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Anda solo.
Por primera vez en días.
¿Qué hace aquí mientras la ciudad está de carnaval?
"Celia Lysimachus".
Es un apellido judío.
Por eso está en el camposanto de los pobres.
Pero ¿quién es?
¿Quién es para Riario?
- Quizá se la pongan tiesa las tiesas. - Sí, es posible.
Se marcha.
Maestro, llevamos días siguiendo a Riario.
- Como nos vea... - No lo hará.
Leo, no estoy acojonado, pero coincido con Nico.
El abisinio dijo que la otra llave está por aquí,
pero fíjate... Roma lleva creciendo miles de años.
Ocultar un objeto aquí, es un acierto.
En efecto.
Y vamos a liberarlo del único lugar donde Riario lo cree a salvo,
el Archivo Secreto del Vaticano.
Recuerda que eres polvo y que al polvo regresarás.
Rehúye el pecado y sé fiel al Evangelio.
Lo intento, hermano.
Como Mateo me exhorta, rezo por quienes me persiguen.
Recuerda que eres polvo y que al polvo regresarás.
Los turnos de guardia de la puerta sur.
Rígidos como una monja en Viernes Santo.
Hemos examinado cada entrada, salida, ventana, túnel.
Entrar en el Vaticano es imposible.
Sabes que "imposible" es una palabra que solo me da más acicate.
- Los centinelas guardan cada entrada. - De hecho, llegan dos.
No os inquietéis.
Mientras crean que sois judíos, aquí no tenéis nada que temer.
Apenas nos prestan atención.
No os prestan atención porque lleváis el amarillo.
Gracias por acogernos.
Aunque no conspiraseis contra el opresor,
los amigos de Zo son siempre bienvenidos.
Ya que tiene muy pocos.
¿Qué hay del Castillo de Sant Angelo?
Si pudiese concebir un modo de alcanzar la torre...
No, Leo, escúchame: Es una prisión, ¿entiendes?
¿Tanto gozaste en el Bargello que añoras los barrotes?
Esa es la gente que me metió entre rejas, Zo.
Y me vengaré de su necedad.
Niccolo.
Vuestra esposa, Lucrezia, es creyente ¿verdad?
- Así es, Magnificencia. - ¿Está indispuesta?
- No la veo últimamente. - Ha ido a cuidar a una tía en Siena.
Esperaba que hubiera vuelto ya, pero quizá Dios tenga otros planes.
Excelencia, ¿sería impertinente por mi parte
deciros que os sienta bien la ceniza?
Me gustan las mujeres algo descaradas.
- ¿Has reunido a cuantos te pedí? - Así es, signor.
Excelente. Tráelos a mis aposentos.
- ¡Francesco, Francesco! - Preciosa fiesta.
- Curemos las heridas. - Sí.
Sí, sí y desterremos viejas rencillas.
Anhelamos la unión de nuestras familias.
Siempre que acordemos los términos de la dote.
Bromea. Seguro que se soluciona.
Ya que habéis lanzado el primer laurel,
nos gustaría celebrar una fiesta de compromiso
para las familias en nuestra mansión. Una cena del Señor, el Sábado Santo.
Esto es bueno, Francesco.
Bueno para Florencia y es bueno para todos.
- Os esperamos, pues. - Claro.
Gracias.
Bien.
Ahora solo debes darle la noticia a Giuliano.
Dejémoslo claro: No me queda más remedio.
No.
Pero como eres mi hermano,
te explicaré por qué no tienes más remedio.
Camilla Pazzi.
Es muy atractiva.
Si necesitara una nueva amante, me encamaría con ella.
Los Pazzi tienen otras doncellas casaderas sin tanto encanto.
Clarisa velaba por ti en este asunto.
¿Decides todo esto y no me consultas?
Creímos que si los Pazzi nos rechazaban,
no había necesidad de atribularte con esto.
Es más fácil decirlo para el subastador que para el subastado.
¿Sinceramente crees que saldrá bien?
Somos enemigos desde los tiempos de nuestro ancestro Averardo.
- Algo así no se borra sin más. - Para eso se inventó el matrimonio.
Para consolidar el poder y zanjar contenciosos.
Siempre he sabido que pagaría por ser yo.
Lucrezia. ¿Qué haces en Roma?
¿Quién dice que estamos en Roma?
¿Cómo he llegado aquí?
Te dije que te quería.
Encontré un camino.
No creas que no noté que respondiste a mi pregunta.
Es más fácil resistirse al principio que al final.
Aunque eso sí, tal vez no seas capaz de amar.
Guardas silencio aun cuando te doy mi más preciada posesión.
¿No deduces de esto lo que significas para mí?
¿No puedes decirme lo que quiero oír?
Yo...
Sin amor, no hay razón para vivir.
¡Despertad! ¡Despertad! Sé cómo entrar en el Vaticano.
Veo que sigues beodo.
¿Decidme cuál es la única entrada donde no hay guardias?
En el agua.
Las cloacas se construyeron según los principios de Vitruvio.
Fluyen por la ciudad, incluido el Vaticano.
Mirad. El aire que hay en el tarro, permite que la llama viva.
De verdad, estás beodo. ¿Crees que cabrás ahí?
Claro que no, pero construiremos un aparato de propiedades similares.
Aquí, aquí, mirad, mirad.
Un traje para sumergirse.
Se basa en el método de respiración de la tortuga.
El aire creo que puede entrar por estos tubos
y se insufla en esta bolsa.
Mirad, hay que recabar ciertos objetos y rápido.
Tardaré días en construirlo. Tomad.
Piel de cerdo, cristal, una red.
- ¿Una barca? - Sí, una barca.
A la derecha.
La roca.
Hay que tener en marcha el mecanismo a un ritmo estable
hasta que llegue a mi destino.
Taponaré el extremo del tubo para señalar que paréis.
Leo, ¿estás seguro de esto? No lo hemos probado.
No hay tiempo, si no queremos que nos descubran.
Es la prueba de fuego. O de agua, en este caso.
Vosotros no dejéis de bombear. No sé cuándo volveré.
Quizá dentro de un momento.
¿Y si emerges por donde no es? ¡Podrías plantarte ante los guardias!
En los planos de Vitruvio está todo explicado.
¿No? Cuando llegue al depósito, taladro el suelo del Vaticano.
Si no he vuelto al anochecer, regresad a Florencia sin mí.
¿Al anochecer? ¿Por qué vas a tardar tanto?
Señor Medici, vamos a ir cerrando por esta noche.
Tráeme un barril.
Me lo llevaré a casa y beberé toda la noche.
Necesito todo el consejo líquido que pueda.
¿Te puedes creer que mi hermano ha prometido casarme con una mujer?
Los lobos de Dragonetti vendrán haciendo la ronda enseguida.
Es hora de irse a la cama.
Vos también, Vuestra Gracia.
¿Y si tu cama fuera mi hogar esta noche?
Perdón.
Demasiada sidra.
- Mi verga no sabe lo que le conviene. - Por suerte, yo sí.
Un ruido extraño. ¿Lo has oído?
¡Cuidado!
¿Está ahí abajo?
No, vamos.
Ten.
Te he preparado un quinto cuarto para la resaca.
Hay algo que debes saber:
estoy prometido.
Lo comentaste. Unas cuantas veces.
Accedí a tus insinuaciones porque estás comprometido.
Si no tuvieras ningún lazo y nos enamorásemos,
¿te imaginas lo que pasaría? "Un Medici se casa con una plebeya".
¿Y qué tendría de malo, señora Vanessa?
Tu palacio es una prisión con mejores sábanas.
Cada paso se vigila, cada acción se juzga.
Mis opciones serán limitadas aquí.
Pero no respondo sino ante mí misma.
¿Por qué no lo dejo todo y me uno a ti en tu terreno?
Sin los Medici en el gobierno,
seguiría viviendo una mentira en el convento.
Habría sido una mentira piadosa, una mentira vivida entre amigas.
Pero si me caso con Camilla Pazzi, también será una mentira.
Sabes que es lo lógico.
Otra cosa te detiene.
Culpo a los Pazzi de la muerte de Becchi.
Le tendieron alguna trampa. Junto a Roma y a su espía.
Pues limpia su nombre.
Así los Pazzi sabrán qué clase de hombre vive entre ellos.
Os presento a Federico da Montefeltro, Duque de Urbino.
- Federico. - Santidad.
Gracias por viajar tan lejos tan presto.
Lo que sea por Su Santidad. Soy un servidor de Dios.
Y aun así, os aliáis con vuestro ahijado,
- Lorenzo de Medici contra nosotros. - ¿Ah, sí?
- Qué sorpresa para mis oídos. - Ya veo.
¿Negáis haberos reunido con Lorenzo en vuestra casa
para negociar contra los Estados Pontificios?
Perdonad a mi sobrino.
Esos rumores lo han airado grandemente.
La disculpa no es necesaria. Reaccionaria igual de haberlo oído.
O peor.
5000 florines de oro por luchar con nosotros contra los Medici.
Ahora la disculpa es necesaria.
Los mato por placer.
Federico, refrescaos antes de discutir lo que nos ocupa.
Nos reuniremos, después.
El señor Medici ha solicitado estas listas.
¿Dragonetti ha clasificado los símbolos?
Invadí su despacho, pero...
Caballeros, os dejaré trabajar.
Por lo que sea no cumplí mis obligaciones anoche.
Signorina...
Adiós.
Hablad, ¿quién es Libra?
Lo siento, Excelencia, es el símbolo de Gentile Becchi.
Libra, la balanza de la justicia. Ojalá pudiera hacérsela.
- ¿Capricornio? - Moisés el físico.
Comprensible. La enfermedad no respeta el toque de queda.
Nos queda Géminis. ¿Quién es?
No creo que el conspirador sea Géminis.
Es el símbolo de, bueno...
¡Lucrezia Donati!
Perdonad mi indelicadeza, pero sabéis a qué sale de noche.
Lo sé.
Según esto, la semana que contratamos a Da Vinci, regresaba de Siena.
Creo que está allí.
Puede que visite a un pariente.
O haya ido a Roma para alertarlos, sobre nuestro ingeniero bélico.
- Es imposible. Es una mujer. - Exacto.
Su relación con mi hermano es una coartada incuestionable.
Pero existe la posibilidad de que sea una espía.
Partimos hacia Siena. La interrogaremos allí.
Caballeros, congregaos.
Bernardo Barrancelli,
Giacomo Brazollini,
Cordieri y Giovanni Battista.
Bernardo Giustini.
Fado Benione.
Fado Mafei.
Su Eminencia, Cardenal Orsini.
Algunos podrían llamarnos conspiradores pero no lo somos.
Caballeros, miraos mutuamente.
Los salvadores de nuestra gran ciudad.
Aquí está nuestro último hombre.
Caballeros.
Las puertas estaban cerradas.
¿Quién sois?
Leonardo Da Vinci.
El hombre a quien metisteis en prisión
- y quisisteis quemar. - El virtuoso florentino.
Buena entrada.
Para conseguir una audiencia privada.
El Archivo Secreto, si os place.
Como deseéis.
Sé que hay guardias fuera.
Seguramente, un archivo secreto tenga un pasadizo de entrada secreto.
Halladlo, pues.
Este palacio fue proyectado por Nivolo Speziali.
Y sus edificios históricamente están plagados
de puertas ocultas,
túneles.
Y a juzgar por la dirección de esa brisa,
yo diría que posiblemente
haya un pasadizo tras este muro.
He accedido a la propuesta de casamiento de Lorenzo
porque no tendrá efecto.
Aceptarla les obliga a acompañarnos aquí, el Sábado Santo.
¿Matamos a Lorenzo cuando llegue? ¿O debemos atacarlo en el camino?
Riario se encargará cuando los hermanos estén juntos.
Lorenzo y Giuliano gozan de forma distinta,
pero igual lealtad sobre el pueblo.
Si no se les mata a la vez el superviviente se hará con el poder.
Eliminando a ambos hermanos acabaremos con su linaje.
Y en cuanto mueran,
Nazzareno Dragonetti, con su guardia nocturna, interviene.
¿Cómo estáis tan seguro?
Lleva muchos años cumpliendo órdenes de los Medici.
Coincido.
¿Qué seguridad tenemos de vuestra lealtad para con nuestro propósito?
Mi lealtad es para mi familia. Y para Florencia, mi patria.
¿Y la esposa de Lorenzo? Mi hermana Clarisa.
Como la Biblia dice:
"Una mujer deja su hogar cuando se casa".
Ya no es vuestra hermana.
No obstante, seréis bien recompensado
por la pérdida sufrida cuando regreséis a Roma,
donde debéis estar, Vicecanciller del Santo Padre.
Como todos seréis premiados.
¿No es esto lo que abominamos de Lorenzo?
Que no es gobernador de una república,
sino un tirano que reparte el botín entre sus acólitos.
¿No cambiamos así una familia de nepotistas por otra?
¡Basta!
Bebe algo, hermano, y cálmate.
Como todo nuevo gobernante, ascendemos a los leales.
Lorenzo es un traidor débil y oculto tras sus privilegios políticos.
¿Cómo va a ser Florencia una potencia mundial si está en tales manos?
El apellido Pazzi ofrece legitimidad y seguridad a los ejércitos vecinos.
El momento de cuestionarse vuestra lealtad,
ya ha pasado.
Así morirán los Medici.
Rápido.
Estad con nosotros, o no estéis.
Viccolo della Manna.
La casa de la tía de Lucrezia, Anna Donati.
Señora, ¿vos sois Anna Donati?
¿Está vuestra sobrina, Lucrezia?
¿No ha vuelto a casa?
Estuvo pero se fue a Florencia hace días.
Debemos echar un vistazo.
¿Tomó el camino de Poggibonsi, o por Chianti?
Poggibonsi, es más seguro.
Si sabéis de ella, hacédmelo saber en Florencia.
Claro.
Observad.
Si buscáis un tesoro,
en esta cámara hay más de lo que jamás precisaréis.
Solo buscáis retrasarme,
hasta que vuestros guardias noten vuestra ausencia.
Vuestra mente no descansa.
Anhela lo que la mayoría no comprenden.
Dios os complacería.
Porque él os daría la ocasión de explorar
los misterios de esta cámara,
si accedierais a sustituir al cardenal Mercuri.
Acompañadme, Da Vinci.
Acompañadme y luego decidme que no os intriga.
Bueno, ¿y ahora, signor?
Si no oculta nada, tomará la ruta de Poggibonsi.
Pero si conspira contra nosotros, buscará viajar sola por Chianti.
¿Y qué camino tomamos?
Nos preparamos para lo peor y nos quedamos aliviados si erramos.
Por Chianti.
- Lucrezia, ¿quiénes eran? - El hermano de Lorenzo.
Llevo demasiado tiempo ausente.
O quizá tus asuntos con Roma vayan mal.
Esperaba no atribularte con estos asuntos.
¿Nadie puede ayudarte en Florencia? ¿Qué hay de Lorenzo?
Sentenció a muerte a un hombre al que amó durante décadas
por sospechas de algo que yo he hecho.
¿Y no hay nadie más?
Sí.
Hay otro.
Un hombre que podría encontrar una salida donde no existe.
El cráneo de dragón.
Sería una aportación única para vuestros estudios de las criaturas
y su anatomía, ¿cierto?
Quizá queráis examinar esto.
La lanza del destino.
La lanza que se clavó en el costado de Cristo colgado en la cruz.
Muchos creen que en manos de uno puede derrotar a todo enemigo.
Es extraordinaria.
Pero ¿y la llave?
Esa obsesión con el Libro de las Hojas.
Al-Rahim os ciega con trucos y engaños.
Los Hijos de Mitra son una orden extinta.
Quienes aducen su nombre ocultan su verdadera meta:
que no es más que la victoria final del Imperio Otomano.
Mi búsqueda no es en pos de los propósitos de nadie.
Excepto de los míos.
Ahora habláis de vuestra madre, presumo.
Un tesoro por el que vale la pena luchar.
Y solo yo puedo ayudaros a reuniros con ella.
¿Qué sabéis de mi madre?
Santo Padre.
¡Santo Padre!
Un enemigo ha invadido el Vaticano.
Haced sonar la alarma.
Jurad lealtad a Roma.
Tendréis los recursos de la Iglesia Católica a vuestra disposición:
Sus cofres, diseños, incluso las naves de la Armada Papal para viajar.
¿Y el Libro de las Hojas? ¿Y si lo descubro en mi búsqueda?
Tanto mejor.
Es demasiado precioso para que no esté guardado.
En tiempos desconfiaba de su propia existencia.
Hasta que mis ojos cayeron sobre esto.
Fue recuperado en Florencia.
No es como ninguna lengua que haya encontrado.
Ese no es su único misterio.
Las palabras.
- Parecen cambiar cada vez que se ve. - Nunca ofrecen el mismo contenido.
Imaginaos resolverlo.
Tuve un sueño, no mucho después de ver esto.
Un mensaje venido de los cielos.
Me decía que el Libro de las Hojas contiene secretos de lo divino.
Que sus autores eran los Nefilim,
la progenie de los ángeles y los hombres.
Ahora sé que el Libro, con sus misterios,
debe pertenecer a la Iglesia. Al coste que sea.
¿Es defenderlo o enterrarlo lo que queréis para él?
El mundo necesita secretos.
Las ideas poderosas causan el caos si se difunden a destiempo.
Un nuevo inicio es posible. Aquí, ahora, si lo elegís.
Deteneos.
Bien, ¿somos aliados?
Buscáis mi devoción para guardarme como una reliquia.
En esta tumba que habéis construido.
Adelante.
Volved aquí.
¡Vamos!
¡Nico!
Ven aquí, zote. ¡Tu maestro ya vuelve!
¡Nico!
¡Leo!
Ven. Ven.
Estás completamente loco.
¡Joder!
Se la has clavado bien al cabrón de Riario.
Me gustaría ver su cara cuando se entere.
Los deseos se cumplen.
¿Dónde está Da Vinci?
- Soy el último a quien se lo cuenta. - ¿Ah, sí?
Quizá me entretenga mientras espero.
Al coro del Vaticano le vendría bien un castrato.
¡Joder!
¡Apartaos!
Joder.
¿Dónde está mi maestro?
¿Has probado la sangre, Nico?
La sangre posee una salinidad peculiar.
- No te molestes. - No lo sabe, Nico.
- Y no revelaría nada de saberlo. - Sí, lo hará.
Tienes razón, Nico.
Te diré todo sobre la docena de guardias suizos
que he enviado al Tiber que me buscan en estos momentos.
Revelaré mi plan cuando lleguen
para que te arranquen la piel capa a capa.
Así.
No te conviene ir por ahí.
Si quieres verlo sangrar, deja que lo haga yo.
- Vamos, para. - ¡No!
¡Yo me enfrento a él! ¡Y responderá a mi pregunta!
¿Dónde está?
Alabo tu resolución, chico.
Es la segunda llave.
Qué curiosa tonada.
¿Decidme de qué la conocéis?
Es una composición mía.
Ya he oído esa melodía.
Vos sois el padre de Lucrezia Donati.
¿Lo sois?
En efecto, señor Da Vinci.
Este anillo os pertenece, ¿verdad?
¿Puedo preguntaros cómo lo conseguisteis?
Me lo regaló vuestra hija.
Es más que un regalo pues.
¿Amáis a mi hija?
¿Amáis a mi Lucrezia, Leonardo?
Debo confesar que no sé bien
quién es vuestra hija, signor.
Siempre he visto su imagen ensombrecida.
Quizá ahora sepa por qué.
Vos sois
el elemento clave en la resolución del enigma.
Ella me da vuestro anillo,
pero mantiene que estáis en prisión
en secreto.
Ella me ofrece su amor,
pero continúa con Lorenzo.
Desprecia a Riario
sin apenas conocerlo.
Espera salvaros.
Proteger a su...
¿Cómo pude estar tan ciego?
¡Trabaja para Roma!
Entrega mis secretos a Riario.
Ella envenena a sus conciudadanos.
Me envía a prisión para quemarme.
Todo para liberaros.
Lucrezia actúa a instancias de la cruel manipulación de otros.
Me ama.
Echádmelo en cara, si queréis.
No a ella.
Vamos, con fuerza.
Salid de entre las sombras.
Enfrentémonos juntos a vuestra hija.
Lucrezia se afana por vuestra libertad, ¿por qué quedaros?
Estoy precisamente donde necesito estar.
Vos...
¡Idos ya, Leonardo!
Regresad con mi hija y habladle de mi amor.
¡Y del vuestro!
¡Maestro! Nos preocupabais.
Bueno, a Nico. Yo quiero dejar ya este infierno.
Me temo...
Que yo no puedo.
No he logrado conseguir la llave y me quedaré hasta conseguirlo.
- Leo... - ¿Qué?
Prepárate para una sorpresa.1
Agradéceselo.
Quería cortarle la verga, pero no tiene.
Artista, veo que habéis escapado.
Y yo veo una llave que me vais a entregar.
Más os vale matarme antes.
Os seguiré hasta el confín de la Tierra para recuperar lo que es mío.
Quizá llegue el día
en que me vea obligado a quitaros la vida, Girolamo.
Pero no hoy.
He entrado en vuestra casa
y os he robado lo que mejor atesoráis.
¿Lo dejamos sin más?
Que te persigan tus errores.
Es un sino mucho peor que la muerte.
No la toquéis.
Está enferma.
No podemos dejar que se vaya. Tenemos que detenerla.
¡Alto! ¡Alto!
¡Deteneos!
¡Deteneos! Parad un momento.
- ¡Descúbrete! - Soy horrenda.
Es una mujer.
Riario dijo que iría disfrazada de leprosa.
Descubre la cara o lo haré yo.
Quítale la máscara.
¡Mirad quién tiene todos los dedos!
¡No sois leprosa, señora!
¡Dejadme!
Cumplo la orden del conde Riario de Roma
de llevar información a Lorenzo de Medici.
Creo que tenéis información atrasada. Cumplimos órdenes de Roma.
Lorenzo y el tarugo de su hermano van a ser asesinados.
Vuestros servicios han acabado. Y también vuestra vida.
Primero, vamos a darle algo que recordar.
¡Alto! ¡Quietos!
¡Esto no os concierne! ¡Seguid!
¡Soy Giuliano de Medici,
hermano de Lorenzo de Florencia,
y os ordeno que paréis! ¡Roma no tiene autoridad aquí!
Pronto la tendrá.
Y querrán a esta putilla engañosa muerta.
¿Ha ofendido a Roma?
Ha espiado para el conde Riario y ha acabado con ella.
¿De qué sirve una guarra con los Pazzi a punto de dominar Florencia?
¡Signor!
¡Bertino!
¡Todo esto por una espía como vos!
Bertino era un buen hombre. Pero también Becchi.
La bondad no significa nada para vos.
¿Qué os posee para traicionar a Lorenzo, a todos nosotros?
Jamás lo entenderíais.
Sois el coño de una puta muy trabajada.
¿Mi hermano se acuesta
con una traidora?
Regresemos a ver qué le parece a Lorenzo todo esto.
¿Optará por quebraros en la rueda en público
para la edificación de las masas
o quizá su vergüenza, lo impelará a mataros en privado,
lentamente, a lo largo de semanas?
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