All language subtitles for Matadero 01x09

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Original subtitles

Mujer de mediana edad, pronóstico muy grave.

Entramos en quirófano ya.

¿Se va a morir? -Preferiría no aventurar pronósticos.

¿Francisco? Soy Alfonso, su cuñado.

Francisco no está.

Nos está protegiendo.

Necesito 500 euros del dinero de don Julio.

Quiero la cabeza de Da Silva para antes de comer.

Nos vamos los dos a Portugal. -¡Que me sueltes, pijo, suéltame!

Han secuestrado a mi hija. -¿Es este hombre?

-El mismo.

Si me ayudas a llegar a la frontera, igual te dejo marchar.

Mañana tendremos la fórmula de una droga

que engancha desde la primera dosis.

No me gusta dejar las cosas a medias.

Que si quiere, vacío todo esto y le doy la maleta.

No, déjelo, quédesela también.

Tío. -¿Cómo dice?

-¿De dónde ha sacado esa camisa? -Me la dio el cura de la parroquia.

Me llamo Cristina Benito, me han secuestrado.

Vamos. -Tranquilo.

-Dame tu móvil.

Quiero a mi hijo de vuelta.

Quita ese jamón y sal de aquí inmediatamente.

¿Quién está como una...? ¡Ah!

Sí, señor, seguro que son ellos.

(RADIO) Localizado sospechoso en el término municipal de Mahíde.

(Disparo)

Eh, Da Silva.

Han matado a mi padre.

Este es mi último trabajo, Teo, lo dejo.

¡Ah! -¡Quieto!

Ya está. (LLORA)

¡El decano!

¡Ah!

(Disparos)

(Gritos y vítores)

(Campana)

¡Dale ahí, fuerte!

¡Venga, pégale! -¡Venga, fuerte!

(Campana)

¡Separadlos, separadlos!

(Aplauso)

(Campana)

Boxeadores, gente sin palabra. -Yo se lo puedo explicar, don Julio.

-No, mejor que te lo explique este.

Venga, Teo, habla, coño.

-Yo tenía que ganar este combate.

Tú tenías que dejarte noquear en el tercer asalto.

El señor Patiño apostó mucho dinero. -La culpa es suya, no sabe boxear.

No se cubre, no se mueve, no sabe encajar un golpe.

-Y tú no sabes con quién te estás jugando

los cuartos, chaval.

Me vas a devolver lo que me hiciste perder hoy,

peseta a peseta.

-Yo no puedo pagarle, don Julio, no tengo nada, solo tengo mis puños.

-Para joderme a mí o hay que ser un idiota

o tener un buen par de huevos.

Tú idiota no pareces.

Servirás.

-¿Para qué?

-Vas a trabajar para mí, gratis. Hasta que yo lo diga.

Estamos, ¿no?

(RECUERDA) "Limpio, rápido...

(Disparo)

Y seguro."

Te prometo que te reencontrarás con tus enemigos en el infierno.

"Adeus, pai".

(Despertador)

¡María! ¡Ay!

María. -Bonito pijama llevas.

-Madre mía.

Es que anoche llegué tan, tan cansado...

-¿Cansado? Yo más bien diría borracho.

-¿Y tú qué tal ayer, eh? -Yo muy bien.

Mientras tú te emborrachabas vestido de cerdo,

Jacobo y yo desobedecimos las órdenes de Villanueva

y encontramos a la hija de Salvador, que estaba siendo secuestrada

por unos narcos portugueses dentro de un camión frigorífico,

la rescatamos y detuvimos a parte de la banda.

-Oye, el Jacobo este, el compañerito tuyo,

es un poco trucha, ¿no? -¿Trucha?

-Blandito, afeminado de estos.

-Pues ayer se comportó como un hombre.

-¿Intentó algo contigo? -¿Que si ha intentado algo conmigo?

Lo que hizo fue tumbar a uno de los portugueses

con una botella de vino. -Ah, bueno, me pensaba yo...

Que ya me extrañaría, porque a la chica

que trajeron mis amigos al bar ni la miró.

-¿Chica? ¿Qué chica? -Una de estas que hace striptease.

Pero que, conforme llegó ella, tu San Jacobo salió corriendo, ¿eh?

-Y tú sí que te quedaste, claro.

-Hombre, hombre, yo soy el novio, yo no podía hacer ese feo.

Pero que la tía me enganchó y no me soltaba.

-Qué suerte tuviste, ¿eh? ¿Y qué más pasó?

-Nada, nada, no pasó nada.

Además, yo solo tengo ojitos para ti. -Quita, todavía apestas a alcohol.

-Que no estaba ni buena, que creo que era

del puticlub este de "La Granja Feliz".

-Ah, ¿también has estado allí?

-He pasado por delante, está en el pueblo, ¿qué hago?

-Me voy a desayunar, tengo muchas cosas que hacer.

-Hombre, María, María. Oye, María.

Ay, Dios, se me cansan los brazos.

Oye, te has dejado 20.000 euros aquí dentro.

(BOSTEZA)

Anda, Alfonso, vete para tu casa y échate un rato.

Sí, será lo mejor.

Bueno, déjalo al aire hasta que cristalice y no lo toques.

¿Te pasa algo?

Me pasa que esto es muy injusto, Alfonso.

¿El qué? Lo hacemos todo nosotros.

Conseguimos los ingredientes, cocinamos la sal en casa,

en mi casa, nosotros somos los que nos la jugamos.

¿Y don Julio qué hace? Bueno, nos paga por ello.

Una miseria, Alfonso, nos paga una miseria.

¿Por qué tenemos que consentir que don Julio se quede

con casi todos los beneficios de algo que es nuestro?

Porque nos puede pegar dos tiros, Almudena.

No nos va a matar, nos necesita vivos,

alguien tiene que cocinarle la sal del Himalaya.

¿Y si algún día deja de necesitarnos?

Esto se ha terminado, se acabó.

Bueno, me parece muy bien, es lo más sensato.

Entregamos este lote, nos retiramos

y se acabó toda esta locura de una vez.

A partir de ahora vamos al 50 % o no hay trato.

¿Cómo? Es lo justo.

¿Al 50 %? Tú quieres que nos maten ya, ¿no?

Ay.

(Golpes)

El decano.

Lleva aquí desde anoche, se me había olvidado. ¿Qué hacemos?

Hay que abrir.

¿Qué pasa? (GRITAN)

Te lo has cargado.

"Hola, soy Almudena, déjame tu mensaje

y te llamo en cuanto pueda. Gracias."

Almudena, soy yo.

Esto de que no tengas móvil es un incordio.

Pues nada, que estoy en Galicia, estoy bien,

solucionando un tema para que podamos estar juntos

sin preocupaciones.

Y nada, espero que puedas escuchar los mensajes en el fijo.

Y eso, que te quiero, nena.

Date prisa, Almudena, podría morderme.

Hombre, no le des ideas. Aquí está.

Venga, amordázale.

Por el amor de Dios, que no puedo respirar.

No puedo respirar, por Dios. (TOSE)

¿Tienes otro?

Hay que ir a por más. ¿Para qué?

Si se muere, mejor, así parecerá que ha sido de muerte natural.

No, no puede morirse,

me puede ayudar a aprobar la oposición.

Con el dineral que le voy a sacar a don Julio

no te hará falta volver a trabajar. Yo quiero ser funcionario.

Y él es el único que me puede ayudar. ¿A que sí?

Venga, tranquilo, tranquilo, que te traemos tu medicina.

Date prisa, por favor. Vale, voy a la farmacia,

pero porque no quiero otro muerto en mi casa, ¿eh?

Toma, por si acaso intenta escapar.

(TOSE)

Tranquilo, tranquilo.

Hombre, Pascual. Adelante.

Ya me dijo Teo que lo del portugués fue pan comido.

-Así fue, don Julio, en un verbo.

-Bueno, aquí tienes, un detalle de la casa.

¿Qué te ocurre, no lo quieres?

-Don Julio, hace 22 años que trabajamos juntos.

-Querrás decir que trabajas para mí. -Eso.

Y que la deuda que contraje con usted

por no dejarme ganar en aquella pelea...

-Me hiciste perder mucho dinero, sí.

-También le he hecho ganar mucho dinero.

-Cuidado con lo que hablas, hijo. ¿Qué quieres decir con eso?

-Con todos mis respetos, don Julio, lo dejo.

-Ah, que lo dejas, así, sin más.

Y crees que esa decisión es tuya.

-He venido a decírselo cara a cara, de hombre a hombre.

Le agradezco mucho lo que ha hecho por mí,

pero quiero cambiar de vida.

-Pascualito, tú sabes bien que solo hay una cosa más difícil

que entrar en este mundo, salir de él.

-Don Julio, si no me mató después de aquella pelea,

le pido que no lo haga ahora.

-Es por esa mujer, ¿no? Esa gata te tiene encoñado.

-Usted no lo comprende, pero sí, me he enamorado de esa mujer.

-Está bien, lo entiendo.

Pero quiero que sepas una cosa.

Cuando te canses de esa mujer, porque llegará el día

en que te canses de ella, que sepas que aquí siempre tendrás

las puertas abiertas. ¿Estamos?

Y que no te engañen, Pascual, que no te engañen.

Hay muchas formas de vivir, pero ninguna mejor que esta.

Pues sí, señor alcalde, fui yo personalmente

quien decidió "triangulizar" los móviles

desde el primer momento. -Triangular, mi sargento.

-Bueno, sí, como se diga.

El caso es que a los detenidos y al herido

se lo llevaron los compañeros

y los servicios de emergencia portugueses a un hospital suyo.

Bueno, o lo que sea que tengan allí.

-¿Podemos ir tranquilos a la novena de la virgen?

-Absolutamente.

-Sargento, disculpe, pero no todo está tan claro.

-Vaya por Dios.

-Aún no hemos encontrado todos los cadáveres,

faltan dos mormones.

Y lo de que Vicente mató a la vendedora de cuchillos

para robarle y luego colocarle los crotales en las orejas

no es muy creíble.

-Pues a mí toda la explicación me resulta muy coherente.

-Vamos a ver, Vicente ha confesado el crimen,

¿qué más se puede pedir? Deje ya de liar la perdiz.

-Salvador se me ha quejado enérgicamente.

-Nos equivocamos, lo siento mucho, no volverá a ocurrir.

-Se equivocaron porque desobedecieron mis órdenes.

-Gracias a que tuvimos iniciativa propia,

pudimos rescatar a la hija de Salvador.

-Eso fue gracias a la triangulización esa

que yo hice.

-Pueden agradecer que Salvador tiene ahora problemas mayores,

su mujer sigue en coma,

debatiéndose entre la vida y la muerte.

Papá, vamos a tener que hacer obras en la casa

para que la silla de ruedas pueda entrar por las puertas.

-Eso ahora es lo de menos, hijo.

-También tendrán que comprar una grúa de techo,

para acostarla y levantarla del colchón especial antiescaras.

-¿Qué son las escaras, papá?

-Compraremos lo que haga falta y haremos lo que sea necesario.

-Bien. Ahora mismo su mujer vive gracias al respirador

y el coma podría prolongarse durante años.

-¿Y hasta que no recupere la consciencia

tendría que seguir ingresada en el hospital?

-Sí.

-Pero queremos llevárnosla a casa lo antes posible.

-Y yo le entiendo,

pero aquí están estas máquinas y en su casa no.

Ahora, si me disculpan...

Fermín, ¿quedan existencias de la crema anticelulítica

Vientre Exótico? Nos ha entrado un pedido de Ponferrada.

Habrá que mirar en el almacén.

Pero que no estén caducadas, por favor.

Y si han caducado,

se les pone una pegatina cubriendo la fecha y ya está.

A mí esto de los pedidos online me mata. Ay.

Yo prefiero verle la cara al cliente.

Oh.

Tienes el esternocleidomastoideo fatal, no sé cómo aguantas el dolor.

¿El esternocleidoqué? Un poco a la derecha, a la derecha.

Ahí, justo ahí, qué bien. ¿Aquí?

A mí me gusta que mis empleadas trabajen relajadas.

Y tú, más que ninguna.

Ay.

Va a ser mejor que baje al almacén a hacer los paquetes.

Si quieres, te ayudo, tienes el cuello fatal.

No hace falta, muchas gracias.

Bien, como quieras.

"Os habéis quedado con las ganas, ¿no?

En cuanto os volváis a ver, antes o después,

catapón, a la cama del tirón."

No me creo nada de lo que me dice. -Es la verdad, se lo juro.

-La verdad es que a la mujer asesinada

la enviaron los portugueses para recuperar la droga

que había dentro de los cerdos de mi tío Francisco,

pero como Salvador le robó los cerdos a mi tío,

los portugueses pensaron que la droga la tenía él.

La mujer de los cuchillos se enfrentó a Salvador

y este se la cargó. ¿Es así o no?

-No, a esa mujer la maté yo, yo solo.

¿Cómo quiere que se lo repita? -¿Qué le ha prometido Salvador

a cambio de asumir la muerte de esa mujer?

-No sé de qué me habla, de verdad, no sé, no sé.

-Vicente, ¿cuántos años tiene?

-45.

-Saldrá de la cárcel con 15 años más, ¿le compensa?

-Mire, por favor, déjeme tranquilo ya, vale ya, ¿no?

-¿Sabe lo que le hacen en la cárcel a los que agreden a las mujeres?

Les cortan los huevos. -Déjalo ya.

-Saldrá de la cárcel siendo poco menos que un anciano.

¿Y sabe lo que hará Salvador mientras tanto?

Disfrutar de su vida, de su vida. -María, basta.

María, nos van a expedientar, ¿no te das cuenta?

-Tengo la sensación de que todo el mundo nos torea.

-Hacemos lo que podemos. -Este caso no está resuelto

y el alcalde y Villanueva piensan que sí.

-Pues resolvámoslo de una puta vez.

-Para que Villanueva se cuelgue las medallas,

ya has visto cómo es. -¿Y qué más da?

A partir de ahora ni un solo registro sin orden judicial

y nada de intimidar a un sospechoso. -No le estaba intimidando.

-¿Te parece si repasamos el caso?

-Sí.

El origen de todo, los muertos del restaurante

de hace diez días, que no sabemos quiénes son realmente.

A uno de estos individuos le faltaban varios dedos de una mano

por la mordedura de un cerdo, tenía escrito en la mano

los números de los crotales para saber qué cerdo había que robar.

Es posible que los falsos mormones fueran portugueses

intentando recuperar lo suyo.

Sabemos que Salvador le robó unos cerdos a mi tío

en el matadero para darle un escarmiento

por importar estos animales desde Portugal

y tirar los precios de la carne.

-Entonces, los portugueses mandan a la mujer de los cuchillos,

Salvador se ve amenazado, se la carga...

-Lo que está claro es que Salvador no tenía ni idea

de la existencia de esta droga, ya que no habría puesto en peligro

la vida de su mujer e hija.

¿Me estás escuchando?

-Eh... Sí, sí, claro, claro.

Entonces, si los portugueses matan a los individuos del restaurante

para quitarles la droga que habían robado

de un cerdo de tu tío Francisco,

¿por qué se quedan en el pueblo disfrazados de mormones?

¿Por qué mandan a la mujer de los cuchillos?

¿Por qué secuestran a Cristina?

-Porque había más droga.

Por eso encontré tres cerdos más destripados días después.

-Bien, pues si Salvador no tiene la droga

pero los portugueses siguen buscándola,

¿quién robó la droga del cerdo que falta?

-No lo sé.

Pero parece que hay más implicados

aparte de los traficantes portugueses.

-Esto no le va a gustar a Villanueva, porque achaca a los portugueses

el crimen del restaurante. -Solo hay una forma de saberlo.

-¿Cuál?

-Comprobar si los portugueses detenidos en el secuestro de Cristina

son los mismos que se han hecho pasar por mormones.

-¿Pero esto quién lo puede saber?

Herminio, ¿reconoce a alguno de estos individuos?

-¿Son los mormones que visitaron el matadero?

-Espere, este sí me suena de haberlo visto en el matadero.

-Vasco. ¿Este era uno de los mormones que estuvieron por aquí?

-No, no, no, eso no, no.

-¿Pero le vio con estos otros hombres?

-No, ninguno de estos eran los mormones

que pasaron por aquí. Y no eran portugueses.

Uno tenía acento gallego.

Y el otro era así un acento como del sur, murciano diría yo.

-¿Tenían acento gallego y murciano? ¿Y por qué no nos lo dijo antes?

-No le di importancia, España es un país multicultural.

-Pues tenías razón,

los asesinos del restaurante no son portugueses.

-Ahora tenemos dos asesinos sueltos, uno gallego y otro murciano,

que se hacen pasar por mormones, y dos mormones reales desaparecidos.

-Sin olvidarnos de tu tío. Es el auténtico culpable

y también ha desaparecido o está muerto.

-Mi tío tiene que ver en todo esto.

Y ayer vi algo muy raro en la procesión.

¿Por qué no vamos a la parroquia de Santa Juliana?

Igual allí podemos averiguar algo sobre el paradero de mi tío

siguiendo la pista de la ropa que llevaba puesta el peregrino.

-Es otro modo de enfocar la investigación.

-Venga, vamos.

-María, espere, ¿quiere escuchar lo que le he compuesto para su boda?

Sabes que podíamos habernos ahorrado esta situación, ¿verdad?

Yo hice el examen delante de ti,

¿qué trabajo te hubiera costado enviarlo?

Si solamente quiero ser funcionario, nada más.

Yo no quiero andar por ahí con pistolas

ni metiendo a la gente en los maleteros de los coches,

yo quiero un sueldo a final de mes, cuatro semanas de vacaciones,

mis moscosos...

Como cualquier español.

¿Eh?

¿Qué dices? Que yo... Que yo te puedo ayudar.

(Timbre) Que te puedo...

Que yo... Calla.

Almudena, con tu inhalador. Espera aquí tú.

(GRITA)

Se supone que tú estás con Francisco, ¿no?

Eso quisiera saber yo. ¿Qué hicieron con Francisco?

¿Con Francisco?

Pero si se fugó contigo. Esas son las mentiras

que andan contando por todo el pueblo, ¿verdad?

Para tapar que Almudena y usted mataron a mi hombre.

Mi hija, que es nada menos que guardia civil,

me ha dicho que la fuga de Francisco contigo es la hipótesis principal.

O sea, que me vas a negar que te estás cogiendo a tu cuñada.

¿Cogiendo qué?

Cogiendo, chingando, zumbando, culeando, me da igual.

No, no, Almudena es una pobre mujer abandonada,

rota de dolor, ¿eh?

¿Y por qué se la pasan todo el día juntos?

¿Juntos? ¿Será porque somos familia

y trabajo en el matadero de mi cuñada?

Por eso sabían lo que Francisco hacía con los cerdos.

¿Qué hacía? Traer droga en su interior.

¿Cocaína dentro de los cerdos? Ah, lo ha dicho.

¿Que he dicho qué? Ha dicho cocaína,

está claro que lo sabía, por eso mataron a mi Francisco.

Mire, señorita, si dentro de los cerdos de Francisco

había droga o cocaína o lo que sea, eso es problema de él.

Y por lo que veo, también suyo. Lo sabes todo.

Mientes. Y quiero dinero por cerrar la boca.

Pues no hay dinero. Ah, ¿no?

No.

Bueno, sí.

Tome, 100 euros.

¿Esto?

52 céntimos. Quiero más.

¿Más?

Ahora, ya.

Está bien.

Pero me prometes que te vas de aquí para siempre.

Espera aquí.

(TOSE)

¿Tienes cartera?

¿150 euros?

Bueno, te los tomo prestados, ¿eh? Te los devuelvo.

No tengo más. Y tengo muchas cosas que hacer.

Encantado de volver a verte, adiós.

Hay otra hipótesis

de lo que pudo pasar en el restaurante.

-Dime.

-¿Y si mi tío sacó la droga del otro cerdo

y se fugó con su amante traicionando a sus socios portugueses?

Mi tío sabía en qué cerdos estaba la droga.

-Por eso el gallego y el murciano

no se marcharon del pueblo inmediatamente,

porque tenían la droga de un cerdo, pero buscaban el resto.

Quizá estaba en otro cerdo.

-Que la hayan encontrado o no es otro asunto.

-Ya, pero si se marchó con su amante,

¿qué hacía ese tío con la ropa de tu tío?

-A ver qué nos puede contar el párroco.

(Mensaje)

Mi novio.

Ahora se siente culpable por la despedida de soltero.

-Normal, menudo pedo llevaban anoche.

-Encima le cuento que ayer nos jugamos la vida

y le importa una mierda.

-Bueno, cada uno tiene sus prioridades.

-No, es idiota. Y un inmaduro, eso es lo que le pasa.

¿Qué? -¿Qué? Eso digo yo.

-¿Esto qué es, lo del mes?

-No, el dinero que me prestaste anoche.

-¿Qué dinero que te presté anoche?

-El que te pedí para un drag queen de esos.

-¿De qué drag queen me estás hablando?

-El nuevo que han traído a "La Granja Feliz", ¿no te acuerdas?

Madre mía, cómo estaba, oh.

-No... No me acuerdo, Herminio, ¿de qué me tengo que acordar?

-No lo sé, yo estaba en la otra habitación.

-¿Pero cómo que en la otra habitación?

-Ah, porque tú quisiste, el trío nos salía más barato.

-¿Que yo estaba dentro de una habitación?

-Hombre, claro, ya verás.

Bueno, y te comportaste como un torero, ¿eh?

Toda la noche venga a entrar a matar, venga a entrar a matar.

No, si mañana te puedes casar con la conciencia bien tranquila,

sí, señor, has aprovechado al máximo tu soltería. Sí, señor.

Al fin y al cabo, es de lo que se trata

en estos casos, ¿no?

¿Y esto qué es? -Nada, nada, esto no es nada, nada.

Eh...

Herminio, ¿había alguien más con nosotros en "La Granja Feliz"?

-No, nadie más. -Escúchame atentamente.

De esto ni una palabra a nadie.

Nunca, ¿entendido? Nunca.

-Hombre, Nuño, claro, por supuesto.

Las cosas de anoche quedan en la noche,

eso lo sabe todo el mundo.

Bueno, bueno, pero vamos a ver,

¿usted tiene ya la fórmula de la sal del Himalaya?

-Bueno, se puede deducir la fórmula separando el excipiente del resto,

pero eso supondría exponer la droga

a un tratamiento de altas temperaturas

que podría alterar la estructura de los principios activos.

-¿Y por qué eso no me lo dijo el primer día?

-Don Julio, lamento no haber solucionado el problema.

-No se preocupe,

se me acaba de ocurrir una solución más eficaz.

(TOSE)

Otra. Un, dos, tres.

Otra. Un, dos, tres.

Ahí. Ah.

Menos mal, creía que se nos moría.

¿Ha venido alguien? No, nadie.

"Hola, soy Almudena, déjame tu mensaje

y te llamo en cuanto pueda. Gracias."

(PASCUAL) "Almudena, soy yo.

Esto de que no tengas móvil es un incordio.

Pues nada, que estoy en Galicia, estoy bien,

solucionando un tema para que podamos estar juntos

sin preocupaciones.

Y nada, espero que puedas escuchar los mensajes en el fijo.

Y eso, que te quiero, nena."

Ha dicho que me quiere.

¿Qué carallo haces?

-¿No lo ves? Recogiendo. Se acabó.

-¿Y te vas así, sin más?

¿Y don Julio? ¿Qué crees que va a decir don Julio?

-Ya lo sabe. -¿Ya lo sabe?

-Le he presentado mi dimisión,

le he entregado el móvil y la pistola.

-¿Qué coño es eso de la dimisión?

Nosotros no dimitimos, Pascual.

-Toma.

-Eh, esta es tu camiseta de la suerte,

de cuando eras portero, joder. -Ahora es tuya.

-Siempre dijiste que te ayudaba a parar los balones

y luego, las balas.

-Y funciona, nunca me ha pasado nada.

-Toma, significa mucho para ti, toma.

-Tú también significas mucho para mí, eres como un hermano.

-Está bien.

-Ahora a empezar otra vida.

-Bueno, pues a donde vayas... Toma, lleva esto.

-Donde voy no la necesito.

-Ya. El pasado no se olvida, Pascual,

por mucho que tú quieras inventar una nueva vida.

No desaparece, ¿entiendes?

Además, ya no tienes la camiseta de la suerte. Venga, va.

-Un abrazo, anda.

-Pero solo uno, ¿eh?

(JUAN CARLOS TOSE)

No tenía que haber ido a por el inhalador.

¿Por qué? Pobre hombre. ¿Cómo pobre hombre?

Lo sabe todo sobre nosotros, sabe a qué nos dedicamos.

Pero yo no digo nada, lo juro, salgo de aquí y soy mudo.

Tenemos que pensar qué hacemos con él.

Si me soltáis... Si me soltáis, te hago funcionario ahora mismo.

¿En serio? Sí, solo necesito hacer una llamada.

¿Has oído eso, Almudena?

No sé a qué viene ese empeño tuyo en trabajar de nueve a cinco.

Porque quiero vivir tranquilo. ¿Mejor funcionario que millonario?

Mejor ser una persona normal.

Diez segundos al teléfono y funcionario vitalicio.

Venga, vamos.

Alfonso, no voy a permitir que me dejes colgada ahora.

Yo no te dejo colgada.

Siempre te he dicho que para mí lo primero era la plaza.

Tú puedes seguir sola con la sal del Himalaya.

¿De dónde saco los fármacos veterinarios?

Señora, yo puedo conseguírselos. ¿En serio?

Sí, la plaza para él y los fármacos para usted.

Pero suéltenme, por favor. Por favor, quiero irme a mi casa.

(Teléfono)

¿Sí? ¿Don Julio?

Soy Almudena.

¿Qué tal, cómo van esos 20 kilos? Pues de momento solo tenemos uno.

Eso no es lo que habíamos acordado.

Ya, pero es que vamos a tener que renegociar el precio.

¿Cómo?

Tengo un kilo de sal del Himalaya puro,

cortado puede sacar sus 20 kilos o más.

¿Y a cambio? La mitad de su valor en la calle.

Me parece justo, está bien.

Pero ¿qué te parece si hablamos esto personalmente?

Lo hablamos como usted quiera,

pero delante de un maletín lleno de euros o se queda sin sal.

Lo entiendo, sí.

Esta misma tarde salgo para Torrecillas.

Fantástico.

¿Qué te parece si nos vemos en tu matadero

para negociar a las seis? Allí nos veremos.

Sales ahora mismo para Torrecillas.

-Sí, señor Patiño. -Almudena. Mátala.

-Ningún problema, señor. -¿Pascual ya se fue?

-No, está recogiendo sus cosas.

-Que te acompañe a Torrecillas.

Mátalo.

-Me dijo que estaba todo bien con usted, señor.

-Teo, Pascual es un traidor.

Esa mujer acabó con lo poco que él tenía de bueno.

-¿Y con el otro, con el veterinario, qué hacemos?

-Tráelo. -¿Y si no quiere venir?

-Vendrá, vendrá.

Si quiere proteger a su familia, vendrá.

Vamos.

El desayuno del rey de la casa.

Yo también tengo hambre.

Eres una niña muy traviesa.

Igual me merezco unos buenos azotes en el culito, papá.

Papá, papá.

Toma, te he traído unas revistas para que te entretengas

y no estés todo el rato pensando en mamita.

-Muchas gracias, hijo, muchas gracias.

Mira, quiero que se vea bien la parte de la cadena

que une con la otra mitad de las esposas.

Mi novia vendrá en un rato a hacerse la otra parte,

así, cuando nos cojamos de la mano, parecerá que se unen. (RÍE)

Es mi regalo de boda.

Bueno, hay muchas parroquias que no cogen ropa

por no tener que andar guardándola y repartiéndola.

-Pero ustedes sí lo hacen. -Sí, miramos mucho por los pobres.

-Por eso el peregrino que vimos en la procesión

llevaba la ropa de mi tío. -Eh... Supongo.

Con la crisis hay mucha necesidad y yo atiendo a todo el mundo.

-¿Y cuándo le entregaron la maleta?

-Hace pocos días, por Santa Juliana, la patrona.

-¿Y quién se la trajo, fue mi tío? -No, qué va, fue una mujer.

-¿Una mujer?

-Sí, sí, muy agradable y... De buen ver.

-¿Es ella la que le trajo la maleta?

-Eh... Sí, fue ella, sí.

-¿Tiene la maleta por aquí?

-Creo que sí.

¿Voy a buscarla? -Por favor.

-Vale, espérenme aquí.

-Santa Juliana cayó el día después de la desaparición de mi tío.

Mi tía Almudena trajo la maleta justo un día después.

¿Cómo va tu cuello? ¿Duele? No.

Fermín, me da reparo enviar productos caducados.

¿Y si el cliente quita la pegatina y lo ve?

Las buenas cremas son como las mujeres guapas,

jamás caducan.

Entonces, ¿lo de "consumir preferentemente antes de"?

El buen vino solo se logra con el paso del tiempo.

El vino sí, pero...

Le pasa lo mismo que a ti.

(Música rock)

Va a quedar de maravilla, le va a encantar, ya verá.

(Móvil)

Dime. -¿Cómo van los nervios, eh?

Mañana nos casamos. -Nuño, estoy trabajando.

-Tengo una sorpresa para ti, ¿vale?

Pero tiene que ser hoy antes de las siete.

(Moto)

¿María?

Que me ha colgado.

Venga.

-¡Alto! ¿Qué hace?

(GRITA)

¿Gozas? Me gusta. ¿Te quieres callar, Fermín?

Oh, sí. (GIMEN)

¡Quieto!

-¡Ah!

Ay.

Aquí estaba el dinero. -¿Cuánto había?

-Algo más de 150.000 euros.

Miren, doy misa en 17 pueblos distintos de la zona

y tengo que ir de uno a otro en autobús.

-Tomó este dinero como una donación. -No, como un milagro.

Me compré la moto para atender a mis feligreses.

-¿Y con el resto del dinero qué hizo? -Lo perdí invirtiendo en bolsa.

Venderé la moto y les devolveré lo que recupere.

-¿Qué hacemos con él? -No lo sé.

Ni siquiera sé si ha cometido un delito,

mi tía le trajo la maleta, es una donación.

-No me manden a la cárcel, por favor, que soy víctima propicia.

-Padre, de momento se libra,

pero nos llevamos la maleta como prueba.

Pero ¿te quieres vestir?

¿Qué tal he estado, del uno al diez? Fermín, que puede venir alguien.

Ya habrás visto

que el gatillazo de la otra noche fue cosa del alcohol, ¿no?

Mira, tenemos que dejar esto como estaba, ¿eh?

Y de lo que ha pasado aquí ni mu a nadie. ¿Me quieres ayudar?

Cómo se nota que no estás acostumbrada

a estas cosas.

Por supuesto que no, porque yo soy una mujer decente.

Sí, muy decente, pero hace un rato estabas disfrutando muchísimo.

Vale ya, Fermín, vale ya.

¿No vas a contar ningún chiste?

-Ya te los conté todos.

-Venga, hombre, aunque no sea un chiste de murcianos.

El chiste ese del armario empotrado no es un chiste de murcianos,

es un chiste de vascos.

-Los chistes son todos iguales. Y los de murcianos más.

-Me gustaría que fueras el padrino de mis zagales.

Por si nos pasara algo a Almudena y a mí.

Aunque no tiene por qué pasarnos nada, ¿verdad?

-Me gustaría ser padrino, pero de otra familia, no de la tuya.

-¿De qué familia?

-De la familia Corleone.

(VOZ RONCA) ¿Qué he hecho para merecer tan poco respeto?

Si hubieras mantenido mi amistad,

los que maltrataron a tu hija lo pagarían con creces.

Porque cuando un amigo mío se crea enemigos,

se convierten en mis enemigos.

Y a ese le temen.

-"Amici", padrino.

-"Amici, Pascuale".

No quiero truquitos, ¿eh?

No quiero más problemas contigo ni, sobre todo, con tu mujer.

¿Mi mujer? ¿Conoces a Mari Jose tú? ¿No se llama Almudena?

Ah, no, no, por Dios, Almudena es mi cuñada.

Elegí bien en su momento, menos mal.

Es que como en la facultad dijisteis... No sé.

Sí, sí, hola.

Soy Juan Carlos Aguirre, de la facultad de veterinaria.

Ese es, el mismo, sí, sí.

No, bien, bien. No, todo bien, muy bien, muy bien.

Mira, es que necesito que me hagas un favor.

Eh... Sí, claro que te lo devuelvo, por supuesto.

¿Te he fallado yo alguna vez, eh?

Pues mira, necesito que metáis a uno

en las listas de aprobados de la última oposición.

Eso es, se llama Alfonso... Cubillos, Alfonso Cubillos.

Alfonso Cubillos, sí.

No presentó el examen, pero se sabe todo el temario de memoria.

Si no se lo cree, puedo ir a verle. No hace falta.

Vale.

¿Eh? Ah, ¿sí?

¿Que ya está?

Ah, que cambiáis el nombre en el ordenador y ya, ¿no?

Guau, muy bien, muy bien. Pues muchísimas gracias, ¿eh?

Muchas gracias por el favor.

Y por supuesto que te lo devuelvo, claro que sí. Venga, adiós.

Bueno, pues ya tienes tu plaza de funcionario.

¿En serio?

Sí, han cambiado el nombre de un aprobado por el tuyo.

¿Me puedo ir ya? Sí, pero déjame que te dé un abrazo.

Mari Jose no se lo va a creer.

¡Que soy funcionario, soy funcionario, soy funcionario!

¿Qué pasa?

Madre.

Muy bien, Alfonso, ahora a ver quién me consigue a mí

los medicamentos para fabricar más sal del Himalaya.

Mi tía me enseñó el armario sin la ropa de mi tío,

¿por qué nunca me dijo

que había donado su ropa a la parroquia?

-Porque querría que creyeras que se había marchado con su amante.

-Si los falsos mormones fueron a hablar con mi tío

al matadero, es porque pensaban o sabían

que mi tío tenía la droga que había en los cerdos.

-Pero el párroco no nos ha dicho nada de droga dentro de la maleta.

-Mi tía, tal vez ella la encontró y la sacó.

Nosotros encontramos restos de droga en su casa.

-Eh...

Venga, María, tranquila, ya está.

Mañana es tu gran día, ya verás cómo todo tiene una explicación.

Mira, si quieres, dejamos la investigación por hoy.

-Jacobo, esto es muy fuerte,

mi tía puede estar implicada en todo esto.

-Bueno, no te tienes que precipitar, a lo mejor,

si hablamos con ella, nos explica alguna cosa...

-¿Quieres callarte y abrazarme?

¿No ves que ahora necesito que me den cariño? (LLORA)

-Sí, claro.

-¿Qué haces?

-Pues... No sé, darte cariño.

(Móvil)

(Pitido)

(GIME)

Quedarnos solo con Alfonso es lo más inteligente.

-Sí, fabricando la sal del Himalaya solo para nosotros

vamos a pasar a otro nivel.

-El problema será don Augusto, ¿y si se entera?

-No tiene por qué enterarse, si lo hacemos bien.

-Nadie se mueva.

O puede pasar esto.

(GRITA)

Ahórrese los gritos.

Este era el último de sus hombres en la casa.

-¿Quién es usted, qué quiere?

-Mi nombre es Vasco Da Silva.

Vosotros matasteis a mi padre, así que preparaos para morir.

Venga, coño, que hemos quedado con Almudena.

-¿Y eso a ti qué te importa? Tú estás fuera de esto, ¿no?

-No creas que te voy a dejar solo. -¿Cómo?

-No has venido solamente a por la droga, ¿verdad?

Don Julio te ha encargado algo más.

-¿Y qué esperabas, Pascual? -¿Y qué vas a hacer?

¿Nos vas a matar a todos? -Menos al veterinario.

El jefe quiere que siga fabricando droga de esa para él.

-Claro.

Y tú vas a hacerle caso.

Frente a frente otra vez, como hace 20 años.

-Te pediría una revancha, pero tú boxeas mejor.

-Todavía podemos arreglarlo. -Ah, ¿sí? ¿Qué se te ocurre?

-Almudena tiene la sal del Himalaya. Quédatela, toda tuya.

-¿Y a cambio?

-A cambio nos dejas escapar, a ella y a mí.

Nunca nos volverás a ver. -¿Y don Julio?

-Don Julio no tiene por qué enterarse de nada.

-Me estás proponiendo que lo traicionemos, ¿no?

-Él ya nos ha traicionado, mira cómo estamos.

-¿Y qué hacemos con el veterinario?

-Me da igual, no me importa, haz lo que quieras.

Serías el Tony Montana gallego.

-Don Julio no va a parar hasta encontrarnos.

-Don Julio nunca nos encontrará.

-Está bien, pero te vienes conmigo, no quiero sorpresas con la pelirroja.

-Lo que tú digas.

-Ya, vamos.

-¡Ah!

-Esta te la debía.

Cuando tenga la droga, os dejaré libres a los dos, ¿eh?

-¡Ah!

-Esta vez no me la vas a jugar.

¿Es que no me vas a ayudar con esto? No, este muerto es tuyo.

Apáñatelas solo, yo voy a negociar con don Julio.

Pero...

Y cuando vuelva, lo quiero todo como los chorros del oro.

Vamos a jugar a un juego.

-Puedo darle todo el dinero que quiera.

-Quiero a mi padre vivo, ¿puede conseguir eso?

-Por favor.

Por favor, no nos haga daño, por favor.

-Yo no voy a hacerles ningún daño.

Van a ser ustedes mismos.

En este juego solo hay una regla, es muy sencilla.

El que antes agarre el cuchillo y acabe con el otro salva la vida.

-Eres un maníaco, no vamos a hacer eso.

-Pensadlo bien, uno de los dos tiene la posibilidad de sobrevivir.

-Dios, no voy a matar a mi marido. -Ni yo a mi mujer. ¿No?

-Entonces, los mato a los dos y yo gano el juego.

-No, espere, espere.

(Puerta)

Adelante.

-Señor Fermín, ¿puedo hablar con usted?

-Sí, hombre, pasa, pasa. ¿Qué quieres?

-Pues... Es que estaba revisando... -¿Qué, qué?

-Que estaba revisando los registros de la cámara de seguridad

del almacén y... Y bueno, he visto algo.

-¿Qué?

-Pues que menuda loba la María José, ¿eh?

Y con todo el respeto, está usted hecho un toro.

-¿Y alguien más ha visto eso? -No, no, no.

Yo solo venía a advertirle

para que tenga más cuidado la próxima vez,

porque conmigo no hay problema, pero igual con otro...

-Gracias, gracias.

-No se preocupe, ¿eh? Que lo borro todo.

-Espera, Jose.

¿Te importaría...?

Antes de borrarlo, hazme un copia, ¿sí?

-Sí, claro, claro.

(LLORA)

Yo no quería hacerlo, no.

Perdóname, cariño.

Me obligó, me obligó.

-Podrías haberla salvado a ella,

pero elegiste salvarte a ti mismo,

demostrando la clase de hombre que eres.

-Ahora cumple con tu palabra, maldito portugués.

-¿Dónde están los dos que dispararon a mi padre?

¿Dónde están?

¿Dónde están los dos que faltan?

-¡Ah!

(Vibración)

Señor Patiño, ya estoy en Torrecillas con la pelirroja.

¿Hola?

Señor Patiño. ¿Era don Julio?

Sí, era don Julio. ¿Por qué no ha venido?

¿Y Pascual, dónde está Pascual?

Lo que tengas que hablar con Pascual me lo puedes decir a mí.

Yo no negocio con segundones.

Mira, pelopaja, se supone que estoy aquí

para matarte y quedarme con tu droga.

Luego me llevaré al veterinario para que fabrique más

a cambio de la vida de su familia.

¿Y Pascual, dónde está?

¿Qué habéis hecho con él, dónde está?

Dame la droga y te diré dónde está Pascual.

Le habéis matado, ¿es eso?

Le has matado por salirse de vuestra mafia.

Dame la puta sal del Himalaya y te digo dónde está Pascual.

Y cuando consigas lo que buscas, ¿acabarás conmigo?

Solo hay una forma de saberlo. No la he traído.

¿Me crees tan idiota? No pensaba malvenderla.

Y mucho menos voy a regalártela a ti.

¿Y dónde carallo la tienes?

¿Qué haces?

¿Por qué te empeñas en creerte una profesional?

(GRITA)

Gracias.

Gracias.

-Buenas noches.

Vas a terminar cogiendo un sida

con la manía esa que tienes de pintarrajearte el cuerpo.

-Mamá, vete a recoger la cocina, por favor.

-Pero bueno, es que... -Mamá.

-Perdona por haberte colgado el teléfono,

pero es que me pillaste en muy mal momento.

Me dijiste que fuera a no sé dónde por una sorpresa, ¿no?

¿Qué era? ¿Puedo ir mañana?

-Mañana es nuestra boda, no sé si te acuerdas.

-¿Y eso? ¿Qué te has hecho?

-Esto es la sorpresa que quería darte,

se supone que tú tendrías la otra mitad.

Pero como estás tan ocupada con tu trabajo...

-¿Un tatuaje? -Son las esposas que nos pusimos

el día que te pedí que te casaras conmigo.

Mi sorpresa era que tú te las tatuaras también

y mañana las juntáramos. -Soy guardia civil,

no puedo llevar tatuajes tan a la vista.

-Es que solo te importa ser guardia civil.

-Es mi trabajo, ¿tan difícil es que lo entiendas?

-Ninguna mujer, ninguna, trabaja el día antes de su boda.

-Pues lo siento, porque vas a casarte con una guardia civil.

-Pero es que puedes no serlo, María, puedes no serlo.

Tenemos el bar, podemos trabajar juntos los dos aquí.

-Nuño, no entiendes nada,

ser guardia civil es algo muy importante para mí.

-¿Más que yo?

-Mira, Nuño, déjalo, me voy a casa.

¿Qué haces aquí?

-Eh... Nada, estaba pensando en todo el lío de esta mañana,

del párroco y... -¿Me llevas a casa?

-Sí, sí, claro.

(CARRASPEA)

Me... Me iba ya, Fermín.

Tengo un regalo.

¿Un regalo? ¿Aquí dentro?

Hay un archivo que me gustaría que vieras.

¿Es del trabajo?

Es que acabo de apagar el ordenador y...

Mañana se casa mi hija y me gustaría irme ya a casa.

No, puedes verlo en casa tranquilamente.

Pero eso sí, tú solita, ¿eh?

Por cierto, ¿qué le vas a regalar a tu hija por la boda?

El convite y parte del viaje de novios. ¿Por?

Un piso en la playa, en Torrevieja, eso sí que sería un buen regalo.

Ya te he dicho que eso no va a poder ser,

que Alfonso no está de acuerdo. Pues convéncele.

No insistas, Fermín. Bueno, entonces,

tendré que hacerle llegar otro de esos a tu marido.

Nos vemos mañana en el piscolabis de la boda.

Bueno, pues nada, que vaya todo muy bien mañana.

-Gracias. Buenas noches. -Buenas noches.

(Televisión)

"Hola, soy Almudena, déjame tu mensaje

y te llamo en cuanto pueda. Gracias."

(Puerta)

Buenas noches, papá. Hasta mañana, papá.

Hasta mañana, cariño.

"Conmoción en La Coruña tras el brutal asesinato

del empresario Julio Patiño y su esposa, Inmaculada Casal,

en el interior de su vivienda. Junto al matrimonio asesinado,

también han muerto varios guardias de seguridad.

Se desconocen las causas del asesinato,

pero todo apunta a que el crimen se produjo

durante el robo en su domicilio."

(Teléfono)

Almudena, nos acabamos de quitar un problema de encima.

No soy tu Almudena, soy Coral Valdés.

¿Cómo se te ocurre llamar a mi casa? Porque las cosas han cambiado.

Quiero los cinco kilos de cocaína que le robaron a mi Francisco.

O los 300.000 euros que cuestan en la calle.

Elija. Si no, iré a la Policía, a contarles

que ustedes mataron a Francisco y se quedaron con toda la droga.

Pero vamos a ver... No hay peros.

El dinero o la droga. Y cuanto antes, mejor.

Sí, eso, bajen, bajen, con cuidado, despacio, despacio.

Un poquito más, un poquito más hacia acá,

hacia la izquierda, eh, eh, va, ahí, ahí.

(Timbre)

Salvador. Almudena.

Salvador. Qué sorpresa.

Eh, ¿te has enterado ya de lo de Teresa?

No, ¿qué le pasa?

Está muerta. ¿Muerta?

¿Pero muerta, muerta? ¿Han terminado ya?

Gracias.

Ay, no sabes cuánto lo siento, Salvador. (LLORA)

Somos unos desgraciados, Salvador, nos hemos quedado solos.

Solos. Sí, solos los dos. Yo ya no puedo más.

Desde la desaparición de Francisco la casa se me viene encima.

Te entiendo perfectamente, a mí me empieza a ocurrir lo mismo.

Es horrible, Salvador,

siento que las paredes se estrechan más y más.

Sí, sí, es una sensación terrible.

Por favor, ¿puedo pasar la noche en tu casa?

Almudena, tú puedes hacer lo que quieras, lo que quieras.

Gracias, Salvador.

Tienes un corazón que no te cabe en el pecho.

Vamos.

Voy a decir que te preparen el cuarto de invitados.

(Fado)

"Filhos da puta".

Más pronto que tarde, Almudena será mi mujer.

No sé si estoy cometiendo un error casándome con Nuño.

¡Viva el novio! (TODOS) ¡Viva!

Tenemos novedades sobre el caso del crimen del restaurante

y sobre mi tío Francisco.

Don Julio e Inmaculada están muertos.

Espero que no traigáis malas noticias.

No. -Sí.

¡Fuera!

Quiero mi dinero o la cocaína de Francisco.

Y la quiero ya.

Si meten la pata, el marrón se lo comen ustedes solos.

Como des un paso más, te mato.

Alfonso, creo que nos han descubierto.

(GRITA)

Es que los hombres no dan más que problemas.

Mira tu tía Almudena qué a gusto está

desde que se ha quedado sola.

Sargento, debería venir a la finca del Baudilio.

En cuanto termine, vuelvo para Zamora.

Estamos convencidos de que Francisco está muerto.

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