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Zulu
Espera, espera. ¿Qué?
¿Nos tomamos algo? No.
Dos minutos, anda.
Dos minutos. Bien.
Vamos.
¿Qué tomas?
Un güisqui.
Que sean dos.
Ahora vengo.
No puedo más. Quiero dejarle.
Lo que pasa es que me da miedo su reacción.
No sé de qué sería capaz.
¿Miedo? ¿Por qué?
Es buen tío y te cuida mucho.
Tú no lo conoces.
Hace tres años mató a su mujer.
Me lo contó él mismo.
Para la Policía se electrocutó.
Ya estoy aquí.
Un segundo.
- ¿- Por qué? ¿Qué pasa? - Calla.
Seguro que dijo eso en broma.
¿Y por qué me dijo que si no era buena,
acabaría como ella? Si lo ha hecho una vez,
¿por qué no dos? Joder...
Vanessa, ¿por qué te vas así?
A ver si te queda claro.
Si digo que no, es que no, ¿entendido?
Disculpe. Policía.
Los que estaban ahí. ¿Alguien los conoce?
¿No? Mierda.
- ¿Dónde has ido? - He salido a dar una vuelta.
No me podía dormir.
Has vuelto antes de tiempo.
Y vas borracha.
No, no es cierto.
No me mientas.
Cuidadito con mentirme.
Cuidadito.
"Incitar o provocar el suicidio está penado con tres años de cárcel
y 45.000 euros de sanción".
No tengo ni idea de quién era ella.
Pagaron en efectivo y no había cámaras.
O sea, que una de dos, o quería impresionar
al tío aquel del bar
o está saliendo con un tipo que va a terminar matándola.
Corre peligro, Justin.
¿Te da igual?
Podrías ayudarme.
¿Ayudarte?
¿Ayudarte?
No me provoques.
¿Por? ¿Cómo te has acostado con Alain?
¿Perdona?
No te hagas la loca. Vi el mensaje. Ahora ya no puedes negarlo.
Soy tu hermana. Cómo puedes creer que yo...
Ya está. Gracias, hija.
De nada.
No se abre una investigación sin denuncia.
Ya, no podemos acusar sin pruebas.
Yo ya paso. Es la cuarta vez.
Pero que se ocupe papá cuando vuelva del cursillo.
No, no te preocupes, ya lo hago yo. Gracias, Vanesa.
¿Todo bien?
No hubo otro allanamiento esta noche.
Mismo procedimiento, en un barrio rico...
Y el comisario... ¿Sigue histérico? Lo sé.
Eh, eso lo has dicho tú, no yo.
Tengo que hablar con él. ¿Sabes dónde está?
Sí, en la ducha.
Ha vuelto a dormir en el despacho.
Largo, manchado de leche, con un terrón.
Gracias.
¿Vas a pedirme algo?
¿Yo? Nada. Ah...
Trato de encontrar a una mujer de entre 18 y 45 años.
Estaba casada.
Murió electrocutada en algún accidente doméstico
hace tres años.
¿Para qué caso es?
Una mujer corre peligro. Por favor.
Ahora mismo lo busco.
Buenos días. Buenos días.
¿Qué tenemos hoy?
El interrogatorio de la señora Lambert.
Y a las 11 es el careo del caso Prot.
Gracias.
Además, su marido ha llamado esta mañana. Tres veces.
Si necesita con quien hablar, aquí estoy.
Lo sé, Oriane, gracias.
¿Cómo vas?
Pues no sé. Mira a ver.
No, la nariz más recta.
Nos vendría bien otro testigo para el retrato robot.
Tráete a tu nuevo ligue.
No es mi nuevo ligue y la recuerdo muy bien.
Explícame una cosa.
Nos acostamos, pasas de mi toda la investigación,
nos volvemos a acostar y te lías con otro.
No te tomas esto en serio, ¿verdad? No.
No me lo tomo en serio.
No me tomo nada en serio, de hecho.
Y yo tomo una copa con quien quiero y cuando quiero.
¿Me oyes?
Haz lo que quieras, pero conmigo no.
Los ojos más alargados.
¿Y el tío que iba con ella, te acuerdas de él?
No, lo tenía de espaldas. Y estabas a otra cosa.
Ese año hubo 15 muertes por electrocución.
Siete mujeres, cuatro entre los 18 y 45 años.
Solo una estaba casada.
Béatrice de Chauvet.
¿Qué se sabe de ella?
38 años y era publicista.
Electrocutada el 14 de diciembre.
Se le cayó el móvil en la bañera. Lo declararon un accidente.
En 2016 había denunciado a un ex por maltrato
y los dos años siguientes participó de voluntaria
en Mujeres Liberadas, Asociación contra la Violencia de Género.
¿Su marido quién era? El doctor Laurent Lartigue,
psiquiatra, 52 años,
ha escrito muchos artículos para revistas especializadas.
Su área de estudio son la paranoia y los nuevos psicotrópicos.
¿Patricia está bien?
Agotada por vuestro encuentro.
La verdad es que decía unas cosas...
¿Que la quiero matar?
No, no me sorprende.
Voy a saludarla, ¿vale?
No es buena idea.
No te lo iba a decir, pero...
Se ha molestado.
Mejor no contactes con ella en unas semanas.
Necesita calmarse.
Voy a hacerme un café.
Béatrice de Chauvet no se puso el apellido del marido?
No. Béatrice de Chauvet,
¿es de familia rica? ¿Crees que la mató por dinero?
Nadie mata sin razón. Por dinero u otra cosa.
Pues sería por otra cosa.
Viendo el barrio del padre de Béatrice,
los de Chauvet no tienen dinero.
Mira, ven. Tengo las reseñas de su web.
"Este hombre me ha cambiado la vida para siempre".
Y otra: "Un psiquiatra que de verdad sabe escuchar".
Qué suerte. Y te leo otra.
"Lo recomiendo encarecidamente".
No parece tan malo.
Un poco exagerado para estar hablando
de un psiquiatra, ¿no?
Me escama.
Iré a verle. Gracias.
Claire, busca en los contactos el apellido de la tía del bar.
Y tú, Greg, céntrate en la muerte de Béatrice de Chauvet,
¿de acuerdo?
Greg.
Lartigue también fue voluntario en Mujeres Liberadas.
Debió conocerla allí.
Entonces, fue su paciente antes que su mujer.
Eso no es ético.
Me voy.
Sí, ¿inspectora Tancelin?
Dígame, señoría.
¿Cómo va lo de la mujer electrocutada?
Ah, ahora, de repente le interesa.
Un asesinato cometido en las narices de la justicia
cómo no me va a interesar.
Espera, Justine, antes quiero preguntarte una cosa.
¿De verdad piensas que me he acostado con Alain?
Es decir, lo que más quiero en el mundo es que seamos hermanas.
¿Y piensas que me voy a tirar a tu marido? Justine.
Vale.
¿Y lo de la electrocución?
Creemos que la víctima era Béatrice de Chauvet.
Era la mujer de un psiquiatra o un tal doctor Lartigue?
Voy a husmear un poco.
Pero espera, espera.
Teniendo en cuenta el perfil de este tío,
como sepa que lo investigo, la tomará contra la mujer del bar.
No, no. Cambio de táctica.
¿Qué quieres decir con eso?
Hola. Tengo una cita con la jueza Rameau.
- ¿Su nombre? - Doctor Lartigue.
Como le dije por teléfono, buscamos un psiquiatra
con experiencia para una sustitución en el tribunal.
El peritaje psiquiátrico en materia penal
es un campo apasionante.
Vaya, ha dado en el clavo.
Ha publicado numerosos artículos, según leo aquí.
Su consulta abre incluso los fines de semana.
Y creó el teléfono de ayuda del Hospital Universitario
de Estrasburgo.
Verá, me gusta estar ocupado.
Veo también que perdió a su mujer hace tres años.
Lo acompaño en el sentimiento.
Gracias. Qué horror, ¿no?
Que se te caiga el móvil a la bañera estando enchufado a la corriente.
Teniendo una adolescente enganchada todo el día al móvil es...
Perdón. Qué poco tacto.
Si lo prefiere, no toco más el tema.
¿A qué está jugando, señoría? ¿Perdón?
¿Por qué se interesa tanto por mi mujer?
Me intereso por usted, doctor Lartigue.
Por sus antecedentes.
Por su vida.
Oh.
El doctor Lambert, su perito en psiquiatría,
no solo goza de buena salud, sino que, además,
está totalmente disponible.
Será un malentendido.
Seguro.
Bien, pues le pido perdón por haberle hecho perder el tiempo.
¿Es esta su hija?
Yo he preferido no tener hijos.
Me daría terror que les pasara algo.
En fin.
Adiós, señoría. Adiós.
Me pone los pelos de punta.
Sí.
El doctor Lartigue es muy buen psiquiatra.
Tuvimos mucha suerte de contar con él.
¿Aunque infringiera el código deontológico
al casarse con una paciente?
Béatrice era voluntaria.
Sí, pero antes de ser voluntaria, estuvo aquí como paciente.
Y la atendía el doctor Lartigue, ¿no?
Cupido también lanza flechas en las consultas psiquiátricas.
Vaya.
Qué poético, ¿no?
¿Eso se le ocurrió a él o a usted?
¿La conoce?
Sí. Es Patricia.
También estuvo en la asociación.
Un novio maltratador.
Apuesto a que la atendía también el doctor Lartigue.
¿Por qué pregunta por ella?
¿Cómo se apellidaba?
No lo sé, las mujeres que vienen aquí
guardan el anonimato.
Claire, la del bar se llama Patricia.
De acuerdo. ¿Puedes buscar entre sus pacientes?
Sí, voy. Gracias.
Oiga, no lo entiendo.
¿Qué es lo que tienen contra Laurent exactamente?
Sospechamos que mató a Béatrice de Chauvet
y que ahora va a por Patricia.
Y diría que usaba su asociación para dar con sus víctimas.
Eso es imposible.
Laurent jamás habría hecho algo así.
Señora Capelli.
¿Por qué se marchó entonces?
Verá, había rumores, así que Laurent prefirió dejarlo.
Vale.
¿No eran rumores, entonces?
Un monstruo de sangre fría, encantador, pícaro, calculador.
Sabía que lo había citado por un motivo falso.
¿Lo ves capaz de matar a su mujer y de repetir?
Pues no sé qué decir. No podría jurarlo.
Sí, sí, quizá sí.
Sí, estoy de acuerdo. Sigue siempre la misma pauta.
Escoge a sus víctimas entre sus pacientes,
encuentra las más vulnerables, las seduce y, una vez caen,
ya no las suelta. Habrá que empezar de cero.
Exhumar el cadáver de Béatrice de Chauvet,
hacer una nueva autopsia, interrogar a sus allegados,
etcétera. No hay otra, ¿no? No, no. Imposible hacer eso.
El caso está cerrado y no tenemos nada concreto para reabrirlo.
Pues ¿qué hacemos?
Pues no lo sé. Tú busca a la chica del bar.
Convéncela de que lo denuncie
y mientras yo probaré suerte con la familia de Chauvet.
Fase uno: la seducción.
Cautiva a la víctima con halagos.
Fase dos: aislamiento.
Gracias.
Aísla a la víctima de su entorno y la va desvalorizando.
Fase tres: presión.
La presión sobre la víctima es tal que a veces se rebela.
Fase cuatro: la muerte de la relación.
El depredador prefiere antes destruir a su presa que perderla.
Las cuatro fases del control.
Brillante tesis de un estudiante en 1998.
¿Lartigue?
El mismo.
Vaya zumbado.
Vale, a ver.
La tía del bar. Patricia.
Sí, es ella. Patricia Préchin.
Es paciente del doctor Lartigue.
Pues si ha intentado rebelarse,
está en la fase tres.
La cuatro no tardará.
Antes usaba redes sociales y hace dos meses que nada.
¿Alguien ha intentado contactar con ella?
No me coge el teléfono.
Grégory, ve a su casa inmediatamente.
Intenta convencerla de que denuncie. Nos hará falta.
- Muy bien. - Mantenedme informado.
Y sin cagarla, estamos violando el protocolo.
Le confieso que su citación me ha extrañado bastante.
Me imagino.
Le he pedido que venga porque quiero hablar de su hija Béatrice.
Pero si murió hace tres años...
Lo sé. Es sobre su marido,
Laurent Lartigue, de quien quiero hablarle.
¿A usted no le extrañó que se casara con su terapeuta?
Sí, por supuesto.
Pero Laurent se portaba muy bien con Béatrice.
Hasta cuando ella empezó con sus delirios al final.
Un santo. Eso es lo que era.
Señor De Chauvet,
tenemos indicios para pensar que quizá su hija no deliraba.
Puede que su accidente en realidad no lo fuera
y que Lartigue le hiciera algo malo.
¿A pesar de seguir con ella?
¡Si usted la hubiera visto con ella, nunca diría eso!
Por eso quiero abrir diligencias,
pero necesitaría que usted se constituya en parte civil.
¿Contra Laurent? Sí.
Señor De Chauvet,
tiene retenida en estos momentos a otra mujer.
¡No diga tonterías!
¡Otra mujer que corre el mismo peligro que corrió su hija!
Subinspector Kieffer.
¿La señora Préchin?
Es el segundo piso.
- Gracias. - Pero creo que no está.
Ah, ¿no?
¿Viene por el jaleo que hubo anoche?
- ¿Qué jaleo? - Creo que discutió con su pareja.
El doctor Lartigue.
Bien, gracias.
¿La has encontrado?
Al parecer, no está en su casa.
Y anoche discutió con su novio.
Entra al piso, regístralo y avisa si ves algo.
No podemos hacer eso.
Es posible que ya esté muerta. Haz el favor de abrir la puerta.
Yo me responsabilizo, ¿de acuerdo?
Vanessa. ¿Qué?
Es sobre Patricia.
Estuvo en un psiquiátrico hace dos años.
Decía que la perseguían agentes secretos.
No. Dime que no es cierto.
Le diagnosticaron paranoia.
Puede que todo lo que oyeras en el bar no fuese
más que un brote psicótico.
¿La has encontrado?
No veo nada raro en el piso.
Los cajones y el armario están medio vacíos.
Como si hubiera cogido algunas cosas para irse.
Quizás con Lartigue.
Vanessa, déjalo, ¿quieres?
¿Qué decía la fase de la rebeldía?
¿La fase tres? Sí.
Presiona a la víctima tanto que se rebela.
¿Quién le haría caso a una paranoica?
Nadie. Eso es. Nadie.
Escoge a las paranoicas precisamente porque no las creen.
Tiene sentido, ¿no?
Uh... Claro que lo tiene.
¿Qué es eso?
Una nueva medicación, para que dejes de decir tonterías.
Yo no digo tonterías.
Claro que sí. Pobrecita.
Has sufrido un brote.
Imaginas cosas.
Como lo que le contaste ayer a Alexis.
Quiero volver a casa.
¿Quieres dejarme?
¿Y cómo ibas a vivir sin mí?
¿Tú te has visto?
Mira cómo estás.
Yo te quiero, Patricia,
pero tienes que dejar que te ayude.
Toma.
Tranquila, tranquila.
Oye, ¿de verdad ha dicho eso,
que estoy en un cursillo?
Sí, ya sabes que miente fatal. Ya.
¿Y lo de la amante qué?
¿Es la crisis de los 40 o ya no quieres a mamá?
Oye, ¿qué forma de hablarme es esa?
¿Quién te lo ha contado?
No era difícil de adivinar.
Claro.
Verás, es complicado, por decirlo de alguna manera.
Si entre adultos, como lo es tu madre,
me cuesta hablar del tema este,
imagina hablarlo contigo.
¿Estás enamorado aún?
¿Le has preguntado eso a ella,
si sigue enamorada de mí?
No sé, papá.
Podríais meditar todo esto los dos juntos.
Sí.
Eso no estaría mal.
Eso es lo que haremos.
Meditaremos sobre ello.
¿Tú cómo estás? Pues bien.
Yo, bien. Tranquila.
Te quiero, papá.
Anda, qué casualidad. Yo también te quiero.
Venga, vas a llegar tarde.
Adiós. Adiós, tesoro.
¡Oh, Dios!
Para hacer esto, no hagas nada.
Perdona, pero a las mujeres con paranoia
también pueden asesinarlas.
Sí, y también pueden morir de un accidente doméstico.
¿Me ayudas?
Patricia Préchin y Béatrice de Chauvet.
Misma pauta.
El tipo escoge mujeres frágiles, las manipula y si se rebelan,
se las carga. Lo siento. No puede ser coincidencia.
No lo tires. Es bonito.
Es de Alain y no quiero que ese cabrón lo recupere.
¿Ese qué?
¿Sabes que te queda guay hablar mal?
Deberías hacerlo más a menudo.
Venga, por favor.
¿Cómo ayudamos a Patricia? No lo sé.
La asociación Mujeres Liberadas no vio nada.
Y el señor De Chauvet no quiere denunciar.
No hay marco jurídico. Venga.
Tengo una idea.
Prefiero que no me la digas.
Hola.
Hola, cariño.
¿Qué hacéis aquí a oscuras?
Vanessa, ¿no ibas a ocuparte tú?
Sí.
Gracias por el cruasán.
De nada.
Ten.
- ¿Qué es esto? - Lee.
"Quiero denunciar gritos procedentes
de casa del señor Lartigue.
Una mujer no paraba de suplicarle que parara.
Le sugiero que vayan a inspeccionar lo antes posible
la casa de este señor."
Es de Vanessa.
¿Puedes demostrarlo?
Sí. Por poder, podría.
La cuestión es si quiero o no quiero hacerlo.
A mí me basta para abrir el caso.
Y Justine ha autorizado registrar la casa de Lartigue.
Bueno, pues nada, a la antigua.
Me lo encuentro ya todo hecho y sin protocolo.
Pero en fin, así lo haremos.
Sabes que podrías dormir en mi casa.
Sí, lo sé.
Lo sé, lo sé.
Pero no quiero. Ahora tengo la cabeza hecha un lío.
Necesito estar solo.
Vale.
¿Patricia Préchin?
¡Greg, aquí está!
¿Patricia?
¿Quién eres? Soy la inspectora Tancelin.
Tenemos que hablar. ¿Por qué?
Es por el doctor Lartigue.
No tengo nada que decir.
Sé que temes que te haga daño, pero venimos a ayudarte.
Ya me ayuda Laurent.
¿Cuánto llevas sin ver a tus amistades?
Nunca me llama nadie. No tengo amigos.
Pero Laurent siempre está ahí.
Seguro que eso lo ha dicho él.
Te ha hecho enfermar. Date cuenta.
- No. - Y te va a matar, Patricia.
Lo dijiste tú misma.
Yo estaba en el bar anteayer y te escuché.
Dejadme. Estoy muy cansada.
No, Patricia, no podemos dejarte.
No es fácil estar con alguien enfermo.
Laurent se ha desvivido por mí.
¿Seguro que no es lo contrario
y la mantiene en este estado para controlarla?
Mi cliente dice que no pasa nada.
Nunca había amado tanto a alguien.
Y él siente lo mismo a pesar de que yo sea una carga
para él por mi enfermedad.
Eso se lo ha hecho creer él.
Esto es ridículo. No entiendo qué hacemos aquí.
¿A quién defiende usted? ¿A su clienta o al señor Lartigue?
Que nos ha impuesto su presencia.
Señora Préchin,
¿su pareja le dijo que había matado a su primera mujer?
Lo afirmó usted misma anteayer.
¿Eso se lo ha contado Alexis?
No lo dije en serio.
Lo dije porque estaba enfadada.
Tenemos la sospecha de que la está drogando y aislando.
Necesitamos que reaccione.
No difame al señor Lartigue.
Si usted no hace nada, tememos que pueda pasarle algo.
Está intentando influenciar a mi cliente,
que ya está bastante frágil.
Denúncielo.
Nosotros la protegeremos.
Muy bien.
Hay que joderse.
¿Qué pasa?
Era la jueza.
La señora Préchin no va a denunciar.
Ha vuelto a casa de Lartigue.
No lo entiendo.
¿Primero sale con un maltratador y ahora con un manipulador o qué?
¿Has echado una rana a hervir?
¿El qué?
Que si alguna vez has echado una rana a hervir.
Al tocar el agua hirviendo, salta inmediatamente,
pero si la metes en agua fría y, poco a poco,
aumentas la temperatura, muere sin reaccionar.
Es imposible ayudar a alguien que no se deja.
Sí.
Lo sé.
Podemos hablar un momento, ¿por favor?
Mira, Justine, creo que nuestra historia
vale algo más que una maleta en la puerta.
Entiendo que estés cabreada.
Entiendo que te sientas traicionada.
Entiendo que... Que te he hecho daño.
Y lo siento muchísimo.
Pero lo veas o no, yo también estoy mal.
Por ser tan imbécil de creer que encontraría
la solución a nuestros problemas en brazos de otra.
Pero para mí lo importante es que... te quiero.
Siempre te he querido.
Y no sé cómo estarás tú, pero ahora lo único que deberíamos preguntarnos
es si este amor todavía nos hace...
felices el uno al otro o ya no.
¿Quién es?
Justine, ¿tanto te importa?
Sí, me importa.
¿Quién es?
Es Elodie.
¿Qué más da?
¿Elodie? ¿La...
¿La fiscal? ¿Qué más da?
Me das asco.
Eres justo igual que mi padre.
¿Sabes si le falta mucho rato?
Hasta que se encienda.
Tengo una pregunta.
La escucho.
Es por curiosidad. ¿Qué?
Si quisiera matar a alguien,
como murió el cantante Claude François,
¿bastaría con que se le cayera al agua un móvil enchufado a la luz?
¿Perdón? Soy poli.
Ah. Pues la verdad, es poco probable.
Las resistencias de los baños son muy sensibles.
Para ello habría que cambiar el diferencial del cuadro eléctrico.
Entonces, en ese caso, ¿sería... un asesinato?
Sería intencionado, sí.
¿Sabe? Casi le besaría.
Sí, casi.
Oh, vaya.
¿Sí? Sí. Claire, perdona.
¿Me podrías localizar dónde vivía Béatrice de Chauvet cuando murió
y con qué modelo de móvil se electrocutó, por favor?
Sí, lo miro.
Toma.
¿Es el modelo que tenía Béatrice de Chauvet?
Claro. ¿Por quién me tomas?
Desde que vive aquí, ¿usted ha renovado el sistema eléctrico?
No, no. Ya estaba todo en orden.
¿En el baño también? Sí, así es.
Bueno...
Si saltan los plomos,
accidente.
Y si no saltan,
asesinato.
La hora de la verdad.
Asesinato.
Se ha reabierto
el caso de la muerte de la señora De Chauvet.
Es sospechoso de asesinato.
Tenemos pruebas de que su mujer no murió accidentalmente.
Se acabó, señor Lartigue.
¿Qué es eso?
Tres testigos le confirmarán que la señora De Chauvet
llevaba dos intentos de suicidio antes de lograrlo al fin
en su cuarto de baño.
En parte, tiene razón.
Mi esposa no murió accidentalmente,
se suicidó.
He llamado a los de la lista de Lartigue.
En un hotel de Ostende han confirmado que intentó
suicidarse con medicamentos y alcohol y un viandante impidió
que se tirara de un puente.
De acuerdo.
Pero hay algo que me chirría.
El cuadro eléctrico manipulado.
¿Y si lo hizo él mismo? Claro que lo hizo él.
Mató a Béatrice y matará a Patricia si no lo evitamos.
Podríamos acusarlo de suicidio forzado.
Se alega cuando alguien le hace la vida tan insoportable
a otro que este se suicida.
Pero...
Pero...
Bueno, el control psicológico es muy difícil de demostrar.
Y nos llevaría tanto tiempo que no llegaríamos
para salvar a Patricia. ¿Y qué hacemos?
Lo importante es protegerla, ¿no?
Sin duda. Nos centraremos en eso, ¿entendido?
Lo del amigo del bar. ¿Se puede sacar algo de ahí?
No tenemos su descripción. No sabemos quién es.
Ah, sí. Dijo un nombre en su declaración.
Me habló de Alexis.
Bueno, eso es un avance. Vale, escucha.
Encuéntralo y oblígale a testificar, ¿de acuerdo?
Yo daré orden de protección.
Gracias, Justine.
Verá, Alexis, me gustaría contarle una historia.
La historia de una mujer que padece de paranoia,
decide pedir ayuda
y el doctor Lartigue se convierte en su psiquiatra.
Le brinda su confianza y se enamora de él.
Pero un día empieza a aislarse del mundo.
Se encuentra cada vez peor hasta que finalmente decide dejarle.
En ese instante,
el doctor Lartigue tiene una idea:
cambiar el fármaco.
Le administra Hidroxicina.
Y la hidroxicina es algo muy, muy potente.
Y más sufriendo paranoia.
¿Sabe de quién hablo?
Sí.
¿Puede darle la vuelta a la foto, por favor?
Esta no es Patricia.
Esta mujer se llama Béatrice de Chauvet.
Fue incitada al suicidio.
Está muerta.
¿Entiende el problema con su amiga de la infancia?
Sí.
Necesitamos que nos ayude, Alexis.
No permitamos que Patricia acabe como ella.
¿Qué tengo que hacer?
¿Patricia?
¡Señora Préchin, traemos una orden de protección!
Patricia.
¡Patricia, despierta!
¡Patricia!
No. Aún respira. Patricia, reacciona.
Patricia.
Emergencias.
Policía. Necesito una ambulancia urgente en el 18
de la calle Kajnet, Estrasburgo.
¿La causa? Sobredosis de fármacos.
- Van hacia allá. - Señora Préchin. Eh.
¿Sí?
¿Querías verme?
¿Novedades con el caso del psiquiatra?
Había llegado a pensar que Vanessa era la amante de Alain.
¿Te imaginas?
Qué horror, ¿no?
Mi propia hermana acostándose con mi marido.
Sí, claro.
Pero tú no has dudado.
Fue un error.
Aun así, se acabó. Quiere vivir contigo.
Quédatelo. Yo no lo quiero.
Como no nos queda otra que trabajar juntas,
habrá que llevarlo lo mejor posible, ¿eh?
Justine, yo...
Cierra la puerta al salir.
Genial. Gracias.
Greg, ¿qué pasa?
Escucha.
No tenemos claro que haya intentado suicidarse.
Y lo de la carta falsa no me gusta.
Greg, tenemos que hacerlo.
La única forma de pillar a Lartigue
es hacer que confiese lo de Béatrice.
No veo ninguna otra solución.
Pero si a ti se te ocurre otra, soy toda oídos.
Si tú no quieres, pido ayuda a Claire.
No. No, lo haré yo.
Gracias.
Hola, señor Lartigue.
Tenía muchísimas ganas de conocerle.
Lo mismo digo.
¿No quiere saber cómo está Patricia?
¿Cómo se encuentra?
Ya que lo pregunta, le daré una respuesta.
Sigue viva, por ahora.
Sobredosis medicamentosa.
La pesadilla de todo psiquiatra.
Y la de todas las mujeres con la desgracia
de cruzarse con usted, ¿no?
¿Sabe? No me gusta lo que está insinuando.
Yo no insinúo nada.
Solo pregunto.
¿Incitaba usted a Béatrice de Chauvet
y a Patricia Préchin al suicidio?
¿Mi cliente se preocupa por su pareja
y usted lo trata de asesino?
Yo no he incitado a nadie al suicidio.
Tiene razón. Perdone. Me he expresado mal. Lo reformulo.
¿Intentó usted asesinar a Patricia Préchin
como ya asesinó a Béatrice de Chauvet
incitándola al suicidio?
Tiempo muerto.
La carta de suicidio de la señora Préchin
ya está en Grafología. Perfecto. Da el aviso a la jueza.
Bien. Gracias, Greg.
Disculpen. ¿Por dónde íbamos? Eh...
Asesinato.
No seguiré hablando.
No responderé a más preguntas.
Pues espero que cambie de opinión con la jueza.
Adiós, señor Lartigue.
Letrado. Adiós.
Vamos.
No funcionará.
Él alegará vicio de forma
y que hemos mentido con la carta de suicidio.
¿Quién ha dicho nada de la carta?
Solamente han oído una conversación que no iba con ellos.
No hay que ser cotillas. Está feo.
Piensa que ha provocado el suicidio de Patricia
y ahora dará algún paso en falso.
Vale.
¿Qué?
Pues que antes sembrabas el caos tú solita y ahora lo haces
con tu hermana, ¿no?
Las Terror Sisters.
Voy a por café.
No ha sido mi mejor broma, ¿a que no?
¿Su abogado le ha explicado
el concepto de inducción al suicidio?
Lo ha hecho.
Pues conlleva tres años de cárcel y 45.000 euros de sanción.
Dos inducciones al suicidio
ya suponen premeditación.
Lo cual, de demostrarse, conllevaría cadena perpetua.
Señoría, me gustaría confesarle una cosa.
Mi mujer no se suicidó.
Siga. Le escucho.
Habíamos discutido.
Se estaba bañando, absorta con su teléfono,
como de costumbre.
Yo estaba hablándole.
Quise quitarle el móvil y se me cayó al agua.
Sería homicidio involuntario.
Y si fue involuntario,
¿por qué no saltó el sistema eléctrico?
Días antes de su muerte, arreglé el cuadro eléctrico
porque saltaba el diferencial.
¿Sabe que no le creo?
¿Puede demostrar que mi cliente no dice la verdad?
Se lo aseguro. Fue un accidente.
Me asusté.
Me marché. Fui a mi despacho.
Le conté todo a mi secretaria y accedió a encubrirme.
La secretaria corroborará su declaración.
Ya que mi cliente reconoce haber matado accidentalmente a su esposa,
le resultará difícil acusarlo de inducción al suicidio
contra la señora Préchin.
Y por homicidio involuntario
solo se arriesga a tres años de cárcel.
Exacto.
Me gustaría leer la...
carta de suicidio que ha dejado Patricia.
¿Qué carta?
La señora Préchin no ha dejado ninguna carta de suicidio.
Ella no ha intentado suicidarse.
Pero...
Ah, no, si yo nunca he dicho nada de la señora Préchin.
Que su cliente se arriesgue a una pena menor por librarse
de una mayor es su especialidad.
Muy bien, letrado.
Le agradezco que haya hecho que su cliente reconozca
su responsabilidad en la muerte de la señora De Chauvet.
Tendré que ponerlo en prisión preventiva.
Será muy buena noticia para la señora Préchin.
- ¿Estás bien? - Sí.
¿Un poco mejor?
Me duele un poco la cabeza, pero sí.
- Lamento no haberte creído. - No, no es culpa tuya.
Nos tenía a todos manipulados.
Y yo no sé cómo he sido tan tonta de volver a caer
- en la misma situación. - No, no tienes la culpa
- del comportamiento de ese tío. - O sí.
No.
¿Podrás confiar en otro profesional?
No lo sé.
Tendré que hacerlo. Qué remedio.
En mí sabes que puedes.
¿Sí?
- ¿Se puede? - Sí, claro, Grégory, adelante.
¿Todo bien?
Sí. ¿Y tú?
Sí.
¿Algún problema?
Quiero que me traslades a Nancy.
¿Qué dices?
¿Por qué?
Por estar más cerca de mi hija. ¿Entiendes?
Ya. Sí, sí, lo entiendo.
Joder. Está visto que hoy
me han tocado todas las malas noticias.
Oye, ¿seguro que esto es por tu hija?
¿No quieres pensártelo? ¿Eh?
- Sí. - Y así me lo pienso yo.
- Vale. - ¿Vale?
No sé qué pensarás tú, pero se podría decir que el día
ha acabado bien, ¿no? ¿Por qué?
Ha habido dos buenas noticias en el mismo día.
¿O no?
La primera, la de que Patricia Préchin
se ha librado de las garras de Lartigue.
Y la segunda, que ese cabrón pasará años entre rejas.
Solo espero que su condena provoque su expulsión inmediata
del Colegio de Médicos.
Bueno, qué menos que eso, ¿no?
Justine, me da la impresión de que...
tu hermana y tú vais a acabar convirtiéndoos en gemelas.
Me parece a mí que estáis bastante mejor.
En fin, me alegro mucho,
pero me gustaría pedirte un favor, si no te importa,
que la próxima vez,
cuando os dé por abrir una investigación a ti y a Vanessa
sin que medie una denuncia, tengáis la consideración de avisarme.
Primero, fue Vanessa quien abrió la investigación sin denuncia.
Y segundo, creí que te lo había dicho.
Y tercero, adivina si ella lo hizo.
Alain, voy a colgar.
Sí, sí, sí, sí, sí.
Sí, mejor.
Mejor colgamos.
En fin, ¿qué tal? ¿Todo bien?
Yo muy bien también, sí.
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