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Este relato está inspirado en los dramáticos incidentes
revelados en un juicio por asesinato múltiple en alta mar
que hace un siglo hizo historia legal y marítima.
Los personajes de la película, sin embargo,
no se deben confundir ni identificar con personas reales.
Filadelfia, Pensilvania. 15 de marzo de 1842.
Majestad.
El juicio de Michael Taylor se aproxima a su final.
El continuo interés personal de su majestad...
por este extraordinario caso,
me ha producido la mayor de las satisfacciones.
Espero seguir siendo un observador silencioso hasta el final,
pero si el veredicto resultase ser una decepción...
para las expectativas del gobierno de su majestad...
Terminaré la carta más tarde.
Honorables magistrados de este tribunal,
caballeros del jurado.
Nunca, en toda mi carrera, llegó a mi atención un crimen...
de tanta atrocidad como el imputado a este prisionero.
Caballeros del jurado.
Hoy nuestra tarea es excepcional. Este caso no tiene precedentes...
en la historia de las leyes del mar.
Nunca se presentó algo igual ante un tribunal humano.
Cuando personas corrientes, como ustedes y yo,
viajan en barco, están tan indefensas como niños,
y dependen de la pericia de los oficiales y la tripulación.
Pero este prisionero era un experto marino,
avezado en todo lo relativo al mar, cuando se hizo responsable...
del destino de los supervivientes del "William Brown".
20 de esos supervivientes, presentes aquí,
han testificado que él los salvó,
pero también él se salvó.
Y en el "William Brown" había otros 18 seres humanos...
que ahora podrían estar vivos. ¿Dónde están?
Su esposo.
El padre de ese niño.
El único hijo de esa mujer.
¿Dónde están?
No están aquí para testificar, porque fueron sacrificados,
voluntaria e intencionadamente, por la mano de este hombre.
¡18 almas humanas!
19, si incluimos al teniente Tarryton,
cuya violenta muerte ha descrito aquí su hermana,
Margaret Tarryton.
Ante estos hechos, no es extraño que el prisionero,
no tuviese nada que decir en su defensa.
Hasta su ilustrado y experto abogado sólo ha podido alegar...
que salvó a tantos como mató.
Busquemos pruebas en el historial del acusado que apoyen...
tal manifestación de filantropía. ¿Cuál es su profesión?
Negrero.
Zarpó en el "William Brown" para traficar con esclavos.
¿Les describen tales hechos a un filántropo?
¿A un generoso salvador de vidas humanas de buen corazón?
No. Lo describen tal como es.
¡Un asesino múltiple increíblemente egoísta e insensible!
¡No lo es! ¡No es un asesino!
¡Señoría, yo estaba allí¡ ¡Lo vi todo!
El jurado ha oído su testimonio. ¡Guarde silencio!
¡No puedo!
¡Me salvó la vida! ¡Le salvó la vida a mi madre!
¡También salvó la vida de ella!
- ¡Y la mía! - ¡Y también la mía!
Quitar una vida es un asesinato, aunque salvara la suya,
o la suya. - ¡Fue un acto divino!
¡Deje eso para Dios! ¡No puede salvar a unos matando a otros!
¿Qué habría hecho usted?
- ¡No lo que él! - ¿Consultar a Blackstone?
- ¡No tengo por qué tolerar esto! - ¡Entonces, siéntese!
¡Caballeros, por favor!
¡Agentes! ¡Alguaciles! ¡Despejen la sala!
Por unanimidad, el jurado declara al prisionero...
culpable de las acusaciones.
El prisionero volverá a su celda hasta mañana a las diez,
cuando el tribunal dictará sentencia.
Con la venia del tribunal,
como agente de su majestad la Reina de Inglaterra,
les ruego me permitan hacer una declaración respecto al caso.
Aquí están mis credenciales.
Me parece un poco inusitado, pero si tiene alguna luz adicional...
que arrojar sobre este caso, el tribunal se alegrará de ello.
Continúe, Sr. Woodley.
Hay circunstancias relacionadas con el pasado del acusado...
que su majestad cree que deberían exponerse...
ante este tribunal antes de que se dicte sentencia.
Es verdad que Michael Taylor estuvo involucrado en la trata de esclavos.
Mi gobierno reparó en su carrera...
cuando lo capturaron a bordo de un buque de esclavos.
"¡Morir... dormir, no más!
Y pensar que con un sueño ponemos fin al pesar del corazón...
y a los miles de conflictos que constituyen la herencia de la carne!
¡He aquí un término devotamente apetecible!
¡Morir... dormir! ¡Dormir! ¡Tal vez soñar!"
¡Nuggin!
¿La pesadilla de siempre?
Soñé que volvía a caerme al agua.
Me hundía por tercera vez cuando llegaste nadando a salvarme.
Gracias, Nuggin.
Dime una cosa. Con el pánico que le tienes al agua,
¿por qué elegiste el mar para ganarte la vida?
Para demostrarme a mí mismo que no le tenía miedo al agua.
Pero se lo tengo.
¿Qué has estado leyendo?
- La tragedia de Hamlet. - ¿De qué trata?
De un hombre incapaz de decidirse. Ésa es la tragedia.
¿Incapaz de decidirse sobre qué?
Era incapaz de decidir si quería vivir o morir.
"Ser o no ser".
Igual que esos negros de ahí abajo.
La mayoría son incapaces de decidir si quieren vivir o morir.
Eso es lo que te pasa por leer esos libros. Te vuelves blando.
Tu problema es que te estás volviendo muy sentimental.
- Eres tú quien es sentimental. - No lo soy.
Entonces, ¿por qué llevas en la oreja el anillo de boda de tu madre?
¿Esto?
Es sólo porque...
Cuando ando escaso de dinero...
El capitán Granley debe estar azotándolos otra vez.
Os enseñaré a estar callados ahí abajo.
¡Callaos, malditos negros!
¡Quietos! ¡Quietos!
Bueno, parece que de nuevo ha logrado que se callen.
¡Powdah! ¡Sr. Taylor! ¡Tienen al capitán Granley en la bodega!
¡Se cayó y lo cogieron!
- ¡Traed agua y el botiquín! - Sí, señor.
Dejadme en paz.
Estoy muerto.
Powdah, hazte cargo del barco.
Taylor, ayúdale.
Cuando lleguéis a Savannah,
entregadle la documentación del barco y el cuaderno de bitácora...
a Updike y Morgan.
Si os avistan los británicos, destruidlos,
a menos que tengáis ocasión...
de entregárselos...
a Tar...
¿Oíste lo que intentaba decir?
Me pareció un nombre.
No lo entendí.
Debería, pero no me compadezco del capitán Granley.
Si no hubiesen sido los negros, habría sido la tripulación.
- ¿Qué rumbo llevamos? - Oeste.
Yo lo cambiaría a Noroeste.
Eso nos llevaría a Sekondi.
¿No recuerdas lo que nos dijeron en Lagos?
El capitán Granley lo tiene escrito aquí, en la carta.
En Sekondi hay un buque patrulla británico.
Exacto.
¿Estudiaste estrategia alguna vez?
Nunca estudié nada.
Imagínate que quieres esconder un árbol.
¿Cómo se puede esconder un árbol?
En un bosque.
Pero ese buque patrulla no está en un bosque.
Tal vez no, pero...
¿Cuántas veces te ha perseguido un policía?
- Más de las que puedes contar. - Entonces deberías saber...
que es más seguro seguir a un policía que él te siga a ti.
Nunca se me había ocurrido.
- ¿Qué rumbo llevamos? - Oeste.
- Cámbielo a Noroeste. - Sí, señor.
Si vemos a la patrulla, podemos dejarla atrás.
Claro que podemos.
¿Crees que alguna vez tendré un cerebro como el tuyo?
Nuggin, se me escurren los pulgares.
¡No quiero morir en el agua!
¡Cállate!
¡Si los pulgares se me escurren, caeré al agua!
- ¡No lo soporto! - ¡Cállate!
¿Y usted qué piensa, Sr. Tarryton?
Creo que perdemos el tiempo.
¿De verdad? ¿Y su consejo en este asunto?
Echarlos al mar como hicieron ellos con los esclavos antes del abordaje.
Una sana sugerencia, pero por desgracia,
se consideraría asesinato.
Pero si son negreros.
Se dirigían del río Gabun a La Habana.
Nadie abandona la Costa de Oro con la bodega vacía.
No ensalzo la ley, sólo la sostengo.
No había ningún indicio tangible de esclavos y, consecuentemente,
deben colgar de los pulgares...
hasta que lleguemos a Liverpool.
¡Bájennos! ¡Hablaremos!
Que bajen a los caballeros, Sr. Pelton.
Recogimos a Nuggin en la Costa de Oro, mientras cargábamos a los esclavos.
El buque de Nuggin había zozobrado en el Delawan,
y nuestro capitán lo enroló en la tripulación. Estaba muy verde.
No supo que era un barco negrero hasta que subió a bordo.
A los tres días en el mar, los esclavos comenzaron a dar problemas.
Chupando sangre. Ya sabe, nosotros lo llamamos hacer sangría.
Se juramentaron para seguir unidos. Cuando el capitán se enteró,
bajó a la bodega y les pasó el látigo por la espalda.
Un esclavo soltó un grillete y se lo clavó al capitán en la cabeza.
Y por eso me nombraron capitán.
No me gusta la responsabilidad.
Y el puesto recayó en Nuggin Taylor.
¿Y cuántos esclavos tiraron por la borda?
- Ninguno. - Es mentira.
¡Sr. Tarryton! Quiero que me diga la verdad, Taylor.
Le estoy diciendo la verdad.
Tenía 600 esclavos a bordo que no habían pedido estar allí.
Cuando oscureció les permití alcanzar la costa a nado.
¿Por qué lo hizo?
Porque...
no soporto ver morir a la gente.
Tiene gracia. Un negrero y no soporta ver morir a la gente.
¿No creerá esa historia?
¿No dudará que pudo dejarnos atrás?
Entonces no estaría aquí, y está. Es evidente que dice la verdad.
¿Sigue dudando de él?
Estoy seguro de que capitaneó el Blackbird desde que zarpó.
El capitán del Blackbird era Paul M. Granley.
Miente, porque Granley es uno de los negreros más ricos del gremio,
y supervisa personalmente una factoría...
¿Sí?
Lo conoce muy bien.
En el mar todos han oído hablar de él.
Yo no. Nunca he oído hablar de ese hombre.
El cuaderno de bitácora y la documentación.
Que los tramiten.
Al llegar se los daremos a las autoridades.
Delgada Lucy Sister,
nunca la besé.
Larguirucha Lucy Sister, nunca la besé.
Pero tenía una hermana,
la rolliza Sadie Danker,
con aspecto de...
Es raro que un oficial traiga agua a los prisioneros.
Siento cierto pesar por mis actos de esta tarde.
Págame.
Eres el hombre más afortunado que he conocido.
¡Oigan!
Vine aquí a ofrecerles mis disculpas,
y me encuentro con su insolencia. No me gusta la insolencia.
¿Qué le gusta?
¿Se cree gracioso?
Primero nos insulta y ahora viene a vernos.
¿Por qué?
Quiere saber si estaba con el capitán Granley cuando murió.
¿Estaba consciente? ¿Reveló algo antes de morir?
No sólo Inglaterra tiene hombres como usted.
En América también hay hijos de padres ricos que consideran...
que el tráfico de carne humana es un negocio.
Tarde o temprano lo atraparán, pero eso no es asunto mío.
Le vendría bien un año en un barco de esclavos,
para que se le quedara el olor.
Codéese con "foulas" y "gambos" con escorbuto y costras en la boca.
¿Nunca oyó hablar de la oftalmia?
¡La padecen los cautivos de los blancos! ¡Se quedan ciegos!
El lecho marino está cubierto de huesos de esclavos.
Y ahora, el Sr. Tarryton ofrece sus disculpas.
Es la segunda apuesta que has ganado.
Pero hay una tercera.
Que no sabías tantos versos como yo.
Una mala apuesta, amigo mío.
La dulce Gertie Garber...
se casó con un barbero.
La dulce Gertie Garber se casó con un barbero,
pero estará en el puerto.
Pero estará en el puerto.
Pero estará en el puerto.
El capitán y el primer oficial están detenidos.
¡Alta sociedad! ¡Una señorita! ¡A esas había que tirarlas al agua!
- ¡Stan! - ¡Hermanita!
¡Stanley!
La última vez que te vi, eras hermosa.
- Ahora eres el doble. - ¡Tonto!
Pero observador.
Vámonos, Henry.
- Por cierto, hola. - Le devuelvo el saludo.
¡Arre! ¡Vamos!
Según mis informes, ya habían perseguido al Blackbird.
Lo felicito, capitán.
Dejó atrás a todos los demás barcos patrulla.
También a mí, hasta la mañana siguiente,
después de tomarse su tiempo para deshacerse de los esclavos.
¿Está sugiriendo que le pusieron al Blackbird en las manos?
Conocemos a la mayoría de la tripulación.
Powdah es un conocido negrero.
Pero Taylor es nuevo.
No lo es en la trata de esclavos.
Era el capitán del Bennington...
cuando zarpó de Boston con mercancías hacia África.
Recuerdo que ardió cerca de la costa de Lobos.
Lloyd demostró que cuando ardió iban a cargar un grupo de esclavos.
Eso despejaría las dudas de que sea un negrero.
Sin embargo, unos dos meses después,
un hombre con su descripción,
era el oficial de puente del Esmeralda,
cuando se acercó a tierra de día,
permitiendo escapar a más de mil esclavos.
¿Sugiere que el capitán Taylor está haciendo...
una especie de guerra privada contra la trata de esclavos?
- ¿Le parece descabellado? - Me parece muy misterioso.
De todos modos, vale la pena seguir investigando.
Es la primera vez que me pagan por salir de una cárcel.
Cuando nos apresaron, me preocupaba que no fueras...
tan listo como yo creía, pero mira cómo ha salido.
Aquí estamos, igual que si hubiésemos llevado el cargamento a Savannah.
Acertaste con la estrategia.
No esperaban oír la verdad, así que cuando la dijimos, no nos creyeron.
Cuidado con los griegos que traen regalos.
¿Qué griegos?
En Troya, los griegos dejaron un gran caballo de madera fuera de la ciudad.
- ¿Para qué? - Eso se preguntaron los troyanos.
Lo llevaron al interior, salieron soldados griegos del caballo y Troya cayó.
Ya has vuelto a ponerte sentimental.
No me interesan los caballos, pero podría alegrarme una cerveza.
Ahí tienen, caballeros. Eso les calentará cuerpo y alma.
Mejor que el agua de la sentina.
En el ajedrez,
cuando tu adversario acerca un peón que parece un regalo,
puede tratarse de un error, pero también de una trampa.
¿Sólo piensas en eso?
Mira aquella de allí, la del pelo color miel.
¿Sólo piensas en eso?
Todo el tiempo que pasé en el Blackbird.
¿Y ahora te pones a hablar de ajedrez?
Es un juego maravilloso.
Arriba hay un caballero que quiere verlo.
- ¿Ya? - Le indicaré el camino.
Entre otras cosas, tengo sed, así que si te unes a mi amigo y a...
Creo que tu amigo tiene otros planes.
Me pregunto si ella sabrá jugar al ajedrez.
Adelante.
Me llamo Barton Woodley, de la inteligencia británica.
Gracias por sacarme de la cárcel.
- De nada. Siéntese. - No, gracias.
¿Un brandy?
¿Un puro?
Usted era uno de los oficiales del Blackbird.
- ¿Es una pregunta? - No, un hecho.
Sus modales son los de un caballero,
pero sus métodos son los ya viejos y conocidos de un policía.
Son los mismos en todo el mundo. - Lo siento.
- Intentaré cambiar de métodos. - Le sugiero que vaya al grano.
Cuando oí el relato del capitán Martisel,
la suerte del Blackbird me pareció muy interesante.
O alguien a bordo era muy estúpido,
o deseaba que lo capturaran.
No me parece un hombre estúpido.
Lo he estudiado en estos minutos y sé catalogar a las personas.
Entonces, debería saber que no soy un soplón.
No tengo intención de ayudarle a condenar a mis amigos o a mí.
Buenos días, Sr. Woodley.
¿Sigue siendo su última palabra?
¿Qué más da ir a la cárcel hoy o ir mañana?
No puedo dejar pasar esta oportunidad.
Ningún otro hombre sirve para este trabajo.
¿Quiere acompañarme?
- ¿Con ellos o sin ellos? - Sin ellos, y por esta puerta.
Por favor.
Es usted el primer negrero que ha estado en esta sala.
Este mapa muestra las rutas de todos los barcos patrulla ingleses.
A esta mesa llegan informes de todos los barcos negreros...
apresados o hundidos, y de cada negrero ahorcado.
¿Le interesa?
Me interesa más el por qué me considera un abolicionista.
No me importa lo que sea.
Es el único que puede hacer lo que yo quiero.
Aunque fuera un ladrón, un traidor o un canalla, seguiría siendo el único.
No hay nada de malo en negar lo de ladrón y canalla.
Estoy a punto de destruir años de trabajo,
o de coronar ese trabajo con éxito.
No sólo está en juego mi carrera,
sino también la política imperial de Inglaterra.
Voy a arriesgarme, esperando asestarle al comercio de esclavos...
un golpe mortal.
¿Reconoce esto?
Los papeles del Blackbird.
Que usted tan a propósito se olvidó de destruir.
Entre ellos,
la carta de instrucciones del capitán Granley...
para sus socios de Savannah.
En ella les da las rutas secretas que todos sus barcos deben seguir.
Sólo a usted podía Granley entregar una carta como esta antes de morir.
Si la entrega en Savannah... - Habrá una patrulla inglesa.
A la espera de todo barco negrero.
¡Exacto!
¿Le interesa?
Mucho.
Gracias a Dios que soy obstinado.
Y usted también.
¿Los hombres que se dedican a este trabajo...
podrían alterar documentos como este?
Porque aquí sólo están los barcos que saldrán de África...
durante los próximos tres meses.
Si lo arreglaran de modo que abarcase seis meses,
podrían apresar a todos los negreros que Granley controlaba.
¿No quiere sentarse?
¿Un puro?
ALMACÉN PECORA. Mercante. Té. Especias. Chocolate.
- ¿Quién es? - Soy yo. Abra.
¿Se hizo con la documentación del Blackbird?
Ni siquiera pude verla.
El almirante ya la estará leyendo.
No se preocupe. En esas cartas no puede haber nada que lo incrimine.
Pero mi querido amigo, somos socios.
Su desgracia es la mía.
- ¿Cuándo puedo salir hacia América? - ¿América?
Sí, América.
Creo que al amanecer sale un paquebote.
¿Cree que podrían arrestarlo?
Hay cosas más importantes que eso.
¿No ve la fortuna que podemos ganar aún sin servicio de inteligencia?
Incluso eso hemos perdido ahora que Granley ha muerto.
Pero su negocio sigue vivo.
Supongamos que voy a Savannah con la noticia de su muerte.
Puedo hacerme con sus contactos antes que la competencia.
- ¡Eso valdría un millón! - ¿Es rápido ese barco de mañana?
Es el William Brown, el paquebote más rápido del Atlántico.
- ¿Lo es? - Sí.
- Entonces cómprelo hoy. - ¿Qué?
¡Cómprelo hoy! En secreto.
Encárguese de que me lo entreguen en cuanto llegue a Filadelfia.
No sólo me llevará antes a Savannah,
sino a la costa de los esclavos. Claro que nos reportará un millón.
¿Qué tal le vendría un millón?
Muy bien.
Pues encárguese del barco. Nos veremos en el muelle.
Aquí tiene su billete. Zarpa al amanecer.
¿Pensaba llevarse a su amigo?
- Me gustaría. - Estoy de acuerdo.
Su compañía ayudará a que lo tilden de negrero,
y hasta que su trabajo termine, deben considerarlo como tal.
- ¡Que Dios lo ayude! - Gracias.
- ¿Sabe qué fue de mi amigo? - ¿Cuál era?
El que estaba con la chica morena.
- ¡Salió con ella! - ¿Adónde?
No lo sé. Dijo que lo estaba buscando.
- Dos más, Al. - ¿Adónde cree que fue?
Ya me acuerdo. No lo buscaba a usted.
Buscaba una joven para usted.
Cuando vuelva, dígale que me espere aquí.
Salgo hacia América por la mañana.
LA RATA Y EL ANCLA
LA MULETA Y LA SIRENA
EL PELÍCANO PÚRPURA
CASA DE EMPEÑOS
POLICÍA
HOSPITAL
LA ALMEJA CANTANTE
- ¿Ha estado aquí mi amigo? - Sí.
- ¿Dónde está ahora? - Se fue otra vez.
¿Le dijo que me iba a América?
- Sí. - ¿Y qué dijo?
Que si usted se iba a América, él se iba a Perú.
- ¿Me deja una hoja? - Por supuesto.
- ¿Lápiz? - Gracias.
Querido Powdah...
Te busqué hasta casi la hora de salir el barco.
Deja recado aquí de a dónde vas,
para que algún día pueda encontrarte de nuevo.
¿Podría darle esto cuando vuelva?
Muy bien.
Patatas, sal, cuchillo,
tenedor y cuchara, té, jamón...
Bien, guárdelo.
Tarjetas.
Sáquela.
Hendry.
Sir Walter Raleigh sólo ofreció su capa,
esto es mi vestuario completo.
- ¡Señor! - Lo siento.
- Un momento. - ¿Quiere retirar esa cosa?
Sólo pretendía ayudarla a cruzar.
Mi zapato.
Puedo hacerlo sola.
El camarote de Tarryton es la tercera puerta a la derecha.
¡Margaret!
¡Stanley!
- ¡No debes hacer esto! - No sé de qué me hablas.
Me lo ha dicho Hendry. No quiero que vayas a América.
No quiero que lo abandones todo por...
Soy Pecora, un amigo de su hermano.
El Sr. Tarryton no obra sin pensar.
Tiene una misión importante.
Espero que su cochero no se lo haya dicho...
en presencia de sus invitados. - Sólo me lo dijo a mí.
¿Por qué vas a América?
Acaba de decírtelo. Tengo que salir de inmediato.
No tuve tiempo de explicártelo.
Creo que sería mejor que se lo dijera a solas.
Lo siento, pero las órdenes secretas deben darse en secreto.
- ¿Le importa? - Disculpa.
Tiene que llevársela con usted a América.
No debe salir de este barco. Es una mujer, hablaría.
- ¿Y el cochero? - Me encargaré de él.
Pecora y Tarryton.
Buena suerte, muchacho.
Dulce Susie Sapple,
con mejillas como manzanas.
Dulce Susie Sapple, con mejillas como manzanas.
Así que estuviste escondiéndote de mí.
Págame. Te he ganado una.
¡Sabes que no me gusta el agua!
¡Ballenas!
¡Son ballenas!
No son ballenas, son marsopas.
¡Ballenas, papá! ¡El mar está lleno de ballenas!
- Es la música de mamá. - Sí, la de mamá.
No debería hacer eso.
¿Por qué no deja que se seque el lodo y después lo cepilla?
¿Se puede? ¿Crees que ya lo he estropeado?
No, pero sería mejor que lavara el vestido.
Es mejor para la seda.
- Eres toda una experta. - Debería, soy doncella.
Quiero decir que lo era.
Quizá debí decírselo antes de que la trajeran a mi camarote.
Al contrario, has sido muy amable al permitirme venir.
Me alegra tener compañía. Temía encontrarme sola.
Le limpiaré el vestido, si se pone otro.
No tengo otro.
Tendré que viajar con este. - No tiene por qué hacerlo.
Mi señora me regaló unos.
Tal vez alguno le sirva.
Si no le importa.
¿Importarme? Te lo agradecería mucho.
- ¿Está tu señora en el barco? - No, estoy sola.
Quizás no debí dejar una buena posición e irme a una tierra extraña,
pero creo que no me habría ido si no fuera por mi hija.
- ¿Tienes una hija? - Todavía no.
Pero la tendré algún día.
Y cuando la tenga y crezca no quiero que sea doncella.
No tiene por qué serlo.
Mi abuela fue doncella, mi madre también,
y luego yo.
En Inglaterra, las cosas son así.
Tal vez sea bueno para la mayoría de la gente, incluso para mí,
pero no para mi hija.
- ¿Le parezco una loca? - Me pareces muy sabia.
Venid a izar juntos las velas.
¡Hurra! ¡Hurra!
Venid a izarlas para un tiempo mejor.
¡Izad, muchachos, izad!
Dicen que trabajo por dinero.
¡Hurra! ¡Hurra!
Pero tiene gracia que lo digan.
Es muy rápido para ser tan grande.
El más rápido.
¿Podría compararse en velocidad...
a las patrullas inglesas?
Con un cargamento tres veces mayor,
dejaría atrás a los mejores. - ¡No me diga!
Eso es lo que me parece. Ahí arriba hay un gallo...
que bate las alas y grita a pleno pulmón.
- ¿Sabes qué dice? - No.
Dice: "Amigo, soy la libertad".
¿Sabes a qué me refiero? - No.
Pues eres tonto.
Tal vez sea tonto,
pero no es un gallo, es una bandera.
Es una figura retórica.
Quiero decir que es la lealtad. Algo que se tiene, algo que admirar.
¿Admirar? ¿Para qué?
¿Desfilaste alguna vez con ondear de banderas?
¿No?
¿Y alguna vez...?
¿Sabes lo que es un girasol?
Crecen en los jardines traseros.
¿Te fijaste alguna vez en cómo sigue al sol?
Siempre mirando hacia arriba. Eso es lealtad.
Es leal porque el sol le da un motivo para vivir.
Le da calor y lo hace crecer, es algo interior, ya sabes.
Tal y como te explicas, no lo voy a saber nunca.
Estás poniéndote sentimental.
Vamos a beber ron y también podré jugar a esto.
¡Alta sociedad! ¡Una señorita! ¡A esas había que tirarlas al agua!
¡No, a ella no!
Caballeros, hoy no estoy de humor para bromas.
Suelte el blanco.
Ya lo has oído.
- No me gusta cómo lo ha dicho. - ¿Cómo debería decirlo?
¡Vamos, deprisa! ¡Suéltelo!
- Sigue sin gustarme. - No le gusta su modo de decirlo.
¿No puede bajar el tono e incluir un "por favor" o algo así?
- ¡Imbéciles! - ¿Qué ha dicho?
Gordos tratando de cantar con voz de tenor.
Malgastan la vida clavando agujas en sacos.
¡Basta!
No saben con quién están hablando.
He marcado orejas por mucho menos.
Soy Gastón de Bastonet. ¡"El" Gastón de Bastonet!
- Extraño título, mi apacible amigo. - ¿Qué título?
- "El". - ¿"El"?
"El" de Bastonet.
Ni Sr. de Bastonet, ni conde, ni duque,
ni marqués, ni Sir, sólo...
T...
H...
- E... - ¡En guardia!
No olvide escribir, Sr. El.
EL
¡Santo cielo! ¡Truenos! ¡Cerdos! ¡Diablos!
Lo siento mucho.
Estaba haciendo un truco y se me cayeron las cartas.
Un momento. Se lleva la mitad de mi baraja.
Lo siento.
¿Le he contado que viajé de polizón en un cargamento de seda?
¿Cómo podía haberlo hecho? No lo había visto nunca.
Mire, es usted.
Su carta. La segunda que recogí del suelo.
Claro que la conozco. ¿No recuerda? La vi en...
- ¿En el barco? - No, en el firmamento.
Hace un año, 2, 10, 20, 30... ¿Qué importancia tiene?
- ¿Sabe poesía? - ¿Poesía?
El alba se despertó como un alma en pena a la noche... noche...
Bueno, allí estaba usted.
- ¿En el firmamento? - Recién salida del cielo.
Era usted la luz del sol. Y así, sin más,
cesaron los problemas.
Me llaman Powdah.
- ¿Le sugiere algo eso? - Sí, me lo sugiere.
Quiere saber cómo me llamo.
Sentémonos.
¿No le daba miedo luchar contra tantos?
Tenía mi espada y, después de todo, sólo eran diez.
Llegaron hasta mí a través del pantano.
Todos con cuchillos tan largos como mi brazo.
¿Sabe qué hice?
Se lo mostraré.
Apoyé la espalda en un roble...
y les lancé su grito de guerra.
Hace un poco de calor, ¿no cree?
Vayamos a cubierta.
- No le ocurrirá nada, se lo aseguro. - Sé valerme sola, gracias.
El mar es muy sencillo.
Una mano ahí,
la otra aquí, y ahora, se agarra.
¡Ya está!
¿Puedo ayudarla?
No necesito ayuda para lo que voy a hacer.
En este caso la necesita.
Me lo agradecerá.
Esto es "kali saggi".
Lo hacen los "gambos" con raíces, cortezas, hierbas...
¡Váyase, caballero!
Es fuerte, pero acabará con esas náuseas.
Lo siento, no lo quiero.
¡Por favor!
Es probable que le cause hipo.
¿Le ha pasado?
Pues sí...
Disculpe.
¿Qué demonios cree que...?
¿Cómo tiene los pulgares?
- Mucho mejor. ¿Y su conciencia? - Muy tranquila, gracias.
- La última vez que lo vi... - Ahora no.
No veo por qué no, tratándose de mi hermana.
Sólo intentaba curarme... el mareo.
- Y lo ha logrado... - Kali saggi.
No quiero que me cause más problemas.
Es el tipo de hombre capaz...
No me importa.
Te estoy diciendo lo que es, un vulgar negrero.
A pesar de lo que piense mi oficial.
Es el hombre que...
Sí, que estuvo colgado de los pulgares.
Le advierto que no quiero a un hombre como usted...
No quiero...
Quiere decir un hombre como usted cree que soy.
Es usted tan insolente sin uniforme...
como con él.
¿A quién crees que acabo de ver en cubierta?
Así que ya lo sabes...
Y la señorita que te miró en el muelle estaba con él.
Así que eso también lo sabes.
Es su hermana.
Pues recuerda lo que me dijiste...
de los griegos cuando te regalan caballos.
No sé a qué estás jugando, pero me da igual, sea lo que sea.
Si quieres que haga algo...
Sólo puedes hacer una cosa por mí.
- ¿Qué cosa? - Dos cosas.
Estarte quieto y callarte.
¿Te molesta que mueva los pulgares?
Adelante.
Disculpen, caballeros.
Vengo a disculparme de nuevo.
Lamento mucho mi innecesaria descortesía.
Sé que nos irritamos cada vez que nos vemos,
pero podríamos empezar de nuevo para ser amigos.
Me gusta la idea.
Ya que ambos vamos a América, podría servirle en algo.
Ahora que acaba de perder su barco. Tengo algunos...
contactos en Savannah.
¿Va a Savannah?
Sabe muy bien de qué le estoy hablando.
Que viera a Granley morir no le da derecho a perjudicarme.
- ¿Entiende? - Habla muy claro.
Piénselo.
Tómese su tiempo.
¿Qué te pasa?
Nunca te había visto aguantar algo así.
¿Estás enfermo?
- A lo mejor es algo que comiste. - No, es algo que prometí.
Uno, dos y tres. Ven a bailar. Ven a bailar conmigo.
Bate las palmas con alborozo al son de una alegre melodía.
- ¿Te importa que me ponga esto? - No, póntelo.
¿Cómo era aquella poesía que me soltaste una vez?
- ¿Poesía? - Sí, ya sabes.
El alba se despertó como un... ¿Cuál era el verso siguiente?
El alba se despertó como un alma en pena...
que hubiese llorado la noche anterior,
y una canción de amor del viento que se levantaba...
¿Por qué?
¿Qué?
No lo sé. Estaba pensando.
¿Quién es ella?
Tienes que verla. Nunca en mi vida...
El alba se despertó como un alma en pena...
- Le pareció preciosa. - ¿Le dijiste que era robada?
Nos pusimos a hablar de tantas otras cosas...
Le pareció maravilloso que fuera un marino mercante.
Es morena, como yo.
Es un marino mercante con muchos barcos,
que transportan algodón y cobre y... ¡Tantas cosas que me olvido!
No te olvidaste de nada al describirlo.
Moreno, ojos castaños, guapo... Lleva un aro en la oreja.
¿No es raro que un marino mercante lleve un pendiente?
Se lo puedo explicar.
Era el anillo de casada de su madre, y dice que cuando se case,
si un día... - Encuentra la mujer adecuada.
O algo parecido.
No había sido tan feliz en toda mi vida.
Debe ser maravilloso ser tan feliz.
¿Por qué tiene que creer lo que digan otros?
Ni siquiera ha hablado con él.
¡Un negrero, Babsie!
Suponga que no lo es.
Nunca se lo perdonaría.
¿Verdad?
Volvamos al fortín,
dijo Pete, el explorador tuerto. Hay peligro en ese bosque.
Hay Mohawks por todas partes.
Están armados y se han pintado para la guerra.
Atacarán antes del amanecer.
¡Proteged a vuestras mujeres e hijos!
¡Continuad con vuestros quehaceres!
En Damon's Peak, un ciervo asustado,
observó con asombro la contienda.
Vio...
Matanza.
¿Matanza?
Vio la matanza.
Oyó cómo gritaban los indios hasta el amanecer.
Eso es. ¿Se lo sabe todo?
Empezaré por el ciervo.
En Damon's Peak, el ciervo asustado...
observó con asombro la matanza.
Oyó gritar a los indios hasta el amanecer.
La Tierra se estiró para besar al Sol, encontró paz en Shadduck's Glade,
y los Mohawk habían pasado a la historia.
¡No se mueva!
La luna está justo detrás de su cabeza.
Quiero darle las gracias.
¿Por qué? ¿Por lo que dije de la Luna?
No, quería darle las gracias por lo que hizo por mí.
¿Por lo que hice por usted?
¿Qué hice?
El mareo. Fue muy amable conmigo.
Por eso quería darle las gracias.
Así que muchas gracias.
¿Tiene prisa?
- Preferiría que no me siguiera. - Eso es algo serio.
Necesita alguien que la cuide. - ¿Qué es serio?
Pues ese mareo...
Lo padecen millones de personas.
¿Y qué ocurre? Empeoran.
Es verdad. Prácticamente, las destroza.
¿Le importaría decirme cómo se llama?
Le importa.
Las personas que me conocen no se marean.
Les doy kali saggi y se les pasa.
¿Sabe dónde lo consigo? En el corazón del África más oscura.
¿Quiere saber cómo? Tengo que luchar y abrirme paso...
- Preferiría que... - No hasta que haya terminado.
- Soy de pocas palabras. - Pues no lo parece.
Vine a cubierta para agradecerle su amabilidad.
Lo está estropeando todo. Se comporta como un niño.
¿De cuántos años?
Lo siento si la he ofendido en algún momento.
No pretendía hacerlo. Me llamo Michael.
Yo Margaret.
Es una noche hermosa.
¿Lo es?
¡Preciosa!
Tengo que confesarme contigo porque es lo que debo hacer.
Me lo has contado todo sobre ti.
Quién eres, a qué te dedicas...
Un marino mercante.
Alguien que significa algo en este mundo.
Yo no te he dicho nada. Ni quién soy, ni de dónde soy...
No es necesario. Lo sé, viniste del...
Del firmamento. ¡Fue tan bonito! Y nunca lo olvidaré.
Pero lo que no sabes, es que soy una sirvienta,
una doncella.
Lo era.
Iba a América sólo...
Sólo para...
Lo siento, Powdah.
¿Te hable alguna vez del girasol?
Mira hacia el sol como te miro yo.
Pero el sol no es nada,
y tú sí.
Tú eres Babsie.
Lo tenía acorralado.
Arremetió con fuerza contra mí pero...
No conoce usted a Gaston de Bastonet.
¿Sabe qué sucedió?
Me pone nervioso. ¿Podría dejar de jugar?
Arremetí contra él...
El capitán va a invitar a unos amigos selectos.
No se lo digan a nadie, pero son ustedes.
Pero tenemos...
No le haga caso. Es muy tímido y no bebe.
Vengan todos. Nos divertiremos.
La espada lo es todo para mí...
Traigo unos invitados hambrientos.
Siéntese junto a su hermano.
Siéntese.
¿Quiere sentarse allí, enfrente al Sr. de Bastonet?
Y ustedes, caballeros, siéntense ahí.
Diviértanse. Pónganse cómodos.
Como capitán de este barco represento a la ley,
¿pero creen que eso significa algo para mi tripulación? Nada.
Por favor, Stanley. Me estoy divirtiendo tanto...
pero roban, Sr. de Bastonet,
maneja muy bien la espada, corte el queso.
¿Se ríen porque les digo que los duelos son un negocio?
Si los criollos desean resolver sus disputas con la espada,
¿quién soy yo para no regresar a Nueva Orleans...
y convertirme en un hombre rico aunque los duelos sean ilegales?
Todos los que van a América se hacen ricos.
Un pensamiento muy reconfortante.
¿Cree que me gustará?
Sobre todo el norte. A pesar de la descripción de Bastonet,
no le aconsejaría el sur.
- ¿Ni siquiera Savannah? - Aún menos.
Sin acritud,
pero habla sin conocimiento. Savannah es hermosa.
No tan divina como Nueva Orleans, pero muy hermosa.
¿Qué opina, capitán?
Es hermosa, pero nunca me siento cómodo en ella.
Soy un poco sentimental con el William Brown,
y no me gustan las bahías donde tengo que acercarlo a barcos negreros.
Para muchas personas la trata de esclavos es un negocio legítimo.
Sr. Taylor,
sería interesante oír la opinión de alguien que participó en ello.
No la consideran una ocupación delictiva.
Es verdad. Pero lo consideran un negocio sucio.
No una ocupación para un caballero.
Y menos algo apropiado para llevar a una mujer.
Habla por experiencia propia.
Claro. Un momento. Vas a tirar algo.
Conocí a un muchacho,
joven y bastante bien parecido, como usted.
Cometió el error de llevar a su esposa consigo,
a su factoría del río Bimby en África.
No entenderían lo que vio aquella joven, ni por lo que pasó.
Pero se volvió loca y metió la cabeza en un caldero de aceite hirviendo.
Disculpen. Guárdennos los asientos.
Parece que lo he ofendido.
Lo siento.
- ¿Cómo pudiste seguir...? - Nuggin...
- El Sr. Taylor no pretendía... - No me interesa.
Mi hermano estaba en lo cierto.
Sólo un negrero podría hablar como él lo hizo.
¿Cree que es un negrero?
¿Su hermano no le dijo por qué está aquí?
- No quiero hablar. - Pero yo sí y usted va a escuchar.
Nunca ha sido un negrero. Yo le conté esa historia.
Yo era el que estaba allí cuando ocurrió.
No soy marino mercante.
Soy yo quien fue un negrero. Un haragán despreciable.
Creía que algún día todo eso quedaría en el olvido,
pero si le pasa esto al único hombre que me dijo algo amable en mi vida...
No valgo para estar en el mismo mundo que él.
No valgo nada. No soy bueno. No soy nada.
Incluso robé un trozo de poesía para decirte que eras hermosa.
Babsie, nunca había amado a una mujer...
No me importa lo que hayas sido.
¿Por qué mintió?
Se refiere a cuándo estábamos en la mesa...
Powdah me lo ha dicho.
Powdah está un poco mal de la cabeza...
¿Por qué no me responde?
- ¿Puedo hacerle una pregunta? - Por supuesto.
¿Por qué hace este viaje con su hermano?
No hay misterio alguno en torno a mí.
Mi hermano salía hacia América inesperadamente,
e impulsivamente me pidió que lo acompañara.
No hay nada de raro en ello.
Me alegro de haber venido.
Yo también.
¿Seguro que no comete un error?
No soy una niña indefensa.
Pues una vez la ayudé a bajar de su coche y le curé el mareo.
En China me dijeron que...
si ayudas a alguien por tercera vez, te conviertes en parte de su familia.
Me gustaría ayudarla otra vez.
¿Qué pasa?
No quiero olvidar ni una sola cosa sobre usted.
Pero cuando empiecen a ocurrir cosas,
y van a ocurrir cosas,
recuerda esto:
No podrías haber hecho nada para evitarlo,
y a mí no me detendrá nada.
Recuérdalo.
Nada.
Papá dijo que ya que había sido tan amable conmigo con la poesía,
podía darle mi caja india si quería.
Y quiero dársela. Suena música si aprieta el botón.
Y si le da cuerda, hace así,
y así,
y así.
Seguro que es preciosa.
Pero no me la darás, ya que tu padre la hizo para ti.
Se la daré y se la quedará. Tal y como le dije a papá,
me parece muy bueno, y si fuese mayor, me casaría con usted.
Y ahora, quédese aquí, y cuando vuelva, le enseñaré cómo funciona.
¡Mirad! ¡Vamos!
¡Retirad ese paño embreado!
¡Tina!
¡Cierren bien esas escotillas! ¡Rápido!
¡Todo el mundo a cubierta!
¡Soltad esos sacos!
¡Haced aquí una barricada!
¡Deprisa, muchachos!
Cierre la puerta.
Póngase allí.
Una visita inesperada, pero recibida con agrado.
- ¿De dónde sacó esta carta? - La ha leído, adivínelo.
No hace falta, lo sé. Es un plan para que los buques negreros...
caigan en manos de las patrullas.
Muy inteligente, pero no dará resultado.
No habrá nadie para entregarla.
Sólo uno de nosotros llegará a América,
y es evidente que no será usted.
Apiladlos bien contra esa mampara.
Haga otra fila entre el fuego y esos productos químicos.
¡Salid de aquí!
¡No podemos abandonarlo!
No puedo llevaros a ambos. Volveré a buscarlo.
Por favor, no.
No me dejes.
No lo haré.
En el firmamento.
Un año, dos...
Unos minutos.
¿Qué importancia tiene?
¿Lo dijiste de verdad?
Entonces y siempre.
Tú y yo.
¡Pobre Powdah!
Me has hecho tan feliz.
¿Eres feliz?
¿Te hablé alguna vez de cuando fui un pirata en el Mar de China?
En el Mar de China...
No lo encontré.
¡El bote!
¡Es el único que queda!
- ¡Ayúdenme a quitárselo! - ¡Golpearé al primero que salte!
¡No me quedaré para morir como una rata!
¡Si cunde el pánico, abarrotarán este bote y se ahogarán todos!
¡Tiene razón, déjenlo en paz para que quepamos todos!
Ayúdeme a subir.
Vaya al salón y traiga comida.
En la escalera de la cámara hay un barril de agua. ¡Tráigalo!
¡Es un maníaco! ¡Está loco!
Si vive, ninguno de nosotros podrá escapar.
¡No me toques!
¡Te odiaré mientras viva!
¿Dónde está Babsie?
Sube al bote.
No queda sitio.
¡Sube al bote!
Acabo de descubrir lo que querías decir con el girasol...
Sabes...
¡Ahí tienen su seguridad! Alguien a quien admirar.
¡Vamos, subámoslo!
Es lo único que evitará que entre el agua.
Déjenlo ahí. Metan alguna ropa. Tapen esos agujeros.
Saque los remos.
Ayúdelo.
Necesitamos sitio para trabajar. Agárrense algunos a la borda.
Necesitamos espacio para trabajar.
¡A los remos!
¡No impidan que remen! ¡Agárrense a la borda!
¡Agárrense a la borda!
¡Suelten el mástil o zozobraremos!
¡Suelten el mástil!
Con una voluntad que nadie pudo quebrantar,
llevó la frágil embarcación a puerto.
Después fue a Savannah para finalizar su misión.
Cuando decidió salvar su propia vida, lo hizo por una causa justa.
Después, en esta misma sala,
y enfrentándose al peligro de perder más que la vida,
no dio el menor paso para salvarse.
Pido que el tribunal me perdone por haber demorado mi declaración,
pero la naturaleza de nuestra empresa hacía que el secreto...
fuese necesario hasta el último momento.
Agradezco al tribunal la cortesía de haberme escuchado.
No hay ninguna mano, excepto la de mi soberana,
que me cause tanto honor estrechar.
Estoy autorizado a expresarle la gratitud de mi país.
Le alegrará saber que desde su detención,
la trata de esclavos africanos ha sufrido una serie de golpes...
de los que nunca podrá reponerse.
Con la venia del tribunal, el gobierno se une al abogado de la defensa...
y solicita un nuevo juicio para el prisionero.
Petición aprobada.
El prisionero queda bajo la custodia del sheriff.
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