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Original subtitles

Soy yo, Carlo. Escucha.

- Temo que Evelyn nos dejó. - ¿Qué rayos significa eso, doctor?

Tuvo un infarto. Eso significa.

Ven. Ayúdame a llevarla a su casa.

Qué desastre. ¿Por qué a su casa?

Escucha. Quiero que vengas de inmediato.

Al encontrarla aquí, dirán que fue una muerte natural.

Ojalá.

Vámonos.

DESNÚDATE PARA QUIEN TE ASESINA

¡No! ¡No!

- Carlo, ¿crees que sea real? - ¿Quién sabe?

Es la modelo que he estado buscando.

Si necesitas ayuda, no olvides a tus amigos, ¿eh?

- Sí, haríamos cualquier cosa por ti. - ¿Adónde va Carlo?

_—- Creí que íbamos a jugar. - El busca un juego a lo grande.

Señorita.

Sonría para la prensa, por favor.

Hacía mucho tiempo que no veía un rostro así.

Fantástico. Fabuloso. Perfecto.

¿Qué tal si probamos con otro ángulo para variar?

Caray, se nota su talento natural.

Hola, Carlo.

- Estoy trabajando. - Nos íbamos a ver ahora.

- Te llamo a las 7:30. - ¿Y nuestra cita?

Lo siento, cariño. Estoy trabajando.

Te esperaré aquí.

- Aquí está su jugo de toronja. - Gracias.

- ¿Qué le sirvo, señor? - Nada, gracias.

- Nunca mientras trabajo. - Claro.

Me pone nerviosa. Guárdela.

La naturaleza me parece fascinante.

Creo que su concepto de la naturaleza es una revista solo para hombres.

Quédese quieta, por favor. SÍ. Eso es.

Quíteme las manos de encima.

Señorita, tiene un perfil hermoso.

Ud. no tiene nada que esconder.

Gracias por la información, señor.

Será mejor que deje de hacer eso.

Muy bien.

No sabe lo que se pierde.

¿Qué?

Las chicas hacen cualquier cosa para que las fotografíe.

¿Sí? Yo no.

Supongo que se habrá topado con Harper's Bazaar, Vogue, Elle.

¿Y qué?

Son las revistas de moda más importantes y trabajo para ellas.

¿Y cree que puedo ser modelo de Vogue?

Sí. Estoy seguro.

- ¿En serio? - Será mejor que eche un vistazo.

SÍ. Veamos.

Primero tendrás que bajar un poco esa panza, linda.

SÍ.

Escucha, quiero llevarte a un lugar. Ven.

- ¿Qué lugar? - La sauna. Justo lo que necesitas.

Es sano.

Además, te ayudará a bajar esos centímetros.

Oye, mueve esa cosita, ¿quieres?

- ¿Qué haces? - Querida.

Me estoy deshaciendo de estos estorbos tontos.

No sirven para nada. Es más, hacen más mal que bien.

La piel debe tener aire. Deja que los poros respiren.

¿Ves? Qué par de poros.

- Ahora-- - ¿Estás loco?

- ¿Y si alguien entra? - ¿Qué te importa?

- Podría vernos. - Podría ser el inicio de tu carrera.

Si supieras cuántas de las modelos más famosas...

empezaron así, como tú--

- ¿En serio? - SÍ. Bien.

Eso es. Recuéstate.

- ¿Cómo quieres que me ponga? - No importa.

Sea como sea, será hermoso.

Pero qué-- Bien.

Muy bien. Vuélvete hacia mí.

Así está bien.

Perfecto. No mires.

- ¿Por qué? - Digo, no mires la cámara.

Así está bien.

- SÍ. Maravilloso. - ¿Por qué no hace clic?

¿No hace clic?

No hace clic. Tienes razón. Caray, no lo sé.

El obturador debe haberse averiado. Qué raro.

Y ahora, ¿qué?

No lo sé. Pues, supongo que podríamos--

Oye, se me ocurre una idea.

Ya que hace tanto calor, creo que me pondré otra cosa.

Oye, estás muy loco, ¿verdad?

Ay, no. Es que es hora de la entrevista a fondo.

Carlo.

- Llevo esperando media hora. - Largo. ¿No ves que estoy ocupado?

¡Vete al diablo!

- Veamos. ¿Dónde estaba? - Ahí.

Ah, sí, ya me acordé.

- Franco, ven un momento, ¿sí? - Claro, Magda.

No lo necesito para el ensayo de hoy...

pero durante la sesión de mañana, ¿me harías un favor?

- Ponle un poco más de sombra. - Claro.

Y minimiza este reflejo debajo de los pómulos.

Quiero que la chica luzca genial.

No debe lucir muy severa para este producto.

- ¿De acuerdo? - SÍ. Está bien.

No lo olvides.

Bien, Franco, te lo encargo.

Muy bien, detengan la imprenta.

Señoras y señores, vean a la modelo nueva para la sesión de mañana.

Ábrelo. Presúmelo, cariño. Eso.

Ella es Lucía.

¿Otra vez haces de las tuyas?

Muy linda, ¿verdad, Magda?

Patrizia es la modelo de la sesión fotográfica de mañana.

Puedes pagarle sus servicios prestados.

¿De qué rebuzna?

- Yo me encargo. - No te metas.

Si quieres ser una gran fotógrafa...

debes elegir modelos con la cabeza; ignora al corazón.

Y nunca hables de la decisión de un colega, ¿de acuerdo?

Y dejando de lado las bromas, échale un vistazo. Anda.

Es mercancía de primera clase. Mírala.

Sí, pero ¿cómo fotografiaremos todo eso?

- Necesitamos una pantalla Cinerama. - ¿Qué es todo esto?

Calma. Calma, cariño. Déjamelo a mí.

Mario, ¿puedes fotografiar a Patrizia hoy?

- Lo que tú digas. - Compórtate, ¿quieres?

Tiene un gran potencial.

- ¿Quién es? - Yo la descubrí.

- ¿Crees que nos sirva, Gisella? - SÍ. Podría ser.

Espera a que la veas desnuda. Tiene un cuerpo sensacional.

Deberíamos hablarlo. Ven a mi oficina, ¿quieres?

- ¿Y bien? - A la oficina.

Andando, señorita. Es hora de trabajar.

Se entretendrá con Gisella.

Al diablo con todos Uds. Anda.

La nueva es linda.

¿Crees que sea fácil?

Pregúntale a tu esposa, cretino.

Perfecto.

No muevas ni un músculo.

Mira hacia acá.

Mírame. No, no.

Mírame. Eso es.

¿Listo?

¡Camarero!

No, por favor, Maurizio, no tiene caso pedir otra botella.

No puedo llegar tarde mañana ni quiero.

Lo siento.

Patrizia, la noche apenas comienza.

Hicimos un trato. Si quieres quedarte, quédate.

- Pero pídeme un taxi, por favor. - Vamos.

Por favor. No me vas a dejar aquí solo, ¿verdad?

Lo siento, pero tengo trabajo mañana.

Es mi primera sesión importante.

Tu esposa exige mucho y tiene razón. Tengo que llegar descansada y en forma.

SÍ.

- Anda. Otra media hora. - Lo siento, Maurizio.

- Entonces, ¿cuándo? - Lo intentaremos el lunes.

Deme la cuenta, ¿quiere?

- ¿Y bien? - La cuenta. La cuenta.

¿Sabes? No eres muy amable conmigo.

Yo puedo hacer que tu carrera avance.

- Qué raro. - SÍ, pues--

Es lo mismo que me dijo tu esposa esta mañana.

Hola. ¿Qué haces aquí?

¿Qué? ¿Se te ofrecía algo o...?

Un segundo, Cecil Beaton.

Vaya, vaya.

¿Y si me usas como modelo?

Mírame, Carlo. ¿Qué te parece? ¿Me hace falta algo?

Vuélvete.

Tienes potencial.

Y no creo que nada te falte.

Pero sería una tontería arruinar tu carrera siendo modelo.

Tienes un buen futuro como fotógrafa. Lo sabes.

Y las modelos se acaban en un par de años.

Tres, cuatro cuando mucho.

Además, debes saber lo que te espera.

Por lo menos merezco una prueba.

Ay, sí.

Después de ti, princesa.

Linda, eres hermosa, la mejor, estupenda.

Basta. Me mareas.

Qué novedad.

La novedad es que me gustaría volver a empezar.

Linda, eso es mucho decir.

Ahí escondes tu auto, ¿eh?

- Qué bien lo estacionaste. - Qué entrometido eres.

Cállate y dame las llaves, ¿quieres?

Toma.

Cariño, luces de maravilla.

De maravilla. No sabía que andabas en moto.

Pues, adelante, adelante.

Si quieres tomar algo, sírvete.

Estás en tu casa.

Traje la foto que me pediste.

Bien, veamos.

Sí. Aquí está.

No sé para qué la quieres, pero como me la pediste--

Es una foto del grupo en el estudio.

Estamos todos. Yo, que luzco horrible...

Magda, Carlo, Gisella, Maurizio y esa pobre chica--

¿Cómo se llama? Estaba embarazada. Ah, sí.

Evelyn. Pobrecita.

¿Crees que eso es chistoso? ¿Qué haces?

Derramas mi whisky.

No. No.

¿Qué haces? ¿Para qué es esa navaja?

¡No! ¡No!

¡No! ¡No!

Por favor, deja eso. ¡No!

¿Qué te hice? ¡No, por favor!

¿Mario?

¿Ya terminaron?

Con el cuerpo, sí, señor.

- Entonces, pueden llevárselo. - Bien.

- Pueden llevárselo. - Sí, señor.

La testigo está aquí, señor.

Llegó esta mañana. ¿Qué vio?

Soy modelo de una agencia de fotografía.

Hoy iba a ser mi primera sesión importante...

e iba a posar para él.

Esta mañana.

Y me pidió que viniera a recogerlo.

¿Eran muy buenos amigos Mario Ferreri y Ud.?

No. Era una relación profesional.

Pero en nuestra industria...

sabemos muy rápido quién nos agrada y quién nos desagrada.

¿Y nunca había venido a esta casa?

No. Ni una vez.

Él iba a bajar. No estaba abajo y le pregunté al portero.

Yo tenía prisa. Tenía el auto en doble fila.

Entré porque nadie me contestó.

No estoy segura de qué hice después.

Sé que grité...

y seguramente me desmayé.

- Anda. Sube esa pierna. Eso es. - Bien.

Trae a Rino. Que limpie la base.

Doris, sé natural. No te pongas tiesa.

Abre un poco el abrigo. ¿Tengo que decírtelo todo?

Stefano, relájate, por favor.

Parece que tienes metido un poste.

Eso es. Relájate.

Magda, dame luz, ¿sí?

- Quizá tome una foto hoy. - ¿Qué le pasa?

- No lo sé. Está más loco que nunca. - Sube la luz.

No, a la izquierda.

Al a izquierda. Ay, no.

Cielos, es como si tu mascota hubiera muerto.

Traes un abrigo de miles de dólares.

No es de plástico. Es cálido, suave. Transmítelo.

- Y, Doris, lo mismo. - Pero, Carlo--

Es un abrigo fabuloso. Haz que el comprador quiera venirse.

- ¿Venirse? - Sí, como si te revolcaras con Stefano.

- Carlo, te buscas una paliza. - Basta.

- Deja de hablar así. - ¿Quién se cree?

Magda, no quiero que los bañes con luz.

No entiendes nada.

¿Por qué no les pones una bandera? Así parecerán cadáveres.

Me harté. Si crees que eres chistoso, estás equivocado.

- Es maravilloso, ¿no? - Ya me harté.

- Como si te hubiera visto seis meses. - Dame la bata.

Bien, chicos. Bien, tienen razón.

Nos vendrá bien un descanso.

Les pido perdón humildemente, ¿de acuerdo?

- Lo siento, Doris. En serio. - Claro. Olvídalo.

- Nada funciona hoy. - Olvídalo, Carlo.

En serio, Stefano. Lo intentaremos esta tarde.

- Sí. Claro. - Bien.

- Voy a salir por café. - ¿SÍ?

Que le pongan leche. O salitre.

Quizá lo haga. Vamos.

Pruébalo. Podría hacerte bien.

- Gracias, inspector. - De nada.

El pobre Mario trabajó para mí estos dos años y medio...

como fotógrafo asistente.

Y como fotógrafo principal en las sesiones menores.

¿Quién está generalmente en el estudio?

Pues, esto parece una estación de metro.

Para ciertas sesiones, llamo a otros fotógrafos.

Y hay muchísimo movimiento de modelos de ambos sexos.

Sin embargo, Mario Ferreri era asalariado, ¿o no?

Asalariado, no. Resulta que solo trabajaba aquí.

Igual que Carlo Bianchi y Magda Contini.

Pero no tenemos contratos fijos con ninguno.

El tal Mario, ¿no hay nada que Ud. pueda decirme de su...?

Bueno, un poco más--

Quisiera saber si algún hombre o mujer que Ud. conozca...

tenía una relación íntima con él.

Sé que entiende a lo que voy.

Cuando mis empleados salen del estudio, hacen lo que quieren.

No sé nada de sus vidas privadas.

La patrona ideal. Es admirable.

Pero no es la testigo ideal de la policía.

¿No puede decirme nada de él ni dos años y medio después?

No me gusta hablar mal de la gente ni contar chismes.

Supongo que puedo decirle algo.

Mario parecía no estar interesado en las mujeres.

- ¿Era homosexual? - No le dije eso.

Dije que me parecía que no le interesaba el sexo opuesto.

Muchas chicas entran por estas puertas, inspector.

Me parece un poco raro que nunca se le insinuara a ninguna.

No sé si haya habido algo más concreto...

o si él haya tenido amigos.

Y, francamente, ¿no es su trabajo averiguar estas cosas, inspector?

Sí, claro.

Pues, gracias por su ayuda. Le daré seguimiento.

Y le doy mi palabra de que la molestaré lo menos posible.

Adiós.

Algo más.

De casualidad, ¿oyó mencionar a Giulio Castelli?

No. ¿Es modelo? O quizá está en otra agencia.

No, no es modelo.

Era médico y lo asesinaron hace más de un mes.

Lo abrieron como a Mario Ferreri.

Buenas noches, Sra. Mayer.

Buenas noches. Buenas noches.

Zorra, te encanta, ¿verdad?

¿Estás loca?

¿Por qué hiciste esto?

Eres una puta barata.

¿Por qué soy puta? ¿Quieres decírmelo?

Vamos, enloqueciste. ¿Qué hice?

¿Qué hay entre Carlo y tú?

¿Cuánto hace que lo conoces? Te acuestas con él.

Sí, somos grandes amigos.

Prometió encontrarme trabajo, contigo, obviamente.

Ya veo. Y solamente son amigos, ¿correcto?

Jovencita, si ves a Carlo una vez más, se acabó.

Eso no es asunto tuyo. ¿Crees que te pertenezco o qué?

Quiero ser modelo, no una mantenida ni una esclava.

Tengo una cena de negocios. Ya me voy.

Y tu trabajo es esperarme aquí. No te muevas.

Hablaremos de tu carrera cuando regrese.

Y no contestes el teléfono.

Lo que Ud. diga, patrona.

Recuerda lo que te dije de Carlo.

No te le acerques, por tu bien.

SÍ. Pues, si me das un trabajo, puedo hacer lo que tú quieras.

Si no, tendrás que arreglártelas sin mí.

Qué lista. Un poco de chantaje, ¿no?

Que no se te ocurran ideas en esa cabeza hueca, linda.

- Podrías lamentario. - Claro.

Y sé que lo que vayas a hacer por mí, lo harás por pura amistad.

¿Verdad?

Ya te lo advertí.

Gisella, ¿eres tú?

¿Gisella?

Buenos días.

Llegaste un poco tarde, ¿no?

Buenos días.

¿Cuánta azúcar quieres?

Solo una, gracias.

Y un poco de leche.

- ¿Un poco de qué? - Leche.

Qué bárbaro. No arruines un buen café así.

- ¿En verdad la quieres? - Claro que sí.

- ¿Fría? - Correcto.

Helada.

- No tengo. - Como es la primera vez, te perdono.

Pero la próxima vez, no quiero tener que recordártelo.

La leche te hace bien.

Activa tus glóbulos después de una noche agotadora.

Podría estar en la puerta.

Eso espero.

Deprisa, linda. El café se va a enfriar.

¿Para qué es eso?

Para que la sangre me vuelva a la cabeza.

Saca las piedras primero.

En fin, el café está servido, amo.

Pero recuerda una cosa: esto solo es por hay.

No te acostumbres, ¿eh?

Me sé el viejo truco.

La primera vez nos tratan como reyes.

El café y el periódico en la cama.

Después de un tiempo, nos echan los platos a la cara.

Cállate. Tienes que tomarte el café.

Es maravilloso, linda. Gracias.

Lo arruinaste con la leche. No sé cómo puedes beberlo.

Es mejor. Al ponerle leche, las moléculas se agrandan. Es Física.

Qué tontería que te explique. No entiendes nada.

No tengo que ser Einstein para saber si una taza de café es buena o no.

La leche y el café son como el agua y el vino.

Los dos se arruinan. Es la verdad.

ASPIRANTE A MODELO ASESINADA HALLADA DESNUDA Y MUTILADA

¿Ves esto? Mira.

Es Lucía.

La mataron como a Mario.

Ay, Dios. No puedo creerlo, Carlo.

Oye, espera un momento.

¿De dónde la conoces?

¿Qué?

Tú la llevaste al estudio.

Escucha.

No empieces a hacer preguntas tontas.

Todo esto ya es muy complicado.

Esa chica llegó sola ese día...

y a Gisella le gustó su cara.

La fotografié, pero no la conocía.

Nunca la había visto. Espero que entiendas.

- SÍ. - ¿Quedó claro?

SÍ. No tienes que estrangularme.

Lo siento. Lo siento, linda.

"La hallaron en el portaequipajes de su auto con un arete en la mano.

Y es la única pista que anunció la policía".

Oye, mira esto, Carlo.

¿Note parece familiar ese arete?

No. No significa nada para mí.

Apenas se ve.

Carlo, tengo un presentimiento extraño.

Juro que he visto ese arete.

Sr. Bianchi, confirma que nunca había visto a la víctima, Lucía Cerrazini...

antes de que ella llegara al estudio hace dos días.

¿Correcto?

Sí, no antes de que llegara al estudio.

Obviamente, no la conocía.

No, no la conocía. No.

Sin embargo, el portero dice que los vio llegar juntos.

¿Puede explicar eso?

¿Explicarlo? Sí, claro. Tiene toda la razón.

Ella estaba parada en la entrada.

Supuse que buscaba el estudio...

y entré con ella.

Estaba aquí cuando llegué.

No la llamé, no la mandé llamar ni envié a nadie por ella.

Supuse que alguien más la había traído.

Quizá Mario.

SÍ.

Mario Ferreri.

Qué pena que a Mario Ferreri lo asesinaron...

y no puede confirmar ese detalle.

Su testimonio sería muy valioso.

Y los muertos no hablan, ¿verdad?

¿Podría decirnos dónde estuvo ayer al atardecer?

Aquí, trabajando.

Como a las 8:00 salí a una cena de negocios en Fourrier's.

El camarero puede confirmarlo.

Entonces...

supongo...

que no pudo haber visto a Lucía Cerrazini anoche, ¿correcto?

Mire. Le conté todo lo que pude desenterrar.

ES lo único que sé. Por favor, entienda.

Estoy muy retrasada por todo esto y no puedo perder más tiempo.

¿Hay alguna otra pregunta que quiera que responda, señor?

Me da la impresión de que olvidó que investigo dos homicidios...

y que las dos víctimas están relacionadas con su estudio.

Un segundo, inspector. A mí no me parece cierto.

Vi a la tal Lucía solo una vez.

- No significa nada. - Solo una vez. Cierto.

Pero fue lo suficiente para que la asesinaran.

Son demasiadas coincidencias y demasiados cadáveres.

En todo caso, dicen que le ofreció trabajo a la joven.

Dije que le haría una prueba, nada más.

Le agradeceré que se mantenga en contacto.

Claro. Si no estoy aquí, dejaré dicho adónde fui.

Qué amable.

- Gracias. Adiós. - Adiós, inspector.

Señora.

Espera. Espera, Gisella, ¿quieres?

Estoy un poco confundido.

¿Cómo pudo pasar una cosa así?

- Por Dios, ¿me lo preguntas a mí? - Claro.

Estuviste con ella anoche. No le dijiste eso a la policía.

Pero tú la trajiste, Carlo...

y tampoco le dije eso a la policía.

Pero, Dios mío, lo sé.

¿Qué sabes, Gisella? ¿Qué sabes?

- Anda. Dilo. - Desgraciado.

No te voy a aguantar ni un minuto más.

Fuiste tú también esta vez, ¿verdad?

Estás demente. No sabes nada.

Deberías estar en un manicomio.

Escucha. Te lo advierto.

Ten cuidado antes de que te metas en problemas mayores.

Doris. Sube. Te llevo.

No, gracias. Ya casi llego. No te molestes, Maurizio.

Si ofrezco llevarte, no es molestia.

Al contrario. Sube, Doris. Me encantaría.

- En verdad, no hace falta. - Anda.

Es una tontería. Digo, porque ya casi llego al estudio.

- Lo sabes. - Por favor, sube. Debo hablarte.

- Es importante. - Muy bien. ¿De qué?

Te lo diré enseguida, pero aquí no.

¿Aquí no? ¿Qué quieres decir?

Iremos a un lugar donde podamos hablar en paz.

- ¿Qué le pasa al auto? - Espera. Ya lo verás.

Es tu día de suerte. Siéntate y relájate.

Oye, Maurizio, conduces como loco. No puedes pasar aquí.

No temas. No temas, jovencita.

Estás con uno de los mejores pilotos.

Mira esto.

No está mal. Debí ser piloto de carreras.

Amo los autos rápidos y potentes. Me excitan.

- ¿Note gustan? - No. Estoy muerta del susto.

- ¿Podrías dejar que me baje? - No. Claro que no.

Además, te dije que debo hablarte.

- Entonces, para y hablaremos. - No, no. Aquí no.

¿Adónde diablos me llevas?

Ya verás, chica. Ya verás. Es un lugar maravilloso.

Y después estarás muy contenta.

- ¿Puedes dejar que me baje? - Imposible, linda.

Además, este auto no se vuelca. Mira cómo se pega al camino.

¡Baja la velocidad!

- Descuida. - ¡Cuidado! ¡Una luz roja!

¿Cómo que roja? Es tan verde como tu rostro.

Fíjate. Fíjate. ¡Olé!

Baja la velocidad. Voy a vomitar.

Tonterías. Resiste. La mente sobre la materia.

- Anda, Maurizio. Ya me harté. - Tranquila.

¿Quieres parar? Para. Para, por favor.

- Ya casi llegamos. Sé paciente. - No tengo paciencia.

Anda. ¿Quieres dejar que me baje?

Un minuto más. Ya casi llegamos.

Maurizio, no estoy bromeando. Ya me harté.

- Calma. - ¡Deja que me baje!

Claro. Puedes bajar. Puedes bajar. Ya llegamos.

Gracias a Dios.

¿Por qué me tocó el bobo más loco de Milán?

- No te me vuelvas a acercar. - No, por favor.

- No te vayas. Doris, quédate. - ¡No! Suéltame, rayos.

Silencio, Doris. Todos te oirán.

Me importa un pepino que todo el mundo oiga.

- Quiero irme. - Entiendo. Pediré un taxi. No grites.

- Gritaré cuanto quiera. - Calma.

- Quería enseñarte algo bonito. - Claro.

Puedo imaginarme la cosa bonita que tienes.

- Espera. Voy a encender la luz. - Cielos.

Eso es. ¿No es hermoso? ¿No es fabuloso?

Mira este lugar. ¿Te gusta?

Conozco este lugar. Ya lo he visto.

- SÍ. - Quítame las manos de encima.

¿De qué hablas? ¿Ya habías venido?

Un par de veces, con tu esposa.

- Ya tengo que irme. - No, Doris, por favor, no.

¿Cuánto quieres? Te daré lo que quieras.

¿Cien mil? ¿Medio millón? Lo que tú quieras.

Te daré este dinero, lo que traigo.

Pero promete que me harás el amor. Por favor.

Caray, estás equivocado, Maurizio.

No sé qué idea tienes, pero no soy una fulana.

¿Y tu esposa?

Si llegara a enterarse de que estuve aquí jugando contigo...

me quedaría sin trabajo.

- Conozco a Gisella. - Anda, por favor.

¿En verdad crees que le importo yo o lo que hago?

En realidad, no lo sé.

Sé que nunca nos perdonaría que tuviéramos un amorío.

¿Quién será?

Hola.

Hola.

Hola.

Debió haber sido un número equivocado.

Bien, ya basta. Me voy. Me harté.

No, no te irás. Regresa. ¡Siéntate!

Eso. No te muevas, ¿entiendes?

Me pateaste. Cuidado.

Harás que pierda la cabeza, Doris.

¿Sabes qué podría hacer? Te asesinaré.

¡Suéltame! ¡Estás loco! ¡Suéltame!

- Sí, estoy loco. Loco por ti. - Bien. Bien.

Haré lo que quieras.

- ¿SÍ? - Sí. Claro.

- Eres maravillosa. - Oye, por favor.

Así no. Eso duele.

- Me aplastas. Un momento. - SÍ.

Vamos a desvestirnos por lo menos.

SÍ. Desvístete.

- ¿Y tú? - Desvístete.

¿YO?

Me desvestiré. Mira.

Eres muy bella, Doris.

Muy bella.

- Anda. - Dame un segundo.

Mira nada más.

Date prisa, ¿quieres?

Sí, ya voy. Eres maravillosa.

Listo.

Doris. Oh, Doris. Eres maravillosa.

Doris.

¿Y bien?

No.

¿Qué pasó?

Nada.

¿Qué?

Lo que dije.

No te pongas-- No llores.

Descuida. No es nada trágico.

ES trágico.

Sí puedes. Sí puedes.

No, no puedo.

Muy bien. Esperaremos.

- ¿Está bien? - Está bien.

No eres el primero al que le pasa. No seas melodramático.

Nunca lo he hecho con una chica.

Ni una vez.

Mi madre me dijo que lo haría, pero aún no lo hago.

Lo harás pronto.

Pronto.

Y ahora puedes ayudarme y abotonarme el vestido.

- SÍ. - ¿Encontraste el botón?

SÍ. Doris.

- Muchas gracias. - Escucha.

- ¿No lo contarás? - Saldría perjudicada.

Tu esposa se enteraría en dos minutos.

- Eres maravillosa. - Gracias, encanto.

Aquí tienes. Sí.

Toma, Doris.

Quiero darte esto de todos modos. Te lo prometí.

No, es mejor que no lo acepte.

Es preciso. Me hiciste el amor. Fuiste amable.

No, por favor. No debo.

Si tu esposa se entera de que gastase todo esto...

podría preguntarte que en qué te lo gastaste.

No, nunca le diría nada como eso.

No, en serio.

Supón que fingimos que hice todo esto por un sentido del deber.

Por la emoción de pecar.

Pero sobre todo, para vengarme de mi jefa.

¿Quieres que te lleve a la ciudad?

No. Un taxi me llevará más despacio.

Y además, no deberían vernos juntos.

- SÍ. - Hasta luego.

Hasta luego.

Fuiste muy amable, Doris.

- Adiós. - Adiós.

Madre mía.

¿Por qué siempre termina así?

Tú eres la única que lo consigue.

La única.

¿Es su esposo?

¿Qué han averiguado sobre el asesino sanguinario?

- Cúbranlo. - ¿Lo encontraron?

Le aseguro que la policía no ha estado ociosa.

¿Quiere ver este arete detenidamente?

¿Le parece conocido? ¿Es suyo?

No.

Puedo esperar.

Piénselo.

Señora, ¿no se siente bien?

Lo siento. Es una tontería. Deben entender...

que es horrible todo lo que me ha pasado.

Claro. Lo entiendo completamente.

Por favor, ¿puedo irme?

Por supuesto. La llevaremos a casa.

Piénselo. Primero, un fotógrafo.

Luego una de sus modelos.

Pero principalmente el propietario de su estudio.

La clave de todo el lío está en la agencia Albatros.

Y, señora, Ud. es la que puede descubrirla.

- ¿Hola? - ¿Estudio Albatros?

Sí, es el estudio. ¿Quién habla?

No importa mi identidad.

¿Quién habla? ¿Quién es, por Dios?

Sé lo que ha andado haciendo...

y si no quiere que lo cuente...

debe traerme 10 millones de liras pasado mañana.

¿Diez millones de liras? Debe estar loco.

Ya me oyó.

- ¿Cómo espera que lo haga? - No es mucho.

Cualquier diario pagaría más.

- No, temo que no se puede. - Creo que sí.

Y creo que traerá el dinero a la Calle Mossara...

a las 10:00 p.m. del miércoles, debajo del paso elevado.

En la Calle Mossara a las 10:00 p.m. del miércoles.

Está bien. Ahí estaré. Nos vemos.

¿Carlo?

¿Quién es?

¿Quién es? ¿Quién anda ahí?

Policía. Habla el sargento Rossi.

- ¿Puedo ayudaría? - Magda, abre, por Dios.

Carlo, ¿eres tú? Espera. Lo siento mucho. Fue un error.

- ¿Quieres abrir la puerta, por favor? - Aquí estoy.

Ya voy.

- Ay, Carlo. - Ayúdame con esto, ¿quieres?

Si tu novio está aquí, me iré. No tienes que esconderlo.

No, un momento. Hay algo que debo mostrarte primero. Ven.

¿Y ahora qué?

- Empezamos muy bien. - Cállate, ¿quieres?

- No deberías interrumpir cosas así. - Ven.

Es malo para mis glóbulos.

Veamos qué es tan importante como para detener eso.

Mira esto.

- ¿Qué tiene de importante? - Mira.

El arete.

Mira.

- Son idénticos. - Quizá, pero ¿qué más da?

¿Cómo que quizá?

Podría haber un millón de aretes así en la ciudad.

Pero tienes razón.

Deberíamos buscar la respuesta en el estudio.

SÍ. Es extraño.

- No lo sé. - ¿Qué cosa, linda?

No sé cómo ocurrió.

El asesino podría ser uno de nosotros.

¿Por qué no?

Uno de nosotros. Sí.

Yo pude haber sido.

O tú.

No digas tonterías.

O Gisella.

SÍ. Éramos cuatro hombres.

Se deshicieron de dos.

Quedo yo.

Y soy demasiado ardiente para ser cadáver, nena.

¿Y la llamada telefónica?

¿Y qué? ¿Qué quiere decir?

Hicieron una cita en la Calle Mossara.

Si hablaban de dinero, era una cuestión de negocios.

De 10 millones de liras.

Pero ¿no deberíamos llamar a la policía?

¿Qué? ¿Estás loca?

Si llamas a la policía, te meterás en líos.

Será mejor no entrometernos.

Tengo mejores cosas que hacer y voy a hacer una ahora.

Anda, linda.

¿Te he dicho que luces terrible vestida?

Por lo menos, sé qué esperar de ti.

¡No! ¡No!

Tú. Carlo.

Infeliz. TÚ--

Olvídalo. Se fue. No podremos encontrarlo ahora.

Sí, supongo que tienes razón.

Pero no espero con ilusión decírselo al inspector.

- Tendremos que llamar a la jefatura. - Ya estará en casa.

Que envíen más hombres y un par de reflectores.

¿Tuvieron suerte?

No, señor. Se nos escapó. Está demasiado oscuro.

Soy el agente 71.

- Agente 71. Adelante. - ¿Qué pasa, 71?

Envíen una ambulancia a Brasile. Hay un atropellado.

Tijeras.

Venda.

Diría que podemos excluir la fractura.

Sin embargo, podría haber complicaciones.

Por suerte tiene la cabeza dura.

Tiene mucha suerte.

Ojalá no tenga una contusión.

Con los golpes de este tipo, uno nunca sabe.

Llévelo a su habitación y deje que descanse.

Ninguna visita hasta que amanezca, enfermera.

¿Terminaste?

- Bien, podemos irnos. - ¿Tienes otra cita con Gino hoy?

¿Bromeas? Me ofrecí para trabajar horas extras, como una idiota.

- ¿Hola? - Hola, linda.

Carlo, ¿dónde estás? ¿Qué pasó?

Nada. ¿Qué hay de nuevo?

Acabo de ver al inspector. Te estaba buscando.

¿Fue ala casa? ¿Qué quería?

Dijo que mataron a Gisella hoy.

Sí lo sé

Carlo, ¿dónde estás? ¿Estás bien?

Escúchame. Estoy perfecto. No te preocupes.

Pero hay algo que debes hacer de inmediato.

Ve al contenedor de basura del callejón de la agencia.

Mira dentro. Encontrarás un rollo ahí.

Cielos, ojalá puedas encontrarlo.

- Infrarrojo. Está expuesto, ¿entiendes? - SÍ, claro.

Debes ir por él y revelar la película ya.

¿Por qué? No entiendo.

Date prisa.

Anda, linda. Por favor. Te llamaré dentro de una hora. Adiós.

Maldición.

Hola. ¿Carlo? ¿Cómo estás?

No es una llamada social. No te preocupes por mí. ¿La tienes?

Sí, fui por la película y estaba donde me dijiste.

SÍ. Sí, ya la revelé.

No, no, está muy claro. El negativo es perfecto.

Claro que sé hacerlo, cariño.

Sí, lo hice. Lo hice.

¿Las imprimiste?

Sí, pero no se han secado. Faltan unos minutos.

Sí, claro.

Claro, vi los negativos. Se ve--

Magda. Magda, ¿qué pasa?

¿Qué diablos pasa? ¿Dónde estás?

Carlo, Carlo, se apagaron las luces.

¿Qué hago? Carlo, tengo miedo.

Fue un salto en la corriente.

Para prevenir, ve al armario del rincón.

Hay un revolver. Ve por él.

Muy bien, pero espera.

Bien, pero date prisa, linda.

¿Hola? ¿Magda? ¿Hola? ¿Estás ahí?

Lo encontré.

¿Qué debo hacer ahora?

Ve al interruptor principal junto a la puerta y enciéndelo.

Solo eso tienes que hacer. Anda.

Muy bien. Pero quédate ahí. ¿Lo harás, por favor?

Anda. Hazlo. Pierdes mucho tiempo, linda.

Bien, bien.

¡Magda! ¿Qué pasa?

¿Hola?

¿Hola? ¡Magda!

¿Qué pasó?

Maldición.

El gobierno anunció hoy medidas drásticas de austeridad...

que afectarán a todos los sectores.

Aumentos del precio de la gasolina, la carne, el grano y las verduras...

entrarán en vigor a la medianoche.

Un portavoz dijo que es muy probable...

que graven los ingresos que superen los 8 millones de liras.

Un avance noticioso de Milán.

El asesino que ha aterrorizado la metrópolis durante 10 días...

parece haber matado de nuevo.

Esta noche asesinó brutalmente a una mujer en la Calle Mossara...

debajo del paso elevado a las afueras de la ciudad.

- La víctima es Gisella Montani. - Ay, no.

De 37 años, directora del Estudio Fotográfico Albatros...

lugar que parece ser el centro de esta serie terrible de crímenes.

Era esposa de Maurizio Montani, asesinado hace menos de 24 horas.

Para los que no estén familiarizados con el caso...

les recordamos que es una cadena de cinco homicidios...

que fueron cometidos por el mismo, según las autoridades.

La primera víctima de este asesino demente fue el Dr. Giulio Castelli...

un ginecólogo milanés célebre.

La segunda víctima fue Mario Ferreri...

fotógrafo del Estudio Albatros.

La tercera fue una aspirante a modelo Joven llamada Lucía Cerrazini...

que se cree que trabajó en la agencia Albatros.

Como dijimos, estos acontecimientos han aterrorizado a Milán.

El fiscal, en una entrevista hace menos de una hora...

dijo que la policía acelera el ritmo de su investigación...

y parece que se pueden esperar resultados positivos pronto.

Y ahora veamos el clima.

Stefano. No oí que se abriera la puerta.

¿Te enteraste de lo de Gisella? La asesinaron también.

Estoy aterrada, Stefano. ¿TÚ no?

No te preocupes.

Ay, Dios mío. ¿Cómo es que no tienes miedo?

Yo vivo una pesadilla.

Tengo mucho miedo y tú nunca estás.

No te había contado.

El otro día, después del trabajo, me topé con el Sr. Montani.

Fue el día que lo mataron.

Me estaba esperando en su auto.

Sabrá Dios por qué me molestó el pobre infeliz.

Quería llevarme a la casita que tienen a las afueras de la ciudad.

Claro que yo no estaba interesada.

Quizá no lo sabes, pero se le insinuaba...

a todas las que llegaban a la agencia.

Casi me daba lástima.

¡Magda!

Desgraciado.

Stefano.

Oye, pero...

esta noche--

¿No ibas a verla esta noche?

Ya no soporto las golpizas. En serio, no puedo.

¿Por qué me tratas así?

¿Qué te he hecho?

¿Qué he hecho para merecer esto?

Dios, temo que no lo soporto.

¡Cállate y deja de fastidiarme! ¡Hablas demasiado!

Stefano, solamente hablo contigo. Con nadie más.

Soy tu novia, no lo olvides.

Sabes que siempre hice todo lo que me pediste.

Algunas cosas que nunca pensé que nadie me pediría.

Si te complacía, no me molestaba.

- Stefano, ¿por qué eres así? - Cállate.

Por favor, dime qué pasa. ¿Por qué no me dices nada?

Por favor, cariño.

Te amo.

Por favor, llévame lejos de aquí. No puedo vivir así.

Alguien abrió esa puerta.

Stefano, ¿lo recuerdas?

¿Recuerdas si la cerraste al llegar?

Ay, cariño, tengo miedo.

¡No!

¡Stefano!

¿Stefano? ¿Stefano?

Contéstame.

Stefano.

Ay, no.

Ay, Dios mío.

Magda. Magda.

Magda, despierta.

Anda, linda. Despierta.

Soy yo. Carlo. Anda. Despierta.

Carlo.

- Ay, Dios. - Tenemos que irnos, rápido. Vamos.

Vamos.

Silencio, linda.

- Cállate. - ¿Adónde vamos?

Faltan solamente unos pasos.

Ya casi llegamos.

No me siento bien.

Sí, lo sé. Sujétate.

Espera.

- Vamos a sentarnos. - Sí, bien.

Siéntate aquí.

ESO es.

- ¿Ya te sientes mejor? - SÍ.

No te muevas. Espera.

- ESO. - ¿Qué haces?

- Nada. Es solo agua. - Qué malo eres.

Es solo agua. Despierta.

- Me duele la cabeza. - Sí, lo sé, linda. A ver.

Caray, hueles a destilería.

Alguien debió darte media botella de whisky.

- Pero me duele la cabeza. - Lo sé. Trata de despertar.

- Anda. Sé buena. - SÍ.

Tú puedes. Anda.

Me siento mucho mejor.

Bien. Me enorgulleces.

- Deja de pegarme, ¿quieres? - Bien, bien. Anda.

Anda. Puedes ponerte de pie. Tenemos que irnos.

Espera. Alguien me robó las piernas.

Magda, trata de entender. No podemos perder toda la noche aquí.

¿Por qué no, cariño?

Porque no hay tiempo que perder.

Carlo, cielo, ¿te he dicho que te amo?

Ay, dame fuerzas.

¿Crees que es oportuno hablar de tonterías así?

Hay cosas más importantes que hacer.

Ay, sí. ¿Sabes que el de la foto era Stefano?

Sí, lo sé. Lo vi. Pero también mataron a Stefano.

- ¿A Stefano? - Está bien muerto. Y Doris también.

- ¿Doris? - Sí, Doris. Doris.

Stefano trataba de chantajear a Gisella.

Quizá la vio con Lucía. No lo sé.

Pero cuando mataron a Gisella, Stefano estaba a dos o tres metros.

El asesino la golpeó por detrás, ¿entiendes?

Mira. Mira.

Mira. ¿Lo ves? ¿Entiendes?

- Solamente ves a Stefano. - La cabeza no me funciona.

El asesino estaba vestido de motociclista.

Como al que vi salir de la casa de Doris.

- Entonces, quiere matarnos a todos. - SÍ. Eso parece.

Debe ser el que te atacó en el estudio...

y te llevó con Doris para que sospecharan de ti.

No sé nada. Solo recuerdo el agua que salía de una llave.

Claro, la llave. Sí, debe ser eso.

Deberíamos llamar a la policía.

No. Sácate esa idea de la cabeza, encanto.

Anda. Primero debo asegurarme de algo.

- ¿Dónde está tu auto? - En el estudio.

Bien. Vamos por él.

Bien, creo que aquí es.

¿Quieres decirme quién o qué...?

Después, después. Descuida.

- ¿Voy contigo? - No, espera aquí. Y no te muevas.

¡Carlo! ¡Carlo, auxilio!

¡No! ¡Carlo, por favor, ayúdame!

¡Magda!

¡Carlo! ¡Auxilio!

¡Magda! ¡Magda!

- ¿Estás bien? ¿Estás herida? - Estaré bien.

Sube al auto. Deprisa.

Ay, no.

Patrizia.

Evelyn.

¡Evelyn!

Que Dios te maldiga.

Tú fuiste el responsable de su muerte.

Debiste--

Debiste haber sido el último en pagar.

Evelyn. Recuerdas a Evelyn, ¿no?

Evelyn y Patrizia eran hermanas.

Y eso no es todo.

Había más entre ellas que un simple amor de hermanas.

Algo más fuerte.

Luego Evelyn se embarazó y se hizo un aborto.

Pero murió de un ataque cardiaco.

- ¿Y eso enloqueció a Patrizia? - Como lo oyes.

No por la muerte de Evelyn, sino porque la traicionó.

Patrizia decidió vengarse de todos los del estudio...

como si nosotros fuéramos responsables.

¿Quién la embarazó? ¿Lo sabes?

No. Yo solamente la ayudé a encontrar un doctor.

- Te asusté, ¿no? - Carlo.

Ya no hagas eso, ¿de acuerdo?

Discúlpame.

Te mostraré lo mucho que lo siento.

¿Qué esperas? ¿Estás siendo cuidadoso?

Descuida. Tomo anticonceptivos.

Qué bien.

Pero es mejor no correr riesgos.

Así me gusta.

- ¿Qué crees...? - Espera. Ya lo verás.

¡No! ¡No!

- Eso es. - ¡No!

- Eso es. - ¡No!

Solo estaba bromeando.

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