All language subtitles for Matadero 01x03

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Original subtitles

Eh... Venimos buscando al señor director del matadero.

-El Sr. Sánchez no ha venido hoy por aquí.

No sabía que fueran ustedes de esos de Jehová.

-¿Dónde se ha metido?

¡No toques nada!

¡Venga ya, coño! ¡Venga!

Cuando vuelva su jefe, le dice que sus cerdos los tengo yo.

Y que si tiene lo que hay que tener, que venga a mi granja a buscarlos.

Pero ¿qué has hecho?

No podía dejarlo más tiempo en el salón.

Empezaba a oler. Te dije que no tocaras nada.

¿Qué le decimos a la Guardia Civil?

Somos mormones. Me parece muy bien.

Yo soy budista. Muchas gracias.

(Portazo)

Como no aparezca ese tío esta noche...

-Si no aparece, nos llevamos a su mujer.

El forense confirmó

que una de las víctimas del tiroteo,

tenía balas de una segunda arma.

Si sigues así, deberé tomar medidas disciplinarias.

Estate a lo de los cerdos.

¿Entendido?

¿Qué hacía mi Paco con tanta droga en la maleta?

¿Sabes el dinero que debe valer esto?

¿Y si estaba huyendo?

Vengo a ver al Sr. Francisco.

¿No ha dejado nada para mí?

-Le han robado un camión de cerdos importados en Portugal.

Solo quería decirte que hay un tipo extraño en el bar.

-Jacobo García, del equipo de policía judicial.

La madre que me parió. ¡Eh!

Este es el individuo del que le hablo.

-Ese es mi padre.

Hay que acabar con esto de los cerdos portugueses.

Están hundiendo nuestro negocio.

¡Por nuestras familias!

¡Y por los cerdos españoles!

-¡Muy hablado, papá!

Almudena, debemos deshacernos del cuerpo.

Hay que hacerles creer que Paco sigue vivo y huido.

Alfonso, ¿qué hemos hecho?

(Gruñidos de cerdos)

# Ibas vestida con tus lentejuelas,

# iluminando toda la feria.

# Todos los chicos # se daban la vuelta.

# Tus labios me envenenan.

# Yo te esperaba en la misma caseta

# de aquellos días que hicimos... #

¡Cómprale un globo a la rubia!

Mira, ahí están.

(Disparo)

Nada.

Son ganas de gastar dinero.

Tres tiros más.

Déjalo, no valgo. Nada de dejarlo.

Las hermanas Jiménez somos luchadoras.

Quiero tres tiros más.

Buenas, pareja. Qué elegantes vais, ¿no?

A la feria hay que venir bien arreglado.

No, a la feria hay que venir bien acompañado.

¿Será gilipollas?

-Vámonos, Salvador. Buenas noches tengan todos.

Míralo, es que no se puede ser más rancio.

Qué cabezota eres.

Uy, qué coñazo. Vámonos.

Cuñado, vámonos.

Espera, a ver si acierta.

¡Qué va a acertar!

Tiene razón. Alfonso, tira tú.

Estate quieta. Y tú, Paco, no me calientes.

¿Qué quieres? ¿El conejito?

Pues dame la escopeta y acabemos ya. He dicho que no. Lo hará ella.

Me estoy meando. Vámonos.

Quieres un peluche, ¿no? Pues gánatelo.

Y apunta como te digo.

(Disparo)

Nada.

Trae acá.

¿Qué coño haces, tía loca?

Las escopetas están trucadas, ¿verdad?

Trucadas, mis cojones. Ahora mismo le das a mi hermana

el peluche que le guste.

¿Tú...?

Si no le das el peluche, te dejo tuerto.

En la vida hay que pelear por lo que una quiere.

No es tan fácil, Almudena.

Es cuestión de ovarios.

Ya, pero yo no soy como tú.

Entonces, ¿vas a conformarte con lo que otros elijan para ti?

¿Qué tiene de malo?

No me quiero pelear con nadie.

Quiero estar bien, con mi familia, tranquila.

No he dormido nada.

Yo tampoco, ¿qué te crees?

Cambia la cara, que se te nota.

(Pasos acercándose)

Mira qué cara. ¿Qué te pasa?

Toda la noche dando vueltas y rechinando los dientes.

¿Qué tal has dormido?

Bien. Ya sabes que te puedes quedar aquí

todo el tiempo que haga falta.

Gracias, pero quiero volver a casa.

Es lo mejor. Allí tengo todas mis cosas.

Lo que debes hacer es pedir los papeles

para divorciarte de ese sinvergüenza.

Sigue sin dar señales de vida.

Ay, perdona, que a veces soy un poco bruta.

¿Y esto qué hace aquí?

Nada, que lo vi en la habitación

y me acordé de la noche de la feria,

cuando estábamos todos tan bien.

¡Martín, que no llegamos!

¿Te lo quieres llevar a casa?

¿Puedo?

Claro que puedes. Todo lo que necesites, ¿vale?

Me voy, que no llego.

Hoy veo a la jefa de zona, a ver qué me cuenta.

Mucha suerte.

¡Martín!

¿Qué vamos a hacer?

Nada.

No hay que hacer nada.

Los cerdos se habrán encargado de todo.

Solo de pensarlo, me pongo malo.

Si no has desayunado, no tienes nada que echar.

Somos unos monstruos.

Vámonos, debemos ir a ver.

No puedo ir.

Hemos de ver si está todo limpio.

Papá, el veterinario.

No fuimos al cuartelillo.

Ayer no decías eso.

Ayer era ayer. Hoy es hoy.

Ayer decías que todo iba a salir bien.

Ayer no tenía idea de lo que estaba haciendo.

Pero la gente normal, va al cuartel, cuenta que fue un accidente y...

Y termina entre rejas.

Pero es lo correcto.

Alfonso, piensa en mi hermana y en tus hijos.

Además, ¿sabes qué te harían en la cárcel?

Allí están muy faltos.

Solo digo que no debimos echarlo a los cerdos.

Ya no se puede hacer nada.

Alfonso, un coche, cuidado.

(Frenazo)

Y ahora estos.

Alfonso, baja del coche.

Que no he presentado la denuncia, te lo juro.

¡Alfonso, compórtate como un hombre!

¡Sal del coche!

Almudena.

Esto no va contigo.

Dile al cobarde de tu cuñado que salga del coche.

No te has enterado de lo que ha pasado, Salvador.

El cabrón de Francisco me ha abandonado.

Se ha largado.

Me ha dejado más tirada que una colilla.

Espero que esto sirva para que te des cuenta

de la clase de hombre que es ese Francisco.

Un hombre en condiciones,

no abandona nunca a una mujer como tú.

-¿Qué hacemos? ¿No le íbamos a decir cuatro cosas bien dichas?

Son los que están jodiendo el negocio.

-Alfonso.

¡Me voy a cagar en todo!

Salvador, por favor.

Tú y tu cuñado sois unos cabrones.

Me vais a dejar de joder. Salvador.

(Sirenas acercándose)

Al coche, guardad las armas.

(Sirenas acercándose)

Buenos días. -Buenos días.

-¿Qué está pasando aquí?

-Nada, María, cosas del pueblo.

-¿María?

Le recuerdo que está hablando con un agente de la autoridad.

Diríjase a mí con propiedad.

-Sí, agente. Usted disculpe, agente.

-A ver, ¿qué asuntos son esos

para resolverlos en mitad de la carretera?

No pueden detener los vehículos en mitad de la calzada.

Podrían provocar un accidente.

Papá, Almudena, ¿estáis bien?

Sí. Sí, no te preocupes, hija.

Todo está bien. No pasa nada.

No diría que no pasa nada.

Ha sido un pequeño percance sin importancia.

El coche de tu padre se quedó parado y Salvador se acercó a ayudarnos.

Ya sabes cómo está el coche.

Muchas gracias por el interés, Salvador.

No hay de qué, Almudena.

Ya sabes, cualquier cosa que necesites...

¿Se puede saber qué te pasó ayer?

¿A mí?

Nada. ¿Qué me iba a pasar?

¿Por qué me costó una hora

convencer al agente enviado de Zamora

de que mi padre no es un delincuente?

¿De verdad le pinchaste las ruedas a su coche?

No, no.

Sí.

Creí que venían a por mí.

¿Quién y por qué?

Salvador, en represalia por denunciar

una de sus granjas de cerdos.

Pero, como no presenté la denuncia, todo está arreglado.

Y por eso todo este lío en mitad de la carretera, ¿no?

Exacto, pero ya está todo arreglado.

Papá.

Prométeme que no volverá a pasar nada así.

Y que si tienes cualquier problema, me lo vas a contar.

Te lo prometo, hija.

(Arranque de motor)

Tres euros.

Adiós.

Almudena.

¿Qué? (CHISTA)

Hay alguien en casa.

¿Cómo que hay alguien en casa?

No me asustes, Alfonso.

¡Cariño, churros!

¿Qué hace aquí?

¿Pero esto qué es? Alfonso.

Socorro, socorro.

Ni se te ocurra gritar.

No voy a gritar. ¿Qué te crees?

No me haga nada, por favor. Solo soy veterinario.

Me gustan los animales, el campo, las flores.

Eh, veterinario, calladito.

Así estás más guapo, ¿eh?

Quiero convertirme en una gran vendedora.

No me gustaría defraudar a Fermín tras su clase de "coaching" de ayer.

Que no te líen las tonterías que dice.

Vender es fácil.

¿Fácil? Me cuesta mucho convencer a alguien

de que compre algo que no le interesa.

Vamos a ver.

Dime algo que valores en tu vida y algo que no necesites.

¿Algo que valore?

Mi familia, por supuesto.

Bien, ¿y que no necesites?

No sé.

Una secadora de ropa.

Siempre pensé que no sirve para nada.

Pues yo no podría estar sin secadora.

Qué fastidio tener que tender lavadoras.

Y luego, que las vecinas están todo el día al quite.

Se enteran hasta de los calzoncillos que lleva tu marido.

(RÍEN)

Y el gusto que me da cuando saco la ropa seca

y tardo dos minutos en plancharla.

Todo el tiempo que usaba en tender, destender

y planchar la ropa arrugada,

ahora lo invierto en los míos, en el ocio.

Es calidad de vida.

Vamos, sin secadora no podría estar.

Ahora que lo dices,

igual le digo a Alfonso que compremos una.

¿Lo ves? ¿El qué?

Te he vendido la secadora y ni te has enterado.

Uy, qué tía, me la has colado.

Pues así, con todo.

Hay mil maneras de hacerlo.

Solo debes conocer un poco al cliente.

Entonces, no sigues los métodos de venta

que nos enseñó Fermín en sus clases de "coaching".

¿Fermín?

Es mejor no hacerle ni caso.

Ya te habló de esos pisos en Torrevieja, ¿verdad?

Sí.

¿Sabes que eso no tiene que ver con la empresa?

Es un negociete que tiene montado con su hermano,

que es un constructor de la costa de Levante.

Fermín se aprovecha de Esplendor y Vida

para vender apartamentos.

También me ofreció uno.

Bueno, a todas.

¿Y qué le dijiste?

Que si me había visto cara de lela.

Eso le dije.

¿Qué tomas?

Nada. Que...

Que no duermo bien.

Mi marido está en paro hace meses, no le sale trabajo

y con dos niños, pues tú me dirás.

Lo siento, de verdad.

Nada.

Me tomo uno de estos y vendo el doble.

O al menos, me lo parece.

Sí, don Julio.

Su marido, el Francisco ese, está fiambre.

De momento, tenemos un fardo menos.

-Vamos a ver.

Según lo que contaron los infelices del restaurante,

tiene que haber más.

Los mismos paquetes que había en el otro cerdo.

Mira, vas a encontrar los paquetes que faltan

y a traérmelos.

Y eso, para antes de comer.

Ramón, coño, que estoy hablando.

Y otra cosa.

Quiero que averigüéis quiénes son esos dos macacos

y cómo se atreven a mear donde meo yo.

Y en Zamora meo yo.

Lo demás, no hace falta que os lo cuente.

¿Estamos?

-Lo que usted diga, don Julio.

Trae la casquería.

¿Qué vais a hacer, por favor?

Calladito, que no te callas ni bajo el agua.

¡Ah!

(SOLLOZA)

¡Oh!

Y ahora me diréis por qué lo habéis matado.

¿Queríais quedaros con el negocio?

¿Qué negocio? No hemos matado a nadie.

¿Qué negocio?

Este negocio.

Lo encontramos bajo la cama de matrimonio.

Por esto le matasteis, ¿no?

No, os equivocáis.

Fue un accidente.

Ah, que fue un accidente.

Vamos a cortarle la lengua,

que no dice más que cosas sin fundamento.

No, no. No, por favor.

¡No, no!

No le cortéis la lengua todavía.

Por favor.

¿Por qué no?

Porque sé dónde está el resto de los paquetes.

Hay cuatro más.

¿Los tienes tú?

Buscad en el bolsillo de mi pantalón.

En el otro.

Es del hipermercado de Benavente donde hago la compra.

Corresponde con la taquilla número 12.

Ahí están vuestros paquetes.

¿No los habías tirado?

¿Sabes lo que cuesta eso? Lo mejor era guardarlos.

¿Estás loca? Mira ahora. ¡A callar!

Llévate al tontaina, a ver si es verdad lo que dice.

Yo me quedo con esta pieza.

-Vamos.

Son unas muestras que han traído. Son muchas, ¿no?

-Mi madre dice que es un gasto innecesario

e insiste en que hagamos el convite en el bar.

-Anoche la escuché.

Tenía la oreja en la puerta, por si nos pillaba en plena faena.

-Ya me hubiera gustado. -Ay, por favor, qué vergüenza.

-Es algo natural. -Pero no con tu madre

al otro lado de la puerta.

-Pues algo habrá que hacer, porque estoy que exploto.

-Si quieres, quedamos a la hora de comer.

-¿Podrás?

-Haré un poder.

-¡Nuño!

Ayúdame con las patatas.

-Voy. -¿Lo ves?

Todo el rato está espiándonos.

Buenos días.

Joder, qué alegría de bar.

-Sírvase.

-¿Es siempre así?

-Son las muestras de las tartas de mi boda.

-¿Se casa? -Con Nuño.

Su madre es la dueña del bar.

-Buen partido.

Buenísima.

¿Quería verme?

-Debo hablarle de los asesinatos.

-¿Está segura de que su padre no está implicado?

-Por favor. Hablé con él y todo fue un error.

En cuanto pueda, se disculpará personalmente.

-Pues que se dé prisa. Pronto me iré de aquí.

-Tengo pruebas que confirman que fue un asesinato.

-Un robo.

Fue un robo.

Joder, está buenísima.

-Balística ha confirmado tres tipos de casquillos.

La escopeta del camarero, el de los ladrones muertos

y un tercer tipo.

-Fácil.

Había un tercer ladrón. Iba armado, disparó y huyó.

Para mí, sigue siendo un atraco.

-¿Y por qué nadie se llevó un euro de la caja?

-Lo solemos llamar atraco frustrado.

-¿Y los números de la palma de la mano de uno de los muertos?

-Puede ser cualquier cosa.

-Como un número de teléfono.

-¿Ha llamado? -Nada.

No existen esos números como tal.

-A saber.

Los yonquis siempre tienen las manos sucias.

¡Oh!

Esta es la mejor.

-Hay un asesino suelto, lo sé.

-¿Intuición femenina?

-Podría volver a actuar por la zona.

-Pues mejor que actúe hoy. Esta noche cerraré el caso.

Robo frustrado.

Me voy a dormir a mi casa.

La cama del cuartel me destroza la espalda.

Perdona, ponme un café solo.

Es muy obstinada. ¿Por qué se lo toma

de forma tan personal?

-Porque es mi trabajo.

Y tenía la esperanza de que usted fuera diferente.

Pero veo que es igual que el incompetente de Villanueva.

El café.

Eh... Perdón.

Tiene...

Y era muy latoso, porque al tomar leche,

me dolía el estómago.

Creo que no nacemos mamíferos para toda la vida, ¿sabes?

Hay que buscar otras opciones.

La leche de soja o de arroz o de...

Oye, ponte el cinturón.

¿Quieres que nos vean los guardias o qué?

Me lo pongo yo. Pues póntelo.

Eh, ¿qué haces?

¡Eh!

(Frenazo)

Aún no me has dicho tu nombre.

El mío es Almudena.

Esto no es una cita y no me importa cómo te llames.

Tus ojos no dicen lo mismo y los ojos no mienten.

¿Ah, sí?

¿Y qué dicen mis ojos?

Que te encantaría que esto fuese una cita.

Y a mí también, la verdad.

Aunque atada de esta manera, iba a ser difícil.

¿Por qué no me atas un poco más arriba,

en los antebrazos?

Y más fuerte.

¿Más arriba y más fuerte?

Ajá.

Es como me gusta.

A veces, le pedía a mi marido que me atara así,

pero a él no le gustaban esas cosas.

Se volvió igual de rancio que todos en este pueblo.

¿Así?

Así.

Ahora, aprieta.

¿Así?

Más.

(SUSPIRA)

¿Así?

Así.

Ahora ya tengo las manos libres para lo que haga falta.

¿Por qué mataste a tu marido?

No lo maté, fue un accidente.

No te rías, por favor.

No lo maté a propósito.

Pero no te voy a mentir.

No me parece del todo mal que esté muerto.

Me engañó.

Me puso los cuernos.

Eres bien peliculero, ¿eh, veterinario?

Hay que tener un poco más de dignidad, hombre.

Vamos. ¡Ay!

Cómo duele.

¿Duele? Eso no es nada.

Te podías haber matado.

Venga, al coche, vamos.

Mira cómo te pusiste, hombre.

Mira cómo te pusiste.

Espera, tengo una tirita.

Tiene razón Pascual,

siempre hay que llevar tiritas encima.

Toma.

Póntela.

Venga, que tengo más.

Venga, adentro.

Vamos.

En nuestro oficio siempre hay que cuidar la protección.

¿Entiendes?

En las películas no verás cómo ponen una tirita a nadie, ¿no?

Eso nunca se ve.

En las películas quitan las cosas normales, ¿entiendes?

Luego llegas a la realidad y vienen las decepciones.

Venga, ponte el cinturón.

Me engañó.

¿Te lo puedes creer?

A mí.

Con el tipo que tengo.

Por no decir que él no me daba nada.

Ni cariño ni amor.

Nada.

Y en la cama era un negado.

¿Por qué seguía con él?

Parece mentira, pero ahora que estoy sola,

tengo futuro.

Algo que no tenía estando casada con ese cabrón.

Quiero adoptar un hijo, ¿sabes?

Un niño tibetano, si puede ser.

Pero no lo ponen fácil,

sobre todo, para una mujer de mi edad.

Y ahora sola.

Aunque sé que sería una buena madre.

Seguro.

Tienes pinta de ser un buen padre. ¿Tienes hijos?

Con este trabajo no puedes tener mujer ni hijos ni nada.

¿Qué pasa? ¿Estás harto?

Amenazas, palizas, secuestros.

Sangre.

Llega un momento en que piensas que estás haciendo algo mal

y que tu vida no tiene sentido.

El amor.

La vida no tiene sentido sin amor.

Métete eso en la cabeza.

(Teléfono)

(Teléfono)

(CONTESTADOR) "Estás llamando a la casa de Almudena y Francisco.

Déjanos tu mensaje. Gracias."

¿Quién es? Y yo qué sé.

"Hola, buenas. Es una llamada para Almudena Jiménez.

Le llamo de la Consejería de Asuntos Sociales

para indicarle que esta tarde

una compañera pasará por su casa para comprobar algunos datos

respecto al expediente de adopción pendiente.

Gracias, un saludo."

(Pitido)

¿Eso es por lo del tibetano?

Ajá.

¿Va a venir aquí?

Ajá.

¿Ajá?

Me cago en todo.

Llámala y dile que no venga.

Lo haría, pero alguien destrozó mi móvil, ¿recuerdas?

Además, si le digo que no venga, algo sospechará.

¿Por qué?

Porque sabe que quiero ese niño más que cualquier cosa en el mundo.

Nuño, ponme un bocadillo de salchichón para llevar y un café.

-Mamá, un bocadillo de salchichón para llevar.

-Herminio.

Herminio, Herminio.

¿Dónde está tu jefe?

-No lo sé. Si lo supiera...

-Nadie lo sabe, ¿verdad?

¿Por qué no vino a por los cerdos que me llevé?

No tiene cojones de enfrentarse a mí, ¿verdad?

-Lleva dos días sin aparecer por el matadero.

Y estoy desbordado.

Lo estoy llevando todo y...

Mire, un bocadillo para comer, ya ve usted.

Ah, por cierto,

llegó esta carta del laboratorio.

Los cerdos que se llevó de mi jefe están enfermos, ¿eh?

Tiene la peste porcina africana.

-Peste porcina africana.

¡Me cago en todo lo que se menea!

-Yo de usted, los apartaba del resto.

-Vamos. -¿Adónde?

-A la granja.

-¿A qué granja? -¿A cuál va a ser, cretino? ¡Vamos!

(Puerta)

María José, pasa, por favor.

¿Cómo dices?

Perdón, el dentista, anestesia.

Pasa, pasa.

Siéntate.

¿Te han hecho mucho daño?

No, no, no.

Además, es verte y se me pasan todos los males.

Eh... Bien.

Quería hablar contigo para proponerte algo.

Un (NO SE LE ENTIENDE)

¿Un qué?

(NO SE LE ENTIENDE)

No te entiendo.

Un as-cen-so.

¿Un ascenso?

Sí.

Quiero que seas mi nueva jefa de zona.

Pero la jefa de zona es Rosa.

Lo sé, lo sé,

pero quería hablar contigo precisamente de eso.

Preguntarte a ti, en confianza.

Rosa no ha estado muy fina últimamente.

¿No lo has notado?

No he notado nada.

¿No has notado sus aficiones?

¿Qué aficiones?

Eres buena compañera, María José, pero no la defiendas.

Sabes perfectamente a lo que me refiero.

Todos nuestros productos son naturales.

¿Verdad? Sí, todos.

Los batidos, las infusiones, la crema de baba de caracol.

Pues Rosa se está automedicando.

Con fármacos.

La mujer lo tiene complicado en su casa.

Es una pena, pero no podemos permitirnos dos jefas de zona.

Tendrás que invitarla amablemente

a abandonar la familia de Esplendor y Vida.

Vaya, pensé que te haría más ilusión.

Ilusión me hace,

pero es que justo Rosa...

(RESOPLA)

Sé que estáis muy unidas.

Pero piensa que le estás haciendo un favor.

Mira, Rosa necesita crecer.

Aquí aprendió mucho, pero ya ha tocado techo.

Techo.

Hagamos una cosa.

Si al acabar el día

consigues que Rosa se vaya,

el trabajo es tuyo.

Si no, la cosa queda igual como está.

¿De acuerdo?

¿Que dónde está Francisco?

La madre que te parió.

¿Dónde está?

¿Dónde está? ¿Dónde, dónde?

(GRITA)

¿Dónde?

Porfirio.

Mira, Herminio.

Te presento a Porfirio.

No le gusta hablar,

pero no le hace falta para ganarse la vida.

¿Sabes cómo?

Es emasculador.

(RÍE) Ya veo que sabes a lo que se dedica.

La diferencia de Porfirio con otros emasculadores,

es que le encanta su trabajo, más que nada en este mundo.

Le encanta castrar a cerdos, caballos, en fin,

a todo lo que le cuelgue un par de pelotas.

Y antes de que se ponga al tajo, te pregunto por última vez.

¿Dónde está Francisco?

-Le juro que no lo sé.

-¿Dónde está Francisco? -Ni puta idea.

-¿Por qué no vino a por los cerdos que me llevé?

Quiero tenerle así, delante de mí, cara a cara.

¿Dónde está?

-¡Le juro que no lo sé!

-Porfirio, procede.

Ay, Herminio, Herminio.

Este gilipollas no tiene ni puta idea

de dónde está Francisco.

Anda, guarda eso ya.

Vámonos.

Me cago en la madre que parió al Francisco, al Herminio

y a toda su puta familia.

(MEGAFONÍA) "Atención, señores clientes.

Disfruten de nuestras ofertas del día en fruta y verdura."

Una cosa.

¿Qué te dije en el coche?

Que me callara, pero...

Es que tengo que ir al baño.

Pues te aguantas.

No puedo aguantar más.

Está bien, pero no me montes ninguna escenita, ¿vale?

Venga.

Allá.

Y rápido.

Hombre, mormón. (RÍE)

Nunca te miré tan guapo.

¿Qué carallo haces?

¡Ah!

Relájate, hombre.

Joder, tenía que intentarlo.

Venga, hombre, arriba.

(Timbre)

(MEGAFONÍA) "Atención, señores clientes.

Fantásticas ofertas en charcutería.

Lomo de primera a solo 12,99 euros el kilo."

A ver, a ver, ¿qué está pasando aquí?

Que soy un ladrón, eso pasa.

Un ladrón de bragas.

Robo todas las que puedo. Deténgame, por favor.

¿Cómo? Que me detenga.

Lléveme al calabozo, deme una paliza, lo que quiera,

pero por favor, deténgame.

No hará falta. Soy el responsable de este hombre.

A poco que me despisto, siempre me la lía.

Está un poquito...

Que no, que soy un ladrón. Deténgame, por favor.

Las braguitas, vamos a ver.

¿Está bien así?

Ah, son XXL, ¿no?

¿Así?

-Vanesa, déjales pasar.

-Bien, veo que sigue funcionando este país.

Disculpe las molestias.

Venga, hombre, venga. Vamos.

(Pitido)

En cuanto salgamos de aquí,

me devuelves los 100 euros y te pego un tiro.

¿Sabes qué? Ya no me caes bien.

Venga.

(MEGAFONÍA) "Aproveche la selección de productos que hemos preparado

para que disfrute

de las más variadas actividades al aire libre este verano.

No deje de visitar la sección de ocio y tiempo libre

de nuestros hipermercados."

Me cago en la hostia.

(Llamada de móvil)

(Llamada de móvil)

¿Sí? -Pascual.

-¿Lo tienes?

-Estos dos se están riendo de nosotros.

-¿Qué pasa?

-Que nos engañaron, en la taquilla no hay nada.

-Está bien, vente para acá.

(GRITA)

¡Joder!

¡Ah!

(JADEA)

Íbamos bien, Almudena.

Íbamos bien.

¿Qué querías? ¿Matarme con un tenedor?

¿Sabes lo difícil que es matar a un hombre?

¿Eh?

¿Qué pijo haces?

Estás loca perdida, coño.

Qué cojones tienes.

Tenía que intentarlo.

¡Ay!

¡Eh!

¡Eh, tú chalado!

Fuera de ahí.

¿No me oyes?

¡Fuera!

-Discúlpeme, no quería molestarle.

Soy tratante de ganado de la zona.

Creo que no nos conocemos.

Estoy visitando las granjas locales.

Me gusta esta zona de España. La gente de aquí es dura.

-Sí, y tanto que sí.

¿Qué quiere usted?

-Es un hispano árabe, ¿verdad?

El cruce aligeró la raza.

Le dió más velocidad sin perder nada de su arrogancia.

-Es una yegua.

Mi niña bonita. Se llama Preciosa.

¿Entiendes de caballos?

-Lo que leo.

Leo mucho.

De todo.

Pero a mí, lo que me gusta, son los cerdos.

A eso he venido.

Quiero comprarle dos.

Estos dos.

-¿Quiere comprarme dos cerdos?

-Exacto.

-¿Y por qué esos, precisamente?

-Porque soy caprichoso.

Me he especializado en estudiar todos los cerdos que encuentro.

Los compro para cruzarlos.

Me guío por la expresión de la cara.

Sus ojos.

¿Mira usted a los ojos a sus cerdos?

(RÍE)

-Me gusta cómo me han mirado estos dos.

-¿Sí? Pues con esos dos la has pifiado bien.

Están enfermos, no valen para nada.

-Perdóneme que insista.

-Además, no puedo vendértelos.

No son míos.

-Ya, son de Francisco Sánchez, el dueño del matadero.

-¿Te ha enviado Francisco?

¿No tiene cojones de venir él?

-A mí no me envía nadie.

En un pueblo pequeño se sabe todo,

como que usted no se lleva bien con el señor Francisco.

-No me gusta relacionarme con sabandijas.

No me gustan los negocios que tiene.

¿Qué negocios?

-Lo de Portugal, tirar los precios de la carne.

Francisco lleva tiempo jugando con fuego y ya sabe lo que pasa.

-Bueno, la verdad es que no importan los asuntos

entre usted y el señor Francisco.

Solo quiero llevarme esos cerdos.

-Vale.

Bueno, pues entonces, tendrás que pagar el doble.

La parte de Francisco y la mía.

¿Te parece justo?

-Estoy seguro de que será suficiente,

pero solo me llevaré esos dos.

¿Le importaría decirle a alguno de sus empleados

que los cargue en mi remolque?

Sacrifique el resto por los que he pagado.

No lloraré por ellos.

¿Y no te parece raro que solo quisiera esos dos cerdos?

-Ya aprenderás que cuando alguien paga,

nada parece raro.

Seguro que a este le ha enviado Francisco,

esté donde esté escondido, para amenazarnos.

-Alguien que amenaza no paga.

Papá, puede que te equivoques, ¿eh?

-¿De qué cojones hablas?

-Primero agredes a Herminio.

Luego vendes los cerdos de Francisco al primero que pasa.

No tienes mano derecha.

Y en los negocios hay que tener mano derecha.

-Mano derecha, mis cojones.

¿Qué pasa?

¿Te has puesto de acuerdo con tu madre

para tocarme las pelotas?

-(CHISTA) No hables así de mamá.

Te va a oír y está mal del corazón.

-De la cabeza es de lo que está mal tu madre.

Levántate, tienes que ayudarme.

-¿A qué quieres que te ayude?

-Herminio dijo que los cerdos de Francisco están enfermos.

Hay que deshacerse de todos.

(Zumbido de moscas)

(Arranque de motor)

¿Y ahora qué hacemos, eh?

Te tendré que matar, Almudena.

Y no quería matarte, no sabes lo que me jode.

No quería matarte y tendré que hacerlo.

Vale, te daré lo que quieras. Ya es tarde.

(Timbre)

Es ella. ¿Quién?

La de Asuntos Sociales.

No la avisamos para que no viniera, ¿recuerdas?

Seguirá llamando, es muy pesada.

Cállate la boca y hazla callar.

¡Sí, ya vamos!

¡Ah!

-¿Hay alguien en casa?

¡Enseguida abrimos!

Ayúdame con esto y te doy tus putos paquetes.

Si no, tendrás que matarme a mí y a ella.

(Timbre)

Por favor.

(Timbre)

¡Ya vamos!

Tira, tira.

¿Qué tal? Buenas tardes. Soy la asistente social.

# Dibujo en mi mente # que puedo avanzar.

# Aún no he perdido mi oportunidad.

# Pero mis días son siempre igual.

Esta crema de manos estupenda.

Huele.

# Aquí los sueños # no se hacen realidad.

# Y solo quiero gritar.

Compara esta mano con esta.

# Cantar al mundo mi verdad.

Te quedará estupendo.

# Llegar al fin sin mirar atrás.

# Dejar el lastre # de la mediocridad. #

Pues ya está.

(CONTESTADOR) "...está apagado o fuera de cobertura.

Deje su mensaje tras oír la señal."

(Pitido)

Alfonso, no hay manera de dar contigo.

Llámame, por favor. Es importante.

(Tono de llamada)

"El móvil al que llama está apagado o fuera de cobertura."

Ya está.

-¿Seguro que no nos ve nadie?

-Que no es la primera vez.

-Pero eso no quiere decir que esté bien.

¡Ay, que no!

No puedo. -¿Qué pasa?

-Que me hago pis.

-¿Ahora te meas? -Sí.

Y mucho.

Ahora vengo, ¿eh?

-María, por favor.

(Zumbido de moscas)

Gracias.

¿Me enciende la máquina, por favor?

-Está rota, no funciona.

-¡No me lo puedo creer!

Jiménez Cañaveral, María José.

Sí.

Léanos esa nota en voz alta, que nos riamos todos.

Plata Camacho, Patricia. ¡Sí!

¡Cuánto tiempo!

Muchísimo.

Sí. ¿Qué haces aquí?

¿Vives en Benavente?

No, qué va. He venido al pueblo a vender la casa de mi madre.

Vivo en Madrid con mi marido.

Qué bien, en Madrid.

¿Y trabajas allí?

Sí, hija, he dado muchas vueltas.

Ahora llevo una marca de mermeladas ecológicas.

Y mieles.

Vendo por los mercados y cosas así.

Qué bien suena eso. ¿Y no has tenido niños?

Dos, ¿por?

Nada, como trabajas tanto.

Ay, hija, qué antigua estás.

Tengo ayuda, por supuesto. Mi marido puede trabajar desde casa.

Bueno, ¿y tú?

¿Casada?

Sí, y con dos hijos, pero ya mayores.

¿Y de trabajo?

Pues muy bien, en Esplendor y Vida, una marca de cosmética y salud.

Un poco como lo tuyo.

Ya, ¿y qué haces?

¿La vas vendiendo por ahí?

Qué agotador, ¿no?

Eso era antes.

Ahora soy jefa de zona y solo voy a clientas VIP.

Jefa de zona, muy bien.

Oye, tengo que ir al banco y firmar papeles.

A ver si nos vemos más por aquí, ¿no?

¿Estás en Facebook?

Estoy, pero casi sin tiempo.

Búscame. Si ves que no te contesto, insiste.

¿Vale?

¡Qué alegría!

Jiménez Cañaveral.

Muy grande, Plata Camacho.

Sí, adiós.

Adiós.

(Zumbido de moscas)

Qué raro.

-¿Qué pasa?

Estos dos también están destripados y no tienen crotales.

Muy limpia la cocina.

-Es importante la limpieza y el orden

para una criaturica que viene del Tíbet.

-Ay, criaturica, qué acento más gracioso.

¿Almería o Granada?

-De Murcia.

Esperadme un momentito.

Lo confunden a veces.

Es lo que le digo.

Es importante que el tibetano aprenda nuestras costumbres,

pero que no olvide de dónde viene

ni lo dura que ha sido la historia de su pueblo.

-Y qué razón tienes.

Bueno, pues muy bien. ¿Un café?

Mujer, tendrá muchas cosas que hacer.

-No, no. Podemos tomar ese café y así charlar tranquilamente.

Pues no se hable más. Pase.

No te hagas ilusiones, que no ibas a morir tan rápido.

Primero, te voy a taladrar los pies.

Tienes un taladro en casa, ¿no?

Pues mejor.

Primero, te cortaré una oreja.

Como en la peli de "Reservoir dogs".

¿La viste?

¿Quiere que le autorice una autopsia a un cerdo?

Primero me la lía con los de la televisión.

¿Sabe la gente que ve esas noticias?

Y ahora me toca los cojones con los cerdos.

-Solo cumplo sus órdenes. Usted me mandó a los cerdos.

Necesito esa autopsia.

¿Me firma la autorización?

Por favor.

-¿Quién va a hacerla?

-El forense de Zamora.

Está de camino.

-¿Le ha dicho que venga antes de que yo firme?

¿Y si no firmo?

-Sé que firmará, porque es usted el mejor sargento del cuerpo.

¿Cómo no va a firmar?

-Mujeres, mujeres, mujeres.

Al final, siempre se salen con la suya.

-Gracias.

¿Ve como es usted el mejor?

Hombre, ¿qué tal las tartas?

¿Se ha decidido ya por alguna?

-Es su boda. Debe usted decidir.

-Me fío de su criterio con la comida.

-¿Solo con la comida?

-Es lo único que parece importarle.

-Pues sepa, agente, que vengo del lugar de los asesinatos.

Busqué donde pude y no encontré nada.

Absolutamente nada.

Voy a cerrar el caso.

Lo dicho: robo frustrado.

-¿Frustrado?

Es una palabra interesante, dicha por usted.

Parece que le haga ilusión cerrar el caso.

-Cerrar un caso siempre me hace ilusión.

¿Quiere saber el secreto de este trabajo?

-¿Usted me lo va a decir?

-Volver a casa por las noches, agente.

Ese es el secreto.

Jamás he pegado un tiro ni me lo han pegado a mí.

Vuelvo a casa y sigo de una pieza.

Eso es ser un buen agente.

Solo eso.

Sobre todo ahora, que está a punto de casarse.

Seguro que su futuro marido se lo agradecerá.

-Un control rutinario en la carretera.

Un tiro en el hombro.

En el tobillo tengo una cicatriz de un cepo

que unos furtivos colocaron en el bosque.

Me tuvo la pierna atrapada durante horas.

Aún me duele cuando cambia el tiempo.

Esto fue poco antes de regresar al pueblo.

¡Picoletos!

Dijo alguien desde un bar.

Y me rompieron tres costillas.

Y aquí... -Vale, vale.

¿Quién coño es usted?

¿John Rambo? -No.

Una buena agente.

Uy, con tanto café, me han dado ganas de ir al baño.

¿Me disculpáis?

Te acompaño. No, hombre, cariño.

Un poquito más de café.

-Sí, claro.

¡Eh!

¿Despiertas, Bella Durmiente?

Muy bien, vamos a poner musiquita.

(Música electrónica)

Cariño.

Nena, cariño.

¿Estás bien?

¿Pasa algo?

Sí, ya voy, mi amor.

¿Qué tal?

¿Quieres tomar un café?

No, gracias.

Cuéntame.

¿Qué ha pasado?

¿Cómo ha ido el día?

Después de dos tranquilizantes, perfecto.

Me hinché a vender.

¿Y tú? ¿Has vendido mucho?

No mucho.

¿Qué te pasa?

Me preocupa lo que me contaste antes.

¿Yo? Sí.

Tu marido en paro, tus niños, tú fuera de casa... No sé.

No me parece bien.

Deberías hacer algo.

Me gustaría dejar todo esto, pero es lo que hay.

Pues déjalo, mujer.

Yo no podría, ¿eh?

Mis hijos sin verme, por no hablar de Alfonso,

todo el día en casa con la tentación de las vecinas.

Yo no podría. Necesito dedicar más tiempo a los míos.

¿Me estás vendiendo algo?

¿Yo?

No, no, no.

Solo intento ayudarte para enfocar tu vida de otra forma.

María José, no me jodas tú ahora.

¿Qué pasa aquí?

Tranquila, mujer.

Tómate una pastilla de las tuyas. Te doy mi café.

¡No quiero más café, coño! Estoy muy tranquila.

Te mandan a que me despidas, ¿no?

Es eso, ¿verdad?

No es eso, es cosa mía.

No pasa nada. Lo dejamos y ya está.

Qué hijo de puta, el cabrón ese.

Ha sido el mierda de Fermín,

que te manda a hacer el trabajo sucio, ¿no?

No te preocupes. Tranquila, mujer. ¡Cállate!

He recibido el mensaje.

Si quieres, puedo dejarte algo de dinero

para pasar estos meses, hasta que encuentres algo.

Rosa, eres la mejor vendedora que conozco.

Seguro que encontrarás algo mejor.

Gracias.

(Puerta)

¿Cómo conseguiste que Villanueva autorice esto?

-Era eso o escucharme todo el día.

-Eres grande, María.

Los tienes cuadrados.

-¿Entonces?

-La causa de la muerte fue un traumatismo craneoencefálico.

Le reventaron la cabeza con un objeto contundente.

-¿Y por qué están destripados?

-Ni idea.

No lo había visto nunca.

Pero había leído algo sobre esto.

-¿Algo sobre esto?

-Sí.

Algunos salvajes usan los cerdos

para el transporte de mercancías, pero vete tú a saber.

Un caso parecido.

-¿Parecido a este?

-En Bolaños de Duero.

Unos salvajes usaban cabras para hacer ritos satánicos.

-¿Crees que puedan estar haciendo ritos satánicos en Torrecillas?

-La gente está trastornada.

Pero las incisiones de las cabras eran parecidas.

Las abrían en canal y les hacían de todo.

-¿Y qué pasó?

-Los encontraron, creo.

Y supongo que les pusieron una multa.

Bueno, eso es todo.

-Supongo que sí.

Joder, qué callos.

Echaré de menos este bar. Se come de maravilla.

-Parecía como si lo odiaras.

-Genio policial.

No se puede hacer el simpático de primeras.

Joder.

Entonces, ¿celebramos tu ascenso con una cena?

Es tarde para avisar en casa.

Pero, mujer, te has portado, María José.

Creo que no celebrarlo sería ofender a la empresa y a ti misma.

Tienes que quererte más.

Ya.

Seguro que tu marido ya ha hecho planes.

¿Por qué dices eso?

No sé, digo yo.

Seguro que ya habrá quedado con sus amigos en el bar.

Alfonso va del trabajo a casa. No le gustan los bares.

¿Y si hacemos cuentas del bonus que vas a cobrar?

Las jefas de zona tienen privilegios

y se pueden permitir ciertos lujos,

como una casita en Torrevieja.

Bueno, eso aún debe esperar un poco.

¿Dónde está Fermín?

¡Fermín, cabronazo!

¡Eres un timador!

¡Cobarde!

¡Cabrón!

Cuéntales a todos lo de tu hermano.

Está imputado por corrupción.

¡No me toquéis!

-Esa mujer se ha vuelto loca.

Llamad a la Guardia Civil.

¿Lo ves?

Hicimos bien en despedirla.

Ay, otra vez al dentista no.

¿Dónde está mi diente?

¿Dónde está mi diente?

Sí, pase.

-¿Herminio?

¿Qué le ha pasado?

-María.

No, nada, que como no está su tío,

me siento aquí un poco perdido.

-¿Quién le ha hecho eso?

Ha sido Salvador, ¿verdad?

-Ayer.

Vino, se llevó unos cerdos a la fuerza

y como su tío no quería líos, me las llevé yo.

¿Necesitas algo?

-Su ayuda.

Aparecieron muertos en mitad del campo.

Tenían los úteros abiertos.

-Son cerdos visados. Son distintos de los de aquí.

Tu tío los trae de vez en cuando, le salen más baratos.

-Los cerdos de mi tío.

¿Y qué hace con ellos?

-Los revende. Lo hace mucha gente, ¿eh?

Es una forma de obtener beneficios más rápidamente.

Sobre todo en épocas flacas.

Precisamente, Salvador le odia por eso.

-¿Estos son de mi tío?

-No sé, habría que verles los crotales.

Ahí viene toda la información.

-No llevaban los crotales puestos.

-Pues entonces, no hay manera.

-Ya, entiendo.

Ande, venga conmigo al cuartelillo y denunciamos a Salvador.

-No, no, de eso nada.

-¿Cómo que no?

-¿Quiere que vuelva y me dé el doble? No, no.

La verdad es que estoy encantada.

A estas edades es complicado adoptar.

Las parejas están desgastadas.

Pero no había visto una pareja

que se entendiera tan bien en mucho tiempo.

Bueno, pues la primera fase de la adopción está superada.

El niño será muy feliz en esta casa.

Entonces, firmo aquí, ¿verdad?

Sí, ahí.

Vamos.

Vamos, venga.

Muévete, coño, venga.

Vamos.

(Arranque de motor)

Creo que me he pasado con tanto café.

Noto como si la cabeza me fuera a explotar.

(Puerta)

¿Qué está pasando aquí?

-¡Tiene una pistola! -¿Quién carallo es esta?

-La del tibetano. -¿Qué tibetano?

-Tibetano, hijo.

-Que se calle.

-Tranquila, tranquilo.

(Disparo)

Así es, Sr. Da Silva. Los cerdos estaban vacíos.

Aquí pasa algo raro.

-¿Estás seguro de que eran los nuestros?

-Los números de los crotales coinciden.

-Mal asunto, Vasco.

¿Quiénes son esos dos?

-Uno, cuñado de Francisco. El otro, no lo sé.

-Alguien debe tener nuestros paquetes.

-Eso es lo que voy a resolver ahora.

El cacique ese, Salvador, parece el más peligroso.

El cacique ese, Salvador, parece el más peligroso.

-Si lo ves muy complicado,

podemos llamar a Montaña.

-Montaña es demasiado para un asunto así.

Creo que deberíamos averiguar todo antes de actuar, Sr. Da Silva.

-Sabes que confío en ti.

¡Papá!

Ya están sacrificados los cerdos.

-¿Todos?

-Todos muertos.

(Campanadas)

¿Un largo día de trabajo, agente?

-Solo vengo a despedirme.

Voy a firmar el caso.

-Es verdad. Su cama le espera, ¿no?

Sé que no le interesa.

Pero siéntese, por favor.

Cerdos abiertos en canal.

Mi tío los importaba desde Portugal.

-¿Y?

-Para usted, todo es una casualidad. Para mí, nada.

-Explíquese.

-Desaparece mi tío.

Aparecen cerdos como los suyos muertos en mitad del campo.

-A veces, los usan para transportar...

-Mercancía ilegal, lo sé.

Pero además, el forense me ha hablado de un caso.

Bolaños de Duero.

Encontraron unas cabras abiertas en canal

en unos ritos satánicos.

Y lo mismo el año antes y después con cerdos y vacas.

¿Qué está pasando aquí?

-¿Ritos satánicos?

¡Uh!

(RÍE)

Lo siento, pero las fuerzas diabólicas

están fuera de mi jurisdicción.

-Ríase, pero tengo más cosas.

Al hombre que trabaja para mi tío, le han amenazado.

Quizá un mensaje de advertencia.

-¿Sabe usted cuántas peleas así hay en los pueblos de España?

¿Cuántos catetos se matan a palos?

Esto de los cerdos, seguramente es una venganza.

Y no entiendo qué relación tiene esto con el restaurante.

-Muy bien.

Buen viaje, agente.

Está bien, confesaré.

Quería engañaros.

Pensé que podría salirme bien.

Yo qué sé.

Está loca, Almudena.

Sé que esos paquetes cuestan dinero.

No sé cuánto, pero son valiosos.

Pensé que con lo que sacara por ellos, tendría la vida resuelta.

Para siempre.

(SOLLOZA)

Ahora sé que lo he perdido todo.

¿Cómo se te ocurre pensar que algo así te saldría bien?

-A nuestro jefe no le gusta que nadie se meta en su negocio.

Yo no me quería meter en ningún negocio.

Es ella, que está loca. Calladico.

¿Qué vais a hacer?

Por favor.

Calladico, pijo.

-A la de tres, como siempre, ¿no?

Uno.

Dos.

-Cámbiame de lado.

-¿Qué? -Que cambies, copón.

-Ay, qué hostia.

Uno.

Dos.

¡Alfonso!

(SUSPIRA)

(Tono de llamada)

"El móvil al que llama está apagado o fuera de cobertura."

Tú llevas el coche

y antes de llegar a Galicia, le prendemos fuego.

¡Vamos!

No recuerdo bien su cara, pero no era del pueblo, seguro.

Anoche se le olvidó firmar el cierre del caso.

A eso viene, ¿no?

Creo que hemos perdido todo el cargamento.

Son diez kilos de cocaína pura. Una fortuna.

Ahora buscamos a dos asesinos.

(Disparos)

Atraco frustrado. Fin del asunto.

¿Quieres gustar, seducir?

Lo más raro que ha pasado últimamente,

ha sido un par de maricones.

Le seguiré muy de cerca.

No quiero más amenazas ni más cerdos muertos.

Pobre Manolete.

Solo quiero saber si ha pasado por aquí alguien a vender mercancía.

(Cánticos)

¿Es a vosotros a quien han metido esta mierda?

¿Qué hacemos?

¿De dónde has sacado ese anillo?

O ha volado o está bajo tierra.

Creo que tenemos algo importante entre manos.

Mensaje del señor Patiño.

¿Qué ha pasado?

No sabes cuánto me alegro de tu visita.

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