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A mí me encanta mi trabajo, yo creo que llegaría lejos.
Tú puedes sacar todo lo que te propongas, estoy seguro.
Clara es un premio demasiado bueno para retirarme.
Ese premio es mío desde hace muchísimo tiempo.
- ¿Sí? - Era.
Perdóname, solo quiero que sepas lo que siento por ti.
Pero ya es tarde.
Demasiado.
Luisa, yo no te voy a poder acompañar.
Ay, mira, que llamo a la radio
- y lo cancelo, ¿eh? - No, no, que no hay problema, que voy yo contigo.
Llamó el padre Cosme.
- Y le he "contao" que estos no se casan. - ¿Qué?
Y el padre está en las últimas. Total, que ha anulado la boda.
Si alguien tiene algún impedimento para que esta boda no se celebre...
Yo tengo un impedimento.
Que te quiero.
Rita, ¿te quieres casar conmigo?
- Sí. - Voy a ver a Esteban.
- Tenga cuidado. - Isabel ha vuelto de Cuba.
Y me lo ha contado todo.
Si hubiese sabido que estabas embarazada, ni Rafael ni nadie me habría alejado de ti.
Ha sido una noche estupenda.
No me gustaría que se quedara solo en eso.
Sería una pena que no hubiera dos, tres, o todas las noches que queramos.
Cristina. Había quedado con Ana pero no ha venido.
Yo estoy buscando a Alberto.
¿Qué haces?
Ahora no quiero discutir.
Claro, porque en este matrimonio siempre se hacen las cosas como tú quieres. ¿No?
Carlos, espera, por favor.
- Era una noche importante, Ana. - Para mí también.
¿Sabes qué es importante para ti? Alberto.
Lo siento mucho, de verdad. Tienes que creerme.
Yo estoy dispuesto a dar pasos adelante en esta relación.
Ana Ribera.
¿Quieres casarte conmigo?
No puedo casarme contigo.
Sigo enamorada de Alberto.
[suena una melodía de los 50, sintonía de la serie]
[acaba melodía de los 50, sintonía de la serie]
[llaman a la puerta]
Doña Blanca, un hombre pregunta por usted.
Esteban, ¿qué haces aquí?
Quería ser el primero en darte los buenos días.
Misión cumplida.
Buenos días.
¿Te apetece desayunar conmigo?
Me encantaría,
pero esta vez espero que no haya que coger ningún avión
porque dentro de una hora tengo que estar de vuelta.
- [ríe] No. - Dame un minuto.
- No pretenderás que me coma todo esto. - [suena música de swing]
- No sabía lo que te podía apetecer.
No es el sitio más romántico del mundo, pero es el que más cerca está de las galerías.
Y cuánto más tiempo pase contigo, mejor.
Gracias.
Ay, todo esto es perfecto, Esteban. Como todo lo que haces por mí.
Pero la próxima vez que vengas a recogerme, puedes pasar a buscarme
en lugar de quedarte en la puerta, ¿no?
- Serías la comidilla de tus chicas. - [Blanca ríe]
Estoy acostumbrada a que hablen de mí,
y si esta vez es porque me ven feliz,
mejor que mejor.
Sabes que soy persona "non grata" en esas galerías,
empezando por don Emilio y terminando por mi sobrino.
¿Para qué voy a complicar las cosas?
Con Isabel aquí las cosas son distintas.
Ella nos ha abierto los ojos a todos.
Incluido don Emilio.
No ha sido fácil asimilar qué clase de persona era Rafael.
Todos vemos las cosas de manera muy diferente.
Quizás más adelante lo intente.
Ahora tengo mucho en qué pensar.
En unos días viajo a Hong Kong, necesito unas telas para el catálogo de mi empresa.
¿Telas?
Raúl de la Riva está preparando su nueva colección y busca tejidos nuevos.
Tal vez si arreglaras las cosas con Alberto, podrías ofrecerles tu catálogo.
Hace mucho que no tengo relación con mi familia.
No quiero remover las cosas.
Gracias, pero no es una buena idea, al menos de momento.
¿Por qué no?
[diálogos ininteligibles]
Porque lo único que me interesa de estas galerías eres tú.
[Blanca ríe]
[Blanca ríe]
[Clara suspira]
Uy. ¿Café?
Por favor. Llevo toda la noche
sin poder dormir.
Carlos, ¿no?
Me siento tan culpable, Clara.
Pues únete al club de las ex novias crueles.
- ¿Mateo no te habla? - [café vertiéndose]
Bueno, hablarme sí que me habla,
pero solo de cosas de trabajo.
Y eso cuando nos vemos, porque yo intento esquivarle todo el día.
[Rita tararea la marcha nupcial]
¿Qué? ¿Cómo me sale? ¿Bien?
Cada día mejor, Rita.
¿Sí?
Pues nada, ahora va el ramo.
¡A ver chicas, qué va!
[Ana] ¿Pero loca qué haces?
¡Pero que son cremalleras, que nos das con esto en la cara y nos sacas un ojo!
Ay, por Dios no te pongas así. Pero...
¿Qué quieres que le haga? Tendré que practicar para el gran día, ¿no?
¿Todos los días?
Sí.
Como si mi vida no fuera ya lo bastante miserable y va y se casa mi hermana pequeña antes que yo.
Bueno, pequeña dice. Si solo me sacas nueve meses.
Bueno, ¿y qué? Pero yo soy la mayor, ¿no?
Pues yo debería ser el centro de todas las miradas.
Te recuerdo que con tu no embarazo, me dijiste que no querías pasar por el altar ni en pintura.
Ya, pero eso era antes.
Y no ahora, que tengo una colección de ex novios, que me parece que me quedaré para vestir santos.
No te preocupes, que yo coseré túnicas contigo.
Bueno, ya se acabó, ¿no?
A ver. Tú.
Que tu Carlos es muy listo y muy mono
y muy todo, pero le falta una cosa: que no es Alberto.
Es una pena pero hay que mirar hacia delante, ¿no?
Y tú.
Te confieso que el bigotitos me estaba empezando a hacer gracia.
Pero bueno, a pesar de ser como tú eres,
tú te lo mereces todo y si Mateo no sabe verlo, pues aire.
Las dos hicisteis lo que teníais que hacer.
Decir la verdad. Y a veces la verdad duele.
Pero bueno, eso no os convierte en malas personas.
- Que sí. - [Clara] Mm.
Bueno, ese es el espíritu.
Vamos, que Jonás y Luisa están esperando el ramo para los vestidos de doña Aurorita.
Sí, venga, vamos.
- [Ana] Te queda muy bonito, ¿eh? - ¿De verdad?
- ¿A que me resalta los ojos? - Sí.
Venga.
- [Clara] Tira. - [Rita ríe]
- No, que Socorro se llamaba la vaquilla. - Ah.
Claro, yo pensaba que llamándola por el nombre, pues igual se calmaría, pero no.
Más nerviosa se puso y claro, venía hacia mí, eh.
Pero yo cogí el capote, y vamos, le di unos pases que ni el mismo Manolete.
Anda ya. Seguro que acabaste por los suelos a la primera embestida.
¿Cómo a la primera? No, a la primera no.
- Bueno, entre tú y yo, a la tercera. - Pues eso.
Terminé con moratones hasta en los párpados.
Hala, eh.
Buenos días.
¿Cómo van esos retoques?
¿Y las cremalleras?
Mira.
¿Estás un poco nervioso, no, Jonás?
Sí, bueno es que a estas horas, como no nos vea don Emilio
por ahí arriba, pues ya no te digo más.
- Hasta luego. - [Ana, Clara y Rita ríen]
[puerta se cierra]
[Ana se aclara la garganta]
¿Nos lo vas a contar tú o vamos a tener que torturarte?
Pues no sé qué queréis que os cuente.
Pues algo de esas miraditas
que os echáis desde que volvisteis de la radio.
Y esas risitas.
Y miraditas otra vez.
Vamos que esa noche pasó algo y no nos lo estás contando.
Pues claro que pasó algo.
Que fui a la radio, me bloqueé
y él me ayudó.
- [Clara] Mm. - [Rita ríe]
Y fin de la historia.
Uy, qué pesadas sois.
¿Alguna se lo ha creído?
[Ana y Clara al unísono] No.
- [Rita] ¡Oye! - [Ana] ¡Luisa!
[Ana] ¡Ven aquí!
[diálogos ininteligibles]
- ¿Se puede saber qué es esto? - [máquinas de coser funcionando]
[grito ahogado]
"La cantante Luisa Rivas, luciendo un espectacular modelo de Phillip Ray".
Por lo visto, el vestido ha causado sensación.
Y desde que apareció la revista, todo el mundo pregunta por él.
¿Quién es ese tal Phillip Ray con tanto talento?
Pues yo no lo sé.
La verdad que no me fijé en la etiqueta. ¿Cómo dice que se llama? ¿Phillip qué?
Chicas, escuchadme bien. No voy a permitir que otro diseñador me haga sombra en esta ciudad.
Así que más os vale decirme quién es y dónde puedo encontrarle.
[Raúl grita] ¡Vamos! ¡No tengo todo el día!
Me lo decís vosotras, o voy a tener que descubrirlo por mi cuenta, y va a ser mucho peor, creedme.
Que es un diseñador, eh...
- Es un diseñador que... - [Raúl ríe]
No sé qué es tan gracioso, la verdad.
[Raúl ríe a carcajadas]
Mira que caras.
¿Qué?
Que sé que Phillip Ray
[susurra] sois vosotras.
Uy, pero bueno, ¿y de dónde se saca usted una cosa así?
Que se lo dije yo.
Que me pilló un día por la noche y no tuve más remedio que decírselo.
¡Enhorabuena, chicas!
- ¡Sois una revolución! - [ríen]
Pues el diseño es de Ana, ella tiene el mérito.
No le hagas caso que es de todas.
Y así debe seguir siendo.
Pero en vuestro tiempo libre.
Mientras tanto, pertenecéis a Velvet.
Y hay mucho trabajo que hacer, así que venga.
¡Hop, hop, hop!
[Ana suspira]
Quédatela.
Que sé que te hace ilusión, Phillip.
Gracias.
- [Elvira] Por aquí, doctor. - [suena música de jazz]
- Buenos días. - Buenos días.
No sabía que había venido el doctor Acosta. ¿Va todo bien?
¿Necesita algo?
Una revisión sin más.
Nada de lo que preocuparse.
Alberto va a venir ahora,
creo que vamos a comer juntos.
No lo sabía.
Pensé que te lo había dicho.
Últimamente no hablamos mucho, la verdad.
Siento mucho si te lo estoy robando demasiado tiempo, hija.
No es mi intención.
No, no, no.
Tranquila, no es su culpa.
Las cosas ya estaban mal antes de que usted llegara.
Alberto estuvo con otra mujer.
Lo siento mucho, Cristina.
Yo a veces pienso que es culpa mía, que he sido yo la que le he empujado
a los brazos de esa otra mujer
porque le exijo demasiado cuando tiene tantas responsabilidades.
Pero de verdad que yo lo único que estoy intentando es ser una buena esposa para su hijo.
Pero no se qué le pasa, no consigo acercarme a él.
Isabel, nuestro matrimonio está hundido.
En estas semanas usted ha conseguido más confianza con Alberto
de la que yo nunca he tenido.
Si usted quisiera, quizá podría ayudarnos.
Es que yo no sé si es bueno que yo me meta en vuestras cosas, hija.
No creo que nuestra relación pueda ir a peor.
Yo haré lo que pueda.
¿Sí?
Gracias.
- Nada, hija. - [Ana] Gracias.
Ahora sí que sí.
Ahora sí que sí, Mateo.
Después de los ingresos de Airsa y las ventas de Navidad, podemos decir que Velvet
está más fuerte que nunca.
Hablando de Airsa. ¿Qué va a pasar con Ana? ¿Va a volver a coser?
Me gustaría que siguiera diseñando.
Ha demostrado que está preparada.
Y que volviera a coser, sería dar pasos para atrás.
- Pobre, no. - Además, estaríamos perdiendo mucho talento.
Tú sabes mejor que nadie el talento que ella tiene, claro.
Sí.
¿Y Raúl?
Ya se nos ocurrirá algo.
- Ahora vamos a brindar - [whisky vertiéndose]
porque las cosas por fin nos van como no merecemos.
No. Te toca beber solo.
¿Tú rechazando una copa? ¿Qué te pasa, Mateo?
- Ya sabes lo que me pasa. - Mateo.
[suspira]
¿Sigue sin hablarte?
No es que no me hable. Hemos roto.
Me lo ha dejado bien claro. Esta vez es la definitiva.
¿Pero qué ha pasado?
Que soy un desastre y ella es una dramática, eso es lo que ha pasado.
Por una vez pensé que había encontrado algo diferente.
- Pero si hasta tenía una casa nueva. - [tintineo de llaves]
- ¿Te has independizado? - Aún no me he mudado,
pero vamos, que tienes cama cada vez que Cristina te eche de casa.
[Mateo suspira]
Bueno, de momento, vamos a tomarnos estas copas.
Vamos a brindar. No voy a acepto un "no" por respuesta.
[puerta se cierra]
- Hola. - [Alberto] Hola.
Te agradecería que quitases tus cosas de la mesa cuando hayáis terminado.
Voy a necesitar todo el espacio para las mías.
¿De qué hablas?
De que a partir de ahora, este despacho es mío.
¿Te has vuelto loca? No puedes hacer eso.
[Patricia ríe]
Con las acciones que tengo puedo hacer lo que me venga en gana.
No sé a qué viene esto, Patricia, pero...
Veo que ya te has instalado.
[puerta se cierra]
Tenías que estar tú detrás de todo esto, claro.
Enrique no tiene nada que ver. La idea ha sido mía.
Y a mí me parece una buena decisión. Nada más.
¿Me podéis dejar a solas con mi hermana, por favor?
¿Para qué? ¿Para que intentes convencerla de...?
Enrique, marchaos.
[teléfono suena al fondo]
[ríe]
¿De verdad no te puedes creer que haya tomado esta decisión yo solita?
¿Tan poco te fías de mí?
Del que no me fío es de él.
Y tú tampoco deberías.
Él por lo menos me valora.
¿De verdad crees eso?
Enrique te va a dejar tirada cuando ya no le seas útil,
igual que lo hizo tu madre.
Por lo menos mi madre no iba de muerta de hambre siendo una oportunista.
No voy a consentir que sigas hablando así de mi madre.
Alberto, voy a defender lo que es mío con uñas y dientes.
- Empezando por este despacho. - [suena teléfono al fondo]
[puerta se abre]
Carlos.
Ana debe de estar en el taller.
Si me disculpas, tengo cosas que hacer.
Alberto.
Nada.
¿Va todo bien?
Perfectamente.
[Luisa] No la entendimos muy bien.
- [Rita] ¿Así "ajustao"? - [Ana] Pues hija, una capa.
-[Rita] Va "entallao". - [Luisa] Mira, corre.
[máquinas de coser funcionando]
Carlos, ¿qué haces aquí?
Pues he venido a verte.
Solo un momento.
Necesito hablar contigo.
La noticia me cogió por sorpresa.
¿Podemos salir un momento?
No, no puedo.
Hay mucho trabajo.
Además, creo que ya quedó todo muy claro el otro día y...
...lo último que quiero es hacerte daño.
Pues entonces, podemos tomar un café.
Para no quedarme yo con un mal sabor de boca.
Mejor no, Carlos.
Bastante culpable me siento ya como para andar removiendo las cosas.
Mejor dejarlas como están.
Oye, un momento, Ana.
[máquinas de coser se detienen]
[Carlos] Solo te pido diez minutos.
En el sitio que quieras, tomando un café, por favor.
Mañana en El Pausa, a primera hora.
Gracias.
[máquinas de coser funcionando]
¿Estás bien?
Sí.
[Alberto] Ana.
[Ana] Ahora vuelvo.
[Alberto] ¿Estás bien?
- Sí. - ¿Seguro?
¿Qué ha pasado, Ana?
Hemos roto hace unos días y
era la primera vez que nos veíamos.
Vaya, lo siento.
Bueno, lo que necesites.
Lo que sea. Aquí me tienes.
Lo sé. Y te lo agradezco, pero prefiero no hablar del tema.
Claro.
- ¿Qué tal los uniformes? - Muy bien.
En un par de semanas saldrá la última remesa ya.
Perfecto. Porque para cuando termines tengo planes para ti.
Quiero que sigas diseñando.
Si a ti te parece bien, claro.
Pues claro que me parece bien.
Pero ¿hay sitio para Raúl y para mí?
Bueno, tiempo al tiempo, no te preocupes.
De momento tenemos que terminar esos uniformes.
[Ana suspira]
Gracias, Alberto.
- Por todo. - De nada.
Oye, ¿cómo está Isabel?
Se la echa mucho de menos aquí.
Está mejor.
Y nosotros hemos encontrado la manera de
entendernos.
Y de disfrutar más el uno del otro.
Poco a poco.
Me alegro mucho.
Dale un beso de mi parte, por favor.
Lo haré.
[timbre del ascensor]
- Hola. - [Elvira] Buenos días, don Alberto.
Llegas pronto.
¿Está la comida?
Sí, señora, en seguida la saco.
Tenía ganas de salir ya de esa oficina.
[Alberto] ¿Cómo estás?
[Isabel] Bien.
¿Por qué?
Prefiero no preocuparte con mis problemas.
Me vas a preocupar más si no me los cuentas.
Esta mañana Patricia ha dado un golpe de mando.
Ha decidido que será ella la que dirija las galerías.
¿Y eso puede hacerlo?
Con la ayuda de Enrique puede hacer lo que quiera.
No, eso no es cierto.
La mitad de las acciones de Patricia provienen de su madre.
Mi matrimonio con tu padre es el único válido aquí.
Así que yo soy la única propietaria de esas acciones legalmente.
¿Eso podemos demostrarlo?
Claro, si se ratifica el certificado de matrimonio con tu padre, por supuesto.
Esta misma tarde me pondré con todos los papeles.
Hay algo más
que me gustaría que hicieses.
Claro, dime.
De tu matrimonio con Cristina. Acabo de hablar con ella.
Lo está pasando muy mal, hijo.
Está sufriendo mucho y tú también te estás haciendo sufrir.
Hablaré con ella.
Te lo prometo.
[timbre del ascensor]
[Mateo levanta la voz] ¡Alberto, espera, que subo!
¿Esa carrerita y ya estás desfondado?
Hay que hacer más deporte, eh, Mateo.
Pues para estar desfondado te gano al tenis.
Bueno, bueno, para una vez que me ganaste
- tranquilo, ¿eh? Relájate. - ¿Y ese buen humor?
¿Ya se te ha olvidado el golpe de estado de tu hermana?
Patricia se piensa que tiene la sartén por el mango, pero no puede estar más equivocada.
Gloria le cedió las acciones que le correspondían como esposa de mi padre.
Pero ese matrimonio nunca fue válido
porque mi padre nunca anuló su matrimonio con Isabel.
Pero, eso es una noticia buenísima.
Buenísima.
Con demostrar que ese matrimonio no es válido, Patricia perderá la mitad de sus acciones.
Y yo recuperaré mi posición en la empresa.
Avísame cuando vayas a decírselo. No quiero perderme esa cara por nada del mundo.
- Ni yo tampoco. - [timbre del ascensor]
[Emilio] Isabel. No sabía que venías.
Sí, todavía me quedan fuerzas para sorprenderte.
Estás más guapa que nunca. Se ve que te cuidan bien ¿eh?
- Sí. - ¿Has venido a ver a Alberto?
He venido a verte a ti. Me ha traído Alberto.
¿Quieres que charlemos un poco en un sitio más tranquilo?
[puerta chirría]
Siéntate.
[Emilio suspira]
Tú dirás.
El médico ha venido esta mañana a verme, y me ha encontrado peor.
No creo que le quede mucho tiempo de vida a mi corazón.
No digas eso, Isabel.
Es verdad.
Justo ahora...
...que soy la más feliz del mundo.
Porque la vida me ha devuelto a mi hijo.
Yo pensaba que estaba...
...preparada para esto, pero...
...estoy aterrada.
Aterrada.
¿Aterrada la mujer más fuerte y más valiente que conozco?
Tú has podido siempre con todo y contra todo, Isabel. ¿Vas a rendirte ahora?
No, ¿a que no, eh?
Saldrás también de esta. Mírame, Isabel.
Isabel, mírame, ¿mm?
No pienso despedirme de ti.
No mientras sigas siendo tan hermosa.
Y hasta que no me pagues el mojito y el baile que me debes.
Pero ¿tú te acuerdas de eso todavía?
- Pero si éramos unos críos. - [Emilio ríe]
¿No me vas a perdonar nunca?
Claro que no. Una promesa es para cumplirla, así que,
ahora vete a casa a descansar.
Nos queda todavía mucho tiempo para disfrutar.
Gracias, Emilio.
Tú tienes que prometerme que vendrás a verme.
¿A casa de los Márquez?
Sí, Alberto ha propuesto que te vengas a cenar.
Y yo creo que nos iría bien. Vendría bien.
Si me prometes no volver a hablar de despedidas
nunca más.
Lo prometo.
- Gracias, Emilio. - Mm.
Isabel.
- ¿Cómo no avisó de que venían? - Blanca.
¿Para qué?
El médico, que no me deja estar mucho rato fuera de casa.
¿Cómo se encuentra?
Bien.
¿Y Esteban cómo está? ¿Cómo va todo?
[suspira] Muy bien.
No me cansaré de agradecérselo.
No sé cómo he podido estar todos estos años sin él.
Esteban sigue siendo el mismo hombre encantador que me enamoró cuando era una cría.
Cómo me gusta oírte hablar así.
Me alegro tanto por vosotros.
¿Por qué no le traes un día?
Hace tantos años que no le veo.
Sí a él también le encantaría.
Pero, las galerías siguen siendo una barrera.
Don Alberto y él.
Bueno y don Emilio.
En fin, quizás más adelante.
Bueno, no te preocupes.
Todo es cuestión de tiempo.
Yo voy a hablar con mi hijo Alberto.
- Muchas gracias, Isabel. - [teléfono suena al fondo]
A veces creo que no merezco todo lo que me está pasando.
Claro que sí.
Hola.
¿Qué hace un chico como tú en un sitio como este?
- ¿Y tú? - [ríen]
[Blanca] Venga, señoritas.
No tenemos todo el día.
El paquete.
[ríen]
[respiran agitadamente]
Anda que ha sido por poquito, ¿eh?
Nos llegan a pillar pelando la pava y nos la cargamos.
Bueno, que diga lo que quieran ¿eh? Que ya prácticamente somos marido y mujer.
Bueno, tampoco es para tanto, ¿eh? Que hasta que nos den la fecha "pa" la boda.
Pues tan difícil no tiene que ser.
Mira a Rosa María, salió a la calle y a la mañana siguiente ya teníamos una iglesia.
No, si la Rosa María va a ser la más lista del pueblo.
Que llama al padre Cosme y fecha, sale a la calle y fecha.
Oye, ¿y si yo te dijera que el padre Cosme ya se ha "recuperao"?
¿Cómo que se ha...? ¿Cómo?
¿Cuándo, cuándo?
No sé, no sé, pero mi madre, que es muy de confesarse día sí, día también,
pues ayer me dijo que estuvo con él,
así que lo mismo lo bichillos esos tan
chiquitillos, tan chiquitillos, pues ya no están.
¿Y si recuperamos la fecha de tu boda en el pueblo con Rosa Mari?
Por favor.
Pero vamos a llamar.
Venga, vamos a llamar.
Espérate, espérate.
¿Tú estás segura?
¿Y tú?
- Venga, llama. - Venga, a ver.
A ver si me acuerdo.
[marcación del teléfono]
- Tres. - Vale.
Sí, ya, sí.
¿Padre Cosme? Padre Cosme, sí, soy Rita.
Rita Montesinos.
La hija de Consuelo.
La sobrina de Angustias.
Margarita, sí. Margarita.
Oiga, que, a ver, quería preguntarle una cosa.
¿Usted se acuerda de que dentro de unos días se iba a oficiar la boda entre Pedro y Rosa Mari?
Esos, esos.
¿Y la iglesia sigue libre "pa" esa fecha?
Sí, espero.
Dígame.
¿Está libre?
Ah, pues mire, que quería dejarla reservada.
No, no, no. Para Pedro y Rosa Mari, no. A ver,
que Pedro Infantes sí que es el marido. Pero Rosa Mari no es la esposa.
No, no le estoy mintiendo. A ver, escúcheme que yo se lo explico...
Escúcheme, Padre Cosme, soy Pedro Infantes.
Sí, que al final no me he casado.
No, porque no...
No salió bien al final con Rosa María. Pero...
- ...he encontrado a la mejor persona del mundo. - [Rita ríe]
Sí.
Oiga, padre Cosme, esto no es una broma.
No me tomo esto por el pito del sereno, padre Cosme.
Que la anuló. Quién anuló esto, dice.
Eh, padre Cosme, que digo yo que usted debería estar contento, ¿no? Porque...
Porque bueno, lo importante es que los feligreses sigan acudiendo a casa del Señor, ¿o qué?
Cualquiera que le oiga se piensa que está hablando con unos desquiciados,
lo que nosotros queremos es unirnos en santo sacramento.
[Pedro susurra] Tranquila, tranquila.
Sí, sí.
Muy bien, pues nos vemos en el altar.
Que nos casamos, Pedro.
[Rita ríe]
[Rita grita]
Te he "matao". ¿Estás bien?
Mejor que nunca.
- ¿Seguimos? - Sí.
[gimen]
- ¡Venga ya! - El último.
[máquinas de coser funcionando]
¡Paren las máquinas! ¡Paren las máquinas!
Siempre he deseado decir esto en este lugar, de verdad.
¿Pero qué os pasa que venís todo eufóricos?
¡Que nos casamos en Porrillos este fin de semana y estáis todos "invitaos"!
- [Ana] ¡Pero bueno! - [Pedro] Muchas gracias.
Muchas gracias.
¡Enhorabuena!
Muchas gracias.
Sí, gracias.
[Ana] Rita,
pero, pero ¿no es un poco precipitado?
- Un poco, dice. - Bueno, muchísimo la verdad.
Pero nos da igual. Es lo que queremos, Ana.
Pues si es lo que vosotros queréis, yo también.
[Luisa] Enhorabuena, enhorabuena.
Pero bueno, ¿qué pasa aquí?
¡Que me caso, hermana!
- Bueno, nos casamos, la verdad. - ¿Qué?
Sí, ya sé lo que me vas a decir. Que es un poco "precipitao".
- Que será una locura. - Y que nos lo tenemos que pensar mejor.
No, no, si yo a ti no te digo nada, vamos, contigo estoy ya curada de espanto.
¡Pues que enhorabuena!
[ríen]
[Rita] Gracias.
[Clara] Ay, luego la impulsiva soy yo, ¿eh?
- Muchas gracias. - Bueno, que corra el aire, ¿eh?
- Perdón. - [Clara susurra] Bueno, hija.
- Bueno, mañana me voy al pueblo a prepararlo. - Y vosotras os venís conmigo, ¿eh?
¿Mañana?
Imposible, Rita, yo no me puedo ir mañana.
Que tengo que ultimar todos los pedidos de los uniformes.
Pero a la boda no falto ni loca, ¿eh?
Que una boda no se prepara de la noche a la mañana, si tenemos tareas que hacer.
El pueblo no está aquí al "lao".
Clara, tu sí que no me puedes fallar
con los preparativos, ¿eh? Que ya sabes cómo es madre, que se pone...
Bueno, sí, tiene que estar atacada de los nervios, seguro.
Y al final consigue que no nos casemos.
Sí, sí. Para pedir días libres a Mateo estoy yo.
- Pues se los pides. - ¡Que ya se lo he dicho a madre!
Que tiene que tener a todo el pueblo...
Pues "revolucionao", conociendo a la suegra.
Que mantiene al novio, pero que se casa con otra hija, entre nosotras todo bien, tú ya sales con otro.
Bueno, ahora ya no, habrá que decírselo.
Anda, hermanita, que tú animando no tienes precio, ¿eh?
Ay, perdón, qué he dicho.
Perdón, que estamos un poco nerviosos.
- [Rita ríe] - [Ana] Bueno, que estamos encantados, ¿eh?
- [Pedro] Muchas gracias. - [Ana] Me alegro muchísimo, chicos.
- [Pedro] Mira. Don Raúl. - [Rita] ¡Raúl!
Que usted también está invitado. ¡Pedro y yo nos casamos!
Sí, en Porrillos. Este fin de semana.
Pero cómo, ¿ya?
Bueno, ya sabe que el pueblo no es la cuna de la moda, pero la matanza no tiene igual.
Bueno, pero usted sí puede venir, ¿verdad?
- ¿Pero este fin de semana? - [máquinas de coser funcionando]
Pues la verdad, me moriría por acudir a vuestra boda
e integrarme de pleno en las costumbres y cánticos regionales, pero...
...es que mañana salgo a París.
- Tengo que comprar las telas de la colección. - Ah.
Bueno, por lo menos dígame que esta noche viene a mi despedida.
Esta noche
tengo una cita ineludible, un clásico en mi vida que ya no puedo cambiar.
Pero te prometo que a tu vuelta
- te voy a enseñar lo que es una fiesta de verdad. - [Rita ríe]
- Y a ti también. - [Pedro ríe]
Le tomamos la palabra, entonces.
Así que esta noche va a ser una noche de chicas.
Tú puedes irte con Jonás.
Ah, no había caído, genial.
Genial. Mi primo Jonás tiene muchas ganas de celebrar una despedida de soltero, la verdad.
Bueno, que tampoco celebre tanto, ¿eh?
Ya.
[Rita ríe]
Vais a ser muy felices.
No se ponga a llorar, por favor.
No, es que yo no quiero llorar, porque como llore, yo abro el grifo y no lo cierro.
[Raúl solloza]
[Pedro] No, no.
[Rita] Ya, ya, ya.
- Vais a ser muy felices. - [Rita] Ya, ya, ya.
[Raúl solloza]
[Pedro] Ya, ya.
[llaman a la puerta]
Adelante.
Don Emilio, vengo a contarle una cosa muy gorda.
Pedro, como podrá muy bien observar, me he quitado los zapatos,
me he quitado la chaqueta, me he quitado la corbata,
me he desabrochado la camisa, me he desabrochado el chaleco
y me disponía a dar cuenta de esta copita de chinchón.
¿Quiere decirme
por qué debo interrumpir yo este momento de descanso? ¿Por qué?
¡Porque me caso con Rita!
¡Dentro de tres días!
¿Cómo?
Pedro, ¿usted no puede dejar de pensar en casarse
aunque solo sea por un par de semanas?
Es que a la quiero de verdad.
Es que a Rita la quiero de verdad.
O sea, a Rosa María también la quería, pero claro, la quieres pues...
Pues como cuando quieres a un amigo.
Un amigo diferente, al fin y al cabo es la madre de mi hijo, ¿no? Pero
ya me entiende, al fin y al cabo es una amiga.
¿No se alegra por mí?
[Emilio ríe]
Claro que me alegro, Pedro.
Claro que me alegro.
Conociéndole como le conozco,
sabía que esto iba a pasar, pero no tan pronto, la verdad.
Es que esta vez se ha superado usted a sí mismo, ¿eh?
No, oiga, no, Pedro. Llantos no, ¿eh?
Llantos, no, por favor.
[solloza] ¡Es que llevo aguantándome mucho tiempo ahí fuera!
¿Qué dice? ¿Qué dice? Que no le entiendo.
Que llevo mucho tiempo haciéndome mucho el machote afuera.
- Y es que siento una felicidad, don Emilio. - [Emilio] ¿Mm, mm?
[Emilio ríe]
Ay.
¿Querrá sus días libres, no?
Sí, a eso he venido, la verdad.
Ay, madre mía, Rita, pero con tan pocos días para prepararlo todo.
[Rita] Bueno,
no tan pocos, no te creas.
¿Pero y esto qué es?
- Mi boda. - ¿Cómo que tu boda?
Sí.
No sé si lo sabíais, pero llevo soñando con el día de mi boda desde pequeñita.
Y bueno, la verdad es que he tenido muchos años "pa" soñar.
Pero, Rita, tú nunca me habías enseñado esto.
Si aquí está todo.
La iglesia, las flores, la música... Todo. No le falta detalle.
Hasta el menú.
Uno largo y uno corto. Que nunca se sabe.
- [Luisa ríe] - ¿Y el vestido?
Está aquí.
Ay, ¿a ver?
Pero si esto es un Belategui, es precioso.
Sí.
Una pena que no tenga tiempo "pa" copiarlo, ni dinero "pa" comprarlo.
¿Me estás diciendo que no te vas a casar con el vestido de tus sueños?
Bueno, aunque sea con el vestido viejo de mi madre, me caso en tres días, te lo juro.
A no ser que Lucifer
me eche por llegar tarde.
- [Blanca] ¡Señoritas! - Uy, mira, hablando de ella.
[Ana] Vamos.
[Rita] No digáis nada, ¿eh?
No, no.
Que sois muy cotillas.
[suena música de swing en la radio]
Bueno, bueno, bueno, señorita Phillip Ray.
Ya me contará usted en que está trabajando
para el vestido de novia de su mejor amiga.
Ay, de mil amores se lo haría.
Pero acabo de enterarme de que lleva toda su vida soñando con casarse con un Belategui.
Vaya, de pueblo, pero con buen gusto, ¿no?
Sí, pero el problema es que
ni hay tiempo para confeccionarlo ni dinero para comprarlo.
Así que va a tener que conformarse con casarse con algo más barato.
No. No hay nada más triste en este mundo que una novia mal vestida.
Bueno, en el peor de los casos
tenemos el vestido de su madre, que yo creo que si me llevo de aquí unos encajes
y unos abalorios, algo puedo hacer cuando llegue al pueblo.
Qué horror.
Mira, yo voy a faltar a esa boda,
pero seguro que hay algo que puedo hacer para que Rita se sienta la novia más guapa del mundo.
[pasos cercándose]
Clara, escúchame...
¿Hablando solo, Mateo?
Pues sí que te ha dejado tocado la ruptura, ¿no?
¿Cómo te has enterado?
Eran solo eran rumores, pero acabas de confirmármelo.
- ¿Te divierte esto? - No.
Para nada, todo lo contrario, me da mucha pena. Justo ahora que acabas de independizarte
te dejan tirado.
Quién lo iba a decir
con lo interesada que parecía.
Pero no te preocupes, ¿eh? Seguro que tú pronto encuentras a otra.
Y con mucha más clase.
[Bárbara ríe]
Vamos, ríete, Mateo. Estas cosas hay que tomárselas con humor.
Espero que pienses lo mismo dentro de un rato.
- ¿De qué hablas? - Enrique y Patricia.
[susurra] Se ve que están reunidos.
[Enrique] Cariño, no te esperábamos.
Fuera.
Buenos días, Bárbara. ¿Vas a echarme de mi propio despacho?
Pues puedes esperar sentada.
¿De qué está hablando, Enrique?
[Patricia] No te preocupes, yo se lo explico.
Desde hoy trabajo aquí.
Y yo decido quién se queda y quién se va y tú te vas.
¿A qué esperas? Las galerías están llenas de ropa que puedes comprarte.
Bueno, eso si te las paga tu marido.
Uy, ¿he dicho algo que no debía?
[teléfono suena al fondo]
Bárbara.
- Bárbara. - [timbre del ascensor]
No voy a consentir que esa marrana me siga faltando el respeto una y otra vez.
Dime, ¿te la sigues beneficiando?
Porque quiero saber todo tipo de detalles, ¿dónde?
- En el suelo, en el sofá... - Basta, basta.
- ¿En la mesa? - ¡Basta! Es una estrategia.
Es una simple estrategia empresarial.
Una estrategia.
Necesito tenerla a mi lado para controlarla, eso es bueno para la familia.
Claro, todo sea por los Otegui.
Tú fornicando todo el día para que tu mujer pueda llevar esos maravillosos abrigos de piel.
No la quiero aquí, Enrique. No cerca de ti.
Lo que tú quieras no importa.
No la puedo echar.
Muy bien, pues, si no se puede ir ella, nos iremos nosotros.
Y yo tampoco puedo irme.
A mi padre le interesa que esté.
A tu padre le haces caso cuando te da la real gana.
Nada de esto hubiera pasado si siguiéramos en San Sebastián.
Bueno, bien.
- Así que mañana mismo volvemos a casa. - [timbre del ascensor]
Si ellas hacen una fiesta como Dios manda, nosotros no vamos a ser menos.
Además, lo tengo todo pensado.
Primero El Pausa para entrar en calor, y luego ya, donde nos lleve la noche.
Primo, pero ¿un plan tranquilo? Porque tú tienes muchas ganas de esto y yo no lo veo claro.
No, no, no. Me lo negaste en la boda mala, no me lo vas a negar en la buena.
Primo.
Vale, nos vamos de despedida. Pero nos vamos tú y yo solos.
No, tu y yo solos no, que ya te tengo muy visto.
No sé, dile a Juan, a Ignacio, a los que quieras, a los que te haga ilusión.
Pero chicos, que te conozco y te veo del brazo de la Margarita, ¿mm?
Vale.
Te veo a la diez en la puerta.
Diez.
Primo, solo chicos.
- Chicos. Vale. - Vale.
Chicos, chicos, chicos.
[suena música de jazz]
- Cristina, está exquisito. - [Cristina ríe]
¿Verdad, Alberto?
Sí.
La verdad que Elvira siempre ha sido una persona indispensable en esta casa.
[ríe]
No,
si tiene razón.
La verdad es que no sé ni freír un huevo.
Cristina me pregunto cuál era el plato que más había echado de menos en Cuba y aquí está.
Gracias.
Un placer.
Todo un detalle por tu parte.
Gracias, Cristina.
Bueno, ¿y qué tal le ha ido en las galerías?
Muy bien.
He podido despedirme de mis chicas...
...y me he puesto al día con Blanca. Por cierto,
¿sabes que ha retomado su relación con tu tío Esteban?
- ¿Con Esteban? - Sí.
- ¿Está en Madrid? - Sí.
Ellos estuvieron juntos muchos años
y tu padre interrumpió su relación, y yo
les he vuelto a poner en contacto.
Quisiera pedirte un favor, Alberto. Sé que te
puede sonar raro, así de repente, pero...
...¿por qué no llamas un día a tu tío?
El representa a una compañía de importación de telas
y yo pienso que puede ser interesante para las galerías.
Tenía entendido que Rafael echó a Esteban de las galerías.
Ya.
Pero no voy a ser yo la que
vuelva al tema de tu padre.
Simplemente piénsalo, hijo.
Claro.
Creo que me voy a retirar, me estoy sintiendo muy cansada
después del trajín de todo el día.
Te acompaño.
No, no, no. Por favor. Siéntate.
Que tendréis muchas cosas que contaros los dos.
- ¿Seguro? - Seguro.
Buenas noches.
- Buenas noches, Isabel. - [Isabel] Buenas noches.
Está muy enferma, Cristina.
No es la persona más adecuada a la que llorar tus penas.
Ya me ha contado que esta mañana has querido
- hablar con ella. - Alberto, ¿cómo puedes ser tan egoísta?
Llevo semanas intentando acercarme a ti de todas las maneras posibles.
Me paso los días sola en esta casa cuidando de tu madre,
¿y ahora quieres que me sienta culpable porque esta mañana me he desahogado con ella?
Estoy intentando que sus últimos días sean los más felices posibles.
Y vas tú y le cuentas nuestros problemas, como si ella no tuviera suficiente.
Perdóname
por seguir luchando por salvar este matrimonio.
[Jonás silba, puerta se abre]
Pero don Emilio, ¿cómo está?
Preparado para lo que dispongan el señor Infantes y usted.
¿Usted viene?
Pedro me ha insistido y si le hace ilusión, puedo hacerles compañía.
- ¿Vamos? - Sí, vamos, vamos.
- Venga. - [Emilio] Vamos.
¿En serio, don Emilio? Que es nuestro jefe, hombre.
Además, que no va a aguantar ni una copa y seguro que vamos a tener que volver antes.
Es mi fiesta.
Yo elijo quien viene y quien no viene. Además, no seas cenizo, lo vamos a pasar muy bien.
Don Emilio tiene algo que ni tú ni yo tenemos y lo sabes.
- ¿Qué? - Sentido común.
- [Rita] ¿Y esto te funciona a ti? - [Clara] Uf, ¿tú qué crees?
- Oy, hija. - [ríen]
Qué graciosa.
[diálogos ininteligibles]
- [Ana] A ver. - [Luisa] Que me iba a quedar yo...
[cantan]
[Clara] Aquí.
[ríen]
Gracias. Esta es la última copa, ¿eh?
¿Qué crees que estará haciendo Pedro con Jonás?
Me da más miedo el primo que...
Bueno, pero si desde que Jonás es
lo que sea que es de Luisa, está todo controlado.
Anda que vaya perra os ha "entrao" con que hay algo entre Jonás y yo, de verdad.
¿Y tú qué? Que Pedro te quiere. No pienses mal.
Ya, pero le echo de menos.
Desde que somos novios siempre nos hemos "dao" las buenas noches.
Ay, Dios mío, Rita. Cuando te pones cursi, hija mía. Que es una noche.
Que vas a tener el resto de tu vida hasta que la muerte os separe.
Desde luego, que esta es la peor fiesta del mundo, ¿eh?
Y pensar
que sin hombres este es el plan.
Eso es porque os falta el mejor maestro de ceremonias.
[todas al unísono] ¡Raúl!
¡Ay, mi madre mía!
Pero yo venía a una fiesta. ¿Qué es esto, por Dios? Dais pena.
Fuera rulos. Nos vamos.
- [Luisa] Pero ¿qué pasa? - [Ana] ¿A dónde?
¿Y a estas horas y con estas pintas?
¿Te acuerdas de mi cita ineludible de esta noche?
[Rita] Sí.
Pues lo he arreglado todo
y vienen conmigo mis acompañantes.
Así que os quiero fuera en ocho minutos.
[Clara] Por fin nos vamos de jarana.
[Luisa] Pero ¿ahora?
- [susurra] Belategui viene a la fiesta. - ¿En serio?
Vamos a hacer que nos ceda el vestido de hoy para mañana.
[susurra] Ay, sí, sí, sí.
- Pero Rita, por favor. - ¿Qué?
Si parece que se acerca un funeral en vez de tu boda.
Ay, Raúl. Yo no sé si estoy ahora con ánimos "pa" fiestas.
Que no, que no, los ánimos se crean, Rita, se crean.
Que ésta es tu ultima juerga como mujer soltera.
Venga, Rita, por favor.
¿Pero qué te crees que está haciendo Pedro con su primo?
¿Contándose historias de amor mientras toman café?
- Eso fue todo. - [suena música de swing]
Me aparté.
Me quité de en medio
para que ellos pudieran ser felices
y se casaron el mismo día en que yo tenía que casarme con ella.
El mismo día.
Ahora que vuelvo a tener a Isabel a mi lado
en lo único en lo que reparo es en...
En poder disfrutar de ella cada día
un poquito más.
Me parece una historia...
- ...maravillosa. - [Jonás solloza]
¿A que sí, primo?
Ah. Se me ha metido aquí un no sé qué.
Camarero, tres whiskys, por favor.
Hombre, don Emilio, después del dramón que ha contado
no esperará una juerga.
No, claro que no, vamos a brindar.
Vamos a brindar.
Si les he contado todo eso es porque no quiero que ninguno de los dos
cometa el mismo error que yo cometí en su momento.
Por eso, Pedro, enhorabuena. Es usted un valiente.
Y usted, cuando tenga a Luisa delante, dígale lo que siente,
láncese. ¿Qué es lo que puede perder?
Perder no sé. Una torta igual me llevo.
Así sabrá a qué atenerse. Hágame caso.
En el amor, no conviene andarse con rodeos.
[Emilio] Vamos a brindar.
Por Pedro.
- Pedro I, el persistente. - [ríen]
[tintineo de vasos]
El primero de nosotros
que ha vencido el miedo a tiempo, ¿mm?
[tintineo de vasos]
[se aclaran la garganta]
[tosen]
[ríen]
[Raúl chasquea los dedos]
[hombre] ¿Cuál es nuestro ser divino?
[Raúl levanta la voz] ¡Dionisos!
Y Raúl de la Riva.
- [Raúl] ¡Víctor! - [Víctor y Raúl ríen]
No te iba a perdonar que no vinieras, ¿eh?
¿Pero cómo no voy a venir?
Víctor, mis chicas Velvet, mis chicas Velvet, Víctor.
[Víctor] Por favor.
Su casa, su fiesta.
Pues tiene usted una casa preciosa.
Muchas gracias.
Espero que pasen una noche inolvidable.
Bueno, bienvenidas a la otra cara de Madrid.
Mézclense, disfruten y sobre todo vivan, ¿mm?
- Gracias. - Están en su casa, por favor.
- [Rita] Gracias, gracias. - [Raúl suspira]
Bueno, ¿qué os parece?
Me encanta. A mí siempre me han "gustao" las fiestas de disfraces.
Venga, decórate, mujer, decórate.
[Ana] Yo creo que me lo voy a poner así por encima.
[Rita] Buenas noches.
Y abrid bien los ojos, porque esta fiesta nunca es lo que parece.
Le acabo de ver.
He visto a Belatagui. Ahora vengo.
¡Un brindis! Toma Luisa, que estás a palo seco.
- [Clara] Ay, - Venga, ya tenéis "toas" copa, ¿no?
- Venga, ya estamos esta con los brindis. - [ríen]
Es que, esto nunca os lo había "contao" pero
cuando vine a Madrid me pasé todo el camino desde Porrillos llorando como una magdalena.
Doy fe. Que menudo viaje me dio. Que no había quien la consolara.
Sí. Es que,
bueno, me daba pena dejar a mis padres y
pensaba que nos íbamos a sentir muy solas.
Pero luego, cuando llegué
conocí a Luisa en la entrada
y luego a mi compañera de habitación.
Y bueno, quería deciros que se avecinan cambios,
pero vosotras sois mi familia y
[solloza] pase lo que pase nada va a cambiar eso. Porque os quiero mucho, chicas.
- Y nosotras a ti, Rita. - [ríen]
Aún recuerdo cuando la vi entrar por la habitación con aquella maleta
y aquella caja llena de chorizos y panceta.
[ríen]
Aún no sé cómo hemos podido llegar hasta aquí.
Por las chicas Velvet.
Y por vosotros, Rita.
Por Pedro y por ti, que seáis muy felices.
- Muchas gracias. - [tintineo de copas]
[Rita] Muchas gracias, os quiero mucho, chicas.
- [Víctor] Belategui. - [suena música de swing rápido]
Una boa te quedaría maravillosa.
[Belategui] Lo sé.
[Raúl] Señor Belategui.
El mismo.
¿Y usted es?
Te vi aplaudiendo como un loco en primera fila
en mi último desfile, no te hagas el interesante.
[ríen]
Una colección extraordinaria, por cierto.
Lo sé, gracias.
[Raúl] Mm, mm.
Tus últimos diseños tampoco han estado mal.
Pero si me permites la osadía,
nada como el Orquídea del cincuenta y cinco.
- Un clásico. - Un verdadero clásico.
Raúl de la Riva elogiando a la competencia.
- Algo estás tramando. - [champán vertiéndose]
Cazado.
Necesito ese clásico.
- ¿Te casas? - Oh.
¿Os burláis?
[ríen]
No. Es para una amiga. Ha encontrado su Romeo y la boda se ha precipitado.
Que se pase mañana por mi taller. Lo arreglaremos lo antes posible.
No creo que sea necesario. Ella podría hacer los arreglos que precise el vestido.
¿Crees que voy a dejar uno de mis diseños en manos de cualquiera?
No, Rita no es "cualquiera".
Es una de las mejores modistas de Velvet
un referente en moda en este país.
¿Quieres que te deje uno de mis vestidos para una de tus costureras?
Eso sí tiene gracia.
[Belategui ríe]
Es una mujer, que sueña con ser la novia más hermosa del mundo.
Y su condición de modista no le impide soñar.
¿Qué sería de nosotros sin los sueños de todas las mujeres?
Es un enternecedor speech.
Pero hay privilegios que solo están al alcance de unos pocos.
Por eso son privilegios, querido.
[diálogos ininteligibles]
[suspira]
- [Rita] ¿Cómo va a ser así, hombre? - [suena música de swing lento]
[Luisa ríe a carcajadas]
Que no.
Bueno, esta fiesta está llena de hombres guapos y ninguno me ha tirado los tejos. Qué horror.
Ay, Clara, no creo que ninguna de nosotras sea del gusto de los hombres que hay en esta fiesta.
Pues no veas lo que se pierden.
Ay, ahora vuelvo, chicas.
¿Por qué?
[diálogos ininteligibles]
No tenemos vestido.
- ¿Qué? ¿Porqué? - Ese impresentable piensa
que sus vestidos no son para que los luzca una simple modista.
[Raúl suspira]
Esto es así, Ana, es así.
La alta costura no se crea más que para un grupo muy reducido de mujeres.
No todas exquisitas, pero todas ricas
y con apellidos eternos.
Belategui debe todas sus creaciones a equipos tan valiosos de mujeres como lo es Rita en Velvet.
¿O es que es el único diseñador que trabaja él solo en su taller?
Cuando te oigo hablar así, parece que estoy viendo a la Pasionaria.
Pues esto no va a quedar así. Me va a oír.
[Belategui ríe a carcajadas]
¿Señor Belategui?
¿Y usted es...?
Una sencilla modista Ana Ribera.
No me lo diga,
usted es la famosa Julieta.
A de la Riva se olvidó de comentarme que la novia era una mujer con carácter,
y aunque guapa, muy lejos de mis intereses.
Ninguna "cosebajos" va a vestir uno de mis diseños.
Yo no soy esa "cosebajos".
Ella es una de las mejores modistas que hay en Velvet,
de la que de la Riva se quedó prendado nada más verla enhebrar una aguja.
Qué entrañable.
Es una lástima que no le conozca en persona, porque estoy segura de que si le conociera
se le quitaría de la cabeza la ridícula idea de llevar uno de sus diseños
el día más importante de su vida.
Es usted despreciable.
Mire, señorita,
si usted me considera despreciable
y yo no quiero vestir a su amiga la "gran costurera",
no sé qué hacemos hablando cuando podíamos estar disfrutando de esta magnífica fiesta.
Los tiempos han cambiado, señor Belategui.
Y su corta mirada no le permite ver
como clientas a mujeres tan fantásticas como las que tiene en su propio taller.
Sin las que, por cierto,
su carrera nunca hubiera sido lo mismo. Pero claro,
eso usted nunca lo va a reconocer.
Ana.
Espere.
Ay, me estalla la cabeza.
¿Y mi hermana?
Durmiendo y yo no pude pegar ojo en toda la noche con los ronquidos de ella.
Bueno, pero mereció la pena.
- Sí. - ¿Se sabe algo del vestido?
Bueno, Belategui ya tiene las medidas.
Lo único que no os lo vais a poder llevar vosotras al pueblo, os lo acercaré yo mañana cuando vaya.
- No le vayas a decir nada, ¿eh? - [suena timbre del reloj de fichar]
Que no, va a sufrir hasta el final.
Verás cuando sepa que no se tiene que poner el de mi madre. Va ser la novia más feliz del mundo.
- Ay, me alegro tanto. Se lo merece. - [Clara suspira]
Y nosotras, y míranos.
Aquí, las dos solas.
Y yo teniendo que rogar a mi ex novio que me de dos días libres. ¿Y tú?
Y yo, teniendo que ir a buscar a Carlos que me está esperando para hablar con él.
- Uh, pues que vaya bien con él. - Suerte con Mateo.
Mateo, ¿podemos hablar un momento?
Claro. Tú dirás.
Pues, verás es que te tengo que decir algo importante que
a lo mejor ahora te parece raro.
Bueno, nunca es tarde, ¿no?
Claro, yo pienso lo mismo.
Pero, bueno, que a lo mejor que yo que me presente aquí
de buenas a primeras después de lo que hemos vivido, pues
que si me mandas a freír espárragos, que lo entiendo, ¿eh?
Para nada, estas cosas es mejor hablarlas.
No podemos permitir que
nos cieguen las rencillas, ¿no?
[ríe]
Absolutamente.
Fíjate que tonta, que pensaba que iba a abrir la boca y me ibas a decir que no a la primera.
¡Por favor! Somos personas civilizadas, ¿no?
No sabes el peso que me quitas de encima.
No te preocupes mujer, dime.
Pues me gustaría pedirte dos días libres.
¿Cómo?
Que Rita se casa.
Así, de repente. Y que quisiera ir a Porrillos para echarle una mano con lo de la boda.
A ver, un momento. ¿Esto es de lo que querías hablarme?
Sí, y fíjate que tenía ahí reparos porque pensaba que, bueno, que...
Pues que después de lo nuestro a lo mejor te parecía inoportuno.
Pues sí, la verdad que me parece bastante inoportuno.
Pero como luego me has dicho eso de que somos personas civilizadas.
[Clara ríe]
Muchas gracias por todo, Mateo.
Muchas veces entiendo por qué estuve tan enamorada de ti.
¿Qué?
Que además solo van a ser dos días, ¿eh? El lunes estoy de vuelta.
[suena música de swing, diálogos ininteligibles]
Hola.
Estás muy guapa.
Gracias.
Lo que estoy es cansadísima.
La noche de ayer fue muy complicada.
Yo llevo muchos días sin dormir también.
Ayer vi a Alberto.
Y no le dijiste que lo habíamos dejado.
No tengo por qué darle explicaciones.
Él tiene su vida y yo la mía.
Sin embargo sigues enamorada de él.
Carlos, tú has sido lo mejor que me ha pasado en estos últimos meses.
No quiero que sientas que te he engañado.
Te juro que cada momento que pasamos juntos yo me he esforzado mucho por quererte.
Y lo harás.
Yo me enamoré de ti desde el primer momento en que te vi.
Pero puede que a ti te cueste un poco más, es normal.
Ya he sido muy paciente contigo.
Puedo serlo un poco más.
No.
No, ¿qué?
¿No dices que soy lo mejor que te ha pasado estos meses?
Yo creí que había olvidado a Alberto, pero no ha sido así.
Pues serás infeliz el resto de tu vida, Ana.
Alberto se ha casado y te ha olvidado, tú deberías hacer lo mismo.
Te estoy dando la oportunidad de ser feliz, de empezar de cero.
Carlos, gracias por todo, pero será mejor que me vaya.
¡Pero no! No puedes dejarme.
Lo siento.
Ana.
Lo siento, estoy muy cansado.
No he dormido bien.
Carlos, suéltame, me estás asustando.
Te quiero.
Suéltame.
[suena timbre del reloj de fichar]
[Jonás resopla]
Me quiero morir, primo. Mátame. Por favor, termina con esta agonía.
Si es que, si hubiese sabido que don Emilio tiene tanto saque es que yo no le llamo.
¿Qué tal, borrachines?
¿Pero qué pasa esta mañana con los gritos?
[levanta la voz] ¡Pero si no estoy gritando!
Estás gritando, Luisa, estás gritando.
Pero vosotros estáis fatal.
- Bueno, fatal, fatal, tampoco, que somos hombres. - Ah.
Me ha revuelto, voy al baño, voy al baño.
Bueno, ya sabes que mi primo siempre ha sido un blando.
Bueno, ¿qué tal ayer?
¿Cómo acabó esa noche inolvidable en unos ronquidos lamentables en el pasillo?
- No te rías de mí. - [Luisa ríe]
Oye, Luisa, Luisa, Luisa.
¿Quieres ir conmigo a la boda?
¿Contigo cómo? ¿En coche?
Ir...
...conmigo.
En plan...
No, no, novios no, novios no.
Pero ya sabes.
Entramos juntos a la iglesia, nos sentamos al lado.
Y no bailas con ningún zagal del pueblo más que conmigo.
¿Solo contigo?
Bueno y con las chicas, puedes. Con las chicas puedes.
Y con Pedro. Y puede que con don Emilio también.
Pero entonces tú no podrías bailar con ninguna zagala.
Bueno, con los chicos sí.
Y con Rita.
Y con la madre de Rita...
No hace falta.
[Jonás ríe incómodo]
Es la madre.
Bueno, trato hecho.
Trato hecho.
[ríe]
[grita] ¡Sí!
[náuseas]
[tose]
[suena el timbre]
[Cristina] Ya voy yo, Elvira.
[Elvira] Muy bien, señora.
Bárbara, gracias por venir.
Vengo a despedirme.
¿Qué?
Me voy con la niña a San Sebastián,
- para siempre. - [Cristina ríe]
- Pero ¿esto qué es, otro truquito? - [Bárbara ríe]
No, esta vez me voy de verdad.
Y tu hermano también.
¿Que Enrique se va?
Ayer le di un ultimátum.
Bárbara, ¿tú estás segura de que esto es lo que quieres hacer?
Si no puedo echar a Patricia de las galerías
- lo sacaré a él de las faldas de esa fulana. - Chs.
¿Qué?
No me importa que me oigan.
[Bárbara suspira, después ríe]
- Mi hermano es un imbécil. - Mm.
Te voy a echar mucho de menos.
[Bárbara ríe]
Y yo a ti también.
Pero bueno, tengo que arreglar un montón de cosas para el viaje.
Un bebé tiene muchas tonterías y no quiero que la muchacha se olvide nada.
- [Cristina] Bárbara. - ¿Mm?
- Te acompaño. - [Bárbara ríe]
¿Qué quieres?
Has hablado con Bárbara.
¿Creías que no me iba a enterar?
Y la historia se repite.
¿Pero cuando te vas a dar cuenta de que no eres más que un peón en el juego de Bárbara?
- Soy su mejor amiga. - No.
Eres la correveidile a la que le cuenta todo
para que a su vez se lo cuente a papá y él resuelva todos nuestros problemas.
[Cristina] Pues si le cuento a papá
que sigues acostándote con Patricia es el fin de tus días aquí.
Esta vez es distinto.
[Cristina ríe]
[Cristina] Ay, que te has enamorado.
[Enrique ríe]
No.
El amor lo dejo para mentes más...
...básicas.
Lo único que me interesa de Patricia son sus acciones en la empresa.
[Enrique] Me limito a darle la importancia que nunca nadie le ha dado, incluido tu marido.
Yo le regalo el oído,
ella hace lo que quiero.
No me creo que seas capaz de hacer sufrir así a tu mujer.
Y manipular a la gente solo por dinero.
Bienvenida al mundo real.
[Enrique] Y si abrieras un poco más los ojos
te darías cuenta de que tu situación no difiere tanto de la mía.
Y si no pregúntale a papá. O a tu marido.
¿Qué insinúas?
[Enrique ríe]
Vamos a ver.
Te pasas media vida enamorada de Alberto
y él accede a casarse contigo
justo en el momento en el que está a punto de perder las galerías.
¿De verdad que nunca se te había ocurrido?
Así que vete a Alberto con el sermón.
¿Se puede saber adónde iba tu hermana con tanta prisa?
Una pequeña urgencia.
¿Todo bien?
Todo bien.
[freno de mano, motor se apaga]
¿Estás nerviosa?
¿Por qué?
No todos los días se tiene una cita.
¿Con Emilio?
No es una cita.
Ya.
¿Y por qué te vas a comprar un vestido ahora?
No me voy a comprar nada.
[ríen]
- Isabel. - Sí.
Estas muy guapa.
- [Blanca] ¿Es de Cuba? - Sí.
Es una reliquia, muy viejecito.
Ya sabía yo que lo ibas a dejar perfectamente.
Un minuto más y esto ya está.
Ayer hablé con mi hijo de Esteban.
No pongas esa cara porque lo entendió perfectamente.
Si su tío le llama, lo va a recibir con los brazos abiertos.
[Blanca suspira]
Es usted un ángel.
No, que va.
- Sí. - [Blanca ríe] No.
La única amiga que he tenido en mucho tiempo.
[Emilio] ¿Doña Blanca?
- [susurra] Dios mío. No puede verlo. - [Emilio] ¿Doña Blanca?
- ¿No? - No.
[Blanca] Lo siento, pero no puede pasar don Emilio.
Pero ¿se puede saber qué están haciendo?
No pasa nada. ¡Es una sorpresa para esta noche, Emilio!
- Lo siento. - [ríen]
Está en todas partes.
[ríen a carcajadas]
El pedido de la delegación de París ya está listo.
Faltaría Roma y Atenas.
Muy bien.
Ana.
¿Estás bien?
Un poco cansada.
- Normal, una ruptura no es fácil. - [teléfono suena al fondo]
¿Y Carlos?
Bueno, le está costando asumirlo.
Siento interrumpir.
Ana, tienes una llamada.
Es Carlos.
Carlos, que ya la he encontrado. Te la paso.
Carlos, dime.
[Carlos por teléfono] Ana,
solo quiero pedirte perdón.
No debí de haberte hablado así.
No te preocupes, ya está olvidado.
Pero por favor, no me llames más.
[Carlos suspira]
Ana, no puedes dejarme así.
Por favor, ¿por qué no hablamos?
No, Carlos.
Ya no tenemos nada de qué hablar tú y yo.
Mira, sé que no estuve bien en El Pausa.
Pero de verdad que yo no soy así.
Necesito verte, Ana, por favor.
Por favor.
- Esta tarde... - Estoy abajo.
En la cabina. Solo un minuto.
[cuelga el teléfono]
¿Dónde vas?
A acabar con esto, Clara.
[Clara suspira]
[susurra] Clara, ¿qué está pasando?
Estoy preocupada por Ana.
Es Carlos.
Ana.
- Carlos, no. - Perdóname.
Me he portado como un idiota.
Te perdono.
Pero no voy a aceptar las flores. Tú y yo ya no somos novios.
Lo siento.
Pero no te quiero.
No digas tonterías, Ana.
Ana, ¿por qué has bajado?
Carlos, suéltame.
Has bajado porque me quieres.
Has bajado porque te importo. No tienes por qué negarlo.
Carlos, suéltame me estás haciendo daño.
Es que puedo llegar a hacerte muy feliz, Ana, solo necesito que me des la oportunidad.
Carlos, por favor, suéltame.
- Suéltame, me estás haciendo daño. - ¡Suéltala!
Vete con tu mujer que esto es algo entre Ana y yo.
[Carlos] Ella, me quiere y no puedes hacer nada para impedirlo.
Suéltala, Carlos.
- Suéltame. - ¿No lo has oído?
Alberto, no.
[Ana] ¡Alberto!
¡No!
[grita] ¡Por favor!
Por favor.
Alberto.
No vuelvas a meterte en su vida.
- ¿Me oyes? - Púdrete, imbécil.
Hundiste una vez su vida y lo vas a volver a hacer.
No hagas caso, ven. No le hagas caso. Vamos.
- Alberto, déjalo ya. - [Alberto respira agitadamente]
- A ver... - No me toques.
[Ana] Déjame que te cure.
- Estás sangrando. - No quiero que me cures, Ana.
Déjame, por favor.
Por favor.
No te haré daño.
[golpe seco]
[timbre del ascensor]
[risas]
[teléfono suena, máquinas de escribir al fondo]
[Patricia ríe a carcajadas]
[Patricia] Ay.
Vaya, me sorprende que una mujer de tu educación no sepa llamar a la puerta.
Y es la tercera vez, Bárbara.
A mí me sorprende verte con la ropa interior puesta.
Señoras, por favor.
Enrique, ¿nos vamos?
No voy a ir a San Sebastián.
[ríe] Venga, no digas tonterías.
Si está todo preparado ya.
Y yo no voy a irme por una pataleta tuya.
Muy bien.
Si esa es tu decisión.
Entonces no nos volverás a ver. Ni a mí ni a la niña.
No intentes chantajearme.
Yo estoy en mi sitio.
Tú deberías intentar estar a la altura.
Cierto.
A ver cómo le explicas a todo el mundo por qué tu familia te ha abandonado.
- Estoy deseando ver la reacción de tu padre. - [Enrique ríe]
Ya sé que esta es tu manera de rogar las cosas pero...
...esta vez me he cansado.
Así que quizás no sea tan mala idea
pasar separados una temporada.
[Bárbara ríe]
Valiente hijo de puta.
Adiós, Bárbara.
Estás muy sexy cuando te enfadas.
Te voy a hundir,
zorra.
[solloza]
Bárbara.
[Bárbara solloza]
¿Qué pasa?
Se acabó.
Se acabó, ya no puedo más.
He dejado a Enrique.
Me voy con la niña. No le importamos nada,
ni la niña ni yo. No le importamos a nadie.
No digas eso.
[llora]
Mateo, no puedo volver a casa de mis padres.
Estoy en la calle y no sé qué hacer ni a dónde ir,
- no sé... - Espera, espera, espera.
Quédate en casa.
¿Bien? Toma.
Te quedas en casa.
Seguro que en unos días todo esto se habrá aclarado.
No llores.
Gracias.
Gracias.
Ay, gracias.
[suena música cubana]
[ríen]
[Isabel] Bienvenido. Bienvenido a Varadero.
- Tarde, pero a tiempo. - Mm.
Ahora sí que vas a poder perdonarme.
[ríen]
Eres única, Isabel. Eres única.
- Por ti. - Por ti.
[Emilio] Mm.
- [Isabel] Mm. - [Emilio ríe]
Dios.
[Isabel suspira]
[ríen]
En Cuba viví los momentos más difíciles de mi vida pero...
...también los más felices.
Y siempre que pienso en los mejores, estás a mi lado.
Siempre.
Así que es la mejor manera de despedirnos.
Un momento, un momento. Hicimos un trato, ¿eh?
Ya,
pero yo te engañé.
Emilio,
quiero que cuides de mi hijo de una manera especial.
Tu hijo hace ya tiempo que ha demostrado que sabe lo que es eso de enfrentarse a la vida.
Sí, pero yo estoy hablando de mi hijo y de tu sobrina.
Rafael se opuso a esa historia de amor y tú también.
Se aman.
Déjales tener a ellos lo que nosotros nos negamos.
[suena música cubana lenta]
[puerta se cierra]
He estado intentando recordar cuándo fue la última vez
que me dijiste "te quiero".
No me ha costado mucho averiguarlo.
Nunca.
Quería pensar que detrás de esos ojos tan tristes había
guardado algo de amor para mí, pero me equivocaba, ¿verdad?
¿Te casaste conmigo por el dinero de mi padre?
Intentando salvar el matrimonio de mi hermano
he descubierto que el nuestro ha sido una farsa.
Nunca quise hacerte daño.
Pues eso no me consuela lo más mínimo, Alberto.
Aunque no lo creas, yo también aposté por esta relación.
¿Y ahora qué hacemos, eh?
¿Qué hacemos, Alberto?
Porque lo tuyo claramente se quedó en eso, en un apuesta.
Pero esto...
Esto es para toda la vida.
[Emilio] Isabel. ¡Isabel!
¡Alberto! ¡Alberto!
¡Alberto!
¡Emilio!
- [Alberto] ¿Qué ha pasado? - No lo sé, se ha desmayado.
- [Alberto y Emilio al unísono] ¡Isabel! - [Elvira] ¿Qué ha pasado?
- Avisa al médico, por favor. - Sí, señor.
[Alberto] ¡Isabel!
[Emilio] Isabel.
[Alberto] Isabel.
Isabel.
Isabel.
[puerta se abre]
Pueden pasar a verla.
Ha debido de ser una cita intensa.
[ríen]
Tu padre hizo un gran trabajo contigo.
No quiero que vivas con rencor.
Tú...
...eres libre.
[susurra] Esto no es una despedida.
[Isabel] Escúchame...
...cueste lo que cueste...
...lucha por Ana.
Prométemelo.
Yo luché...
...por mi felicidad...
...y te encontré.
Lucha tú por la tuya.
Te lo prometo,
mamá.
Me voy inmensamente feliz.
Se fue feliz, de la mano de su hijo.
Cuando esto haya pasado, vas a ver las cosas de otra manera.
No voy a cambiar de opinión, Cristina.
No quiero que te hagas ilusiones con algo que no va a suceder.
¿Por qué no me quieres, Alberto? ¿Por qué no me quieres después de todo
lo que he hecho por ti, de todo lo que hecho por por salvar este matrimonio?
Estoy enamorado de otra persona.
¿De verdad creías que podías tratarme como una tonta?
Olvídate de tener la más mínima influencia en las galerías a partir de ahora, Enrique.
Alberto, yo sé que no me he portado bien contigo últimamente.
Pero quiero que sepas que lo siento.
Enrique es una alimaña, si quieres las cosas pueden cambiar.
Las acciones que te cedió Gloria no te pertenecen.
Voy a encargarme personalmente de recuperar lo que es mío, Patricia.
Mañana me caso. No hay novio, ¿y a ti lo único que te importa son las horquillas?
Mira, que no seas exagerada, Rita. Que me he dejado el neceser
en Madrid, ¿cómo tengo que decirte que eso es lo peor que te puede pasar?
¡Ay, qué cruz!
- ¿Tú qué miras? - Que de una boda, sale otra boda.
- Qué cruz tengo, ¿eh? - Luisa.
Soy Eusebio Herrera, productor musical.
En un par de semanas, se inicia una gira por todo el país con un grupo de artistas.
Y quiero que te unas a nosotros.
¿Por qué no te quedas? Te invito a un café y así me haces compañía.
- Estamos llegando a Porrillos, chicas. - ¡Frena, frena, frena!
¡Arro, eh!
Tu hermana se casa con tu novio y tú tan contenta, ¿eh?
¿Y la escopeta de padre?
Rápido, mátame.
- Le he dicho la verdad, Mateo. - ¿Pero por qué lo has hecho ahora?
Porque hice una promesa, y pienso cumplirla.
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