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Hay veces en la vida en las que
uno no puede elegir.
Es hermano de tu madre. Tu única familia.
Es un buen hombre, ya verás.
¿Quién es esa jovencita?
Es mi sobrina.
Está aquí porque su madre ha fallecido esta semana.
Había pensado
si puede
quedarse a vivir conmigo.
¿Quién es?
El señorito Alberto.
El hijo de don Rafael.
Todos los buenos modistos
son franceses.
Trabajan en París.
Tendremos que irnos a vivir a París.
Eso parece.
Las cosas no son tan sencillas.
Hay barreras que no se deben saltar.
Y mundos que no se deben mezclar.
Me da igual quién sea.
Mañana mismo te vas a Londres.
- ¡Ana! - Ana
que llegamos tarde otra vez.
¡Ya voy!
¿Por qué no me dijo que llegaba hoy?
Porque cuanto más lejos estuviese mejor sería para todos.
¿Tú qué esperabas, Alberto?
¿Qué te recibiera con una sonrisa?
Que te alegrases de verme.
Siete años esperando por ti. Por una carta, por una llamada, por algo.
Te escribí todos los meses. Te lo juro.
Que mi padre o tu tío no te quisieran dar
las cartas es otra cosa. Pero te juro que te escribí
Ana.
Estudiar fuera te ha sentado muy bien.
A ti Madrid te ha sentado muy bien también.
Sí.
Sí, soy yo. Dígame.
Tenía la revisión.
El médico dice que se ha puesto peor.
Y yo encima no puedo estar con él.
Pero estás aquí por él.
¿Y estas telas?
Del taller.
¿Pero tú estás loca?
Doña Blanca sabe los metros que tiene.
Son telas de la temporada pasada. No tiene por qué enterarse. No las vamos a usar.
¿Luisa?
Doña Blanca, ha llegado
un telegrama para usted.
¿Está bien, Blanca?
No sé cómo me ha encontrado.
Tendrás que pasar por encima de mi cadáver si quieres quedarte con las Galerías Velvet.
Yo te he ofrecido mi ayuda.
Allá tú si no quieres aceptarla.
Pero tú decides:
Vender tus galerías,
o que desaparezcan.
Esta temporada
la competencia está siendo especialmente dura.
Lo sé, padre. Por eso es importante
hacer algo distinto.
Algo nuevo.
A la gente joven no le gustan sus vestidos.
- A ti no te gustan. - Nuestras clientas...
¡Mis clientas!
- ¡Son mis clientas! - ¡Sus clientas se mueren!
¡Llevo treinta años!
¿Vas a decirme lo que les gusta a mis clientas?
Usted no me quiere en esta empresa, padre.
Yo tampoco me quiero quedar aquí.
Vente conmigo a Londres, Ana.
Estás loco.
Lo que estoy es cansado de hacer
lo que se supone que debo hacer
y no lo que quiero hacer.
[por la radio] Interrumpimos la programación para informarles de
un terrible acontecimiento del que acabamos de tener noticia.
Don Rafael Márquez
dueño de las Galerías Velvet
ha sido hallado muerto esta misma noche.
¿Cuánto queda?
¡Qué pesados!
¡Ayuda!
¡Ayuda, por favor!
¡Ayuda!
[doctor] ¿Familiares de Ana Ribera?
¡Yo!
[doctor] Tiene un golpe bastante fuerte en la cabeza.
Y es imposible determinar el alcance de la lesión hasta que recupere la conciencia.
Por ahora lo único que podemos hacer es esperar.
Subí a buscarle
y me encontré la ventana abierta.
¿Quién hizo la llamada?
Don Emilio.
¿Y no encontraron ninguna nota
ni nada significativo?
No. Nada.
Bueno, ahora, si han terminado y me disculpan
tengo muchísimas cosas de qué ocuparme.
Claro.
Si tenemos alguna pregunta más la avisaremos.
Han sido muchos años juntos, ¿verdad, Emilio?
¿Cuántos?
¿Veinticinco?
Con don Rafael treinta.
Sí, probablemente sea usted quien mejor conoce a nuestra familia, ¿verdad?
Sé que mi marido ha cometido errores.
No se preocupe, señora.
Por mi parte, todo lo que concierne a don Rafael
ha quedado siempre entre él y yo.
Y así seguirá siendo.
Gracias.
Hay ciertas cosas que es mejor que no salgan a la luz.
Pues tres coches de policía he visto pasar.
Y no vi más porque nos encerraron aquí.
Pobre don Rafael. Justo cuando había ido todo tan bien en el desfile.
Y, encima, hoy había llegado su hijo.
Bueno, doña Gloria está buscando a Don Alberto como una loca y no dan con él.
Estará con alguna pilingui.
¡Clara!
¿Qué? Es la verdad. Es guapo, es rico ¿Pues qué va a hacer? Aprovecharlo.
Lo que no entiendo es que no nos hayan dicho nada todavía.
Y eso que ha salido por la radio y todo.
¿No querías la noticia oficial?
Supongo que ya se habrán enterado de la terrible noticia.
Don Rafael Márquez,
fundador y dueño de esta casa, ha fallecido esta madrugada.
Hagan el favor, un poco de respeto.
Es un momento
muy difícil para todos.
Especialmente para su familia.
Así que espero de ustedes
ejemplo de discreción...
...y de lealtad.
Don Emilio, ¿qué va a pasar ahora con las galerías?
Nosotros estamos de luto,
nuestros clientes no.
Las galerías abrirán
como todos los días
desde hace 30 años.
Como lo hubiese querido...
...don Rafael.
¡Vamos!
¿A qué esperan?
Hay muchos pedidos que atender.
Los pedidos tendrán que ir más lentos. Tengo una costurera menos.
Y dígale a su sobrina que si no está en su puesto de trabajo dentro de cinco minutos
serán dos.
Las normas son iguales para todos.
Y ahora ya no está don Rafael
para cubrirles las espaldas.
A mí me basta mi trabajo para cubrirme las espaldas.
Espero que el suyo pueda decir lo mismo de usted.
Hable con su sobrina. Si es que sabe dónde está.
Don Emilio, necesito hablar con usted.
¿Dónde está Ana?
De eso quería hablarle.
Ana se ha ido
con don Alberto.
Me pidió que no dijese nada pero yo le juro que no sé a dónde se marcharon.
Vino corriendo, metió cuatro cosas en la maleta y se fue.
Pero dejó esta carta para usted.
Querido tío.
Siento mucho si le he causado algún daño.
No era mi intención.
Pero Alberto y yo también nos merecemos una oportunidad
y sé que aquí no podríamos tenerla nunca.
No se enfade.
Alégrese por mí porque no he hecho más que lo usted me ha enseñado:
Luchar por lo que quiero.
Cuando lea esto ya estaré muy lejos.
Pero me acordaré de usted y le llamaré cuando estemos instalados en algún sitio.
Su sobrina que le quiere. Ana.
¿Don Emilio?
Dígame, Pedro.
Tiene una llamada.
Dicen que es urgente.
Perdone.
Pregunto por una paciente. Ana Ribera.
¿Es familiar?
Soy su tío.
Espere un segundo.
Gracias.
No me puedes hacer esto ahora. Ana, por favor, tienes que abrir los ojos.
Ana, quiero,
quiero tener hijos contigo.
Quiero,
quiero casarme contigo y verte la cara por las mañanas, Ana, por favor.
Quiero ver cómo juegas con nuestros hijos en la piscina.
Por favor, Ana, tienes que abrir los ojos.
No me puedes hacer esto ahora.
Tenemos que ir a París juntos, Ana.
Tienes que trabajar para todos los diseñadores estos
que tanto te gustan a ti.
¿Cómo se llama este que tanto te gusta?
Phillipe Ray.
¡Doctor!
¿Y de qué hospital era?
No lo dijeron, pero don Emilio se marchó corriendo.
No digas nada de esto, ¿vale?
- A nadie. - A ver, Rita
- Ana ha tenido un accidente. - ¡Pedro,
cállate ya, por favor!
Luisa.
Luisa. ¡Abre!
Luisa no está.
¿Y dónde se ha metido?
¿Busca a alguien?
¿Y Luisa?
¿No le habrá pasado algo a su marido?
Eso es algo que no me preocupa.
Está en la calle
el lugar que le corresponde a las ladronas.
La he despedido.
Y no crea que no sé que usted y la señorita Ribera sabían en qué estaba metida.
Tiene suerte de que no tenga pruebas,
o también estarían recogiendo sus cosas.
¿Y no ha dicho dónde iba? ¿No ha dejado ninguna dirección?
No, pero seguramente podrá encontrarla en cualquier esquina.
No creo que valga para mucho más.
Y ahora vuelva al taller.
Tiene su trabajo más el de sus dos compañeras.
A no ser que pueda ayudarme a dar con Ana.
Eso creía.
Pensaba que la perdía a ella también.
Al menos usted sabía dónde estaba.
¿Cómo está, doctor?
Bien, estable. No parece que haya daños neuronales.
Ha tenido suerte.
Pero bueno, necesitará unos días de reposo.
Gracias.
Yo me encargo de ella.
Usted ya ha hecho bastante. Vuélvase a su casa.
No me voy a ir, Emilio.
¿Es que no se ha enterado de que su padre se ha muerto?
¿Eh?
Su familia le necesita.
Llevamos más de seis horas buscándote.
¿Dónde estabas?
He tenido un accidente.
Estaba en el hospital con Ana.
¿Con esa?
Sí, con esa.
No me lo puedo creer.
Este no es momento de discutir. Gloria, por favor.
¿Dónde está mi padre?
Abre la caja.
Don Alberto.
Su madre ha pedido específicamente que se mantenga así.
Lo lamento muchísimo, Gloria.
Estoy segura de ello, Pilar.
Sé que Rafael y yo no nos hemos llevado bien en los últimos tiempos,
pero era mi hermano.
Un hermano al que pretendiste hundir.
Podéis contar conmigo para lo que queráis.
No lo olvides.
Sé que las galerías están pasando
por un momento delicado.
Te lo agradezco, Pilar. Y ahora, si no te importa
¿Tampoco va a dejar que me despida de mi padre?
¿Por qué no deja que abran la caja?
Por tu bien.
Mi padre ya no está aquí, no tiene que seguir fingiendo que se preocupa por mí.
¡No está en condiciones!
- Escúchame. - Oye, sal de aquí, por favor.
Tu padre
se cayó desde la ventana del despacho.
Imposible. En esa ventana hay una barandilla y nadie se cae de ahí a no ser que le tiren.
Tu padre se ha suicidado.
Mi padre no se ha suicidado.
¿Ha dejado una carta?
¿Ha dejado algo?
No.
¿Y tú por qué crees que tenía tanta prisa
en que te incorporaras al negocio? En que encontraras una mujer
con posibles
¿Por qué no me lo dijo?
Pues supongo, Alberto,
que él esperaba encontrar tu apoyo
sin necesidad de humillarse delante de ti.
Pero desgraciadamente no fue así.
Discutí con él.
Antes de marcharme con Ana discutí con mi padre.
[Mateo] Alberto...
Le dije que estaba llevando mal el negocio.
Que sus clientas se mueren.
Y, en lugar de ayudarle, cogí el coche en mitad de la noche y me marché con Ana.
No sabías que tenía problemas.
[Alberto] Me tenía que haber dado cuenta, es mi padre, Mateo.
Alberto, no es tu culpa.
Sí que lo es.
Y ahora me quiero morir.
[truenos retumbando]
¿Qué hace ahí?
Me ha dado un buen susto.
Buscaba un pedido que la señora de Villanueva
le dejó a don Rafael de su puño y letra.
Luisa, ven.
¡Rita!
Sí, ¿doña Blanca?
¿Cree que son horas de andar corriendo por los pasillos?
Lo siento doña Blanca.
Había olvidado la bata abajo y tenía que lavarla.
Hace una hora que deberían estar
las luces apagadas. Entre en su cuarto inmediatamente
si no quiere que la meta yo misma.
[Rita] Sí, señora.
[música suave]
Rita, perdona que te haya metido en este embrollo. No sabía qué hacer.
Qué embrollo ni qué embrollo, boba.
Pues hombre, que nos pilla doña Blanca y estás en la calle conmigo.
Bueno, por eso no te preocupes.
Ahora lo que tienes que hacer es descansar al calorcito.
Venga, a la cama.
Te prometo que me voy antes de que se levante nadie.
Gracias.
Todo va a solucionarse, ya lo verás.
[locutor de radio] La comitiva saldrá de la casa familiar
mañana a las ocho de la mañana.
Y el sepelio tendrá lugar mañana a las nueve
en el cementerio de La Almudena en Madrid.
Será oficiado por el obispo de Madrid,
su excelencia, monseñor Leopoldo Eijo y Garay.
Al entierro acudirán las más altas personalidades del gobierno
así como miembros
destacados de la nobleza
- clientes habituales de las Galerías Velvet. - [enfermera] Señorita Ribera,
tiene una llamada.
- [locutor de radio] Don Alberto Márquez - Gracias.
ha querido destacar la gran labor realizada
por su padre a lo largo de tantos años,
- No te levantes. - y agradece
todas las muestras de condolencia que la familia ha recibido.
[Alberto] Siento si te he hecho levantar. Es que necesitaba hablar contigo.
No te preocupes.
Ha ido mi tío a por el teléfono. Me lo ha traído a la habitación.
No sabía que había cables tan largos.
¿Cómo estás?
[Ana] Bien.
¿Y tú?
Bien.
Ojalá pudiera volver atrás y cambiar todo lo que le dije.
¿Dónde estás?
En casa.
[Ana] Me encantaría estar ahí contigo, Alberto.
Lo sé, lo sé.
Pero tú tienes que descansar.
Y yo estoy bien, te lo prometo.
[Ana] No, no estás bien.
Estoy bien, estoy bien. Solo necesito descansar un poco.
Eso es todo.
Mañana, cuando termine el entierro, voy a buscarte, ¿vale?
Si tu tío me deja entrar.
- [Alberto] Ana. - ¿Qué?
Te quiero.
Y yo a ti más.
Alberto.
Nos marchamos.
Gerardo, muchas gracias por todo.
Ya me ha contado Gloria lo mucho que han ayudado.
Sé que tú habrías hecho lo mismo por Cristina si yo faltase.
Y cualquier cosa que necesites,
ya sabes dónde estoy.
Muchas gracias.
He pedido que te traigan algo de comer.
Gracias.
[puerta se cierra]
¿Quieres que me quede?
No, gracias
Cristina, de verdad.
Estoy bien.
Buenas noches.
Puede comprobarlo usted mismo, don Alberto,
pero como le he dicho al teléfono, no cabe duda.
Las galerías están en la ruina.
Espere un momento, es que esto no puede ser.
Es que esto no pega con mi padre.
¿Cómo pudo dejar que las galerías llegaran a esta situación?
Don Rafael, que en paz descanse,
simplemente esperaba mejores beneficios.
¿Pero cómo pensaba pagar las deudas?
Con los beneficios de la última colección.
Un plan más que arriesgado,
si me lo permite.
¿Usted, qué aconseja?
Lo mismo que le aconsejé a su padre:
Encontrar un nuevo inversor,
o vender.
[teléfono suena]
[trabajadora] ¿Dígame?
Rita.
Tienes una llamada.
¿Yo?
¿Sí?
[Ana] ¡Rita!
¿Qué?
¡Pensaba que no iba a volver a verte nunca más!
Luego llaman del hospital y sale tu tío corriendo.
Casi me da un soponcio, Ana. Ya me imaginé lo peor.
Siento que no hayas podido irte.
Yo por eso no suelo hacer planes.
¿Y ahora qué vais a hacer Alberto y tú?
Hazme un favor, anda.
Mira a ver si viene alguien.
¿Me has traído el abrigo?
Ana, yo no creo que esto sea buena idea.
Que estoy bien, Rita, necesito ver a Alberto
urgentemente.
Sé que me necesita.
Pensé que tampoco vendría al oficio.
Como no le veo desde ayer...
...ni a su sobrina tampoco.
Ana tiene permiso para ausentarse un par de días.
¿Permiso de quién?
De don Alberto Márquez.
Puede preguntárselo si quiere, aunque me temo que no es el momento más oportuno.
Te voy a dejar, que está don Emilio, ¿vale?
¿Qué haces aquí?
Es el hombre al que quiero,
y se ha muerto su padre.
Deberías estar en el hospital.
El médico dice que tienes que descansar.
[pájaros piando]
Esta es su gente, Ana.
Su padre ha muerto pero él
va a seguir siendo uno de ellos.
No te equivoques más.
Lo siento mucho.
Te acompaño en el sentimiento.
¡Ana!
¡Ana!
[Alberto] ¡Ana!
¿Qué estás haciendo?
Eso me gustaría saber a mí.
Debe ser el agotamiento.
¿Seguro, doctor?
Es normal.
Lo que ella debería haber estado haciendo es descansar.
No se preocupe, que yo me encargo de eso.
Te vas a quedar aquí.
No, me voy a las galerías, Alberto.
- [Alberto] No voy a discutir ahora. - Alberto, ¿podemos hablar un momento?
En privado.
¿Hasta cuándo piensas seguir avergonzándonos, eh?
[Gloria] ¿No has tenido bastante con lo del cementerio?
Me da igual lo que piense la gente, Gloria.
Lo único que me importa es que ella esté bien.
No te lo voy a permitir.
[Alberto] Esta es mi casa exactamente igual que la suya. No le estoy pidiendo permiso.
Ana se queda.
¿Ese es el respeto que tienes por la memoria de tu padre?
Esto no tiene nada que ver con el respeto
y no metas a mi padre en esto. Esto es amor, no sé si sabes de lo que te estoy hablando.
[Gloria] ¡Ah! ¿Y tú sí?
Sí.
¡Esto es una vergüenza!
Muchas gracias, Emilio. Ya se puede ir.
Y no se preocupe por su sobrina.
Está bien y se quedará aquí esta noche.
Sabe que desapruebo tanto como usted esta decisión.
Y por eso espero que me ayude a solucionarlo.
Emilio, yo le aprecio y a su sobrina también.
Esta no es manera de hacer las cosas.
No.
Y menos en un momento como este.
Pero me temo que ni usted ni yo vamos a poder hacer nada al respecto.
Bueno, eso ya lo veremos.
Porque el amor, Emilio, es muy bonito mientras las cosas van bien.
Pero cuando se tuercen
ya no es tan fácil.
Buenos días, doña Gloria.
Adiós.
[pájaros piando]
Qué lista Ana, la mosquita muerta.
De lista ni mijita, perdona. Que ella y don Alberto se quieren.
Es amor sincero.
Sincero y oportuno. Justo cuando acaba de heredar el negocio.
¡Qué ojo, eh! Que a mí me parece muy bien.
Que si yo pudiera también me casaba con un rico.
Bueno, pues yo soy rico en amor, Clarita.
Que eso es mucho más importante.
Eso lo dice el que se conforma.
No.
Porque o nos toca la lotería o como los Márquez no vamos a ser.
Igual si tuvieras más aspiraciones.
Bueno
¿Y qué aspiraciones quieres que tenga?
Pues no lo sé, Pedro. Pero alguna, de mejorar.
¿Tú no estás harto de llevar siempre paquetes?
No.
¿Lo ves? ¿Si es que así cómo vamos a mejorar?
Que es que ni lo piensas. Que te puedes morir siendo
un vulgar recadero, por dos perras mal pagadas.
¡Clara!
¿Qué, qué, qué? ¿Clara, qué? ¿Ya te vas a poner de su parte para variar?
Pues tiene toda la razón, ¿eh, Clara? Pero yo soy recadero
y a mucha honra. Que hay mucha gente que querría estar en mi lugar, ¿o no?
¿Se puede saber qué están haciendo
los tres aquí
de cháchara?
Disculpe, don Emilio.
¿Cómo se encuentra Ana?
Descansando, que es lo que tenía que haber hecho
en lugar de ir al cementerio.
¿Y la han llevado al hospital?
¿Se le puede llamar?
Clara, estoy seguro de que tiene cosas mejores que hacer
que estar aquí perdiendo el tiempo.
Sí, don Emilio.
Clara.
[máquinas de coser funcionando]
Perdone, don Emilio.
¿Quién es?
¿Es tu madre?
Es la única foto que tengo de ella.
Qué guapa.
[puerta se abre]
Esta casa es una casa decente
así que a partir de ahora esta puerta se quedará abierta.
Yo no sé con qué costumbres se habrá criado Ana, pero en esta familia
todavía creemos en el respeto.
No voy a discutir con usted, Gloria, por favor. Salga y cierre la puerta.
Ha llamado don Enrique.
Nos espera en las galerías para la lectura del testamento.
Me voy a tener que ir.
Para lo que sea me llamas.
Y, si no, está Elvira.
¿Vale?
Chao.
[Nieves] Buenos días.
El abogado les está esperando.
Gracias.
Buenos días, Nieves.
Buenos días, don Alberto.
Necesito hablar con usted.
Quería haberlo hecho antes pero no me parecía buen momento,
y tengo que contarle algo.
Dígame.
Eh...
Me marcho.
Yo no puedo estar ahí sentada
esperando que se abra esa puerta y salga su padre.
Han sido muchos años.
Alberto, nos están esperando.
Mi padre la apreciaba mucho, Nieves.
[teléfono suena]
Con la conformidad del notario Don Gonzalo Valverde
con despacho sito en Madrid capital
y licencia 3225
procedo a leer el testamento vital de don Rafael Márquez.
"Yo, Rafael Márquez Encinas,
en plenas facultades mentales, y con la capacidad legal suficiente y necesaria
manifiesto mi deseo de legar
en régimen testamentario a mis hijos Alberto y Patricia
la casa familiar, con usufructo para mi esposa, doña Gloria Campos,
señora de Márquez.
Así como la casa de verano que lego en propiedad
a mi esposa doña Gloria Campos.
Respecto al negocio familiar, Galerías Velvet,
El sesenta por ciento de las acciones de Galerías Vélvet
pasa a disposición de...
...don Alberto Márquez, mi hijo.
Quedando el cuarenta por ciento restante
a repartir entre mi mujer y mi hija.
El resto de...
No me lo puedo creer.
He hecho todo lo que se suponía que tenía que hacer.
Me quedé a su lado mientras Alberto estaba en Londres haciendo lo que le daba la gana.
[música suave]
¿Y para qué?
Da igual.
Siempre ha dado igual.
Cuando él llegaba, yo desaparecía.
Cariño, tu padre era un buen hombre,
pero para él solamente tenías que casarte y tener hijos.
No esperaba más de ti.
Y encima llega aquí, sin tenernos ningún respeto.
A recoger la herencia y a ningunearnos en nuestra propia casa.
¿Pero es que tú crees que le vamos a dejar que haga lo que le dé la gana?
No.
Ni Alberto, ni muchísimo menos ella. Vamos.
[sirvienta] ¿Señora?
¿Necesita algo?
No, no.
Perdón, solo estaba buscando
la cocina para un vaso de agua.
Don Alberto me dijo que necesitaba descansar.
Vaya a su cuarto. Yo le subo un vaso de agua.
No es necesario, de verdad.
No se preocupe, es mi trabajo.
Cuando usted era modista, no creo que se avergonzara de ello, ¿no?
No, claro.
Yo tampoco, vuelva a la cama. Ahora le subo
un vaso de agua.
Gracias.
Te has tomado muy en serio lo de que estás en tu casa.
Tienen ustedes una casa preciosa, doña Gloria.
Voy a cambiarme para la comida.
Yo también sé lo que es perder a los padres.
Mi madre murió cuando yo tenía nueve años. Por eso tuve que venir a Madrid con mi tío.
No vamos a ser amigas.
Bueno, yo solo quería...
Gracias.
Si creías que todos somos como Alberto,
no lo somos. Y tú tampoco eres como nosotros.
Bueno, eso es evidente.
Él también ha debido darse cuenta cuando en vez de hacer público lo vuestro ha decidido fugarse
en mitad de la noche.
Gracias, Elvira, puede retirar los cubiertos. Hoy solo vamos a comer mi madre y yo.
¿Alberto no viene?
No.
Se ha quedado trabajando.
Ahora tiene un negocio para él solo.
Lamentablemente, después de la muerte de mi padre
van a cambiar muchas cosas en la empresa y es bueno que ustedes dos estén informados.
[Blanca] ¿Informados de qué, don Alberto?
De que voy a ser yo quien se haga cargo de la empresa a partir de ahora.
Y por eso les he llamado.
Quiero que repasemos el estado concreto del negocio.
Sabe que, al igual que su padre, cuenta con todo nuestro apoyo.
Por eso están aquí.
¿Cuántos pedidos tenemos del último desfile?
Entre ochenta y cien.
Todavía hay algunas clientas indecisas.
Bien, quiero que en el taller trabajen a tiempo completo.
Estos pedidos se tienen que terminar cuanto antes.
Nuestras clientas tienen que saber que nada va a cambiar después de lo sucedido.
No las podemos perder ahora.
Tenemos un problema en el taller.
Nos faltan dos modistas.
Despedí a una hace unos días y bueno...
...la señorita Ana.
Pues tendrán que hacer un esfuerzo.
Luego ya valoraremos si tenemos que contratar a más personal.
Pero de momento que se apañen entre ellas.
Muchas gracias, se pueden marchar si quieren.
[teléfono suena]
[puerta se abre]
Así que no se va a París.
No.
Me voy a quedar aquí y me voy a hacer cargo de la empresa.
Tal y como quería mi padre.
Me alegra oír eso.
Quería pedirle disculpas, Emilio.
Quizá no me he comportado como es debido con su sobrina.
Desde luego
que no lo ha hecho.
A lo mejor he hecho algo públicamente que le pueda haber molestado, lo siento.
Pero le prometo que a partir de ahora voy a darle a Ana todo lo que se merece.
Siete años de lágrimas son muchos años.
Y muchas lágrimas.
Las cosas van a cambiar a partir de ahora. Se lo prometo.
Empiece por hacerlo bien
con el legado de su padre.
Buenos días.
[puerta se cierra]
[música suave]
Vas a convertirte en director.
Al final tenía que salir
algo bueno de todo esto.
¿Lo ves?
Tu padre creía en ti.
Vas a ser mi mano derecha, Mateo.
Quiero que estés conmigo en esto.
Aunque si supiera que ibas a decir algo así, lo más probable es que dejase de hacerlo.
Tampoco conozco a nadie que esté tan loco como tú como para meterse en una empresa en ruinas
solo por un amigo.
¿Perdona?
He pedido que en el taller trabajen a tiempo completo
para terminar cuanto antes los pedidos del último desfile de mi padre.
Con eso vamos a cubrir parte de los gastos del próximo mes
y además quiero pedir un crédito personal al banco para empezar a preparar el próximo desfile.
¿Estás seguro de lo que estás diciendo?
Mateo, mi padre
levantó estas galerías de la nada.
- Lo sé, lo sé. - Escúchame, por favor.
Vino de Cuba, con unos pequeños ahorros
que había conseguido trabajando, y convirtió una pequeña sastrería en esto.
Se lo debo.
Se lo debo y lo voy a hacer y lo tengo claro.
Estoy dispuesto a hacer los cambios que haga falta.
Vamos a volver a traer a la gente joven, Mateo, y estas galerías van a volver a ser lo que fueron.
Las mejores. Señorita,
póngame este vestido, por favor.
[Rita por teléfono] ¿En su casa?
Sí. Intenté decir que no pero...
Pero ¿tú eres boba? ¿Cómo ibas a negarte?
¿Y cómo es la casa?
Impresionante. ¿No?
Y seguro que te tratan como una reina.
Sí, pero me faltáis vosotros.
[ríe]
Oye,
¿cómo va todo por ahí?
Pues como siempre.
¿Llegaron ya las telas de Londres?
No. Todavía no.
Mañana a las diez. Doña Blanca quiere que empecemos ya con las estolas.
Eso y otras veinte cosas más.
Eso es lo único que no echo de menos.
- Doña Blanca y sus prisas. - [trabajadora] Lucifer, Lucifer
Lucifer.
Te tengo que dejar que ya llega Lucifer.
No quiero excusas.
No quiero quejas ni lloriqueos.
Solo quiero trabajo,
trabajo y trabajo.
Se quedarán en el taller las horas que haga falta.
Nada de radio, ni café de media mañana
ni reuniones en el pasillo.
El único ruido que quiero escuchar es el de
la máquina de coser y el de la tijera cortando.
¿Entendido?
[música suave]
[puerta se cierra]
Doña Blanca, disculpe.
Ha llegado un telegrama para usted.
¿Ocurre algo, doña Blanca?
¿Cuándo ha llegado?
Esta mañana.
¿Sabes si ha venido alguien preguntando por mí?
No. Que yo sepa, no.
De nada, doña Blanca.
¿Ocurre algo?
¿De quién es ese telegrama?
Es un encargo de una cliente.
Qué raro.
¿Te encarga un vestido por telegrama?
Bueno, la mujer está de viaje fuera de España.
No sé qué tiene de extraño.
¿Qué haces con eso?
Nada, estaba
Estabas hurgando en mis cosas.
Estaba buscando una aspirina que me duele la cabeza.
No tengo aspirina.
Y te pediría que no enredaras en mis cajones.
¿Y a qué viene todo esto?
¿Quién le manda los telegramas?
Son cosas de trabajo que a ti no te interesan.
Anda, vete a por la aspirina si no quieres que te empiece a doler la cabeza de verdad.
Tranquila, ya me voy.
No le molesto más.
[puerta se cierra]
[suena el timbre]
Buenas noches, Elvira.
Buenas noches, don Alberto.
Cristina.
Qué sorpresa.
Siento haber venido sin avisar pero,
no pensé que hoy fueses a ir a trabajar.
Os dejo a solas.
No hace falta, mujer, quédate.
Estábamos hablando mientras no venías. Pero ya estás aquí.
Quería haber hablado contigo después del entierro pero,
con todo lo de tu amiga...
Espero que esté bien.
Sí, sí. Solo fue un desmayo.
Menos mal.
Me alegro.
Me marcho ya. No, no quiero molestar.
En realidad solo venía a decirte que...
...si...
...necesitas...
...cualquier cosa, un
consejero de negocios, alguien con quien hablar...
Cualquier cosa que necesites, Alberto, puedes contar con mi familia.
Cualquier cosa.
Yo soy un buen hombro sobre el que llorar.
No hace falta que me acompañes, conozco el camino.
Cristina.
Gracias.
¿Cuánto tiempo llevas ahí?
[ríe]
Poco.
Alberto,
si ve Rita todas estas revistas le da un infarto.
¿Sabes que solemos ahorrar entre las dos
para comprar algunas y ver las colecciones de temporada?
Eran de mi padre.
Pero ni él las miraba con tanto entusiasmo.
¿Cómo ha ido?
Bien.
Bueno, todo lo bien que puede ir una lectura de testamento.
Ha sido raro entrar en su despacho, la verdad.
[suspira]
¿Y tú qué tal?
¿Qué tal con Gloria y mi hermana?
Bien.
[ríe]
No.
No encajo en su mundo.
Yo tampoco encajo.
¿Y dónde encajamos tú y yo?
Ven.
Esto es para ti.
Pero...
Ponte esto y te espero abajo en cinco minutos.
¿Dónde vamos?
Ya lo verás.
Pero vas a tener que cerrar los ojos.
Uno...
...dos, tres,
- cuatro. - ¿Cuándo me puedo quitar esto?
Espera, todavía no.
Cinco, seis. ¡Para, para, para!
Uf, por aquí no pasamos, ¿eh?
¿Estás viendo algo?
- Que no. - ¿Seguro?
- No. - A la de tres levanta las piernas, ¿vale?
- A ver. - Una,
dos y tres. Ay.
¿Seguro que no ves?
Que no.
A ver,
dime la verdad.
Dime la verdad que es importante.
¿Dónde estoy?
Me estás viendo.
- No veo. - Dime la verdad.
De verdad.
No ves.
¿Dónde estás?
Tranquila.
Aquí.
No es la azotea pero,
espero que te guste.
Es precioso, Alberto.
Gracias.
Estos días han sido muy difíciles, Ana.
Y me he dado cuenta de muchas cosas
con la muerte de mi padre.
La vida es muy corta y depende de nosotros
cómo queremos vivirla y tú y yo nos hemos tirado toda la vida huyendo.
Y yo no quiero huir más de nadie.
Ya estoy cansado de tener que esconderme.
Y si nos vamos a Londres
a París, a Nueva York, donde sea, donde tú quieras,
que sea porque nos vamos de viaje.
No porque nos estamos escondiendo de nadie.
Con este anillo mi padre le pidió matrimonio a mi madre.
Es lo más especial que tengo de ella.
¿Qué haces, Alberto?
Espera, espera, por favor.
Ana...
¡Sí!
No, no, un momento, por favor, que quiero decirlo bien.
Quiero pasar cada segundo
de mi vida contigo, Ana. Quiero, quiero...
Quiero ir a París. Quiero tener cinco hijos
o seis, los que tú quieras, me da igual.
[grillos cantando]
¿Quieres casarte conmigo, Ana?
Sí, claro.
Claro que sí.
Claro.
Te quiero.
Voy a volverme loco contigo, Ana.
¿Qué haces, Alberto?
Me voy a volver loco.
[ríen]
No pongas esa cara, que he dormido en la otra habitación, ¿eh?
- Buenos días. - Buenos días.
Me voy a trabajar
que tengo una reunión.
Te veo luego en las galerías.
Quiero ir a hablar con mi tío
para decírselo.
Suerte.
Adiós.
[puerta se cierra]
[agua fluyendo]
[pájaros cantando]
Buenos días, doña Gloria.
¿Has descansado bien?
Muy bien, gracias.
Pues me alegro porque no sé si esa tranquilidad te va a durar mucho tiempo.
[pájaros cantando]
Sabía que había deudas, pero,
¿en la ruina?
¿Pero es que Alberto no te ha dicho nada?
Ya. Te habrá dicho que son cosas de negocios.
Para no preocuparte.
Cómo son los hombres.
La verdad es que hemos intentado ser
discretos con todo este asunto...
...y lo que no sé es
por quién se habrán enterado.
Eso sí, en cuanto los proveedores vean esto
van a empezar a cancelar contratos y entonces sí que vamos a tener
problemas de verdad.
Cómo es la vida, ¿no?
Un día estás en lo más alto...
...y al día siguiente tu reputación de toda la vida se cae por los suelos.
[teléfono suena]
Cómo se han podido haber enterado.
No lo sé. No te preocupes.
Mira dónde estamos.
Don Andrés es muy amigo de mi padre, le debe mil favores.
Además, ayer nos dijeron que no iba a haber ningún problema.
Ayer no estábamos en la portada de todos los periódicos.
Si no nos conceden este préstamo estamos hundidos, Mateo.
Tranquilízate. En media hora estamos celebrando el préstamo y tu próxima boda.
Pensaba que eso no lo querías celebrar.
¿Pensabas que había perdido la cabeza?
Y lo pienso. Pero ¿desde cuándo me pierdo yo una fiesta?
¿Don Alberto Márquez?
Don Andrés, ¿cómo está?
Mucho gusto. Felipe Murillo.
Don Andrés está reunido. Tiene una agenda muy ocupada.
Pero tengo su total confianza para tratar este tema.
Claro.
Verá, don Alberto hemos estudiado
a fondo la documentación que nos ha enviado
- pero... - Sabemos que la prensa está
con la situación financiera de las galerías
Tenemos recursos de sobra.
Estamos pasando por una mala racha.
- Eso es todo. - Somos muy ambiciosos con respecto
al futuro de las galerías.
[Alberto] Tenemos un proyecto muy bueno para las galerías.
Estamos convencidos que va a ser un éxito. No está bien que lo digamos nosotros...
Va a ser un éxito.
Lo único que necesitamos es un apoyo puntual para poder relanzarlo.
Eso es todo.
Lo lamento pero,
no podemos ayudarles.
[teléfono suena]
Don Alberto, ¿qué puede decirnos sobre la situación económica de las galerías?
No tengo nada que decir. Por favor, déjenme pasar.
¿Podrán hacer frente a sus deudas?
Sí. Velvet es una empresa seria.
Se rumorea que su padre no sufrió un accidente.
¿Qué insinúa?
[periodista] Quizá al no poder hacer frente a las deudas, él decidió...
Mi padre es uno de los mejores empresarios de este país.
Así que por favor, respete su memoria.
Buenos días.
Sí.
Sí, sí, me hago cargo, sí.
Sabe sobradamente que somos una casa seria.
Llevamos trabajando con ustedes más
de veinte años y nunca hemos tenido el menor problema.
Si ha habido un retraso en el pago de la factura
se debe a un imprevisto.
Sí.
Hablaré con don Alberto.
Buenos días.
[música suave]
¿Cómo estás?
Muy bien, tío.
He leído los periódicos.
No eres la única.
¿Es grave?
Algunos proveedores han empezado a cancelar los contratos.
Si no nos mandan mercancía
no tenemos nada que vender.
Y si no tenemos nada que vender...
Tío, voy a casarme con Alberto.
Me lo pidió ayer.
¿No me dice nada?
Me alegro por ti.
Gracias.
[suena intercomunicador]
[Nieves por intercomunicador] Don Alberto, está aquí la señorita Ribera.
Que pase, Nieves, gracias.
Hola.
¿Te has enterado ya?
¿Cómo no me voy a enterar si lo sabe todo el mundo?
¿Por qué no me dijiste que era tan grave?
Porque no lo era.
No lo era hasta que alguien se lo ha contado a la prensa
y nos lo ha puesto muy difícil para que nos den un crédito.
Pues llama a otro banco.
¿Crees que si fuera tan fácil no lo habría hecho ya?
Alberto, yo no quiero enterarme de lo que te pasa ni por tu madre ni por la prensa.
Si lo que quieres es una mujer que esté en casa esperándote, perfecto,
búscate a otra porque yo para eso no valgo.
[teléfono suena]
Pensé que el día que te pidiera matrimonio sería distinto y mira.
Nunca fuimos una pareja normal.
No lo vamos a ser ahora.
Lo siento.
Me voy.
- Adiós. - Pero que a mí me da igual. No te vayas.
Adiós.
Adiós.
Las deudas ascienden a más de diez
millones de pesetas. Se duda que la empresa pueda hacer
frente a ellas y se teme que hasta los sueldos de los trabajadores queden retenidos.
Que nos vamos todos a la calle y sin cobrar un duro.
Yo creo que eso es mentira. No van a cerrar. Seguro.
Pero no seas inocente. ¿Qué nos van a decir a nosotros?
Eso son cosas de los de arriba.
Vamos a ver. Está claro que si nos echan nos tenemos que volver al pueblo
porque aquí no tenemos donde vivir.
Sí, claro.
Yo no cambio Madrid por una aldea muerta.
¿Cómo?
A ver. ¿Y qué vas a hacer aquí?
[Clara] Pues buscaré un trabajo antes de que lo hagan todos los que están aquí
esperando a que se hunda el negocio.
Si fuesen a cerrar Ana nos lo habría dicho.
[Carmen] ¿Estás segura?
Porque hace un rato que ha llegado.
Y creo que su única preocupación era que todo el mundo viera el anillo que llevaba en la mano.
Te aseguro que hay cosas que me preocupan mucho más que un anillo, Carmen.
Permíteme que lo dude.
¡Qué pedrusco!
[Carmen] Ni los Reyes Magos cuando me traían carbón.
Anda, Carmen, vete a dar un paseo, hija.
Tranquila.
Os dejo a solas con la marquesa.
Alberto me lo regaló antes de que pasara todo esto.
Entonces, ¿es cierto? ¿Van a cerrar el negocio?
No.
Los periódicos siempre exageran.
Ana, por favor, ¿hay deudas o no hay deudas?
A ver, no se vende tanto como hace años pero eso
ya lo sabíamos todos, ¿no?
Alberto está buscando una solución
y yo estoy segura de que lo va a encontrar.
Alguien se ha olvidado de bajar estas muestras.
Como siempre.
Lo que no encuentre usted en la ronda antes del cierre, ¿eh?
Estamos pensando en brindar por la boda de su sobrina, ¿nos acompaña?
[Clara] ¿Con qué vamos a brindar?
Pues...
Venga, tío.
No se haga de rogar.
Quédese con nosotros.
Voy a cerrar.
Y vuelvo en un rato.
[Rita ríe]
[proyector funcionando]
El desfile del 51, qué buena colección.
Era una de las favoritas de tu padre.
¿Qué está haciendo aquí, Gloria?
Alberto, hijo, tú no eres el único que está sufriendo la falta de tu padre.
Esto no es fácil para nadie así que, por favor
no lo hagas tú más difícil.
He estado hablando con tu tía.
Quiere invertir en el negocio.
No.
Alberto, no estamos en posición de rechazar una buena oferta.
Si viene de mi tía, sí.
Mi padre nunca le habría dejado entrar en la empresa.
Tu tía solamente quiere ayudarnos.
Mi tía no hace nada gratis.
Eso ya lo sé.
Quiere una parte importante de las acciones.
Pero cubrirá toda la deuda, Alberto.
De verdad, créeme cuando te digo que es un buen plan.
Y sí, formará parte del accionariado.
Pero tu hermana,
tú y yo
seguiremos dirigiendo estas galerías.
Piensa en salvar el negocio.
Es solamente su dinero.
Nosotros seguiremos tomando las decisiones.
Pilar,
está hecho.
Alberto ha accedido a vender su parte de las galerías
así que pronto tendrás tu sillón en la junta de accionistas.
Ahora solo falta que tú también cumplas tu parte del trato.
Espere, Emilio.
¿Se va?
Sí.
Ya no me queda nada más que hacer.
Bueno.
¿Todo bien?
No lo sé.
Esperaba que me lo dijese usted.
Su padre se encargaba de dar todas y cada una de las noticias
importantes a los trabajadores.
Especialmente las malas noticias.
Estoy intentando no tener que dar ninguna mala noticia, Emilio.
Me alegra saberlo.
Y estoy seguro de que al resto también le alegraría.
Aunque supongo...
Supongo que es para eso para lo que ha enviado a mi sobrina.
Buenas noches, Emilio.
Buenas noches.
[llaves tintineando]
[Rita] Bueno, bueno, bueno.
¿Y cuándo encerramos a doña Blanca
en su cuarto para poder ir a ver una película de Sarita Montiel?
¿Os acordáis?
Cómo no me voy a acordar si estuvimos recogiendo hilos una semana entera.
Sí, pero mereció la pena.
Pues no lo dirás por la película.
Que tú estabas en la última fila y no sé
si verías mucho.
Perdón.
¿Y cuándo nos probamos los vestidos del desfile la noche antes?
Si nos coge doña Blanca nos mata.
A todas.
Oye,
cuando vayas a que te hagan la ropa de temporada pedirás que te atienda yo, ¿no?
Rita, no seas tonta, ¿eh?
Aunque me case con Alberto, no vas a dejar de ser mi amiga nunca.
[Pedro] Clarita, vamos a bailar.
- Pedro, ahora no. - ¡Venga, venga!
Venga, venga.
[música de baile]
Por nosotras.
Por ti.
Hola.
[aguja rayando el disco]
No, no paréis, por favor.
No quiero interrumpiros.
[suspira]
Rita, ¿verdad?
Sí, don Alberto.
¿Qué tal?
Estamos celebrando nuestro compromiso.
Ella, bueno, ya sabes... Mi compañera de habitación.
Clara es su hermana.
Encantada, don Alberto.
Josemi.
[Josemi] Encantado de saludarle.
A Pedro ya le conoces, ¿verdad?
Sí.
¿Qué tal, Pedro?
¿Quiere un poco de sidra, don Alberto?
Claro.
Don Alberto, ¿bailamos?
No.
Sí.
- Que soy una experta. - No, no.
- Véngase usted conmigo - Sí, sí, sí.
- que yo le hago de maestra. - Que no sé bailar.
Que sí.
Que sí.
Un, dos, tres.
[música de baile]
Estamos muy cerca.
[ríen]
[diálogo ininteligible]
¿Me lo prestas, Rita?
Es que no sé bailar.
¿Qué has hecho en Londres todo este tiempo?
[ríe]
[Pilar] Quiero que todos sepáis
que estoy profundamente feliz con esta venta
y que es un honor hacerme con el legado de vuestro padre.
¿Nieves, por favor?
Como veréis todos los términos vienen reflejados por contrato.
Así como la cantidad correspondiente a cada uno de los socios
para la venta de accionariado.
Una cantidad más que elevada dadas las circunstancias.
Sí.
Tu padre y yo siempre tuvimos diferencias, Alberto.
Pero no creo que eso os tenga que perjudicar a vosotros. Sois mis sobrinos
El pago de las acciones se realizará del siguiente modo:
Un primer pago inicial
a la fecha de firma de este contrato. Es decir, hoy.
Un segundo pago
en el mes siguiente a la formalización
sirviendo la cantidad señalada no solo como pago a los vendedores.
Doña Nieves, ¿ha salido ya Alberto?
No. Continúa reunido.
- Gracias. Esperaré ahí. - Muy bien.
Si leéis en el anexo de la distribución de votos
en las juntas de la directiva
Alberto y Patricia tendrán el mismo número de votos.
Disculpe la interrupción, don Alberto.
Necesito que firme el envío para los Cortés-Blázquez.
- Sí. - Tiene que salir
ahora mismito sin falta.
Perdón, don Alberto.
Gracias.
- Gracias, Pedro. - Permiso.
¿Alguna pregunta?
Entonces solo queda la firma.
Alberto, no creo que tu tía disponga de todo el día para una simple firma.
Sí. Una última pregunta, tía Pilar.
Dime, querido.
¿Qué va a pasar con los trabajadores?
Llevan años siendo fieles a esta empresa y a mi padre.
Quiero asegurarme de que van a conservar el puesto de trabajo.
Es lo que hubiera querido mi padre, ¿no?
Y yo creí que precisamente querías hacer las cosas mejor que tu padre, querido.
Tu padre mezcló el corazón con la cabeza
en los negocios.
Y mira a dónde os ha llevado.
Estoy segura de que tu tía va a contar con los mejores profesionales para remontar el negocio.
Hasta mañana.
¿Has firmado?
No.
[timbre de ascensor]
Has hecho lo correcto.
He hecho lo correcto pero no sirve de nada.
Seguimos teniendo la deuda.
Si firmo con mi tía salvo el negocio
pero no a los trabajadores.
Y si no firmo con ella el negocio se hunde y los trabajadores se van a la calle.
Nadie se va a ir a la calle
porque tú vas a encontrar una solución.
¿Cómo?
No lo sé.
Pero si me convenciste a mí de que me fugase contigo a París, puedes hacer cualquier cosa.
Son unas deudas con las que no contábamos. Un pequeño problema de liquidez.
Pero usted sabe mejor que yo que las galerías son
un negocio sólido y que le devolveríamos el dinero
con la mayor brevedad posible y con los intereses que usted considere.
No me ofendas hablando de intereses, Alberto.
Conozco a tu familia desde antes de que tú existieras.
Gracias, don Gerardo.
Mi padre le tenía mucho aprecio.
No quiero aprovecharme de vuestras dificultades.
Me interesan más las personas que el dinero.
Me parece muy bien que lo vea así, de verdad.
Pero yo no me sentiría cómodo si no se lo planteáramos en estos términos.
Es una cantidad importante.
Mis términos son otros, hijo.
Usted dirá.
Diez millones suponen un compromiso para mí.
Y quiero que tú también te comprometas.
Mi hija y tú tenéis la misma edad, la misma educación
y sé que os habéis visto en Londres.
Ella está muy ilusionada contigo.
Nosotros formamos parte de tu proyecto.
Y tú del nuestro.
Una familia.
¿Entiendes?
No.
No sé si le entiendo bien.
Si quieres ese dinero
ya sabes lo que tienes que hacer.
Lo lamento don Gerardo, sin desmerecer a Cristina, que es una joven maravillosa.
No creo que yo sea la primera persona a la que recurres, ¿verdad?
Si estás aquí...
...es porque no quieres que Velvet se convierta en un edificio de apartamentos.
Así que, de algún modo, puede que mi propuesta
no sea tan descabellada.
Cariño,
¿cómo ha ido el teatro?
Muy bien, muy bien.
Alberto.
Estaban todos los palcos llenos.
Estaba todo Madrid. Padre.
Seguro que te habría gustado venir.
¿Que habéis visto?
Su primer beso.
[don Gerardo] ¿Qué vas a tomar?
Un San Francisco.
Camarero, un San Francisco, por favor.
¡Pedro! ¿Qué haces aquí?
Perdón, no miro, no miro, no miro.
Te tengo que decir una cosa muy importante.
Me dijo el camarero que vio a don Alberto salir del bar con una cara muy extraña.
Eso quiere decir que no le dejó el dinero, Rita.
Porque otra cosa no puede ser.
Así que vete preparando para hacer la maleta.
¿Y tú has hablado con mi hermana?
Sí, sí.
Ella dice que está...
Está convencida de quedarse en Madrid, que o me quedo yo y hacemos una nueva vida...
O...
...cada uno sigue su camino.
¿Y qué vas a hacer?
Quedarme.
¿Pero por qué no te quedas tú también?
No puedes estar siempre siguiendo a una persona, Pedro.
Yo pienso que...
...si la quieres tienes que hacer algo.
Eso de quedarte esperando no sirve para nada.
No, no.
¿Sabes?
Yo siempre he pensado, de verdad...
que si quieres a alguien tienes que hacer lo que sea para estar a su lado.
- Mira don Alberto y Ana. - Sí.
¿No?
La verdad es que si no lo hago...
...me voy a arrepentir durante toda mi vida.
Te voy a echar mucho de menos.
Y yo a ti.
Perdón.
[puerta se cierra]
[puerta se cierra]
Pues sí que ha debido de ir bien.
Está dispuesto a dejarme el dinero
para pagar la deuda.
Pero Alberto, eso es genial.
A cambio de que me case con su hija.
Ese desgraciado se piensa que soy gilipollas
para aceptar un trato así.
¿Y entonces?
No sé cómo pagar las deudas, Ana.
Voy a tener que vender.
Alberto, no puedes hacer eso.
Yo tampoco querría pero es que no, no...
No sé qué hacer.
Todos los que están ahí son mi familia.
¿Qué va a ser de ellos?
[suspira]
Mi tío lleva ahí treinta años trabajando.
No te preocupes por tu tío.
Y Pedro, y Rita...
¿Qué van a hacer?
[grillos cantando]
[suspira]
Perdóname por lo que estoy a punto de hacer.
Por decírtelo así, en una carta.
Pero créeme que si te miro a los ojos no voy a poder separarme de ti.
Y tengo que hacerlo.
[llora]
Tú has hecho todo lo que podías por salvar las Galerías Velvet.
Pero yo aún no.
No puedo casarme contigo.
No puedo hacerlo.
Por lo que deseaba tu padre, por lo que deseas tú.
¡Ana!
Y por mi tío.
Y mis compañeras.
Son la única familia que tengo.
Y no podría perdonarme ser la culpable de su desgracia.
No anteponer mis sueños al de todos los que trabajan en esas galerías, ni a los de
mi tío.
Te quiero.
Y eso no va a cambiar.
Pero mi tío tenía razón, Alberto.
Soy una modista
y tal vez nunca debí dejar de serlo.
Dáselo y salva las galerías.
[puerta se cierra]
¿A dónde vas?
A recoger tus cosas.
No me lo pongas más difícil.
No me voy a casar con Cristina para que la gente conserve su puesto de trabajo, Ana.
Si hicieras eso, no serías el hombre del que me enamoré.
A lo mejor, es que no me quieres tanto.
Es verdad.
No te quiero tanto.
Me lo dijo Carmen. Que don Alberto se llevó
uno de los anillos más caros que tienen.
¿Qué pasa?
Don Alberto al parecer se va a cenar
con la señorita Cristina al restaurante ese tan bueno
de la calle Capitán Blasco.
Mi mujer estábamos muy satisfechos
con ella. Pero...
...por desgracia parece que la han despedido.
Y quiere que...
Quiero que la readmitas.
Les vamos a ir llamando de uno en uno
para entrevistarlos.
Doña Blanca, disculpe.
Es uno de los nuevos empleados. Viene
por el uniforme.
Tú sabes qué le pasa a este, ¿qué ha hecho con mi novio?
No, ni idea.
Claro, si no pasa nada.
- ¿A que no, cuñada? - No.
¿Qué está pasando, Rita?
He hecho una cosa horrible.
Quería transmitirle a don Alberto
mi interés por el puesto de secretaria.
A ver si con interés es suficiente.
El mundo de las apariencias va a hacer que esta empresa vuelva a ser lo que era.
Disculpe, señorita.
Verá, estoy pensando en irme a vivir a Barcelona
y me había dicho que
quizá estaría interesado en una cortadora
para su taller.
Quizá en estos últimos años
no he estado muy atento...
...o no he sido lo que tú esperabas.
Pero eso va a cambiar.
Cristina...
...¿me concederías el honor de ser mi esposa?
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