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Hacia el año 1 del calendario cristiano,
los romanos expandían su imperio hasta los confines del mundo.
Por Grecia y Turquía,
el desierto del norte de África,
las llanuras áridas de Libia,
los campos de batalla de Francia,
y, finalmente, hasta el fin del mundo conocido,
la 45º y última provincia del Imperio Romano: Bretaña.
Los reinos de esta inhóspita isla...
estaban gobernados por oficiales romanos.
Entrenados en el arte de la guerra,
trataban de gobernar con sabiduría, pero no era fácil.
Estaban al mando de 40.000 soldados descontentos.
Una vez finalizada la guerra,
casi todos deseaban volver a las viñas soleadas de Italia,
lejos de las lluvias de Bretaña...
y de la amenaza de los bandidos pintados de azul.
- Maldito país. - ¡Adelante!
Eran tierras dominadas por los sacerdotes druidas,
que habían profetizado que un día una mujer llevaría una armadura...
y empuñaría una espada contra los romanos.
Una mujer a la que llamarían...
LA REINA VIKINGA
Reconozco que esos bretones saben manejar sus carros.
¿Sólo puede decirse eso de ellos, Octavio?
Vencieron al césar dos veces.
Eso fue hace cien años. Ahora son más blandos.
¿Blandos o pacíficos? No tiene por qué ser lo mismo.
La espada romana ha mantenido la paz. Pareces olvidarlo.
No olvido que soy el gobernador,
pero tú a veces necesitas que te lo recuerde.
¡Ave, Justiniano!
¡Tristram!
¡Mi hijo, Fergus!
Conduce bien, estarás orgulloso.
Octavio,
¿ha sido aprobado el testamento del rey?
Tiberio acaba de volver con él.
- Ha sido aprobado. - Bien, apresurémonos.
El rey Priam se consume. El gran druida ha iniciado los ritos.
- ¡Su religión está prohibida! - Sólo en público.
Aceptarla socava la disciplina, promueve la traición.
Tiene derecho a sus plegarias si quiere renacer.
Van contra Nerón. Sus ceremonias son...
¡Silencio!
Si Nerón quiere heredar la mitad del reino,
podrá tolerar una ceremonia druida.
- ¡Iremos delante! - Hay un atajo por las colinas.
¡Cuidado con los bandidos azules!
¡Centuriones, seguidme!
¡Centuriones, a paso ligero!
¡Tristram!
¿Dónde estás?
Aún no ha vuelto.
¿No? ¿Y mi testamento?
No te hará falta.
Hace mucha falta, Salina.
Nunca debió hacerse.
¡Beatriz!
¡Es una traición!
¡Maelgan!
Está muy cercano a la muerte.
- Debe vivir y cumplir su deseo. - Sería mejor que muriera.
Está escrito en las nubes que el rey firmará ese testamento.
Y que tú llevarás una armadura y una espada en la mano derecha.
Está escrito.
Debo nombrar a mi sucesor.
¿Sucesor?
Beatriz,
tú serías mi elección lógica,
pero no sería sabia.
Tú y los romanos sois como agua y aceite.
¿Cómo puedes? Es mi derecho.
Y tu asociación con los druidas...
sólo puede acabar en desastre.
Son los sacerdotes de tu hermandad sagrada.
Y tú, Maelgan,
también ansías gobernar este país.
¿Lo niegas?
Eso sería la ruina para todos.
Pequeña Talia,
si la inocencia y la dulzura...
bastaran para gobernar el país,
tú serías mi elección.
Por desgracia,
también hace falta sensatez.
Salina, lo he meditado mucho.
Y tú eres mi elección.
Gobernarás con tolerancia y comprensión.
Como tu madre,
serás una reina vikinga.
Acércate, hija mía.
Mi bendición.
Ha llegado Justiniano, Su Majestad.
- ¿Justiniano? - Sí.
Su Majestad.
¿El testamento?
Las condiciones son las que dispusiste.
Léemelas.
"Yo, Tiberio, notario de la corte de Roma,
he preparado el testamento del rey Priam de Icenia,
en la isla de Bretaña.
Según sus deseos,
el Reino de Icenia pertenecerá por igual al emperador Nerón...
y a la hija que suceda al rey Priam."
Firmado de su puño y letra y con fecha de hoy.
Bien.
¡Padre, no puedes firmarlo! ¡Tu pueblo no lo aceptará!
Lo aceptará, si se le deja.
Es el reino más próspero...
y pacífico...
de la isla de Bretaña.
Si lo firmo,
lo seguirá siendo.
¡Padre!
¡Aquí!
¡Los dioses se han mostrado!
Yo, Maelgan,
por los poderes concedidos por Dis y Zeus,
te conmino, Salina, reina de Icenia,
ante el muérdago sagrado y la hoz de oro,
a que guíes a tu pueblo con sabiduría,
para que lo protejas de cuantos quieran su mal,
de cuantos quieran dominarle...
¡y de cuantos quieran esclavizarlo!
¡Alto!
Salina, ahora que eres reina,
te ruego que gobiernes con sabiduría.
- La mitad del reino nos pertenece. - ¡Es una usurpación!
¡Desoye a los druidas!
¡Somos los líderes legítimos!
- ¡Estáis bajo nuestro mandato! - ¡Basta!
¿No podéis dejar a nuestro rey descansar en paz?
Idos todos.
Dejadme sola con él.
Por favor.
Tristram,
¿cómo podré ser reina?
Hay un momento para ser reina y otro para ser mujer.
Ayúdame, padre.
¡Vamos!
¡No sois un puñado de bretones pintarrajeados!
Cato, los caballos.
¿Cuándo deseas ver a la nueva reina?
Su Majestad.
Tengo una petición antes de que os vayáis.
¿Cuál es?
Que el rey... Que el cuerpo de mi padre...
sea incinerado en una pira ante sus súbditos.
- ¡Es la tradición druida! - Sí.
Sabes que la ley romana prohíbe las ceremonias druidas.
La ley de Icenia, no.
Icenia está bajo dominio compartido.
Tristram, eres un hombre sabio. ¿Qué opinas?
Los árboles que se doblan un poco con el viento viven más.
- Tenéis mi permiso. - Gracias.
Estás muy lejos de Londres, Osiris.
¿Qué hace aquí un mercader rico como tú?
Vengo a presentar mis respetos a la nueva reina.
¿Cómo piensa sacarle oro tu mente codiciosa?
Estoy a tu servicio, gobernador general.
- No soy gobernador general. - Aún no.
- ¿Qué sucede? - Una emboscada.
- ¿Cómo? - Han sido los bretones.
- ¿Muertos? - Dos.
- ¿Heridos? - Ocho.
¡No celebraréis la ceremonia druida!
¿Cómo?
- ¡Controla a tus salvajes! - ¡Mi pueblo no es salvaje!
¡No celebraréis nada hasta que yo lo diga!
¿Entendido?
- ¿Entendido? - Entendido.
¡Bien!
Preparad la pira funeraria para hoy.
Oh, Zeus,
acepta el cuerpo de Priam como ofrenda...
y no permitas que su alma vague errante.
¡Zeus, Zeus!
Roguemos para que su nuevo cuerpo y vida...
den frutos.
¡Zeus, Zeus!
Te suplicamos, por el poder del roble sagrado,
¡que su nuevo cuerpo sea firme y fuerte!
¡Y que su nueva vida sirva...
para expulsar a los invasores de estas tierras!
¡Zeus, Zeus!
Y sacrificaremos una virgen a Zeus,
¡para que nuestra plegaria sea escuchada!
¡No!
¡Si han de sacrificarse, será a nosotros!
¡Los quiero vivos!
¡Traedlos!
Irán a Londres. Necesitamos esclavos en Roma.
¡Alto!
¡Alto!
El entierro de un rey bretón...
aquí es más antiguo que vuestra ley.
¡Sólo hay una ley, la nuestra! ¡Y ha sido violada!
- ¿De quién sigues órdenes? - Buena pregunta, Cato.
¿Qué respondes?
¿De quién sigues órdenes? ¿De Octavio?
Es una ceremonia druida pública, una traición.
¿Y bien?
Prohibiste una ceremonia pública.
Fíjate en los asistentes, y verás que es privada.
¡Liberad a los prisioneros!
¡Regresad al pueblo!
Cato, lleva a los hombres al campamento.
¡Ave, Justiniano, el romano que nos comprende!
¡No interpretes mal lo que has visto! ¡Si es necesario, puedo ser severo!
¡Ninguna ley humana podrá desplazar...
las enseñanzas y los poderes druidas!
Por favor.
Justiniano ha demostrado ser un amigo.
Señora,
no desdeñes a aquellos cuya fuerza necesitarás algún día.
Mi familia te agradece lo que has hecho.
¿Y la reina? ¿También?
¡Ave, Justiniano!
Cato permanecerá arrestado hasta nueva orden.
Actuaba bajo mis órdenes.
Evidentemente, no tiene iniciativa.
¿Y bien?
¡Tu explicación, no me interesa Cato!
Sobran las explicaciones.
Desobedecieron tus órdenes.
- Tomé medidas de castigo. - ¿Tomaste medidas?
¿Tomaste medidas?
¿Cuándo aprenderás?
- Tal como lo veo... - ¡Tú nunca verás, nunca!
Llevas más tiempo que yo al servicio del Imperio.
Debo mi rango al trabajo duro y no a amigos en Roma.
Mi ascensión por encima de ti te parecerá injusta, pero es así.
Soy el gobernador general y,
hasta que me releven, seguiré gobernando.
Sin interferencias, ¿entendido?
Te recuerdo, Ex celencia, que eres un soldado romano...
y que debes comportarte como tal.
¡Octavio!
Te doy permiso...
para retirarte.
Ahora.
Ave, Justiniano.
Su Majestad, tenemos caballos para ti.
¿Para qué?
¿No irás a cazar jabalíes en eso?
¿Por qué no?
- El suelo es accidentado. - Estamos habituados.
¡Pruébalo!
Por Zeus, ojalá pudiera.
¡Te cedo el mío!
El suelo es accidentado.
¡Por aquí!
¡Salina, ve más despacio!
Es extraño que me haya llegado.
Me refiero al amor.
Es extraño que me haya llegado así.
- ¿Lo lamentas? - No.
Está decidido, pues.
¿Decidido?
Anunciaremos nuestra boda.
¿No es un gobernador romano digno de una reina?
Si los druidas lo permiten.
Ya no tienen poder.
Las leyes romanas no cambiarán los sentimientos del pueblo.
¿Y los nuestros?
- ¿No importan? - No.
Ahora soy la reina.
Ojalá mi padre hubiera escogido a Beatriz.
Dejémoslo así y seamos felices.
Justiniano, compréndelo.
Comprende que no puedo permitir que la discordia divida a mi pueblo.
Hablas como un libro de leyes.
Nuestra boda afianzaría la paz.
Si tuviéramos un hijo, tu hijo,
aceptado por todos bajo nuestra ley,
los druidas aprobarían nuestro enlace.
Como gobernador podría cambiar las leyes.
Eso no cambiaría a la gente.
Me ocuparé de que la mayoría desee cambiarlas,
para que hasta el gran druida acepte.
Mi pobre Justino.
No conoces a Maelgan.
Sólo las señales del Cielo, no la gente, pueden convencerle.
Recemos para que las señales sean favorables.
Lee esta página de viento y aire.
No me importa lo que ese viejo lea en las nubes.
Salina tiene derecho a ser feliz.
Además, Justiniano me cae bien.
- ¿Un romano? - Es un hombre.
¡No es de fiar! Es leal ante todo a Nerón.
¿Y bien, Dalan?
Malos augurios, padre.
Va aprendiendo.
¿Qué aprende?
En esta tierra correrá la sangre.
¡Sí, pero nos interesa una boda, no el afán político de los druidas!
Resérvate el ingenio para la corte.
¡Si usaras los ojos, verías escrita la voluntad de Zeus!
¡El futuro está ahí!
¡Escrito en las nubes!
¿Lluvia?
Cuando el acero romano...
te atraviese el pecho,
quizá recuerdes este día.
Sí, Tristram.
También eso está escrito en las nubes.
Bien, Maelgan, ¿apruebas la boda o no?
La reina Salina no se casará ni ahora ni nunca.
¡Tu reina desea esa boda, apruébala!
Hasta una reina debe ceder a la voluntad de Zeus.
Quizá los druidas deban ceder.
¿A las amenazas?
Sé un descreído si quieres.
Pero te diré una cosa más.
Salina, en un futuro próximo,
usará el poder de los druidas...
para cortar las cadenas romanas que atenazan esta tierra.
Pasaremos la luna de miel en una villa blanca junto al mar.
- Y nadaremos antes de desayunar. - ¡No!
No, el mar es cálido allí y de un turquesa profundo como...
- Como... - Tus ojos.
- Iremos a pescar en barca. - No.
Tú pescarás.
Yo me tenderé al sol hasta ponerme negra como una esclava.
Beberemos vino, mucho vino.
Y te caerás de la barca.
No, por la tarde, en la terraza.
Veremos a los esclavos volver de los campos con cestos de uvas.
¿Uvas?
Son bayas grandes.
Elaboramos el vino pisándolas.
¿Y luego os lo bebéis?
El sol siempre brilla y apenas llueve.
Es el lugar más bello del mundo.
- Y... - ¿Y?
Y viviremos felices.
Si es la voluntad de los dioses.
Reza por que así sea.
¡Salina, mira!
El gran druida se niega.
¡Necesita disciplina romana!
No, la violencia sólo logrará incitar a mi pueblo.
Destruiría todo por lo que tú y mi padre luchasteis.
¡Eres la reina, ordénale que acceda!
¡Son las señales de los dioses!
¿Tus dioses son políticos?
No más que los romanos, cuando les conviene.
Gracias por recordármelo.
Incluso en Roma,
la voz del pueblo es a veces más fuerte que la de los dioses.
La reina debería conocer la profecía.
- Que correría la sangre... - ¿De quién?
- ¿Lo dijo? - La suya.
Bien dicho, amigo bretón.
La boda debe ser bendecida por Maelgan.
No se pueden eliminar mil años de creencias religiosas.
Si el pueblo está de nuestra parte, nos escuchará.
Y como decía, no puedo pagarlo todo,
no con la porquería de cosecha del año pasado,
con el perdón de Su Majestad.
Todos sabemos cómo fue,
si bien los druidas prometieron que sería buena,
si seguíamos sus consejos,
pero nos han vuelto a fallar,
con todos los respetos, como siempre.
Ve al grano.
Bien, no puedo pagar mis impuestos.
No todos, si no, tendría que vender un buey.
Y si lo vendo no podré arar mis tierras,
y eso significará otra porquería de cosecha,
con el perdón de Su Majestad...
- Ya basta. - Sí, Su Majestad.
¿Sabes que hay que pagar?
Lo sé, Su Majestad.
¿Y sabes por qué?
- Sí. - ¿Por qué?
- ¿Y bien? - Porque si no, nos apalearéis.
Con ese dinero construimos nuevos caminos,
os protegemos de los agresores, ¿no lo valoras?
- ¿Lo valoras? - Sí, lo valoro.
No pareces convencido.
Con el debido respeto, soy mayor.
Nunca me he ido de la aldea, y seguramente ya no lo haré.
¿De qué me sirven los caminos?
- ¿Cuánto debes? - 20 monedas.
¿Y cuánto puedes pagar?
¿Seis?
Pues paga seis, te perdono el resto.
Si Su Majestad está de acuerdo.
Es un gesto generoso.
Por ley deben pagarlo todo.
La ley se hizo en Roma, esto no es Roma.
Si el emperador se entera...
Compensaremos las pérdidas.
Si me permites,
también tengo dificultades para pagar.
¿Has tenido una mala cosecha, Osiris?
Con todos los respetos, no soy campesino...
¿Qué eres?
Compro y vendo cosas.
¡Eres mercader!
¿Eres buen mercader?
Por eso me tienen.
Entonces obtendrás beneficios.
Pocos beneficios.
Tus clientes creen que eres demasiado modesto.
Por tus ropas diría que ganas mucho.
Son tiempos duros.
Siempre lo han sido para todos.
¿Utilizas los nuevos caminos para tus negocios?
En ocasiones.
Y en esas ocasiones, ¿te han robado?
Nunca.
En ese caso te has beneficiado de la protección de nuestras tropas.
- Sí, señor. - Ex celente.
¿Cuánto debes, mercader?
20 monedas, ése es el impuesto.
Convendrás que es una suma insuficiente...
por todos nuestros servicios.
Sugiero que una cifra más apropiada serían...
- ¡50 monedas! - ¡50!
A menos que la reina crea que soy muy severo,
¡o muy indulgente!
Sé que puede permitírselo.
Decidido.
Los mercaderes habéis prosperado con vuestros negocios,
mientras los campesinos son pobres: bajaremos sus impuestos...
y subiremos los vuestros para compensar.
- ¡Ese hombre es intolerable! - Sí.
¿Qué hacemos?
Tengo un amigo influyente en la guarnición.
Me debe algunos favores.
¡A la derecha!
¡Mantened las filas!
¿Son ciertas esas concesiones?
Concesiones para unos, medidas severas para otros.
Pensarán que es debilidad.
Si muestras debilidad, el pueblo creerá que le temes.
- Por tu propio bien... - ¿Y el de tus amigos?
No pienso en mí, sólo en el Imperio.
Claro.
¡Tratémosle como a un pueblo conquistado,
parte del Imperio, contribuyentes, por la espada!
Siempre el conquistador. Estás ciego.
Apruebo la disciplina en el ejército,
pero gobernamos a civiles,
no a una legión de soldados.
Si prosperan, nosotros y Roma también.
Si los asfixiamos con impuestos, no valdrán para nadie.
¿Seguro que tu generosidad se basa en tu amor por el Imperio?
¿O podría influir en tus decisiones...
tu amor por una bretona en concreto?
¡Fuera de mi vista!
¡Fuera!
Ave, Justiniano.
¿Tú también, Tiberio?
- ¿A qué te refieres? - Por favor.
Tu conducta en la corte ha sido imprudente, casi peligrosa.
Pero amena, ¿no crees?
Cuando corra la voz, el pueblo nos apoyará.
Seremos héroes.
¿Y entonces?
Podremos burlarnos de los druidas.
¿Y te casarás con la reina?
Sí.
¿Por qué nos traes aquí?
Para salvar vuestros ahorros.
Os costará dinero.
No nos quedará cuando Justiniano haya acabado con nosotros.
Cuanto antes acabemos con él, mejor.
- ¿Nosotros? - No, los druidas.
Somos mercaderes. Debemos invertir dinero para ganarlo.
Maelgan ansía poder. Se lo compraremos.
La ambición de Maelgan es su debilidad.
Será nuestra fuerza.
Cada uno tiene sus debilidades.
Escucha todo lo que dices.
¡Advenedizo!
Acepta tu consejo en todo.
Yo debería ser el gobernador.
- ¿Hay alguna posibilidad? - No, ninguna.
Podría...
amañarse.
¡Sigue!
Supongamos una revuelta druida.
Lejos de aquí, por ejemplo, en Anglesey.
Vuestras tropas tendrían que ir.
¿Y quién las lideraría? Yo.
Supón que no estuvieras aquí,
sino en otra misión.
Una revuelta menor que podría organizar con mi amigo.
Podrías ir como voluntario.
Y mientras estuvieras fuera, comenzaría la revuelta de Anglesey.
Justiniano tendría que ir.
En cuanto se fuera...
Volverías, serías el gobernador general...
y restaurarías la ley romana.
Que te conviene más, ¿no?
Que nos conviene a los dos.
Sería magnífico que no volviera.
Bajaron las colinas, a centenares, pintados de azul.
- ¿Armados? - ¡Hasta los dientes!
Nos pillaron por sorpresa y no pudimos hacer nada.
Además, no llevamos armas, la ley romana nos lo prohíbe.
- Ya, ya. ¿Es como lo cuentas? - ¿Y los demás?
Muertos, brutalmente asesinados hasta el último de ellos.
¡Pagué 50 monedas!
¿Cómo lograste huir?
Fingiendo estar muerto. No fue difícil, poco me faltó.
Que venga Octavio.
- ¿Cuándo ocurrió? - Hace tres días.
Tres días he tardado en llegar caminando.
Los salvajes me robaron las mulas.
- ¿Has oído? - No se habla de otra cosa.
- ¿Quieres que vaya? - Sí, lleva suficientes hombres.
- Volveré pronto. - Llévate a éste.
- ¿Qué? - Le indicarás dónde pasó.
¡A Anglesey!
¡Muerte a los romanos!
¡Muerte a los romanos! ¡Muerte a los romanos!
¡Muerte a los romanos!
¡Muerte! ¡Muerte!
¡Muerte! ¡Muerte!
- Malas noticias. - ¿Qué?
Una revuelta druida en Anglesey, su fuego sagrado.
Fergus se ha unido a ellos.
- Lo sé. - ¿Lo sabes?
Beatriz también ha ido.
¿Qué pasará si se extiende hasta aquí?
Justiniano parte hoy para allí con una legión.
Intentará destruir su poder para siempre.
- ¿Y Fergus? - ¡Él eligió ir!
No importa lo que haga, quiero que viva.
Justiniano te escuchará.
Habla con él.
- Pídele clemencia. - ¿Y para tu hermana?
- Pobre niña. - Pobre padre.
No tengo ningún hijo.
Justiniano tendrá que pasar por aquí.
Iré a su encuentro.
¡En marcha!
¡A vuestros puestos!
¡Cuidado!
¡A formar!
¡A formar!
Cuando Octavio vuelva, asumirá el mando.
Temo por estas gentes, ¿comprendes?
Comprendo.
- Ave, Tiberio. - Ave, Justiniano.
¡En marcha!
Es la reina.
Seguid, ya os alcanzaré.
¡En marcha!
Debo ir.
- ¿Y Tiberio? - No, es un civil.
Se queda en mi lugar.
¿Hasta que regrese Octavio?
Pasan muchas cosas.
Queríamos casarnos.
Maelgan se opone.
Suavizas las leyes.
Y los druidas se rebelan.
Y ahora debes alejarte de mí.
Llámalo como quieras.
Pero para mí se está tramando un plan diabólico.
A mi regreso nos casaremos.
Habré acabado con los druidas para siempre.
- ¿Cuánto tiempo estarás fuera? - Quizá seis semanas.
- Quizá menos. - Seis semanas.
Sin ti.
Abrázame.
La columna ya queda lejos.
No te preocupes por Octavio.
Es ambicioso, pero sabe que tendrá que responder ante mí.
Justiniano, el hijo de Tristram se ha unido a los druidas.
- Haré lo que pueda, pero... - Lo comprendo. Gracias.
En cuanto se aleje hacia Anglesey...
atacaremos.
¡Vamos!
¡Fuera, campesino!
¡Allí hay más!
Creo que todo saldrá bien.
Y a Roma le complacerá el lote extra de esclavos.
Espero que también lo agradezca.
¡Vigilad ese flanco!
¡Por el lado derecho!
¡Adelante!
¡Todos mis bienes!
¡Se los han llevado! ¡Y también el poco oro que tenía!
Para los impuestos.
¡Se han llevado a nuestro hijo para servir en Roma!
¿Qué haremos?
¿Qué haremos?
Sé lo que sufrís bajo el mando de Octavio.
Debemos tener paciencia.
Todos. Justiniano volverá. Os lo prometo.
¿Cuándo?
Se marchó hace seis semanas.
No podremos resistir otras seis semanas así.
La reina...
La reina está cansada.
Apenas ha descansado últimamente.
Con todo respeto, necesitamos una respuesta.
La tendréis. Mañana.
Salina, lo he meditado mucho.
Y tú eres mi elección.
Gobernarás con tolerancia y comprensión.
Como tu madre,
serás una reina vikinga.
Él no puede ayudarte ya, hija mía.
Sólo yo puedo hacerlo.
¿Osas volver?
Tu destino es inminente.
Nada lo impedirá.
Zeus lo escribió hace tiempo en las nubes...
para que lo vieran todos los ojos elegidos.
Lo leí y lo profeticé.
Tu voz se oirá en el corazón de estas tierras.
Dice la verdad.
"Una reina empuñará la espada...
y expulsará al invasor...
mientras sus fuerzas estén divididas."
Los dioses así lo decidieron. Son sus señales.
¡Coge la espada! ¡Dirige a tu pueblo!
Sé que no soy quién para criticar tus acciones.
- No lo hagas. - Pero tengo órdenes de Justiniano.
Justiniano, Justiniano. Está muy lejos, Tiberio.
Y tardará en volver.
Si es que vuelve.
- Pido permiso para reunirme con él. - Denegado.
Eso es todo al respecto.
Hay otro tema del que quiero hablar contigo.
El testamento, el que firmó el difunto rey.
¿Se ha enviado a Roma?
No, aún lo tengo.
Destrúyelo. Y redacta otro.
Un hombre de tu educación podrá imitar la firma de un moribundo.
Pides un imposible.
Nada lo es cuando te lo ordena tu superior.
- Roma no lo toleraría. - Lo aplaudiría.
Había testigos.
¿Tres mujeres estúpidas, un rebelde y un difunto rey?
- ¿Y Tristram? - Le haremos callar.
Su hijo se ha unido a los rebeldes.
No puedo.
Te lo ordeno.
Sabes que fui esclavo.
De rango inferior a estos bretones que tanto desprecias.
Me llevó años de estudios librarme de las cadenas...
y alcanzar mi posición.
Preferiría volver a ser un esclavo a perder mi respetabilidad.
¡Pues mantenla!
¡Cato!
Una emboscada.
Ha muerto como un valiente. Encárgate de él.
Y que registren sus aposentos. Hay algo que quiero destruir.
Ya he decidido.
Tristram llevará un mensaje a Justiniano...
para que sepa lo que sucede.
Su Majestad, tardará mucho.
Cabalgaré día y noche.
Llegaré antes de que cambie la luna.
Con todo respeto, debes ir y volver.
Será demasiado tarde.
Respondamos a los romanos del único modo que entienden,
antes de que sea tarde.
Sé cuánto has perdido y cuánto has sufrido.
Pero también sé que no debemos derramar sangre en Icenia.
Debemos tener paciencia.
Tus motivos serán muy loables,
pero ¿no es mejor que forjemos armas...
y muramos con ellas...
a ser aplastados como insectos?
Mi padre, vuestro rey, quería paz en nuestra tierra.
Creía en la convivencia de romanos y bretones.
Y que Justiniano ejecutara su testamento.
¿Qué testamento?
Nadie te ha invitado a esta corte.
¿Corte?
La indulgencia romana os permite seguir aquí.
¡Sólo tu ignorancia supera a tu grosería!
Y ahora esa indulgencia se ha agotado.
Se acabó la condescendencia.
¡El Imperio exige oro!
Según el testamento,
las propiedades de Icenia son de Nerón...
y quedan confiscadas.
¿Qué embuste es ése?
Léelo.
No es el testamento del rey.
Es falso.
¡Es falso!
¡Talia!
¡Todos afuera!
¡Talia! ¡Talia!
- Ven, no te lo pierdas. - ¡No! ¡Talia!
Serás la próxima.
Basta. ¡Basta!
¡En marcha, rápido!
¡Talia!
Mira qué han hecho tus amigos.
¿Y ahora?
¿Cogerás ahora la espada?
Tu profecía era cierta.
En esta tierra correrá la sangre.
¡Padre!
¡Padre!
¿Quién es?
¡Traedle!
¡Señor!
A él también.
Traed vino.
Padre.
Vuelve.
Vuelve.
Debes volver antes de que sea tarde.
- ¿Octavio? - Sí.
Un ataque brutal.
- La reina... - ¿Qué le ha pasado?
Azotada en público.
- ¿Y Talia? - No.
Octavio...
- ¿Y Tiberio? - Desaparecido.
Los bretones se defenderán.
Lucharán.
Debes ir.
- Maelgan tenía razón. - No.
Yo estaba equivocado.
¡Capitán!
Preparaos para partir esta noche.
Está muerto.
¡Vamos, deprisa!
¡Vamos, esos prisioneros!
¡Los prisioneros!
¡Vigiladlos!
¡Son sólo mujeres!
¡Vamos!
¡Piedad, piedad!
¡No tengas piedad!
¡No lo matéis!
¡Lo quiero prisionero!
¡Morirá en el fuego sagrado!
Un sacrificio.
Zeus te ha sonreído hoy.
Sus campamentos serán arrasados.
No quedará nadie, no tendremos piedad.
- ¿Y Justiniano? - Es romano, ¿no?
Fergus tenía razón.
¡Mirad!
- Ave, Justiniano. - ¿Qué ha pasado?
Nos han atacado como demonios, hombres y mujeres.
Llevan semanas matando...
y arrasando campamentos romanos.
¿Y el general Octavio?
Es prisionero de su reina.
Ocupaos de él.
¡Morirás en el fuego sagrado la próxima luna llena!
¡Una ofrenda por nuestra victoria y el éxito de la próxima batalla!
- ¿Me has oído? - Sí, te he oído.
La próxima batalla.
Contra Justiniano.
Ha llegado en son de paz un emisario de Justiniano.
Desea hablarte.
¡El poder de Zeus! Suplica la paz.
No le escuches.
Le recibiré.
El gobernador solicita una reunión en campo neutral.
Irás con dos personas.
¡Es una trampa!
Él también.
- ¡Échale! - Justiniano nunca nos ha fallado.
Un acompañante será Octavio.
¿Octavio? ¡No!
¡Pertenece a Zeus, a los dioses!
Con Justiniano irá el hijo de Tristram.
¡Fergus!
- Primero se hará el intercambio. - Imposible.
Octavio debe morir en el fuego sagrado.
Fergus debe vivir, te lo suplico.
Te lo advierto.
Si le niegas el sacrificio prometido, Zeus te abandonará.
El intercambio.
¡Habla, romano! ¡Tú has pedido este encuentro!
¡No!
Hablaremos a solas.
Sería más fácil si no tuviera que mirar hacia arriba.
Ven.
¿Sí, Justino?
Salina, debes rendirte.
Ríndete y te ex cusaré ante Roma.
Demasiado tarde.
Mi pueblo ha saboreado la libertad, no volverá a la esclavitud.
Conmigo no había esclavitud.
Eres una ex cepción, no vivirás para siempre.
Salina, confía en mí.
Te confiaría mi propia vida,
pero no la de los demás.
Ríndete.
Tengo una legión...
de tropas entrenadas para matar.
Seréis masacrados.
¿Quieres morir, Salina?
No.
Pero la libertad no puede medirse así.
¿Qué puedo decir?
¿Qué puedo decir?
Dime que me quieres antes de que me vaya.
Te quiero.
¡Deprisa, deprisa!
¡Vamos!
¡Vamos!
¡A la carga!
¡Cerrad filas!
¡Mantened la formación!
¡Vamos!
¡A la carga!
¡Volved a la carga!
¡Cerrad filas!
Vuelven a atacar.
¡En pie!
¡A formar!
¡Bajo esos árboles!
¡Centuriones, adelante!
¡Bajo los árboles!
¡Escuchad, soldados!
¡Cuando vuelvan a la carga,
abrid filas para que pasen!
¡Adelante!
¡Cerrad filas!
¡Cerrad filas por este flanco!
¡Alto!
¡Mátame! ¡Eres un soldado!
¡Cumple con tu deber!
Debe ser llevada a Roma para ser juzgada.
¿Juzgada?
¿Y llevarme a Roma como esclava?
¡Salina!
Éste no era nuestro sueño...
amor mío.
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