All language subtitles for Corina.2024.1080p.AMZN.WEB-DL.DDP5.1.H

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Original subtitles

Le llamamos transporte a un conjunto de procesos

que tienen la finalidad de desplazar y comunicar.

Moverse de un punto A a un punto B.

Origen y destino.

Esta historia sucede en México, en la ciudad de Guadalajara,

una macroregión industrial que para este año 2000

su población asciende a los cinco millones de habitantes.

Cinco millones de personas

se desplazan sobre esta superficie finita

en sentidos colindantes,

muchas veces opuestos,

con el riesgo de matarse en el intento.

Esta idea la atormentaba.

¿Cómo es que cinco millones de personas se desplazan

sabiendo que pueden morir en cualquier esquina?

Corina sufre de lo que la ciencia médica

ha clasificado como agorafobia.

Un miedo inexplicable

que le impide cruzar el breve umbral tras el que se ha recluido.

Todo su universo se encuentra confinado

en la Colonia Americana.

Específicamente entre las calles Prisciliano Sánchez al norte,

Libertad al sur,

calles Venezuela y Argentina en este y oeste, respectivamente.

Apenas cuatro calles

que contienen todo lo que ella necesita.

Su casa,

los abarrotes de Fer y el periódico en el que trabaja.

El resto del mundo

tal vez no lo recorra, pero lo imagina.

Su colección de libros

hace las veces de portales hacia otros mundos,

otras geografías y otras realidades,

especialmente los de la autora Xareni Silverman.

Adiós, Renee.

Buenos días.

Buenos días.

Padre nuestro, en tu nombre, Señor...

Porque eres tú el que la cuida y la protege.

Dios la bendiga. Amén.

Espérame tantito.

Aquí está.

¿Te preparo algo?

No, gracias.

Listo.

El primer enfrentamiento con el exterior

suele ser el momento de mayor tensión en el día de Corina.

Uno, dos, tres, cuatro...

Corina Rojas nace hace 28 años,

hija de una bibliotecaria y de un escritor.

Su infancia transcurre como la infancia de todos.

Bautizo, primeros pasos, kínder, cumpleaños,

fiestas de cumpleaños, ocho cumpleaños,

normales, convencionales.

24, 25,

26, 27, 28,

29, 30,

31, 32, 33,

34, 35, 36...

Luego se puso todo un poco trágico.

41, 42,

43, 44, 45,

46, 47, 48,

49, 50,

51, 52, 53,

54, 55,

56, 57, 58, 59,

60, 61, 62...

A Renee nunca le gustó realmente salir de casa.

Después de la muerte de su marido, entró en pánico.

Imposible culparla.

Hizo lo mejor que pudo con lo que tenía y sabía.

Pero el miedo, como el agua, siempre termina permeando.

Y en el caso de Renee, resultó inundación.

Nadie sabe bien a bien

cómo es que el mundo de Renee se terminó reduciendo

a los muros de su propia casa.

Condicionada por la realidad de su madre,

el mundo de Corina también se fue reduciendo de a poco.

Una calle al norte, una al sur,

para que Renee no la pudiera perder de vista.

La colección de libros que su padre dejó

sirvió para satisfacer la curiosidad que sentía por el mundo.

63, 64,

65, 66, 67,

68, 69...

Hola, Corina.

¿Lo de siempre?

El problema con establecer una rutina

es que desencadena una aversión natural a los cambios

Corina,

¿qué te voy a preparar el día de hoy?

¡Carlos!

Solo nos estamos expandiendo, Corina.

Compré el otro local.

Compramos.

Compramos.

Te presento a Carlos, es mi primo. Es mi nuevo socio.

Acaba de regresar del otro lado y es albañil.

Constructor, Fernanda.

Es albañil,

y se está habituando a los oficios del local.

Si un día llegas, y yo no estoy,

seguramente estoy atrás o me fui a entregar un pedido.

Pero Carlos tiene una gran memoria.

Corina siempre toma café negro, mediano, leche entera

y dos de azúcar mascabada.

Va.

¿Estás bien, Corina?

La construcción va a pasar pronto.

Carlos es muy buen tipo. Es medio ruidoso, pero es buen tipo.

Nos vamos a acostumbrar, vas a ver.

Café negro, mediano, leche entera

y dos de azúcar.

- Mascabada. - Más mascabada.

Renee quiere un té chai.

¿Mande?

Renee quiere un té...

chai.

Renee quiere un té chai.

Renee quiere un té chai.

Ok.

Ahorita se lo mando.

Adiós.

Entonces, ¿es ella?

Sí.

Órale.

- Oye, ¿está bueno el jamón? - No es para ti.

Buenos días, Renee.

¿Mucho trabajo?

Pues, está tranquilo ahorita, Renee.

Listo.

Aquí está su té chai y lo de la semana.

Dios me la bendiga.

- Váyase con cuidado, eh. - Sí, Renee.

- Adiós. - Adiós.

Corina no trabaja en un gran periódico.

Corina trabaja en el departamento de literatura impresa

dentro de un gran periódico.

Por amor a Dios, Corina,

si no vas a trabajar en el área común, tienes que revisar tu conmutador.

Corre, te busca Lili.

No, no, no, no, salimos el 25, cae en viernes.

Conferencia de prensa, presentación a medios

y disponible aquí, en Guadalajara.

Sí, la distribución comienza el 25, pero vamos por regiones.

Jalisco queda cubierta entre el 25 y el 26.

Zona centro va en el segundo bloque. Lunes 27 a más tardar.

Bueno, mi vida, me llamas, me preguntas y te explico,

pero no es mi culpa que tú asumas cosas...

Pues, ¿qué mejor que se venda? Pero antes del 27, imposible.

Cariño, la mujer es un misterio. Apenas y contesta correos.

A ver, vamos a hacer una cosa. Si tú pagas el envío,

yo te pongo 200 ejemplares en avión el 25 por la mañana.

A las cinco de la tarde estás vendiendo.

Cerrado, así le hacemos.

Te enlazo con Sandrita para que tome tu pedido, eh.

Sí, bye.

Ciao. Te mando besos.

Bye.

Mi niña, ¿ya llegó Rodrigo?

- No contesta, Lili. - Dile que me urge verlo, que baje.

Y toma el pedido, Santiago de Chile.

- Ellos lo pagan. Van por avión. - Sí, Lili.

Niña, de verdad me urge que baje Rodrigo, por favor.

Estoy en eso, Liliana.

No, no, no te sientes.

Tengo seis segundos para ti. ¿Terminaste?

No tengo tiempo de revisarlo.

Dáselo a Sandrita, que lo lleve a imprenta.

Te voy a dar la siguiente... edición.

Esta sí quiero revisarla, ¿cuándo está? ¿Viernes?

¿Viernes? ¿Segura? Eso es mañana.

Es “Duelo de enormes titanes”,

creo. Sí.

Espérame tantito, ¿sí?

Mi niña, que me urge Rodrigo.

- Ya llegó, Lili. - Aquí estoy, ¿cuál es la urgencia?

No tenemos final.

- ¿De qué hablas? - De “Resonancia”.

¿De “Resonancia”, “Resonancia”?

Sí, de “Resonancia”, “Resonancia”, Rodrigo.

La mujer mandó recién la última versión

y el final no funciona.

Es pretencioso, filosófico,

intelectualoide, trágico, sangriento, brutal.

Sus lectoras lo van a odiar,

es lo contrario a lo que se ha ido construyendo a lo largo de la saga.

Es un suicidio.

- ¿Se suicida? - Para la editorial.

Publicar esta cosa sería un suicidio editorial.

Hay que localizarla.

Se le han estado mandando correos y es la hora que no contesta.

Tenemos un contrato y ella está obligada

a entregar un manuscrito a conformidad y aquiescencia del sello editorial.

- No hay más. - Ajá, dile eso, eh.

A ver si el viento le lleva tu mensaje hasta su pueblo.

Y si sí, de paso le pinches mientas la madre de mi parte.

A ver.

Pedí que te hicieran una copia, ¿y tu copia?

Mi niña, la copia de Rodrigo.

En su escritorio, Lili.

Te dije.

“Te dije”, dice.

¡Lili!

- Tengo a Silverman en la línea. - Pásamela, pasa.

Xareni.

Ah, Felipa.

- ¿Cómo está? - Bien, sí, señora.

Sí,

sí, qué gusto.

Sí, bueno, reitero lo que dije en el correo.

- ¿Sí lo recibió? - Claro.

Sí recibió el correo.

Muy bien.

Ajá.

Ok, me queda claro.

¿Será que la señora entiende siquiera quiénes son sus lectoras?

Ah, sí, manda decir que le vale pito.

- ¿Eso manda decir la señora? - Sí.

Pues le valga pito o no,

dígale que tenemos un contrato y tiene la obligación.

Le vale pito también.

Ah, bueno, bueno, pues entonces, a mí también me va a valer pito.

- Entonces... - A ver, tiene hasta el lunes 10:00 a.m.,

hora de centro y, por favor, que nos deje en paz al personaje principal.

Todavía nos quedan dos libros.

Colgó.

Liliana, hoy,

tengo reunión con la junta directiva.

Yo sé.

Y también sabes que están esperando cualquier pretexto

para terminar de cerrar tu departamento.

Yo sé, lo sé, ¿qué te digo?

Léelo tú, tienes una copia en tu escritorio,

tal vez yo estoy exagerando.

¿Sigues aquí?

Salte, mija.

Gracias, Corina. Siempre un placer platicar contigo.

¿No lo va a revisar?

No tiene tiempo.

Ánimo, chula.

¿Te toca la siguiente edición?

- Es... - “Duelo de enormes titanes”, creo.

Uff.

Ya lo tiene arte, vas.

Chulada.

- Hola. - Hola.

Vengo por el CD.

El CD.

- El CD. - De “Duelo de enormes titanes”.

Corina, estamos organizando

una pequeña reunión con todos los de ficción.

Tienes que ir, es aquí a seis cuadras.

Y dile a tu mamá, por favor.

Nos va a encantar conocerla.

Te pasas, eh.

Los autores son la piedra angular en la literatura,

pero en la escala social de los que escriben

también hay niveles.

Y Corina está relegada al peldaño más bajo.

Guiados por la personalidad callada, introspectiva de Corina,

sus jefes nunca le han tenido demasiada confianza.

Oye,

dice Lili que de veras, eso tiene que quedar listo el viernes,

o sea, mañana.

Mañana viernes.

La contrataron en la división editorial

más por un favor hacia la memoria de su padre,

ex-empleado del periódico,

y la ubicaron en el área más inofensiva de todas.

Corrección de estilo del libro erótico 'vaquero'.

- A mí me encanta la de recámara. - La de recámara, ¿no?

- Me gusta muchísimo cómo entra la luz. - Sí, a mí también.

- Siento que es lo que necesitamos. - A mí también me da...

- Chicos... - A mí igual.

- Aquí les dejo el... - Espera.

Porque a Jorge no le encanta, eh.

- A Jorge, como que... - ¿A Jorge no le encanta?

- Sí, ya sabes cómo es. - Pero está perfecta.

No. No, no, desde que se fue al pueblo

casi es imposible comunicarse con ella.

Sí, la última vez que la vimos por acá fue hace como diez años.

En cuanto usted pueda, licenciada, porque este tema es urgente.

Mañana mismo, perfecto.

Muchas gracias. Oiga, licenciada Díaz, solamente una cosa,

por favor, que nadie se entere de la junta directiva

de este tema, por el momento. ¿Sí?

Cinco, seis, siete,

ocho, nueve,

10, 11, 12...

Tú vas con el proveedor y yo cierro en la noche.

Ándale, la troca para eso está.

Mira, ahí viene Corina.

¿Ya a casa Corina?

Vamos a ir por unas tostadas de cueritos.

¿Les traigo a ti y a Renee?

Bueno, adiós.

¿Ni por las tostadas?

- De la cuadra no sale. - Chale.

- Uno nunca le dice no a las tostadas. - De cueritos menos.

Ya te había dicho.

La certeza y la estabilidad en oposición

a la improvisación y lo nuevo.

Lo seguro contra lo desconocido.

Ya que para Corina

el ritual y la constancia significan tener control

sobre los distintos elementos de su sistemática vida.

Hola, mija.

Hola.

¿Todo bien?

Sí, mija.

Ya lo iba a prender. Estuve a punto, te lo juro.

“Pues tenemos microondas”, pensé. Pues, ¿qué necesidad y...?

Calientan igual.

Y son más seguros, ¿no?

Las quesadillas de microondas no tienen chiste.

¿Cómo te fue, amor?

Bien.

¿Bien, bien?

Bien, muy bien.

Los chicos de arte me felicitaron por mi último vaquero.

Nos llevamos muy bien.

Corina también le hace correcciones de estilo a la realidad.

Qué bien que les gustó.

Sí.

Lili lo revisó también y...

Le gustó mucho.

Muy seguido.

Qué gusto.

¿Y cómo está Lili?

Bien.

Platicamos hoy un montón.

- Todo el tiempo. - Qué bueno.

Sí, las dos estamos muy preocupadas de que Silverman no entregue a tiempo.

¿Cómo crees?

El final no está listo.

- Qué barbaridad. - Sí.

Y...

Y entonces,

le tuve que mandar un email muy largo.

Me contestó luego, luego.

Hablamos de la libertad creativa y de la integridad autoral,

y de lo difícil que es insertar

una voluntad creativa en una dinámica de mercado de conformidad,

y aquiescencia a las necesidades de un público de masas

y por ende, de las intenciones capitalistas

de un sello editorial.

Qué bueno, mija.

A Corina le gustan los finales felices.

- Aquí está. - Ay, ¿este es el nuevo?

No sé por qué no te pasan a novela con todo lo que les escribes,

y lo bien que han de vender tus vaqueros.

A todo el mundo le gustan las historias de amor.

Sí.

¿Quién sabe?

De pasión, de lujuria, de...

- Sexo desenfrenado. - Renee.

Si te pusieran a escribir, ya no tendrías ni que ir al periódico.

Podrías trabajar desde aquí,

desde casa.

Buenas noches, mija.

Buenas noches, Renee.

¿Quieres desayunar?

Buenos días, Renee.

Buenos días.

¿Te preparo algo?

No, gracias.

- Renee. - ¿Mmm?

La amé.

Uno, dos, tres, cuatro...

El primer café de la mañana es de vital importancia.

Hola, Corina.

¿Lo de siempre?

¿Me pasas el martillo?

Por favor.

Corina.

¿Me pasas el martillo, por favor?

Y dos de mascabada.

Listo.

Pues, gracias.

Adiós, Corina.

- ¿Qué le damos? - ¿A cómo está el...?

Si ya le dijo la señora Liliana que hasta el 27,

es hasta el 27.

Yo no puedo hacer nada.

Mi supervisora es la señora Liliana.

Con muchísimo gusto se la comunico.

Deme un momento. Ahí te quedas,

ahorita vuelvo.

Perdón, me entró una llamada. ¿Qué tal, licenciada, cómo está?

Muy bien, gracias, Rodrigo.

Eh, bueno, pues ya leí...

El manuscrito y...

En resumen, efectivamente, el final es muy malo.

No solo el final, sino que... cambió completamente su estilo.

Ahora tiene un tono duro, sórdido.

La hemos tratado de localizar desde ayer, ¿no? Pero...

Las probabilidades de que Silverman cambie el final son casi nulas.

¿Por qué?

“Lili, no se cambia una coma.

La saga siempre estuvo planeada así.

Saludos, Xareni Silverman.”

Bueno, lo que queremos saber

es qué riesgos tomamos al publicar el libro

tal como está.

Con la certeza de que no va a gustar.

A ver, Rodrigo, ¿estamos seguros que es una certeza?

Digo, la novela no es mala, solo es diferente.

Liliana, tú la leíste.

¿Qué tiene que ver eso que leíste con “Fractura” o con “Amanecer”?

“Al terminarla, al releer los últimos capítulos,

simplemente para revivir su delicada pero persistente belleza,

me di cuenta de que ‘Fractura’

es también una novela sobre la esperanza.”

“Un relato femenino de un alma tan grande que cabe el mundo entero.”

Fue “Amanecer”.

“Otro luminoso éxito en el que el triunfo del bien

no solo permanece viable, sino absolutamente inevitable.”

¿Tú podrías decir algo así de lo que acabamos de leer?

- La prensa nacional e internacional... - Nos va a comer vivos.

Y las lectoras van a prender una hoguera para quemar copias

de “Resonancia”.

Si el libro no gusta, la empresa lo resiente en primer grado.

No hablo fiscalista, ¿eso qué significa?

El periódico lleva años subsidiando al departamento editorial.

Yo sé.

Yo ya no puedo defender el departamento en el consejo

si estos números siguen bajando, Liliana.

¿El departamento entero?

Todo ficción.

Hasta que no obtengamos los números exactos,

vamos a saber bien como viene el golpe.

Pero hablando de un fracaso rotundo, estamos hablando de

mover empleados de tu departamento al periódico.

Pero no todos, Lili.

Y lo que yo me pregunto...

Y perdón que me meta en cómo manejan su editorial,

pero, ¿por qué estamos leyendo el final hasta ahora?

Porque así siempre ha entregado Silverman.

- ¿Por qué? Porque es Silverman. - Por chingar.

Digo, todas sus entregas,

todos sus libros, siempre ha sido impecable.

Pero supongo que por eso la hemos tolerado, ¿no?

Es una vieja maña de los escritores famosos.

Entre más cerca entregan a la salida a imprenta,

menos exhaustivas son las revisiones, menos cambios.

Piensan que los editores somos una especie de escritores frustrados

que nos queremos meter con su narrativa,

o cambiarles el estilo, etc.

Pero lo único que queremos es que vendan libros.

Y a Silverman jamás se le ha tocado una coma.

Sí, pero nunca había desollado a su protagonista.

- ¿La desuella, la desu...? - Desollar.

¿Desolla a Martirio?

Chúpate esa.

Si la pregunta es, ¿qué no le hace a Martirio?

Cristo sufrió menos en los cuatro evangelios,

que Martirio en las últimas diez páginas.

Bueno, pues hay una ventana.

¿Cuál?

Silverman tiene un muy buen seguro legal.

No la vamos a demandar.

Es una genia.

Tenemos todavía dos libros más

pactados con Silverman.

No podemos romper la relación con ella.

¿Se le notificó con claridad de la nueva fecha de entrega?

Lunes, 10:00 a.m.

¿No se le notificó por escrito?

No, fue por teléfono.

A través de Felipa, su asistente.

Mejor, mejor.

¿Hubo algún testigo presencial?

Rodrigo estuvo aquí.

No, Rodrigo no sirve.

¿Cómo vas?

El mundo se divide en dos tipos de personas.

Las que no pueden dejar pasar un acento

cuando encuentran la oportunidad y las que sí.

En realidad, la palabra período es,

como muchas otras, una palabra biacentual,

lo que quiere decir que admite dos acentuaciones prosódicas.

Ambas consideradas correctas, que no deben confundirse

con las palabras diacríticas, las cuales alteran su significado

a partir de la presencia o ausencia de una tilde.

Una vez que el lápiz rojo comienza a manchar el papel,

parar es imposible,

como la sangre, una vez desatada la guerra.

Ese punto está mal empleado.

Aquel guion atenta contra la musicalidad de la frase.

¿Punto y coma?

¿Quién usa punto y coma fuera de construcciones copulativas?

Y cuando menos te das cuenta, has llegado al final.

Y la protagonista, en efecto, muere estrepitosamente.

¿O es posible cambiar el final?

¿Puede un lápiz rojo revivir a los muertos?

Ya solo quedas tú, mija.

Es viernes.

Pongo la alarma en cinco.

Se puede.

Siempre se puede.

17, 18, 19,

20, 21, 22, 23, 24,

25, 26, 27, 28, 29...

¿Mande?

No, nada.

No bajaste, mija.

Toma.

Gracias.

Esa está larga.

¿Novela?

Sí.

¿Tuya?

De Silverman.

Lili quiere que trabaje el final.

Dice que está fatal.

¿Cómo crees?

Renee.

¿Tú crees que a los cobardes se les permiten momentos de valentía?

Cobarde es una palabra fuerte.

¿Cómo le dices a quien carece de valor?

¿A quien vive con miedo?

El miedo es una reacción natural de supervivencia.

Más o menos.

Cuando se convierte en un estado permanente

o en una forma de vida,

se acapara de la gente y las convierte en cobardes.

La prudencia es una virtud de sabios.

Pero existe el exceso. ¿No hay tal cosa como...?

¿Demasiada prudencia?

¿Excesiva cautela?

Prefiero que digan, “ahí va una cobarde viva”,

que “una valiente muerta”.

No estoy hablando de ti.

No, estás hablando de ti.

Estoy hablando de un personaje,

de ficción,

que en toda su historia no se ha atrevido a mucho

y que finalmente, tiene que tomar un riesgo.

Pero hacerlo va en contra de toda la lógica

que se le ha construido.

Si un personaje cobarde,

tiene un momento de valentía,

quiere decir que nunca fue un cobarde, sino que era un valiente

que estaba esperando paciente su momento.

¿Tú crees?

Yo creo que las personas somos mucho más

que el lenguaje que usamos para describirnos.

Entonces, ¿qué tendría que pasar para que un personaje hipotético

se saliera de su zona de confort?

¿En qué momento el confort se volvió una mala palabra?

Yo estoy bien así.

Sabes lo que me ha costado estar bien.

Lo sé.

Supongo que habrá quien piense que soy un personaje cobarde.

¿Y sabes qué?

Está bien.

Yo no pienso que seas un personaje cobarde, Renee.

Pero tu personaje, que haga lo que tenga que hacer

y no lo juzgues demasiado, sea cual sea la decisión que tome.

Corina no podía parar.

Siguió leyendo y corrigiendo, casi por la inercia que le provocaba

una pregunta imposible de soltar.

¿Cómo darle un final feliz a una historia tan trágica?

¿Ya mero?

Ya mero.

¿Puedo?

Eso quedó muy bien.

Lo del paraíso neutro y las raíces.

Es una metáfora, ¿verdad?

Una alegoría.

Una serie prolongada de metáforas.

Están a lo largo y ancho de todo el libro.

Hay días que todo parece ir bien.

Hay días que todo se acomoda y podemos sentirnos bien,

importantes, necesarias.

Hola.

Ok.

Café negro mediano, leche entera, y dos de azúcar. Mascabada.

Y ahora, ¿qué le digo a Don José?

- ¿O él sabe algo? - No, no sabe nada.

- ¿Y Martín? - No, tampoco.

¿Qué pasa?

No hay noticias de Silverman.

Shh.

Nada.

Pequeñas acciones pueden cambiar el rumbo de la historia.

Pequeños accidentes,

pequeños errores.

- ¿Alguna noticia de Silverman? - Ninguna.

Necesitamos saber qué vamos a hacer.

¿Nada?

Nada.

- ¿Una llamada? - Nada.

¿Un mail?

- Nada. - Lili.

Llegó esto.

Es de Silverman.

“Tenías razón, Liliana.

Le faltaban un par de comas a mi texto.

Te ofrezco una profunda disculpa.

Es muy poco profesional de mi parte.

Espero impaciente la primera copia.”

Hola, Renee.

Buenos días, mija.

- ¿Cómo le va? - Ay, amor.

Perdóname el abuso,

es que es de vida o muerte.

¿Puedes llevar esto al periódico?

Es que se le olvidó a Corina y es importantísimo.

Claro.

- Sí. - Gracias.

Buenas.

¿Con atención a quién?

Corina Rojas, supongo.

Mándame a Corina.

Sí, Lili.

Corinita.

¡Corina!

Te llama Lili.

¿Podemos hablar contigo un ratito, mija?

¿Bueno?

Es muy sencillo.

La semana pasada estabas parada ahí

y nos escuchaste hacer una llamada telefónica.

¿Te acuerdas?

Escuchaste cuando se le pidió a Xareni Silverman,

por medio de Felipa,

que entregara un final conveniente antes del lunes

a las diez de la mañana.

Solo necesito que declares en caso de que nos vayamos a juicio.

Corina.

Necesitamos que nos ayudes con esto.

No la vas a perjudicar, es nada más

presionarla un poquito para que cumpla con los términos de su contrato.

Es muy importante.

Piensa en todas las lectoras, como tú,

que pueden quedar decepcionadas.

Somos un equipo, ¿cierto?

¡Bué! Se quedó muda.

¿Entiendes lo que Liliana te está pidiendo?

Tengo que ir al baño.

Lili.

¿Qué necesitas, Corinita? Están muy ocupados.

Les puedes decir, por favor, que les ayudo con lo que necesiten.

Al parecer ya no hará falta.

Pero yo les digo.

Ay, Dios, si hasta me arreglé,

salí a la calle y todo, de veras.

Si hubieras estado bien orgullosa de mí.

Me regresé porque llegó el camión de la basura.

Pero me las ingenié para mandártelo.

Todo el fin de la semana, quemándote las pestañas,

para que se te olvide llevártelo.

Te van a correr si no te pones las pilas, amor.

Yo no puedo estarte cuidando siempre las espaldas.

Pero bueno,

no pasó a mayores.

Te quiero.

Voy a hacerte un arroz para cenar,

de microondas, pero sabroso, eh.

No lo puedo creer.

Cambió el final.

Cambió todo.

Salvó a Martirio.

¿La salvó, licenciada?

¿Y por qué mandó la mamada esa de las dos comas?

Ay, qué escritora tan más compleja.

Es una genia.

Es una cabrona, hija de la gran puta

y un día de estos me va a matar de los nervios,

pero es una genia.

Es la mejor entrega de la saga.

Sin duda. Oye, hay que mandarle una botella, unas flores o algo, ¿no?

Ay, a ver, a ver, dame eso.

Hija de su...

- Ahorita no, Corina, por favor. - Necesito decirles que es mi final.

Sí, nena, me dijo Lili que lo que le entregaste

sí lo voy a revisar esta vez, eh.

A ver, a ver, a ver, por favor. Su atención.

No sé a quién le estuvieron rezando el fin de semana,

pero sucedió un milagro.

Entramos en código rojo.

Esto no es un simulacro.

¡Enciendan rotativas! ¡Preparen máquinas!

Quiero que para las cinco de la tarde estemos imprimiendo.

Llevamos tres días de retraso

y nos tenemos que poner al corriente.

Muchísimas gracias a todos.

Ah, avisen en sus casas que hoy no llegan a cenar.

Empieza la semana más importante del año, eh.

De 0 a 100, en tres horas, confío en ustedes. ¡Venga!

- Claro, Liliana. - Claro que sí, señora.

Ya la oyeron.

De 0 a 100, analfabetas funcionales.

Para una persona cuyo mundo se limita a menos de 200 metros cuadrados,

es entendible que nunca ha tenido que usar mapas,

solo leer acerca de ellos.

Corina tuvo entonces que hacer una extenuante investigación

acerca de coordenadas, calles, carreteras y paradas de autobuses.

Como ir de un punto A, a un punto B.

Origen y destino.

¿Corina?

¿A dónde ibas?

Ya te expliqué, Renee, tengo que ir a buscar a Silverman.

No me hagas que llame a Liliana para que te desmienta.

Entonces, Renee, ¿por qué me preguntas si no me vas a creer?

Porque no has salido de esta cuadra en años, Corina, por eso.

Porque no había habido necesidad.

Y no hay necesidad.

¿Qué puede ser tan importante que no pueda resolver Liliana?

Liliana no sabe nada.

- La voy a llamar... - Nadie puede saber que voy.

Cometí un error.

Grave.

Tengo que solucionarlo.

Tú no sales de esta casa.

Punto.

Yo no escribo para Liliana.

Yo no escribo para la editorial.

Todo lo que lees lo escribieron otros, yo les cambio el autor.

Yo solo corrijo estilo, eso es todo lo que hago.

Tengo una maleta llena de manuscritos modificados a mi nombre.

Liliana nunca me pidió que cambiara el final de Silverman.

Ese manuscrito nunca debió salir de esta casa,

pero tú lo mandaste,

y ahora todos creen que es de Silverman.

Tengo que arreglar eso.

Igual no quiero que salgas.

No me importa que mientas. Por favor, solo no salgas.

¿Estás bien?

Necesita nuestra ayuda, Carlos.

No solamente nuestra ayuda. Necesita ayuda en general, tuya, mía.

¿Tiene más amigos?

- Ándale. Me debes una. - ¿Cuál “me debes una”?

Ya sabes que no me gusta sacar la troca a carretera.

Ándale, y te debo una.

Carlos te va a llevar.

Estás en buenas manos.

Arre pues, vámonos recio.

Tengo claro cómo llegar hasta la segunda caseta.

Ya a partir de ahí, vamos a tener que preguntar

porque la dirección que te dieron no me aparece en ningún lado.

Espera. Para.

¿Cruzamos?

¿Quieres que me regrese?

Ok, a ver, cuando sales de tu casa,

¿qué haces que te ayuda?

Respiro y cuento mis pasos.

Uno.

Dos.

Tres.

Cuatro.

Cuatro.

- Cinco. - Cinco.

Seis.

Siete.

Ocho.

Nueve.

Ya voy, eh. Pérame.

¿Necesitas algo?

Aire. A veces me pasa.

Mira, ven, recuéstate tantito, te va a ayudar.

¿Todo bien?

El cielo.

¿Estás lista?

Esto no lo ves en la ciudad.

Oye, a todo esto, ¿a quién se supone que vamos a ir a ver?

A Xareni Silverman.

¿A Xareni Silverman?

- ¿La Xareni Silverman? - Sí.

Yo nunca la he leído. Pero a Fernanda le encanta.

¿Y te gusta?

Mucho.

¿Y sí es buena?

La mejor.

Mmm.

Nunca había visto una vaca.

No mames, a mí sí se me bajó el azúcar.

La calle debe estar por aquí.

Yo digo que de todos modos hay que preguntar.

Ah, mira.

A ver.

Oiga, disculpe, ¿sabe cómo podemos llegar a la calle del Cedro?

¿Ven aquella calle de allá?

Ah, bueno, pues esa es la única calle que hay.

¿Y a quién busca?

A Xareni Silverman.

¿A quién?

¿Silverman?

Es escritora.

Ah, la maestra.

Supongo.

Bueno, pues su casa está hasta el final de la calle.

El final del lado derecho.

No del lado izquierdo. No se vayan a confundir.

Ok, gracias.

- ¿Y la maestra sabe que vienen? - No.

Pues no lleguen con las manos vacías.

- Solo tengo dólares, oiga. - Con esos está bien, joven.

Ándele, aquí tienen.

Con eso está bien.

Que les vaya bonito, eh.

¿Estás lista?

Ah, buenas, este... Venimos a...

¿Sí?

Estamos buscando a la señora Silverman.

No sabemos su nombre real.

¿Son del magisterio?

No, venimos...

Necesitamos hablar con ella.

La maestra no está.

- Oiga, ¿y usted es su...? - Felipa.

¿Qué necesita?

¿No sabe dónde podríamos encontrarla?

Es un poco urgente.

A la maestra no le interesan las visitas.

Gracias. Ay.

Oiga, pues la maestra no estaba.

Ah... Fíjese, pues yo creo que...

ya ha de haber agarrado rumbo para la escuela.

- ¿Dónde está? - Está bien retirado.

Y luego está bien difícil de llegar.

A menos que alguien los lleve.

La maestra nunca recibe visitas.

Está muy rara.

Nunca, nunca viene a ninguna fiesta, nunca...

Nunca organiza una posada.

Nunca te invita un panecito.

Quién sabe.

Nomás va de su casa a la escuela y de regreso.

¿La maestra da clases?

Pues sí, mijita, pues si es maestra.

Da clases de todo.

Ya, aquí adelantito, donde te quieres estacionar, eh.

Luego, ¿qué esperan?

Allá está adentro.

Aquí los espero, eh.

La ley de la selva prohíbe a toda fiera comer carne humana.

Salvo una sola excepción.

Matar para enseñar a los cachorros a hacerlo.

Siempre y cuando se haga fuera del territorio de caza de la manada.

Hay una razón muy poderosa para ello.

Matar a un hombre,

trae como consecuencias seguras que otros hombres

invadan la selva, armados de fusiles.

Pam, pam, pam.

Cuando todo es entonces en la selva,

dolor y sufrimiento.

Lety, querida, esa última frase

es fea, ¿no?

Cuando la digas, piensa en algo triste,

como cuando al pueblo llegan los poderosos y se roban el agua.

- “En la selva...” - En la selva

todo es entonces, dolor y sufrimiento.

Muy bien.

- Tome, maestra. Gracias por todo. - No te hubieras molestado. Gracias.

Hola, eh...

Señora Silverman.

- Venimos... - De la editorial.

- ¿Cómo sabe? - Nadie más me dice así.

Nadie más sabe dónde vivo.

No te conozco y a ti tampoco.

¿Liliana estaba muy ocupada para venir a pedir disculpas?

No, señora Silverman. Vine por mi propia cuenta.

Por cuenta propia.

Dime Regina.

En seis años, nadie de la editorial

se había tomado la molestia de venir hasta acá,

asumo que debe ser algo importantísimo.

¿Habrá un lugar en donde podamos hablar?

Aquí me bajo yo.

Eso.

Muchas gracias, eh.

Dile a tu novio que puede pasar.

¿Cómo?

Dile a tu novio que puede pasar.

¿O qué? ¿Hicieron todo este viaje tan largo

solo para ver mi versión de “El libro de la selva”?

Tenemos cosas que hablar, ¿que no?

- Trajimos pan de nata. - Mmm.

Hoy es un buen día para el mercado de pan de nata.

¿La novela?

- Sí. - ¿La tomaste?

Sí.

Y la tomaste del cesto de basura.

¿Y quién la tiró al cesto de basura?

Es obvio.

Continúa.

Empecé a leerla y...

No podía parar.

Tengo la costumbre de corregir.

Soy editora,

así que empecé a corregirlo.

En la editorial estaban muy preocupados por el final

y cuando la leí, yo también.

Sus libros me han ayudado a tolerar el mundo.

¿Me explico?

Entonces, se volvió como un reto,

¿cómo darle un sentido feliz a una historia tan dolorosa?

Se puede, siempre se puede.

Cambié algunas cosas, pero la esencia está.

Fui respetuosa

y respeté sus alegorías,

su construcción estructural.

- Su progresión dramática. - Ya, ya entendí.

Corregiste mi novela.

Bueno, corregiste el final.

Porque es el final lo que realmente les preocupa.

A ver, déjame adivinar.

Martirio Goicoechea vive

y termina fundida

en un beso de verdadero amor.

No termina fundida en un beso de verdadero amor.

De hecho,

acaba sola, pero...

Sí,

vive.

Mis libros no se corrigen.

No, no digo que su final original fuera malo.

Es muy bueno,

muy, pero...

Está de moda,

siento, ser pesimista.

Y usted...

Usted nunca lo es.

Eso es lo que es diferente de lo que escribe.

- Es importante que la gente crea... - Ah, ¿moda?

¿Tú crees que es una moda?

¿Tú sabes lo que le pasó a Lety, la niña que estaba en el ensayo?

Mejor que no sepas.

El mundo es un horror de frivolidad e indiferencia.

Transformarlo implica un cambio

tan incómodo para la mayoría de las personas

que prefieren vivir ignorando

que su estilo de vida perjudica a otros.

No les importa,

siempre y cuando esos otros sean entes sin cara.

Lejanos.

Sin nombre, de pueblos perdidos, a donde si no llega el agua

menos va a llegar un condón,

o tantita justicia.

Yo quería saber qué pasaría

si esos otros fueran los protagonistas

de sus novelas favoritas.

Desde que escribí el primer libro,

lo escribí pensando en ese final.

Hay que aprender a lidiar

con la incomodidad de los finales que no son felices

y hay que aprender a sobrevivir ahí también.

No tengo ganas de un final feliz,

no tengo humor para otro final feliz.

Hay algo que se llama integridad artística

y eso es lo único que una autora tiene en la vida.

Por lo menos lo intentamos.

Pensé que iba a funcionar.

¿Y ahora qué hacemos?

Tengo que admitir todo.

No puedo ni imaginar los costos de mi error.

Por lo menos cinco mil ejemplares tirados a la basura.

Suponiendo que ninguno se haya ido a distribución todavía.

Pues vamos viendo qué pasa.

Ahorita se nos ocurre algo.

Todo va a salir bien, vas a ver.

Va.

Gracias.

Oye, estás a casi 400 kilómetros de tu casa, eh.

Sí.

¿Gusta que la llevemos a algún lado?

Yo voy con ustedes.

Tengo que hablar con Liliana.

¿Qué está pasando en la editorial que mandan a sus pasantes

a dictarle línea a su escritora más vendida?

Sin ánimo de ofender.

Pues vámonos.

Está viejita, pero no falla.

No puedo, me voy a marear.

¿Tú te mareas?

¿Yo?

Ni modo que el muchacho maneje y lea.

Lee.

No te hagas ilusiones.

No cambié de opinión, es...

Mera curiosidad literaria.

“‘¿Quién es esa mujer que me sostiene la mirada?’

pensó Martirio.”

“Incapaz de reconocerse en su propio reflejo.”

“Una niña de pueblo, la hija de Manuel,

la que corría de niña a esconderse incluso de las gallinas.”

“Quién la viera ahora con la mirada vacía y la ropa ensangrentada,

sosteniendo el arma con el pulso firme,

recorriendo con el pensamiento sus propios pasos de vuelta al río

en donde se desharía de la evidencia.

Eso claro, si es que acaso estaba pensando en algo.”

“Martirio Goicoechea dejó la estación a las 19:45 horas

y en algún lugar de ese trayecto en tren,

ese nombre

y ese apellido murieron para siempre.”

No manches.

¿Tú escribiste eso último?

Pues llegamos.

No es lo peor que he leído.

Sandrita.

Vengo a hablar con Liliana.

Quédate uno.

De recuerdo.

Regina.

Liliana.

¿Me explicas?

Qué linda sorpresa.

Castellón Ediciones, buenas tardes.

Señor Román, ¿cómo está?

Ahorita no lo puede atender.

Gracias por haber cedido, tu final es espectacular.

Sí, bueno, pues tenemos que hablar.

Ven conmigo.

Corina, Corina, Corina.

A ver, mija, lo que hiciste,

es motivo de demanda.

Robo de material confidencial,

usurpación de funciones,

suplantación de identidad.

La lista es larga, todo mal.

- Sin embargo... - Sin embargo,

estas no son circunstancias normales.

Todo eso ilegal que hiciste

dio como resultado... esto.

Lo que...

Liliana quiere

es darte las gracias, ¿verdad?

Sí. Gracias.

No estoy entendiendo.

Regina aceptó mantener tu versión.

Llegamos a un acuerdo con ella.

Nada barato.

A cambio de reconocer como suya tu versión,

y comprometiéndose

a no presentar ninguna demanda en contra de la editorial.

- Pero... - Pero...

Esta historia nace y muere en estas cuatro paredes.

Y para eso necesitamos que firmes estos papeles.

La empresa estipuló conveniente hacerte acreedora

a un porcentaje de todas las ventas del libro.

El contrato es irrevocable

y su validez y periodo de explotación es por 99 años.

Es una oferta sumamente generosa dadas las circunstancias.

Evidentemente, hay una cláusula de confidencialidad

extensa.

Y una severa penalización si la incumples.

¿Me están corriendo?

No, no, no, Corina.

En circunstancias normales...

Pero estas no son circunstancias normales.

Coescribiste un libro de una saga exitosa.

Puedes conservar tu trabajo siempre y cuando firmes esto.

Ya no quiero corregir estilo.

Quiero escribir.

¿Escribir, escribir?

Escribir, escribir.

Tenemos un trato.

¿Hace mucho que escribes?

Desde que tengo memoria.

Tengo mucha curiosidad por saber lo que vas a escribir ahora.

Yo también.

Qué linda, ¿no?

La ciudad.

Es inmensa.

Bonita tarde, Corina.

- Bonita tarde, Rodrigo. - Nos vemos el lunes.

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