All language subtitles for The.Cry.of.the.Butterflies.S01E02.WEBRip

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Original subtitles

Arantxa, te están buscando. Pilar Macías.

Estoy escribiendo un libro sobre Minerva Mirabal.

Te llegó un sobre del Gobierno.

“Le invitamos a la celebración

con la presencia del honorable presidente de la nación”.

¿En serio vamos a ir?

Nada bueno puede venir de este gobierno de corruptos.

¿Enrique Mirabal? Queda arrestado por conspiración contra el Gobierno.

¿Adónde lo llevan?

- A lo mejor Asier nos puede ayudar. - ¿Minerva?

Ese hijo de puta no soportó que una mujer lo rechazara.

Eres la española más linda aquí.

Y van a declarar el 25 de noviembre

Día Internacional contra la Violencia sobre las Mujeres.

CAMPUS UNIVERSIDAD DE COLUMBIA, NUEVA YORK

Señor Galíndez.

Profesor.

Tanto tiempo.

Veo que lo están tratando como se merece.

Así que no pienso darle muchas vueltas al asunto.

¿Sabe por qué está aquí?

¿No?

¿Ah, no?

No le creo, Galíndez.

No le creo.

A ver qué piensa de esto. ¿Qué me puede decir?

Porque esto no me lo puede negar.

Esta es una tesis...

La conoce, ¿eh?

Una tesis...

defendida por usted en la Universidad de Columbia,

ciudad de Nueva York, los Estados Unidos de Norteamérica,

que lleva su nombre y dice así:

“La era de Trujillo:

Un estudio casuístico de dictadura hispanoamericana”.

Setecientas páginas dedicadas a mí.

Sigo.

“El hijo mayor de Rafael Leónidas Trujillo nació...”

Miren cómo quita el apellido de mamá.

“...nació en 1929 cuando su madre estaba casada con un cubano

que no lo reconoció como hijo suyo”.

Hijo de puta.

Hijo de puta.

Usted fue profesor en mi universidad,

contó con nuestra confianza,

su familia comió de ese dinero.

Entonces, ¿cómo se atreve a traicionar a la mía y a la patria

escribiendo semejante cantidad de mierda?

Porque todo eso es ¡mierda!

Yo creo que ya va siendo hora

de que empiece a tragarse sus propias palabras.

Sí, sí.

Venga, sí.

Así...

Así te la vas a tragar.

Otra hojita más.

Venga.

Traga, cabrón.

Traga, coño, traga.

Dame.

Sí. Mírame. ¡Mírame!

¡Mírame! Mírame.

Limpien este desastre.

¿Sabes por qué estás aquí?

No.

De veras no sé por dónde empezar,

pero, como no tengo mucho tiempo, vamos al grano.

Lo importante es que entiendas que ir en contra del presidente tiene un precio.

Yo no he hecho nada en su contra.

¿Segura?

¿Qué es eso de que quieren presentar un habeas corpus?

Yo solo quiero demostrar que no hay razón para tener a mi papá detenido.

Tener a una señorita subversiva bajo su techo

es razón suficiente para que esté aquí.

Mi papá es un hombre bueno y quiero que lo suelten.

Ir a ese juzgado no es el mejor camino.

Porque si logras que salga libre,

no creo que tu papá tenga razones para querer seguir viviendo.

¿Te reúnes con jóvenes revolucionarios de Salcedo, La Vega y Ciudad Trujillo?

No.

Entonces ¿no conoces a Raúl Machado,

Lucio Collado y Narciso Vertía?

No.

Conozco formas muy poco agradables de hacerte hablar sobre esto.

Ponte de pie.

Abre.

¡Ay! ¡Ay, papá! ¿Qué te hicieron?

¿Yo? Yo estoy bien, hija.

Tu padre dice que está muy bien.

Haz caso a todo lo que te digan.

Ya es suficiente con estar vivo.

¿Cuándo lo van a liberar?

Eso depende.

- ¿De qué? - De ti.

No entiendo.

Nos molesta que ensucien injustamente la figura de nuestro Benefactor.

Te hago la siguiente propuesta.

Retira el habeas corpus y yo libero a tu padre.

Si lo presento, también tienen que liberarlo.

Si lo presentas, es cierto que podría salir libre.

Pero déjame decirte que sabemos

cómo dejar a un hombre presentable por fuera

y destruido por dentro.

Y después de él,

tus hermanas y tu madre podrían pasar por esto.

Tranquilo, tranquilo.

Mira cómo está por tus malas decisiones.

Si solo fue una caricia del presidente.

- ¿Cómo sé que cumplirán su palabra? - No lo sabes.

Pero en alguien hay que confiar en esta vida, demonios.

Y confío en que vas a ir al juzgado ahora mismo a hacer lo correcto.

Papá viene conmigo.

Cuando cumplas tu parte.

- ¡Llévensela! - No, no, papá.

- Anda, Minerva. - Papá.

- Emilio, ¿qué pasa aquí? - Nada, jefe.

- Baje la cabeza cuando hablo. - Señor.

¿No ve que la barra parece una pocilga?

Esos son los artistas más importantes e internacionales que han pisado el país.

- Sí, señor. - ¿Y qué hacen ahí con la boca seca?

Póngale un camarero a cada uno. Que no se lo tenga que repetir.

Sí, señor.

- Maestro. - ¿Cómo está, señor Petán?

- ¿Qué tal el viaje? - Todo bien, gracias.

¿Y en el hotel están cómodos? ¿Necesitan algo?

- No, todo está bien. - Todo está perfecto.

Tenemos las entradas agotadas. Esto va a estar lleno.

Qué bien saberlo.

Incluso pensé poner otra función más,

pero como yo sé que venían agotados de tantas giras internacionales de éxito,

no quise abusar de su generosidad.

- Muchas gracias. - Y muy importante:

mañana por la noche viene al show mi madre.

Así que si oyen a una señora cantar los boleros a gritos, no se asusten,

que es así de fanática.

Es un honor. Vamos a dedicarle una canción.

¡Ay, mamá! Voy a tener que estar atento porque se querrá subir al escenario.

No los molesto más.

Los dejo tranquilos para que ensayen en paz y alegría.

- Luis... - Señor.

Cualquier cosa que necesiten, directamente conmigo.

- Sí. - Que les atiendan a cuerpo de rey.

- Con permiso. - Gracias.

En este país las batallas se ganan con contactos.

Asier es el contacto.

¿Qué puede lograr Asier, mamá?

Necesitamos pedirle favores a gente vinculada al Gobierno.

Aquí en la capital no conocemos a nadie. Esto no es Salcedo.

Vamos a esperar a Minerva.

Y cuando sepamos qué pasó, decidiremos cómo seguir.

Mientras tanto, mantengamos la calma.

¿Y si Minerva no regresa?

- ¿Qué pasó, Minerva? Dijimos a las diez. - Discúlpame, sé que llego tarde.

- Vi a papá. - ¿Cómo está? ¿Está bien?

Le han hecho mucho daño.

Me apresaron. Pensé lo peor.

¡Qué hijos de puta! Lo siento, cariño.

- Tenemos que entrar. - No, no podemos.

Negocié con Anglat no presentar el habeas corpus a cambio de liberarlo.

Minerva, lo último que tenemos que hacer es confiar en el jefe de los torturadores.

Ese cabrón no lo va a soltar.

- Tenemos que entrar ya, por favor. - No, no.

Minerva, te están mintiendo.

Están tratando de ocultar los abusos. Hay que pedir el habeas corpus.

Asier, yo estuve ahí.

Vi lo que son capaces de hacer.

Empezaron con papá y luego irán a por toda mi familia.

Miren, ellos lo único que quieren es que el mundo no lo sepa.

O luchas o te entregas.

En la mitad del camino no hay milagros.

Yo no tengo miedo de luchar, pero no arriesgaré la vida de mi papá.

Supongo que lo entiende.

- Lo siento, de verdad. - No, no.

Tú no tienes que pedir perdón.

Ya encontraremos otra manera de hacerlo.

- Buenos días. - Buenos días.

- Hola, Juan. - Buen día.

Sí, señor. No, no hay ningún problema.

No, no. Entendido.

Muy amable de su parte. Gracias. Gracias a usted.

Cuéntame, mi cielo.

- Carmencita, ¿me pones con mi padre? - Claro. Al bar, ¿verdad?

Sí.

Gracias de nuevo.

- ¿Qué haces aquí? - ¡Marcos! Qué susto me has dado.

He llamado a mi padre.

Perdón. Sé que es horario de trabajo, pero está todo tranquilo.

¿Por qué vienes a hablar aquí? Puedes hacerlo desde mi oficina.

- No quería molestarte. - ¿O tienes algo que ocultar acaso?

Marcos, no empieces otra vez.

No puedo molestar a todo el mundo cuando necesite una tontería.

Pero yo no soy todo el mundo.

Nada es molestia tratándose de ti, Arantxa.

La próxima vez habla desde mi despacho, ¿está bien?

- Está bien. - Va.

A atender a la gente. Vamos.

No voy a presentar el habeas corpus.

Las decisiones las tomamos todas, Minerva.

Tú no estuviste ahí.

Lo están destrozando, Dedé.

¿Y entonces?

¿Qué no nos estás contando?

Hay que presentarlo. Es papá.

- Lo van a matar. - Basta, Dedé. Te estoy diciendo que no.

Presentarlo es provocarlos.

Y la vida de papá está en sus manos.

- ¿Qué haces, mi hija? - Recojan sus cosas. Nos vamos a Salcedo.

Pero ¿y entonces? ¿Aquí no podemos hacer más nada?

Solo esperar que cumplan su palabra.

Señor ministro, le ha llegado esto que pidió con urgencia.

Siento que no hayamos podido ayudaros.

¿Cómo estás?

Es una pesadilla, pero estoy bien.

Aunque todas están muy alteradas.

Ahora solo queda esperar y confiar.

Mejor que vayas.

Soy la única que conduce, creo que pueden esperar.

Que no pase tanto tiempo hasta la próxima vez.

Te lo prometo.

- Vamos. - Vamos.

- Tengan mucho cuidado. - Que Dios te bendiga, hija.

Adiós.

Minerva, si tienes alguna noticia o quieres hablar,

llama al hotel y pregunta por mí.

Gracias.

Te voy a extrañar.

- Y yo a ti. - Cuídate.

Buen viaje.

No sabes lo que te agradezco que te hayas decidido.

Y no te voy a robar mucho tiempo, que sé que estás ocupada.

Mira.

Esta es la foto de Dedé en la que estás con Minerva.

Anoche estuve buscando entre los pocos recuerdos que conservo.

Encontré una foto con Minerva también de la misma época.

Mira, aquí están Teresa y Dedé.

¿Y Patria? ¿No le gustaban las fotos o estaba enfadada con sus hermanas?

¡Ah, no! Patria se casó muy joven, a los 16 años.

Vivía con su marido en otro pueblo.

Pero se reunían algunos domingos y...

para las celebraciones familiares.

Muy bien. Vamos a grabarlo, ¿vale?

No te importa, ¿no?

La primera pregunta que hago a todos:

"Si tuvieras que definir a Minerva con una sola palabra, ¿cuál sería?".

Admirable.

Sí, una mujer admirable.

Admirable.

Estoy de acuerdo.

Has tenido el privilegio de compartir muchos años con una mujer admirable

y que ahora va a admirar toda la humanidad.

¿No te parece?

- Buenas tardes. - Gracias al destino.

Ven conmigo.

Ven, que tengo que decirte una cosa.

En realidad estoy aquí hoy por un asunto de trabajo,

pero ¿a que no sabes a quién tenía ganas de ver hoy?

A ti.

¿Ha pasado algo?

Ha pasado que eres la más linda de la nueva edición de la revista.

Ya me llegaron las fotos.

¿Sí?

¡Qué bien! Me alegro. La compraré en cuanto salga.

No. ¿Qué vas a comprar?

Yo te mando una copia.

Gracias.

O mejor te la doy personalmente.

Vamos a cenar esta noche y después hablamos de la entrevista, ¿sí?

Esta noche hay un evento y debo supervisarlo.

¿A ti te gustan los boleros?

Sí.

Entonces esta noche, cuando termines tu turno, te vas al club Caribe.

¿Sabes lo que tengo allí?

El concierto del conjunto más importante de Latinoamérica.

Lo organicé yo.

Está todo repleto,

pero siempre hay un lugarcito para la española más linda.

- Bueno. - Ve con una amiguita.

Muchas gracias.

Le diré a mi novio Marcos que me acompañe.

¡Ah! Bueno... Está bien.

Llévalo.

Va a ser una noche inolvidable.

Seguro.

Que pase buena tarde.

Doña Chea, María Teresa.

Jaime tiene un amigo funcionario trujillista.

Así suena bastante mal.

Es un amigo de la escuela que terminó ahí...

Bueno, Jaime. No es importante.

Mamá, pensamos contactarlo para ver si puede hacer algo más.

Perdón, pero no me parece buena idea involucrarnos con esa gente.

Doña Chea, con respeto, a estas alturas ya estamos involucrados.

¿Y podemos confiar en el general Anglat, mano derecha del Chivo?

Mamá, ese es el peor error que podríamos cometer.

Pasa el tiempo

y seguimos pensando que papá va a aparecer como por arte de magia por esa puerta.

Yo no puedo seguir así, de brazos cruzados.

Mamá, tenemos que intentar algo más.

Buen día.

Minerva.

Hola, Gabriel.

- ¿Todo está bien? - No.

Lo sé. Por tu cara, ni hacía falta la pregunta.

De repente soy una clase de monstruo para todos.

Los que me conocen me ignoran y lo que no saben quién era me miran mal.

Que algunos personajes de Salcedo te consideren un monstruo dice bien de ti.

Me ha llegado lo que me encargaste.

Como hacía tiempo que no venías por la librería,

me tomé el atrevimiento de empezar a leerlo

y me lo devoré en una sola noche.

Maravilloso César Vallejo,

es un gran poeta.

La verdad, no creo que pueda leerlo.

Por lo menos no hasta que papá regrese a casa.

No puedo dormir, no me puedo concentrar.

Siento tanta culpa.

No hay por qué sentir culpa.

Si de algo sirve tener un comercio aquí, es saber lo que dice la chusma.

Se dicen muchas cosas.

Que lo abofeteaste, que lo insultaste...

que le gritaste a viva voz que dejara de perseguir a los revolucionarios.

Sí, ya lo sé. ¿Qué más da?

Si a fin de cuentas lo que más ofende a la bestia

es una mujer que piense,

que no se deje.

Sí, pero el que está pagando es papá.

Y ese remordimiento no me lo quita nadie.

Los muertos reciben más flores que los vivos

porque el remordimiento pesa más que la gratitud.

¿Quién dijo eso?

Primera edición en castellano.

Es un obsequio.

Gracias.

- Carmen Pérez. - Presente.

Alba Narváez.

Alba Narváez.

Rosa González.

Presente.

Oye, Rosa... ¿Y Alba? ¿Has sabido algo de ella?

No he sabido nada. Van tres días que no viene.

Mercedes López.

Presente.

María Teresa Mirabal.

Presente.

¡Alba!

¡Alba!

¡Doña Carmen!

Tus besos se llegaron a recrear

Aquí en mi boca

Llenando de ilusión y de pasión

Mi vida loca

Las horas más felices de mi amor

Fueron contigo

Por eso es que mi alma siempre extraña

El dulce alivio

Te puedo yo jurar ante un altar

Mi amor sincero

A todo el mundo le puedes contar

Que sí te quiero

Tus labios me enseñaron a sentir

Arantxa.

Lo que es ternura

Un whisky doble con hielo para mí, por favor.

Y para ella, un martini.

Y no me cansaré de bendecir Tanta dulzura

Aquí tiene, caballero.

Me encanta.

A mí también me encanta este sitio.

Tus besos se llegaron a recrear Aquí en mi boca

Llenando...

¿Hola? Diga.

¿De parte de quién?

¡Ay, Asier! Estábamos esperando tu llamada.

Ahora mismo le digo.

¡Minerva!

Es Asier. Quiere hablar contigo.

Asier, ¿qué pasó?

Verás, Minerva, llevo días dándole vueltas a la situación

y siento que tenemos que hacer algo más.

Por eso te llamo.

Quería preguntarte qué posibilidades hay de que reconsideres...

No hay otro camino.

Tal vez podría convencer al abogado de nuevo.

Sí, perdón.

Si crees que puedes hablar con el abogado...

Perdón, no puedo.

Hola, Aitor.

Hola, papá.

Hola, hija.

- Estás guapísima. - Gracias.

- Mira cómo llevas este botón. Abróchate. - Papá. Déjame.

- Me lo pongo yo. - Vale, pero póntelo.

Ahí está. Mejor.

Perfecto.

- Tú también estás muy guapo. - Sí, pero tú estás guapísima.

- ¡Ay, papá! - No, estás guapísima.

¿Vamos?

Vamos.

- ¿Por qué no empieza? - Yo qué sé.

- ¿Tú sabías algo de esto? - En absoluto.

Damos comienzo al acto de celebración

por el Tratado de Intercambio Educativo y Cultural

de las naciones de España y República Dominicana.

Se encuentran aquí presentes

el excelentísimo señor presidente Rafael Leónidas Trujillo Molina

y el embajador de España don Manuel Aznar Zubigaray,

quien toma la palabra.

Buenos días.

De todos los tratados firmados entre el Reino de España

y la República Dominicana,

es precisamente el de educación y cultura

el que nos permitió crear una coraza inviolable

contra la injerencia extranjera y contra toda agitación

que atente contra la hispanidad y el bienestar general.

Por eso, desde esta embajada hemos decidido otorgar un reconocimiento

a todos aquellos compatriotas educadores

que fueron acogidos en esta maravillosa tierra.

Y finalmente, como muestra de agradecimiento,

el presidente de la República, el generalísimo Rafael Leónidas Trujillo,

se encargará personalmente de entregar las condecoraciones.

Muchas gracias.

Le felicito.

Ni se te ocurra. Voy al baño y ya te vas a meter en problemas.

No me voy a meter en problemas. Voy a pedirle por don Enrique.

Y supongo que vas a hablarle con mucho respeto y amabilidad.

No puedes ir así al presidente.

No es asunto tuyo.

Sí. Y ese olor a vino no creo que te juegue a favor.

No puedo dejar pasar esta oportunidad.

Entonces la que se encarga de esto soy yo.

Disculpe.

Disculpe el atrevimiento.

Disculpada.

Buenas tardes.

Buenas tardes.

¿Podría tener unas palabras con usted, si no es molestia?

Ahora mismo no puedo darte el tiempo que te mereces.

Hay mucha gente esperando.

Pero con todo gusto puedo agendar un encuentro.

Toma los datos de la señorita

y arregle una audiencia lo antes posible en el palacio.

- Deme sus datos, por favor. - Sí.

Arantxa...

Así que nada.

No conseguiste nada.

Ya te dije que no, que estaba ocupado.

Pero ¿qué dijo? Porque hablar, hablasteis.

Le indicó a su secretario que organice una reunión.

- ¿Te vas a reunir a solas con ese animal? - Papá.

¿No te acuerdas de lo que le hizo a tu amiga?

¿Y por qué te crees que lo hice?

Te miraba de una manera, Arantxa...

Y tú le dejas que te mire así.

¿Qué insinúas?

Estoy acostumbrada.

No es diferente a cómo me miran tus amigos en el bar.

Mira, hoy es un día de celebración.

No podía dejar que tu genio arruine un reconocimiento tan importante.

Quedó arruinado desde que ese hijo de puta tocó esta medalla.

Prometiste no volver a la política.

- Me lo prometiste. - No me estoy metiendo en nada.

Ya no puedo.

Solo quiero ayudar a don Enrique.

Lo sé, pero en ese estado no creo que ayudes a nadie.

¿En qué estado?

Contéstame. ¿En qué estado?

- Igual... - Igual ¿qué?

- Igual has bebido de más. - ¿Dices que estoy borracho?

No eres quién para decirme lo que puedo y no puedo beber.

- Basta. - ¡Tú no me dices “basta”!

¡Cada uno en su sitio! ¡Soy tu padre y tú, mi hija!

Pues a veces parece lo contrario.

¡Pare!

- ¿Qué estás haciendo? - Que me dejes.

¡Que pare aquí!

No voy a permitir que me hables así.

Toma.

Luego hablamos en casa o donde sea.

O a lo mejor, ya no nos vemos más.

¡Epa! Va a dañar la puerta.

- Señorita, ¿sigue su camino? - Sí.

¿Tu padre y tú en qué año llegasteis a República Dominicana?

En 1939.

1939.

Y Minerva murió en noviembre de 1960. Así que compartisteis 20 o 21 años.

Tendrás un montón de historias que contar.

Bueno, de pequeñas en Salcedo.

Mi padre era profesor universitario

y nosotros vinimos en una segunda oleada de inmigrantes,

pero cuando llegamos ya no había plazas.

Entonces,

la oficina de inmigración nos envió con un contrato de trabajo

a la finca de don Enrique Mirabal.

Nosotros vivíamos allí mismo, en una casa al lado.

Entonces, sí,

fui la mejor amiga de Minerva.

Y ella, la mía.

Pero cuando tenía unos 19 años,

mi padre consiguió una plaza en la Universidad de Ciudad Trujillo.

Bueno, así es como se llamaba entonces Santo Domingo.

Sí, lo sé.

Así que me fui con él, con mi padre, a la capital

y viví allí hasta que regresé a España, muchos años después.

Pero Minerva entonces estudiaba en Ciudad Trujillo, ¿no?

¿No os visteis?

Bueno, sí.

No, pero... muy poco.

Pero yo creo que de lo único que te puedo hablar

es de nuestra infancia en Salcedo.

¿De acuerdo?

Mamá.

Esto ya tiene que ver con el negocio.

Que a mí me miren mal, lo entiendo,

pero que los proveedores inventen excusas para no vendernos

y los clientes no den ni señales de vida...

¿Dónde va a parar esto?

¡Papá!

Papá.

Ay, no. La cabeza.

¡Ayúdame!

- Vamos para la casa. - ¡Dios!

Despacio.

- ¡Eh! - Cuidado, que está caliente.

¿Sabes hace cuánto que no me dan aguacate?

- Aguacate con el secreto de Patria. - ¡Ah! Pero...

Si es secreto...

Pero aquí sí lo haces.

Vamos a orar al Señor.

Bendice, Señor, nuestros alimentos

y bendice las manos que los prepararon.

Gracias, Señor, por volver a reunir en esta mesa a esta familia.

Amén.

Amén.

- Precioso. - Sí.

- ¿Quién quiere comer? - Pásamelo.

- No, papá primero. - Mamá, ¿me pasas el plato de papá?

¿Así está bien?

- De a poquito, ya sabes. - Sí.

Qué bueno.

¿Quieres que te traiga el postre?

No has comido nada, papá. Tienes que recuperar fuerzas.

No.

Perdón, papá.

Por todo.

Tranquila, hija.

Tranquila.

Buenos días, señor presidente.

Arantxa.

Qué alegría.

Bueno, finalmente, como estoy interesado en hablar contigo, encontré un espacio.

Gracias.

Gracias por concederme parte de su tiempo.

Quería hablarle de una persona con la que crecí, que...

Ya tendremos tiempo.

Ahora, tome asiento, por favor.

Esos dos.

Bien.

¿Me pones los dos sacos aquí?

Juraría que eres Minerva Mirabal.

Pero ¿trabajando duro? No sé.

¡Simón!

¿Cuándo llegaste?

Hace dos días.

Todavía me mareo en tierra firme.

¡Cuánto tiempo!

¿Cuánto ha pasado? ¿Tres años?

Cuéntamelo todo.

Bueno, han pasado muchas cosas, pero si empiezo, no voy a poder parar.

Te van a echar.

Imposible. Técnicamente es mi tienda también.

Oí lo de don Enrique.

Es terrible.

¿Tú cómo estás? Debe de ser muy duro para ti.

¿Sabes? Quisiera verlo, darle un abrazo.

Claro. Le encantaría verte. Siempre te quiso mucho.

Hubiese sido un gran yerno.

Si quieres, podemos ir a verlo. Está descansando en casa.

Supongo que la propriétaire no tiene que pedir permiso para irse de la tienda.

Supones bien.

Ayúdame a bajar.

Vuelvo enseguida.

Y entonces, en pleno segundo acto, oigo un ruido fuerte y constante detrás de mí.

Me giro y ¿qué es lo que veo?

El señor arzobispo despatarrado,

totalmente dormido, roncando con la boca abierta

y mi secretario, a su lado, no se animaba a pegarle para que se despertara.

Todos nos miramos y suavemente lo toco por la pierna

y ese pobre hombre se ha despertado dando un grito en medio de una ópera.

Toda la comitiva aguantando la risa. Era una situación insólita.

Yo pensaba que la etiqueta en un teatro prestigioso se cuidaba mucho.

Sí, claro.

Claro que se cuida. Pero este hombre, el pobre, ya estaba viejo.

Murió, de hecho.

Ay, lo siento.

Imagino que nunca antes estuviste en la ópera.

Viniste siendo muy pequeña, ¿cierto?

Entonces has podido ver cómo se ha desarrollado este país.

Tengo muchas ideas todavía.

Quiero que Dominicana sea el centro del Caribe,

que su música se escuche en los salones del mundo,

que sus artistas sean conocidos aquí y allá.

Yo amo a los artistas como tú.

No. Yo... yo no soy artista. Soy solo una encargada de hotel.

Eso habría que verlo.

Muchacha, yo tengo una virtud,

que es mi capacidad de poder ver bien dentro de las personas.

Puedo adivinar el talento. Es como si hiciera una radiografía.

Y en el reportaje que va a salir publicado en la prensa,

muy bueno, por cierto,

nombras una pasión.

Bailar.

Cuando era pequeña, mi madre me enseñó danza clásica.

Era mi profesora.

Al venir a vivir aquí, algo de eso se fue perdiendo.

Aunque sigo sintiéndome bailarina.

Pero ¿por qué no bailas?

Bueno, no es tan fácil.

Nunca he tenido la oportunidad.

Habrá que hacer algo al respecto, ¿no crees?

¿Cómo?

Aquí...

ahora...

tienes la oportunidad de bailar.

¡Uy, no, no!

¿Cómo lo llaman ustedes, los artistas? ¡Ay, caramba!

Cuando muestran lo que hacen.

- ¿Una audición? - Exacto. Una audición.

No, de verdad que...

Sí, sí.

Qué vergüenza...

Mira...

Que el público no pueda aplaudirte

es de las cosas más injustas que he visto en mi vida.

Gracias.

¡Hola, Simón!

¡No me lo puedo creer! Mira lo grande que estás.

Parece que fue ayer cuando te contaba historias del coco.

- Todavía le tiene miedo. - Minerva.

- Mate, ¿y papá? - No sé.

Hace tiempo que salió a caminar por la finca.

Debería estar descansando.

Pero ¿por qué los perros ladran tanto?

Minerva, ¿está todo bien?

¡Papá!

¡Papá!

¡Papá!

¡Papá!

¡Simón!

¡Mate!

¡Don Enrique! ¡Don Enrique!

¡María Teresa!

- Don Enrique, reaccione. - ¿Qué te pasó?

Reaccione. Don Enrique.

¡Ayuda!

¡Ayuda!

Subtítulos: Carmen Arnaldos Almagro

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