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- Encantado, Ana. - ¿Qué tal?
Ya sabes, si algún día necesitas a alguien con quien pasear, me ofrezco voluntario.
Cuando te vi con ese tipo me imaginé lo que debes de sentir tú cuando me ves a mí con Cristina.
No, Alberto, no es lo mismo. Yo no siento nada por él.
- Yo te quiero, Ana. - Y yo.
Pero ya no es suficiente.
Necesito que aclares lo que sientes por ella.
Habéis decidido daros un tiempo, ¿no?
Alberto, así te enteras de una vez que podrías ser feliz con Cristina.
Creo que deberíamos darnos un tiempo.
Para saber lo que queremos los dos.
No me digas que nos es la mejor cita de tu vida.
Buenas vistas y buena música,
- la mejor compañía. - Me lo pasé muy bien anoche.
¿Cuándo nos volveremos a ver?
¿Dónde está mi hijo?
Falleció hace tres meses.
¿De verdad quiere recuperarse?
Le aconsejo que haga algo por remediarlo.
No voy a ser capaz de descansar hasta que te cuente algo importante.
Sobre él, tu hermano.
Mi carta de renuncia, me voy.
Tengo otro trabajo esperándome.
Da igual lo mal que lo haya hecho.
La quieres y sigue siendo tu madre.
Por eso te duele, porque te importa.
Espero que algún día puedas perdonarme.
Hizo lo que hizo y ya nada tiene remedio.
Pero es mi madre, y seguirá siéndolo cometa los errores que cometa.
- Pedro. - ¿Qué?
Se llama Manolito, es mi hijo, bueno, mi hijo y el tuyo.
Rosa María, vamos a ver, me estás pidiendo que me quede con el niño.
- ¿De dónde ha salido este niño? - Me llamo Manuel.
- Pero me puedes llamar Manolito. - Es mi hijo.
Aquí no le puedes tener.
Si se tiene que quedar un par de días que se quede,
pero búscale otro sitio.
Juan. Ay, madre mía.
Que me han dado el alta. Creen que la enfermedad ha remitido del todo.
Es un hombre muy generoso.
Abandonar el hospital cuando aún está enfermo,
- es todo un detalle por su parte. - Le han dado el alta.
¿Eso es lo que te ha dicho?
¿Por qué me has mentido? No lo entiendo.
Porque sé lo que pasó entre ese hombre y tú, Luisa. Me lo contó.
Y no voy a permitir que siga haciéndolo.
- ¿Y tu tratamiento? - Te prometo que lo hablaremos mañana.
Pero ¿por qué se habrá ido ahora que está curado y que estáis tan bien?
No está curado, me mintió. Se fue del hospital sin el alta.
Luisa,
¿puede salir un momento?
Tienes mucha gente que te quiere, Luisa.
Voy a hacer que el culpable pague por lo que ha hecho.
No hay culpable, Luisa. Juan estaba enfermo.
Estos diseños van a cambiar la moda en España.
No creo que España quiere que le cambien la moda.
¿Es esto lo que vamos a presentar?
Creo que no soy la única que piensa que estos modelos no les van a gustar a nuestras clientas.
Solo intento evitar que nos precipitemos.
Las decisiones están tomadas.
Pero ¿y si fallan? Raúl no es el problema.
El problema es haberle dado libertad absoluta.
Tu opinión vale lo mismo
que la de cualquier miembro de la junta:
un voto, ni más ni menos.
Mi voto es que sí.
- Gloria. - Yo voto en contra.
- No. - Yo voto sí.
¿Podemos hacer una pausa? Necesito hablar con Patricia.
No, ya está decidido.
En caso de empate, el voto de calidad le corresponde al director de las galerías.
Y yo decido que la colección de Raúl de la Riva salga a la venta.
¡Mamá, por favor!
¿Le ha sacado las maletas a la puerta?
¡Mamá, por favor!
No voy a seguir esperando. Querías una respuesta y ya la tengo.
- ¿Y cuál es? - Yo ya no puedo vivir sin ti, Ana.
Alberto, ¿quieres a Ana como esposa,
- todos los días de tu vida? - Sí,
- quiero. - Ana,
¿quieres a Alberto como esposo
todos los días de tu vida?
No. Alberto, yo te quiero,
y quiero casarme contigo, pero así no.
[Rita] Pero, espera, mujer, no vayas tan deprisa.
¿Tú sabes cuántos kilómetros hay de aquí a las galerías?
Que no podemos volver a pie, Ana.
¿Me puedes explicar por qué estamos aquí y no en la iglesia dando el “sí, quiero”?
Es que Alberto y yo ya llevamos una temporada que no estamos bien.
Pero ha elegido, ¿no?
Tú le pediste que eligiera entre Cristina y tú y lo ha hecho.
Ha intentado ponerte un anillo. Más claro...
Cuando una pareja tiene problemas no puede solucionarlo con un anillo, Rita.
¿Y por qué no se lo has dicho así en vez de salir corriendo?
Pues, no lo sé.
En ese momento no tenía la cabeza para pensar en nada.
Salí corriendo y punto.
Saliste corriendo y punto.
Bueno, no pasa nada.
Ya verás como hablas con Alberto y si se lo cuentas tal y como me lo has contado a mí...
Ana, que viene un coche. Aguanta esto que yo enseño un poco de pierna, o lo que haga falta
con tal de que nos lleve.
Rita, para. ¡Eh!
- ¡Rita, para! ¡Rita! - ¡Eh! ¿Qué?
¡Que es Alberto! ¿No lo ves?
¡Eh!
¿Esa es tu manera de castigarla?
¿Dejar que camine 40 kilómetros?
Si te digo la verdad, no me parece suficiente después de lo que ha hecho.
La verdad,
eres el último hombre al que creería que pueden dejar plantado en un altar.
No estoy para bromas, Mateo.
Es la mejor forma de tomarse las cosas. Cambiarlas ya no puedes.
[suspira]
¿Por qué me hace esto?
Las mujeres son seres complejos.
Incluso para mí. Y eso que he conocido unas cuantas.
¿Qué quiere, que me vuelva loco?
¿Qué quiere que haga?
No es a mí a quien le tienes que preguntar.
No quiero hablar con ella.
¿Vas a retirarle la palabra para el resto de tu vida?
Ahora mismo no la quiero ni ver.
Bien.
Empiezo a pensar que todo esto fue un error desde el principio.
No soy yo quien tiene que decirlo.
Lo único que puedo asegurar es que sé de una que no te dejaría plantado en el altar.
[tintineo de vasos]
[líquido vertiéndose]
No vuelvo a hacer autostop en mi vida.
Ni enseñando la pierna, que mira que yo las piernas las tengo bonitas, ¿eh?
Que si algo me ha dicho mi madre toda la vida es que las enseñe, a ver si así...
Ay, Rita, ¿no te callas nunca?
No, si, encima, te quejarás.
[llama a la ventana]
[susurra] Luisa.
Luisa.
Pues nada, que no responde.
[Rita] Ay.
[suspira]
[tintineo de llaves]
[doña Blanca] Les parecerá bonito.
No solo pasan la noche fuera haciendo Dios sabe qué,
sino que encima se atreven a aparecer así.
- Doña Blanca yo le juro que esta vez hay... - ¿Esta vez qué?
¿Qué excusa se va a inventar esta vez?
Del baño de arriba es evidente que no vienen.
Y en su cuarto no han dormido.
¿Qué tiene que decir?
Ay, que no sabe qué noche hemos pasado, doña Blanca.
Tienen suerte de que queden menos de veinticuatro horas
para el desfile y de que necesite a todas las modistas,
porque les juro que cualquier otro día del año
estarían ahora mismo con su hatillo en la calle.
Ha sido culpa mía, doña Blanca.
Como siempre.
Hagan el favor de ir a su cuarto y darse una ducha.
Las quiero aquí en cinco minutos.
Va a ser el día más largo de sus vidas.
Y tanto, como que van a ser dos seguidos.
Toma, anda.
Un café, lo que necesito es un café.
[golpe seco]
[Rita] ¿A dónde vas?
A ver a Luisa a ver cómo está.
Pues espera, hija, espera.
- Buenos días. - [al unísono] Buenos días.
[llaman a la puerta]
[Ana] ¿Luisa?
[puerta se abre]
[susurra] ¿Luisa?
¿Qué pasa?
Nada.
Veníamos a ver cómo estabas.
Y por si necesitabas algo.
Me tomé algo para dormir.
Pues descansa, descansa tú que puedes.
¿Y de dónde venís vosotras?
Tu amiga que...
Que quería darse un paseo por la sierra.
[puerta se abre]
¿Un paseo por la sierra?
¿Y qué querías, que le cuente lo de la boda?
¿A qué estás esperando, Ana? De verdad. No dejes pasar ni un minuto más.
Ya, venga, hala, arreando.
- Rita. - Ni Rita ni nada. ¿Quieres que este sea el final?
Porque, como lo dejes pasar, te digo yo que lo es, Ana.
Venga.
[puerta de cierra]
No sé ni qué decirle.
Empieza con un “lo siento”.
[modista] Media hora que llevas atusándote el pelo.
Rita, un poquito de brío, mujer,
que no llegáis, que han venido los de la televisión.
¿Televisión?
Rita, ¿qué haces? Estate quieta.
Tengo que llamar, Rita.
- ¿Has visto mucho a los de la televisión, o qué? - [susurra] No.
[locutor] El hijo pródigo vuelve a casa.
Raúl de la Riva, el diseñador de alta costura, regresa a España
después de haber triunfado en lugares como París y Roma.
Y todo gracias a las prestigiosas Galerías Velvet,
que ha confiado en él para el desfile de temporada.
De la Riva confía en que su nueva colección supondrá un antes y un después
en la moda de España,
y convertirá a Madrid en epicentro de la modernidad.
Vale, muchas gracias. Con eso valdrá.
Muchas gracias por todo, Raúl.
No. El placer ha sido mío. Si quieren grabar alguna cosa más.
Grabaremos algunas imágenes del taller siempre que no haya problema.
Mientras, las chicas podemos ultimar los vestidos para el desfile. Vamos, no es ningún problema.
Bueno, a ver. ¿Qué estamos aquí todos de mirandas?
Vamos.
No me hagan llamar a sus jefes, vamos. Vamos, hombre.
[Max] ¿Qué pasa?
Nada, que ha venido una cámara.
¿Siempre hay tanto jaleo los días que hay desfile?
No has visto nada todavía.
Don Emilio anda nervioso por ahí, mi madre se ha puesto hecha una histérica,
y da gracias si conseguimos dar bocado antes de las doce de la noche.
[maquinas de coser funcionando]
Vamos.
[Carmen susurra] ¿Dónde estabas?
Hemos tenido que cubrirte con don Emilio.
- ¿Qué, la criada no te ha levantado a tiempo? - [Patricia ríe irónicamente]
Muy graciosa.
No sabía que había tanto tráfico a estas horas en Neptuno.
Pero para venir desde tu casa no pasas por el centro.
¿O es que no vienes desde allí?
Bueno, de dónde venga yo o no venga no es asunto tuyo.
[doña Blanca] Toma. Es para doña Cayetana.
Me ha pedido que le busquemos también unos guantes a juego con los zapatos,
son para esta noche. Vendrá luego a buscarlos.
No se preocupe, yo me encargo.
Me alegra que no te hayas marchado.
Aún no es definitivo, madre.
Solo he decidido aplazarlo temporalmente hasta encontrar algo mejor.
Pues, me alegro de ese aplazamiento.
Y estoy segura de que no soy la única que se alegra.
- ¿Max? - No digas que no afectó tu decisión.
No es que te esté empujando a nada, pero...
A pesar de lo que haya podido decirte en el pasado, si él, o
cualquier otra persona, va a hacerte feliz,
tienes mi apoyo.
Es tu vida,
y yo solo quiero formar parte de ella.
[de la Riva] Quizás no sean conscientes pero hoy es el día más importante de sus vidas.
Después del día que nacieron, por supuesto. De la mía es el más importante,
por eso necesito que pongan el 150 por ciento, no, el 200,
porque su futuro está en esto que están cosiendo.
Por eso necesito que pongan el corazón en cada hilvanada,
que me demuestren que no me equivoqué al elegir este taller para trabajar.
Y les prometo
que habrá un premio.
[aplausos]
Para los que llevan años trabajando en esta casa,
saben que nada puede fallar.
Y este año todavía menos.
Y si piensan que por que falte don Rafael,
el nivel de exigencia va a ser menor, se equivocan.
Quiero todo y a todos,
perfectamente colocados en su sitio.
[doña Blanca] Luisa, no era necesario que viniese.
Puede tomarse unos días de descanso.
Sé lo importante que es este momento y todas las manos son pocas.
Además, no hago nada en la habitación dándole vueltas a la cabeza.
Bien.
Y quería agradecerle que haya asistido al entierro,
y que permitiera que Rita y Ana pudieran venir.
Y ahora, cada una a sus labores.
Tenemos un desfile que preparar y nos quedan muy pocas horas.
¿Quiere que pongamos a trabajar a un niño de siete años?
Sí, sí. Hasta que empiece el colegio, en vez de quedarse en el cuarto sin hacer nada
- me puede echar una mano con los paquetes. - ¿Una mano?
Si a usted le parece bien. Que hoy hay mucho trabajo en las galerías, don Emilio. Y es que,
quiere ver lo que hace su padre.
¿No le quedó claro que solo podía quedarse un par de días?
Un par de días. Sí, claro, por supuesto clarísimo. Esta mañana he ido a ver un piso a Lavapiés.
Está muy cerquita de las galerías. Tiene un baño, dos habitaciones...
No tengo tiempo para que usted me cuente su vida.
¿Tú quieres ayudar a tu padre?
Pero solo hoy, ¿eh?
Ya tiene usted ayudante.
No quiero ver al niño
solo por las galerías.
[don Emilio] Don Alberto.
Hola.
- ¿Todo bien? - Sí, señor.
De la Riva tiene que indicarle algo de la pasarela.
En cuanto pueda le digo que venga a hablar con usted.
Muy bien.
Ayer te llamé.
Mi madre me ha echado de casa.
He tenido que pedirle a Susú Miravelles si me dejaba quedarme en la suya.
No sabes la vergüenza que he pasado.
En la calle. Como una indigente.
No exageres, Patricia.
¿Cómo que no exagere?
Todo esto me pasa por apoyarte en las votaciones y pides que no exagere.
Creí que me habías apoyado porque tenía talento.
Bueno, y así es.
No te preocupes.
No voy a dejar que tu madre te boicotee por ayudarme.
Hablaré con ella cuando termine el desfile.
¿Y hoy dónde duermo?
En un hotelazo.
Me parece perfecto.
[Clara] ¿Así que esta es la carta que quería dictarme, don Mateo?
Tengo mucho trabajo.
Estás trabajando. "Clara con experiencia".
[teléfono suena]
Don Alberto, don Emilio necesita la lista de invitados para el desfile.
Muy bien.
Seguimos en otro momento, Clara.
- ¿Estás bien? - Muy bien. ¿Por qué no iba a estarlo?
¿Porque tu novia te dejó al pie del altar
- y estabas borracho...? - No quiero hablar de eso ahora.
- Entonces, ¿de qué quieres hablar? - Del desfile.
- Tenemos un desfile que celebrar. - Ah.
El desfile, ese que iba a cambiar tu futuro con Ana.
Ese desfile sigue cambiando mi futuro, el tuyo y el de los empleados de las galerías.
Eso no ha cambiado.
Señores.
Me estaban esperando, ¿no?
Raúl, en los desfiles anteriores en esta casa siempre...
No he venido aquí a hablar de los desfiles anteriores porque este no va a ser igual,
y yo tampoco me parezco en absoluto al resto...
De eso no hay duda. Lo has dejado clarísimo, ninguna duda.
Siempre he dirigido mis propios desfiles y esto no va a cambiar, Mateo.
Soy un perfeccionista, no lo puedo evitar.
¿Seguro? ¿Has visto tus vestidos?
- Da igual. - ¿Qué? No hables de mis vestidos.
Encárgate del trabajo, de las maniquíes, y déjame a mí organizar el desfile,
- es mi trabajo. Sí, mi trabajo. - ¿Tu trabajo?
Organizar el desfile, sí señor.
- No te metas en mi trabajo. - No respetas.
[suena intercomunicador]
...un vestido, tienes que saber cómo vender un desfile, y tiene que tener...
Pero ¿qué teatralidad?
[Alberto] Dime, Clara.
[Clara por intercomunicador] Don Alberto, Ana Ribera está aquí.
Dice que es para hacer los arreglos de su traje.
Estoy ocupado. La prueba la haré mañana después del desfile.
- De acuerdo. - Dile que será solo un momento, por favor.
Ana, lo siento, no puedo. Dice que está ocupado.
¡Ana! Ana, no, no, por favor, no.
Lo siento.
¿Qué? ¿No ha ido bien?
He ido a hablar con él y no me abre ni la puerta.
Se acabó.
- Te dije eso pero no me hagas mucho caso. - Me lo dijiste porque es la verdad.
Y lo he estropeado todo para siempre.
¿Qué es lo que has estropeado?
Pues nada, un tocado,
pero vamos, que ya me encargo yo, ¿eh?
Que a mí me sobra el tiempo.
¿Estás tú con el número cinco?
¿Alguien quiere un café?
¿Otro? ¿Pero cuántos cafés llevas ya?
- Pues yo qué sé, dos, tres, no sé. - ¿Tres?
Si tú no tomas café, Rita.
Te vas a poner como una moto.
Bueno, pero es que hoy es un día muy importante
porque doña Blanca está ahí ojo avizor esperando
a que haga mal delante de Raúl, justo ahora que hago más falta que nunca.
Y bueno, yo qué sé, es un café. No creo que me vaya a sentar mal, ¿no?
[máquinas de coser funcionando]
Ana, ¿qué pasa?
Que está como un cencerro, ¿no la ves?
¿Ahora quieres que las maniquíes vayan sin numeración?
Es un desfile, no un catálogo. Que la atención esté en el volumen, en el movimiento de los vestidos.
Bien, entonces ahora vas a explicarme cómo las clientas sabrán el vestido que desean.
Ay, querido. No te preocupes. Si realmente les gusta el vestido se acordarán de él.
Habrá luces
aquí, aquí y aquí.
Y música, pero no este acompañamiento aburrido del que viste. No, música actual.
Y las maniquíes andarán al ritmo de la música.
Va a ser un escándalo.
Cristina.
- ¿Qué, nervioso? - Bueno, lo justo y necesario.
¿Y tú? Tú vas a ser la protagonista de la noche.
¿Yo? Yo voy a limitarme a ser la acompañante de mi prometido.
Acompañante, acompañante.
Vas a ser la mujer más elegante de la fiesta. Lo sabes, ¿no?
Tengo tu vestido aquí en el taller.
- ¿Lo quieres ver? Te va a encantar. - Por favor.
- Ahora subo. - Adiós Mateo.
[de la Riva] Bueno, ¿qué te parece?
Este es el favorito de Alberto.
¿Pues qué quieres que te diga?
Que es maravilloso.
Y que estoy deseando que llegue esta noche para ponérmelo.
¿Para ponértelo o para quitártelo?
Ay, pero cómo eres.
Ay, cómo eres, cómo eres.
Ahora te vas a hacer la mojigata conmigo.
Como te gusta escandalizarme, Raúl.
Tú hazme caso
y ponte una lencería sexy debajo de ese vestido.
Que es una noche muy especial y tienes que celebrar el éxito.
¡Ana! Mira,
por favor, ¿podrías enseñarle a la señorita Cristina
algo bonito para llevar debajo de este vestido?
Algo que esté a la altura. Hasta luego.
Ay, Ana, de verdad, déjalo. Si con todo el trabajo que tienes,
- yo seguro tengo algún conjunto que me sirve. - [susurra] A ver.
[crujido de papel]
- Mira, ¿qué te parece? - Eh...
Es de una casa muy buena. Es una mezcla de
licra, con encaje...
Sí, sí, si se ve que es muy
fina y
elegante. Pero ya que voy a comprar,
quizá algo más...
Algo menos...
¿Clásico?
¿Te gusta?
Es muy atrevido. Depende para qué lo quiera.
Sí,
bueno, es que,
es Raúl, que es un desvergonzado.
Entonces, no se lo lleva, ¿no?
[ríe]
Bueno, una nunca sabe cuando lo va a utilizar, ¿no?
Prepáramelo.
[ríe]
Ana,
voy a subir a despedirme de Alberto. ¿Lo tendrías preparado cuando baje?
Claro.
Señorita Cristina,
¿le importaría llevarle a don Alberto un sobre?
Es que quedé en llevarle la muestra de la corbata
pero con todo el jaleo del desfile no he podido.
No, no, claro. Descuida.
Señorita Cristina,
aquí tiene.
Es muy importante que usted no lo vea, por favor.
Claro.
No te preocupes, yo se lo doy. Gracias, Ana.
Y Raúl me ha dicho que es uno de tus favoritos.
Espero estar a la altura.
Estarás muy guapa, tú no te preocupes.
¿Va todo bien?
Sí.
Los nervios del desfile que no los puedo evitar.
Va a ser un éxito, Alberto, ya lo verás.
¿Me pasas a recoger por casa? ¿A las nueve?
Bien.
- Ah, y ha llamado el padre Torres. - Quedaremos con él la semana que viene.
Y Ana me ha dado esto para ti.
No te preocupes,
que no lo he mirado.
Nos vemos luego.
[puerta se cierra]
[teléfono sonando]
Venga, Manolito.
Espera, espera, espera. Esto lo vas a hacer tú, ¿vale?
Pero porque confío mucho en ti, ¿eh? Que eres el mejor recadero que he tenido nunca.
Pero papá...
¿Qué se hace cuando un mayor te da una orden?
- Obedecer. - Pues tira, venga.
[teléfono suena]
- Buenos días, Pedro. - La correspondencia de hoy.
Muchas gracias. Eres un recadero estupendo.
Toma.
Vamos, Manolito.
Pedro, Pedro, espera, por favor. Pedro.
Hola.
Quería saber cómo estabais.
Porque no hablamos desde que...
Sé perfectamente desde cuánto hace que no hablamos.
¿Por qué haces esto?
- ¿El qué? - ¿El qué? Simular preocupación cuando no es así.
No, no, Pedro. Eso no es verdad.
- ¿Eso no es...? - Puede que no seamos novios, pero me preocupo.
¿Que tú...? Pero si tú te preocupas por ti, Clara, de toda la vida del Señor.
¿Cuánto tiempo hemos estado juntos, por favor?
¿Cinco años, seis años?
Me merezco un mínimo de sinceridad, ¿no?
¿Estás saliendo con Mateo?
No se te ocurra darme ninguna explicación porque no las merece, ¿eh?
- Pedro... - Porque ya no somos pareja. Tú dijiste eso:
"No somos pareja, Pedro". Pues nada, disfruta tu vida,
que yo te aseguro que voy a disfrutar la mía.
Por favor, Pedro, espera.
[puerta se cierra]
[Manuel] No te disgustes, papá.
Si no estoy disgustado, lo que pasa es que tengo muchísima alergia al polen.
A mí no me gustaba mucho de madrastra.
Ya me dijo mamá que era un poco siesa.
La tía Rita me gusta más, es más buena y cariñosa.
Forro. ¡Que me he quedado sin forro!
Y todavía me queda esa falda y la otra y la otra.
Cuando se lo diga a Raúl me va a colgar de un pino.
Tranquila. Creo que he visto
- un rollo en el almacén. - No, no. Tú descansa, hija, que te vendrá bien.
Pero si no sabes dónde está.
Bueno, pues lo busco, Luisa, lo busco.
[Clara grita] Tú no sabes quedarte callada, ¿verdad?
Mira, Clara no sé de qué me estás hablando y además tengo mucho trabajo.
- Te estoy hablando de que eres una deslenguada. - Y tú una golfa.
Ya lo he dicho. Ea, golfa.
Y yo deslenguada no soy. Si lo fuera ya le habría contado a Pedro lo que haces.
- ¿No lo has hecho? - Pues no.
¿No? ¿Y entonces él por qué lo sabe?
¿Cómo sabe el qué?
- Lo de Mateo, Rita, lo de Mateo. - ¿Y yo qué sé cómo lo sabe?
¿Lo sabe?
Pues tampoco me extraña, hija. El otro día llegaste de mañana. No disimulaste mucho.
Si tu nuevo novio y tú fuerais más discretos.
[grita] Y además, ¿no lo has dejado? ¿A ti qué demonios te importa?
[respira profundamente]
Rita, ¿qué pasa?
El café, que...
- Que me va mal. - Sí, claro, el café, ¿no?
Si es que no he dormido ni diez minutos.
Ya, paseando por la sierra.
Anda, voy a por una tila.
[dependienta] Luisa.
Iba a buscarte. Doña Cayetana está arriba.
Ha preguntado por ti.
- ¿Por mí? - Sí.
¿Ha pedido que me llamasen?
Sí, Luisa. Me he enterado de lo de tu marido y quería darte mis condolencias.
Supongo que debe ser muy duro después de todo lo que has hecho por él.
No me arrepiento de nada de lo que he hecho, señora.
Bien.
Me parece que uno no debe de arrepentirse
de las cosas que hace en la vida. Al fin y al cabo, nos convierten
en las personas que somos.
Sí.
Solo que algunas personas esas decisiones les convierten en seres despreciables.
Eso depende
de lo que cada uno considere un acto de amor.
¿Es usted creyente?
Porque yo sí lo soy.
Lo era, al menos.
¿Y sabe lo que creo?
Que puede que la vida a veces parezca injusta pero...
...antes o después todos tenemos lo que merecemos.
Doña Cayetana.
¿Algún problema?
No, ninguno.
Estaba dándole el pésame a Luisa.
Es lo menos que podemos hacer después de todo lo que nos ha cuidado estos meses.
Por cierto,
mi marido me ha comunicado que a partir de ahora no será ella
quien atienda mis pedidos.
Yo no tengo ningún problema en seguir haciéndolo.
Si le parece lo haré yo misma.
Bien. Me parece perfecto.
Luisa, puede marcharse.
Sí, salude a su marido de mi parte.
Usted dirá.
[teléfono suena]
[llama a la puerta]
[Antonio susurra] Eh, espera.
¿Antonio?
- ¿Qué haces aquí? - Pues lo mismo que tú, supongo, trabajar.
Hay que ganarse la vida, ¿no?
Adolfo me dijo que buscaban mozos de carga
y pagan un buen sueldo para ser solo un día.
¿Creíste que venía a buscarte?
No. No.
Vaya, hombre qué lástima.
Pensé que a lo mejor te hacía ilusión verme,
a pesar de ese novio tuyo.
¿O ya no tienes novio?
¡Antonio!
- Échame una mano aquí. - Va, va, va.
Bueno, tengo que irme.
No quiero que piensen que no me gusta trabajar.
- Adiós. - Adiós.
Coge esto, lo llevamos para arriba.
Tened cuidado con las cajas. A ver, los focos
a la derecha, la cristalería, tened cuidado de que es de cristal.
¿No se dan...?
No, eso, no. No, ¡eh!
Eso no va ahí.
Pues nos han dicho que lo dejemos aquí.
Sabré yo que llevo aquí trabajando seis años, por Dios.
Bueno, a ver, llevarás lo que tú quieras pero que yo sepa, aquí
mandar tú, lo que es mandar no mandas mucho.
¿Tú no tenías que estar haciendo recaditos?
¿Y usted no tendría que estar trabajando
en lugar de hablar de lo que no debe?
Pedro es el encargado así que obedezcan sus órdenes.
Sí, sí, don Emilio.
Tienen razón, eso va ahí.
Cosas de de la Riva.
Y ahora a preparar la nueva pasarela.
¿No puedes decirles a ellos que lo hagan?
Don Emilio te ha dicho que eres el jefe.
A ver,
estaba bien, estaba bien.
Manolito, no hay que abusar, ¿vale? No te enfades.
¡Eh!
Las cajas van para dentro.
He visto que tu madre y tú ya os habéis arreglado.
Más o menos.
Me alegro.
¿Quieres que salgamos esta noche a celebrar el desfile?
Bueno, celebrar o lamentar, que eso todavía no lo sabemos.
Lo siento, Carmen, no creo que sea buena idea.
No me separé de ti por el trabajo.
Hay algo más.
Creo que me estoy enamorado de otra persona.
De la persona equivocada.
Lo siento.
Tengo que ir a buscar a don Emilio.
[susurra] ¿Has hablado con Alberto?
Qué va.
Si no quiere ni abrir la carta que le mandé.
Bueno, y para colmo no sabes quién está trabajando hoy en las galerías.
- ¿Quién? - [susurra] Antonio.
Dime que no está Adolfo con él, por favor. Dime que no, que era ya lo que me faltaba, Ana.
Que lo dejé tirado allí, en el Pausa. a ver cómo se lo explico.
Que no está, tranquila.
Oye, pues muy bien la tila, ¿eh?
Me está sentando divinamente. Tienes mucha mano tú con las infusiones.
Bueno. Ya, ¿no?
Hasta aquí. ¿Qué pasa?
Nada.
Ana, ¿qué pasa, por favor? ¿Vas a hacer como todas las demás y como esta bruta de aquí?
- Oye que yo no he hecho nada. - Ni dices nada. Solo te paseas por la sierra.
¿Te crees que me lo he creído? Ya está bien, ¿no?
Todo el mundo igual, que si no trabaje, que si no me agobie.
Me acerco y nadie sabe qué decir pero, es que no hay que decir nada.
Solo quiero normalidad.
No queremos preocuparte con tonterías.
Seguro que no lo son.
Alberto me pidió ayer que me casara con él en una capilla de la sierra.
- ¿Qué dices? - Que no, si salió corriendo.
Porque no me quiero casar así.
Así, ¿cómo?
A escondidas.
Sí es solo por arreglar las cosas, que yo sé que Alberto lo hizo por eso.
Y porque te quiere.
Si algún día me caso con él quiero que sea solo por eso.
Porque me quiere, porque nos queremos y queremos celebrarlo con toda nuestra gente.
Quiero que sea el mejor día de mi vida y no sentir que me caso a escondidas
y que me voy a pasar así toda mi vida como si estuviera haciendo algo malo, Rita.
Yo cuando me casé con Juan fue uno de los momentos más felices de mi vida.
Supongo que tiene que ser así para todo el mundo.
Yo sé que Alberto lo hizo para demostrarme que me quiere,
y a lo mejor, si se lo hubiera explicado en ese momento pues...
Hombre.
Hubiera sido mejor, sí.
Bueno, pero el amor es así.
A veces hacemos cosas que el otro no entiende, pero al final entienden las razones.
Si las escucha.
Pues haz que las escuche, Ana. Es inútil.
No quiere hablar conmigo.
Bueno, tampoco puede pasarse la vida evitándote.
A ver, trabajáis en el mismo lugar y coincidencias va a haber.
Bueno, aunque él, con no bajar al taller, lo tiene más fácil.
[máquinas de coser funcionando]
[tela rasgándose]
- ¿Pero tú te has vuelto loca? - Llama a doña Blanca.
Ana, que de esta te despiden.
Si Alberto me quiere despedir al menos tendrá que decírmelo mirándome a la cara.
[doña Blanca] Es lo más irresponsable que ha hecho en los años que lleva trabajando en el taller.
A menos de un día del desfile, Dios mío.
Pero esto no va a quedar así.
Ahora mismo se va a venir conmigo a rendirle cuentas a don Alberto.
Y estoy segura de que no ha sido por accidente.
Déjeme hablar a solas con la señorita Ribera.
[puerta se cierra]
Solo quería hablar contigo.
Alberto, ni siquiera te has dignado a leer la carta que te envié.
Yo no quería casarme así.
Alberto, te quiero.
Estuve diez años separada de ti, y no he dejado de quererte ni un solo día.
Nunca he querido a nadie como te he quiero a ti.
Las cosas se demuestran con hechos.
Me hubieras dicho que sí.
Yo llevo, desde que llegué de Londres, demostrándote lo mucho que me importas.
Acepté prometerme con una mujer a la que no quería por ti.
La lleve a cenar porque me dijiste que tenía que hacerla feliz.
Y cuando era demasiado feliz
que me apartara de ella,
y luego que averiguase qué era lo que yo sentía.
[grita] ¿Y qué he hecho yo?
Demostrarte que estaba dispuesto a todo por ti.
Y tú no has hecho nada.
¿Qué has hecho tú, Ana?
Nada. Salvo empujarme hacia ella.
[Alberto suspira]
Antes estar contigo era lo único que me hacía feliz.
Me hacías que pensase que me podía comer el mundo. Era lo único que me importaba.
Y ahora cada día es un problema, cada día es un reproche.
Y ya no puedo más.
Es que no puedo entender
por qué no me has dicho que sí. No lo puedo entender.
Ojalá pudiera volver al momento en que regresaste de Londres.
Pues ya no se puede.
Ya no se puede.
Alberto, llevamos mucho tiempo esperando este día.
Hoy, después del desfile, se acaba todo.
Para mí se terminó en el momento en que saliste por la puerta de esa iglesia.
Haz el favor y sal de mi despacho.
A ver, trae.
[don Gerardo] ¿Alberto?
Alberto.
No cogías el teléfono.
No me he dado cuenta.
Estaba pensando en el desfile.
Pensando y guerreando hasta el último minuto supongo,
porque no creo que esto sea cosa de un vendaval.
No se moleste, Gerardo, por favor.
Los nervios previos a una gran noche.
[teléfono suena]
Alberto,
sé que piensas que no te he apoyado en esto.
Y espero que todo salga muy bien, de verdad.
Y, Alberto. He hablado con mi hija.
No le voy a contar nada de nuestro pacto,
creo que es lo mejor.
Si no confía en mí, cuénteselo.
Nunca la había visto tan feliz,
¿Verdad?
Sí.
La lista de invitados.
Pásela a máquina y désela a Mateo por favor.
Por supuesto.
[puerta se cierra]
[Clara] La lista de invitados al desfile.
La definitiva, supongo.
Es lo que ha dicho don Alberto.
Si usted no tiene nada que objetar, lo será, claro.
- ¿Te pasa algo? Bien. - No, a mí nada. Estoy perfecta.
Lo que pasa es que pensé que iba a estar en esa lista de invitados.
Pero ya veo que viene acompañado por alguien.
Sofía, sí,
Ha venido desde Barcelona. La he invitado para que no se quede sola en la ciudad.
Es...
Es una buena amiga, nada más.
- ¿Estás celosa? - ¿Celosa yo? Sí, lo que me faltaba.
Menos mal. Porque no hay nada menos atractivo que una mujer con un ataque de celos.
- No, lo que pasa es que me has decepcionado. - Creí que no querías que la gente comentase.
No, y no quería, lo que pasa es que Pedro ya lo sabe.
- ¿Pedro lo sabe? - Sí.
¿Y eso?
Pues no lo sé. A mí también me gustaría saberlo.
Pero la cosa es que ya puedo contarlo.
¿Y qué es lo que vas a contar, Clara?
Solo somos dos personas que se gustan y disfrutan con la compañía del otro.
¿Por qué estropearlo?
Ahora, si me disculpas.
[puerta se cierra]
¿Cómo que ha dicho que no? Pero si es mi ropa, Elvira.
[suspira]
Necesito ese vestido para esta noche.
Dile a mi madre que se ponga, Elvira.
Pero si sé que está ahí.
Muy bien. Pues si no quiere ponerse, ¡dígale usted misma que se vaya al infierno!
¡Gracias!
¿Problemas en el paraíso?
¿No te han dicho que escuchar conversaciones ajenas es de mala educación?
Iba ser complicado no hacerlo.
[Cristina ríe]
Bueno, es que hay veces en las que hay que tratar al servicio con mano dura.
- Ya sabes. - Ya.
¿Vas a decirme qué es lo que quieres o piensas quedarte ahí plantado todo el día?
Sí, espera.
Un recadero de la señorita Susú Miravelles me ha dado esto para ti.
Dice que son tuyas.
[doña Blanca] Quiero a cada maniquí delante de su traje.
¿Y Valentina?
¿Dónde está Valentina?
[modelo] No ha venido, doña Blanca.
Esa chica no tiene formalidad.
No sé por qué se han empeñado en volver a contar con ella. No, si la culpa es mía.
Rita, ¿tiene el listado con los teléfonos?
Sí, doña Blanca.
- Ya lo he intentado en su casa y no contestan. - Sígame.
Pues dicen que se ha ido a Paris el fin de semana con el conde de Moralta.
- Podría haber elegido otro fin de semana. ¿Qué? - ¡Rita!
[de la Riva] ¿Qué opciones tenemos, doña Blanca?
He llamado a la agencia. Dicen que enviarán una maniquí en menos de una hora,
- pero la chica tiene 95 de cadera. - Por el amor de Dios.
No sé, si quiere podemos ganar un par de centímetros de costura.
No, no se va a descoser ni un solo punto de este vestido.
Es la talla que tiene y ya está.
Necesitamos una maniquí con la misma constitución.
Sabe perfectamente que no tenemos dos maniquíes iguales.
Este desfile va a acabar conmigo.
Por favor, doña Blanca, haga el favor de no poner las cosas más difíciles.
Yo la tengo.
Bueno, no es que la tenga, de hecho, ni siquiera es maniquí pero
he hecho muchos vestidos con esas medidas y siempre han sido para la misma persona.
[al unísono] ¿Quién?
[de la Riva] Pues es perfecta.
Ideal.
Se pasa un poquito de edad pero es perfecta. Muchas gracias, Rita.
Pruébese el vestido, por favor, que tenemos muy poco tiempo.
Un momento. Yo no he dicho que vaya a hacer esto.
Clara, no me haga hablar con sus superiores.
Pero doña Blanca, que yo esto no lo estoy haciendo por fastidiar. Es que no sé hacerlo.
No, no. Yo esto no lo puedo hacer.
Vamos a ver, ¿cómo voy a salir yo a desfilar delante de toda esa gente?
Pero, Clara, que ser maniquí no tiene ningún misterio.
Es como cuando vas al retiro los domingos
y te pavoneas delante de los mozos de las barcas. Pues, igual.
- Mire. Claudia. - Clara.
- Eso, ¿ha ido usted alguna vez al Prado? - Sí.
¿Ha visto todos esos cuadros llenos de mujeres?
Todas esas mujeres eran modelos.
La Gioconda, la Maja desnuda, la Venus de Milo.
Todas eran musas que inspiraban a los artistas.
La alta costura es un arte,
y ser modelo es mucho más que un trabajo.
Es la responsabilidad de insuflar
belleza al resto de los seres humanos.
Si se niega a hacer ese trabajo, se está negando, querida,
a experimentar la gloria.
Se le pagará un sobre sueldo.
Y podrá acudir a la fiesta.
[doña Blanca da palmadas]
Así que me pavoneo. Soy una golfa y encima me pavoneo.
Has movido el culo toda tu vida, Clara, no te pongas ahora fina porque...
Y, además, tengamos la fiesta en paz, que tú me has llamado deslenguada.
¿Y qué es lo que eres?
- Pero venga, lo retiro, lo retiro. ¿Estás contenta? - Pues sí.
[Mateo] Señoritas, espero que estén visibles.
Que no de buen ver. Que eso es evidente.
¿Clara? ¿Qué haces aquí?
Tuvimos un problema con una de las maniquíes, don Mateo.
Veo que han encontrado la sustituta magnífica.
Sí, pero esta sustituta tiene que vestirse,
así que le agradeceríamos un poco de intimidad.
Solo he venido a desearles suerte. Y que vendan muchos trajes.
Clara.
No creo que pueda ver nada que no haya visto ya.
Espero que haya disfrutado de la vista porque lo que ha visto no volverá a verlo en su vida.
- ¿Qué? - Nada, hija, nada.
Que si para tener a los novios en la puerta hay que tratarlos así
me queda mucho que aprender.
Mateo no es mi novio.
Ah, ¿no? ¿Y qué es?
Pues una persona con la que me lo paso bien,
solo eso.
[locutor] Raúl de la Riva firma la colección que se presentará
dentro de una hora escasa
en exclusiva para las famosas Galerías Velvet,
hasta ahora referente
de la alta costura en nuestro país.
Bajo la nueva dirección de Alberto Márquez,
heredero del imperio de su padre,
esta colección pretende dar un giro que,
sin duda, será decisivo para el futuro de un negocio que se mantiene en pie
después de más de treinta años.
[aplausos]
[Alberto] Buenas noches.
[periodista 1] Don Alberto, ¿cree que conseguirá con esta nueva colección
estar a la altura de su padre?
Espero, al menos, demostrar lo mucho que aprendí de él.
[periodista 2] ¿Veremos una colección más arriesgada?
Veremos un nuevo enfoque de la moda para una nueva época.
[periodista 3] Señorita Cristina. ¿Tienen ya fecha para la boda?
Vuelva mañana y le respondo.
Gracias.
[aplausos]
Buenas noches. Gracias.
Muy bonito el vestido, hija.
Pero una lástima que no hayas podido ponerte el que tenías preparado en casa.
¿Ahora sí le apetece hablar?
Esta tarde no estaba tan habladora.
Estoy intentando que reacciones, hija.
Y cuando se te pase esa pataleta de niña mimada te darás cuenta de que todo esto es por tu bien.
No voy a disculparme por apoyar a Alberto.
Además, parece que he elegido mejor.
A la vista está.
El desfile no ha terminado todavía.
[don Emilio] Siempre os gustó ver el desfile desde aquí.
Desde que eráis unos críos.
Creí que no lo sabía.
Nunca pensé que todo esto iba a llegar tan lejos como ha llegado.
Y que acabara apartándote de mí.
No he podido pegar ojo desde que discutimos.
Sé que llega tarde pero...
Lo siento, Ana.
Lo único que conseguimos al separaros
fue que os quisierais más.
Da igual.
Ya se acabó.
- ¿Qué dices? - Lo eché todo a perder.
No sé exactamente de lo que me hablas ni me importa,
pero escúchame.
Las mejores cosas de esta vida
son las que cuesta más trabajo conseguir.
Yo no he criado a una mujer
que se deje vencer así como así.
Lo que tengas que hacer,
hazlo.
[Alberto por altavoz] Hola, buenas noches.
Hace un año estuve aquí, con mi padre, presentado
la que por desgracia fue la última de sus colecciones.
Hoy queremos demostrarles que, además de lo que han visto
que somos capaces de ofrecer, hay mucho más.
Hay un mundo nuevo,
hay nuevas formas de ver la moda.
Y todo ello ha sido gracias
a la colaboración de nuestro diseñador,
Raúl de la Riva,
gracias a mi hermana Patricia,
gracias por estar en los momentos más difíciles, Patricia.
Y, por supuesto, a la inestimable ayuda de mi suegro
y de Cristina.
Gracias por estar ahí.
Y por luchar cada día por aquello que quieres.
Muchas gracias.
Espero que os guste.
Buenas noches.
[aplausos]
[doña Blanca] Y ahora recuerden, caminen al ritmo de la música.
Y pase lo que pase no se detengan.
[aplausos]
[flash fotográfico]
[aplausos]
- Ha ido genial, Rita. - Ay, hija, qué cambio, qué alegría.
Ay, oye, ¿y esa cara es porque lo has arreglado con Alberto?
Todavía no, pero lo voy a arreglar.
Estoy viendo las portadas de mañana:
"Alberto Márquez cierra con éxito su primer desfile en Galerías Velvet".
"Acompañado de su inseparable
- Raúl de la Riva". - Yo también te quiero.
Estoy muy orgulloso de que aceptaras ser el subdirector.
Esto habría sido imposible sin ti.
Y yo estoy muy contento de que confiases en mí.
A pesar de...
...no hacer caso de mis recomendaciones.
Bueno, ya está. A esperar a mañana, confirmar el éxito.
Por fin eres libre.
- Eso parece. - Ya no tienes que casarte con Cristina.
A no ser que quieras hacerlo, claro.
¿Sabes lo que quiero hacer ahora?
Coger una botella de champán y salir corriendo de aquí.
Gerardo.
Señores, ¿me permiten?
Supongo que tengo que darte la enhorabuena.
- Si crees que lo he hecho muy bien, sí. - ¿Bien?
No había visto en mi vida desfilar a alguien con tanta gracia y elegancia.
Estás increíble.
Mateo, creí que no te gustaban las modelos.
Que eran muy vanidosas.
- Tú no eres modelo. - No.
Yo solo soy secretaria.
Y en ocasiones, una buena amiga.
Que por cierto, no debería dejar sola a su amiga,
porque a lo mejor te despistas y se te adelantan.
No son sus moscones los que me preocupan.
Mateo, creo que tú y yo no somos nada.
Quedó muy claro el otro día, ¿no?
Gracias.
Salud.
[tintineo de copas]
- [mozo] Esto es lo último, ¿no? - [Antonio] Sí, ya te gustaría.
Hay que esperar a que termine la fiesta
- y guardar todas las sillas en el almacén. - A ver, esto puede esperar, ¿eh?
- Que os habéis merecido un descanso, chicos. - Sus deseos son órdenes.
- Jefe. - ¿Y qué?
¿Aquí todas las jornadas son iguales?
Qué va. Hay veces que es muchísimo más duro, ¿eh?
Yo siento lo de esta mañana si me he...
No, no te preocupes, de verdad, disculpadme a mí que estaba un poco...
Bueno, da igual, ¿queréis una fiesta?
Venid conmigo.
[diálogos ininteligibles]
[Rita] Oye, que has sido el mejor ayudante que ha habido nunca en las galerías,
que me lo ha dicho un pajarito.
Te lo ha dicho mi padre.
Pues mira, sí.
Es pequeño pero listo como un repollo.
Y aquí, a que nadie sabe más de recados que tu padre.
Pues no. Y yo de mayor voy a ser recadero como mi padre.
- ¿Cómo? Tú no vas a ser recadero, Manolito. - Sí.
No, no, no, tú vas a ser ingeniero o abogado.
- Por el mejor recadero y el mejor ayudante. - Chin chin.
Y ahora vamos a ver si bailas igual que tu padre, vente.
Ven, a ver. Muéstrame cómo se hace.
Qué gracioso.
[Rita ríe]
- Ven, papá. - Voy.
Muy bien.
[ríe]
Ahí, ahí.
[Rita suspira]
- [Rita] Menudo día. - [Pedro] Ya.
Bastante intenso.
- Sí, sí. - De arriba para abajo, ¿no?
Menos mal que solo hay dos desfiles de temporada al año que si no.
¿Tú estás bien?
Sí, ¿por?
Bueno, por lo de Clara.
Sí.
Eso es una tontería.
Yo estaba empeñado, empeñado en que funcionase lo de Clara pero...
El amor o...
...o se siente, o no se siente.
Lo que me he dado cuenta es que he cambiado mucho estos meses.
Y que no, que no. Que me doy cuenta que la gente, la persona que me quiera,
me tiene que querer tal como soy.
Di que sí.
[risas]
¿A que sí, Manolito?
¿Dónde se ha metido el crío?
Este condenado. Si ya le tengo calado.
¿Creen que este es lugar para una fiesta?
Pues a mí me parece un lugar maravilloso para hacer una fiesta.
Además, estas señoritas merecen divertirse después de todo
el trabajo que han hecho en los últimos días.
Me parece que este no es el lugar más adecuado, la verdad.
Hombre, a mí me encantaría invitar a todo el mundo al cóctel de arriba.
Pero ya saben cómo son esas señoronas que se escandalizan por todo.
Y ya les hemos escandalizado suficiente por hoy, ¿no?
Quiero propones un brindis.
Por Rita, mi ayudante.
Y por doña Blanca, que, a pesar de no creer en mí, creo que es
una de las jefas de taller más excepcionales que he visto en mi vida.
[susurra] Quiero aclarar una cosa con usted.
Creo que es un hombre con mucho talento.
Me alegro escuchar esto porque
pienso exactamente lo mismo de usted pero creo que tiene problema.
- ¿Cuál? - Ese moño.
¿Por qué no prueba
a soltarse el pelo de vez en cuando?
Si es que estaría muchísimo más guapa.
Que estaría más guapa es evidente, pero además, eliminaríamos el problema de raíz.
Porque, claro, debe ser este moño que le aprieta tanto
que le duele y no le permite sonreír.
No hay nada que me impida sonreír. Pero señor de la Riva,
- pero, ¿qué ha hecho? - ¡Pues hágalo!
Que hoy es el día.
Y está usted preciosa.
Y ahora, música.
[diálogos ininteligibles]
Qué lástima no tener una cámara de fotos para inmortalizar
- este momento. - Ahórrese las bromas, por favor.
Es que a ese hombre es imposible decirle que no.
¿Dónde tenía usted escondida a esta doña Blanca?
A lo mejor yo también me animo a dar unos pasitos.
De joven era un bailarín, digamos, que hasta notable.
Chin chin, doña Blanca.
[tintineo de copas]
[risas]
- ¿Baila? - No, gracias, yo no bailo.
[llaman a la puerta]
Luisa, pase.
[puerta se cierra]
[Antonio] ¿Vas a perderte la fiesta? ¿O piensas ir a una mejor?
- No le digas nada, por favor. - Tranquila, no soy un chivato.
Ahí arriba está tu novio o lo que sea.
Ya, ahora entiendo lo de que debe ser complicado.
Necesitaría horas para explicártelo, te lo aseguro.
Bueno, de todas formas si te arrepientes ya sabes dónde estamos.
Hombre, la fiesta no es lo mismo, para qué engañarnos, pero hay champán.
Y mi amigo no te engañaba cuando te dijo que sé bailar.
[ríen]
Lo tendré en cuenta para otra.
- Bien. - Adiós.
Adiós.
[suspira]
[timbre del ascensor]
[puertas cerrándose]
Al tocador, por favor.
Debo ser la única mujer de la fiesta que no sabe en qué piso está el tocador.
En cambio usted conoce bien las galerías, ¿no?
¿No me va a responder?
Pues tendré que adivinar las respuestas.
Por el acento, diría que es español.
Y no he visto que lleve alianza,
así que debe de estar soltero.
Todavía.
He visto como todo el mundo le felicita por esto,
así que me imagino que es todo obra suya.
¿Estoy acertando?
La verdad es que no del todo.
Y, ¿en qué me estoy equivocando?
En lo más importante.
[timbre del ascensor]
[puertas abriéndose]
Creo que es justo darte la enhorabuena, ¿no?
Todo ha salido como esperabas.
No me haga reír, madre. Usted no se alegra.
Hija, soy accionista de esta empresa y cualquier triunfo
se traduce para mí en beneficios.
Pero tú no te equivoques,
nadie te va a agradecer el éxito haciéndote adjunta a la dirección.
- Eso ya lo veremos. - Exactamente, lo veremos.
Y entonces a lo mejor,
vuelves a pedirme disculpas. Y entonces,
te recibiré con las puertas abiertas.
¿Y mientras tanto?
Bueno, pues que te traten bien en el Plaza.
[Alberto] Hola.
¿Qué tal?
¿Nos vamos?
¿Ahora?
Cuando quieras. Llevo toda la noche deseando salir de aquí.
Espérame un momento.
¿Cuánto va a durar esto, Ana?
¿Por qué no le dejas ir?
Porque debí pedirle que se casara con ella.
Demasiado tarde.
[coche arranca]
[don Gerardo] ¿Habéis visto a mi hija?
No, la verdad es que no.
Quizá esté brindando con Alberto en privado, ¿no?
¿Alberto?
¿Cristina?
¿Cristina?
[puerta se cierra]
"Alberto, perdóname.
No puedes dejar que después de tanto tiempo lo nuestro acabe así.
Tenemos que hablar.
Reúnete conmigo. Te quiero".
[Alberto] ¿Qué harías si te dijera
que cogieras el primer vestido que encontraras y que te vinieras conmigo?
[grillos cantando]
¿Qué harías?
Te diría que sí.
Te quiero, Alberto.
Estoy enamorada de ti.
De tu olor,
de tu pelo,
de tus ojos tristes,
tu nariz,
tu sonrisa,
tus labios.
Te diría que sí.
[gimen]
Alberto me quiere, y es normal que esté molesto por lo que pasó, ¿no?
Así que voy a ir a darle una sorpresa de buenos días.
- ¿Vas a ir a su casa? - ¿Está don Alberto en casa?
Sí, me imagino, por las horas y porque está el coche en el garaje.
¿Qué problema hay porque os haya descubierto?
Alberto, eres un hombre libre, libre.
Habías roto con ella, y le habías dejado bien claro que no querías seguir.
- ¿Te has echado atrás? - No.
- Me voy a casar con Cristina. - Es mi madre.
La mujer de la que te has enamorado es mi madre, ¿verdad?
- Qué tontería es esa. - Madre, tengo que decirle algo.
Max está enamorado de otra mujer.
Abran las puertas. Hoy va a ser un gran día.
La gente está agolpada en los escaparates.
No sirve de nada que esté en los escaparates.
No ha entrado nadie.
No son ni las once de la mañana, aún es pronto para ponerse nervioso.
Hace ya dos horas que han abierto las puertas de las galerías y todavía no tenemos ningún pedido.
Que le digo que está pasando algo.
- Supongo que serán de tu novio. - ¿No son de Pedro?
Un momento, ¿no son tuyas?
- ¿Se puede saber con quién tienes cena? - Con Sergio Casals.
Un admirador, y además, es productor cinematográfico.
- ¿Tú crees que me dará alguna oportunidad? - Él espera que la oportunidad se la des tú.
¡Mi cielo!
- ¿Podemos hablar un minuto? - No puede coger
- y dejar al niño y luego llevárselo cuando quiera. - Sí puede.
- Porque es su madre. Ven aquí. - Y tú eres su padre.
Es que eres lo mejor que tengo, Rita.
- Lo encontré en tu despacho. - Esa historia forma parte del pasado.
¡Mentira!
Quiero mi dinero antes de un mes.
Y ahora si me disculpas, tengo que hablar con mi hija
y cancelar una boda.
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