
Buenas noches.
- Escuche, quisiera... - ¿Qué pasa?
Te estábamos buscando.
¿Te gustan las pequeñas cosas, las tonterías?
Porque si te gustan a ti, a mí también.
- ¡Buenos días, Suzanne! - Buenos días, Sr. Philip.
¿Te gusta pasear?
Entonces a mí me gusta...
pasear.
Buenos días.
- Buenos días. - Soy Philip Van der Besh.
- ¿Viene a ver a mi madre? - Sí.
- ¿No quiere sentarse? - Espero que no sea muy pronto.
- Oh, no. - Ya estará levantada.
- ¿Es por lo del apartamento? - Sí.
Le vendría bien arreglarlo un poco.
Bueno, me pregunto dónde se sientan cuando hay más de tres.
La verdad, no lo sé.
Trabajo todo el día, y cuando llego me voy directo a la cama.
- Debe de trabajar mucho. - Sí, en efecto. Soy abogado.
Nunca me acuesto antes de las 12. Y me levanto al amanecer.
Ahora son casi las 11.
Sí, bueno...
Bueno, es muy inusual...
A mi cliente más importante lo han guillotinado hoy.
¡La guillotina! ¡Santo cielo! ¿Está muerto?
No, la verdad es que no trabajo mucho.
- ¿Quiere un cigarrillo? - Sí, gracias.
¿Dónde...?
Gracias.
- ¿Sigue lloviendo? - No.
No sigue lloviendo.
Bueno, no queda mucho por decir, ¿no?
No la conozco.
Si la conociera, le diría que me ha encantado volver a verla.
- ¿Por qué? - No lo sé, porque sí.
- Suzanne, ¿el Sr. Philip se ha ido? - Rápido, mi madre.
¿Dónde nació, qué día, qué mes?
- Philip. - Sí, madre.
Ah, estás ahí.
Deberías salir de casa antes de las 11 de vez en cuando.
Sí, madre, ya me iba.
No entiendo cómo te soporta el Sr. Fleury.
Ah, es fácil, eres su clienta más rica. Adiós.
Espero verla de nuevo. Buena suerte.
Perdone, ¿quería verme?
El Sr. Bunnell me pidió que viniera a verla esta mañana.
Jacques Bunnell. Dijo que había hablado con Vd. de...
Ah, sí, del apartamento. Vd. es la decoradora.
Me habló muy bien de usted.
Antes de nada, hay algo que quiero que le quede claro.
Si hay algo que no soporto es a la gente que intenta aprovecharse...
¡Suzanne! ¡Suzanne!
Tienes que decírselo miles de veces.
No me malinterprete. Quiero que el apartamento quede bien,
pero hay muchas formas de hacerlo, ¿no?
- Tuve a un joven... - ¿Madame?
- ¿Qué? - ¿Me ha llamado, madame?
¿Qué? Ah sí, sí. Suzanne.
Te he dicho que no dejes las ventanas abiertas.
- Oui, madame. - Bueno, recuérdelo.
Oui, madame.
No lo recordará.
Dicen que los criados son más baratos aquí. Pero me ponen nerviosa.
¿Qué iba diciendo?
Que tuvo un joven...
¿Un joven? Ah, sí, claro, el decorador.
Bueno, no duró mucho.
Conocí a Robbers en mi época...
Siéntese, cariño.
Pero era un ladrón de lo más descarado.
¿Cuándo nació usted?
- ¿Perdone? - ¿Cuándo nació?
Oh, no tiene que decirme el año.
Nunca le preguntaría eso.
- El mes. - En junio.
- ¿Qué día de junio? - El 13.
Ah, Géminis. Qué interesante.
Supongo que no recordará la hora.
No, no, me temo que...
Ah, qué pena.
Bien, ¿hacemos la planta de abajo en Luis XV?
Costará un poco más. Si quiere conservar los muebles que tiene.
Por supuesto. Venga, le enseñaré la casa.
Esas cosas se han alimentado bien en el almacenamiento.
Ya es hora de que paguen por su sustento.
Es que mi hijo estudia Derecho Internacional y viajamos mucho.
Pero ahora nos quedaremos un tiempo en París.
¿Conoce a Philip? Tiene que conocerle. Es un encanto.
- Sí... - Y es un chico brillante,
pero no tengo ni idea de lo que le pasa por la mente.
- Esto es el comedor. - Sí.
Siento lo de su brazo.
¿Brazo? ¿Qué brazo?
El que lleva así...
¿Sí? No lo había notado. Tendré que echarle un vistazo.
Respecto al comedor. Creo que aquí...
- ¡Taxi! - ¿Puedo llevarla?
- No llevará aquí todo este tiempo. - No. Tenía cosas que hacer.
Justo pasaba por aquí.
Voy al Boulevard Haussmann.
- Cerca de Saint Augustin. - Bien.
- ¿Está seguro? - Sí.
Gracias.
Meterse en esto es todo un arte.
- ¿Está bien? - No es nada. Solo la media.
- ¿Voy muy rápido? - Oh, no, estoy acostumbrada.
Tengo un amigo que conduce muy rápido.
Dice que lo mantiene joven.
- ¿Quiere ser joven? - Sí.
Yo no.
Supongo que nació bajo el signo adecuado para decorar el apartamento.
- Eso espero. - ¿Cree en los astros?
Su madre parece estar gobernada por ellos.
Eso es muy conveniente.
Si te gobiernan los astros, no tienes que responsabilizarte por sus actos.
¿Le parece despistada?
Sí, en cierto sentido.
No lo es en absoluto. Está fingiendo.
Parece que es cosa de familia. ¿Cómo está su brazo?
Muy bien.
Haga que mi madre le pague mientras va avanzando.
Es rica y tacaña y no le gusta pagar cuentas.
No debería hablar así de su madre.
No soy ningún niño.
- Por eso. ¿Qué edad tiene? - 25.
¿Y usted?
40.
¿Qué le hace tanta gracia?
- El silbido de admiración. - Es más admiración de lo que cree.
Gracias.
- ¿Quiere almorzar conmigo un día? - No.
¿Así sin más? ¿No?
Así sin más.
Lo siento, no quería ser grosera.
Pero tengo demasiado trabajo para salir a almorzar.
- Y ahora con la casa de su madre... - Entiendo.
- Aquí, a la derecha, por favor. - Bien.
- Bueno, muchas gracias. - De nada.
Bien, adiós.
- Buenos días. - Buenos días, Sr. Van der Besh.
- Buenos días, Sr. Philip. - Buenos días, Helène.
- Buenos días, Alice. - Buenos días.
Le ha llamado tres veces.
- ¿Para qué? - ¿Cómo voy a saberlo?
Será por el informe Guillaut.
Se lo di ayer.
Pues será por eso.
¿Qué...? ¿Qué pasa?
- ¿Se ha hecho daño? - No, estoy bien.
Venga, venga. Suélteme.
No. Usted y sus jueguitos. ¡La verdad!
Alice. He conocido a alguien esta mañana.
Ya. La chica más guapa del mundo.
No, una mujer.
Cálida, encantadora, alegre...
Y sin embargo triste.
Había una tristeza profunda en sus ojos.
- ¿Por qué? - No lo sé.
- ¿Su esposo? - ¿Qué esposo?
- ¿No está casada? - ¿Cómo voy a saberlo?
- ¿No cree que debería averiguarlo? - ¿Qué más da?
Ah, perdón.
Si lo está, no debe de ser un buen matrimonio. No es feliz.
No, sólo podría ser feliz con usted.
Exacto.
- ¿Sí? - Sr. Van der Besh.
Ah, buenos días, señor. No, serán... seis... seis docenas. Gracias.
- Perdone. - Espero que sepa la hora que es.
Sí, sí. Vaya por Dios.
Lo siento. Me he entretenido en casa esta mañana.
Mi madre no está bien.
Acabo de hablar con ella por teléfono hace 5 minutos
y parecía gozar de perfecta salud.
Sí, bueno, ya está mucho mejor.
Gracias. Gracias por preguntar.
He leído el informe Guillaut.
No es necesario decirle la consideración
que siento por su familia.
Y sabe que le acepté encantado en mi bufete.
Sí.
Pero no parece tener ambición.
No muestra deseos de trabajar. ¿Por qué?
Esto no es un informe.
No da ninguna citación,
ni presenta ninguna ley que apoye el caso.
¿Qué cree que estaba haciendo?
No lo sé.
- ¿Y no le importa? - Sí.
¿Y entonces?
Simplemente no sé lo que estoy haciendo.
Estudiando Derecho francés, espero.
No. Me refiero a qué estoy haciendo,
qué he hecho para demostrar que estoy vivo. ¿Entiende?
¿Intenta hacerse el gracioso?
No.
Quiero saber...
cómo se hace. Por ejemplo,
acabo de percibir que nunca me había enamorado.
Pues yo sí. Rehaga ese informe.
¿Cómo se llama?
No lo sé.
- Dos whiskys, por favor. - Sí, Claude.
Esta noche estás preciosa.
Siempre me lo dices cuando me pongo este vestido.
- Me haré otro igual. - No es el vestido.
- ¿Qué tal, Roger? - Bien, gracias.
- ¿De qué conoces este sitio? - No sé.
Habré venido aquí con gente de negocios.
- Hola. - Buenas noches.
Pareces conocer a todo el mundo.
No, es sólo una de esas noches. Esto es todo.
Buenas noches.
- Parecen muy jóvenes, ¿no? - ¿Jóvenes? No creo.
¿Qué me dices de él?
No, pero lo intenta.
Camarero.
Me temo que tengo que irme pronto esta noche.
No te lo he dicho. Conseguí el trabajo.
Sí. Esa tarjeta que me diste de Jacques Bunnell.
- Ah, ¿has ido? - Esta mañana.
Se llama Van der Besh.
Es una de esas mujeres ricas que ha recorrido el mundo
pero te da la sensación de...
Hola.
Hola. Qué curioso. Él es su hijo.
El Sr. Van der Besh, el Sr. Desmarest.
- Buenas noches. - Sabía que la encontraría.
- ¿Me estaba buscando? - Sí.
Qué bonito. La he buscado por todas partes
y estaba aquí todo el tiempo.
No todo. Hemos estado cenando en el Berkeley.
Empezaba a preguntarme si era real o sólo un sueño.
Camarero, camarero. Dos whiskys, por favor.
Este sitio se está haciendo demasiado popular.
¿Está casada?
Esperaba que no lo estuviera.
¡Pero bueno!
Ah, lo siento, señor.
Creo que he dicho algo que no debería.
¿Quiere un poco de café?
No, odio el café.
Tomaré uno de esos..
De esos...
No importa. Vuelvo enseguida.
Ése sí es un hombre para usted. Un hombre de verdad.
Fuerte, que da confianza, seguro de sí mismo.
Nada es tan sencillo.
¿Le quiere?
Eso no es asunto suyo.
Ah, disculpe.
Tiene gracia, no he hecho otra cosa en todo el día que disculparme.
Claude, Claude, tres whiskys, por favor.
Sí, Sr. Desmarest.
- Hola. - Vaya, hola.
Qué pequeño es el mundo.
Lleno de encantadoras sorpresas.
- Me temo que no recuerdo dónde... - Cariño,
¿tienes mi mechero?
Ah, cariño, ¿recuerdas...? El Sr. Cherel,
- el señor... - Desmarest. Roger Desmarest.
- Ah, sí. Buenas noches. - Buenas noches.
- Aquí tiene, Sr. Desmarest. - Gracias, Claude.
Me alegra haberla visto.
- Hasta luego. - Buenas noches.
Me he dado cuenta de que no sé su nombre.
Bien, aquí estamos.
Señor,
discúlpeme si he dicho algo...
Bueno, todos hemos bebido más de la cuenta en alguna ocasión.
- ¿Quieres bailar, querida? - Me encantaría. Disculpe.
¿Le importa?
Gracias.
Volveremos, no se preocupe.
- Vamos a Régine. ¿Vienes? - Vamos, Philip.
- Un muchacho extraño. - No es extraño.
Sólo muy joven y un poco borracho.
"La he buscado por todo París.
Empezaba a preguntarme si era real o sólo un sueño."
- Enhorabuena, Paula. - No es más que un niño.
- Y terriblemente inseguro, creo. - ¿Inseguro?
¿Un joven que te busca por todo París, te coge la mano
y te pregunta si estás casada?
No es mi idea de la inseguridad.
Bueno, hace mucho tiempo
que nadie se recorre todo París buscándome.
- Y te gusta, ¿no? - Por supuesto que sí.
Ah, se ha ido.
Bien, ahora podré terminarme la copa.
Perdón.
Disculpe.
Perdone.
Roger, tengo que irme. Si no, mañana parecerá que tengo 100 años.
Venga, empezaba a gustarme esto.
Paula, va a romper la ventana.
Cariño, por favor, cógelo.
- Bueno. Venga, venga. - Estoy bien. No, no, estoy bien.
- Sí, lo que tú digas. - Estoy bien.
- Búscale la llave. - Yo tengo mi llave.
¿Dónde está?
- No se lo diré. - Oh, por favor.
¿Sabes que tu pequeño Van der Besh empieza a aburrirme?
Sí, amigo mío.
- ¿Quién es éste? - Aquí tienes.
- Mis llaves. - ¿Puedes tú solo?
Por supuesto.
Buenas noches.
¡Un momento!
Buenas noches.
- Vale. - Buenas noches.
- Buenas noches. - Eso es, buenas noches.
¡Roger!
¿Sí? ¡Mierda!
Espera.
Ya estamos.
- Siento que te lo hayas pasado mal. - No, ha sido bastante divertido.
Bien, buenas noches, cariño.
¿Puedo subir a tomar una copa?
Un momento.
Esa no, es para cubrir una silla para Margo Glenville.
Margo Glenville puede irse... Quiero ésta. Me encanta y la tendré.
Así que está decidido.
La quiero apasionadamente. Debo irme. ¿Mi paquete?
Aquí. Pero no irá bien con tus paredes albaricoque.
Pues las pintaré de blanco ostra. ¿Vengo mañana?
Sí, van a llegar un par de lámparas. Quiero que las veas.
Vendré sobre las 6. Adiós, amor mío.
Hola.
- Vengo a disculparme. - No es necesario.
Y por favor, déle las gracias a su marido.
¿Qué tal su cabeza?
Sobreviviré creo. No estoy seguro de desearlo.
Parece un poco... Debería dormir un rato.
- El caso es que tengo hambre. - Pues entonces coma.
Para eso he venido. Ya sé que está ocupada,
¿pero comería conmigo?
- Para compensarla. - No es necesario.
Pero quiero hacerlo.
¿Qué le reservan hoy las estrellas? ¿Se lo ha dicho su madre?
Sí.
Debo perseverar en lo que haga, por muy inútil que parezca.
Está actuando otra vez.
Por favor.
Es un día precioso.
Podemos almorzar en el campo. Tengo el coche.
O en el Bois. Y si se aburre puede llamar a un taxi.
Piensa en todo.
Oh, otra carrera.
Supongo que sus novias llevarán pantalones.
- Yo no tengo ninguna novia. - ¿Por qué no?
No lo sé.
Intente pensar.
¿Cuándo empezó ese abandono suyo general?
Bueno, he conocido a muchas chicas, pero nunca duran.
Supongo que es mi culpa. Pero son tan jóvenes...
- ¿Qué tiene eso de malo? - No lo sé. Debo de ser yo.
Aún así...
Por ejemplo la última. Era bonita,
y exactamente como la gente mayor imagina que es la gente joven.
¿Y cómo imagina la gente mayor que son los jóvenes?
Ya sabe. Intentan parecer perversamente decadentes.
Van en sus cochecitos a toda velocidad, apretando los dientes.
Y se encienden un cigarro en cuanto abren los ojos por la mañana.
Y ella no paraba de decirme
que el amor no era más que el roce de dos pieles.
¿Y?
Bueno, yo creo que el amor es más que eso.
Lloró cuando la dejé.
No me enorgullezco de eso.
Odio que se acaben las cosas, las despedidas, los adioses.
Entonces no debe enamorarse nunca.
¿Es verdad?
Espero que no.
¿Está enamorada de su esposo?
Yo no tengo ningún esposo.
- Aquí tiene, señor, un doble seco. - Gracias.
Después de anoche debería beber agua.
Me siento bien. Es para darme valor.
- ¿Le intimido? - No, pero temo que se aburra.
Seguro que piensa que soy uno de esos jóvenes mimados e insípidos
al que meten en un empleo agradable que sus padres pueden pagar
y a partir de ahí están ocupados intentando estar ocupados.
- ¿Es eso lo que piensa de sí mismo? - No. Me gusta mi trabajo.
- No suena muy entusiasta. - ¿Derecho empresarial?
No hay nada más aburrido. Pero el derecho criminal...
¿Y por qué no se dedica a eso?
En mi familia no se practica derecho criminal.
Eso no se hace.
¿Ha visto algún juicio por asesinato?
Es maravilloso.
En cada país es distinto, e igual de emocionante a su modo.
En América, como un partido de fútbol. " ¿Por qué mintió?"
"No mentí". "Tenía el arma en la mano".
"Protesto". "No se acepta".
"Miente, O'Toole, Vd. amenazó con matarle".
"No fui yo". "Estaba en la esquina de Howard y Mason".
"Protesto". "Se acepta". "Señoría".
En Francia es diferente.
Los franceses tienen lógica, sofismo y sentido del drama.
Yo acuso...
Perdone.
Yo acuso en nombre del muerto,
le acuso de evadir su deber como ser humano.
Le acuso de dejar pasar el amor,
de descuidar su deber de ser feliz,
de vivir en la evasión, el subterfugio y la resignación.
Debería ser sentenciado a muerte.
Será sentenciado a la soledad.
- Una sentencia horrible. - La peor.
La peor y la más aterradora.
Estar solo, sin amor, ¿no?
Sí.
Debo de parecerle más ridículo que anoche.
No.
- ¿O cree que estoy actuando...? - No, pensaba en mí misma.
Pero también pensaba
que es demasiado joven para sentir esas cosas.
Solo sin amor.
Vd. no lo sabe.
- No. - De todas formas hacen falta dos.
No basta con amar,
hay que ser amado.
- Parece triste. - No, no lo estoy.
Me gustaría...
me gustaría...
No la conozco realmente,
pero me gustaría pensar que es feliz.
Aquí está bien.
Ya está.
Bueno, gracias por la comida.
- Adiós. - ¿Adónde va?
- A hacer unos recados. - ¿Puedo ir con usted?
No. Me lo he pasado muy bien. Gracias otra vez.
- ¿No puedo acompañarla? - No. Adiós.
Hola.
Pensé que podía llevarle los paquetes.
Entonces puedo acompañarla a la tienda.
Por favor, no se enfade conmigo. No lo soportaría.
Realmente es usted un niño.
Debía de estar muy mimado cuando era pequeño.
Ah, sí. Mi madre me lo daba todo. Era más fácil que decir no.
- ¿Y su padre? - Lo dejamos cuando yo tenía 7 años.
Y desde entonces siempre hemos viajado mi madre y yo.
Tu casa está donde está tu corazón.
- Y viajar abre la mente. - Tiene mucha razón.
Tengo mucha información inútil que me sirve de mucho en las fiestas.
Tengo miles de conocidos sin la carga de la amistad.
He estado en 27 escuelas distintas
y puedo decir "te quiero" en 13 idiomas distintos.
No está mal. Bien...
Ése es mi favorito. Es "te quiero" en noruego.
¿Se lo enseñó una chica noruega?
Sí. Es la sílaba de más la que añade la emoción.
Bien, ya he llegado. Adiós.
Espere, espere un minuto
¿Sí?
- ¿Le gusta Brahms? - ¿Qué?
Hay un buen concierto en Salle Pleyel el domingo.
Brahms. ¿Le gusta Brahms?
¿Qué pasa?
No me preguntan eso desde los 17 años.
- ¿Y qué contestó? - Que sí. Estaba enamorada.
Fuimos al concierto y nos sentamos en el palco
cogidos de la mano y escuchando a... ¿Brahms?
Bueno, no estoy segura, pero era precioso.
- Entonces le gusta. - No lo sé. Fue hace mucho.
¿No quiere venir conmigo para averiguarlo?
Este fin de semana tengo planes. Intento dejármelos libres.
¿Es por... el hombre con el que estaba anoche?
Sí.
- ¿Es permanente? - Sí.
Adiós. Gracias otra vez.
¿Qué?
Los hombres siempre fuman después.
¿Ah, sí? Nunca lo había pensado.
Sí, siempre fuman.
- ¿Me das uno? - Sí.
Sabes unas cosas muy interesantes, Maisie.
¿Por qué insistes en llamarme Maisie?
Tengo mala memoria con los nombres. Eso facilita la vida.
- ¿Llamas Maisie a todas tus chicas? - Sí.
Me parece muy simpático. ¿Qué Maisie soy yo?
¿La Maisie Nº 7?
¿La Maisie Nº 27? ¿La Maisie Nº 127?
La Maisie Nº 1.
Oh, qué galante.
Un poco más de champán, por favor.
Me alegro mucho de que estuvieras en el cóctel esta tarde.
Y yo.
Pero no sé por qué me elegiste entre todos esos chicos guapos.
No son más que unos críos. Hablan y hablan.
Sólo les gusta hablar.
Pero tú...
En el momento en que te vi supe lo que tenías en la mente.
No te rías.
Es muy raro últimamente. En serio. Pregúntale a cualquier chica.
¿Cómo te libraste de Cherel?
Oh, pobre André.
Es un pez gordo del cine, pero si supieras lo aburrido que es...
Nunca lo sabré.
No te preocupes por él. Roger,
vámonos fuera el fin de semana.
Seguro que conoces sitios preciosos cerca de París. ¿Nos vamos?
Estás libre, ¿no?
Alguien me dijo que estabas comprometido.
¿Es cierto?
No, no. Estoy libre.
Sí, cariño.
Sí.
No, esperaba para ver qué querías hacer el fin de semana.
¿Qué?
Lo siento, cariño.
Pero sólo puedo hacer este trato el fin de semana.
El hombre está en Bruselas y tengo que ir a verlo.
Podría significar una venta de 75 tractores.
Sí, lo entiendo.
Claro que sí.
Ah, no lo sé.
Me iré al cine, supongo.
Sí, sé que tiene una partida de bridge los sábados.
¿Quién?
No, no voy a llamar a Jimmy. ¿Por qué me va a sacar él?
Roger, deja de intentar solucionarme el fin de semana.
Si te sientes mal porque me vaya, intentaré arreglarlo.
No seas tonto, claro que tienes que ir.
Probablemente trabajaré por la tarde.
Una de mis clientas me lo pidió y le dije que no, pero ahora...
Sí, trabajaremos los dos.
Bien, cariño, ¿cuándo volverás?
Vale, yo estaré aquí. Y conduce con cuidado.
Sí, lo haré, cariño.
Adiós.
Hola.
Lo siento, cariño, llego tarde, pero ya sabes cómo es.
¿Cuánto es?
¿Qué pasa? Circule, circule.
Pero bueno. Venga, venga.
1.200 francos. ¡Santo Dios!
Eso son 24 dólares el metro.
Sí.
Hoy me siento terrible.
¿Cuánto cuesta ésta?
Ésta son 1.400.
Me quedo con ésa.
Está bien.
- No tiene nada de malo, ¿no? - No, no. Me gusta.
Me gusta cómo está yendo todo.
- Has hecho maravillas en poco tiempo. - Oh, gracias.
Bien, también puedo decírtelo.
Estoy planeando una cena para el 19.
- Es el viernes de la otra semana. - Probablemente no podré...
Lo siento, pero ya he mandado las invitaciones.
Haré lo que pueda.
- Y tienes que venir, claro. - Gracias.
Ahora mire estos materiales, Sra. Van der Besh.
Perdona, llámame Teresa.
He elegido éste para su dormitorio y éste para el de su hijo.
De hecho, le he mandado una invitación a tu amigo.
Roger Desmarest. Se llama así, ¿no?
He oído que es muy atractivo.
Querida, París es como un pueblo.
Todos conocen la vida de los demás.
- ¿Quieres un té? - No, gracias.
Pero quisiera que mirara estos materiales.
Oh, Paula. No podría mirar nada más hoy.
Confío en ti. Pero no gastes mucho dinero.
- Madame. - Tráenos un té, por favor, Suzanne.
Oui, madame.
He pensado en ésta para su hijo.
No sé lo que le gusta a Philip. Imposible.
No es tan difícil.
Querida, es imposible. Prácticamente es un maniaco depresivo.
Adora el mundo, odia el mundo. Igual que su padre.
¿Sabe que bebe?
Su padre también bebía, pero era encantador...
Ah, estás aquí. Estábamos hablando de ti.
- Qué suerte. Hola. - Hola.
- Tengo que irme. - No se ha tomado el té.
Gracias, pero tengo cosas que hacer. Gracias por su tiempo.
- La llamaré el viernes. - Adiós, querida.
No olvide lo del 19.
No. Adiós.
La acompaño.
- ¿Qué pasa? - Nada.
- ¿Algo va mal? - No.
No, ¿puedo bajar con usted?
- No esperaba verla hoy. - No.
- ¿Que ha pasado con su fin de semana? - Roger salió en viaje de negocios.
Entiendo.
Adiós.
Adiós.
El interruptor está detrás.
Apártese.
Apártese, me está molestando.
Philip,
por favor, déjeme.
- Gaby. - Oui, madame, j'arrive. Ya voy.
Buenos días, madame.
Te quiero todos los días, pero los domingos por la mañana te adoro.
Podría traerle el desayuno todos los días.
Demasiado pecaminoso, Gaby. ¿No queda mermelada de fresa?
Qué pena. Bueno, compraré mañana.
- Tiene un mensaje. - ¿Dónde?
Ha sido por teléfono. Muy temprano.
Dijo que no quería molestarla.
- ¿El señor? - No, otro señor.
No dejó su nombre, pero me hizo repetir el mensaje mil veces.
¿Y cuál es el mensaje?
"Siento lo de ayer.
¿Le gusta Brahms?"
¿Lo entiende?
Sí. Sí, lo entiendo.
¿Pero qué son Brahms?
Mira allí.
El segundo de arriba.
Sí, eso es. Ponlo.
Bien. El primer botón.
Eso son Brahms.
Será mejor que te vistas.
¿Es necesario? ¿Qué hora es?
Sobre las 5.30.
¿Por qué no nos quedamos esta noche y nos vamos mañana?
No.
¿Por qué no?
- Tengo que estar en París esta noche. - ¿Por qué?
No es asunto tuyo.
- Yo no me voy. - ¿Qué?
Yo no me voy.
Maisie.
- Maisie. - No.
- Venga, Maisie. - Quiero quedarme aquí.
- Basta ya, Maisie. - No.
- Por favor. - Quiero quedarme.
¡Ya basta! ¡Maisie!
- Hola. - Hola.
Qué bien que decidió que le gusta Brahms.
¿Sí? No sé si me gusta realmente.
Da igual mientras esté aquí.
Puedo mirar, ¿no?
Lo siento.
- El Martini seco. - Sí.
¿Cuánto es todo?
Nueve francos.
- Gracias. - Gracias.
Ninguna diferencia. Dije especialmente extra seco.
¿Qué pasa?
Nada.
Está sonando el timbre.
Deberíamos volver. El descanso está acabando.
¿Cenará conmigo después del concierto?
No puedo, tengo que irme a casa.
¿No dijo que no trabajaba los fines de semana?
Espero a Roger esta noche.
- ¿Y si no aparece? - Entonces cenaré sola.
Debe de ser todo un hombre para merecer tanta devoción,
- tanto auto-sacrificio. - Le quiero.
¿Y él?
- ¿Qué pasa con él? - ¿Él la quiere?
Sí.
Por supuesto. Todo es para bien en el mejor de los mundos.
No se haga el cínico, no le va.
- A su edad debería creer... - Deje de reírse de mí.
Deje de hablarme como si tuviera 5 años.
Lo siento.
No me río de usted, sino de los papeles que interpreta.
- Si fuera usted mismo... - Es cierto.
Con usted he hecho de brillante abogado, de amante tímido,
de niño mimado, y Dios sabe de qué más.
Pero todo ha sido por usted, sólo por usted.
¿No cree que eso es amor?
Démonos prisa.
Lo siento. Es tarde.
Silencio.
¿Desde cuándo...
desde cuándo está con Roger?
Hace cinco años.
¿Y ha sido feliz?
- Sí, lo he sido. - ¿Siempre?
Siempre no existe. He tenido cinco años de felicidad,
de duda,
de calor y de dolor..
Pero sólo importa la felicidad.
Ahora no es feliz.
- Sí lo soy. - No.
He dicho que le quiero.
Y yo quiero a mi madre y a mi antigua niñera, a mi coche...
- ¿Qué tiene que ver? - Dice que le quiere, pero está sola.
Se pasa sola los domingos. ¿Cuántas veces duerme sola?
- No tiene derecho... - Sí lo tengo.
Estoy enamorado y nada me detendrá, y haré que lo deje si puedo.
Lo haré, lo haré.
Señor, por favor.
¿Qué es eso?
Brahms.
¿Cómo lo sabes?
Bueno, lo ha dicho el de la radio.
¿Te gusta?
El domingo por la tarde la radio es terrible.
- Déjalo donde estaba. - Bueno, no hay nada más...
Tiene gracia.
A los ocho años soñaba con ser director de orquesta.
Yo soñaba con ser una estrella de cine. Y lo seré.
Mañana tengo que cenar con Cherel.
Pero te llamo en cuanto pueda irme, ¿vale?
Sí. Sí.
No me gusta que me dejes esta noche. Te echaré de menos.
Maisie, no puedo conducir.
No seas tonto, eres un conductor excelente.
De hecho,
lo haces todo bien.
Hola.
¿Qué pasa?
Nada. Sólo que me alegro de verte. ¿Qué tal el viaje?
- Bien. ¿Acabas de llegar? - Sí.
¿Dónde estabas?
En un concierto en Salle Pleyel.
Ah, ¿te gusta Brahms?
¿Por qué lo preguntas?
Lo he oído en la radio, volviendo.
¿Cómo es que has asistido?
Me invitó el joven Van der Besh,
No tenía nada que hacer. No recordaba si me gustaba Brahms o no.
El joven me hizo una pregunta tonta y no tenía respuesta.
Lo había olvidado.
Últimamente no recuerdo nada, salvo que amo a un hombre que nunca está.
Paula, ¿qué te pasa?
Ya te lo he dicho. Me hicieron una pregunta,
pero no pude responder. Y de pronto las preguntas parecen importantes.
¿Me gusta Brahms? ¿Cuál es mi color favorito? ¿Me gustan las rosas?
¿Te quiero?
¿Qué ha pasado? ¿Qué te ha dicho ese chico?
¿Qué importa mientras yo te quiera?
Y tú sabes la respuesta a eso, ¿no?
- ¿Qué habéis hecho? - Escuchar a Brahms.
- Deja de hablar de Brahms. - No puedo dejarlo fuera.
Paula, ¿a qué viene esto? ¿Es por mí?
Sí, por ti y por mí.
Sabes que te quiero.
No, no lo sé. Ya no sé nada.
Roger, ¿el tiempo ya ha pasado por mí?
¿Ya?
Paula, ¿qué quieres que te diga?
¿Qué eres lo más importante para mí?
Que hay alguien que siempre está ahí,
alguien de quien puedes estar seguro, a quien amar y en quien confiar.
A veces quisiera ser una de las putillas que recoges en los bares.
No ser ésa en quien confías, o estimas o admiras,
sino la que amas.
Ellas no significan nada para mí.
- Lo sé. - Yo soy así.
- Nunca he intentado ocultarlo. - No, siempre fuiste honesto.
Y a ti no te importa. Eso me decías.
Exacto..
- Mientras seamos honestos... - Podemos ser auto-indulgentes.
Paula, ¿qué te pasa?
Desearía que nos enamoráramos otra vez, eso es todo.
Antes estábamos tan seguros del futuro...
Yo sigo estándolo, no ha cambiado nada.
- ¿Y podemos seguir, así como estamos? - Claro.
- ¿Para siempre? - Claro, ¿por qué no?
Te quiero.
Has pasado un mal fin de semana.
Lamento haber tenido que dejarte.
Ya estoy bien.
¿Dónde cenamos?
- ¿Dónde te gustaría? - Me da igual.
Voy a cambiarme de vestido y a retocarme la cara.
-No tardaré, -Mira, se ha caído tu máscara.
No ha pasado nada.
Ya está.
¿Qué te parece L'Escargot?
- ¿Crees que podremos entrar? - Supongo.
¿Quieres una copa?
- ¿Tú quieres una? - No, gracias.
Bueno, dime. ¿Qué tal en Bruselas?
¿El viaje te ha ido bien?
Sí, bien.
No pareces muy entusiasta.
¿Qué tal en Chez Allard?
No, creo que los domingos no abren.
L'Escargot está bien.
- Roger. - ¿Sí?
Me alegra que hayas venido hoy.
- Yo también. - ¿Había mucho tráfico?
El domingo siempre está mal. Pero la rambla siempre es rápida.
¿Rambla? No hay ninguna rambla desde Bruselas.
No, claro que no.
¿He dicho rambla?
Han arreglado la carretera tan bien que parece una rambla.
He tardado poco.
Me alegro.
- ¿Qué tal un sitio con música? - Puede estar bien.
No sé cuál estará abierto. Daremos un vuelta en coche.
Está bien.
- ¿Es la puerta? - Sí, sí. Ya voy yo.
- Hola, Gaby. - Buenas noches, señor.
- ¿Quién es? - Gaby.
- Tengo una carta para la señora. - Una carta para ti.
Está bien.
¿Cómo va tu inglés, Gaby? Hace tiempo que no te veo.
Yo siempre estoy aquí.
- ¿De quién es? - No lo sé.
La trajeron en mano.
- Toma. - Gracias.
¿Te importa leérmela, cariño?
- Podría ser personal. - No creo.
Pues lo es. Es del joven Van der Besh.
No importa.
No tenemos secretos entre nosotros, ¿verdad?
"Discúlpeme. Estaba celoso
y sólo puedes estar celoso de lo que posees.
Bien, ahora se librará de mí por un tiempo.
Me voy a Londres mañana a trabajar en un caso.
Y es muy importante,
pero me da igual porque sólo pensaré en usted.
Por favor, aunque no quiera volver a verme, recuerde
que la quiero.
Su Philip."
Estoy lista.
No me has dicho adónde quieres ir.
Cualquier sitio con música estará bien, ¿no crees?
Está bien.
Como ha sugerido mi docto amigo,
los hechos parecen simples.
Cierto día, a cierta hora y en cierto sitio,
colisionaron dos barcos: uno inglés y otro francés..
Aquí tiene los papeles que pidió de París.
- Ah, bien. - ¿Qué tal va?
- Bien. - También ha recibido una carta.
Gracias.
Me pregunto cómo explicará mi doctor amigo
en términos simples
el testimonio del testigo Sharp
-que declaraba: -Perdón.
"En ningún momento en los 10 minutos anteriores a la colisión
oí ninguna señal del barco inglés".
Complicación tras complicación.
También está la cuestión de la niebla.
Glenville declara que la niebla se estaba levantando,
pero Olivier declara categóricamente
que estaba espesando.
También está el testimonio del cabo de mar Belnapp...
Belnapp.
...que ha admitido que dejó el puente momentos antes
para buscar más azúcar para su café.
Permítame recordarle, señoría,
la declaración del marinero Gendrin...
Tengo que volver a París. Es importante. Toma. Lo siento.
...a una distancia de tres millas.
Aeropuerto, por favor. Pero antes pare en el Dorchester.
- Está preciosa. ¿No crees, Lucien? - Sí, querida.
- Gracias, Myrtle. - ¿Ha sido caro?
- Conmigo no, querida. - ¿Y quién es él?
¿Quién? ¿Él?
Está en el negocio de camiones. Creo que eso me dijo ella.
- Debo decir que lo parece. - Gracias.
- Parece más bien atractivo. - ¿Eso crees?
Sí, de hecho lo es bastante.
- Roger, intenta no parecer aburrido. - ¿Aburrido?
¿Cómo podría aburrirme con un grupo tan alegre y encantador?
Al menos sé amable con la señora Van der Besh. Ni has hablado con ella.
Sí he hablado.
Le he dicho: "Buenas noches, gracias por haberme invitado".
Por favor. Aquí viene.
Paula, todos adoran el apartamento.
- Están totalmente entusiasmados. - Me alegro,
Debe de estar muy orgulloso, señor.
Debería estar orgulloso de ti, Paula.
Lo estoy, señora.
Vd. tiene algo que ver con los camiones, ¿no?
Qué interesante.
¿Compra camiones en América y los vende en Europa?
A veces los compramos en Europa y los vendemos en América.
Somos muy flexibles.
Fascinante.
Qué pena que Philip no esté aquí. Estás preciosa.
Philip es mi hijo.
Se pondrá furioso cuando sepa que has venido,
pero está en Londres por algo terriblemente legal. ¿Lo sabías?
Philip está loco por Paula.
- Es conmovedor. - Sí, lo sé.
- La cena está servida, señora. - La cena. Bien, Suzanne.
Marie-Hélène, Claude. La cena está servida.
Raymond, tú te sentarás cerca de la Sra. Fleury.
Alain, querido, tú con la Sra. Tessier.
Paula, háblale de pintura moderna.
Tiene una fabulosa colección.
Y usted a mi lado, Sr. Desmarest.
Me lo contará todo sobre los camiones y lo que hace con ellos.
- Usted es Leo, ¿no? - ¿Perdón?
Debió de nacer a finales de julio o principios de agosto.
- No, a principios de mayo. - Ah, Tauro, el toro.
Debí haberlo imaginado.
- La lista, señora. - Gracias.
Esto es lo más difícil, lograr que la gente encuentre su sitio.
Nunca entiendo mi letra.
Françoise, aquí.
- Marie Hélène, allí. Claude... - ¡Sr. Philip!
Buenas noches, Micheline.
Y Paula, querida, tú vas aquí. Oh, no, perdona.
Al otro lado, allí.
Alain, a su derecha y Raymond a su izquierda. Eso es.
Lucien, tú al lado de Françoise, a su derecha...
Lo siento, pero debo ser franco.
A mí me parece un disparate.
Se llaman expresionistas abstractos,
¿pero qué es lo que expresan? Me gustaría saberlo.
Sí, ¿verdad?
Estábamos hablando de Jean Dupré.
Claro. ¿Sabe lo de su último affaire?
Me temo que ni siquiera sé quién es el caballero.
- ¿No conoce a Jean? - No, lo siento.
Y no sé porque debería interesarme su último affaire,
- a menos... - ¿A menos qué?
Que la dama fuera mi esposa. Y por suerte no estoy casado.
Ésa es una actitud muy cerrada, ¿no cree?
Si todos fueran como usted, ¿de qué hablaríamos?
Philip.
Buenas noches.
Espero no molestar.
Pero si no te esperábamos hasta el sábado.
- Quería darte una sorpresa. - Philip, ¿qué ha pasado?
- ¿El caso está resuelto? - Ah, no. Pero va muy bien.
Querido, ¿has cenado ya?
Sí, tomé algo en el avión. Pero les haré compañía.
No, Marcelle, el Sr. Philip ya ha cenado.
- Hola. - Hola.
Tiene buen aspecto. El trabajo duro le sienta bien.
- No creo que el trabajo duro... - Recibí tu nota. En cuanto me llegó
vine inmediatamente.
- ¿Un poco de fruta? - No, gracias.
Nunca pensé que odiaría tanto Londres.
Tiene suerte, madre quiere hablar con usted.
- ¿Y usted quiere hablar con Paula? - Exacto.
Espere un momento.
- Hay algo que quiero preguntarle. - ¿Qué?
Me...
Me pregunto si tendría un puro.
Por supuesto.
- ¿Qué le has dicho a Philip? - Le he pedido un puro. ¿Por qué?
- Parecías enfadado. - No lo estaba.
- ¿Debería estarlo? - No lo sé.
Aquí tiene.
Oh, gracias.
- ¿Le gustan los puros? - Desafortunadamente, no.
- ¿Le traigo algo de beber? - No, gracias.
Creo que deberíamos irnos. Yo tengo que madrugar.
Bueno, si Paula no está cansada, puedo llevarla luego a casa.
Supongo que sí.
¿Te gustaría eso, querida?
No, se está haciendo tarde. Buenas noches.
Buenas noches.
Has iluminado esa fiesta.
Estaba languideciendo hasta que llegó el joven amor.
Ahora tendrán algo de lo que hablar.
"¿Saben lo de la decoradora de la Sra. Van der Besh?
Decoró el apartamento y sedujo a su hijo sin cargo adicional."
Creo que es una buena oportunidad.
Si vas a hacer el dormitorio de tu joven jefe,
¿por qué no te encargas también de él?
Hace el trabajo mucho más interesante.
- ¿Te vas mañana? - Sí.
¿Adónde?
Ya te lo he dicho: Suiza, Dinamarca, Alemania.
- ¿Por cuánto tiempo? - Unos diez días.
Roger, yo...
Buenas noches.
Philip.
¿Cómo has llegado tan rápido? Habrás conducido como un loco.
Sube, por favor.
- ¿Por qué haces estas idioteces? - Por favor. Sólo un momento.
- ¿Para qué volviste de Londres? - Para verte.
- ¿Por qué? - ¿Por qué? Por tu carta.
Pero es ridíc... ¿Qué decía?
"Vuelve pronto".
Oh, no.
"Mi dulce Philip, tu carta era muy triste y más de lo que yo merezco.
Te extraño. Vuelve pronto".
No quería decir eso.
Me sentía cansada e infeliz.
Y sola.
- Lo lamento. No debí escribirla. - ¿Pero lo sentías?
Supongo que sí. En ese momento.
¿Ha cambiado algo desde entonces?
No, no ha cambiado nada.
Entonces...
- Aquí tiene. - SAS 252.
- Pueden embarcar ya. - Por aquí, señores, por favor.
- ¿Telegrafiaste a Copenhague? - Sí, mandarán un coche.
- ¡Roger! - ¡Paula!
- Adelantaos, ahora voy. - No tenemos mucho tiempo.
Tranquilo.
- Paula, ¿qué haces aquí? - Te llamé a casa y ya te habías ido.
- Quería verte. - Ven aquí.
Siento lo de anoche. Estaba enfadado. Celoso, de hecho.
- Quería llamarte. - Roger, ¿me llevas contigo?
- ¿Qué? - Quiero ir contigo. ¿Puedo?
- Paula, el avión sale en dos minutos. - Voy a casa, hago una maleta
y me reúno contigo esta noche. ¿Dónde estarás?
Cariño, voy con dos hombres de Chicago. ¿Cómo voy a explicarlo?
Diles que soy tu mujer.
Los americanos siempre viajan con sus mujeres. Lo entenderán.
Paula, esto es una locura. ¿Es por ese chico?
Es por mí. Por favor.
- ¡Roger! - Sí, ya voy.
No te preocupes, volveré pronto. Sólo son diez días.
Deshazte de ese chico, Paula. Te inquieta.
Y no te preocupes. Todo irá bien, ya lo verás.
Paula, sabes que te quiero. Te llamaré cuando vuelva. Adiós, cariño.
Adiós.
Llevo practicando la ley 40 años, y en mi vida
he oído de nadie que se vaya a mitad de un juicio.
Voy a decirte algo. Si no fuera por tu madre
te pediría que te fueras de una vez...
¿Diga? Sí.
¿Quién llama?
Me temo que el Sr. Van der Besh está ocupado.
Un momento, por favor.
Ah, aquí está. Espere un momento.
Esta vez no se ha librado. ¿Qué ha dicho?
- No lo sé. No le escuchaba. ¿Quién es? - Una llamada personal.
- Una voz de mujer, y no es su madre. - ¿Diga?
Sí, Paula.
Sí, claro que podemos hablar.
Esta noche podríamos...
- Philip, me temo que no puedo. - ¿Qué quieres decir?
No puedo verte más, Philip. Por favor, intenta entenderlo.
Pase lo que pase, te hará daño. No intentes verme, por favor.
¿Me lo prometes? ¿Philip?
Philip, prométemelo, por favor.
Sí. Sí, por supuesto.
No digas más,
es un adiós.
Como otras veces,
es un adiós.
Lo sé muy bien,
ahórrate la mentira.
Es una despedida
y un nuevo adiós.
Amor mío.
¿Por qué niegas...
Philip, vámonos, ya estoy harto.
Venga ya. Llevas varios días así.
Tú dijiste que darías dos años de tu vida por enamorarte de verdad.
Sé que lo dije, y lo lamento.
- Eso fue hace mucho tiempo. - Pues yo estoy enamorado.
Pero ella no me cree.
Yo te creo. Me lo has dicho miles de veces.
Ahora vámonos, ¿eh, Philip? Venga.
Bueno, yo me voy.
- ¿Estarás bien? - Sí.
Hablamos mañana. Hasta luego.
Hola.
Tu amigo se ha ido y te ha dejado, ¿no?
Hablas del amor como si supieras mucho de eso.
Y lo sé.
- ¿Me invitas a una copa? - Claro.
- Dos whiskys. - Sí, señor.
- Bien, háblame. - ¿De qué?
Del amor.
- Es difícil de explicar... - No es nada.
Sólo es una palabra en una canción.
En millones de canciones. Tú mismo lo has dicho.
Es la palabra más empleada del mundo y no significa nada.
Sólo una palabra en una canción.
Bien, por el viejo amor.
Por el viejo amor.
¿Vas a cantarme otra?
Bueno...
El amor
no es más que una palabra,
no significa nada.
Es una extravagante forma de decir
que dos personas quieren animarse.
El amor no es más que una palabra.
Y cuando empieza la diversión,
una palabra que usamos para cubrir
una montaña de pecados.
El amor
no es más que una palabra
que ha caído
sobre toda la ciudad...
- ¿Cuánto tiempo llevas aquí? - No lo sé.
Debes de estar empapado.
- Tenía que verte. Lo he intentado... - Está bien.
Desde que hablamos no sé dónde he estado ni lo que he hecho.
- ¿Y tú? - ¿Yo? He trabajado.
He ido a una colecta, me he comprado ropa.
Están abriendo la calle delante de mi casa.
Sí, lo sé. Casi se me queda el coche ahí.
Estará reparado en unos días.
Paula, ¿seguro que no quieres nada? Hay pollo con muy buena pinta.
¡Qué hambre tengo!
¿Dónde está la mantequilla? Mantequilla, mantequilla.
¿Queda algo de vino?
No, nada. Genial, he encontrado una cerveza.
Está aquí, está aquí.
Cariño, ¿le das la vuelta al disco? Da igual, ya lo hago yo.
Bien, aquí estoy. ¿Qué tal? Buena pinta, ¿eh?
Me siento como si no hubiera comido hace días.
Hola, amor mío.
Gaby. Espera. Olvidé que puse la cadena anoche.
- Buenos días. - Buenos días.
Está bien, ya lo cojo yo. Dame.
- ¿Quiere que...? - Paula,
¿puedes ayudarme...?
Buenos días. ¿Puedes ayudarme con esto?
Gaby, él es Philip...
- El señor Van der Besh. - Buenos días, señor.
No te preocupes por el desayuno, lo haré yo.
Gracias, Gaby.
Gaby. Te llamaré si te necesito.
- Estaba incómoda. - Incomoda, no: sorprendida.
Gaby es mi defensora y mi protectora.
Es mucho mayor y mucho más sabia que yo.
- Mira la hora. Llegaré tarde. - Puedo llevarte a la tienda.
No, no quiero que me lleves. ¿Puedes sacar la mantequilla.
- ¿Por qué no? - No hace falta.
Puedo dejarte en la esquina si no quieres que nos vean.
- ¿Por qué? - No sé, pensaba que...
Tranquilo. Lo sabrán pronto y se divertirán mucho.
"¿Sabéis lo de Paula y su nuevo jovencito?
Qué vitalidad tiene
con ese apetito por los jóvenes."
- ¿Te importa? - No mucho.
Entonces no pasa nada.
- ¿A qué hora saldrás? - Sobre las 6.
¿Las 6? ¿Y qué hago yo hasta las 6?
¿Cómo sabes que no estaré ocupada luego?
- Es verdad, no lo sé. - Déjame hacer eso.
- Esta noche estoy libre. - Bien.
- ¿Pero qué haré hasta las 6? - No sé, trabajar.
¿Trabajar? Ah, ya lo sé.
Vagaré por París pensando en ti,
y luego comeré solo pensando en ti.
Y luego esperaré hasta las 6...
- ¿Cuánto es? - 4.50 céntimos.
¡Eh, señor! ¡Señor!
Seguid, ahora os alcanzo.
- ¿Por qué? ¿Adónde vas? - A llamar por teléfono.
- Dile al maletero que busque un taxi. - ¿Cuál es su número?
El 24. Tranquilos, voy enseguida.
- ¿Diga? - ¿Paula?
Hola.
Acabo de llegar. Estoy en el aeropuerto.
¿Qué tal? ¿Has tenido un buen viaje?
Quiero verte. ¿Podemos cenar esta noche?
No. Cenar, no.
Bueno, ¿y qué tal almorzar?
- Sí, almorzar, sí. ¿Dónde? - ¿Dónde te gustaría?
Da igual. Un sitio donde no haya mucha gente.
- ¿Pré Catalan? - Está bien, nos vemos allí.
- ¿No quieres que te recoja? - No, nos vemos allí.
Está bien. En Pré Catalan a la 1. Y Paula,
estoy deseando verte.
Adiós, Roger.
- Siento llegar tarde. - No, yo he llegado pronto.
- ¿No te sientes bien? - ¿Por qué?
Bueno, no sueles beber en pleno día.
Ah, eso. No, me sentía un poco cansado.
Entonces, creo que tomaré un vermut.
- ¿Un Noilly? - Sí.
Muy bien.
¡Sommelier, un Noilly!
- Parece que no nos vemos hace mucho. - Diez días.
Parece más.
Te llamé un par de veces desde Alemania pero no te encontré.
He salido bastante. O quizá desconecté el teléfono.
- Antes no lo hacías. - Aquí tiene.
- Gracias. - ¿Has visto a Jimmy?
- No. - ¿Y qué has hecho?
He visto bastante a Philip.
Ah, al joven. ¿Sigue loco por ti?
¿Aún te parece divertido?
Sí.
- ¿Divertido, o más que eso? - Más.
Bueno, no hay nada que decir a eso, ¿verdad?
Podrías decir muchas cosas.
Roger, si te dijera que todo sigue dependiendo de ti,
- no sabrías qué decir, ¿verdad? - No lo sé.
Pero yo sí.
Dirías que estás demasiado obsesionado con tu libertad,
- demasiado asustado de perderla. - He dicho que no lo sé.
Sólo sé que detesto la idea de que tú y ese joven...
- Lo mismo, por favor. - Sí, señor.
Espero que él valga la pena.
No se trata de eso. Él me quiere.
Cuando te invité a almorzar, no pensé que tendría que escuchar
tu romance con ese chico.
Tú siempre te encargabas de que supiera los tuyos con tus chicas.
Al menos eso es normal.
Bueno...
Adiós, Roger.
Aquí tiene, su Martini.
Paula.
Lo siento, ha sido una estupidez. Sabes que no quería decir eso.
No, también ha sido culpa mía.
Quizá no deberíamos vernos por un tiempo.
Adiós, cariño.
Paula, sabes que yo...
Significas mucho para mí, Paula.
En serio.
Hagan juego, damas y caballeros. Hagan juego.
- Todo al tres. - Bien, señor.
El juego está completo. No va más.
- 29. Negro impar y pasa. - Amor.
Gracias.
17 y caballos.
Los 4 últimos, los 3 primeros. Todo al 5.
- ¿Que número de habitación tenemos? - ¿Qué?
- El número de nuestra habitación. - No lo sé.
Tú tienes la llave.
- 425. - El resto al 4 y al 25.
Bien, madame, 17 y caballos.
- No va más. - Los 3 últimos,
los 4 primeros. El resto al 25.
- Eso es, señor. - El 25.
- Un coñac, por favor. - Roger.
- Hola, Jimmy. - ¿Qué haces en Deauville?
- Decidí salir un rato, ya sabes. - ¿Está aquí Paula? ¿Dónde os alojáis?
No, Paula no está aquí.
Hace dos meses que no la veo.
Lo siento, no lo sabía. Bueno, es una...
Quiero decir...
Nos vemos, Roger.
Cierra la ventana, amor.
- Amor, cierra la ventana, hace frío. - Deja de llamarme amor.
¿Qué hora es?
Dios. ¿Te das cuenta de que son la 5 de la mañana?
¿Qué haces levantado, amor?
- Aún no te has acostado. - Deja de llamarme " amor".
Pues tú me llamas Maisie.
- Deja de usar esa palabra. - ¿Qué te pasa?
Amor, amor. ¿Sabes qué significa eso?
¿Lo sabes?
¿Qué significa amor?
¿Hemos venido aquí para discutir mi vocabulario?
Deja de llamarme " amor".
Está bien por la noche, pero no por la mañana.
Ah, ahora nos ponemos exigentes. ¿Quieres cerrar la ventana?
- Sr. Desmarest, su coche está aquí. - Gracias,
- Aquí tiene la cuenta y la vuelta. - Gracias. Gracias, señor.
Recepción al teléfono. Sí, madame.
- ¿El Sr. Desmarest? - No, no.
No lo he visto, madame.
- Gracias. - Gracias. ¿Y su equipaje?
- Lo traerá la señora. - Bien, señor.
Eso espero.
¡Philip!
Philip.
- Hola. - Quiero hablar contigo.
Philip, esto no puedo seguir así. Tienes que trabajar.
¿Desde cuándo no vas al bufete?
- Desde el martes. - ¿Y antes de eso?
Me despides por la mañana y esperas a que vuelva a casa por la noche.
Y ahora le has tomado el gusto a beber a escondidas.
Ah, no. Eso no es así.
Sólo he enjuagado el vaso porque sé que odias el desorden.
Sí, odio el desorden.
Y las mentiras y la debilidad, y muy pronto te odiaré a ti.
Esto tenía que llegar, ¿no?
Philip, no quería decir eso. Pero...
no puedo dejar que te conviertas en un estúpido borracho por mí.
Te he dicho que te vayas a trabajar mil veces. Y ésta es la última.
- Y si no, ¿qué? - No podré volver a verte.
- ¿Podrías echarme así, sin más? - Sí.
Oh, Philip.
Philip, basta, estás fingiendo.
Mírame. Mírame.
¿Qué te pasa?
Es sólo que no me amas.
Y no puedo hacer nada al respecto.
Desde el principio supe que un día me echarías,
pero siempre seguía esperando que no ocurriera nunca.
Y todo el whisky que he bebido, todo el whisky del mundo
no podría cambar nada porque ya ha ocurrido.
Y eso es.
No, Philip,
eres un idiota. Un niño...
y un idiota.
Juegas al amante abandonado y lo haces tan bien que acabas por creértelo.
Tú me importas. Y lo sabes, Philip.
- Venga, mírame. Mírame. - ¿No quieres que me vaya?
No, hoy no. Pero quiero que trabajes,
Trabajaré. Te prometo que lo haré.
Tenía tanto miedo.
Eres un idiota.
- ¿Qué pasa? - Quería saber si estaba aquí.
Lo siento.
¿Diga?
¿De parte de quién, por favor?
Ah, sí. Un momento, por favor.
Sra. Tessier.
- ¿Sí? - El Sr. Desmarest.
- Hola, Roger. - ¿Paula?
- Paula. - ¿Cómo estás?
- Bien. ¿Y tú? - Estoy bien.
Paula, la semana que viene estoy de vacaciones.
Esta época del año, ya sabes...
¿Recuerdas que siempre nos íbamos un par de semanas?
Así que pensé en llamarte y...
ya que estoy sacando mi billete, igual quieres que te saque uno a ti.
- Creo que no es posible, Roger. - ¿No?
No es tan fácil.
¿Cómo podríamos irnos y pretender que nada...?
No podríamos evitar pensar...
No, para eso me voy, para no pensar. Para no pensar en nada.
- Ésa no es una buena razón para ir. - La mejor.
No, no es tan fácil. Y seguro que no me necesitas para eso.
Paula.
Estoy segura de que estarás bien solo o con cualquiera de tus...
- Con quien sea. - ¿Qué?
Nada.
Ellas no significan nada para mí, lo sabes.
Mientras yo esté ahí esperándote.
¿Entonces no quieres venir?
- No, Roger. Adiós. - Paula.
Cuídate, ¿quieres?
Sí, me cuidaré.
- Espera. - Venga.
No me metas prisa. Ya. ¿Lo ves?
- No está mal. - Disculpe, señor.
- La cena está servida. - Por fin.
Empieza a hacer frío, ¿no? Ah, camarero.
¿Le importa subir a la 16...? ¿Qué quieres, cariño?
- La chaqueta amarilla de la cama. - Sí, señora.
- Está bien, vamos. - Espera.
- ¿Has hecho trampas? - No. Sabía que ganaría.
¿No has hecho trampas empujándolo con el pie?
Claro que no. Debería darte vergüenza.
Es maravilloso sacarte de París. Pareces otra, te transformas.
Gracias.
¿Y si nos quedamos otra noche y volvemos por la mañana?
- Claro, ¿por qué no? - Philip.
- Buenas noches, buenas noches. - Philip.
Ya conocen a la Sra. Tessier, ¿no?
La Sra. Fleury, el Sr. Fleury,
y ellos son Madeleine y Pierre.
Buenas noches.
¿Han vendo desde París para cenar?
Es un sitio maravilloso, ¿no? ¿Qué tal el tráfico?
Nosotros cogimos un atasco ayer en St. Cloud.
- Aquí tiene. - ¿Es ésta, señora?
Sí, gracias.
Sentaos niños, la comida se está enfriando. ¡Lucien!
Su llave, señor.
Me alegra haberlos visto.
- Adiós. - Adiós.
- ¿Tomamos otra copa para calentarnos? - ¿Cuántos años tiene ella?
Lucien, pide la cuenta, aquí tarda todo una eternidad.
- Por aquí, la mesa está lista. - Adelántate, enseguida voy.
Dos secos.
¡Niños!
- Aquí tiene. - Gracias.
- ¿Dónde está la señora? - Se ha ido.
Pero la cena está lista.
- Quiero volver a París. - Bien.
Paula, ¿qué te importa lo que piense la gente?
- Nada. - ¿En qué cambia las cosas?
- No hablemos de eso. - No.
- Vamos a hablar y vas a escucharme. - No, por favor.
Esto es indigno de ti y humillante para mí.
- Lo estas exagerando. - No, tú lo estás exagerando.
Yo no soy un idiota ni un niño al que tengas que esconderle nada.
Si quisieras, nos casaríamos mañana.
- No seas tonto. Soy mucho mayor que... - ¿Y qué? La edad no es un problema.
Te quiero, te necesito y da igual lo que diga la gente.
El único problema para ti, para nosotros, es Roger.
Él sigue ahí, ¿no? Dentro de ti. Y no puedes sacarlo.
¿Qué era eso que hacían cuando alguien tenía un demonio dentro?
¿Rezar oraciones, quemar incienso, tocar campanas, hacer ruido?
Si hiciera todo eso, ¿sacaría a Roger de ti?
Tal vez.
Lo siento, nunca habría imaginado que tú...
Nunca habrías imaginado que pudiera pensar.
- Alguien ofrece 5.000. - 5.000.
5.500, 6.000, 6.500, 7.000, 7.500.
8.000 a la izquierda, la segunda fila...
- ¿Crees que deberíamos continuar? - Depende de ti, el precio sigue bajo.
¿Quién es ese hombre que sigue pujando contra nosotras?
Es otro anticuario. Parará pronto, lo conozco.
Eso espero, porque yo...
A la izquierda, la segunda puja. Nadie a la derecha.
14.500. Renunciamos.
- A la izquierda. - Adjudicado, señora. 14.500.
Ya está, son nuestras. Y a un buen precio.
Y ahora subastamos... Ahora subastamos
dos sillas del periodo Luis XV.
- Aquí tiene, Sra. Tessier. - Gracias. Las recogeré mañana.
Son una ganga, ¿no?
Creo que quedarán muy bien en la biblioteca.
Ahora que lo pienso, podría ponerlas en el cuarto de Philip.
Por cierto, ¿cómo está?
¿Es que tú no lo ves?
Viene de vez en cuando a recoger la ropa limpia.
- No lo sabía. - Querida, es totalmente normal.
Siempre he deseado que Philip se enamorara de una mujer mayor.
¿Quieres que te pague una comisión por las sillas?
Hemos tardado y tu tiempo habrá que pagártelo, ¿no?
- Oh, por favor. - Bueno, si insistes...
¿Te importa si te pregunto algo sobre Philip?
Sí, me importa.
- Su coche está aquí, madame. - Gracias.
¿Puedo llevarte, Paula? Voy a Dior.
- No, gracias, prefiero caminar. - ¿Estás segura?
- Sí, gracias. Adiós. - Adiós.
Sea como sea, has aprendido algo de leyes francesas
mientras estabas aquí.
Pero tú trabajarás en Nueva York,
allí es donde vivirás.
He tenido una larga charla con tu madre
y hemos acordado que dadas las circunstancias
sería beneficioso para tu carrera que volvieras a Nueva York.
Es muy amable, pero no me iré de aquí.
Me temo que no tienes elección.
Sí que la tengo.
Bien, tendrás que hablar con tu madre al respecto.
Alice.
Sr. Fleury,
si descubren que tiene una amante, y estoy seguro de que la tiene,
¿adónde le mandarán? Adiós, señor.
Adiós. Adiós. Adiós a todos.
Por aquí, por favor, esa mesa de ahí.
Oh, no, ésa no. Esta noche no.
- Me temo que todo está reservado. - ¿Y qué hay de ésta?
- Lo siento, pero... - Nada de peros. ¿Cómo se llama?
François.
François, Vd. no me conoce, pero ésta es una noche que ambos recordaremos.
Nos quedamos con ésta.
- Después de usted, señora. - Estás loco.
- ¿Me ha mandado llamar? - Sí, queremos flores, por favor.
Quiero que encuentre el ramo más bonito para la señora.
Pero señor...
- Tome. - Gracias, señor, lo intentaré.
- Estás totalmente loco. - Absolutamente.
- ¿A qué viene todo esto? - Estamos celebrando.
- ¿El qué? - Mi independencia.
Mi independencia del mundo y mi dependencia de ti.
- ¡François! - ¿Sí, señor?
Nos gustaría empezar con algo magnífico
seguido de la más maravillosa cena que se haya servido en Maxim's.
¿Quieren empezar con paté de foie fresco?
- No. - No. ¿Caviar?
- Caviar. - Caviar. ¿Con blinis?
- Sí. Y vodka. - Sommelier.
¿Me concedes el placer de este baile?
- ¿Señor? - Vodka. Del mejor y mucho.
- Bien, señor. ¿Y qué vino desea? - No, no, nada de vino. Champán.
- Una botella grande. - Muy bien, señor.
¿Quieres decirme a qué viene todo esto?
Dejo mi trabajo. O mejor dicho, lo cambio por París.
- ¿Has dejado tu trabajo? - Sí.
- ¿Por qué? - Iban a mandarme a Nueva York.
- Pero Philip... - Nada de peros.
- Hagamos un pacto, ¿vale? - No, Philip.
No puedes hacer eso. No lo permitiré.
Está hecho.
La vi en Balenciaga...
- Buenas noches. - Buenas noches.
La vi en Balenciaga con un vestido de Balmain,
y al día siguiente en Lauvin con un Givenchy. ¿No es gracioso?
Camarero.
Hoy estaba almorzando con Guy Laroche y llevaba un Chanel.
Roger. Roger, ¿en qué piensas?
- En lo estúpido que es el mundo. - ¿Qué?
Nada. Venga, Maisie, vamos a bailar.
Sommelier.
Debo confesarte algo. Casi he hecho algo terrible.
¿Qué?
Hay un precioso hueco entre tu cuello y tu hombro que casi he mordido.
- ¿Puedo? - ¡Venga, Philip!
Bueno, piénsalo y dímelo.
- Esta noche estás muy lejos. - ¿Ah, sí?
- ¿Vamos al Eléphant Blanc? - Estoy bien aquí.
- ¿Vamos? Creo que ya está la cena. - Bien.
Aquí tienen el caviar, señores.
Señores.
¿Blinis, señora? ¿Señor, blinis?
¿Vamos a otro sitio?
Si quieres...
Disculpe.
Me da igual.
Bien, ¿adónde vamos ahora?
No lo sé.
- Buenas noches, Philip. - Paula.
¿Puedo verte mañana?
Sí, por supuesto.
- ¿Puedo ayudarle en algo? - Buenos días.
Oh, Sr. Desmarest. Hacía tiempo que no le veía.
- Sí. ¿Está Paula? - Oh, sí, está...
Estaba aquí hace un minuto.
¡Sra. Tessier! ¡Sra. Tessier!
¿Sí, Sr. Steiner? Ah, Roger, hola.
Hola, Paula.
Paula, yo...
- ¿Podemos ir a algún sitio? - Sí, por supuesto.
Paula, he estado imaginando todo un discurso, pero ahora...
Ayúdame.
Anoche quería cruzar el salón y decirte:
"Ya basta, vámonos a casa".
Y luego estuve caminando y caminando y...
Esto no puede seguir así.
Yo...
no puedo vivir sin ti. Ya está, ya lo he dicho.
Bueno, ¿y ha sido tan terrible decirlo?
Todo fue culpa mía.
No debí permitir que te vieras con él.
Debí impedírtelo desde el principio.
Cariño, no eres muy brillante.
- ¿No? - No, pero no importa.
Estoy en casa.
O sea lo que sea esto.
Toma. ¿Azúcar?
Philip. Philip, intenta entenderlo.
Nos conocimos en un momento en que ambos nos necesitábamos.
Y tuvimos mucha suerte.
Pero eso no basta para mantener unidas a dos personas. No podía durar.
Yo deseaba egoístamente que durara, pero...
no podía ser.
Lo único que ha tenido que hacer él es decir " por favor".
Bueno, supongo que debería sentirme orgulloso
en cierto sentido.
De no ser por mí, probablemente no te habrías casado. ¿Sabes?
Soy una especie de... Cupido.
Sí, eso es lo que soy, un Cupido.
- Philip, no deberías... - Pero es cierto, ¿no?
Yo fui una especie... de entreacto.
Maldita sea.
Maldito sea él, y tú, y todos nosotros.
¿Por qué no podías amarme?
Tú mismo lo dijiste, Philip, el demonio dentro de mí.
No puedo expulsarlo.
Philip.
Philip, yo...
nunca lo olvidaré.
Por supuesto.
Yo tampoco.
Oh, Paula.
¿Qué voy a hacer? ¿Qué va a ser de mí?
Philip, querido.
Volverás a Nueva York.
Allí tienes amigos, tu vida está allí.
Claro, tienes razón, por supuesto. Encontraré a la chica adecuada,
me casaré y viviremos felices para siempre.
¿Dónde están mis zapatillas?
¿Dónde está la otra?
Gracias.
Bien,
¿volveré a verte alguna vez?
Si quieres, sí. Pero no creo que debamos.
No, no deberíamos.
¿Qué demonios estoy haciendo?
¿Quieres dejar mis cosas en la portería, por favor?
Sí, las recogeré todas.
¡Philip! ¡Philip!
¡Oh, Philip, intenta entenderlo!
¡Soy demasiado mayor!
¡Demasiado mayor! ¡Demasiado mayor!
Pueden entrar, señoras y señores.
Bueno, no ha sido tan terrible.
Lo dices como si hubieras ido al dentista.
¡Gaby!
- ¡Gaby! - ¿Sí, señora?
Pensé que no llegaba nunca.
- ¿El señor no está en casa? - No, madame.
¿Quieres prepararme un baño?
¿Qué voy a ponerme esta noche? Veamos...
- ¿El negro de gasa? - No, demasiado de vestir.
- Cenaremos en un pequeño restaurante. - ¿Éste?
No, ése es demasiado... ¿Cuál es el de al lado?
- ¿Éste? - Sí, ése está bien.
¡Menudo día!
El problema de los decoradores es que todos piensan que conocen tu trabajo.
Nadie le dice a un fontanero cómo arreglar un fregadero, pero...
¡Gaby, la cremallera!
No, está bien, no te preocupes.
Pero empiezas a hacer una cortina y todos...
Gaby, ¿ha llamado el señor?
No, madame.
No muy caliente.
Mañana cenaremos en casa. Hagámosle un buen filete al señor...
No, ya cenamos eso el lunes. Entonces chuletas de cordero.
Y dile a la Sra. Frojus que haga uno de...
Ya lo cojo yo, Gaby.
¿Diga?
Ah, Roger, ¿dónde estás?
Sí, si no hay más remedio...
Sí, lo entiendo.
¿Qué?
Probablemente cenaré algo y me iré a la cama.
Está bien.
Adiós.
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