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Se trata de rescatar la esencia de los años veinte,
y renovarla, reinventarla.
Era de Radio Intercontinental.
Que como gané el concurso quieren que vuelva a cantar en San Valentín.
Luisa.
Desde que éramos pequeños me has quitado todas las novias.
Tú lo has dicho, éramos pequeños era un juego de críos.
Quiero aprender a conducir con tu coche.
¿Qué?
Yo si quieres te puedo enseñar.
¿De verdad que me enseñarías a conducir?
Nunca es tarde para empezar algo nuevo.
Un curso de contabilidad.
Pero con lo que sé no sé si voy a poder sacarlo, porque me han dicho que es bastante difícil.
Tú puedes sacar todo lo que te propongas.
Llevo tiempo queriendo hacer un curso de contabilidad y es muy caro.
Con lo que tengo ahorrado no me llega.
¿Un curso de contabilidad?
Lucas, sigue con tu vida y yo lo haré con la mía.
¿Huelo a miedo?
Los mayores sois un lío. Tú querías a la tía Rita y ella a ti.
Rosa, ¿te quieres casar conmigo?
- ¿Vas a venir a la boda? - Sí, voy a la boda.
Ya he tomado la decisión y no hay nada más que hablar.
Y si alguien tiene algún impedimento para que esta boda
- no se celebre... - Yo tengo un impedimento.
Que te quiero.
Quiero encontrar a Esteban, si no lo intento me voy a arrepentir toda la vida.
Esteban, soy Blanca. Blanca Soto. Voy a ver a Esteban.
- Tenga cuidado. - Isabel ha vuelto de Cuba
y me lo ha contado todo.
Si hubiese sabido que estabas embarazada
ni Rafael ni nadie me hubiese alejado de ti.
Trabajando tan cerca el uno del otro, era lógico que algo pasara.
Lo siento, Sara no significa nada para mí, Cristina.
Basta. No quiero oír ni una palabra más.
Un daño así no se olvida con el tiempo. Te lo dice una experta.
Ha llegado esto para ti. Desde Cuba.
Quiero que los tenga Alberto.
Es la excusa perfecta para decírselo.
Me enseñó los gemelos que le regaló, son preciosos.
Ana, soy la madre de Alberto.
Cójalos y márchese. Su trabajo aquí ha terminado.
Yo no me puedo creer que la hayas echado.
¿Te has parado a pensar por qué tu madre después de treinta años aparece aquí ahora?
- Ana, vamos a buscar a Isabel. - ¡Isabel!
[suena una melodía de los 50, sintonía de la serie]
[acaba melodía de los 50, sintonía de la serie]
Gracias.
Deberíamos llamar a un médico, ¿mm?
No.
- Isabel. - No.
Emilio, estoy bien.
Es amigo de la familia, no le importará venir.
No hace falta.
[puerta se abre]
[puerta se cierra]
Hace tanto tiempo que esperaba yo este momento...
...que ahora me parece mentira que estés aquí.
Tienes que estar pasándolo mal, hijo.
No es fácil esto.
Eso ahora es lo de menos.
Estoy dispuesto a escucharla.
Bueno,
no está mal para empezar.
Tu padre y yo...
...nos amábamos...
...y éramos muy felices.
Tanto que pensé que sería para siempre.
Trabajábamos mucho en Cuba y...
Un día...
...descubrí que tu padre se había metido en líos con gente de la isla,
y le buscaban.
Tuvo que salir huyendo...
...y volvió a España.
Aquí conoció a Gloria...
...y se casaron.
Pero vosotros ya estabais casados.
Claro.
Pero debió pensar que con tantos kilómetros de distancia no se enterarían.
De lo que él no se enteró cuando salió de la isla...
...es de que yo...
Yo estaba...
- ...embarazada. - [Alberto susurra] Embarazada.
[suspira]
¿Por qué dejó que mi padre me trajera aquí a España?
Yo no dejé que te trajera a España,
me obligó.
¿Qué podía hacer?
Me prometió que podría volver a España, a verte.
Pero claro,
su segundo matrimonio no era válido,
era un delito,
y él no iba a permitir
que yo volviera aquí y se supiese que él seguía casado.
Así que aprovechando mi dolor me encerró en una clínica allí.
En lo único que no me mintió tu padre...
...fue en que te
daría una buena educación
y una buena vida.
Eso se lo tengo que agradecer.
Una buena vida sin una madre no...
No es lo mismo.
[solloza]
Eso es verdad.
[Alberto suspira]
¿Usted sabía que yo estaba aquí?
Claro.
Sabía que estabas aquí.
¿Y por qué no vino a verme?
Porque...
...llevabas mucho tiempo...
creyendo que estaba muerta, hijo.
No era fácil para mí, me daba vergüenza. Pensaba que no lo entenderías, el tiempo pasa.
¿Y qué ha cambiado ahora?
Ha cambiado todo,
ha cambiado la vida.
Tu padre ya no está...
...y yo...
Yo necesitaba que supieses la verdad.
[suena música de swing al fondo]
¿Está bien?
Si, hija, sí, estoy bien.
Solo que...
...no sé por qué...
...me creía un poco más fuerte.
[solloza] La perdí una vez,
y voy a volver a perderla.
La única mujer que he amado en toda mi vida.
La única.
¿Lo sabías?
- No hay más que verles juntos. - [Emilio se aclara la garganta]
Voy con ella.
[puerta se cierra]
- ¿Cómo está? - [Alberto suspira]
Bien.
Bueno, no lo sé, la verdad.
[suena música de swing, diálogos ininteligibles]
Bárbara, ¿has visto a Alberto?
No.
Y supongo que tu preocupación no tendrá nada que ver
con que lleve media hora desaparecido de la fiesta, ¿mm?
Y ahora que lo dices, hace rato que tampoco veo a Sara.
Bárbara, eso no me ayuda.
Es lo que estabas pensando, ¿o no?
Ahora vengo.
[Carlos] Cristina.
Carlos, hola, no te había visto.
Había quedado con Ana pero no ha venido.
- Pues yo estoy buscando a Alberto. - [Carlos suspira]
¿Por casualidad no lo habrás visto?
No.
[suena música de swing, diálogos ininteligibles]
Has hecho lo correcto, Alberto.
Supongo que necesito tiempo para asimilar todo esto.
No tienes mucho tiempo.
¿Cómo?
¿No te ha dicho nada?
Isabel se está muriendo.
Alberto.
¿Qué haces?
¿Sabes el tiempo que llevo buscándote?
- Ahora no, Cristina. - ¿Ahora no, qué?
Ahora no quiero discutir.
Claro, porque en este matrimonio siempre se hacen las cosas como tú quieres, ¿no?
Desapareces cuando te da la gana, con quien te da la gana...
- Cristina, te estás equivocando... - Tú no te metas.
Isabel se está muriendo.
Por eso ha venido.
Carlos. Carlos,
espera, por favor.
Espera.
¡Carlos!
Espera, por favor.
Lo siento.
¿Sabes cuántas chicas he presentado a mis padres?
Ninguna.
Era una noche importante, Ana.
- Al menos para mí. - Para mí, también.
No.
¿Sabes qué es importante para ti?
Alberto.
Cuando te estaba buscando, algo me decía que estarías con él.
Pero tenía la esperanza de equivocarme.
Entre Alberto y yo no ha pasado nada.
- Ya. - Te lo juro.
Mis celos no son infundados, Ana.
Es que siempre es él.
Antes que nada...
...y antes que yo.
- [Isabel] Hijo. - [Alberto susurra] Pasa.
Os dejo solos.
No sabía que...
No se preocupe, Cristina está al tanto de todo.
¿Cómo se encuentra?
Bueno,
me he visto en mejores.
Quiero que venga a casa con nosotros.
Alberto.
Quiero que la vea un médico de confianza,
un buen médico.
No se preocupe por sus cosas, Emilio las traerá mañana.
Eso está muy bien, hijo,
pero yo no sé si es una buena idea.
Isabel tiene razón,
yo creo que deberíamos pensarlo
- con tranquilidad... - No hay nada que pensar.
Llama a Emilio, por favor. Venga.
Que la ayudo.
Era buena mujer
y una madre dedicada.
¿Cuánto tiempo hace que falleció?
Ocho años.
Ocho años demasiado largos.
Sí, sé lo que significa quedarte con un hijo a tu cargo.
Créeme.
Claro.
- Carmen ya debe ser toda una mujer. - Sí.
- ¿Trabaja contigo? - No, ya no.
Vive en Barcelona.
Está prometida y ya tiene su vida allí.
- La echarás de menos. - Mucho.
Hablar con ella por teléfono no es suficiente.
Llevo meses sin verla y me muero de ganas.
Bueno, ya estamos aquí.
Ha sido una noche estupenda.
No me gustaría que se quedara solo en eso.
En una noche.
¿Sabes?
Me he pasado media vida engañada,
sufriendo injustamente.
Sería una pena que no hubiera dos, tres o todas las noches que queramos.
¿No te parece?
[Blanca] Don Emilio, ¿qué hace aquí?
¿Ha pasado algo?
Don Alberto se ha llevado a Isabel a su casa.
Llegó poco después de marcharse usted.
- Bueno, y entonces, ¿a qué viene esa mala cara? - Se desmayó.
Isabel está grave,
muy grave,
y no creo que haya nada que podamos hacer.
Piense que al final ha conseguido lo que más quería en el mundo,
estar con su hijo.
Y visto así,
parece que al final las cosas no han salido tan mal.
¿No?
[Emilio] Mm.
¿Y a usted cómo le ha ido con Esteban Márquez?
[Blanca ríe]
Ha sido una buena noche.
Pediré que le preparen el cuarto de invitados.
Por aquí.
No sabía que tuviésemos invitados.
- Patricia ella es... - [Patricia] Doña Elena.
- Sí, conozco el nombre de nuestros empleados. - [Alberto] Isabel.
Soy la madre de Alberto.
[Patricia ríe]
Creo que me he perdido algo importante.
Ha sido un día muy largo, Patricia, hablamos mañana.
- Qué descanséis. - Buenas noches.
[Patricia suspira]
[Luisa] ¿Y dejaste a los padres de Carlos esperando en el restaurante?
Ay, ya lo sé, Luisa, que no ha sido la mejor presentación.
- Bueno, de hecho ni te has presentado. - [suena música de swing en la radio]
Igual ahora casi mejor que no lo hagas. No sé si les quedarán ganas de conocerte.
Qué dices.
¿Qué? Que somos amigas, las amigas se dicen las verdades a la cara, ¿no?
- ¿Y qué te dijo él? - ¿Carlos?
- Sí. - Le he pedido perdón mil veces, pero le da igual.
Hombre, igual no le dará.
Me dice que lo peor de todo
no es que no me haya presentado,
es que siente que Alberto está por encima de todo.
- ¿Qué, Rita? - [Rita] Pues hija, que razón no le falta.
He quedado con él en el Pausa luego, lo mismo la que se lleva el plantón soy yo.
No, si tú hiciste lo que salió.
La cosa es por qué te salió olvidarte de la cena con tu novio por Alberto.
Pero es normal, ¿eh? Porque después de la historia de doña Elena, lo normal es que se olvide.
- ¡Ay, ay, Ana! - Perdona.
A ver qué estás haciendo. Pero...
¿Pero esto qué es? Madre mía qué "desaguisao".
¿Pero cómo la vamos a mandar a la radio con esto?
[Ana] Pues tienes razón, tendremos que seguir luego.
Sí, mejor será.
Ay, madre mía, con todo lo que nos jugamos. El primer Phillip Ray famoso y lo vas a llevar tú.
Bueno, pues no me pongas nerviosa Rita, que va a quedar precioso.
Que luego la percha, ya veremos la percha.
La percha es la mejor que la podía lucir, hombre.
Bueno, vamos a dejarnos de tanto amor y tanto abrazo que hay que guardarlo para San Valentín.
Guardarlo para San Valentín, claro, que este año tendrás una cita.
No te creas que no me he dado cuenta que te has maquillado, Margarita.
- ¿Yo? - Sí, sí, se te nota.
[Pedro silba]
Buenos días.
- ¿Buenos? Los mejores. - [Rita ríe]
Y más sabiendo que está la cosa más bonita de las galerías.
Pedro.
Que no soy una cosa.
Además, hay que trabajar.
- Pues venga, vete. - [Raúl] Aquí falta...
- Vete porque no voy a parar. - Rita.
Te están llamando.
Madre mía.
Rita dónde estaba metida, por Dios.
Ya estoy aquí.
¿Y esa sonrisa?
¿Qué sonrisa?
Rita, no se haga la tonta. Ni me tome a mi por tonto, pero...
Pero mírala, si no puede contener la alegría, ni aunque quiera, ¿qué pasa?
Que hay que trabajar, señor de la Riva.
- ¡Hable! - No.
- Por favor, Rita si no habla le juro... - Ay. ¡Que Pedro y yo somos novios!
Ya está, ya lo he dicho.
Pero ¿cómo que novios?
Pues novios. Novios, pero novios, novios. ¿Qué no se lo cree?
Pues mire, yo tampoco si le digo la verdad, porque he esperado tanto...
Ay, he esperado tanto que ya pensaba yo que se me pasaba el arroz.
A ver, un momento Rita, por favor, no entiendo nada, pero ¿Pedro no iba a casarse?
Con Rosa Mari, sí, pero al final ya ve.
Pues resulta que lo hacía por Manolito.
Pues ya sabe lo bueno que es Pedro, que es como un pan.
¿Pero le pidió matrimonio por Manolito?
- Sí y cuando se vio en el altar, allí con ella... - ¿Cómo, llegaron hasta el altar?
Él se dio cuenta de que no podía ser feliz sin mí.
Fíjese: Sin mí.
Y cuando el padre preguntó que si había algún impedimento para la boda, pues él dice que sí.
- Que lo hay. - Aquí.
- Y echa a correr. - No.
- Y me dice que me quiere. - ¿Cómo?
Y me da un beso... ¡Ay, qué beso, Dios mío!
Pero, Rita, por Dios, pero esto significa que
- lo ha conseguido con Pedro. - Sí.
Ay, señor de la Riva, el tiempo se detuvo por unos instantes
y todos aplaudieron, yo casi me muero, casi me muero.
Bueno, yo no quiero saber más, por favor, no quiero saber más.
Oiga que ha sido usted el que ha "preguntao".
Si, por Dios, cuéntemelo todo, la novela completa por fascículos. ¿Qué llevaban puesto?
[Blanca] ¿Qué tal si esperamos a que termine la jornada de trabajo?
Pero bueno, no sea así doña Blanca, deje a la gente disfrutar.
Pero Rita, por Dios
Rita.
[Raúl ríe]
Yo me pongo a trabajar, pero les digo una cosa.
Que está todo aquí.
Y ahí no se manda.
¡Ah, ah!
Rita, que no son "pa" ti, que no son "pa" ti.
O sea, me encantaría que fuesen para ti, pero es que no tengo mucho dinero.
Bueno, voy a hacer una cosa, voy a ver dónde lo han comprado y hoy lo encargo para ti.
Rita, no te pongas triste.
- [Raúl susurra] ¿Son para mí? Bueno. - No, no.
[Pedro] Doña Blanca,
son para usted.
¿Para mí?
Gracias, Pedro.
Bueno, parece ser que Rita no es la única que tiene algo...
- ...aquí. - [Blanca ríe]
¿No va a leer la tarjeta?
- Pero bueno. - Floristería
- Velduque. Esta es la más cara de Madrid. - Haga usted el favor.
El tiempo que hace que a mí no me regalan flores.
Bueno, para qué quiero yo flores.
[suspira]
- Buenos días. - Buenos, días. ¿Qué haces aquí tan temprano?
Las fotografías del evento.
¿Y las otras?
Estas son para regalárselas a mi modelo favorita.
- Clara, ¿la conoces? - Me suena de algo, sí.
¿Quieres verlas?
Tiene la sonrisa más bonita de todas las galerías.
No hace falta. ¿Sabes una cosa? Duermo con esa sonrisa cada noche.
No pongas esa cara, sabes que lo que digo es cierto. Tú pierdes.
¿Yo? Pero si el juego todavía no ha terminado.
Una retirada a tiempo puede convertirse en una victoria, Lucas.
¿Retirarme? ¿Ahora que hemos llegado tan lejos? No.
Clara es un premio demasiado bueno para retirarme.
- Ese premio es mío desde hace mucho tiempo. - ¿Sí?
Era.
Clara, ¿estabas...?
Sí, escuchándolo todo.
¿Sabes lo que te digo Mate...? No, no, no, tranquilo, no tengo ni ganas de partirte la cara.
- Clara, de verdad... - Pues mira.
[levanta la voz] ¡Viéndote así tan cerca me han vuelto las ganas!
Así que todo el paripé con tus madres de que era tu novia era mentira, ¿no?
- No era mentira. No. - ¿No? ¿Y lo de llevarme a la fiesta?
- ¿Qué era, para marcar territorio? - Clara, no.
Y tú, lo de las clases de conducir y toda esa monserga de "si quieres puedes”.
Y puedes, puedes.
¿Sí? ¿Puedo?
Creo que se nos ha ido a todos un poco la mano, ¿no?
Fuera de aquí.
- Los dos. - Trabajo aquí.
[solloza]
[frenos chirrían]
[acciona freno de mano, motor se para]
[claxon suena al fondo]
[Sara] Alberto.
¿Qué haces aquí?
He venido a recoger las fotos del catálogo.
Ya.
Por favor.
[suena música ambiental]
Mañana vuelvo a Barcelona.
Pensé que te arrodillarías y me pedirías que me quedara. Qué desilusión.
Mi mujer se ha enterado de lo que pasó entre nosotros.
Tu marido se lo contó en la fiesta.
No hay secretos entre Joost y yo.
No se puede decir lo mismo de Cristina y tú.
[levanta la voz] ¿Tú te crees que todos los matrimonios pueden ser como el tuyo?
Pensé que eras mucho más inteligente, la verdad.
Tienes razón, lo siento.
Alberto, si la verdad ha salido a la luz, puede ser una oportunidad más que un problema.
Puedes arreglar las cosas con Cristina.
- O buscar la felicidad en otro lugar. - Tus consejos no me valen, Sara.
Nunca lo han hecho.
Así que, ¿por qué no te los ahorras y me dejas vivir mi vida?
[ascensor se detiene]
Precisamente la persona que estaba buscando.
[Mateo] Me lo suelen decir, la verdad.
Hablaba de tu hermano.
Eso también se lo dicen mucho.
Venía buscando tus fotos.
Aquí están. Espero que le gusten.
Sara, mi hermano hace otro tipo de fotografía. Puede que no sean de su agrado, per...
[Sara] Mm, mm.
Me gustan mucho.
¿A ti, Alberto?
Me gustan.
Buen trabajo, Lucas.
Muchas gracias.
A ti.
A todos, en realidad.
[Sara] El evento fue un éxito,
y estoy convencida de que el catálogo que hagamos con esto no se quedará atrás.
- Ha sido un placer trabajar con vosotros. - De eso no cabe duda.
Espero que volvamos a hacer negocios juntos alguna vez.
Siempre que Airsa quiera hacer negocios con Velvet, estaremos encantados.
Me alegra oírlo.
Si pasáis por Barcelona, estaré encantada de recibiros.
Tomo nota.
- [Alberto] Hablamos. - Hablamos.
Señores.
[timbre del ascensor]
Bueno,
creo que ha llegado el momento de despedirme.
- Yo también me voy. Mm. - ¿Te marchas?
Mi trabajo ha terminado aquí, me han encargado un reportaje en Argentina y voy a aceptar.
Creo que es el momento de cambiar de aires.
Seguro que sí.
[Lucas ríe]
Muchas gracias por todo, Alberto.
No tardes tanto tiempo en venir a vernos la próxima vez, Lucas.
Tampoco tengas prisa.
Yo también te quiero, Mateíto.
Mateíto
Cuídate.
[Mateo gruñe, timbre del ascensor]
¿Todo bien con Lucas?
Si el problema no es Lucas.
¿Bueno, y tú qué tal? ¿Qué tal todo?
Bien. He llevado a Isabel a mi casa.
- ¿De verdad te fías de esa mujer? - ¿Tú también con eso, Mateo?
Emilio la conoce.
Es ella.
- Está muy enferma. - [suena teléfono al fondo]
No quiero arrepentirme toda mi vida de no haberla ayudado en el momento que más lo necesita.
[suena música de swing, diálogos ininteligibles]
[Ana] Ya creí que no vendrías.
No pensaba hacerlo.
Tengo un vuelo a Londres en dos horas.
- Déjame que te explique lo que pasó anoche. - Sí, sí, sí.
Por eso he venido.
¿Te acuerdas de Elena, la jefa de taller?
En realidad se llama Isabel y es la madre de Alberto.
Sé que resulta increíble, pero es así.
Su padre nos engañó durante todos estos años haciéndonos creer que estaba muerta.
Perdona, pero es la peor excusa que me han puesto nunca.
Carlos, no te estoy mintiendo.
Siempre he intentado ser muy sincera contigo.
Y yo ayer estaba ayudando a un amigo que me necesitaba en un momento muy complicado.
Lo siento.
Lo siento mucho, de verdad, tienes que creerme.
He apostado mucho por esta relación y quiero que las cosas sean como antes.
Yo también lo quiero.
Pero necesito ver que lo haces y no solo que me lo dices.
Yo estoy dispuesto a dar pasos adelante en esta relación...
...si siento que estás a mi lado.
¿Significa que me perdonas?
[Carlos ríe]
Gracias.
Y, por favor,
discúlpate con tus padres de mi parte. Me siento fatal por ellos.
No te preocupes, lo haré.
¿Ya está con el médico?
Sí.
No sabía que ibas a venir. Pensaba que tendrías mucho jaleo como siempre.
- Hay cosas que no pueden esperar. - Ya.
Y me imagino que yo nunca soy una de ellas.
Creo que jamás has dejado el trabajo para venir a verme a mí.
Doctor Acosta. ¿Cómo está?
No le voy a mentir, Alberto. No está bien.
Sufre una afección cardiaca complicada.
Le he recetado estos medicamentos.
- Habrá que esperar para ver cómo responde. - ¿Entonces?
Las próximas semanas serán claves,
pero hay que tener en cuenta que lo único que podemos hacer es retrasar el momento.
La sanación como tal...
...a estas alturas no es posible.
Me encargaré de que siga el tratamiento.
El aire fresco le vendrá bien.
Paseos por el jardín, tomar el sol.
Relajarse todo lo que pueda,
ayudará tanto o más que las medicinas.
Claro.
Muchas gracias una vez más.
- ¿Cristina, por favor, le puedes acompañar? - Claro.
- Venga conmigo. - Sí, claro.
[llaman a la puerta]
¿Sí?
[Alberto] ¿Se puede?
Claro.
[Isabel] Alberto,
yo sé que lo que tengo es grave,
pero no quiero que te preocupes.
No quiero pasarme lo que me quede de vida pensando que me voy a morir.
¿Entiendes?
Claro.
¿Por eso ha venido?
Entre otras cosas.
El médico me ha dicho que...
...necesita que le dé el aire y descansar.
Mira, ese es un tratamiento que no es caro.
A mí me vendría muy bien descansar, la verdad.
Así que en la medida de lo posible intentaré acompañarla.
¿Te puedo pedir por favor?
Sí.
Tutéame.
[susurra] Claro.
"Mueve y alienta
a cosas grandes y dijo:
'Que en la República
inquieta de las aves también haya...'
Que en las
aves también...
Quien les jure la obediencia".
- ...especial, y me merezco un beso. - [Isabel ríe]
[diálogo ininteligible]
[Isabel ríe]
[Isabel tose]
[Isabel ríe]
[Alberto] Señorita.
[Alberto ríe a carcajadas]
[pájaros cantando]
¿Y bien?
Parece que las pastillas que le receté le han venido bien.
No son las pastillas.
Todo es gracias a mi hijo.
Ha sido increíble verla mejorar día a día.
Volveré a verla la semana que viene.
Y no me cambie de hábitos.
- Y usted tampoco. - Descuide.
Buenas días, Isabel.
- Buenos días, doctor. - [doctor Acosta] ¿Me acompaña?
Sí.
- Por favor. - Alberto...
...no quiero engañarle.
Isabel está algo mejor,
pero su corazón sigue muy débil.
Como le dije en su momento,
no podemos dar marcha atrás, solo cuidar su corazón.
- Pero si acaba de decir hace un momen... - En el enfermo es importante el estado de ánimo.
Por eso es fundamental que siga sintiéndose así.
Vamos.
Manténgala así de animada
y que no haga esfuerzos.
Lo demás,
por desgracia, no está en nuestras manos.
- Claro. - Nos vemos.
[puerta se abre]
[puerta se cierra]
[Cristina] ¿Todo bien?
Perfecto.
Me voy a trabajar.
Pero he ordenado que preparen el desayuno.
No puedo, llego tarde, Cristina.
Pensaba que sacaríamos un poco de tiempo para hablar después de estos días tan complicados.
En otro momento, ¿vale?
- Intentaré llegar pronto. - Sí, hijo, aquí estaré.
[Cristina] Alberto...
Feliz San Valentín.
Feliz San Valentín.
Uy, qué servicio tan eficiente.
Gracias.
[suena música de jazz latino]
¿Y si cerramos la puerta y la dejamos un par de horitas ahí en el jardín?
Lo mismo le da un patatús por el frío.
- Bárbara, por favor, qué bruta eres. - A ver, mujer, si lo hago para que te rías.
Que yo no quiero que le pase nada. Bastante tiene con lo que tiene.
Si el problema no es ella. Es Alberto.
Sorpréndeme.
Pues que lleva semanas trabajando menos para pasar más tiempo con ella.
Viene a comer a casa, sale antes por las tardes.
De verdad que no me importa que lo haga por ella, pero me gustaría que lo hubiese hecho por mí.
Cristina, no te puedes meter entre una madre y su hijo.
Así, si no puedes con el enemigo, únete a él.
¿De qué hablas?
Que quieras a esa mujer como Alberto quiere que lo hagas.
Gánatela, trátala como a una reina.
Que sea la protagonista de esta casa.
Y si la tienes a ella, tendrás a Alberto.
Total, para lo que le queda.
- Bárbara. - Si tengo razón.
Y si no pues probamos lo del jardín.
[ríen]
Mala.
- [Emilio] Buenos días, don Alberto. - [suena música ambiental]
Buenos días.
- Está todo precioso. - Gracias.
Quería preguntarle una cosa.
¿Ha ido el médico a ver a Isabel hoy, verdad?
Sí.
El médico dice que está estabilizada.
Así que con un poco de suerte podremos disfrutarla más de lo que pensábamos.
Es una gran noticia.
Sin duda, Emilio.
- Estos días hemos estado hablando y... - [timbre del ascensor]
- Me contó todo lo de Cuba. - ¿Con su padre?
Bueno, con usted.
¿Le ha hablado del...?
- Sí. - Aquello ya no es más que una vieja historia.
Una historia muy bonita.
No sé exactamente lo que le habrá contado, pero le aseguro
que estaba muy enamorada de su padre.
Y usted de ella, ¿no?
Era...
Y es...
...una mujer muy hermosa.
Y tan llena de energía entonces.
Su padre supo jugar mejor sus cartas.
Y hay que saber perder.
Gracias por cuidar de ella todo este tiempo.
Isabel lo merece.
Que tenga un buen día.
Gracias.
¿Qué haces?
Nada.
¿Todavía seguís así?
[Mateo] Esto va en serio, Alberto.
Lleva semanas sin hablarme.
¿Y si está con otro?
Clara no está con otro, Mateo.
Clara está enfadada.
- No la dejes escapar, - [teléfono suena]
hazme ese favor.
Galerías Velvet.
Sí, Cristina.
- Pásamelo a mi despacho. - Te lo paso.
[teléfono suena]
[descuelga el teléfono]
¿Ha pasado algo?
No, no, no, está todo bien, no te preocupes.
Dime.
Es solo que había pensado que, como tu madre está mejor,
podíamos cenar esta noche en casa, para celebrarlo.
No creo que una cena sea lo más adecuado.
Aunque parezca que esté bien, Cristina, está muy delicada.
Será una cena tranquila, te lo prometo.
[Cristina] Yo creo que es una buena manera de hacerle sentir que ocupa el lugar que merece.
¿Alberto?
¿Alberto, estás ahí?
Sí, pero solo en familia.
Cristina, ¿puedes traer a Isabel a las galerías, por favor?
Sí, enseguida estamos allí.
Carlos, gracias por las flores,
son tan bonitas.
Déjame que prepare yo algo especial para esta noche.
Ay, no seas antiguo.
Perfecto,
luego te veo.
Muy bonitas las flores.
[Ana suspira]
[Alberto] ¿Qué son, de Carlitos?
Sí.
- Ese tipo tiene una suerte que no se lo cree. - No te creas.
A veces, pienso que soy yo la que tiene suerte con él.
Se porta muy bien conmigo.
Claro.
¿Qué tal está Isabel?
Bien, está, está mejor.
No vas a tardar mucho en verla. He pedido que la traigan aquí.
- Le quiero regalar un vestido. - Ah, muy bien.
- ¿Te quieres encargar...? - Sí.
Por favor, me hace mucha ilusión.
[hombre] Don Alberto, su esposa acaba de llegar con doña Elena.
Gracias.
Hasta ahora.
Hasta ahora.
- Don Alberto ya sabe que su madre está aquí. - ¿Qué has hecho, insensato?
Que era un secreto, que no se podía decir. Ponte a trabajar, por favor.
¿Quién es? Rita, ha venido.
- ¿Quién? - La madre.
- ¿Qué madre? - La madre de Alberto.
Doña Ele... Doña Elena, no. Doña Isabel.
Ah, ¿y qué tal? Qué ilusión. ¿Se la veía contenta?
Mucho, mucho. La verdad es que hay gente que tiene suerte.
Pero si esa mujer lo ha pasado fatal en la vida.
Ya, bueno, pero ha pasado de vivir aquí, a vivir en casa de los Márquez.
- Que eso... - Bueno, bien merecido que lo tiene.
Deja de preocuparte por lo que hacen los demás y preocúpate más por lo que hacemos tú y yo.
Vale.
¿Qué plan hay "pa" esta noche?
¿Esta noche?
¿Qué hay?
Pues San Valentín, Pedro, es el día de los "enamoraos".
Ah, es verdad, no me acordaba, ¿eh?
- Uy, qué tonto eres. - Vale.
¿Qué le apetece hacer a la señorita?
- Pues no sé. - No sé.
- Una cena romántica en un restaurante bonito, ¿no?
- Y después... - [timbre del ascensor]
- [Pedro] Después el postre. - [Rita ríe]
[gimen]
El postre va a tener que esperar, Pedro, porque...
Porque a ti te gusta mucho el dulce y las subidas de azúcar no son buenas.
Bueno, pues nada...
Pues el postre se respeta.
A no ser que hayas cambiado de opinión.
- ¿No? - Se respeta.
Se respeta.
Esas manos, que van al pan.
Y el pan a la boca.
[Rita] Ay, hija, qué cara traes.
- Oye, ¿no será por Pedro y por mí? - Pues sí.
Ay, Clarita, lo siento, yo pensaba que tú lo de Pedro lo tenías superado.
Ah, no, que no es por eso, pero es que os miro y pienso:
"Pues cómo ha cambiado la historia, ¿no?"
Que antes era yo la que tenía éxito en el amor y ahora míranos.
Tú feliz y con novio y yo más sola que la una.
Qué injusto.
Bueno, injusticia, injusticia,
que ya me iba tocando.
Rita, ¿puedes dejar de pensar en ti? Que soy tu hermana y estoy enferma de amor.
Ay, tienes razón.
Pero no te preocupes, Clara.
Si vas a volver con Mateo.
- Como siempre. - No, Rita.
Es diferente. Hace tiempo que lo hemos dejado y cuanto más tiempo pasa más claro lo tengo.
¿Que no vas a volver con él?
Que no puedo vivir sin Mateo, pero tampoco puedo vivir con él.
Pues sí lo tienes claro, sí.
Ya lo sé, que estoy hecha un lío.
- Clara que Mateo te quiere. - ¿Sí?
- Sí. - Pues que empiece a demostrarlo.
Ay, qué calor hace.
[Mateo] En el nombre de San Valentín,
hablemos.
En el nombre de Galerías Velvet, tengo mucho trabajo.
¿Cuántas semanas más vamos a seguir así, Clara?
Pues hasta que te des cuenta de que soy algo más que un físico, Mateo.
[Clara suspira]
Tengo más talento del que reconoces.
Pero tú no me tomas en serio.
Te incomoda pensar que yo puedo querer ser algo más que una cara bonita agarrada a tu brazo.
Eso es absurdo. ¿De verdad crees que el único valor que veo en ti es tu bonita sonrisa?
Clara, te echo de menos.
Y no sé qué pasa últimamente, que solo puedo recordarme rogándote, no quiero seguir así.
Quiero que confíes en mí.
Quiero que volvamos a disfrutar como lo hacíamos antes.
Ese es el problema, Mateo, que yo no quiero que nada vuelva a ser como antes.
Cuando empecé a ser tu secretaria sabía que podía hacerlo,
y te he demostrado que no es que sea buena, es que soy la mejor.
Y ahora que yo quiero avanzar en mi carrera, tú no me apoyas. Me tratas
como si fuera una más en tu lista de conquistas, y te aseguro que no lo soy.
- Eso no es cierto. - Pues yo me siento así.
Clara...
Tengo mucho trabajo, Mateo,
- y a mí sí me importa mi carrera. Discúlpame. - ¿Ah, sí?
Pues para ser la mejor, aún no me has entregado el balance de la semana pasada que te pedí.
¿Ah, sí? Pues no te preocupes, que mañana lo tendrás encima de tu mesa.
A primera hora lo quiero.
Entonces voy a tener que estar toda la noche trabajando.
Es lo que querías, ¿no?
Pues sí.
Pues feliz San Valentín.
[Alberto] Buenos días.
- [Isabel] ¿Qué tal? - Isabel.
- [Isabel] Blanca. - [aplausos]
A ver, mis chicas, un beso.
[Blanca ríe]
¿Qué tal estáis? Tanto trabajo. Pues nada,
que quiere comprarme un vestido para esta noche la cena.
- Pues ha venido al lugar perfecto. - [ríen]
Doña Blanca, muchas gracias.
- ¿Cómo se encuentra? - Mejor.
Estando con mi hijo se me olvidan todos los males.
Me alegro. Se merece todo lo bueno que le pase.
Gracias, Blanca.
Y tú con esa sonrisa. ¿Qué tal con Esteban?
- Muy bien. - ¿Sí?
Es encantador.
- Sí. - Sí, muy detallista.
No sé, me siento como una chiquilla.
Oh, Dios.
Cuando se trata de amor,
todos somos como niños, ¿no?
Hemos quedado esta noche para San Valentín,
me ha preparado una sorpresa.
Ah, está mereciendo la pena, Isabel.
Ay, cuánto me alegro, Blanca.
- ¿Dónde está la clienta especial de hoy? - Ana, qué alegría verte.
Oh, Dios.
Te he preparado un montón de vestidos, yo creo que te van a gustar.
Yo pienso que en el modelo Milano, en beis, le sentaría muy bien.
Ese es muy elegante.
Bueno, dejemos que lo elija ella.
Claro.
- Pues la dejamos en buenas manos. - [Isabel ríe]
Gracias.
Pasad, chicas.
A ver, ¿por cuál quieres empezar?
Los tres son muy hermosos.
Creo que me voy a poner este.
[Ana] Isabel, estás guapísima.
Me trae muchos recuerdos.
Ya verás cuando te vea Alberto.
[Emilio] Mm.
Si queréis una segunda opinión...
Hombre, mi cascarrabias.
Pensé que no te ibas a dignar en venir a verme.
Tengo un lío en planta. El día de los enamorados, figúrate.
Bueno, yo os dejo solos. Que seguro que tendréis muchas cosas de que hablar.
Isabel,
la noche en que te desmayaste...
...pensé que no volvería a verte en pie nunca más.
Emilio, si te vas a poner así de triste, yo te saco de un zapatazo ahora mismo.
Porque estoy feliz.
Mira el vestido
que me quiere regalar mi hijo.
Estás preciosa.
Tienes que saber que ese modelo fue diseñado en tu honor.
Te pusiste uno muy parecido en tu primera cita con Rafael.
No.
Este vestido
me lo compré yo mucho antes
y no fue precisamente para la cita con Rafael.
Isabel,
estos días
he estado pensando en todo lo que nos pasó.
Perderte ha sido el error más grave
que he cometido en toda mi vida.
Los dos nos equivocamos.
Yo tenía que haber luchado mucho más por ti.
No, yo tenía que haber elegido al hombre adecuado.
[pasos acercándose]
Hola.
Hola.
Las cajas de San Valentín.
Claro, son las que usamos hoy.
¿Te acuerdas cuando éramos pequeños y las cogimos para construir un fuerte?
El cabreo que se cogió mi padre.
Claro.
Y cuando cogimos los corazones del techo para hacer otra trastada.
Nunca nos gustó San Valentín.
No.
Pero bueno, cuando la gente se quiere de verdad, todos los días es San Valentín.
[Isabel] Ana,
¿por qué no vienes a cenar esta noche?
Seguro que no te importa, Alberto.
Claro. Ana siempre es bienvenida en casa.
[susurra] Y en mi vida.
Gracias Isabel, pero es San Valentín y ya he quedado.
Bueno, otra vez será.
Cuídate mucho.
Sí, te lo prometo.
[suena música ambiental]
Ignacio, cárguelo en mi coche y dígale a mi mujer que ya estamos preparados.
- Claro, don Alberto. - Gracias.
¿Qué pasa con Cristina? ¿Estáis bien?
[Alberto] Bueno, el matrimonio no es fácil.
Sí que lo es, somos nosotros los que hacemos las cosas complicadas.
Créeme, que de matrimonios difíciles sé algo.
Yo no estoy haciendo las cosas bien.
Tampoco te culpes.
Sé que renunciaste a tu amor por Ana
por salvar estas galerías y la gente que trabaja aquí.
Y eso es un acto de amor inmenso, hijo.
Pero no hacia Cristina.
[Alberto suspira]
[susurra] Ella está enamorada de mí.
Le fui infiel con otra persona.
¿Con Ana?
No.
O sea que,
entonces...
...has traicionado a tu mujer
y también has traicionado a Ana y a ti mismo.
Sí.
¿Y no crees que es momento de
asumir tus errores, dejarlos atrás
y empezar a encauzar tu vida?
- ¿Ya lo tenéis todo? - Sí.
¿Y qué? ¿Qué vestido ha elegido?
- Uno azul que me trae muchos recuerdos. - Estoy deseando verlo.
- ¿Vamos? - ¿Vamos?
Vamos.
Uf, bueno, acabar ya, por favor.
Espera, que solo es la cremallera.
Un segundo solo.
Pero si me lo apretáis tanto que no puedo respirar.
Lo vas a hacer mucho mejor que la otra vez, ya lo verás.
- ¿Cómo llevas la canción? - Pues fatal, si me la he preparado yo sola.
Pero no te preocupes, niña, con las clases de inglés que te dio Mateo te da más que de sobra.
- Pues eso espero. - Sí.
- [llaman a la puerta] - Adelante.
[Jonás] Chicas...
Bueno, ¿qué tal?
Chica...
Bueno, no está mal, pero yo le haría unos arreglillos.
- No le hagas caso, anda, que estás guapísima. - No, en serio. Tenemos un problema.
¿Cuál?
Ahora sí, ahora estás
perfecta.
Luisa, yo no te voy a poder acompañar. He quedado con Carlos hoy.
Y yo con Pedro. Es que es una fecha muy mala. Ojalá
hicieran el especial de San Valentín otro día que no fuera San Valentín, ¿no?
¿Pero y entonces yo qué hago?
- Hija... - Cantar.
- Ay, mira, que llamo a la radio y lo cancelo. - No, no, no que hay problema. Voy yo contigo.
¿Pero cómo vas a ir tú conmigo?
- Mira, llamo a un taxi y... Que sé dónde es. - No, no, no, ni hablar.
Ni hablar. ¿Cómo vas a ir sola?
Va ser una noche muy especial.
Lo mismo te conviertes en estrella y todo. Y yo no me lo pienso perder.
- ¿Pero cómo vas...? Jonás. - Voy a arreglarme un poco para estar a la altura.
Y vuelvo enseguida.
[ríen]
Pero ¿cómo me va a acompañar él?
De verdad que no.
[Pedro tararea]
¡Tengo una cita!
¡Primo! Corcho, qué susto me has "dao" que casi me matas.
Con Luisa, esta noche en la radio.
San Valentín, canciones de amor, caricias, susurros
- y besos. - No me hables de susurros y caricias que exploto.
La Margarita no se olvida de su flor.
Rita es perfecta, pero tiene una flor...
- Tú empléate a fondo y verás cómo se olvida. - Que no primo, que no puedo.
Que tiene la flor metida en la cabeza. Que es como una flamenca con un clavel. Yo...
Yo hasta el matrimonio ya me puedo ir olvidando.
Entonces, es fácil, primo.
Primero la pasas por el altar
y luego te la pasas por la...
No se te ocurra decir pasar por la piedra, que te conozco.
- Lo has dicho tú. - Un respeto a Rita. O sea...
¿Has dicho altar?
- ¿En qué estás pensando? - Primo, la has "liao".
No, no, no, que era broma, primo.
Que no, que no. A ti no te llega la sangre donde te tiene que llegar.
Que acabas de salir de una boda. ¿Cómo te vas a meter en otra?
Porque Rita es el amor de mi vida.
Porque yo la quiero, ella me quiere, tengo el anillo. Es San Valentín. Esto es perfecto.
- Este anillo está maldito, primo. - Sabes que no.
¿Y eso?
- ¿El qué? ¿Dónde vas? Qué va a estar maldito. - Está maldito.
- Está maldito, primo. - ¿Qué haces?
- La mala suerte al río, primo. - ¡Primo, primo!
- ¡Dámelo ahora, primo! - Para, para, para.
- No puedo más. No, no, no. - Trae, trae, dámelo.
¿Pero qué quieres hacer?
Primo, que no quiero que cometas otro error.
Pero ¿qué error? Que no es ningún error.
Vale, la flor de Rita me ha vuelto un poquito loco
y voy más adelantado. Es absurdo.
La conozco desde pequeños, nos hemos bañado desnudos en el río, solo pensarlo me vuelvo loco.
La conozco mucho,
la conozco lo suficiente para saber que estoy enamorado de ella.
Sí, pero ese no es el error, primo.
El error es esto.
¿De verdad vas a pedirle matrimonio
con el anillo con el que te rechazó Clara?
¿O con el que dejaste plantada a Rosa Mari?
Este anillo está endemoniado, primo, y solo te traerá desgracias.
Es que solo de pensarlo me da escalofríos.
¿Dónde vas, donde vas, donde vas? Primo, por favor.
Me ha costado muchísimo dinero y lo sabes.
Primo, este anillo está maldito.
Ay.
- Ay, gracias. ¡Te mato! - [Jonás ríe]
Ahora sí.
Anda, vete a comprar otro y ponte guapo que esta es tu noche.
Muchísimas gracias, primo.
De verdad es que me has ayudado mucho, mucho, mucho. Toma.
¿Y eso?
[levanta la voz] ¡Porque no tengo dinero para comprar otro anillo, merluzo!
Corcho, lo podíamos haber fundido al menos.
La caja sí la tienes.
Gracias.
Ana.
Que creo que ha "llegao" el momento.
¿El momento de qué?
Ay, pues de qué va a ser, mujer, de...
- De darle vida a mi flor. - [Ana] ¡Uy!
- ¿Qué? - Sí.
Ay, Rita, que tengo mucho trabajo, pero muy buen oído para los cotilleos.
No me digas que ha llegado el gran día.
Pues sí.
Bueno, a Pedro le he dicho que nanai,
pero yo os digo que en este plan no me aguanto mucho más.
Porque me veo venir, que me conozco, que tanto va el cántaro a la fuente, que al final...
¿Tú no querías llegar virgen al altar?
Ya, hija, pero yo eso de momento no lo veo a tiro y lo otro, pues más.
Cada minuto con Pedro es un calentón.
Ay, ay, ay. Bueno, lo importante es que tú estés segura, ¿no?
Sí, pero...
- Bueno, venid un momentito. - [Ana] ¿Qué?
[Rita] Ana, Ana que... Cosas.
Bueno, a ver.
¿Sabéis cuando...?
¿Cuando tienes un hilo muy gordo y...?
Y lo quieres enhebrar y...
...y ves que...
Y ves que por el ojo de la aguja no entra.
Sí.
Pues eso que...
Que yo noto cuando estamos así,
muy cerquita,
que...
- Que el hilo es más bien gordo y el ojo no. - [Ana y Clara ríen]
¡No os riáis, por favor!
No, no, que es verdad, que el hilo más bien es gordo.
Ay, Clara, a mí no sé si me gusta que me cuentes estas cosas.
Oye, mira, guapa, contigo no tengo que disimular, ya sabías que Pedro había sido novio mío.
Eso es verdad.
[Clara] Y además, que esto es muy sencillo.
Tú en una mano tienes la aguja, en la otra tienes el hilo.
- ¿Y qué haces siempre para enhebrar la aguja? - Chuparlo.
¡Ay, qué cochina, por favor!
- [Rita] Mira, ¿eh? De verdad. - [Ana] Qué burra, ¿eh?
Que yo no he dicho nada.
Hala, os dejo que tengo mucho trabajo.
¿No ves que me la escandalizas?
Que esto es mucho más fácil de lo que parece, mujer.
- ¿Sí? - Claro, ya lo verás.
Bueno.
Oye, ¿y tú qué planes tienes "pa" esta noche?
Porque lo mismo también pones en práctica tanto consejo.
Qué va. He quedado con Carlos, que después de la que lié dejando plantados a los padres,
aún me tengo que ganar su perdón todos los días.
Y bueno, esta noche he decidido sorprenderle yo a él.
No pareces muy convencida.
Porque no lo estoy, Rita.
No sé qué me pasa, pero cada día tengo más dudas.
Oye, ¿y si cenamos todos juntos?
Que sí, que sí. Así nos divertimos y tú no te comes la cabeza con estos líos.
- ¿Harías eso por mí? - ¡Hombre, pero, claro!
¿Cuántas veces hemos fantaseado con la idea de salir por ahí con nuestros novios?
Pues ya está, ya ha llegado. Cena de parejas.
- Ay, me das la vida, Rita. - Claro.
Ay, gracias, amiga. Oye, ¿y a Pedro le va a parecer bien?
Ah, no sé.
[Pedro] Doña Blanca,
esto es para usted.
Gracias, Pedro.
Qué bonito es San Valentín, ¿verdad?
¿Qué pasa?
Eso digo yo.
No pasa nada.
¿Cómo que no pasa nada? Claro que pasa. Pasa y mucho.
No sé ni de lo que me está hablando.
Cada vez es más grande, más bonito y más caro. Que esto va viento en popa, doña Blanca.
[susurra] ¿Quién es?
- No es asunto suyo. - [susurra] Bueno, pues no me diga quién es.
¿Cómo es?
Es romántico. Bueno, eso ya se ve que es romántico.
¿Es guapo?
¿Es elegante? ¿Divertido?
[Blanca suspira]
Dígame algo, por favor, doña Blanca, dígame algo.
[Blanca suspira]
Con él me siento como no me había sentido nunca con nadie.
- Y eso es todo lo que le voy a contar. - [Raúl emite un chillido agudo]
Por favor, está Cupido lanzando sus flechas por todas partes y a mí no me da,
bueno, mejor que no me dé.
[susurra] Y ahora, si no le importa, don Enrique nos espera.
[Blanca] No se moleste en buscar la tarjeta.
Enhorabuena, Raúl. Son perfectos, como punto de partida.
¿Como punto de partida?
Sí, los años veinte están aquí. La recreación es perfecta.
¿A usted le gustan, doña Blanca?
Me parece un trabajo excepcional.
[Patricia] Y lo es.
Ahora ya tenemos a las mujeres de su generación.
Pero estamos en 1959 y tenemos que conseguir también a las jóvenes.
Quiero esos modelos,
pero quiero ir un paso más allá.
Cuando hiciste la presentación dijiste que viajaríamos al pasado.
Bien. Ya lo hemos hecho y hemos traído una materia prima excelente.
Ahora viajemos al futuro.
Al futuro, ¿eh?
Sí.
Lo sé, es un gran reto.
Pero Raúl, tú eres un genio. Vas a conseguirlo.
Creo que no me gusta la nueva Patricia.
Pero lo de "genio" me ha encantado.
El futuro.
¿Estás segura?
¿Tú qué crees?
Muy bien, creo que te he entendido.
Voy a traer algo muy grande,
y cuando lo traiga espero que no seáis vosotros los que os quedéis atrás.
No ocurrirá.
Gracias, señores.
Con permiso.
¿Qué?
Solo hay una cosa más difícil que tratar con de la Riva, y es
lidiar con su ego.
Y tú acabas de hacer que acepte rehacer la colección sin una sola queja.
Bueno, creí que era mejorable y él puede hacerlo.
Vas a ser una gran directora de estas galerías.
El director es mi hermano, Enrique.
¿Y tú ves a tu hermano por aquí?
Desde que se reencontró con mamá está bastante desaparecido.
Que por cierto, esa mujer es la viuda legal de Rafael, nos podría traer problemas.
No.
Mi madre lo dejó todo bien atado.
¿Tenías esta información y no me dijiste nada?
Es que, resulta que la información es poder.
Si eres tú el único que la tiene, claro.
¿Ves como eres perfecta para el puesto?
Hasta luego, Enrique.
[Esteban silba]
Señorita, su carruaje está listo.
[ríe]
Pero bueno, ¿y todo esto?
Es una noche especial.
Sí, de la que no sé nada todavía, por cierto.
¿Qué vamos a hacer?
Cenar con tu hija.
¿Qué?
Es lo que querías, ¿no?
Sí, claro Pero ¿cómo? Carmen está en Barcelona.
Vaya.
Al aeropuerto, por favor.
[coche arranca]
[Blanca ríe]
[Pedro y Jonás al unísono] ¿Cómo estoy?
Tú primero.
Hecho un pincel, primo. ¿Y yo?
Tú estás hecho un galán.
- ¿Vamos? - Vamos.
Jonás, vámonos que llegamos tarde.
[Pedro] Madre mía.
- Virgen santa, Luisa, estás... - [Jonás chista]
A ver qué vas a decir. Cuidadito con las galanterías, que es mi cita.
- Que esto no es una cita, Jonás. - Lo que tú digas, preciosa. Vámonos.
[Luisa] Venga.
Lo que me da miedo es no acordarme de la letra
- porque me la pasó Mateo al inglés... - Tranquila, que va a salir fenomenal, tranquila.
[Carlos] Luisa.
Ya me han contado. Lo vas a hacer fenomenal. Mucha suerte.
- Muchas gracias, Carlos. - ¿Suerte?
La suerte es para los perdedores. Luisa es toda una estrella, ¿no ves cómo brilla?
Vámonos.
- Hasta luego. - Hasta luego.
- Hola. - Hola.
Pedro.
[Carlos suspira]
Pues se ha "quedao" buena noche.
Pues sí.
Parecía que iba a llover, ¿eh? Pero al final nada.
[Pedro se aclara la garganta, Carlos suspira]
¿Estás esperando a Rita?
Sí.
Para cenar.
- ¿En algún sitio en especial? - Sí.
No, bueno, es una sorpresa que me ha dado que...
A ella le encanta. Me lo ha dicho en el último momento.
Vaya, pues parece que las mujeres llevan la iniciativa este año porque a mí Ana también...
- También quería sorprenderme. - Ah.
Mira, yo... ¿Te puedo tutear?
- Sí. - Yo te voy a contar la sorpresa. Es que
le voy a dar una sorpresa. Para sorpresas, a mí no me gana nadie. Y muchas veces cuando
doy sorpresas me sorprendo a mí mismo y es que me meto en unos líos que...
Que ni me lo creo. Le voy a dar una sorpresa a Rita que la voy a dejar a cuadros.
¿Quieres que te diga lo que le voy a decir?
Pero si te lo digo es un secreto. ¿Me prometes que no se lo vas a decir a nadie?
- Te lo prometo. - Le voy a pedir matrimonio a Rita.
¿Esta noche?
Sí.
[Ana] Hola chicos, perdonad por el retraso pero
teníamos que arreglar a Luisa y luego prepararnos nosotras.
Estáis guapísimas, ¿eh?
Gracias.
Guapísimas.
Bueno, ha sido un placer Carlos.
- ¿Nos vamos? - Espera, Pedro hay algo que queremos deciros.
Que...
Que vamos a cenar esta noche todos juntos.
- Una doble cita de San Valentín, ah. - [Pedro ríe]
Pues mira qué bien, pues mira qué bien.
La verdad es que me encanta la sorpresa, pero disculpar.
[baja la voz] Íbamos a cenar los dos al ser el primer San Valentín juntos,
- queríamos que sea... - Sí.
Bueno, pero nos encanta esta sorpresa de cenar
- los cuatro juntos. - Sí.
Es que desde que estamos saliendo juntos, pues nunca habíamos quedado los cuatro.
Y a Rita y a mí nos hace mucha ilusión, y además,
y tú querías que te sorprendiera, ¿no? Pues, sorpresa.
Una sorpresa es, sin duda.
Pues nada, una sorpresa...
Pero que nos lo vamos a pasar en grande. Bueno, va a ser una noche para el recuerdo.
- Seguro. - Seguro. Pues nada, vámonos, los cuatro.
- Vale. - Vamos.
- [Rita] ¿Eh? - [ríen]
No pensaba que fuéramos a tener compañía.
- Bueno, ya lo sé, Carlos, pero cosas de Rita. - [Carlos ríe]
Es que yo me esperaba que iba a ser diferente, Rita.
Ya, ya lo sé, pero Ana es mi mejor amiga y nos necesitaba esta noche porque...
- ¿Por qué? - Porque sí.
Bueno, cosas nuestras, tú sonríe que cuando lo haces estás el doble de guapo.
Vale.
¿Pero no hay otra carta? Pero esto...
Esto no puede ser verdad, Dios mío de mi vida, qué precios, por favor.
Bueno, por una vez vamos a tirar la casa por la ventana.
Esto no es tirar la casa por la ventana, disculparme.
- Esto es tirar las galerías por la ventana. - [ríen]
- Bueno, Pedro compartimos. - Hombre, la cuenta la vamos a compartir.
Ay, no, Pedro, platos.
Ah, genial, pues genial. Pues nada,
pues vamos a pedir unos platos
para compartir todo porque yo no tengo
demasiada hambre, que es que las ocurrencias del primo Jonás...
- ¿Qué hablas ahora de Jonás? - Nada, mujer, cosas mías.
[Pedro suspira]
Gracias, dos.
Pedro, de verdad, tranquilo.
Tranquilo.
Oye, ¿y qué tal le estará yendo a Luisa?
Pues seguro que genial. La he visto salir y... Iba preciosa.
- ¿Verdad? - Sí.
Sí, sí, sí. Iba muy guapa, Luisa.
[Ana] Muchas gracias.
[música en directo]
Cuando se lo cuente a mi madre y a mis hermanas no se lo van a creen. Lo que se ve en la capital...
- ¿Luisa Rivas? - Sí.
Aún faltan tres turnos para el suyo.
- Pero puede esperar aquí. - Sí.
[susurra] No te llega ni a la suela del zapato, tú lo haces mucho mejor.
[Luisa canta]
[Jonás tararea]
- Siempre te quedas ahí. - Ah.
Bueno, pues hazlo tú si te parece tan fácil.
No, que no. Que no es fácil,
que eso son los nervios, pero lo vas a bordar, ya verás, ¿eh?
Luisa, ya está.
- Tú sonríe y canta como sabes. - [Luisa ríe nerviosa]
"Si quieres el resto de las teclas que faltan, sigue el hilo".
Mateo.
Mateo, esto no tiene gracia.
[timbre del ascensor]
[suena música du duá]
[Mateo] Perdóname.
Me falta una "e" pero ya la había usado.
Uno intenta ponerse romántico y ya ves, no...
Si te crees que con esto voy a caer rendida a tus pies...
No, no. No quiero que caigas rendida a mis pies. Solo quiero que sepas lo que siento por ti.
Mira, antes dijiste que tú no eras una más
y tienes razón, no lo eres. Nunca lo has sido. Contigo siempre me he sentido diferente.
Puede que parezca que a veces soy un poco,
no sé, superficial.
Soy muy superficial, eso sí es verdad.
Pero me cuesta mucho hablar de esto.
Clara, muchísimo.
Pero que quede claro, tú no eres una más.
Eres la única y ha sido así desde el principio.
- Y... No, no, no. - No, no, no, Mateo, no, no, no.
No, no. Clara, no te asustes. Ábrelo, ábrelo.
Ábrelo.
Sí.
- ¿El curso de contabilidad? - Con todos los meses pagados por anticipado.
Nunca pensé que esto podría ser romántico pero estas cosas
no se me dan bien.
Lo siento, pero no puedo aceptarlo.
Pero ¿por qué? Si es lo que querías.
[Clara suspira]
Ese es el problema.
Que solo haces las cosas porque yo te las pido, porque me enfado, pero nunca salen de ti.
- Clara... - Ni nunca van a salir.
Me he independizado, he encontrado un piso. Puedes venir a él cuando quieras, lo sabes.
Y yo me alegro mucho por ti, Mateo, de verdad.
- Que seas muy feliz. - Escúchame.
- Escúchame. - Es muy bonito esto que has hecho.
Pero ya es tarde.
Demasiado.
[suena música de violín]
No sé quién es.
[Clara suspira]
- O sea que al final lo de... - [suena música de mandolina]
¿Sí?
Lo de ser recadero y ser...
Y ser piloto tienen muchas cosas en común.
Bueno, si lo piensas, o sea...
Tú, transpor... Tú viajas.
¿No? Tú viajas y coges el avión, y viajas, y vas, viajas por...
- ¿Por el mundo? - Por el mundo, claro.
Sí y yo viajo por las galerías.
Luego tú transportas también, ¿no?
Transportas a personas, a la gente, aunque no vean nada porque siempre estás ahí
encerrado como solito, pero transportas a gente. Yo transporto también pues a...
A las cajas. Perdón, es que estoy un poco nervioso.
No, si al final va a ser que no tiene mucho que ver, ¿no?
No, no. Si tiene razón.
- Transporto paquetes y maletas también. - [Pedro] Claro.
¿Ves? Si es que al final, ser piloto y ser recadero si es que es...
- Son lo mismo. - [Pedro] Es lo mismo.
[ríen]
[Carlos] Muy bien estudiado.
[Ana se aclara la garganta]
Voy al tocador.
¿Rita, me acompañas?
Por favor.
La peor cita de la historia de las citas Ana. Qué desastre.
Vete, Carlos.
¿Qué?
Vete. No voy a tener oportunidad de pedirle matrimonio en un sitio como este nunca, humo.
Pedro, Pedro, que yo también quiero pedirle matrimonio a Ana esta noche.
¿Qué?
Si tengo el anillo.
Eso es un pedrusco.
No le pongas ese pedrusco...
No le puedes poner ese pedrusco en el dedo porque es que la vas a romper...
La vas a romper el dedo. Guárdalo.
Como compare tu anillo con el mío, es que Rita no se casa conmigo.
- ¿A ver el tuyo? - No.
Es que el mío es muy pequeñito.
Bueno, no está tan mal.
- ¿No está tan mal? Está fatal. - No está tan mal.
Carlos, de verdad, es que tenía que haber empeñado el otro anillo.
¿Qué otro anillo?
- Es una larga historia. - [Rita] ¿Qué historia?
[Pedro ríe nervioso]
Pues...
Pues le estaba...
Le estaba contando nuestra historia.
Cuando éramos amigos...
...y ahora...
Y ahora ya somos novios.
Eres la mejor novia que he tenido nunca.
[Rita ríe]
Gracias.
Y Rita es que yo...
Yo quiero pasar toda mi vida junto a ti.
Así que...
Margarita...
...del Carmen Montesinos.
¿Quieres casarte conmigo?
Pero...
Pedro tú...
¿Tú estás seguro?
No he estado nunca tan seguro.
Rita.
¿Te quieres casar conmigo?
Sí.
- Sí. - [aplausos]
[Ana] Será mejor que les dejemos solos.
[suena música de swing]
[Bárbara] Cristina, pero qué guapa.
Buenas noches.
Tú también, Bárbara.
Enrique.
Buenas noches.
Está guapísima.
Gracias.
[Enrique] Doña Elena.
¿O debería llamarle?
- Isabel Navarro. - [Enrique] Encantado.
Es un placer.
El placer es mío.
Bueno, la cena está casi lista.
Elvira está preparando un plato que huele que alimenta.
Sí, un stroganoff . Dice que es una receta de su madre...
¿Intimando con el servicio?
Claro. Pasamos mucho tiempo en esta casa.
Bueno, nosotros es que no acostumbramos.
- Por favor, ¿pasamos al salón? - Sí.
Sí.
¿Y cómo se encuentra, Isabel?
Me ha dicho Cristina que ha estado unos días recuperándose en la casa.
Estoy mejor.
Gracias a mi hijo se me olvidan los achaques.
[ríe] Sí.
No se han separado ni un momento.
Tenemos mucho tiempo perdido por recuperar.
Por supuesto.
[puerta se abre]
[puerta se cierra]
Esa debe ser Patricia.
Buenas noches.
[Cristina e Isabel al unísono] Buenas noches.
Buenas noches, Patricia.
Llegas tarde, pero, por favor siéntate.
No, gracias. No voy a quedarme a cenar.
Puedo vivir con Isabel, pero no voy a celebrar su llegada.
No creo que Isabel se merezca que le hables así, Patricia.
Bueno, gracias a ella descubrí que el matrimonio de mis padres era una farsa.
Y ahora tengo prepararme para la vergüenza que pasará mi madre cuando esto salga a la luz.
Entenderéis que se me haya quitado el apetito, ¿verdad?
Pasad una excelente velada.
Déjala. Está bien.
No pasa nada.
Hace bien en no tomárselo como algo personal.
A Patricia es mejor es ignorarla. ¿Verdad, pichín?
Sí, sí. Vamos a dejarlo estar.
Conociéndola es normal que monte este numerito,
que diga que no quiere sentarse a la mesa con Isabel.
Yo tuve que sentarme con su madre muchos años, a pesar de que me hiciera la vida imposible.
Pero eso no es lo mismo, Alberto. No seas injusto.
Gloria te trató como una madre.
A estas alturas y todavía no sabes lo que pasé con esa mujer.
Hay muchas cosas que no justifico, pero...
...tus padres
te criaron lo mejor que supieron o pudieron y si cometieron errores es porque son humanos.
Cristina,
los errores se cometen desde la ignorancia, hija.
Pero ellos eran muy conscientes del daño que me hacían.
Me encerraron
durante años sin poder ver a mi hijo.
Aún no lo sabes,
pero...
Pero eso es
el dolor más grande
que puede pasar una madre.
- ¿Estás bien? - Sí.
Lo siento. A lo mejor no ha sido una buena idea esta cena, Cristina.
Me voy a retirar, no me siento muy bien.
Perdón.
- Quédate, hijo. - Por favor.
Quédate, por favor.
[Bárbara se aclara la garganta]
Si de verdad piensas todo lo que has dicho, ¿a qué viene este paripé?
Quería tener un gesto bonito contigo
y con ella.
Alberto, estoy tratando de normalizar esta situación pero no me lo estáis poniendo nada fácil.
¿No ves que llevas días ignorándome y que parece que no formo parte de esta familia?
[levanta la voz] ¿No te das cuenta que nada de esto tiene que ver contigo?
Acabo de recuperar a mi madre.
Si te molesta que pase tiempo con ella, ya sabes dónde está la puerta.
[tintineo de cubiertos y vajilla]
- [Ana] Venga, pon la radio. - [Carlos] Voy, voy.
- Que es tu presentación ante los medios. - Sí.
- [Ana] Es Radio Continental. - [Carlos] ¿Es esta?
- [Ana] Sí, esa, esa. Sube. - [locutor] Y nuestra última invitada,
señoras y señores, Luisa Rivas.
[aplausos]
[locutor por altavoces] Buenas noches Luisa. Ya eres una vieja conocida de Radio Continental
y esta noche estás espléndida.
[Luisa por altavoces] Gracias.
Los oyentes no pueden verlo, pero su vestido es espectacular.
Es un vestido de Phillip Ray, del diseñador de moda.
Ya lo han oído, Phillip Ray. Tomamos nota. ¿Algo más que decir?
Pues sí, claro. Quiero dedicarles la canción
a mis chicas, las chicas Velvet que me estarán escuchando
y a quien la quiera oír.
Con todos ustedes,
- Luisa Rivas. - [aplausos]
[Luisa canta en inglés]
[Jonás continúa con la canción en inglés]
[aplausos]
[locutor] Y con esto nos despedimos por hoy. Feliz San Valentín a todos.
[suena música de swing por la radio]
[Carlos] Ana Ribera,
¿quieres casarte conmigo?
[Ana suspira]
Carlos...
Eres el hombre más maravilloso que conozco.
Precisamente por eso no te puedo engañar.
No puedo casarme contigo.
Sigo enamorada de Alberto.
Estoy preocupada por Ana.
Es Carlos.
Carlos, no.
- Perdóname, me he portado como un idiota. - Lo siento.
Pero no te quiero.
No digas tonterías, Ana.
Suéltala.
Vete con tu mujer que esto es una cosa entre Ana y yo.
Las cosas ya estaban mal antes de que usted llegara.
Isabel,
nuestro matrimonio está hundido.
Que nos digan lo que quieran que ya prácticamente somos marido y mujer.
Bueno, tampoco es para tanto. Que hasta que nos den la fecha para la boda.
Pues tan difícil no tiene que ser.
¿Y si recuperamos la fecha de tu boda en el pueblo con Rosa Mari?
Oye, Luisa, Luisa.
¿Quieres ir conmigo a la boda?
Y a partir de ahora, este despacho es mío.
Te va a dejar tirada cuando no le seas útil, igual que lo hizo tu madre.
Por lo menos, mi madre no iba de muerta de hambre sin su hijo.
No voy a consentir que sigas hablando así de mi madre.
Voy a defender lo que es mío con uñas y dientes.
La mitad de las acciones de Patricia provienen de su madre.
Del matrimonio con tu padre es el único válido aquí.
Así que yo soy la única propietaria de esas acciones legalmente.
Cariño, no te esperábamos.
Fuera.
Desde hoy, trabajo aquí. Y yo decido quien se queda y quien se va. Y tú te vas.
No voy a consentir que esa marrana me siga faltando el respeto una y otra vez.
Necesito tenerla a mi lado para controlarla. Eso es bueno para la familia.
No la quiero aquí, Enrique. No cerca de ti.
Lo que tú quieras no importa.
Si le cuento a papá que sigues acostándote con Patricia es el fin de tus días aquí.
Lo único que me interesa de Patricia son sus acciones en la empresa.
Te casaste conmigo por el dinero de mi padre.
Lucha por Ana.
Prométemelo.
Te lo prometo.
Mamá.
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