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3 PM. Esquina de la 31 con la 8a Avenida
Bosque
64 de West 48th Street
315 de Grand Street
El reloj
445 West 23rd
El f�sil
901 de la Avenida de las Americas
Negocio de sat�lites
Resaca de la corriente
Kansas Fried Chicken
Ascensor Hudson Express
Aparcamiento Imperial
Desde lo alto de la ciudad, hay millares de vistas como estas.
Miro hacia abajo desde un edificio de oficinas.
Un rascacielos y veintiseis pisos por debajo,
casi todos los ejecutivos y las secretarias
hace mucho que han tomado sus taxis y sus trenes a casa.
Miro al oeste, pregunt�ndome hasta d�nde alcanzo a ver.
Si es posible encontrar la Novena Avenida desde alguna de estas ventanas.
A lo lejos oigo un sonido como el del oc�ano. Supongo que es el tr�fico.
No puedo ver nada de la parte este de la ciudad.
Hace diez a�os, cuando llegu� por primera vez a la ciudad,
tuve un trabajo en la parte este de vendedor con carrito.
Para obtener la licencia, me dijeron que ten�a que ir a una oficina municipal,
a una ventanilla en particular y pagarle un peque�o soborno al empleado.
Casi todos los d�as empujaba mi carrito desde el garaje
al mismo lugar de la Novena Avenida, cerca de la boca del T�nel Lincoln.
Vend�a cacahuetes tostados y refrescos frente al almac�n de ofertas de electr�nica
y al outlet de muebles usados.
A veces me enviaban a otros lugares, dependiendo del clima,
o de los otros vendedores,
o de factores que no entend�a.
Pero casi siempre aparcaba en ese mismo lugar.
Y por un tiempo esa baldosa de acera fue m�a.
Vend�a cacahuetes. Me quedaba de pie detr�s de mi carrito.
Y tras unas cuantas semanas, para algunos me convert� en un habitual
y para otros me iba volviendo invisible poco a poco.
Descubr� que s�lo con estar de pie vendiendo detr�s del carrito
hab�a colocado un muro y una ventana
desde los que pod�a ver lo que pasaba en la calle
en el bloque, en ese largo pasillo de negocios y peatones.
Y a medida que me volv�a invisible,
comenzaba a ver cosas que una vez hab�an sido invisibles para m�.
Como estaba ah� de pie cada d�a, ciertas personas se volvieron familiares.
Hab�a un vendedor de perritos calientes que vend�a a mi lado, un italiano viejo y tranquilo.
Y hab�a una mujer asi�tica que vend�a bisuter�a, juguetes, gafas de sol, y m�s,
en una manta extendida.
No hablaba ingl�s.
Me cambi� una cadena por un refresco, una vez.
Y de vez en cuando,
aparec�a un hombre que pescaba los art�culos que se hab�an ca�do
bajo las rejas del metro.
Despu�s de que viniera unas cuantas veces, empezamos a darnos conversaci�n.
Llevaba a�os trabajando en esto.
Hab�a ideado una gran variedad de sistemas e instrumentos para recuperar objetos
dependiendo de su peso, forma, y de c�mo hab�an ca�do
Pod�a contarte muchas cosas de ciertos metales, s�lo por su aspecto lejano
en las sombras bajo la rejilla de hierro.
Y sab�a much�simo sobre la ciudad.
Hab�a t�neles, me dijo, redes de t�neles.
Y refugios bajo algunas aceras.
Hab�a subido de los agujeros m�s profundos monedas raras y joyer�a.
�ltimamente se concentraba en objetos ca�dos debajo de las rejillas del metro
pero antes, hab�a rescatado y vendido otras cosas:
chatarra, ropa, electr�nica, libros usados.
Le pregunt� si ten�a im�genes antiguas, si le quedaban fotograf�as o libros
que quiz� quisiera cambiar o vender.
Dijo que no ten�a mucho, quiz� s�lo algunas cosas sueltas.
Semanas despu�s regres�.
Ten�a libros de texto, cintas de v�deo, y otra cosa.
Un cuaderno lleno de listas escritas a mano.
P�gina tras p�gina de lugares, objetos, incidentes.
Todos ten�an algo que ver con la ciudad.
No hab�a mucho trabajo aquel d�a. Nadie compraba y no ten�a mucho que hacer.
No ten�amos derecho a leer en el trabajo
y nunca sabes cu�ndo te pueden estar mirando.
Pero pude sujetar el libro por debajo del carrito
y fingir que estaba contando el cambio.
El libro no estaba sucio ni se ca�a a pedazos
pero sab�as que llevaba un rato dando vueltas.
Me record� un poco, por fuera, a algo del coelgio.
Quiz� un cuaderno del laboratorio de ciencias.
Por dentro, parec�an las cuentas de un vendedor.
Cientos de direcciones, fechas, y eso.
Pero estaba cuidadosamente dividido en cap�tulos de alg�n tipo.
Y las cosas se agrupaban con otras por alguna raz�n.
Y algunos de los grupos ten�an t�tulos o encabezados.
Eran esos t�tulos los que lo hac�an todo extra�o.
El pescador de la acera pasaba por la ma�ana, normalmente.
Y luego otra vez al final de la tarde.
Le pregunt� si pod�a leerlo un rato y devolv�rselo m�s tarde.
Sab�a que no pod�a ir a ning�n sitio,
as� que mir� al libro durante horas aquel d�a.
Cuando volvi�, le pregunt� que si me lo vender�a.
Quer�a diez pavos por �l.
Dijo que era �nico.
Le ofrec� cinco.
Dijo que no pod�a bajar de ocho.
Le dej� ir.
Nunca le volv� a ver.
Vi a otra gente pescando las rejas
pero a �l nunca.
Las ventas eran altas en el negocio de la venta ambulante.
Con esta compa��a nunca pod�as tener tu propio carrito.
Algunos rodaban bien y otros eran muy dif�ciles de empujar y maniobrar.
Nunca sab�as si uno de los due�os podr�a estar por ah�.
M�s que nada, intentabas no aburrirte y mirabas.
Hay muy pocos lavabos p�blicos en la ciudad.
Y en muy pocos lugares te dar�an ni siquiera un vaso de agua gratis.
Ten�a que mantener todo lo que vend�a escondido dentro del carro,
O acababa cubierto con una capa de holl�n polvo.
Y no estaba haciendo mucho dinero.
Al final del d�a,
los due�os de la compa��a de carritos reun�an tus ganancias en bolsas de papel.
Contaba el n�mero de refrescos que te quedaban.
Pesaban los cacahuetes que quedaban en el carro y te pagaban tu parte.
Entonces se llevaban el resto, dec�an que se iban a la oficina y se iban.
Tard� meses en descubrir que no hab�a oficina.
Que realmente se iban a un bar a la vuelta de la esquina.
Pon�an las bolsas de papeles en una mesa de atr�s, contaban el dinero y beb�an cerveza.
Una vez todos fuimos llamados a una reuni�n
y nos dijeron que pusi�ramos menos cacahuetes en las bolsas que vend�amos.
La ciudad ten�a mano dura con los vendedores de ciertos barrios.
Y las cosas se estaban poniendo tensas en el garaje
en el que alquilaban los aparcamientos para guardar los carros.
Intent� poner un poco menos en las bolsas
y en unos d�as los clientes ya se estaban enfadando.
Un d�a alguien comenz� a gritarme sobre el tema y yo le mascull� algo de vuelta.
Para mis adentros, pens�.
Pero lo siguiente que recuerdo son sus manos alrededor de mi cuello,
y el carrito patinando de lado hacia el tr�fico.
Y tambi�n de repente, me solt� y se fue sin pagar.
Se acercaba el final de la temporada, para m�, en cualquier caso.
De todas maneras la empresa de carritos tampoco dur� mucho m�s
Lo �ltimo que o� de ellos es que estaban vendiendo piezas de ordenador en Canal Street.
El italiano mayor que aparcaba junto a m� sigue siendo vendedor.
Le veo a menudo en la calle.
Y en cuanto al extra�o cuaderno, lo olvid� un tiempo.
Hay millones de peque�os rompecabezas que no van a ser resueltos.
Como hace unos a�os, ten�a que usar cabinas a menudo y empec� a darme cuenta
de que cada tel�fono ten�a las palabras "Reza"
o "Adora a Dios" ara�adas en el metal de la cajita de las monedas.
Y que siempre era la misma letra.
Lo mir� a�os, y siempre estaba ah�.
Bueno, segu� con otros trabajos y conoc� otras partes de la ciudad.
Andaba mucho y al final tuve un coche y conduc�a.
Tuve un trabajo de reparto para una empresa que vend�a flores y globos.
Y luego trabaj� en unas cuantas oficinas.
Durante un tiempo trabaj� incluso en mi coche.
215 West 34th Street 9:12 a.m.
Broadway Star Nellie
Mercurio
N�mero at�mico.
John Street 1:21 a.m. 1980
Lafayette Street 11:18 p.m. 1981
El Pozo
El Archivo
El hombre durmiente
El monumento
La tabla peri�dica
La ley de Mendel
El faro
El reloj de arena
La inundaci�n
El alquimista
Victoria
Conservaci�n de la materia.
Curbfront. Clinton & Delancey
Broadway; 10th Street 2:04 a.m. 1983
Pero hab�a un efecto secundario con el que me encontr�.
por el cual hay que culpar o agradecer al libro.
Y es que, mientras viajo a trav�s de la ciudad,
A veces oigo una voz haciendo listas.
Y a veces se encuentran en grupos, clasificaciones, conjuntos y subconjuntos.
En otras palabras...
el libro se qued� en mi cabeza como una canci�n que no sab�a que sab�a.
Y partes del libro volvieron en flashes, trozos y pedazos.
A veces el listado se dispara por razones que no puedo adivinar.
Ciertos lugares, cosas, incidentes...
que parecen encajar como palabras en un rompecabezas
con una forma que cambia continuamente
de cuyo tema nunca estuve seguro desde el comienzo.
S� que hab�a una lista de fechas y precios debajo del encabezado: N�mero At�mico.
Y que hab�a otros t�tulos como "Movimiento Perpetuo"
"Cuerda"
y "Entierro en el mar"
Grifo Asbury
Lavabo Asbury
Lavabo Asbury
Energ�a potencial contra kin�tica
estaba escrito junto a un listado de cientos de licorer�as.
Ya no recuerdo la mayor parte de los grupos y t�tulos.
Hay avisos escritos a mano alrededor de la ciudad
Fotocopias, octavillas, posters.
A menudo los veo enfrente de la oficina de correos.
La mayor parte de ellos son religiosos.
A veces son sobre cosas que le han pasado a alguien.
Sobre c�mo Correos no quiere aceptar sus cheques...
alguien en el gobierno les tiene man�a.
Conexiones detalladas entre agencias, doctores, oficiales.
Otros son m�s dif�ciles de descifrar.
Algo sobre leer en las nubes caras y mensajes.
Sistemas de n�meros, patentes, teor�as de electricidad, ciencia, esquemas de negocios.
Sol�a leer todas estas cuartillas.
Y donde viera mensajes escritos a mano, los le�a tambi�n.
Podr�a haber estado buscando pistas o quiz� tan s�lo se convirti� en mi h�bito.
Ahora, les cuento sobre el especial de 75 y 40.
Parece que all� donde vayas, hay alquien que quiere que te muevas.
Por lo que se est� celebrando ah�.
S�, se est� volviendo un asco.
Este es el Predicador Salvador. Me arrincona aqu� para predicar.
Me puso en la Quinta Avenida para que diera la alarma.
Hay cargos contra mi cliente. Que le den por culo al todopoderoso, si nos morimos todos.
El que haya escrito el libro parec�a tan minucioso...
y organizado, que sent� que ten�a que encontrarle el sentido.
Pero todo comenzaba a parecer m�s in�til y loco.
La idea de que alguien pensara que pod�a conectar tantas cosas.
Que hab�a alg�n tipo de orden.
Despu�s de todo, nadie hace realmente el mundo.
Es s�lo el lugar al que naces.
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Un tiempo viv� fuera de la ciudad y tomaba el tren para ir a trabajar.
Le perd� la pista a la ciudad y la mayor parte del tiempo me olvid� del libro.
Empez� a parecer un sue�o lejano, pero tambi�n la propia ciudad.
Cuando me mud� de nuevo all� hab�a zonas que no reconoc�a.
Y en las cabinas ya no se le�a "Reza".
Bloques de edificios hab�an dejado paso a nuevas torres de oficinas
pero muchas de ellas no consegu�an encontrar inquilinos.
Fue mientras conduc�a por el centro, mirando esos nuevos edificios...
que otro de los t�tulos del libro lleg� a m� con claridad.
y era la frase "El cristal es un l�quido".
O� a una mujer hablando sobre Atlantic City.
Dijo que dentro del casino no pod�a saber qu� hora era
o qu� pasaba fuera.
Pero dentro, siempre llov�a dinero.
Cuando o� eso, record� que el libro ten�a un encabezado llamado "La lluvia de monedas"
Te lo contar�. Tengo una ciudad bajo tierra.
6:45 a.m.
El motor.
Intentaremos responder a tus preguntas con todos nuestros mensajes grabados.
T�nel.
Si est�s llamando desde un tel�fono con teclas, pulsa el 1.
38 veces 12
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El relicario
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Buenas noches fans de las carreras. Estos son los resultados en directo.
En Yonkers, el ganador de la sexta carrera Dee Donna Ridley de Frank C.
79 iguales, 30-80, 15-20
Second seed, Sprightly Al 5-40, 11-40...
El Observatorio
La Isla
De 8 p.m. a 5 a.m.
Santo Patr�n
El P�ndulo
El Registro
El Pasaje
Las listas, los recuerdos del libro...
parecen estar desencadenados por algunos objetos y lugares que ten�an algo en com�n.
Quiz� con m�s fuerza que nunca, los oigo en los almacenes de descuentos
en los pasajes en los que no existe el clima
y las estaciones las marcan los diferentes tipos de ofertas.
No s� por qu� un lugar provoca la misma sensaci�n que otro,
qu� es lo que une a la ciudad.
Ni siquiera recuerdo qu� edificios sol�an estar aqu�, hace un mes o as�.
S� que todo no puede ser importante,
una tarjeta de visita impresa por una raz�n y tirada por otra.
La distancia medida desde el edificio hasta la tuber�a.
Las se�ales escondidas detr�s de otras se�ales, en los lados de los edificios.
Tendr�s la demanda total.
Demanda de art�culos de consumo, m�s demanda de negocios para inversi�n.
Haribo!
Haribo!
Si fuera por diez mil d�lares al a�o...
Gastar�a, pon, nueve mil en art�culos de consumo.
Han pasado diez a�os desde mi trabajo como vendedor de carrito.
Paso por las calles de esta ciudad y todav�a me pregunto
qui�n escribi� el libro perdido.
A veces a�n oigo las voces haciendo listas en mi cabeza.
Entro a un vest�bulo y veo otros veinte.
Un escaparate se convierte en cincuenta escaparates.
Un almac�n en alquiler,
mil almacenes en alquiler.
Miro y veo un trozo de papel boca abajo.
Un programa para perder peso,
una candidatura de trabajo,
una letra rota.
Sigo viendo trozos de papel y tengo que darles la vuelta.
Estoy en un ascensor...
y los n�meros siguen m�s all� del n�mero de pisos del edificio,
m�s all� de los precios del almac�n de descuento,
m�s all� de los n�meros de la loter�a de esta semana.
Una cajera est� contando dinero...
faltan cinco d�lares y est� esperando para hablar con el encargado.
Un hombre bebe sopa, lee el peri�dico del centor c�vico.
Otro coloca sillas para una reuni�n.
Una mujer espera el autob�s.
�Qu�n escribi� el libro perdido?
�Realmente hay leyes, sistemas, escalas, equilibrios?
�De qu� est� hecha la ciudad?
A veces parece que la ciudad son los escombros de historias y recuerdos,
capas y capas.
Y que los objetos, los restos de las cosas, son como la piel de la ciudad.
Muchos de estos objetos, estos desechos, son las reliquias del comercio.
O el simple intercambio de bienes y servicios.
La mayor parte de la gente se pasa la vida gan�ndose la vida.
La p�rdida de un hombre o una mujer es la ganancia de otro.
El tiempo es dinero.
Un hombre vende marionetas en la esquina de la sexta avenida con la 40.
Es 1993 y estoy mirando desde mi coche.
Del otro lado de la calle, a mi derecha, hay un reloj gigante cubierto de escayola.
En alg�n lugar de la avenida, oigo el sonido de alguien barriendo.
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