All language subtitles for The.Day.of.the.Siege.September.Eleven.1683.2012.720p.BluRay.x264.YIFY

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Original subtitles

La equivocación del presente crece fatalmente de la ignorancia del pasado.

* Producciones GTEAM *

EL DÍA DEL ASEDIO 11 DE SEPTIEMBRE 1683

El 11 de Septiembre de 1683,

el Islam estaba en la cumbre de la expansión en el Occidente.

300,000 tropas islámicas bajo el comando de Kará Mustafá

estaban asediando la ciudad que llamaban: 'la manzana dorada': Viena.

El objetivo de Kará Mustafá era guiar su ejército a Roma,

y transformar la Basílica de San Pedro en una Mezquita.

Si esto nunca ocurrió,

es debido a un monje Italiano, Marco Da Aviano,

y al Rey de Polonia, Jan Sobieski.

Esta es su historia.

Norte de Italia. Otoño de 1682

Padre Marco. Bendíganos, por favor.

Padre Marco.

Marco.

Tienes que entrar.

Están esperando por ti.

¡Atrás! ¡Quédense atrás, por favor!

¡Atrás, deténganse!

¡Atrás, en nombre del Señor!

- ¡Déjenlo en paz! - Padre Marco, por favor.

Estoy ciego, no puedo ver.

En nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén.

Esta noche...

han dejado sus casas,

han dejado su trabajo para venir a la casa del Señor.

Pero no han venido aquí a rezar.

Han venido aquí a pedirle a este pobre monje...

un milagro...

cosa que es incapaz de hacer.

No es a mí a quien deben rezar, sino a Dios.

Yo no soy nada.

Sólo soy un instrumento que Dios ha escogido...

para probar su existencia. Récenle a Dios...

cada mañana... agradézcanle

por darles otro día para vivir en este mundo,

sentir sus maravillas.

Recen a Dios cuando estén felices y cuando estén sufriendo.

Pero sobretodo...

recen a Dios para que Él sienta sus corazones.

Con la fuerza de ser soldados de Cristo...

de defender sus hogares...

de defender sus tradiciones...

de defender su fe.

Porque pronto...

muy pronto...

esto es lo que tendremos que hacer.

Defender nuestra fe.

Y ahora recen conmigo.

¡Puedo ver! Puedo ver... puedo ver.

Oh, Dios mío, puedo ver.

¡Puedo ver, puedo ver!

¡Es un milagro! ¡Le devolvió la visión!

¡Puedo ver! Oh, Dios mío.

¡Gracias, Dios mío! ¡Puedo ver!

¡Por favor, quédense atrás! Atrás, por favor.

Regresen, déjenlo. Deténganse, atrás.

¿Qué está haciendo?

¿Qué es lo que está haciendo?

¿Creen que un pedazo de esta manta los salvará?

Es Cristo quien los salvará.

Son supersticiones, por Dios.

¡Atrás, déjenlo!

¡Abran paso, atrás!

Vuelvan a sus casas.

Oh, Dios... Oh, Dios mío.

He rezado por mi pueblo por años.

Por años, nada de esto nunca sucedió.

¿Por qué yo?

¿Por qué?

Estambul. Turquía.

Te nominamos, Kará Mustafá...

Gran Visir del Imperio Otomano.

A ti, también confiamos el bastón del mando.

A ti, te pedimos que lleves la bandera verde de Mahoma...

de vuelta al mismo corazón de Europa.

¡Sí!

No fui tan fácil de vencer esta vez. ¿Cierto?

Cierto.

Antes del paso de muchas lunas...

serás el primero en llegar a la cima de la colina.

Créeme.

Quiero ser como tú, padre.

Quiero ser un gran guerrero.

Lo serás.

Y serás realmente grande.

Porque has heredado la belleza de tu madre y la fuerza de tu padre.

Vamos ahora.

O tu madre comenzará a preocuparse.

Suficiente.

No pareces estar feliz de verme.

Cada momento que te esperé ha sido una eternidad, mi señor.

Entonces... ¿por qué están tan melancólica ahora?

Es sólo un sueño extraño.

Un sueño sin importancia.

Así que dime, mi señor...

¿Cuál es la tarea que te llevará lejos de tu favorita?

Es una tarea...

en la que ningún comandante del Imperio Otomano...

jamás ha tenido éxito.

Llevar la bandera verde del profeta al mismo corazón de Europa.

Y poner al Occidente bajo mi fe.

Como mis ancestros solían poner carne de caballo bajo sus cabalgaduras...

para hacer ofrendas...

yo quiero conquistar la 'manzana dorada'... Viena.

Y guiar mi ejército a Roma.

Y dar agua a mi caballo en la Plaza de San Pedro.

Nunca te quitas ese amuleto.

Mis informantes me dijeron hace algunos días...

que en tierras en tierras de Venecia hay un hombre...

un monje, que hace prodigios extraordinarios.

Cura a los lisiados, devuelve la visión a los ciegos...

y puede estar en dos lugares al mismo tiempo.

Su nombre es Marco.

Marco.

Es el nombre del niño al que le salvé la vida...

hace muchos años.

Fue él quien me dio este amuleto.

¿Esta bien así?

No, no tiene suficiente color.

Tiene que ser más profundo.

Si el color es muy brillante, queda mal.

No, quiero que resulte...

muy brillante...

Han pasado muchos años...

desde la última vez que visitaste a tu padre.

Ahora hay otra fuerza en su vida...

que es mucho más importante que tú, Carlo...

es nuestro Padre que está en el cielo.

Por supuesto.

Y no ha tenido que tratar de sobrepasar cada mes.

Carlo.

¿Recuerda la noche que encontré la espada del Padre Giovanni en el bosque?

En esa noche...

Dios me hizo un llamado.

No fue mi imaginación...

no fue una fiebre...

no fue delirium.

Fue la voz de Dios llamándome esa noche.

Decidí convertirme en cura.

Necesitamos más que una mano en la tintorería, Marco.

No un cura.

Pero tú decidiste otra cosa.

Disculpa, pero estoy muy cansado.

Buenas noches... buenas noches, hijo.

Vamos.

El trabajo no va tan bien como antes.

Ya estuviste ahí.

Lo sé, lo siento, madre.

Los turcos comienzan a hacer incursiones.

Los barcos de la luna creciente...

ya no llegan a Venecia.

- Tu padre está... - ¡Señora, venga rápido!

- Rápido. - ¿Qué pasa, Walter?

Un grupo de jóvenes están subiendo la colina.

Dicen que van a matar a Abul.

Oh, Dios mío.

¡Sal de nuestro camino!

¡Vamos, deténganse!

¡Salga del camino! No lo diremos de nuevo.

- Esto no le concierne. - Deje esto, monje.

¿Qué están haciendo? ¿Están locos?

Abul es nuestro hermano.

Aunque piense de forma diferente, es nuestro hermano.

¡No, no es como nosotros!

- ¡Es un Turco! - Es un maldito Turco.

¡Basta ya!

Ni siquiera habías nacido cuando él llegó a Aviana.

En todos estos años...

no le ha hecho daño a nadie.

Vive pobremente.

Podemos vivir juntos.

Si respetamos la fe de los demás.

Podemos vivir en paz con estas personas.

¿Paz? ¿De qué estás hablando, Marco?

Hace dos días, los de su clase arrasaron con docenas de aldeas.

Es cierto, cortaron la garganta de los hombres

y se llevaron a las mujeres y los niños.

Dios.

¡Basta! ¡Matémoslo!

- ¡No! - ¡Mátenlo, mátenlo!

Vamos.

¡Vamos!

Regresa a Turquía. Siempre no tendrás al monje para protegerte.

Regresaremos.

Acuérdate de nosotros. Volveremos pronto.

Te agarraremos, Turco.

No, arriesgaste tu vida.

¡No debiste hacerlo!

No puede escucharte. Es sordo-muda.

¿Vive contigo?

Mi Dios es más tolerante que el de ustedes, Marco.

De muchas maneras.

¿Por qué no te defendiste... allá afuera?

Nuestro destino está decidido.

Es absurdo tratar de desviarlo.

Sabes, Abul...

hace años, cuando estudiaba en el seminario...

pensé mucho en cómo el Dios en el que crees...

es tan diferente del mío.

Me pregunté a mí mismo...

¿Por qué este Dios permite...?

que tantas personas crean en un Dios...

que no es Él mismo?

Y luego me di cuenta de que son sus hijos que llevan su luz...

adonde sea necesario.

Un día, Abul...

ustedes dos verán la verdadera luz.

Todas las luces son verdaderas, Marco.

Sólo existe una luz verdadera, Abul.

Sólo uno.

¡Por Alá!

- Déjanos. - Mi señor.

¿Qué demonios perturban tus sueños?

Esta noche, te vi de nuevo en esa colina.

¿Ese mismo sueño esta noche también?

Cada vez, parece volverse más claro.

Es como otro capítulo salido de la misma historia.

Y esta noche...

el sueño revela cómo termina la historia.

¿No es cierto?

Sí, es cierto.

Es el Gran Visir.

Sí, es Kará Mustafá.

Debes hablar ahora.

¿Qué es lo que deseas saber?

Pronto me iré a una gran misión.

Pero hay un sueño...

que me está atormentando por muchas noches.

Háblame de tu sueño... Kará Mustafá.

Estoy en la cima de la colina, vestido de armadura...

para la guerra.

Hay un hombre...

usando... sólo un hábito de monje...

a la cabeza de miles de guerreros.

En su mano derecha tiene... una cruz de madera.

Y entonces salen muchas flechas volando...

hacia mi.

10, 20 y me dan.

Y...

No. Este sueño no es tuyo... Kará Mustafá.

Es el sueño de una mujer... una mujer de tu harén.

Es el sueño de tu favorita.

¿De dónde es esta mujer?

Es Italiana.

Fue arrancada de su aldea cuando tenía 4 años.

Entonces... debe haber algo de verdad en sus visiones.

¿Está prediciendo mi futuro?

Yo...

veo...

sangre.

Muchísima sangre.

¿Está seguro de lo que dice?

Sí.

Veo mucha sangre, pero no tuya.

No tuya.

Tu sangre no será derramada,

Kará Mustafá.

- Mira allá. - ¿Dónde?

Allá, sobre la torre.

Ah, sí.

Es precioso.

Puede verse perfectamente.

Incluso sin el invento.

Aquí está de nuevo. Está atravesando el cielo.

- Desde el Oriente. - Como una llegada.

El anuncio del nacimiento de nuestro señor...

a los tres reyes magos.

Mire usted mismo, Padre Marco.

Oh, mi Señor Jesús.

Realmente parece que es la llegada de...

¿Qué pasa, Padre Marco? Marco.

¿Qué ha visto que lo ha puesto así?

¿Qué sucede?

Es sangre.

Sangre del Oriente.

Esto es una señal.

Esta es la señal.

Lo que te voy a decir te causará pesar.

Está llegando el momento de que me vaya, Lena.

- ¿A dónde? - A casa.

A Estambul.

No puedo llevarte conmigo.

El cometa... es una señal de guerra.

En mi país no hay lugar en la batalla para las mujeres.

Tienes razón.

Entre tu corazón y tu fe, escoges a tu corazón.

Es ingrato de tu parte.

Apuesto que confías, Lena.

Sólo que entre mi corazón...

y mi fe, debo escoger mi fe.

¿Me entiendes?

Esto es lo que nos hace a los Musulmanes tan distintos de los Occidentales.

Alá el Todopoderoso estará con nosotros muy pronto.

Debemos marchar al Oeste.

A llevar la bandera verde del profeta al mismo corazón de Europa.

Vamos a castigar a los infieles.

Por atreverse a rechazar al pueblo del Islam...

Lepanto.

- Alá es grande. - ¡Alá es grande!

Marco, ¿qué es lo que el Emperador quiere de ti?

No lo sé, hermano.

Pero sé lo que le pediré.

Le pediré que forme alianzas militares...

y se preparen.

No entiendo.

¿Por qué el Emperador debe formar alianzas militares?

Nadie está amenazando al imperio.

Pronto llegará la amenaza.

No, no es posible, Marco.

¿Por qué lo harían? Firmaron un tratado de paz.

El Oriente quiere conquistar el mundo, Cosme.

Y saben cuál es el momento preciso para atacar.

¿Ese dolor punzante de nuevo?

Sí, peor que nunca.

Bebe esto, Marco. Te hará bien.

Huele bien.

Querido Dios...

mantennos lejos de la guerra.

Sabes que deseo más que nada vivir en paz.

En paz contigo...

con nuestro país, con nuestros vecinos.

Si mi muerte puede servir de algo...

llévame ahora.

Estoy listo.

Me has dado una carga muy pesada, mi Señor.

Es demasiado grande.

Espero por ti. Mira si está listo.

Hermano, no temas.

Me temo que es peligroso.

Es mejor que me mantenga lejos de él.

- ¿Estás lista, mi querida? - Sí, madre.

Suéltalo.

Ya.

Qué atrapada tan magnífica.

Fue al instante. Fue tan rápido.

- ¿Sabes qué? - Dígame, su Majestad.

Si mis soldados fueran tan astutos como los halcones de mi hermana,

tendría un ejército verdaderamente invencible.

Su Majestad.

Padre Marco, esperábamos ansiosamente su llegada.

- Bienvenido, Padre. - Me dijeron que usted...

hizo cosas extraordinarias en Italia.

Mi primo Carlo, después de una sola bendición suya...

se le quitaron sus quemaduras.

Todo viene del cielo, Majestad.

A menudo Dios se muestra a través de los pobres y los humildes.

Seguro.

Y entre todos los humildes y los pobres...

el cielo lo ha escogido a usted.

Y ahora le pido que bendiga a mi familia.

Y luego desearía retirarnos a mi estudio a hablar a solas con usted.

Se estará preguntando, sin duda, por qué lo hice venir a Viena.

Verá...

Lo envidio profundamente.

- Sinceramente es así. - No entiendo.

Yo quería hacerme cura.

Como usted, pero...

Dios decidió otra cosa.

Su Majestad...

en este momento, usted representa tanto poder...

Es usted quien debe sentirlo y no yo. Y aún así acepto...

la voluntad de Dios, con toda humildad,

porque Él sabe lo que es mejor para sus hijos.

Tengo algo que proponerle, Padre.

Le pido que se convierta en mi consejero.

Para poder consultarlo cuando tenga necesidad.

Y...

¿Poder?

¿De qué poder está hablando, en nombre de Dios?

Majestad...

Hace ya meses que los Turcos están haciendo estragos en el Oeste.

Cuando les place...

y no se mantendrán contentos con la tierra de Polonia hambrienta.

Pronto... atacarán Viena.

Lo que dice es muy serio, Padre, pero...

Pero han firmado un tratado de paz.

Su Majestad, la guerra de los 30 años ha debilitado a Europa.

Y una Europa débil es demasiada tentación para los Musulmanes.

No... lo está imaginando.

Con todo respeto, su Majestad...

no lo invento. Escúcheme, por favor.

Usted debe hacer alianzas...

con los curas de Sicilia...

con el Palatinado...

con el Rey de los bárbaros, pero sobretodo...

con el rey de Polonia.

No. No, no.

- ¿Sobieski? - Sí.

Ese campesino, ese...

- bárbaro con crucifijo. - Su Majestad.

Él me odia.

¿Me escucha? Me odia.

Jan Sobieski nunca se aliaría con nosotros.

¿Ha olvidado que su esposa vino de Paris?

Y el Rey Luis haría cualquier cosa para mantenerlo así...

De hecho, es el Rey Luis el que está animando los Turcos a romper el tratado.

Pero...

el tratado expirará el año próximo, Padre Marco.

No hay razón para preocuparse.

Esperarán hasta que salga la yerba nueva de primavera.

Cuando suceda, el ejército y el Gran Visir saldrán de Estambul.

Y muy pronto después de eso...

podrá ver el polvo de su cabalgadura ante los muros de Viena.

¿Qué hará cuando eso suceda?

Asegurémonos...

de que no suceda.

Vengan, vengan conmigo.

Raliv, ven.

Padre Marco, quiero que conozca a mi hermana, la duquesa.

Y su esposo, el duque Carlo.

Padre Marco, bienvenido a Viena.

Veo que ha reparado en mi rostro.

Es la viruela.

Y sí, puede ser más devastadora que una batalla.

Y déjeme presentarle al Conde Ernst Huddiger, de Stahremberg.

Tiene el mando militar de la ciudad.

¿Conoce esta música, Padre Marco?

No, sólo soy un monje ignorante...

¿Ignorante? Padre Marco, usted es más inteligente que todos nosotros.

- Y tiene acceso directo a Dios. - Oh, sí.

- ¿Y tú conoces esta música, Marie? - Ciertamente.

Es una pieza compuesta por Claudio Monteverdi.

Es una tocata muy famosa... muy precisa.

Me sorprende que no la conozca.

Fíjese, Padre Marco... qué cena tan maravillosa hemos preparado

especialmente para usted.

Padre Marco... ¿dónde está?

Por favor, siéntese, y comparta esta delicia con nosotros.

Su Majestad...

Años de encierro han convertido nuestro estómago en...

No estamos en condiciones de honrar semejante comida.

Discúlpenos.

Pero, ¿ustedes se van...?

- Eso me temo. - Qué descortesía.

Sentarse en nuestra corte es un privilegio...

que tienen muy pocos.

¿Alguien puede explicarle esto a nuestros amigos?

- Ella... - Entiendo, duquesa, pero...

me siento incómodo en las cortes reales.

¿Incómodo?

Incómodo dice.

Su emperador lo invita a su mesa...

y usted se siente incómodo.

- ¿Cómo se atreve? - Duquesa...

Su Majestad, me siento cómodo sólo en la soledad de mi monasterio.

Y rezando a mi Dios.

Pero no quiero estropear su cena, Duquesa.

Bueno, mi cena ya ha sido estropeada, Padre.

No tiene importancia.

¿Hay algo que pueda hacer por usted?

Sí, hay una cosa que puede hacer.

Dele su cena a nuestro refugio para que podamos dársela a los pobres.

Y... mucho pan para nuestro viaje.

Espero que el consejo de este monje...

le haga encontrar los modales del espíritu, querido hermano.

Sí, comencemos.

Ahora...

les explicaré lo que haremos.

Seguiremos el curso del Maretson...

hasta las montañas Pinduss.

Y en menos de dos meses...

estaremos llegando a los muros de Viena.

El astrónomo lo ha confirmado.

El cometa es la señal que estábamos esperando.

Es la voluntad de Alá.

Y en nombre de Alá, venceremos en la misión más grande...

que el pueblo del Islam jamás ha asumido.

¿Y el ejército Francés?

¿El Gran Visir está teniendo en cuenta el ejército Francés?

El Ministro de Guerra no tiene por qué preocuparse.

El ejército Francés no se moverá.

El rey Luis odia al emperador Austriaco.

Y con relación a las armas...

nuestro comandante de artillería...

me mostró que podemos tener un cañón...

capaz de reducir los muros de Viena...

a cenizas.

Tal vez el Gran Visir haya olvidado...

que Ahmmed Bey...

fue una vez un monje Cristiano, que rechazó su fe.

Ahmmed Bey, su Alteza...

abrazó la fe del Islam... hace muchos años.

Está listo para morir en cualquier momento...

por el triunfo del Jihad.

El rey Solé no moverá un dedo cuando ataquemos.

Piensa que esta guerra le puede servir.

Porque está convencido...

que una vez que hayamos vencido a Leopold de Habsberg...

él se convertirá en el soberano más importante de Europa.

Sin más enemigos...

excepto nosotros.

Nosotros seremos sus verdaderos enemigos.

Pero cuando el Rey Luis se de cuenta de eso...

será demasiado tarde.

Porque ese día...

todo el territorio se habrá convertido en almizcle.

Vengo del Occidente.

Con información de gran importancia para el Gran Visir.

Aléjate, mendigo.

El Gran Visir está con sus oficiales y no puede ser molestado.

Tengo información de la tierra de los cristianos.

- Podría ser útil para el Gran Visir. - ¡Basta ya!

Piérdete, mendigo. No eres más que una vergüenza.

¿Qué sucede?

- ¿Qué es todo esto? - Perdón, Gran Visir.

Este hombre dice que tiene información importante para el Gran Visir.

Déjennos solos.

Cuénteme sobre este hombre.

Es un monje.

Ha hecho milagros.

Le devuelve la visión a los ciegos, hace caminar a los lisiados.

Dicen que puede estar en dos lugares a la vez.

¿Milagros?

¡Trucos!

Los trucos habituales de estos impostores.

La iglesia cristiana está muy ligada a él.

Sus palabras son como truenos para las personas.

Dice que deben formar una fuerza sagrada contra el Islam.

En el mismo espíritu de Lepanto.

Dice que la batalla guiada por el Islam...

es sólo el principio de una batalla para toda Europa.

Y...

¿quién es precisamente este monje...?

¿que cree que puede detener el ejército del profeta?

Usted lo conoce, Gran Visir.

Ya se encontró con él.

¿Estás jugando conmigo?

- ¡Te atreves! - Por el poderoso Alá,

nunca me atrevería, Gran Visir.

Hablo de hace muchos años.

Salvó su vida en Venecia...

y él le dio el colmillo dorado que tiene en su cuello.

Debí haberlo dejado morir.

¡Darkan!

- Sí, mi señor. - Vigile a este hombre.

Y prepárense. En unos días marchamos al norte.

Los ojos del hijo de Kará Mustafá están mojados.

El hijo de Kará Mustafá tiene miedo.

Miedo por su padre.

Deja esas lágrimas, Ali.

Sabes que nosotros no lloramos.

Te haré saber un secreto.

Un secreto entre tú y yo.

Vi a un gran vidente hace unos días.

Y pronosticó que lucharé una batalla terrible...

donde morirán miles.

Miles.

Pero mi sangre... no será derramada.

¿Lo entiendes?

Por eso es que sé que volveré.

Este es mi amuleto de la buena suerte.

Te lo confío a ti.

Me lo devolverás... a mi regreso.

Edirne, Turquía, 15 de Marzo, 1683

Padre Marco.

Fui menos que cortés con usted en el pasado.

Estaba perdida y no podía ver más allá de mi ira.

Y por esto... le ruego perdón.

Por supuesto.

Pero ahora, quiero que rece por mi tormento, Padre.

Quítenme estos vendajes.

¡Quítenmelos!

Duquesa, duquesa...

no es necesario, puedo rezar sin tener que verla.

No. No, Padre.

Si ve mi sufrimiento...

sus rezos serán mucho más intensos.

Oh, Dios mío.

Mi querido señor...

- Mi señor. - Me está llevando la vida, Padre.

No quiero morir. Se lo ruego.

Se lo ruego.

No voy a morir, ¿verdad, Padre?

No voy a morir... no voy a morir.

No vas a morir.

Vamos, Dios te necesita para sus planes.

Tú no vas a morir.

¡Sal del camino!

¡Por Dios no! ¡No, deténgase!

¡En nombre de Dios!

Lo ves, Marco...

ella ha venido a Viena... a buscar a Abul.

Lo ha hecho por amor.

Pero Abul es musulmán.

Abul es un hombre.

Y no hay necesidad de susurrar, Cosme.

Lena es sorda, ¿recuerdas?

No puedes quedarte aquí.

Pronto, habrá una guerra.

No... Abul se ha reunido con su pueblo.

Olvídalo.

¿No puedes?

En nombre de Dios, ¿por qué?

Oh, madre de Dios.

Ya se aproximan.

Gran Visir Kará Mustafá...

el llamado de Alá ha llegado a cada uno de los Tártaros.

Y en la silla de nuestros caballos, estamos a sus órdenes.

Estábamos esperando por usted... Murad.

- Su Majestad. - ¿Quién es este hombre?

Su Majestad, el mensajero.

Soy Joe Kushinski. Venimos de Estambul

con una carta del Gran Visir Kará Mustafá.

Que ya ha sido traducida, su Majestad.

¿Entonces hay guerra?

Yo, Gran Visir Kará Mustafá, defensor de la verdadera fe...

exijo que...

Continúe.

El perro infiel Leopold de Austria...

que abandone las tierras que ocupa injustamente.

Mi ejército vencerá toda resistencia y ocuparemos la manzana dorada

que ustedes llaman Viena.

Al mismo...

perro infiel, yo declaro...

que espere mi llegada a esa ciudad y cuando lo tenga ante mí,

pasaré...

sobre su cabeza.

Oh, Dios mío.

Pero... ¿cuántos hombres estimas?

Tengo entendido que unos 300,000.

Pero, no todos son soldados, su Majestad.

Se sabe que viajan con un gran número de seguidores y ocupantes

y prostitutas.

¿300,000?

300,000.

- Es terrible, es terrible. - ¿Qué es lo terrible?

¿No lo escuchaste? Van a venir.

Para obligarnos a abandonar Viena.

No puede abandonar la ciudad, su Majestad.

¿Qué más puedo hacer?

Si Viena cae, siempre podemos reconquistarla.

Pero y yo... me matará.

Y a mis hijos.

¿Qué haremos, Dios?

No. La carta lo decía.

'Espere mi llegada a esa ciudad...

'y tan pronto como lo tenga delante...

'pasaré sobre su cabeza'.

Un ratón, así me siento, un ratón.

Arrinconado por dos gatos feroces.

Por una parte ese loco sediento de sangre Kará Mustafá...

y en la otra el traidor Rey Luis de Francia.

No hay salida.

- No tenemos ventaja. - Su majestad.

El Papa Inocencio ha juntado 300,000 ducados para la cristiandad.

Podríamos enrolar a muchos hombres por esa cantidad.

300,000 ducados. No es lo mismo que 300,000 soldados.

Listos para morir por su Dios.

¿Con cuántos hombres podemos contar en Viena?

¿20, 30,000?

No, su Majestad.

Más o menos... no tantos.

Si juntamos a la milicia, la policía, los guardias...

- el regimiento de infantería. - Al grano, ¿cuántos hombres?

Diría que unos... 15,000 hombres.

Oh, Dios mío.

Señor.

Oh, Dios mío.

¿Qué propones?

Bueno, yo propongo que...

luchemos al descubierto.

Mostrándole que no tenemos miedo.

Si Kará Mustafá llega a Viena...

olerá la sangre y nunca se detendrá.

¿Qué creen que hacen? Váyanse.

Fuera.

Decías...

decía que los enfrentemos en campo abierto.

No.

No, Viena es una gran fortaleza.

¿Por qué nos expondríamos al descubierto?

Y con un número de hombres tan inferior.

Para controlar sus movimientos...

Si asedian la ciudad, estamos...

destinados a morir.

Y esa será nuestra fe.

- Si nos quedamos aquí discutiendo... - Mi querida hermana.

- Buen Dios, esto es un milagro. - Qué sorpresa tan increíble.

No perdamos el tiempo con abrazos. Envía un carruaje.

Y trae al Padre Marco de vuelta a Viena.

Puedes usar su consejo en un momento como este.

Hermana, lo que necesitamos ahora son armas y hombres,

- no consejo. - Escúchame.

- Te lo imploro, hermano. - Te lo ruego.

Ese hombre tiene... una fuerza sobrehumana con él.

Mira mi cara, mis manos...

recuerdas cómo estaba mi cuerpo.

Mírame y dime si no es un trabajo de Dios.

Río Raab, Hungría. Campamento de Carlo di Lorena.

Oigan, deténganse.

Sargento. ¿Qué está pasando?

Un sonido de caballos desde el otro lado del río.

Miles de caballos.

¡Vamos, vamos, todos al río!

¡Rápido, al río!

¡Al río, rápido!

¿Pueden verlos?

¿Qué está pasando?

Silencio.

Oh, buen Dios. ¿Cuántos son?

Leopoldo lo está esperando, su Majestad.

Creemos que sería mucho más prudente que su Majestad

viajara en un carruaje menos ostentoso.

Está bien, bien. Así está bien.

- ¿Qué noticias tienen? - Deben haber llegado donde el Padre Marco.

- Que Dios nos ayude. - Que así sea.

De prisa, no hay tiempo que perder.

- ¿No vienes, hermana? - El Padre Marco volverá.

No abandonaré a Viena.

Como quieras.

Padre, finalmente. Su Majestad necesita de usted.

El ejército Otomano se aproxima a Viena.

Su Majestad no necesita de mi ayuda.

Necesita la ayuda de Dios.

¡De prisa, muévanse!

¡Suban, rápido!

¡De prisa, vamos!

Viena, Austria, 14 de Julio, 1683

Mire usted mismo, Padre.

Que la santa virgen nos ayude.

No puedo creerlo.

¿Cuántos son?

Llegaron al amanecer.

Guiados por Kará Mustafá, es el nuevo Gran Visir.

¿Kará Mustafá?

¿Lo conoce?

Lo conocí... hace muchos años.

¿Cuántos hombres tienes?

Unos 15,000 bien armados.

Del Sur, se nos unirá Eugenio de Sevoia en dos o tres días

con 1000 lanceros Italianos.

Y luego vendrán otros 20,000 hombres de los bárbaros.

10,000 de Franconia...

entre todos, tal vez unos 50,000 hombres.

¿50,000?

¿Y el rey de Polonia?

Prometió que se uniría con...

al menos 40,000 hombres.

Me temo que el rey de Polonia no pudo mantener su promesa.

Estamos solos, Conde.

Estamos solos.

Que Dios nos ayude.

Tú hablas la lengua de los infieles. ¿No es cierto?

Es como lo dice, mi señor.

Está escrito en el Corán...

que antes de destruir a los infieles...

es correcto darles la oportunidad de redimirse.

Mañana al amanecer...

se lo anunciarás a ellos.

- Aseguren todas sus posiciones. - Conde, conde.

Venga a mirar.

Reconozcan la verdadera fe... y paguen en tributo.

Salvarán sus cuerpos y sus almas.

Reconozcan la verdadera fe y paguen el tributo.

Salvarán sus cuerpos y sus almas.

- Reconozcan la verdadera fe... - ¿Qué dice?

Salvarán sus cuerpos y sus almas.

Es increíble.

Nos está pidiendo que nos rindamos.

Reconozcan la verdadera fe...

y paguen el tributo.

Salvarán sus cuerpos y sus almas.

Oh, no.

Reconozcan la verdadera fe...

y paguen el tributo.

Salvarán sus cuerpos y sus almas.

Reconozcan la verdadera fe y paguen el tributo.

Lo que usted dice es muy verdadero, mi señor.

Pero, nunca se es demasiado prudente.

Yo le propongo cavar una zanja...

al pie de las montañas.

Y llenarla con trampas para los caballos de los enemigos.

Dejemos de hablar tonterías.

Nadie puede llevar caballos y cañones hasta las montañas.

Le pido perdón humildemente, Gran Visir.

Pero no podemos excluir la posibilidad

que los Cristianos pueden atacarnos precisamente en Kahlenberg.

Y si el Gran Visir está de acuerdo...

sugiero que nos apartemos a este territorio.

No.

El Gran Visir no está de acuerdo.

Ubicaremos todo nuestro ejército mirando a los muros de Viena.

Y comenzaremos a cavar túneles.

Y pronto...

nuestra bandera de media luna flotará...

desde esta misma espiral.

Mi señor...

nuestro informante nos dice que el rey de Polonia...

está marchando con su ejército hacia Viena.

Han visto nuestro campamento, Gran Visir.

Esto solo puede significar que el rey de Polonia ha decidido

venir al llamado de las tropas.

El viejo Sobieski.

No seas ridículo.

Con el debido respeto, Gran Visir Kará Mustafá...

creemos que puede ser un error...

dejar Kahlenberg sin defensas.

Y subestimar así a todo el pueblo de Polonia.

Podría ser incluso peor.

Jan Sobieski es viejo...

y enfermo.

Tiene dificultades para caminar.

Y hay que cargarlo hasta su caballo.

Sobieski nunca dejaría su país.

Y para el momento en que se entere de nuestro ataque...

todas las iglesias de Viena...

se habrán convertido en mezquitas.

Han comenzado.

Que Dios nos ayude.

¡Listos!

¡Fuego!

¡Fuego, fuego!

¡Rápido, muévanse!

¡Lleven al Padre abajo! Protéjanse.

Rápido, abajo. Rápido, rápido.

¡Rápido!

¡Fuego! ¡Sigan disparando!

¡Fuego!

Vayan con el Conde.

Dame una mano, rápido.

¡De prisa, por allá! Con los otros.

Eso, llévenlos adentro.

Allá, llévenlos allá.

No, no, no. Tú quédate aquí.

Estaré bien. Es sólo un arañazo.

Tienes mucha sangre. Recuéstate.

Sólo por esta noche.

Tendrán un despertar muy crudo.

Dicen que sólo tienen 15,000 hombres.

Creo que será más fácil de lo que pensamos.

¡Oye, tú, detente!

¡Regresa aquí!

- ¡Atrápenlo! ¡Atrápenlo! - ¡Por allá!

¡No dejen que escape!

- ¡A él! - ¡Allá, atrápenlo!

¡Deténgalo!

¡Cuidado, tiene un cuchillo!

Alá está con nosotros.

Es una mujer.

¡Miren esto!

¿Por qué me han llamado?

Esta infiel se escabulló en el campamento.

Este problema no me incumbe.

No conozco a esta mujer.

Bien. Entonces no te importará que la pongamos con las mujeres

para satisfacer a los soldados.

Alá es mi testigo... de que no conozco a esta mujer.

¡Cuidado con ella!

- ¿Qué está tratando de decir? - Nada.

- Le está rezando a su Dios. - Deja de moverte.

¡Entra!

Viena, Austria. 9 de Agosto, 1683

Entonces...

según la predicción, la mitad de nosotros morirá, Conde.

Dios mío.

Escuché ruidos arriba.

Vengan conmigo. Vamos, rápido.

¡Fuera, todos fuera!

¡Rápido, salgan todos!

¡Rápido!

Levántense. Despierten todos.

Prepárense, vamos, de pie.

Levántense. De pie todos.

De píe, de pie.

¡A los muros, de prisa!

¡Busca a los demás hombres, rápido!

¡Allá, manténganse disparando!

¡Cuidado! ¡Resistan!

¡No dejen que suban! ¡Fuego!

¡Rápido, muévanse!

- ¡Retírense al campamento! - ¡No los dejen escapar!

No seremos capaces de aguantar mucho más.

Conde, mire allá.

No lo creo.

- ¿Qué es, Conde? - Mira.

Es la madonna negra. Mi rey está llegando.

¡Mi rey está llegando!

¡Sí!

¡Mi rey está llegando!

¡Sí!

Abran.

Muévanse. Hagan espacio.

Tú.

Puedes ir.

Luchar por la fe no es suficiente.

Ni siquiera para los musulmanes.

Linz, Austria. Palacio Imperial.

Al fin, ya era tiempo.

Bienvenido entre nosotros, Comandante Sobieski.

Caballeros, declaro abierto el Consejo de Guerra.

Queremos discutir el mando de la unión sagrada.

Encontramos inoportuno que ese mando sea dado a Sobieski...

- quien no es de origen noble. - Cierto, es sólo un soldado.

Nosotros, Príncipe de Alvaria también sentimos inoportuno

entregar semejante mando a un simple general.

Usted prometió 40,000 hombres.

Nuestros informantes nos dicen que sus hombres son apenas 20,000.

Imposible. No podemos confiar en él.

- Promesas son promesas. - Absolutamente.

¿Cuál es la opinión de nuestro joven Teniente Eugenio de Sevoia?

Excelencia, traje 1,000 lanceros Italianos conmigo.

Listos para morir en defensa de la fe Cristiana.

Quienquiera que mande en la santa alianza...

estamos aquí para luchar.

Podríamos terminar en una derrota segura.

60... apenas 60,000 hombres contra 300,000.

Sólo puede significar una cosa.

La derrota.

- ¿Qué dice, Sobieski? - Yo digo...

que no estoy dispuesto a permanecer en este salón un momento más...

a menos que me garanticen el mando de la unión sagrada.

No estamos aquí para ser amenazados por los aliados.

Hable, Padre Marco, usted es un hombre de Dios.

Rezo porque encuentre una solución.

Su Majestad... ¿por qué usted insiste en tomar el mando?

Porque yo sé cómo ganar esta batalla.

Esa es una simple presunción, Sobieski.

Un pecado grave para el Cristiano que dice ser.

Hagan silencio. Caballeros, silencio, por favor.

Escuchemos lo que el Padre Marco tiene que decir.

Sus Majestades, Excelencias, sólo soy un pobre monje.

Y no conozco nada de estrategias.

Ni de planes de ataques, pero sí sé que Viena representa...

la supervivencia de la Cristiandad.

Sé que si tienen fe, ganarán.

Si se mantienen unidos...

ganarán.

Si el rey de Polonia dice que sabe cómo ganar esta batalla...

deje que nos lo explique.

- Bien, escuchemos. - Tengo curiosidad.

Bueno... este es mi plan.

Escuchemos su gran plan.

Atacaremos a los Turcos desde donde menos lo esperan.

¿En serio? ¿Y por dónde es eso?

¡Por Kahlenberg!

Pero, no es posible.

No hay forma de transportar los caballos y cañones hasta allá.

Cierto. ¿Cómo propone que llevemos el armamento a la cima de Kahlenberg?

- No hay caminos. - No escuchen a este hombre.

- ¡Silencio! - Es cuestionable.

Silencio, en nombre de Dios.

Escuchen.

Escuchen cuidadosamente cada palabra que diga.

Llegaremos a la cima de esa maldita montaña...

y desde allá arriba...

mis cañones enviarán al infierno al campamento musulmán.

Y yo, personalmente,

cargaré desde Kahlenberg...

a la cabeza de mi caballería...

y destruiremos...

el ejército de Kará Mustafá.

¿Me mandó llamar, Gran Visir?

¿Pudiste reconocerlo?

Es él, mi señor.

Quiero reunirme con él.

¿Puedo preguntar por qué, Gran Visir?

Quiero descubrir...

por qué Alá me hizo salvar su vida.

¿Cuándo piensa hacerlo?

Ahora...

esta misma noche.

Ahí está.

Le enseñaría su colmillo de lobo, pero se lo dejé a mi hijo.

Como prueba de que volvería.

No hay necesidad, Kará Mustafá.

Te reconozco, incluso en la oscuridad.

¿Por qué... querías encontrarte conmigo?

Mis informantes me dice que debo temerle...

mucho más que a los generales de Leopold.

Yo no tengo armas.

Sólo puedo rezarle a Dios.

¿A cuál Dios?

El que nosotros creemos sabe...

quién morirá de entre nosotros dos.

El Dios verdadero.

El que te hizo salvar mi vida hace muchos años.

Alá... me hizo salvar su vida.

Para que pudiera matarlo mañana... en Viena.

Dios lo hizo para que yo pudiera estar aquí para salvar tu vida.

¿Quiere salvar mi vida... monje?

Más, quiero salvar su alma.

Retira tu ejército.

Está loco.

Mañana los derrotaremos.

Y yo personalmente le cortaré la cabeza con mi cimitarra.

Salva tu vida y tu alma, Kará Mustafá.

Nuestro Dios es misericordioso.

Nunca es demasiado tarde para pedir su perdón.

Nunca.

Ganaré, monje.

Pero, si por alguna razón, soy derrotado,

el Occidente no tendrá lugar para la dicha.

Porque su victoria sólo fortalecerá más al profeta.

Y no pasarán muchas primaveras...

antes de que otro Gran Visir se presente...

a las puertas de Viena.

Y toda Europa tendrá que someterse a Alá.

El verdadero Dios no necesita sumisión.

Quiere que los hombres sean libres.

Para que vuelvan a amarlo.

Aún así morirás, monje.

Abraza a sus corderos.

Y Alá te juzgará y te perdonará.

Dios es grande.

Dejémosle a Él esa decisión.

No podemos tomar su lugar.

Inshallah, Marco.

Inshallah, Kará Mustafá.

Viena, Austria. 11 de Septiembre, 1683

En unas horas, Viena dejará de existir.

Y este día...

será recordado por siglos...

como el día de la más grande victoria Islámica.

¡Mis hermanos!

Pronto... tendrán que luchar.

Tendrán que matar otros seres humanos.

Cuando llegue ese momento...

cuando deban matar o que los maten...

recuerden mis palabras.

Están luchando no solo por defender Viena,

sino también para defender su fe y sus tradiciones.

Están defendiendo a sus esposas e hijos.

¡A sus hermanas! ¡Sus hermanos!

¡Sus madres y padres!

Porque...

si Viena cae... Roma caerá.

Y si Roma cae...

la Santa Madre Iglesia caerá.

¡Defiendan su fe!

¡Para que sus hijos puedan ser libres para abrazar a Dios!

¡Libres para amar a Cristo!

¡Libres... porque ustedes pelearon este día!

¡Repitan después de mí!

¡Yo creo!

¡Yo creo con todo mi corazón!

¡Yo creo con todo mi corazón!

¡Vamos, pongan todas sus fuerzas!

Esos cañones tienen que llegar a la cima.

Empujen más fuerte.

Muévanse, están muy lentos.

Empujen esos cañones.

¿Qué están haciendo? Debe avergonzarles dejar a su rey en este desastre.

Su Majestad, déjelo con nosotros.

¡Déjenme!

¡Rápido, levántenlo, vamos!

¡Deténganlo!

¿Qué vamos a hacer, su Majestad? ¿Volvemos a buscarlo?

Déjalo donde está. No podemos detenernos.

Continúen, continúen.

Están en la cima. Prepárense para atacar.

Somos los verdaderos creyentes.

Desde el principio del tiempo.

Somos muy numerosos...

que no nos pueden contar con los dedos de sus manos.

Vamos a conquistar la manzana dorada.

¡Fuego, por amor de Dios!

Señor Duque.

Mire hacia allá.

Jesús Cristo. Es Kará Mustafá.

El rey de Polonia.

¿¡Dónde está el rey de Polonia!?

¡Retirada!

Están retirando su ejército.

Los está llevando hacia el agua.

Nuestras tropas se están retirando.

Estamos perdidos.

Hay alguien en la cima de Kahlenberg.

Puedo verlo, Gran Visir.

Está sosteniendo una cruz.

¡Hukor!

Cambio de planes.

Vuelvan sus cañones hacia la montaña.

¡Giren los cañones hacia la montaña! ¡Rápido!

¡Aquí está la cruz del Señor!

¡Aquí está la cruz del Señor!

¡Aquí está nuestro Salvador!

Bájate de ahí, Marco. Vamos.

Qué extraño.

No hay viento.

Y los árboles del Kahlenberg parecen moverse.

No.

¡Fuego!

¡Fuego!

¡Cúbranse, están disparando desde Kahlenberg!

¡Vamos, no se detengan!

¡Fuego, fuego, fuego!

¡El Gran Visir! ¡Debemos proteger al Gran Visir!

¡Debemos salvarlo!

- ¿Tienes miedo? - No, padre.

Es tu primer desafío.

No te avergüences de tener miedo.

¡Avancen, en nombre de Dios!

Está atacando. Sobieski está atacando.

¡Viene con su ejército! ¡Estamos salvados!

¡Viena está salvada!

El rey de Polonia está atacando desde Kahlenberg.

Defiendan desde su flanco. ¿Qué están esperando?

¿Hacia dónde van?

¡No vayan por ahí!

¡Vayan por el otro lado! ¡Vayan!

¡Atrás, atrás!

¡Atrás, vamos!

¡Avancen!

¡Avancen hacia allá!

¡Busquen a Kará Mustafá!

No puede estar lejos.

¡Ahí está, señor!

No lo creo.

¡Fuego!

Matamos a Kará Mustafá.

Maldito seas, Kará Mustafá.

Estarán con Dios.

Oh, Abul.

Dios.

¡Dios!

Belgrado. 25 de Diciembre, 1683

Mi señor...

han llegado.

A sus puestos. Protejan al Gran Visir.

Listos.

Muévanse, muévanse.

Estoy orgulloso de ti, padre.

Estoy orgulloso de ser el hijo de Kará Mustafá.

Al menos, llévate a mi hijo.

No es posible, mi señor.

El Sultán ordenó personalmente que el niño debe presenciar su muerte.

Alá es mi testigo.

De que luché por Él...

y el triunfo de la verdadera fe.

Observa la muerte del Gran Visir, hijo mío.

Observa.

Y nunca lo olvides.

Nunca.

¡Bravo!

¡Bravo!

¡Bravo!

¡Bravo!

Para Luigi y Bruna, dondequiera que estén.

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