All language subtitles for De.eso.no.se.habla.1993.DVDRip.AC3.Xvid-retibuyendo

af Afrikaans
ak Akan
sq Albanian
am Amharic
ar Arabic
hy Armenian
az Azerbaijani
eu Basque
be Belarusian
bem Bemba
bn Bengali
bh Bihari
bs Bosnian
br Breton
bg Bulgarian
km Cambodian
ca Catalan
ceb Cebuano
chr Cherokee
ny Chichewa
zh-CN Chinese (Simplified)
zh-TW Chinese (Traditional)
co Corsican
hr Croatian
cs Czech
da Danish
nl Dutch
en English Download
eo Esperanto
et Estonian
ee Ewe
fo Faroese
tl Filipino
fi Finnish
fr French
fy Frisian
gaa Ga
gl Galician
ka Georgian
de German
el Greek
gn Guarani
gu Gujarati
ht Haitian Creole
ha Hausa
haw Hawaiian
iw Hebrew
hi Hindi
hmn Hmong
hu Hungarian
is Icelandic
ig Igbo
id Indonesian
ia Interlingua
ga Irish
it Italian
ja Japanese
jw Javanese
kn Kannada
kk Kazakh
rw Kinyarwanda
rn Kirundi
kg Kongo
ko Korean
kri Krio (Sierra Leone)
ku Kurdish
ckb Kurdish (Soranî)
ky Kyrgyz
lo Laothian
la Latin
lv Latvian
ln Lingala
lt Lithuanian
loz Lozi
lg Luganda
ach Luo
lb Luxembourgish
mk Macedonian
mg Malagasy
ms Malay
ml Malayalam
mt Maltese
mi Maori
mr Marathi
mfe Mauritian Creole
mo Moldavian
mn Mongolian
my Myanmar (Burmese)
sr-ME Montenegrin
ne Nepali
pcm Nigerian Pidgin
nso Northern Sotho
no Norwegian
nn Norwegian (Nynorsk)
oc Occitan
or Oriya
om Oromo
ps Pashto
fa Persian
pl Polish
pt-BR Portuguese (Brazil)
pt Portuguese (Portugal)
pa Punjabi
qu Quechua
ro Romanian
rm Romansh
nyn Runyakitara
ru Russian
sm Samoan
gd Scots Gaelic
sr Serbian
sh Serbo-Croatian
st Sesotho
tn Setswana
crs Seychellois Creole
sn Shona
sd Sindhi
si Sinhalese
sk Slovak
sl Slovenian
so Somali
es Spanish
es-419 Spanish (Latin American)
su Sundanese
sw Swahili
sv Swedish
tg Tajik
ta Tamil
tt Tatar
te Telugu
th Thai
ti Tigrinya
to Tonga
lua Tshiluba
tum Tumbuka
tr Turkish
tk Turkmen
tw Twi
ug Uighur
uk Ukrainian
ur Urdu
uz Uzbek
vi Vietnamese
cy Welsh
wo Wolof
xh Xhosa
yi Yiddish
yo Yoruba
zu Zulu

Original subtitles

DE ESO NO SE HABLA

Esta historia est� dedicada a todas aquellas personas...

que tienen el valor de ser diferentes para encontrarse a s� mismas.

Cumplea�os feliz.

Cumplea�os feliz.

Te deseamos, Carlotita...

Han pasado muchos a�os.

Las controversias sobre el origen de los sucesos...

todav�a dominan el ocio en San Jos� de los Altares.

Por mi parte...

creo poder asegurar que todo comenz� ante un espejo...

en una noche de luna.

Cumplea�os feliz.

Te deseamos, Carlotita...

cumplea�os feliz...

Bien.

- Gracias, Leonor. - Adi�s.

Ha estado todo muy bien.

- Muchas gracias. - Nenas.

�Has jugado mucho?

�D�nde? �Aqu�?

Bueno, vete a jugar con Carlotita.

Romilda me dec�a que nunca estuvo en una fiesta tan divertida.

Me alegro.

Leonor, quiero que sepa que yo la entiendo.

Que me entiende, �qu�?

Yo s� lo que es pasar por todo eso.

�Pasar por qu�?

�Por d�nde?

Somos madres elegidas, Leonor. Madres puestas a prueba.

Tendr�amos que estar m�s cerca la una de la otra, ayudarnos...

No s� de qu� me habla, Sra. Zamudio. Pero si necesita ayuda, p�damelo.

Mojam�.

Cuidado.

La entiendo, Leonor.

Nadie puede entenderla mejor que yo.

Usted lo sabe.

No, no lo s�.

Leonor, perm�tame darle un consejo de todo coraz�n.

- No debe permitirse ignorar... - Lo que no debo permitirme...

es aguantar que cualquiera venga a decirme...

que es lo que debo y lo que no debo.

Romilda. Ven que nos vamos.

Mejor vaya a buscarla. No creo que la oiga desde tan lejos.

Dios ya la castig� una vez. Y no ser� la �ltima.

Mojam�.

Mojam�, despierta.

Prep�rame el coche.

- � Qu� hora es? - No importa. Haz lo que te digo.

La noche del segundo cumplea�os de la ni�a Carlota...

do�a Leonor, viuda de Azumendi, ya no tuvo duda alguna.

El orgullo de su vientre, la luminaria de sus ojos...

la alegr�a de su coraz�n...

era enana.

- Despierte. Despierte, padre. - � Qu� pasa?

�No oye?

BLANCANIEVES Y LOS SIETE ENANITOS

PULGARCITO

No dispongo de mucho tiempo, padre. Tengo que ocuparme del almac�n.

Es admirable el modo en que ha mantenido pr�spero ese negocio...

pese a la muerte de su esposo.

- Dios lo tenga en la Gloria. - Muchas gracias, padre.

Si me permite, no creo que me haya llamado para hablar de mi negocio.

Salvo que mi contribuci�n a la capilla le parezca insuficiente.

No, de ninguna manera.

Usted es de una generosidad...

�Entonces?

Yo pienso mucho en Vd., do�a Leonor.

A menudo, la incluyo en mis plegarias.

Padre...

�puedo preguntarle qu� es lo que pide para m�?

Todos sabemos que su difunto esposo...

fue un cat�lico al que muy pocos podr�an compar�rsele.

S�, como cat�lico, ninguno.

Pero un excesivo respeto por los muertos...

no siempre es un signo de misericordia, ni de salud.

- �Me ve poco saludable, padre? - No, de ninguna manera.

Entonces no se preocupe.

Que yo no busque otro hombre no se debe a un exceso de respeto.

Simplemente, no puedo, no quiero...

ni tengo tiempo para ocuparme de esas cosas.

- As� que si me llam� por eso... - Anoche se dio un hecho desagradable.

- � Qu� hecho? - Desagradable, reprobable...

aunque, en cierto modo, comprensible.

� Qu� hecho?

Desparecieron ciertos ornamentos de la casa de la viuda Schmidt.

Que yo sepa, esta se�ora no concurre a la iglesia.

� Usted c�mo lo sabe?

Do�a Leonor...

Dios nos env�a cosas en su infinita sabidur�a...

que debemos aceptar con resignaci�n y hasta con j�bilo.

Un hijo...

una hija...

es siempre una bendici�n, aun cuando...

- �Aun cuando qu�? - Quiero decir...

- que la peque�a Carlota... - De eso no se habla.

Buenos d�as, padre.

Y desde aquel d�a memorable...

en San Jos� de los Altares...

de ese asunto no se hablar�a m�s.

Carlota iba creciendo...

valga, por Dios, el eufemismo...

entre una nube de profesores que do�a Leonor tra�a de la ciudad.

La ni�a, dotada de una vivaz inteligencia...

estudiaba con aplicaci�n las asignaturas de la escuela...

y otras que en ella no se dictaban.

''Bonjour'', Serafina.

Carlota.

Charlotte me gusta m�s, mam�.

Mademoiselle Charlotte, ha llegado la hora de su clase de franc�s.

Literatura, idiomas, m�sica, mitolog�a, poes�a...

De haberse hablado del asunto...

se hubiese dicho que do�a Leonor supl�a la brevedad de su hija...

con el prestigio de las artes y las letras.

- Bonjour, monsieur Roussineau. - Bonjour, Charlotte.

Nunca se supo con certeza cuando fue que Ludovico D'Andrea...

se instal� en San Jos� de los Altares.

- Muchas gracias, Bruno. - Adi�s, se�or.

Mucho se especul� sobre su origen.

Seg�n la �poca, se lo consider� esp�a...

noble veneciano, refugiado pol�tico...

o millonario melanc�lico.

Do�a Celina. Tome a Richelieu, por favor.

- Hoy hace fr�o para sacarlo. - Muy bien, se�or, hasta luego.

Hasta luego.

El hombre visitaba diariamente el almac�n de do�a Leonor.

Despreocupado, de buen porte y buen pasar...

dejaba que los fabulosos relatos acerca de su pasado...

circularan sin confirmaci�n ni desmentido.

Eh, chico.

Buenos d�as.

Te gan�.

Cuatro, cinco, cincuenta.

Me olvidaba. Una botella de ca�a, por favor.

A que s�, a que s�.

Las pir�mides de Egipto...

Ios jardines colgantes de Babilonia...

el Zeus Ol�mpico de Fidias...

el templo de Artemisa en �feso...

el coloso de Rodas...

y el mausoleo de Halicarnaso.

Falta una, Charlotte.

Seis. Y las maravillas del mundo son siete, falta.

Espere. No diga nada.

- El faro de Alejandr�a. - Correcto.

Desde que se fue...

triste vivo yo.

Caminito, amigo...

yo tambi�n me voy.

Desde que se fue...

nunca m�s volvi�.

Seguir� sus pasos...

Caminito, adi�s.

Caminito que todas las tardes...

feliz recorr�a, cantando mi amor...

no le digas, si vuelve a pasar...

que mi llanto el suelo reg�.

Caminito.

Desde que se fue...

triste vivo yo.

Caminito, amigo...

yo tambi�n me voy.

Desde que se fue...

nunca m�s volvi�.

Seguir� sus pasos...

Caminito, adi�s.

Brava.

Muy bien.

- Brav�simo, se�or D'Andrea. - Gracias.

A dormir, mi amor. Muy bien.

Vamos.

- Buenas noches. - Buenas noches.

- Muy bien, Charlotte. - Muchas gracias.

Buenas noches, mi querida.

- �M�s caf�? - No, gracias.

- � Una copita de licor? - Yo s�, tomar�a otra tacita.

� Y el se�or D'Andrea?

- Quince, la ni�a bonita. - Me toc� a m�.

Se lo merece.

Suerte es suerte, no merecimiento.

Usted est� muy zalamero, se�or D'Andrea.

Veintiuno, la mujer.

Yo lo llamar�a gentileza, no zalamer�a.

Setenta y uno, la caca.

Cuarenta, la danza.

Se�or D'Andrea, sabe demasiado c�mo tratar mujeres. Yo lo digo.

Si me permite, creo que al respecto nunca se sabe demasiado.

- Pero parece tener mucha experiencia. - Muchos a�os, doctor.

No exagere, don Ludovico.

Puede parecer coqueter�a y eso es pecado.

Venial, por supuesto, la soberbia es mucho m�s grave.

�M�s que la concupiscencia, padre?

Hay que tener mucho cuidado.

A menudo, se confunde concupiscencia con amor.

Me parece una observaci�n muy atinada.

Treinta y tres, la edad de Cristo, padre.

Qu� bien.

Cuarenta y ocho, ''il morto che parla.''

Bien, lo tengo, s�, es verdad.

D�game, se�or D'Andrea...

�usted no se ha casado nunca?

Nunca.

Qu� raro.

Un hombre como usted...

atractivo, cultivado...

con recursos...

Como dice el tango, do�a Leonor...

''En mi vida, tuve muchas chicas, pero nunca una mujer.''

Setenta y siete, las piernas de la...

De la mujer.

- �Me acompa�a, padre? - C�mo no, con mucho gusto.

- Buenas noches. - Buenas noches.

Buenas noches.

Qu� fr�o.

� Y si tom�ramos la �ltima copa en casa?

- Si a ti te parece... - Gracias, Mercedes, pero es tarde.

- Buenas noches. - Buenas noches.

- Buenas noches. - Buenas noches.

Buenas noches.

Dice el se�or alcalde que un caballero debe honrar su palabra.

- Y que hoy no es jueves. - No lo ignoro.

Dice que hab�an acordado que �l...

ocupar�a a la se�orita Myrna los martes...

y usted los jueves.

No quiero contradecirlo, pero...

Pero, una mierda.

Nuestro acuerdo era al rev�s.

Los martes yo, y los jueves �l.

Dice que no. Disculpe.

No tiene importancia. Yo puedo esperar.

�Se une D'Andrea?

Cuando haya un lugar libre, con mucho gusto.

Sin cumplidos, este chaval le deja su lugar.

�Pap�!

Hay tiempo, comisario. Deje jugar al muchacho.

Buenas noches.

Enseguida vuelvo.

Se�or alcalde, t�mese su tiempo.

Si quiere, en diez minutos puede disponer de Gladys.

Usted sabe que yo s�lo vengo por Myrna.

Don Ludovico...

perd�neme que lo haya molestado a la hora de la siesta...

pero me enter� de que usted sale de viaje esta tarde...

y necesito pedirle un gran favor.

- Usted nunca molesta. - Gracias.

Bueno, d�game lo que necesita.

- Un caballo. - � Un caballo?

Charlotte adora los caballos.

Quiero regalarle cuando cumpla quince a�os un buen caballo.

Algo...

Especial. �Entiende?

Yo ya estuve buscando, pero por aqu�...

no hay animales de esa categor�a.

�Podr� hacerme ese favor?

Cuente con ello.

No sabe cu�nto se lo agradezco.

Otra cosa.

Quiero que sea una sorpresa.

Cuando lo tenga, no me lo traiga a casa.

Usted me avisa y nos encontramos en el cobertizo...

donde mi difunto marido guardaba el forraje.

De acuerdo.

Bueno.

Muchas gracias, se�or D'Andrea.

Qu�dese un minuto m�s. Celina prepara una limonada.

No, no ser�a conveniente.

Cuando todo hubo concluido...

ciertos esp�ritus ociosos...

se contentaron con atribuir los hechos...

a la probada fatalidad del destino.

Pero las mentes racionales, en cambio...

sostuvieron que Ludovico D'Andrea pudo no aceptar...

el encargo de do�a Leonor.

Y que, en ese caso, el desenlace hubiese sido otro.

Creo que de ese modo podr�amos...

recaudar dinero para los ni�os hu�rfanos...

y al mismo tiempo producir un hecho cultural...

que tanta falta le hace a este pueblo.

Yo sigo pensando que lo mejor ser�a una t�mbola.

La gente est� acostumbrada a eso.

Y les gusta. Si les venimos con cosas raras...

No sab�a que, para Vd., un concierto de piano fuese una cosa rara.

Pero, Leonor, en ese caso tendr�amos que contratar un pianista.

Ya s�.

De eso se podr�a encargar el se�or D'Andrea.

�I es muy conocedor. �No es cierto, querida?

S�, es verdad.

No es necesario contratar a nadie.

Charlotte es una eximia pianista.

S�, s�, Leonor, no lo dudo...

pero creo que estamos hablando de un concierto p�blico.

No s�, vendr� gente de otro pueblo...

� Y?

No s� si Carlotita...

est� acostumbrada a presentarse as�...

Digamos las cosas como son.

- No podemos arriesgarnos... - �Arriesgarnos a qu�?

Creo que todos lo hemos entendido.

Yo no. � Y ustedes?

Pienso que...

no s� si ser�a conveniente poner a Carlotita...

Charlotte.

Es verdad.

Ponerla, dec�a, en una situaci�n de prueba.

Exigirle que se ponga sin experiencia previa.

Muy bien.

En ese caso, propongo que la viuda Schmidt...

d� un recital de canciones alemanas.

No me parece adecuado.

La se�ora Schmidt es protestante.

Adem�s, si Charlotte est� de acuerdo, yo no me opongo.

Es una magn�fica int�rprete.

- A m� me sigue pareciendo... - Perd�n.

Creo que seguir discutiendo est� de m�s.

Las que est�n por el concierto de Charlotte, que levanten la mano.

Charlotte.

- Charlotte. - Aqu� estoy, mam�.

- � C�mo lo consigui�? - Viene de Cayena.

No s� qu� es Cayena.

La gente se estremece cuando escucha ese nombre.

�Por qu�?

Porque all� la desdicha puede ser definitiva.

Debe quedar muy lejos.

S�. En el tr�pico.

� C�mo es?

Como una fiebre.

Siempre hace calor.

Siempre hay mosquitos, pantanos.

Y hay una selva.

Claro, una selva oscura y h�meda.

Entonces, tiene que haber orqu�deas.

S�, las m�s hermosas del mundo.

Eso s�.

Es para hoy, Mojam�. Buen d�a, don Ludovico.

Buen d�a, do�a Leonor.

Mohammed, mam�, es �rabe.

Lo que sea, pero que se mueva.

Yo soy eso.

Lo que me pidi� est� a su disposici�n. Usted dir�.

Magn�fico.

Ma�ana a las nueve. �Le parece bien?

Bien.

- Siempre me llam� Mojam�. - No es as�. No es con ''j''.

Seguro que tus padres eran �rabes.

No s� lo que eran mis padres. Yo soy Mojam�.

Mojam�, atiende a don Sim�n.

Se�or D'Andrea, venga.

Venga, h�bleme m�s del tr�pico.

Las estrellas en el tr�pico son muy luminosas.

Cuando se mira al cielo hay que tener cuidado con los ojos...

porque la luz...

D'Andrea habl� mucho acerca de Cayena y de la Isla del Diablo...

de los condenados sin esperanza y del capit�n Dreyfuss.

Habl� con la misma pasi�n con la que hab�a hablado...

del Lejano Oeste y de Buffalo Bill...

del Polo Norte y Amudsen...

de Samarkanda y Tamerlan...

de Granada y Boabdil.

Sus relatos transmit�an tal sensaci�n de presencia...

que, mucho despu�s, el padre Aurelio sostuvo desde el p�lpito...

que no se pod�a convocar tanto mundo a espaldas de Satan�s.

- Buenos d�as. - Buenos d�as.

Yo le ped� un buen caballo.

Vamos, Cuerva, vamos.

Dios m�o.

Se�or D'Andrea.

- Lo estaba esperando. - Aqu� me tiene.

- Quiero agradecerle el gesto. - No tiene nada que agradecer.

- Es una gran alegr�a para Charlotte. - Me complace escuchar eso.

- Tiene que decirme cu�nto le debo. - No, nada.

- Se�or D'Andrea, por favor. - No, nada y le ruego que no insista.

Me mortificar�a mucho.

Espero que no lo mortifique acompa�arme.

Quiero que vea algo. Vamos.

No le gusta que la interrumpan.

Vaya, vaya. Le puso una escalera.

No haga ruido.

Don Ludovico.

Don Ludovico.

Myrna.

Se�or D'Andrea.

- Qu� sorpresa. - Llame a Myrna.

No est�.

Que venga Gladys.

Lo siento, se�or D'Andrea.

Las chicas se fueron temprano a la ciudad.

No van a volver hasta la noche.

Bueno, entonces, usted.

� Yo?

S�, usted. � Cu�l es el problema?

No, problema ninguno. Todo lo contrario.

- �Entonces? - Quisiera arreglarme un poco.

No tiene nada que arreglar.

Como usted diga.

No me diga que no conoce el camino.

� Qu� le pasa?

�Se siente mal?

Lo importante...

es que no est�s nerviosa.

Yo no estoy nerviosa, mam�.

� Y t�?

Cierra los ojos un poco, �a ver?

Bien.

Espera.

Abre ahora, �a ver?

- Est�s preciosa. - �S�?

S�.

Mojam�, estoy tan nerviosa.

No hay motivo, do�a Leonor.

Conf�e en Charlotte.

Tienes raz�n.

Es que a veces estoy tan cansada.

Gracias.

Charlotte.

- Vamos. - Pero mam�, primero debo saludar.

No, no...

t� saludas desde aqu�, sentada.

Y al final, tambi�n.

Suerte.

Estudio, opus 68 de Schumann.

Es maravilloso, do�a Leonor. Estoy conmovido, realmente.

Maravilloso.

D'Andrea.

� Qu� le pasa? �Se encuentra mal?

Oiga, le estoy ofreciendo ayuda.

Nadie me puede ayudar.

Usted est� borracho.

Y usted es un cornudo.

Repita lo que ha dicho, si se atreve.

Cornudo, cornudo, cornudo.

Usted me acaba de retar en duelo.

� Qu� duelo ni que tonter�as, borracho de pacotilla?

Le voy a romper la cara.

Si usted no se bate conmigo...

har� saber a todos que usted es un cornudo...

y un cobarde.

Como en todo el mundo, en San Jos� de los Altares...

esa doble imputaci�n...

deb�a resultar intolerable.

Contamos hasta 10 y tiramos.

- Cuente usted, doctor. - Est� bien.

Uno, dos, tres, cuatro...

cinco, seis, siete, ocho...

nueve, diez.

A�os despu�s...

cuando el doctor Blanes decidi� revelar el incidente...

asegur� que don Ludovico hab�a disparado deliberadamente al aire...

y que sus palabras inmediatas le resultaron ins�litas.

''Ay, doctor'' habr�a dicho...

''Ay, doctor, querido amigo...

�por qu� no me acert� en el coraz�n? ''

D'Andrea.

D'Andrea.

�Se encuentra bien?

Est� fuera de peligro.

Doctor...

perd�neme.

Descanse, ahora.

M�s tarde vuelvo verlo.

Gracias.

Tiene visitas.

Don Ludovico, qu� susto que nos dio.

Menos mal que el doctor Blanes oy� el tiro.

� Y el concierto?

Maravilloso.

Lo siento, pero el se�or D'Andrea est� muy cansado.

S�, s�, ya nos vamos.

Y usted merece que lo ri�an...

por haber salido de cacer�a sin sentirse bien.

Cu�dese, se�or D'Andrea, por favor.

- Vamos a volver m�s tarde. - S�, cuando ya haya hecho la siesta.

- Hasta luego. - Hasta luego.

Como era de prever...

la ausencia de Ludovico D'Andrea provoc� conjeturas de toda clase.

Los m�s rom�nticos sosten�an que, pese a su herida...

y obedeciendo a impulsos patri�ticos...

se hab�a enrolado en alguna guerra.

Los m�s ramplones, por fin...

afirmaban que la huida se deb�a...

a deudas de juego de perentoria ejecuci�n.

Tiempo despu�s, cuando las apasionadas controversias...

ya se hab�an diluido en las aguas de la rutina...

Ludovico D'Andrea regres� a San Jos� de los Altares.

�Por d�nde anduvo esta vez, se�or D'Andrea?

Lejos.

� Cu�nto de lejos?

Todo lo que quieras.

� Qu� quiere decir eso?

Que elijas.

�Elijo cualquier lugar y usted estuvo all�?

- Eso no puede ser. - Probemos.

La India.

- De acuerdo. - � Qu� hizo en la India?

Primero...

asist� a una representaci�n del Kathakali.

Son� un tambor...

enseguida apareci� el bailar�n.

El traje, rojo y dorado, la cara, roja y verde...

las u�as...

largas, afiladas como un cuchillo.

D'Andrea. � C�mo est�?

Pensar que algunos lo daban por muerto.

No estoy seguro de estar vivo.

- �D�nde se hab�a metido, amigo? - En la India.

Se lo ve m�s joven.

Lo esperamos esta noche, �no? Hoy es martes.

Do�a Leonor, disc�lpeme. Me qued� sin cerillas.

Bueno.

Bueno, �y entonces?

Entonces, las manos del bailar�n...

empezaron a moverse con angustiosa lentitud.

- S� que parece una locura. - M�s bien parece...

una broma de mal gusto.

Puede considerarlo mal gusto, si quiere...

pero no es cosa de broma.

Y si me permite, le dir� algo m�s.

La deseo como nunca he deseado a otra mujer.

No es posible.

Es la �nica persona que acepto totalmente.

No he escuchado nada.

Me niego, me niego.

Me niego, me niego.

Ya sabe, padre, que no me faltan oportunidades.

�Por qu� no las aprovecha, entonces?

Me pide que siga siendo un pecador.

Lo �nico que le pido...

es que no altere la paz de este pueblo.

Qu�tese de la cabeza a la hija de do�a Leonor.

La amo, padre.

- � Qu� piensa hacer? - Casarme con ella.

Pero, qu� elegante, mam�.

� Qu� pasa?

El se�or D'Andrea me pidi� una cita.

Mand� decir que quiere verme.

A solas.

- � Crees que debo ir? - Es un se�or muy agradable.

� Crees que debo aceptar?

�Te gusta?

Nunca pens� en eso, hija.

- �Por qu�? - � C�mo por qu�?

Porque no necesito, porque no quiero, porque...

Me parece que tendr�as que pensarlo.

�T� quieres que yo me vuelva a casar?

Quiero que no est�s sola.

Yo no estoy sola.

Mi amor, estamos juntas, las dos.

� Y si alg�n d�a no estoy?

Pero hija m�a...

si yo voy a ser la primera.

Leonor, conf�o en que usted me considere una persona honorable...

y que no dudar� de la sinceridad de mis sentimientos.

Si dudara, no estar�a aqu�.

Pero le ruego que no siga, sin antes escucharme.

Si he aceptado esta cita...

es sobre todo porque debo pensar en el futuro de Charlotte.

- Precisamente. - En cuanto a m�...

estoy resignada a no hacerme demasiadas ilusiones.

�Por qu�? Usted est� en la plenitud.

Ludovico...

s� lo que va a decirme.

� Y c�mo lo supo?

Una mujer nunca se equivoca en estas cosas.

Estoy conmovida, pero no quiero ocultarle nada.

Dios me perdone...

pero estoy un poco descre�da.

Yo no fui feliz en mi matrimonio.

Mi pobre marido, que en paz descanse...

jam�s supo alcanzar a la mujer apasionada...

que se escond�a detr�s de la d�cil y fiel esposa.

Y ahora temo que esa mujer ya no exista.

No me parece justo condenar de antemano todo matrimonio...

a partir de una �nica experiencia desgraciada.

Es cierto.

Pero era imprescindible que lo supiera...

antes de dar un paso tan decisivo.

Le juro por mi honor...

que Charlotte tendr�, no s�lo un marido fiel...

sino apasionado.

� Ya ha hablado con ella?

Jam�s, sin contar con su autorizaci�n.

Quiero pensar que no se est� burlando.

Do�a Leonor, usted me ofende.

Aunque parezca una locura, yo la amo intensamente.

�Por qu� habr�a de parecerme una locura?

Bueno, precisamente, �por qu� tendr�a que burlarme?

Usted es un hombre maduro y ella es una ni�a.

No lo olvido, do�a Leonor. Pero el amor es ciego.

Naturalmente, as� lo espero.

Entonces, �me autoriza?

Todo esto es muy inesperado.

El amor es as�. No avisa, irrumpe.

Lo tengo que pensar, porque...

ella es mi �nica hija, hu�rfana de padre, adem�s.

Tengo con la ni�a una responsabilidad, una misi�n.

Leonor, d�jeme hablar con ella.

Si me rechaza, no volver� a importunarla.

Le doy mi palabra.

No puedo contestarle ahora. Deme tiempo.

Buenos d�as.

Don Ludovico, qu� mal aspecto tiene.

Vine por una respuesta.

Todav�a no.

Por favor.

Ya le dije, necesito tiempo.

No la dilate m�s, do�a Leonor.

No me obligue a que la rapte.

Est� bien.

Cuando vuelva Charlotte, puede hablar con ella.

Don Ludovico, qu� sorpresa.

Te amo, Charlotte, quiero que seas mi mujer.

Por favor. Charlotte.

�Charlotte!

Charlotte.

Charlotte.

Le dije que s�, mam�.

�Est�s contenta?

Me parece que s�.

� Y t�?

Lo �nico que quiero es estar segura de que eres feliz.

S�.

Pero la felicidad no lo es todo.

Pero...

�qu� dices?

Bueno.

Ahora tengo que pensar...

No hay que darle m�s vueltas.

Para m�, al hombre se le estrope� el aparato.

- �De qu� aparato habla? - El que levanta la m�quina, doctor.

Casos se han visto.

- Yo supe tener un pe�n que... - No diga tonter�as.

No lo puedo creer.

No lo voy a creer nunca.

D'Andrea quiere sentar cabeza. No hay nada malo en eso.

Se�or D'Andrea.

Qu� alegr�a.

No se preocupe, se�or alcalde. No he venido por Myrna.

Se�ora, por favor, traiga copas para todos.

Ya me estaba enfadando.

Desde que volvi� no nos hizo ninguna visita.

Me alegro tanto que haya vuelto.

Se�ora, vengo a esta casa por �ltima vez.

Entonces, �es verdad?

�No le dieron algo de beber?

�Alguna hieba? �Algo raro?

El amor es raro.

Y rara vez nos ilumina.

Y raros son los elegidos.

Claro.

Queridos amigos, me voy a casar.

S�.

Quiero ser el primero en felicitarlo, D'Andrea.

Gracias, doctor. Muchas gracias.

� Qu� esperan para felicitar al amigo?

- Se�or D'Andrea, felicidades. - Muchas gracias, Myrna.

- Felicidades, D'Andrea. - Gracias.

Est� bien. Est� muy bien. Sobre gustos...

Est� muy bien, co�o.

- Lo felicito, D'Andrea. - Muchas gracias.

Era una broma, pap�.

As�, de rodillas, le pides perd�n al se�or D'Andrea.

No hace falta, comisario.

Este muchacho nunca entender� nada.

Lo siento por ti.

Bueno, a ver, a celebrarlo. A celebrarlo.

- Es in�til, est� perdido. - Qu� l�stima, un hombre tan completo.

Do�a Leonor...

manda decir el secretario que vaya r�pido a casa del alcalde.

- � Qu� pasa? - No s�, pero dijo que era urgente.

�Puede o�rme, don Saturnino?

�D�nde le duele?

Dice que no le duele nada, pero que se encuentra muy mal.

�Muy mal?

M�s o menos.

�No podr�a hacer un esfuercito, don Saturnino?

Por favor.

Recuerde que yo no tengo un hombre a mi lado.

Ni tengo m�s familia que mi hija.

Ser�a muy triste que en el momento culminante de su vida...

tuvi�ramos que recurrir a cualquier improvisado...

para que la conduzca al altar.

Dice que est� usted muy guapa.

Parece que se encuentra un poco mejor, � verdad?

� Verdad que se encuentra un poco mejor?

Perm�tame, quiere ir al ba�o.

� Qu� dice?

Quiere que lo lleve usted.

Con much�simo gusto.

Ludovico y Carlota...

bienvenidos a la iglesia para celebrar vuestra boda.

Y bienvenidos tambi�n...

a todos los que han venido a la casa del Se�or...

para esta ceremonia.

Ludovico D'Andrea...

�quer�is tomar a Carlota Zumendi, aqu� presente...

como vuestra leg�tima esposa seg�n la Santa Madre Iglesia?

S�, quiero.

Carlota Zumendi...

�quer�is tomar a Ludovico D'Andrea, aqu� presente...

como vuestro leg�timo esposo seg�n el rito de la Santa Madre Iglesia?

S�, quiero.

Se muri�.

Agu�ntalo.

La cabeza.

Mojam�.

Nadie se tiene que dar cuenta de nada.

Despu�s hablamos.

''Ego conjugo vos in matrimonium, in nomine Patris et Filii...

et Spiritus Sancti.''

Am�n.

Es la emoci�n.

- No, querida, es risa. - No, es emoci�n.

Perm�tame.

Era emoci�n.

- Permiso, do�a Leonor. - S�.

- � Qui�n es? - Yo, do�a Leo.

Nemesio. Falta cerveza.

Abran inmediatamente.

- Mi pap�. - Tranquilo.

� Qu� est� pasando aqu�?

V�alo usted mismo.

Esto es un delito, do�a Leonor. Un delito muy grave.

Entonces, vaya y d�gale a la gente que la fiesta se suspende...

y que no se reparte m�s comida ni bebida...

porque don Saturnino se muri�.

Vaya.

No creo que la gente le agradezca la noticia en mitad de la fiesta.

- Pero... - Si usted...

se atreve y la ley lo manda...

Pero el hielo y la sal...

Es la mejor forma de conservar a don Saturnino hasta ma�ana.

Ma�ana es otro d�a.

Se le hace un gran entierro y todos en paz.

Tienen cinco minutos para dejarlo con buen aspecto.

Habr� que ir pensando en un nuevo alcalde.

Es verdad. Nos hemos quedado un poquito ac�falos.

Tiene que ser una persona de progreso.

No es por hablar mal de don Saturnino...

pero el finado era demasiado de por aqu�.

El pueblo necesita a alguien que tenga un poco de mundo.

Uno, dos y tres.

La emoci�n, �no?

Invito a los novios...

a inaugurar el baile.

- Que bailen los novios. - Eso, que bailen los novios.

Que bailen, que bailen.

Como es sabido...

la felicidad es un estado innegable...

pero s�lo se deja narrar cuando se ha desvanecido.

Pas� el tiempo minuciosamente, noche tras noche...

con ese aliento secreto e implacable...

de lo que est� para siempre.

La pasi�n de don Ludovico por Charlotte...

se incrementaba con el paso del tiempo.

Y su peque�a esposa...

le correspond�a con devoci�n consecuente.

Y de aquello de lo que no se hab�a hablado...

segu�a sin hablarse.

Escuche.

Se�or.

Esc�cheme.

Se�or, se�or.

Se�or.

- Viene un circo. - � Y?

� C�mo? A este pueblo no puede venir ning�n circo.

- �Por qu�? - Porque nunca vino ninguno.

- Justamente, es una distracci�n. - No quiero circo en mi pueblo.

- Mande a alguien que se lo diga. - Si�ntese.

Si�ntese.

Ver�, Leonor, con todo respeto...

debo decirle que el alcalde soy yo.

Y he autorizado la presencia de estos artistas...

que van a abonar un impuesto...

que acabo de crear para nuestra pobre comunidad.

As� que, por favor, no insista.

Puedo pedirle un favor, al menos.

Usted dir�.

No deje que Charlotte vaya a ver la funci�n.

Charlotte est� muy ilusionada. Nunca ha visto un circo.

Por lo que m�s quiera, Ludovico.

Prom�tame que no la va a dejar ir.

Conf�e en el coraz�n de una madre.

Se�oras y se�ores, esta noche a las diez...

por primera y �nica vez, el maravilloso Circo Houdini.

Vengan a ver las fieras de la jungla.

Al hombre que hace fuego con los ojos.

Las espadas voladoras.

El perro que recita y las mariposas rumberas.

Esta noche o nunca.

Circo Houdini, entre Juramento y el r�o.

�nica funci�n. Esta noche o nunca.

- �No se sirve m�s, se�ora? - No, gracias.

No, gracias.

No deb� haber aceptado la presi�n de tu madre.

No es justo.

Perd�name, por favor.

Est� bien.

Eres libre de ir.

Estamos a tiempo.

No hace falta.

''Bella pioggia.''

''Come stai? Bene? ''

''Bene. Benissimo.''

Antes de que la caravana traspusiera los l�mites...

de San Jos� de los Altares...

do�a Leonor se encerr� entre las paredes de su casa.

Y fue para siempre.

D'Andrea concurri� a la alcald�a y atendi� a sus asuntos...

sin formular el menor comentario.

Pero, por la tarde, ya no se supo nada de �l.

Su bote apareci� volcado...

pero su cuerpo nunca fue hallado.

Esta falta de evidencia alent� a los fantasiosos...

quienes, a�n hoy...

no aceptan que Ludovico D'Andrea se haya dado muerte...

y sostienen que fue visto en los s�rdidos arrabales de Hamburgo...

sucio y desali�ado...

merodeando un circo.

Yo mismo...

Mohammed Ben Ali...

maestro de escuela y fiel testigo...

preferir�a que as� fuera.

Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.