All language subtitles for Velvet.S01E09.1080p.Netflix.WEB-DL.DD+2.0.x264-QOQ_track5_[spa]

af Afrikaans
ak Akan
sq Albanian
am Amharic
ar Arabic
hy Armenian
az Azerbaijani
eu Basque
be Belarusian
bem Bemba
bn Bengali
bh Bihari
bs Bosnian
br Breton
bg Bulgarian
km Cambodian
ca Catalan
ceb Cebuano
chr Cherokee
ny Chichewa
zh-CN Chinese (Simplified)
zh-TW Chinese (Traditional)
co Corsican
hr Croatian
cs Czech
da Danish
nl Dutch
en English Download
eo Esperanto
et Estonian
ee Ewe
fo Faroese
tl Filipino
fi Finnish
fr French
fy Frisian
gaa Ga
gl Galician
ka Georgian
de German
gn Guarani
gu Gujarati
ht Haitian Creole
ha Hausa
haw Hawaiian
iw Hebrew
hi Hindi
hmn Hmong
hu Hungarian
is Icelandic
ig Igbo
id Indonesian
ia Interlingua
ga Irish
it Italian
ja Japanese
jw Javanese
kn Kannada
kk Kazakh
rw Kinyarwanda
rn Kirundi
kg Kongo
ko Korean
kri Krio (Sierra Leone)
ku Kurdish
ckb Kurdish (Soranî)
ky Kyrgyz
lo Laothian
la Latin
lv Latvian
ln Lingala
lt Lithuanian
loz Lozi
lg Luganda
ach Luo
lb Luxembourgish
mk Macedonian
mg Malagasy
ms Malay
ml Malayalam
mt Maltese
mi Maori
mr Marathi
mfe Mauritian Creole
mo Moldavian
mn Mongolian
my Myanmar (Burmese)
sr-ME Montenegrin
ne Nepali
pcm Nigerian Pidgin
nso Northern Sotho
no Norwegian
nn Norwegian (Nynorsk)
oc Occitan
or Oriya
om Oromo
ps Pashto
fa Persian
pl Polish
pt-BR Portuguese (Brazil)
pt Portuguese (Portugal)
pa Punjabi
qu Quechua
ro Romanian
rm Romansh
nyn Runyakitara
ru Russian
sm Samoan
gd Scots Gaelic
sr Serbian
sh Serbo-Croatian
st Sesotho
tn Setswana
crs Seychellois Creole
sn Shona
sd Sindhi
si Sinhalese
sk Slovak
sl Slovenian
so Somali
es Spanish
es-419 Spanish (Latin American)
su Sundanese
sw Swahili
sv Swedish
tg Tajik
ta Tamil
tt Tatar
te Telugu
th Thai
ti Tigrinya
to Tonga
lua Tshiluba
tum Tumbuka
tr Turkish
tk Turkmen
tw Twi
ug Uighur
uk Ukrainian
ur Urdu
uz Uzbek
vi Vietnamese
cy Welsh
wo Wolof
xh Xhosa
yi Yiddish
yo Yoruba
zu Zulu

Original subtitles

[Alberto]: Usemos la cabeza.

[Cristina]: Esa es la única parte

de mi anatomía que no pienso usar esta noche.

[Alberto]: No te traiciono, Ana.

Me sacrifico por los dos porque me lo pediste.

- Te quiero Ana. [Ana]: Y yo.

Pero ya no es suficiente.

[Ana]: Necesito que aclares lo que sientas por ella.

Sé qué siento por ella.

Sabes lo que sentías por ella cuando estabas por obligación.

Lo que me pides no tiene sentido.

- Ana. [chico]: Él es mi amigo Antonio.

[Antonio]: Encantado. - ¿Qué tal?

Mañana tengo que levantarme pronto y ya es muy tarde.

[Antonio]: Bueno, pero ya sabes.

[Antonio]: Si necesitas a alguien con quién pasear, aquí estoy.

[Max]: Soy Maximiliano Expósito.

Me crié en el orfanato Virgen del Carmen.

Cuando tenía siete años conocí a Eduardo.

Su madre también lo había abandonado y sabía su nombre:

Blanca Soto Fernández.

[Blanca]: ¿Dónde está mi hijo? - Falleció hace tres meses.

[Emilio]: ¿Quiere recuperarse?

Le aconsejo que haga algo por remediarlo.

[Blanca]: Carmen. - ¿Sí?

[Blanca]: No descansaré hasta que te cuente algo importante.

Sobre él. Tu hermano.

[Luisa]: Juan. Ay, madre mía.

[Juan]: Que me han dado el alta. Creen que la enfermedad ha remitido del todo.

[Francisco]: Es un hombre muy generoso.

Abandonar el hospital cuando aún está enfermo,

- es un detalle por su parte. [Luisa]: Le han dado el alta.

[Francisco]: ¿Eso te ha dicho?

Me has mentido. No lo entiendo.

Porque sé lo que pasó entre ese hombre y tú. Me lo contó.

Y no voy a permitir que siga haciéndolo.

- ¿Y tu tratamiento? - Te prometo que lo hablaremos mañana.

- Clara, ¿te quieres casar conmigo? [Mateo]: ¿Estás rezando, Pedro?

[Clara]: Creo que deberíamos darnos un tiempo.

Para saber qué queremos los dos.

[Clara]: Lo he dejado con él.

[mujer]: ¿Pedro? - ¿Qué?

Se llama Manolito. Es mi hijo. Bueno, mi hijo y el tuyo.

[Pedro]: Rosa María, ¿me pides que me quede con el niño?

[Rita]: ¿De dónde ha salido este niño?

Me llamo Manuel, pero me puedes llamar Manolito.

Es mi hijo.

[Emilio]: Ha venido un hombre a hablar conmigo.

- Sabe lo de Cuba, señora. [Gloria]: ¿Cuánto quiere ahora?

El doble de lo que me dio la última vez.

[Gloria]: Es usted un desgraciado.

[Alberto]: "Si no quiere ver estas fotos en los periódicos,

deje un maletín con 100 000 pesetas en la calle Alcalá, 158.

Hoy a las diez de la noche".

[Mateo]: Hoy es día de cobro. Usa las nóminas.

Hay una serie de pagos que no pueden retrasarse,

y no me queda más remedio que usarlo.

¿Va a dejar a los trabajadores sin cobrar?

[Alberto]: ¿Cree que lo haría si tuviera otra opción?

[Alberto]: Me chantajean.

[Alberto]: Hundirán las galerías,

si no pago cien mil pesetas. Por desgracia,

solo tengo este dinero.

¿Con qué le están chantajeando?

[Emilio]: Curioso, ese maletín se parece

[Emilio]: al que se ha llevado don Alberto.

Voy a llevarme el maletín.

[suena una melodía de los 50, sintonía de la serie]

[acaba melodía de los 50, sintonía de la serie]

[sonido de pasos] [sonido de tráfico]

[continúa sonido de pasos]

[Rita]: Con una del pueblo. ¿Qué me dices?

Manolito se llama.

Un cielo de crío, también te digo, que el pobre

se nota que se hace a lo que le toque.

- Te has encariñado con el niño, ¿no? [Rita]: ¿Qué dices?

Ay, Rita.

Acordamos que cuando llegáramos a Madrid

olvidarías a Pedro y reharías tu vida.

¿Y qué es lo primero que haces?

Dejar a un chico plantado en un bar

y hacer de madre de su hijo. No tienes remedio.

Bueno, de madre tampoco, ¿eh? No exageres.

De amiga. De amiga que echa una mano cuando se necesita.

[sorprendida]: ¿No habrás traído a ese chico aquí?

Anda, no digas memeces y vete a abrir.

Don Emilio.

Ana, ¿podemos hablar?

Sí, claro, tío.

[Emilio]: Te escucho.

No tengo nada que decirle.

A mí me parece que sí.

Y prefiero oírtelo a ti que tener que ir a ver

a don Alberto Márquez.

Si quiere hablar con él, allá usted.

No hace falta.

Lo sé todo, como te puedes imaginar,

[grita]: pero ¿por qué no me lo has contado tú?

Te pedí que no me defraudaras.

Y has acabado siendo poco menos que una fulana,

la querida de un hombre que ya está comprometido con otra mujer.

[triste]: A nadie le duele eso más que a mí. - [grita]: ¡A mí!

Porque no es solo tu vida, es también la mía.

Y la de los demás.

¿Tú te imaginas qué será de los almacenes cuando todo esto salga a la luz?

¿Crees que don Gerardo seguirá poniendo dinero cuando descubra

que el prometido de su hija se acuesta con otra?

[levanta la voz]: ¿Pero cómo has podido ser tan egoísta?

Yo no he sido egoísta.

Si hubiera sido egoísta ahora estaría casada con Alberto

y estas galerías llevarían meses cerradas.

¿De qué estás hablando?

Gerardo le dio a Alberto el dinero para salvar el negocio

a cambio de que se casara con Cristina.

- Y aceptó. [grita]: No.

Fui yo la que le empujó a hacerlo.

[solloza]: Yo, esa egoísta.

No podía permitir que usted y los demás se quedaran en la calle.

Y volvería a hacerlo otra vez.

Mi error fue no irme,

[llorando]: pero no podía separarme de él.

[suena canción de jazz suave]

[continúa canción de jazz suave]

[Ana llora]

[Rita]: Ana. ¿Qué ha pasado?

[Ana llora desconsolada]

[continúa canción de jazz suave]

[Ana llora]

[continúa canción de jazz suave]

[Ana llora desconsolada]

[continúa canción de jazz suave]

¿Juan?

[acaba canción de jazz suave]

[Pedro]: ¿Tú siempre desayunas así, Manolito?

Cuando hay.

- ¿Me das otro churro? - Que no hay churros.

Manolito, te has comido mis churros.

Vete a limpiar, por favor. Mira cómo tienes la boca. Deja las migas.

[enfadado]: Me va a ensuciar todo.

¿Has pesado qué harás?

Sí, sí. Por supuesto.

Dejarlo ahí mientras que yo trabajo.

[tajante]: Pedro, que tiene siete años.

Que voy a venir a verlo cada seis horas.

Bueno, cada cuatro.

Bueno, que vendré a verlo, vaya, que yo le voy a traer...

Pues le voy a traer queso,

le voy a traer longaniza y chorizo.

Se tiene que alimentar, que tiene un saque...

De verdad que tienes cada idea de chorlito.

Ay, Rita, no sé qué hacer, no sé qué hacer.

Bueno. Pues deberías ir pensándolo

y buscarle una escuela, por ejemplo.

Pues sí. Eso es una buena idea, ¿eh?

Fíjate, Manolito, las ideas que tiene tu tía Rita.

[insistente]: Sí. Y un sitio donde vivir.

Eso lo había pensado. Quería alquilar una habitación para los dos

en una casa de huéspedes, fíjate.

Eso es una buena solución.

¿La mejor solución? ¿Una casa de huéspedes

con un viajante de provincias que habla solo

y dos jubilados que no se duchan nunca?

Bueno, ¿eh? Cuidado, ¿eh? Cuidado.

Que hay jubilados que huelen la mar de bien.

[indignada]: No lo llevas a una casa de huéspedes, te lo digo.

Bueno, eso lo decidiré yo, que para eso soy el padre.

Lo de la casa de huéspedes no es buena idea, padre.

La tía Rita tiene razón.

¿Ves?

La tía Rita.

Anda que eres un zalamero, como tu padre.

Me voy antes de que Doña Blanca me eche de menos.

Sí, venga. Vamos.

[ordena]: Dile algo al niño.

Pórtate bien.

Pórtate bien, ¿te vas a portar bien?

[suplicante]: ¿Me traerás más churros?

Sí.

- Y yo me portaré bien. [Pedro]: Vale. Muy bien.

- Vale. [Pedro]: Venga.

[autoritario]: No subas a la cama.

No te subas a la cama, no te subas a la cama que la vas a romper. ¡Manolito!

Le habrás dejado un libro, al menos, ¿no?

O algo para que juegue porque es que el pobre

[acelerada]: tantas horas solo ya me dirás qué hace

Le teníamos que haber dejado una peonza, seguro que le gustaba una peonza.

Yo no puedo con esto.

¿Pero cómo no vas a poder, Pedro?

[Pedro]: Tú tienes mano, Rita, y eso se ve.

¿Yo, mano? ¡Venga!

Pero si a los cinco minutos ya lo tenías colgando de tus brazos.

Yo no sabía ni lo que hacer.

Al rato de que me lo dejase su madre, estaba fastidiándote la noche.

No hombre. Fastidiando tampoco.

Fastidiándote la noche, Rita,

que encima estabas con el...

Bueno, con el chico este del ascensor...

Mi primera cita en tres años.

Que no me mires así, hombre, que vine porque quise.

Si además, no me obligaste ni nada.

Bueno, casi, casi, ¿no?

[preocupada]: ¡Rita! ¿Puedes venir un momento?

Sí, claro.

[Ana]: Pero ¿por qué se habrá ido ahora que está curado?

No está curado. Me mintió. Se fue del hospital sin el alta.

[Rita sorprendida]: ¿Y por qué ha hecho eso?

Anoche me dijo que prefería estar muerto que verme sacrificarme por él.

¿Sacrificar? Pero ¿a qué se refería?

[alterada]: Necesito saber dónde está, adónde ha ido.

[la tranquiliza]: No te pongas en lo peor.

- A lo mejor ha vuelto al hospital. [Luisa]: En ese sitio sé que no está.

Bueno, nosotras te ayudamos. Entre las tres lo encontramos.

- [grita]: ¿Y cómo me vais a ayudar? [Ana]: A lo mejor llama.

Pues si me quedo aquí parada, me va a dar algo.

Pero, mujer, ¿y adónde vas a ir?

[disgustada]: Si te vas ahora, te despiden seguro.

No te preocupes que nosotras te cubrimos con Doña Blanca.

Muchas gracias.

[Raúl enérgico]: Buenos días. Fin del descanso.

A partir de ahora, no quiero verlas detenerse ni un segundo.

Tenemos un desfile que preparar

y el tiempo corre en nuestra contra.

Así que por cada oficiala: un patrón, por cada patrón: dos modistas

con la tela designada. Doña Blanca las informará.

Rita, tú a mi lado.

Te voy a dar un consejo.

Para conseguir algo en esta profesión

hay que tener decisión.

Coge esto.

[suena ritmo de swing rápido]

[Carmen]: Permítame mostrarle...

El tacón es perfecto.

[diálogo de Max ininteligible]

Comprobaré si ha llegado su encargo.

No me lo puedo creer.

Nosotros jugándonos el pescuezo

con lo de los sueldos y tú de borrachera por ahí.

[grita]: ¿Por qué no me llamaste? - No hables alto.

[Mateo]: No te estoy hablando alto, pero tienes una resaca enorme.

¿Se puede saber qué bebiste anoche?

- Whisky. [sorprendido] ¿Whisky?

Pues o era del malo o te bebiste toda la licorería.

[suspira]

Anoche la vi con otro.

¿Cómo que con otro?

[enfadado]: Con otro tipo.

Un tipo bastante atento, que quiso acompañarla

a la puerta de las galerías.

Bueno.

Habéis decidido daros un tiempo.

No, no. Yo no he decidido nada.

Ella quiere darse un tiempo. Y está dispuesta a aprovecharlo.

¿Y qué pasa si es así?

¿Sería lo mejor para todos?

[alterado]: Mateo, por favor.

Alberto, a ver si te enteras de que podrías ser feliz con Cristina

y Ana podría encontrar a alguien que la haga feliz.

[irónico]: Y nosotros, dejamos de gastar dinero que no tenemos

para tapar chantajes sobre vuestra relación clandestina.

[Clara]: Buenos días.

[Alberto susurra]: Buenos días.

- Clara. - ¿Sí?

Un par de cafés.

[Mateo ansioso] Dime que está el dinero. - Eso creo.

[sorprendido]: ¿Pero qué demonios hace esto aquí?

Creo que sé quién lo ha traído.

[irónico]: ¿Quién, nuestro ángel de la Guarda?

Sí, por las noches.

Voy a darle esto a quien le corresponde.

[Clara]: Aquí tiene lo que me pidió.

[suena melodía romántica]

Tú y yo. Sin excusas.

[se acelera el ritmo de la melodía romántica]

[acaba melodía romántica]

Emilio.

El dinero de las nóminas.

Me alegra ver que está de vuelta.

Y supongo que usted no tiene nada que ver.

Lo importante es saber que el dinero está aquí dentro,

¿no le parece?

¿Quién es el chantajista, Emilio?

- Eso no debe preocuparle ahora. - ¿No?

- No. - Muy bien.

¿Y cómo sé que no volverá a pasar?

Porque yo le doy mi palabra.

Y ya está. No me va a decir cómo se ha solucionado.

[tajante]: A su padre le bastaba con que lo solucionase.

Muy bien.

Muchas gracias, Emilio.

Don Alberto.

Mi sobrina me ha dicho

que todo esto lo ha hecho por nosotros.

Tendrían que estar muy orgulloso, Emilio.

La educó para ser una mujer generosa y sacrificada, ¿no? Muy bien.

Lo consiguió.

Es la mujer más sacrificada y generosa que he conocido en mi vida.

Mucho más de lo que a mí me gustaría, la verdad.

Y a lo mejor tenía razón.

El final de un cuento de hadas

no podía hundir la vida de decenas de personas, ¿no?

[Blanca]: Teresa.

[Blanca]: Ana.

[Blanca]: Luisa. ¿Luisa?

[autoritaria]: ¿Dónde está Luisa?

Ha ido a llevar un pedido, doña Blanca.

Dele su sobre.

Y con ella y con Rita ya hemos terminado.

[ordena]: No aprovechen para perder el tiempo, que no nos sobra. ¡Vamos!

Quiero hablar contigo.

- Ya ha oído a doña Blanca, tengo que volver. [grita]: Ana.

Puedo hacer que vuelva, si quiere que hable con usted.

No, no. Todo está bien. Gracias.

A veces es muy complicado entenderlos y que te entiendan.

Una piensa que será más fácil cuando se hagan mayores,

pero no es así.

Nosotros también nos hacemos mayores.

Y no necesariamente más sabios.

[timbre del ascensor]

Carmen, si estás dolida conmigo, ¿no es mejor que hablemos?

Usted ya lo dijo todo.

[Carmen]: Y yo no tengo nada que decirle.

[se oye cómo Carmen se aleja]

¿Le ha contado que tuvo otro hijo?

[enfadada]: ¿Y a ti quién te ha dado vela en este entierro?

- [Max susurra]: Nadie. [tajante] Entonces no te metas donde no te llaman.

¿Tú crees que Luisa habrá encontrado a su marido?

Madrid es muy grande, Rita.

[exclama]: ¡Y ya España ni te cuento!

[Rita]: Pero bueno, ¿qué podemos hacer nosotras?

Pues nosotras no mucho, la verdad.

Pero igual hay alguien que nos puede ayudar.

[llaman a la puerta]

[Alberto]: Adelante.

[seco]: Creí que habíamos quedado en no vernos.

Querías que nos diéramos un tiempo.

Que tuviera el tiempo suficiente para saber qué siento por Cristina.

No he venido por eso.

Juan, el marido de Luisa ha desaparecido

y pensé que conocerías a alguien que pudiera ayudarla.

- Haré lo que pueda. [seca] Gracias.

Anoche te vi.

Vine aquí a hablar contigo,

pero estabas acompañada, muy bien acompañada.

Rita se tuvo que ir del Pausa y un amigo me acompañó. ¿Qué hay de malo?

Nada, nada. No tiene nada de malo. Tú puedes hacer lo que quieras.

Cuando te vi con ese tipo me imaginé

lo que tienes que sentir tú cuando me ves con Cristina.

No, Alberto. No es lo mismo.

Yo no siento nada por él.

- Ana, te quiero decir... [enfadada]: Ya sé qué me quieres decir.

Pero eso no cambia las cosas.

[tajante]: Si sabes algo de Juan, avísame, por favor.

[se oye un portazo]

[Emilio]: Acompáñela.

- Buenos días, doña Paquita. - Buenos días.

Buenos días.

Don Emilio, ¿puedo hablar con usted?

Sí, claro. ¿Algún problema con el salario?

Mi carta de renuncia. Me voy.

¿Se da cuenta de que, al no tratarse de un despido,

pierde cualquier compensación económica por antigüedad?

Tengo otro trabajo esperándome.

¿Y puedo saber dónde?

En Barcelona.

- Supongo que no puedo hacerla cambiar de idea. - No.

Espero que, con el paso del tiempo, no se arrepienta de esta decisión.

Yo también confío en ello.

Bien, lo voy a preparar todo.

Mañana.

Pasado mañana se podrá marchar.

[susurra]: Gracias. - La vamos a echar de menos.

Don Emilio, de momento preferiría que esto no lo supiese nadie.

- Muy bien. - Y con “nadie” quiero decir también mi madre.

Lo entiendo.

[afectada]: Yo también lo echaré en falta.

[suena canción de los 50]

[continúa canción de los 50]

[canción romántica se apaga]

Manual para ser la perfecta esposa, ama de casa...

- ¿Qué es esto, Rita? - Pues esto, ¿qué va a ser, Pedro? Mi madre.

Si ya la conoces, está todo el día con que tengo que aprender a llevar un hogar.

No sea que alguno se me espante por no saber freír un huevo.

Así pesaban los paquetes. Yo pensaba que eran chorizos.

Y no me manda el ajuar porque... Bueno, el caso.

¿Tú no querías aprender del niño?

Por si se te pone enfermo o se cae y se hace un chichón

o qué tiene que comer, porque tendrá que comer.

- ¿Tú sabes cocinar? - ¿Qué quieres? ¿Que sea como tu madre, Rita?

No te preocupes, yo me lo he leído. No te pierdes nada.

¿Cómo? ¿Tú lo has leído, esto?

Un poco, por encima, para no hacerle un feo a mi madre.

Pero a ti te hará más falta que a mí.

Si habla de ahorrar, me va a hacer falta

porque... ¡Dios mío de mi vida!

Lo de apretarme el cinturón no lo veo.

Entre la casa, la comida. Porque mira que mi hijo traga...¿eh?

Habla de eso, sí.

- ¿Cómo? - Creo.

Que digo yo que hablará de eso, ¿no?

Bueno, me voy, antes de que me pongan de patitas en la calle.

- Oye, Rita. - ¿Qué?

¿Tú sabes freír un huevo?

Hombre, pero por favor, ¡pero qué insulto!

Que otra cosa es que quiera. Que yo no quiero. Que yo eso de lo de la mujer en la cocina...

Que yo ya tengo una profesión, y soy buenísima.

Doña Rita. Pregúntale a Raúl.

Voy a ir yo a freír un huevo.

[chico]: Pedro.

[alterado]: Qué susto. - La señorita Cristina.

Que subas a ayudarla.

Déjalo aquí, Pedro.

Y enchúfalo, por favor.

- ¿Qué pasa? [suspira]: Pues pasa, señor Márquez,

que esta boda es de los dos

y aunque a mí me encanta organizarla, quiero que sea especial también para ti.

[decidida]: Así que tenemos que elegir una canción.

Para abrir el baile.

Todo el mundo lo abre con un vals.

- Gracias. [Pedro]: De nada.

Por eso.

Porque tú y yo no somos como todo el mundo.

Vamos a tener "nuestra canción".

[redoble de batería]

[suena ritmo de swing rápido]

[ríen]

Venga, ¿qué te parece?

Es original, pero yo no la veo como para abrir el baile, la verdad.

Es verdad. De "amor, amor" no es. Es más para un guateque, ¿no?

¡Pues otra!

[suena una voz femenina lenta y sexy]

¿Qué te parece? ¿Te gusta?

No está mal.

A lo mejor tú tienes una.

Una que te guste y quieras poner.

Déjame pensarlo.

[continúa la voz femenina lenta y sexy]

Eso no se piensa.

Se tiene o no se tiene.

Todavía tenemos tiempo para...

buscar una canción...

Esta noche te quiero en la prueba del menú

con mi padre y con Gloria.

No sé si me viene muy bien a mí cenar con ellos esta noche.

¿Cómo que no?

¿No lo podemos aplazar?

Tch, tch, tch...

¿Sabes lo que decía mi madre

en los trámites que no te apetecen?

[susurra]: Que lo mejor que puedes hacer

[con voz sexy]: es pasarlos cuanto antes.

Ya.

[Cristina suspira]

Me encantan.

- ¿Te gustan? - Muchísimo.

Este en concreto lo diseñé pensando en ti.

¿De verdad?

Estos diseños van a cambiar la moda en España.

¿Qué opinas?

No creo que España quiera que le cambien la moda.

¿Es esto lo que vamos a presentar?

Pues con todo mi respeto por su trabajo, señor de La Riva,

creo que no soy la única que piensa

que estos modelos no les van a gustar nuestras clientas.

¿Qué le parecen a usted, Blanca?

No se parecen a nada de lo que hayamos hecho nunca.

Esa es una de sus virtudes.

Pues con todas sus virtudes, yo no me pondría uno de estos vestido ni loca.

Bueno, están pensados para una mujer joven,

una mujer moderna, elegante...

Si a usted no le gustan es una buena señal.

[molesta]: Supongo que lo que intentas decir es que mi opinión no cuenta.

Supone bien.

Quiero que haga lo posible para que la colección esté antes.

Se contratan modistas eventuales, se doblan los turnos, lo que sea necesario.

¿Cómo, cómo? ¿Antes, cuándo?

Las ventas de nuestra ropa habitual están remontando, sacar la nueva colección...

[llaman a la puerta]

- Alberto. - Gerardo.

¿Cómo está?

Andaba por ahí y, de pronto, sentí curiosidad por ver lo que haces.

¿Qué tal el trabajo de de la Riva?

[orgulloso]: Es magnífico. Júzguelo usted mismo.

¿Qué le parece?

Es... audaz.

[sorprendido]: ¿Audaz?

Tiene mucho talento, Gerardo, ya sabíamos a quién contratábamos.

- ¿Algún problema? - No, no.

Solo pensaba en nuestras clientas.

Las de siempre.

¿Alguna de ellas ha visto la línea nueva?

No. Por supuesto que no.

¿Y no crees que tal vez sería interesante que lo hicieran?

Quizá un pequeño grupo. De las mejores clientas.

Eso es absurdo, Gerardo. Para algo estamos preparando un desfile.

Sí, pero sería interesante ver cómo reaccionan, ¿no te parece?

¿No le gustan los diseños?

No entiendo absolutamente nada de moda.

Me limito a pagar lo que mi hija elige.

Y tiene muy buen gusto, ¿no? En eso estamos de acuerdo.

Su hija antes no compraba en Velvet y eso ahora va a cambiar.

Alberto, solo intento evitar que nos precipitemos.

Una nueva colección presentada antes de tiempo tiene...

Presentar la colección antes de tiempo, nos va a dar la posibilidad

de estar en las portadas de las mejores revistas de España.

A Dior le fue bien en su momento y a nosotros nos funcionará ahora.

[levanta la voz]: Sí. Eso está muy bien si acertamos.

- Pero ¿y si falla? - Las decisiones están tomadas.

Quieres decir que las tomaste tú.

Sí. Y usted confiaba en mí.

Dejé de hacerlo cuando empezaste a mentirme, ¿recuerdas?

Después de enterarme de un robo del que no se me informó.

[levanta la voz ]: Y te recuerdo que entonces te dije

que quería que se me informase de todo lo que sucedía en estas galerías.

Y veo que una persona lo ha hecho por mí ya.

[enfadado]: No he visto los patrones.

[grita]: Claro que no, porque tienen que pasar por mis manos, soy el director.

[grita]: ¿El director de qué?

[asevera enérgico]: De una empresa que sigue viva gracias a mi dinero.

Pero no manda sobre todo: nunca le di la dirección de las galerías, Gerardo.

[grita]: ¿Qué contrato vas a hacer valer?

Porque te recuerdo que hicimos un acuerdo muy, muy particular.

Un acuerdo suyo.

¿Y qué más da? Tú lo aceptaste...

Los términos de ese acuerdo

los propuso usted y estaban muy claros y yo he cumplido con mi parte.

[alterado]: ¿No le pedí matrimonio a su hija?

[sorprendido]: ¿Cómo?

Vamos a ver.

¿Estamos discutiendo los términos de ese acuerdo a estas alturas?

Porque empiezo a dudar de haber hecho lo correcto

al hacer ese pacto a espaldas de mi hija.

[suena música dramática suave]

[continúa música dramática suave]

Manolito.

Que traigo churros calientes como te prometí.

¿Manolito? ¿Qué haces?

Dios mío, Dios mío, Dios mío... Dios mío de mi vida...

Ay, estás aquí. Le traigo comida.

Que no está en el cuarto...

¿Cómo no va a estar?

- No está en el cuarto... Ay... - Ay, el niño.

Dios mío. Te dije que no tenías que dejarlo solo.

- Aquí no ha podido ir lejos. - ¿Y si le ha pasado algo?

[alterado]: No me asustes, Rita, por favor, vamos a buscarlo.

[disgustada]: Ay, Dios mío de mi vida...

[suena música du duá]

[continúa música du duá]

[alterado]: ¿Has visto un niño de siete años?

Pues no, ¿qué demonios va a hacer aquí un niño de siete años?

¿De quién es?

De Rosa María, que...

que no podía cuidarlo y me ha dicho que lo cuide yo.

¿Y te lo endilga a ti?

Digo yo que el crío tendrá un padre.

[acorde de cierre de música du duá]

Fue antes de estar contigo.

Me lo dijo en el Pausa, cuando te iba a pedir matrimonio y me lo soltó así, de sopetón.

[titubea]: Se me acaba de perder.

De verdad, es que soy un desastre, pero me tienes que ayudar a buscarlo.

Clara, por favor.

[seca]: Aquí tampoco está.

Bueno, a lo mejor no vas a saber identificarlo, ¿no?

Como no lo has visto... Pero es...

Es pequeño, me llegará por la cintura.

Dios, Pedro, que es un niño. No creo que haya muchos por aquí.

Vale, vale.

Clara, tú con Pedro... pero...

[disimula]: ¿Qué tal? ¿Todo bien?

Ya lo sabe, tranquila.

Ah.

Por lo que veo soy la última en enterarme.

- En los almacenes no está. - Ay por favor, por favor, por favor

Manolito. Manolito.

[Clara]: ¿Y tú desde cuando lo sabes?

Desde ayer.

¿Y te lo cuenta a ti antes que a mí?

No sé por qué no me sorprende.

Tenía miedo de que lo dejaras, ya ves...

¿Habéis oído eso?

[Clara]: ¿El qué? - ¿En el cuarto de don Emilio?

...pero a mí no me gusta.

[Emilio]: No te gusta. Espera.

Tu hijo tiene un saque que ni Zamora.

Sí, mi hijo...

Come, come bastante, la verdad.

Come bien, ¿verdad?

Aquí no lo puedes tener. Lo sabes, ¿no?

Este no es un lugar para un chico.

Lo sé. Había pensado que de momento...

[tajante]: Hay unas normas.

Usted crió a su sobrina aquí.

¿A ti te parece esa la forma más inteligente

de hacerme cambiar de opinión?

Disculpe, don Emilio, yo...

Si se tiene que quedar un par de días, que se quede,

pero búscale otro sitio.

Gracias.

Este para dentro.

Estupendo. El corazón.

Clara, siento haberte mentido con lo del...

Buscaba el mejor momento para contártelo,

pero tenía miedo a que me dejases,

aunque tampoco pensaba que me fueses a dejar antes, claro.

Y por eso no me pediste matrimonio, ¿no?

Si tenía preparado al pianista para que tocase tu canción favorita.

Pero apareció Rosa María y se torció la cosa.

¿Qué pensabas hacer, Pedro?

¿Ibas a seguir mintiéndome toda la vida?

No, para nada.

Pero bueno, ahora ya lo sabes, ¿no?

[contentándola]: ha venido bien que se perdiese el niño.

[molesta]: Pues no, no ha venido bien.

Y, además, don Emilio tiene razón. Ese niño no se puede quedar aquí.

Vale, tienes razón.

Nos vamos a ir los tres.

Nos vamos a una casa a vivir juntos, ¿vale?

Y nos casamos juntos si quieres. Mira, que yo...

[nervioso]: Yo tengo aquí el anillo.

[Rita]: Vamos a... vamos al pasillo.

Mira, sé que el momento no es el mismo, pero...

[Clara tajante]: Pedro. - De verdad, yo sigo sintiendo lo mismo hacia ti.

Clara.

[con voz seria]: Clara Montesinos Martín.

¿Te quieres casar conmigo?

- No. - Clara, por favor.

- No. Pedro, no puedo. - Clara, querer es poder.

[grita]: ¿Qué hago sin ti?

No lo sé, pero deberías plantearte qué vas a hacer con él.

- ¡Te parecerá bonito! [Clara]: No me sermonees, Rita.

Menudo momento has elegido para darle la espalda.

Lo siento mucho, pero no voy a volver con Pedro.

[grita]: Ven aquí ahora mismo. ¡Fuera!

No grites, hombre.

¿Y don Mateo no tendrá nada que ver?

- No metas a don Mateo. - O sea que sí.

- No te pienso contestar. - Pero nos conocemos...

[acalorada]: Sí. Pues como nos conocemos, sé que a Pedro no le va a faltar ayuda con el niño.

[grita]: Que ahí va a estar Santa Rita para apoyarlo.

- No, si la culpa es mía. - No, tú no eres la protagonista.

La culpa es de Pedro por no contarme las cosas

- cuando me las tenía que contar... [grita]: ¿Como haces tú?

[grita]: ¿Como haces tú?

Mira, Rita. No voy a seguir discutiendo contigo. Esto es entre Pedro y yo.

Creí que no te ibas a meter en nuestras cosas, que tú ya tenías tu vida, ¿no?

Tengo muy claro de qué parte estás en todo esto.

[dolida]: Pues sí, yo también lo tengo claro.

Pues muy bien.

Yo soy la mala, ¿no?

Como siempre.

Si no te preocupes, mujer, ya estoy acostumbrada.

[suena música suave]

[timbre del ascensor]

[continúa música suave]

¿Qué pasa?

Nada.

¿Lista para la mejor cita de tu vida?

Tengo el coche en la entrada.

Si no te importa.

Mejor nos vemos en otro sitio.

¿Y eso?

[sollozando]: Es que prefiero que, de momento, no nos veamos.

Guapa y discreta, la mujer perfecta.

No te preocupes.

Los secretos son mi fuerte.

[susurra]: Además, esto lo hace más excitante todavía.

Y de paso no se enteran el resto de mujeres de esta ciudad.

No hay más mujeres que tú en esta ciudad.

[acaba música suave]

[sonido máquinas de coser]

[murmuro ininteligible]

[irónico]: Vaya. Por fin se digna a complacernos con su presencia.

¿Tú eres consciente de que eres mi mano derecha y tenemos que doblar turno, Rita?

- Siento el retraso. [seco]: Ya, termina tú la manga.

[ordena]: Ana, vete por la otra parte.

[enfadado]: Es increíble. Les das la mano y te cogen el brazo.

Y yo sin brazo no puedo coser.

[titubea]: De verdad que no volverá a pasar. Es que...

Bueno, que tenía un lío de...

Un lío, ¿eh?

¿De los que yo creo?

¿Es que los hay de otro tipo?

Bueno, tú y yo hablaremos de esto otro día incluso con una copa de por medio.

Pero ahora te necesito, Rita.

[con motivación]: Venga, a trabajar.

Toma. ¿Ha aparecido el crío?

Menudo susto.

Susto para Pedro, que es su padre,

y está bajo su responsabilidad.

Tú no eres su madre.

[alterada]: ¡Otra! Ya sé que no es mi hijo. Pero ¿qué os creéis, que he perdido la chaveta?

- Luisa, ¿qué? ¿nada? [suspira]: No.

He llamado al pueblo. Nadie sabe nada. Tampoco está donde pensaba que podría ir.

Bueno. Se ha ido por su propio pie.

No puede haberle pasado nada malo.

[Raúl ordena]: Ana, ayúdame a traer más maniquís, por favor.

Para empezar, si les parece, pueden ir eligiendo el vino.

[grita]: ¿Sabe usted quién es la persona a la que estamos esperando?

La novia.

Sé perfectamente que es usted la que está detrás de todo esto.

¿A qué te refieres? ¿A tus discrepancias con tu suegro?

Sabe perfectamente a lo que me refiero.

¿Pero qué importancia tiene que discrepéis?

Claro que es verdad que esto podría poner en peligro tu compromiso con Cristina,

a la que tanto amas. Dios no lo quiera.

¿Por qué lo hace?

Alberto, querido,

mira, al final, lo único que cuenta ¿sabes qué es?

Que todos, cada uno a nuestra manera, estamos a favor de Galerías Velvet.

Supongo que no sabe que está poniendo en juego nuestras galerías, ¿verdad?

[contundente]: Supones bien.

[sonríe irónicamente]

[se oyen tacones]

[Cristina]: Disculpad el retraso.

[beso]

[se oye una sirena lejana]

Buenas noches.

[diálogo ininteligible]

[continúa diálogo ininteligible]

¿Luisa está en el taller?

[preocupada]: Sí, sí. Está en el taller. ¿Le ha pasado algo a su marido?

Sí.

[suena música dramática suave]

[respira entrecortadamente]

[sonido máquinas de coser]

Luisa.

- ¿Sí? [Blanca]: ¿Puede salir un momento?

[continúa música dramática suave]

[sonido de ralentización de tiempo]

[policía]: Pueden recoger sus pertenencias en el depósito,

cuando vayan a por el cuerpo.

[solloza]: ¿Dónde lo encontraron?

[policía]: En la estación del Norte.

[continúa]: Tenía un billete a Santoña.

[llora]: Iba a irse al pueblo. Sabía que iba a irse al pueblo.

[llora]: Y yo no estaba allí en la estación, esperándolo.

[llora]: Tenía que haberlo obligado a que siguiera el tratamiento.

[llora]: Pero no lo hice, no lo hice.

[angustiada]: ¿Se habría curado?

[continúa música dramática suave]

[Luisa se sorbe los mocos]

[ladridos lejanos]

[se rompe el silencio al servir el vino]

Bueno. ¿Alguien me va a explicar qué está pasando aquí?

¿Qué os pasa a vosotros dos?

[alterado]: Tu prometido no está de acuerdo con mis aportaciones empresariales.

[grita]: Usted duda de la colección de de la Riva.

[grita]: No quiero tener la razón, hija,

pero no pondré mi dinero en lo que no creo.

- Ya lo has oído. - Papá, tú estabas de acuerdo en contratar a Raúl.

Raúl no es el problema.

El problema es haberle dado libertad absoluta.

- Papá, por favor. - Mira, hija,

solo le he pedido mostrarle los modelos a nuestras mejores clientas.

[alterado]: Para paralizar el desfile, en caso de que la reacción no sea buena.

Hija, sinceramente,

no creo que este sea ni el momento ni el lugar para hablar de esto.

Ni creo que debas meterte.

No,

por sor supuesto que no.

[dolida]: Las dos personas que más quiero son incapaces

de mirarse a la cara un mes antes de mi boda

y no es de mi incumbencia.

Si no sois capaces de separar los negocios de lo personal,

[Cristina]: entonces, tenemos un problema.

A veces, hija,

están demasiado ligados como para hacerlo.

¿Y tú qué opinas, Gloria?

Mejor el asado.

Yo creí que hoy se trataba de probar el menú de vuestra boda, hijos.

Mentiría, si te dijera que me gustan los modelos de de la Riva,

pero es que mi opinión vale muy poco.

Tu opinión vale lo mismo

que la de cualquier miembro de la junta:

un voto, ni más ni menos.

Yo solo digo que se ha confeccionado parte de la colección,

hemos ido a buscar las telas a París

y nos ha costado mucho dinero. ¿Qué sentido tiene votar?

Alberto tiene razón, papá.

¿De verdad piensas que es la mejor manera de solucionar esto?

Si tú conoces otra mejor.

[se oyen tacones]

¿Por qué no confías en Alberto, papá?

Sabe mucho más que tú de moda y tiene talento para los negocios.

No creo que seas la persona más objetiva.

Además, el talento no me molesta,

[Gerardo]: sino que ignore mis observaciones.

[conciliadora]: Papá.

No pongas esa cara. No va a funcionar.

Creo que estás exagerando.

¿Te hace feliz?

[sorprendida]: ¿Cómo?

Que si Alberto te hace feliz.

Claro que sí.

¿Estás segura?

¿Pero a qué viene esto, papá?

[reflexiona]: Hija, todavía estás a tiempo de no casarte.

Es el hombre de mi vida.

Lo quiero.

¿Y él a ti?

También.

Ven.

Todo lo que hago, hija,

solo tiene un objetivo: que seas feliz.

Ya lo sé.

Pues espero que no lo olvides nunca

porque eso significa que a veces

voy a hacer cosas que no te gusten.

Pero todo lo hago por ti.

[Cristina]: Al final no me queda claro, si prefieres el bacalao

al horno o al pilpil.

[Cristina ríe]

Si te digo la verdad, no he probado ninguno de los dos.

[Ríen a carcajadas]

Siento lo de esta noche.

Gracias.

Es mi padre, Alberto.

Es la única familia que tengo.

No quiero que nuestra vida se convierta en una lucha

contra las personas que tenemos alrededor.

Eso hace muy difícil ser feliz.

[Alberto]: ¿Te puedo hacer una pregunta?

Claro.

- ¿Por qué eres tan perfecta? - Uy, ¿perfecta?

Siempre tienes la palabra perfecta para el momento oportuno,

y yo no sé cómo lo haces, pero siempre terminas solucionándolo todo.

Uno tendría que ser imbécil para no enamorarse de ti.

No, Alberto.

Esto es como lo de la canción.

Hay millones de canciones maravillosas, pero uno no elige la mejor...

Elige la que le llega al corazón.

Yo no creo que tú seas

el chico más guapo de todo Madrid.

Ni que seas perfecto.

Pero...

[suspira]

Doña Blanca, ¿tiene un momento?

Ahora no puedo, don Emilio. Estoy muy ocupada.

¿Puedo...?

¿Puedo invitarla a un café?

Usted dirá.

Su hija quiere irse a Barcelona.

Ha encontrado allí un trabajo.

Me ha pedido el finiquito.

[sorprendida]: Eso no puede ser.

También me pidió que no le dijese nada,

pero yo no tendría la conciencia tranquila,

si permito que se vaya sin que usted lo sepa.

¿Cuándo ha dicho que se va?

En cuanto arregle el papeleo,

que en realidad no hay nada que arreglar.

Yo le he dicho que pasado mañana, por ganar un poco de tiempo.

[balbucea]: En fin, eso era todo.

Gracias.

[suena música de jazz suave]

¿Carmen?

Carmen, abre, por favor.

[continúa música de jazz suave]

[diálogo de bar ininteligible]

[irónico]: Últimamente estás de un hablador.

Será que no tengo mucho que decir.

Has discutido con tu madre.

Veo que eres muy observador.

No con todo el mundo.

Os he visto esta mañana.

No quiero hablar de eso.

¿Y de qué quieres hablar?

[molesta]: De nada.

Otro gin-fiz, por favor.

Déjame sola, anda...

Un manhattan.

[Carmen]: Ay.

Deberíamos habernos quedado más tiempo.

Aún hay gente en el taller. Nos puede ver tu madre.

Llevo mucho tiempo intentando no cometer ningún fallo.

Intentando ser tan perfecta como ella.

¿Pero sabes qué?

Que no es tan perfecta.

Y que yo ya me he cansado de obedecer.

A partir de ahora, voy a hacer solo lo que yo quiera.

- No hagas las cosas por llevarle la contraria. - No es por eso.

¿No me crees?

No.

No importa lo que yo crea.

Lo importante es que tú sabes cuál es la verdad.

¿Y cuál es la verdad?

Que da igual lo mal que lo haya hecho.

La quieres y sigue siendo tu madre.

Por eso te duele. Porque... porque te importa.

[Carmen sale corriendo]

[llora desconsoladamente]

Un poco de caldo, le sentará bien.

Y este es el teléfono

de la funeraria de don Amador.

¿Quiere que le dé esto ahora?

Esta criatura necesita

que alguien se haga cargo de todo. No creo que ella pueda.

Yo no.

Yo no me haré cargo de cómo se enterrará a su marido.

Ella no va a querer que lo hagan de ninguna de las maneras.

Así que lo que decidáis estará bien decidido.

Hazme el favor.

[Luisa solloza]: Queríamos tener hijos.

No pienses en eso, Luisa.

Siempre hemos querido tener hijos.

Ojalá los hubiese tenido.

Papá. ¿Estás triste?

[Pedro]: ¿Por qué me lo preguntas?

Porque el marido de esa mujer ha muerto.

Venga, métete a la cama.

Es como si se marchara lejos, muy lejos.

Pero por muy lejos que estés, siempre puedes volver

por el mismo camino, ¿no?

Sí.

Pero cuando te mueres,

bueno, ya no puedes volver porque el camino se borra.

¿Y eso le pasó a mamá?

¿Qué?

¿Por qué mamá ya no vuelve?

Yo la echo de menos.

Tu madre no está muerta, Manolito.

Tu madre se fue porque tenía cosas que hacer.

Como cuando me voy yo por la mañana y me voy a trabajar.

Pero tu madre va a volver, ¿vale? Venga, duérmete.

¿Y por qué no lo ha hecho ya?

¿Ya no me quiere como a ti Clara?

¡Pero cómo no te va a querer, Manolito!

Oye. A ti se te quiere nada más verte.

¿Vale? Ven aquí.

Anda. Ven aquí... ven aquí...

Al principio, cuando se van

los echas mucho de menos,

pero luego se pasa, ¿eh?

[afectado]: Luego se pasa.

[suena una canción en la radio]

Esto sí que no me lo esperaba.

No me digas que no es la mejor cita de tu vida.

Buenas vistas, buena música...

La mejor compañía.

Y el whisky, que no podía faltar.

¿Quién puede resistirse a una buena botella de whisky?

¡Yo! Lo odio.

Pero si vas por el segundo.

Es que soy una chica muy sacrificada.

Ya veo, ya.

Solo que, señorita sacrificada,

[susurra]: también tenemos champán.

Si al final voy a tener que dar la razón a mi madre de que no hay que mentir nunca.

¡No!

- ¿Qué? [grita]: No.

¡Tenías que hablarme de tu madre!

Lo más erótico que puede hacer una mujer mientras se toma una copa conmigo

- es hablarme de su madre. [Clara ríe]

- Querías alejar toda tentación en mí. - No.

- ¿Es eso? - No.

- ¿Es eso? - No.

Solo que hay un problema.

- ¿Cuál? - No lo has conseguido.

[suena una melodía sexy]

[continúa la melodía sexy]

[continúa la melodía sexy]

Eres preciosa, Clara, con experiencia.

[continúa la melodía sexy]

¿Sabes cuánto tiempo llevaba esperando esto?

[Clara susurra]: ¿Cuánto?

Demasiado.

[continúa la melodía sexy]

[Clara jadea]

[continúa la melodía sexy]

[acaba la canción sexy]

¿Clara?

¿Llegas ahora?

Pero ¿dónde has estado?

Pasando la mejor noche de mi vida.

¿Qué hace toda esa gente en la puerta de Luisa?

Ha muerto su marido.

[Clara triste]: No me puedo creer que pase esto.

No, ni tú ni nadie, la verdad.

Oye, ¿qué haces vestida así, Clara, por favor?

Luisa, soy Clara...

¿Qué hace vestida así, Rita?

¿Tú crees que es momento para fijarse en eso?

¿Se ve con alguien?

[balbucea]: Hay otro hombre y yo lo conozco, ¿no?

Pedro.

[suena música de jazz suave]

[continúa música de jazz suave]

[acaba música de jazz suave]

Emilio...

He visto a empleados cruzando la calle.

Algunos me han pedido permiso para acompañar a Luisa al cementerio

y no he podido negarme.

- ¿Su marido? - Sí. Lo encontraron muerto anoche.

Dentro de hora y media se celebrará el entierro.

Lo están esperando arriba.

No te rindas.

Bueno, a ver qué resulta de la votación.

No parece difícil de adivinar, ¿no?

Parece como si no me conocieras, Alberto, hijo.

Sé que puedo estar equivocada

y que puedo truncar una iniciativa excelente

simplemente porque no he sido capaz de apreciarla.

- ¿Está dispuesta a votar a favor de la colección? - Naturalmente,

siempre y cuando tú respondas a mi apuesta como creo que me merezco.

Claro.

Cambia el reparto de las acciones, Alberto,

de modo que yo quede con la mayoría, y entonces te doy mi palabra

de que la colección de de la Riva verá la luz.

¿Quieres que te regale la empresa?

Yo lo veo más como una restitución que como un regalo.

Sea lo que sea, no va a suceder, Gloria.

[amenazante]: Bien. En ese caso, atente a las consecuencias.

Todos sabéis por qué estamos aquí.

Se trata de decidir si la colección de Raúl saldrá a la venta o no.

No perdamos más el tiempo: mi voto es que sí.

Gloria.

Yo voto en contra.

Mi voto es no.

Gerardo.

Sé que tenéis muchas esperanzas puestas en esta colección,

y sé que, dadas las circunstancias, mi voto es decisivo.

Pero yo debo votar en conciencia.

No.

Algún día entenderéis que hoy enterramos estas galerías.

Yo aún no he votado.

- No te ofendas, Patricia. [grita]: No me ofendas tú, Alberto.

Tengo derecho a votar, como los demás.

La niña tiene razón, las formas son las formas.

- Gracias, madre. - Mi voto es sí.

Hagamos una pausa.

- Necesito hablar con Patricia a solas. [tajante]: No, ya está decidido.

He visto la colección de de la Riva y es fabulosa.

Es algo distinto,

algo que yo compraría, que mis amigas comprarían.

Bueno, pues ha habido un imprevisto,

un empate.

En caso de empate, el voto de calidad le corresponde al director de las galerías.

O sea, a mí.

Y yo decido que la colección de Raúl salga a la venta.

[contento]: Muchas gracias.

Lo que es justo es justo.

Solo espero que tengáis razón

porque, si no, no habrá quien salve estas galerías.

Muchas gracias, Patricia. Para mí es importante que me apoyes en estos momentos.

Lo sé, y por eso lo he hecho.

Por eso y porque creo en tu proyecto, Alberto.

Hoy me lo has demostrado.

Hoy y ayer y antes de ayer.

Llevo semanas siendo la dependienta que más vende.

Me gustaría que te dieses cuenta de que me importan las galerías lo mismo que a ti

y que puedo serte de ayuda.

Entendido.

[se oye un trueno lejano]

[cura 1]: Padre nuestro que estás en los cielos,

santificado sea tu nombre,

venga a nosotros tu reino y hágase tu voluntad

así en la tierra como en el cielo.

El pan nuestro de cada día, dánosle hoy

y perdona nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores.

No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

[Luisa llora]: No puedo vivir sin ti.

[Luisa grita desconsolada]: No quiero vivir sin ti.

[Luisa llora]

[Luisa llora desconsolada]

Quiero tener un hijo.

Bueno uno,

o dos, o tres mocosos que anden por ahí

corriendo y hablando sin parar.

Y comiendo churros también.

Y si son gordos pues que lo sean.

Total, qué importancia tiene eso, ¿verdad?

[llora]: Y el libro de economía doméstica no me lo mandó mi madre, Ana.

Me lo compré yo. Y yo... yo que sé por qué.

Yo qué sé por qué y sé que no es el momento más oportuno para hablar de esto,

pero nunca he sido yo muy oportuna de todas maneras.

Porque... entre lo de Manolito y lo de Luisa,

que me he dado cuenta de que la vida puede ser horrorosa

porque el que encuentra algo,

lo pierde y...

Y el que no lo tiene, no lo valora,

y el que lo tiene pues...

Y además que...

me he dado cuenta de que ya no va a pasar.

No tiene por qué ser así, Rita.

A la gente como nosotros la vida no suele sorprendernos para bien.

Ya lo ves.

[timbre del ascensor]

[Clara ríe]

[Clara]: Me lo pasé muy bien anoche. [Mateo]: Yo también.

[Mateo]: ¿Cuándo nos volveremos a ver?

[Clara]: Me estás viendo ahora, ¿no?

[suena canción de jazz triste]

[continúa canción de jazz triste]

[Ana]: Mi madre se murió cuando yo tenía ocho años.

Pensaba que lo peor que te puede pasar es que se muera la persona que más quieres.

Y es verdad, es lo peor que te puede pasar.

Pero también puedes salir adelante.

Lo sé.

Tienes mucha gente que te quiere, Luisa.

Haré que el culpable pague por lo que ha hecho.

No hay culpable, Luisa.

Juan estaba enfermo.

[continúa canción de jazz triste]

Espero que algún día puedas perdonarme.

Ojalá pudiera cambiar las cosas.

Usted misma lo ha dicho: no se puede cambiar.

Hizo lo que hizo y ya nada tiene remedio.

Pero es mi madre.

Y seguirá siéndolo cometa los errores que cometa.

Ya.

¡Mamá, por favor!

[Patricia grita]: ¡Mamá, por favor, no puedes echarme de casa!

Es su hija, señora.

¿Le has sacado las maletas en la puerta?

- Sí. Tal y como lo ordenó. - ¡Mamá!

Que no entre. No quiero verla.

¡Mamá, por favor, vamos a hablar!

Ah, y hoy cenaré temprano, Elvira. Gracias.

[grita]: Mamá.

Sí, señora.

[grita]: ¡Mamá!

[grita]: ¡Mamá, por favor!

Hola.

No voy a seguir esperando.

¿Y lo que tenías que pensar?

Tú querías una respuesta y ya la tengo.

¿Y cuál es?

Aquí no, ven.

[suena música romántica]

- ¿Por qué me has traído aquí? - Espera.

- Alberto... - Quiero darte la respuesta que te importa.

¿Qué sientes por ella?

Que me podría enamorar de ella,

si no te hubiese conocido a ti, Ana.

Hoy, en el cementerio, cuando he oído a Luisa hablar,

era como si me estuviese oyendo a mí mismo.

Yo ya no puedo vivir sin ti, Ana.

Ya no.

Por eso te he traído aquí. Porque quiero darte la respuesta.

Ya me la has dado.

No.

Todavía no. Espera.

Cierra los ojos.

No los abras, por favor.

[suena canción romántica]

[Alberto ríe]

[continúa canción romántica]

- ¡Qué bonito! [Rita]: ¿Sí? Gracias.

Me encanta, Rita...

Te lo podía haber hecho yo.

Seguro que habría sido mejor...

- ¿Estás seguro de lo que vas a hacer? - Sí.

¿Lo has pensado bien?

Llevo doce años pensándolo, Mateo.

Sabes que, si esto se descubre, se acabó Velvet.

- No lo sabrá nadie. ¿Tienes los anillos? - ¿Qué anillos?

- Te los he dado. [grita]: ¿A mí?

[grita]: Te los di antes de salir. - Que sí, tranquilo...

[continúa canción romántica]

[llora]: Estás preciosa. - Gracias.

Ay, no sé, Rita.

No me había imaginado nunca este día así.

Anda. Si te cuento yo cómo me había imaginado mi vida.

Ni te lo crees.

[emocionada]: Me imaginaba con mi tío llegando al altar y con vosotras allí.

[acaba canción romántica]

- Están tardando mucho, ¿no? - No.

¿Estás nervioso?

- Un poco. - Ya se te pasará.

Oye, ¿por qué no vas y hablas con ella?

[suena canción romántica de los 50]

[continúa canción romántica de los 50]

[continúa canción romántica de los 50]

[cura 2]: Alberto, ¿quieres a Ana como esposa

y al aceptarla te comprometes a honrarla

en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad,

todos los días de tu vida?

Sí, quiero.

Ana, ¿quieres a Alberto como esposo y al aceptarlo

te comprometes a honrarlo en la riqueza y en la pobreza,

en la salud y en la enfermedad,

todos los días de tu vida?

Ana, ¿quieres a Alberto como esposo y al aceptarlo

te comprometes a honrarlo en la riqueza y en la pobreza,

en la salud y en la enfermedad, todos los días de tu vida?

No.

Alberto, yo te quiero, pero no así.

[continúa canción romántica de los 50]

[continúa canción romántica de los 50]

[acaba canción romántica de los 50]

[Rita]: Dime por qué estamos aquí y no en la iglesia dando el sí quiero.

- Rita, para, Rita - ¿Qué?

Rita, es Alberto, ¿no lo ves?

[Alberto]: Siento que todo fue un error desde el principio.

[Mateo]: Si oigo una queja más, te dejaría plantado en el altar.

Si algún día me caso con él quiero que sea porque me quiere,

porque nos queremos y queremos celebrarlo con los nuestros.

Quiero que sea el mejor día de mi vida, sin tener que casarme como a escondidas.

No quiero pasarme la vida así, como si hiciese algo malo, Rita.

¿Sales con Mateo?

[Mateo]: ¿Pedro lo sabe? - Sí.

Ahora ya puedo contarlo.

¿Y qué vas a contar, Clara? Somos dos personas que se gustan y disfrutan con la compañía del otro.

Ahora si me disculpas.

Me alegra que no te hayas marchado.

Y estoy segura de que no soy la única que se alegra.

Max. ¿Quieres que salgamos esta noche a celebrar lo del desfile?

Lo siento, Carmen, no es buena idea.

Estoy enamorado de otra persona.

Señorita Cristina, ¿le importaría llevarle a Alberto un sobre?

Las cosas se demuestran con hechos.

Desde que llegué de Londres, te he demostrado lo mucho que me importas.

Y tú no has hecho nada. ¿Qué has hecho tú, Ana?

[Ana]: Llevamos mucho tiempo esperando este día.

Después del desfile se acaba todo.

Para mí se terminó cuando saliste por aquella puerta.

[Alberto]: Haz el favor y sal de mi despacho.

Pensé que a lo mejor te hacía ilusión verme a pesar de ese novio tuyo.

- ¿O ya no tienes novio? - No vamos a descoser

ni un solo punto de este vestido.

Necesitamos una maniquí con esta constitución.

Yo la tengo.

- ¿Quién? - Quizás no lo sepan, pero hoy es muy importante.

Por eso necesito que pongan el 150 por ciento, no, el 200.

Porque su futuro está en esto que están cosiendo.

Por eso necesito que pongan el corazón en cada hilvanada,

que me demuestren que no me equivoqué cuando elegí este taller para trabajar.

Yo no he criado a una mujer que se deje vencer así como así.

[Emilio]: Lo que tengas que hacer, hazlo.

[Gerardo]: "Alberto, perdóname. No puedes dejar que lo nuestro se acabe así.

Tenemos que hablar. Te quiero".

Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.