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EL CONTINENTE PERDIDO
"El hombre nacido de la mujer...
tiene una vida corta...
y llena de sufrimiento.
Crece y es cortado como una flor.
Huye como una sombra y nunca se queda quieto.
En medio de la vida, encontramos la muerte.
Sólo Vos nos auxiliaréis,
que estáis disgustado por nuestros pecados.
Señor Misericordioso,
Señor Todopoderoso,
Señor, Nuestro Salvador,
no nos entreguéis al dolor de la muerte eterna.
Vos que conocéis los secretos del corazón,
escuchad nuestras oraciones,
perdonadnos, Señor Misericordioso,
Señor Todopoderoso, Nuestro Salvador,
Señor Juez Eterno,
no nos hagáis sufrir en nuestra última hora.
Puesto que vuestro Señor Misericordioso...
ha querido llevarse el alma de este niño que acaba de partir,
lanzamos su cuerpo a las profundidades.
Que así se corrompa, en busca de la resurrección del cuerpo,
cuando el mar entregue sus muertos,
y llegue a la vida eterna por Nuestro Señor Jesucristo."
¿Qué nos ha pasado?
¿Cómo hemos llegado hasta aquí?
¡Cor¡ta!
¡Alto!
¡Alto!
¡Cor¡ta!
¡Alto! ¡Control de aduanas!
No quiero oírte.
¡Alto!
Disculpe, señor.
Nos ordenan el alto.
Yo no veo nada.
- Son de aduanas. - Ya lo sé, Sr. Hemmings.
Pronto sabrá que estoy en todo.
A toda máquina.
¡Si no hemos salido del puerto!
¡Ordene a toda máquina!
¡A toda máquina!
El capitán tiene prisa.
Cree que ha vuelto a la Marina.
Que el Señor nos proteja en este viaje.
Sí.
Necesitaremos ayuda de alguna parte.
No se detendrá.
Ya le pillarán al otro lado.
Me alegro de no estar a bordo con esa carga.
¡Regresemos!
Dan media vuelta.
Salgamos del puerto y rumbo 2, 4, 7.
2, 4, 7, señor.
Vuelva a su trabajo, Sr. Hemmings.
Papá, ¿puedo ir al camarote?
- ¿Por qué? - No me encuentro bien.
De acuerdo, hija.
Toma dos aspirinas y descansa.
Les diré que te guarden la cena.
Buenas noches. ¿Se ha instalado bien?
- Sí, gracias. - ¿Quiere una copa?
Sí.
Bienvenida a bordo, señorita...
Peters.
Harry Tyler, a su servicio.
Del bugui...
a Bach.
- ¿Qué le apetece? - ¿Me invita a un cóctel de champán?
No me refería a eso,
pero sí,
con mucho gusto.
Me encanta su cartera.
Es bonita, ¿verdad?
El único problema es que encoge.
Srta. Peters, soy el Dr. Webster.
- Encantada. - Es un placer conocerla.
- ¿También va a Caracas? - Si no me he equivocado de barco.
- Todos lo hemos hecho. - Hable por usted.
Mi hija y yo lo escogimos a propósito.
Estamos cansados de los cruceros de lujo.
¿A que usted también lo está?
No exactamente.
No me importaría un poco de lujo ahora mismo.
Está acostumbrada al lujo,
y puede permitírselo.
Antes era famosa en mi país.
¿Por eso no nos conocemos?
Tendrá buenos motivos para estar aquí.
Sí, los tengo.
¿Esa chica era su hija?
Unity es una chica delicada. El movimiento del barco la marea.
Tiene que acostumbrarse al mar.
Gatita diabólica.
¡Es tarde, debo irme!
- Aún no, Johnny. - Debo irme.
No me mires así.
Regresaré.
Más te vale.
¿Dónde estaba?
Un pasajero quería enviar un mensaje.
Pues que vengan aquí.
Ese aparato no ha parado, ocúpese.
Estas cartas son muy viejas.
El fondo del Atlántico no ha cambiado en 10.000 años.
Trace la ruta hacia Caracas,
y evite las rutas habituales.
Tensad bien esto.
Y esto.
Esto no está bien apuntalado.
Ve a por un martillo y clavos.
¿Qué es todo esto?
Esto no estaba aquí cuando llegamos a Freetown.
¿Qué es esto?
¿Phos B?
¿Qué pasa?
¡Cuidado!
Manejadlo con cuidado.
Capitán Lansen.
¿Qué es?
No importa lo que sea. Manejadlo con cuidado.
- ¿No serán explosivos? - Eso no importa.
Debe conservarse seco.
Ni húmedo, ni empapado; seco.
Explosivos.
Es ilegal llevar explosivos en una carraca.
Disculpe.
EL HURACÁN WENDY AVANZA AL NORDESTE
¿Vamos a regresar mientras aún estamos a tiempo?
¿Está asustado?
A todos los marineros les asusta el mar.
Forma parte del trabajo.
¿Y los pasajeros?
Ah, lo que le preocupa son los pasajeros.
Les preguntaremos.
Adelante.
No le entiendo.
¿Quiere que pregunte a los pasajeros?
Eso es.
Pregúnteles si quieren regresar.
Acataré su decisión.
No era un boletín meteorológico habitual.
Era un aviso de huracán,
con todos los detalles.
Saben perfectamente la fuerza del viento...
y la dirección que toma, así como la velocidad.
No hay margen de error.
No habrán estado en alta mar...
con un viento de 160 km por hora, es aterrador.
Y peligroso.
En un buque estable,
no representa ningún problema.
Pero este no lo es.
No nos lo dijo cuando nos aceptó.
¿Habrían cambiado las cosas?
Prosiga, Sr. Hemmings.
Como ha dicho el capitán, el Corita no es un barco de primera.
Podemos ir por una ruta alternativa.
¿Por qué no regresamos?
Ahora que tienen la información, déjeles decidir.
¿Dr. Webster?
¿Tyler?
Por mí no será, capitán.
Me quedo en el Corita.
¿Srta. Webster?
Yo hablo por mi hija.
- ¿Ricaldi? - Primero, pregunte a la señora.
No es necesario.
No puede cambiar la ruta.
No tiene otra opción.
¿Verdad?
Mi decisión es la misma que la suya.
¿Satisfecho, Sr. Hemmings?
- No me habré explicado bien. - Perfectamente.
Ya ha recibido la respuesta.
Seguimos.
Un hombre,
un voto.
¿No se alegra de vivir en democracia?
¡Patrick!
Sírveme otra copa,
y una bien llena...
para nuestro primer oficial frustrado.
¿No me han entendido?
Están locos.
¡Todos!
¡Locos de atar!
Sr. Hemmings.
- ¿Qué sucede? - ¿Podemos hablar un momento?
- ¿Qué queréis? - Sabemos que llevamos explosivos.
- ¿Quién os lo ha dicho? - El capitán.
No con estas palabras.
Nos ha dicho que vigiláramos con los bidones del almacén.
- No lo ha negado al preguntárselo. - ¿Qué pasa si los llevamos?
Es ilegal.
- Y dice que no se pueden mojar. - ¿Y qué?
¿En esta bañera? ¿Y si hay mal tiempo?
Veré qué puedo hacer. Hablaré con el capitán.
Tampoco lo sabía.
¿Qué pasa en este maldito barco?
Adelante.
¿Una copa?
No, gracias.
La tormenta nos alcanzará mañana por la noche.
Deberemos manejar esta chatarra con gran habilidad.
Tendría que saber algo más.
- ¿Sabe qué carga llevamos? - He visto los documentos.
Maquinaria, productos químicos, siliconas, fosfatos...
No son fosfatos. Es fósforo B.
Es esto.
Se usa como arma antipersonal.
Es inofensiva si está seca.
Pero...
si lo toca una gota de agua...
Llevamos diez toneladas a bordo, y estamos rodeados de agua.
Estamos atrapados.
Y no podemos tirarlo por la borda.
Por eso tenía tantas prisas.
Carga ilegal.
Al contramaestre y a los hombres se les revuelven las tripas.
Es por el viento.
¿Lo saben los pasajeros?
Como el agua,
el fósforo B y los pasajeros no se mezclan.
La tripulación se lo dirá.
¿Y qué diferencia habrá?
Han pagado el doble para ir en esta carraca,
pudiendo ir en un crucero.
Seguro que tienen buenos motivos.
¿Y los suyos?
Es mi último viaje.
En Caracas, venderé la carga, el Corita, y me retiraré.
¿Puedo tomarme esa copa?
Sírvase.
No grite.
¿Me lo da?
¿Esperaba que me fuera sin nada?
Vamos, Srta. Peters...
Claro que merece una recompensa por sus años de lealtad.
Eso él lo comprende,
pero ¿dos millones de dólares en valores, acciones y bonos?
No es nada personal, no me fijo en las personas,
te implicas demasiado.
Pues, ¿por qué?
Me pagará un 10% si se lo devuelvo.
Le pagaré un 20.
No cree en mi lealtad.
Su lealtad depende de eso.
Claro.
Pero entonces,
habría otro hombre...
que me buscaría a mí,
como yo la busco a usted.
Y tal vez su lealtad no estuviera en venta.
Entonces el dinero no significaría nada.
Lo siento.
Podría haber una bonificación.
¿Una bonificación?
¿De qué tipo?
Suena muy interesante.
Ya hablaremos más tarde.
Mientras,
guárdelos en un lugar seguro.
No me gustaría perderlos o que los robaran.
No está rota.
Un paño húmedo la aliviará.
¿Dónde has estado?
¿Me buscabas?
Seguro que estabas con un hombre.
Eres como tu madre.
Otra vez, no.
Pero ¿no es cierto?
No eres más que una...
¡No te atrevas a decirlo!
No puedes acusarme,
has ido con enfermeras, secretarias y pacientes.
¿Cómo te atreves a hablarme así?
Recuerda, papá,
que debiste huir de ese agujero africano.
Nos persiguió la policía,
te prohibieron el ejercicio de la profesión,
y convertiste a mamá en lo que fue.
Mamá estaba bien hasta que tú...
No es cierto.
Y lo sabes.
Tuve mala suerte en una operación.
Sólo fue mala suerte.
¡Mala suerte!
Haciste una operación ilegal, y no era la primera.
Harías cualquier cosa por dinero.
No deberías hablarme así.
Soy tu padre.
Recuérdalo.
No tardarás en tener tu dinero,
y harás lo que desees.
Pero hasta entonces, harás lo que yo diga.
- ¿Entendido? - Perfectamente.
Pero entonces mandaré yo,
y harás lo que yo diga, ¿entendido?
¿Qué sucede?
Un fallo en el generador, estamos en ello.
Bien, tenme informado.
Localice las naves cercanas.
Sí, señor.
¡Hemmings!
Sí, señor.
Que tensen la cadena del ancla.
Tendremos mal tiempo.
¡Ahí abajo!
¡Tensad la cadena del ancla!
Ya habéis oído, ¡moveos!
Ya está.
¡Se ha salido!
Voy abajo.
¡Detén el cabestrante! ¿Qué pasa?
Ha destrozado la chapa y entra agua.
¡Poned en marcha la bomba!
¿Y los explosivos?
¡Maldita sea!
Si esos bidones tienen un agujero, estamos perdidos.
El generador no aguantará.
No tiene fuerza ni para la luz.
Hacemos lo que podemos.
¡Que el cielo nos proteja!
¡La bomba está en marcha!
¡Pon la bomba de emergencia!
Que siga así.
¿Café?
¿Solo o con leche?
Disculpen el fallo del generador. Lo estamos arreglando.
¿Quién hacía tanto ruido?
Un tambor estaba flojo y ha caído al agua.
¡El generador ha estallado!
- Veré qué puedo hacer. - ¡El ancla ha agujereado!
Fuera.
¿Café?
¿Quiere sembrar el pánico? Haga funcionar la bomba.
Cuando haya menos agua, veremos los daños.
- ¿Cómo va todo? - Las bombas no funcionan.
Estamos perdidos.
Volaremos.
No estamos tan lejos de Freetown.
- ¿Quieres decir que? - ¿Por qué no?
No nos dijo la verdad.
No.
- Pero si... - ¡Escúcheme!
¿Qué opciones tenemos?
No puede acusarle de deserción.
Nos ha engañado.
No podrá defenderse.
Aunque los generadores funcionen, con mal tiempo...
Nos hundiremos.
Tenéis razón.
Tenemos una alerta de huracán.
Al dejar el puerto, la ha roto.
¿A qué estamos esperando?
¡Esperad un momento! No actuemos sin pensar.
Será un acto organizado.
El primer oficial está al mando.
Será todo legal y claro.
- Tiene razón. - ¿Qué le parece?
Sí, tenéis razón, adelante.
¿Hay alguna nave cercana?
No, ninguna.
Nos hemos quedado sin baterías.
¿Qué diablos pasa aquí?
- Libramos una batalla perdida. - Sí.
Aunque consigamos energía, con la chapa rota y el huracán,
no hay salida.
El contramaestre y yo,
y todos nosotros,
hemos decidido abandonar el barco...
antes de que la carga nos haga saltar por los aires.
¡No tenemos otra opción!
¿Y bien?
¿Qué opina?
Aún es más estúpido de lo que creía.
Antes de que pierda los nervios, que arreglen las bombas,
si no quiere que volemos de veras.
No le haga caso.
Ha roto el aviso.
¡Es el responsable de llevar esa carga a bordo!
¡Y de zarpar con una carraca podrida!
¡Es verdad!
¡Callaos!
Esto es un motín.
- ¡No le escuchéis! - Si alguien toca un bote, le mato.
¡A los botes!
¡Esperad! ¡Nos matará!
¡A los botes!
¡Soltad las cuerdas!
¡Abandonan el barco!
- ¿Qué? - Es el momento de escapar.
Hay un boquete y entra agua.
La carga...
- ¿Son órdenes del capitán? - No.
De la tripulación.
Vayámonos mientras podamos.
Es un motín.
Llámelo como quiera.
¿Qué van a hacer?
¿Vienen o no?
Ven conmigo ahora que puedes.
Quédate donde estás.
¡Vete al infierno!
¡Váyanse todos!
¡No voy a jugarme la vida!
¿Las ratas abandonan el barco que se hunde?
¿Tienes las provisiones?
¡Vamos, Sparks!
Alto o disparo.
¡Alejaos de los remolinos!
¡Dame la mano!
Podías haber sido tú.
Alejaos de los remolinos.
Bajadle.
¡Nos quedan pocos minutos!
Que Dios nos ayude.
Haz la conexión, ponlo en marcha...
y reza para que aguante la bomba.
Algodón.
No tenemos antisépticos.
¿Puede parar con ese ruido?
Deme esa botella.
Sujétenle bien.
¿Listo?
Ya ha bebido bastante.
Cuando quiera consejo, te lo pediré.
Si quiero una copa, me la servirás.
¡Basta!
Ya hay suficientes problemas.
Necesito su ayuda.
Sólo quedan tres hombres, y el timonel y el camarero.
Nuestra carga explota con agua.
Si el nivel del agua no sube, la trasladaremos,
pero no hay garantías.
¿Y bien?
El trabajo manual no es mi fuerte.
¿Y como alternativa a saltar por los aires?
Me ha convencido.
- ¿Dr. Webster? - ¿Qué?
Srta. Peters, quédese con él.
¡Le necesito!
Véndelo.
Ahora se encenderá.
¿Puedo poner la bomba?
Sí, pero no sé cuánto aguantará.
Jason.
Gracias, jefe.
La bomba está en marcha.
- ¿Conseguirá achicar el agua? - Lo intentaremos.
Formen una cadena hasta la puerta.
Se está calentando.
No podemos hacer nada.
Casi hemos terminado.
¡El extintor!
Muchas gracias.
No podía ir mejor.
¿Sí?
Tenemos tormenta.
De acuerdo.
El generador se ha incendiado.
No funciona.
Han sacado el material.
¿Qué pasará ahora?
Un sótano inundado, el huracán encima,
sólo esta puerta de protección.
No podemos hacer nada.
Atención todo el mundo.
Abandonaremos el barco.
Apártese, Tyler.
¡Abajo!
¡Eso es, así!
¡Abajo!
Eso es, seguid.
Dios mío, aún estamos vivos,
por desgracia.
¿Están todos bien?
El cocinero está muy mal.
Reconózcale, Dr. Webster.
- No puedo hacer nada. - Es su responsabilidad.
- Mire, Sr. Lansen... - Estoy al mando y hará lo que diga.
Muy bien.
No le quitaré gravedad a la situación.
Yo lo veo así:
Estamos a más de mil millas de la costa...
y alejados de las rutas habituales.
Hay agua y comida para 3 ó 4 días.
Srta. Webster, ¿controlará las provisiones?
Racionaremos la comida para mantenernos vivos.
Jefe, hay lonas en la proa.
- Construye un cubierto. - Sí, señor.
Echadme una mano.
Capitán Lansen.
¡Estamos salvados!
- Maná del cielo. - No, Sr. Tyler.
- El ron es para las urgencias. - ¿Y mi resaca no lo es?
Dentro de dos horas, no sabrá qué es una resaca.
- Demasiados para tan poca comida. - Ya.
¿Qué vamos a hacer?
Esperar.
Es hora de remar.
Así estaréis en forma.
¡Para lo que va a servir!
- ¿Adónde nos llevará? - ¿Qué importa?
Estoy aburrido de este trozo de océano.
Usted es idiota.
Le prefiero borracho.
- Se merece una paliza. - ¿Por qué no se calla?
Basta. Guarden la energía para sobrevivir.
¿Le importa?
¿Quiere saber por qué me deportaron?
No.
Condena y ejecución sin juicio.
No me interesan los problemas ajenos.
Supongo que no.
Ya tiene los suyos.
Sí.
Como explicar cómo perdió el barco.
Soy el propietario,
o lo era.
Entonces tiene un problema.
Al menos, le queda el seguro.
¿No tiene seguro?
El Corita no se puede asegurar...
desde hace tres años.
Por eso lo pude comprar.
Ahora lo entiendo.
¿Qué entiende?
Carga sospechosa...
y pasajeros aún más sospechosos.
Enriquecerse antes de que su medio de vida se hunda.
Puede estar satisfecha.
Aún le queda su medio de vida.
¡Qué maleducado!
No sé si debería saltar en defensa de la dama.
¿Qué prefiere, capitán,
pistolas o sables?
¡Está borracho!
¡Borracho como una cuba!
Lo siento, mi capitán,
no he podido resistirlo.
¡Idiota, borracho y egoísta!
- ¡Le lanzaría por la borda! - No lo intente.
¡Aguante!
¡Déjeles!
¡Mataré a quien les ayude!
- ¡Apártate! - ¡Mirad, tiburones!
¡Sálvenles!
¡Socorro!
¡Vamos!
¿Qué es esto? ¿Estamos cerca de la costa?
No había visto un alga así. ¿De dónde proviene?
- ¿Qué es, capitán? - No lo sé.
Echemos un vistazo.
¡Dios mío!
¿Está bien?
¿Qué era?
No lo sé.
Nunca había visto nada igual.
¡No!
¡Cuidado!
Está rodeado de algas.
¿Hay alguien a bordo?
No se mueve. ¿Qué hace aquí?
Ahí está la escalera, capitán.
Acerquémonos.
¡Ah del barco!
Aquí hay más algas.
Ya están aquí.
¡Pat!
De saber que darían una vuelta, les habría acompañado.
¡Bienvenidos al transatlántico de lujo Corita!
Acerquémonos a la escalera.
Las damas primero.
Srta. Peters.
Llega a tiempo para la fiesta.
Con cuidado.
Hay sitio para todos.
Estaremos seguros si no hay otra tormenta.
- ¿Y los motores? - Bien.
Necesitaré a Braemar.
No le quites ojo.
Vayamos abajo.
Aquí tiene.
Buenos días, ¿ha dormido bien?
No muy bien.
¿Me acompaña?
Es vodka con zumo de tomate.
Se llama Bloody Mary.
Prefiero café.
Otro hombre perdido para la causa.
Tal vez sí, pero después de verte anoche,
la causa tiene un nuevo miembro.
Le he cogido el gusto estos últimos días.
¿Por qué no saltaste al bote?
Me sentía más seguro aquí.
El Corita siempre me trae suerte.
Es muy tranquilizador.
En un viaje así, lo es.
Iré a por el desayuno.
Hay beicon.
Este café es malísimo.
- No sé cómo decirle esto... - No lo haga.
Era su padre.
Nunca lo fue, fue mi carcelero.
¿Quiere saber por qué?
Por el dinero.
Mi madre me lo dejó todo cuando murió.
Papá temía que me casara...
y le dejara sin dinero.
Ahora soy libre y se lo agradezco.
¿Me lo agradece?
Es como me siento.
Además, no fue culpa suya.
Sí lo fue, y no por primera vez.
Fue una serie de accidentes.
Brindemos por el futuro.
De acuerdo.
Seguiré con el café si no le importa.
Adelante.
He pensado en lo que hablamos.
- Acepto. - ¿Qué?
El 50% de lo que tiene,
y diré que no la he encontrado.
Dijimos el veinte.
El silencio es un bien muy caro.
El cuarenta.
Cincuenta.
Y la bonificación.
¿Qué bonificación?
La que me prometió.
- ¿Y cuándo vence? - Ahora.
El primer plazo.
Buenas noches, capitán.
Adelante.
¡Jefe, espera! ¿Por qué nos hemos detenido?
Las algas se han enredado en la hélice.
He intentado dar marcha atrás, pero está atascada.
- ¿No podemos cortarla? - ¿Sin equipo de buceo?
Alguien debería bajar sin protección.
Ya vieron qué le pasó a Hurri Curri.
¿Algún voluntario?
¿Estamos encallados?
No, aún nos movemos.
El alga nos lleva hacia donde quiere.
"Quinta noche de niebla.
Estamos en manos del alga, a la deriva.
Los motores son inútiles.
Por lo que podemos juzgar sin visión,
el alga nos lleva al Mar de los Sargazos.
La moral de la tripulación y los pasajeros aún es buena."
¿Algo más, señor?
No, es suficiente.
Tenga.
Pobre Harry.
Pobre Harry.
Sonríe.
¿A qué?
Finjamos.
Estamos en un crucero romántico.
Es la primera noche y viajamos solos.
Eres el chico más guapo a bordo,
y yo una chica encantadora.
No tenemos pasado,
nos acabamos de conocer.
¿Y qué planes tenemos para el futuro?
Beberemos, reiremos,
bailaremos juntos...
toda la noche.
No nos fijamos en los demás.
La gente ve nuestra felicidad.
La banda tocará...
y tocará.
¿Y qué más?
Tomaremos otra copa,
tal vez en mi camarote.
¡Maldita estúpida!
¿Cómo he de decirte que ya no bebo?
- Una copa no te hará daño. - La primera nunca lo hace.
¿Sabes qué? Sobrio eres aburrido.
¿Me has oído?
Empieza a beber pronto,
para volver a ser un hombre.
No me sentía como un hombre en años.
Pues no lo parece.
¡Tiene que haber alguno en el barco!
¿Problemillas?
La Srta. Webster quiere a un hombre fuerte que no le puedo dar.
Si me disculpa,
no creo que quiera eso.
¿Tiene un cigarrillo?
Claro.
Todos los barcos del mundo vienen aquí a morir.
La presión del alga aplasta los cascos.
Nos sucederá lo mismo.
Diría que nos aguarda algo mucho mejor.
¡Tierra!
Probablemente desierta.
Tal vez haya agua y fruta.
¿Me los deja?
Hay algo que se mueve.
Lo he perdido.
¿Qué era?
¿Qué ha visto?
No lo sé, parecía un animal...
o un insecto.
Pero grande, grande como nosotros.
No bajemos la guardia. Repartiremos armas de fuego.
¿Hay alguien ahí?
¡Ayudadme!
¡Socorro!
Baja la escalera.
Volved a bordo.
Me siguen, deprisa.
Salvaos.
Quieren mataros.
Entre.
¡Vigilad a estribor!
¡Cuidado, jefe!
- ¿Estás bien, jefe? - Sí, sólo sin aliento.
- Hemos tenido suerte. - Braemar no.
- Queda uno vivo. - ¿Está malherido?
Creo que no.
Vayamos al bar.
Traed al hombre y a la chica.
A ver si descubrimos quiénes son.
- Quédate de guardia. - De acuerdo, capitán.
Hemos fracasado, Santidad.
Han fracasado en su misión.
Por no haber capturado a los recién llegados,
ni haber traído provisiones,
he pedido consejo sobre tu suerte.
- ¡Iban armados! - ¡Silencio!
¿Acaso no soy el Supremo,
descendiente de José Quintero,
mano derecha del Todopoderoso...
cuando Cortés trajo Su palabra a los infieles mexicanos?
Al interrumpirme, interrumpes a Dios,
que habla a través de mí.
No titubees.
Impón el castigo.
Dios dice...
que por tu fracaso,
debes pagar con la vida.
¡No!
¡No!
Sin titubear.
Es el jefe de los hombres que os han atacado.
Le llamamos el Diablo.
- El Supremo, como descubriréis. - Un pobre chico.
- Es la voz del Inquisidor. - Es la voz de Dios.
- Dios no necesita intérprete. - Déjalo.
- ¿Y tú? - Me llamo Sarah.
Nací en la isla, como mis padres y mis antepasados.
Descendemos de los colonos que huyeron...
de la persecución social y religiosa, y aún huimos.
Sois débiles y decadentes.
Hemos trabajado mucho, cultivado la tierra.
Vosotros no hacéis nada.
Sois malvados...
y más fuertes.
El Supremo es el más fuerte. Y pronto conoceréis su poder.
No estés tan seguro.
El bien siempre gana.
"Los mansos heredarán la tierra."
Tal vez, si los fuertes lo permiten.
No sólo blasfemas, sino que...
Ahora no es el momento.
Haremos guardias de dos horas.
Yo haré la primera, y el resto dormid cuanto podáis.
¿Puedo pasar?
Le traigo café.
¿Dónde cree que estamos?
En algún lugar de por aquí.
Aquí no hay nada.
Exactamente.
¿Cree que llegaremos a Caracas?
Creía que no le importaba.
Sí me importa.
Alguien me espera.
¿Quién es?
¿Un magnate del petróleo venezolano?
A estas alturas, debe de estar muy asustado.
Mi hijo, tiene ocho años.
¿Qué hace en Caracas?
Me espera.
¿Usted estaba en África y él en Sudamérica?
Si no le interesaban los problemas ajenos.
La noche es larga.
Es una larga historia.
Hace once años,
me enamoré de un hombre.
Creí que era maravilloso.
Decía que sacaría a su país de la pobreza.
Me amaba.
Estaba casado y yo era su amante.
Tuvimos un hijo.
Hace seis meses, su país descubrió...
que no era el ídolo que creían.
Tuvimos que huir en plena noche.
¿Quién era?
Antonio Fuentes,
presidente de Santa Dominica.
El salvador del pueblo.
Cuando huyó, les robó veinte millones de dólares.
Y usted prefirió el dinero a su hijo.
Mal nacido.
¡Mal nacido!
¡Srta. Peters!
¡Eva!
Lo siento.
¡He dicho que lo siento!
Escaparon.
¿Qué pasó luego?
Hubo disparos, estaba sola, mi hijo estaba con unos amigos.
Antonio fue a buscarme.
Todo estaba listo, nuestro hijo nos esperaba.
Era mentira.
Me obligaron a subir al avión.
Quería quedarme con mi hijo.
Me prometió que nos reuniríamos con él.
Era otra mentira.
Esperé durante seis meses.
Le supliqué, luché.
Dios sabe cuánto luché.
No hizo nada, tenía lo que quería.
Y le acuchillé.
No murió,
pero un día después de ingresarle en el hospital,
llegó la policía con mi deportación.
Aún tenía amigos poderosos.
Se olvidó de una cosa.
Sabía dónde guardaba el dinero.
¿Y Ricaldi?
Vino a recuperarlo.
Lo necesitaba para recuperar a mi hijo.
Lo comprendo.
¿De verdad?
Sí.
Lo siento.
No le veo la gracia.
¿Te preocupa tu gente?
Ya han pasado tres días.
Creerán que estoy muerta...
o que los españoles me han capturado.
¿Otra vez ternera en lata?
- No hay nada más. - Aprovechadla.
Somos cristianos y la compartimos contigo.
Sois estúpidos. ¿Por qué no me tiráis por la borda?
- Lo hemos pensado. - No lo hacéis.
- El Supremo... - No es infalible.
¿Dónde está Sarah?
Fuera, entreteniéndose con los globos.
¡Sarah!
Se ha ido, iré tras ella.
Baje, capitán, el agua está muy buena.
Vamos, no bromees.
Vamos, jefe.
¿Estás bien?
Si no la encontráis pronto, regresad.
Sí, señor.
¿Qué es eso?
Un viejo mascarón de proa.
No me gustaría que me cayera encima.
¿Dónde estamos?
El sol está a nuestra derecha.
No, a nuestra izquierda.
Estamos perdidos.
Deberíamos regresar.
¿Por dónde?
Os he oído.
Gracias a Dios.
- ¿Sabes cómo regresar al barco? - Con la niebla, no.
Hay una isla aquí cerca.
Vamos.
Ya hemos llegado.
Esperaremos hasta que levante la niebla.
Ten.
¿Quieren que llame una canoa,
y rememos de vuelta al Corita?
Aguántelo.
Muy bien.
- ¿Lo tienes? - Sí.
Si quieren dormir un poco, me quedaré de guardia.
¿Tiene cerillas?
Descansen un poco.
- Ve con cuidado. - Sí.
Pase.
No es el Ritz,
pero tendremos que conformarnos.
¿Por qué huiste?
Me siento responsable de mi gente.
Se preocupan por mí.
¿Harían lo mismo por ti?
Claro.
¿No es siempre así?
Me temo que no.
Pero entonces,
muchos no tendrán de quien preocuparse.
Eso debe de ser terrible.
Sí, lo es.
¡Jefe!
¡Sarah, atrás!
He reducido las raciones a la mitad, hay para seis días.
Si las redujéramos a un cuarto, tendríamos más.
¿Y luego?
Pasaremos hambre.
Es el destino que nos espera.
Si no fuera por mi hijo, no me importaría.
El resto pierde sentido.
¿Qué le pasará?
No lo sé.
No lo sé.
No tiene a nadie.
- ¿Qué pasa? - ¡Las algas!
Cuide de ella.
No me importa, no me quedo ni un minuto más.
No seas tonto.
Esperaremos a que salga el sol...
y volveremos al barco.
Llevadlos al Santa Anita.
Indicad que nos acercamos.
¡Capitán!
¿Qué significa?
¿Y bien?
Despedíos de vuestros amigos.
¿Qué más?
¿Vas a decirme qué significa el cohete?
Por última vez, ¿qué significa?
¡Vamos!
¡Vamos!
Ya basta.
Depende de vosotros, es muy simple.
U os unís a nosotros,
junto con vuestros amigos del barco,
y nos quedamos las provisiones...
- ¿O? - Os matamos.
Y a los vuestros.
Nos matarán de todos modos.
Está en manos de Dios.
Pero si rezáis al Supremo, tal vez en Su corazón...
No rezaré a ningún hombre,
y menos a un niño que ni sabe limpiarse el trasero.
¡Sois herejes y blasfemos!
¡No hay redención posible!
Tú sí que blasfemas. Aunque juraría que es culpa suya.
Soy sólo su servidor.
El niño te hace el trabajo sucio.
- Corrompes su mente... - ¡Silencio!
Quizá él también piense.
- ¿Por qué no lo intentas? - ¡Lanzadlos al pantoque!
¡A todos, ahora!
¡Dejadles, no os mováis!
Por aquí.
¿Qué clase de circo es este?
Estás en la corte del Supremo, el Elegido.
- Se refiere al chico del trono. - ¿A ese niño?
Es quien manda.
Nos vamos.
Podemos hacerlo con ruido o en silencio.
¿Adónde iréis? Estáis atrapados.
No hay escapatoria.
- ¿Lo has intentado? - Nuestros antepasados sí.
Yo hablo de ti.
- ¡Es la voluntad de Dios! - ¡Es lo que a ti te conviene!
Haces tu trabajo sucio en nombre de Dios y a través del niño.
¿Y cómo escaparéis?
No lo sé, pero lo intentaremos.
Fracasaréis.
¡Lo intentaremos hasta la muerte!
Nos vamos.
Que se nos una quien quiera.
¿Y bien?
No os mováis.
¿Por qué no aceptáis lo inevitable? Ya no controláis vuestro destino.
- Uníos a nosotros. - Prefiero retar al alga y morir.
- Pues muere. - ¡Cuidado!
¡Esperad!
¡Voy con vosotros!
¡Quedaos aquí!
Protegednos de quienes nos hacen daño,
somos vuestros servidores.
Que sufran la agonía...
de su culpa.
Sabía que la carga sería útil.
El alga también arde.
No está mal para ser un trabajo casero.
Regresemos al Corita.
¡Vamos, deprisa!
Eso es, ya está.
Deprisa.
Amén.
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