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¿Qué pasa?
- La letra... ¿No la oyes? - ¿Crees que me hace falta?
¿Estás preocupado por Conte?
¿Piensas que Salvatore Conte tiene ganas de verme?
Me espera con los brazos abiertos, ¿verdad?
De hecho, ni se acuerda de que le pegué fuego a la casa de su madre.
Sí, estoy preocupado.
También porque te dejo aquí solo.
No te preocupes. Concéntrate en llegar a un acuerdo con Conte.
Y después, cuando vuelvas, nos comeremos a todos.
- ¿Puedo encenderlo? - Date prisa, que me harás perder el avión.
Por favor, por aquí.
Un momento.
He de ir al servicio.
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- ¿Podría ver ahora a don Salvatore? - Ahora lo llevo al hotel.
- ¿Al hotel? - Es lo que me han mandado.
- Muy bonito. - Todo suyo.
- ¿Y ahora qué haremos? - Nada. Descanse. Le llamaré.
A tomar por saco.
- ¿Ha llegado? - Sí, sí.
Enseguida aviso a don Salvatore.
Está bien. Cambiadle la habitación.
- ¿Quién es? - Soy yo.
Escondámosla.
Tienes el móvil cerrado, he de hablar contigo.
Muévete, es urgente. ¡Muévete!
Ahora vengo.
Ha llegado el mensaje del contacto.
Volvemos a tener el dinero y he decidido que te encargues tú solo.
Entonces, si Ciro resuelve a Conte, estará todo arreglado.
- Sí, de acuerdo, ¿pero dónde está Honduras? - Tocando a México, Guatemala.
- ¿Pero por qué tengo que ser yo? - Porque es el principio,
porque tenemos que dejar la marca de nuestro nombre.
Gennà, esto es más grande que todo lo demás.
Si lo resolvemos, todo el mundo tendrá que venir a vernos.
Seremos los más fuertes, Gennà.
Y también por ti; pues dejaría muy claro quién manda.
Dejaría bastante claro por fin, que tú eres quien manda.
De acuerdo, mamá, lo puedo hacer.
Soy un Savastano, lo puedo hacer.
Seremos los más grandes.
¿Dónde vas? Ven.
No lo tiene que saber nadie.
- ¿Y Noemi? - Dile que te tienes que ir.
Pero no a dónde.
Gennà, esto funcionará si no se entera nadie, ¿entendido?
- Está bien. - Tampoco Ciro.
Tampoco Ciro.
- ¿Diga? - Hoy no se hará nada.
¿Qué cojones quieres decir? ¿Y yo qué coño hago?
No lo sé. Haga lo que quiera. Nos vemos mañana.
Espera, amor mío, vamos.
¿Qué tengo que esperar?
Que vuelva. Y cuando vuelva, mandaremos tú y yo.
Gennà, solo prometes y prometes, pero nunca haces nada.
Tenia que ser la reina. Mira. Mira dónde estamos.
¿Te parece un palacio real?
Y ahora, tengo que esperar. ¿Por qué?
- Porque cuando vuelva... - ¡Cuando vuelva, cuando vuelva!
- ¿Volverás? - Sí.
- ¿De verdad? - Sí.
- Déjame una prenda. - ¿Una prenda?
- Una prenda de amor.
Está bien, de hecho, estaba harta.
¡No eres nadie, Gennà, dejas que todo el mundo te mande!
¡No eres nadie, tan solo un pobre desgraciado!
¡Malnacidos!
¡Malnacidos de los cojones!
Malnacidos...
- ¿Quién es? - "Breakfast, sir."
"Telephone is broken, Kaput."
"There's someone waiting for you downstairs."
¿Qué coño dices?
Ahora sí que te he entendido.
- Buenos días. - ¿Ahora es posible? - Tengo el coche afuera.
Te agradezco esta noche tan fantástica.
¿Lo ve?
Un trozo de esta obra es suya.
Esta también, 25 pisos.
Esta es la más importante, el casino.
- Párate. - ¿Por qué?
- Tengo que mear. - ¿Aquí?
Si no te paras, mearé dentro del coche.
¡Se ha acabado la visita turística! ¡Llévame a ver a Conte!
- Tengo órdenes... - Me importa tres pepinos,
estoy hasta los cojones. ¡Llámale!
Llámale, coge el teléfono.
Como que hay Dios en el cielo, que te mato aquí mismo. Espabila.
¡Llámale!
Soy yo. Hay un problema con el huésped.
Ahora vamos.
Buen chico.
¿Eres creyente?
Es importante. Si tienes fe nunca estás solo,
nada te da miedo.
Sin fe, no habría ido a ningún lado.
Por eso tengo que agradecer a la persona
que me hizo entender lo que es la fe:
mi madre.
¿Conoces a mi madre?
La conoces bastante bien. Sabes dónde vive.
¿Qué? ¿Te gusta?
A mí me gusta así, cuando no se ve ni se oye nada de nada.
Don Salvatore, disculpe,
desde esta mañana que le doy vueltas. ¿Cuándo podremos hablar?
¿Qué pasa? ¿Tienes prisa?
Solo quiero resolver las cosas. Y volver para casa.
Eres un pedazo de mierda.
Hasta has traído pistola, pedazo de mierda.
La pistola. Sé que fuiste tú.
Sé que fuiste tú.
¿Quién fue? ¿Quién pegó fuego a la casa de mi madre?
- ¡Fue una orden! - Fuiste tú. La orden de otro mierda como tú.
Y ahora, muérete.
¿Adónde cojones vais? ¡Malnacidos!
Lo compraremos todo, Gennà. Todo. 100, 200, 300 kilos.
Lo que haya, nos lo quedaremos.
Pero tú tienes que ponerle precio. Tienes que ser listo.
Empieza en 1,20, pero no pases de 1,40.
- Entendido. Máximo 1,40. - Bravo.
Con este precio, la revendemos a los jefes de zona por 30,
ellos la vuelven a vender por 50 y, después, lo dividiremos todo.
No quedará nada para nadie más.
Es todo lo que tienes que hacer. Avísame cuando lo cierres, me encargo del resto.
- ¿Y después? - Después nada, no te cambies de sitio, Gennà.
Entonces, cuando allí salga el cargamento, aquí saldrá el dinero.
Solo cuando llegue el dinero, podrás volver a Nápoles.
- ¿Por qué tengo que esperar? - Porque eres su garantía.
Eres un Savastano. Si estás allí, quiere decir que el dinero llegará.
Te lo he dicho: una vez llegue podrás volver a Nápoles.
- Está bien. - Este es el contacto.
Apréndete este número de memoria.
Buen viaje y que te acompañe la Vírgen.
- Adiós, Baroncino. - Adiós, Gennà.
- Sra. Imma... - Hasta la vista, Baroncino.
¿Qué?
Te pareces a tu padre.
- Tengo que memorizar el número. - Muy bien.
Alguien quiere hablar con usted.
- Diga. - Oye, podemos hablar esta noche.
Vendrán a buscarte a las diez. ¿Entendido?
Entendido.
- Ahora estamos casi en paz. - ¿Casi?
Claro. Para estarlo del todo tendría que hacer llorar a tu madre.
No tengo.
Siéntate.
Por la noche prefiero estar en casa.
Pero tengo pasta metida aquí, y la tengo que ver. ¿Qué, te gusta?
Me gusta. Aunque no haya mucha gente.
Es demasiado pronto. Estamos en España, la gente ni ha cenado.
Don Salvatore, nosotros queremos arreglar las cosas.
Por descontado.
Ahora que tengo toda la "mierda", ahora quieren arreglar las cosas.
Pietro Savastano siempre me ha tratado como a un pedigüeño,
pero ahora los compraré todos.
Don Salvatore, las cosas cambian. Soplan nuevos vientos.
¿Qué vientos? ¿Tú?
También. Pero sobre todo el hijo.
¿El gordito? Venga, va.
Es un cabeza de chorlito.
Pero es un buen chico. Y sabe escuchar los buenos consejos.
Mamá...
Llevo toda la mañana llamando a Ciro, pero no contesta.
- Tiene el móvil desconectado. - ¿Qué quieres de Ciro?
Decirle hola.
- ¿Tienes miedo? - No.
Por mí no.
Por ti.
Me voy, no se sabe nada de Ciro...
¿Solamente existe Ciro? Aquí también hay más gente.
Vamos, Gennà. Vete a dormir que es tarde.
Te vas de aquí a cuatro horas.
Mamá...
Aquella chica, Noemi...
La he dejado.
Tenías razón, no era buena para mí.
Fantástico, bien hecho.
- Mamá... - ¿Qué pasa?
- ¿Me echarás de menos? - Dios mío, Gennaro.
Claro que sí.
- ¿Me das un beso? - Eres demasiado mayor para darte besos.
Mamá, ya te estoy añorando.
Si te pasa algo, volveré enseguida, ¿me oyes?
Hay quien tiene surtidores de gasolina y otros de petróleo.
Usted tiene los de petróleo. Pero nosotros los de gasolina.
Tendríamos que ser más amigos.
Niño, ¿crees que me muero de hambre sin vuestros surtidores?
- ¿Crees que me falta de nada? - A usted no le falta de nada.
Pero en casa somos los mejores. Y usted lo sabe.
Me basta con que se lo piense.
¿Lo hará?
Ahora pensaré. Me voy a mear y lo pensaré.
Eremenko está muy enfadado contigo. Tu juego es peligroso.
¿Qué pasa, niño? ¿No ves que tengo faena?
Un media mierda ha seguido a Don salvatore hasta el lavabo.
No vuelvas nunca más a venir a hacer el imbécil a mi casa.
Don Salvatore, ¿algún problema?
Este imbécil viene a mi casa y me amenaza. ¿Y tú dónde cojones estabas?
Ven, mira, aquí también hay ratas de cloaca. ¡Los rusos!
Dime, ¿exactamente con qué tengo que ir con cuidado?
Eremenko. Es muy, muy grande. Y tú...
pequeño.
Ahora te enseñaré la diferencia que hay entre los dos.
Y después se lo cuentas a tu jefe.
¡Quieto!
Corre, huye.
Díselo a tu jefe.
Rusos de los cojones. Llenos de dinero y maldad.
Se creen que con esto basta para mandar.
Se equivocan. Esto es lo que hace falta.
Todavía tienen mucho que aprender.
Don Salvatore, perdone. Mi propuesta.
Aún no me ha dicho qué le parece.
Aún no sé quién manda en tu casa.
Le puedo decir que mi palabra cuenta.
Y si ahora usted y yo, llegamos a un acuerdo, solo tendrá un problema:
contar nuestro dinero.
- ¡Don Salvatore! ¡Don Salvatore! - ¡Hostia, el cuello!
- Vamos, ¡Don Salvatore! - Cuidado, ¡me haces daño!
Portaros bien.
Iros todos a la mierda.
¿Con lo bien que te hemos tratado y ya te quieres ir?
Espera un momento. Nunca es bueno ser tan impulsivo.
Baja.
Hay trozo de costa más hacia el norte.
Lo queríamos comprar para especular, y tener un puerto donde cargar.
Pensé, ¿por qué deberíamos dejárselo?
Me lo compro y que se jodan los rusos.
Fue un error. Acabamos peleándonos.
Ahora tengo una costilla rota y con esta cosa que parece un collar de perros.
No puedo echarles, tengo que negociar.
Así pues, he pensado... ¿Quieres que hagamos las paces?
¿Quieres mi hachís?
Entonces negocia con los rusos por mí,
y cuando esté solucionado, tú y yo hablaremos de nuevo.
- Disculpe, pero esto es cosa suya. - Ciro, no perdamos más tiempo.
No tienes más remedio.
Si quieres volver a casa, vete a ver al imbécil de Eremenko,
dile que dividiremos el negocio. 60 para mí, 40 para él.
Don Salvatore, ¿pero yo no tengo nada que ver?
Por supuesto que sí, porque los rusos ahora están muy cabreados.
Y yo no puedo perder a ninguno de mis hombres.
Le entiendo.
- 60 para usted y 40 para ellos. - Exacto.
Tendría más posibilidades en medio del mar.
De este modo te infravaloras.
Tranquilo. Más tarde vendrá a recogerte el chico.
Cuídate, Ciro.
- ¿Tienes papel y bolígrafo? - Sí.
Trae, venga.
¡Deprisa! Venga.
Buenas noches.
Por aquí.
"S'il vous plaît."
Vitaly Eremenko.
Dime.
El Sr. Conte querría... arreglar todo esto.
Entonces, ¿abandona?
No.
¿No ha dicho que quería arreglarlo?
Quiere hacer el negocio con usted.
Eremenko no divide sus cosas.
Todo depende de qué quiera hacer.
El sistema es importante, llevamos más de veinte años metidos,
es más fácil hacer las cosas con nosotros.
Hay pastel para todos. Es mejor ser amigos que hacer la guerra.
- ¿Qué es esto? - Los que ganarán las próximas elecciones municipales.
Los que decidirán dónde construir y quién lo hará.
Los técnicos municipales, los de las concesiones estatales,
los de las obras públicas...
Los conocemos a todos. Los tenemos en nómina.
Con ellos, cualquier trabajo, cualquier proyecto, puede hacerse.
Sin ellos, compre tanto como quiera.
Pero no podrá construir antes de diez años.
50 y 50.
Nuestras amistades aquí, también serán suyas.
Te gustan los juegos, ¿verdad?
Solo son candidatos.
Nadie sabe quién ganará.
Pero es cierto, aquí tenéis más amigos que nosotros,
y los amigos son importantes.
- Amigos. - Amigos.
Dividimos, entonces. 50 y 50.
A Eremenko también le gustan los juegos.
La ruleta rusa, ¿la conoces?
Pero esta es la variante Eremenko.
Soy parte del sistema.
Si no vuelvo, no habrá acuerdo.
Quien te ha enviado, sabe que quizá no vuelves.
No eres muy importante para ellos, Ciro.
La mitad de las posibilidades es mejor que ninguna.
- 50 y 50. - Vamos.
Mira la luz. Cuando se apague... dispara.
Amigos.
- Dijimos 60 para mí y 40 para ellos. - Salvatore...
Pero 50 y 50 es mejor que nada.
Ahora tiene que mantener su palabra,
pasemos página. Y el hachís nos lo da a nosotros.
Tengo una propuesta mejor.
Ven conmigo y te cambiará la vida.
Me siento muy honrado,
pero tengo casa y en casa mando yo.
¿Ah, sí?
¿Tanto mandas que te han hecho venir a jugarte la piel?
Así es.
Estoy bien en mi casa.
Y deseo que siga siempre así.
- Buenos días, abogado. - Buenos días, Sra. Imma.
¿Y por qué esta cita tan repentina? ¿Le ha pasado algo a Pietro?
Parece que su marido está bastante enfadado.
Ciro en España y Gennaro en Sudamérica, él no dijo nada de todo esto.
Espere un momento, abogado.
- He olvidado una cosa. - Vaya, vaya.
Rosario, ¿qué coño quiere decir que Gennaro no está?
- Se ha ido. - ¿Se a ido? ¿Adónde?
No le sé. Parece que solo lo sabe la Sra. Imma y Baroncino.
- Date prisa, Rosario. - ¿Qué hacemos?
Vamos a casa de los Savastano.
- ¿Estás bien? - Dejémonos de chorradas, Imma.
Dime qué coño pasa.
¿Qué intentas decirme?
Siempre he estado a tu lado.
Ahora no lo estás,
pero yo sigo aquí.
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