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- Malditos locos. - Será mejor salir de aquí.
Y todo en nombre de nuestro Señor.
Cuidado, piénsalo bien.
La Inquisición es capaz de adivinar lo que piensas.
¡Atrás, atrás, dejar paso!
¡Vamos, atrás, atrás! ¡Dejar paso, vamos!
¿Habéis visto bastante o queréis ver el fuego?
Nunca he aprobado las hogueras hechas con carne humana.
He tenido suficiente, gracias.
Fuisteis vos quien quisisteis venir.
En ocasiones hay que saber cómo es el mundo donde vivimos.
Pero jamás apoyaré a unos bárbaros que se complacen en la muerte de una niña.
Se equivocan al quemar a esa mujer. Ella es la bruja.
Créeme Paco, está poseída por el demonio.
El demonio nunca podría estar en una belleza así.
Ten mucho cuidado.
- Acércate. Acepta esto. - Os lo agradezco, alteza.
Vuestra visita nos honra en demasía.
Te lo mereces, y mucho.
Gracias.
- Gracias por vuestra visita. - ¡Todos en su sitio!
¡Es una inspección!
¿No sabes que hay que levantarse ante un oficial del Rey?
¡Te hablo a ti!
¿Qué hacemos aquí de pie?
¿Quién eres?
Su alteza, doña María Teresa Cayetana,
marquesa de Villafranca y duquesa de Alba.
Perdonad alteza, no lo sabía. Os pido disculpas.
¡Caballeros!
Mañana la corte entera sabrán que estuvimos aquí.
Bien, no es la primera vez.
Gracias, alteza.
Adiós Costillares, iré a verte en la corrida del domingo.
Gracias, alteza.
- Os brindaré el toro más bravo. - Gracias, Romero.
Mis respetos al orgullo de Castilla.
Alteza, os suplico me concedáis el próximo baile.
- Apartaos, estáis molestando. - Cuidado con lo que dice.
¡Largo de aquí!
¡José, ya es suficiente!
Si fueseis noble, os hundiría mi acero entre las costillas.
No será necesario. José, márchate a casa. Estás borracho.
Repite eso. Repítelo si eres valiente.
Vamos José, no seas niño. Vete a dormir. Estás borracho.
Paco, déjalo ya. No te metas en líos.
¡Repítelo!
Marchémonos antes de que ocurra una desgracia.
- Iros vos si tenéis miedo. - Lo digo por vos, Cayetana.
¡Usa la navaja!
Vete a casa, José. Ya es suficiente.
¡Bien Paco, muy bien!
Paco, no es nada. Estarás bien, ya verás.
- Dejadme en el suelo. - ¡Llamar a un médico!
Dejadme en el suelo. No soy ningún toro muerto.
Esto no es una plaza de toros. ¡Me vais a arruinar!
¿Podemos irnos ya? Después de todo, ha sido un día completo.
Dr. Peral, quizá necesite su ayuda.
¡Traed una venda, un mantel, lo que sea, pero daros prisa!
La mejor venda es una de las enaguas de Pepa.
¿Cómo? ¡Si no llevo mas que una!
Apuesto cinco doblones a que nos engañas.
¿Te lo crees ahora?
Cinco por la apuesta y cinco por el espectáculo.
¡Gracias, Paco!
Quizá podamos ayudaros. Este es mi médico, el Dr. Peral.
Me llamo Francisco de Goya, alteza.
Lo sé.
Espero que no sea una herida grave.
No ha sido nada.
Tendréis que quitaros la levita. Intentaré que no os duela.
Mejor que os sentéis.
No es nada grave, alteza. El corte es profundo
pero no ha tocado los tendones.
Aún podría lidiar un toro. O por lo menos una becerra.
Lo más imoortante es que aguantéis el pincel.
- ¿Conocéis mi trabajo? - Todos conocemos vuestras pinturas.
Sois el pintor de moda. ¿Os ayudo?
Gracias.
Pero, algunas veces, vuestros cuadros me causan cierto temor.
Es como...
si viese la verdad de las cosas, su profundo interior.
- ¿Podéis explicarme eso? - A veces la verdad puede asustar.
Pero el que la mira de frente no debe temer.
Únicamente huyendo de la verdad erraremos el camino, confundiéndonos.
Ya está Sr. Goya, volved a vuestra pintura.
Creo que a partir de hoy, alteza, pintaré mejor que nunca.
Tendréis que aguardar un tiempo. La herida ha de cicatrizar.
Daré un pequeño concierto en mi palacio el próximo viernes.
Si os aburrís de no hacer nada, me complacería mucho que vinierais.
Será un placer.
- Buenas noches. - Buenas noches.
Un Goya original. Muy valioso.
Sois muy hábil con los parecidos, Sr. Goya.
Lo he dibujado mientras soñaba, alteza.
Tenéis sueños extraños.
O quizá no sé cómo soy yo en realidad.
¿Os gustaría hacerme un retrato para descubrirlo?
¿O tenéis miedo que en mí se esconda la verdad que os asusta?
Claro que no, alteza. Eso nunca.
El viernes a las cinco.
¿Se puede saber qué vas a hacer?
¿Yo a quién represento? Quisiera saber a quién represento.
¿Tú? Muy fácil, representas a una vieja bruja.
- No debes ir a ver a la duquesa. - Cállate, Juanito.
Lo siento Paco, enfádate conmigo si quieres,
pero no voy a dejarte marchar.
Cállate, ¿quieres? Deja de decir tonterías.
La Reina la odia. Si vas, nunca te nombrarán pintor de la corte.
¿Cómo avanza vuestro trabajo?
- Todo lo bien que cabía esperar. - No quiero originalidades, Francisco.
Quiero que sigáis fielmente los bocetos.
No os preocupéis, maestro. La cúpula estará cubierta de
falsos angelitos, falsos duques, falsas cortesanas.
Cuando uno no es sincero, todo sale falso.
¡Tonterías!
El arte es orden, disciplina y tradición.
No fue debido a mi sinceridad por lo que me nombraron
presidente de la Academia, sino por ser responsable.
Tanto en el arte como en la vida.
Y nosotros aprendemos de los que han vivido antes.
Sí, yo he aprendido de Velazquez y de Rembrandt.
Para mí los demás han muerto. Ahora sólo aprendo de la naturaleza.
Los artistas debemos mostrar el mundo tal y como es.
Sin ningún camuflaje ni con adornos.
Quien quiere seguir el juego tiene que respetar las reglas.
Si persistís en vuestra testaruda actitud, no tendré mas remedio
que excusarme en vuestro nombre ante el Rey y pedirle que
encargue los frescos a otro pintor.
¿Esta es vuestra decisión?
¡Francisco!
- ¿Quién es esa niña? - Su hija.
Su hija adoptiva. La duquesa se sentía sola y quería una hija.
- Alteza, me envía el Sr. Goya. - ¿Se encuentra bien?
Sí, alteza. Está perfectamente.
Pero está trabajando día y noche pintando para el Rey.
- ¿Para el Rey? - Sí, para nuestro glorioso Rey.
Al que Dios proteja.
Muy bien, dile al Sr. Goya que aceoto sus excusas.
Gracias.
Bien Sr. Brinac, ¿qué opináis de nuestra cantante?
Maravillosa alteza, os felicito.
Me la llevaría conmigo a Paris si aun fuera dueño de mi teatro.
Lo recuperaréis. Bonaparte no puede durar siempre.
Es muy testarudo, casi tanto como yo.
Querida duquesa, estamos impacientes por ver al maestro Goya.
- ¿Aún no ha llegado? - Lo lamento, pero no podrá venir.
- Me ha mandado sus excusas. - Es una lástima.
Quizá se haya perdido en una taberna mientras
galanteaba con cualquier mujerzuela.
- Vuestro carruaje os espera. - ¿Mi carruaje?
¿Escuchamos otra canción? María, acércate.
Cantadnos otra pieza.
En seguida, alteza.
¡Basta, basta, basta!
¡Quitaos esos disfraces!
¿No me oís?
Que vean cómo sois en realidad. Cuando el Rey venga a honrar
esta capilla, quiero que os tenga frente a él como sois.
Pedro, la maleta.
¡Juanito! ¡Rápido, mis pinceles!
Señor, por favor, ayúdame. Ayúdame, Dios mío.
Pidamos ayuda al Señor. ¡Cantad para que nos oiga desde las alturas!
¡Cantad con fuerza!
¡Abrid en nombre de su majestad el Rey!
¿Has oído, Paco? ¡El Rey!
¡Abrid!
¡Viva el Rey por la gracia de Dios!
Ahora y siempre.
Sus majestades están a punto de llegar.
¡Destacamento! Cubrir las puertas. Llevaos esa gentuza.
¡Fuera de ahí! ¡Limpiad el lugar!
¡Esos también! ¡A prisa!
¡Daos prisa!
¡Dejadlos! ¡Son mis amigos!
Lo lamento, son órdenes. Tienen que esperar fuera, con la gente.
Apartad este andamio. Descubrid los frescos.
Dejad los andamios en ese rincón.
Su majestad, el Rey.
Bueno, ¿dónde...?
- ¿Dónde está el artista? - Con el permiso de vuestra majestad.
Tengo el honor de presentaros a don Francisco de Goya,
cuyos bocetos os dignasteis a aorobar.
Estaba seguro de que erais vos. Todos los artistas son iguales,
siempre manchados de pintura. Es un placer conoceros.
Majestad.
El Sr. Goya se ha pasado la noche trabajando
y no esperaba la visita de vuestras majestades.
Hemos salido de caza con Manuel.
¿Dónde está el Primer Ministro? Sr. Goya, Manuel.
Nuestro brazo derecho.
¿Sabíais que nuestro Primer Ministro es un excelente tirador?
Sorprende en un hombre tan ocupado por los entresijos de la política.
Vuestra majestad sí que es un buen cazador.
Es cierto. Supongo que me defiendo bien.
- Carlos. - ¿Sí?
Por favor, las pinturas.
- Sí, ¿dónde están los frescos? - En la cúpula, majestad.
Sí, claro.
Explicadme, ¿qué tema trata?
Caballeros, espero vuestra opinión. ¿Qué os parecen, Navarra?
Veréis majestad, de pintura entiendo poco.
- ¿Y vos, Bayeu? ¿Qué opináis? - En mi opinión, majestad...
¿Por qué no preguntamos a nuestra querida María Cayetana?
Por su expresión diría que estos frescos, sobre todo le divierten.
Así es, majestad. Los frescos del Sr. Goya me parecen cómicos.
¿Cómicos? ¿Un tema religioso os parece cómico?
No es el tema. Me refiero más bien a la rudeza del tratamiento.
Esperaba ver desarrollados unos frescos dignos de la nobleza de la corte.
Sin embargo, el artista ha pintado a los personajes más vulgares de Madrid.
Mendigos, holgazanes, mujerzuelas, majas, majos.
Fijaos en lo que ha pintado a los pies del santo.
Hay varios pilletes que escalan la balaustrada.
¿No os parece cómico?
Majestad, siempre pinto lo que veo, lo que siento.
La gente, el pueblo, os adora. He intentado simbolizar en imágenes
al pueblo para que esté más cerca de vos.
- ¿Así que es eso? - ¡Sí, sí!
Por eso los he pintado mirando hacia nosotros.
No lo he hecho para exhibirlos.
Si no más bien para que ellos os vean a vos.
De ese modo llamarán vuestra atención.
Quieren hablar con vos. Sólo vos les podéis ayudar.
Excelente planteamiento, Sr. Goya. Y muy inteligente.
Amamos al pueblo. ¿Puede negarlo alguien?
Si como ha dicho el Sr. Goya, pinta lo que ve, que nos explique
dónde encontró esos ángeles voluptuosos que decoran la cúpula.
Querida duquesa, quizá eso sea pedir demasiado, ¿no os parece?
¿Quién de nosotros ha visto alguna vez un ángel?
En mi opinión, estos los encontró alguna noche.
Pero hechos de carne y hueso, como la majas de la calle.
Me cuesta entender vuestras palabra, querida.
Únicamente os oigo hablar de mujerzuelas. ¿Quizá os incomodan?
La verdad es que me sorprendéis. Dicen que vuestros amigos predilectos
son los mendigos, los vagabundos y las mujeres de la calle.
Si juzgamos a las personas por la gente que las rodea, os aseguro
que aquí mismo hay quien pisa terreno más peligroso que yo.
Siempre es interesante contrastar las diferentes opiniones.
Aunque lo hacemos en pocas ocasiones.
¿Qué tal si continuamos? ¿Qué os parece, Bayeu?
Majestad, el Sr. Goya se ha saltado todas reglas de la pintura.
Pero nunca he visto nada tan vigoroso y estremecedor en la historia del arte.
Son buenos frescos y muy, muy osados.
Creo que el Sr. Goya se ha ganado merecidamente
el título de pintor de la corte, ¿verdad Carlos?
Sí, claro. ¡Manuel!
- ¿Dónde estáis? - Majestad.
Prepara un documento para que lo firme.
Nombramos al Sr. Goya pintor de la corte,
con todos los derechos y privilegios del rango.
Creo que esta mañana ya hemos trabajado bastante.
¡Válgame Dios, es tardísimo!
Ya decía yo que el estómago me avisaba.
¿Os gusta? Tengo una gran colección. Os la enseñaré.
Sois un artista y sabréis apreciarla.
Os felicito, señor. Cuando os veamos de nuevo espero
que vistáis ropas dignas de un pintor de la corte.
Felicidades, maestro.
Me gustaría expresar mi agradecimiento a su alteza.
- Buenos días, excelencia. - ¿Cómo está, Ramírez?
- Acompáñeme. - Tras de él.
- ¿Buenas noticias, Manuel? - Nada nuevo, majestad.
¡Esos franceses! No tienen bastante con lo que han hecho en su país.
Ha sido una lástima, os habéis perdido el cuarteto de...
Carlos, ¿has hablado con el Sr. Goya de nuestro retrato?
Claro, claro. ¿Estamos todos?
Por fin, Sr. Goya. Está toda nuestra familia.
Tres generaciones. Alabado sea Dios.
¿Se os ocurre cómo queréis que nos agrupemos?
Creo que sí.
Sí majestad, creo que sí.
Mientras acabemos pronto. Todo esto me aburre.
Es mi hijo.
Alteza.
Alteza, ¿os importaría volver a colocaros en la posición anterior?
¿Aun no habéis terminado?
Gracias.
Alteza.
Cuesta complacer a todos, ¿ verdad don Francisco?
Su alteza, el príncipe, tiene un carácter bastante arisco.
Y no es demasiado diplomático.
Enseguida expresa lo que piensa sobre todo el que le rodea.
¿Queréis decir que no ha criticado a nadie delante vuestro?
A nadie, excelencia.
Yo podría hacer mucho por vos.
Su majestad ha depositado una gran confianza en mí.
Excelencia, mi único interés es la pintura.
- Lo sé. - ¡Sr. Goya!
No puedo volar la cometa.
Bien, veamos.
Es natural, alteza. Se ha roto.
No os preocupéis, la arreglaremos. ¿Salimos al jardín?
Sí, gracias.
¡Ahora yo! ¡Quiero Ilevarla!
¡Esperad que suba un poco mas arriba!
¡Dejadme a mi, por favor!
- Aquí tenéis. - ¡Quiero Ilevarla yo!
Es preciosa. Mirad qué alto vuela.
Ahora un poco mas atrás. Muy bien, soltad un poco mas.
¡Un momento! Ahora subirá mas alto.
- Mas, mas... ¡Ahí está! - ¡Estupendo, Sr. Goya!
¡Vamos, caminad hacia atrás! ¡Atrás, venid hacia aquí!
No, Sr. Goya. Debéis adivinar quién es.
- ¿Adivinar quién es? - ¡Sí!
Muy bien.
Hubo un tiempo en que no teníais tiempo más que para pintar.
Suplico que me perdonéis, alteza.
Diría por vuestras vestiduras que habéis colmado vuestras ambiciones.
Tal vez. Pero sigo siendo el mismo.
Ahora os toca a vos taparse los ojos.
No, gracias. Se acabó el juego.
Os Io ruego una vez mas, no vayáis esta noche.
Y menos con esas ropas.
Es la ropa que usa el pueblo, Aranda.
Es la fiesta mayor. Les prometí que iría.
Escuchad el consejo de un amigo de la familia.
Vuestro padre no aprobaría una cosa así.
Claro que sí, lo encontraría divertido.
Debo insistir, alteza.
Es posible que esta noche haya disturbios.
Su majestad la Reina se lo advirtió una vez.
Exactamente. Ahora ya sabéis porqué salgo esta noche.
Porque la Reina me Io ha prohibido.
- ¡María! - ¡Sánchez, qué alegría!
Me alegra Ilegar a tiempo. Hay algo que no va bien.
Al parecer aprovecharán el carnaval para manifestarse contra Godoy.
Vuestra presencia podría malinterpretarse.
Pues acabamos con ello.
María, por favor.
- ¡Godoy está listo! - ¡Mirad qué cara pone Godoy!
¡Y aquí está el gran Napoleón!
¡Ven aquí, los Ilevaremos juntos!
- ¡Un sombrero para Napoleón! - ¡Bebe un trago, Juanito!
¿Por qué habrá nombrado la Reina Primer Ministro a un maldito cerdo?
Por importantes razones que sóIo sabe ella y todo el mundo, excepto el Rey.
¡Todos a la calle!
Excelencia, han detenido el carruaje.
No te preocupes Miguel, deja que se diviertan.
Te ocuparás después de los caballos.
Majestad.
- ¿Puedo mirar? - Por supuesto.
Es un muchacho muy guapo. Un día será Rey.
Los hijos reoresentan una gran responsabilidad.
Los cirujanos no supieron cómo quitar a mi hermana esa protuberancia.
Dijeron que era una infección maligna.
Es posible que haya sido mejor así.
Al menos no he tenido que protegerla de los hombres.
Majestad, su excelencia el Ministro de Justicia.
- Majestad. - ¿Qué ocurre, Delgado?
Majestad, necesito vuestra clemencia. Os Io imploro.
Se trata del asunto del indulto a Montijo y a sus dos hermanos.
Hace tres días que intento hablar con vuestra majestad.
Y los tres días se os ha dicho que lo habléis con el Primer Ministro Godoy.
Lo sé, majestad. Pero Godoy es quien quiere eliminar a la familia Montijo.
Mañana por la mañana los ejecutará.
Examiné el caso y no hay pruebas.
No hay pruebas que acusen a esa familia.
Debéis entenderlo, Sr. Delgado.
No acostumbro a interferir en las decisiones de mi Primer Ministro.
Si no estáis de acuerdo con Godoy, debéis aclararlo cuanto antes.
Majestad, por favor.
No os Io toméis tan a pecho. No es el fin del mundo.
No penséis mas en ese asunto.
Tomad Delgado, para vos. Un regalo del Rey.
¿No es precioso?
Majestad, si me Io permitís,
yo sólo soy pintor. Pero también soy vuestro súbdito.
El pueblo os adora. Cree en vos, señor.
Si ven que vuestra majestad condena la injusticia que practica
la gente que le rodea, se animarán y olvidarán
cualquier rastro de miseria, de miedo, de opresión.
Majestad, es la vida de vuestros súbditos.
Lo sé, es muy triste, pero ¿qué puedo hacer?
Manuel tendrá sus razones.
Por si no lo sabéis majestad, mucha gente usa vuestro nombre
para justificar sus crímenes. Aquí, en palacio, a su lado.
Hay gente que os engaña y os miente, majestad.
Eso son habladurías. Os doy un consejo, Sr. Goya.
Dedicaos a la pintura. Sois un buen pintor.
Dejad los asuntos de Estado a aquellos que les compete.
Dedicaos a la pintura.
- ¿Qué está ocurriendo, Manuel? - Una revuelta.
Están quemando mi imagen.
Me llaman traidor porque he negociado con Napoleón.
Vos sabéis que lo hice oor ellos, para evitar que nos invada
- como a italianos o alemanes. - ¡Ya basta Manuel!
No perdáis la cabeza. Si fueseis tan entendido en política
como en mujeres, la revuela habría sido sofocada hace ya mucho tiempo.
¿Por qué no Ilamáis a la guardia?
Dad la orden de que carguen inmediatamente.
Ya he dado esa orden, pero se ha complicado.
La Duquesa de Alba está entre ellos, incluso ayudó a encender el fuego.
¿Así es como esa obedece mis órdenes?
Yo le enseñaré quién es la Reina en España.
Le demostraré que no puede derrocar al Gobierno.
Ven conmigo. Acompáñanos, ¿quieres?
¿Dónde están Juanito y los demás?
Están quemando los muñecos para diversión del pueblo.
Necesitas un trago, Paco.
¿Pero qué pasa?
¿Queréis algo de mí, alteza?
Dejad los tratamientos. Me Ilamo María.
Ya entiendo, ya entiendo. Es una noche de engaños.
Todo parece estar al revés.
Miraos. ¿De qué vais disfrazada? Ya lo sé, os mezcláis con el pueblo.
Pero bajo esas pobres ropas hay encajes y sedas.
Bordadas con vuestro escudo.
¿Lo veis? Queréis mezclaros con la gente ordinaria, oero
no soportáis su hablar grosero. Lo siento, no soy Grande de España.
SóIo pensé que erais un caballero de su majestad.
El pintor de la corte.
Despreciáis mi trabajo. Sois como los demás cortesanos.
Incluso vos gustáis de perder el tiempo jugando con uno y con otro.
Lo hacéis para no sentir el vacío que tenéis a vuestros pies.
¡Pero yo no os serviré de juguete! ¿Lo entendéis?
¡Estáis loco, Sr. Goya! Os compadezco.
¡Dejadme en paz!
¡Asesinos!
No lo hagáis.
- Buenas noches, alteza. - Buenas noches, Rojas.
- ¿Qué puedo ofreceros? - Algo de beber, Rojas. Lo que sea.
Bien, Sr. Goya. El ídolo ha caído.
No estoy hablando de mí.
Hablo del ídolo real.
Os lo advertí el otro día en la iglesia.
No me burlé de vos. Ni de vuestros cuadros.
¿Cómo iba a reírme de ellos? Son preciosos.
Demasiados bellos para el nido de corrupción de la corte.
- ¡María! - ¡Sánchez!
Os he buscado por todas oartes. Temí que os hubiera pasado alguna cosa.
El conde Rodrigo Sánchez, el Sr. Goya.
- Tomad asiento. - Gracias.
- ¿Puedes traer otro vaso, Rojas? - En seguida, alteza.
Un asunto muy desagradable. Jamás había visto tanto alboroto.
¿ Y no cree que una tormenta sirve oara limoiar el aire?
Además de otras muchas cosas. Le estaba diciendo al Sr. Goya
que en una tormenta caen ídolos. Incluso ídolos reales.
Por favor, María. Mientras lleve este uniforme he de hacerle honor.
Imagino que empezáis a notároslo estrecho.
¿No sois vos también funcionario de su majestad, Sr. Goya?
Soy artista. Soy un hombre libre, gracias a Dios.
Si sois hombre libre,
¿por qué no bailáis conmigo?
- ¿Quién era? - Un amigo.
- ¿Qué importa? - Todo importa.
¿Le amáis?
No.
Pero le amasteis. Y no es el único.
Sigue enamorado.
Hablemos de otra cosa.
¿Qué ocurre, Paco? ¿Qué ves en mi cara?
Lo que realmente me importa. Todo Io que me parece verdadero.
Algo fascinante y revelador.
- ¿Cuándo empezasteis a verlo? - El primer día.
Aunque lo viese a través de sospechas y resentimiento.
Os he pintado miles de veces, María.
Y de todos los retratos, ¿cuál es el verdadero?
- El que pintaré esta noche. - ¿Esta noche?
Ahora.
Ahora.
María, María. Os quiero, os quiero.
No, por favor.
Tienes que pintar mi retrato.
Venid, sentaos.
Paco, ¿qué sabéis realmente de mí?
Sé que habéis tenido amantes.
Incluso sé sus nombres.
Seguro que no los sabéis todos. Y a pesar de eso, ¿me amáis?
María, no quiero conocer vuestro pasado. No quiero que me lo contéis.
Lo sé, no habéis hecho ninguna pregunta. Nadie pregunta nunca.
Nadie quiere saber el porqué.
Soy orgullosa, Paco. Orgullosa de nacimiento.
Sin aclarar eso no os puedo amar.
Dejad que me marche.
¿Habéis amado de verdad alguna vez? ¿De corazón?
Quizá nunca encontré a nadie que mereciese mi fidelidad.
Hasta que os conocí. Os amé en seguida.
Nunca creí que el amor se pudiera mezclar
con amargura, vergüenza y miedo.
Por favor, déjame ir.
¿Qué os ocurre? Miradme, miradme.
¿No veis quién soy? Estoy vivo, trabajo, respiro.
Y os quiero, María. Os necesito.
Os necesito.
Mi marido murió dejándome sola, sin hijos.
Sola entre enemigos que me espiaban.
Que me juzgaban y calumniaban.
Mi único placer es escandalizar a esa gente.
Escandalizar a los hipócritas.
Ya no estaréis sola. Seguiré vuestro juego y escandalizaré a los hipócritas.
Los dos somos iguales, María. Los dos.
Ojala pudiese creer que me amáis de verdad.
Os quiero de veras.
Igual que quiero a mi trabajo, mi pintura, os quiero a vos, María.
No quiero que este amor se mezcle con cosas pasadas.
Dejad que me marche. He de pensar.
- Volveré. - ¿Cuándo?
Muy pronto. Será muy pronto.
Esta espera será maravillosa para los dos.
Siempre os esperaré, María.
¿Qué hacéis aquí?
Os esperaba, alteza.
No recuerdo haberos invitado.
Quizá tampoco recordéis lo ocurrido esta noche.
A veces no hay mas remedio que saltarse el protocolo.
Quiero que os deis cuenta que para protegeros a vos en esta situación,
me he colocado yo mismo en grave peligro.
Os aseguro que me es indiferente.
¿Cómo os atrevéis a invadir mi casa?
Esperad fuera.
¿Os dais cuenta alteza de que entre vuestros libros hay algunos
que interesarían a la Inquisición?
Voltaire, Rousseau, Montesquieu, son revolucionarios.
Como fiel servidor de su majestad, yo...
¿ Vos? ¿Os atrevéis a hablar de fidelidad?
Soy responsable de la seguridad del reino.
Naturalmente, como hombre os entiendo y os admiro.
Ahorraos ese esfuerzo.
Me ha costado mas de una hora calmar a su majestad, la Reina.
Las ordenes eran estrictas y las habéis desobedecido.
Os habéis aliado con los enemigos del Estado, incitándoles contra mí.
A pesar de lo cual, he conseguido reducir vuestro castigo a un año de destierro.
Pura formalidad. Os retirareis voluntariamente
a vuestra villa de Solinar.
- ¿ Y si me negase? - Tendríais un problema.
No sóIo vos, sino también los que vos mas amáis.
- Decidiré Io que he de hacer. - Está todo decidido.
No pienso moverme de aquí hasta que vos os marchéis.
- ¿Esta noche? - Inmediatamente, alteza.
¿AIgún recado?
Pedro, ¿a esto le Ilamas limpiar? Vamos, Io quiero reluciente.
- ¿ Y eso qué es? - Un jarrón de flores.
- Aunque no habían muchas. - Son pocas. He dicho flores,
ramos, cestos de flores. Este ramito se lo das a tu novio
oara que, a su vez, te Io regale de mi parte.
- Gracias, pero... - Consígueme muchas flores,
aunque las tengas que robar. Búscalas en el jardín de palacio.
¡Date prisa Pepa!
¿Le has Ilevado los dibujos? ¿La has visto?
Créeme Paco, esa mujer no es para ti.
¿Cuantas veces he de decirte que no te metas en mis asuntos?
- ¿No los ha aceptado? - Se ha ido.
¿No Io imaginabas?
Así es ella, hoy aquí y mañana allí.
Ha destrozado muchos corazones.
Ahora se ha encaprichado en pasar una temporada en su villa de Solinar.
Créeme Paco, es mejor así. Ahora podrás trabajar sin que...
Prepara en seguida mi equipaje.
"SóIo aquel que pasa un infortunio parecido puede imaginarse
la desesoeración que me embargó. Los guardias fueron tan crueles
que me prohibieron besarla y hablar con ella."
¿Qué más?
"Pasó el tiempo sin que lograra saber qué se había hecho de ella."
Seguid.
¿Dónde está?
¿Dónde está?
¿Cómo me has encontrado?
¿Por qué has tenido que venir?
Por favor.
Por favor, márchate. No puedo volver a verte.
¿Marcharme?
¿Marcharme? ¿No puedes volver a verme?
¡Marcharme!
Tuve que irme de Madrid. Me han desterrado.
¿Desterrado?
- ¿Por qué te han desterrado? - Por favor, déjame.
Dímelo, dime porqué te han desterrado.
¡No puedo! No te mezclaré en este asunto.
Veo que no me conoces. Dímelo, ¿por qué te han desterrado?
Paco, te quiero.
- Duquesita, está listo. - Déjame verlo.
Anita, márchate. Ve a ver si se ha despertado la niña.
Suponía que debía ser un secreto.
Lo anunciaría a los cuatro vientos.
Te quiero.
Maniobras. Siempre están de maniobras.
- Alteza. - ¿Qué os trae por aquí?
Nos dirigimos hacia un puesto fronterizo, no muy lejos.
Tendréis que disculpar la invasión.
No os preocupéis. ¿Podemos ayudaros en algo?
Gracias, María.
Si puedo seros útil en algo.
Gracias, Sánchez. Soy muy feliz.
¡Buena suerte!
Me pregunto si saben lo que hacen.
- Por mi puede pudrirse. - Es la guerra, debes entenderlo.
¿Por qué tienen que venir a molestar?
Después de tanto tiempo, aun estás celoso.
Estoy celoso de todo. Incluso de tus pensamientos.
- Daría cualquier cosa por ellos. - ¿Tan difícil te parece?
Aranda, ¿ha vuelto el Sr. Goya?
Aun no, alteza. Hay un buen trecho hasta Santa Cruz, y don Francisco
no ouede ir por el camino real con tantas tropas patrullando.
El viaje es peligroso, no debió ir.
Conoce el territorio mejor que nadie.
- Y es un hombre valiente. - Demasiado.
No os preocuoéis, señora. Sabe que los documentos que Ileva
son comprometedores y que están firmados por vos.
No se arriesgará. No sufráis por él, alteza.
Gracias, Aranda.
No debemos preocuparnos.
Por favor, seguid.
¿Os aseguráis de que no huya?
¿Por qué iba a hacerlo?
Estamos de maniobras cerca de aquí, y el campamento me aburría.
En el ejercito sóIo hay soldados.
Quizá sea un mal lugar para usted, don Manuel.
Es posible, alteza. Los dos estamos prisioneros.
Vos en esta maravillosa villa y yo en mi cargo.
A veces los prisioneros pueden Ilegar a un acuerdo.
¿Puedo? Suponed que pudiera hacer que regresara a Madrid.
Le echamos de menos, ¿sabe?
Estáis mas bella que nunca.
Da la impresión de que el aire del campo os favorece.
¿Qué condiciones tienen ese acuerdo?
Alteza, los dos sabemos que Napoleón se encuentra en la frontera.
Podríais ayudarnos en esta situación.
- El país está en peligro. - ¿Qué me estáis proponiendo?
Unamos nuestras fuerzas para un ideal común.
- Vuestros ideales. - Llamadlo como queráis.
Napoleón quedará infinitamente agradecida quien le ayude
a entrar en España, aunque sea temporalmente, claro.
Sobre todo si no pierde un solo soldado.
¿Eso venís a proponerme?
La respuesta es no.
Si Napoleón desea cruzar la frontera, hay que resistir. Eso es todo.
Eso provocaría una carnicería.
Su ejercito es mil veces mas poderoso que el nuestro.
Cuando se trata del honor del pueblo, no importa el numero de enemigos.
Os ponéis mas bella cuando os enfadáis. Muy bella.
¿Me habéis tomado en serio?
En política siempre hay que estudiar diversas posibilidades.
¿Cómo sigue el Sr. Goya?
Le creían enfermo en 'Zaragoza, eso está muy lejos de aquí.
Quizá no recordéis alteza que estáis desterrada, no en viaje de bodas.
Os doy tres días para que el Sr. Goya regrese a Madrid.
Estamos hartos de los intelectuales que creen que pueden hacer
lo que les de la gana. Sobre todo pagando la corona.
Os devolveré el dinero.
No es necesario.
Que vuelva a su trabajo en seguida. ¿Por quién nos ha tomado?
¿Por unos estúpidos?
La Inquisición estaría encantada de ver lo que hemos encontrado
en vuestro estudio. ¿Sabéis lo que eso representaría?
Aunque saliese vivo del juicio, sería un hombre acabado.
Para conseguir vuestros objetivos haríais cualquier cosa.
Incluso destruir a un hombre.
¿Por que no queréis ser mi amiga?
Dejad que ese pretencioso vuelva a sus pinceles.
Si regresara a Madrid, ¿me dais vuestra palabra
de que no le ocurrirá nada?
La tenéis. Tres días. Volveré para comprobarlo.
Quizá entonces seáis mas amable.
No habéis visto a nadie. Que el Sr. Goya no se entere de esta visita.
Decídselo a los demás.
¡Adiós Rodrigo!
¡Estás aquí! ¿Cómo está mi pequeña? ¿Te has divertido?
A ver cómo vuelas.
¿Preparada? Uno... Dos...
- ¡Sr. Goya! - Hola, Anita.
¿No son tuyos, verdad?
- ¿Ha venido alguien? - No lo sé. Nadie.
Ahora vete a jugar.
Ajugar tú solita. Esto para ti.
Pero no te las comas a la vez, enfermarías.
Gracias.
Has tardado mucho. ¿Estás bien?
- ¿Quién ha venido? - ¿Por qué?
¿Por qué?
- Encontré estos guantes abajo. - Esto. Ha sido un amigo.
Un oficial me ha traído noticias de Madrid, debió olvidarlos.
¿Por qué siempre sospechas de todo?
Lo sé. Creo que no cambiaré nunca.
Esta carta es para ti.
La situación está cada vez peor.
Supón que alguien descubriera que estás conmigo.
Te obligarían a regresar a Madrid. Deberías irte en seguida.
¿Obligarme a ir a Madrid?
¿Quién se atrevería a separarme de ti?
Tienes que pensar en tu trabajo, Paco.
Con puedes estar tanto tiempo alejado de la corte.
No me importa la corte.
María, querida. Mi vida empezó contigo.
Y quiero acabarla a tu lado.
Lo sé, pero...
eso lo dices ahora. Con tantos sufrimientos,
me volveré fea y vieja, y entonces no querrás verme mas.
¡Vieja y fea! María, deja de pensar en esas cosas.
Mira,
voy a hacer de ti un Goya original.
Serás mi retrato mas vivo y perfecto.
Prepararemos el lienzo. Eso es. Y ahora,
empezaremos con los labios. Los difuminaremos.
Tómatelo en serio. Debes volver a Madrid.
- Tienes que volver. - No voy a discutir eso.
Si voy es porque has dejado de quererme, no por otra cosa.
Amor mío.
Por ninguna otra razón, mi amor.
¿Quién ha Ilevado la carta a Sánchez?
Miguel, alteza.
- ¿Dijo cuándo volvería? - Antes del anochecer.
Mañana es el ultimo día.
Goya es algo difícil de soportar durante mucho tiempo.
De hecho...
se está volviendo insoportable.
Las separaciones largas son muy pesadas.
Entiendo Io que queréis decir.
Sí, Sánchez. Soy incapaz de ser fiel por mucho tiempo.
Me desespera oíros decir eso.
Preferiría que amaseis a un enemigo, al peor.
Pero que lo amaseis de verdad.
¿Por qué os destrozáis la vida así?
Sois muy poco comprensivo.
¿Queréis utilizarme para libraros de él?
Es lo que hicisteis con Enrique para libraos de mi,
y Goya a su vez con Enrique. Sin hablar de los demás.
Sánchez, ¿cómo podéis decir eso?
Con vos fue distinto, y Io sabéis.
¿Distinto, María?
Tenemos visita. Olvidaba que ya os conocéis.
Sr. Goya.
¿La visita forma parte de la maniobras?
Perdonad María, debo irme.
Pero si no habéis hecho nada mas que Ilegar.
¿No queréis cenar con nosotros? Me alegraría mucho.
Sólo quería presentaros mis respetos, nada mas.
- Lo lamento, Sánchez. - Entiendo.
Esperad, no Io entendéis. No lo entendéis.
Deseo que os quedéis, lo deseo mucho.
En otro tiempo no os hubieseis negado.
Fue hace mucho tiempo.
Quizá me equivoqué. He tenido tiempo para pensar.
El destierro es muy solitario.
Quizá me equivoqué, Sánchez.
No, déjame.
Paco, se acabó.
Todo acabó entre nosotros.
Debes marcharte.
Por favor, regresa a Madrid.
Paco, te quiero.
Te quiero. Regresa a Madrid.
¡Cómo le envidio! Cómo envidio a ese hombre.
¿Qué ha pasado, Paco?
¡Avisa a Juanito! ¡Y busca un médico!
Falso, falso. Todo es falso.
¡Falso!
Por favor, déjame verle.
Paco, he vuelto. He regresado a Madrid.
- Me dijeron que estás enfermo. - Falso, todo es falso.
Tienes que creerme. Créeme.
- Lo de Sánchez era mentira. - Todo es falso.
SóIo quería ayudarte. Te quiero a ti, sóIo a ti.
No puedo mas, por favor. No puedo, no puedo.
Se acabó, basta. Por favor, se acabó.
Debes calmarte un poco. Lo siento, alteza.
- Come Paco, va a enfriarse. - He de acabar esto.
Viendo esto se diría que está mas sano que nunca.
Alguna de sus victimas tardaran en curar.
- ¿Sabéis quién es? - Al fin le han dado una lección.
Alguien tenía que hacerlo.
Mirad, dos cabezas.
Excelencia, qué gran honor.
Precisamente os he reservado unas novelas extranjeras. Son exquisitas.
Realmente exquisitas. Si sois tan amable de venir a mi despacho.
Excelencia, si quisierais entrar en mi humilde despacho.
Estos acaban de Ilegar.
Maravillosos ejemplares únicos.
- ¿Quién es el librero? - Servidor.
Ordenes de la Inquisición. Quedáis detenido.
- Y la tienda clausurada. - ¿Por qué?
Por poner a la venta unos dibujos Ilamados "Caprichos",
dibujos que ofenden la moral y sobre todo la religión.
Se confiscan todos los ejemplares.
No Io comprendo, señor. El autor es Francisco de Goya.
¿No me diréis que el pintor de la corte es...?
¡Eso no importa! Ya se ocupará de éI el Santo Oficio.
Atrás.
Dejad paso.
Abrid la puerta.
Dejad paso.
Ven conmigo.
Estos franceses. Con todo lo que han de hacer,
y aun les sobra tiempo para inventar bailes.
¡Perfecto! Ahora majestad, sólo tenéis que dignaros
a seguir exactamente el ritmo.
Uno, dos, tres. Uno, dos, tres.
Esto sí que es una sorpresa, María Cayetana.
Cuanto tiempo sin veros.
¿Hace mucho que volvisteis de Solinar?
Cierto querida María. ¿Habéis estado en Solinar?
El tiempo allí es estupendo.
Majestad, don Francisco de Goya está en grave peligro.
Ha sido apresado por la Inquisición.
¿Cómo? No estaba informado de ese tema.
El terrible Paco. ¿Qué ha hecho ahora?
¿Desde cuando os interesa lo que le ocurre al Sr. Goya?
Es el pintor mas grande de España.
Lo lamento mucho, querida. Pero nadie puede saltarse la ley.
La Inquisición es soberana.
- Pero majestad, tenéis... - ¡Disculpadnos!
Hay asuntos de Estado mas urgentes.
Veré lo que puedo hacer María. Ya veré.
¿Os importaría esperarme en mi despacho?
Iré en seguida.
Coronel, acompañadla.
¿Con qué finalidad dibujasteis "Los Caprichos"?
Mostrar la corrupción del pecado y la locura.
¿Sí? Veamos con detalle lo que habéis hecho.
Aquí tenemos uno de los dibujos. Lo Ilamáis "Vaya pico de oro".
En éI hay unos monjes escuchando a un papagayo que está
predicando desde el pulpito. ¿Es cierto?
Sí.
¿Es eso lo que, según vos, hacen los sacerdotes?
¿Predicar y escuchar como si fuesen papagayos?
En la Biblia podemos leer...
¡No cite la sagrada Biblia ante este tribunal!
¡Lo que dice ya Io sabemos!
Cubierto tras aquel paño, Sr. Goya, hay un cuadro vuestro
calificado de impuro, indecente y sacrílego.
Ofensivo para la vista de Dios y de los hombres.
¿Admitís haber pintado un desnudo?
¿Lo admitís o no?
Sí.
¿Ignoráis que pintar un desnudo es pecado mortal?
La belleza de la mujer forma parte de la belleza de la creación.
¡Y en cualquier caso no lo pinté para mostrarlo al vulgo!
Esta obra le condena.
No tenéis derecho. ¡No tenéis derecho a hacer eso!
¿Hay alguien capaz de jurar que la visión de este cuerpo inspira solamente belleza?
Es una invitación al deseo carnal, al placer de los sentidos y al pecado.
¡No! ¡La lujuria y el pecado sólo viven en el interior del hombre!
¡El primer desnudo de mujer lo hizo Dios!
¡La vergüenza de su desnudez fue obra de la serpiente!
- ¿El retrato representa a alguien? - ¡No, no!
¡Yo soy el único responsable de la tela! ¡El único!
Siéntese, Sr. Goya. Estáis mintiendo
A menos que accedáis a confesar que actuasteis influido por
la persona que posa en el cuadro que pintasteis.
¡Nadie es responsable! ¡Nadie posó para el cuadro!
¡Soy el único culpable! ¿Me han oído? ¡El único!
Vean, Sres. del tribunal, como la diabólica arrogancia de este hombre
denuncia su culpa. Ninguna institución, ninguna persona, nada, se ha librado
de la humillación y la mofa de sus hirientes dibujos. Yo Io preguntaría...
Sr. Goya, el palacio real suplica clemencia para vos a este tribunal.
Decidimos conceder la petición.
Que esta experiencia le sirva de aviso.
Ha sido bendecido con un don, vigilaremos cómo lo usa.
Francisco de Goya quedáis libre.
¿Os gusta el reloj? Me Io regaló su majestad.
Vuestro pintor está libre. La sentencia de la Inquisición.
Una simple reprimenda. Apenas nada.
He ojeado "Los Caprichos". Muy interesante.
¿Su majestad ha ordenado liberar a Goya?
Prácticamente es lo mismo. No os preocupéis.
Mañana hablaré con su majestad. No habrá ninguna objeción.
Me equivoqué con vos, don Manuel. Nunca lo olvidaré.
¿Por qué tanta prisa? Hace mucho que no hablamos vos y yo.
Sentaos, por favor.
¿Deseáis beber algo? Dispongo de coñac francés.
No, gracias. ¿Qué queréis decirme?
Sería mejor que cancelásemos las deudas.
Vos pedisteis ayuda para Goya. Yo he conseguido libérale para
que pueda volver a insultarnos con sus siguientes retratos.
¿Qué puedo hacer por vos, don Manuel?
Nada, alteza. Pero si amáis a España tenemos la obligación de guiar
- el destino de la patria. - ¿Qué insinuáis?
Desde esta mañana, un ejercito francés avanza por territorio español.
- Significa la guerra. - ¡Significa la paz!
Los franceses vienen como amigos.
¿Cuánto os pagado el corso por vuestra traición?
Si fueseis un hombre no saldríais viva de palacio.
Pero sería un error privar al mundo de vuestra belleza.
¡Esperad!
Alteza, ¿qué precio ponéis a vuestra colaboración?
Una suma que vos no podríais pagar.
¿Seguro? ¿No os interesaría un reino compartido?
- Pensad que ahora estáis sola. - Os equivocáis, don Manuel.
Nunca había tenido tantos amigos. Vos los habéis multiplicado.
Os ruego que me permitáis retirarme.
¿Qué precio? ¿Qué os ha dado, Manuel? Necesito saberlo.
¿Qué precio pagó esa mujer para obligaros a dar una orden
que yo misma había negado?
Os conozco bien. Demasiado, Manuel.
No Io haríais a cambio de nada. Pero tened cuidado.
Yo os he creado y puedo destruiros.
Adelante.
¿Deseabais verme, excelencia?
¿Continua nuestro amigo entre la servidumbre de la Duquesa de Alba?
- Sí, excelencia. - Dile que hay que actuar.
- Inmediatamente. - Entendido, excelencia.
Sin escándalo. Un veneno lento, como si fuera una larga enfermedad.
Sí, excelencia.
Gracias, Berta.
Aranda, decidme, ¿qué se sabe? ¿Qué ocurre?
La familia real ha partido hacia Francia,
dicen que por orden de Napoleón.
Por fin Godoy les ha pagado por su confianza.
¿ Y nuestros amigos? ¿Qué les ha pasado?
Algunos pudieron huir a tiempo.
Otros están presos o confinados en sus casas.
Espero que sepan que no les he abandonado.
La mejor prueba es que vivís rodeada de guardias.
¿Qué es Io que temen? ¿Que huya?
Tomaos la medicina, alteza.
¿No hay ningún recado, Anita? ¿No ha venido nadie?
- Nadie, excelencia. - Nadie.
Encantado de veros. No olvidéis mi oferta.
¿Qué te ocurre? ¿Pasa algo?
¿Tan bajo has caído? Trabajar para los gabachos.
Soy pintor y pinto Io que quiero.
No he de dar explicaciones a nadie.
¿En qué mundo vives? ¿No sabes lo que está pasando?
Nos Io están robando todo, y a cambio nos imponen
un nuevo Rey que, naturalmente, es hermano de Napoleón,
para terminar de estafarnos. Y tú estás de su parte.
Desde luego que te pagarán, Paco, con dinero robado a nuestro pueblo.
- Juanito. - Está bien, Paco.
Me marcho.
Eres un genio. Quizá por eso tengas derecho a hacer lo que quieres.
Yo voy a hacer Io que quiero.
¿Pelear contra el ejercito francés tú sólo?
No estaré sólo.
Claro que no. Siempre hay idiotas dispuestos a morir por cualquier cosa.
¿Es que no te han engañado, traicionado y abandonado?
¿Dónde está el Rey? ¡Huyó! ¿ Y los demás?
Los héroes de salón, los campeones de la libertad.
¿Dónde está nuestra amada Duquesa de Alba?
Alba está muy enferma. Si no Io estuviera,
estaría con nosotros luchando contra los franceses.
Por estas y otras mas que suficientes razones, yo, María del Pilar Teresa
Cayetana, decimotercera Duquesa de Alba, dejo la totalidad
de mis bienes mundanos a mis buenos y leales servidores.
¡Fuera Godoy! ¡Fuera Godoy!
¡Ciudadanos españoles, los franceses son nuestros amigos!
¡No! ¡Soy español! ¡Dejadme, soy Godoy!
Os veo muy cambiado.
Está enferma, muy enferma. Id con ella.
Lo de aquella noche en Solinar Io hizo para salvaros.
Godoy pensaba deteneros si no regresabais a Madrid.
Sabía que vos nunca iríais si no os obligaba.
Creedme.
Excelencia, el Sr. Goya ha venido.
¿Le digo que pase?
No, dile que espere. Ayudadme, por favor.
¿Os importaría volver mas tarde?
Nos interrumpieron.
Amor mío.
Dime, ¿qué ves ahora en mi cara?
El fin de una larga y oscura noche.
No quería que me vieses así. Quería estar levantada.
Eso es muy fácil, amor mío. Realmente fácil. Inténtalo.
Yo te sujeto. Vamos, inténtalo.
Eso es, muy bien. Maravilloso.
Eso es, perfecto.
Estupendo.
- Debes curarte y rápido. - Ahora será tarde.
He esperado este momento y ahora se acaba.
Te traté mal, fue culpa mía.
En cuanto supe que estabas enferma, vine hacia ti.
Ahora sóIo me importas tú, cariño.
He sido una tonta, tenía que haber enfermado antes.
Mejorarás.
Dime la verdad. Si estuvieras muy grave, ¿me Io dirías?
Sí, claro. Incluso es posible
que te hiciera un discurso antes de morir.
Te diría: Paco, te dejo las dos cosas
que mas quiero en este mundo. A Luz y a España.
Qué hermosa eres. Hacia tanto tiempo que no veía esos ojos.
Y mi discurso diría: Paco, podrás verme en la cara de todas las españolas.
Y también diría: Vive muchos años, no dejes nunca de pintar.
Pinta cómo España se libera de la tiranía.
Sí, cariño.
Y al fin diría: España vive en Goya.
Y yo diría: Goya vive por Alba.
Tenía un discurso tan sumamente hermoso,
que casi merecía la pena tener que morir.
¿Lo has Ilevado siempre contigo?
Quiero darte algo.
El que Ileva el escudo de Alba es para ti.
El de Goya me Io quedo para mi.
¿Recuerdas aquella mañana en Solinar? Tu retrato con los anillos.
El campo, el sol, la cosecha.
Aquel día te amé mas que nunca. Me metí en el retrato.
Cuando Io acabé me sentí totalmente vacío.
Y yo sin ti.
- Hasta hoy. - Hasta hoy.
El retrato es tan bonito y yo estoy tan fea.
María, eso no es verdad. Te Io aseguro, cariño.
Ahora estás mas bonita que entonces.
Recuerdo que veía en ti algo que no conseguía captar.
Creo que ahora sí.
Quisiera volver a ver el cuadro.
Lo quiero tener a mi lado. Por favor, tráemelo.
Cariño, quiero estar contigo.
Por favor, tráeme el cuadro.
- ¿Ahora? - Sí, ahora.
Está bien, querida.
Enseguida Io traigo.
Paco, abrázame. Abrázame una vez mas.
- Cariño. - Dime,
¿me quieres tanto como entonces?
Mucho mas, muchísimo mas. Me parecía imposible, cariño.
Siempre me lo pareció.
¡Oh, Señor! Date prisa, ve.
- Espera, espérame. - Sí, te espero.
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