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Original subtitles

¡Mozo!

Uno de mis guías de caza desea decorar esto.

Tú tienes buen ojo. Píntalo.

Cuando Leonardo tenía 14 años, su padre, Piero,

habiendo hallado escasa utilidad al mozuelo, le encomendó una tarea.

Leo se pasó el día siguiente

recogiendo toda suerte de extrañas criaturas.

Tanto tiempo consagró a diseccionarlas,

que el hedor ya era insufrible.

Pero Leonardo no lo notaba, tan grande era su amor por su arte.

¡Está acabado, padre! ¡Venid a verlo!

Será suficiente.

A sabiendas de que su guía de caza no se enteraría,

Piero le entregó un nuevo escudo,

mientras que vendió el genuino a un mercader por cien ducados.

Después, el mercader revendió el escudo

al mismísimo Duque de Milán por 300 ducados.

Reacio a renunciar a tal recurso,

Piero dispuso que su hijo se sometiera a mi tutela.

Pagué la comisión. 50 ducados. Una ganga, según estimo.

¿Su padre te vendió a un hijo bastardo?

Sí. Pero ¿sabes qué?

Cambiaría a cien de vosotros por tener otro como él en mi umbral.

- Creo que estás beodo, viejo. - Y tú tienes envidia, Botticelli.

Mañana, estaré sobrio.

Pero tú seguirás siendo envidioso.

Estás preocupado hoy.

Pintar consiste en más que meras pinceladas.

Está la perspectiva.

¿Te pinto desde abajo?

¿O te pinto desde arriba?

Y luego están los símbolos.

¿Te pinto con un perro en brazos, un signo de lealtad?

¿Y el tono concreto de bermellón que uso

para el rubor de tus mejillas?

Los pliegues de tu vestido,

¿deberían ser exuberantes y suntuosos

o rectos y angulosos?

¿O quizá sin vestido?

Si fuera un sirviente sumiso,

consideraría las necesidades de mi patrón.

Pero no lo soy. Y eso es con lo que lidio.

No apartas la mirada de eso.

¿Qué tiene de hermoso?

Es lo mismo que veo en ti.

Es un misterio, es un enigma.

Y no cejaré hasta desentrañarlo.

Francesco, los muros de mi Cappella Maggiore se inclinan y desmoronan,

al igual que la misma Roma está descompuesta.

Este lugar debe convertirse en un grandioso palacio del Señor,

que celebre Su gloria con mármol y majestuosas pinceladas

de las manos más esclarecidas de la Tierra.

Erigiré una deslumbrante capilla

con frescos de la historia de Cristo y Moisés en la techumbre.

Un tributo a la eterna gracia divina.

Puedo aseguraros, Santidad,

que si transferís vuestras cuentas a la banca Pazzi,

al mío, obtendréis los fondos precisos.

Esto requerirá más que fondos.

La resurrección requiere la muerte.

Y en este caso, el sacrificio por el renacer de Roma

será Florencia.

Los Medici tienen ciertas capacidades que ignoramos si podremos superar.

Hemos intentado un ataque frontal,

quizá necesitemos que preparéis

otras contingencias menos directas.

Los Medici son la razón de que Florencia sea

un santuario para hechiceros y sodomitas.

Han apartado a mi ciudad del Señor.

Juntos, Santo Padre, se la devolveremos.

Reunid a vuestros hombres, Girolamo.

Tenéis un papel en esto también.

¡Ha estado con nuestra familia toda su vida!

¡Nos enseñó las letras!

Como si te la sujetó la primera vez que hiciste pis.

¡Es un espía y un traidor!

Su cuñado contrajo enormes deudas que solo pueden saldarse

con los escudos romanos que hallamos.

Desciframos las cartas que Becchi ocultó,

a cada cual más incriminadora.

Ahora no es el momento de mostrar clemencia.

¿Encarcelamos a viejos amigos y buscamos amigos lunáticos como Da Vinci?

Nuestro abuelo era amigo de lunáticos.

Como Brunelleschi, que creó la mejor catedral de Europa.

¿Y crees que fue Becchi quien nos traicionó?

Eres tú quien ha enloquecido.

¡Lorenzo!

¡No! ¡No! ¡Por favor!

Joven, ¿te suena de algo la oración de Abraham por Sodoma y Gomorra?

¿Cuántos justos prometió encontrar Abraham en esas ruines ciudades?

- ¿20? - Infortunado.

¡No! ¡Por favor!

¿No hay piadosos en este lugar perdido?

¿O estáis todos condenados?

Tú, en pie.

Roguemos para que sepas la respuesta correcta.

¿Qué?

¡50, "signor"!

Has acertado.

Entregarás este mensaje a los Medici.

Contiene con minuciosos detalles los horrores presenciados hoy aquí.

En nombre de Dios, ¿qué hacemos aquí, Riario?

Todas las telas teñidas de Europa

usan alumbre de estas minas para fijar el tinte.

¿Sabéis que el papa Pío II entregó esta mina a los Medici

a cambio de condonar la deuda papal?

Desde entonces, parte del precio de cada sayo,

sábana y camisa va a Florencia.

Hasta hoy.

Hoy hemos matado tres pájaros de una pedrada.

Hemos recuperado lo que legítimamente era de Roma.

Hemos eliminado una lucrativa fuente de ingresos de los Medici.

Y, lo más importante, hemos enviado un mensaje.

Esto es una empresa sin arte.

- Me gusta hacer un solo ejemplar. - Pues acostúmbrate.

Hay muchas más copias que hacer.

¿A qué me estoy acostumbrando,

a hacer que la muerte de cada soldado sea indistinguible de la anterior?

- Leonardo, te convocan en Palacio. - ¿Ahora haces de recadero, padre?

En estos tiempos traicioneros, cumplimos la misión requerida.

Vamos. Los Medici no son hombres con paciencia.

Vosotros no.

Es un asunto de estado, no un espectáculo.

Si estáis en esta sala es porque pertenecéis

a mi círculo de confianza más íntimo.

Y si estáis en ese círculo

es porque compartimos una visión común para Florencia,

una ciudad que será recordada durante centurias

como un núcleo de innovación y de arte.

He sabido de Tolfa, comandante Quattrone.

El conde Riario ha atacado nuestra mina de alumbre.

Es un casus belli, un acto de guerra.

Es fácil dar apoyo a Florencia en tiempos de paz.

No tanto en tiempos de guerra.

Quienes no puedan resistir con nosotros, deberían marcharse.

Más vale ser un cobarde ahora que un traidor luego.

Perdí a mi consejero de más confianza por traición.

Se encuentra en el Bargello aguardando su sino en la rueda.

En la corte de los Medici punimos la traición

y recompensamos el servicio.

¿El joven que me trajo este rollo podría, por favor, adelantarse?

Acércate, por favor. ¿Cómo conseguiste este rollo?

Un minero tolfano, señor.

El conde Riario mató a todos menos uno,

a quien encargó que entregara el rollo.

¿Y puedes contarnos qué dice?

Riario tiene un ejército, señor.

Piensa ocupar Florencia a no ser que os pleguéis al dictado de Roma.

- ¿Y el minero te transmitió eso? - Es un hombre del vulgo, señor.

Dudo que sepa leer.

¿Conque tú quebraste el sello y revelaste el contenido a otros?

Arrestadlo.

- ¡Calentad la rueda con sus huesos! - ¡No, por favor!

No seré clemente con quienes traicionen el nombre de los Medici.

Todos tenéis una responsabilidad para con esta comunidad:

proteger, inventar, mantener el orden, apoyar,

sostener el sacro honor del legado de los Medici.

Todos sabíamos que este día llegaría. No nos someteremos.

Combatiremos.

Alla battaglia, Firenze!

Alla battaglia, Firenze!

Creo que tengo un gato en mi bolsa. ¿Quieres darle una patada también?

Basta.

"Una ciudad que será recordada durante las centurias venideras

"como un núcleo de innovación y de arte".

Es una cita literal del consejo que te dio Becchi

cuando eras un poeta de 19 años acojonado por ascender al trono.

- Ahora no, Giuliano. - Sí, ahora.

Hay una diferencia entre la fuerza y la crueldad.

Deja la crueldad a Sixto y sus bestias, o no será Roma,

sino nuestro propio pueblo quien nos atacará.

Ten la gentileza, hermano.

Cuando cabalgue para enfrentarme al conde Riario, quédate en casa.

Damas y caballeros, aquí tengo un astrágalo machacado de San Albino.

Una mera pizca garantiza

la protección contra todo pirata o rufián.

Y por pocos sueldos más, los dedos del muy estimado mártir San Besso.

- San Besso. - Sí, Besso.

¿Qué causa tal conmoción?

Se han congregado para una ejecución.

Becchi no debía ser ajusticiado hasta la luna llena.

No es Becchi, es un sirviente.

Gracias a él, la noticia de la incursión de Riario

se ha propagado como el fuego y Lorenzo quiere dar ejemplo.

Los Cofrades de la Muerte son unos buitres.

Alguien debe orar por los condenados.

Cristo.

¿Cuánto dura esto?

Puede durar horas.

Que Dios asista a quien traicione a Lorenzo.

Siento haber llegado a esto.

¿Por qué no dijisteis que vuestra familia precisaba dinero?

No os habría importunado con sus infortunios.

¿Aceptaríais dineros de Roma?

Preguntaos, muchacho, si el dinero me hubiese motivado,

¿por qué no me lo habría gastado ya en lugar de dejarlo en mis aposentos

aguardando a ser descubierto?

- Con los papeles sellados de Roma. - Quiero creeros.

Aconsejasteis a mi abuelo, aconsejasteis a mi padre.

Habéis dado vuestra vida sirviendo a Florencia,

siempre protegiendo el apellido Medici.

Pero cuando me vaya, Giuliano, ya no podré brindaros tal protección.

¿Sois inocente de la imputación o no?

- Pues claro que sí. - ¿Y por qué no la combatís?

Porque vuestro hermano es incapaz de escuchar.

Lorenzo está consumido de ira.

Lo ciega ante los peligros que lo circundan.

Hay un traidor entre nosotros.

Cuando yo muera y Lorenzo baje la guardia, el traidor seguirá aquí.

La gente os subestima, Giuliano.

Aunque esa debilidad aparente os dota de modo único

para descubrir a nuestro espía.

Cuidad de vuestro hermano. Os necesita.

Ahora más que nunca.

Riario avanzará desde el sur por el valle del Valdarno.

Situaremos armas en todos los flancos,

aunque la mayoría recibirán a sus hombres aquí.

- Serán muchos más. - Tenemos más armas.

¿Con diez armas? ¿Estáis convencido?

Estamos fundiendo más mosquetes.

Le prometo que no harán falta.

Mas a veces, si cuanto sabe hacer tu enemigo es matar,

un mero engaño es suficiente.

Riario es mucho más listo.

Mi ingenio no nos sacará de esta.

Solo vuestras armas.

Te prometo que harán falta.

Magnífico, comandante, artista.

Ingeniero bélico más bien.

Para evitar futuras matanzas,

Su Santidad expone una lista de demandas.

Primero, Florencia acogerá oficialmente en su seno

a Francesco Salviati como arzobispo de Pisa.

Segundo, la banca Medici condonará a la Santa Sede todas sus deudas.

Y, tercero, liberaréis a ciertos artesanos de sus obligaciones

para que puedan consagrar sus dones al servicio

de la mayor gloria de la nueva capilla de Su Santidad.

¿Y en qué artistas puede estar interesado Su Santidad?

Un tal Pietro Perugino,

un tal Sandro Botticelli...

¡Cristo!

Leonardo da Vinci.

Prefiero que los congrios me arranquen los testículos.

Es factible.

¿Y si no capitulamos?

Haré que mis fuerzas ocupen Florencia.

Mis armas harán jirones a vuestros hombres.

¿Vuestros fabulosos mosquetes en órgano de tubos?

Supongo que acabarán con algunos, pero no todos.

Gracias a Giuliano,

supe que poseíais diez armas.

Observando una, me limité a deducir su capacidad cíclica de fuego.

Entre todas pueden lanzar 33 salvas compuestas por 330 descargas.

Pongamos que dos tercios alcanzan su objetivo.

¿Qué pasa mientras vuestros bravos milicianos están recargando?

Mis 400 hombres restantes galopan.

Y, sí, usaremos a vuestros preciosos florentinos

- como dianas para practicar. - Es una ciudad murada.

Resistiremos durante seis meses al menos.

Basta una persona para abrir las puertas desde dentro.

¿Creéis que en esos meses ni una sola alma florentina

atenderá la llamada del Santo Padre?

Tenéis 24 horas para ponderar la oferta del Santo Padre.

Gozad del día.

¡Arre!

Necesitamos más armas, Da Vinci. Nuestras vidas dependen de ellas.

¿No deberíamos estar fabricando armas?

¿O preparándonos para la invasión?

- Estoy dibujando. - Granadas.

Qué observador.

Riario está a nuestras puertas.

- ¡Sé dónde está Riario! - ¿Qué hacemos aquí?

Eso mismo me pregunto yo.

Disculpadnos, signora.

Sois descuidado con vuestros bosquejos.

Os dejasteis algunos en el gabinete de mi esposo.

¿No deberíais esforzaros por la seguridad de Florencia?

La granada tiene algo especial. No logro definirlo aún.

Como dicen los griegos, cualquier cosa puede ser cualquier cosa,

y cualquier cosa puede convertirse en otra.

Si no vemos los patrones en la arquitectura de Dios

es porque no observamos lo bastante de cerca.

¿Os gustaría recuperar vuestros bosquejos?

De todos los tesoros de Lorenzo,

es este trozo de piedra tallada el que os atrajo.

¿Vuestro esposo os lo ha comentado alguna vez?

- ¿Su procedencia? - Creo que la heredó.

Quizá de un hombre de la estancia de al lado.

El mago.

El abuelo de Lorenzo, Cosimo.

Gobernó la ciudad sin jamás detentar el cargo.

Tiene algo especial.

Sois libre de estudiarlo cuando os plazca.

Pero por ahora preferiría que volvieseis a vuestras armas, ¿no?

No me vine a Florencia para vivir bajo el domino romano.

Da Vinci.

Un obsequio por complacerme.

La temperatura es idónea.

Leo, el capataz gordinflón requiere tu ayuda.

¿Qué sabes sobre los ancestros de Lorenzo?

Su padre era buen hombre, pero enfermizo.

Que vivió a la sombra de su padre, Cosimo.

¿Y qué importa eso?

Los mercenarios de Roma están encima. Clarice me ha dado esto hoy.

Dice que Lorenzo la heredó.

Estás exhausto. Mírate, duerme.

Destruyes más cañones de los que fabricas. Es de locos.

Las llaves que tiene son idénticas a las del judío.

La Bóveda Celeste, el Libro de las Hojas.

¿Cómo encajan los Medici en todo esto?

Creo que no entiendo cómo una antigualla decorativa

alejará las espadas de Riario.

Cristo, Zo, ¿quieres dejarlo un momento?

¿Debes demostrar tu ignorancia con tanta frecuencia?

Cuando el Imperio Bizantino usó los primeros cañones

contra los otomanos durante el sitio de Constantinopla,

los turcos se vieron obligados a huir.

30 años después regresaron con cañones propios.

Más grandes.

Y tras un asedio de 55 días, dejaron tal destrucción,

que la ciudad no volverá a ser la misma.

Constantinopla cayó.

Pues habrá que procurar tener el cañón más grande.

Y nunca acaba.

A no ser que...

A no ser que yo lo acabe aquí.

¡Maestro, no, eso causará una explosión!

Maestro, ¿qué habéis hecho?

Sellar nuestro sino.

"Buenas gentes de Florencia, los Medici os conducen a la muerte".

Hay que reconocérselo a Riario.

Sabe intimidar a su presa.

Dicen que Riario tiene 2000 hombres para quemar la ciudad.

- Yo he oído 3000. - La ciudad estará segura.

Yo lo procuraré.

El orgullo es pecado mortal, artista.

Il capitano!

No os tenía yo por zelote religioso. Matón y gilipollas, sí.

Pero ¿zelote?

- Es... - Soy celoso con mi familia.

Oramos cada noche para que no guiéis a la ciudad a la destrucción.

Tengo tanto poder, ¿verdad?

No hemos tenido más que problemas desde que entrasteis en la corte.

Quizá Dios esté de parte del conde.

Yo no creo en dios alguno que se alíe con ese malnacido.

Blasfemáis.

Los hombres como vos transformáis Florencia en una Gomorra.

Labráis un camino rápido hacia el fuego eterno.

Y nos arrastráis a todos.

Os puedo enviar al fuego antes aún.

Sé que sois mejor espadachín que yo, Da Vinci.

Aun así, no he pinchado en hueso.

¿Queréis mellar el filo de vuestra hoja conmigo

cuando quizá la necesitéis afilada para Riario?

Vas bebido, Leonardo.

¡Cristo!

¡Cristo!

Supe lo que pasó en la fragua.

Tú eres mejor, Leonardo.

Creía que podía salvar Florencia.

Pensé que mi talento bastaría, pero no.

No tengo nada.

Ahora, por mi culpa, mañana por la mañana,

- Lorenzo se verá obligado a rendirse. - No. Por favor.

Florencia y Roma tienen disputas desde antes de que nacieras.

- Es mera política. - No, es personal.

- Tengo algo que quieren. - Sí.

Tu talento.

El Papa quiere mi talento.

Riario quiere mi llave.

¿Qué llave?

La llave de...

Nada.

Ven aquí.

Si algo te atribula,

quizá sea mejor liberarlo.

¿Por qué destruiste tus armas?

Lorenzo me miró a los ojos

y me dijo que era inventor.

Esto no es una invención, esto es... una escalada.

Si yo construyo cinco, ellos 50.

Tu esencia es la más hermosa de todas.

Dijo ella con gran tristeza.

Quizá sea porque creo que no te merecemos.

¿Y las granadas?

Aún no lo sé.

¿Sabes?

Hades engañó a Perséfone para que comiera semillas de granada

antes de abandonar el submundo.

Dijo que su magia la obligaba a regresar a él.

Es cierto.

Deberías llevarte una cuando te marches.

No es la magia lo que me une a ti, Leonardo.

Espero que mates al bastardo de Riario.

¡Leonardo!

¡Leonardo!

¡Leonardo!

¿Tenéis las agallas de seguir en Florencia?

O sois valiente o indeciblemente estúpido.

Un poco de cada.

Saboteasteis nuestros esfuerzos. ¿Por qué?

Los cañones no bastaban.

Con toda vuestra experiencia haciendo la guerra, decidisteis eso.

No puedo creer que creyera en vos.

Un bastardo, un charlatán, un vendedor de chucherías.

Mi hermano tenía razón: fui un necio por creeros.

¡Un necio!

Mi único recurso es ofrecerme como rehén de Riario.

Y tendré que rezar para que, si me pongo a su merced,

renuncie a saquear Florencia.

Tendré que rezar para que garantice

a Clarice y nuestras hijas un salvoconducto al exilio.

¡Tendré que rezar para que cada traza de mi nombre y mi legado

no se borre de las calles!

Recoged lo poco que más apreciéis y reuníos conmigo en el campo.

Os quiero a mi lado cuando me vea forzado

a aceptar los términos de Roma. Y si Riario os quiere,

que se os lleve.

¡Nico, me alegra volver a verte!

Confío en que tu mano sane.

Pasemos a los términos de la rendición.

Ciertamente.

Hay ciertas condiciones que requiero.

Florencia y sus ciudadanos son mi mayor preocupación.

Perdón.

¿Tenéis claro sobre qué rendición hablamos?

La vuestra.

- Da Vinci. - Nico.

¿Les enseñas nuestro obsequio?

Dado que calculasteis la capacidad de mis cañones,

me empeñé en incrementar las posibilidades de Florencia.

Una cuestión matemática en realidad.

Cómo empaquetar un grupo de esferas del modo más económico.

Y como la naturaleza emplea los medios más eficientes

para lograr sus fines, busqué inspiración en ella.

La llamo "bombarda de racimo".

La carcasa alberga un grupo de explosivos más pequeños,

un sólido arquimediano en este caso, aislados por separadores de hierro,

conque cuando la bombarda cae,

se fragmenta en una fuente de metralla.

Una sola bombarda puede acabar

con una docena de hombres y sus monturas.

Aunque ya sé lo que pensáis.

Pensáis: "De acuerdo, pero una bombarda solo sirve

"si eres capaz de lanzarla", conque, es bien cierto, llevaríais razón.

No obstante...

¡Zo!

Vamos.

Impresionante.

¿Y cómo sé que ese artilugio funciona siquiera?

Lo demostraré a menor escala.

Primero, prendemos la bombarda,

luego, la disparamos así.

Las bombardas de tamaño real no llevan fuegos artificiales.

Haremos llover llamas y destrucción sobre vuestros hombres,

rememorando la devastación bíblica de antaño.

Los labriegos recogerán fragmentos de huesos de vuestros hombres

en estos campos durante las décadas venideras.

Vos, y todo lo que conseguisteis, desapareceréis del recuerdo,

mientras que nuestra victoria se celebrará durante centurias.

Quizá.

O quizá, al margen de lo que hoy ocurra,

se narre la historia opuesta. O ninguna historia.

Veréis, un hombre me dijo una vez:

"La Historia es una mentira".

Buena jugada, artista.

Haríais bien recordando, eso sí,

que una guerra se libra en muchos frentes.

Habéis hecho una gran proeza, Leonardo.

Me gustaría verla disparar de verdad. Menuda carnicería.

Roma se habría pasado meses celebrando funerales.

¿La ballesta? En realidad no funciona.

Es más una obra de arte que un armamento.

Es el resultado de artistas borrachos

más capacitados en decorado que en armamento.

¿Cómo iba a construir tal dispositivo en una noche?

Y de haberlo hecho,

la fuerza motriz para disparar el maldito chisme sería tremebunda.

Fijaos.

¿Os jugasteis nuestro sino con un farol?

Así es.

Solo es un indulto transitorio.

¡No podemos engañar a Roma eternamente!

¿Ah, no?

La vida es preciosa, Lorenzo.

Aun la de un traidor.

Creo que fue vuestro abuelo,

Cosimo, quien expresó un pertinente sentimiento:

"Leemos que debemos perdonar a nuestros enemigos,

"pero no leemos que deberíamos perdonar a nuestros amigos".

Perdón, hermano, descansaba un rato.

¿Venís a dar la unción al condenado?

Bueno...

Agradezco la visita, pero ya me he puesto a bien con mi Creador.

¡Signora!

Vos.

Vos dejasteis los documentos en mis aposentos.

- ¿Cuánto hace que os poseen? - Hace unos años.

¿Cuándo os abordaron?

Lorenzo y yo aún no éramos amantes.

Lo que quiera que os prometieran, no lo cumplirán.

No os imagináis mis circunstancias.

Se trata de algo más que Florencia o Roma o mi vida.

¿Por qué venís, signora?

Porque no deseo veros descoyuntado en la rueda.

¿Qué?

Cicuta.

¿Cómo?

Un arma robada del Archivo Secreto del Vaticano.

Una misericordia modificada con una sola dosis de veneno.

La herida punzante casi nunca se advierte.

Conque no surgirán pruebas que impliquen a la amante de Lorenzo.

Consideradlo piedad.

La muerte más rápida e indolora que puedo ofrecer,

- y veré que surta efecto. - Esto no es piedad.

Es que atáis cabos sueltos.

Roma escogió bien.

- ¡Guardia! - Lo siento.

Ojalá hubiera otro medio.

¡Becchi!

¡Guardias!

¡Guardias, rápido!

Cicuta.

- Becchi no lo habría hecho. - El frasco es elocuente.

Y tú tiendes a no creerte las cosas que Becchi ha hecho.

La cuestión es: ¿quién le trajo el veneno?

¿Quién se apiada de su cuita?

Si quisiera desafiarte, hermano, no me enmascararía para hacerlo.

Pero ¿qué te importa?

El traidor ha muerto.

Florencia está segura y tienes un ingeniero bélico que celebrar.

Todo va bien en la República esta noche.

Los nombres y acusaciones de este papel

requieren nuestra atención como Priores.

- ¿Una denuncia anónima? - El autor poco importa.

Este asunto demanda investigarse.

Y os prevengo para que consideréis quién será implicado.

Como Prior, debéis imponer la ley

sin concerniros a quién pueda incriminarse.

Interrogad a la víctima mencionada aquí, capitán.

Cuando confirme los cargos, efectuad el arresto.

¿Hay alguna razón para que evitéis la fiesta, maestro?

Se celebra en vuestro honor.

Algo me desazona, Nico.

Y hasta que descubra lo que es...

¡Sí!

El viejo mago se ríe.

¡Soy idiota!

¡Los símbolos están bien claros!

"Soy un hijo de la Tierra y del Cielo Estrellado.

"Tengo sed.

"Dame algo de beber de la fuente

"de la Memoria de la Tierra".

La invocación de los Hijos de Mitra. Mira: un toro tirando de un arado.

Es iconografía cristiana,

pero también un símbolo pagano de la Tierra.

Un cielo cuajado de estrellas.

Un cáliz, símbolo de una fuente.

Y flores.

"Ne m'oubliez pas". En francés, nomeolvides.

Memoria.

Cosimo de Medici era un Hijo de Mitra.

Todas mis pesquisas parecen converger.

Se diría que se teje una gran telaraña,

tan incalculablemente amplia y antigua

que solo ahora empiezo a vislumbrar su alcance.

He probado mi valía ante Lorenzo.

Es hora de que me recompense.

¿Haciendo qué?

Financiando una expedición.

A una tierra indicada en el mapa del judío.

Un barco, provisiones para una travesía.

La Bóveda Celeste está por ahí, Nico,

albergando el Libro de las Hojas y todo su conocimiento.

Puedo oír que me reclama.

Y el Mago me conduce hacia allí.

Mi abuelo Cosimo tenía un sueño:

que nuestras calles y plazas fueran un santuario para la ciencia,

el arte y el saber.

Ningún hijo de Florencia representa

mejor esas ideas que Leonardo da Vinci.

Os nombro Gran Maestre

de la Orden de San Juan Bautista,

santo patrón de Florencia.

Con vosotros, la encarnación viviente de la ilustración clásica:

¡Leonardo da Vinci!

Por favor, maestro, ¿nos brindáis unas palabras?

La mayor exportación de Florencia siempre ha sido sus ideas.

Nuestra República representa lo más avanzado de la investigación.

Estamos inventando el futuro.

Pero solo seguiremos siendo vitales si continuamos avanzando.

Propongo un nuevo y osado paso.

He sabido de una tierra, Vuestra Magnificencia, al oeste,

casi incógnita, pero con certeza alberga portentos.

Pero con vuestro patrocinio, organizaré una expedición.

Viajaremos...

Capitán Dragonetti, ¿qué significa esta afrenta?

Mis disculpas, signor, pero se ha formulado

una acusación contra uno de vuestros invitados.

No sé nada sobre acusación alguna,

y os recuerdo, Nazzareno, que respondéis ante mí.

En rigor respondo ante la Signoria, Vuestra Magnificencia.

De la cual solo sois una voz.

No pude disuadirlos, signor. Es el protocolo.

Estamos maniatados.

Adelante pues, capitán.

Se ha señalado a la Guardia Nocturna, por medio de una denuncia secreta,

que un tal Leonardo di ser Piero da Vinci ha incurrido,

conculcando los estatutos de la República de Florencia

y las leyes divinas y naturales, en el depravado vicio de la sodomía.

Dicho individuo debe ser recluido en el Bargello.

¡Es mentira! ¡Es una calumnia!

Donde permanecerá hasta que los Magistrados dictaminen

su culpabilidad o inocencia.

Si se le declara culpable, será llevado hasta el Palacio de Justicia,

y allí será quemado para que muera y su alma se separe de su cuerpo.

Fuera.

Esto es cosa vuestra, Francesco.

Huelo el hedor de los Pazzi en toda esta charada.

La denuncia existe, Lorenzo.

Tenemos una víctima dispuesta a testificar.

Nadie ha sido sentenciado por ese crimen en más de 50 años.

Y aun así el estatuto sigue en los libros.

Si tenéis alguna objeción, oponeos a vuestro ancestro Cosimo.

¿No fue él quien revisó la Constitución florentina?

¿O burlaríais las justas leyes de la República a vuestro antojo?

Tenía la impresión de vivir en una democracia, no una dictadura.

Las muñecas, signor.

Ya os dije que os labrabais un camino rápido hacia el fuego, artista.

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