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Rita, ¿te quieres casar conmigo?
¡Que nos casamos en Porrillos este fin de semana y estáis todos invitados!
¡Pero bueno!
- Oye, ¿y el vestido? - Pero si esto es un Belategui.
Señor Belategui.
Nada como el Orquídea del 55.
- Un clásico. - Necesito ese clásico.
- ¿Se sabe algo del vestido? - Bueno, Belategui ya tiene las medidas.
Lo único que no os lo vais a poder llevar vosotras al pueblo, os lo acercaré yo cuando vaya.
Oye, Luisa, Luisa, ¿quieres ir conmigo a la boda?
Entramos juntos en la iglesia, nos sentamos al lado
y no bailas con ningún zagal del pueblo más que conmigo.
- Bueno, trato hecho. - Trato hecho.
Enrique te va a dejar tirada cuando ya no le seas útil, igual que lo hizo tu madre.
Por lo menos mi madre no iba de muerta de hambre siendo una oportunista.
No voy a consentir que sigas hablando así de mi madre.
Voy a defender lo que es mío con uñas y dientes.
La mitad de las acciones de Patricia
provienen de su madre.
Mi matrimonio con tu padre es el único válido aquí.
- Fuera. - Desde hoy trabajo aquí.
Y yo decido quién se queda y quién se va, y tú te vas.
No voy a consentir que esa marrana me siga faltando al respeto una y otra vez.
Necesito tenerla a mi lado para controlarla, eso es bueno para la familia.
No la quiero aquí, Enrique, no cerca de ti.
Así que mañana mismo volvemos a casa.
No voy a ir a San Sebastián.
He dejado a Enrique.
Estoy en la calle y no sé qué hacer ni adónde ir.
Espera, toma. Te quedas en casa.
Si le cuento a papá
que sigues acostándote con Patricia es el fin de tus días aquí.
Lo único que me interesa de Patricia son sus acciones en la empresa.
Quisiera pedirte un favor, Alberto.
¿Por qué no llamas un día a tu tío?
Él representa a una compañía de importación de telas.
Y yo pienso que puede ser interesante para las galerías.
He estado intentando recordar cuándo fue la última vez
que me dijiste "te quiero".
Nunca. Te casaste conmigo por el dinero de mi padre.
Estoy preocupada por Ana.
- Es Carlos. - Perdóname.
- Me he portado como un idiota. - Lo siento.
- Pero no te quiero. - No digas tonterías, Ana.
- ¡Suéltala! ¡Que la sueltes! - Alberto, no. ¡Alberto!
- Estás sangrando. - No quiero que me cures, Ana.
No te haré daño.
Se aman.
Déjales tener a ellos lo que nosotros nos negamos.
¡Alberto, Alberto!
No quiero que vivas con rencor.
Lucha por Ana. Prométemelo.
Yo luché
por mi felicidad
- y te encontré. - Te lo prometo,
mamá.
Me voy inmensamente
feliz.
[suena una melodía de los 50, sintonía de la serie]
[acaba melodía de los 50, sintonía de la serie]
[Emilio suspira profundamente]
[pasos acercándose]
Tío, tenemos que irnos al velatorio.
[Emilio solloza]
[suena música de jazz]
[Alberto] Has montado una fiesta.
Espero que les sepas echar cuanto antes.
[Cristina] Mi amor, yo se que estás herido.
Que necesitas desahogarte con alguien, desahógate conmigo.
Cuando esto haya pasado vas a ver las cosas de otra manera.
No voy a cambiar de opinión, Cristina.
No quiero que te hagas ilusiones con algo que no va a suceder.
- ¿Has terminado ya de humillarme? - No te estoy humillando.
- Solo quiero ser sincero contigo. - Sí, me estás humillando.
Diciéndome todas esas cosas que me dices y pidiéndome
que eche de nuestra casa a todos nuestros amigos.
No les eches.
Pero asegúrate de que no vienen al funeral mañana,
o si no les echaré yo.
[puerta se cierra]
Don Alberto.
Veníamos a darle el pésame.
[Alberto] Gracias, Blanca.
Hola, Alberto,
- soy... - Mi tío Esteban.
Era muy pequeño cuando te conocí.
Todavía te recuerdo.
Les dejo solos, esteré dentro.
Me alegro de verte.
He pasado todo el camino nervioso como un crío.
No sabía cómo me ibas a recibir.
Mi madre quería que volviéramos a vernos.
Tu madre era una gran mujer.
Me hablaba muy bien de ti.
Te sorprendería. En esta casa no era lo habitual.
Me ha contado que diriges una empresa textil.
Así es.
Cuando termine todo esto, ¿por qué no te pasas a verme por las galerías?
Gracias.
Vamos.
- [Esteban] Gracias. - [suena música de jazz]
[Enrique] Alberto, perdona.
- No he podido darte el pésame hasta ahora. - [puerta se cierra]
[diálogos ininteligibles]
[Alberto susurra] Como si a ti te importara lo más mínimo.
Esteban, por favor.
¿Haciendo amigos?
¿Qué otra cosa se puede hacer en un velatorio?
Me gustaría saber qué estamos haciendo aquí.
- Apoyar a mi hermano. - [Enrique ríe]
¿Porqué no nos vamos tú y yo a otro lado?
[Patricia ríe]
Porque yo no me voy a ir contigo a ninguna parte.
- Ah, ¿no? - [Patricia] Mm, mm.
¿De verdad creías que podías tratarme como a una tonta?
No sé de qué me estás hablando.
Oí cómo se lo decías a tu hermana en el despacho.
Olvídate de tener la más mínima influencia en las galerías
a partir de ahora, Enrique.
Tú y yo tenemos el mismo número de acciones.
Pero viendo cómo te ha tratado mi hermano
creo que está bastante claro a quién apoyará, ¿no?
- Patricia, escucha. - [Cristina] Enrique.
¿Tienes un minuto?
Yo ya me iba.
¿Te has vuelto loco?
Solo estábamos hablando.
[Cristina susurra] Pues parecía mucho más que una conversación.
Era solo una conversación hasta que has llegado tú.
Pues me alegro de haber evitado que te conviertas
en la comidilla de toda esta gente.
¿Se puede?
[Alberto] Adelante.
[Mateo] Lo siento mucho, amigo.
- He pasado por la oficina. - [Alberto suspira]
Han llegado algunos telegramas,
pero pensé que este te haría ilusión.
"Han sido pocos días, pero posiblemente
los más inolvidables de tu vida.
Quédate con eso.
- Raúl de la Riva". - Está en París buscando telas para la colección.
- Le habría gustado estar aquí. - [Alberto suspira]
Estoy seguro.
¿Estás bien?
- No me he hago a la idea. - Ya.
- Cuesta digerir una pérdida, ¿no? - [Alberto suspira]
[Alberto] No me hago a la idea de nada, Mateo.
Ni de la pérdida, ni del hecho de haber tenido una madre
durante tan poco tiempo.
Qué asco de vida.
[suena música de jazz]
Gracias por venir.
Don Emilio, ha sido una noche muy larga.
Tendría que estar descansando.
Sí, muy larga.
Todavía tengo la impresión de que no ha amanecido.
Lo siento mucho, Alberto.
Don Emilio, le acompaño.
Isabel me dio esto...
...para que te lo diera justo antes de irse de las galerías.
No estás solo, Alberto. Me tienes a mí.
A ti no te tengo.
[Ana suspira]
En el fondo, pase lo que pase, siempre estaré contigo.
Todos en las galerías te mandan el pésame.
Rita y Clara
que están en el pueblo preparando la boda de Rita y Pedro, también.
[Alberto ríe]
Por fin.
Sí, por fin.
[susurra] Ellos lo han conseguido.
No me puedo creer que ya no esté.
La vida sigue.
Y si algo nos enseñó tu madre es a apostar
por disfrutarla hasta el último momento.
En eso tenía razón mi madre.
Tú deberías de hacerle caso, Ana.
Mañana se casa tu mejor amiga.
Deberías estar con ella.
Mañana es el entierro de Isabel.
Isabel querría que estuvieras allí.
Y yo quiero estar con vosotros.
- Nosotros vamos a estar bien. - [Emilio] Mm, mm.
Y tú te arrepentirás.
Te arrepentirás si no
te marchas...
...ya.
- ¿Vienes a la boda? - [Ana] Sí.
Pero no le digáis nada a Rita, ¿eh? Que es una sorpresa, igual que lo del vestido.
¡Uy, el vestido! ¡Hay que ir a recogerlo al taller!
Espera, espera, no te preocupes, que voy yo.
Encárgate tú de los nuestros y yo me encargo de ese.
No os vayáis sin mí, por favor.
- [Luisa] Bueno, esto ya está. - Voy con ella.
Espérate, espérate, que te vas a probar el traje
- en un momentito. - No puedo. Está la furgoneta a punto de llegar.
- Así que no puedo probarme esto. Voy. - Vamos.
Ay, madre qué bien ha quedado. Pero si pareces un pincel.
[Pedro] Parezco un pingüino, Luisa.
No te preocupes, hombre.
Si en Porrillos no han visto nunca un pingüino, igual
eres el primero.
[Pedro] Yo de verdad, para mí esto es muy finolis.
Pero qué finolis, ni qué finolis.
Que Rita va a ir con su Belategui y tú no vas a ir hecho un feriante.
Va, Yo no me veo, yo no me veo.
[Jonás] Tú piensa en las fotos de la boda, primo.
Que puede que ahora no te veas
pero las fotos son para toda la vida
y como no estés perfecto
te vas a arrepentir.
Entonces, ¿estoy guapo?
[Luisa] Guapísimo.
Muchas gracias.
Oye, vosotros tened cuidado, que sabéis que de una boda sale otra boda.
[Luisa] Venga, anda, cámbiate, cámbiate.
[Luisa suspira]
[Jonás silba]
- ¿Tú qué miras? - Pues eso.
Que de una boda, sale otra boda.
Qué cruz tengo, ¿eh?
- Qué cruz. - Venga, hombre.
Don Emilio.
Suenan campanas de boda, ¿eh?
- ¿Cómo? - De la suya, de su boda, Pedro.
Ya.
Yo no me veo mucho, ¿eh? Yo me veo como un pingüino.
- A Rita le gustará, no se preocupe. - Ya.
Don Emilio, cómo le digo yo esto, que...
Que quería que supiera que...
Que lo siento mucho.
De corazón.
Isabel era una mujer como...
Como Dios manda.
Y que no se merecía esto.
Y usted tampoco.
¿Y sabe? Hay veces...
...que me pregunto por qué la vida es tan injusta.
Pero no me da respuesta.
[Pedro solloza]
Bueno, Pedro... No, basta, no.
No se le vaya a arrugar el chaqué.
Le vamos a echar mucho de menos en la boda.
Yo ya se lo he dicho muchas veces, pero...
...usted sabe que es un padre para mí, ¿verdad?
Sí.
Y sin usted
no habría nada, nada, nada que celebrar.
Les deseo
lo mejor para los dos.
Pedro.
Gracias por el abrazo.
- ¿Quiere otro? - No, no.
Continúe
con sus quehaceres.
Es que encima me queda corto.
Oye, oye, perdona, ¿trabaja por aquí Luisa Rivas?
Anda, Pedro, quítate el chaqué que se va a arrugar y la furgoneta está a punto de llegar.
- ¿Pero usted que quiere? - Sí, soy yo.
Luisa, no sabes lo que me ha costado encontrarte.
- Pues aquí estoy. - Verás, soy un gran admirador de tu trabajo.
- ¿De cómo coso? - No, mujer, no.
De cómo cantas.
Soy Eusebio Herrera, productor musical.
Me dejaste sin palabras cuando te escuché en la actuación de San Valentín.
Y luego te vi en la prensa con
- esos ojos, esa sonrisa. - En la prensa.
En la prensa, sí.
¡Ay, pero si soy yo!
[Eusebio] Se ve que no soy el único que se quedó impresionado contigo.
Y con tu vestido, no se habla de otra cosa.
Verás, en un par de semanas inicio una gira por todo el país con un grupo de artistas.
Y quiero que te unas a nosotros.
- ¿Cómo y que deje esto? - [Eusebio] Me temo que sí.
Pero sería por tu carrera musical.
Uy, no, pero yo no puedo, yo tengo mucho trabajo, yo...
Vamos no me puedo ir de estas galerías que son mi vida.
[Eusebio] Lo tuyo es la música, y se nota.
Te juro que nunca había sentido una magia así desde hacía tiempo.
Porque además, me tengo que ir ahora al pueblo, al pueblo, a Porrillos
- porque se casa mi mejor amiga. - [Eusebio] Vamos a hacer una cosa.
Piénsatelo.
Y mañana me das una respuesta.
- Mañana. - Mañana.
Luisa, voy a hacer de ti una artista.
Encantado.
[Jonás] ¿Y este quién era?
¿Qué quería?
Nada, nada, qué va a querer.
¿Cómo que nada?
- Hola. - [Luisa] Ay, Ana.
Mira, no te lo vas a creer.
¡Luisa, pero si eres tú!
¡En la portada! Y mira dentro, mira, sales tú.
¡Ay, madre!
"Luisa lucía un espectacular vestido firmado por un diseñador desconocido
Phillip Ray, del que ahora todo el mundo habla.
¿Será este el nuevo creador de tendencias
entre las jóvenes?" ¡No me lo puedo creer!
¡Lo hemos conseguido!
Lo hemos conseguido. Y cuando se lo contemos a Rita se va
- a volver loca. - Qué ganas de que lo vea. Toma, llévasela.
- ¿Es su vestido? - Sí. Es
- precioso. - Ay, madre mía.
Le va a encantar.
¡Chicas, la furgoneta ya está aquí!
- ¡Nos vamos! - Pues venga.
- Voy a mi habitación corriendo. - [Jonás] ¿Te ayudo?
Venga, esta la llevo yo.
[Luisa] Ay, los vestidos se van a arrugar, qué horror.
[Jonás] Vamos.
¡Ya estoy!
Perfecto. Pues muchísimas gracias por todo.
Bueno, el lunes le devuelvo la furgoneta, ¿vale? No se preocupe por nada.
Con Dios.
¡Que me caso con Rita! ¡Que me caso con Rita!
Ay, Pedro, guarda energía que nos queda mucho viaje.
- Ay, qué emoción. - Pasa, Luisa.
- [Luisa] ¿Estás muy contento? - ¡Sí!
Primo, ¿te has quedado con la copla de cómo arranca?
Sí. Llave, meto segunda,
tres cuartas partes de embrague,
acelerador. Facilísimo.
[furgoneta no arranca]
Facilísimo.
- Anda, prueba otra vez. - No, no, no.
No, no era segunda, era primera.
Primera, tres cuartas partes de embrague...
[furgoneta no arranca]
No me lo puedo creer.
¡Pero a ver si es que no tienes que pisar el embrague!
Pero si no pisas el embrague se cala, Luisa.
Ya, ya. Ya sé lo que es, es el freno de mano.
Es el freno de mano, va a ser el freno de mano.
Freno de mano, primera...
[furgoneta no arranca]
- Uy, que nos quedamos aquí. - ¿Cómo?
No nos podemos quedar aquí, ¿eh?
No, no, por favor, vete a buscar al señor de la furgoneta pero ya.
"Pa" mí que es un timador, ¿eh?
- ¿Cómo? - Ha cogido el dinero y nos ha dejado el trasto.
- Sigue intentándolo, Pedro anda, tú sigue. - ¡Qué cosas dices!
- No arranca. - Pedro.
Rita al teléfono.
- Uy. - ¿Le has dicho que seguimos aquí?
Pues claro. Si seguís aquí, ¿no?
No se lo puedo coger, como se lo coja, me mata.
No, te mata si no se lo coges así que, arrea.
[Luisa] ¿Cómo no se lo vas a coger?
- [Jonás] Al lío, venga, dale. - [Pedro] Chs.
Rita. Mi amor.
Tengo muchas ganas de verte y de besarte y de estar contigo eternamente.
- Me ha "colgao". - [ruido de interferencias]
[Rita por teléfono] No, no he "colgao".
Oye, ¿Se puede saber qué haces allí todavía?
Que nos casamos mañana, Pedro. Mañana.
- [Rita] ¿No te habrá "liao" Jonás? - No, no me ha liado Jonás, es que...
No, si es que nos vamos ya,
- si es que salimos ya, ya de ya. - Dile a Luisa que se ponga.
- ¿Qué te ha dicho? Dile lo de las horquillas. - Que ya salen. Sí.
- ¡Rita! - Luisa, tú no me vas a mentir. ¿Está "to" bien?
Claro que está todo bien. Estamos ya a punto de salir y estamos allí en un santiamén.
[Rita] Bueno, pues daros prisa,
que para llegar aquí hay que ir por un camino de cabras y vais a tardar mil horas.
Que sí, que ya estamos, no te preocupes.
[Rita] Bueno, ¿y Ana? ¿Qué tal está? ¿Está bien? ¿Y don Alberto?
- ¿Ana? Bueno, Ana... - [ruido de interferencias]
Está, pues hija, cómo va a estar, pues en el velatorio.
Y don Alberto, pues tocado.
- [Clara susurra] Lo de las horquillas. - Que sí, calla.
Pues ojalá estuviera Ana aquí con nosotras, ¿no?
Bueno, mujer, va a estar en el sentimiento.
Pues venga, ¿eh? Que a lo mejor contigo en casa mis padres se entretienen y no son tan "pesaos".
Esto es un infierno, ojalá...
- Las horquillas. Díselo. - ¡Qué "pesá" con las horquillas!
¡Luisa! Que dice Clara
que te traigas las horquillas. Que aquí no encuentra.
Que sí, que ya llevo yo horquillas.
Cuídame a Pedro, ¿eh?
Que sí, hombre, que te lo llevo sano y salvo.
- Adiós, adiós, Margarita, adiós. - Hala, adiós.
¡Me habéis colgado así de mala manera!
- ¿Qué te ha dicho de las horquillas? - Pero, vamos a ver
vamos a ver, vamos a ver.
Mañana me caso. No hay novio ¿y a ti
lo único que te importa son las horquillas?
Mira que no seas exagerada, Rita. Que me he dejado el neceser en Madrid.
¿Cómo tengo que decirte que eso es lo peor que te puede pasar?
- Ay, qué cruz. - [mujer] ¡Margarita!
¡Clara!
- [Rita] ¿De dónde viene, madre? - De casa la Paqui.
- De recoger el vestido de novia. - ¿Y qué hacía la Paqui con el vestido?
- Que se casó con él. - ¿No se lo había dejado a la prima Nieves?
Claro, pero luego se lo dejó a la Mari Jose, la Mari Jose a la Mariola
y la Mariola a la Paqui, vamos.
Vamos, que está más sobado que la chaqueta un guardia.
- Hija, no digas eso. - Ese vestido se sabe el camino. Podría ir él solo.
Uy, qué desagradecida.
Con la ilusión que le haría a madre que te casaras con él.
Eso mismo, y la siguiente en ponérselo, tú.
- ¿Yo? - No seas desagradecida, Clarita.
- Venga, vamos a probártelo. - [campanadas]
Ay, mi niña.
Ay, por Dios, por Dios, por Dios.
¿Pero madre adónde va?
[madre de Rita] ¡Angustias!
[Clara] La tía Angustias.
¿Y la escopeta de padre?
Rápido. Mátame.
Rita, que mal, mal, no te queda.
Al ralentí.
- Embrague. - Embrague a fondo,
acelerador a medio gas.
- [Pedro] ¿Era así no? - Sí. Dale.
[furgoneta no arranca]
Me muero, me muero, me muero.
[Angustias] Ay, por Dios, por Dios, por Dios.
Ay, lo mismo que he dicho yo.
Si es que eres el vivo retrato de tu madre.
De madre, de la Paqui
de Puri, de Marilen, de Mari Cruz.
Anda, que no hay gente que se ha puesto este vestido, ¿eh?
Bueno, se lo puso hasta el Bonoso
en carnavales.
[ríen]
[madre de Rita] Ay, bueno, al Bonoso ni me lo nombres, ¿eh?
Yo, si no os importa, voy a quitarme esto, que no quiero que se estropee.
[Angustias] Bueno, eso ya sabes para lo que es.
[Clara] Para ahorrarse el regalo, ¿no?
Con lo roñoso que ha sido siempre, de verdad.
Roñoso, roñoso es poco.
Es avaro.
¿No dicen así, avaro? Avaro.
[suena música de copla]
[hombre] ¿Se puede?
Padre, claro, pase.
Hija, que...
Que estaba yo hablando de lo de tu boda en la taberna.
[Rita] ¿Con el Bonoso?
No. Qué va. Ese...
Ese lleva escondido desde que se enteró de la boda.
El caso es que
les estaba yo contando que...
Que te vas a casar
con el muchacho este...
- Con Pedro. - [padre de Rita] Ese.
Y hablando, hablando...
..."ma entrao" a mí la duda.
Ese Pedro...
...no es el mismo Pedro que se puso de novio con tu hermana Clara.
- ¿Verdad? - [Rita ríe incómoda]
Pero padre, ¿cuántos
Pedros de Porrillos se cree que hay trabajando en las galerías?
Pues claro que es el mismo.
Pedro...
...¿el Verbenas?
Ya.
¿Algún problema?
Tu hermana se casa con tu novio y tú tan contenta, ¿eh?
- No, no es mi novio. - [Rita] Padre,
escuche, por favor. Pedro es el hombre más bueno y "honrao" del mundo.
Que Clara le dio muy mala vida.
- ¡Rita! - Ya sabemos que le gusta ir enseñando rodilla.
¿A que sí, madre?
Y claro, pues en Madrid hay mucho chico guapo y Clara
- pues tiene ojos en la cara. - ¿Y se puede saber qué haces tú en Madrid?
A ver, ¿qué va a hacer? Nada. ¿Qué va a hacer? Es que me desvío del tema.
[Rita] Que aquí lo importante es que Pedro me quiere muchísimo.
[Clara] Y a mí también me ha querido muchísimo, ¿eh?
[Rita] Pero ahora me quiere a mí, y yo a él.
No se imagina cuánto. De verdad, créame.
Va a ser el mejor yerno del mundo. Dele una oportunidad, por favor.
Hazle caso, hombre.
Si lo dice ella,
¿no quieres ver feliz a tu hija?
- ¿Se puede? - ¡Manolito!
- ¿Pero este quién es? - El hijo de Pedro.
- ¿Tuyo? - ¡Qué va a ser mío!
No, hombre, no. Que va. Es de la Rosa Mari.
Es que estuvo "liao" con ella
- antes de con la Clara. - Mi escopeta.
¿Dónde está?
- Con que el Verbenas es un santo varón ¿eh? - ¡Fernando!
Ay, madre mía.
- ¿Qué le pasa? - Nada, los nervios de la boda.
¿Ha llegado ya mi padre?
No, pero va a llegar en menos que canta un gallo, ya verás.
- ¿Quieres que lo haya yo, Pedro? - [furgoneta no arranca]
[Blanca] Menos mal que aún no se han marchado.
Tengo algo que darles para que se lo lleven a Rita.
- Sí, claro. - Vaya con tranquilidad, de aquí no nos movemos.
- Gracias por acompañarme. - [Esteban] Nos vemos esta noche.
[Pedro] Súbete, súbete tú.
- ¿Me permite? - ¿Usted es?
Esteban Márquez, amigo de Blanca
y el mayor experto en coches que van a encontrar aquí.
- Ábrele. Déjale. - [Pedro] Suba, por favor.
El dueño nos ha dicho que tenemos que hacer no sé qué con el valentín.
- Con el ralentí. - [Esteban] Chs.
[susurra] Vamos, preciosa.
[furgoneta arranca]
No me lo puedo creer, no me lo puedo creer, ¿cómo lo ha hecho?
Como se hace todo en la vida. Con un poquito de maña y mucho amor.
Ves, yo siempre digo, si es que el amor lo puede todo.
- Muchísimas gracias, señor Esteban. - De nada, hombre.
- Le debo la vida, de verdad. - Pues ale, vamos que no llegamos.
- [Luisa] ¿Qué nos quería dar, doña Blanca? - Sí, este broche.
El señor de la Riva me dijo que le van a regalar el Belategui
y creo quedará perfecto con el modelo.
¡Chicas! ¡Antes de que se pare el coche, que nos vamos a Porrillos!
- [Ana] Hala, venga. - Ya está.
- [Jonás] Venga. - [Luisa] Venga, que no se apague.
Vale, ya está, ya está. No está apagado, no está apagado.
- [Jonás] Hala. - No se va a apagar, no se va a apagar.
- ¡Hasta luego! ¡Vámonos! - [Blanca] Buen viaje.
He tenido que echarles una mano.
- Así que, con mucho amor. - Claro.
En realidad al coche no le pasaba nada.
Lo estaban ahogando.
[ríen]
[Pedro] Voy muy rápido, ¿verdad?
¿Rápido?
Pero si vamos a cuarenta.
Es que yo no estoy acostumbrado a conducir furgonetas
y esto no es un seiscientos.
Mira, el coche se me va para la izquierda. Cuando voy para la derecha veo que me patina.
Tú sí que patinas. Pedrito, que vamos bien.
Yo, estos focos no son buenos,
de verdad no son buenos porque se me va a cruzar un animal o un charco y al final...
Pedrito, ¿por qué no te callas un poquito, mm?
Relájate.
Que bastante nervioso estarás mañana.
[Jonás suspira]
¿Estáis bien ahí atrás?
Sí, bueno, con este meneíto no hay quién duerma, pero...
Bueno, ya tendrás tiempo de dormir. Si este viaje es un muermo.
Venga, yo que sé. Cantemos algo. Luisa.
- Cántate algo, arráncate con algo. - Ay, no.
¿Cómo era aquella de...?
[Jonás canta] Para ser conductor de primera
De segunda, de tercera
[todos al unísono] Para ser conductor de primera
hace falta buen humor
Acelere, señor, acelere
Acelere, acelere
- Para ser conductor... - [estrépito]
- [chirrido de frenos] - ¡Pedro!
¡Perdón, es que sabía que me iba a patinar el coche,
hombre! ¡Y encima con los cánticos! Vale, perdona.
- ¡Estate atento! - Vale, vale, vale.
Es que al final voy a llegar al pueblo, pero voy a llegar fiambre, lo estoy viendo.
- Qué susto. - Perdonar, perdonar.
[Cristina] Gracias.
Buenas noches.
Esto no funciona.
Yo sé que tú das lo mejor de ti, pero no.
Pero... No.
Nunca es suficiente.
¿No?
¿Nunca nada de lo que yo hago es suficiente?
- Ese nunca fue el problema. - ¿Y cuál es el problema?
¿Alberto? ¿Que no me quieres?
¿Que no estás enamorado de mí?
- ¿Acaso lo has intentado alguna vez? - Cada día.
Cada día desde que te conozco.
¿Y por qué?
¿Por qué no me quieres, Alberto? ¿Por qué no me quieres
después de todo lo que he hecho por ti? ¿De lo que he hecho
por salvar este matrimonio?
Estoy enamorado de otra persona.
Pero dijiste que...
Dijiste que Sara Ortega había sido un error
- que no significaba nada. - No es Sara.
Es Ana.
[Alberto] Lo siento.
Sé que tenía que habértelo dicho antes, pero...
Pero no puedo más ya.
No podía seguir engañándote.
No, no.
No te atrevas a decirme que estás haciendo esto por mí.
[Alberto] Lo estoy haciendo por mí.
¿Ella es la mujer de la que siempre estuviste enamorado?
¿Ella es la mujer por la que tu padre te mandó a Londres?
[Alberto] Sí.
Es ella.
[Cristina solloza]
¿Y ahora qué?
¿Qué, se acabó?
¿Qué vas a hacer?
¿Vas a tirar toda tu vida a la basura?
¿Vas a tirar todo esto por la borda por una maldita costurera?
[Alberto susurra] Quiero empezar a vivir.
[Cristina] Vete.
[Cristina grita] ¡Fuera!
[solloza]
[llora]
¡Elvira!
[grita] ¡Elvira!
Señora, ¿se encuentra bien?
Pídame un taxi.
Si, enseguida.
[suena música de swing en la radio]
¿Tú que tal estás, estás bien?
Sí, estaba pensando en Alberto.
Ay, pobre.
¿Estaba muy mal?
Pues hombre...
Isabel se había convertido en alguien muy importante para él.
Qué horror.
Bueno. Por lo menos han tenido tiempo para estar juntos.
Eso es lo más importante.
¿Y a ti qué te pasa,
- que llevas todo el viaje tan callada? - ¿Te lo cuento?
Pues nada, que ha venido a verme un productor musical
y que me ha ofrecido una gira por toda España y que le conteste mañana
- ¿Qué? - ¿Ha pasado algo?
- ¿Paro? ¿Paro? - No, no, no, Pedro. No, no,
que creí que se me había olvidado algo, pero no.
Pero eso es una buenísima noticia.
Pero, qué va, Ana, pero cómo voy a dejar el trabajo.
Luisa, hija, tu sueño es este.
A las galerías ya volverás si es que hay que volver.
Bueno, es que además hay otra cosa que no te he "contao".
Que...
[susurra] ...entre Jonás y yo ha pasado algo.
¿Qué?
Entre Jonás y yo ha "pasao" algo.
- ¿Qué? - ¿Qué ha pasa...? ¿Ha pasado algo?
No, no, no, Pedro, no, no.
Que creí que se me había olvidado otra cosa, pero que no, que no.
Además, tú mira "pa" adelante, hijo, que todo lo quieres saber.
Pero bueno, ¿cuándo pensabas contármelo?
Pues nunca, Ana, nunca.
Porque no tenía que haber "pasao" y porque no le he "dao" importancia.
Pero el caso es que...
Ay, que pienso en él.
Ay, que de una boda sale otra boda.
Ay, no empieces tú también ¿eh? Con la dichosa frasecita.
¿Y ahora por qué paramos? No me digas que se ha estropeado el trasto otra vez.
No, no mentes a la bicha, Ana, por favor.
Que hemos parado para comer algo y ahora seguimos.
[Jonás] Pues yo voy cambiarle el agua al canario, que no me aguanto más.
Venga, chicas, masticad rápido, porque es que al final no llegamos a Porrillos.
Si no condujeras como un desfile de cojos, igual iríamos mejor.
Vale, pero es que hombre precavido, vale por dos, ¿no?
Díselo mañana a la Margarita cuando te la encuentres en el altar...
[Pedro resopla]
...sin novio y plantada.
- Desearás haber tenido un accidente. - ¡De verdad ya, come y calla!
[Luisa] Hace mucho frío, ¿no?
Si necesitas entrar en calor, solo hace falta que me lo pidas, ¿eh?
- No empecemos, ¿eh? No empecemos. - No empecemos.
Ya vendrás, ya. Igual entonces soy yo el que no quiere.
Luisa, a este le gustas de verdad.
Tienes que contárselo.
Chicas, quiero llegar a Porrillos antes del amanecer,
por favor.
Si se lo voy a contar, pero tendré que encontrar el momento, ¿no?
- Pues busca. - Pues sí.
[furgoneta no arranca]
[furgoneta no arranca]
No me lo puedo creer.
- Dime que es broma. - [grita] ¡Bueno, que no cunda el pánico! ¿Vale?
¡Que si ha arrancado antes, pues arrancará ahora así que no os preocupéis!
[lechuza ulula, grillos cantan]
[Jonás] ¡Prueba ahora!
[furgoneta no arranca]
No arranca.
No puede ser, no puede ser, no puede ser.
- ¿Ha habido suerte? - ¿Ha habido suerte?
[levanta la voz] ¿Estamos en Porrillos o dónde estamos?
Llevamos aquí no sé cuántas horas, llevamos aquí.
Ay, Pedro hijo, pues haz lo mismo que hiciste cuando salimos de Madrid.
Sí, claro. Maña y amor, ¿no? Eso no sirve "pa" nada, hombre.
Chico bonito,
chico bonito.
Que Rita es la cosa más bonita del mundo.
Que no...
Que no la puedo defraudar.
No la puedo dejar plantada en el altar.
Rita.
Rita, te quiero.
[furgoneta arranca]
- ¡Ay, un milagro! - No me lo puedo creer.
Venga, mete primera ya,
- mete primera ya. - [Luisa] ¡Vamos!
[Pedro] Ya está.
[Jonás] ¡Vamos!
[Blanca] Y en cuanto pudieron arrancar la tartana
salieron pitando.
Supongo que su sobrina le avisará en cuanto lleguen
pero le adelanto que iban con retraso.
Supuse que le gustaría saberlo.
¿Se puede saber qué hace ahí parada?
¿Cómo que qué hago?
Pues, quedarme aquí, con usted, haciéndole compañía.
Pero si lo dice porque quiere cambiarse
salgo a prepararle algo de comer y vuelvo en unos minutos.
- No es necesario. - No, no, no, me da igual lo que diga
don Emilio.
Hoy no debería quedarse usted solo.
Mañana es el entierro
y creo que debo quedarme aquí con usted
por si me necesita para algo.
Lo único que necesito es descansar.
Y con usted aquí no voy a poder hacerlo.
La llamaré, llegado el caso, la llamaré.
Ahora quiero estar solo.
Muchas gracias.
Esteban, ya sé que habíamos quedado, pero...
- Te echaba de menos. - [Blanca suspira]
No sé si es buena idea que me vaya.
Don Emilio dice que está bien,
que no le hace falta estar con nadie, pero no estoy segura.
Su sobrina se ha marchado, y sé que agradecerá
que esté por aquí por si necesita algo.
Lo entiendo perfectamente.
Tendrá que ser otro día.
Sé por lo que estás pasando.
- Es cuestión de tiempo, ya verás. - Sí.
¿Por qué no te quedas?
Te invito a un café, y así me haces compañía.
Sé que no es el plan ideal
pero hemos cerrado, y la mayoría de empleados está de boda.
Estaremos tranquilos.
No sé si es buena idea.
¿Por qué no?
Don Alberto ha estado encantador contigo esta mañana.
¿No crees que ha llegado el momento de pasar página?
Solo con una condición.
- Un tour personalizado por las galerías. - [Blanca ríe]
Hace tanto tiempo que no sé si las reconoceré.
[Blanca] ¿Recuerdas que antes las oficinas estaban divididas en dos plantas?
Antes teníamos los talleres arriba.
[dialogo ininteligible]
...ahí estaban las paredes...
...y otras han quedado así.
[Blanca] Cuando llegó Isabel, nos dividimos en dos grupos,
uno para los uniformes de Airsa
y otro para la nueva colección de Raúl de la Riva.
Ya estamos trabajando en ella.
Es una preciosidad.
A ver si cuando vuelva de su viaje consigo que te la enseñe.
Nunca había visto nada igual.
Los uniformes ya están prácticamente terminados.
Solo quedan un par de envíos.
Pero supongo que en cuanto terminemos con todo
volveremos a juntar a las modistas en un mismo equipo,
aunque no estoy segura porque
no sé qué planes tiene don Alberto.
Aunque me imagino
que después del éxito de los uniformes
querrá seguir en la misma línea, porque...
[jadeos y gemidos]
[Esteban susurra] Sigue durmiendo, es muy pronto.
[Blanca suspira]
[puerta se abre]
[Rita] Pues ya tendría que estar maquillada,
y peinada, y vestida.
Y mírame. Pues estoy en camisón, sin novio y hecha unos zorros.
Porque tenían que haber llegado ayer. ¿Y por qué no han "llegao"?
Pues porque lo mismo les ha "pasao" algo.
¿Y si se han "matao"
y antes de casarme me quedo viuda? Ay, qué desgracia.
Para eso tendrán un vestido también, ¿no?
¿O se lo ha puesto a alguna oveja para que no pase frío en invierno?
Ay, Rita no te vuelvas loca. Que Pedro va a llegar
y si no pues se pospone la boda para cuando se pueda.
Ah, no, eso sí que no.
Que la fecha ya está cogida y la comida encargada.
[Fernando] Tú te casas sea como sea.
Con tu iglesia, tu convite, tu matanza
y tu buena orquesta tocando Paquito el Chocolatero.
Con el Verbenas o sin él.
Paquito el Chocolatero no, que ya sabéis que no me gusta.
- ¿Quieres que te prepare una tisana? - Tres.
[gallo cacarea]
Rita, tú tranquila.
Que Pedro es un conductor prudente
y seguro que ha salido por la noche y por eso viene despacito.
[Pedro] ¡Mira, ya lo veo, ya lo veo!
[Jonás] ¿Pero tú no eras precavido?
Frena un poco, hombre, que nos vamos a matar.
¡Ya lo veo, lo estoy viendo, lo estoy viendo!
[grita] ¡Estamos llegando a Porrillos, chicas!
- [Ana] Mira para delante. - ¡Frena, frena, frena!
¡Frena!
¿Qué ha "pasao"?
[ovejas balan, suenan cencerros]
Ovejas.
No puede ser, no puede ser.
¡Disculpe!
Una pregunta, tenemos prisa. ¿Sabe si van a tardar
mucho las ovejas en pasar?
[pastor] La prisa la tiene usted, no ellas.
Ellas van a su ritmo, ¿sabe?
Ya, ya, pero es que vamos a una boda. Y resulta que es mi boda.
- Si le cuento el viajecito que hemos tenido - ¡Arro! ¡Je!
- ¡Urra! - ¿Qué haces, primo?
¿Qué voy a hacer? A ver si se mueven los bichos mientras tú pelas la pava con el pastor, aquí.
¡Arre, je!
- Ay, hija, que se le nota el campo... - [Jonás silba]
[Jonás] ¡Eh, arru!
[Jonás] ¡Churra! Que nada, no que no hay forma...
- [Ana] ¡Que no llegamos! - [Jonás silba]
- Vamos, hombre, ya te digo yo si llegamos. - [Jonás] Uh, uh.
- ¿Pero dónde...? - [Luisa] ¿Pero qué haces?
[Pedro] Que estamos al "lao" de Porrillos, así que,
si no me dejan pasar
con la furgoneta, pues iré caminando.
Vosotros os podéis quedar aquí esperando si queréis.
[Luisa] ¡Pero, dile que espere!
[Jonás] No sé, díselo tú al novio, ¿no ves qué nervioso está?
¡Primo!
- ¡Primo! - [ovejas balan]
[Pedro] Venga, churra, churra.
Que nosotras llevamos tacones, esperad.
[Pedro silba]
Venga,
venga. Venga ahí, vamos.
Vamos ya.
- [Pedro] Dios mío de mi vida, qué miedo. - [Luisa] Ay.
- [Luisa] ¡Cómo se levanta todo! - [Jonás] ¡Arre!
¡Arre! Primo, espéranos.
- [Jonás] Buen día. - [Luisa] ¡Buen día!
- ¡Por Dios, no llegamos! - [campanadas]
No llegamos, no llegamos.
¡Pero esta mujer dónde vive, por Dios!
¡Uy!
[Ana] ¡Uy!
[Pedro] Buenos días, don Eusebio.
[Luisa] ¡Esperad!
[Pedro] ¡Ya estamos aquí, Rita!
¡Ay, Dios mío, menos mal!
¡Pero, que no puedes verme el día de la boda! ¡Que trae mala suerte!
¡Es verdad, que te vayas, que no la mires!
¡Qué más da!
Yo pensaba que no había boda.
No me seas exagerada.
Que ya te lo dije.
[Ana] Y nosotras,
- ¿dónde nos cambiamos? - [Luisa] ¡Sorpresa!
¿Pero tú qué haces aquí? ¡Ay, Ana!
[Rita] ¡Ay!
[Ana] ¡Qué exagerada!
Que hace un día que me ves.
Pero ¿cómo no voy a ser exagerada? Si hace dos segundos parecía
que no iba a haber boda y mira ahora.
[Rita] ¿Y Alberto cómo está?
Bueno, pues ha sido él el que me ha dicho que viniera
que si no no me lo iba a perdonar y tiene razón.
¿Y tú cómo estás?
Deseando oírla decir "sí, quiero".
¡Bueno, pues para eso tenemos que cambiarnos, así que venga!
- ¡Todo el mundo para adentro! - [Luisa] Ayúdame.
[diálogo ininteligible]
Chicas, yo...
Yo ya sabéis que os quiero mucho, y...
...que estéis conmigo el día de mi boda es lo mejor que me podía pasar, pero...
...por lo que más queráis, no...
No os riáis cuando me pruebe esto.
Por favor, os lo pido.
Me lo juráis, ¿verdad?
[Rita] ¿Sí?
¿Qué es esto?
Pues... Rita, que hoy es el día más importante de tu vida, y
queremos que siempre que te acuerdes de él,
lo hagas con una sonrisa. Por eso te lo hemos traído.
Ábrelo.
También es de de La Riva, que si no, no lo hubiéramos conseguido.
Si este es el...
Es el Belategui.
[Rita ríe]
Pero,
no puede ser, es imposible.
Y creemos que te lo puedes poner con
esto que manda doña Blanca.
[solloza] Todo esto es...
Es precioso, muchas gracias, chicas.
Rita, no llores.
No.
Bueno, todavía no tienes el maquillaje así que puedes llorar.
[ríe]
Vas a ser la novia más guapa del mundo.
Porque tengo a las mejores amigas del mundo.
[gritan al unísono]
[ríen]
[Isabel] Felices Reyes.
[Patricia] ¿Estás listo?
¿Qué haces aquí, Patricia?
He venido a estar contigo.
Un poco tarde para jugar a la hermana buena, ¿no te parece?
Alberto, yo sé que no me he portado bien contigo últimamente.
Pero quiero que sepas que lo siento.
Enrique es una alimaña. Si quieres, las cosas pueden cambiar.
En eso tienes razón.
Las acciones que te cedió Gloria no te pertenecen.
¿A qué viene eso?
El matrimonio entre mi madre y mi padre era válido.
Eso anula cualquier jugada que quisiera hacerme Gloria.
Voy a encargarme personalmente de recuperar lo que es mío, Patricia.
Nos vemos en los juzgados,
hermana.
[Mateo] ¿Has dormido algo?
He pasado la noche velándola.
- ¿Cómo estás? - Estaré mejor.
- ¿Nos vamos? - ¿Y Cristina?
Anoche discutí con ella y no he vuelto a saber nada.
- Estará en casa de su padre. - Espera, espera, ¿qué ha pasado?
Le he dicho la verdad, Mateo.
Le he dicho que estoy enamorado de Ana.
No tenía sentido seguir mintiendo.
Lo único que iba a conseguir era hacerle daño a ella y a todos.
No voy a ser yo quien te diga que has hecho mal. Pero ¿por qué lo has hecho ahora?
Porque hice una promesa.
Y pienso cumplirla.
[cura] Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere
debajo del cielo tiene su hora.
- Tiempo de nacer, y tiempo de morir. - [Alberto] ¿Me disculpa, por favor?
Tiempo de plantar
y tiempo de arrancar lo plantado.
No os diré que no lloréis,
pues es tiempo de llorar por la hermana Isabel.
Sé que no es el momento.
[cura] Pero también es tiempo de regocijarnos por lo vivido
a su lado.
Que probablemente no le guste lo que voy a decir.
[cura] Todo lo que nos ha dejado.
Pero quiero que sepa que fue ella la que me alentó a hacerlo.
[cura] Recemos una oración por su alma.
Voy a luchar por el amor de mi vida.
[cura] Padre nuestro, que estás en los cielos.
Haz lo que tengas que hacer.
[cura] Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad así en la tierra
como en el cielo.
El pan nuestro de cada día...
Creo que no me ha entendido bien.
[cura] Así como nosotros
perdonamos a nuestros deudores.
Haz lo que tengas que hacer.
...en la tentación, mas líbranos
del mal, amén.
Alberto.
¿Qué haces? ¿A dónde vas?
A una boda.
¿Y pensabas irte sin mí?
[Alberto] Súbete al coche.
- No me lo puedo creer. - Ah, no.
[toca el claxon]
¿Y ahora qué?
[Mateo] Alberto, esto es una locura.
Igual esto es una señal, deberíamos quedarnos aquí.
[toca el claxon]
Espera.
- [Alberto] Espérate aquí un momento. - [Mateo] ¿Adónde vas ahora?
[toca el claxon]
[Alberto silba]
[Mateo] ¿Qué has hecho?
¿No habrás...?
- Súbete al coche. - Alberto, escúchame.
- Debería decirte que es una locura. - Mateo, súbete al coche.
Que nos quedemos aquí. ¿Pero sabes qué?
Acabas de dejar a tu mujer
y enterrar a tu madre.
Tienes excusa.
[Alberto] ¡Clara, Ana!
- [Alberto] ¡Aquí vamos! - [Mateo] ¡Arranca!
Treinta minutos de retraso, padre.
Yo conozco a Rita.
Y me la está jugando, me la está jugando bien porque la conozco.
La conozco bien, Señor, la conozco.
Media hora no es nada comparado con lo tuyo.
Que si tengo que suspender otra boda
a tu nombre, voy a ser la comidilla de la diócesis.
Deberían estar aquí ya, ¿no?
Jonás, no seas agonías.
Que una boda en la que la novia no se retrasa no es boda.
Ya, es que, yo con todo lo que ha pasado pues estoy nervioso.
Vamos, que parece que el que me caso soy yo.
¿A que sí, Luisa?
Luisa, ¿estás bien?
Sí, claro.
[puerta chirría]
Todo lo bueno se hace esperar, hijo.
[Jonás] Mucha suerte, ¿eh?
Hija, aún estamos a tiempo.
- Deja "plantao" al Verbenas. - Padre.
Si la matanza nos la vamos a comer igual.
[Rita ríe]
Estás guapísima.
Tú también estás muy guapo, Pedro.
[padre Cosme] En el nombre del Padre,
del Hijo
y del Espíritu Santo.
Amén.
Hoy nos reunimos aquí para unir en santo matrimonio
a Pedro Infantes
- y Margarita Montesinos. - Rita.
¿Eh, cómo?
- Rita, que me llamo Rita. - Rita Montesinos.
Yo os he bautizado,
os he dado la primera comunión
y ahora estáis aquí,
pero esta vez juntos.
Rita y Pedro, siempre inseparables.
Jugando en la calle hasta la hora de cenar.
Llegando tarde a la catequesis, faltando a misa.
Cualquiera que os conozca sabe que esto estaba escrito.
Estáis hechos el uno para el otro.
Hoy estáis aquí por amor.
Y eso merece ser celebrado
ante todos vuestros familiares y ante Dios, nuestro Señor.
Rita, eh, Margarita.
No, eh, Rita.
- ¿Quieres a Pedro como legítimo esposo? - Un segundo.
- Un segundo. - Ay, madre, que la historia se repite.
No, es que...
Quería decir que...
No, no, no ha sido fácil el camino para llegar aquí, porque...
¿Verdad primo? Porque hemos tenido un problema con la furgoneta,
con las ovejas, con el tacón de Ana... - Pedro.
Perdón, es que me estoy liando un poco. A ver, lo que quiero decir
es que muchas veces un hombre no sabe
cómo decir las cosas
y no encuentra el momento, pero...
Y yo lo tengo claro porque el momento lo tengo delante de mis ojos.
No hay un hombre más feliz en el globo terráqueo que yo.
[Rita ríe]
Era mi amiga.
Era mi mejor amiga.
Y ahora va a ser por fin...
...mi futura esposa.
[Rita ríe]
[Pedro] Va a ser mi mujer.
¿Sabéis lo que no ha cambiado nada?
Es que has sido...
...y serás siempre el amor de mi vida.
Que te quiero mucho.
Yo también te quiero mucho, Pedro. Mucho, mucho.
Y dicho esto...
[padre Cosme] Rita.
- Rita. - Que sí, que sí.
[padre Cosme] ¿Quieres a Pedro
como tu legitimo esposo y prometes
serle fiel y respetarle
hasta que la muerte os separe?
Sí, quiero.
[padre Cosme] Pedro.
¿Quieres a Rita como tu legítima esposa y prometes
serle fiel y respetarla
hasta que la muerte os separe?
- Sí, quiero. - [Rita ríe]
[padre Cosme] Pues por el poder que me ha sido concedido,
yo os declaro: marido y mujer.
[Fernando se aclara la garganta]
Fernando, no seas antiguo.
[aplauden]
[aplausos y vítores]
[mujer] Pero qué guapa.
- [Rita] Uy, pero si es la Luisa. - [Luisa] Sí, soy yo.
- [Rita] ¡Ay, mírala que guapa! - [Clara] ¡Que ahora eres famosa!
¡Que aquí pone Phillip Ray!
- [Ana] ¡Claro! - Que el concurso ha sido
el mejor escaparate, ahora todo el mundo va a querer un vestido de Phillip Ray.
- Pues viva Phillip Ray - [todas al unísono] ¡Viva!
¡Y por la señora Infantes!
- ¡O la Verbena! - ¡La Verbena, no!
Que no me llames Verbena.
[Clara] ¡Viva la novia!
- ¡Viva! - [Rita] Bueno, y el novio.
[Clara] ¡Bueno, viva el novio!
[suena música de pasodoble]
[Pedro] ¿Quiere vino?
¿Quiere un puro?
Que quede claro que yo no soy el Verbenas, ni borrachín, ¿eh? Se lo aseguro,
- Fernando. - Don Fernando.
Bueno, que da igual, si somos de la familia, ya le puedo llamar Fernando.
- No. No. - O Padre.
Papá.
Don Fernando, don Fernando.
Me han dicho que últimamente usted va mucho al arroyo
a pescar carpas, ¿no?
- Estamos en temporada. - Claro.
Pues ahora puede ir con su yerno.
La verdad que aún se me resisten.
Porque pesca usted con cucharilla, ¿verdad?
- Claro. - Pues tiene que pescar con miga de pan.
Vamos que no hay carpa que se resista a una miga de pan.
- ¿Verdad, primo? - [Pedro] Sí, sí, claro.
Oye, ¿podías haber sido tú
el que te casaras con mi Margarita, ¿eh?
Que aproveche.
Muchas gracias, primo, mucha ayuda.
Lo he intentado, primo. No sé, mucha suerte.
[Fernando se aclara la garganta]
Pues yo también pesco con miga de pan.
Luisa, voy un momentito a hablar con los músicos. ¿Podrás sobrevivir sin mí?
[diálogos ininteligibles]
Bueno, mira, basta, basta.
Llevas todo el viaje más rara que un perro verde. Si no querías que viniéramos juntos
- pues me lo dices y cada uno a su aire. - Que no hombre, que no es eso.
¿Entonces qué es?
¿Te acuerdas del hombre que vino a verme, que me preguntaste quién era?
[Jonás] Mm.
Pues era un productor musical.
Que me ha ofrecido un contrato y...
Y voy a aceptar.
- Pero qué me dices. - Sí.
Eso es fantástico.
- Sí, es buena noticia, ¿no? - [Jonás] Claro.
Pero claro...
...me voy de gira.
Te vas.
Pues sí, al principio serán seis meses...
...como mínimo. Y...
Y luego depende de cómo vaya, pues igual más tiempo.
Seis meses es mucho tiempo.
Y justo ahora.
Pero eso no significa que entre tú y yo no...
¿Entre tú y yo qué?
Que una gira no dura toda la vida, ¿no?
Y seis meses se pasan en volando.
[Jonás ríe]
[suena música de vals]
- [Rita] A ver cómo es esto. - [Pedro] A mí.. Yo es que, que...
Ya sabes que yo no...
[Jonás por altavoces] Señoras y señores de Porrillos, con todos ustedes,
¡el Verbenas!
[aplausos y vítores]
- ¿Subo? - ¡Vamos, primo! ¡Venga!
[Pedro por altavoces] ¿En serio?
¡Vamos!
[Pedro canta] Para bailar la bamba
- ¿Y esto? - Ya sabes por qué lo llaman "el Verbenas".
Para bailar la bamba se necesita
una poca de gracia
Una poca de gracia "pa" mí y "pa" ti
Ay, arriba y arriba
Y arriba y arriba, por ti seré
por ti seré, por ti seré
Yo no soy marinero
Yo no soy marinero
soy capitán, soy capitán
- soy capitán - [Ana] ¡Vamos!
Baila la bamba
Baila la bamba
Rita, te quiero
Rita, te quiero
Para bailar la bamba
Para bailar la bamba
Para bailar la bamba se necesita
una poca de gracia
Una poca de gracia, "pa" mí, "pa" ti
ay, arriba y arriba
[mujer] ¡Vamos!
[Rita] ¿Qué hago?
Baila la bamba
Baila la bamba
Baila la bamba
[canción se acaba, aplausos y vítores]
¡Bravo!
[Ana y Clara gritan]
[Mateo] ¡Llegamos!
[suena música lenta]
[hombre] Hola, Clarita.
¿Qué haces, Simón?
Pues un baile agarrado y luego, lo que surja, ¿no?
Estás un poco en los huesos pero todavía hay donde agarrar.
[Clara suspira]
¿Qué pasa?
Me ha dicho tu madre que estás solterona.
Que somos primos.
Segundos, primos segundos, Clarita, ¿eh?
No seas pervertido, hombre.
De verdad, que como me entre otro baboso así, no respondo ya.
[Clara] ¿Cómo estás?
Clara, yo de pequeña siempre soñé con ser protagonista de una película romántica.
Y ya no soy tan pequeña.
Y aquí me tienes.
Ahora sería el momento clave.
Cuando el caballero...
...entraría a lomos de su caballo blanco...
...subiría a la torre, rescataría a la princesa...
...y rompía para siempre el hechizo que les había tenido separados tanto años.
Y entonces se prometerían amor eterno...
...y serían felices y comerían perdices para siempre.
[Clara suspira]
[pasos acercándose]
Y se nos acabó el cuento de hadas, Ana.
[Clara suspira]
Voy a despedirme de los novios y me marcho a casa.
Que descanses, Clara.
Que me marcho a casa.
[Pedro] ¿Ya? ¿Tan pronto?
Bueno, es que como ya solo quedan
desesperados y parejitas, pues...
[Rita] Simón ha vuelto a hacer de las suyas, ¿verdad?
Sí, hija, sí.
Oye...
[Clara ríe]
Que... Yo no soy muy de decir estas cosas, ¿eh?
Pero que os quiero mucho.
[solloza] Que os quiero mucho y que
vais a ser muy felices. De verdad.
- [Rita] Muchas gracias, Clarita. - [Pedro] Clara.
Hala, a pasarlo bien.
[suena música de swing]
[Mateo sigue la letra de la canción, inaudible]
Eres Ana, ¿verdad?
Soy primo de la novia.
¿Ya te marchas?
Mujer, si no has bailado ningún un pasodoble.
- Al menos uno conmigo. - Sí.
Pero ya es tarde.
Y los zapatos me están matando, pero
muchas gracias.
[Alberto] ¿Ni siquiera el último baile conmigo?
No sería la primera vez que bailamos descalzos.
¿Qué haces aquí?
Luchar por ti.
He hablado con Cristina.
Le he dicho que llevo toda la vida enamorado de la misma persona.
De mi primer amor.
Y el que estoy seguro que va a ser el único.
[Alberto grita]
Se acabó vivir con mentiras, Ana.
A partir de ahora...
...solos tú y yo.
[Ana solloza]
Llévame al caballo blanco.
Baje, por favor, y compruebe que es la casa de Mateo Ruiz Lagasca.
Ahora mismo.
- Bueno, pues parece que ya estamos aquí. - [bebé balbucea]
Una casita para nosotras solas.
Una casita para darle al impresentable de tu padre
su merecido.
[locutor] Don Alberto Márquez tiene a la prensa revolucionada.
El director de Velvet ha sido visto con una joven de identidad aún desconocida.
¿Será el fin de su matrimonio con Cristina Otegi?
Golpes bajos en la alta costura.
Velvet acusa a Oxford de robar los diseños de Raúl de la Riva.
La familia Márquez nunca había estado tan enfrentada.
El misterioso Phillip Ray llega a Velvet
y trabajará con el gran Raúl de la Riva.
Dos genios unidos en la nueva colección.
Señores, vigilen a sus mujeres.
La dimos a conocer aquí en Radio Continental
y ya es toda una estrella. Luisa Rivas
sigue triunfando con su gira.
Pequeña, no nos olvides.
Cristina Márquez y Bárbara de Senillosa estrenan negocio en Velvet.
Juntas tienen previsto afianzarse en las Galerías.
Vaya, parece que las mujeres vienen pisando fuerte.
Y volviendo a los ecos de sociedad, Patricia Márquez avanza en su nuevo noviazgo.
La joven luce un precioso anillo de diamantes.
¿Será un regalo de pedida?
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