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LOS MÚSICOS DE GION
Basada en la novela de KAWAGUCHI Matsutaro
Reparto:
KOGURE Michiyo como Miyoharu WAKAO Ayako como Eiko/Miyoei
KAWAZU Seizaburo como Kusuda SHINDO Eitaro como Sawamoto
SUGAI Ichiro como Saeki KOSHIBA Kanji como Kanzaki
ISHIHARA Sumao como Kokichi NANIWA Chieko como Okimi
MORI Kikue como el Instructor de Geishas
Dirigida por Kenji Mizoguchi
Grillos, tengo grillos.
Anguilas, tengo anguilas.
Grillos, tengo grillos.
Anguilas, tengo anguilas.
Grillos.
No me mientas, tu padre te ha echado de casa, ¿no?
No me gustan las personas informales.
Llevas 3 meses sin pagar...
y sigues viniendo igual a la casa de las geishas.
La norma en el barrio es recibir bien a los hombres que pagan sus deudas.
Voy a casarme contigo. Tú no eres ninguna geisha para mí.
- Yo no tengo intención de casarme. - Lo que me prometiste, ¿era mentira?
Las geishas no mienten en sus promesas. Forma parte del negocio.
Nosotras decimos que sí a todo para que el cliente se sienta feliz.
- ¡Maldita seas! - ¿Qué haces? ¡Déjame!
Vete sin perder la dignidad. Intenta recuperarte y págame lo que me debes.
Entonces, ven a verme cuando quieras.
A ti ya nunca te creeré.
- No te dejes los zapatos. - Menudo carácter. No creo que vuelva.
Se lo ha dejado muy claro. Ya no dará más la lata.
El pobre no sabe nada de la vida.
- Hola, Eiko. - Hola, ¿está Miyoharu?
- Sí, ¿qué quieres? - Verla.
- ¿Quién es? - La hija de Ochiyo,
- la que murió hace poco. - Dile que pase.
Bien. Adelante.
Gracias.
- ¿Qué te pasa? - Buenos días.
Desde que murió mi madre, mi tío no deja de insultarme.
- Dice que mi madre no dejó nada... - Está bien. Ven conmigo.
Dice que mi madre no dejó nada y que su funeral resultó muy caro.
Que me prostituya para devolver ese dinero. Ya no puedo aguantar más.
¿Cómo puede decir eso?
Fue Miyoharu quien corrió con los gastos del sepelio.
Eso da igual.
- Eiko, ¿por qué has venido a verme? - Quiero ser aprendiza de geisha...
- y que me enseñe lo que sabe. - Vaya, ¿aprendiza de geisha?
Si sigo viviendo con mi tío, no tendré futuro.
Por eso quiero hacer lo que hacía mi madre.
Lo comprendo, pero en este oficio hay que hacer ciertos sacrificios.
- ¿Cuántos años tienes? - 17.
- ¿Y tu custodia? - La tenía mi madre.
Tu padre, Sawamoto, ¿dónde está? Me extrañó no verle en el funeral.
No hace mucho su negocio quebró. Ahora está en Nishijin.
Me lo imaginaba.
Recuerdo que cuando Sawamoto retiró a tu madre tenía un negocio floreciente.
Todos le miraban con envidia. Ya se sabe, la suerte no es eterna.
¿Tocas algún instrumento? ¿Sabes bailar?
- Mi madre me enseñó algo. - ¿Sí? Levántate para que te vea.
Date la vuelta.
- Tienes buen tipo. - ¿Qué decides? ¿Nos la quedamos?
No quiero que vuelva con su tío. Pero hay que hacer las cosas bien.
Hay que hablar con su padre y que él responda por ella.
Entendido. Estas cosas hay que hacerlas rápido.
Kokichi, lo dejo en tus manos. Ve a ver a Sawamoto, aquel antiguo cliente.
- No te costará localizarle. - Bien.
¿Por qué ha tenido que ir a casa de Miyoharu? Qué poca consideración.
Hoy por hoy no tenemos suficiente relación ni confianza para acudir a ella.
Yo, en otro tiempo, fui cliente, y nada más.
No entiendo que haya acudido a Miyoharu para explicarle...
nuestros problemas familiares...
y que se haya atrevido a hacerlo sin consultarme.
No se preocupe. Sólo queremos que avale a la chica.
Mi señora acepta educarla para que sea una buena geisha...
por ser la hija de un antiguo cliente. Su tío es un tipo extraño...
y preferimos tratar directamente con el padre.
Olvídalo, ¿cómo voy a responder por ella si ni me responden mis brazos?
- Apenas puedo tenerme en pie. - Deje, yo lo recogeré.
Estoy enfermo y el negocio es una ruina.
Bastante tengo con seguir vivo. Lo siento, no puedo hacer nada...
- por mi hija. - Seamos adultos.
- De algún modo debo cerrar el trato. - Si yo te entiendo.
Pero el futuro de mi hija Eiko no me importa lo más mínimo.
¿Por qué iba a responder de ella? No quiero saber nada de ella...
ni del asunto.
¿No ves que sin ese papel la señora no puede comprometerse a educarla?
Confiaba en que sabrías resolver el asunto.
Llevas muchos años en este trabajo. No lo entiendo.
Lo sé, pero es que ni siquiera ha querido negociar.
Sawamoto no era tan egoísta. ¿Acaso no le importa su hija?
- Eso es lo que ha dicho. - ¡Maldito miserable!
Lo lamento.
Sabía que mi padre no respondería por mí.
Señora, si nadie responde por mí, ¿no podré quedarme en esta casa?
¿Qué será de mí? No tengo adónde ir.
No se arrepentirá. Seré una buena aprendiza.
- Deme una oportunidad. - Si no te quedas, deberás vivir...
- en la calle, ¿no? - Aunque no tenga quien me avale...
sé que responderé deprisa y seré una buena geisha.
Por favor, señora, quiero ser aprendiza de geisha. Es mi gran sueño.
Trabajaré duro para aprender, seré una buena aprendiza. No le fallaré.
- Se lo prometo. - Es un oficio muy duro. ¿Aguantarás?
- Aguantaré lo que haga falta. - Te costará mucho ser una geisha...
- como tu madre. Era muy buena. - Me esforzaré al máximo.
- ¿Lo prometes? - Sí.
- Sukejiro, he decidido que la educaré. - Fantástico, gracias
Como sabéis, los extranjeros que visitan el país consideran que...
el Monte Fujiyama y las geishas son los emblemas representativos de Japón.
Entre ellas, las más bellas y apreciadas son las jóvenes aprendizas...
del barrio de Gion, aquí, en Kioto.
Sabed que se os considera auténticas obras de arte.
Sois el orgullo de este país,
como lo son la ceremonia del té y el teatro Nu.
Formáis parte del legado cultural de Japón y por eso debéis formaros...
- continuamente. ¿Lo habéis entendido? - Sí.
Vamos...
Vamos...
Y un, dos. Y un, dos.
Y un, dos, tres.
Otra vez.
Así.
Suavemente.
Seguid.
Y vuelta a empezar. Un, dos...
No. La mano está demasiado baja.
Dobla el brazo, y cierra el gesto. Abajo... Mejor.
No tan altiva. Recógete un poco. Así.
Aunque lleva poco menos de un año a mi cargo, tiene mucho talento.
Seguro que si viniera a tu fiesta con ella, podría sentirme orgullosa.
¡Cómo pasa el tiempo! ¿Ya lleva un año contigo?
- Sí. - Pues que venga. Hoy en día...
no hay que tocar o bailar tan bien como en nuestros tiempos.
Pero que se arregle bien para la ocasión.
Sí, tengo algunos kimonos de cuando yo era aprendiza.
- Pero no son nuevos. - ¡Pues eso es un problema!
Aunque tenga buena presencia es difícil competir con las chicas de familia rica.
Y sabes que sólo las más elegantes van a las fiestas de categoría.
Es cierto. Si la traigo, quiero proporcionarle todo lo mejor.
Claro.
- Calcula unos 300.000 yenes. - Sí, yo...
La verdad es que vengo a pedirte que me los prestes.
Vamos. ¿En estos años no los has ahorrado?
No, por desgracia. Si tuviera ese dinero no te lo pediría a ti.
Es una suma importante...
Pero tratándose de ti, intentaré reunirla lo antes posible.
Muchas gracias. Nunca lo olvidaré.
- No exageres. - Gracias por todo.
Hola, buenos días.
Cuando vais a una fiesta todas las aprendizas venís a primera hora.
Seguro que ni podías dormir de la emoción.
Claro, a partir de hoy estás en venta.
Y hay que adornar la mercancía. No te enamores nunca o adiós negocio.
Y reza todos los días para que te vengan los mejores clientes.
- Así lo haré. - Buenos días.
Hola, chicas.
Mira. Tu nombre artístico será Miyoe, en honor a la señora.
Todo se lo debes agradecer a ella.
Ha pagado el peinado, el traje,
la faja, el abanico y todos los accesorios.
Incluso el calzado es nuevo, y lo ha pagado.
¿Sabes su precio? Seguro que son más de 200.000 yenes.
Son productos de primera calidad. Qué buena es la señora.
Te lo ha comprado porque te aprecia de veras y debes estarle agradecida.
Sukejiro, Kokichi, vamos, tenéis la comida preparada.
Ya vamos.
Miyoharu, muchas gracias por todo.
Cada vez que vayamos a la casa del té no olvides saludar a todas las señoras.
- Bien. - Así te invitarán a sus fiestas.
- ¿Estás contenta? - Sí.
- Adiós, buena suerte. - Adiós, buena suerte.
- Hola, está muy guapa. - Hola.
- Buenas tardes. - Hola.
Hola, hoy estamos de estreno. Les presento a la afortunada.
- Con permiso. - Qué guapa.
- Mucha suerte. - Gracias.
- Buenas tardes. - Hola.
- Buena suerte. - Buenas tardes.
¡Llega la protegida de Miyoharu!
- Su nombre es Miyoe. - Venimos a presentárosla.
- Hola, buenas noches. - Sed bienvenidas.
- Soy Miyoe. - Qué guapa estás.
- Gracias. - Me alegro mucho de veros. Adelante.
- Gracias. - Vosotros estaréis cansados. Pasad.
- Gracias. - Qué bien que hayáis llegado.
Arriba está Kusuda, el de la fábrica de coches.
- ¿En serio? ¿El gerente? - ¿Y si le saludáis?
Sí.
- Hola a todos. - Hola, mucho gusto.
Qué guapa está. Hola.
Yo no le veo el problema. Sólo debes firmar.
- Y listo. - Kusuda, no seas frívolo. No es tan fácil.
Se trata de un contrato de 80 millones.
Soy Jefe de Negociado. No puedo autorizar un pedido tan grande.
- No está en mi mano. - Kanzaki, está cantado que serás...
el próximo Consejero General. ¿Verdad?
- Esas cosas requieren tiempo. - Toma.
Y yo que te había regalado un frigorífico.
- No irás a buscarme problemas. - Tranquilo.
- ¿Te lo devuelvo? - No, es tuyo.
- De vosotros es mejor no fiarse. - Tienes razón.
- Te aseguro que firmarás ese contrato. - ¡Qué miedo!
- Con permiso. - ¿Sí?
- Disculpe. - No, descuida.
- Si han terminado con los negocios... - Sí, diles que suban.
Sr. Gerente, con permiso.
Esta noche, Miyoharu ha traído a una chica nueva, su protegida.
- Quieren saludarles. - Bien.
Venga, adelante, chicas. Subid.
- Gracias, señor. Ya vamos. - Ya suben.
Gracias, señora.
- Hola, señores. - Entrad.
- Buenas noches. - Gracias, señora.
- ¿Estáis contentas? - Sí.
Venid aquí. Acercaos aquí.
- ¿Una copita? ¿Es la nueva? - Sí.
- Es su primera fiesta. - Encantada.
- ¿Cómo te llamas? - Miyoe.
Es nueva. Les pido que sean condescendientes con ella.
- Sí, por favor. - ¿Qué te parece, a que es un encanto?
- Sí. - ¿Le importa presentarme?
¿No le conoces? Es el Sr. Kanzaki, del ayuntamiento.
Cuánto honor. Me llamo Miyoharu, es un placer.
- Hola. - Toma.
Gracias.
- ¿Un poco más? - Sí.
- ¿Es que tengo monos en la cara? - No.
Buena chica.
Toma, ya verás qué bien te sienta.
- Por favor, no le dé tanto sake. - ¿Por qué? Hay que celebrar...
su primer día. Anda, un poco más. Tu señora es muy anticuada.
- ¿Verdad que me harás caso? - Sí, señor. Gracias.
- Ve con cuidado. - Sí.
- Okimi. - Diga.
Okimi, ¿crees que Miyoharu está "a punto"?
Qué pesado es el gerente, ya lo sabe, ya le dijo que no.
- No, al gerente le interesa la nueva. - ¿Se refiere a Miyoe?
- Sí. - ¿Cómo puede ser tan descarado?
- Hoy es el día de su presentación. - Eso puede esperar.
Me interesa saber si Miyoharu tiene algún compromiso.
- ¿Con un hombre? No tiene. - ¿Seguro?
Segurísimo.
- ¿Qué pasa? - Tengo planes importantes.
Inconsciente.
Vamos. Pero ¿cómo es posible que hayas bebido tanto?
Qué cabeza la tuya.
- Con cuidado no tropiece. - Lo siento.
- Ya hemos llegado. - Ahora a dormir.
- Hola, Oume. - ¿Qué le ha pasado a la muchacha?
- Yo me voy. - Adiós, y muchas gracias.
Levanta. Mira que beber tanto sake el primer día.
- Estás borracha. - Lo siento mucho.
- Ahora quiero dormir. - Qué desastre.
- Emborracharte el primer día. - Lo siento. Yo qué sabía.
Haberme dicho que el sake era tan fuerte.
He hecho lo que me enseñaste. Cuando te ofrecen una copa debes aceptarla.
Nunca digas que no, es de mala educación. Ya voy.
- Se nota que eres de la postguerra. - ¡Quieta!
- ¡Y tú de antes de la guerra! - ¿Qué quieres decir?
Eres anticuada.
- Quiero un vaso de agua. - Ahora te lo traigo.
- Gracias. - Ha llegado un paquete del almacén...
Takasjimaya, señora. Lo he dejado ahí encima.
- Muchas gracias, Oume. - Y ahora, a descansar.
- Sí, tranquila. - La has pillado buena.
Mira, tu padre te ha regalado esto. Alguien debió comentárselo.
Aunque sea para un kimono de diario, es un regalo suyo.
- Eso es que te quiere. - Si tan bueno es, ¿por qué no cuidó...
de mi madre antes de que ella muriese?
Ahora ya es tarde. Gracias.
Estás borracha y no sabes lo que dices.
A partir de ahora deberás ir a muchas fiestas.
Te darás cuenta de con qué facilidad cambia la suerte.
Los hay que suben deprisa y otros que se arruinan.
Deberías ponerte en su lugar. Esto es un agradecimiento a mi trabajo.
Y una felicitación para ti, y eso es muy importante.
Aunque seas joven y moderna, no olvides que hay que ser agradecida.
No sé por qué lo dices. A él no le debo nada.
¡Oume, ocúpate de ella!
¡Chiquilla inconsciente!
De modo que los Derechos Humanos y las libertades...
de todas las personas están protegidos por las leyes de Japón.
- Maestra. - Dime.
Si en una fiesta un cliente pretende forzarme, ¿estará invadiendo...
- mis libertades? - Digamos que teóricamente sí.
- ¿Violará las leyes de Japón? - Teóricamente sí.
Según lo que me ha explicado, yo podría denunciar a esa persona.
¿Podría hacerlo?
¿Quieres saber si podrías denunciarle?
- Sí. - La profesora de Ikebana...
no puede responderte. Debes preguntárselo a un abogado.
Miyoe, ¿tú sabes qué significa "tomar un dueño"?
- No. ¿Qué significa? - ¿Tan inocente eres?
No me lo han explicado.
Es igual que casarte, y entonces el dueño te hace mujer.
- Y ¿qué pasa? - Que yo tengo que tomar un dueño.
Si te gusta, no pasa nada.
- Es un viejo de 62 años. - ¿62? ¿Por qué no te niegas?
No puedo, me lo ha mandado mi madre.
¿Por qué? ¿En serio te lo manda tu madre?
Por eso no puedo negarme en modo alguno.
Mi madre también empezó como aprendiza y tomó un dueño.
Así pudo progresar hasta ser una gran geisha.
En mi casa todos dicen que es lo mejor para mí, que la tristeza se irá...
en poco tiempo y que me sentiré muy feliz.
- ¿Quieres que Miyoe tome un dueño? - Claro, el gerente Kusuda muestra...
un gran interés por ella.
Pero lleva muy poco tiempo yendo a fiestas. Es demasiado pronto.
Vamos, ¿qué dices? ¡Qué forma de pensar tan anticuada!
Una buena geisha cuanto antes toma un dueño, antes progresa.
Quizá tengas razón, pero...
Es hijo del dueño de Automóviles Kusuda.
Tiene suficiente categoría para ella. Si consientes, organizaré lo necesario.
Okimi, las crías de hoy ya no son como nosotras.
Hoy en día se entregan sólo si lo desean.
Si el hombre elegido no les gusta se niegan en redondo.
No hay que hacer caso de sus pretensiones.
Formarlas requiere una gran inversión...
y quiero recuperar el dinero que te presté.
- Espero que lo comprendas. - Sí.
Verás, no quería decírtelo, pero dadas las circunstancias, lo haré.
Aquel dinero me lo prestó el señor Kusuda.
- ¿El señor Kusuda? - Sí.
No es justo. El dinero te lo pedí a ti, no a él.
¿De veras creíste que yo podía tener 300.000 yenes?
Te vi tan apurada que pensé en pedírselo a Kusuda, y no fue fácil.
- Para Miyoe es una gran oportunidad. - Quizás sí, pero...
Por cierto, creo que cometes un grave error yendo de fiesta en fiesta...
sin tener un dueño.
No te compliques la vida. Con un dueño tendrías lo que quisieras.
- Ya no tengo edad para eso. - ¡Bobadas! Eres muy joven.
Piénsatelo bien.
¿Diga? ¿De la casa de Okimi?
¿Qué? ¿A la fiesta del Sr. Kusuda?
Bien. ¿Las dos? Muchas gracias.
Era de la casa de té de Okimi, el Sr. Kusuda las espera.
Eiko.
- Ve tú, yo iré después. - Bien.
Bueno, hasta luego.
Buenas noches.
- Buenas noches. - Buenas noches.
- Hola, buenas noches. - Hola.
¿Qué haréis respecto a la fiesta de Fujima del día 15? ¿Iréis a Tokio?
- Nos gustaría, pero... - Podéis ir.
Kusuda os llevará encantado.
Ya. Qué generoso. Me alegro.
- Espera. Ve a la casita. - De acuerdo.
Hace calor, señor. ¿Por qué no se quita el traje y se pone cómodo?
- Estoy bien. - De acuerdo, señor.
Buenas noches.
Gracias por su invitación.
- Yo me retiro. - Sí, gracias.
- ¿Y el gerente? - En el piso de arriba.
- Qué bien. Cuánto tiempo sin vernos. - ¿Te acuerdas de mí?
¡Por supuesto que me acuerdo!
- Menuda fiesta tiene montada. - A Kusuda le gusta jugar...
- con muchas muchachas. - Le serviré una copa.
Kusuda está harto de los juegos tradicionales.
No comprendo qué le parezca gracioso.
- Eso lo dice porque es Ud. muy joven. - Tal vez.
- Toma. - Gracias.
Ya basta.
Las crías no son lo mío. Me van más maduritas.
¿Sí? ¡Vaya gustos! Qué galante es.
Y veo que también descarado.
Tenga.
Es una vergüenza no tener dueño a tu edad.
- No veo por qué. - ¡Qué cosas dices! Es evidente.
A mí no me da ninguna vergüenza.
No seas impertinente. El Sr. Kusuda es el mejor cliente de este barrio.
¿Lo dice en serio? Intentaré fijarme mejor.
- ¿Qué quieres decir? - Le observaré con más detalle...
antes de decidirme. Hasta luego.
- Okimi. - ¿Sí?
- Un instrumento. - Claro. Enseguida.
- ¡Un instrumento! - Me ha sorprendido que...
el Sr. Kanzaki estuviese solo.
Es un hombre importante y un gran cliente de Kusuda.
Por eso quiero que le trates bien.
- Te aseguro que te desea. - Qué cosas dices.
- En serio. - ¿Y qué te ha dicho Miyoe?
Se cree muy lista y no se siente obligada a nada.
No sé qué les enseñan a las chicas hoy en día.
- Luego, ¿se ha negado? - Eso tampoco. Se ha quedado...
como si nada. A lo mejor está enamorada del Sr. Kusuda.
Un, dos, tres, media vuelta ya.
Piedra, papel, tijera. Piedra, papel, tijera.
Piedra, papel, tijera.
- ¿Cuánto llevas aquí? - Un buen rato.
Bueno...
¿Por qué me miras tan fijamente? Eres muy extraña.
No te muevas. Quiero observarte con todo detalle.
¿Observarme?
Gerente, Miyoharu ha dicho que les acompañaría a Tokio.
¿De verdad? ¿Nos acompañarás?
- ¿En serio? - Claro. Miyoharu también viene.
- Genial. - ¿Un traguito?
- Cómo no. Déjale a él. - No importa.
Tenga.
- Gracias. - Buenas noches.
Nos irá bien tomar algo fresco antes de dormir.
- No tengo sueño. - ¿Por qué?
Es la primera vez que voy a Tokio y estoy nerviosa.
- Me pasaré la noche en vela. - En ese caso, ¿por qué no vas...
a hablar con Kusuda? Está en el vagón restaurante.
- Y podrías llevarle esto. - ¡Ni hablar!
Durante las fiestas estoy de servicio, pero ahora no estoy trabajando.
- Qué estricta eres. - Los hombres deberían servirnos...
a nosotras.
¡Mi padre!
- Vaya, por fin os encuentro. - Hola, señor Sawamoto.
- Cuánto tiempo sin vernos. - ¿Qué tal sigue de salud?
Os vi en la estación de Kioto, cuando iba a subir al tren.
Sé que no tengo derecho a molestar,
pero es mi hija y he decidido saludaros.
Estás preciosa. Al verte, apenas lo creía. Qué preciosidad.
- ¡Voy a ver al Sr. Kusuda! - ¡Eiko, tu padre...!
Déjala, es normal. Esto me pasa por estar arruinado.
Ni siquiera mi cuerpo se siente a gusto conmigo.
- Gracias. - Intente animarse.
Piense que compadeciéndose no solucionará nada. Más bien lo contrario.
Tienes razón, pero todo el día me persiguen los acreedores.
Tengo deudas para dar y vender. Siempre tengo que esconderme.
Estoy completamente arruinado y ya no sé qué hacer.
Voy a Tokio para ver a una persona que es mi último recurso.
Gracias.
Si esa persona me falla, será mejor que me arroje a la vía del tren...
porque a Kioto ya no podré volver.
Sí. Bien.
¿Qué tal estás, amigo Kanzaki? Esperaba tu llamada.
¿Y la reunión, qué tal ha ido? Lo deciden mañana...
Sería fabuloso. Por cierto, ¿dónde estás ahora?
Con los del consistorio. Vaya, sí que ha sido larga la reunión.
No te entretengas y ven enseguida. He invitado a Miyoharu y Miyoe.
- Ya he vuelto. - ¡Adiós!
Cuenta, ¿qué tal ha ido la demostración de danza?
Bien. Me ha gustado mucho.
¿Así que llevará a Miyoe a Ginza?
Sí, al bar de unos amigos a tomar algo.
Gerente, ¿de veras quiere ofrecerle su cariño a Miyoe?
¿A qué viene esa pregunta?
Si es sólo un capricho, olvídese de ella.
Tiene un fuerte carácter.
Y yo la quiero incluso más que si fuera mi propia hija.
Si la quiere de un modo sincero me alegro muchísimo.
Me parece que te preocupas demasiado por estas cosas.
- Entiéndalo. - Tranquila. Hablaré con ella en serio.
- Siento el retraso. - ¡Madre mía!
- ¿Adónde vas con ese kimono? - A un bar de Ginza, ¿no?
- ¡Qué cosas tienes! - ¿Qué pasa? Éste es mi uniforme.
Si me pusiera un kimono normal sería una chica corriente.
Con éste llamaré la atención y verán que soy una aprendiza de geisha.
Hoy en día para atraer las miradas de la gente no se puede ser convencional.
- Me rindo. - Eres incorregible.
¿Por qué?
Buenas noches, ha vuelto su acompañante.
Bien.
- Bienvenido, y gracias. - Sí, ha sido muy duro.
- Estoy hecho polvo. - Te creo.
- Como si me hubieran dado una paliza. - Te comprendo.
Date un baño y quítate el olor a moho de los despachos.
Después del baño te espera el placer.
- Enséñale el baño. - Sígame, por favor.
Ven.
Ya te lo imaginas.
- Pasarás la noche con el Sr. Kanzaki. - ¿Qué dice? No vine a Tokio...
- con esa intención. - ¡Por favor...! La Sra. Okimi...
- te lo contó, ¿no? - No me lo dijo.
Te he hecho venir sólo para eso, ¿y ahora me dices que no sabías nada?
Lo siento. No puedo hacerlo. Es tan repentino.
- Me pone en un aprieto. - También a mí.
Tendré graves problemas si te niegas. Por favor.
Compréndeme y hazme este favor. Hazme quedar bien con él.
Venga, vamos.
La verdad es que para mí este asunto es de vida o muerte.
Por favor, ayúdame.
A cambio haré lo que me pidas. Me ocuparé de tu futuro.
- ¿Comprendes? - Pero yo...
Hazlo por mí.
¡Kanzaki! He traído a tu amiga.
- Gracias por su piropo del otro día. - Estás tan atractiva como siempre.
Kusuda, creo que no tenemos nada que hablar.
Tienes razón. Kanzaki está muy cansado, relájale, ¿de acuerdo?
Kanzaki, no la canses demasiado. Buenas noches.
Listo.
¿De verdad vas a ir a Ginza con ese kimono?
- Claro que sí. - Qué divertida eres.
Mi ropa, anda.
Tome.
¿Qué pasa?
- ¿No se la pone? - No.
- Pero, ¿qué le pasa? - Acércate.
Ven. Sé buena chica.
- ¿Qué hace? ¡Me deshará el peinado! - No seas tonta y haz lo que te digo.
- ¡No! - Vamos, venga.
- Por favor, no quiero. - Te gustará mucho.
- ¡No, por favor! - ¡No te resistas!
- ¡Miyoharu! - Prueba este queso, es delicioso.
- Muchas gracias. - ¡Miyoharu!
- Disculpe. - ¡Socorro!
Kusuda, Dios mío. Estás sangrando.
¿Qué ha pasado? ¿Qué has hecho?
Kusuda, tranquilícese.
Kusuda... Dios mío.
Kusuda, tranquilícese.
Lo siento muchísimo. Supongo que Miyoharu y Miyoe se han disculpado.
Sólo Miyoharu, hace un rato, pero la he echado.
Le comprendo.
No sé cómo disculparme. Nunca me había pasado algo tan horrible.
Esto no quedará así. No quiero que mi casa pierda su reputación.
Haré que esa muchacha venga a pedirle perdón por su conducta...
inmediatamente. Esto no puede quedar así.
Verás, ahora lo de Miyoe es lo de menos.
Es peor lo de Miyoharu. Kanzaki está furioso.
- ¡Y se las ha cargado Kusuda! - No lo comprendo.
Está muy claro. Miyoharu no le hizo ni caso a Kanzaki.
- No... - Es terrible. Hemos perdido...
un contrato de 80 millones. Ha anulado el pedido.
Nuestra empresa está en crisis y sin ese contrato deberemos cerrar...
algunas plantas y en cuestión de meses la empresa entera.
- ¿Tan grave es la situación? - Hemos invertido mucho dinero...
para conseguir ese contrato. ¡Tan sólo en tu casa una fortuna!
- Sí. - ¿Lo entiendes?
Claro que sí.
Kanzaki está muy enfadado.
Ni siquiera quiere vernos.
- ¿Tan enamorado estaba de ella? - Eso parece.
No lo sabía.
Descuide, intentaré que se entregue a él.
- ¿De veras? - Lo prometo.
- ¿Lo lograrás? - Eso espero.
Ni siquiera me han dejado verle.
El médico me ha dicho que la herida tardará un mes en curarse.
Lo que hiciste es realmente espantoso.
Lo siento y me siento culpable, pero él se lo buscó.
Me estaba forzando y no tuve alternativa.
¿Tanto te repugna Kusuda?
- Y ¿por qué le acompañaste a Tokio? - Lo siento, perdóname.
¿Dígame? Sí, es aquí.
Espere un momento.
Señora, es de casa de Okimi.
Hola, Okimi. Sí, no sabes cuánto lo siento.
Sí, ahora mismo voy para allí.
- Soy yo quien debe disculparse. - Quiere hablar conmigo.
La función de una geisha es tratar bien a los clientes sin rechazarles...
aunque a veces no sean de tu agrado.
Por fortuna, a mi cliente no le gustan los escándalos.
Pero es nuestro mejor cliente y gasta mucho dinero aquí.
¿Crees que seguirá viniendo como si tal cosa?
- Y por tu culpa me debe dinero. - Lo siento mucho.
Sentirlo no arregla las cosas. Tú y Miyoe sois dos desvergonzadas.
Sé que rechazaste a Kanzaki.
¿Hasta qué punto piensas tomarme el pelo?
Me resultó imposible. No sabía nada de lo del Sr. Kanzaki.
- Y con aquel escándalo... - Aunque no lo supieras...
ya no eres una cría y como geisha debías actuar con diplomacia.
¿Cuántos años llevas en el oficio?
¿Crees que has llegado donde estás sólo por tus méritos?
Intenta ponerte en mi lugar.
Oye...
¿Sabes qué pasará si hago correr la voz sobre esto en el barrio?
Claro. Eres como la reina del barrio y sin tu apoyo estamos perdidas.
Veo que lo entiendes, así que piensa bien lo que haces.
La culpa de lo ocurrido es toda tuya.
Lo de Miyoe no corre prisa. Hablaremos cuando Kusuda se ponga bien.
Pero lo de Kanzaki no puede quedar así.
Si haces lo que quiere Kusuda...
yo haré que todo el mundo se olvide del asunto.
Y seguiré ayudándote como hasta ahora.
- ¿Qué dices? - Entiéndelo, Okimi.
No es tan sencillo, porque no me gusta.
¿Y qué? Eso está bien en boca de una rica,
pero si no tienes dinero debes sacrificarte.
Eres muy orgullosa. Pero si tan orgullosa eres, devuelve el dinero...
que te prestó el gerente. ¿Puedes hacerlo? ¡Claro que no!
- Lo devolveré sea como sea. - ¿Sí? Muy bien.
Hasta que este asunto no se arregle no podréis entrar aquí.
Bienvenida a casa.
- Bienvenida a casa. - Bienvenida a casa.
- Ya estoy a punto. - Menudo lío, ¿verdad?
Sí.
- Prepárese. - Sí, gracias.
Buenas tardes, dígame.
Sí, están a punto de salir.
¿Qué? Ya, bien, de acuerdo.
- ¿Qué ocurre? - Eran de la casa de Okano.
Dicen que no es preciso que Eiko vaya a la fiesta hoy.
Contesto yo.
¿Diga? Soy Miyoharu.
¿De la casa Daitomo?
Ya, o sea, que no hace falta que pase por ahí, ¿no?
Sí.
- Buenas tardes. - Hola.
Vengo de la casa Mantomi.
Respecto a la fiesta de esta noche,
siento decirle que...
- La señora dice que... - ¿Que no es preciso que vayamos?
¡Sí, eso es! Disculpen las molestias. Adiós y gracias.
¡Y él se le echó encima!
Creía que me había hecho daño de veras.
Me encantaría conocer a esa chica. ¿Por qué no la llamáis?
- No la podemos llamar. - ¿Por qué?
Ella y la señora que la protege están fuera de circulación.
Enojaron a la Sra. Okimi y tienen prohibida la entrada en las casas de té.
Pero si lo pide un cliente la casa no va a negarse. El cliente manda, ¿no?
Teóricamente sí, pero Okimi tiene mucho poder y las demás casas de té...
- hacen lo que ella dice. - Pues lo tiene mal.
- Dejemos ese tema. - ¡Venga, a bailar!
¡Sí!
Ya se acerca la fiesta mayor.
Y estamos tan arruinadas que no podemos salir ni a comprar helados.
¿Sabes? Creo que iré ver a la Sra. Okimi a decirle que acepto...
entregarme a Kusuda.
No digas bobadas.
No quiero ni que te lo plantees.
He pensado mucho en aquel día. No digo que estuviera bien...
hacerle daño a un cliente, pero comprendo tu desesperación.
Te horrorizaba entregarte a un hombre contra tu voluntad.
Sí.
- ¿Está Miyoharu? - Sí.
- Anda, venid. - Sí.
- Si ves que no puedo resistir tu amor... - Buenas noches.
¿Qué pasa? He dicho que vinieras tú para vengarme...
- y me han dicho que estabas ocupada. - Tienes muy buen aspecto.
- No te había reconocido. - Desde que me rechazaste...
sólo pienso en los negocios y te aseguro que me van de maravilla.
¿Tenéis problemas? Puedo prestarte dinero.
¿Cuánto quieres?
No, gracias. Si algún día lo necesito te lo pediré.
Si algún día necesitas un préstamo te dejaré lo que me pidas.
Estoy casado con el dinero, y te lo debo a ti.
Toma, para ti. Son helados.
Fríos como tú.
Si una geisha te jura amor...
- sus promesas son falsas... - ¿Puedes caminar?
- Hasta la vista. - Buenas noches.
La geisha no siente el amor...
¡Miyoharu!
Tira esto a la basura.
- Miyoe, no te hundas. - Anímate.
Mantén la calma. ¿Me has entendido, Miyoe?
- Gracias. - Adiós.
Adiós.
- Buenas noches. - Buenas noches.
¿Está la Sra. Miyoharu?
- Sí. - ¿Quién es?
- ¡Señor Sawamoto! - Qué bien que te encuentro.
Me preocupaba no encontrarte a estas horas. Creía que estarías trabajando.
- Por favor, adelante. - Gracias. ¿Está bien Eiko?
- Sí. - Imagino que estará en una fiesta.
La verdad es que no.
Gracias por recibirme.
Tienes una casa preciosa.
Te aseguro que es mucho mejor que la mía.
No es gran cosa, pero toma...
- Es para ti. - No tenía que traerme nada.
- Es sólo un detalle. - Gracias.
No hay de qué.
Lo cierto...
es que también he venido para pedirte un favor.
Aunque si no puedes hacérmelo no pasa nada.
- ¿Se trata de dinero? - Pues sí.
- ¿Qué tal le fue por Tokio? - Ya se sabe, estas cosas son...
como la lotería y podríamos decir que no me ha tocado.
Ya no sabía adónde acudir, por eso he venido a verte.
Estoy acabado. Me han embargado todo el género...
y el amo de la casa me ha echado.
Debo conseguir como sea de 50 a 100.000 yenes enseguida.
De lo contrario ya no tengo futuro y tendré que suicidarme.
¿Qué me dices? ¿Me echarás una mano?
¿En serio cree que tengo tanto dinero?
Si lo tuviera me encantaría ayudarle, pero no dispongo de esa cantidad.
Me lo imaginaba, pero aunque sea menos, algo tendrás, ¿no?
La verdad es que mi hija se ha convertido en una celebridad...
en el barrio. Así que...
modestamente, creo que merezco tu ayuda.
¿Cómo se atreve? Hay que tener descaro.
En su momento ni respondió por ella, ¿y ahora viene a sacar provecho?
- Vamos, lo pasado, pasado está... - Lo lamento.
Eiko y yo estamos fuera de circulación.
- ¿Por qué dices eso? - Hubo un desagradable incidente.
Un anillo, un reloj y una aguja.
Es todo lo que tengo, no puedo darle más.
- Pague lo que pueda. - Gracias, te lo agradezco mucho.
Sólo le pido...
que no vuelva a cometer la cobardía de pedirle dinero a su hija...
- sólo por ser de la misma sangre. - Muchas gracias.
¿Por qué no dices nada?
Otra vez...
No soy celosa. Si esperas a otra, me retiraré discretamente.
Siempre que me trates bien.
- No, contigo tengo de sobra. - ¿De sobra? Menudo galán.
He conseguido que Kanzaki viniera y le tengo en la casa Nakamishi.
Si esta noche no arreglamos el asunto estamos perdidos.
Nuestra empresa se irá al garete.
Será el final y dejará de ver nuestro dinero.
Tienes que hacer que venga como sea, aunque sea esposada.
De hoy no pasa. Y yo no me muevo de aquí hasta que la vea.
Descuide, lo he entendido. Me ocuparé de que vaya a la casa Nakamishi.
- Deje el asunto en mis manos. - ¿Lo conseguirás?
- Creo que sí. - Esta vez no quiero fallos.
Tranquilo, lo tengo todo controlado.
¿Diga? Soy Miyoharu.
Hola, Okimi. Buenas noches.
- ¿Eiko está ahí? - Sí. Ha venido a disculparse.
Ha dicho que pasaría la noche con Kusuda. Creía que debía consultártelo.
Es posible que no vaya a casa esta noche, ¿de acuerdo?
No puede ser. Dile que regrese inmediatamente.
¿Por qué no vienes a buscarla? Ven a verme.
Y oye, el Sr. Kanzaki está en la casa Nakamishi.
Querría hablar contigo.
Hasta que llegues, Miyoe estará conmigo. ¿De acuerdo?
- Por favor, llama a casa de Okimi. - Sí.
¿Oiga? Con la Sra. Okimi, por favor. No se retire.
Okimi, será como deseas. Ahora voy a verte, pero que Eiko vuelva a casa.
Sí. En serio. Iré a la casa Nakamishi.
Te lo aseguro, iré allí y pasaré la noche con él.
Ahora mismo saldré de casa. Gracias.
- Oume, ¿me preparas el vestido? - Sí.
Venga. Basta de bobadas. ¡A casa!
- Acaba de llegar. - Perfecto, que pase.
¿Ya está aquí? Por fin.
Venga, ven. Deprisa.
- Buenas noches. - Nada de saludos, venga.
- Gracias, Okimi. - A ti por venir.
- Gracias de verdad. - Muchas gracias.
Dice que sin ti no sabe si es de día o de noche.
Qué bobada.
Tómate una.
¿Sabes? Nos vas a salvar la vida. Eres mi diosa.
Okimi, ¿te olvidarás de lo de Miyoe y nos dejarás trabajar?
Por fin lo entiendes. Mañana os llamaré.
Gracias.
Anda, tómatelo.
Venga, de un trago.
Toma.
Buenas noches.
- ¿Quién es? - Soy yo, Miyoharu.
Te esperaba.
Buenos días.
- Hola, buenos días. - Traigo el kimono de Miyoharu.
Muchas gracias.
- ¿Dónde está? - No lo sé. Ha salido muy pronto.
- ¿Con quién? - No tengo ni idea.
Otra cosa, que Miyoharu y Miyoe vayan al baile esta tarde. Están invitadas.
¿Eiko también? ¿A qué hora deben estar allí?
A las 6 de la tarde. Las estaremos esperando. Adiós.
- Gracias. - Adiós.
Será mejor que empieces a prepararte. Eiko, date prisa.
- ¡Ya estoy en casa! - Bienvenida.
- Esto es para ti. - Gracias.
- Ha llamado la Sra. Okimi. - Lo sé.
Eiko, ¿te estás preparando?
Ven un momento.
Querías un bolso para el verano, ¿no? Toma.
También te he comprado calzado.
Y un cinturón para el verano.
- ¿A que es bonito? - ¿De dónde has sacado el dinero?
- Eso no debe preocuparte. - Anoche te quedaste...
- en casa de Okimi, ¿no? - ¿Qué tiene de raro? Soy una geisha.
Si has de acostarte con alguien que no te gusta por mí, prefiero dejarlo.
¿Qué dices? No hice lo que piensas.
Mientes, eres una mentirosa.
Todo es una mentira: la belleza de Kioto, nuestra fama, todo es falso.
Sólo triunfan las que venden su cuerpo, y a las que no, como yo, las boicotean.
Estoy harta. No quiero seguir siendo aprendiz de geisha si para serlo...
- debo venderme como tú. - ¡Basta! ¡Insolente! ¿Qué te has creído?
Si soy insolente es porque tú me importas.
Si quieres dejarlo, adelante. ¿Qué harás? ¿Volver con tu tío?
O quizá con tu padre. ¿Adónde irás?
Escucha, Eiko.
Mi cuerpo está acostumbrado a los sinsabores de este mundo.
Yo no tengo nada que perder.
Pero haré lo que pueda para mantener intacta tu pureza.
Ésta es una dura vida y con tu carácter no lo tendrás fácil.
Las cosas, a veces, no son como nos gustaría que fueran.
Yo no tengo familia y llevo tiempo sola...
pero te quiero como si fueras de mi propia sangre.
A propósito, Eiko...
No te lo dije, pero la otra noche vino a verte tu padre.
El pobre me dio pena e hice todo lo que pude por él.
Para él era un asunto de vida o muerte.
Y además, es tu padre, Eiko.
Cualquiera, aun el más rico y feliz,
puede acabar hundido en la miseria.
Nosotras, ayer mismo, estábamos perdidas.
Lo importante es que ante las dificultades nos tengamos...
la una a la otra.
Eiko, para mí ya no eres sólo mi protegida.
Para mí eres mi familia.
¿Lo entiendes?
¡Hermana!
Cielo, vamos.
Echarás a perder tu peinado.
¿Por qué lloras tanto?
A partir de ahora, yo seré como tu marido.
Venga, que te maquillaré.
Cuando llegue el verano, te pondré aún más guapa que ahora.
La gente del barrio se girará para mirarte.
Gracias.
¿Dígame? ¿De la casa Daitomo? Sí.
¿A las 8? Sí, gracias.
¿Diga? ¿La casa Mantomi? ¿A las 10?
Perfecto. Gracias.
- Señora, ¿lo ha oído? - Hoy tendremos varias fiestas.
Es fiesta mayor y hay mucho trabajo.
Ya estoy aquí. Siento el retraso. ¿Lo preparo todo?
- Sí, gracias. - Bien.
- Buenas noches. - Buenas noches.
- Buenas noches. - Buenas noches.
FIN
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