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Jose, cariño, que no sé dónde estás. Es muy tarde y me voy a la cama.
Que cuando llegues, no hagas ruido, no despiertes al pequeño.
Ya está hecho, quería contártelo yo.
Ya no hay vuelta atrás.
Nos vemos.
Lucía, buenos días, mi amor.
Mi hermano no puede llevarme al aeropuerto, me llevas tú.
Uno de los camiones ha tenido un accidente.
Mi hermano está bregando con el marrón.
Te quiero. Pues yo no.
No sé por qué siempre va de viaje él.
Porque él lleva la parte comercial.
¿Y usted de dónde es? -De Madrid.
Allí hay de todo, buena y mala gente, no como aquí.
"Buenas noches, confirmado el accidente del Boeing 747
que volaba hacia Cracovia desde Madrid."
Su hijo también volaba hoy, ¿no?
Papá. Lucía.
Papá, ayúdame, por favor.
¿Está segura de que estaba en este vuelo?
Sí. No figura en la lista de pasajeros.
¿Usted quién es? Alguien que busca a desaparecidos.
¿Usted no piensa que estoy loca? De momento solo sé
que usted insiste que su marido iba en un vuelo
que se ha estrellado, pero su nombre no figura
en la lista de pasajeros.
Se han equivocado y mi hijo y yo no vamos a saber nunca
qué fue de él.
Mi marido iba en ese avión y ahora me dicen
que no lo encuentran en la lista de pasajeros.
Un coche, a lo mejor es papá.
Las cámaras de seguridad del aeropuerto.
¿Quién es esa mujer? ¿No la conoce?
¿Qué le da? No lo sabemos.
¿Seguro que no quiere contarme nada más?
Viaje de trabajo y una mierda, estaba con otra y tú lo sabías.
¿Te tengo que llamar yo para que vengas a explicarme
qué pasa con mis transportes?
Como Jose haya metido a mi hija en algún problema
y tú le estés tapando...
Vas a tener que encargarte de todo lo de tu hermano
empezando por su familia.
Si no quieres que te busquen, lo último que haces es desaparecer.
Un momento, por favor, no te vayas. ¡Solo quiero hablar, escucha!
¡Aquí!
¡Estamos aquí! Jose, para ya, me vas a volver loca.
Por favor.
¿Esto qué coño es?
¿Cómo nos tienen así?
¿Qué hacen? Lo están decidiendo.
Esto es una mierda.
Jose, ¿te quieres calmar ya, por favor?
¿Sabes lo que está pasando fuera, cada segundo que estamos aquí?
Se va todo a la mierda.
(Pisadas)
(Puerta)
¿Qué haces? Oye, suelta, suelta.
¡Jose!
# Yo que siempre te seguí,
# que te quise bien.
# Hoy construye tu vida
# sin mí.
# Ah, ah.
# Ah, ah, ah, ah.
# Ah, ah, ah.
# Ah, ah, ah, ah.
# Ah. #
(Risas)
¿Jose?
Jose.
Buenos días, Lucía.
Mamá. Hola, mi amor.
El tío Juan ha traído torrijas. Qué bien, qué suerte.
Anda, vete a desayunar.
Gracias.
De nada.
Es que salí y de casa y pensé que ya que me pillaba de camino,
pues me acercaba y os traía el desayuno.
Pero perdona que no te avisara, es verdad.
No, perdona, es que pensaba que...
Da igual. Me tomé una pastilla anoche para dormir
y estoy un poco atontada todavía. He hecho café, ¿te pongo uno?
Sí, por favor.
Samuel, mi amor, ¿por qué no subes a por la libreta,
que nos tenemos que ir al cole?
¿Hoy hay cole? Sí, claro.
Oh. Toma.
Gracias.
¿Sabes algo nuevo?
No, lo siento.
No sé qué hacer, qué pensar.
Estoy totalmente perdida.
Estamos todos igual, Lucía.
Yo he preguntado, le he llamado al teléfono mil veces,
pero siempre salta el contestador. Yo tampoco sé qué más.
¿Te importa llevar al niño al colegio?
No tengo ganas de salir de casa.
Claro que sí, mujer. Lo espero en el coche, ¿vale?
Vale.
Samuel.
Samuel, que llegamos tarde al cole.
¿Qué haces, mi amor?
Para papá.
¿El qué?
Una señal.
Para cuando venga, que sepa que estoy aquí.
Sabes que papá te quiere mucho, ¿verdad?
¿Cuándo viene?
No lo sé.
Venga, vamos al cole, que vas a llegar tarde, ¿vale?
Venga, coge la mochila.
Súbete, ponte el cinturón.
Tío, ¿qué haces? Vámonos. Sí, ya voy, ya voy.
Pero vámonos ya. Ya voy, ya voy.
Qué prisas, chico.
Dame una pista.
Dame una pista.
¿Dónde coño...?
Puta mierda.
¡Mierda!
Hijo de puta.
Venga, dame una pista.
Piensa, piensa, Lucía.
Cartas del trabajo y del banco.
Del trabajo y del banco.
Mierda.
¡Hijo de puta, mentiroso de mierda! Lucía.
¿Qué? ¿Te has vuelto loca?
Anda, ven.
Cariño, te entiendo tan bien.
Jose va a volver, lo sabes, ¿verdad?
Los hombres son como niños, hija.
No crecen.
Si vieras lo que he tenido que pasar yo con mi marido...
Algunas noches ni volvía a casa.
Y una vez... Una vez estuve a punto de dejarle.
Pero tenía dos hijos que sacar adelante.
Lo que te quiero decir, hija, es que tienes que mantener
la cabeza fría y pensar en Samuel.
¿Puede decirle todo esto a su hijo? (RÍE)
No creas que no se lo voy a decir en cuanto aparezca.
Qué optimista. Hay que serlo, hija.
Hay que serlo y levantar el ánimo.
Mira, te voy a ayudar a recoger todo esto,
porque no queremos que nadie vea este desastre, ¿verdad?
Y luego voy a hacerte algo de comer.
Tienes que cuidarte, hija. Sí.
Por cierto, al pasar por la cocina he picado unas torrijas que había.
Qué ricas. Sí, las ha traído Juan.
Juan. ¿Mi Juan? Sí.
Qué detallista, mira.
Pues a mí ni el pan Bimbo me trae.
¿Dónde vas?
A que me dé el aire.
Isabel, viene Lucía. -Voy.
-Ya lo sé, ya lo sé.
-Iba a ir a verte ahora mismo.
¿Cómo estás, cariño? Yo qué sé cómo estoy.
Hola, Lucía.
No puedo más, de verdad, Isa. No puedo más.
¿Te tomaste la pastilla para dormir? Sí, claro que me la tomé.
Pero cuando me despierto, no paro de darle vueltas y vueltas.
No sé, ¿es que si no me ha llamado ya,
no me piensa llamar? ¿Se ha ido con otra y punto?
Es que es un hijo de puta, se ha pasado muchísimo, Lucía,
muchísimo, coño. ¿Qué le digo yo a mi hijo?
¿De qué vamos a vivir? Tienes dinero ahorrado, ¿no?
Sí, para unos meses, pero estamos todavía
pagando la hipoteca. No sé por dónde empezar
a buscar trabajo. Eres veterinaria.
Y dejé la clínica par cuidar de Samuel hace años,
¿quién me va a contratar ahora a mí?
No me lo puedo creer, te lo juro, ¿cómo he podido ser tan imbécil
de no darme cuenta? Ni tú ni nadie, Lucía,
que parecía el marido perfecto. Si dabais una envidia...
Sí, pues mira.
¿Qué pasa, que no me va a llamar nunca más?
¿Piensa que me voy a quedar quieta y no le voy a buscar?
Es el padre de mi hijo, al menos merezco una explicación.
Por supuesto.
Si al menos supiera quién es ella, podría buscarlo, pero ni eso.
(HABLA EN ÁRABE)
Si su hijo estuviera detenido, se lo dirían,
es ilegal detener a alguien y no notificarlo.
-Anda, "sentraña". Antonio Salazar, Chupito,
unos 30, delgado... Míralo. -No está aquí.
Le aseguro que si tenemos noticias, se lo diremos.
-Pues coge mi móvil, que mi hijo nunca se queda
sin avisarnos.
Buenos días, ¿el inspector Sánchez, por favor?
No ha llegado todavía. -Niña, ¿tú no eres hija de Raimundo?
Eh... Sí, ¿pero nos conocemos? Sí, de la congregación de tu padre.
Ainhoa. Ah, sí, perdona.
¿Qué tal, cómo estás? Ay, pues nada, hija,
mi marido, que está dentro cada dos por tres.
Vaya. Y tu padre lo ha intentado ayudar,
pero no hay manera. Bueno.
Antonio, ¿te acuerdas? Uno muy delgado, de tu edad,
le dicen el Chupito. Toni, que es amigo
de mi hermano Manuel, creo. Eso, iban juntos a clase.
Sí, sí.
Niña, ¿y tú qué haces aquí? Pues nada, papeleo, nada importante.
Ainhoa, ven para acá corriendo, dale tu móvil.
-Lucía, buenos días. Buenas.
¿Puedo ayudarla en algo? Sí, creo que me puede ayudar.
¿Podemos hablar un momento? Vamos a mi despacho.
Claro. Inspector,
ha llegado esa caja para usted.
-Coño.
No me pases llamadas.
-El caso es que no tengo saldo en el móvil,
ponga usted el de mi suegra. -Si lo cargas, ¿no es más fácil?
-Claro, si me presta 20 euros, yo lo cargo.
-Claro.
Lo siento, se supone que estoy de paso.
Hombre, Vázquez Montalbán.
Empieza a enviarme la biblioteca.
Mi ex, no le gustan las novelas policiacas.
En cambio, la poesía... Es acojonante que le guste la poesía.
Perdone.
O sea, quiere que le ayude a averiguar quién es la mujer
con la que se fue su marido.
Pues sí, creo que es la única manera de poder localizarle.
Ya. ¿Pues sabe una cosa? Es más fácil que lo averigüe usted
que yo. ¿Sí, cómo?
Preguntando a todos aquellos que le conocen:
familiares, amigos, compañeros de trabajo...
No me apetece tener que estar preguntándole a todo el mundo.
Pues sería lo mejor. Y sobre todo, a su cuñado.
Me parece muy extraño que no sepa algo más.
Bueno, ¿pero no se pueden ampliar las imágenes
de las cámaras del aeropuerto, las que vimos aquí?
A lo mejor se puede ver algo más, ¿no?
Se imagina que ellas lo dicen, ¿no?
Bueno, de acuerdo, deme un par de minutos,
a ver si se me ha escapado algún detalle.
Vamos a ello.
Son varios, ¿no? Sí.
Me temo que solo se le ve de espaldas.
Se intuye que es una mujer delgada, elegante, bien vestida, con tacones.
No sé si eso le dice algo. No.
No lo sé, la verdad.
¿Sabe qué sería lo más eficaz?
Entrar en su correo, a ver si tiene algún mensaje.
Tiene algún ordenador en casa, ¿no? Sí, claro.
Pues creo que sería lo mejor.
(Puerta)
Siento molestar, tenemos un aviso urgente.
Sobredosis, un chaval menor. -Vaya.
-Hay que ir en coche.
No se preocupe, yo ya me voy.
Siento no servir de más ayuda. El problema es que su marido
es un adulto en pleno uso de sus facultades
y que desparezca por voluntad propia pues no es ilegal.
Ya.
Bueno, pues muchas gracias.
Lucía, ahora mismo estoy atado de pies y manos,
pero si hubiera algo, el más mínimo indicio
que nos ayude a pedir una orden de búsqueda...
Si encuentra algo extraño de su marido...
¿Algo extraño qué quiere decir? No sé, piénselo, lo que sea.
Algo vinculado a su empresa, sus viajes...
Deme un hilo del que tirar y le ayudaré.
No entiendo por qué me dice eso, pero...
Bueno, da igual. Muchas gracias, de verdad.
¿Qué quería? -Ayuda.
Empieza a estar casi tan sorprendida como nosotros.
-Hay que ser gilipollas para engañar a una mujer así.
-Ea, galán, tenemos trabajo.
(Disparo)
Esas palomas van a acabar con la cosecha.
Ya no sé qué hacer.
-A mí no me pongas esos bichos para comer, ¿eh?
Que no me gustan nada los pájaros.
-Anda que no te has vuelto fino tú, hermano.
En Angola hasta ratas te he visto comer.
-Pero ahora no estamos en Angola.
-Pues se las dejo a Nico, que le encantan.
-Oye, ¿tu hijo no va al mismo colegio que el niño de José Espada?
-Si es el único en el pueblo.
-Pues ve a recogerle.
Quiero conocer a la mujer de Jose. Lucía se llama.
-Sí, la conozco, la que salió en la tele.
¿Qué es lo que pasa? -¿Qué pasa?
Que se ha acercado a la comisaría y todo esto me está empezando a tocar
las narices.
-Pues que venga también el otro Espada, no acabo de fiarme.
-Sí, pero a ese hoy mismo.
Le voy a presentar a nuestro invitado,
así vemos de qué pasta está hecho.
Ven aquí. Guapo.
(Aspiradora)
Escucha, no quiero que nos vea.
Tu suegra te va a dejar la casa...
Venga, que yo vigilo. A ver.
Si no me sé la contraseña, ¿qué más da?
Bueno, pues su cumpleaños, que es la que usa todo el mundo.
No, ya lo he puesto. El tuyo o el del niño.
Vale, un momento. A ver.
No. El de su madre.
¿El de su madre? Yo qué sé.
El nombre de su peli favorita. Vale.
Dale. A ver.
No. El nombre del perro.
¿Pero qué perro, si no tenemos perro?
Lucía, hay que echarle imaginación. La imaginación
solo me dice una cosa, que a Jose no le gustaría
que estuviera leyendo su correo. Claro, normal.
Algo tendrá que ocultar, ¿no? Pues lo va a seguir ocultando,
no hay manera de averiguarlo. ¿Esta cuenta la usa también
para cosas de trabajo?
Pues supongo que sí. Pues pregunta a su secretaria,
seguro que sabe las claves.
¿No? Que secretaria viene de secreto, ¿eh?
-¿Qué hacéis?
¿Ese no es el ordenador de José?
¿Qué está pasando aquí?
-¿Aparte de que su hijo se ha largado con otra mujer?
Eso es lo que está pasando, que yo sepa, vamos.
-¿Dónde vas? ¿Dónde voy?
A averiguar dónde mierda está su hijo.
¿Y ahora por qué no para?
¿No te sabes la contraseña? Venga, Sonia, por favor,
al menos no me mientas. Te entiendo, Lucía, pero...
No me entiendes. Si me entendieras, me ayudarías.
A ver cómo te lo explico: Jose se ha ido
abandonando a su familia, ¿eh?
¿Tú de qué lado estás, del suyo o del mío?
Yo no puedo estar de ninguno. Jose es mi jefe,
siempre ha sido bueno. Escucha una cosa.
No sabrás dónde está, ¿no? ¿Yo?
Sí, tú, tú. Lucía.
¿Qué quieres?
Joder ya.
Sonia, sal un momento, por favor.
Gracias.
¿Qué te pasa? Pues que estoy desesperada, Juan.
Me parece muy bien y te entiendo, pero eso no te da derecho
a hablarle de esa manera. Esa pobre mujer
no tiene la culpa de nada, ¿cómo coño va a saber
dónde está Jose, dime? ¿Y yo qué sé, yo qué sé?
Es que esto es muy raro, Juan.
Que Jose no se iría así, Jose no desaparecería
sin decirme nada de esa manera. Ah, ¿no?
No. ¿Ya no te acuerdas
de las veces que me ayudaste a encontrarlo
cuando no aparecía por casa y mi madre se moría de angustia?
Coño, Juan, era un crío con 18 años. Bueno, con 18 años, ya está.
Vamos a ver, Jose cambió.
Desde que empezamos a estar juntos no se ha separado de mí,
quiere a Samuel, somos una familia.
Ahora le defiendes, claro.
Sí, claro que le defiendo. Porque es mi pareja y le quiero.
Me voy, no tengo ganas de seguir hablando de esto.
Lucía. ¿Qué?
Deja que te lleve, anda. No nos peleemos tú y yo, ¿vale?
Tú y yo no.
Venga.
Samuel, cuidado con el coche.
¿Qué te pasa, mi amor? (TOSE)
Te he dicho que no corras así. ¿Y el espray, dónde lo tienes?
¿Allí? Mételo en el coche, Juan.
Venga, respira despacito.
Lucía.
Ya ha entrado la maestra, es que le hemos visto toser.
Ah, vale. No sé cómo decirle que no puede correr así.
Son todavía muy pequeños, pero está bien, tranquila.
¿Qué pasa, Pablo? Ay, qué bonito.
Aquí tienes. Muchas gracias.
Lucía, ¿por qué no venís mañana a pasar el día a la finca?
Así juegan los "meninos". ¿Sabes qué pasa?
Tengo muchos problemas en casa. Sí, lo sé.
Pero precisamente por eso, corazón, necesitas entretenerte un poco.
Os esperamos mañana, no falles. Venga, gracias. Adiós.
Tengo hambre, tengo hambre. -Hola, cielo.
La comida ya casi está. Ve a la cocina, ¿eh?
Ha venido tu madre, Lucía, creo que está haciendo puchero.
Les he llamado yo, la pobre necesita a su familia.
Muy bien. Juan y yo nos vamos,
tiene que ayudarme a hacer unos recados.
Espera un momento. Que no, hijo, que no,
los recados no pueden esperar.
¡Adiós!
Mamá, no creo que debas entrometerte.
Eso es lo que a ti te gustaría. Toma.
¿El qué me gustaría? Que te pongas las pilas
y busques a tu hermano, que no te veo muy espabilado.
¿Qué más quieres que haga? Que lo encuentres.
Alguna idea tendrás de por qué se ha marchado, ¿no?
Incluso puede que alguna responsabilidad.
Tócate los cojones, va a ser culpa mía
que haya desaparecido mi hermano. Juan.
Ven aquí. Juan, ¿dónde vas?
Juan.
Hijo, no te atreverás a dejarme aquí tirada, ¿verdad?
¿Sabes la de gente que desaparece sin avisar?
Mira, gente que parecía cabal y de pronto dicen
que van a comprar pan o tabaco y no aparecen.
Pero mira, así, así de gente. Ya.
Hija, he pensado una cosa. ¿Qué?
¿Por qué no te vienes con nosotros una temporada? El niño y tú,
hasta que todo esto se aclare. -Pero qué buena idea.
Cariño, ¿qué te parece?
Pues... Pues no sé. Nena, piénsalo.
Samuel se puede quedar en la buhardilla,
que tu padre aisló el tejado este verano.
Le va a encantar, es muy grande. Y tú te quedas
en la habitación de Manuel. Total, tu hermano
apenas aparece por casa.
-Deja que te cuidemos un poco, hija. -Sí.
Que aquí estás muy sola.
Os lo agradezco, pero estoy mejor en mi casa, mamá.
No seguirás esperando que regrese.
Pues sí, sí, me encantaría que apareciese
y me explicase lo que ha ocurrido.
¿Aliño la ensalada? Sí, cariño.
Hola, Juan. Hola.
¿Sabéis algo nuevo?
En el pueblo se dice que no iba en el avión,
¿es cierto? Así es, creemos que está bien.
Ah, pues qué bien.
¿Y entonces, dónde está, no tenéis noticias?
No. Ya.
Vamos con mi hermano.
Entra.
Joâo, que está aquí Juan.
-Aquí, al fondo.
-Gustamos de hacer la matanza en la finca.
Algunos animales elegidos, todo muy artesanal.
Mira, Juan, este es Toni, al que llaman Chupito.
-¡Ah! (TOSE)
-Acércate, quiero que le hagas una pregunta.
¿Yo? Sí, tú,
porque a nosotros no nos contesta.
Verás, Chupito es uno de mis colaboradores,
pero últimamente ha estado vendiendo un producto que no es mío.
Acércate.
Quiero que te vea la cara.
Joâo, yo no tengo nada que ver.
Acércate.
Chupito.
¿Conoces a Juan?
-Habla. Yo no le conozco.
Oye, que le estoy preguntando a él. Bueno, da igual,
aunque no os conozcáis, pregúntale.
¿Quién te vendió la mercancía, Chupito?
Pero por dios, Joâo, este hombre está fatal.
Tranquilo, que no está "morto".
-Vamos, Juan, hazme ese favorciño, que es muy cabezota
y no habla con nosotros. Pregúntale.
¿Quién te vendió la mercancía, Chupito?
Pregúntaselo, "carallo".
Vale, vale, vale.
¿Quién te vendió...? ¿Quién te vendió la mercancía?
Oh, qué pena.
Se ha desmayado.
Es que el olor de los cerdos es muy molesto.
Bueno, Juan, ya ves cómo es la gente, no se puede confiar en nadie.
Ese chico llevaba trabajando para mí... ¿Qué se yo? Años.
¿Y qué ha hecho?
Verás, nuestro camión, el que se estrelló
de esa forma tan rara, el del conductor desaparecido...
Sí, Antón. Antón, exacto.
Pues ese Antón o dios sabe quién se llevó algo de ese camión,
algo mío. Y no me refiero a los cerdos.
Yo no tenía ni idea. Es que el único que lo sabía
era tu hermano, otro en el que yo confiaba,
como el de ahí dentro.
Bien, el caso es que yo quería verte y hablar contigo
para decirte que ahora que no está tu hermano,
yo quiero confiar en ti para que hagamos un buen equipo.
Pero es que ahora mismo no me fío de nadie, de nadie.
Acércate.
Acércate.
Así que dime, Juan,
¿"posso" confiar en ti?
Sí.
"Muito bem".
Es importante tener amigos.
Lo más importante.
Tú no eres un dios que ame la maldad
ni el malvado es tu huésped.
Detestas a los malhechores, destruyes a los mentirosos.
Al hombre malvado y traicionero lo aborrece el Señor.
Señor, guíame con tu justicia, porque tengo enemigos,
alláname tu camino.
Su corazón es perverso; su boca, un sepulcro abierto.
(Móvil)
Es Juan, tengo que cogerlo.
Que estamos orando. Bueno, lo siento.
Sigamos.
Castígalos, oh, Dios.
¿Qué pasa? Lucía.
Lo siento mucho.
Lo siento. ¿Lo siento por qué?
¿Qué hablas, qué dices?
¿Tú te acuerdas de...?
¿Te acuerdas de cuando
te prometí que te llevaría a los dinosaurios?
Tenías 15, 16 años.
¿De qué estás hablando, Juan?
De las huellas.
Que te dije que caminaríamos por encima de las huellas
en aquel pueblo de allí de...
Soria.
Juan, estás borracho, ¿dónde estás?
¿Por qué no te vas a casa? No me cuelgues, no me cuelgues,
no me cuelgues.
¿Quieres que te diga
por qué no te llevé al final?
Porque mi hermano me dijo
que te quería
y que se había acostado contigo.
Y yo cogí...
¿Juan?
Mierda, Lucia, espera. Juan.
Lucía.
Perdón.
Me voy a ir a dormir ya.
¿No nos vas a contar lo que ha pasado?
No, nada, Juan, que estaba triste y ha dicho solo tonterías, ya está.
¿Y qué cosas te ha dicho? Papá, nada importante.
Ya está.
Hija, ese hombre no me gusta nada. Y cuanto más lejos esté de todo esto,
mejor. -Podemos ayudarte a recoger
mañana mismo.
Mamá, ya te he dicho que no quiero irme.
Y yo te digo que esa familia solo te va a traer problemas.
Obedece por una vez a tu padre y vuelve a casa.
Papá, esta es mi casa.
Y no tengo por qué obedecerte, iré si quiero.
Y si sigues así, no voy a querer. Bueno, ya está, ¿eh?
De esto podemos hablar mañana.
-No, hay cosas que no se pueden dejar pasar más tiempo.
Mira, hija, te fuiste con tu marido sin mi permiso.
¿Otra vez con eso? Sí.
De verdad. Y todas las que haga falta.
Mira cómo el tiempo me está dando la razón.
Déjame en paz, papá. Lucía, no hables así a tu padre.
Pues que deje de darme órdenes y de organizarme la vida.
Cuando nos necesitas, bien vienes corriendo pidiendo ayuda.
Pues tranquilo, que no te la voy a pedir más.
Buenas noches.
Muy bien.
Me voy, porque si no, voy a empezar a decir cosas
de las que luego me arrepentiría.
Pues es la primera vez, vamos.
Hija.
Ya está, mamá, buenas noches.
¿"Spanish"?
Sí, imbécil.
"Yes, yes".
¿"Women travel alone"?
"Yes".
"Dangerous".
Ok.
Déjame pasar, hijo de puta.
Naquim, ¿a qué estáis jugando?
Ya te lo he explicado, el hombre es de fiar.
No puedo hacer esto sola.
No, escúchame tú a mí. Júrame que sigue vivo.
¿Quieres que te cuente un cuento?
¿Tú te sabes el que me cuenta papá?
Eh... Pues no, pero si me das una pista...
Bueno, da igual.
¿Sabes que tengo una sorpresa para ti?
Mañana nos vamos a ir al campo a ver animales,
un montón de animales. ¿Hay canguros?
Bueno, canguros no hay, pero hay un montón de cerditos.
(IMITA A UN CERDO)
¿Qué? ¿Sabes qué me han dicho en el cole?
¿Qué te han dicho?
Que los cerdos tienen dentro chorizos y jamones.
¿Chorizos y jamones los cerdos? Sí.
¿En serio? Sí.
¿Y salchichas tienen?
Dime, salchichas, di salchichas. Salchichas.
Muy bien, lo has dicho muy bien.
Qué bonito. -Qué mono.
-Se lo están pasando bien, ¿verdad? Pues la verdad es que sí.
Muchas gracias. Vamos a ver a mi hermano.
Nico, atiende a los "meninos", llévalos a ver los cerdos.
Joâo está preocupado por la empresa de tu marido
y por Jose, que es su cliente principal.
No lo sabía, es que no sé mucho de la empresa.
Pues ayer estuvo tu cuñado, ¿no te lo ha dicho?
Ah, pues no me ha dicho nada.
Oye, no te he preguntado si te importa ver la sangre.
Hay gente que no lo soporta, ver a los animales colgados.
Bueno, yo me crié entre animales y estudié veterinaria, o sea que...
Veterinaria.
Buenas.
Entonces, sabrás apreciar estos ejemplares.
A ver, ¿cuánto pesa... Este?
Hombre, pues así a ojo... ¿100, 110?
Ja.
120.
Te voy a regalar un jamón de esos, verás cómo le sienta a tu niño.
Ven aquí y dame un beso.
Encantada.
"Agora" entiendo por qué tu marido te tenía tan escondida.
Si te conozco antes, le mando a la mierda
y hago mis negocios contigo. -No seas tan coqueto, Joâo.
-Lula, vámonos de aquí, necesito aire fresco.
¿Esperas visita, hermano? -Pues no sé.
Ay, pero bienvenida, mi amor. Hola.
¿Qué tal? Lula, ¿te importa pagar al conductor,
que no llevo "cash"? Soy un desastre.
Tú siempre igual.
¿Qué tal?
¿Qué tal?
Te veo bien acompañado. ¿No os conocéis?
María, ella es Lucía. Lucía, mi "mulher".
Encantada. Igual.
¿Qué tal? Muy bien.
Estoy renovada y fresca como una lechuga, ¿eh?
María viene... ¿De dónde vienes, de una clínica de adelgazamiento?
De una clínica de medicina estética, de que me mimen y me pongan guapa,
que es lo que nos gusta a las mujeres.
No todas somos tan maniáticas de la belleza.
Sí. Oye, vamos a entrar, que os he traído unos regalos, ¿sí?
Por aquí.
A ver, esto es un exfoliante de sales marinas
que te va a dejar la piel genial. "Obrigada".
-¿Y para mí?
Y para ti una crema hidratante especial...
Eres traviesa.
-"Escoita", María, Lucía es la mujer de Jose.
Jose. Ahora mismo no... El muchacho de los camiones, amor.
-¿No sabes de quién hablamos? Ah, sí, sí.
Creo que le he visto alguna vez por aquí.
Me voy a servir un vinito.
Joâo, le he dicho a Lucía que te preocupa
no saber nada de Jose. -Ah, sí, es cierto.
Perdona que te incomodemos con eso, pero yo tenía mucha confianza
con tu marido. A Juan lo conozco menos y no...
No es lo mismo.
Bueno, puede confiar en mi cuñado, es muy buena persona.
¿Mas qué le ha pasado a tu marido?
Eh... Bueno, es que es un poco... Es un poco complicado.
Se iba a un viaje de negocios a Cracovia
y hubo un accidente de avión. El avión se cayó
y tú creíste que había muerto, te vi en las noticias.
-Lo vimos todos.
Has sido la comidilla del pueblo, "menina".
Ya, ya me imagino.
El caso es que no apareció en la lista de pasajeros,
yo creía que me mentían, pero la verdad es
que no cogió el avión. Ya, bueno,
¿pero la policía qué dijo?
Bueno, en los vídeos que me enseñaron del aeropuerto
se ve que coge la dirección contraria
a su puerta de embarque y se va con una mujer.
¿Con una "mulher"? -¿Usted sabe quién es?
No, no sabemos nada.
Ay, bueno, venga, vamos a cambiar de tema,
que creo que Lucía necesita distraerse,
no que la estemos interrogando. Tienes toda la razón, amor.
Perdona, Lucía, no tenemos ningún derecho.
Bueno, no te preocupes, imagino que es importante
saber de Jose, es tu mejor cliente. Y tú eres nuestra invitada.
Venga, pesados. Lucía, que te enseñen el lago
y los caballos, que aquí no son todo cerdos,
esto es una finca muy bonita. Vamos, sí, a dar una vuelta
y así me presentas a tu niño, Lucía. Muy bien. ¿Por aquí?
Sí. Perdón.
Vamos por aquí.
Es maravilloso.
Pero mira, tú no tienes dientes.
No tienes. Sí tengo.
Oiga.
Perdona, no tenía tu teléfono, te estaba dejando una nota.
Perdona, no te había conocido.
¿Quieres tomar algo? No, no hace falta.
Pues espera un momento.
Mi amor, ¿vas pasando tú y te vas dentro?
Sonia... Quería decirte que...
Bueno, ayer me preguntaste de qué lado estaba.
Bueno, ayer no sé ni lo que te dije, perdí los nervios y te pido perdón.
Escucha, a mí me dejó un novio dos días antes de casarnos,
nunca he vuelto a saber de él, así que sé cómo te sientes.
Aquí tienes la clave de su ordenador.
Gracias.
Y pasa de él y piensa más en ti.
-Buenas tardes, Lucía.
Buenas. ¿Qué tal todo?
Bien. ¿Quieres pasar a tomar algo?
Luego a lo mejor.
Hasta luego.
¡Isabela!
(Timbre)
Abre, Samuel.
Lo sabía, sabía que te ibas a poner y no me ibas a avisar.
¿Cómo te has enterado? Mi marido, que es como de la CIA.
¿Has descubierto algo? Pues nada extraño,
son todos mensajes de trabajo, de proveedores, de clientes...
Mira, esto es un albarán.
Bueno, excepto este de aquí, mira. En este solamente hay un mensaje.
Ahí estaré. M.
Y es la única vez que en lugar de poner el nombre entero
pone una letra. Tía, pues entonces está claro,
M. es ella.
Bueno, M. puede ser cualquiera, ¿no? Cualquiera que empiece por M.
Marta, Mónica, Mercedes, María...
Yo soy María Isabel, así que inclúyeme
entre las sospechosas. Qué tonta eres.
Oye, ¿y si le respondo? Ah, sí, me parece muy bien.
Sí.
Vale, a ver, ¿qué le pongo? Pues... ¿Quién eres?
Hombre, no, si lo que quiero es que parezca que es Jose
que le está escribiendo. Ah, claro.
Escríbeme, quiero verte...
No, eso no tiene sentido, si es su amante, estará con él.
Es verdad.
Entonces no sé qué poner. Sé quién eres, sé quién eres.
Que piense que la hemos descubierto.
Venga. Escribe.
Sé quién eres. Dale, dale.
Es que no sé si... Dale.
Ya está.
Enviado.
(Móvil en vibración)
(Puerta)
Amor, me estoy cambiando.
Nada.
Nada. Nada.
Bueno, que no lo haya respondido no quiere decir que no lo haya leído.
Igual se lo está enseñando a Jose. Isa, de verdad...
Perdona, me ha venido la imagen a la cabeza.
Pues vaya imagen.
Me estoy poniendo enferma, no sé para qué mierda
tengo que meterme aquí ni mandar... No tenía que haber hecho nada.
No, has hecho bien, has hecho bien.
Quítate la falda.
Despacio.
Solo pensar que alguien pudiera verte así...
Nadie puede verme así, más que tú.
Ya.
No sé si voy a volver a dejarte ir por ahí.
No empieces.
Me prometiste que no me ibas a encerrar
en esta granja. Lo sé.
Pero no quiero empezar a imaginarme cosas raras.
No imagines nada.
¡Ah!
¿Jose?
¿Jose?
¡Ah!
¡Ah!
¿Qué pasa?
Ay, Manuel. ¿Qué pasa?
Tranquila. ¿Qué haces tú aquí?
Mujer, me manda mamá. Vi la puerta vierta y entré.
¿Qué pasa? Oh.
Ven aquí, ven aquí.
Sí, sí, de acuerdo.
Muy bien, muchas gracias.
¿Vienen? Sí.
Muchas gracias, hermano.
No sé dónde he dejado mi móvil, se me habrá caído abajo.
Bajo yo. No, no te preocupes.
Luego voy yo a por él.
Lo que sí te pido es que te lleves al niño,
no quiero que esté cuando tenga que contar lo que ha pasado.
Sin problema. Además, yo, cuanto más lejos de la poli, mejor,
no veas que yuyu.
Oye, ¿por qué pensabas que era Jose?
No sé, he tenido una pesadilla con él
y he soñado que veía cómo lo mataban.
Qué raro.
Oye, ¿y si no se ha ido con una mujer,
y si de repente le ha pasado algo o está metido en un lío raro?
Si es así, antes o después lo sabremos.
Ya.
Bueno, llévate al niño, que no quiero que esté aquí
cuando venga Ramón, el inspector. ¿Ramón?
Joder, qué confianza con la pasma, ¿no?
Bueno, es amable y se preocupa.
Bueno, voy a meter estos tupper en la nevera,
que mamá ha mandado comida para un regimiento.
Por cierto, me ha dicho que quieren que te vayas con ellos.
Vamos. No veas la chapa que me ha dado.
No, no, es que ni loca, vamos.
Cada vez que veo a papá, me acuerdo de por qué era tan difícil
vivir con él. Bueno, voy a por el niño.
Vale.
Gracias, hermano.
Buenos días.
Buenos días. Hemos venido lo antes posible.
¿Está bien? Sí, bueno, estaba un poco nerviosa,
pero ya estoy más tranquila. La que hay liada aquí.
-No habrá tocado nada, ¿verdad? No, no.
Es que perdí el móvil y he bajado a cogerlo.
Nos tenía que haber llamado en el momento y no bajar sola.
Ya, pero no lo he pensado, la verdad.
De hecho, creo que he exagerado llamándoles,
a lo mejor es una gamberrada, no sé. ¿Una gamberrada?
Sí. Como saben en el pueblo que estoy sola,
a lo mejor me han querido asustar. Pues es de muy mal gusto.
Pues sí.
Pero no les quiero hacer perder el tiempo,
estoy muy nerviosa y me he asustado más de la cuenta.
¿Prefiere que lo dejemos pasar? Creo que sí, que va a ser lo mejor.
Por lo menos cambie la cerradura. Sí.
Muchas gracias. Nacho, espérame en el coche.
Miente usted fatal. ¿Cómo?
Se nota que no está acostumbrada.
Mire, Lucía, creo que usted sabe quién es el que entró.
No lo sabía cuando nos llamó, pero se acaba de dar cuenta.
Y a lo mejor cree que es su marido o alguien de parte de su marido.
Pero yo no voy a preguntar nada.
Solo le voy a pedir una cosa. Si en algún momento
le apetece hablar, venga a verme.
No soy el mejor policía del mundo, pero quiero ayudarle.
Gracias.
Perdonad, ¿habéis visto por ahí a mi cuñado?
Pasado mañana estarán en Tirana. ¿Qué trae de vuelta?
Piña. Que paren aquí.
Necesitamos dos días.
Ya. Mira, Nico, creo que ahora no sería el mejor momento,
creo que habría que hacer algún transporte limpio.
Y luego, cuando se tranquilice la cosa
pues ya...
Mira, yo de eso no entiendo. Si tienes algún problema,
hablas con el señor Ferreira.
Juan.
Un momento.
Lucía, ¿qué haces aquí? ¿Podemos hablar un momento?
Sí, claro.
¿Qué pasa? Me han entrado en casa.
¿Qué? Por el garaje.
Ve con la señora, luego acabamos.
Pasa. Cierra la puerta.
¿Qué haces?
No quiero que nos vea ni que nos escuche nadie.
Hay más de 100.000.
Coño.
¿De dónde ha salido esto? Estaban en el garaje.
Y son auténticos, he llevado un billete al banco.
¿Y de quién son?
Dices que has visto entrar a alguien...
Sí, entró alguien, salió huyendo y lo dejó todo revuelto.
Imagino que estaba buscando eso.
Juan.
¿Tú sabes si ese dinero es de Jose?
¿De Jose?
No sé, no creo.
Pero si es de él, no tengo ni idea de dónde lo ha sacado.
¿Seguro?
Seguro, Lucía.
No entiendo nada, de verdad.
No entiendo nada. Digo yo que si fuera de Jose
y se hubiese ido con otra mujer, se habría llevado el dinero, ¿no?
No sé.
¡Yupi, el tobogán!
¡Yupi!
Samuel, ¿lo conoces?
-Es mi sobrino.
Son amigos del colegio.
Soy Joâo.
¿Tú eres? -Manuel, su tío.
-Yo soy la madre del "menino". -Pues un gusto, pero ya nos íbamos.
-Os llevamos a casa.
-No, no hace falta, muchas gracias. -Sí, que sé que a tu sobrino
no le conviene agitarse.
Os llevamos.
-Vale.
No le quiero dar más vueltas a esto. Si tienes que decirme algo,
me lo dices ya. Y si no tienes nada que decirme
y no hay nada que temer, llevamos el dinero a la policía,
que no quiero problemas. Escúchame.
Es mucho dinero. Es mucho dinero, pero escúchame.
No tengo ni idea de dónde sale toda esta pasta,
pero por ahora, es mejor no decir nada a nadie.
Y menos a la policía, ¿de acuerdo? ¿Y qué hacemos con el dinero?
Lo metemos en la caja fuerte y de momento se queda ahí, ¿vale?
(Mensaje) Vale.
Mi hermano, que está con Samuel y que vaya.
Me tengo que ir, Juan. ¿Lo guardas tú entonces?
Sí. ¿Pasa algo? No, que se han encontrado
con el sobrino de Joâo y dice que los lleva él a casa.
¿Están con Joâo? Sí, ¿qué pasa?
¿Tu hermano sabe lo del dinero? No, no sabe nada del dinero.
Mejor. Vamos, te acompaño.
¿Pero qué pasa, por qué no puede saber nada
mi hermano del dinero? Porque no, Lucía.
Cuanto menos gente lo sepa, mejor. Cuando se aclare todo,
ya veremos qué hacemos. Venga, vamos.
¿Samuel? Está arriba.
Enseñando sus juguetes a mi sobrino.
Tranquila, mi hermana les cuida.
Hola, Joâo.
Nos hemos encontrado en el parque. Me han contado
que te han atracado esta noche. Bueno, no me han atracado,
han entrado en casa, pero en realidad no ha sido nada.
Me alegro, pero ten cuidado, este es un mundo peligroso
y violento, sobre todo para una mujer sola
con un niño pequeño.
Estoy bien, no se preocupe. Cuenta conmigo para cualquier cosa.
Un gusto.
Acompáñame.
Joâo, ella no sabe nada, te lo aseguro,
no tiene ni idea de nuestros negocios
ni sabe dónde está Jose, de verdad. Lo sé.
Esa "mulher" es un ángel.
Abre, méteme en el coche, va.
Mira, a mí, si Jose se está tirando a otra "mulher" o una docena,
me da lo mismo, pero que haya desaparecido
al tiempo que mi cargamento, eso ya es otra cosa.
Ya, pero a lo mejor una cosa no tiene nada que ver con la otra.
A lo mejor ha sido todo una casualidad.
Ya. (RÍE)
Sí, sí. Lo malo es que yo no creo en las casualidades.
Anda, ayúdame, engancha la silla.
Voy.
Joâo, creo que lo mejor es que te olvides de Jose.
Esto ya es entre nosotros, entre tú y yo.
Mira, yo te garantizo los transportes.
Incluso creo que podríamos hacer uno más al mes,
se me ha ocurrido una ruta que no está tan controlada.
Ah, qué buenas noticias me das.
Ya solo falta que me encuentres la droga
o el dinero y te nombro mi capataz.
¿Qué dinero?
La droga ya ha sido vendida por desgraciados como el que viste.
Y a un precio menor que el mío, o sea, que el que me robó
ha ido a sacar unos 100.000.
Los quiero, los quiero.
Y la cabeza del cabrón que se ha creído
que puede tomarme el pelo.
Tú dame todo eso y yo me olvido de ese ángel
y su bebé.
-Nos vamos. -Sí, nos vamos.
Sí, cierra, cierra y sube, que vienes conmigo.
La madre que lo parió, qué mal fario me da ese tío.
A mí tampoco me gusta, pero es uno de los mejores clientes
de la empresa.
Y lo de la parálisis, ¿eh? A mí me da que se va a levantar
y nos va a dar un susto de cojones. No digas tonterías, Manuel.
Por lo visto, estuvo en la guerra de Angola
y le dieron una paliza y le partieron la espalda.
Me lo dijo una madre en el cole. Seguro que lo merecía.
No sé, no me gusta que husmee tanto por aquí.
¿Por qué no te vas a casa de papá y mamá?
No sé, piensa en el niño.
Una cosa, Manuel, esta mañana, ¿cómo puede ser que no vieras nada?
Si has llegado casi al mismo tiempo que quien estaba en el garaje.
¿Ahora también desconfías de mí?
No es eso, pero como eres tan amigo de Jose,
a lo mejor hay algo que no me estás contando.
Y tú su mujer. A ver si la que tiene algo que ocultar
eres tú, guapa.
Perdóname.
Ya no sé ni qué pensar, tengo la cabeza...
Pues a la cama, a descansar.
A lo mejor me voy unos días a casa de los papás.
No sé.
Ahí dentro está tu amigo. Ya que quieres colaborar,
habla con él. Un nombre y todo resuelto.
Fácil, ¿no?
¿Chupito?
Chupito.
Chupito.
Joder.
¡Abrid!
¿Pero qué te pasa?
¿Que qué me pasa?
Ese chico... Toni.
¿Te ha dicho algo?
Está muerto.
¿Muerto?
¿Quieres decir que le has matado? Pero hombre.
Nico, ¿estaba muerto hace un momento? -No.
-Ay, Juan, Juan, Juan. ¿Pero en qué lío nos has metido?
Si yo solo te pedí que hablases con él.
No.
Pero no te preocupes, que vamos a arreglarlo.
Bueno, si tú quieres que lo arreglemos, claro.
Escúchame, tú has venido aquí a pedirnos ayuda,
has venido con ese hombre al que la policía
ya debe estar buscando. Nico te ha visto llegar
y algunos de mis hombres también.
Así que, ¿quieres que lo arreglemos para ti, Juan?
Pues eso está hecho, hombre. Vamos dentro a tomar una copa,
que Nico tiene que trabajar.
Eh, ven, empuja mi silla, tú que eres fuerte.
Fíjate lo que es la vida.
Hace un rato, en la camioneta, me decías
que querías hacerme un favor, ¿no? Y ahora resulta
que el que va a hacer algo por ti soy yo, ¿no es curioso?
(Claxon)
(Gemidos)
Le noto distinto, se guarda cosas.
Lo conozco, Juan.
Aquí los únicos peligrosos que hay son los turcos.
Si no cumplimos con ellos, estamos jodidos, Jose.
¿Me puedes decir qué está pasando? Estarás contento, ¿no?
¿Qué dices? En menuda mierda nos has metido
a todos.
Estás metido hasta el cuello. Nos va a matar a todos, ¿no lo ves?
Y si no crees nada de lo que dice, ¿por qué no se lo has dicho?
¿Por qué has mentido tú a la policía?
Estamos a punto de acabar con esto. Estoy aquí y lo voy a solucionar.
¿Se ha creído esa historia? -¿Yo? No se la ha creído ni él.
Este desgraciado nos va a complicar la vida
y encima para nada.
Tú lo quieres todo, cuñado.
La familia, la pasta, el gin-tonic, el Cola Cao
y todo revuelto.
¡No me cuentes rollos, dame la llave!
No te enteras de una mierda, Joâo se ha cargado a Chupito.
(GRITA)
No, no.
No me fío ni un pelo. Confiemos en él.
Ya sabe que si hace alguna tontería o no vuelve,
se queda sin familia.
Ahora mismo me importa una mierda lo que te pase.
No les hagáis daño. Haré lo que queráis,
pero no les hagáis daño.
¡Lucía!
La sangre llama a la sangre.
¡A mi hijo que no se acerquen, que no toquen a mi hijo!
¡Ayuda, ayuda, por favor!
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