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¿Vamos?
Encuentro el juego fascinante.
Engañosamente simple, ¿verdad?
Traigo la comida.
Dilo.
Panpepato, queso y vino.
- ¿Has hecho el panpepato? - Sí.
Porque os gusta.
Cuando uno está preparado, no sobrevienen dificultades.
- ¿Eso era amhara? - Sí.
Pasé un tiempo en Abisinia.
Le he dicho que la tenéis en muy alta estima.
Es trabajadora y ha adoptado tanto a nuestro Señor como nuestro idioma.
- Le enseñasteis vos, ¿a que sí? - Así es.
Tal como vos me enseñáis este juego, con paciencia persistente.
Bueno, ¿nos ponemos a jugar?
Esa es la cuestión. Aún no he tocado el tablero.
Pero ya he comenzado.
El primer principio es tomar las esquinas.
La estrategia es obvia.
Las esquinas son más fáciles de defender.
Es brillante, de buena ley, bellamente acuñado.
- Pero le falta algo. - ¡Ya sé!
¡Necesita una cadena alegre! ¡Sí!
Pero aunque nos enzarcemos en conflictos localizados,
es importante tener el tablero completo en cuenta.
La partida solo puede ganarse persiguiendo objetivos
aparentemente opuestos
simultáneamente.
En cualquier momento...
Lucrezia, querida. Ven a decirnos qué opinas.
Una piedra puede considerarse que habita uno de los tres estados:
viva, muerta o indeterminada.
Lucrezia, ven, por favor.
Una piedra indeterminada, naturalmente,
ofrece al jugador un mayor número de posibles resultados.
- ¿Vas a salir? - Sí.
- ¿Tras el toque de queda? - Me irá bien.
- ¿Eso es atinado? - Voy a ver a Ginevra.
He comprado hierbas de montebianchi para sanar su herpes.
Pero quizá te necesite.
Confío en que Enzo sea capaz de ocuparse de tus necesidades.
Buenas noches.
Un oponente que pueda controlar el desarrollo del juego
mientras aparenta jugar a la defensiva es el más formidable.
Signora Donati.
Capitán Dragonetti.
¿No es tarde para que salga a pasear?
Podría deteneros por conculcar el toque de queda.
Cierto.
Pero ambos sabemos que seríais vos, y no yo, quien recibiría el castigo.
Gozad del aire nocturno, signora.
- Buenas noches, Gualberto. - Signora.
Estáis preciosa esta noche. Como siempre.
Gracias.
No podía esperarte más en el palazzo.
¡Lorenzo!
Déjame.
¡Da Vinci!
¡Ahí estáis, maestro!
La producción marcha bien, confío.
Tan bien como puede esperarse, dadas las condiciones laborales.
Pero mis armas... ¿Tendréis diez como prometisteis?
Nuestra negativa a aceptar al arzobispo de Pisa
refuerza la necesidad de fortalecer las defensas.
Estoy muy al tanto de las presiones que padece Su Magnificencia.
¿Qué diablos hace ahí ese bribón de ojos nublados?
- ¡Suena desafinado! - ¡Alto!
El agudo oído de nuestro amigo invidente ha detectado una impureza.
Esto es absurdo.
- Los métodos, ¿qué ha variado? - Nada.
He usado el mejor mineral, como dictaste.
- Pues el calor. - Seguimos las instrucciones.
Hubo un momento en que nos quedamos sin azufre.
- ¿Por qué no me consultasteis? - Fue un incidente.
¿Qué problema hay exactamente aquí?
Si han usado una aleación inferior, en este caso con poco azufre,
el sonido de los cañones no será tan atronador.
¿Y qué importa el puto sonido?
No es una de vuestras funciones.
¡Tienen que aniquilar al enemigo! ¡Hacerlos pedazos!
- Por favor, soltadme. - ¿O qué?
¿Me amenazáis con una cuchara?
¡Giuliano!
Como iba diciendo,
el timbre del cañón es indicativo de sus propiedades en general.
Empezad de nuevo.
¡Y no escatiméis en azufre esta vez!
No lo hará.
Habéis eludido un combate local y abierto un nuevo frente.
He pensado que era hora de que cierto caos se introdujera en la partida.
¿Qué ocurre?
¡Dentro de mí!
¡El diablo!
¡Rasgándome el útero!
¡Haciéndome daño!
Dios Santo.
No puede ser.
No la toques. No sabemos qué la aqueja.
¡Debo ayudarla, es sor Dolores, del convento!
¡El alma más dulce, más inocente!
¡Dolores!
¡Oye, tú! Busca a unos agentes y tráetelos.
Soy yo, Vanesa.
Vos y vuestro hermano Lorenzo creáis una nueva Sodoma,
engullís inmundicia y expeléis pecado en las calles de Florencia.
¡El Señor os odia!
- ¿Qué le ha acontecido? - ¡Demonios, signor!
¡Cinco de las hermanas del convento de San Antonio están poseídas!
Los Medici, copuladores, blasfemos, corrompen la ciudad.
¡Mis ojos arden al miraros!
¿Dejas que una loca te arrebate el acero?
¡Debería matarte con él!
Lleváosla.
Con cuidado y con respeto.
Y los demás idos a casa.
Orad por su alma.
Vamos, marchaos.
Por el amor de Dios, ¿qué haces con estos cadáveres?
¡Ya empiezan a pudrirse!
¡El pestazo se mete en mi estudio!
¡Andrea! Por favor, ¿no ves que persigo una meta aquí?
Fíjate.
África y Europa.
- Mira. - Sí, sí.
Encajan con esto.
Conque Europa y África, aquí y aquí, y el mapa del judío.
Solo puede ser que donde ahora hay dos masas terrestres,
antes solo había una...
Se separaron con los siglos,
y entre ellas, el gran Atlántico.
¡El Libro de las Hojas estará ahí, en esa masa terrestre occidental!
No sabes si esas tierras existen.
"Ignis fatuus", esa es la empresa de los Hijos de Mitra.
"Fuego de locos".
Niños persiguiendo insectos luminosos
y hundiéndose hasta el cuello en un pantano.
- No soy un niño. - ¿No?
Persigues esta locura mientras tus encargos legítimos languidecen.
- ¡Maestro! - Sí, ¿qué pasa?
Vanessa insiste en irse al convento de San Antonio.
¿Qué quieres decir?
¡Los demonios poseen a esas monjas! ¡Vi a una yo mismo!
¡Se sacó los ojos!
¡Vanessa podría ser otra víctima!
Los demonios no son causa de nada.
Salvo de tediosos sermones.
- ¡Hay que ayudarla! - ¡Basta, Nico!
Si abandonara cada vez que os dejáis llevar por la imaginación,
jamás conseguiría hacer nada.
Lo recordaré la próxima vez que decidáis ponernos unas alas
para planear a mí o a Vanessa.
La violencia de sus movimientos, sus gritos.
Parecía poseída.
Mi hermano ve a una monja loca y cree que anda suelto Satanás.
No es solo esa.
Dicen que el Diablo se extiende,
que es un juicio contra la ciudad.
Un juicio contra los Medici.
Ganamos y perdemos el favor del pueblo.
Hasta que averigüemos la causa,
- mejor clausurar el convento. - Sí, coincido.
Tras lo de Roma,
no podemos dejar que se cuestione nuestra piedad.
Déjame encargarme.
La gente vio matarse a esa mujer al verme.
Si lo resuelvo, acabaré con las habladurías.
Iré con Dragonetti y un par de agentes suyos.
Llegaré al fondo de esto.
Te lo prometo.
Ve pues.
¡Ve!
Desembuchad.
Tenéis cara de haber comido algo desagradable.
Si podemos hablar en algún lugar, es aquí, en la capilla familiar.
El Vaticano conoce nuestras estrategias
justo cuando las empleamos.
Matan a Sforza para hundir nuestra alianza con Milán.
Piden reunirse con Da Vinci cuando lo contratamos.
Sugerís que tenemos un espía en nuestra corte.
Pero de antes dar más pasos agresivos encaminados a descubrir
al agente de Roma,
creo que hay algo más que debemos considerar.
Os casasteis con Clarice para tender lazos con Roma.
Aún tiene familia allí.
¿Insinuáis que mi mujer intenta destruirnos?
No es que lo intente, no.
Pero quizá exprese algo inocentemente en sus cartas.
- Podría inconscientemente... - Clarice es excepcional y es leal.
"Cuando el sendero de la vida sea abrupto, mantén la mente clara".
Me lo dijisteis vos, cuando era niño.
Mantened la mente la clara.
La crisis del convento y ahora un traidor.
Dad los pasos precisos para hallar al espía.
Y con presteza.
Hay algo delante.
Yo me ocupo.
- Signor, debo insistir. - No es más que una joven.
Sed fuerte, Bertino.
Hermana.
¿Me oís?
Venimos a ayudaros.
Soy Giuliano de Medici.
¡Sujetad los caballos!
Subidla al caballo y atadla.
Os llevaremos al convento.
¿Cuántas muertes de fieles acontecerán a los pies de los Medici?
¡Bertino!
"Demonios".
Abyssus abyssum invocat.
Que me ampare mi Señor.
Abyssus abyssum invocat.
"El averno invoca al averno".
Un mal paso conduce a otro.
Eso trajo al diablo a nuestro umbral.
Negasteis la voluntad divina.
¿Creíais que no habría coste?
El coste es caro, eso es seguro,
pero aún no estoy convencido de que fuera el Señor quien lo fijó.
- ¿Qué hacéis aquí? - Buscar a una amiga.
¡Vanessa!
Conozco a esa mujer.
Era de las nuestras, una hermana más.
Pero este libertino le prometió una vida más colorida.
¡Me quemo! ¡Ardo!
¡Fuego en mi interior!
La pobre vino a ayudarnos y fue atacada como las demás.
¿Cuánto llevan estas posesiones sucediendo?
¿Y a vos qué os importa?
¿Abogáis por Dios?
Sé lo que ocurre en vuestro taller.
Las modelos desnudas, las relaciones carnales,
los cadáveres que profanáis en nombre de la ciencia.
Vuestros actos condenan cuanto tocáis.
No deseamos vuestra ayuda.
Ni la vuestra, signor Medici.
La oración y la penitencia pondrán fin a esto.
Artista.
Hablemos vos y yo.
Otros cobran por hacer eso, ¿no?
Mi padre me enseñó que pase lo que pase,
nunca pierdas la cuenta.
Porque los Medici somos banqueros ante todo.
Un hombre sabio. Difunto prematuramente.
"Piero el Gotoso".
Con todo lo que fue, lo recuerdan por su enfermedad.
Es honrado como padre, de "Lorenzo el Magnífico".
Por ahora. Pronto quizá me llamen otras cosas.
Quizá sea el banquero que perdió las cuentas papales contra los Pazzi.
O el herético que atrajo la ira de Satanás sobre los inocentes.
Amado mío, debes descansar.
Hoy he pensado en echar a Becchi de aquí.
¿Qué? ¿Por qué?
Lo amo.
Ha sido un segundo padre para mí, pero... te ha cuestionado.
Pensó que podías estar, por error,
dándole información a tu familia.
Con Roma.
- ¿Crees que preguntarlo me ofendería? - Me ofende a mí.
No debería. Vivimos tiempos temerosos.
Le prenderían fuego a una ciudad para mejorar sus vidas.
Sencillamente habrías leído mis cartas sin mi conocimiento.
En la última carta a mi familia, les dije esto:
"No hay nadie más leal a Lorenzo que yo.
"Hay otros que, si Lorenzo cayera, intervendrían.
"Yo jamás podría hacerlo".
Comprendo que necesitas escapar.
Sentirte lejos de tu responsabilidad.
Puedes tener esa escapada, pero debes regresar.
Atended vuestros cañones, Da Vinci.
Me han encomendado este asunto.
Y hacéis una labor admirable.
Hasta habéis matado a una hermana de camino.
Fue un accidente.
- La incompetencia suele serlo. - ¿Cómo osáis?
¿Así probáis vuestra valía a Lorenzo,
matando a su ingeniero bélico?
Decidme una cosa, Giuliano. ¿Cuál es vuestro plan?
Sellar este lugar hasta que los espíritus malignos se retiren.
¿Daréis por hecho que se trata de posesión?
Por supuesto que sí.
Honradnos con teorías alternativas.
Por favor.
- Enfermedad. - Quizá.
Quizá.
Escrófula, peste.
Ninguna acaba con su víctima tan rápido.
¿Y qué es entonces?
Antes de aceptar la obra del diablo,
¿no descartamos las causas profanas?
Considerad la amanita pantherina.
Causa alucinaciones y aun la muerte.
Bueno, a ver qué hemos hallado.
No.
No.
No.
No.
Ninguno.
Lo siguiente de la lista: las arañas lobo.
La picadura venenosa de las lycosidae causa
un estado llamado "tarantismo".
¡Esperad!
No es el enemigo que buscamos.
¿Y ahora qué, pintamonas?
Apreciar un poco el arte, creo.
¿Qué posible contaminante puede hallarse aquí?
Dadas las imágenes entre las que viven,
por no hablar de la técnica de aficionadas que observamos,
¿es raro que las afectadas se crean poseídas?
¿Os habéis vuelto loco?
Por si los pigmentos tenían mucho mercurio.
- Pero no. - Ya basta, Da Vinci.
Si empezáis a lamer pinturas,
es hora de aceptar que el diablo está aquí.
Jinetes de Roma.
Por una vez, Giuliano, quizá llevéis razón.
Capitán Grunwald.
Giuliano de Medici.
Apuesto como siempre.
Pensaba que seríais reacio a regresar tras tu última misión en Florencia.
Traemos ayuda a las queridas hermanas en la persona del prefecto Mercuri.
¿Lupo Mercuri?
¿Del Archivo Secreto Vaticano?
Hoy vengo como prefecto de la Sagrada Congregación para los Ritos.
Sois muy gentil por ofreceros a ayudar, prefecto,
pero la abadesa es capaz de dirigir las oraciones de su rebaño.
Mis órdenes son ejecutar los sagrados ritos del exorcismo de los demonios.
No pienso dejar a las buenas hermanas a merced del Embaucador.
¿Y estáis tan en sintonía con lo infernal
que detectasteis sus problemas desde Roma?
Pedimos ayuda hace días, pintor.
No rechazamos a los guerreros de Cristo en nuestra hora de necesidad.
- Sobrino. - Santidad.
¿Cómo va el asunto del convento?
Temo que las bajas se acumulan.
El Señor suele requerir sacrificios.
La voluntad de Dios es acabar con Lorenzo
y todos cuantos lo apoyan.
Con la posible excepción de Da Vinci, coincido con vos.
Lucrezia Donati lo tiene atrapado entre sus muslos,
su alianza con los Medici es bien frágil.
Las armas que hace podrían ser nuestras.
Seguramente el Señor desea que lo admitamos.
¿Me dices a mí lo que desea el Señor?
Claro que no, padre.
Santo Padre.
Halla un modo, pues.
Haz que Da Vinci sea nuestro, si te divierte.
Y, Riario, tu esclava.
La abisinia.
La quiero para esta noche.
Nada temas. La recuperarás por la mañana.
¡So!
Gracias, Gualberto.
¿Lorenzo?
No.
Sé cómo os hace llamar.
Gualberto.
El carruaje.
La rosa.
Ahí están todos.
Lorenzo, su padre, su abuelo Cosimo,
Giuliano, su lince, sus hermanas, yo, Becchi.
Hasta el cerdo del Duque Sforza.
Porque era importante para Florencia.
Lorenzo no me hace llamar.
Pero lo hace.
No siempre habéis sido vos. Lorenzo tuvo otras diversiones.
¿Y qué queréis, que me aleje de él?
Lo amo. Y amo esta ciudad.
Quizá porque él es esta ciudad.
Veréis, debemos prevalecer.
¿Creéis que soy un impedimento para ese fin?
No podéis ser tan descarados.
En público, no.
Hay un conspirador en la corte.
En estos momentos,
Lorenzo continúa eliminando sospechosos y apretando el nudo.
Encontrarán a ese traidor y lo ejecutarán.
Hasta entonces, cualquier flaqueza de Lorenzo podría explotarse.
Podríais ser usada para negociar contra él.
Sois una distracción. Es vuestra función.
Yo lo toleraré.
Pero no toleraré que os convirtáis en una flaqueza.
Esperad cinco minutos cuando me vaya.
Clarice,
sé que lo amáis.
¿Cómo podéis soportar mirarme siquiera?
Porque sé que nunca estaréis en esa pared.
Signora.
¿Puedo hablar con vos antes de iros?
¿Estaréis vos y vuestro esposo en casa mañana?
Es vital que os interrogue sobre recientes viajes.
- ¿Nuestros viajes? - Disculpad mi indelicadeza,
pero Lorenzo exige que controle las idas y venidas
de todo el que tenga acceso a palacio.
Me temo que no podemos hacer excepciones.
Desde luego.
Niccolo y yo os asistiremos.
Excelente. ¿Mañana a mediodía pues?
Sí.
Buen día, Gentile.
Gualberto.
Me recogeréis de nuevo esta tarde.
Lorenzo requiere mi presencia.
Yo te expulso, adversario infernal.
Abandona a nuestra hermana Oriana, a todos los creados a imagen de Dios
y redimidos por la sangre del divino Cordero.
Dios Omnipotente te lo ordena.
- Hombre de Roma... - Dios Omnipotente te lo ordena.
Sé a qué has venido.
El eterno Verbo Divino encarnado te lo ordena.
El sacro misterio de la cruz te lo ordena.
- Sé qué deseas. - La Virgen María te lo ordena.
¡Te lo requiero por el Dios vivo y verdadero!
¡Ceja en tu engaño a esta mujer!
¡Vete!
- ¡Vete! - ¡Prefecto Mercuri!
¡Silencio!
¡Te ordeno que te vayas!
Antes de morir vi la luz de Dios en sus ojos.
Se ha salvado.
Decidme.
En el tiempo que lleváis haciéndolo, ¿habéis fracasado alguna vez?
No.
Ex umbra in solem.
De la sombra a la luz.
Epigrama del Archivo Secreto.
¿Qué estoy haciendo?
Estás en el convento.
Estás en el convento.
- Pero lo dejé por ti. - Regresaste.
A ayudar a tus amigas.
Mentiste, Leonardo.
Me prometiste maravillas.
Dijiste que volaríamos.
Que arderíamos como el sol, pero no hay sol en tu mundo.
Solo hay frialdad, sombras.
Cálmate.
Has enfermado.
Eres muy listo, muy hermoso.
Pero solo somos juguetes para ti.
¿Verdad?
Creo que es hora de limpiar esta querida alma también.
¡No la toquéis!
¡Merece una ocasión de combatirlo ella misma!
¡Solo un día más!
En nombre de Dios.
Hasta el alba, pues.
Si no podéis resolverlo para mañana, debemos expulsar su mal quemándolo.
Monje chiflado.
Voy a volar por ti, Leonardo.
Volaré hacia el sol.
Estáis en suelo florentino, puto follaovejas.
Os quiero fuera de aquí, ya.
Duras palabras para el niño mimado sin vuestro hermano para respaldaros.
No importa, no tardarán en expulsaros a ambos de la ciudad.
- ¿Y cómo lo sabéis? - Es simple.
Roma tiene más hombres.
Y el Señor está de su parte.
Tenemos diez mosquetes de órgano de tubos
capaces de disparar 33 proyectiles en unos minutos.
Diez mosquetes.
Bueno es saberlo. Muchas gracias.
Estaré bien sola.
Como usted diga, signora.
Estamos empezando a eliminar sospechosos.
Algunos contables, los cocineros.
El círculo de sospecha se va achicando.
La mayoría resultarán ser leales. Uno resbalará.
Y entonces lo tendremos.
No te he llamado.
Creo que sí.
Lo sentí.
Los asuntos de estado me obsesionan.
- Por favor, vete. - Hay quienes me han visto llegar.
Gualberto, la Guardia Nocturna.
Saben que solo vengo por ti.
Quizá crean que has acabado conmigo prematuramente.
Creerán lo que yo quiera.
No te quiero aquí.
No.
Claro que no.
Estás atribulado.
Dime qué te pasa.
¿Es el espía?
Tu mujer.
Ella me convocó esta mañana.
- Hablaré con ella. - No, por favor.
Sus actos solo fueron por preocupación por tu seguridad.
Mi amor, el traidor podría ser cualquiera.
Por muy íntimo tuyo que sea.
Las sospechas de tu mujer son justificadas.
Tu investigación no puede excluir a nadie.
Investiga hasta a los menos sospechosos.
La amenaza puede estar en cualquier lado.
Aun en tu propia casa.
Maestro, van veinte. ¿Puedo parar ya?
Para que bajen.
¿Por qué me hacéis hacerlo?
Hemos eliminado las causas accidentales.
Eso deja solo la contaminación intencionada.
- ¿El vino y las hostias están envenenados? - ¡No!
Era una idea.
¿No es posible que sean los demonios?
Va contra la lógica.
Dios las castiga a ellas, pero a los paganos no.
Esto parece una trama.
No es obra del Embaucador, es un contraataque.
Roma induce esta posesión.
Lo sé.
Lo que no sé es cómo.
¡Bertino!
I-N-R-I.
He inscrito las letras de la cruz en su cuello,
para expulsar al demonio.
¿A quién salvo ahora?
- ¡Diablo! - No hay diablo.
Solo un Medici.
¡Atadlo bien!
Para que esta maldición pase de las monjas a uno de los guardianes,
la respuesta debe de estar ante nosotros.
- ¿Qué ha comido hoy este hombre? - Nada.
Ha ofrecido un ayuno al Señor para ayudar a las monjas.
- Un hombre pío. - El más pío entre nosotros.
En todo momento rezó a San Antonio
para que acabe su agonía.
- ¿Cómo rezaba? - Besando los pies de la imagen.
Es costumbre desde hace siglos.
Y Vanessa y las demás, ¿lo hacían?
Muchas hermanas de aquí lo hacen.
Quizá sea hora de que vuestro patrón
arroje luz sobre el problema.
Necesito luciérnagas.
Una captura.
Me enseñasteis bien.
Mi primera victoria está al alcance de mi mano.
Deberíais tener cuidado
y no presionar a un rival desesperado demasiado.
Podríais hallaros a merced de un movimiento divino,
la jugada inspirada que convierte una partida perdida en una victoria.
Apaguen las linternas.
- ¿Qué se proponen estos locos? - No importa. Esto acaba ya.
Las distintas propiedades de las diferentes luces
nos permiten ver lo que puede haber estado oculto.
El fulgor de la luciérnaga intensifica todo lo rojo.
Así calibro el escarlata de mis pinturas para hacerlo más exacto.
¿Qué tiene que ver con los demonios?
Todo, como tal parece.
Algunos hongos, por ejemplo,
se ven rojo brillante con ciertas luces.
¡Quema! ¡Evitadlo!
Lo haré, mi niña.
Echadles aceite.
Es hora de quemar al diablo.
Toma.
¡Es cornezuelo!
Normalmente crece en el centeno. Los efectos son horrendos:
espasmos, vómitos, hidropesía, gangrena y,
según los supervivientes, una sensación de arder en el infierno.
Trastorna la mente, ¿veis?
Causa alucinaciones y manías.
Vuestra mente está tan trastornada como la suya.
Apartaos o arded.
Debemos limpiar este convento, cauterizar la infección.
Ya no se puede ayudar a las monjas, víctimas de un ataque espiritual.
En eso estoy de acuerdo con vos.
Un ataque perpetrado por agentes
que querrían usar como arma al Espíritu Santo.
Los pies de la imagen de fuera están llenos de cornezuelo.
Todas las víctimas besaron los pies de San Antonio antes de enfermar.
Todas las hermanas enfermas, Vanessa,
hasta vuestro piadoso guardia, Bertino.
- Todo el mundo. - ¡Lo que sugerís es absurdo!
¿Ah, sí?
¿Por qué no os afecta a vos ni a los hombres del capitán?
¿Por qué los herejes como el signor Medici,
el joven Nico ni yo mismo somos víctimas?
Porque nosotros no reverenciamos la imagen.
Ni vos ni vuestros hombres.
No soportaré esta fatua calumnia un momento más.
Besad los pies de San Antonio
si queréis rebatirme.
Cornezuelo.
¿Quién ha oído hablar de tal cosa?
¡Alto!
Os lo diré.
Un historiador llamado Geoffroy du Breuil relata
un brote similar en el siglo XII.
Quizá tengáis una copia de su crónica oculta en vuestro Archivo Secreto.
Existe un tratamiento para esta dolencia:
un ungüento verde de hierbas y vinagre,
junto con unas sangrías.
Si usamos esto, podremos salvar a los enfermos.
Muy bien, Da Vinci.
Gracias, maestro.
Sabes por qué nos trajiste aquí.
Morimos para probar tu genio.
Riario.
¿Qué digo para obtener la llave?
¡Dime qué decir para obtener la llave!
¡Dime!
Soy un hijo de la Tierra y del Cielo estrellado.
Soy un hijo de la Tierra y del Cielo estrellado.
¡Madre!
Da Vinci. ¿Me oís?
Creo que empieza a reaccionar.
¡Madre!
Maestro.
¿Estáis bien?
No dejabais de agitaros y gritar.
Los labios de Vanessa.
Los labios de Vanessa llevaban el veneno.
- Me perdí en una visión. - Lo sabemos.
Las hermanas os han cuidado todo el día.
- ¡Vanessa! - Está perfectamente bien.
Habéis evitado que Roma se cobrara una hermosa víctima.
Todo ha acabado.
Para mí me temo que solo ha empezado.
¡Vete, Satán!
"Porque está escrito que adorarás al Señor tu Dios y solo a Él servirás".
Conocéis las Escrituras.
Ahora sé muchas cosas, cardenal.
Un mensaje que vale la pena dar a Riario.
Creedme, el conde Riario y yo tenemos mucho que discutir.
¿Cómo lo hicieron?
No tuvo que ser difícil.
El convento estaba abierto a todos los fieles, como dijo la priora.
Un solo agente pudo entrar,
contaminar los pies de San Antonio y aguardar.
Y luego, abyssus abyssum invocat.
Un mal paso conduce a otro.
Envenenaron a los píos.
Que Dios se apiade de los fieles.
Hemos comprado a Florencia una vez más.
¿Qué pasa?
A vuestro hermano se le escapó cuántos cañones tenemos.
La producción continúa.
Giuliano pudo ocultarlo, mas lo reconoció.
De poco sirve eso.
Roma atacará cuando sepa exactamente a qué se enfrenta.
Ahora tendremos que fabricar aún más cañones.
He ordenado un registro completo en palacio sin descuidar nada.
¿Habéis descubierto algo?
Quizá debamos discutir esto en privado.
Contadme, o pensaré que sois vos quien oculta algo.
¿Dónde lo hallasteis?
- ¿Dónde? - En el aposento del signor Becchi.
¡Mentís!
¡Eso no es mío!
Estaba en un estante, Magnífico, lo juro.
Oculto entre otros libros.
Erais vos.
El traidor erais vos.
¡Lorenzo, esto es un error!
Escudos romanos, papeles con el sello papal
y lugares donde ocultarlos para enviarlos a Roma.
¡Hallados en mi casa!
¡Por favor, Lorenzo!
¡Silencio!
¡O te corto la lengua!
Lleváoslo.
Al Bargello.
Habéis ganado otra vez.
Ya habrá otras partidas.
Es difícil saber qué sendero seguir.
Tratar de analizar las estrategias que has iniciado.
No.
Eso no es difícil.
Simplemente hay que creer.
En mi experiencia, creer no tiene nada de simple.
Esa es la diferencia entre vos y yo.
No es la única.
Te oí.
Di a Zo que se deshaga de estos. Ya han sido útiles.
Deduzco que lo prefiere ahí, ¿no?
No parece estar interesado en su libertad.
Quizá le gusta su jaula.
Ignis fatuus.
Cuando un juego termina, otro empieza.
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