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Les diré algo, señores. Ya no hay boxeadores de verdad.
La nueva generación no es otra cosa que...
un grupo de bailarinas con tutú.
¿Dónde están los Sullivan, Fitzsimmon, Ketchell, Griffo,
Teddy McGovern o el joven Gaffney?
Seis peniques.
Tres consumiciones, seis peniques.
¿Dónde está... mi cartera?
Permítame, profesor.
Gracias, gracias. Se lo devolveré.
Es un privilegio beber con ustedes.
- ¿Fue usted manager de Gaffney? - ¡Más que eso, yo le descubrí!
Era mi muchacho.
Su gancho de izquierda tenía la velocidad de una serpiente.
Tenía el corazón duro como una roca y la fiereza de un pitbull.
Un grande, ¿no?
El Gran Promotor le hizo colgar los guantes
justo una semana después del 27 de mayo de 1906.
No he vuelto a saber nada desde entonces, señores.
¡90 kilos de puro músculo!
Miren alrededor suyo, no verán nadie...
Pasa por debajo.
Se daba un aire a ese muchacho,
pero más duro.
Disculpe, pero esos 50 céntimos son míos.
- ¿Cómo? - Que son míos, habrá sido un error.
- Eso está claro. - Acabo de dejarlos ahí.
¿Me está acusando?
Devuélvale la moneda, lo he visto todo.
¿Ah sí?
- Tome su dinero, señor. - Lamento el lío.
No ha sido culpa suya.
Joe, sácalos de aquí.
Si te haces la dura, te haré lo mismo.
- Tal vez me gustara. - ¿Ah sí?
Sería como la pimienta y la mostaza en un perrito caliente...
- Esta noche, después de cerrar. - ¡Estupendo!
Perdonen, señores.
- ¡Vaya modales! - Para eso le he invitado...
¡Curioso tipo!
Pero uno de los mejores managers de todos tiempos, según parece.
- ¿Cuándo acabas? - A las seis.
- Te esperaré. - Vale, grandullón.
- ¿Pasa algo, amigo? - Nada. Profesor, para los amigos.
Edwin J. Bennett para el resto.
- Vale, Profesor. - ¿Eres nuevo por aquí?
- ¿Y te llamas? - Steve Morgan para todo el mundo.
¿Y de dónde eres, Steven?
Australia, Singapur, Este, Oeste.
- Vaya, has sido marino. - Sí, he visto mundo.
- ¿Qué estuviste haciendo en Singapur? - Lo mismo que aquí.
Meterme en líos, echar a borrachos,
y proteger a las damas.
Oiga, ¿por qué pregunta?
Si no tienes nada que hacer el viernes por la noche,
¿qué te parecería echarte al bolsillo 50 o 60 dólares?
No me van los chanchullos.
No te hablo de nada de eso,
sino de un combate de boxeo con gratificación final.
Me cargaría a toda la Armada Rusa si el precio es bueno.
Vale, entonces espérame aquí, ¿de acuerdo?
No te esfumes.
Quédate ahí.
No deberías escuchar lo que dice ese viejo loco.
Locura sería negarse.
El Profesor al habla. Quisiera hablar con Jake.
Es el Profesor.
¡Otra vez él!
¿Qué quieres?
El novato de Maloney tiene un forúnculo.
Tengo un sustituto para la noche del viernes.
Escucha, estoy harto de esa escoria que me envías.
No, no. Espera, Jake.
Llevo un mes sin beber ni un trago.
He cambiado.
¿Sí? Oye, me fiaré de ti una última vez.
Pero si no aguanta tres asaltos, no hay pasta, ¿entendido?
Aguantaría veinte si yo se lo digo.
Como de costumbre, la bolsa será de 100 dólares.
Vale, Jake. Trato hecho, adiós.
Conozco un club nuevo...
Muchacho, el viernes noche te echarás 100 dólares al bolsillo.
- ¿Cuándo se queda usted? - El manager se queda con 50... o 40.
- 60 para mí. ¿Dónde está el truco? - Chico, no hay ningún truco.
Basta con que aguantes tres asaltos,
nueve minutos del combate.
- ¿Cómo vas de respiración? - Sobrado.
Bastante para izar velas.
Bueno, Steven...
Los negocios primero.
Empezaremos a entrenar de inmediato.
Si nos ponemos a ello ya, estaremos en forma mañana.
- ¿Y qué pasa conmigo? - Espérame, muñeca.
Mantente fresca para cuando vuelva.
Agarre un trozo, profe.
¡Vaya par de idiotas!
¿Su Gaffrey corría así?
Gaffney era un profesional entrenando.
Tras 15 kilómetros seguía fresco como una rosa.
Su directo tenía la rapidez de un ratoncillo de la Opera.
¡Ay, el joven Gaffney...!
En cualquier caso, tras el combate,
seré yo quien cambie de oficio.
¡Caramba, esto es duro!
¡Eh, cuidado!
Enderece la cabeza. ¿Puede hablar?
Ya me lo habían avisado...
¿Le duele?
- Tengo frío. - ¡Póngase esto!
- ¿Qué tal? - ¿Está en condiciones de andar?
Sí, ocúpate tú de ella.
La llevaré a la granja más cercana.
El coche cayó a la cuneta. ¡A la cuneta! Ve a abrir, Billy.
No sé cómo iban. Deprisa, doctor.
¡Papá, papá!
Acuéstela aquí, joven.
Con cuidado.
Ahí estará bien.
¿Quién es esta dama?
- ¿Tiene whisky? - Iré a ver.
Dese prisa.
La levantaré.
Con mucho cuidado.
¿Cómo te llamas?
¿Dónde le duele?
¡Despacio!
- Recuéstese. - ¿Cómo te llamas?
¡Quítese esto!
No se apure, tengo siete hermanas.
¿Y si hace salir a los niños?
Vamos, fuera. Id a ver a papá.
Esto...
¡Tenga!
¡Delante de usted!
- ¿Lista? - Ya le avisaré.
¿Has escondido mi agua de fuego?
¡Hay una pareja desnuda en el salón!
¿Y qué? ¿Dónde demonios está el agua de fuego?
- Ha sido una suerte que usted corriera por allí. - Pasó muy cerca.
Mi chófer ha debido dormirse. ¿Está bien?
Sí. Y usted, ¿algo roto?
No creo. Pero estoy muerta de miedo.
¿Nada fracturado o dislocado?
No se fía de lo que digo.
Está perfecta, aunque preferiría comprobarlo por mí mismo.
No me gustan esa clase de comprobaciones.
¿Por qué? ¿Territorio conquistado?
¿Acaso no viste la cerradura?
No, abrí la puerta y entré.
No me sorprende.
Vístase, hace fresco.
No temo al frío. Tengo capa aislante.
Eso es, se diría que no tiene frío en los ojos.
Bien traído, para haber sido herida en la carretera.
Cada uno tiene sus armas.
- ¿Necesitas ayuda, chico? - No, todo está bien.
¿Estás seguro?
Sí, lo estoy.
- Entiende que... - ¡Que no!
- Así que no me necesitas... - Eso es.
Buenas tardes.
Si vuelve a caer en una cuneta, hágamelo saber.
¡Espere! Bromas aparte, le estoy muy agradecida.
¿Podremos volver a vernos?
- ¿Me lo está diciendo a mí? - Sí, claro.
- ¿Le gustan los combates de boxeo? - Sólo los buenos.
Vaya al Harlem Heights AC., el viernes por la noche.
Será corto, pero fulgurante.
Me enfrento a un pobre diablo.
Se tiene en gran concepto.
Jamás me dejo tumbar.
- ¿Cómo se llama? - Steve Morgan.
Le reservaré una entrada. ¿Vendrá entonces?
- Tal vez. - Hasta el viernes, pues.
Hasta la vista.
¡Una toalla, Bugsie!
Sensacional, chico.
Éste es Bugsie, mi asistente.
Hola. Lo primero, un gancho directo...
- Calma, cuando empecemos... - Ah, dame tu mano.
Si se raja, será el último inútil que me traigas.
Tiene que aguantar tres asaltos.
- Si no, nada de pasta. - Entendido.
Estamos en un buen lío, eh, profe...
Deja que te explique.
¡Cualquier cosa con tal de pagarse los tragos!
Es cierto, pero yo...
Me echas a los leones por una buena causa.
¡Pedazo de viejo traidor!
Tienes suerte de que necesite esa pasta,
si no te rompería la cabeza.
Pero no te preocupes, podrás coger más cogorzas.
Steven, tienes que aguantar tres asaltos y tu adversario es fuerte.
Me gusta pelear.
Sí, pero tendrás que seguir las reglas del marqués de Queensbury.
¡Os toca!
Por esa pasta seguiría hasta las reglas del rey de Siam.
Hola, me alegro de verle aquí.
No he podido olvidar su cara.
Pon los pies en el serrín...
¡Esto irá rápido!
- Veámonos tras el combate. - Sí, aunque...
Steve Morgan.
Sí, claro. Le he visto pelear mucho en Jersey City.
Sabe reconocer a sus más fieles seguidores.
¡Buena suerte!
¡Falta va a hacerte!
Señoras y señores... para este velada
a diez asaltos, con 92 kilos,
¡Steve Morgan!
En frente, con 112 kilos,
el campeón de peso pesado,
¡Hammer Jackson!
Recuérdalo, debes aguantar tres asaltos.
Abandonad la sala si resulto ser muy violento.
Pelead hasta que yo os diga que paréis.
Y nada de golpes bajos, ¿vale?
Estrechaos la mano.
Sigue el juego. Cuando caigas, contaré lentamente...
¡Eso se lo dices a otro!
No lo olvides: haz lo mismo que haga él.
- ¡No encaja mal! - Por supuesto, ya lo creo.
Vamos, dale un buen golpe. ¡Vamos!
¿A esto llamas pegar?
Oye, creo que tenemos el boleto de la suerte.
¿Boleto de la suerte? ¡El próximo campeón mundial!
El joven Gaffney se ha reencarnado.
¿Dónde está la salida?
Debo vestirme. Mientras tanto, espérame.
El contador de mi taxi está en marcha.
- Adoro los taxis. - Lo siento, Morgan.
Un fortuna asegurada. Sacaremos mucho de sus victorias.
¿Sacaremos?
Contaminarías el aire que respira.
No respirará mucho tiempo
si anda detrás de la chica de Willie Ryan.
- ¿Willie Ryan? - Sólo hay uno en esta ciudad.
Si descubre lo que anda tramando,
transformará a tu mirlo blanco en carne picada.
- No puede ser. - ¿Estás segura?
Sí, no correré el riesgo.
Perdón, señora. Steven, es hora de ducharse.
- Enseguida, profe. - Señora...
¡Que ya voy! ¡Un segundo!
No estropeemos la noche.
Ve a la ducha. Nos veremos en unos días.
¿Vas a marcharte así?
Me marcho cuando quiero, grandullón. ¡Adiós!
Chico, ¿quieres un dólar? Ve a ver dónde para su taxi.
Ahí, sobre la mesa.
Steve, muchacho, me has hecho rejuvenecer treinta años esta noche.
Treinta tragos será...
No, eso está olvidado. Y tú, deberías olvidar lo que se interponga en tu carrera.
- ¿Ahora tengo una carrera? - Sí, todo un futuro por delante.
Eres un campeón, un diamante en bruto,
pero un campeón, pese a todo.
Tú y yo tenemos un futuro maravilloso ante nosotros.
Pero debemos arreglar un detalle.
- ¿Cuál? - Esa mujer.
¿Cómo?
Pertenece al cacique de la ciudad, Willie Ryan.
¿El amigo de tirar de gatillo? No bromee.
Entonces, ¿la olvidarás?
Vale, olvidada.
¿Y mis 60 dólares?
Te los daré cuando te hayas vestido.
Aunque te aconsejo que te los guardes.
Aunque sea el chocolate del loro, comparado con lo que te espera.
Date prisa, Bugsie. Quiero salir ya o me duermo.
¡No tanto como Jackson!
Sé que ella ha ido. ¿Cómo se llama él?
¿Morgan? Nunca he oído hablar de él. Es todo.
Steve Morgan.
No seas bruto.
La señorita Mercer está en su habitación.
Puedes retirarte.
¡Entra, Willie!
Hola, cariño.
Déjanos a solas.
- ¿Algo de retraso, eh? - Un poco. ¿Preocupado?
No he vuelto a caerme en ninguna cuneta.
¿Seguro?
Justo antes de irme,
una amiga de Cleveland me llamó y...
Es mentira, seguro que ya lo sabes.
¿Bonito combate?
Demasiado corto.
¿Me ha seguido alguno de tus sabuesos?
El exceso de celo les lleva a contármelo todo.
¿Desde cuándo esa afición por los... armarios?
Desde que mi coche se salió en una cuneta.
Olvidémoslo, Willie.
Me ayudó. A la vuelta, he ido a verle pelear.
Tranquilo, es el prototipo de gorila arrogante y vanidoso.
¡Lo que tanto te horroriza!
Ni me acordaré de él mañana.
No estoy de broma.
Ni yo, es la primera vez que me ha pasado una cosa así.
- Estás cambiada. - Siempre he tenido mis secretos.
Creía conocerte.
¿Nunca te ha pasado que, tras cruzarte con una chica guapa,
tu imagen se te haya quedado grabada?
No, sólo a ti te tengo grabada.
- Lo siento. - ¿Por qué?
Todo esto ha sido una tontería. ¿Por qué no hacemos como si nada?
Por fin la conocemos.
Sid Munsey, de Chicago.
Más bonita de lo que decías.
George Lyons, de Filadelfia.
- Bonita ciudad. - En efecto.
- ¿Qué tal, Sonny? - Hola pequeña.
Desde que vendí mis caballos,
busco invertir en un peso pesado.
Belle ha investigado para mí.
- ¿Viendo combates? - Sí.
¿Está noche?
- En Harlem Heights, ¿lo conoce? - La verdad es que no.
No habrán oído hablar. No de mi boca, al menos.
Ya ven, investiga y luego se desentiende de ello.
¡Lo siento pero se reserva el derecho de admisión!
Encuéntreme sitio.
¿No será ése nuestro viejo amigo común Steve Morgan?
- Espera, Willie. - Está bien, no temas.
Le invitaré a nuestra mesa. Parece que va solo.
¡Si insiste, haré que le echen!
¡No son bastantes para eso!
¿Steve Morgan?
- Willie Ryan. - He oído hablar de usted.
- Únase a nosotros. - ¿Por qué no?
Munsey, Steve Morgan.
Encantado de conocerle. Su fama le precede.
Decididamente, no dejamos de vernos.
Uno de los dos debe estar siguiendo al otro.
Sí, un misterio sin resolver.
Si creemos a Belle, Morgan es un peso pesado muy prometedor.
Merece la pena verle.
¿No nos han presentado?
Es mi hijo adoptivo.
Un poco mayor, ¿no?
Sí. Caza los parásitos que me siguen los pasos.
Maneja a la perfección... el matamoscas.
Entiendo. Queda entre nosotros.
Señoras y señores, ahora la señorita Belle Mercer...
Disculpen, debo trabajar un poco.
... con una canción en vivo, 'Downstream Drifter'.
Se sale, ¿verdad?
Sí, bonita canción.
Ya lo creo.
Ahora debería marcharse.
Me gustaría mucho bailar con la señorita Mercer.
No puede bailar con invitados.
A la calle. ¡Deprisa!
¿Puedo despedirme de ella?
Si sólo es eso. Por allí, la tercera puerta a la derecha.
- Gracias. Es usted un buen tipo, amigo. - ¿Ah sí?
Mira a ver quién es.
- ¿Cómo ha entrado? - Por la puerta.
- Sabe que... - Willie me ha dado permiso.
Muy amable de su parte.
¿Sabe a lo que se expone viniendo aquí?
Claro que sí.
- Y aun así... - Quería verla de nuevo.
Escuche, Morgan, lo hemos divertido
y usted ha perdido la cabeza, pero yo mantengo la mía.
- La veré de nuevo. - No.
Usted me socorrió y yo he ido a ver su combate.
Estamos en paz. Adelante.
- Esto es para usted. - Muy bien.
¿Puedo telefonearla?
Es usted muy agradable, me gusta.
Pero no quiero volver a verle. Adiós.
Tal vez Sonny tenga que vigilarte más de cerca.
No para protegerte de otros, sino de ti misma.
Si me quiero hacer daño, nadie podrá evitarlo.
¿Son esos los secretos de los que antes hablabas?
Supongo que sí, Willie.
He estado pensando que...
Hace mucho que nos conocemos.
Tal vez eras demasiado joven.
No me di cuenta de que sólo eras una niña.
- ¿Acaso me comportaba como tal? - No.
Lo sé.
No hay duda de que debí ser algo más romántico,
cortejarte, escribirte palabras de amor, como en las novelas.
Los dos fuimos más honestos que todo eso.
Existe una clase de amor que ninguno de los dos hemos conocido.
No existen más que dos clases.
Uno, como fuegos artificiales que iluminan el 4 de julio.
Van enlazados, dando vueltas en el cielo,
Te llena por completo haciéndote muy feliz.
Otros se apagan en pleno vuelo, lanzados demasiado pronto,
caen al agua, y plaf.
¿Y nuestro amor de qué clase es?
No lo sé con seguridad.
Pero ha sido de los buenos, quizás aún nos haga felices.
Buenas noches, caballero.
¿Buenas noches?
No nos engañemos, Willie.
Deja que me saque a ese hombre de la cabeza.
¿Lo conseguirás pronto?
Me emplearé a fondo.
No me obligues a tener que encargarme de ello.
- ¿Hablando de mí? - ¿De dónde sales?
De la chistera de un mago.
Pues vuelve a ella.
He pagado para salir.
Así no te saldrás con la tuya.
Solo quería verte.
Y algo más.
No creas que voy a gritar pidiendo ayuda.
Estás muy guapa cuando te enfadas.
Hay una solterona en el piso de arriba.
Rica, por más señas. ¿Por qué no vas a forzar su puerta?
¿Qué edad tiene?
Ronda la cincuentena.
No estoy tan desesperado. ¿Es guapa?
- ¿Me lo pones difícil, eh? - Esta noche sí.
¡Largo!
¿No me digas que conoces las gardenias tropicales?
¡Que te largues!
Hueles tan bien como ellas.
Es tu segundo cumplido.
Ese perfume vuelve loco a cualquiera.
No lo estropees todo en un momento.
¿Me invitas a un trago?
Sólo tengo cerveza.
Mi preferida. ¿Entonces?
Oye, ¿has visto alguna vez fuegos artificiales?
¡Oh, vamos, no me hagas darle más vueltas a la cabeza!
Aló, soy Willie Ryan. ¿Alguna novedad?
¿De veras?
¿Comprobaron las estaciones?
Mis hombres son más competentes que ustedes.
- ¿Y el entrenador? - Ya viene.
Hazle entrar.
Bueno, repítalo. ¿Ha vuelto a pasar ella por allí?
Su ropa de ayer estaba pero su maleta había desaparecido.
¿Estaba acompañada?
Había botellas de cerveza pero...
Quédese en su casa a la espera.
¡Vamos, chica! ¡Largo!
Aquí Willie Ryan.
Entiendo.
McGinnis y Red estarán atentos. Comprueben también los hoteles.
¡Hable, deprisa!
Me han amenazado a punta de pistola en Nome, Cripple Creek, Dodge City.
¡No le temo a usted ni a sus matones!
Así que dígale a sus gorilas que me suelten y podré explicarme.
De acuerdo, profesor. Siéntese.
- ¿Dónde se mete su boxeador? - Usted sabrá.
- ¿Cuándo le vio? - En el combate.
Cuando un boxeador se hace famoso, las mujeres le convierten en un pelele...
¡Cuidado o le haré picadillo!
¿De qué se le acusa? ¿Y ella qué?
- Veremos cuando ella vuelva... - Ya he vuelto, Willie.
- ¿Dónde está mi muchacho? - En la gloria.
Eso lo veremos. ¿Dónde está mi futuro campeón?
Le espera en su despacho.
- Hasta la vista, profe. - Adiós.
¿Tanto cuesta que hablemos? ¿Tendré que empezar yo?
¿Qué te ha sucedido?
¿Has estado borracha?
¿Drogada? ¿Qué te ha pasado?
Algo magnífico, sensacional.
¿Con alguien también sensacional?
Sabía que no lo entenderías.
¡Entender! ¿Y qué pinto yo en todo esto?
Mi amor se comporta como una cualquiera...
- ¡Cállate! - ¿Qué tendría que hacer?
- ¿Recuperarte a la fuerza? - No.
Sé lo que haré...
Ya me has ridiculizado bastante.
- ¿Es lo único que te importa? - No.
Imaginaros juntos, pensar en lo que hacéis...
- Os mataré. - ¿Y cómo?
Le quemaré con queroseno. ¡Nadie me lo impedirá!
Nos hemos casado esta mañana.
¿Por qué?
Le amo.
Le deseo.
Aquí está todo, Willie.
No, quiero beber nada.
Puedes quedártelas.
Ni hablar, gracias.
Quiero empezar de cero.
Aunque los trajes me vendrán bien.
Guardaré buenos recuerdos tuyos, Willie Ryan.
Me gustaría que fuera recíproco.
Bueno, sólo me queda desaparecer.
¡Se han casado!
No estoy enfadado.
¿Por qué ibas a estarlo tú entonces?
Pero como le cause el menor daño,
te doy permiso para destriparlo en cualquier callejón.
Olvida la derecha. Tienes que darle más a tu izquierda.
¡Aunque es una gran derecha!
Un campeón debe tener dos puños.
Buenos días, cariño.
¡No podía estar esto más alto!
Eso es, no te fijes en el contrario.
No puedo más. Iré a tomar un vaso de agua.
¿Qué haces aquí?
- ¿También en pleno entrenamiento? - En todo momento.
Déjate caer, yo te llevaré.
Estás pegajoso y tengo que hacer.
- ¿Y qué? - Vale, Steven, pequeño...
- Vuelve al trabajo. - Bien, bien...
Sólo diez minutos y vuelvo.
Este viejo borrachín ha perdido el sentido del humor.
Un boxeador es un hombre de negocios, no lo olvides.
Pensaba que era usted el hombre de negocios.
¿Por qué no le consigue otra pelea?
De aquellos sesenta dólares ya no queda nada.
No importa. Debemos hablar, tú y yo.
De acuerdo.
- ¿Podrá ser civilizadamente? - No garantizo nada.
Soy el manager de ese muchacho.
Es una buena mercancía que no debe echarse a perder.
- ¿Me encuentra nociva? - No lo sé.
Eso es lo que quiero saber.
Usted piensa que me derrito por sus músculos.
¡A algunas eso es lo que les interesa!
Y que una vez me sacie me iré.
¿Me equivoco?
¿Por qué me he casado con Steve, entonces?
Eso es verdad.
¿Por qué te has casado con él?
Me derrito por sus ojos
y por el niño pequeño que esconde dentro.
Te creo.
Perdona a un pobre viejo que lleva demasiado tiempo en letargo.
Seamos amigos, profe.
¿Es la casa del profesor?
Hola, hola, Black. Entra.
Siéntate. Te presentaré al chaval.
¿Usted es Belle Mercer, no?
Lo era. Ahora soy la señora Morgan.
Conozco muy bien a Willie Ryan.
También es muy amigo mío.
Te presento al señor Black, que representa a Carey del Madison.
¿Te has buscado un boxeador de verdad para variar?
Siéntate. Una silla, Steven.
Quinientos dólares dentro de tres semanas, ¿qué os parece?
Seis asaltos contra Ray Harrigan.
- ¿Le has visto combatir? - No.
¿Entonces por qué 500 dólares?
- Un momento, por qué... - No, espera.
Dentro de un año pagarán una fortuna por ver tus combates.
Pero de momento, todo el mundo desconfía.
Quieren verte en primera página de las revistas
para conocer al que se ha casado
con la chica de Willie Ryan.
Por eso no aceptaremos menos de 1000 dólares.
Tan astuto como siempre, el profe.
Trato hecho: 1000 dólares.
Quinientos para él, quinientos para el que se sienta en primera fila.
- Mañana firmaremos el contrato. - Doscientos por adelantado.
Hasta pronto, señor y señora Morgan.
A partir de ahora ya forma parte del juego.
Hasta mañana, para lo del contrato. No olvides el adelanto.
Caramba, mil dólares en el segundo combate.
¿Lo has oído, cariño? ¡Mil dólares!
¿Cuántos asaltos tardo en tumbarle?
Doscientos de adelanto. Bien, estás seco, ve a ducharte ya...
¡Un auténtico sargento!
¡Esto nos lo había ocultado!
Y sólo es el comienzo. Harrigan es duro, pero Steven ganará.
Sí, escuchándole parece que haya ganado ya.
Parece que nuestro muchacho tiene la cabeza dura.
No tiene nada de malo.
Cuando se tiene sus condiciones,
uno puede permitirse ser arrogante, al público eso le encanta.
Vale, usted manda.
Debemos encontrar un sitio donde entrenar intensivamente.
Donde no haya mucho tráfico...
Podríamos ir a casa de Gus Martin,
en Catskills.
No debemos demorarnos.
Fabuloso. Disfrutaremos de nuestra luna de miel.
Un momento, Belle.
Deberíamos ir solos, él y yo.
¿No puedo ir?
El entrenamiento y la luna de miel
no hacen buenas migas.
¿Eso cree?
Se ha demostrado muchas veces.
¿Y las mujeres de los boxeadores?
En periodo de entrenamiento como si no existieran.
Haz lo que te digo o le estarás haciendo un favor a su adversario.
De acuerdo.
Me quedaré aquí.
Es un niño grande.
Le encanta como cocino.
Eres como una madre y eso me encanta.
Por eso no soy menos mujer.
No te apures, no nos iremos hasta el lunes.
Ve a decírselo. Yo iré a la ciudad.
¿Volverá para la cena?
- ¿Quieres que vuelva? - No.
Me lo temía.
¿Eres una bailarina o qué?
Deje que saque lo que lleve dentro.
Está aquí para entrenar, no para lucirse.
¿Qué te pasa?
Mis guantes deben estar mal.
Y trae un adversario de mi talla.
Aquí, Donovan. Ven a ganarte tus diez dólares.
¿Sigues ahí, pequeña preciosidad?
Me gustan las vistas.
Abrevia, que tengo cosas mejores que hacer.
Yo no abrevio por nadie. ¿Todo por fanfarronear ante la chica?
Bien, te he avisado.
- No hacía falta tumbarlo. - Se lo ha buscado.
- ¿Y bien? - Tengo la piel de gallina.
- ¿Te ha gustado? - Te he visto corriendo esta mañana.
Tan temprano levantada...
Me doy un baño y tomo el sol cuando todos duermen...
¿También mañana por la mañana?
- Seguro que sí. - Bueno es saberlo.
Bueno, se acabó por hoy.
Pues hasta mañana. ¿Vale?
Ha encajado el golpe sin rechistar.
¡Harrigan le ha tirado dos directos a Morgan!
¡Capaces de derribar el Empire State Building!
Morgan tiene acorralado a Harrigan contra las cuerdas.
Y no lo suelta. Es como una avalancha.
Morgan tiene agilidad, potencia y el aura de un campeón.
¡Ah, y cómo encaja!
Oh, Morgan tiene un corte en su ceja.
Pero... dos, tres, cuatro. La cabeza de Harrigan parece un punching-ball.
¡Vaya derecha!
Harrigan está flaqueando. Morgan le está sacando de quicio.
Vosotros dos, ha tenido que ser salvaje...
Jamás conocí a nadie igual.
Está a punto. Un último golpe de izquierda y lo tumbas.
¿Tú qué dices, Tony?
Tiene mucho potencial.
Y tú, pequeña, ¿te rindes a sus encantos?
Me encantaría convertirlo en una estatua para mi jardín.
¡Lástima que no le estés viendo!
Me hubiera gustado pero...
¡Un nuevo asalto! Aparece Morgan, con su mirada asesina.
¡Es la hora de la verdad!
Tres golpes precisos al torso.
Harrigan está viendo visiones. ¡Vaya combate!
Morgan no tiene piedad.
Se acabó. He tenido bastante.
Morgan vence a Jones por KO. ¡En el segundo asalto!
Morgan acaba con Gunner.
Mitchell cae en el cuarto asalto.
Sweeney muerde el polvo, Morgan triunfador.
Morgan vence en el tercer asalto contra McWard.
No le va nada mal.
Como boxeador, sí.
¿Sabe ella que anda con otras chicas?
Espero que se dé cuenta...
con impaciencia.
- No me queda mal, ¿no? - Como un guante.
- ¡Menuda clase! - Bonito corte, muchacho.
Lástima que no tenga aletas...
¿Cómo que aletas?
Esa especie de cola de pescado, por detrás.
Bebamos, incluido tú. Profe, ¿no cambia de opinión?
La última vez que lo hice estuve borracho veinte años.
- ¡A mi salud, entonces! - ¡Salud!
- ¿Irá contigo Belle? - Sí, ya llega tarde.
- Buena mercancía, ¿no? - No está nada mal.
Por una vez, el sargento me deja divertirme.
Diecinueve KO en diecinueve combates. Tienes derecho.
Hay que soltar la brida de vez en cuando, para que no te canses.
Pero no te pases de la raya, que no estás acostumbrado.
Cada vez que pruebo este whisky me siento en la gloria.
Oh, perdón. ¿Dónde está Morgan? ¿Estás herido?
- Aquí está mi mujer. - Encantado, señora Morgan.
Déjame comprobarlo.
Nunca encuentra nada.
Ya sabes que estoy orgullosa de ti.
Lo habéis estado celebrando.
Sí, los Morgan van a divertirse esta noche.
Buenas noches, muchacho.
Has triunfado y vas a ser el siguiente campeón del mundo.
- ¡Cómo lo sabes! - Siéntate, querida.
Escucha, querida. No dejes que se quede hasta muy tarde.
¿Qué te pasa, Bugsie?
¿Qué pasa?
Mi tío fue enterrado con traje, pero era un frac.
- No me había fijado. Qué maravilla. - ¿Me queda bien, no?
Tony nos espera en el despacho de Carey.
Morgan, ¿por qué no podemos nunca salir los dos solos?
Tony es un gran accionista de la Garden Corporation.
Cuando haya que darle una lección de boxeo a ese imbécil,
al 'campeón', tendré muchas posibilidades de...
¿Te das cuenta de hasta qué punto pecas de falta de modestia?
Sí, pero soy demasiado bruto como para admitirlo.
Fue el primer KO que contemplé. Te lo agradezco mucho.
- Quedó muy impresionada. - ¿Quedaste entusiasmada, eh?
Sí.. y mucho.
¿Usted no, señora Morgan?
Me preocupo demasiado por él.
Ella tiene suficiente con escuchar los combates por la radio.
Ya hemos llegado.
¿Es aquí?
Me encanta este club y tiene un nuevo show.
- ¿Cómo está, señora Mercer? - Bien, Mike.
- Deberíamos irnos. - ¿Por qué?
No te preocupes, no te pediremos que cantes.
- Imagino. - Perdón, olvidé que...
Mire... ¿Qué hago?
¿Hacer? Atiéndeles, son invitados distinguidos.
¿Ahora puedo entrar, Frank?
Señor Ryan, ¿me recuerda?
Buenas noches. ¿Qué tal, Belle?
Bien, gracias.
Escucha, Sonny. ¿Aún sigues ocupado cazando moscas?
Hola, Sonny.
¿No tiene aspecto de irle mal, no?
Tiene un aspecto sensacional.
- Debe ser muy feliz. - Justamente.
¿Podremos bailar esta vez?
Ya veremos.
Trata de divertirte, Belle.
Encantada de haber venido, Willie.
¿Me reservarás un baile?
Ya lo creo.
¿Eres buena bailarina?
¿Tú qué crees?
¿Qué esperas a subir Belle? Esperan tu número.
No nos haga esperar, señora Morgan.
Bueno, habrá que darles lo que esperan...
¿Qué te hace tanta gracia?
Esto es muy divertido.
¿Hace calor aquí o es que he bebido demasiado?
Un poco de las dos cosas.
Me pongo nervioso cuando me clavas tus ojos.
A pesar de estar recién casado.
Un hombre casado sigue siendo un hombre.
Juegas con fuego, amigo mío.
¿Estás dando marcha atrás?
¿Acaso he hecho algún movimiento?
Sé leer entre líneas.
- ¿Un experto, eh? - Ya lo creo.
¿Cuándo nos volvemos a ver?
Sácame a bailar.
¿Baila señora Morgan?
Gracias... Vuelvo enseguida.
¿Buscas un pañuelo?
Iba a empolvarme la nariz.
Te conozco.
Estás a punto de llorar.
Ya no.
Consecuencias del combate, sólo eso. Estoy preocupada por Steve.
Igual que él se preocupa de ti...
¿Debería preocuparme que baile con otra mujer?
Sigo siendo tu amigo, Belle.
El profe le ha dado permiso para divertirse y ha bebido una copa de más.
Nos estamos divirtiendo mucho.
Como tú misma dijiste una vez, eso son tonterías.
- Morgan me quiere. - Bonita forma de demostrarlo.
Es un niño grande, travieso e incansable.
Así que tendré que llevarle a casa...
- ¿Tendré que echar alguna droga en su bebida? - Claro que no.
Tengo más recursos.
¿De qué tipo?
Trucos femeninos...
- ¿Y la mostaza? - Aquí está, señora Morgan.
- No te juegues el sueldo a la lotería. - No, señora.
- ¿Va a necesitarme más? - No.
- No vuelvas hasta mañana por la noche. - Muy bien.
La cena pronto estará lista.
He mandado a casa a Soo Ling y está todo listo.
Todo lo que tienes prohibido cuando entrenas,
incluso tarta de nueces y coco.
Claro, claro que estoy decepcionada.
El profe quiere que me quede.
Algunos periodistas quieren entrevistarme.
Lo de siempre, ya sabes.
Si no fuera así ni Strangler Lewis podría retenerme.
No me esperes. Volveré tarde.
De acuerdo. Adiós.
Vaya...
Nunca pensé tener tanta fuerza como Strangler Lewis.
- Buenas noches, ¿y Steven? - Creía que...
Huele muy bien... Ah, eres tú.
Traigo nuevos recortes para el álbum.
Ni siquiera Gaffney recibió nunca tantos elogios.
Por ahí hablan de mí. Hablan de mis masajes de cabeza a pies.
Me alegro de que hayáis venido, pero Morgan no está.
Ha quedado con sus antiguos colegas marineros.
Entiendo...
Señora, no es usted lo que huele tan bien. Es la cocina.
¿No es maravilloso?
Todo acerca de Steve Morgan, el gran hombre...
el gran boxeador.
¡Vaya sorpresa!
Estaba sola y...
Justo usted y Bugsie vienen a visitarme...
Tomen asiento que la cena estará lista enseguida.
No pensábamos quedarnos a cenar.
No, insisto en ello. Tienen que quedarse.
Entonces...
¿Está llorando?
No, será la cebolla...
Vamos, vamos...
Lo veía venir. Iré a hablar con ese idiota.
No, profe. También yo lo he estado viendo venir.
Debería haber infringido algunas de sus reglas.
Pero son mis cebollas, mis ojos
y yo me las apañaré.
Perdona, no quería despertarte.
No dormía.
¡Vaya pérdida de tiempo!
Los periodistas estaban borrachos,
el profe ha tenido que calmarles y yo me he bloqueado.
En fin, me servirá de publicidad.
Hay más recortes.
¿Dónde los has encontrado?
Los trajo el profesor. Ha estado aquí esta noche.
¿Qué hago mal, Morgan? ¿No me comporto
como debería?
Cariño, todo eso no significa nada para mí.
Igual que las demás.
¿Igual que todas las demás, no?
Una mujer adivina esas cosas cuando ama a un hombre.
Lo lee en sus ojos.
Se engaña creyendo que los demás no lo ven.
Siempre lo he sabido, Morgan.
- Deja que te explique. - No quiero saber nada, no importa.
Eso no es lo importante.
Lo hecho, hecho está.
Ha sido un golpe bajo
y me ha dolido encajarlo.
Una última cosa y lo dejamos estar.
Seguiré cumpliendo como esposa.
Porque te quiero.
Y nada deseo tanto como eso.
Eres una chica estupenda.
No lo seré más si vuelves a las andadas.
Tengo demasiado orgullo para eso.
Pero si te importo siquiera un poco, no dejes que llegue a odiarte.
Sería muy lamentable.
- No llegaremos a eso. - De acuerdo, Morgan.
Morgan sigue ascendiendo a base de puños.
¡Morgan se prepara para disputar el título!
Aceptado el cara a cara con Carnera.
Autorizado el combate Morgan-Carnera.
No llega el presupuesto, el combate se aplaza.
Morgan: los músculos que derriten a las chicas.
Morgan arrasa en el teatro.
Morgan triunfa en la escena.
¡Vaya sorpresa! ¡Cuánto tiempo!
Yo no soy ninguna fan. ¿Dónde está Steve?
En su camerino.
Bien. Me pregunto si vendrá o no a cenar.
Un momento, nena.
Estaba adormilado. ¿Me haces un favor?
- Has bebido. - Sólo un trago.
¿Puedes ir a buscarme una aspirina?
Cariño, espera...
¿Ginebra sola?
¿Bebías a solas?
Belle, espera un momento.
Dile a la chica que salga si es que está vestida.
- No empieces... - ¡Suéltame!
Vamos, sal.
¿Cómo estás? Soy la señora Morgan.
La conozco, señora Morgan. Déjeme explicarle que...
No hace falta.
No necesito explicaciones.
Sólo déjeme un momento a solas con mi marido...
Lo siento mucho, Belle.
No digas nada, es absurdo.
Pero es la verdad.
No te lo tomes tan a pecho.
Ya sabes que no significan nada para mí.
Es cierto que lo sé.
Si es así, tal vez pueda perdonarte.
Jefe, Belle está aquí.
- ¿Cómo? - Ha venido sola.
- Hazla entrar. - Aquí estoy.
Hola, Sonny, muchacho.
¿Puedes dejarnos siquiera por esta vez?
Por supuesto.
Me alegra verte en forma, Willie.
Como siempre.
¿Cómo te va?
Vamos, cuéntame.
Bueno...
Soy una mujer aún joven, con bonitas piernas,
o al menos no muy feas,
alegre voz y personalidad, o eso creo.
Quiero que me des trabajo.
- Tengo justo lo que necesitas. - ¡Estupendo!
Hubo aquí una chica que se te parecía un montón.
Volvía loco a todo el mundo.
Incluido a mí.
¿Está vacante el puesto? ¿Inmediatamente?
No estarías aquí si no le hubieras abandonado.
¿Cómo te sientes? ¿Afectada, no?
Te dejé por una mala copia de baja calidad.
Te presento mis disculpas, personalmente.
Quiero volver a escuchar la orquesta y olvidarme de todo.
¿De veras has vuelto en ti y dejado a ese idiota?
¿O sigues amándole?
Le odio y lamento cada minuto que he pasado con él.
¿Sabrás encontrar el camerino?
Con los ojos cerrados.
¡Este imbécil ha perdido la cabeza!
Se llama antes de entrar.
- ¡Vuelve a casa! - Ya estoy en mi casa.
- ¿Estás delirando? - Antes de conocerte vivía aquí.
- Es hora de irse, Morgan. - Me iré cuando haya terminado.
¡No lo hagas, Willie! ¡Te lo ruego, no!
Vete con él, Belle...
si así lo deseas.
Gracias, Willie.
Pero quiero quedarme, si el puesto sigue vacante.
¿De veras?
Sí, de veras.
Jamás volveré a tu lado.
No puede ser, Steve.
¡No puede ser!
Tienes razón.
Estoy avergonzada, Willie.
¿Qué es lo que marcha en mí?
Cálmate.
No te atormentes más.
Descansa aquí un rato.
- Ya tengo elegido el callejón. - ¿Sí?
No, no serviría de nada.
Escucha, jefe...
¿Qué escuche qué? ¿No has entendido?
Ella no sabe lo que le ocurre.
Pero sigue amándole, sólo ése es su problema.
¡Oh! Con gusto le...
¿Por qué se ha aplazado el combate?
No sé. La Garden Corporation habría perdido mucha pasta.
Puede que el profe ande escaso de fondos.
Morgan debe derrochar pasta a puñados.
- ¿Cuánto piden? - 25000 dólares.
Llama a Grant del 'Tribune'.
Llévale una copa y quédate a su lado.
¡Y no pongas esa cara de perro apaleado!
Estoy tan fastidiado como tú.
Sí, Willie Ryan.
¿Jefe?
Hola, Grant.
Willie Ryan al habla.
Escucha, Grant...
Prepara la primera página para el combate Morgan-Carnera.
Lo sé, lo sé... Escúchame.
Dempsey tendrá un cheque conformado como aval dentro de media hora.
No, no me relaciones con el asunto.
Pues di que es una donación de un aficionado al boxeo.
Correcto, muy interesado. Nos vemos.
¡Le haces un favor a ese animal!
Sí, un auténtico favor...
Carnera le destrozará.
No te sigo, jefe. Pensaba que le enviarías a Sonny.
Ella no va a olvidarle así como así, ¿sabes?
Le dejaré inútil,
y le compraré una cabaña para que plante coles.
¡Esta historia dará que hablar!
Que se entretenga con bailarinas, beba champán
y crea que ganará sin despeinarse.
Debemos halagar su ego.
Arréglatelas para que todos los corredores apuesten por él.
Le llenaré la cabeza de aire y luego la explotaré como un globo.
¿Qué trama? ¡Vayámonos!
Tranquilito. Los campeones siempre llegan los últimos.
Primo vendrá. Le hemos pagado por ello.
Espero que también venga la noche del combate.
¡Ahí llega!
- Primo, hablábamos de ti. - Espero que bien.
Carnera, te presento al profe.
¿Conoces al campeón, no?
¿Cómo estás?
Me habían dicho que estabas fuerte.
Sí, tiene buen apetito. Bueno, ¿empezamos?
Siéntese, señor Scoresi.
Coged una pluma.
Jack, ponte entre ellos y observa que firmen.
Como Tex Rickard.
¡El día que sea como Tex Rickard, me caso contigo!
¿Listos, muchachos?
Con esta firma, quedáis comprometidos.
Una bolsa así en estos días es un auténtico milagro.
Así que el público esperará un gran espectáculo.
- ¿De acuerdo? - Perfectamente.
- ¿Quién será el árbitro? - ¿Eso, quién?
La Comisión nombrará uno el mismo día del combate.
No me refiero a eso.
- No queremos a Haley. - Ni nosotros a Eddie Bennett.
Tenemos dos meses para discutir esos extremos.
Primo, acompáñame.
Quédate ahí, Morgan. Tengo que hablar contigo.
Venga, vamos. ¡Vuelve en ti!
Para eso necesito un buen whisky.
- Aquí Morgan... - ¡Basta ya!
Desde ahora, la ley seca.
- ¿Quién lo dice? - Lo digo yo.
Volveremos a entrenar. Tienes menos de dos meses.
¡Esto va a ser pan comido!
Lo dudo mucho. ¡Estás más fofo que un guiñapo!
Dedícate a salir con mujeres y no a beber como una esponja.
Me he hartado de mujeres.
Estaré sobrio, ya verás.
Vuelve en ti, muchacho. Tenemos un campeonato que ganar.
¿Tenemos? ¿Acaso vas tú a recibir los golpes?
Estás nervioso por tu ruptura.
Sí y eso no es todo.
¡Cabeza de chorlito!
Has dejado escapar a una joya y ahora perderás el campeonato.
- Oye, viejo, deja de soñar despierto. - ¡Quédate sentado ahí!
No has debido hacerlo.
De ahora en adelante, dedícate a lo tuyo. Me ocuparé yo de mis asuntos.
- ¿Dónde vas? - Me marcho.
- Tengo que hablar contigo. - Demasiado tarde.
¡La verdad es que sigue teniendo la cabeza dura!
- ¿Tienes algo de beber, Jack? - Claro, litros y litros.
¿Celebramos algo?
El joven Gaffney ha vuelto a su tumba.
¡Morgan contra Carnera!
¡La multitud acude a la cita con el joven Steven Morgan!
Acuden a toda prisa al recinto del Madison Square Garden.
Y vienen de lejos.
Ahí está el alcalde O'Brien, en primera fila, al lado del ring.
Estrecha su mano ahora
con Al Jolson, quien está sentado al lado de Walter Winchell,
que le desdeña en un exceso de soberbia.
¡Aún hay muchas más celebridades! Esto no para.
Distinguimos ahora a Al Smith,
a Bugs Baer, Grantland Rice, Otto Khan,
Polly Lauder y Gene Tunny, quien, cómo saben,
es ex-campeón del mundo.
Bernard Gimbel, de los Almacenes Gimbel, de Nueva York.
Grover Whale, del Comité de Recepción.
Tommy Hitchcock, rey del polo, aunque sin su caballo.
También, finalmente, Ann Morgan y el cineasta Nicholas Schenck.
Kate Smith, en primera fila,
ocupando los asientos uno, dos y tres.
- Hola, querida. - Ya era hora de verle.
- Se me tragó la tierra. - De verdad que lo siento.
Ve a sentarte. Hola, Willie.
¿Tienes frío?
En la espalda, quizás.
Hay uno que me encantaría ver helado... llamado Morgan.
Las mujeres saben ser duras.
Cuando alguien se ha estado riendo mucho tiempo de ellas.
¡Ah! ¡Esto va a comenzar!
El locutor está en el ring,
ya no puede tardar. ¡Allá vamos, amigos!
Señoras y señores,
el Comité de boxeo de este Estado,
ha supervisado la organización de esta excepcional velada.
Tras comprobar fehacientemente
que los deportistas y sus managers
no se han puesto de acuerdo sobre los dos hombres previamente
elegidos para arbitrar este combate,
el Comité ha autorizado a un tercero, elegido de mutuo acuerdo,
para oficiar como árbitro esta noche.
Tengo el honor del presentarles
al promotor de este combate.
El árbitro,
el monstruo de Manassa,
el veterano campeón en persona...
¡Jack Dempsey!
Los jueces serán...
¡Ed Smith!
¡George Blake!
El cronometrador no es otro que... Billy Coe.
¡La orquesta empieza a anunciar a Morgan, ovacionado por el gentío!
¡Aparece ahora Primo Carnera, el coloso de los Alpes!
Le silban el himno fascista.
¡Vaya alboroto! Primo Carnera, campeón del mundo, sube al ring.
Hierro en una mano, un yunque en la otra.
¡Señoras y señores!
Estoy a punto de presentarles
a grandes personajes que han marcado época
en el mundo del boxeo y la lucha libre.
Nuestro primer hombres,
llegado de California,
es el peso ligero Joe Rivers.
El antiguo campeón del mundo del peso welter,
Jackie Fields.
El campeón del mundo de los pesos medios,
Billy Papke.
El antiguo campeón del mundo de lucha libre, peso pesado,
Strangler Lewis.
El antiguo campeón del mundo
en la categoría de peso pesado,
el hombre-montaña,
¡Jess Willard!
Un ilustre peso pesado de antaño,
Frank Moran.
El último pero no el menos importante,
el antiguo campeón del mundo de los pesos pesados
y un honor para toda la profesión,
les presento a... ¡James J. Jeffries!
- Hola, Jack. - Hola, Jess. ¿Qué tal?
- Bien, ¿y tú? - Muy bien.
Algo menos de gente que aquella vez en Toledo, ¿no crees?
No recuerdo mucho de aquel día.
¡Señoras y señores!
¡Vamos ya con el evento de esta noche!
A lo largo de diez asaltos
estará en juego el título de campeón del mundo en la categoría de peso pesado.
¡Pretendiente al título, con noventa y dos kilos de peso!
¡Steve Morgan!
Frente a él, el vigente campeón mundial, con ciento veinte kilos de peso,
¡Primo Carnera!
Señores, ya conocen las reglas.
Cada uno a lo suyo,
protegerse en todo momento y nada de golpes bajos.
¡Estrecharos las manos!
Esperad, una última cosa.
En caso de KO, no olvidéis esperar en el rincón neutral.
¡Y que gane el mejor!
Da gusto ver a alguien que confía tanto en sí mismo.
¡A algunos hombres sería preferible no verlos!
¡Defiéndete, Steve!
¡No pierdas el control, permanece atento!
¡Cuidado, Steve!
Steve, el profe ha venido.
- Lo sé. - Le avisaré, podrá ayudarte.
Ha venido a contemplar la masacre. No quiero saber nada de él.
Así no puedo dejarles seguir.
Pero claro, ese molino de viento se lo ha buscado.
¡Piensa en tu izquierda!
¿Ya has visto bastante? ¿Quieres que nos vayamos?
No me marcharé. Esto no ha hecho más que empezar.
Debes ayudarle, profe.
No, no quiere saber nada de mí. ¡Vamos, Steven, esa izquierda!
¡Huye del cuerpo a cuerpo!
- ¡Me alegro de verte, profe! - Siéntate.
No tengo ninguna opción.
Debes pelear a tope. Amas esto, ¿no es así?
Claro, es mi vida.
Pues toma distancia, es demasiado corpulento.
¡Y golpea, golpea duro!
Jack, ¿quién ese tipo, el que está en el rincón?
El profe siempre ha sido su manager, está todo en regla.
¡Vuelve a tu asiento!
Como tú digas, pero no es justo.
¡Que vuelvas a tu rincón!
¿Entendido? Recuérdalo, Belle está a tu lado.
¡Acuérdate de tu derecha!
¡Sigue concentrado!
Es en tu adversario en quien debes fijarte. ¡Escucha!
A ambos lados del ring, nuestros hombres se preparan.
¡La campana del décimo asalto está a punto de sonar!
¡Se lo juegan todo en un golpe!
Sólo el gong final señalará un vencedor.
¡La decisión
de los jueces
y del árbitro de este combate
es declararlo empatado!
¡Primo Carnera sigue siendo el campeón del mundo!
Estoy perfectamente.
Adelante, Willie.
¿Sigues perfectamente?
Me he mareado con el combate.
No, nada de eso.
Parece que no me lo he quitado del todo de la cabeza.
Te aseguro que esta noche subiré al escenario.
La emoción revelará a la artista que duerme dentro de mí.
No cantarás esta noche.
¡El espectáculo debe continuar!
No lo entiendes.
Sigues loca por él.
Aquí está tu regalo de despedida.
Algo estropeado pero no aceptaré devolución.
Pareces cansado.
¡Acércate!
Y por favor, compórtate.
¿Te duele?
¿Aún me amas?
Cariño, te amo más que a nada en el mundo.
Tanto que lo dejaría todo.
Estoy harto de ser una estrella.
Sólo te quiero a ti.
Pero no puedes dejarlo todo
antes de ser una auténtica estrella y haberles ganado a todos.
No has cumplido tu misión.
Vaya...
¡Siempre supe que eras una chica única!
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