All language subtitles for Puccini.La.Boheme.Dornhelm.(2008).BD.1080p.SPA

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Original subtitles

Este Mar Rojo me cala y me entumece,

como si gota a gota me cayese encima.

Para vengarme, ¡voy a ahogar a un faraón!

¿Qué haces?

En los cielos grises contemplo humear por sus mil chimeneas a París

y pienso en ese holgazán, en ese viejo hogar tramposo

que vive ocioso como un gran señor.

Hace mucho que no recibe su honrado estipendio.

Esos estúpidos árboles, ¿qué hacen bajo la nieve?

Rodolfo, quiero decirte un pensamiento profundo:

tengo un frío de perros.

Y yo, Marcelo, no te oculto que ya no creo en el sudor de la frente.

Tengo los dedos helados como si los hubiese metido

en ese inmenso glaciar que es el corazón de Musetta.

El amor es una chimenea que traga demasiado.

¡Y muy deprisa!

En la que el hombre es la leña y la mujer los morillos.

Uno arde en un suspiro y la otra se queda mirando.

- Mientras tanto, ¡aquí nos helamos! - ¡Y nos morimos de hambre!

Necesitamos un fuego.

Espera. ¡Sacrifiquemos la silla!

¡Eureka!

- ¿Se te ha ocurrido algo? - ¡Sí!

- Aguza el ingenio: ¡que la idea arda! - ¿Quemamos el Mar Rojo?

No; el lienzo pintado apesta.

Mi drama, mi ardiente drama nos calentará.

¿Quieres leerlo? ¡Me hielas!

No; que el papel se torne en cenizas y que el estro vuele a su cielo.

¡Un gran daño amenaza al siglo!

- ¡Roma está en peligro! - ¡Gran corazón!

- Toma el primer acto. - Trae. - Rómpelo.

Enciende.

¡Qué alegre resplandor!

¡Ya se ven señales del Apocalipsis!

¡En Nochebuena no aceptan empeños!

¡Llamas!

- Silencio, se da mi drama. - Al fuego.

- Lo encuentro deslumbrante. - Vivo.

- Pero dura poco. - La brevedad, gran virtud.

Autor, déjame la silla.

Estos intermedios matan de aburrimiento. ¡Rápido!

Acto segundo.

Ni siquiera susurres.

- ¡Pensamiento profundo! - ¡El color justo!

¡En ese azulado y lánguido resplandor se esfuma una ardiente escena de amor!

Una página crepita.

En la que había besos.

Quiero oír de golpe tres actos.

- Así acaban las ideas de los audaces. - Es hermoso desaparecer entre llamas.

- ¡Oh, Dios! Ya se apaga la llama. - ¡Qué vano, qué frágil drama!

¡Ya crepita, se encrespa y muere!

¡Abajo, abajo el autor!

- ¡Leña! - ¡Cigarros! - ¡Burdeos!

Un derroche de feria nos deparó el destino.

El Banco de Francia por vosotros se tambalea.

- ¡Recógelas! - ¡Son pedazos de latón!

- ¿Estás sordo y ciego? ¿Éste quién es? - ¡Luis Felipe! ¡Me inclino ante mi rey!

¡Luis Felipe está a nuestros pies!

Veréis:

este oro, o mejor, plata, tiene una bonita historia.

- ¡Encendamos! - ¡Qué frío!

Un inglés, un señor, lord o milord, lo que sea,

buscaba un músico. - ¡Sitio! ¡Pongamos la mesa! - ¿Y la yesca?

- Ahí. - Aquí. - Me presento, me acepta.

Le pregunto... - ¡Asado frío! - ¡Pastel!

"¿Para cuándo las lecciones?"

Me presento, me acepta, le pregunto:

"¿Para cuándo las lecciones?" Me responde: "¡Comencemos!"

"¡Mire!" Y me señala un loro en el primer piso. Después añade:

"¡Usted tocar hasta que ése morir!"

- ¡Refulge espléndida la sala! - Estuve tocando tres largos días.

Luego recurrí al encanto de mi figura y conquisté a la doncella.

¿Vamos a cenar sin mantel?

- ¡Una idea! - ¡El Constitucional!

Un papel de primera. ¡Comeremos y, de paso, devoraremos las noticias!

El lorito extendió las alas,

el lorito abrió el piquito;

un poquito de perejil, ¡y murió cual Sócrates!

¿Quién?

¡Que os lleve el diablo a todos!

¿Y ahora qué hacéis?

¡No! Estos manjares son la reserva

para días futuros, tenebrosos y oscuros.

¿Cenar en casa en Nochebuena,

mientras el Barrio Latino adorna sus calles con salchichas y golosinas?

¿Cuando el olor de los buñuelos embalsama las viejas callejas?

Allí las muchachas cantan contentas.

¡Es Nochebuena!

Y todas van con un estudiante.

Un poco de religiosidad, señores míos:

¡bebamos en casa, pero comamos fuera!

¿Se puede?

- ¿Quién es? - ¡Benoît!

¡El casero!

- ¡Ciérrale en las narices! - ¡No hay nadie!

¡Está cerrado!

Una palabra.

¡Una sola!

¡El alquiler!

- Vamos, traed una silla. - Ahora mismo.

- No hace falta. Sólo quería... - Siéntese.

- ¿Quiere beber? - Gracias. - Brindemos.

- ¡Beba! - ¡Brindemos!

- Éste es el último trimestre. - Muy bien.

- Y por tanto... - Otro traguito.

- ¡Gracias! - ¡Brindemos!

¡A su salud!

Aquí estoy porque el trimestre pasado me prometió...

Lo prometí y lo mantengo.

- ¿Qué haces? - ¿Estás loco?

¿Ha visto? Venga, quédese un momento en nuestra compañía.

Dígame, ¿cuántos años tiene, querido señor Benoît?

¿Los años? ¡Por caridad!

- Más o menos, nuestra edad. - Más, muchos más.

Ha dicho más o menos.

La otra noche en el Mabille lo pillaron en pecado de amor.

¿Yo?

La otra noche lo pillaron en el Mabille. ¡Niéguelo!

Una casualidad.

- ¡Hermosa mujer! - ¡Ah, mucho!

- ¡Bribón! - ¡Seductor!

- ¡Un tipazo! ¡Una belleza! - El amigo tiene buen gusto.

- Una melena rizada y pelirroja. - ¡Bribón!

Él se pavoneaba alegremente.

- Soy viejo, pero fuerte. - Él se pavoneaba alegremente.

Y ante él cedía la femenil virtud.

Tímido en mi juventud, ¡ahora me desquito!

Ya se sabe, es un buen entretenimiento una muchachita alegre y un poco...

No digo una ballena o un mapamundi,

ni una cara redonda de luna llena,

pero flaca, lo que se dice flaca, ¡no, eso no!

Las mujeres delgadas son un tormento y sólo dan quebraderos de cabeza.

Y están llenas de achaques,

como, por ejemplo, mi mujer...

¡Este hombre tiene mujer y esconde la lascivia en su corazón!

- ¡Qué horror! - ¡Envilece y mancilla nuestra honesta morada!

- ¡Quememos azúcar! - ¡Expulsemos al réprobo!

- ¡Os expulsa la moral ofendida! - Yo no... - ¡Silencio!

- Pero señores... - ¡Silencio! - ¡Fuera, caballero! ¡Largo de aquí!

Y buenas tardes tenga vuestra señoría.

¡Ya he pagado el trimestre!

En el Barrio Latino nos espera el Momus.

- ¡Vivan los que gastan! - ¡Repartamos el botín!

¡Repartámoslo!

Allí hay auténticas bellezas celestiales.

Ahora que eres rico, ¡adecéntate un poco!

¡Oso, arréglate ese pelo!

Conoceré por vez primera lo que es un rapabarbas.

Guiadme al ridículo ultraje de una navaja barbera.

¡Vamos!

Yo me quedo para terminar el artículo de fondo del "Castor".

- No tardes. - Cinco minutos. Conozco el oficio.

Te esperamos abajo, en la portería.

- Si tardas, ¡verás qué coro! - Cinco minutos.

¡No tardes en cortar la cola a tu "Castor"!

¡Ojo con la escalera! Agárrate a la barandilla.

¡Despacio!

- No se ve nada. - ¡Maldito portero!

¡Maldición!

Colline, ¿estás muerto?

- ¡Todavía no! - ¡Apresúrate!

No estoy en vena.

- ¿Quién es? - Perdone.

¡Una mujer!

- Disculpe, se me ha apagado la vela. - Por aquí.

¿Podría...?

- Siéntese un momento. - No es necesario.

Se lo ruego, entre.

¿Se siente mal?

No, no es nada.

¡Palidece!

Es la respiración... Esa escalera...

¿Y ahora qué hago?

¡Eso es!

¡Qué cara de enferma!

- ¿Se encuentra mejor? - Sí.

Aquí hace tanto frío. Siéntese junto al fuego.

Espere...

- Un poco de vino. - Gracias.

- Tome. - Sólo un poco.

- ¿Así? - Gracias.

¡Qué bella muchacha!

Ahora permítame que encienda la vela. Ya se me ha pasado.

- ¿Tiene prisa? - Sí.

Gracias. Buenas noches.

Buenas noches.

¡Oh, qué atolondrada!

La llave de mi cuarto, ¿dónde la habré dejado?

No se quede en la puerta; la llama vacila con el viento.

¡Oh, Dios! Vuelva a encendérmela.

¡Oh, Dios! ¡También la mía se ha apagado!

- Y la llave, ¿dónde estará? - ¡Estamos a oscuras!

- ¡Pobre de mí! - ¿Dónde estará?

Qué importuna es su vecina.

¡En absoluto!

Qué importuna es su vecina.

¡Qué dice! ¡En absoluto!

Busque.

Busco.

- ¿Dónde estará? - ¡Ah!

- ¿La ha encontrado? - ¡No!

- Me pareció... - De verdad.

¿Busca?

¡Busco!

¡Qué gélida manita! Deje que se la caliente.

¿Para qué buscar?

A oscuras no la encontraremos.

Mas por fortuna es noche de luna

y aquí la luna la tenemos cerca.

Espere, señorita, le diré en dos palabras

quién soy, qué hago

y cómo vivo.

¿Quiere?

¿Quién soy?

¿Quién soy? Soy un poeta.

¿Qué hago? Escribo.

¿Y cómo vivo? Vivo.

En mi gozosa pobreza,

derrocho como un gran señor

rimas e himnos de amor.

De sueños, de quimeras

y de castillos en el aire

tengo el alma millonaria.

A veces, de mi cofre

roban todas las joyas

dos ladrones: unos ojos bellos.

Han entrado con usted ahora,

y mis sueños de siempre,

mis hermosos sueños,

de repente se han esfumado.

Mas el hurto no me entristece,

pues su lugar lo ocupa ya

una dulce esperanza.

Ahora que ya me conoce, hable usted.

Dígame, ¿quién es?

¡Por favor, dígamelo!

Sí.

Me llaman Mimí,

pero mi nombre es Lucia.

Mi historia es breve.

En tela o seda bordo en casa y fuera.

Vivo tranquila y feliz,

y me distraigo haciendo lirios y rosas.

Me gustan las cosas

que tienen un dulce embrujo,

que hablan de amor, de primaveras,

que hablan de sueños y de quimeras,

esas cosas que llaman poesía.

¿Usted me entiende?

Sí.

Me llaman Mimí, pero no sé por qué.

Yo misma me preparo la comida.

No voy siempre a misa, pero rezo mucho al Señor.

Vivo sola, solita,

ahí, en un blanco cuartito que da a los tejados y al cielo.

Mas cuando llega el deshielo,

el primer sol es mío,

¡el primer beso de abril es mío!

¡El primer sol es mío!

Brota en una maceta una rosa;

¡pétalo a pétalo la aspiro!

¡Es tan delicado el perfume de una flor!

Mas las flores que yo hago, ay,

las flores que yo hago, ay de mí,

no tienen olor.

No sabría qué más decirle de mí.

Soy su vecina, que viene a deshora a importunar.

- ¡Eh, Rodolfo! - ¡Rodolfo! - ¡Hola! ¿No oyes?

- ¡Tortuga! - ¡Poetastro! - ¡Vaya un vago!

- Escribo deprisa tres líneas más. - ¿Quiénes son? - Mis amigos.

- ¡Nos vas a oír! - ¿Qué haces ahí solo?

No estoy solo. Tengo compañía.

Id al Momus y coged sitio. Enseguida vamos.

Momus, Momus. Calladitos y discretos larguémonos de aquí.

¡Encontró la poesía!

¡Oh, adorable muchacha!

¡Oh, dulce rostro circundado por el resplandor lunar!

¡En ti reconozco el sueño que siempre querría soñar!

¡Ah! ¡Estremece mi alma una dulzura inefable!

¡Sólo tú me mandas, amor!

¡Oh, cuán dulces penetran sus lisonjas en mi corazón!

¡Y en el beso se estremece el amor!

¡No, por favor!

¡Eres mía!

Le esperan sus amigos.

¿Ya me despides?

- Quisiera decirle... Pero no me atrevo. - Dime.

¿Y si fuera con usted?

¿Qué? ¡Mimí!

Sería tan agradable quedarnos aquí.

Fuera hace frío.

¡Estaré a su lado!

- ¿Y al regreso? - ¡Curioso!

Dame el brazo, pequeña mía.

¡Obedezco, señor!

¡Dime que me amas!

¡Te amo!

¡Amor, amor!

¡Naranjas, dátiles! ¡Castañas tostadas! ¡Chucherías, cruces! ¡Turrones!

¡Nata montada! ¡Rica empanada!

¡Qué gentío! ¡Corramos!

¡Agárrate a mí! ¡Qué jaleo! ¡Dejad pasar! ¡Corramos!

¡Flores para las damas! ¡Leche de coco! ¡Pinzones y jilgueros!

¡Camarero, una copa! ¡Rápido! ¡Cerveza! ¡Las bebidas!

- ¡Agárrate a mí, corramos! - ¡Quiero una lanza!

¡Este "re" suena falso! La pipa y el cuerno, ¿cuánto es?

- Está un poco usado. - ¿Vamos a por la cofia?

- Pero es serio y barato. - Agárrate bien a mi brazo.

- Me estrecho contra ti. ¡Vamos! - ¡Vamos!

También yo siento ganas de gritar:

¿quién quiere, amables jóvenes, un poco de amor?

- ¡Truchas! ¡Ciruelas de Tours! - ¡Juguemos un poquito!

- ¡Juguemos a vender y comprar! - ¡Ciruelas de Tours!

¡Doy por un céntimo mi virginal corazón!

Entre empujones se afana la multitud y prueba locas alegrías insatisfechas.

Ejemplar raro, o mejor, único: ¡una gramática rúnica!

- ¡Hombre ingenuo! - ¡A cenar! - ¿Y Rodolfo? - En la modista.

- Ven, los amigos nos esperan. - ¿Me queda bien esta cofia rosa?

Eres morena y este color te favorece.

¡Qué bonito collar de coral!

Tengo un tío millonario. Si Dios quiere llamarlo a su lado,

¡te compraré otro aún más bonito!

- ¡Sigamos a esa gente! - ¡Tened cuidado! -¡Qué jaleo!

- ¡Vamos por la calle Mazzarino! - ¡Me ahogo! - ¡Ahí está el café!

- ¡Vamos al Momus! - ¡Naranjas, chucherías, flores!

¿A quién miras?

- Odio al vulgo profano, como Horacio. - ¿Estás celoso?

- Al hombre feliz le ronda la sospecha. - Yo cuando me sacio,...

...quiero abundancia de espacio.

- ¿Eres feliz? - ¡Ah sí, mucho!

- ¿Y tú? - ¡Sí, mucho!

- ¡Vamos al Momus! - ¡Vamos!

¡Deprisa!

¡Aquí están los juguetes de Parpignol!

- Dos sitios. - ¡Por fin! - ¡Ya estamos aquí!

Os presento a Mimí, una hermosa florista.

Su presencia completa esta alegre compañía.

Porque yo soy el poeta y ella la poesía.

De mi mente surgen los cantos,

de sus dedos brotan las flores

y de las almas exultantes nace el amor.

¡Dios, qué ideas tan raras!

"Digna est intrari".

"Ingrediat si necessit".

¡Yo sólo le doy un accésit!

¡Aquí están los juguetes de Parpignol!

- ¡Salchichón! - ¡Parpignol, Parpignol!

¡Aquí está Parpignol con su carreta llena de flores!

¡Quiero la trompeta, el caballito y el tambor!

¡Quiero el cañón, la fusta y el pelotón de soldados!

- ¡Ciervo asado! - ¡Un pavo! - ¡Vino del Rin!

- ¡Vino de mesa! - ¡Langosta asada!

¡Ah, pequeños demonios! ¿Qué estáis haciendo aquí?

¡A casa, a la cama! ¡Andando, rufianes!

¡Un buen pescozón es lo que os merecéis!

¡Quiero la trompeta y el caballito!

- Y tú, Mimí, ¿qué quieres? - Un flan.

Y con elegancia. ¡Hay una dama!

¡Viva Parpignol!

¡El tambor, el tamboril! ¡El pelotón de soldados!

Señorita Mimí, ¿qué curioso regalo le ha hecho su Rodolfo?

Una cofia de encaje, con bordados rosa;

con mi pelo moreno queda muy bien.

Hacía mucho que quería una cofia así.

Y él ha leído lo que mi corazón escondía.

Quien sabe leer dentro de un corazón, sabe de amor y es buen lector.

¡Experto profesor!

Ya tiene diplomas: no son armas primerizas sus rimas.

Tanto que hasta parece cierto lo que él expresa.

¡Oh, hermosa edad de engaños y utopías!

¡Se cree, se espera y todo parece hermoso!

¡La más divina de las poesías, amigo, es la que nos enseña a amar!

¡Amar es aún más dulce que la miel!

¡Según el paladar, es miel o hiel!

¡Oh Dios, le he ofendido!

Está de luto, querida Mimí.

¡Arriba ese ánimo! ¡Un brindis!

¡Y ese licor!

¡Alejemos las penas! ¡Alcemos las copas! ¡Bebamos!

- ¡Yo debería beber veneno! - ¡Oh, ella! - ¡Musetta!

¡Mira! ¡Ella! ¡Sí! ¡Musetta! ¡Vamos prosperando!

- ¡Qué ropa! - Como un botones,...

...corriendo de aquí para allá. ¡No, no señor!

- ¡Ven, Lulú! - ¡Ya no puedo más! - ¡Ese tipejo me parece que suda!

¡Cómo! ¿Aquí fuera?

- ¿Aquí? - ¡Siéntate, Lulú!

¡Esos apodos, te ruego que los reserves para la intimidad!

¡No te hagas el Barba Azul!

- Es el vicio revestido de dignidad. - ¡Con la casta Susana!

- Pero va bien vestida. - Los ángeles van desnudos.

- ¡La conoces! ¿Quién es? - Pregúntame a mí.

- Su nombre es Musetta. - ¡Marcelo me ha visto!

- De apellido: ¡tentación! - ¡Y no me mira, el vil!

- Por vocación: rosa de los vientos. - ¡Y ese Schaunard se ríe!

- Gira y cambia de amantes y de amor. - ¡Me dan todos una rabia!

- Como la lechuza, es ave sanguinaria. - ¡Si pudiera arañarlos!

- Su alimento habitual es el corazón. - ¡Y sólo tengo a mano a este pelícano!

- ¡Se come el corazón! - ¡Espera!

- ¡Por eso yo ya no tengo! - ¡Eh, camarero! - ¡Pasadme el ragú!

- ¡Este plato apesta a refrito! - No, Musetta. ¡Calla!

- ¡No se vuelve! - ¡Calla! ¡Modales! ¡Maneras!

- ¡No se vuelve! - ¿Con quién hablas? - ¡Qué pollo! - ¡Ahora le pego!

- ¿Con quién hablas? - ¡Con el camarero! ¡No me fastidies!

- ¡Habla más bajo! - ¡Quiero hacer lo que me plazca!

- ¡Quiero hacer lo que me parezca! - ¡Habla más bajo!

¡No me fastidies!

- ¡Mirad quién está ahí! ¡Si, es Musetta! - ¡Con ese vejestorio tartaja! ¡Ja, ja!

¿Estará celoso de esta momia?

- La conveniencia, la posición, la virtud. - ¡Veamos si sigo teniendo poder...

...sobre él para hacerle ceder.

¡Una comedia estupenda!

¡Tú no me miras!

¡No ves que estoy eligiendo!

- ¡Una comedia estupenda! - ¡Estupenda!

Sabe, para tu gobierno, que yo no te concederé

un perdón sempiterno. - Ella habla a uno...

...para que la oiga el otro. - ¡Te amo tanto, soy toda tuya!

- Y el otro, cruel en vano,... - ¿Qué me dices del perdón?

...finge no entender, ¡pero liba la miel!

- ¡Pero tu corazón palpita! - ¡Habla bajo!

- ¡Pero tu corazón palpita! - ¡Más bajo!

Cuando paso,

cuando paso solita por la calle, la gente se detiene y me mira.

Contempla mi belleza y me recorre de la cabeza a los pies.

¡Atadme a la silla!

¿Qué dirá esa gente?

Y saboreo entonces el deseo sutil

que se desprende de las miradas

y que por mis visibles encantos sabe entender mis ocultas beldades.

Así, el efluvio del deseo me circunda por completo

y me hace feliz.

- ¡Ese canto soez me revuelve la bilis! - Y tú que lo sabes,...

...que lo recuerdas y te consumes,

¿por qué huyes así de mí?

Lo sé muy bien.

Se ve que esta pobrecita suspira por Marcelo.

No quiero desvelar tus angustias, ¡pero te sientes morir!

¿Qué dirá esa gente?

- Marcelo la amaba. - ¡Ah! ¡Marcelo cederá!

La muy coqueta lo dejó para darse una vida mejor.

- Hallan dulce por igual el lazo... - ¡En semejante brete...

- ...quien lo tiende y quien cae en él. - ...jamás se verá Colline!

- ¡Ah! Marcelo se azora. - ¡Habla bajo!

¡Marcelo está vencido!

- ¡Calla! - Es hermosa, no estoy ciego.

- ¡Te amo! - ¡Mimí! - ¡Este bravucón pronto cederá!

Esa infeliz me inspira piedad. Si no es generoso, el amor es triste.

¡No me fastidies!

¡Ahora conviene librarse del viejo!

- ¡Ay! - ¿Qué te pasa? - ¡Qué dolor, qué escozor!

- ¿Dónde? - ¡En el pie!

- ¡Juventud mía! - ¡Afloja, desata, rompe, rasga!

¡Te lo imploro!

- ¡No has muerto aún! - Allí hay un zapatero. ¡Corre!

- ¡Ni ha muerto tu recuerdo! - ¡Quiero otro par!

¡Ay, qué dolor! ¡Maldito zapato estrecho!

- Enseguida me lo quito. ¡Ya está! - ¡Pero mi reputación!

- ¡Corre! ¡Venga, vete ya! - ¡Ya voy, Musetta!

Si tú llamases a mi puerta,

¡mi corazón correría a abrirte!

¡Marcelo!

¡Sirena!

¡Estamos en la última escena!

¡La cuenta!

¿Tan pronto?

¿Quién la ha pedido?

¡Veamos!

¡Qué caro! ¡Venga el dinero!

- Colline, Rodolfo, ¿y tú, Marcelo? - ¡La retreta! - ¡Estamos sin blanca!

- ¿Cómo? - ¡Tengo sólo 30 céntimos! - ¡La retreta! - ¿No hay nada más?

Y mi tesoro, ¿dónde está?

¿Vienen por aquí?

- Traiga mi cuenta. - ¡No, por allí!

¡Vienen por allí!

- ¡Vienen por aquí! - ¡No, por allí!

- ¡Bien! - ¡Paso!

- ¡Quiero ver! ¡Quiero oír! - ¡Deprisa, sume esto y esto!

- ¡Mamá, quiero ver! ¡Papá, quiero oír! - Paga el señor que estaba aquí conmigo.

- ¡Quiero ver la retreta! - ¡Vienen por aquí!

¡Sí, por aquí!

¡Paga el señor!

¡Y que donde estaba sentado encuentre mi saludo!

¡Y que donde estaba sentado encuentre su saludo!

¡Paso! ¡Ahí están!

¡Que el viejo no nos vea huir con su presa!

¡Esta espesa multitud nos servirá de escondite!

¡Ahí está el tambor mayor! ¡Más fiero que un guerrero antiguo!

- ¡El tambor mayor! - ¡Rápido, rápido!

¡Los zapadores! ¡Ahí está el tambor mayor!

¡Parece un general!

¡Ahí está el apuesto tambor mayor!

¡Su bastón de oro, todo esplendor!

¡Mira, pasa y se va!

¡Todo esplendor! ¡El hombre más apuesto de Francia!

¡El apuesto tambor mayor! ¡Por ahí va! ¡Mira, pasa y se va!

¡Eh, la guardia! ¡Abrid!

¡Eh!

¡Somos los de Gentilly; los barrenderos!

Está nevando. ¡Eh! ¡Aquí nos congelamos!

¡Voy!

Quien al beber halló el placer en su vaso,

en el ardor de una boca halló el amor.

Si en el vaso está el placer,

¡en una boca joven está el amor!

¡Tra-le-ra-lé, Eva y Noé!

- ¡Hola! - ¡Ya están aquí las lecheras!

¡Buenos días!

¡Mantequilla y queso!

¡Pollos y huevos!

- ¿Vosotras adónde vais? - A San Miguel.

- ¿Nos veremos más tarde? - ¡A mediodía!

Perdone, ¿podría decirme cuál es la hostería donde trabaja un pintor?

- Ahí está. - Gracias.

Buena mujer, ¿me hace el favor de avisar al pintor Marcelo?

He de hablarle; tengo mucha prisa.

Dígale en voz baja que Mimí le espera.

¡Eh, ese cesto!

- ¡Vacío! - ¡Pase!

- ¡Mimí! - Esperaba encontrarle aquí.

Sí, llevamos aquí un mes a expensas del hostelero.

Musetta enseña canto a los pasajeros.

Yo pinto esos guerreros en la fachada.

Hace frío. Entre.

- ¿Está Rodolfo? - Sí.

- No puedo entrar. ¡No! - ¿Por qué?

¡Oh, buen Marcelo! ¡Ayúdeme!

¿Qué ha ocurrido?

Rodolfo me ama,

Rodolfo me ama y me rehúye,

mi Rodolfo se muere de celos.

Un paso, una palabra, un gesto, una flor, le hacen sospechar.

Y de ahí, los enfados y la ira.

A veces por la noche finjo dormir

y noto que espía el sueño fijamente en mi rostro.

Me grita a cada instante:

"No eres buena para mí,

búscate otro amante,

no eres buena para mí".

¡Ay de mí!

En él habla la cólera, lo sé,

pero ¿qué puedo responderle, Marcelo?

Cuando se es como ustedes no se vive en pareja.

Dice usted bien. Nos conviene separarnos.

Ayúdenos.

- Ya lo hemos intentado, pero en vano. - Yo no soy una carga para Musetta.

Y ella no lo es para mí, porque nos amamos con alegría.

¡Cantos y risas son las flores de un amor eterno!

- Haga lo que crea mejor. - ¡Está bien!

- Ahora mismo lo despierto. - ¿Duerme?

Se dejó caer por aquí una hora antes del alba

y se durmió sobre un banco.

Mirad.

¡Qué tos!

Desde ayer me encuentro agotada.

Huyó de mí anoche diciéndome: "Se acabó".

Al amanecer he salido y he venido hasta aquí.

Se despierta, se incorpora, me busca.

- Viene. - ¡Que no me vea!

¡Ahora vuelva a casa, Mimí, por favor!

¡No hagan una escena aquí!

¡Marcelo, por fin! Aquí nadie nos oye.

Quiero separarme de Mimí.

¿Tan voluble eres?

Ya en otra ocasión creí muerto mi corazón,

pero con el esplendor de esos ojos azules resucitó.

- Ahora el tedio lo asalta. - ¿Y quieres repetir el funeral?

- ¡Para siempre! - ¡Cambia de cantinela!

De locos es el amor tétrico que destila lágrimas.

Si no ríe y centellea, el amor es débil y apagado.

Estás es celoso...

Un poco.

Colérico, lunático, lleno de prejuicios, fastidioso, testarudo.

¡Lo va a encolerizar! ¡Pobre de mí!

Mimí es una coqueta

que juega con todos.

Un moscón de vizconde le pone ojitos tiernos.

Ella se contonea y enseña el tobillo con gesto sugerente e insinuante.

Qué quieres que te diga: no me pareces sincero.

Pues bien, no, no lo soy.

En vano escondo mi verdadera tortura.

Amo a Mimí más que a nada en el mundo,

la amo, ¡pero tengo miedo!

¡Mimí está muy enferma!

Cada día está peor.

- ¡La pobrecilla está condenada! - ¿Mimí?

¿Qué quiere decir?

Una terrible tos sacude su débil pecho.

Sus pálidas mejillas arden de fiebre.

¡Pobre Mimí!

Ay de mí, ¿morir?

Mi cuarto es un sucio cuchitril.

El fuego está apagado.

Entra y reina soberano el viento de tramontana.

Ella canta y sonríe, y el remordimiento me corroe.

¡Yo soy la causa del mal que la está matando!

¿Qué podemos hacer?

¡Oh, mi vida!

- Mimí es flor de invernadero. - ¡Ay de mí! - ¡Oh, qué pena!

- La pobreza la ha marchitado. - ¡Mi vida ha terminado! - ¡Pobrecilla!

¡Para devolverle la vida no basta el amor!

- ¡Ay de mí, morir! - ¡Pobre Mimí!

¿Qué? ¡Mimí! ¿Tú aquí?

- ¡Ella estaba escuchando! - ¿Me has oído?

Soy presa fácil del miedo, por una nadería me alarmo.

- ¡Ven aquí, al calor! - ¡No, ese ambiente me sofoca!

¡Ah, Mimí!

¡Es Musetta la que ríe! ¿Con quién ríe?

¡Ah, la coqueta! ¡Ahora verás!

Adiós.

¡Cómo! ¿Te vas?

Al lugar de donde feliz salió a tu llamada de amor,

al solitario nido, regresa sola Mimí.

Regresa otra vez a bordar sus flores falsas.

Adiós,

sin rencor.

Escucha, escucha.

Reúne las pocas cosas que dejé esparcidas.

En mi cajón están guardados

la alianza de oro y el libro de oraciones.

Envuélvelo todo en un delantal

y mandaré al portero.

Mira,

bajo la almohada está la cofia rosa.

Si quieres,

si quieres conservarla como recuerdo de amor...

Adiós.

Adiós,

sin rencor.

¡Así que todo terminó!

¿Te marchas, te marchas pequeña mía?

¡Adiós, sueños de amor!

¡Adiós, dulce despertar de la mañana!

- ¡Adiós, vida de ensueño! - ¡Adiós, enojos y celos...

...que una sonrisa tuya apaciguaban!

¡Adiós, sospechas, besos,

hirientes amarguras,

que yo como poeta, rimaba con caricias!

- ¡Solos en invierno es morir! - ¡Solos es morir!

¡Solos!

¡Mientras en primavera nos acompaña el sol!

¡Nos acompaña el sol!

- ¿Qué hacías? ¿Qué decías... - ¿Qué quieres decir?

- ...junto al fuego a ese señor? - ¿Qué quieres decir?

- Nadie está solo en abril. - Al entrar yo has cambiado de color.

Ese señor me decía: "¿Le gusta el baile, señorita?"

¡Vana, frívola, coqueta!

- Hablamos con los lirios y las rosas. - Brota de los nidos un amable gorjeo.

- Ése esconde miras deshonestas. - ¡Quiero plena libertad!

- ¡Te ajustaré las cuentas si te cojo coqueteando! - ¿Qué me dices?

¿Qué me gritas? No estamos casados.

¡Mira, bajo mi sombrero no caben ciertos ornamentos!

Detesto a estos amantes que hacen de maridos.

Las fuentes murmuran, la brisa de la tarde unge como bálsamo las penas humanas.

¡Vana, frívola, coqueta!

¡Musetta se marcha! ¡Hago el amor con quien me place!

¿Te vas? ¡Te lo agradezco!

- ¡Musetta se va, sí! - ¡Eso que salgo ganando!

¡Pues adiós!

- ¿Quieres que esperemos... - ¡Señor, os digo adiós encantada!

- ...de nuevo la primavera? - ¡Servidor! ¡Yo también me voy!

- ¡Pintor de brocha gorda! - ¡Víbora! - ¡Sapo! - ¡Bruja!

Siempre tuya, de por vida.

¡Nos separaremos en la estación de las flores!

¡Querría que este invierno fuese eterno!

¡Nos separaremos en la estación de las flores!

¿En un cupé?

Con tronco y lacayos. Me saludó riendo.

"¡Hombre, Musetta!" Le dije: "¿Y tu corazón?"

"No late o no lo siento,

gracias al terciopelo que lo cubre". - ¡Me parece estupendo!

¡Anda ya! ¡Te ríes, pero te consumes!

¿No late? ¡Bien!

- Por cierto, yo vi... - ¿A Musetta?

- A Mimí. - ¿La viste? ¡Vaya!

Iba en una carroza, vestida como una reina.

¡Qué bien! ¡Me alegro!

¡Mentiroso, se muere de amor!

Trabajemos.

¡Qué pluma tan infame!

¡Qué infame pincel!

¡Oh Mimí, no volverás nunca más!

¡Oh, días felices,

manos pequeñas, cabellos perfumados!

- No sé lo que pasa, pero mi pincel... - ¡Cuello de nieve!

- ...mezcla colores contra mi voluntad. - ¡Ah Mimí, breve juventud mía!

Si pintar deseo cielos, tierras,

inviernos o primaveras,

él me traza dos pupilas negras

y una boca procaz.

Y surge de nuevo el rostro de Musetta.

Tú, leve cofia, bajo la almohada ella escondida te dejó.

Surge de nuevo el rostro de Musetta, todo encanto y travesura.

Tú conoces nuestra felicidad.

En tanto, Musetta goza y mi cobarde corazón la llama.

Ven a mi corazón, a mi corazón muerto.

- La llama y espera mi cobarde corazón. - Sí ven, pues muerto está el amor.

- ¿Qué hora será? - La hora del almuerzo de ayer.

¿Y Schaunard no vuelve?

- Aquí estamos. - ¿Y bien? - ¿Y bien?

- ¿Pan? - Y un plato digno de Demóstenes.

- Un arenque. - Salado.

- La comida está servida. - ¡Esto es todo un festín!

¡Pongamos el champán a enfriar!

Elija, barón, ¿trucha o salmón?

Duque, ¿una lengua de papagayo?

Gracias, pero engorda. Y esta noche tengo un baile.

¿Ya saciado?

Tengo prisa; el rey me espera.

- ¿Hay alguna conjura? - ¿Algo secreto?

¿Algo secreto?

El rey me llama al Ministerio.

¡Bien!

¡Pero veré a Guizot!

- ¡Acércame la copa! - ¡Sí, bebe, que yo zampo!

Permítame tan noble concurrencia...

- ¡Basta! - ¡Pesado! - ¡Dame el vaso! - ¡Largo!

¡Me inspira irresistiblemente el estro de la romanza!

¡No!

¿Algo de coreografía, entonces?

¡Sí!

¡Danza con música vocal!

¡Despejemos la sala!

- Gavota. - Minueto. - Pavana. - Fandango.

- Propongo la cuadrilla. - Dad la mano a las damas.

Yo dirijo.

Hermosa damisela.

- Respete la modestia. - Se lo ruego.

¡Girad!

Primero viene el rondó.

¡Bestia!

¡Qué modales de gañán!

- Si no me equivoco, usted me ultraja. - Desnude su acero. - ¡Listo; en guardia!

- Voy a beberme tu sangre. - Uno de los dos reventará aquí.

- Preparad una camilla. - Preparad un cementerio.

Mientras sube la tensión, gira y salta el rigodón.

- ¡Musetta! - Mimí me sigue y se encuentra mal.

- ¿Dónde está? - Al subir las escaleras no pudo más.

¡Ah!

Acerquemos este camastro.

Dadle de beber.

¡Rodolfo!

Calla; descansa.

¡Oh, mi Rodolfo!

¿Me quieres aquí, contigo?

¡Ah, mi Mimí, siempre!

Oí decir que Mimí,

tras huir del vizconde, estaba casi moribunda.

¿Dónde estará? Busco, busco

y la veo pasar por la calle,

casi desfallecida.

Me dice: "No puedo más. ¡Me muero! Lo siento.

Quiero morir a su lado; quizá me espera".

Me siento mucho mejor.

- "¿Me acompañas, Musetta?" - Deja que mire en derredor.

¡Ah, qué bien se está aquí!

Se renace, se renace.

- Aquí aún siento la vida. - Bendita boca, me hablas otra vez.

- ¡Ya no me dejarás! - ¿Qué tenéis en casa?

- ¡Nada! - ¿Ni café, ni vino?

¡Nada! ¡Maldita miseria!

¡Dentro de media hora estará muerta!

¡Tengo tanto frío!

¡Si tuviese un manguito!

¿Estas manos mías no acabarán de calentarse nunca?

¡Aquí, entre las mías!

¡Calla! ¡Hablar te fatiga!

Tengo un poco de tos, pero ya estoy acostumbrada.

Buenos días, Marcelo,

Schaunard, Colline, buenos días.

Todos aquí, sonriendo a Mimí.

No hables.

Hablo bajito, no temas.

Marcelo, hágame caso:

Musetta es muy buena.

Lo sé.

Toma, véndelos.

Trae algún cordial. ¡Manda a un doctor!

Descansa.

- ¿No me dejarás? - ¡No!

¡Escucha!

Quizá sea la última vez que expresa un deseo.

¡Pobrecita!

Voy a por el manguito.

Iré contigo.

Eres buena, Musetta mía.

Viejo abrigo, escucha,

yo me quedo en el llano, pero tú debes subir al Monte de Piedad.

Recibe mi gratitud.

Jamás inclinaste tu vieja espalda ante ricos ni poderosos.

Pasaron por tus bolsillos,

como por refugios tranquilos,

filósofos y poetas.

Ahora que los días felices huyeron,

te digo adiós, fiel amigo mío.

Adiós.

Schaunard,

cada uno por su lado,

hagamos a un tiempo dos actos piadosos.

Yo, ¡éste!

Y tú, ¡déjalos solos!

¡Filósofo, tienes razón!

¡Es cierto! ¡Me voy!

¿Se han ido?

Fingía dormir

porque quería quedarme a solas contigo.

¡Hay tantas cosas que quiero decirte!

O una sola,

pero tan grande como el mar,

como el mar, profunda e infinita.

¡Eres mi amor y toda mi vida!

¡Ah, Mimí! ¡Mi bella Mimí!

¿Soy bella todavía?

Bella como una aurora.

Has errado en la metáfora.

Querías decir:

bella como un crepúsculo.

"Me llaman Mimí...

Me llaman Mimí,

el porqué, no lo sé".

Tornó al nido la golondrina y gorjea.

¡Mi cofia!

- ¡Ah! ¿Recuerdas cuando entré aquí la primera vez? - ¡Que si me acuerdo!

La vela se me había apagado.

¡Estabas tan azorada! Luego perdiste la llave.

¡Y te pusiste a buscarla a tientas!

Y busca que busca...

Mi apuesto señorito, bien puedo decirlo ahora:

usted la encontró muy pronto.

Ayudaba al destino.

Estaba oscuro y mi rubor no se notaba.

"¡Qué gélida manita! Deje que se la caliente".

Estaba oscuro y me cogiste la mano.

¡Dios mío! ¡Mimí!

- ¿Qué ocurre? - Nada, estoy bien.

Calla, por favor.

Sí, sí, perdona; ahora seré buena.

- ¿Duerme? - Descansa.

He visto al doctor. Vendrá; le he metido prisa.

Toma el cordial.

¿Quién habla?

Yo, Musetta.

¡Oh, qué bonito y qué suave!

Ya no volveré a tener las manos amoratadas.

Este calorcito las embellecerá.

- ¿Eres tú quien me lo regala? - Sí.

¡Tú, manirroto! Gracias. ¡Lo que costará!

¿Lloras?

Estoy bien.

¿Por qué lloras así?

Ven, amor mío, ¡siempre contigo!

Las manos al calor

y dormir.

- ¿Qué ha dicho el médico? - Que vendrá.

Virgen bendita, concede tu gracia a esta pobrecita,

haz que no muera.

Aquí hace falta una protección porque la llama tiembla.

Así.

Haz que se cure.

Virgen santa, yo soy indigna de tu perdón,

pero Mimí, en cambio, es un ángel del cielo.

Aún tengo esperanzas. ¿Cree que es grave?

No creo.

Marcelo, ha expirado.

¡Musetta, tome!

- ¿Cómo está? - ¿Ves? Está tranquila.

¿Qué significa ese ir y venir?

¿Ese mirarme así?

¡Valor!

¡Mimí!

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