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SALO O LOS 120 DIAS DE SODOMA
1944-45, NORTE DE ITALIA DURANTE LA OCUPACION NAZI-FASCISTA
ANTEINFIERNO
Excelencia.
Sr. Presidente.
Monseñor.
Todo es bueno cuando es excesivo.
REGLAMENTO
Venga, chicos. Vamos allá.
¿Adónde vas?
¡Claudio! ¡La bufanda!
¡Claudio, hijo mío!
Vete.
Adiós, Enzio.
Adiós, Luigi.
Perdonad, pero nos han ordenado hacerlo.
Te mato a guantazos.
Cerdo, las manos fuera.
Pasa, guarra.
Amigos, casándonos con nuestras hijas...
uniremos para siempre nuestros destinos.
Vd., Presidente, tomará por esposa a Tatiana, la hija de Su Excelencia.
Yo me casaré con Susy, su hija, Presidente.
Y mis dos hijas, Liana y Giuliana, se casarán, respectivamente...
con Su Excelencia y con mi hermano Monseñor.
La preparación de nuestro plan se ha concluido con éxito.
Todo está listo. Podemos ponernos en marcha.
"A l'ombre des jeunes filles en fleur...
ils ne vont pas croire au malheur...
Elles écoutent la radio, elles boivent du thé...
au degré zéro de la liberté.
Elles ne savent pas que la bourgeoisie...
n'a jamais hésité même à tuer ses fils."
¡Muchachos, en fila! ¡Deprisa!
¡En fila! ¡Rápido!
¿Cómo se llama éste?
Claudio Cicchetti.
¿Cómo te llamas?
Franco.
Sabíamos que le gustaría. Lo hemos capturado con la ayuda de una chica.
El se creía que iba a una cita y terminó dentro de un saco.
¿Cómo te llamas?
Sergio.
¿No sería conveniente observarlos un poco mejor?
Desnudaos.
Vestíos.
¡Vamos, apartaos! ¡Dejad paso!
Este es Lamberto Gobbi.
Y éste de ahí es Carlo Porro.
Y éste, Umberto Chessari.
Mírenlo, por favor, señores.
No es por vanagloriarme, pero pasé tres noches al raso para pescarle.
Y vaya si lo conseguí.
Angelo Scardocchi, Walter Ciccala...
Romeo Bertelli...
Y éste se llama Ferruccio Tonna, es de Castelfranco...
de una familia de subversivos.
Bien.
Y ése, el del pelo rizado, se llama Tonino Orlando.
¿Me dirás a mí cómo se llama?
Dos años, amigos. Llevo dos años esperándole.
Excelencia, se lo ruego, ayúdeme, por favor.
Su padre era magistrado del Tribunal Supremo, como yo.
Un meridional. ¿ Verdad?
Sí.
Aún no sé si me tocará a mí desvirgarte.
En su momento, decidiremos a quien le tocará esta placentera tasca.
Ya lo ves, Tonino.
Eva, ven tú, de momento.
Vamos, rápido, y compórtate bien.
Miren, señores.
Anda, pequeña, no te preocupes. Nadie quiere hacerte daño.
Deja que estos caballeros vean lo que escondes aquí debajo.
Enséñaselo.
Muy bien.
Fíjense qué maravilla.
Un culito delicioso. Duro como se ven pocos.
Dos tetitas que harían revivir a un moribundo.
Bien, es suficiente. Que pase otra.
¡Sra. Castelli! ¡Le toca a Vd.!
¡Los señores la esperan!
Albertina.
Dios mío, ¡señora! ¡Señora!
¡Por favor, sáqueme de aquí! ¡Por favor!
Se llama Albertina. Es hija de un profesor de Bolonia.
Para sacarla del colegio donde estaba interna...
tuvimos que convencer a las hermanas.
Apuesto a que nos prefieres a las monjas, ¿no?
Aún no lo sé, señor.
Muy bien, desnúdela.
Un momento.
Nadie se había dado cuenta. Una criatura tan preciosa...
Sra. Castelli, llévesela.
Te lo advierto, pobre de ti como me hagas quedar mal.
Mira que te conozco.
Llora, porque debimos esperar a que saliese con su mamá.
Y la estúpida de su mamá, para defenderla...
fue a parar al río, en el cual se ahogó...
justo ante los ojos de este angelito.
Los muchachos eran 9, y ahora son 8.
Hablando de 8, ¿saben qué diferencia hay entre la hora...
un soldado y la familia?
No, claro. Díganoslo, estamos intrigados.
La hora es un número...
y el soldado es un número...
¿ Y la familia?
Muy bien, gracias.
-Buenos días. -Bienvenidos. Por favor.
Todo está a punto, conforme a sus deseos.
Débiles criaturas encadenadas, destinadas a nuestro placer...
espero que no os hagáis ilusiones de encontrar aquí...
la ridícula libertad concedida en el mundo exterior.
Estáis fuera de los límites de toda legalidad.
Nadie en la Tierra sabe que estáis aquí.
Por lo que respecta al mundo, vosotros ya estáis muertos.
Y éstas son las leyes que regularán aquí dentro vuestra vida.
"A las 6 en punto, toda la compañía...
deberá reunirse en la Sala de las Orgías...
donde las narradoras, por turnos...
se sentarán y contarán una serie de relatos...
sobre un tema en particular.
Los amigos pueden interrumpir en cualquier momento...
y tantas veces como les apetezca.
Las narraciones tienen como objetivo dar rienda suelta a la imaginación...
y toda lascivia será permitida.
Después de la cena, los señores pasarán a la celebración...
de lo que viene a designarse como "orgías".
El salón y las demás habitaciones tendrán la calefacción adecuada.
Todos los presentes vestirán según las circunstancias...
y se acomodarán en el suelo...
y tomando ejemplo de los animales...
cambiarán de posiciones, se entremezclarán...
promiscuamente...
y se aparearán incestuosamente, adulterinamente y sodomíticamente.
Tal será el orden cotidiano de procedimiento.
Todo hombre sorprendido..."
¡Fuera los criados! ¡Echadlos de ahí!
"Todo hombre sorprendido en flagrante delito con una mujer...
será castigado con la pérdida de un dedo.
Las más insignificantes prácticas religiosas por parte del sujeto...
serán castigadas con la muerte."
¡Venga! ¡Que entren! ¡Llevadlos adentro!
CIRCULO DE LAS MANIAS
Digamos que nací en un colegio donde mi madre trabajaba de sirvienta.
Un día, mi hermana me preguntó si conocía al profesor Gentile.
Yo le dije que no. "Pues mira afuera.
Te está buscando para enseñarte lo que ya me ha enseñado a mí.
Y, por favor, no eches a correr.
Si le dejas hacer, te dará un dinerito."
Volé al encuentro del profesor, aunque casi no me lo creía.
El me detiene y me pregunta, "¿Adónde vas?"
"A ordenar las sillas, profesor." "Ya lo hará tu hermana.
Ven conmigo, que verás una cosa que no has visto nunca."
Le sigo, entramos, y cierra la puerta.
"Bien, guapa." Y se saca un pene monstruoso de la bragueta.
"Dime", prosigue, masturbándose...
"¿Has visto alguna vez algo parecido?
Ya se lo he enseñado a tu hermana y a las otras niñas de tu edad.
Echame una mano.
Ayúdalo a expulsar la semilla de la que todos fuimos creados.
Voy a derramarla sobre tu cara.
Esta es mi pasión, pequeña mía, y no otras.
Y tú estás a punto de verlo."
En ese mismo instante, me sentí bañada por un chorro blanco...
que me empapó de la cabeza a los pies.
Un momento, Sra. Vaccari. No debe omitir el más mínimo detalle.
Sólo así podremos obtener el tipo de excitación que necesitamos...
y que esperamos nos proporcione.
Señor mío, lo sé muy bien.
Ya se me ha advertido que no omita ningún pormenor...
y que entre en el más mínimo detalle...
siempre que puedan arrojar luz sobre la personalidad humana...
o sobre un determinado género de pasión.
No creo haber olvidado nada.
Bueno, aunque sea para darle un ejemplo...
no sé nada sobre las dimensiones del pene del profesor...
ni sobre el tipo de eyaculación...
ni siquiera sé si le tocó los genitales...
o si la obligó a cogérsela con la mano.
En fin, Sra. Vaccari, un poco más de claridad.
Perdón. De ahora en adelante, seré pródiga en detalles. ¿Sigo?
Un momento.
Sólo el tiempo suficiente para darle gusto al báculo de mi vejez.
No mucho tiempo después de haber cumplido los 7 años...
un día acompañé a una de mis amigas a visitar al profesor.
Encontré a un colega suyo con él, en su habitación.
Nos hicieron entrar...
mientras uno, mirándome, le decía al otro...
"¿Qué te parece, Gofreddo? ¿No te dije que era una monada?"
"Pues sí, tienes toda la razón.
Es bonita de verdad, una verdadera joya."
Así dijo Gofreddo, sentándome sobre sus rodillas y dándome un beso.
"¿Cuántos años tienes, pequeña?" "Siete, señor profesor."
"¡Dios mío de mi vida! ¡50 años menos que yo!"...
exclamó el profesor besándome de nuevo.
El otro, mientras, estaba preparando un extraño jarabe.
Consiguieron que me lo tragara diciéndome que era para hacer pipí.
Y añadieron, cariñosamente...
"Sinceramente, niña querida, sólo queremos que orines...
y que ese acontecimiento tenga lugar conmigo a solas. Hazlo.
¡Al suelo! ¡De rodillas!
Excelencia, ordene un castigo ejemplar para este delincuente.
Aquí todos estamos a su entera disposición.
No sólo es incapaz de hacer algo, tiene la insolencia de rehuirlo.
Pues coja a otro.
Elija a uno de los nuestros, si ninguno le satisface.
No, gracias.
Los esfuerzos para satisfacerme ahora serían inmensos.
Muy al contrario de lo pequeños que habrían sido...
hace tan sólo un momento.
Vean Vds. a lo que nos conduce un deseo frustrado.
Lo único que les pido...
es que dicten un castigo ejemplar para ese hijo de puta.
Monseñor, estoy dispuesta a satisfacerle.
A mí, no tendrá que enseñarme absolutamente nada.
No, déjeme en paz.
Debería saber que hay miles de ocasiones...
en que no se desea el ano de una mujer.
Esperaré, esperaré. Que la Sra. Vaccari continúe.
Bien, la cosa estaba organizada, de modo que el profesor...
consiguió tragarse hasta la última gota de mis orines...
mientras que su pene, enajenado por aquella victoria...
vertía lágrimas de sangre sobre mí.
A continuación, el profesor pareció darse cuenta...
de que ya no sentía por su ídolo, una vez quemado todo el incienso...
las mismas ansias religiosas que le habían dominado hasta entonces.
Sin más dilación, me pone 10 liras en el bolsillo del delantal...
y me echa de su habitación.
Dios mío, ese chico no sabe masturbar.
Hay que tomar medidas urgentes.
Se diría que no ha visto nunca un miembro viril. Es escandaloso.
¡No!
Bueno, no cabe duda de que la Sra. Vaccari, en dos semanas...
las convertirá en putas de primera categoría.
No hay nada más contagioso que el mal.
Excelencia, está Vd. en un error.
Hay quien no logra comportarse mal más que cuando la pasión le empuja.
Hay gente que, por naturaleza, es infeliz y se pasa la vida...
arrepintiéndose por la mañana de lo que hizo la noche anterior.
Y llegado el día...
En que me convertí en un cerdo. Probé mis colmillos en los árboles...
y contemplé mi hocico con delirio.
Umberto, Franco, mirad bien. ¿Qué os parece?
¿Qué os parece?
Chicos. Chicos, mirad.
Rinaldo, por favor, observa. Observa bien.
Precioso.
Claudio, Bruno, vosotros también.
Mirad. Miradlo bien.
¡Efisio! ¡Efisio!
A mí.
A mí, Efisio. Venga.
Cómo le gusta.
Sobre el puente de Perati...
bandera negra...
es el luto de la división Julia...
que va a la guerra.
Es el luto de la división Julia...
que va a la guerra.
Sobre el puente de Perati...
bandera negra...
la mejor juventud...
se va bajo tierra.
La mejor juventud...
se va bajo tierra.
Giuliana, Eva...
Graziella, Doris, Renata y todas las demás, ¡levantaos!
Fuera.
Agáchate. Tú ahí.
Bien. Los señores están insatisfechos de vosotras.
Lo primero que hay que aprender es a cogerla bien con la mano.
Tú. Ven aquí.
Bueno, ¿qué?
Venga.
Arriba y abajo. Arriba y abajo. Arriba y abajo.
Aprieta más.
Y, con la otra, toca por debajo.
Guarra, mira cómo se hace.
Ahora las chicas también, en vez de ser 9, son 8.
A propósito del 8, me viene a la memoria una historieta.
Resulta que había uno que tenía un amigo que se llamaba Porocho.
Una noche que volvían a casa, se perdieron.
Entonces, nuestro hombre se pone a buscar al amigo...
y busca que te busca...
hasta que le parece ver algo que se mueve en la oscuridad.
Todo contento, creyendo haber encontrado a su amigo Porocho...
grita, "¡Porocho! ¡Porocho!"
Y una voz responde, "¡64!"
Música. Y ahora, Sra. Vaccari, otro relato.
Algo estimulante para dar comienzo a nuevas batallas.
Bien, señores. Tenía yo 9 años...
cuando mi hermana me llevó a Milán a casa de la Sra. Calzecchi.
Ella me examinó y me preguntó si quería trabajar para ella.
"Sí, señora", le respondí. "Haré lo que sea, mientras me pague".
Media hora después de haber empezado a trabajar...
se me presentó un señor corpulento que me repasó de arriba abajo.
Se llamaba Vaccari.
Nos encerramos en un cuarto y yo le enseñé mi conejito...
que yo consideraba tan precioso. Horrorizado, se tapó los ojos...
"¡Por Dios, nenita, de eso ni hablar!
No me interesa tu vagina. Para nada.
Apártala de mi vista, por favor."
Me lo tapé, mientras él me tumbaba sobre la cama, boca abajo...
y decía, "Estas putillas sólo saben que enseñarte la vagina.
Para gozar, ahora tendré que sacarme esa tremenda imagen de mi cabeza."
Dicho eso, me envolvió toda en una sábana como una momia...
y sólo me dejó al descubierto el trasero.
Lo manipuló primero con suavidad, luego me lo abrió, me lo cerró...
y lo succionó con fruición una y otra vez.
Luego, se arrodilló en una banqueta...
y, meticulosamente, colocó su miembro entre mis nalgas.
Sus movimientos cada vez se hicieron más rápidos...
hasta convertirse en convulsiones.
"He aquí el adorable culito, el dulce y pequeño ano...
Dan ganas de regarlo." Dijo repetidamente.
Y ya no he vuelto a verle nunca más.
Sra. Vaccari, ese primer cliente suyo tenía de la mujer una idea...
que la mayoría no comparte.
Cierto es que, a menudo, el homenaje rendido a este templo...
es más ardiente que el incienso quemado en el otro.
Y ésa es una discusión que propongo a toda la compañía.
¿Cuál puede ser el modo de poder establecer el verdadero sexo...
de un muchacho o de una muchacha? O sea, su parte más excitable.
Creo que el modo es masturbándolo en los varios puntos de su cuerpo.
Propongo elegir a chicos sobre los que tengamos alguna duda...
y trasladarnos al último salón para verificarlo.
Observar, cómo hacemos aquí, con pasión no inferior a la apatía...
a Guido y a la Vaccari masturbando esos cuerpos que nos pertenecen...
me lleva a un determinado tipo de interesantes reflexiones.
Tenga la bondad de comunicárnoslo, querido duque.
Los fascistas somos los únicos auténticos anárquicos.
Naturalmente, una vez nos hemos adueñado del Estado.
La única verdadera anarquía es la del poder, pero miren eso.
La gesticulación obscena es como un lenguaje de sordomudos...
con su código que nosotros, a pesar de nuestro ilimitado albedrío...
puede transgredir, no hay nada que hacer.
Nuestra elección es categórica.
Debemos subordinar nuestros goces a un gesto único.
Klossowski.
¡Viva! ¡Se ha corrido! ¡Es un hombre!
Bien. Muy bien.
Nuestro pequeño Sergio se ha hecho honor a sí mismo.
Y una mujer.
La primera pareja queda constituida.
Animo, Sergio, nos has demostrado que eres un hombre.
Ahí está tu premio.
Moveos.
Bien. En vista de que los cuatro señores de este lugar...
están dispuestos a concederos este privilegio...
celebraremos solemnemente vuestro matrimonio.
Ven aquí.
Qué muslos...
Y tú.
Vosotras, fuera, puercas. Largo.
Bien, queridos, reanudemos la ceremonia interrumpida.
¿Quieres, Sergio, tomar por esposa a Renata?
Sí, quiero.
¿Quieres, Renata, tomar por esposo a Sergio?
Sí, quiero.
Bien, siendo así, os declaro marido y mujer.
¡Fuera! ¡Fuera todos!
¡Desapareced!
Dejad solos a vuestros gurú "parantara".
Fuera.
Fuera todos. Fuera. Tú, también, fuera.
Y, ahora, adelante. ¿Sois o no recién casados?
Sois libres de desahogar vuestros sentimientos.
¡Al suelo!
¿Qué?
Vamos, haz algo, imbécil.
¡No! ¡No! ¡Eso no!
Esa flor está reservada para nosotros.
"El principio de toda grandeza sobre la Tierra...
ha estado totalmente y prolongadamente...
empapado en sangre."
Es más, amigos míos, si la memoria no me falla...
Eso, "Sin derramamiento de sangre..."
"No hay perdón sin derramamiento de sangre." Baudelaire.
Lo siento, pero el texto citado no es de Baudelaire, sino de Nietzsche.
Es un fragmento, concretamente, de su "Genealogía de la moral".
No, no se trata de Baudelaire, ni de Nietzsche...
ni de San Pablo...
"Carta a los romanos". Eso es dadaísta.
Cántame esa tonada que me gusta tanto...
y hace da-da, da-da...
Deliciosa criatura, ¿quieres mis calzoncillos sucios?
¿Mis viejos calzoncillos?
¿Sabes que es de un refinamiento incomparable?
¿ Ves que soy muy sensible al valor de las cosas?
Escucha, ángel mío.
Siento el mayor deseo del mundo en contentarte en eso...
puesto que respeto los gustos, los caprichos.
Por extravagantes que sean, los encuentro todos respetables.
Ya sea porque no podemos evitarlos...
ya sea porque el más singular y estrambótico, analizándolo bien...
siempre es hijo de un "Principe de delicatesse".
Sí, viejos idiotas, es cuestión de delicadeza.
Un día, la dueña del burdel me llevó a casa de otro libertino.
Me recibió en una sala, en cuyo suelo había una espléndida alfombra china.
Tras hacerme desnudar, me hizo ponerme a gatas como un animal.
Y, luego, acariciándome la cabeza, me dijo así...
"Quiero ver si es tan rápida y eficiente como mis perros.
¿Lista? Vamos."
Y lanzó dos castañas asadas, diciéndome, como a una perra...
"Tráemelas."
Pensé que lo mejor que podía hacer...
era, sin duda, prestarme al juego.
Así que corrí a cuatro patas tras una castaña...
Tienes dos bellos ojitos para mirar, así que mira.
Mea. Mea.
"Sucia, furcia...
puta, perra inmunda..."
gritó, acercándose más a mí y eyaculando sobre mi espalda.
Así terminó el episodio.
El desapareció, yo me levanté...
y encontré 25.000 liras en mi abrigo.
Arriba.
Cógelo, arriba.
Vamos, ven aquí. Come.
Muy bien.
Come. Arriba, arriba.
Muy bien. Muy bien.
Buena chica. Buena chica.
Eso es. Toma.
Eso es. Toma. Aquí.
Aquí. Aquí.
Comed, comed. Muy bien.
Come tú, también.
¡Come! ¡Come! ¡Come!
¡No! ¡No!
Bien, Excelencia, ¿se ha convencido?
Ver que otros no gozan es lo que me produce goce.
De que sufran humillaciones se deriva el placer de poder decirse uno...
"Bien mirado, yo soy más feliz que esa purria que se llama pueblo."
Donde los hombres sean iguales y no haya esta diferencia...
tampoco existirá nunca la felicidad.
Entonces, Vd. no socorrería ni a los humildes, ni a los infelices.
En el mundo no hay voluptuosidad...
que halague más los sentidos que el privilegio social.
Come, anda, come.
Aquí.
Come. Venga, come.
Come.
Ha llegado el momento de contarles la manía del ministro Missioli.
Me presenté en casa del ministro hacia las 10 de la mañana.
En cuanto entré, todas las puertas se cerraron tras de mí.
"¿Qué haces aquí, perra?", me dijo el ministro encolerizado.
"¿Quién te ha dado permiso para molestarme?"
Nadie me había advertido de lo que me iba a ocurrir...
así que pueden imaginarse...
cómo me asustó ese recibimiento.
"Bueno, desnúdate. Rápido".
No puedo más.
"Ramera, te despellejaré viva. Sí, vas a morir."
Llorando, me arrojé a sus pies...
pero nada le conmovió, al contrario...
me fue arrancando la ropa y rasgándomela.
Lo que más me aterrorizó fue ver cómo arrojaba los jirones al fuego.
El caso es que me quedé desnuda delante de él.
El ministro, que no me había visto antes...
contempló durante un buen rato mi culo.
Pronunció algunas blasfemias, acariciándolo...
pero no acercó a él sus labios.
Entonces, cayó en un estado de semiinconsciencia...
se derrumbó en una poltrona...
y eyaculó...
salpicando con su semen los restos carbonizados de mis vestidos.
CIRCULO DE LA MIERDA
Perdone que me permita una sugerencia.
¿No le parece, Sra. Maggi, que sería oportuno...
antes de iniciar sus relatos...
que nos mostrase lo más apetecible de su cuerpo?
Claro, y con el mayor placer.
Ya les decía, amigos míos, que un culo tan extraordinario...
merecía ser visto.
Puedo garantizar que hay pocos mejores.
Gracias, señores. Son Vds. muy amables.
Nos declaramos satisfechos. Sra. Maggi, puede empezar.
En vista de que los señores han apreciado tanto...
la que también yo considero la mejor parte de mí misma...
trataré de ajustarme en mi narración todo lo posible a ese tema.
Estoy segura de que mi relato no disgustará al Presidente.
Espero que me permita entretenerles con los detalles de una pasión...
que a él le entusiasma...
y que me proporcionó el honor de conocerle.
¿No contará todas mis abyecciones ante estas inocentes chiquillas?
Basta.
Ardo en ansias de escuchar el relato de la Sra. Maggi.
Dejaré a un lado los años de mi infancia.
Años dedicados a darle a mi cuerpo...
la capacidad de satisfacer los deseos más torpes y extravagantes.
Pronto me vi hecha una experta en ese dificilísimo arte...
y mi fama se extendió por toda Italia.
Muchos eminentes personajes fueron clientes míos...
y a todos les di lo mejor de mí misma.
Quisiera empezar narrando un episodio curioso de mi vida.
La Sra. Evola, la madame para la que trabajaba...
me mandó a casa de un cliente después de atiborrarme de comida...
con la que había mezclado un poderoso purgante.
Llegué a casa del cliente, un viejo general...
que quería ser desnudado y envuelto como un recién nacido.
Habituada a estas extravagancias, lo tumbé en la cama...
y atendí sus antojos.
De pronto, sentí unos terribles retortijones.
El hombre se alegró y me obligó a evacuar ante sus ojos...
cosa que hice sin apuro.
Entonces, balbuceando como un niño de teta...
me obligó a recoger parte de mis excrementos con los dedos...
y a suministrárselos como si fuese papilla.
Todo se desarrolló con normalidad.
Mi buen hombre, tragándoselo todo...
simuló el lloriqueo de un bebé y eyaculó en sus pañales.
Yo ya conocí a uno capaz de más refinamiento que esto.
Pretendemos de Vd. que nos cuente lo mejor de lo mejor.
Claro, tengo en el buche algo mejor.
Lo que voy a narrarles sucedió en Verona.
El mozo que había venido a buscarme me había dicho...
que el cliente que me esperaba en el hotel era un anciano noble...
conocido en toda la comarca por su depravación.
Mi interés, como comprenderán, era enorme...
pero mi madre, aquella noche, estaba más insoportable que nunca.
Me suplicaba llorando que no fuese, que cambiase de vida y...
¿ Y?
No pude resistir la tentación y la maté.
Era lo único que podía hacerse.
Lo que la aguardaba en ese hotel era más fuerte que cualquier otra cosa.
Merecía, por tanto, algún sacrificio.
Es una locura suponer que se deba algo a la propia madre.
¿Hay que estarle agradecidos porque disfrutó mientras alguien la poseía?
Esa ya es suficiente recompensa.
Recuerdo que, hace muchos años, también yo tenía una madre...
que despertaba en mí los mismos sentimientos...
que Vd. experimentaba por la suya.
Cuando tuve oportunidad de hacerlo, la mandé al otro mundo.
Nunca nada en mi vida me produjo un placer tan sutil...
como el que sentí cuando cerró los ojos por última vez.
¿Qué pasa?
¿Por qué llora esa niña?
Yo le diré el porqué.
Lo que han contado le ha recordado a su madre.
Deben de recordar que murió en su intento de protegerla.
Maravilloso.
¿Es por mamá por quien lloras?
Ven que te consuele.
Ven. Ven conmigo, pobrecita mía.
Vuelve, pequeña mía, vuelve con tu papá...
que otra nana te cantará.
Madre mía, pequeña, menuda ocasión me brindas.
Lo que ha contado la Sra. Maggi merece ser puesto en práctica, ¿no?
Señor...
Le suplico que respete mi dolor.
Estoy afligida por el destino de mi madre.
Compréndalo, murió por mí. Y no la veré nunca más.
¡Desnudadla inmediatamente!
¡No! ¡No! ¡Matadme!
¡Por lo menos, Dios se apiadará de mí!
¡Matadme antes que hacerme perder la dignidad!
Maldito sean mis ojos, si esta perra...
no es lo más excitante que he visto en mi vida.
¡Matadme!
¡Así me liberaré del tormento de ver y oír tantos horrores!
Todos Vds. la han oído, la pequeña ha invocado a Dios.
Excelencia, apúntela en sus castigos.
Merece uno terrible.
Sí, pronto, pero el más terrible, así podré reunirme con mi madre.
No tengas prisa. Sabemos qué debemos hacer contigo.
Serás castigada y desvirgada cuando llegue el momento.
Pero no te creas que te escaparás ahora.
No te creas que frenarás mis ansias desesperándote, al contrario.
Adelante, pequeña.
Deprisa.
¡Pero de rodillas!
Ve.
Animo.
Adelante, come.
Toma una cucharilla.
¡Come!
¡Cómetela!
¡Come! ¡Come!
¡Come!
Sigue comiendo.
Es intolerable que esa tonta se comporte así...
ante un manjar tan delicado.
Un amigo mío de Ferrara exigía que los excrementos que yo le servía...
fuesen de alguna vieja bruja para que fuesen más sabrosos y pestilentes.
Le procuré una venerable dama de 70 años...
llena de tumores y úlceras y la hice defecar delante de él.
Decía "Excelente!".
Yo, con el tiempo, descubrí cómo podía hacer...
aún más apetitosa.
¿Cómo?
Muy sencillo. Basta causarle al sujeto una leve indigestión.
Así, no es preciso obligarle a comer cosas que no le gustan...
porque, a menudo, los platos podridos producen diarreas excelentes.
Es suficiente forzarle a comer deprisa y a deshora...
cuando la digestión está ya en marcha.
Debemos probar eso lo antes posible.
Querido Presidente, me muero de ganas...
de saber cómo conoció Vd. a la Sra. Maggi.
Espere, quiero que sea ella quien lo cuente.
Después del matrimonio de Su Excelencia con Sergio...
querrán divertirse a costa mía y no les privaré de ese placer.
Bien, el tema expuesto por la narradora...
exige, a mi entender, una adecuación de nuestras leyes.
Si queremos sacar el máximo fruto...
de nuestra estancia entre estas paredes...
será oportuno revisar parte de nuestro reglamento.
Poner en el excusado...
un gran barreño para recoger las heces de los huéspedes.
Alguno de nosotros ha dicho que no debe desperdiciarse nada.
Sigamos el ejemplo y los consejos de la Sra. Maggi...
y demos a nuestro querido Presidente...
la alegría de ver realizado su sueño.
Buenos días, Sra. Castelli.
Buenos días, Presidente. Pronto estarán preparadas.
Siga, sólo quería comprobar...
¡Venga, los orinales! ¡Rápido!
¡Rápido!
¿Sabes cuáles son las reglas?
Sí, pero...
¿Cómo te llamas?
Por favor, con las porquerías que nos han hecho comer estos días...
¿Cómo te llamas?
Se llama Doris. Y siempre ha sido una de las más indisciplinadas.
Bien, eso significa que hará compañía...
a los que ya han sido inscritos en esta lista.
¿De quién es?
Mío, apenas comí.
¿Así obedeces nuestro reglamento, pequeño impertinente?
Muy bien.
Rino, ten la gentileza de mostrarme su trasero.
Y, encima, has tenido la desvergüenza de limpiarte.
Tendrás tu merecido.
Presidente, estamos listos. Perdone.
Al prepararle, no he podido vigilar como era mi deber a estos granujas.
Los señores saben que, para nosotros, sus disposiciones son ley.
Y que todo deseo suyo es una orden que cumplimos orgullosas.
He alimentado a las criaturas que consideraba más idóneas...
del modo que me había sido indicado...
para que diesen para este solemne banquete nupcial...
el más apetitoso de los manjares.
Ninguna jovencita ha satisfecho sus necesidades en privado...
como impone su ley.
Todo para obsequiarles con esto. Empecemos, pues, el rito.
"Notre athéisme réintroduit le caractère divin de la monstruosité...
à travers des ordres réitérés, c'est-à-dire des rites."
Os daréis cuenta de que no existe manjar más embriagador...
y de que vuestros sentidos conseguirán nuevo vigor...
para las fatigas que os aguardan.
Come. Come, querida esposa.
Debes cobrar fuerzas. Come.
Debes cobrar fuerzas para la noche de amor que nos espera.
No hay nada peor que un aliento falto de algún olor.
Eva.
-Eva, no puedo. -Hazlo por Nuestra Señora.
Carlo, pon los dedos así.
¿Eres capaz de decir "No puedo comer el arroz" con los dedos así?
No puedo comer el arroz.
Pues come la mierda.
Los hechos que voy a contarles se refieren a Cupido en persona...
que eludirá, como ya han comprendido, a nuestro ilustre Presidente.
Cuando le hube satisfecho, me quedé impresionada...
al descubrir gustos tan refinados en una persona, entonces, tan joven.
Sabores...
que quedarán bien claros en el transcurso de mi narración.
Bien, amigos, una vez liberada de mi madre...
la vida se me mostró...
en la plenitud de sus delicias.
La mujer para la que trabajaba, un día, me presentó...
al libertino del que les hablaba antes...
cuyas manías les parecerán más bien insólitas.
La escena se desarrolló en su casita de Rovigo.
Fui introducida en una habitación bastante oscura...
donde había un hombre tendido sobre la cama...
y un ataúd en el centro de la estancia.
"Puede ver ante Vd.", me dijo el libertino...
"a un hombre que yace en su lecho de muerte.
Un hombre que no querría cerrar los ojos...
sin rendir un último homenaje al objeto...
de su adoración." "Yo adoro el culo.
Y aunque estoy a punto de morir...
quiero irme de este mundo besando uno.
Cuando la vida haya abandonado este cuerpo mío...
Vd. misma me meterá en el ataúd...
me cubrirá con el sudario y cerrará la tapa.
Es mi voluntad ser escrupulosamente servido...
en este supremo instante...
con el único objeto de mis lúbricos deseos.
Venga, venga"...
continuó con su voz rota y sollozante...
"Dese prisa, porque estoy en el umbral de la muerte."
Me acerqué a él, me volví y le exhibí las nalgas.
"¡Culo maravilloso!", exclamó.
"Ahora podré llevarme a la tumba la visión...
de un trasero bello como éste."
Y lo magreó...
lo abrió...
jugueteó con él y lo besó...
con la impetuosidad del hombre más sano del mundo.
Después, me obligó a liberarme...
de lo que contenían mis intestinos.
Lo hice sin el menor apuro.
"Ahora, tengo que morirme", gemía, revolviéndose en el lecho.
"El momento supremo ha llegado."
Dicho esto, lanzó un profundo suspiro.
Se quedó...
Se quedó rígido e interpretó su papel con tanta habilidad...
Venga.
Ven. Encima de mí.
Vamos, mea.
Recé una oración para el difunto...
Anda, venga.
No puedo. No me sale.
Mea.
"¡Huye, ramera! ¡Escapa, que si te cojo, te enteras!"
Ya está. He terminado.
Esa nube de disgusto que viene a oscurecer su mente...
en el momento en que la ilusión se desvaneció.
El límite del amor es el de tener siempre necesidad un cómplice.
Ese amigo suyo sabía que el refinamiento del libertinaje...
es el de ser, a la vez, verdugo y víctima.
Mi hermana conocía a un señor...
funcionario de Aduanas, bajo, regordete...
y con una cara tremendamente desagradable.
El ponía un orinal debajo de ellos, se sentaban espalda contra espalda...
y evacuaban a la vez.
Agarraba el orinal, hundía los dedos en los excrementos...
los mezclaba y los engullía.
Según mi hermana, le bastaba con eso y con verle el culo sucio...
para eyacular.
Dígame, ¿su hermana tenía un culo bonito?
Puede juzgar por el simple hecho...
de que un pintor famoso...
encargado de pintar una Venus con un magnífico trasero...
le rogó que le hiciera de modelo tras consultar...
a todas las madames de Italia...
que no encontraron ninguno igual al suyo.
Y, díganos, ¿qué edad tenía?
15 años, duque.
Nos ha picado la curiosidad.
¿Por qué no organiza un concurso de los culos de los chicos?
Eso pienso hacer, señores. Son especialista en eso.
Excelencia, ¿no le sugiere nada esta particular situación?
¿O sea?
¡Sra. Maggi! ¿Está lista?
¡Un momento! ¡Un momento sólo!
El acto sodomítico es el más absoluto...
por lo que contiene de mortal para la especie humana...
y el más ambiguo porque acepta las normas sociales y las infringe.
Hay algo más monstruoso que el acto del sodomita.
El acto del verdugo.
Es verdad, pero el acto del sodomita puede repetirse mil veces.
Se puede encontrar también el modo de reiterar el acto del verdugo.
Bien, señores. Todo listo.
Apaguen las luces.
Es mi obra maestra.
Un momento.
¿Qué?
Antes de seguir, debo hacerles una propuesta.
Diga.
Aún no hemos establecido qué premio se le concede a aquel o aquella...
cuyo trasero sea considerado el mejor.
Pues bien, he aquí mi propuesta.
Aquel o aquella cuyo trasero sea considerado el mejor...
que se le dé muerte en el acto.
De acuerdo.
Así, sin saber a quiénes pertenecen, seguro que seremos imparciales.
Justa observación.
"Mercie, Excelence."
El saber que un culo es de chico y no de chica...
podría influir tendenciosamente en nuestra decisión.
En cambio, debemos ser completamente libres de elegir.
Exacto.
Es una astuta trampa en la que no querría caer.
Si se tiene una clara preferencia por los hombres...
es difícil concebir un cambio.
Las diferencias entre un chico y una chica son enormes...
y no se puede ir en busca de lo que es patentemente inferior.
Bueno, en cuanto eso...
Por hora, a juzgar por las narraciones oídas...
se puede concluir que, a menudo, una chica es preferible a un chico.
Tratemos de ser objetivos. Un momento.
Señores, adviertan la belleza de esta ranura...
la elasticidad de los tejidos de este culo.
Supongo que no habrá dudas al respecto.
Un momento, duque, no es por contradecirle...
pero me gustaría volver a examinar un culo que me ha impresionado.
Alumbra aquí.
No tenemos ningún inconveniente en contentarle.
No creo que la pesadez de esos lomos pueda compararse...
con la gracia que les he hecho notar antes.
Para mí, es el culo más bello de la finca.
Bueno, es una opinión personal, me remito a la de la mayoría.
Yo voto por el candidato del duque.
Por lo que a mí respecta, doy mi voto al candidato del duque.
Querido Presidente, como ve, el resultado es de 3 votos a 1.
Me someto a la mayoría...
pero rogaría que me sea concedido mi candidato...
cuando llegue el momento de mandarlo al otro mundo.
Que así sea. ¡Luz!
Desvelemos el misterio.
El pequeño Franco.
¡Dispara!
Imbécil. ¿Cómo puedes pensar que íbamos a matarte?
¿No sabes que quisiéramos matarte miles de veces...
hasta los límites de la eternidad, si es que tuviera límites?
Quisiera hablarles de un cliente mío misterioso...
cuya especial manía tiene puntos en común...
con las que serán objeto de los relatos de la Sra. Castelli...
por lo que pido disculpas.
El hombre en cuestión...
deseaba sólo mujeres condenadas a la pena capital.
Cuanto más cerca estaban de su muerte...
mejor les pagaba.
Pretendía visitarlas sólo tras serles notificada la sentencia.
Por su óptima posición social...
que le permitía pagar el precio que fuera...
conseguía no dejarse perder ni una.
El caso es que no se acostaba con ellas.
Lo único que quería era que le mostrasen sus nalgas...
y que defecasen en presencia de él.
Sostenía que, en efecto...
es imposible que pudiera haber heces mejores...
que las de una mujer...
que acaba de escuchar su sentencia de muerte.
CIRCULO DE LA SANGRE
¡Obispo! ¡Estamos preparados!
¡Queremos una boda de campanillas! ¡Empecemos por el Presidente!
¡Es el que está más en celo de todos!
¡Es verdad, no lo niego!
Hijos de puta.
¿Qué es este funeral?
Estos parásitos no hacen nada para la fiesta del día de hoy.
Gritad de alegría, haced lo que queráis...
¡pero reíd!
¡Vamos, imbéciles! ¡Demostradnos que sois felices!
¡Vamos! ¡Reíros!
Y tú, ¿por qué no gritas de alegría? ¿Por qué no aplaudes o cantas?
¿Por qué no te ríes a carcajadas? ¡No te ríes!
Vosotras dos. Vosotras dos, ¿qué hacéis?
Excelencia, tome nota.
De acuerdo. Queridas señoritas, ya que os gusta tanto lloriquear...
os haremos lloriquear durante el resto de vuestros días.
De vuestros pocos días.
"Femme, femme"
"Alors, Monsieur Royal, vous aurriez dû payer les loyers"
"Mais bien sûr, Monsieur Jujus".
"Avez-vous pensé qu'il fallait aussi payer mon loyer?"
"Pourquoi donc M. Jujus?"
"Parce que 2 et 2 font 4 et que je n'ai plus d'argent."
"Il faut en gagner M. Jujus."
"Et comment fait-on pour gagner de l'argent?"
-"En travaillant de vos mains." -"Mais je ne sais pas".
"Alors, il fait jouer la comédie."
-"C'est difficile." -"Bien, alors...
vous n'avez qu'à écrire...
n'importe quoi alors."
¿Qué haces? ¿Lloras de verdad?
Deja que cumpla con mi deber y estaré contigo.
No tiene más que pedir. El amigo y yo estamos siempre a punto.
Señor, escuche.
Habla, querido.
¿Qué me harán?
Lo acordaremos mañana. Acordaremos muchas cosas mañana.
Yo sé algo que nadie de ustedes sabe. Aquí se traiciona el reglamento.
Graziella tiene una fotografia bajo su almohada.
Dame la fotografia.
Dámela.
No.
Dame la fotografia.
Si no me hace nada, le mostraré...
lo que hacen Eva y Antinisca todas las noches...
desobedeciendo sus leyes.
¿Conque ésas tenemos, hijas de puta?
Por favor, si me mata, no podré decirle lo que sé.
Habla, puta.
Ezio se reúne por las noches con la criada negra en su habitación.
Si quiere, puedo llevarle allí.
Ahí los tiene.
Susy, Giulianna, Liana, Tatiana...
Sergio, Lamberto...
Claudio, Carlo, Franco, Tonino...
Antinisca, Doris, Fatima, Renata...
Giuliana...
Los que han sido nombrados, serán distinguidos con una cinta.
Pueden imaginarse lo que les espera.
Los demás, a condición de que sigan colaborando...
podrán venir con nosotros a Salò.
¿Qué les hemos hecho? ¿Qué quieren hacernos?
Lo veréis pronto. Comprenderéis la gravedad de vuestras culpas.
Para empezar la narración, he elegido un protagonista...
que ya ha aparecido otras veces en las narraciones precedentes.
Es un hombre de, aproximadamente, 40 años...
de gran estatura y provisto de un miembro enorme, de semental.
Es, además, un señor extraordinariamente rico.
Muy poderoso, muy severo, muy cruel.
Tiene un corazón de piedra.
Tiene una casa en las afueras de Milán...
que sólo utiliza para satisfacer sus placeres.
Para cada festín, quiere, por lo menos...
15 muchachas, de los 15 a los 17 años.
Las escogidas, primeramente...
deben mostrarse desnudas ante el libertino.
El las toca, las palpa, las acaricia...
las examina atentamente y hace que alguna defeque en su boca.
No se lo traga.
Una vez terminada esta operación inicial con terrible seriedad...
las marca una por una en el hombro...
imprimiendo un número sobre la tierna carne.
Después de estos preliminares, abre la ventana...
coloca a la muchacha en medio de la habitación...
de pie y de cara a la ventana.
Luego le da un puntapié fuerte en el trasero...
y la pobrecilla cruza la habitación...
sobrepasa los postigos abiertos...
y se precipita en el sótano.
"et clic..." o bien: Sie konnen verstehen
Nuestro hombre, evidentemente, conocía...
no sólo a Nietzsche, sino también a Huysmans.
Un verdugo vestido con máscara y los emblemas del demonio...
opera, con seriedad, con aquellos horribles aparatos.
Cuando todas las muchachas están reunidas, nuestro hombre...
extraordinariamente excitado...
por haber tenido 30 contactos sin haber eyaculado...
está desnudo con el pene tieso, como pegado al vientre.
Todo está a punto. Los mecanismos son accionados.
Las torturas empiezan al mismo tiempo...
provocando un terrible estruendo.
La primera es una rueda enorme de la que asoman afiladas cuchillas...
y a la que es atada una muchacha para ser descuartizada viva.
A otra le cosen un ratón vivo dentro de la vagina.
La muchacha, yace sobre una plancha de hierro candente...
que, lentamente, la va asando viva.
¡Dios! ¡Dios! ¿Por qué nos has abandonado?
"lhr wohl weisst, es genügt nicht...
denselben Menschen immer wieder zu töten.
Es ist dagegen zu empfehlen...
so viele Wesen wie möglich umzubringen."
Umberto, ven aquí.
Buen chico.
Estabas a punto.
Umberto, ven aquí.
¿Sabes qué hace un bolchevique cuando se zambulle en el Mar Rojo?
No lo sé.
¿No sabes qué hace un bolchevique cuando se zambulle en el Mar Rojo?
No, ¿qué?
Hace, ¡plof!
-¿Sabes bailar? -No.
-Venga, probamos. -Bueno, probemos.
-¿Cómo se llama tu chica? -Marguerita.
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