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Que le he dicho a todo el mundo que me voy a casar con Rosa María, y ella no lo sabe.
Como se encuentre con Rita por los pasillos y si se lo diga...
¡Manolito! ¡Uy, cómo estás!
Hemos venido a pasar la Navidad con papá.
- Enhorabuena. - ¿Enhorabuena, por qué?
Rosa Mari, hija, la boda.
Los mayores sois un lío.
Tú querías a la tía Rita y ella a ti.
Creo que deberíamos hablar sobre lo que pasó ayer.
¿Se refiere a su historia con Maximiliano?
- ¿Quién ha sido? - He sido yo, doña Blanca.
¡Doña Blanca! No va a cobrar usted hasta el año que viene.
Y, por supuesto, olvídese de la paga extra de Navidad.
No, si al final va a resultar que...
Que además de un golfo
eres buena persona.
¿Tú quién te has creído que eres?
¿Tanto interés tienes en figurar?
Vais a aprender a comportaros como una familia a la fuerza.
Estas Navidades las pasamos todos juntos en la casa de Baqueira.
Como la familia bien avenida que deberíamos ser.
Por mucho que se empeñe, hay cosas que no pueden forzarse.
¿Cómo ha ido?
Tu padre quiere que pasemos las Navidades con él.
Y con Enrique y Bárbara.
Una familia feliz.
Sigo enamorado de ti, Ana.
Nunca he dejado de estarlo.
Vámonos de aquí, por favor.
Alberto, ¿estás incómodo conmigo?
No conozco el compromiso ni me interesa.
Doña Elena no puede estar al frente del taller.
- Deberíamos decirle lo que ocurre. - No.
Y no insista.
Pero, pero ¿por qué?
Doña Elena es la madre de don Alberto.
¿Qué hacéis aquí tan tarde?
- Vinimos a dar un paseo. - Íbamos a dar un paseo.
Jonás, creo que voy a necesitar de su ayuda.
Se trata de las chicas.
Se traen algo entre manos.
Necesito que lo averigüe para mí.
- Pero ¿qué está pasando aquí? - Luisa.
El tío Jonás ha venido aquí a coser.
¿Tú desde cuándo sabes coser?
No se lo vas a decir a don Emilio, ¿verdad?
Se me ocurre una cosa mejor. ¿Tú conoces a Phillip Ray?
[suena una melodía de los 50, sintonía de la serie]
[acaba melodía de los 50, sintonía de la serie]
¿Quién se encarga de poner la estrella?
[diálogos ininteligibles]
Qué bien.
Sí.
¡Enciende, primo!
Antes de irse de vacaciones, don Alberto dejó coordenadas
muy precisas de cómo quería los escaparates.
Así que quiero verles a usted y a Pedro allí
en menos de media hora.
- Muy bien, señor de la Riva. - Un momento, un momento, un momento,
Sherlock Holmes de mercadillo.
- ¿Tú y yo no teníamos un trato? - [suena música ambiental]
Sí, bueno, pero con la Navidad y todo eso...
No, no, no quiero excusas, Jonás,
quiero explicaciones.
¿Cómo es posible que a día de hoy
todavía no haya descubierto nada de lo que traman esas chicas?
Con todo mi respeto, señor de la Riva...
Solo son chicas
jóvenes, inocentes,
que el único crimen...
- Que son inocentes. - Ah.
[Raúl ríe]
- Preciosa defensa. Mira, Jonás, - No, que de verdad, que no esconden nada.
todo éxito se basa
- en la mezcla perfecta de tres cosas: - [timbre del ascensor]
Tesón, talento
e intuición.
Y yo tengo mucho de las tres, sobre todo de la tercera.
Y si esas lagartas con carita de ángel
no están tramando algo
yo no me llamo Raúl y en realidad me dedico a plantar lechugas.
¿Usted también?
[Jonás] Le veo en el escaparate.
Sí, hija, mañana mismo.
Ya tengo el billete.
Yo también tengo ganas de conocerle, sí.
Mira, tengo que dejarte.
Hasta mañana, entonces.
Un beso.
¿Haciendo planes para las fiestas, doña Blanca?
Mi hija Carmen.
Va a comprometerse.
[Emilio] Mm, mm.
Vicente se llama.
Va a pasar la Nochebuena con nosotros.
Me alegro, por ella, por él no tanto.
No quisiera estar en su pellejo
siendo usted la tiene que darle el visto bueno.
No será para tanto.
Ella está feliz.
Y los dos sabemos que por un hijo uno es capaz de todo.
A propósito, doña Blanca, quiero darle
las gracias por su discreción
respecto a Isabel, ¿mm?
Ella fue la única persona que no me juzgó por mis decisiones.
No voy a hacerlo yo con las suyas.
Doña Blanca, ya todos,
todos hemos pasado página de aquello.
Pásela usted también.
Y disfrute de las fiestas, ¿mm?
Le haré caso.
[Ana] ¿Tío, quiere que le ayude con eso?
No, son adornos que han sobrado.
Ay, ¿han sobrado? ¿Me puedo llevar alguno a mi habitación,
- que seguro que a Rita le encantan? - Mira a ver.
¿Y para su habitación no quiere ninguno?
Ya tengo bastantes cachivaches
allá arriba.
Mira que pasan los años y no consigo que le gusten estas fiestas, ¿eh?
No soy amigo de celebraciones.
Bueno, celebraciones, celebraciones...
Que siempre las hemos pasado usted y yo solos aquí.
Para mí era más que suficiente.
Para mí también.
Y además, no sé
eso de improvisar...
Me gustan mis rutinas.
¿Se acuerda la primera Navidad que pasamos aquí usted y yo?
Que yo me moría por aquella muñeca, y usted me regaló aquel diccionario enorme.
¿Y tú te acuerdas el cero como una casa que trajiste en Lengua? Un cero enorme.
- ¿Un cero, yo? Nunca. - Sí. Nunca.
De todas maneras, un diccionario en una casa siempre viene bien, ¿no?
[ríen]
[Isabel] ¿Ya estamos de fiesta?
[Emilio] Estamos recordando viejos tiempos.
¿Y usted, doña Elena, se va a ir a algún sitio?
No.
Me temo que Cuba me queda un poco lejos.
Pues cene aquí con nosotros,
por un año que nos saltemos la rutina...
Habrá que encontrar una mesa más grande,
habrá que comprar más polvorones.
[Isabel] ¿Y si lo hacemos entre los dos? ¿Eh?
Claro.
Que se note que es Navidad.
[Isabel ríe]
[Ana] Hola.
¿Cómo lo ves?
¿Es más o menos lo que tenías en la cabeza?
- Uy, está perfecto. - [Rita] ¿Y "to" esto?
Ay, hija, ¿no es Navidad? Pues un poquito de espíritu navideño para la zona de trabajo.
[Ana] ¿Vosotras cómo vais?
Uf, pues estamos hasta arriba.
Y con las vacaciones de Navidad ya no sé cómo vamos a hacer.
Menos mal que se ha subido Jonás al carro.
¿Verdad, Luisa? Sin él estaríamos perdidas.
Mira, lo de Jonás...
A ver, el chico no lo hace mal, pero tampoco es para tanto.
¿Pero tú le has visto dar puntadas?
Que ni se le ve la mano de lo rápido que va.
[Ana] ¿Creéis que llegaremos a tiempo con los pedidos antes de que os vayáis al pueblo?
- ¿Podemos no llegar? - No.
- Pues entonces llegamos. - Muy bien.
¿Bueno y tú qué? ¿Te quedas otra vez aquí sola con tu tío?
[Ana] No, este año se queda también doña Elena.
[Rita] Uy, fiestón. Te tenías que venir un año al pueblo.
En cuanto el tío Antolín coge la botella de anís
aquello no hay quien lo pare.
No, también me viene bien quedarme un poquito aquí sola, y pensar.
¿Has hablado con Carlos?
¿De lo de Alberto?
Pero cómo le voy a decir eso, si ni siquiera sabe que hemos sido novios.
Bueno, pues mira, a lo mejor se lo puedes contar.
Lo mismo es comprensivo y lo entiende, ¿no?
[Rita] Y, si no, pues oye, parece que Alberto está con ganas, ¿no?
- ¡Ay, Rita! - Pero que es una broma, hija.
Para destensar, yo qué sé.
[ríen]
Ay, qué sería de mí sin vosotras dos.
Pues, casi, casi lo mismo, pero riéndote menos.
[Ana] ¡Ay, no os vayáis que os voy a echar de menos!
¡Ay, Rita!
¿Qué cachondeo es este? Me voy diez minutos y aquí no trabaja nadie. Muy bonito.
¿Pero y tú?
¿Qué son esos humos? Que estás hablando con tus superiores.
¡Estás en periodo de pruebas!
Este se nos sube a la chepa, ¿eh?
Bueno, vamos a ver.
Vienes ahora con el resto, ¿no?
Hombre,
si me lo pides así, como para negarme.
[Rita] Tira, anda, tira.
- No tardo. - Dale.
- Va, ya. - Dale.
[Raúl] Las bolas, rojas.
No, no, la cuerda no, las bolas.
Las bolas todas rojas.
[levanta la voz] ¡Pedro!
Pedro. A ver, Jonás.
¡Amarillas, no!
¡Las bolas, todas rojas!
¡Rojas!
No, de verdad, es que, ¿dónde estabas?
- Haciendo un recado, primo. - ¿Un recado para qué?
- Bueno, como haces tú. - Pero no me lo puedo creer,
les voy a dar con el espumillón.
Don Alberto ha dado directrices muy específicas de cómo quiere los escaparates.
Y no podemos improvisar.
[grita] ¡Y las bolas!
Las bolas tienen que ser todas rojas.
Rojas.
[levanta la voz] Estamos decorando así el árbol,
hay verde, hay amarilla, hay blanco, porque
de toda la vida en nuestro pueblo se decora así.
Y queda muy bonito.
Es una pena que esto no sea la choza de un labriego
con todos mis respetos. ¡Pedro, por favor!
Vamos a ver. Primera lección de armonía cromática.
[Raúl] ¿De qué color es el vestido?
- ¿Eh? - ¿Cómo ha dicho?
El del maniquí, el vestido, ¿de qué color es?
Rojo.
¿Y el fular?
- ¿El qué? - [grita] ¡El pañuelo!
- Rojo. - Rojo.
Y el bolso es rojo
y los regalos son rojos.
Entonces, ¿de qué color tienen que ser las bolas?
[al unísono] Rojas.
[grita] ¡Todas las bolas rojas!
Primo, a mí todas igual me parece un timo.
- ¿Cómo? - O sea, yo voy a poner algunas amarillas
y rojas, y así un color patrio.
Pero tú qué quieres, que nos busques la ruina. Dame las bolas.
Vete a atender a los clientes, que yo me encargo de todo esto.
¿Y ahora cómo salgo yo de aquí?
Entonces lo hemos "comprao" todo. Los guantes para mi hermano,
la gorrilla para mi tío, las violetas para mi abuela Joaquina, que es "mu" golosa.
- ¿Y los billetes de autobús? - También.
Oye,
yo no quiero esa cara cuando me pidas matrimonio,
que va a estar mi familia delante.
Ya puedes empezar a sonreír.
Pero ¿por qué? ¿Qué cara?
Pues que cada vez que te veo
estás como alma en pena,
de eso hablo.
Pero ¿qué te pasa, Pedrito?
¿Que no te hace ilusión que por fin vayamos a ser los tres una familia?
Me hace mucha ilusión. Pero es que...
¿Hay que montar todo este jaleo?
- ¿Cómo que jaleo? - O sea,
quiero decir, jaleo. Me refiero, que...
Vamos a estar...
Te voy a pedir matrimonio
delante de toda tu familia
en la noche de Nochebuena Entonces, claro, cuando vayamos al pueblo
todo el mundo nos va a señalar y va a decir:
- "Mira, mira, mira, los que se casan". - ¡Que nos señalen!
Una pedida es una vez en la vida. Es para siempre.
Ya lo sé, ya lo sé. Lo que pasa es que no sé, estoy muy nervioso
y me pueden los nervios, discúlpame, Rosa María.
¿Puedo dormir esta noche con mi padre? ¿Puedo?
No sé.
- ¿Podemos? - Tú no.
Tú no. Tú sí.
Tú sí. Tú no. Me explico.
[se aclara la garganta]
¿Cómo vería la gente del pueblo que antes de la boda
tú y yo pasásemos una noche juntos?
Pero, si tenemos un hijo.
Ya lo sé que tenemos un hijo, pero es que...
Es nuestra boda, ¿no? Y yo creo que se tiene que hacer bien,
lo tenemos que hacer bien porque yo creo que la ocasión se lo merece.
¿O no, Rosa María?
- [Manolito] ¡Tía Rita! - ¡Manolito!
¡Pero bueno!
¿Qué pasa, guapetón, cómo estás?
¿Cómo estás?
Rosa Mari, Pedro, no os había visto.
Pues de milagro, chica, porque estamos con un lío...
Que si los billetes de autobús, que si
la cena, que si los regalos, que si la pedida de mano.
- La pedida de mano, claro. - [Rosa María] Sí.
Pedro me va a pedir la mano en Nochebuena,
cenando con la familia.
Para hacerlo ya oficial, oficial.
Así soy yo, oficial.
Vaya, pues qué bien. Cuánto me alegro. Va a ser todo precioso.
Bueno, no sabes la ilusión que les hace.
Tenían unas ganas de que Manolito ya por fin tuviera un padre.
Rita, ¿tú no tienes que ir a trabajar?
- Sí. - Ay, hijo, no le metas prisa a la pobre chica.
Tú y tu hermana vais mañana "pal" pueblo, ¿verdad?
Sí. Al terminar la jornada.
Qué bien, nosotros también.
¿Por qué no cogéis el autobús de las cuatro, y vamos todos juntos?
Y os cuento lo que he pensado para el vestido.
Bueno, a ver qué dice Clara, porque no sé.
¿Qué va a decir, mujer? Pues que sí.
Que van a ser unas Navidades tan especiales.
[Rita] Sí.
Un rato especiales sí que van a ser, sí.
[Rita canta] Pero mira como beben Los peces en el río
- Pero mira como be... - Rita, que la cantante es Luisa.
Ya lo sé, hija, pero
al mal tiempo buena cara. Estoy haciendo un esfuerzo para darle alegría a esto.
Bueno.
¿Tienes hecha la maleta?
Madre ha dicho que conociéndote seguro que aún no habías empezado.
Bueno, qué quieres que haga, estoy muy ocupada, no he tenido tiempo.
Sí, claro.
Llorando como un alma en pena
por cada esquina, o
compadeciéndote enfrente del espejo.
¿Eh? O pasando horas en la cama abrazada a la almohada.
Es lo único que has hecho desde que don Mateo y la "Devora" se besaron.
Bueno, Rita, ¿y qué quieres que haga?
Es lo que me sale. Tú tampoco eres la alegría de la huerta desde que vino Rosa Mari.
Ya lo sé.
Cada vez que la veo con Pedro se me revuelven las tripas.
Que sí, no te preocupes, lo tengo todo controlado.
¿Cuándo te he fallado, Alberto?
Bueno, pero esa no cuenta.
No, no, no.
Esa tampoco, era una pregunta retórica. Sí, no.
¿Qué tal por Baqueira?
¿Cómo van esos esquís?
¿Y Enrique?
No, no, no
No es recochineo, de verdad.
Por cierto,
ha llamado Sara Ortega preguntando por ti.
No. No dejó ningún mensaje ni dijo qué quería.
No lo sé, tú sabrás.
Sí.
Sí, sí, sí.
No te preocupes.
No, no te preocupes. Da saludos a todos de mi parte.
Bien.
Ah,
feliz Navidad.
¿Era Alberto?
¿Cómo está?
¿Qué haces aquí?
Decidimos que yo iba a hacerme cargo de todo estos días.
Eso lo decidió Alberto, no yo.
Ya.
¿No será que
como tu madre se ha ido a Santander con sus amigas a pasar las Navidades
y tu hermano Alberto está con su familia, no sabes cómo pasar las vacaciones?
Mañana voy a casa de Susú Miravelles. Si te apetece venir...
Tengo otros planes.
- ¿Con tu novia? - No, con mi familia.
Al completo. Mis madres, Lucas...
¿El hijo pródigo vuelve a casa?
¿Preocupado porque te quite el cariño de mamá?
- ¿No venías a trabajar? - [Patricia ríe]
¿Qué hacemos?
¿Las pagas extras, por ejemplo?
¿Por qué no vas rellenando el papeleo mientras voy a buscar las fichas de los empleados?
Patricia,
segundo cajón de la derecha.
¿Me lo abres tú?
No me tientes.
[puerta se cierra]
Ya hemos recibido el dinero de las pagas extras.
Mañana será repartido como es habitual.
Y la señorita Patricia se ha empeñado en ser útil y quiere hacerlo ella.
Sinceramente, no me fío.
Me quedaría mucho más tranquilo si ustedes
le echasen un vistazo.
No quiero que nadie se quede sin cobrar.
- Doña Blanca, disculpe. - No, no se preocupe, don Mateo.
Muchas gracias.
Supongo que lo más fácil será comprobar quién no está en la lista.
Efectivamente, ni Pepita ni yo estamos.
Doña Blanca, no será necesario que le diga que si necesita...
No se preocupe, don Emilio.
No esperaba un milagro de Navidad.
Es que no se trata solo de las Navidades.
El compromiso de su hija.
No es necesario, de verdad.
Ya contaba con ello.
Pero, muchas gracias por el ofrecimiento.
Don Mateo, hay unas señoras esperándole.
[Mateo] ¿Unas señoras?
¿Cuántas?
- [Julia] Ahí está. - ¡Mateíto, cariño!
Hola, cariño.
- ¿Qué hacen aquí? - [Julia] Mi vida.
Hemos venido a probarnos los vestidos de gala que dejamos arreglando el otro día.
Y a saludar a nuestro sobrino favorito.
Es que tengo muchísimo trabajo, estoy liadísimo, no voy a poder
- atenderlas como me gustaría. - [Raúl] Bueno, bueno, bueno
bueno, ¿las tres gracias en las galerías y a mí nadie me pensaba avisar?
[Raúl ríe]
Bueno, supongo que ibas a presentarnos, ¿no?
- Por supuesto. Mi madre... - No hace falta, ya sé cómo se llama: Julia.
Encantada de conocerle.
- Sagrario. - Encantada.
- Y Herminia. - Un placer.
Bueno, y no sé cómo se llama esta preciosidad.
"Lady Bigotes", nuestra gatita.
El nombre se lo puso Mateíto.
Ay, "Lady Bigotes", Mateíto.
- Picarón. - Esa información no es necesaria, tía.
No es verdad. Es muy necesaria.
Sí. A mí me interesa muchísimo, Mateíto.
- Madres, ¿no venían a probarse unos vestidos? - [al unísono] Sí.
¿De verdad? Bueno, pues entonces yo mismo las voy a atender,
porque así me pueden seguir contando cosas de Mateíto.
- Que quiero conocerlo todo. - Raúl, por favor
Tienes muchísimo trabajo, tienes muchísimo trabajo.
[Mateo] Yo me encargo. Síganme, por favor. Por aquí. Sí, por supuesto.
- [Julia] Bueno, otra vez será. - [Sagrario] Adiós, Raúl.
[Raúl] ¡Felices Pascuas,
Mateíto!
- Bogavante de primero. - De segundo, chuletón.
Y suflé para terminar.
Como ves, no nos vamos a quedar con hambre, Mateíto.
¿No es un poco excesivo, tía? Teniendo en cuenta que lo pago yo todo.
Ay, ya sabes que no le quiero coger una sola peseta
al desgraciado de tu padre.
Y además, Mateo, no quiero que seas tan tacaño.
Seguro que Lucas no pondría ningún inconveniente.
Ay, tengo tantas ganas de verle.
- Estar de nuevo todos juntos, en familia. - [Julia suspira]
- ¿Tú no? - Muero de ganas, tía, pero...
Bueno, todos, todos no vamos a estar.
No, no, no, desde luego. Tu padre cuanto más lejos mejor.
¿Sabes dónde pasa las Navidades este año?
A "Montecaglo".
Con su nueva adquisición.
La verdad es que lo único que me consuela
es la llegada de tu hermano Lucas.
Por cierto, antes de irnos pasemos por joyería.
Quiero comprarle unos gemelos a tu hermano.
Tía, por favor, Lucas no se ha puesto un traje en su vida.
Dudo mucho que lo necesite en la India o donde quiera que se meta con su cámara.
- Bueno, pues para cuando se lo ponga. - [timbre del ascensor]
Al menos él le da buen uso
a lo que le regalamos.
Ya. ¿Y cuándo llega el hijo predilecto?
Mañana por la noche.
Y no se te ocurra llegar tarde.
Va a ser una Nochebuena como las de antes.
- Ay, sí... - [Pedro] Don Mateo,
- su pedido. - Gracias, Pedro.
[Julia] Ay, qué detalle tan precioso.
- No, madre, escuche que no son... - Son maravillosas.
[Sagrario] Con lo que a mí me gustan las rosas.
Ya podías haber tenido el detalle también con nosotras.
La verdad que no se me había ocurrido, tía.
Pues mira, ¿sabes a quién sí se le hubiera ocurrido?
A Lucas, ya, sí.
- Coja un bombón, tía, no se preocupe. - Ya, ya.
Clara.
Ponlas por ahí.
¿Cuándo salís mañana para el pueblo?
Al terminar la jornada.
Vamos a estar una semana sin vernos. Se me va a hacer eterno.
Clara, por favor, ya te he pedido perdón como unas diez veces.
¿Y? ¿Qué te crees, que con tanto ramito solucionas algo?
Ya sé que no, pero...
Me estoy volviendo loco. Quiero que las cosas vuelvan a la normalidad entre nosotros.
Mateo, pero es que para ti la normalidad es
que yo te ría durante todo el día las gracias, salgamos a cenar,
nos emborrachemos y luego, que pase lo que pase.
Bueno lo dices como si fuera mal plan. Lo pasamos bien, ¿no?
Quiero más. Y contigo siempre es lo mismo.
¿Tú sabes el daño que me hiciste el otro día?
No me lo puedo quitar de la cabeza.
Lo siento, Mateo, pero, ya no soy la misma.
Creo que estos días que voy a estar fuera nos van a venir bien.
Para pensar qué es lo que queremos y tomar una decisión.
¿Qué decisión?
Si queremos estar juntos.
[Luisa] ¿Tenéis una maleta de sobra? Es que no me cabe todo lo que me quiero llevar en la mía.
Otra como Clara. Cada vez que van al pueblo, un modelito por la mañana y otro por la tarde.
No es eso, es que estoy recogiendo las cosas de Juan, que se las voy a llevar a sus padres.
Perdona, Luisa.
Son las primeras Navidades sin él y van a ser duras.
Bueno, y sabes que si necesitas algo
aquí estamos Rita y yo.
[Luisa] Ya lo sé. Esto solo lo cura el tiempo.
Bueno, ¿sabéis lo que voy a echar de menos?
- ¿El qué? - El pavo.
- ¿El pavo? - Sí.
En casa comíamos cochinillo, pero a él siempre le gustaba el pavo.
[Ana] Pues si es por pavo, se compra uno.
- Toma. - Gracias.
¿Crees que estará bien?
- ¿Luisa? - Sí.
No va a ser la mejor Nochebuena de su vida, no.
Pero ella lo ha dicho:
"Esto solo lo cura el tiempo".
¿Y las cosas que nunca dijiste y que nunca hiciste?
Esas de las que te puedes arrepentir el resto de tu vida.
Tendrá que aprender a vivir con ellas.
No hay otra solución "pa" eso.
- Hacerlas. - ¿A dónde vas?
A hacer una llamada. Ahora vuelvo.
[Carlos] ¿Puedo sentarme o está usted esperando a alguien?
A ti.
Pues, tú dirás.
¿Y esto?
Quédate conmigo.
¿Qué?
A pasar la Nochebuena.
Ya sé que tienes un vuelo, pero pensé que quizá podrías cambiarlo y
pasar, pues, unos días aquí.
No entiendo nada, primero quieres ir despacio,
- ahora... - Ay, Carlos, necesito pasar unos días contigo
solos, sin que nadie nos moleste.
Solos tú y yo. Bueno,
menos en la cena de Nochebuena, que también van a estar mi tío y doña Elena.
¿Estás segura?
¿Eso es un sí?
- No me va a tocar cocinar a mí, ¿verdad? - No.
- ¿Seguro? - Sí.
[Carlos ríe]
Claro que es un sí.
- No tengo vuelo mañana. - ¿Cómo?
No, lo dije para no presionarte.
- Ha salido bien el plan, ¿eh? - Sí.
Hasta mañana.
A las nueve.
¿Se puede saber dónde está el resto de las mantas?
Pero, que tengo mi manta.
Ponte esta también, no vayas a coger frío.
Doña Elena, por experiencia le digo que no discuta con mi tío, que es absurdo.
Además es verdad, hace mucho, mucho frío.
Ya está. ¿Satisfecho?
Estoy conforme, estoy conforme.
Vámonos.
- Tío... - ¿Qué pasa?
Quería decirle que...
Bueno, ya sé que no le gustan mucho estas fiestas, ni nada de esto, pero
seremos uno más a cenar.
¿Cómo? ¿Qué? ¿Cómo, cómo?
¿Quién viene?
Carlos. Mi novio.
He pensado que estaba bien que le conociera un poco más.
Y, bueno, no se preocupe, que con cualquier cosa nos apañamos.
Cualquier cosa no.
No podemos darle cualquier cosa.
Bueno, pues ya me encargo yo.
Respira, Emilio, que es solo una cena.
- Gracias. - De nada.
De nada.
[Rita] Pero ¿dónde estabas?
- [Ana] ¿Qué haces? - [Luisa] ¡Callad, que nos van a oír!
- Que nos van a oír. - [Clara] ¡Vámonos a celebrar la Navidad!
[champán descorchándose, gritan y ríen]
[Ana] Ay, por Dios, este año va a nevar seguro, eh.
[Luisa] Yo nunca he visto nevar.
¿Os acordáis no hace mucho que estábamos aquí viendo una lluvia de estrellas?
Y pedimos deseos.
Yo pedí ser feliz en el amor.
Creí que no se me había cumplido, porque al día siguiente se casó Alberto.
Pero también ese mismo día conocí a Carlos.
Así que, venga, copas arriba, a brindar y a pedir deseos.
Que a lo mejor se cumplen.
Por los milagros.
Por un milagro en Navidad.
Que falta nos hace.
¡Chicas, yo no sé lo que habéis pedido vosotras, pero está nevando!
- [Luisa] ¿Lo veis, lo veis? - [gritan y vitorean]
[Clara] ¡Feliz Navidad!
¡Nieva!
[Pedro] Si al final se ha dormido Manolito, si es que es más lindo...
Mira, primo. Mira cómo nieva.
- ¡Hala! - [Jonás ríe]
¿Y esto?
¿Eh? Aquí alguien está celebrando la Navidad antes de tiempo.
- Primo, te quiero enseñar una cosa. - [Jonás silba]
- Primo. - ¡Eh!
- Al final no... - [Jonás silba]
[levanta la voz] Primo, ¿me quieres hacer caso?
Ostras, primo.
Pedazo anillo. Te habrás "dejao" el sueldo.
No, es de antes.
Era de Clara.
Primo, no te puedes casar con Rosa Mari.
Tiene que haber alguna manera de parar esta locura.
Sí
Si solo hay una, pero no está muy interesada.
Bueno, da igual, vamos para adentro.
Que hace muchísimo frío.
[Ana] Una nevada de la buena.
[Jonás] Anda que avisáis que había una fiesta.
[Luisa] Era una fiesta privada.
[Pedro] ¿Ah, sí? Nosotros también teníamos una.
Pues, anda, que venís de un "animao"...
Rita, Rita, Rita.
¿Sí?
¿Puedo hablar contigo?
Claro.
Id vosotras, que ya voy yo luego.
Buenas noches.
Voy a echarle un ojo a Manolito.
¿Y?
Pues que...
Vaya...
[Blanca] ¿Quién anda ahí? Todo el mundo a sus habitaciones.
[Rita] De todos los escondites posibles, este me parece el peor.
Bueno...
Yo creo que con el frío que hace...
...nadie nos va a buscar aquí.
¿Te acuerdas en el pueblo cuando nevaba?
Cuando Clara y tú...
- Qué tiempos, ¿eh? - Sí.
Otros tiempos.
¿Lo echas de menos?
¿El pueblo?
Bueno, no mucho. Es un consuelo no tener que preocuparse por las garrapatas.
Bueno, mujer, yo me refiero a cuando tú y yo éramos...
Cuando éramos amigos.
O cuando éramos más amigos.
Mira que nos han "pasao" cosas, ¿eh?
Y después de todo lo que ha pasado,
¿tú volverías atrás?
¿Como cuando salías con Clara y
me contabais vuestros problemas?
Bueno, un poquito más después, cuando ya no...
Cuando ya no estaba con ella.
Pero eso es imposible, Pedro, porque tú ahora estás con Rosa Mari.
¿Y si no estuviera?
[claxon suena]
¿Es el anillo de pedida?
Da igual, Pedro.
Que daría igual si no estuvierais juntos, porque tú y yo somos amigos
y siempre vamos a serlo. Pase lo que pase.
¿Pase...
...lo que pase?
Pase lo que pase.
¿Siempre amigos?
Siempre amigos.
[Rita llora desconsolada]
Padre, ¡nieve!
- ¡Cuidado! - ¡Rita!
[Pedro] Manolito, aprovecha antes de que se te deshaga la nieve.
Mira, Manolito.
Un par de botones "pa" los ojos.
- ¿Eh, cómo lo ves? ¿Sí? - [Manolito] Muy bien.
Pero son muy pequeños.
Que son de estraperlo, Pedro, no protestes.
- [Ana] ¡Toma! - [Rita] Mira, así, fuerte.
- No, en el abrigo no. - [Rita] Ay, qué guapo.
[Ana] Perdón, que ya sé que teníamos que haber...
Calla, Ana, te vas a ganar una bola.
[Isabel] Navidades blancas, esto hay que celebrarlo.
[Emilio] Bueno, lo harán esta tarde.
Hoy es el día de Nochebuena
los almacenes se van a llenar, hay que trabajar al cien por cien.
No me hagan repetirlo
- dos veces. ¡Vamos! - [Manolito] Pero, don Emilio,
esta noche es Nochebuena.
Y mañana Navidad, Manolito. Ya lo sé.
Ya lo sé. Venga, por favor.
Vamos todos dentro.
¡Vamos!
Todos adentro.
Eso es.
[Isabel levanta la voz] ¡Emilio, cascarrabias!
¿Soy el único
jefe responsable de estas galerías, o qué?
Tu no deberías estar aquí cogiendo frío.
Pero si hace mil años que no veía la nieve. No...
- [Isabel] Emilio... - Y tampoco la sentías.
[Isabel] ¡No, no se te ocurra!
[Isabel grita]
Oh, ay, ay, ay.
[Isabel y Blanca gritan]
[Isabel] ¡No se te ocurra!
¡No, no, a mí no!
- ¡Toma! - ¡Basta, Emilio!
- Feliz Navidad. - Feliz Navidad.
Buena compra. Feliz Navidad.
Tome.
Gracias. Felices fiestas.
[Raúl] Cogeremos
un palmo el bajo de la falda.
Y le vamos a estrechar también la cintura, nada, dos centímetros, y ya está.
Pero ¿podrían dármelo para hoy o no? Voy a la fiesta de Susú y no tengo nada que ponerme.
Patricia, por favor, que he visto tu armario.
Bueno, no tengo nada que quiera ponerme. ¿Mejor así?
Más real.
¿Estará para esta noche, señoritas?
Es que estamos hasta arriba de pedidos.
Nos vamos al pueblo con las familias, al mediodía.
Bueno, pues cuanto antes acabéis con los pedidos, antes veréis a vuestra familia, ¿no?
Por supuesto, señorita Márquez.
[Raúl suspira]
Bueno, te dejo en buenas manos.
[Raúl] Este que está aquí se va, porque no puedo más
con tanto adorno navideño, que me va a salir una urticaria
y además tengo un chófer esperándome en la puerta.
¿Un chófer? ¿Pero adónde vas?
¿Y con quién?
Cielo, hay cosas que es mejor no contar.
Porque, si las supieras, hasta tú te escandalizarías.
[Raúl] ¡Señoritas, me marcho! Me marcho.
Me encantaría poder decirles que las voy a echar de menos, pero es mentir
porque realmente las voy a echar
muchísimo, muchísimo de menos. Así que, por favor, vengan aquí,
abrácenme, bésenme.
Quiéranme como yo las quiero.
Y despídanse de mí
como merezco. Es una orden. Que la beso.
Bueno, me voy. No pienso despedirme felicitando la Navidad, porque la odio.
¡Buenas noches! Hasta luego, chao.
Adiós.
- Felices fiestas. - Gracias.
[diálogos ininteligibles]
- Felices fiestas. - Gracias, señorita.
Felices fiestas.
Y ahora en nombre de las galerías, felices fiestas,
disfruten de estas merecidas vacaciones y nos vemos a la vuelta.
- Igualmente, gracias. - Muchas gracias.
Clara, espera. Espera, espera.
¿No te vas a despedir?
Feliz Navidad, Mateo.
¡Rita, vamos, que no llegamos!
Hija, ya va, que por todo te angustias. Si vamos de sobra.
Sí, ya me conozco yo tus "de sobras".
Luego nos tocará la última fila del autobús, y yo me mareo.
Venga, ¿ya estamos todas?
- [Rita] Faltan Pedro y Jonás. - [Clara] Y Rosa María.
- Sí, esa también. - Ay, yo tengo unas ganas de llegar...
Todas las Navidades igual, eh.
Os voy a echar mucho de menos.
Anda, tonta, si estamos de vuelta "pa" Nochevieja, que es lo bueno.
[Pedro grita] ¡Chicas! ¡Chicas! ¡Chicas!
Tenéis que escuchar una noticia.
- [Luisa] ¿Qué pasa? - Venid.
Realmente, no sé qué es. ¿Han dicho algo más?
- [Emilio] Silencio, por favor, silencio. - [ruido de interferencias]
[locutor por la radio] Este impredecible temporal
va a notarse con fuerza en la meseta central.
Se prevén grandes nevadas en la capital.
¿Pero qué dice?
¿Qué dice? Que tenemos que irnos "pal" pueblo.
[Emilio] Dice que no se oye, señorita Montesinos.
[locutor] Todas las líneas de trenes y autobuses
han sido cortadas más allá de la capital.
Pero, bueno, si nosotros tenemos los billetes comprados.
El nuestro sale en "na".
[locutor] Se desaconseja también coger el coche .
El temporal no ha hecho más que empezar.
- Lo siento mucho. - Mi hija me estaba esperando.
Lo siento, Blanca.
Adiós pueblo. Adiós Nochebuena.
Sé que no es lo mismo, pero mirad el lado bueno.
Que vamos a pasar la Nochebuena todos juntos.
Ana, estas son unas galerías, no una sala de fiestas.
Bueno, doña Blanca, son unas galerías, pero también es nuestra casa, y...
Y hoy no es una noche cualquiera, es Nochebuena.
¿Qué vamos a hacer? ¿Quedarnos cada uno en nuestra habitación llorando las penas?
Pues no. Para nada.
Cenamos todos juntos.
Es que somos una legión.
[Isabel] Bueno, ya nos arreglaremos.
Donde comen cuatro, comemos todos.
Yo tengo embutido en mi habitación.
- Mira qué bien. - ¿Embutido?
No se preocupe, doña Blanca. Mi madre
trajo salchichas de Alemania.
- Ay, qué ricas. - Bueno, pues
tienen diez minutos para avisar a sus familiares.
Díganles que no se preocupen.
Que...
...cenaremos todos juntos.
Perfecto.
Va a ser una gran noche.
Don Emilio, mi primo y yo nos encargamos del plato principal,
- no se preocupe. - De acuerdo.
[Isabel] Ay, ay, ay.
No sé yo si es buena idea, hija.
¿Por qué? Mira, hacemos
- una sopa o algo. - [Ana] Sí, exacto.
Y con algo que pongan ellos y algo que ponemos nosotros...
Lo siento mucho, Clara. Me acabo de enterar.
Estas van a ser las peores Navidades de mi vida.
No es que en Porrillos fueran a ser las mejores,
pero es que pasar una noche como esta lejos de mi casa, pues...
[suspira]
Ven a cenar a la mía.
¿Qué?
Quiero que cenes conmigo esta noche.
Bueno, con mis madres y con mi hermano, así le conoces.
- ¿Tú te has vuelto loco? - No.
No, no.
Locura es no hacer caso a todas señales que hay a nuestro alrededor.
- ¿Qué señales, Mateo? - ¿Qué señales?
La nevada.
La nevada, Clara.
Hace más de un siglo que no nieva así en Madrid.
No lo digo yo, lo dice el noticiario de la radio.
Si no es una señal,
que baje Dios y lo vea, por favor.
- ¿Una señal de qué? - ¿De qué?
El destino.
Quiere que pasemos juntos esta noche. Y con el destino
no se puede jugar.
- Mateo, después de lo que ha pasado... - No, no, no.
Sin rencores, sin pasados.
Seremos...
..dos amigos que se gustan mucho y...
Y que...
Y quieren un nuevo comienzo.
[susurra] Ven a cenar a casa, por favor.
Seré el hombre perfecto.
- Seré un buen anfitrión. - [Clara suspira]
Haré todo lo posible para que te olvides de estar en tu casa.
Y cuando conozcas a mi hermano
te voy a gustar mucho más.
Porque, reconozcámoslo, Clara,
hombres como yo ya no quedan.
¿Y tus madres qué van a decir?
Porque los dos sabemos que no soy santo de su devoción.
Mis madres...
No te preocupes.
Estarán encantadas.
Mateo, hijo, cómo vas a traerte a nadie precisamente hoy
que vamos a cenar en familia con tu hermano.
Me alegro mucho, madre, de verdad, pero, Clara...
[Sagrario susurra] ¿Clara? Se llama como la perturbada aquella que vino a casa.
No. No se llama como ella.
Es ella y no es una perturbada, tía, que la he oído.
No me puedo creer que quieras traerte a esa.
Madre, Clara es buena chica, no tiene con quién cenar.
Muchísimas gracias. Allí estaremos.
Con la hacía ilusión que me hacía que le pidieras la mano a mi padre.
Y a mí. Y a mí, mujer, pero es que no puede ser.
Si es que soy una desgraciada, Pedro.
Todo me pasa a mí.
Que se supone que estos días deberían ser los más felices de nuestras vidas.
Que llevo soñando con este momento desde que entramos en aquel pajar.
No digas eso.
Manolito, vete...
Vete a entregar esta carta a Clara, anda, por favor.
Pero papá, que ya me sé esa historia.
Tira, anda, tira, tira.
No digas estas cosas delante del niño que lo traumatizas, por favor.
No se puede traumatizar con el amor.
- Bueno... - Bueno, además, cielo,
que da igual. Tú me pides la mano aquí esta noche.
Delante de todos.
¿Aquí? ¿Y tu padre?
[Rosa María] Mi padre, pues ya si eso, otro día.
Que me hace mucha ilusión, Pedro.
[Rosa María levanta la voz] ¡Manolito!
[Emilio] ¡Ana! ¡La cena está lista!
Es mi tío. Tengo que volver.
¡Espera!
Te he comprado un regalo.
¿De verdad? ¿Dónde está?
Y espera a que tu tío se duerma.
[pavo grazna]
[pavo grazna]
[pavo grazna]
¿Tienes la música?
- La tengo. - ¿Vamos comprar el queso?
Sí.
- ¿Quién era? - Yo qué sé, pero como te vean
con el pavo este aquí, te matan. Así que, vámonos.
Pues cógelo tú un rato, que pesa.
- [Pedro] Vienen, vienen - [Jonás] Pues, escapa.
Deprisa.
[puerta se cierra]
¿Qué hacemos con este?
Muy sencillo, primo. Toma.
- Mátalo. - [muelles de la navaja]
- ¿Yo? - Claro.
- ¿Por qué? - Porque yo no puedo.
- ¿Por qué no puedes? - Porque me mancho el abrigo.
¿Y por qué compras un pavo vivo?
- Por Luisa, primo, por Luisa. - ¿Por qué no mata Luisa al pavo?
- Porque es una sorpresa. - ¿Para qué, quién?
Porque oí decirla que
echaba de menos cenar pavo en Nochebuena y pensé que sería bonito el detalle, no sé.
Y esto es lo único que quedaba.
Como detalle es muy bonito.
- Claro. Es que soy todo corazón. - Ya.
[pavo grazna]
¿Qué hacemos con este?
¿Vas a ir andando con este frío?
Que yo sepa, los taxis todavía funcionan.
Venga, va, sube.
Que yo no te cobro la carrera.
Cuidado.
Gracias.
Feliz Navidad.
- [Ana] Igualmente. - [Rita] Igualmente, señorita Patricia.
Chicas, felices fiestas.
[Ana] Igualmente, don Mateo.
[puerta se cierra]
¿Tú cómo estás con lo de la pedida de Pedro?
Ahora entiendo lo que sufriste con Alberto y Cristina.
Que no es que antes no lo entendiera, pero
es que ahora lo sufro.
Ya lo único que me falta es que le pida la mano en mi cara. Me muero.
O le mato.
O les mato primero y me muero después.
[Rita] Si es que ya es mala suerte que tengamos que cenar hoy con ella.
Venga, no te pongas así, Rita.
¿Y cómo quieres que me ponga?
¿Tan grave es que no quiera que Pedro se case?
¿Tan grave es que...?
¿Que todavía le quiera? ¿Que...?
¿Que siempre le haya querido, que le quiera con toda mi alma?
Va a ser la peor noche de mi vida.
No, eso sí que no.
Ya me encargaré yo de que no sea así.
Que es la primera Nochebuena que pasamos juntas.
No es el pueblo, va a ser aquí, pero...
Pero juntas.
Supongo que va a ser lo único bueno de la noche.
Rita.
Se me ha olvidado coger algo de la habitación.
Vete tú a por el queso.
Pero, bueno, ¿y por qué no te vienes?
El mercado va a cerrar ya
y tengo que volver, no nos va a dar tiempo, nos vamos a quedar sin el queso.
Ah, bueno, sí, lo que nos faltaba, ¿no?
- Me voy corriendo y te veo ahora. - Vale.
[Alberto] Siento mucho lo que ocurrió en el Pausa.
Fui un egoísta al ponerte en esa situación.
Solo espero que a mi vuelta podamos volver a hablar.
Feliz Navidad. Un beso .
Cuidado. Ahí está.
Bien. Ahora, bueno, sillas,
platos, cubiertos, velas.
Vamos. ¡Vamos!
Me tendrán que disculpar, pero no voy a cenar con ustedes.
- ¿Cómo que no? - Se lo agradezco, pero no estoy de humor.
Y no creo que quieran tener sentada a la mesa a una invitada con semejante cara de funeral.
Querríamos tenerla con nosotros de cualquier manera, doña Blanca.
Pero ¿vas a encerrarte en la habitación?
Si me necesitan, ahí es justo donde me encontrarán.
Buenas noches y felices fiestas.
Pero ¿qué le pasa a esta mujer?
[llaman a la puerta]
[Blanca] Si ha venido a intentar convencerme...
He venido a eso, sí, y además...
¿A qué viene eso?
Ese año no fue una nevada.
Fue don Rafael y la competencia con Oxford.
Nos quedamos sin vacaciones, pero entre todos le pusimos una nota
de alegría a la Nochebuena. ¿Se acuerda?
No, eso sí que no. Éramos muy jóvenes entonces, don Emilio.
Ahora lo son ellos.
Se pasan todo el año lejos de su casa, lejos de su gente.
No son los únicos.
¿Sabe una cosa? Yo hasta hace unos días me hubiera conformado con la cena
de todos los años. Mi sobrina, yo.
No necesitaba nada más.
Pero ¿qué quiere que le diga? Hoy al ver aquí a todos,
a usted, a Isabel...
Pues como que he caído en la cuenta de eso, de, de...
De lo solos que estábamos.
Permítame.
Puede que se sienta sola, doña Blanca, pero no lo está.
No lo está. Vamos, anímese, ¿mm?
Venga,
anímese.
Hágalo por sus chicas.
Y yo lo hago por los míos, ¿eh?
Pero...
¿Los dos solos?
No. Isabel no se pierde una.
[Blanca ríe]
Es usted admirable, don Emilio.
Con todo lo que hemos pasado y que de repente sea capaz de ilusionarse como hace años
por algo así.
¿Yo? Mire a Isabel, ¿eh?
Es ella
la que no pierde la ilusión ni un solo momento.
Se merece una gran Nochebuena, ¿no cree?
[Rita] Y le llaman Cacho Carne.
- [Ana] ¡Ay, no! - Que sí,
es cumplido de carne.
- ¿Bueno, qué? - [al unísono] Uy.
- ¿Cómo estoy? - ¡Madre del amor hermoso!
Hombre, igual vas algo ligerita para cenar con tres ancianas.
A no ser que lo que quieras es que les dé un infarto.
- Pues llamo a Mateo y le digo que no puedo ir. - ¡Que no, mujer!
Sí, me quedo con vosotras y hacemos frente común a la lagarta de Rosa Mari.
Mira, aunque me tientas mucho, pero es mejor que vayas.
Porque está claro que te quiere y te lo quiere demostrar.
Y, además, lo de Rosa Mari ya está superado, ¿a que sí?
- Sí. - Anda, ve y demuéstrale que eres
la mujer perfecta.
Pero es que esta sería la primera Nochebuena que pasaríamos separadas.
Eso va a ser muy raro.
Pues, por las chicas Velvet. ¡Feliz Navidad!
¡Feliz Navidad!
Buenas noches.
Soy Clara.
Clara Montesinos.
[Julia] Hola, Clara. Buenas noches.
Qué ilusión de tenerte aquí.
Felices fiestas, doña Julia.
¿Y Mateo?
Pues, no ha llegado todavía, debe estar al caer. No te preocupes.
Pero pasa, mujer, pasa.
¿Supongo que te acordarás de mis hermanas, de Sagrario y Herminia?
Sí, claro.
¿Cómo están?
Pues, encantadas de tenerte aquí, hija mía.
Tú no te contengas, pide todo lo que quieras
que aquí hay comida más que de sobra.
Bueno, yo por si acaso, había traído un poco de...
De arroz con leche. Es casero, casero.
[Julia] Ay, muchas gracias, pero no tenías por qué.
Si a nosotras lo que más nos gusta es hacer el bien al prójimo.
Pero, quítate el abrigo, que aquí hay calefacción.
Remedios te lo coge.
Tranquila, que es de fiar.
Supongo que Mateo estará a punto de llegar, así que vamos pasando al salón.
Venga, adelante.
- [Patricia] ¿Qué pasa? - [Mateo] Yo qué sé. Será el frío.
No me lo puedo creer.
Lo vas a ahogar.
[levanta la voz] ¡Tú sí que me vas a ahogar, Patricia!
[Patricia] Que no tienes ni idea.
[Mateo] ¿Que no?
[Patricia] ¡Está detrás!
Lo sé.
[Patricia susurra] Ay, por favor.
[suena música de jazz]
Gracias.
Buenísimos.
Pero come más, mujer.
Que se le están quedando unos bracines.
[Sagrario] Claro, pobre.
Cuando uno está acostumbrado a comer poco
el estómago, como que se le encoge. ¿Verdad?
Bueno, yo como normal.
[suena el timbre]
¡Mateo! Abro yo.
¿Se puede saber dónde te has metido?
¿Y tú eres?
Clara.
Tú debes de ser...
- ¡Lucas! - Hijo, ¡ven aquí!
- Qué alegría. - ¡Madre! ¿Cómo está?
Muy bien.
Qué guapo.
[suspira]
No me lo puedo creer, encerrada en este cacharro y contigo.
¿Conmigo? ¿Qué pasa conmigo?
Nada. Las mejores vacaciones de mi vida.
Como si tuvieras a alguien con quién pasarlas.
- ¿Se puede saber a qué ha venido eso? - [Mateo intenta arrancar]
Mira, Patricia, si estás enfadada porque tu familia
te ha dejado tirada en Madrid, no lo pagues conmigo.
Eres la única responsable de todo esto, porque...
Bueno, porque ya sabes.
- ¿Por haberme acostado con Enrique? - [Mateo intenta arrancar]
No sé por qué te cuesta tanto decirlo.
¿O acaso te crees mejor que yo?
¿Vas a decirme que nunca te has acostado con una mujer casada?
- ¿Tú? El eterno soltero, que va de flor en flor - [Mateo intenta arrancar]
y no se compromete con nada ni nadie.
Te equivocas. Estoy con Clara.
- ¿De verdad? - Sí.
¿Estás con Clara o fornicas con Clara?
- Mateo, Mateo, mírame cuando te hablo. - [Mateo intenta arrancar]
No te atrevas a juzgarme.
[levanta la voz] ¡Venga!
[coche arranca]
Hola a todos. Siento el retraso.
Mateo, hijo, de verdad, eres un desastre.
Madre, no se ponga así, el coche me ha dejado tirado. Lo siento. Lo siento mucho.
- Lucas. - Hermano.
¿Qué tal por la India?
No he estado en la India.
Ah, cierto ¿Turquía, era?
Eres imposible, Mateo. Guinea.
A ver, la culpa es tuya por viajar tanto.
Te veo flojo.
- ¿Estás bien? - En familia, mejor que nunca.
Ya, ya, familia.
Hermano.
Vosotros, id a cambiaros, poneos guapos.
Mientras tanto, os esperamos en el comedor.
Uy, qué susto.
- [Ana] Hola. - [Carlos] Hola.
¿Llego muy tarde?
Bueno, pues depende para qué.
Para ver cómo Pedro y Rosa Mari se prometen amor eterno y nos y empachan
a todos con su felicidad, llegas justo a tiempo.
- Rita. - ¿Qué?
Mejor avisarle, a que le pille por sorpresa, ¿no?
Anda, vamos a abrir esta botella, que nos va a venir muy bien.
- Estás preciosa. - Ay, gracias.
[Emilio] ¿Me ayudáis a poner la mesa?
[Carlos] Está todo precioso.
- Buenas noches, don Emilio. - Hola, buenas noches.
Perdone el trasiego, pero es que somos una familia numerosa.
Espero que bien avenida también.
Las cenas familiares
se sabe cómo empiezan, pero nunca cómo terminan.
Ana,
sírvele una copa para que vaya entrando en calor.
Claro. Gracias. Por todo.
Hola.
[Emilio] ¡Hombre, el responsable del plato principal, por fin!
¿Qué sorpresa nos aguarda?
Pues, qué sorpresa.
No, no me lo diga.
¿Cordero al horno?
- ¿Cochinillo? - [pavo grazna]
- ¿Qué es eso? - La cena.
O sea, lo que tenía que ser la cena, porque al final
se nos ha complicado un pelín.
- No se asuste, don Emilio. - ¿Qué pasa, Pedro?
- ¿Qué pasa? - [susurra] Nada.
- Primo. - [Emilio] ¿Eh?
- ¿Se puede saber qué es esto? - [pavo grazna]
[Jonás] Pues un pavo, mayormente.
Sí, ya lo veo, ya.
[Jonás] Íbamos a matarlo, don Emilio, pero al final
la bestia pues ha salido un poco dura de pelar.
Qué ridículo, qué vergüenza.
- ¿No han podido ni...? - [Blanca] Vaya, vaya.
Así que tenemos otro invitado.
Póngale un poquito de agua, no sean maleducados.
Si a don Emilio no le parece mal, claro.
Claro que no.
Eh...
Doña Blanca, ¿le importaría
repartir el resto de los cubiertos, por favor?
Por supuesto que no.
Gracias.
En cuanto al invitado, supongo que sabrá que mañana
tiene que volver a casa.
- [Jonás] Sí, sí, sí, lo sabe. - [Pedro] Lo sabe, sí.
[Emilio] Lo sabe, lo sabe.
Da gracias a que estaba de buenas don Emilio, si no,
a la calle.
¿Y esto qué es?
Luisa.
[Jonás suspira]
Mira, que yo te escuché decir que para ti el pavo era importante.
Y me dije: "Pues le voy a comprar un pavo a la Luisa para que tenga una Nochebuena feliz".
Pero, claro.
A la hora de darle matarile, pues,
que si por allí... Que mi primo se vino abajo y no...
Que hemos hecho el ridículo, vamos.
- Un poco sí. - Sí.
Pero es muy bonito.
[Jonás ríe]
Sí, sí, bonito es.
Bueno, ¿nos vamos a cenar?
- Sí, claro, vamos a cenar. - Uy.
Vamos.
- [Jonás] Feliz Navidad. - [Ana] Igualmente.
[Carlos] Un brindis por el pavo.
- Brindis por el pavo. - Dame vino.
- Madre, estaba todo buenísimo. - [suena música swing]
- Como siempre. - Muchas gracias.
Espero que os quede sitio para el postre, eh.
Yo se lo agradezco, pero, la verdad es que no puedo más.
Pero hija, ¿cómo no vas a probar el suflé?
- Es la especialidad de Remedios. - Vamos a por él.
No, de verdad que no.
Tráiganselo, tráiganselo, ya verán como se lo come.
Os va a encantar.
Con ellas es mejor así.
Te preguntan si quieres, tú dices que no.
Ellas te insisten por cortesía.
Tú sigues diciendo que no.
Y al final, acabas aceptando.
Así es más rápido.
Bueno, Clara, cuéntanos.
¿Cómo es el mundo de la moda?
Lucas, qué sorpresa.
Yo pensaba que a ti el mundo de la moda te parecía una frivolidad.
Clara no me parece una mujer
frívola ni superficial.
[Clara] Bueno, en realidad soy secretaria.
¿Así os conocisteis?
Clara es la mejor secretaria que hayamos tenido nunca.
[Clara] Imagínate cómo estaba el listón antes.
[Clara ríe]
[Lucas ríe]
Si me disculpáis, voy un momento al servicio.
¿Has visto qué trasero?
¿Cómo que qué trasero?
Cuento los minutos para que sea mío.
Clara está conmigo. ¿De acuerdo?
¿Y?
Como si eso alguna vez te hubiera afectado.
Desde que éramos pequeños me has quitado todas las novias.
Tú lo has dicho. Éramos pequeños, era un juego de críos.
Bueno, mamá dice que sigues siendo un crío. ¿No?
Vamos a seguir jugando.
¿Ahora le haces caso a mamá?
No. Te hago caso a ti.
Vaya baño bonito que tenéis.
No había visto tanto mármol desde que visité el Pilar de Zaragoza.
Tendrías que ver San Pedro del Vaticano.
¿No le has llevado todavía?
Y créanme que soy sincero si les digo que hoy aquí, en este momento
siento que estoy en familia.
Que estamos en familia, ¿mm?
La familia Velvet. Que esta noche
se honra con dos invitados muy especiales:
Rosa María y Carlos.
- [Manolito se aclara la garganta] - Ah, oh, oh, perdón, perdón
Se me olvidaba el más importante: Manolito, aquí, Manolito.
[Jonás] Y el pavo.
También, y el pavo.
Es un placer tenerles con nosotros.
Es una noche de celebración, así que...
Señoras, caballeros,
familia, feliz Nochebuena.
- Feliz Nochebuena. - [aplausos]
Por...
Por alusiones,
como bien dice don Emilio,
es duro no estar en una fecha tan especial con la familia.
Y más para mí, que es doblemente especial.
Porque hoy no solo es Nochebuena.
Hoy es el día en el que Pedro y yo
anunciamos nuestro compromiso.
Pedro.
[Pedro] Lo que dice Rosa María es verdad, tengo que anunciar algo.
Ya saben que Rosa María y yo
ya nos conocíamos, tenemos
un pasado, un pasado muy bonito, pero que ya pasó.
No, que ya me vine a Madrid con Clara
que tampoco funcionó, porque se fue con Mateo...
Usted no conoce a Clara, pero es que Clara también tenía...
- Pedro, cariño, al turrón. - Vale.
Oficialmente...
...he vuelto con Rosa María.
Y me ha dado lo mejor que tengo en este mundo, que es...
...este mozo.
Y os puedo asegurar que...
...por un hijo uno es capaz
de hacer cualquier cosa.
Pero, bueno, ya está, no me voy a dilatar más.
Rosa María.
Mejor, agáchate.
[Pedro] Rosa.
- ¿Te quieres casar conmigo? - [Rita solloza]
[Rosa María] Pues claro que quiero.
¿Pero cómo no voy a querer?
[aplausos]
[diálogos ininteligibles]
[Rita llora]
[suena música navideña]
Rita, tienes que ser fuerte.
Estoy harta de ser fuerte.
Estoy cansada de...
De ver que todo el mundo es feliz, ¿y por qué yo no?
¿Por qué no puedo tener eso?
¿Eh?
Estoy cansada de mirar alrededor y ver que todo el mundo tiene alguien que le quiera.
Date tiempo.
Cuando Alberto se casó, yo creí que nunca más habría nadie.
Y mira, ahí está Carlos.
La vida te dará una segunda oportunidad.
Ya.
El problema es que ni siquiera me ha dado una primera.
[Rita llora desconsolada]
[Herminia] Toma, hija, esto es para ti.
Tú la necesitas más que nosotras.
- ¿Qué es eso? - Ropa. Está como nueva.
- ¿Cómo que ropa? - Es que íbamos a llevarla a la iglesia,
- pero resulta que hemos pensado que - [Mateo] No, un momento.
- para qué dársela a un pobre cualquiera, - Madre, escúcheme.
pudiendo dársela a ella.
- [Clara] Yo no necesito la ropa, de verdad. - No, perdóname.
- No, espera. - Dijiste que
- no tenía con quién pasar la noche. - Madre.
No escúcheme. Tía, un segundito.
- Pues hemos pensado en lo que dice el - [Mateo levanta la voz] Madre, ma...
- padre Damián. - Da igual, Clara no es pobre.
- No es pobre, ¿de acuerdo? - ¿Cómo que no es pobre?
- Lo que dije fue por la nevada, ya está. - [Herminia] Encima eso,
en la calle con el frío que hace.
Tía, por favor, cállese.
[Mateo grita] ¡Basta ya, por favor, basta ya!
¡Clara no es ninguna indigente, es mi novia!
Es la primera vez que me dices eso.
Sí, sí.
Yo...
Porque, Clara...
No...
No quiero que seamos amigos, ni compañeros de trabajo ni amantes.
Eres mi novia. Mi novia.
[Clara suspira]
Mi novia.
[ríe]
[diálogos ininteligibles]
¿Interrumpo?
No, claro que no. Ven.
[suena música swing de tema navideño]
¿Has visto?
Al final está siendo una noche feliz, a pesar de la nevada
y de que no hemos comido pavo. A pesar de todo.
Sí.
Las Navidades son así.
Hay años que pueden ser las más felices y otros...
Pueden resultar las más desdichadas, ¿verdad?
Para mí este año están siendo bastante tranquilas.
Me veo aquí
y pienso:
"Aquí es donde debo estar".
Me alegro de que se sienta así.
Gracias.
Te quiero confesar algo desde hace tiempo.
Y no he sabido cómo hacer.
Yo no me llamo Elena.
- Yo soy Isabel. - Sí, lo sé.
- Y soy... - La madre de Alberto.
Don Emilio me lo dijo.
Pero, por favor, no le culpe.
Yo le puse contra las cuerdas cuando usted enfermó y no tuvo más remedio que decírmelo.
Le aseguro que puede estar tranquila, guardaré su secreto como si fuera mío.
De verdad.
Al fin y al cabo, si alguien sabe por lo que ha pasado,
soy yo.
Yo también tuve que renunciar a un hijo.
Me quedé embarazada del hermano de don Rafael.
Esteban fue un sinvergüenza que quiso arruinarme la vida.
Negó que él fuera el padre y...
...desapareció.
[ríe]
De no ser por don Rafael,
no sé que hubiera sido de mí.
Blanca...
Te tengo que decir la verdad y eso no fue así.
Él no supo nada de tu embarazo.
Hasta muchos años después.
Pero eso no es posible.
- Sí. - No.
Él me escribió diciéndome que no quería saber nada del niño ni de mí.
Esas cartas eran falsas.
Las manipuló Rafael.
Para separaros.
Esteban no se enteró hasta años
después, hasta que salió de la familia, hasta que...
Hasta que Rafael sacó de vuestras vidas, Blanca.
Pero, y...
¿Y Esteban?
¿Dónde está ahora?
¿Qué fue de su vida?
Hace tiempo que no me escribo con él, pero no me...
No me sería difícil
buscarle.
Si quieres saber de él,
yo creo que a él le gustaría saber de ti.
[Blanca solloza]
[Emilio] ¿Preparadas para el concierto?
[Isabel] Sí.
¿Vamos?
[Blanca] Vamos.
[Blanca, Isabel y Emilio cantan] Hacia Belén va un burra, rin, rin.
Yo me remendaba, yo me remendé Yo me eché un remiendo, yo me lo quité
Cargada de chocolate
- Lleva - Y llevando el
chocolatera, rin, rin Yo me remendaba, yo me remendé
Yo me eché un remiendo, yo me lo quité
Su molinillo y su anafe
[todos al unísono] María, María
ven acá corriendo
que el chocolatillo se lo están comiendo
María, María
ven acá corriendo
que el chocolatillo se lo están comiendo
[don Rafael] Alberto, la culpa ha podido conmigo.
Tienes que saber
que tu madre sigue viva.
Sé que ahora te resultará difícil de creer.
Pero si te mentí,
fue porque creí que era lo mejor.
Sé que haciendo esto me revelo como un cobarde, pero es lo que lo soy.
Espero que algún día puedas perdonarme. Adiós, hijo.
- [Ana] También. - [mujer] Champán.
- ¿Qué te parece? - [suena música rock por el tocadiscos]
[Emilio] ¿Qué te parece, hija? ¿Has visto?
[diálogos ininteligibles]
[suena música rock suave]
Gracias.
- ¿Por cenar al lado de un pavo? - No.
Por hacerme un hueco en tu vida.
Lo más importante estas fiestas es estar junto a la gente que quieres.
Y es exactamente donde estoy
yo.
Oye, ¿quién sabe? Quizá
tú y yo somos los próximos en dar el paso.
Carlos.
Si quiero que esto avance,
que quiero,
tengo que ser sincera contigo.
Bien.
Sabes que siempre he estado muy condicionada por la anterior relación que tuve, y...
Y ya es hora de que sepas quién es.
Bueno, hablas de él como si lo conociera.
Le conoces.
Es Alberto.
Alberto Márquez.
Ana me confesó que tú y ella fuisteis novios.
¿Por qué iba a preocuparme?
- Tú ahora estás casado y ella me tiene a mí. - Me alegro, Carlos.
No más que yo.
Mateo, quiero aprender a conducir con tu coche.
- ¿Qué? - Yo, si quieres, te puedo enseñar.
¿De verdad me enseñarías a conducir?
¡Ay, Dios mío, que de esta no salgo viva!
- Pero, por Dios, cuenta. - Llamó el padre Cosme.
Y le he contado que estos no se casan.
- ¿Qué? - Y a ellos que el padre está
en las últimas. Total, que han anulado la boda.
Doña Elena, quiero encontrar a Esteban.
Si no lo intento, me voy a arrepentir toda la vida.
La presentación de los uniformes está a la vuelta de la esquina, y tenemos mucho que preparar.
Vosotros y Enrique, claro.
- Claro. - Habéis pasado unos días buenos en Baqueira.
Estaría bien que se convirtiera en la tónica.
Seré buen chico.
¿Qué siente alguien que está casado con la mujer perfecta,
enamorado de su empleada más atractiva y...
...pasando un buen rato con su socia?
Acabo de cruzarme con Bárbara.
¿No has vuelto con ella?
Pero eso no significa que no quiera seguir teniéndote cerca.
Ha llegado esto para ti.
Desde Cuba.
Quiero que los tenga Alberto.
Es la excusa perfecta para decírselo.
¿Tú no has tenido ganas de hacer lo mismo?
De dejarlo todo y marcharte conmigo.
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