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¿Qué has descubierto?
Llevaba usted razón, madre.
Sigue con Ana, les he visto besarse antes.
Cree que mi madre le pagará bien por esas fotografías, pero lo cierto es que no lo hará.
Si su madre no me paga
ya encontraré quién me compre las fotografías.
Bueno, pues ya la ha encontrado.
Tu marido tiene una cama en el hospital gracias a mí.
Y yo se lo agradezco.
Si quieres que tu marido siga allí,
ven a verme a esta dirección.
Si no vienes, todo lo que tienes que hacer es
renunciar a lo que te he proporcionado.
Tú decides.
- No quiero esperar más. - Es demasiado pronto.
Imagínate que descubre que solo eres
un farsante que ha venido a llevarse su dinero.
Mañana.
Si no pago toda la deuda van a matarme.
¿Cuándo vuelven a por el dinero?
- Mañana. - Bien, me encargaré de todo.
Yo nunca había mentido a Pedro.
No lo había engañado en la vida, se lo juro.
Lucrecia, ella es Clara, mi secretaria.
- ¿Por qué me quieres, Pedro? - Eso no se elije.
Eso se siente y ya.
No sé si hice bien la otra noche.
- ¿Por qué dices eso? - Pues porque si Pedro fuera el hombre
de mi vida, ya lo tendría que ver más claro que nunca.
Lástima de ese novio suyo.
Le voy a pedir que se case conmigo.
No, no, te estás precipitando.
No, no, que son seis años. Es el momento justo.
Ha venido un hombre a hablar conmigo.
Sabe lo de Cuba, señora.
Le aconsejo que siga el ejemplo
del difunto Rafael.
Con esto,
será suficiente para no tener que verme nunca más.
Está todo, puede contarlo.
- Y ahora haga el favor de no volver por aquí. - ¿O qué?
Que no, don Francisco. Se lo digo por favor, que no.
- Doña Blanca. - Quiero que diseñe la nueva
colección para Galerías Velvet.
Mañana, don Alberto Márquez y el señor de la Riva viajarán a París.
Adquirirán las telas con las que confeccionaremos los modelos de la nueva colección.
Como asistente del señor de la Riva,
tendrá que viajar con don Alberto y con él a París.
Por cierto, vas a tener que prescindir
de ella hasta el viernes porque me la llevo a París.
- ¿Qué? - Le dije que estaba buscando
una tela especial para Cristina
y que quería ir a París a encontrarla
y quién mejor que tú para ayudarme.
Y lo mejor de todo es que ha dicho que sí y que todo el mundo piensa
que es cosa suya.
Yo estoy fuera de peligro.
Hola, Clara.
Te quería pedir un favor.
Es para darle una sorpresa a Alberto.
Llama a la agencia y que te digan
cuál es el primer vuelo que sale a París esta noche.
- Muy bien. - Y si llama Alberto,
ni una palabra.
[campanas sonando]
[Ana] ¿Qué te parece, Rita?
Chica, desde que hemos llegado pareces otra.
Es que soy otra, ¿no has oído a la de recepción?
Ana Guivega ha llegado a París...
¿No tienes la sensación de que va a ser el mejor fin de semana de nuestra vida?
Si os parece bien,
quedamos aquí dentro de veinte minutos
porque os voy a llevar a cenar a mi lugar favorito de mi ciudad favorita.
[Alberto] Me vas a disculpar pero no me encuentro bien.
Creo que he cogido frío en el avión.
Me quedaré en la habitación.
Pues vaya compañero de viaje, ¿las señoritas?
Hombre, yo he venido a París
a trabajar, no a hacer turismo pero, bueno, si hay que hacerlo pues se hace.
- ¿Ana? - Yo es que estoy un poquito cansada,
así que me quedaré aquí.
Rita, hemos pinchado en hueso, solo quedamos tu y yo.
Bueno, pues...
París la nuit , ¿no?
En veinte minutos aquí.
Que ya voy subiendo las escaleras.
Pues parece que me encuentro mucho mejor, ¿eh?
Por cierto,
he reservado una mesa para dos en el mejor restaurante de París.
Te lo digo por si cambias de opinión.
Bueno, igual me animo.
Entonces, ¿te paso a buscar en media hora?
En veinte minutos.
[botones] Et voilá, demoiselle ...
Merci, garçon.
Mucho gusto, Garzón. Yo me llamo Rita.
Mira, Rita.
¿No te parece la ciudad más romántica del mundo?
Hace quince años Alberto y yo soñábamos
con estar aquí juntos y ahora estamos por fin. Es que no me lo puedo creer.
- Ahora vengo. - ¿Dónde vas?
Un momento abajo, a hacer una llamada.
Pero si hay teléfono aquí en la habitación.
No, no. A saber lo que cuesta llamar desde el cuarto.
No, no. Mejor abajo, ¿vale?
- ¿Y a quién vas a llamar? - No te lo digo, que me vas a decir que no llame.
Rita.
Rita.
Pedro quiere pedirle a mi hermana que se case con él.
¿Y tú se lo quieres quitar de la cabeza?
Pero si eso ya lo he intentado,
yo lo que quiero es hablar con mi hermana para prevenirla.
Rita, que estamos en París.
Olvídate de Clara, de Pedro, de Madrid,
de todos. Vive tu vida.
Vamos a arreglarnos, que hoy tenemos unas citas.
¿Citas?
Ay, Dios mío. Que voy a pasar toda la noche con el señor de la Riva.
Y sola. Pero ¿yo de que hablo con ese señor?
Mira que tienes tú problemas tú para hablar.
Y encima con vino, que seguro que va a pedir vino. Que a mi enseguida
me achispa y se me va la cabeza.
Voy a meter la pata, Ana.
¿Y si me da por llamar a Pedro, qué?
Hija, qué pesada eres con Pedro, de verdad.
[silba]
Clara Montesinos Martín.
No, Clara.
Clara, ¿te puedo pedir matrimonio?
No, así tampoco.
Clara, ¿si te pido que te cases conmigo?
Clara,
- ¿te quieres casar conmigo? - ¿Estás rezando, Pedro?
Perdón, perdón. Me he tropezado, me he tropezado,
aunque, bueno, realmente, si lo piensas,
pedirle ayuda a Dios nunca viene mal,
porque nunca sabes cuando le vas a necesitar.
Ay.
Estaba ensayando.
Pero, por favor, no se lo diga a nadie, ¿eh?
¿Vas a pedírselo?
Esta noche.
- ¿Y ella lo sabe? - No. No, es una sorpresa.
Estoy deseando ver la cara que va a poner, ¿eh?
Pues, nada, Pedro, mucha suerte.
Bueno, no creo que la necesite tampoco,
que llevamos muchos años juntos.
Sería muy mala suerte que me dijese que no, ¿no?
[ríen]
Muy mala suerte o muy mal momento. Con las mujeres nunca se sabe, Pedro.
- ¿Cómo? - Nada.
[timbre del ascensor]
[Pedro] ¿Ya has terminado?
No, todavía me quedan cinco minutos.
Vale, pues te espero.
Bueno, si quieres te ayudo porque las amarillas...
Pedro, al final me vas a acabar poniendo nerviosa.
Perdón, es que estoy un poco nervioso yo también.
¿Y por qué?
Bueno, ya lo verás.
Don Mateo, disculpe.
Si no me necesita, yo ya me voy.
No, no. No quiero entretenerte en un día tan importante para ti.
¿Importante por qué? Solo voy a cenar con mi...
Sí, sí, algo me ha contado Pedro en el ascensor.
¿Que Pedro le ha contado que hoy es un día muy importante?
Sí, pero en cualquier caso, es algo entre tú y él.
Sospecho que esta noche saldrás de dudas.
Tampoco creo que te cueste mucho imaginar lo que va a pedirte, ¿no?
- Ya. - Tendrás que darle una respuesta.
Lo cierto es que yo también quería preguntarte algo,
"Clara con más experiencia de la que parece".
¿Qué te sugiere la idea de pasar más tiempo conmigo?
¿No cree que diez horas al día es más que suficiente?
He querido decir fuera del trabajo.
Yo no soy una cualquiera.
Esto no se lo propondría a una cualquiera.
¿Y por qué habría de importarle lo que pase entre mi novio y yo?
Bastante más de lo que crees.
Usted está jugando conmigo.
¿Desde cuándo hemos dejado de tutearnos, Clara?
¿Cómo crees que me sentí el otro día cuando me hiciste creer que íbamos
- a cenar los dos y luego...? - Y luego, ¿qué? ¿Me fui con Lucrecia?
- Sí. - ¿Y cómo crees que me sentí antes,
cuando descubrí que tenías novio
y no precisamente porque me lo contaras?
[Pedro] Ay va, perdón, perdón.
Perdón, perdón.
¿Has terminado ya?
Pues creo que no voy a poder ir, Pedro.
Don Mateo quiere que me quede hasta más tarde
porque quiere que archivemos toda la correspondencia que hay pendiente.
No se preocupe, Clara,
no se va a acabar el mundo porque esas cartas esperen un día más,
¿verdad, Pedro?
Buenas noches a los dos.
- Muchísimas gracias, don Mateo. - Sí,
muchísimas gracias.
[Pedro ríe]
¿A primera hora de la mañana?
A primera hora, sí,
tengo un asunto personal que atender,
así que le rogaría que si tiene alguna urgencia,
hable con Mercedes.
Ella quedará a cargo en mi ausencia.
Perfectamente. Y espero que ese asunto personal
no sea nada importante.
Muchas gracias, don Emilio.
[máquinas de coser funcionando]
Doña Blanca, me gustaría explicarle lo que ha visto antes en el probador.
¿Le he pedido yo alguna explicación?
No, pero
me gustaría dársela.
No quiero que piense que soy una cualquiera, le juro que no lo soy.
La eché de este taller por robar
y si la readmití fue solamente por orden expresa de don Mateo.
Y para atender a don Francisco.
Cómo lo haga es cosa suya.
[máquinas de coser funcionando]
Apaguen las luces.
¡Las luces!
Por favor, atentos.
Escúchenme un momento, por favor.
Hagan el favor.
Como ya les he comunicado al resto de sus compañeros,
la joya desaparecida ha regresado a su lugar.
Bien. Dije que de ser así
no tomaría represalias y voy a cumplir mi palabra.
Eso no significa que tengan ustedes mi confianza.
La han perdido.
Y les aseguro que van a necesitar
mucho tiempo para recuperarla.
Mientras tanto no esperen recibir
el mismo trato de antes.
Confío en que tengan claro que para continuar
en este trabajo es necesario cumplir
con un mínimo de ventas
y que el que no lo consiga
puede considerarse despedido. Buenas noches.
Es una suerte que haya aparecido el collar, ¿no?
Así no tendremos que pagarlo.
Así, podrás seguir juntando
tus ahorros para separarte de tu madre.
Lo dices como si fuera algo malo.
Cuando has crecido sin una madre es difícil entender a alguien que quiere alejarse de ella.
Pues yo tampoco entiendo que alguien que tiene un buen trabajo
lo ponga en peligro robando.
Pero supongo que tendrá una buena razón.
Crees que he sido yo el que se ha llevado el collar.
Te vi mirándolo.
¿Y por qué no dijiste nada, entonces?
[susurra] Porque no soy una chivata.
[Max] Sí.
Lo tengo todo preparado.
Le dije que necesitaba el dinero por la mañana así que me imagino que irá al banco a primera hora.
Bien.
Nos vemos allí.
Perdona, estaba buscando a Pedro.
Pedro Infantes.
Trabaja aquí, creo que es recadero.
Sí, sí, Pedro. Creo que se ha marchado ya.
¿Pepita, has visto a Pedro?
Sí. Se fue con Clara al Pausa.
Lo siento.
¿El Pausa?
Si, un bar que hay aquí al lado.
Si quieres te indico.
Pues si me haces ese favor.
Uy, esto está muy muerto hoy,
¿eh, Pedro? Yo creo que no ha sido una buena idea venir.
Pero, mujer, es muy pronto aún. Verás cómo luego se anima.
Y, si no, mejor, ¿eh? Porque así tenemos más tiempo para ti,
y para mí.
Voy un momento al tocador.
Vale.
Juan,
en cuanto salga mi novia del baño empiezas a tocar la canción que te dije, ¿vale?
Esteban,
en cuanto Juan empiece con la canción,
sacas las dos copas de champán junto con el anillo.
Ten cuidado, por favor, que me ha costado un ojo de la cara, ¿vale? Vale.
Clara,
- ¿te quieres casar conmigo? Clara. - Pedro.
¿Qué?
¿Rosa María?
Rosa María. ¿Qué haces aquí? ¿Pero tú no seguías en el pueblo?
He venido a buscarte. Tenemos que hablar.
Bueno. Hablamos otro día, de verdad, que yo tengo muchas
cosas que hacer. Está Clara, mi novia.
Sabes que tengo novia, ¿no?
Sí, sí, ya sé, Pedro, pero es que es importante.
Pero ¿podemos hablarlo otro día, por favor? Es que hoy no podemos.
Yo me alegro de que todo te vaya muy bien pero es que
va a salir Clara del baño y yo tengo aquí un...
Se llama Manolito.
- Muy bien. - Es mi hijo.
Bueno, mi hijo y el tuyo.
¿Mi hijo?
No, no.
No puede ser. No puede ser. Solo lo hicimos una vez tú y yo.
Ya ves que bastó con una vez.
¿Has visto como se parece a ti?
Clara.
Mi canción favorita.
¿Rosa María?
Pero chica, ¿qué haces tú aquí?
El mundo, que es un pañuelo,
- ¿no dicen eso? - Sí, eso dicen.
Bueno yo ya me voy.
No, no, no mujer,
para un día que nos vemos, ¿verdad, Pedro?
Sí,
pero a lo mejor tiene muchas cosas que hacer Rosa María en el pueblo, ¿no?
Tú no le hagas ni caso. Tú te quedas.
Dime, ¿qué quieres tomar?
Nada, nada. De verdad.
Que sí, mujer, yo invito.
¿Un vermú con agua de sheltz?
Por favor, dos vermús con sheltz
y para mí un Manhattan.
[Pedro ríe incómodo]
[Cristina] Por si tienes tiempo te dejo una guía de mi París.
Cristina.
Ya estoy.
¿Y toda esta gente?
Quiero que todo Paris sepa que existes.
Estás loco, Alberto, para.
[hablando en francés]
- ¿Qué has dicho? - [Pedro hablando en francés]
Que te quiero.
[Ana] Todavía no me puedo creer que estemos aquí, Alberto.
¿Tú sabes la cantidad de veces me soñé con este momento?
[maître se aclara la garganta]
¿Estaba todo a su gusto, señora?
Tout est parfait, merci.
Merci.
Si sigues hablando en francés me voy a volver loco.
Mon amour.
¿Cómo?
Mon amour.
Alberto.
Coco Chanel.
- De verdad, te juro que era ella. - Pero si es imposible.
Lo que faltaba para una noche perfecta.
Así que yo preparando toda la noche,
aparece una mujer que se parece a Coco Chanel,
- ¿y la convierte en la noche perfecta? - No, no, no, que se parece no, que era ella.
Qué injusta es la vida.
El final perfecto de una noche perfecta.
¿El final?
Te voy a sacar a bailar.
¿Aquí?
[suena música de acordeón]
[Alberto] ¿Has visto qué canción está tocando?
Ojalá todos los días de mi vida fueran así.
Lo serán...
...te lo prometo.
En cinco minutos nos cierran la puerta así que tenemos que irnos.
Me ha alegrado mucho verte.
Y a mí verte a ti.
- Hasta otra. - Sí, ya sabes dónde estoy.
¿Vamos?
Sí.
Nos vemos mañana.
A las diez de la noche en el Retiro.
Bueno.
Qué prisa te ha entrado ahora, Clara.
No me voy a quedar de cháchara con Rosa María, como comprenderás.
Has sido tú la que ha insistido para que se quedara.
Visto lo visto.
Habías dicho que iba a ser una noche especial,
que no digo que haya sido corriente, pero vamos.
Bueno.
Buenas noches, Pedro.
Bue...
Perdón, perdón.
¿No cree que es hora de dormir?
Yo podría decirle lo mismo, don Emilio.
Podría si no fuese porque
hay algunas diferencias significativas
entre usted y yo.
Una de ellas es que yo soy viejo, ¿sabe?
Y con la edad uno necesita menos horas de sueño.
Ya lo irá aprendiendo.
¿Cuánto tiempo lleva trabajando aquí?
Treinta años y casi tres meses.
Desde que se abrió el negocio,
allá por el año veintiocho.
Eso es mucho tiempo.
Otra diferencia significativa.
Usted y doña Blanca llevan aquí desde el principio.
No. Doña Blanca llegó un poco más tarde,
y en el treinta y cinco estuvo un tiempo fuera preparándose.
Como deberían hacer todos nuestros empleados.
Treinta años y un solo trabajo.
Y yo me he cambiado cinco en este último año.
No importa el número, lo importante es el motivo.
Tal vez no había encontrado el lugar donde quedarse.
¿Y cree que es este?
Dígamelo usted.
Es usted un buen vendedor,
un poco descarado pero eso
se corrige si es esta vida la que quiere.
Piénselo.
Hay decisiones
que nos acompañan para siempre.
Y ahora váyase a dormir.
Buenas noches, don Emilio.
[puerta chirría]
[doña Gloria] Patricia.
Parece que hoy no tenías mucha prisa en llegar a casa, ¿no?
Soy dependienta, madre.
Estaba trabajando.
No. Y yo me alegro mucho de que te tomes tan en serio tu trabajo.
¿Sabes por qué, hija?
Porque llevo muchos años pendiente de que des los pasos adecuados
en el momento adecuado.
[ríe]
¿Sabe qué pasa, madre?
Que, por mal que le parezca, mis pasos, los doy yo.
A mis espaldas.
Ya me he enterado de eso.
¿Sabes lo que hay aquí, hija?
Las fotografías de tu hermano besándose con la costurera.
Las mismas que has intentado comprar
a mis espaldas.
No se haga la ofendida, madre.
Usted nunca confió en mí.
Además, no debería extrañarle que intente conseguir lo que quiero por mi cuenta.
Ya sabe lo que dicen:
- "De tal palo..." - Cállate.
Ni tú ni tu hermano merecéis ocupar el sitio de tu padre
y si él estuviera vivo y pudiera ver este espectáculo,
me daría la razón.
[doña Gloria suspira]
Cuando tu hermano vuelva de Paris
ya dará cuenta de sus errores.
Buenas noches.
[ríe]
¿Cuánto llevas ahí?
Un rato.
No sabía que roncabas.
Yo no ronco.
Un poco.
Un poquito. Es un ruido así, muy...
- No. - No.
¿Dónde vas?¿Dónde vas?
¿A ducharme? ¿A vestirme? ¿A trabajar?
Eso será después de cinco minutos más en la cama.
Llevo toda la mañana preparando el desayuno.
Sí, claro.
Bueno, pues si es por el desayuno, me quedo, que tengo un hambre.
- ¿Solo por eso? - Sí.
Desde luego.
Que no, que je voudrais
"poné"
"une conferans" a Madrid, Espagne .
Oui , a Galerías Velvet,
¿Sí?
a la "nom" de "Pedró".
Rita,
¿qué pasa? ¿Tanto te aburres en París?
Qué dices, si esto es un no parar.
Pero, como ayer me contaste lo de...
Bueno, ya sabes.
Pues tenía curiosidad por saber cómo había ido todo.
Anoche al final no pasó nada.
Pero ¿le pediste matrimonio?
Qué va, mujer. Se torció la cosa.
Si te cuento, no te lo vas a creer.
Pues nada, no te lo cuento.
[Cristina] Rita.
Si eso no es una cara de sorpresa, que venga Dios y lo vea.
Es que verla a usted aquí, en París, no...
No me lo esperaba.
Yo también me alegro de verte, Rita.
¿Sabes cuál es la habitación de Alberto?
No, no. Yo no me sé ni la mía.
Excusez moi.
dans quelle chambre s'alloge Alberto Marquez?
Señorita...
...su desayuno.
[Alberto] Bonjour.
¿Qué pasa?
Lo peor.
Lo peor. ¿Dónde están tus cosas?
¿Dónde están? ¡Ven conmigo!
¿A dónde?¿A dónde?
- No entiendo nada, ¿qué pasa? - Ven ya, hombre.
¿Me vas a decir lo que pasa?
Que está aquí, es lo que pasa.
Que está aquí, ¿quién?
Sorpresa.
Quería darte una sorpresa pero...
Pensaba que ya estarías listo.
Me iba a duchar ahora. Empezamos a trabajar en treinta minutos.
Pasa, pasa, por favor.
Tardo cinco minutos.
Rita, es que no me lo puedo creer. Toda la vida soñando en estar con él en esta ciudad
y precisamente tiene que aparecer ella.
Lo importante es que él a quien quiere es a ti.
Ya, pero este va a pasar de ser el viaje de nuestra vida
a ser el viaje en el que apareció ella.
Bueno, piensa que hoy, a solas a solas,
como que no ibais a estar. Como que igual se te ha olvidado, pero
tenemos que recorrer todos los almacenes textiles de París.
Pero cómo se me va a olvidar.
Qué hago yo en Paris si no es elegir la tela del vestido de novia de la señorita Otegui.
Y ya estás tardando.
- ¡Rita! - Hoy doña Rita.
Asistente principal del diseñador de la Riva.
Una noche en París y qué aires te das ya, ¿no?
Una noche, pero no sabes qué noche. No te la cuento ahora porque no es momento.
Pero dice Raúl que una semana más
y aprendo francés como el mismísimo Victor Hugo.
Que no sé quién será pero será alguien muy importante, digo yo.
Venga, deja de pensar en Cristina.
Que seguro que Alberto se las ingenia para que estéis juntos.
Vamos.
Han traído un desayuno para dos.
- Da gracias, ayer me trajeron una cena para tres. - [Cristina ríe]
Mi francés que está oxidado y da de sí lo que da de sí.
Al final me acaban trayendo cualquier cosa.
Bueno, al fin y al cabo es un desayuno para dos.
¿Qué suerte, no?
¿Desayunamos?
Mais oui.
Ha madrugado, madre.
Ayer te dije que iba ayudarte.
Toma.
Son los ahorros de veinte años de trabajo.
Espero que entiendas el valor que tiene este dinero.
Lo entiendo.
Siempre creí que servirían para algo de provecho.
Y quiero pensar que es así.
Si va a hacer que dejes atrás la vida que llevabas.
No sé qué es lo que has hecho
para que te reclamen ese dinero,
pero de alguna manera me siento responsable.
No ha sido culpa suya.
No has tenido la educación
ni las posibilidades que ha tenido tu hermana.
Ni a una madre.
Pero hay veces en la vida, en que uno no tiene elección.
Créame que lo sé.
¿Qué está haciendo?
¿Ibas a marcharte sin decírmelo?
Necesito estar lejos de esa gente.
Y lejos de mí.
Puedes marcharte todo lo lejos que quieras,
pero los problemas no desaparecen por mucho que huyas.
Simplemente te siguen.
Sí, le repito.
Veintiséis,
cinco, siete,
cincuenta y ocho.
Pues espero su llamada.
Buenos días, "Clara con experiencia".
Buenos días, don Mateo.
Veo que aún no te lo ha pedido.
O eso o es que le has dicho que no.
Eso es asunto mío.
- Pero no, no me lo ha pedido. - Qué raro.
Si no es mucha curiosidad, ¿qué le habrías contestado?
Es que es mucha curiosidad.
¿No me habrás mentido?
¿Yo? ¿Por qué iba a hacer eso?
Pues porque acabas de demostrarme
que querías saber lo que le iba a decir.
¿Y a mí nadie me ha pedido matrimonio?
Ayer encontré a Pedro en el ascensor
con la rodilla hincada en el suelo.
Pero si no me crees lo tienes bien fácil para comprobarlo.
Aún debe tener el anillo.
Y yo tengo mucho trabajo que hacer.
Así que, cuando esté el listado de ventas de este mes,
- haz que me lo traigan al despacho. - Muy bien.
Gracias.
[Pedro] Clara,
¿qué haces aquí?
Te estaba esperando
porque de repente parece que voy a tener
una pila de trabajo que no vamos a poder quedar.
Ah, bueno. No pasa nada.
¿No te molesta?
No.
Hay veces que surgen cosas en la vida, ¿no?
Y más en la vida de una pareja sobre todo.
Porque una pareja tiene que ser
muy comprensiva.
Hay veces que piensas que no va a pasar
pero...
Ojo, que pasa.
Sí, entonces, te parece bien. Perfecto.
Es que yo pensaba que te ibas a enfurruñar.
- ¿Por? - Porque como decías que
la cena iba a ser tan especial
y de repente apareció Rosa María...
Sí, pero apareció Rosa María,
y...
Tampoco era tan especial, la noche.
¿Ah, no?
- No. - ¿No?
Una noche más en el Pausa.
Bueno pues entonces, nada.
- Perfecto. - Sí.
- Perfecto. - Perfecto, claro.
- Sí. Ya está todo hablado, ¿no? Pues muy bien. - Todo, todo.
Pues nada, yo me voy, que tengo mucho trabajo.
Vale, muy bien.
Está todo hablado.
Todo, todo, todo.
Salvo que tengo un hijo.
¿No te lo había dicho?
Sí, sí. Yo tampoco lo sabía. Siete años, Manolito.
Yo te quiero mucho, Clara.
Y yo me quiero casar contigo. Espero que no te moleste que tenga un hijo.
Pero ¿cómo no le va a molestar que tenga un hijo, Pedro, por el amor de Dios bendito?
[Max] Un café.
¿Dónde te habías metido? Llevo más de una hora esperando.
No quería que me vieran salir.
¿Traes el dinero?
La mitad de lo que Blanca tenía en su cartilla.
Tu parte.
¿Qué vas a hacer con ello?
Irme todo lo lejos que pueda.
A América.
Puedes venir conmigo.
No.
¿Y qué vas a hacer aquí?
Empezar de cero.
Espérame fuera. Voy a hacer una llamada y nos marchamos.
¿Puede cambiarme?
La cartera, la tenía aquí en el bolsillo. Me la han robado.
Ha sido él. Me ha robado la cartera.
¡Cierra la puerta!
- Despacito. - Quieto.
Le digo que yo no he hecho nada.
[policía] Ha sido denunciado por el robo de cinco mil pesetas.
Yo no he robado nada.
[diálogos ininteligibles]
[crujido de billetes]
Supongo que podrá explicar de dónde ha sacado todo este dinero.
Y el billete de tren que va con él.
Llévenselo.
¡Te arrepentirás! ¿Me oyes?
¡Te arrepentirás!
Acérquese usted.
Ha tenido suerte de darse cuenta.
Es mucho dinero.
Sí. Los ahorros de mi madre,
veinte años de trabajo.
Tendrá que venir a comisaría a poner la denuncia.
Sí, por supuesto.
[diálogo ininteligible]
Ay, no lo sé, Rita de verdad.
Rita, Ana. ¿Qué tal?
Muy bien, señorita Cristina.
Qué sorpresa. No esperaba verla aquí.
Bueno, es que, he pensado que era un viaje muy importante
y que Alberto necesitaba mi apoyo.
No, en realidad he pensado en mí.
Porque una noche en París con Alberto
me parece el plan más romántico del mundo.
He reservado mesa en Le Petit Pois.
Me han dicho que Coco Chanel es habitual. ¿Os imagináis
que nos encontramos con ella?
¿Y vosotras qué tal?
- ¿Habéis podido...? - ¿Listas señoritas?
Espero que estén preparadas para lo que hoy van a ver.
Sobre todo si son creyentes
porque las telas que les esperan
son pecado mortal.
Doña Rita.
Señor de la Riva.
[ríen]
[máquinas de coser funcionando]
[doña Blanca] Luisa, deje lo que estás haciendo.
Doña Cayetana y su esposo la esperan en el probador.
No me encuentro bien.
¿Podría mandar a otra?
Sabe muy bien que esos señores siempre la reclaman.
Vamos, suba.
[doña Blanca] Este es el encargo de doña Ángela, ¿verdad?
- Sí. - En cuanto esté listo, me lo entrega.
[Luisa grita]
¿Qué le ha pasado?
Me he caído.
Pero ¿cómo ha podido hacerse esto?
No lo sé, me he cortado.
Consuelo, suba usted al probador a atender a doña Cayetana.
Venga conmigo,
rápido. Ay, Dios.
Esto no es de recibo, Cayetana. Es lo único que he dicho.
¿Y qué culpa tiene esta muchacha, Francisco?
¿Puedo servirles en algo?
¿Por qué no está aquí Luisa?
Luisa ha sufrido un pequeño accidente.
Un corte, pero pueden estar tranquilos.
Consuelo está perfectamente capacitada para completar las composturas.
Tendrá que estar acabado esta misma noche, aunque sea a última hora.
El bautizo es mañana.
Consuelo lo acabará, no se preocupe.
Y ahora, si me disculpa.
Doña Blanca.
Y Luisa nos lo entregará a última hora,
cuando vengamos a recogerlo.
Luisa ha tenido un accidente,
y no va a poder ocuparse de esto.
Creo que no me ha entendido bien.
Eso no es lo que yo he hablado con don Mateo.
Le he entendido perfectamente, don Francisco.
Me parece que es usted el que no me está entendiendo a mí.
Si quiere una modista aquí tiene una,
pero si quiere otra cosa
va a tener que buscarla fuera de mi taller.
Hablaré con don mateo.
Hágalo.
Buenos días.
¿Se presentó y sin avisar?
Esa mujer no deja de sorprenderme.
Espero que no tenga pensado que va a ser un fin de semana
de excursiones parisinas.
Ya.
¿De la Riva encontró lo que buscaba?
¿Sin arruinarnos?
Eso es justo lo que quería oír.
Espero que faltando yo seas tú quien ponga un poco de cordura.
Bien.
Vale.
Hablamos. Ah, una cosa importante.
¿Por qué no juntas a las dos para cenar?
¿No dices que a Cristina le cae fenomenal Ana?
A lo mejor conviertes el fin de semana romántico
para dos en un fin de semana salvaje para tres.
[ríe]
Hay una opción más salomónica pero creo que no te iba a gustar.
[llaman a la puerta]
Un momento.
¿Sí?
Don Mateo, disculpe. Don Francisco está aquí y dice que quiere hablar con usted, es urgente.
Haga que pase.
Te dejo. Que alguien tiene que hacerse cargo de esta empresa
mientras vosotros os gastáis los pocos fondos que nos quedan.
Tráeme algo caro.
[máquinas de coser funcionando]
Bienvenidos a Galerías Velvet.
Mi nombre es Maximiliano Expósito, pero me pueden llamar Max.
Estoy aquí para ayudarles, síganme.
Gracias.
Qué sorpresa verte por aquí, Pilar.
¿Quieres una copa?
No, no. Muchas gracias.
Tengo algo de prisa.
Solo que me quedaba de camino
y no quería dejar pasar la ocasión de felicitarte.
¿Felicitarme?
He leído que tenéis una nueva incorporación en las galerías.
Raúl de la Riva.
[ríe]
Mi hermano debe de estar revolviéndose en su tumba.
Claro que supongo que Alberto
quiere dar cabida a nuevos talentos, ¿verdad?
Pues sí, ya sabes que mi hijastro tiene sus propias ideas acerca del negocio, sí.
Bien, pues ahora solo queda que podáis
pagar sus servicios.
[doña Gloria ríe]
Mira, si hay algo de ti que siempre he envidiado, Pilar,
es tu sentido del humor.
Pensé que ibas a decir mi dinero.
Como la última vez que nos vimos casi me suplicaste que te ayudase.
¿Suplicando yo?
No tienes que disimular conmigo, querida.
Ah, no, no, Pilar, no es que disimule. Es que,
sencillamente, no recuerdo muy bien la última vez que nos vimos.
Por suerte yo mantengo mi memoria intacta.
Y no soy la única.
Claro que también entiendo que tú
prefieras olvidar algunas cosas.
No me lo dijiste pero...
...me informaron de que alguien te chantajeó.
Alguien que sabe muchas cosas de tu pasado y del de Rafael.
Cosas que interesarían mucho a mi sobrino Alberto.
Aunque también imagino que pudiste pagarle lo que te pedía...
...porque, que yo sepa,
no ha desvelado tus secretos.
Por ahora.
[pájaros cantando]
No se te ocurrirá.
Que pases un buen día, querida.
[máquinas de coser funcionando]
Doña Blanca,
¿puedo hablar con usted un momento, por favor?
Por supuesto.
Don Francisco ha venido a quejarse personalmente.
¿Qué ha pasado con Luisa?
Luisa se ha cortado y no estaba en condiciones de atender a doña Cayetana.
Me ha insistido en que, sean cuales sean las circunstancias, solo quiere que los atienda Luisa.
Con todo respeto, don Mateo, soy yo quien decide eso.
Si como jefa del taller, no cuido de mis chicas, ¿quién va a hacerlo?
¿Don Francisco?
Don Francisco paga una generosa cantidad a este negocio.
Y le recuerdo que si este taller continúa abierto
es gracias a clientes como él.
Que paga una enorme cantidad de dinero y, por adelantado,
para recibir el trato que esperan...
No voy a perder a un cliente tan especial, Blanca.
Eso es, precisamente, lo que me está empezando a parecer,
- que es muy especial. - ¿Qué quiere decir con eso?
Nada.
Don Francisco es un hombre muy influyente,
y no queremos tenerlo en nuestra contra, se lo aseguro.
Ni usted ni Luisa ni yo.
¿Y le parece propio exigir que una muchacha
con una herida en la mano tenga que ponerse a coser?
Ocho mujeres trabajando
y no oigo una sola máquina.
[máquinas de coser funcionando]
Muchas gracias, doña Blanca.
No pierda el tiempo en agradecimientos y vaya buscándose otro empleo.
¿Cómo dice?
Yo no la voy a echar,
pero no puedo defenderla eternamente.
Y, si lo que vi en el probador, no fue consentido de su parte...
Claro que no lo fue.
Y si no lo he dicho es por vergüenza.
- Podría haber ido a la policía pero... - No serviría de nada.
Los hombres como él están muy bien relacionados.
Pero si quiere detenerlo,
lo primero que debería hacer
es renunciar a sus favores.
Y ahora haga el favor de ir al médico a que le miren esa mano.
Una modista que no puede coser no es de mucha ayuda.
- [doña Cayetana] Ay. - Tome.
Muchas gracias, Luisa.
Bueno, por cierto, ¿cómo te encuentras? Doña Blanca dijo
que habías sufrido un accidente.
Un corte. No ha sido nada. Voy ahora al médico.
Siento no haberles podido atender, espero que Consuelo lo haya hecho bien.
Sí, lo ha hecho muy bien, no te preocupes.
Muchísimas gracias, Luisa. Tú siempre tan amable y solícita.
- Doña Cayetana. - ¿Sí?
¿Podría hablar con usted un momento?
Sí, claro.
Es...
- Bueno no querría molestarla. Espero que... - No, no, en absoluto,
cualquier cosa que tengas me la puedes contar.
Es sobre...
Es sobre Don Francisco.
Me...
...hizo ir a verle a una pensión.
Pensé que me quería ayudar, que...
...con eso del empleo y con lo de mi marido, pues...
Francamente, querida, no sé qué tipo de educación
os dan a los jóvenes de ahora.
¿Quién da algo a cambio de nada?
Mi marido se ha encaprichado de ti, sí. ¿Y qué?
Lo cierto es que no eres la primera, ni serás la última.
Pero, doña Cayetana, ¿cómo...?
¿Pero cómo puedes ser tan desagradecida?
¿Te parece un precio demasiado alto
dar gusto a mi esposo después de todo lo que hemos hecho por ti?
Tendrías que sentirte afortunada.
Pero, lo que hace su marido es horrible.
Bueno. Si tanto te disgusta.
Podrías haber dicho que no.
[puerta del coche se abre]
[coche arranca]
[puerta del coche se cierra]
Nunca te había visto esa cara. ¿Es que no vas a decir nada?
Hoy no tengo mucho que decir, la verdad.
[susurra] No.
¿Qué pasa?
¿Quién es?
Susú Miravelles es una de mis mejores amigas de siempre.
Pues quién lo diría.
Max, no diga tonterías, es solo que no quiero que me vea así.
Ni ella ni ninguna de mis amigas saben que trabajo.
Lo dice como si trabajar fuese algo vergonzoso.
¿De dependienta? Te aseguro que lo es.
Hay cosas mucho peores. Se lo aseguro.
[Susú] Por favor, señorita.
Si pudiera enseñarme lo que tengan en drapeados,
es para un vestido de ceremonia.
Naturalmente,
pero, si no es mucha molestia,
pídaselo a mi compañera.
Yo tengo que hacer unos recados
y supongo que preferirá no esperar.
¿La chica rubia platino?
Sí, la rubia platino.
Se llama Patricia.
Patricia Márquez.
¡Patricia Márquez!
[suspira]
¡Susú Miravelles! Pero qué sorpresa.
Sorpresa, lo que se dice sorpresa la mía.
Creí que después de lo de tu padre habías pasado a ser propietaria.
Bueno, es que,
toda propietaria tiene que hacerse cargo de su negocio.
Desde luego,
sobre todo cuando pasa dificultades.
Qué mala suerte.
Tú sabías quién era.
Por eso se lo pediste.
¿Yo? No sé de qué me habla.
Estaba atendiendo a una clienta, y esa señorita se ha acercado.
¿Cómo iba a saber yo que era amiga suya?
Lo has hecho para fastidiarme.
Se equivoca.
Pero, en cualquier caso, tampoco pasa nada, ¿no?
No hay nada de lo que avergonzarse.
Aquí están.
¿Qué te dije? Son perfectos para ese vestido.
Bueno, y para ti.
Tienes suerte de que es un número que no usa mucha gente.
Ya verás cómo te alarga la pierna.
Que no es que lo necesites.
No querrás que me calce yo sola.
Qué graciosa estás llevando mis bolsas, ¿eh?
Quién te lo iba a decir.
Cuando se lo diga a las chicas en el Club de Campo no me van a creer.
Pienso decir a todas que vengan aquí a hacer sus compras,
es una delicia.
Y total, si tienes que gastarte el dinero, ¿qué mejor que hacerlo para ayudar a una amiga?
Yo también me alegro de verte, Susú.
Ha sido un placer.
Veinte pedidos.
Ya ve, don Emilio,
al final va a resultar que no soy tan mala vendedora.
Eso sí, debería agradecérselo todo a Carmen.
Por no haber querido atender a esa clienta.
¿Qué clienta, Carmen?
No es que no quisiera, don Emilio, es que realmente...
Bueno, puede preguntarle a la señorita Miravelles, si quiere.
Estaba libre pero, por lo visto, a nuestra querida Carmen no le apetecía trabajar.
Una lástima.
Porque habría ganado unas buenas comisiones.
[Alberto] Entonces, ¿estás satisfecho con las compras de hoy?
Ahora, sí
puedo empezar a trabajar.
Y, cuando lo haga, el que va a estar satisfecho vas a ser tú.
Vamos a cambiar la historia de la moda en España. ¿No es cierto?
Pero esto va a ser a partir de mañana
porque ahora lo que necesito es un baño relajante,
champán, colchón de plumas.
¿Cómo? ¿Que Raúl de la Riva
va a pasar una noche en París encerrado en la habitación de su hotel?
Es que tengo que compensar la noche de ayer.
Porque aquí la señorita presente no paró hasta que le mostré
los mejores rincones de la noche parisina.
Así que si me disculpáis, este humilde diseñador,
qué valor,
se va a descansar. Hasta mañana.
[todos al unísono] Hasta mañana.
Yo estoy agotado también, la verdad.
Tienes una hora para descansar.
Y luego te quiero vestido para una gran noche.
Dicen que París no se acaba nunca.
Una hora.
Señorita Cristina, ¿quiere que le ayude a llevar las cosas?
- Sí. - "Alé", Garzón.
Tengo una hora. ¿Quieres que hagamos algo?
Deberías descansar un poco.
- Te espera una noche con Cristina. - [Alberto suspira]
No me esperaba esto, Ana. No, no...
No pensaba que se fuera a presentar aquí.
Ya.
Esta noche voy a ir a cenar con ella, pero a la una te voy a ir a buscar a la habitación.
Y te prometo que va a volver a ser nuestra noche.
Te lo prometo.
[Pedro resopla]
[resopla]
Tranquilo, Pedro, tranquilo.
Tranquilo, tranquilo.
Venga vamos.
[Pedro silba]
¿Pedro?
Clara.
Que elegante.
¿Elegante? No.
No. Como siempre.
Sí, como siempre que vas con tu madre a misa, o que tienes que salir por ahí.
¿No te ibas a quedar hoy en tu cuarto?
Y yo creía que tú también tenías que trabajar.
Pues sí, sí. Tenía, tenía.
Pero de repente, me he dado cuenta de que he terminado
todo lo que tenía que hacer antes de lo que pensaba.
Fíjate tú qué suerte.
Fíjate, mucha suerte.
Y no he querido ir a decirte nada
porque como te encontrabas mal.
Porque me dijiste que te encontrabas mal, ¿no?
Bueno, me encontraba,
me encontraba, pero ya no me encuentro mal, ya me encuentro muy bien. Fíjate, de repente,
no me duele nada, tenía ganas de dar una vuelta, y de ver a...
A mis primos.
Estás muy raro.
Y tú estás muy nerviosa.
Uy, mira quién fue a hablar, porque tú también estás muy nervioso.
Ya, pero porque tú estás muy nerviosa. Por eso estoy raro.
¿Qué te pasa?
Pues que anoche pensé que...
¿Que tú no te ibas con tus primos?
Sí, me voy porque llego supertarde.
Clara.
Yo te quiero.
Pedro.
Rosa María.
Rosa María, tú y yo no habíamos quedado aquí, ¿eh?
Manolito, este es tu padre.
Dile hola, anda.
Todo el camino preguntando por él, ¿y ahora te da vergüenza?
¿Y tú?
¿No dices nada?
¿Eh, yo?
Me llamo, me llamo Pedro.
De verdad, vaya dos.
A cuál más nervioso.
Dale un beso a tu hijo, anda.
Manolito, ¿verdad?
Manuel.
Ah, Manuel.
Todos le dicen Manolito.
Me llamo Manuel.
Pues, Manuel, te...
Te he traído un detalle. Como me he perdido tu cumpleaños,
tus cumpleaños, pues...
Bueno, es una tontería. Si...
Si no te gusta lo puedes tirar a la basura, o,
o lo podemos cambiar.
Mamá, mira.
Una peonza.
Está muy cambiada esta casa desde la última vez que estuve aquí.
Claro que ya han pasado años.
Dígame una cosa.
¿Yo a usted le he hecho algo?
¿A mí?
Nada señora.
Eso pensaba.
Incluso creo que he sido muy generosa con usted.
- Supongo que le convenía. - Sí.
Me convenía guardar el secreto de mi marido
y por eso le di todo lo que me pedía,
pero ahora resulta que descubro que está usted intentado hacer tratos
con esa información a mis espaldas.
Y precisamente con mi cuñada.
Yo no fui a Pilar,
ella vino a buscarme.
Me importa muy poco quién fuera a buscar a quién.
Es usted empresaria, debería estar acostumbrada a estas cosas.
Uno se vende al mejor postor.
Pilar ha resultado ser muy buena postora.
¿Cuánto quiere ahora?
El doble de lo que me dio la última vez.
Es usted un desgraciado.
No le digo a usted que no.
¿Y por qué le voy a creer ahora?
¿Cómo sé que no volverá mañana a por más y pasado mañana?
Pues no lo sabe,
pero tendrá que asumirlo, ¿no?
Porque lo otro es que yo le cuente a Pilar todo lo que sé.
Mañana por la noche.
[golpe seco]
Esto sí que sí, Ana.
Harry's New York Bar . En este me dijo Raúl
que inventaron los bloody marys ,
imagínate. Nunca he estado en un sitio donde hayan inventado algo.
Rita, que no te parezca mal, pero prefiero esperar aquí a Alberto.
¿Raúl me deja una lista con los mejores clubes de París y tú vas a decir que no a todos?
Pues nada, el apasionante hotel nos espera.
- ¿Y entonces, para qué querías bajar? - [Alberto] Señoritas.
Buenas noches.
Qué guapo estás.
Tú sí que estás guapa.
- Madre mía. - ¿Vais a salir?
Ojalá.
¿Nos vemos la una?
Ana, mira.
Fíjate qué corte.
Ay, qué bonito es.
[Cristina] Buenas noches.
- ¿Qué tal? - ¿Qué te parece?
Estás...
[Cristina ríe]
Esa es justo la reacción que esperaba.
Es muy bonito.
¿Estás listo? Voy a pedir un taxi.
Vamos.
Que disfrutéis de la noche, chicas.
- Gracias. - Gracias.
Pues bien mirado, tampoco era para tanto, ¿verdad?
[Mateo] ¿Qué tomas?
No me apetece nada,
pero gracias.
No te he preguntado qué te apetece, te he preguntado que qué tomas.
A mí no me gusta beber solo.
¿A ti?
Un San Francisco.
Un Manhattan mejor, Clara.
¿Por qué no?
Perdone,
un Manhattan para la señorita, por favor.
Ahora es cuando me cuentas lo que te pasa.
- No. - ¿No?
Un mal día, nada más.
Esto promete.
Ya te he dicho que sí a la copa, no sigas tentando a la suerte.
En eso consiste mi trabajo, Clara.
Pero ahora estamos en horas libres, ¿no?
Esta noche estás muy guapa, Clara.
Estoy como siempre.
Tal vez eso quiere decir que estás muy guapa siempre.
Y que cada vez que te veo solo pienso que me encantaría repetir.
Pero lo que no entiendo es por qué no lo hace.
Porque una cosa es que yo tenga dudas de si quiero casarme o no con él,
pero otra muy diferente
es que diga se lo está pensando. Que se está pensando qué.
Se supone que soy yo la que no está segura de querer casarse.
No lo entiendo.
¿Habrá pasado algo y yo no me he enterado?
Eso me pregunto yo.
[llaman a la puerta]
Creí que no volvería a verte con el uniforme.
Me lo he pensado mejor.
Supongo que podría decirte que me alegro,
pero prefiero esperar un poco más de tiempo para saber si me alegro de verdad.
Me he equivocado,
doña Blanca.
Alguien me dijo que hay decisiones en la vida que lo cambian todo.
Pero no quería que esta fuera una de ellas.
Buenas noches, hijo.
[suspira]
¿Te has vuelto loco? No puedes estar aquí.
Tengo que hablar con usted.
¿Qué ocurre?
Mi nombre es Maximiliano Expósito.
Tengo 23 años y me crié en el orfanato Virgen del Carmen,
donde mi madre me dejó poco después de nacer.
Nunca supe quién era.
Me abandonó en mitad de la noche sin
dar ningún dato ni dejarme ningún objeto con el que pudiera ir a buscarla.
Cuando tenía siete años conocí a Eduardo.
Su madre también le había abandonado y
él estaba dispuesto a encontrarla.
Sabía su nombre:
Blanca Soto Fernández.
[suspira]
Y tenía un colgante que ella misma le había colocado antes de dejarle en la inclusa.
Siento haberle mentido.
¿Dónde está mi hijo?
Falleció hace tres meses.
¿Falleció?
Me entregó el colgante y me pidió que la buscase.
Y tú viste la oportunidad de sacarle provecho, ¿no?
Vi la oportunidad de cambiar mi vida.
Y créame que no ha sido una vida fácil.
¿Y crees que la mía lo ha sido?
¿Por qué estás haciendo esto?
Porque no se puede empezar de cero con una mentira.
Y porque me da igual lo que digan los demás sobre usted.
Es una buena persona.
Y no se merece esto.
[gime]
Veo que tu herida está mejor.
Tengo que entrar. Cierran en cinco minutos y mejor será que no le vea doña Blanca.
Si, ya he visto que se ha convertido en tu mayor defensora.
Pero creo que teníamos una conversación pendiente,
después de la que tú has tenido con mi esposa.
¿Creías que no sabía nada,
que no me lo iba a decir?
Siento mucho si le he causado algún problema.
¿Qué pensarías tú si yo le dijese a tu esposo...
...lo de la visita que me hiciste en la pensión?
Don Francisco, por favor.
Creo que después de lo que ha pasado,
puedes tutearme, ¿verdad, Luisa?
A ver, ¿qué crees que pensaría tu marido?
Por favor, eso no, ¿eh?
Se lo pido por favor.
¿Crees que te mereces que yo te haga algún favor
después de cómo te has comportado?
No lo haga, por favor, por favor.
[Cristian] Pareces sorprendido.
Demasiado sorprendido.
El sitio no es para menos, ¿no?
No.
Pero,
es un poco raro que te sorprenda tanto teniendo en cuenta que no es la primera vez que vienes.
Campari avec l'eau de sheltz,
frappé, s'il vous plait.
No te he dicho nada porque no quería estropearte la sorpresa.
Hablo el suficiente francés como para entender los cuchicheos del servicio.
Algo decían de que el caballero
repite mesa,
pero cambia de acompañante.
Y por la manera en la que hablaban, entiendo que viniste con una mujer.
Alberto, no necesito ser la primera mujer con la que vienes aquí.
Me basta con ser la primera con la que has venido
y de la que estás enamorado.
Me encontré con una vieja amiga y me...
- Me propuso venir aquí y yo... - No me has respondido.
No.
¿No?
No, ¿qué?
Que no estoy enamorado de ella.
Alberto, no vuelvas a mentirme,
no hace falta.
Ni siquiera para ahorrarme un disgusto.
Prefiero llevarme el disgusto.
Y ahora vamos a pedir un vino.
Dicen que tienen la mejor carta de vinos del mundo.
Claro.
[Alberto] Antes de que deje de estar fría estaré de vuelta.
Pues para mí que esto ya, frío, frío,
como que no está.
¿Qué hora es?
Mi madre decía que cuanto más miras el reloj,
más despacio pasa el tiempo.
Ay, ya lo sé.
Es que no puedo dejar de pensar que está por ahí con ella.
Pues ya ves,
así llevo yo toda la vida.
Llevo enamorada de Pedro desde que le conocí,
Pero él está enamorado de mi hermana. Hala,
pues ya lo he dicho. Solo me ha costado cinco años.
Y ahora que ya sabemos que somos dos desgraciadas, ¿qué hacemos?
¿Sabes lo que vamos a hacer?
¿El qué?
Coge la carta del servicio de habitaciones.
¿No dijo Alberto que me invitaba a cenar?
Pues pide un poco de todo.
Y vamos a brindar.
- Para que olvides a Pedro y encuentres un novio. - Ea.
Y tú para que no pienses en lo que estará haciendo Alberto.
Ea,
- venga. - ¿Puedo pedir langosta?
- Lo que quieras. - Qué bien.
[Rita] Y esta por mi hermana y su futuro marido,
Pedro, mi cuñado.
Porque sean muy felices.
O no.
- Rita. - Si no pasa nada, si a mí me da igual.
Si Pedro quiere casarse con una mujer que no le quiere, pues peor para él.
¿Me voy a preocupar yo, aquí, que estoy encantada de la vida en Paris? Vamos, hombre.
¿No estás encantada de la vida?
Si es que el champán es alegría.
¿Sabes lo único que nos falta?
Si quieres llamo al "Garzón"
y que se una.
Buena idea.
Rita, que no.
Rita, que no.
Que no se te ocurra, ¿que sabes qué hora es?
Las dos, las tres. La hora perfecta.
Que seguro que no han vuelto todavía de la cena, ¿eh?
Que aquí las cenas duran muchísimo.
¿No ves que tienen la manía de ponerse a comer queso al final?
Pero vamos, que debe estar pero muy mal, ¿eh, Ana?
Pero que muy mal. No como nosotras que estamos
aquí encantadas de la vida, ¿verdad?
Me voy a tumbar un poquito.
Me duele la cabeza.
Un poquito.
[Cristina] ¿Y el rojo?
No.
El Tom Collins.
Qué cosa más rica.
Me encantaría bañarme en Tom Collins.
Ay, aunque, si sigo así,
no voy a caber dentro del vestido de novia.
¿Y la cara que ha puesto el camarero cuando has pedido otra?
Es que es lo mejor que había probado en la vida.
Bueno,
lo segundo mejor.
Gracias por una noche maravillosa.
Si lo has preparado tú todo.
Señorita,
su parada.
Señora de Márquez.
No
- vamos a hacer un mundo de un tecnicismo. - [Pedro susurra] No.
Cristina.
[Pedro ríe]
Has bebido demasiado.
Mejor.
[diálogo ininteligible]
Vamos.
[risas]
[Rita] ¿A dónde vas?
- [Cristina] Uy. - Cuidado.
Dame la llave.
Cristina, dame la llave.
No, no, no.
- ¿Qué? - Vamos a usar la cabeza, por favor.
No.
Esa es la única parte de mi anatomía que no pienso usar esta noche.
[puerta se cierra]
¿Qué ha pasado?
Nada, Rita, duérmete.
A ver, vamos a hablar, por favor.
¿Hablar?
Qué aburrimiento. Bla, bla, bla.
¿Dónde vas?
Sí.
Has bebido demasiado. No, no, no.
- Mejor. - No, no, no.
[ruido metálico]
- Uy, uy, uy. - No más alcohol por hoy.
[ríe]
¿Qué?
No.
Voy un momento al baño.
[susurra] ¡Ana!
¡Ana!
¡Ana!
Ana, abre.
[llama a la puerta]
Ana, abre.
Ana.
[Rita] ¿No vas a abrirle?
[llama a la puerta]
Ana.
[llama a la puerta]
Ana, abre.
¡Ana!
- Quita, Alberto. No. - ¿Podemos hablar un momento?
Yo no te estoy traicionando, Ana, yo me estoy sacrificando
- por los dos porque tú me lo pediste. - Lo siento.
- Yo te quiero, Ana. - Y yo,
pero ya no es suficiente.
Me tengo que alejar de Cristina, Mateo.
- No sé qué me está pasando. - Cristina es una mujer atractiva,
divertida, puedes ir a cualquier sitio sin la necesidad de esconderse.
Piensa, ¿y si Ana no existiese?
- ¿Alguna novedad? - Pedro me va a pedir que nos casáramos.
¿Y tú quieres que te lo pida?
Luisa, tienes una visita abajo.
Juan, ay, madre mía.
Que me han dado el alta.
Creen que la enfermedad ha remitido del todo.
Es un hombre muy generoso, abandonar el hospital cuando aún está enfermo.
- Es todo un detalle por su parte. - Le han dado el alta.
¿Eso es lo que te ha dicho?
Doña Blanca.
Doña Blanca, ¿se encuentra bien?
¿De verdad quieres recuperarse?
Porque no lo va a conseguir hasta que no deje salir
lo que lleva escondido ahí dentro.
Si quiere podemos seguir haciendo como que yo no sé lo que le pasa,
pero le aconsejo
que haga algo por remediarlo.
Venga, hasta esta noche.
¿Con quién has quedado tú esta noche?
Con mi primo, Roberto.
Ah, con tu primo.
- Sí. - Era Rosa María, ¿verdad?
- ¿Cómo lo sabes tú? - Pues porque no soy tonta, Pedro.
No tienes por qué sacrificarte para estar conmigo.
¿Cómo? Oye, perdona,
¿lo hice porque para ti es un sacrificio estar conmigo?
Pues la verdad es que no lo sé, Pedro.
¿De dónde ha salido este niño?
Me llamo Manuel, pero me puede llamar Manolito.
Es mi hijo.
"Si no quiere ver estas fotos en los periódicos deje un maletín
con cien mil pesetas en la calle Alcalá, 158.
Hoy a las diez de la noche".
No puedo más, Ana, estoy harto.
Por favor, pídeme que no las pague y te juro que se acabaron nuestros problemas.
No tengo que fingir que me voy a casar
con Cristina. Tú no tienes que esperarme en un hotel mientras me voy a cenar con ella. Se acabó.
Se acabó todo.
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