Afrikaans
Akan
Albanian
Amharic
Arabic
Armenian
Azerbaijani
Basque
Belarusian
Bemba
Bengali
Bihari
Bosnian
Breton
Bulgarian
Cambodian
Catalan
Cebuano
Cherokee
Chichewa
Chinese (Simplified)
Chinese (Traditional)
Corsican
Croatian
Czech
Danish
Dutch
Esperanto
Estonian
Ewe
Faroese
Filipino
Finnish
Frisian
Ga
Galician
Georgian
German
Guarani
Gujarati
Haitian Creole
Hausa
Hawaiian
Hebrew
Hindi
Hmong
Hungarian
Icelandic
Igbo
Indonesian
Interlingua
Irish
Japanese
Javanese
Kannada
Kazakh
Kinyarwanda
Kirundi
Kongo
Korean
Krio (Sierra Leone)
Kurdish
Kurdish (Soranî)
Kyrgyz
Laothian
Latin
Latvian
Lingala
Lithuanian
Lozi
Luganda
Luo
Luxembourgish
Macedonian
Malagasy
Malay
Malayalam
Maltese
Maori
Marathi
Mauritian Creole
Moldavian
Mongolian
Myanmar (Burmese)
Montenegrin
Nepali
Nigerian Pidgin
Northern Sotho
Norwegian
Norwegian (Nynorsk)
Occitan
Oriya
Oromo
Pashto
Persian
Polish
Portuguese (Portugal)
Punjabi
Quechua
Romanian
Romansh
Runyakitara
Russian
Samoan
Scots Gaelic
Serbian
Serbo-Croatian
Sesotho
Setswana
Seychellois Creole
Shona
Sindhi
Sinhalese
Slovak
Slovenian
Somali
Spanish (Latin American)
Sundanese
Swahili
Swedish
Tajik
Tamil
Tatar
Telugu
Thai
Tigrinya
Tonga
Tshiluba
Tumbuka
Turkish
Turkmen
Twi
Uighur
Ukrainian
Urdu
Uzbek
Vietnamese
Welsh
Wolof
Xhosa
Yiddish
Yoruba
Zulu
Esta pel�cula no se mostrar� al p�blico general sin el permiso del Departamento de Guerra.
Una pel�cula del Departamento de Informaci�n de Guerra.
F�BRICAS DE MUERTE
Esta es una versi�n de una pel�cula titulada "Death Mills" (F�bricas de Muerte) que nuestro
Departamento de Estado est� proyectando al pueblo alem�n. Es un recordatorio
de que detr�s de la cortina Nazi de los desfiles y las puestas de escena,
millones de hombres, mujeres y ni�os fueron torturados hasta la muerte...
el peor genocidio en la Historia de la Humanidad.
Un d�a de abril de 1945,
los habitantes de un pueblo de Alemania llevaron 1100 cruces hasta un granero cercano.
La cruces estaban destinadas a las 1100 tumbas reci�n cabadas.
Las v�ctimas de Gardelegen. Pero estas 1100 v�ctimas era una peque�a fracci�n
de los 20 millones de hombres mujeres y ni�os asesinados por los Nazis.
20 millones de almas que equivalen a la poblaci�n de 22 Estados de EEUU.
20 millones de cad�veres, el resultado de
300 campos de concentraci�n a lo largo de toda Alemania y los estados ocupados.
�ATENCI�N! �ALTA TENSI�N! �PELIGRO DE MUERTE!
F�bricas de muerte que se deshac�an de cad�veres hasta el mismo d�a que el
ej�rcito de los Aliados entr� por sus puertas.
Los que sobrevivieron eran
de todas las nacionalidades europeas, de distintas creencias religiosas,
de distintas ideas pol�ticas, condenados por Hitler porque eran
anti nazis.
- Y ahora eran libres. "EL TRABAJO OS HACE LIBRES".
"EL TRABAJO OS HACE LIBRES". Los libertadores hab�an tirado abajo las alambradas
de Dachau, de Buchenwald, de Ohrdruf, de Bergen Belsen,
de Sachsenhausen, de Ebensee y de Ravensbrueck.
Muchos fueron liberados solo para terminar muriendo.
A�os de prisi�n,
de inanici�n, de torturas, de trabajos forzados hab�an acabado con ellos.
Hab�an sido tratados peor que a animales, mucho peor,
muy pocos animales han conocido y sufrido tanta hambre y terror
como estas pobres v�ctimas. Gente que en una ocasi�n fueron seres humanos,
al igual que usted y yo.
Cuando los Aliados llegaron, los prisioneros fueron sacados de sus calabozos
donde las ratas hab�an sido sus compa�eras de cama.
A pesar de los esfuerzos desesperados de los m�dicos de los Aliados y de las ayudas m�dicas,
la ayuda lleg� demasiado tarde para la mayor�a.
En el infierno de Auschwitz
los Aliados puedieron estudiar los da�os producidos por las bestias Nazis.
Beb�s y ni�os peque�os sufrieron unas muertes lentas
como resultado de la inanici�n.
Los l�deres de los Aliados llegaron al campamento poco despu�s
de que las tropas los invadieran.
El primero fue el general Eisenhower, que visit� a nuestro grupo.
Los presos
nos ense�aron c�mo eran torturados en un instrumento dise�ado a tal efecto.
Este solo era uno
de los muchos instrumentos de tortura utilizados.
Tras los altos cargos militares, le toc� el turno a dignatarios
religiosos como el Arzobispo de Canterbury.
Y la Comisi�n Civil de Investigaci�n de los Aliados que fueron
a dar fe al mundo
de los horrores a los que el mundo entero no pod�a dar cr�dito.
Como los barracones d�nde tales atrocidades
se llevaban a cabo como simples operaciones rutinarias.
En todos los sitios se repet�an
las mismas escenas macabras, el hedor y las pilas de calav�ricos cad�veres
amontonados como viejos trastos en un desguace.
Estos son los restos que quedan de unos seres humanos.
Personas, al igual que usted y yo.
No todos murieron
lentamente por inanici�n. Millones de ellos sufrieron una muerte r�pida
y horrible ardieron en los hornos.
Esto es lo que queda
de su agon�a,
un mont�n de cenizas que quedar�n en el olvido.
Esta es la foto de la c�mara de tortura de Majdanek.
Uno de los "monumentos" que pasar�n a la historia de
los cient�ficos alemanes.
Las c�maras de gas fueron la principal herramienta de muerte y su uso se organiz�
admirablemente.
A los prisioneros se les dec�a que se prepararan para una ducha.
Incluso se les proporcionaba toallas para que creyeran la historia.
Cuando las puertas se cerraban tras ellos,
los envenenaban con gas.
A trav�s de las duchas se liberaba gas Zyklon.
En Dachau,
en Auschwitz, en Nordhausen, en Majdanek, los alemanes probaron
y normalizaron sus m�todos de asesinato masivo.
"BA�O y DESINFECCI�N"
El gas mortal
siempre era el mismo, Zyklon B.
La cremaci�n era el principal medio de eliminaci�n masiva de cad�veres,
Auschwitz ten�a cuatro que funcionaban noche y d�a
y como si un alto horno de Pittsburgh se tratara, con esta cantidad de
asesinatos,
los Nazis estaban dispuestos a obtener un beneficio; los restos carbonizados eran
molidos,
y luego se vend�an a los agricultores alemanes como fertilizante.
De las f�bricas de muerte se obten�an
beneficios econ�micos de muchos modos.
Miles de prendas de vestir fueron arrebatadas a los presos.
Vestidos de mujeres.
Zapatos de ni�os.
Incluso juguetes y mu�ecas.
Pelo humano.
Pelo de mujer, que se les cortaba antes de morir,
y debidamente cuidado. Empaquetado met�dicamente para venderlo a los fabricantes.
Todas las f�bricas de muerte, ten�an almacenes, como este de Buchenwald
Guardaban joyas,
relojes,
anillos de boda.
Un mont�n de gafas y dientes de oro,
arrancados de las bocas los muertos.
Estos eran los instrumentos utilizados para arrancar los dientes.
En estos mataderos,
los carniceros Nazis desperdiciaban lo menos posible de los cad�veres.
Cuando el ej�rcito Aliado se acercaba, los Nazis intentaron llevar a toda prisa a sus
prisioneros a otros lugares, y muchos murieron asfixiados hacinados
en vagones de carga.
Muchos de los muertos,
y de los moribundos fueron arrojados al agua.
Si los Aliados avanzaban muy r�pido, los Nazis intentaban matar a sus prisioneros
para no dejar testigos de los cr�menes que hab�an cometido.
En Majdanek, en Ohrdruf, y en muchos otros campos,
fueron asesinados miles justo antes de la liberaci�n.
A este hombre lo mataron de una cuchillada.
Este es un t�pico granero alem�n en Gardelegen.
1.100 personas fueron conducidas hasta �l,
y quemadas vivas.
Aquellos que lograban
huir del suplicio y escapaban, eran disparados en cuanto sal�an.
�Pero qu� subhumanos hac�an tales cosas?
Aqu� hay uno, capturado en Mauthausen.
En Belsen, atrapamos al capit�n del campo, Josef Kramer, La bestia de Belsen.
Hombres o mujeres,
eran fieles nazis entusiastas de las ideas de Himmler.
Dichas mujeres, que afirmaron no ser testigos de ning�n asesinato,
utilizaban sin piedad el l�tigo, eran expertas en toturas, y en asesinar.
Algunas resultaron m�s letales que los hombres.
En la sala de interrogaciones de Jasenovac,
un testigo declar�.
El capit�n del campo y el jefe al mando pudieron ser llevados hasta la sala de
interrogaci�n.
Pod�an explicarlo todo.
Por supuesto que los prisioneros eran usados como conejillos de indias,
claro que se les inyectaba
veneno en las venas y mor�an.
Los m�dicos presentes se sorprendieron de que a ninguno les resultara horroroso.
En los cementerios de los campos hab�a cientos de v�ctimas de los experimentos Nazis.
Esta era una mujer.
Miembros de los Aliados en la Comisi�n contra los Cr�menes de Guerra,
hicieron la autopsia a miles de cad�veres, todas las autopsias dieron los mismos resultados,
mismos m�todos de asesinato
en todos los lugares; asfixia lenta, inanici�n,
inyecciones de veneno, quemados, disparados.
Los secuaces de Hitler los probaron todos.
Mauthausen nos cuenta la misma historia.
Estos cad�veres, murieron o de hambre o por disparo.
A veces algunos prisioneros que segu�an con vida o estaban a punto de morir,
eran arrojados entre los cad�veres.
Los m�todos de genocidio en masa se consideraban algo normal.
En nuestro caso, fusilamiento.
En Neuengamme, fusilamiento.
En Landsberg, inanici�n.
En Dachau, quemados, envenenamiento por gas,
e inanici�n.
En Auschwitz, fusilamiento, envenenamiento por gas,
e inanici�n.
Incluso reci�n nacidos.
En Ebensee, inanici�n.
En Berge Belsen,
fusilamiento e inanici�n.
En Nordhausen, fusilamiento, envenenamiento por gas e inanici�n.
En Sajmiste quemados hasta la muerte
en alambradas de alta tensi�n.
Solo varios miles de los veinte millones de v�ctimas sobrevivieron a esos a�os de horror.
Los rostros de estas mujeres de Nordhausen nos cuenta la historia de sus sufrimientos.
En Ravensbr�ck, seis mujeres fueron encontradas vivas entre miles de cad�veres.
Seis mujeres con heridas como esta.
Heridas tan espantosas como cualquiera sufrida en el campo de batalla.
Estos son ni�os que sobrevivieron a Austchwitz.
A sus padres y familiares les asesinaron en las c�maras de gas.
La mayor�a de ellos han olvidado sus nombres y no hay nada con lo que identificarlos,
excepto los n�meros que los Nazis tatuaron en sus brazos.
Algunos lograron sobrevivir, a varios hombres
los Nazis les arrancaron los ojos.
Los supervivientes de Ebensee eran esqueletos andantes,
la mayor�a no pod�an ni andar, ni arrastrarse.
"EL TRABAJO OS HAR� LIBRES".
En Offenburg.
En Finsterwalde.
En Belzig.
Trece mil personas murieron la semanas posteriores a la liberaci�n de los campos.
Para todos ellos, toda ayuda m�dica de los Aliados lleg� demasiado tarde.
Los l�deres del Partido Nazi y los altos mandatarios, por �rdenes del Ej�rcito Aliado
visitaron los campos de concentraci�n pr�ximos a sus ciudades,
se les oblig� a ver con sus propios ojos los cr�menes cuya existencia hab�an
negado vergonzosamente.
En Breitenau a todos sus ciudadanos se les oblig� a visitar el campo,
se llam� a sus casas
y se les reuni� en las calles para hacer una marcha.
Comenzaron su excursi�n como si se tratara de un picnic.
Al fin y al cabo para la mayor�a de la ciudades alemanas ir hasta el campo de
concentraci�n m�s cercano era un paseo.
Pero tras la alambrada no hab�a picnic que valga.
La muerte era lo �nico que campaba a sus anchas.
Hab�an matados a todos,
por �rdenes del alto comando Nazi.
Pero estos alemanes,
que afirmaban desconocerlo todo, tambi�n era responsables.
Hab�an puesto alegremente su destino
en manos de unos criminales lun�ticos.
Ahora todos juntos afirmaban no saber nada de lo que estaba pasando.
Y que de saberlo no habr�an podido hacer nada al respecto.
Los agricultores recibieron
toneladas de cenizas humanas como fertilizante, pero por lo visto nadie sospechaba
que fueran de seres humanos.
Los fabricantes recibieron toneladas de cabello humano
y por lo visto ni Cristo sospech� que procediera de mujeres asesinadas.
Ninguna pesadilla vel� los sue�os de aquellos que viv�an junto a los campos.
Ni los gritos, ni los lamentos de los torturados.
No hab�a dudas, hab�a que mirar hacia otro lado por la victoria.
Ayer, mientras millones de personas mor�an en los campos de concentraci�n, los alemanes
en masa acud�an a N�remberg al congreso del Partido Nazi alegres y cantando himnos.
Hoy, esos mismos alemanes que alentaban la destrucci�n de la humanidad en su propio suelo.
Y que aplaud�an los ataques a sus indefensos vecinos,
solicitan el perd�n de Europa por todos sus pecados.
Son los mismos alemanes que una vez vitorearon a Hitler.
Recordad, aunque ahora porten una pesada cruz,
ellos son la cruz de millones de crucificados
en las f�bricas de muerte de los Nazis.
FIN
Esta pel�cula no se mostrar� al p�blico general sin el permiso del Departamento de Guerra.
Una traducci�n de menoyos
Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.