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Original subtitles

- ¿Diga? - ¿Lucille?

Clive, te dije que no me llamaras aquí.

Te esperé dos horas. ¿Por qué no has venido?

Lo siento, me tomé luminol después de comer y me quedé dormida.

- ¡Santo cielo, son más de las seis! - He terminado el retrato.

Quería que fueses la primera en verlo.

Clive, iré mañana. Te lo prometo.

Hace unas semanas no me habrías dejado plantado.

Ya te lo he dicho, me quedé dormida.

Mira, Clive, iré mañana sobre las 5:00.

Cariño, debo colgar. Adiós.

- ¿Lucille? - Sarah.

Pasa.

Cielo, esto es espantoso. ¿Ha llegado alguien ya?

Todavía no. Lucille, estás radiante.

Todo está listo para las brujas "Sabbath".

He venido antes por si necesitabas ayuda.

¿Por qué iba a necesitar ayuda?

Aparte de que ando mal de dinero, para variar,

no tengo ninguna preocupación.

Supongo que ya sabes lo cruel que es mi esposo.

¿Robert, cruel?

Considerando que es propietario de un banco.

Eso no significa que pueda hurgar en la caja cuando se sienta pobre.

Cielo, pareces enfadada.

Mi querida Sarah, da igual lo extravagante que se sea,

mientras tu esposo nunca lo descubra.

Esa es una de las primeras cosas que aprendes cuando te casas.

De todas formas, siempre me las arreglo para conseguir dinero de algún modo.

Esta noche me superaré.

La esposa de Robert, Demure, es encantadora, pero algo escurridiza.

Lucille, ten cuidado. ¿Y si lo descubre?

Robert, estamos listas, cariño.

Mi amor, estás preciosa.

Gracias.

Vamos, Sarah.

¿Qué te parece uno de mis burgueses especiales?

Gilbert está en el salón, querida.

Robert, ¿sucede algo?

- ¿Cómo estás, Gilbert? - Oh, prosperando ligeramente.

¿Solo ligeramente? ¡Oh, Dios mío!

No me digas que el banco no va bien, porque no podría soportarlo.

Me sorprende que tras diez años siendo esposa de un banquero,

aún pienses que el banco es alguna fábrica de moneda privada.

¿Por qué no? El dinero es para gastarlo, no para dejarlo encerrado.

Robert.

¿Quién más viene?

Robert, ¿quién más viene?

Lo siento, Sarah. Solo los Langfords.

El Sr. y la Sra. Langford.

Lucille.

- Hola, Nella. - Querida.

Perdona si me aferro a mi precioso armiño como si se fuera a caer,

pero el coche no arrancaba y tuvimos que venir en autobús.

Aunque adore a mi querido esposo,

no es la clase de hombre que suela coger un taxi.

- No había ninguno. - Ninguno que hayas parado.

Tonterías, Nella.

John siempre paraba a los taxis cuando estaba con él.

¿En serio? Entonces debo ser yo, o quizás sea tu atractivo.

- Hola, Robert. - Me encanta tu vestido, Lucille.

Gracias.

Lo compré de oferta, ¿verdad, cariño?

- Sí, fue toda una ganga, ¿no? - Ojalá encontrara yo ofertas así.

¿Cómo se llama, Christian Dior?

Casi.

Siempre le digo a Nella que una mujer no debe llevar un vestido elegante...

...para llamar la atención.

No debe llevar nada para llamar tu atención.

- ¿Qué tal ese guapo hijo tuyo? - Divirtiéndose en Oxford.

Su último plan es convertirse en un abogado de moda...

...especializado en divorcios.

Podría tener una especialidad más emocionante...

...como abogado penalista defendiendo asesinos.

Quizás no quiera defender asesinos, quizás prefiera verles colgados.

Tampoco apruebo lo del divorcio.

Eres viudo, Gilbert. Puede que pensaras diferente si aún estuvieses casado.

Prefiero el asesinato a hacer algo tan aburrido y negativo como el divorcio.

Si John no confiara en mí, no me divorciaría de él,

simplemente le rompería la cabeza.

Gracias por el aviso, querida.

¿Y qué hay de ti, Robert?

¿Matarías a Lucy o te divorciarías de ella?

Espero no tener que tomar nunca esa decisión.

Yo también.

La verdad es que Nella se comporta de mal en peor.

Solía ser más simpática. Ahora solo es agresiva y maliciosa.

Si John no fuese compañero tuyo de trabajo, no la invitaría a mi casa.

No la entiendo.

Robert, ¿qué pasa?

Has estado ausente toda la velada.

He tenido un día nefasto en el banco.

Muchas cosas parecen ir mal al mismo tiempo.

¡Oh, John!

Cielo, lo siento mucho.

Es muy tarde. Es mejor que nos acostemos.

Robert, ¿qué ocurre? Te noto diferente.

Intentas evitarme.

¿El mundo tiene que girar a tu alrededor?

Tu mundo sí.

Te quiero, cariño. Lo sabes, ¿verdad?

- ¿Diga? - Sarah.

Lucille.

Sarah, tengo que verte. Es posible que necesite tu ayuda.

Iré mañana sobre las seis.

- ¿Qué ocurre, Lucille? - No puedo hablar ahora.

- ¿Qué pasa? ¿Se trata de Robert? - Sí, pero...

Ha recibido esta noche una carta y estoy segura que habla de mí.

Siento molestarte.

Estaba hablando con Sarah y se ha cortado.

Ya me iba.

Llegas tarde, son las 5:30.

Clive, lo siento pero no pude coger un taxi en ninguna parte.

He venido corriendo casi todo el camino.

¿Por qué no acortas por las vías? Eso te ahorra media hora.

Oh, Clive, no seas absurdo.

No puedo andar esquivando las vías del tren con zapatos de tacón alto.

Clive, estoy muy emocionada por el retrato. Déjame verlo.

- En un minuto. - Ahora, por favor.

La luz es pobre, no te muestra bien del todo.

Clive.

Es horrible.

Sabía que dirías eso.

Un artista tiene que pintar lo que ve, no solo el cuerpo, también el alma.

Pero yo no tengo un alma así, es cruel y humillante.

Clive, ¿por qué me has pintado así?

Durante meses te he respaldado.

He pagado tus facturas para que pudieses trabajar sin preocupaciones.

¿Y qué va a pasar con esto? Tú creíste en mi talento.

Te divertía tener a un protegido manso idolatrándote.

No tenía ni idea de que me odiabas tanto.

Te odio porque eres la mujer más seductora,

más provocativa y más adorable que jamás he conocido.

Eso es lo que he tratado de explicarte.

Mira los ojos, esa indiferencia, ese misterio.

Son los ojos de una mujer que esconde muchos secretos.

Es mi regalo de aniversario para Robert, una sorpresa.

- Lo aborrecerá. - No lo hará.

Le desconcertará, le intrigará.

Querrá hablar conmigo al respecto.

- Será divertido. - ¿Por qué?

Porque le diré que en lugar de tus promesas de amor y de afecto,

en realidad eres despiadada.

Que, de hecho, has rechazado a tu antiguo amante Clive por...

No he hecho eso.

Clive, te dije una vez que no quería que nos involucrásemos demasiado.

Nunca te quise. Siempre te lo he dicho.

El amor no es solo algo que atrae a las personas.

Al parecer no lo es.

Siempre me has acusado de ser fría e incluso me has pintado de esa manera.

Pero no he cambiado, querido. Todo está en tu imaginación.

Ahora debo irme. He quedado con alguien.

¿Con John Langford?

Quédate, por favor.

- Querido... - Por favor.

Tendrá que acostumbrarse... como lo he hecho yo.

Tengo que irme.

Querido, me haces daño. Mi broche.

Pues lo quitamos.

Oh, me has rasgado el vestido.

No sé lo que Robert pensará del retrato, pero...

...quizás puedas llevarlo a la casa el viernes, ¿querrás, cariño?

Entonces te daré el dinero. Eran 200 según dijimos, ¿no?

Sí... por favor.

Adiós, cariño. Hasta la vista.

¿Qué quieres?

¡No! ¡No!

- Buenas noches, señor. - Rigby, tráeme un whisky, por favor.

- Muy bien, señor. - ¿Ha llegado a casa la Sra. Ainsworth?

No, señor. Me ordenó tener lista la cena a las 8:00.

¿Sirvo ya la cena, señor?

No, esperaré. Solo tráeme un whisky.

- El inspector de policía desea verle. - ¿Policía?

Sr. Ainsworth, soy el detective inspector Marshall. Este es el sargento Berry.

Me temo que le traigo malas noticias, señor.

Ha habido un accidente y una mujer ha muerto.

Según las cartas y la documentación que había en su bolso,

creemos que se trata de su esposa.

Me golpeé la cabeza al entrar en mi coche esta noche.

Naturalmente, queremos que baje con nosotros a identificar a la mujer.

¿Y por qué ha venido? ¿Un detective...?

Aún no tenemos el informe del médico, señor.

Pero la causa de la muerte parece ser estrangulamiento.

¿Estrangulamiento?

Bien... ¿nos vamos?

Sí, sí, claro.

Un hombre paseaba al perro por la esplanada y el perro empezó a ladrar.

Fue a echar un vistazo y la encontró.

¿Y por qué...? ¿Qué hacía ella en esa esplanada?

A menos que la asesinaran en otra parte y la llevaran hasta allí.

No, señor. Estaba en la esplanada.

El Sr. Marshall tiene el bolso, pero aparte de una carta y un par de recibos,

el resto ha desaparecido.

Entonces habrá sido un robo.

No se llevaron ni una pulsera ni un brazalete de diamantes.

¿Puede darnos una lista del contenido del bolso de su esposa?

No, pero seguramente nuestra sirvienta lo sabría.

Gracias, señor. Una cosa más, había un pequeño rasgón en su vestido,

cerca del cuello... aquí.

¿Sabe, por casualidad, si su esposa llevaba un broche?

¿Un broche? Sí, un camafeo.

Me fijé en él. Era un enorme camafeo.

Lo llevaba a menudo, le gustaba mucho.

Gracias, señor. Acompáñeme, por favor.

Adelante.

El Sr. Ainsworth, señor.

Siéntese, Sr. Ainsworth.

Tengo que hacerle unas preguntas.

No puedo creerlo. Simplemente... no puedo creerlo.

Lo sé y lo siento.

¿Cuándo vio a su esposa por última vez?

Sr. Ainsworth, le pregunto que cuándo vio a su esposa por última vez con vida.

Sé que esto es repentino, pero necesitamos su ayuda para rastrear sus movimientos.

Sí, sí. Intento acordarme.

Sobre la hora del té. Tomamos juntos el té.

Pensaba ir a ver a una amiga, la Srta. Hayward, sobre las 5:00,

según me dijo.

Salió de casa sobre las 4:45.

No la volví a ver hasta...

Hasta ahora.

¿Por qué dice: "Según me dijo"?

¿Había algún motivo para sospechar que mentía?

No, claro que no. Pero viendo lo que ha pasado, yo...

Oh, iremos a ver más tarde a la Srta. Hayward.

¿Piensa en alguien que querría hacer daño a su esposa?

Por supuesto que no.

Se llevaba bien con todo el mundo.

¿Habría alguna razón de por qué estaba en la esplanada tan tarde?

¿Tenía amigas en esa zona?

No se me ocurre nadie que viviese al otro lado de la esplanada.

¿Por qué dice "al otro lado"? ¿A qué lado se refiere?

Como es lógico, no sé en qué dirección caminaba mi esposa,

pero lo que es seguro...

...es que no tenemos amigos que vivan cerca de la esplanada.

¿Qué hizo entre la hora del té y las 9:00, Sr. Ainsworth?

En cuanto se fue mi esposa, yo trabajé en mi despacho hasta las 6:00.

Luego cogí el coche y fui a ver a mi asesor financiero, Gilbert Morgan.

Llegué sobre las 6:15 y me quedé hasta un poco antes de las 9:00.

Teníamos que hablar de negocios.

Cuando llegó a casa, ¿se sorprendió al ver que su esposa aún no hubiese llegado?

- Desde luego. - Pero usted llegó una hora tarde,

según dijo su mayordomo.

Sí, sí.

Teníamos bastante sobre lo que hablar.

Al Sr. Morgan y a mí se nos echó la hora encima.

Supongo que a mi esposa también le pasó lo mismo.

Su esposa estaba muerta, Sr. Ainsworth.

Eso es todo por ahora.

El sargento Berry le tomará una declaración detallada por la mañana.

Mientras, le proporcionaremos un transporte para llevarle a su casa.

- ¿Sabe... por qué la mataron? - Aún no hemos encontrado un móvil.

Haremos un examen exhaustivo de la esplanada a primera hora de la mañana.

No abandone la casa sin decirnos dónde localizarle.

- Oh, no. Buenas noches. - Buenas noches.

- ¿Diga? - Gilbert, soy Robert.

- ¿Ha ido la policía a verte? - ¿La policía? No, ¿por qué?

No puedo decírtelo por teléfono.

Pero ven aquí lo antes posible. Es muy urgente.

Muy bien. Cogeré un taxi e iré ahora mismo.

Llegaré en unos minutos.

No, no, ven caminando y entra por el jardín.

Te dejaré abierta la puerta, estaré en mi despacho.

Está bien, adiós.

Pude verles a lo lejos a los dos.

Mi primer impulso fue golpear al hombre. Fui a por él...

...y entonces me paré y me controlé.

Pensé que quizás no era su amante. Puede que hubiese otra explicación.

Decidí esperar hasta que ella llegara a casa y provocarla para ver lo que decía.

Volví al coche. Quise irme a casa pero no pude.

Conduje por Great North Road durante media hora.

Luego me paré. Después de calmarme di la vuelta y me fui a casa.

- ¡Yo no la maté, Gilbert! - Ya lo sé, Robert.

Esto es espantoso.

Pobre Lucille.

Es increíble.

Gilbert, le dije a la policía que estuve en tu piso...

...desde las 5:45 hasta las 9:00 contigo.

He corrido un gran riesgo al venir aquí.

¿Por qué no les dijiste la verdad, lo que me has contado?

¿Cómo iba a hacerlo? Yo estuve allí cuándo sucedió.

Me hubiesen arrestado como sospechoso.

Por favor, respáldame. Sé que te pido mucho.

No, no es eso. Después de lo que has hecho por mí estos últimos 15 años,

no es por eso. Es que... No creo que sea lo más acertado.

No puedo ir ahora al inspector y decirle que le mentí.

Lo entiendo.

Afortunadamente yo estuve en casa toda la noche.

Por eso la coartada es creíble.

De acuerdo, lo haré.

Sí, te respaldaré, pero nuestra versiones deben coincidir.

- ¿Los muchachos han hallado algo? - Aún no, señor.

Señor, las huellas del hombre han podido ser borradas por la lluvia.

Sí, no hay mucho que podamos sacar con esta hierba tan espesa.

Solo hay huellas de sus talones.

Parece que él vino de la carretera hasta el estanque y la atrapó cuando volvía.

Es extraña la manera que tuvo ella de cambiar de dirección, ¿no?

A menos que se perdiera en la oscuridad.

Lo descubriremos. Quiero que se peine esta zona exhaustivamente...

...y quiero que draguen el estanque.

- ¿Para qué, señor? - El contenido de su bolso.

No creerá que fue un atraco, ¿verdad, señor?

No, esa fue una prueba falsa muy torpe.

Si él buscaba algo, probablemente fuese una carta o un diario.

Algo que pudiera incriminarle.

Se tomó muchas molestias en cubrirse.

Ha llegado el informe del médico, señor. Asfixia por estrangulamiento.

- Ni atraco ni nada parecido. - Una lástima.

Hora estimada de la muerte, las 7 de la tarde.

Siete verificaciones con el reloj roto.

No hay huellas en el bolso, señor, salvo las de ella.

El laboratorio dice que el asesino llevaba guantes.

Nos van a enviar fragmentos del material...

...recogido de una de sus uñas rotas.

- También era guapa. - Tengo una fotografía suya, señor.

- ¿Este es el camafeo? - Sí, señor.

Otra chica guapa sin amistades masculinas.

¿Por qué no dejas la policía y consigues trabajo como periodista sensacionalista?

Tengo una lista del contenido de su bolso, según su sirvienta.

- Lo normal. - Sí, señor, pero todo es oro y de valor.

Vamos.

¿Ha oído que Ainsworth se desplomó, señor?

No.

Su médico no me dejó acercarme a él para tomarle declaración.

- Debió ser por el duro golpe, imagino. - O por miedo.

- ¿Tiene alguna novedad, inspector? - Más tarde.

Luego, muchachos.

Al Sr. Ainsworth no se le permite ver a nadie por orden del médico.

No le molestaremos.

Continúe.

- Creo que no nos conocemos. - Me llamo Sarah Hayward.

- Soy amiga de los Ainsworths. - Muy bien. ¿De quién es esa habitación?

Es la sala de estar privada de la Sra. Ainsworth.

Debería estar sellada. ¿Quién cerró la puerta?

El agente que vino anoche, señor, solo selló el dormitorio de la señora.

Debió hacerlo.

Echemos un vistazo a ese dormitorio y luego tomaremos declaración a los sirvientes.

De acuerdo.

La Sra. Ainsworth y yo somos... Es decir, fuimos buenas amigas.

Había una fotografía nuestra tomada el año pasado en Kent. Es lo que buscaba.

El Sr. Ainsworth me dio su permiso para llevármela.

Inténtelo otra vez, Srta. Hayward.

La llave siempre se guardaba en esa cajita plateada.

- ¿Tenía ella un diario? - No, era demasiado...

¿Precavida?

Vaya, ni cartas ni diario.

- Precavida y reservada, ¿eh? - Era una persona muy contradictoria.

A veces era espontánea y otras discreta.

Lo que buscaba era una carta, ¿no es así, Srta. Hayward?

¿De quién?

Tenía miedo que guardara algo que no quería que viera el Sr. Ainsworth.

¿Por qué? ¿Quiere protegerle? ¿Quién era el hombre?

No lo sé, había muchos.

Pero si piensa que Robert lo descubrió y la asesinó porque...

El Sr. Ainsworth tiene coartada, Srta. Hayward,

y no lo cuestiono, ¿o debería?

La Sra. Ainsworth tenía una cita con usted ayer a las 5:00.

- Era a las seis, no a las cinco. - Está bien, a las seis. ¿Apareció?

No, pero eso no era raro en ella. Cambiaba los planes sin decírmelo.

La verdad es que en este caso me quedé bastante sorprendida porque...

Porque...

Ella me llamó tarde el viernes por la noche. Parecía asustada.

Dijo que quería verme, que era urgente.

Luego colgó como si la hubiesen interrumpido.

¿Quién, su esposo? ¿Era de él de quién estaba asustada?

No, claro que no.

¿Quién más podría interrumpirla a esas horas?

No lo sé.

- ¿Qué es eso? - Unas 200 £.

¿Doscientas? Lucille nunca tuvo ese dinero.

Era muy extravagante, siempre estaba endeudada.

Montones de recibos acumulados.

Puede que fuera extravagante, pero no parecía estar endeudada.

¿Y de dónde lo consiguió?

Si me lo pregunta más tarde, Srta. Hayward, tal vez pueda decírselo.

¿Nos vamos?

- Buenos días. - Buenos días.

- Detective, está soltera. - ¿Sigue pensando en el Sr. Ainsworth?

Me da esa impresión.

Para una mujer debe ser difícil estrangular.

Me pregunto si ella le aprecia.

Gracias.

Cuando el Sr. Ainsworth le citó en su piso a la hora del asesinato,

¿se fijó en algo fuera de lo normal sobre su aspecto o comportamiento?

No, salvo que parecía un poco preocupado,

posiblemente acerca del asunto de negocios que quería discutir.

¿Sobre qué era? Es decir, si no es un secreto de estado.

No, era sobre efectuar un importante préstamo...

...a un pequeño gobierno europeo.

De hecho, llegamos a comprometernos.

Después nuestro gobierno lo frenó por advertencia de Asuntos Exteriores.

-¿Se ha fijado en el chichón de su frente? - ¿Chichón?

Vamos, Sr. Morgan, no me diga que no lo ha visto.

El Sr. Ainsworth no tenía ningún chichón cuando vino a mi piso.

Pero tengo entendido que se golpeó en la cabeza, después de irse, en su coche.

Es muy fácil hacérselo si te preocupa algo.

No pierda el tiempo con el Sr. Ainsworth.

No es la clase de hombre que comete un crimen así.

- Usted le admira. - Así es... y mucho.

¿Y a la Sra. Ainsworth?

Puede fiarse de mi discreción, Sr. Morgan.

No la admiro de la manera que usted insinúa.

Desde que murió, prefiero no hablar mal de ella.

Aparte de eso, no tengo nada más que decir sobre ella.

¿Tenía ella una cuenta bancaria aquí?

No manejamos cuentas privadas. Somos comerciantes bancarios.

Realizamos grandes préstamos a empresas y gobiernos.

- Es mucho dinero. - Tenía un esposo muy generoso.

Sí, muy generoso, considerando el dinero que parece haber pasado por sus manos.

No sé nada de los asuntos privados de la Sra. Ainsworth.

- ¿Cómo se cortó en la mano, Sr. Morgan? - Oh... esto.

Ella no tiene negocios aquí, pero se niega a quedarse en casa.

- Debe escuchar muchos secretos. - Así es.

Pero es incapaz de repetirlos, inspector.

¿La fiesta de David Bradley? No.

Nos hubiésemos ido ya, pero sentiría pena por mis amigos...

...al verme siempre con el mismo vestido viejo.

Fuimos al cine por la tarde y llegamos a casa sobre las 6:00.

Mi esposo se puso cómodo y yo le preparé la cena.

Cocino muy bien. Tengo que hacerlo, no tenemos sirvienta.

Cenamos a las 7:00, luego vimos la televisión hasta la hora de acostarnos,

que fue justo cuando terminó el boxeo.

A mi esposo le encantan los deportes.

Conociendo a la Sra. Ainsworth,

¿creen que podría haberse ido a la esplanada para reunirse con un hombre?

¿Un hombre? Vaya cosas tiene usted.

¿Con quién se pudo haber reunido? ¿Con un ratón?

- ¿Quiere pasar, Sr. Barring? - Sí.

Gracias.

El taxista.

- Buenos días. - Buenos días.

- Siéntese. - Gracias.

Quizás pueda ayudarnos. ¿Reconoce a esta mujer?

Sí, la recogí en la esquina de Priory Crescent...

...sobre las 6:00 del sábado por la tarde.

- La llevé hasta lo alto de Platt's Lane. - ¿Está seguro de que es ella?

- Desde luego, era una rubia muy guapa. - ¿Estaba asustada o tenía miedo de algo?

No que yo recuerde.

Pero un coche nos siguió todo el camino...

...desde Priory Crescent. Era un turismo negro.

- ¿Qué marca? - No la vi, se mantuvo a distancia.

¿Qué sucedió cuando llegó a Platt's Lane?

Él se detuvo, luego estacionó un poco más arriba.

- Pero no le di importancia. - Está bien, gracias.

Estaremos en contacto. Tenemos su número, ¿no?

Sí, señor.

Esa es nuestra única pista. ¿Qué hay de este material?

¿Tenemos ya lo que se encontró bajo las uñas?

Sí, aquí lo tengo.

No han podido rastrear todavía el material hasta los fabricantes.

Pero es un material gris oscuro pesado con una superficie áspera,

más o menos como el tejido escocés.

Bien. ¿Tus muchachos siguen dragando ese estanque?

Han terminado con ese, señor, y han empezado con el siguiente.

Que sigan con ello. Hay seis más.

Muy bien, señor.

¿Deshazte de esto, ¿quieres? Termina mañana.

Sí, señor.

Por cierto, ¿cuál era el coche de Ainsworth?

Un Lagonda, señor. Un turismo negro.

Volveré pronto. Voy a echar un vistazo a Priory Crescent.

Tengo que averiguar a quién vio aquí la Sra. Ainsworth. Es muy urgente.

Pues... pudo haber sido al Sr. Franklin.

Siempre recibía mujeres ahí arriba. Se supone que eran artistas.

¿Quién sabe lo que pasa? Pero mis pobres piernas...

- ¿Está ahora? - No lo sé.

Puede subir a ver. Es el último piso.

Ya que sube, pídale mi alquiler, ¿quiere?

Me debe un mes.

Adelante.

Sr. Franklin.

Vaya, el perfecto ejemplo de un próspero magnate urbano.

Pase y cierre la puerta. Aquí ya hace bastante frío.

- ¿Es usted el esposo de Lucille? - Sí.

Ha sido una tragedia, lo siento.

Le ofrecería un poco de café, pero está frío.

¿Por qué vino mi esposa aquí?

Ella lo encargó para usted como regalo...

...por su aniversario de boda. Iba a llevárselo a su casa el viernes.

¿Le gusta?

No.

¿Por qué fue a la esplanada?

No lo sé. Dijo que iba a reunirse con alguien.

- ¿Cómo sabe que estuvo aquí? - Eso es asunto mío.

¿La siguió?

Tuvo que hacerlo. Vaya, vaya.

- ¿Eran amantes? - ¡Dios santo, no!

Dudo que alguien la poseyese.

Eso es lo que la hacía tan fascinante, tan inalcanzable.

La ha quitado toda su dignidad y todo su encanto natural.

Ha hecho que pareciese una vulgar ramera.

- Yo la comprendía. - ¡Sandeces!

- ¿Qué piensa hacer con él? - Puede llevárselo.

Lucille no lo había pagado. Cuesta 300 £.

- ¿300 por eso? - Ahora vale más, Sr. Ainsworth.

¡Pues ya no!

¡No!

El broche de Lucille. Es el que llevaba cuando la mataron.

Yo me encargaré de él.

Para ser un hombre enfermo, para estar bastante bien.

Él es el hombre, inspector. Él mató a mi esposa.

Nunca he asesinado a una mujer, excepto sobre el lienzo.

Además, me debía 200 £ por el retrato.

Si hubiese querido matarla, habría esperado a tener el dinero.

Si usted no la mató, ¿cómo consiguió el broche?

¿Le importa que yo haga las preguntas, Sr. Ainsworth?

- En absoluto, es que... - Lo sé, lo sé.

pero seré yo quien se encargue. No es necesario que espere.

Sé dónde localizarle.

- Si insiste. - Insisto.

Está bien.

- ¿Dónde consiguió el broche? - Ella se lo dejó aquí.

- ¿Así sin más? - Lo conseguí a mi manera.

¿He sido lo bastante explícito? - ¿Cuándo?

Sobre las 5:30 del sábado.

Yo no la maté.

Sé que lo del broche parece sospechoso, pero ella se lo dejó aquí, de verdad.

De hecho, intenté venderlo cuando se fue.

¿A quién?

Al viejo Billy. Tiene una cafetería en la esquina.

Estuve allí hasta las 6:15.

Me sorprende que no se lo dijera. Yo creía que lo había hecho.

Podemos preguntarle.

¿Este es el abrigo que llevaba el sábado?

Es el único que tengo.

Muy bonito.

Si se marchó de la cafetería a las 6:15, ¿Dónde fue después?

A la esplanada Hampstead.

Es pura coincidencia que fuese en la de Spaniards.

Hay bastante distancia desde dónde la mataron.

Llegue allí a las 8:00. Alguien podrá confirmárselo.

- Me conoce mucha gente allí. - ¿Cómo fue?

Caminando por West Hill hasta llegar a Hampstead Lane.

Di una especie de rodeo, no tenía prisa.

Llegué a las ocho.

No si el rodeo lo dio hacia el sur en vez de hacia el norte.

Habría pasado lo bastante cerca de la Sra. Ainsworth como para matarla.

Sí, pero no a tiempo.

No podría haber llegado desde la cafetería a ese lugar a tiempo de matarla.

- Inténtelo y verá. - No se preocupe, lo haremos.

No obstante, al parecer, alguien se reunió con ella allí y la mató.

- Mi sucesor, supongo. - ¿Sabe cómo se llama?

Sí, John Langford.

¿Sabe por qué querría matarla?

- Sí. Cualquiera se lo dirá. - ¿Por qué?

Me alegra que esté muerta.

Me siento libre por primera vez desde que la conozco.

Me obsesioné.

Yo no podía vivir con ella y no podía vivir sin ella.

Lo tenía todo y no tenía nada.

Era apasionada y fría a la vez.

En su rostro aparentaba sinceridad, pero no conocía el significado de esa palabra.

No tenía ilusión... por nada.

Me alegra que esté muerta.

Un día empezaré a echarla de menos,

pero todavía no.

Robert, ¿qué ha pasado? Adelante.

- Tu cara. - No es nada.

Ya sé a quién vio Lucille el sábado.

A un hombre llamado Franklin, un artista. Nos acabamos de conocer.

Desgraciadamente el inspector apareció.

¿Tú sabías que se veía con ese hombre?

No sabía quién era, pero sé que había alguien.

Yo también.

Pero esto me lo ha confirmado.

Recibí esto el viernes justo antes de esa horrible cena.

"Su esposa lleva una doble vida."

"Se está viendo con un hombre casado."

"Si esto no para, el escritor se encargará de hacerlo público,"

"lo que causaría problemas y desdicha a todos los implicados."

- ¿Has enseñado esto al inspector? - ¿Cómo voy hacerlo? Eso me implicaría.

Pero también implicaría al escritor. Robert, debes contarle la verdad.

No puedo.

Pero él no puede sospechar de ti. Tú estuviste con Gilbert Morgan.

No estuve con él.

¿Cómo? Entonces, ¿por qué...?

Robert, cuéntame la verdad.

Da igual lo que haya pasado. Quiero ayudarte, pero no me mientas.

No te culparé, Robert.

Sé cómo te provocaba y lo cruel que era contigo.

Debes haberte vuelto loca.

Seguí a Lucille. La seguí adonde Franklin y después a la esplanada.

Se reunió allí con un hombre, pero me marché y la dejé allí.

- Yo no la maté. - Pues díselo al inspector.

No podrá demostrar que la mataste si no lo hiciste.

¿Por qué no? Lo haría para ascender, no por justicia.

No me creo eso. Es honrado y no es idiota.

Mi única esperanza es que atrape al verdadero asesino antes que a mí.

Gracias, Sarah. Eres una buena amiga.

Sí, una buena amiga.

¿No sabes lo mucho que te quiero?

Tú odiabas a Lucille.

Ahora sé que no la mataste. ¡Sospechas de mí!

Oh, Sarah, querida. Sarah...

Lo siento.

Ya no sé lo que tiene sentido y lo que no.

Escucha, tienes que ayudarme.

Claro que te ayudaré.

¡Eso es, defiéndela!

¡Me da igual que esté muerta!

Perseguía a los hombres casados, al menos a la mayoría.

Y deja de sonreír como un idiota.

¡Para!

¡Para!

- ¿Quién es usted? - Detective inspector Marshall.

Llega justo a tiempo, inspector.

Estamos en medio de una acalorada discusión, como siempre.

Quiero hablar con usted acerca de la Sra. Ainsworth.

Adelante, ahora íbamos a hablar de ella, ¿no es así, John?

- Todos la adoraban, sobre todo John. - ¡Cierra el pico, Nella!

Dile al inspector cómo solías salir con ella,

cómo solías cogerla de la mano.

Está bien, a veces lo hacía.

Era un poco perversa, pero yo la adoraba.

Perseguía a cada hombre que le gustaba, estuviese casado o no.

Era una vulgar mentirosa, igual que lo eres tú.

Fueron amantes, inspector. Incluso se engañaban entre ellos.

Vamos, John, dile cómo mataste a Lucille. Vamos, díselo.

No podrás guardar el secreto por mucho más tiempo.

- ¡Cállate! - Pronto descubrió cómo era.

Igual que todos lo hicieron. Cada hombre...

Estuve contigo en casa toda la noche.

Te fuiste a las seis y volviste sobre la medianoche.

Llegaste pálido y borracho como un búho.

Mire lo que me hizo porque le pregunté dónde había estado toda la noche.

No pensaría que era tan violento con solo mirarle,

pero eso no era una novedad.

Era celosa, y ya está. La gustaba montar escenitas.

¿Y dónde estuvisteis el sábado por la noche?

¿Y bien? ¿Dónde estuvo?

Pues...

Si te vieras la cara de idiota que tienes ahora...

Será mejor que me acompañe.

¿Es suyo?

También me llevaré eso.

No irá a llevársele de verdad, inspector. Yo solo...

- Ya ha dicho suficiente, Sra. Langford. - No quise decir...

Vámonos.

¡No! ¡John!

¡No! Inspector...

Espere.

No podemos dejarla así.

¡Nella!

Nella se creyó de verdad que yo había matado a Lucille.

Estuve saliendo una o dos veces con Lucille cuando me separé de Nella.

La cuestión era que Nella me amaba de verdad.

Eso la hizo ser una celosa compulsiva.

Incluso escribió una carta anónima a Robert.

De eso discutíamos cuando usted apareció.

Entonces era verdad lo que dijo ella. Usted no fue a casa el sábado por la noche.

- Sí. - Entonces, ¿dónde estuvo?

Fui a un club a tomar unas copas.

Estuvimos allí desde las 6:30 hasta las 10:00.

- Pregunte al camarero, él nos recordará. - ¿Nos?

- Estuve con una amiga. - ¿Cómo se llama?

Julie Maddox. Es una especie de actriz.

Nos fuimos a su piso. Por eso no podía decirle a Nella dónde había estado.

Pero usted estuvo también enamorado de la Sra. Ainsworth.

Nunca he sido hombre de una sola mujer, inspector.

Nella me incordiaba con eso desde el día que nos casamos.

A veces me comportaba así, pero ella se lo buscó como ya ha podido observar.

Se ponía histérica y juraba que lo haría ella misma.

¿Le dio dinero alguna vez a la Sra. Ainsworth?

¿Dinero? Yo no tengo dinero. No lo que ella quería decir con "dinero".

¿Cómo se llama el club donde fue con... esa otra chica?

No lo sé. Club Florabelle, creo.

Cuando llegó a casa el sábado por la noche, ¿estaba su esposa?

- Estuvo en casa toda la noche. - ¿Cómo lo sabe si usted no estuvo?

Pero... no creerá que Nella la mató, ¿verdad?

Si lo hizo, será muy difícil demostrarlo, ¿no cree?

Estoy preocupado. Marshall no va a dejarnos en paz.

Ya debe saber que le mentimos.

Casi me pilla por lo de ese chichón tuyo.

Lo siento de veras, Gilbert. Siento haberte involucrado en esto.

Puede arrestarnos a los dos como cómplices.

¿Y qué hay del banco? Esto nos arruinará.

Ojalá pudiésemos esperar uno o dos días.

Ya he pensado en eso.

¿Qué pasaría si me marcho a la sucursal de París unos días?

Debería ir allí por si acaso.

Si me voy a París, no me podrá interrogar.

Dudo que el inspector me siga hasta allí.

Sería más seguro que me machara yo.

Oh, no, se olería algo si te vas tú. Después de todo, eres sospechoso.

Pues creo que me iré ya mismo. Me marcho a casa a hacer la maleta.

Sí, eso nos daría un respiro.

Me podrás localizar en "Le Fontenac".

Coméntaselo al inspector, eso le tranquilizará.

Encárgate de Sasha por mí.

Sí, claro.

- Gracias, Gilbert. No olvidaré esto. - Buena suerte, Robert.

¿Qué tienes ahí?

Este es el resultado de nuestra pequeña expedición de pesca en la esplanada.

- ¿Has ido ya a la Florabelle? - Sí, Langford estuvo allí, como dijo.

El camarero se acordaba de él y de la secretaria.

Y vi un poco a esa Julie. Nada del otro mundo.

¿Qué es todo esto?

El contenido del bolso de la Sra. Ainsworth, señor.

- ¿Cómo lo sabes? - Se lo enseñé a la sirvienta.

Ella lo identificó. Lo hallamos en el estanque del Spaniards.

- Fue el quinto que dragamos. - Espero que aparezcan.

Aunque no nos servirá de mucho. No había ninguna huella.

Esto sitúa el robo como un posible móvil, señor.

Nunca me creí eso.

Señor, aquí hay una muestra de tela de ese abrigo gris de los fabricantes.

Distribuyeron medio millón de ejemplares de este material en los últimos seis meses.

Esos son muchos abrigos, señor.

¿Y qué hay de la coartada de Franklin? ¿La han comprobado ya?

Sí, el tendero confirma que él estuvo allí sobre las 6:15...

...con el broche. Me recorrí la distancia dos veces.

No pudo llegar a la esplanada a tiempo de matarla.

Bien, todos tienen confirmadas sus coartadas, excepto Nella Langford.

- Y Sarah Hayward. - También estuvo en el cóctel de Bradley.

Está descartada.

Todos tienen coartadas, o eso parece.

Alguien miente y creo que es Ainsworth.

Espera un momento, ¿De dónde sacó la Sra. Ainsworth el dinero?

Esos recibos de la mesa sumaban un total de 3.000 £.

Y todo para ella. Joyas, ropa, tratamientos de belleza...

Todo abonado en efectivo.

La esposa de un banquero pagaría con cheque.

A menos que encontrara una mina de oro, señor.

¿Quién es él? Voy a explorar un poco.

Vamos, Casanova.

- ¿Dónde está el coronel Jarvis? - Ahí, señor.

Tiene visita.

Buenas tardes, soy el coronel Jarvis, el secretario.

Creo que no les conozco, caballeros.

Detective inspector Marshall. El sargento Berry.

Quiero hablarle acerca de la Sra. Ainsworth.

He oído que solía frecuentar este sitio.

- Yo no diría tanto. - ¿Ah, no?

Aquí tengo cinco recibos firmados por usted...

...por deudas de póker y bridge de la Sra. Ainsworth.

Perdió unas 600 £ aquí en las últimas semanas.

Como es lógico, queremos colaborar, inspector,

pero nuestros socios esperan que sus asuntos...

...sean tratados de manera confidencial.

Entonces no deberían ser asesinados, ¿no le parece?

- ¿Pagó con cheque o en efectivo? - Siempre en efectivo.

Tenía mucho.

¿Le ayudó alguien a pagarlas?

- No que yo sepa. - Hablemos con su camarero.

Seguro que no podrá decirle mucho más que yo.

Da igual, hablemos con él.

Disculpe.

- Buenas tardes. - Buenas tardes, señor.

- Conocía a la Sra. Ainsworth, ¿no es así? - Sí, señor.

¿De dónde sacó el dinero?

Había muchos hombres dispuestos a financiarla, señor.

- Hasta podía elegir. - Me refiero a los bolsillos profundos.

- El Sr. Goodman. Él pago la factura. - ¿Goodman?

Bernie Goodman, el prestamista.

Nunca he visto a un hombre con tanto dinero.

Pero cruel, muy cruel. Él tuvo que aportar un poco a la Sra. Ainsworth...

...porque iba a hacer algunas compras.

- ¿Ha venido hoy? - No ha venido desde que la asesinaron.

Pues mira por dónde. Es él.

El conde, señor.

- ¿El Sr. Bernard Goodman? - Sí, soy yo.

Escuche, ahórrese las palabras. No estuve en Londres el sábado.

El viernes, sábado y domingo estuve en Birmingham, en las carreras.

Soy corredor de apuestas y he venido hoy.

Mire, facturas de hotel, entradas para el teatro, un menú...

Puedo explicar cada minuto de mi tiempo.

Vamos, compruébelo. Compruébelo. Véalo usted mismo.

Y recuerden, por favor, que soy un hombre muy ocupado.

¿Qué pasa?

Creemos que el asesino llevaba un abrigo similar a este.

¿A este? Pues lo compré esta mañana.

- No es nuevo. - ¿Alguien ha dicho que era nuevo?

Se lo compré a un cliente mío, un tipo modesto, un portero.

Me debía cinco libras. Vino a mi despacho esta mañana y me dijo:

"Sr. Goodman, le debo cinco libras y no las tengo. ¿Acepta este abrigo?"

Y yo que soy muy flexible, acepté el abrigo.

Vamos a echarle un vistazo.

El nombre del sastre ha sido quitado. ¿No le parece eso sospechoso?

Caballero, tengo 57 años, todo me parece sospechoso.

Solo soy un viejo confuso, por eso acepté el abrigo.

La Sra. Ainsworth era una derrochadora. ¿La financió usted?

La invité a unas copas y cenamos juntos un par de veces.

Eso fue todo.

Caballero, yo no doy, yo invito. Ella tenía esa mirada de ven-a-buscarlo,

pero cuando tú ibas, ella colgaba el cartel de "no se vende".

¿Alguna vez intentó conseguir algo de dinero por otros medios?

- ¿Como que "por otros medios"? - El chantaje, por ejemplo.

- Le habría roto el pescuezo. - ¿No la defiende?

Caballero, no era buena. Mire, ¿parezco la clase de hombre...

...que se entretendría con sus amiguitas en la esplanada Hampstead?

Padezco reumatismo, tengo hipertensión y un corazón débil.

Está bien, puede enseñarnos mañana su operación,

pero ahora díganos dónde podemos localizar al portero que le dio el abrigo.

- Pero aquí es dónde vive Gilbert Morgan. - Esta es la dirección que nos dio Goodman.

Vamos a ver a ese portero.

¿Por qué no vino a decirme que usted fue el que le dio este abrigo?

Los periódicos no dijeron nada sobre un abrigo.

Solo algunas hebras o algo así halladas por debajo de sus uñas.

¿No le pareció extraño que de repente le entregara un abrigo como este?

No.

El Sr, Morgan siempre me entregaba su ropa cuando ya no la utilizaba.

Para el Ejército de Salvación.

Me dio un traje, aparte de ese abrigo y algunos calcetines y zapatos.

Lo envié todo esta mañana a excepción del abrigo.

¿Por qué se lo ofreció a Bernard Goodman? ¿Por qué a él?

Porque le debía dinero, como ya le he dicho.

Toda la gente de por aquí apuesta con Goodman.

Tiene un despacho en Baker Street.

Es un hombre justo si le pagas.

Si no lo haces, te despoja de algo, como de ese abrigo.

Tiene todos mis muebles en su despacho.

Un momento, un momento. Llévenos al piso del Sr. Morgan.

No sirve de nada que suban. Se ha ido.

- ¿Ido? ¿Dónde? - No lo sé.

Se fue en su coche hace unos 20 minutos. Se llevó con él su equipaje.

Sr. Morgan.

- ¿Por qué la mató? - Yo no la maté.

Estuvo en la esplanada, Sr. Morgan.

Analizamos su abrigo y hallamos polvo y restos de césped.

Estoy seguro de ello. Vivo aquí. A menudo voy a la esplanada.

También lo hace mucha gente.

¿Por qué se marchaba del país?

Intentaba ayudar a Robert a afianzar su coartada.

La cuál es falsa, ¿no es así?

Pero usted no se iba unos días, Sr. Morgan, se marchaba para siempre...

...y se llevaba consigo medio banco.

Como si fuese un vulgar ladrón, si no algo peor.

Si no le preocupaba el abrigo, ¿por qué intentó deshacerse de él?

Porque sabía que a quien buscaban llevaba un abrigo gris oscuro.

- ¿Cómo? ¿Cómo lo sabía? - Leo los periódicos.

Se hallaron hebras bajo las uñas de Lucille.

Sí, sí, pero, ¿cómo sabía que procedían de un abrigo como ese?

Solo la policía sabía eso... aparte del asesino.

- Se reunió con ella en la esplanada, ¿no? - Sí, así es.

Pero yo no la maté.

Solo me reuní con ella, solo fue durante unos minutos.

¿Le chantajeaba?

Sí. Verá...

Hace algunos años malversé dinero del banco.

Pensaba devolverlo. De hecho, pude haberlo devuelto.

Lucille lo descubrió...

...y amenazó con divulgarlo si no me hacía cargo de sus deudas.

Arruinó mi vida con sus constantes exigencias y amenazas de dinero.

¿Por qué la mató? ¿Para silenciarla?

¡Yo no la maté! Me reuní con ella en la esplanada, sí.

Me reuní con ella para darla el dinero. De repente, decidí no entregárselo.

La dije que no lo tenía. Ella esperó. Tenía que esperar.

Estaba totalmente furiosa.

Volvió a amenazarme con contárselo a Robert.

Le dije que no me importaba que se lo dijera.

Ya no solo no me importaba, sino que me fui y la dejé allí.

Lo único que quería era salir del país...

...antes de que tuviese tiempo de delatarme.

Fue estrangulada, Sr. Morgan. Le rasgó el abrigo y se rompió las uñas.

Lo sé, ella no quería que la abandonara. Entonces, la empujé.

Un gato no le arañó en la mano, le arañó ella, ¿no es así?

No, me arañé en la mano con el alfiler del broche.

- ¡Ella no llevaba el broche! - ¡Sí lo llevaba!

Sé que Franklin lo tenía, Robert me lo dijo.

Pero no podía decirle que lo llevaba sin revelar que estuve con ella.

Tiene una mancha, pero eso no demuestra nada.

Franklin debió devolvérselo. Debió hacerlo.

Regresó y le devolvió el broche.

Por estuvo allí, esperando a ver con quién se reunía.

Luego él la abordó de camino a la carretera.

Discutió con ella y la estranguló.

¿Y por qué se volvió a llevar el broche?

Porque le habían visto con el broche un rato antes en la cafetería.

Si el broche se hubiese hallado en su cuerpo,

eso demostraría que la volvió a ver.

¿Cómo consiguió llegar allí a esa hora?

Me da igual que sean policías o no.

No van a despertar a mis huéspedes a estas horas de la noche.

Le digo que me da igual que sean...

Si tomas un atajo por ahí, ¿dónde irías a parar?

Mira.

Señor, es él.

Así es cómo llegó a la esplanada, subiéndose a un camión.

Ese es nuestro hombre. Vamos.

Gracias a Dios que ninguno de los demás fueron acusados.

Pensé que el inspector era capaz de hacerlo.

No era tan malo.

Bueno, es mejor que me vaya.

¿Cuánto tiempo estarás en América?

No mucho, solo voy por trabajo.

Y es mejor que me vaya por un tiempo.

Adiós, Sarah.

Y muchas gracias de nuevo.

Volverás, Robert.

Sí, volveré.

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