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Original subtitles

Quiero que sepas que para mí ha sido un placer equivocarme a tu lado.

Me voy, pero te llevo conmigo, Blanca.

Creo que deberíamos hablar sobre lo que pasó ayer.

¿Se refiere a su historia con Maximiliano?

¿Quién ha sido?

He sido yo, doña Blanca.

¡Doña Blanca!

Está despedida.

Si doña Blanca se va, no llegaremos a las fechas.

No va a cobrar usted hasta el año que viene.

Y por supuesto olvídese de la paga extra de Navidad.

- Lo sabía. - ¿Qué?

Que hay otra.

Cree que la estás engañando.

Me lo dijo ella.

Entonces, no sabe que eres tú.

Cuente algo de lo que vio aquí anoche...

¿Aquí, anoche? Es que no sé de qué me está hablando.

Mejore su interpretación.

- Pensaba que era la única que lo sospechaba. - Que sospechabas el qué.

Pues eso, Enrique y Clara.

¿Por qué no lo sé por ti?

Pero Mateo, ¿a qué viene esto ahora?

¡Que me la estás pegando con ese fantoche, Clara! ¿Qué te crees que soy imbécil? Sí.

Que yo no soy la amante del señor Otegui, que es Patricia.

¿Has hablado con la marrana de tu novia? ¿Y? ¿Es ella?

- No, no es ella. - ¿Se lo has preguntado?

Bárbara, es una tontería, olvídalo.

¿La conozco?

Sí, seguro que la conozco. Si la conoce la tonta

- de tu novia... - Patricia.

Y quiero a Pedro, yo qué sé, de siempre.

A ti te quiero más que a nadie.

Se lo voy a decir. A partir de mañana nada ni nadie va a impedir que yo esté con Rita, primo.

¡Papá!

Manolito.

Por un instante pensé que podría hacerte olvidar un rato.

De no haber sido por ti, esta noche habría sido una tortura.

Por Airsa y por Velvet.

Que juntas tengan un viaje largo y placentero.

Y por ti, Sara. Muchas gracias por confiar en nosotros.

¡Salud!

¿Por qué no me invitas a pasar?

[suena una melodía de los 50, sintonía de la serie]

[acaba melodía de los 50, sintonía de la serie]

Por fin en casa.

Ya verás cuando le cuente a mi tío y las chicas todo lo que nos ha pasado, no se lo van a creer.

¿No me digas que Madrid no te parece mucho más pequeño ahora?

No baje esa, caballero. No me quedo aquí.

¿No vas a entrar?

No, me voy a casa. Con mi mujer.

Alberto, ¿te pasa algo? Has estado muy callado desde que salimos.

No. Estaba pensando en cómo agradecerle a Enrique la ayuda que nos ha brindado.

Seguro que se te ocurre algo.

Bueno.

Gracias por el viaje. Ha sido maravilloso.

A Marqués de Zafra, caballero.

[Cristina] ¡Felicidades!

[Alberto ríe]

No me esperaba este recibimiento.

Ven aquí.

[Cristina] El que tú te mereces, mi amor.

- Raúl. - ¡Alberto!

Las grandes hazañas solo son propias de los grandes hombres.

Enhorabuena, Alberto, lo has logrado.

Aunque algunos creyeran que fuera una pérdida de tiempo.

Bueno, menos laureles y más trabajar, que todavía hay que sacar adelante los uniformes

y nosotros la nueva colección.

He penado anunciar la colección como se merece.

¿Ah, sí? ¿Y cómo es eso?

Haremos una rueda de prensa. Quiero que se entere todo el mundo.

- [Enrique] ¿Una rueda de prensa? - [Alberto] Nos vendrá muy bien.

Será una señal de fortaleza inequívoca para la competencia.

¿Y a quién puede interesarle que dos empresas firmen un acuerdo?

Enrique, cariño, podríais salir en las noticias de negocios.

No quiero salir en las noticias de negocios, quiero salir en todas las publicaciones.

Avisaremos a los pilotos, a las azafatas de Airsa, a la gente más relevante de este país.

Vamos a hacer una fiesta de verdad.

[champán descorchándose, ríen]

¡Fiesta!

[ríen]

¿Y quién va a pagar por esa fiesta?

Pagará la empresa. Porque nos lo podemos permitir y tú lo sabes mejor que nadie.

Y además será una inversión publicitaria.

Alberto tiene razón. La subasta fue de maravilla.

Y las ventas han subido.

Es absurdo y es un gasto innecesario convocar a los medios

para algo que podríamos anunciar con una nota de prensa.

Bueno, pero Velvet es algo más

que negocios.

Es imagen.

Muy bien dicho.

Esta chica va a llegar muy lejos.

Entonces qué ¿chinchín?

Claro que sí.

Por Alberto.

Por su colección, por mi colección

Nuestra colección.

Que sí, nuestra colección.

Por la presentación a la prensa. Alberto Márquez, enhorabuena.

- Chinchín. - Muchas gracias.

[suena música de jazz, diálogos ininteligibles]

¿Se puede saber a qué estás jugando?

Ayer te enteras de que Patricia y Enrique están liados y hoy...

Y hoy no pasa absolutamente nada.

Mateo, te agradezco mucho tu preocupación, pero

no es el momento.

¿Todo bien?

Tan bien que no me lo creo.

Me voy a duchar.

[Alberto] Necesito despejarme antes de ir a las galerías.

Nueva York te ha sentado muy bien.

La idea de la rueda de prensa es magnífica.

Tienes que cruzar el charco más a menudo.

Pero la próxima vez, me llevas contigo, ¿eh?

[Alberto susurra] Claro.

Tengo que irme a trabajar, Cristina.

¿Te veo en la cena?

[Cristina] ¿Mm?

Vale.

Pero guárdate algo de ese ímpetu para luego.

Nos vendría muy bien para aumentar la familia.

¡Ay, Rita! Tenías que ver Nueva York. Es increíble.

Bueno, la verdad es que tienes la sensación de conocerlo todo.

Ah, por las películas.

Sí, pero todo muchísimo más grande.

Ya, ya, muy bonito. ¿Y qué tal con Alberto?

Muy bien. Me llevó a un montón de sitios, fuimos a cenar a un diner .

¿Qué es eso?

Un sitio donde se comen hamburguesas.

Ah, ¿y nada más?

Y perritos calientes.

Te estás haciendo la remolona.

¿Qué quieres saber?

Pues me has contado todo de pe a pa menos lo que interesa de verdad.

Carlos se presentó en Nueva York.

Bueno.

Y lo que tú quieres saber: Entre Alberto y yo no pasó nada.

Y no porque viniera Carlos. No hubiera pasado igual.

¿Puedo interrumpir la conversación?

¡Tío! No he podido traerle ningún regalo.

¿Qué regalo] Tu eres el regalo, hija. Y lo orgulloso que me siento de ti.

Gracias.

¿Y doña Elena? Tengo muchas ganas de contarle todo.

Ha pedido la mañana libre para hacer un recado, pero por la tarde volverá a estar por aquí, ¿mm?

Muy bien.

Pues voy a seguir deshaciendo la maleta.

[Ana] Luego os sigo contando.

Bienvenida. Rita

¿Sí?

Muchas gracias, don Emilio.

Buenos días.

Contigo quería yo hablar. Aquello que

me dijiste en tu habitación era broma, ¿no?

- Dame pistas, porque, lo tengo nebuloso. - Ah, ah.

Pues nada, poca cosa.

Básicamente que Pedro era el hombre de tu vida, y que estabas enamorada de él

- desde siempre. Mm. - ¿Yo dije eso?

Con otras palabras, pero, en esencia sí.

Pues tengo que vigilar la lengua cuando bebo

- porque, se me va la cabeza. - [ríen]

Si además, ya no es tu novio.

Pero lo fue.

Bueno, pero lo trataste como un trapo.

¿Y?

Pues que el pobre andaba como un perrillo por las esquinas.

Si se va a casar con la dichosa Rosa Mari.

Eso es verdad.

Pues ni "pa" ti ni "pa" nadie. "Pa" ella, todo.

Ea.

Primo, ¿qué pasó con Rosa Mari cuando me fui?

Pues, nada.

La acompañé a la pensión, llegué a la habitación, me metí en la cama, yo no sé para qué,

porque no he pegado ojo en toda la noche.

- ¿Por qué? - ¿Por qué?

Porque le he dicho a todo el mundo que me voy a casar con Rosa María, y ella no lo sabe.

Cómo se encuentre con Rita por los pasillos y se si lo diga...

Yo soy un fracaso humano, yo soy una vergüenza humana.

Si es que también es mala suerte que se presente justo ahora.

- Primo - Sí.

Vas a quedar fatal.

Muchas gracias, primo. Me estás dando muchos ánimos.

No, que tienes que hablar con Rosa Mari.

Ya, ¿y qué la digo?

Oye, mira, Rosa María

le he contado a todo el mundo que me voy a casar contigo, pero estoy enamorado de Rita.

Y me lo inventé, porque ella estaba con un hombre casado.

No, no, no. No es fácil.

Oye, pues mira...

- [Jonás silba la marcha nupcial] - ¡Que no, que no!

Que no. Como si Rosa María quisiera casarse conmigo.

Yo tengo que evitar que se encuentren y escoger el momento adecuado, pues...

[Rosa María] ¿Momento para qué?

Rosa María.

Rosa María, pues el...

Pues el gran momento. El momento para, pues para entregar estos paquetes.

¿No te había dicho que te quedases en la pensión en la hora de mi trabajo?

Sí, hijo, pero el niño todo el día ahí metido me vuelve loca.

Y se ha empeñado en venir a verte.

Papá, vamos a la calle a jugar.

Manolito, hijo mío, es que tengo muchísimo trabajo,

- de verdad. - Y yo también, así que os dejo solitos.

Mira, adiós.

Rosa María.

Mira, yo...

¡Ay!

Tú estás muy raro. ¿Qué te pasa?

Que hay muchas moscas en esta época del año. ¿Os puedo dar una sorpresa?

¿Os vais al Retiro y os coméis unas...?

¿Unas castañas?

Pero, es que yo quiero estar contigo.

Ya lo sé, hijo mío, pero...

Vamos a hacer una cosa.

Te vienes a última hora de la tarde

y dormimos tú y yo juntos como en los viejos tiempos.

Pero antes vas a ir a comprar

unas cositas, y me regalas algo.

¿Vale? Que tengo un cacao en la cabeza... Así que, vamos, venga.

Bueno, bueno.

- Pero nos vemos luego, ¿eh? - Sí.

Que no me he vuelto de Alemania para estar metida con el niño en una pensión.

No te preocupes. Luego hablamos.

Disfrutad del día, que hace un día...

[Rita] ¡Ana!

¡Ana! Uy.

Se ha "quedao" frita.

[Ana] Que no, que no estoy dormida.

Solo estoy cansada del vuelo.

Pues se te va a pasar en cuanto veas esto.

[Rita] Bueno, ¿qué?

Hija, di algo, no nos tengas así, que los nervios los llevo fatal.

¿De verdad habéis hecho eso mientras yo no estaba?

[Luisa] Sí.

Había que terminar los encargos de doña Aurorita.

¿Qué tal?

¡Pero si son fabulosos!

Hombre, con tus diseños y las manos de Rita, normal.

Algo habrás hecho tú también, ¿no?

Bueno...

Chicas, que al final nos convertimos en empresarias de postín. Os lo digo yo.

Hay que sacar más colección.

No, si yo encantada. Pero entre los uniformes y la colección de Raúl, estamos hasta arriba.

[Ana] Ya lo sé.

Pero teníais que haber visto lo que yo vi en Nueva York.

- ¿Rascacielos? - No, el futuro.

Mientras estaba allí no paraban de venirme ideas a la cabeza.

Tenéis que ver cómo va la gente allí vestida.

Pero para eso tenemos que ser algo más que un taller escondido en una habitación.

Siempre quise ser diseñadora y ahora sé que lo voy a conseguir, pero os necesito conmigo.

Y es justo donde vamos a estar.

Hombre, y después de ese discurso, como para no.

Voy a hablar con doña Aurorita.

Y voy a convencerla para que nos deje sacar nuevos modelos.

Pues vamos a tener que ampliar la plantilla.

Bueno, pues buscamos a alguien en el taller.

[Ana] ¿Y Pepita?

Pepita es Radio Nacional. En cuanto se lo propongamos, tu madre sabrá quién es Phillip Ray.

Ahora, trabaja y cose bien.

Oye, ¿que qué os parece Consuelo?

Buena modista. Más vaga que la chaqueta de un guardia.

Oye, estás de un exigente.

Pues nada, ancha es Castilla, Sagrario y no se hable más.

Sagrario no, por Dios, que es muy descuidada.

Si tienen algo que comentar

quizá podrían compartirlo con el resto.

¿Ocurre algo?

No. Le estoy dando unas indicaciones a Rita.

¿Y doña Elena?

Está ausente y la estoy sustituyendo.

Ah, pero para eso tenemos una jefa de taller que puede hacer su trabajo. Es más...

Ah, no. Pero, no hace falta, ¿eh?

- Pero yo no tengo inconveniente en compartirla. - Que no, de verdad

Doña Blanca, por favor, ¿puede venir un segundo? Eh...

Mire, doña Elena se ha ausentado y no vendrá hasta tarde.

¿Le importaría hacerse cargo de las dos colecciones

durante unas dos horas? Será poco tiempo, ¿verdad, Ana?

Claro. Será un placer trabajar con usted.

Que Dios la pille confesada.

Muy bien.

- Señoritas... - Doña Blanca.

Mire, los patrones de las faldas.

[máquinas de coser funcionando]

¿Puede asignar a dos chicas para que vayan pasando las telas, por favor?

El largo debería tener un par de centímetros más.

- Así está bien. - [Blanca ríe]

Esto no va a quedar bien.

- En cuanto se agache... - Doña Blanca, lo quiero así.

No sé qué le habrán contado, pero no voy a permitir que me hable en ese tono.

Esto no es nada personal.

Parece mentira que no me conozca después de tantos años.

Todos hemos incumplido las normas alguna vez

pero esto es trabajo, nada más.

Así que, por favor, haga lo que le pido.

Descuide.

Gracias.

Inés, acompáñeme.

[Alberto] No tenemos mucho tiempo para preparar.

Hay que avisar a Clara para que llame a todos los medios de comunicación.

[Mateo] Hecho.

[Alberto] Y concertar una cita con Sara.

- Quiero que Airsa forme parte de... - [Mateo] Hecho.

Un fiel escudero siempre se adelanta a los movimientos de su señor.

Me parece bien.

Porque quiero que me ayudes a preparar el texto de la rueda de prensa.

Que sí. ¿Necesitas un café?

¿Qué digo un café? Un carajillo. Tenemos que ponernos al día, Alberto. Vámonos al Pausa.

Has estado en el otro lado del mundo, rodeado de mujeres bellas. Quiero los todos los detalles.

Pensé que lo que querías era tu regalo.

- Tranquilo. Tiempo al tiempo, Mateo. - [coche arranca]

[suena música pop]

¿Una botella?

- Sí. - ¿Usada?

¿Este es el regalo que me traes de Nueva York?

No es cualquier botella.

Tiene restos de pintalabios.

- ¿De quién son esos labios? - No lo sé.

Adivínalo. No lo adivinarías en tu vida.

- Doris Day. - No puede ser.

[Alberto ríe]

- Te lo prometo. - Imposible.

- Se la quité de su mesa. - No.

A Ana casi le da un patatús.

Todo el mundo puede tener su autógrafo.

¿Pero quién tiene la marca de sus labios?

Considéralo tu regalo de Navidad por adelantado.

¡Muchísimas gracias!

Cómo me conoces.

[Alberto ríe]

¿Y qué tal por aquí las cosas? ¿Cómo va con Clara?

Pues como en una película de Doris Day.

Todo el día como el perro y el gato, pero aquí no se sabe si la cosa acabará bien.

Tú, ¿qué tal?

Carlos vino a Nueva York.

Eso no debería ser un problema, es su novio.

Ya lo sé, pero pasaron la noche juntos, y, me puede, Mateo.

Me puede.

Date tiempo.

Las heridas tardan en cicatrizar.

Vámonos, no podemos dejar a Enrique tanto tiempo solo.

Pero antes, un brindis.

Por derrotar a nuestros enemigos. Y por los labios de Doris Day.

Y porque una noche más vas a conseguir que duerma abrazado a una botella.

[ríe] Además, de verdad.

Adelante.

Lo siento, cielo, pero no es buen momento.

Vengo a despedirme.

Esta tarde me voy a San Sebastián con la niña y no sé cuándo volveremos.

Así, ¿de repente?

Ha llamado mi madre.

Al parecer mi padre tiene neumonía y bueno, está todo controlado

pero ya sabes que hasta que no le vea con mis propios ojos, pues no me quedaré tranquila.

- Claro, claro. - [teléfono suena de fondo]

Bueno, lo siento mucho. Dale muchos ánimos de mi parte.

Lo haré.

¿Seguro que no quieres venir?

Ya me gustaría, pero es imposible.

Dale las gracias a Alberto por tenernos así de empantanados.

Bueno entonces, te llamaré cuando llegue.

Claro. Buen viaje.

- Que vaya bien la rueda de prensa. - [teléfono suena de fondo]

[puerta se cierra]

Buenos días, me gustaría hablar con el encargado, por favor.

Soy yo.

Hola, soy Cristina Otegui. Vengo por la fiesta que Galerías Velvet va celebrar aquí mañana.

Sí, claro. ¿Qué necesita?

Va a venir muchísima gente, así que quiero la zona central diáfana.

Que nada moleste.

Y me gustaría organizar los reservados para poder charlar tranquilamente.

Que haya dos ambientes. Aquí y allí.

¿Y usted cree que podríamos preparar un cóctel especial para la fiesta?

Algo nuevo, refrescante...

Por supuesto.

Podemos utilizar los vasos con el logotipo de Airsa.

Los que utilizan en los aviones, y servirlo ahí.

Veo que la anfitriona perfecta vuelve a la carga.

Bárbara, ¿qué haces aquí?

Por desgracia, vengo a decirte que no podré acudir a tu fiesta.

Me marcho esta misma tarde.

Espero que no haya pasado nada malo con Enrique.

No, bueno, mi padre está un poco pachucho y me gustaría ir a visitarle a San Sebastián.

No te preocupes, no es nada grave.

Lo siento muchísimo, Bárbara.

Más lo siento yo, que va a ser una fiesta épica y yo no voy a estar.

Pero nos vemos a la vuelta.

Vale.

- Buen viaje, cariño, que no sea nada. - [Bárbara ríe]

- Muchas gracias. - [suena teléfono de fondo]

¿Has enviado la convocatoria de la rueda de prensa?

Sí, acabo de hablar con el último.

Qué eficiencia. ¿A qué periódicos has avisado?

Pues a ABC , Pueblo , Diario de Madrid ,

Ya , Alcázar . Y de radios, a Radio Continental, Radio Nacional

y también la Cadena SER.

De revistas a Garbo , a Hola , a Arte y Hogar , a Ilustración Femenina ,

a Marisol, a Ello y, como es una aerolínea, también a Triunfo.

Ah, y a Ama , que acaba de salir.

Solo me faltan el Almanaque de Agromán y Sissí ,

pero si quieres, también los puedo llamar.

Clara, por favor, enterremos el hacha de guerra.

¿No te molesta que siempre estemos enfadados? Estamos hechos el uno para el otro.

¿Y la fiesta?

Solo me estás pidiendo cosas de la rueda de prensa.

¿Quién está organizando la fiesta?

Cristina organiza la fiesta. Ya sabes cómo es.

Yo solo distribuyo el trabajo como un buen jefe.

¿Cuándo te vas a enterar que eres la única mujer que me interesa?

[Clara suspira]

Buenos días.

- Buenos días, doña Sara. - Mateo.

Sara, me alegro de verte. El jet lag no te afecta, estás...

El acuerdo ya está cerrado, Mateo. No tienes que regalarme el oído.

¿Don Alberto?

Sí, la está esperando.

Sara.

Pasa, por favor.

Te mereces que te haya parado los pies así, porque a ti te da igual que sea secretaria,

mujer de negocios, o hermanita de la caridad.

Te da igual ocho que ochenta, con tal de que lleven falda. Bueno, y si no la llevan, mejor.

Clara, intentaba ser educado. Nada más.

[Clara resopla]

Sí.

Lo haremos aquí en las galerías, si te parece bien.

Como quieras. A mí lo que me importa es la colección.

Todo lo demás es publicidad para Velvet.

Y también para Airsa, ¿no?

Podríamos invitar a algunos pilotos y azafatas para dar ambiente.

Que los medios sepan que ambas empresas están en sintonía.

Ya lo había pensado. Hablaré con mi secretaria y que lo organice todo.

Alberto, ¿estás incómodo conmigo?

Estás tenso.

Después de lo que pasó el otro día...

[Sara ríe]

Deja de preocuparte.

Nueva York es cosa del pasado.

Alberto, si lo que crees es que he caído rendida a tus pies,

quédate tranquilo.

No conozco el compromiso, ni me interesa.

Mi propuesta iba por otro lado.

[puerta se abre]

¿Interrumpo?

En realidad, no.

Nos vemos mañana.

Hasta mañana.

- Mateo. - Sara.

¿Y a esta qué le pasa ahora?

Ya está, no me lo digas.

Os visteis en Nueva York, una cosa llevó a la otra,

te tiró los trastos, le diste calabazas

y ahora está enfadada contigo por eso.

¿Cierto?

¿Alberto?

Alberto, si me dices que he acertado, me muero ahora mismo.

Por favor, Alberto...

- No puede ser. - [Alberto ríe]

¡Eres un genio!

Cuéntame. El pueblo necesita saber.

Mi vida es muy complicada para meter a Sara en esto. No...

No me lo puedo creer. Que te pasen a ti estas cosas, madre mía.

- Solo quiere sexo. - ¿Cómo?

Es broma.

¿Es broma o no es broma?

Es broma.

- ¿Es broma o no es broma? ¿Es broma? - [Alberto susurra] Es broma.

Alberto, ¿es broma?

¡No es broma! Alberto, no es broma.

Alberto, por favor, no. Espera, espera, espera.

Cuéntamelo, cuéntamelo. Necesitas alguien que te aconseje en estos temas.

Tú no sabes. Alberto.

Por favor, no me lo puedo creer.

[Manolito grita] ¡Tía Rita!

Pero, ¡Manolito! ¡Ay, cómo estás!

Ay, déjame que te achuche.

Pero cómo has crecido. ¿Y tú qué haces aquí que no estás en Alemania?

Hemos venido a pasar la Navidad con papá.

¿Y cómo es que Pedro no me ha dicho nada?

Porque ya sabes lo "despistao" que es este hombre.

Sí.

¿Qué tal, Rita?

Pues aquí, muy bien.

Pero, vamos, no tan bien como tú. Enhorabuena.

Muchas gracias, pero, ¿enhorabuena por qué?

Bueno, mujer, ¿por qué va a ser?

Que ya me lo ha contado Pedro. Ya sabes que ese hombre no tiene secretos.

Rosa Mari, hija, la boda.

La boda...

Ya verás, Manolito, lo guapo que vas a estar llevando las arras a tus padres.

Bueno, a mí se me hace tarde, ya os veo luego si eso.

Que me ha encantado verte.

Pichón.

Rosa María.

¿No habíamos quedado en la pensión? ¿Qué...? Oye.

Oye, te he visto hablando con Rita, ¿verdad?

Pues, sí. Y creo que "tiés" algo que contarme.

[Resopla] Sí, la verdad es que sí tengo que contarte muchas cosas. Manolito.

¿Por qué no te vas a jugar a las escaleras? Que madre y yo tenemos que hablar de una cosita.

A ver...

¿Cómo te digo yo esto? Hay veces en la vida...

Hay veces en la vida que te... La vida, la vida te arrastra.

Te arrastra como cuando te arrastra una vaquilla.

En una capea. Y te revolea "pa" arriba y "pa" abajo y

pierdes la razón, pierdes la cabeza. Tranquila, que no me ha pillado ninguna vaquilla, ¿vale?

Ya lo sé, Pedro, que no soy ninguna cateta.

Te refieres al amor, ¿verdad?

Exactamente, el amor. ¿Cómo...? Me conoces mucho, ¿eh? Rosa María.

Es muy difícil lo que te voy a decir.

¡Qué va a ser difícil, Pedro! Que sí quiero.

[Rosa María ríe]

¿Qué sí quieres qué?

Que lo sé todo, bobo. Que nos casamos.

Que me lo ha dicho Rita.

No te enfades con ella. La pobre no sabía que yo no lo sabía.

Qué ilusión, Pedro. Qué emoción.

¿Cómo no voy a querer casarme contigo?

A ver, un tema, un tema...

¡Manolito! Manolito, cielo, ven.

Que es oficial. Papá y mamá van a casarse.

Por fin vas a tener una familia.

¿Y viviremos juntos?

Pues claro que sí, corazón.

Ay, qué ilusión Pedro, por Dios. Qué ilusión.

[llaman a la puerta]

¿Sí?

- Hola. - Hola.

Bueno...

Dime.

¿Qué te han dicho los médicos?

Nada. Después de marearme toda la mañana me han dicho que todo está bajo control.

¿No te van a hacer más pruebas? Una segunda opinión siempre viene bien.

Pues no, porque si ellos dicen que estoy bien, es que estoy bien.

¿Tanto te molesta que me preocupe por ti, mm?

Bueno, me molesta que lo hagas sin necesidad.

Porque si me yo siento bien, y los análisis están bien...

¿Dime qué necesitas para quedarte más tranquilo?

Tienes razón, tienes razón. Está bien, lo siento, lo siento.

No lo sientas tanto, y acompáñame al taller, anda.

Me cambio en un momento.

Pero ¿tú crees que lo mejor que puedes hacer...?

¡Emilio!

Está bien.

No digo nada.

No... Te espero.

Señoritas, ya es la hora. Hemos terminado por hoy.

Recojan sus cosas y dejen todo ordenado.

Y no quiero ver un hilo por el suelo,

ya lo saben.

- ¡Doña Elena! - [Isabel ríe]

No sabe cuánto la he echado de menos.

Y yo.

¡Enhorabuena por Nueva York!

Bueno, enhorabuena a usted también, que nada hubiera sido posible sin su ayuda.

- Qué exagerada es. - [Isabel y Emilio ríen]

[Alberto] Buenas tardes.

Don Alberto, ¿necesita algo?

Quería saber qué tal había ido el primer día de los uniformes.

Enhorabuena por la parte que le toca.

- Hoy es el día en que me quieren poner colorada. - [todos ríen]

Gracias.

Entonces, ¿cómo vamos?

Bien, no me puedo quejar. Está todo bastante avanzado.

- ¿Podemos ver algo? - Claro.

Hay patrones que están prácticamente cerrados.

Es lo que habíamos hablado.

[Alberto] ¿Cuándo podríamos tener el primer modelo?

La semana que viene, sin falta.

Muchas gracias,

a las dos.

Gracias.

¿Se encuentra bien, doña Elena?

Sí, sí, sí. Eh...

¿No te importa que hablemos de esto mañana?

No.

- No, no, vaya a descansar. - Gracias.

Y este lo podemos entregar mañana mismo.

Genial.

Oye, Rita, nos ha dicho doña Aurorita que abramos un poco más el cuello de ese vestido.

Si abrimos más el cuello, le va a llegar el escote hasta las rodillas.

Venga, chicas, un último empujón, que la semana que viene cobramos.

Y van a ser las mejores Navidades de nuestra vida.

Rita, ¿me prestas un...?

¿Qué hacéis?

[Luisa] Nada.

Estamos cosiéndonos vestidos para nosotras, para Nochebuena.

Ya, y yo me chupo un dedo.

¿Qué está pasando aquí?

[Clara] ¿Eh?

¿Por qué tenéis todas estas etiquetas de Phillip Ray?

¿Vosotras sois Phillip Ray?

Es Ana.

[Clara] ¿En serio?

Me encanta Phillip Ray.

Bueno, somos las tres.

Clara, por favor, no vayas a decir nada.

Si se enteran, nos echan.

Bueno, es que esto me parece indignante. Ya lo que me faltaba por oír.

¡Vaya, vaya!

¿Y desde cuándo te importan a ti las normas de esta empresa?

No, si las normas me dan igual.

Lo que me fastidia es que no me hayáis dicho nada.

Pero si es que yo ya me he comprado un modelo tuyo, y doña Aurorita no me ha hecho descuento.

Vamos, que si lo llego yo a saber...

Seguro que os estáis haciendo ricas.

- Bueno... - Ya podría yo echaros una manita.

[Luisa] Pues no sé cómo, si no sabes ni enhebrar una aguja.

Bueno, hija, algo sabré hacer.

Guardar el secreto y punto.

No.

Ya sé lo que puedes hacer.

[Clara] Anda que, vigilanta.

Cuánto talento desaprovechado.

Calla y mira "pal" pasillo, a ver si nos van a pillar.

Clara, es muy importante, hoy necesitamos tres máquinas de coser como sea.

Normalmente lo hacemos la habitación, pero hoy, o lo hacemos así o no llegamos.

Bueno, pues quiero un vestido a cambio.

Uno no, seis.

Venga, calla y vigila.

[suspira]

¿Sabéis lo que me ha pasado con Mateo?

Es lo bueno de Clara, que no nos vamos a aburrir por las noches.

¿Que habéis roto otra vez?

No será por falta de ganas.

Que es que le gusta más una falda... Se le van siempre los ojos.

Y yo ya no sé si esto va en serio, si no, o si alguna vez lo fue.

- Cuando empezaste con él ya sabías cómo era. - Ya.

Si una vez le pillé mirándole el trasero a esta compañera vuestra, ¿cómo se llama? La...

- ¿Pepita? - No.

La otra, la que es vieja. La...

- ¡Clara! No llames así a Esperanza, pobre. - Esa.

- Bueno - [puerta se cierra]

- ¿Habéis oído que viene alguien? - [pasos acercándose]

Raúl.

- ¡Es Raúl! - [Clara] ¡Rápido, guardad todo!

[Luisa] Uy, uy, corre.

[Raúl tararea]

- Hola. - [Raúl grita]

- [Rita] ¿Qué tal? - [Clara] ¿Todo bien?

¿Qué hacéis aquí tan tarde?

¿Y usted?

Yo me he olvidado la cartera y venía a...

¿Y vosotras?

- Vinimos a dar un paseo. - Íbamos a dar un paseo.

- [Rita] Vinimos dando un paseo. - [Clara] Corto.

"Pa" echarle un vistazo a los diseños de Ana.

Es que es mi primer día.

Pero, vamos, es que ya nos íbamos de vuelta a las habitaciones, ¿verdad?

- Sí. - Sí.

Venimos de dentro y allí no había nada de nada.

- Nada de nada. - No, y menos carteras.

[Rita] Vamos, porque... Porque no va a estar. Si estuviera, la habríamos visto, ¿qué no?

Conclusión:

Pues se habrá quedado en otro sitio.

- Pues claro. - [Rita ríe]

Voy a comprobarlo por mí mismo, gracias.

Pues parece ser que no es totalmente cierto lo que me habéis contado.

Ay, Raúl, verás, nosotras...

Nosotras está claro que no vemos ni tres en un burro aunque lo tengamos delante, porque...

Porque la cartera está aquí.

Vamos, que es un perro y nos muerde. ¡Guau, guau!

[Rita ríe incómoda]

- Gracias. - Pues, nada,

cada uno a su casa y Dios a la de todos.

Buenas noches. Buenas noches, señor de la Riva.

Que descanse usted.

¿Vale?

Por fin.

Ay. Dios, ¿creéis que se lo ha creído?

[Ana, Clara y Rita al unísono] No.

[susurra] Qué cosa más rara.

[silbidos]

Jonás.

Veo que se ha integrado a la perfección en la dinámica de las galerías. Trabajo por el día

[voz de borracho] y Pausa por la noche.

A las duras y a las maduras, señor de la Riva.

Que descanse.

Jonás.

Creo que voy a necesitar de su ayuda.

Se trata de las chicas.

De Clara, Rita, Ana

y Luisa.

Usted dirá.

Se traen algo entre manos. No sé qué.

Pero estoy seguro que traman algo.

Necesito que lo averigüe para mí.

Usted pasa mucho tiempo con ellas.

Se fían de usted y evidentemente usted es muchísimo más valiente que Pedro.

Hombre, ahí me ha "calao".

Pero...

¿Y qué saco yo de todo esto?

Yo puedo hacer que Luisa caiga en sus brazos.

¿Y eso a mí qué más me da?

Anda, no se haga el tonto.

Si he visto que la mira como un ratoncito a un trocito de queso.

Yo, no, qué va, si es ella la que no me quita ojo.

¿Ah, sí?

Ah, bueno, pues entonces mi oferta no le interesa, en absoluto, ya buscaré a otro. Gracias.

¿Qué hay que hacer?

[Manolito] ¿Os vais a casar aquí o en el pueblo?

No sé, Manolito, no lo sé.

Mamá siempre dice que le gustaría casarse en el pueblo.

Pues nos casaremos en el pueblo. Si al final es lo que ella quiera.

Mamá es una mandona. Siempre es lo que ella quiera.

Pues sí.

Oye...

- ¿Qué? - ¿Tú estás feliz con la boda?

- Mucho. - Pues no lo estés tanto.

Que la vida da muchas vueltas.

Y al final te arrastra como en una capea.

- Si ya lo sé. - Si...

¿Cómo que tú lo sabes?

Los mayores sois un lío.

Tú querías a la tía Rita, pero ahora quieres a madre.

¿Cómo? ¿Cómo, cómo? Eh, mírame.

¿Cómo que yo quería a la tía Rita?

Papá, que soy pequeño, pero no tonto.

Tú querías a la tía Rita y ella a ti.

¿Pero cómo me va a querer a mí? Tú estás "chalao".

Que sí, que yo me di cuenta.

Pero eso era antes.

¿Tú crees?

Ay, no sé... No sé.

Venga, a dormir.

[Enrique] ¿Qué tal cariño?

¿Tu padre cómo está?

Bueno, me alegro.

¿El viaje bien?

Sí, voy a terminar un asunto y me iré para casa.

Claro que te voy a echar de menos.

Un beso muy gordo para las dos. Adiós.

¿Jugando al marido perfecto?

[ríe]

Sé jugar a muchas más cosas.

¿Ah sí?

¿Y a qué?

Bueno...

[camarero] ¿Ha terminado?

Sí.

- Sí. Muchas gracias. - [suena música de rythm and blues]

- Quédese con el cambio. - Gracias.

[sonido de gemidos y respiración agitada]

[Patricia ríe]

[Enrique] Esto no es lo que parece.

¿Eso es lo mejor que se te ocurre decir?

¿Tú te estás riendo, zorra?

[ríe] Lo siento, solo...

- ¿De qué te ríes, eh? - Eh, Bárbara

- ¿De qué te ríes? - Bárbara, ¡por favor!

¡Por favor! Por favor.

Enrique, vamos a casa.

Enrique, creo que te esperan para cenar.

Tu ríete todo lo que quieras

porque no te puedes llegar a imaginar lo retorcida

que puedo llegar a ser.

[ríe]

Te espero en el coche.

¿Desde cuándo?

¿Y desde cuándo te ha importado?

Te doy todo lo que quieres.

Casas, vestidos, joyas...

Y ahora me has quitado la poca dignidad que me quedaba, Enrique. ¡Es la hermana de tu cuñado!

No estoy enamorado de ella, si es eso lo que te preocupa.

¿Amor?

Pero si tú no sabes lo que es eso.

No pienso dejar que me humilles públicamente.

Si me he enterado yo, qué no sabrán los demás.

Enrique, quiero que la dejes.

No.

Bárbara.

¡Bárbara!

[coche arranca]

- Bárbara. - [suena música de jazz]

[diálogos ininteligibles]

Gracias por haber venido a estas horas.

Descuida. ¿Qué ha pasado?

Me dijeron que te marchabas a San Sebastián.

[Bárbara suspira]

Tenía que verlo con mis propios ojos.

¿Y ahora qué?

¿Qué piensas hacer?

No lo sé.

A ver, no es la primera vez que me lo hace.

Pero siempre había sido con fulanas del tres al cuarto.

[Bárbara ríe]

Al final va a ser verdad eso de que estamos

destinados a repetir la historia de nuestras vidas, ¿mm?

Cuando era pequeña,

mi padre faltaba muchas noches y yo veía a mi madre llorar

y llorar y llorar.

Y pensaba: "Eso a mí

no me va a pasar nunca".

Nunca, nunca. Nunca.

[Bárbara ríe]

Y, ahora, mírame.

Bárbara.

Mateo.

Eres una mujer fuerte. Esto no va a acabar contigo.

- Clarita. - Luis.

Una botella de sidra para llevar.

Que el trabajo duro con una copa se lleva mejor.

Bueno, o con las que hagan falta.

No, si, al final va a resultar que...

Que además de un golfo

eres buena persona.

No como el cabrón de mi marido.

Pero eso es algo que ya sabía.

Bárbara, no.

[ríe] No, ¿qué?

No, no, no.

Pero, bueno.

- No creo que esta sea la solución. - No.

Mateo, siempre has sido mi espinita clavada.

Eso no es nada nuevo.

Bárbara.

Tienes razón.

Venga.

Te llevo a casa.

Vamos.

[solloza]

[Rita] ¿Qué pasa?

¿Qué ha "pasao"?

[Ana] ¿Qué pasa?

[grillos cantando]

¿Cómo andas de fuerzas?

¿Podemos dejarlo para mañana?

- Estoy agotado. - [Cristina chista]

Todo el día imparable, ¿y ahora, justo, estás agotado?

No.

Te he echado mucho de menos.

Será mejor que te pongas encima.

Bárbara dice que es lo mejor para quedarse encinta.

[pájaros cantando]

Bárbara.

Bárbara, cariño, tranquilízate.

Todo se va a arreglar, de verdad, te lo prometo.

[Patricia] Buenos días.

Escucha, ahora no puedo hablar.

Tú intenta descansar un poco.

Sí.

Ahora te llamo.

Un beso.

¿Cómo has podido hacer algo así?

Veo que las noticias vuelan.

Cristina, yo no estoy casada, ni comprometida. Puedo hacer lo que me dé la gana.

Enrique no puede decir lo mismo.

Eso no te da derecho a meterte en medio de una familia.

El matrimonio es sagrado, Patricia.

Eres más ingenua de lo que pensaba.

Y tú eres muy lista, ¿no? Tienes respuestas para todo.

Pues, contéstame a esto, ¿qué crees que va a pasar a partir de ahora?

¿En qué posición nos dejas a todos? ¿En qué posición quedas tú?

Te da igual, ¿No? ¿No tienes escrúpulos?

- Pues tu error... - ¿Mi error?

Que yo sepa, éramos dos.

Además, fue Enrique quien me buscó.

Y tú te has abierto de piernas con el marido de otra.

Y eso, Patricia, solo lo hacen las golfas.

¿Perdona?

Ya me has oído.

No tienes vergüenza.

Ni decencia ninguna. Y que te quede bien claro, si fuera por mí, no pasarías

ni un día más bajo este techo.

¿Es que ya no quieres a tu mujer?

No sé de qué me estás hablando.

De que tienes una familia y estás dispuesto a tirarla por la borda por un capricho.

No se trata de eso.

Entiendo que los hombres sois así, pero, Enrique, si todavía la quieres...

Deja el amor para los cuentos y para las princesas.

El matrimonio es por encima de todo un acuerdo.

Y Bárbara siempre ha estado conforme, hasta ahora.

¿Eso es lo que le vas a decir a tu hija cuando crezca?

¿Cuando se vaya a casar con alguien que le haga lo mismo que tú?

Enrique,

Bárbara te quiere.

No hundas a esta familia por un revolcón.

Ocúpate de tus asuntos, que bastante tienes ya.

Hasta ahora te he defendido con todos.

Con Alberto, con tu mujer... Pero ya no puedo más.

Desde que has llegado no has parado de dar problemas.

Está claro que soy la única que se preocupa por esta familia. Y si tú no vas a hacer algo

por salvar tu matrimonio, lo haré yo.

[puerta se cierra]

¿Cómo está?

Un alma en pena tiene más vida. No para de llorar. Te juro que nunca había visto así a mi hermana.

Si veo a Mateo, te juro...

¡Calla, calla, calla, eh!

Que ni imaginas los esfuerzos que estoy haciendo para no ir y cantarle las cuarenta.

Por eso, necesito que seas tú la que le ponga una excusa a Mateo de que Clara no irá a trabajar hoy.

¿Hoy? Pero si es la rueda de prensa, Rita, la van a matar.

Ya, ya lo sé, pero es que no nos queda otra, porque dice que no quiere verle ni hablar con él.

Y que como le digamos algo a Mateo, nos mata ella a nosotras.

Pues a ver qué me invento yo ahora.

Lo siento.

[suena música ambiental]

¿Bancos? A ver si Clara va a estar forrada y no lo sé.

Pues tenía que ir a dos o tres, que a mandó Alberto.

Entonces estará aquí a media mañana, ¿no?

No, porque luego tenía que recoger a un familiar suyo en Atocha.

¿En Atocha? No me dijo nada.

Bueno, tampoco tiene por qué decírtelo. Me dijo que te avisara. Que iba a estar todo el día fuera.

Esto es increíble. El día con más trabajo, y Clara de recados por ahí.

No pasa nada, ¿no? Por un día. También la puedes cubrir tú, que para algo es tu novia.

¿Se puede saber qué mosca te ha picado?

A mí ninguna, ¿y a ti?

Ana.

El deber me llama.

Ya está todo preparado.

¿Has ensayado ya el discurso? Hoy es tu gran día.

¿Con 50 veces es suficiente?

Sí.

Alberto.

Buenos días.

¿Nerviosa por la presentación?

Bueno, hoy no tengo mucho que hacer, la verdad.

Los uniformes aún no se van a presentar.

Bueno, no sabía que estabais...

Enhorabuena.

Dámelas solo a mí, que soy el auténtico afortunado.

¿Querías algo, Enrique?

Sí, he pensado que estaría bien que Carlos se sumara a la rueda de prensa.

Al fin y al cabo, sin él, nada de esto habría pasado.

No hace falta. Ya tenemos a Sara en representación de Airsa.

- Y él puede acompañarla. - [levanta la voz] ¡He dicho

que no hace falta!

La rueda de prensa la he organizado yo, y lo haremos a mi manera. Disculpa, Carlos,

no es nada personal.

[Enrique ríe]

Deben de ser los nervios.

Nos vemos esta tarde.

- ¿Hay algún problema? - No, no te preocupes.

Él y Enrique están siempre así.

Carolos, tengo que ir a hacer unas cosas.

Muchísimas gracias por venir. Me hace mucha ilusión que estés aquí esta tarde.

No me lo perdería por nada del mundo.

Luego te veo.

[timbre del ascensor]

Después de la rueda de prensa habrá una fiesta en el Pausa.

Irán azafatas y pilotos. Si quieres, puedes ir con Carlos.

Qué bien. ¿Ahí puede ir?

Sabes perfectamente que Carlos no pinta nada en esa rueda de prensa.

Carlos es el primero que no quiere ir.

Pero hay maneras y maneras de decir las cosas, y, desde luego, la que tú elegiste no fue la mejor.

¿Y qué tenía que hacer? ¿Ponerme de rodillas y pedirle perdón por decir lo que pienso?

Me bastaría con no te hubieras comportado como un idiota.

Si me necesitas, estaré en el taller.

[suspira]

- Muy bonito. Enhorabuena. - [máquinas de coser funcionando]

Aquí tiene las telas con los marcados de patrones.

Gracias.

Doña Blanca.

Si no recuerdo mal, le pedí la falda más corta.

Sí, lo sé, pero estoy segura de que así quedará mucho mejor.

Lo otro sería demasiado vulgar.

Ya, pero es que esto no es lo que yo le pedí.

Ana, llevo toda la vida trabajando en esto

y he tenido que lidiar con muchos diseñadores.

Hay cosas que sobre papel quedan muy bien

pero que sobre la tela se convierten en un desastre.

Compruébelo.

[inaudible] No.

¡No!

[máquinas de coser se detienen]

No.

Entiendo que para usted es extraño, porque para mí también lo es

pero ahora es usted la que debe acatar órdenes.

Respeto mucho sus años de experiencia.

Pero las cosas ahora se van a hacer a mi manera.

Y si me equivoco es mi equivocación.

Yo solo quería ayudar.

Lo siento.

No voy a entrar en un guerra con usted por cada detalle.

Quiero esto exactamente como se lo pedí, y lo quiero ya.

Buenos días.

Buenos días, doña Elena.

¿Cómo está?

Bien, con muchas ganas de empezar, la verdad.

Me alegro, porque no nos sobran manos.

¿Puede acompañar a doña Elena e indicarle en qué hemos estado trabajando ayer, por favor?

- Por supuesto. - [Ana] Gracias.

Venga conmigo.

Ahora, sí

eres una diseñadora de verdad.

Y después de esto

ya estás preparada para cualquier cosa.

[Jonás] Señor de la Riva...

Chicas, chicas.

Chicas, la señora Antuña ha venido a recoger el vestido que dejó para arreglar.

Decidme, por Dios, que está listo, que ya sabéis el genio que gasta esa mujer

- Pues no está listo. - ¿Cómo que no?

- Que sí, hombre. - Ah.

Luisa.

Qué bien te sienta esa bata.

¡Ay, por Dios!

- Venga, anda. - Muchas gracias, Margarita.

Un momento, un momento, un momento.

¿Sabes algo de lo nuestro?

Pues, no, todavía no.

Sé que se traen algo porque hace un rato estaban las tres en la habitación de Ana. Pero

- estoy hasta arriba de trabajo, señor de la Riva. - ¡Qué valor! Si te escaqueas todo el día.

Que no hago más que verte escaquearte todo el tiempo.

¿No crees que el momento ahora?

- ¿De escaquearme? - De ir al cuarto de Ana.

- No. - Sí.

- No, no. No. - Sí.

- Sí. - Bueno.

Van a estar un rato aquí trabajando.

Seguramente en un par de horas no pasen por el cuarto. Trae.

Ya le doy yo del vestido a la señora Antuña.

Que le va a hacer mucha ilusión verme.

¡Venga, vete ya!

[Rita] Espera, Pepita, que se me ha olvidado en el cuarto, y si no, no lo puedo hacer.

[puerta se cierra]

Ya hemos colocado los patrones en las telas y hemos empezado a cortar.

- Perfecto. - [máquinas de coser funcionando]

Tengo la sensación

de que mi ausencia no se ha notado en absoluto.

Y es porque eres una magnífica jefa de taller.

Bueno, supongo que el mérito es de la experiencia.

Son muchos años ya.

¿Se encuentra bien?

Sí.

- Lo siento. - Vamos, vamos a su habitación.

Ana, avise ahora mismo a su tío, por favor.

Claro.

[puerta se abre]

¿Qué ha pasado?

- [Blanca] Se ha mareado. - No, estoy bien, Emilio.

Tengo un poquito de anemia, nada más.

Entonces, será mejor que coja fuerzas y descanse, ¿verdad?

[Ana] No quiero verla trabajando, ¿eh?

¿Quieren dejarnos solos, por favor?

[Blanca] Sí, claro.

Volvamos al trabajo, Ana.

Esto no es una anemia, ¿no, Isabel?

Emilio, por favor,

vamos a dejarlo estar.

No.

No pienso seguir como si no estuviese pasando nada.

Y tú tampoco deberías hacerlo.

¿Qué te han dicho los médicos?

Que no estoy mejorando.

No sé cuánto tiempo me queda.

Isabel,

tal vez nos equivocamos.

Es posible que...

Que Alberto merezca saber la verdad.

[solloza] No, no.

No puedo hacer eso a mi hijo.

No quiero que pierda a su madre por segunda vez.

¿Y crees que es mejor impedir que la conozca?

¿Vas a ser capaz?

Yo creo, que es más lo que puede ganar.

Lo que podéis ganar los dos.

Creo.

Pero, no lo sé.

Lo tengo que pensar.

Solo puedo prometerte eso.

Vale.

Gracias.

Descansa.

Volveré a verte más tarde.

Sí.

- [susurra] Descansa. - Mm.

[puerta se abre]

¿Cómo está?

Bien. Está, está más tranquila.

Pues yo no.

Esa mujer no tiene anemia, don Emilio.

Sea lo que sea, es más grave que eso.

No creo que pueda seguir trabajando.

Pues va a seguir haciéndolo, me temo.

Pero ¿por qué?

Si necesita dinero, seguro que hay alguna manera de ayudarla, pero es evidente...

Le agradezco su preocupación, pero va a seguir al frente de la colección Airsa.

Doña Elena no puede estar al frente del taller.

Don Alberto necesita a alguien que esté al pie del cañón.

Deberíamos decirle lo que

- ocurre. - No, y no insista.

Pero, pero ¿por qué?

¿Qué puede haber tan importante como para poner en riesgo su salud?

- Doña Blanca... - No,

pienso moverme de aquí hasta que no me dé una respuesta.

Doña Elena es la madre de don Alberto.

[suena música de swing, sonido de flashes]

[diálogos ininteligibles]

Una foto.

Se ha buscado el mejor sitio, ¿eh?

¿Está bien?

Sí.

Estaba pensando que todo esto es posible gracias a ti.

Hace unos meses era solo un sueño y ahora...

Lo has conseguido, ¿mm?

Has pasado página.

De Alberto,

de todo.

De todo.

Has aprovechado tu oportunidad.

¿Estás contenta?

- Mucho. - Me alegro, hija.

Hay ocasiones en que desaprovechar una oportunidad...

...es como desaprovechar la vida.

¿Cómo está doña Elena?

Doña Blanca me dijo que aún sigue indispuesta.

Mira, Carlos.

Ve con él.

Y celébralo como mereces, ¿mm?

[Mateo] Ana, Ana.

¿Y Clara?

Aún no ha llegado.

[Carlos] ¿Qué?

- ¿Estás nerviosa? - No.

[Cristina] Alejandro, cuánto tiempo. ¿Cómo estás?

Ansioso por saber qué nos tenéis preparado, la verdad.

Si te adelanto algo, mi marido me mata.

Caballero.

Alejandro Soto, del Ya .

- Alberto Márquez, mi marido. - Un placer.

Encantado. Si me disculpan.

Sí.

- Hola, Sara. - Hola.

¿Nos conocemos?

Creo que no. Sara Ortega.

¿Usted es la señorita Ortega?

Yo soy Cristina Márquez.

Alberto me ha hablado mucho de usted.

Pues no se crea ni la mitad de lo que dice.

A mí me pareció muy sincero, la verdad.

Tenéis mucha capacidad de convocatoria, eso es innegable.

Dele la enhorabuena a mi mujer.

En el fondo vienen todos a verla a ella.

[Mateo] Alberto.

Mateo, ¿cómo estás?

No tan bien como tú, Sara.

Creo que deberíamos empezar, ya está todo el mundo.

Sí, muy bien.

Sara, ¿me acompañas?

[Cristina] Encantada.

No me habías dicho que era tan guapa.

Son solo negocios. No me fijo en esas cosas.

Tu padre.

A por ellos.

Papá.

Qué bien que hayas podido venir.

Me he hecho un hueco en el trabajo.

El éxito de las galerías bien merece este esfuerzo.

No veo a Bárbara. ¿No ha venido?

¿Ocurre algo?

Tenemos que hablar.

De Enrique.

[aplausos]

[Alberto por altavoces] Buenas noches a todos.

Muchas gracias por venir.

Bienvenidos a Velvet.

Si les hemos citado en una noche tan especial,

es porque queríamos hacerles partícipes de una excelente noticia.

El acuerdo entre nuestra firma

y las aerolíneas Airsa para la confección de sus nuevos uniformes.

Por favor, preguntas.

Antonio García, ABC .

¿Se van a dedicar a la confección de ropa para empresas?

No.

Como sabe Airsa no es una empresa cualquiera.

Es una aerolínea que se caracteriza por la excelencia en todas sus facetas.

Igual que nosotros en el mundo de la moda.

Francisco Contreras, diario Pueblo .

¿De dónde surge la idea de la colaboración entre las dos empresas?

Sara, por favor.

[Sara por altavoces] Buenas noches.

Cuando decidimos hacer frente al cambio de identidad visual de las aerolíneas

sabíamos que no queríamos solo uniformes de trabajo.

Queríamos transmitir la calidad de nuestra empresa.

Queríamos dar al usuario una imagen que no olvidara fácilmente.

Y por eso recurrimos a los mejores.

[Alberto por altavoces] Y francamente no se me ocurre un lugar mejor para mostrar la alta costura

que un avión.

[risas]

[enrique por altavoces] El acuerdo con Airsa es muy importante.

Y mi equipo y yo trabajamos muy duro para conseguirlo.

Estamos muy satisfechos con los resultados

que van a tener la oportunidad de contemplar dentro de muy poco, pero

estaremos más satisfechos aún cuando la señorita Ortega

haya estampado su firma en el documento.

Sara.

Claro que todos saben que un acuerdo no es tal sin un buen apretón de manos.

Así que, por favor.

[aplausos]

[Alberto] ¿Tú quién te has creído que eres, eh?

¿Cómo te atreves a monopolizar la rueda de prensa así?

¿Y cuál es el problema?

¿Que no has brillado lo suficiente? ¿Tanto interés tienes en figurar?

Adelante, hazlo. A ver cómo se lo explicas a tus invitados, imbécil.

[Alberto] Deme la cámara.

¿Qué hace? La cámara es mía. No se la voy a dar.

No va a salir de aquí con esa cámara.

Alberto, ¿qué haces?

¿Qué está pasando aquí?

Gracias, Ernesto.

Dale recuerdos a Marisa.

La próxima semana os llamo y os venís a cenar a casa.

Gracias.

Ya está.

Esa foto jamás verá la luz.

La cuestión es que ahora debo un par de favores.

Y cuando llegue el momento no podré decir que no.

Gracias, Gerardo.

No me las des aún.

Se acabaron las peleas y las discusiones, en público y en privado.

¿Está claro?

O aprendéis a comportaros como dos adultos,

o tendré que tomar medidas.

No hay que sacar las cosas de quicio, ha sido un calentón.

[Gerardo] Hablo muy en serio. Se acabaron las peleas.

Vais a aprender a comportaros como una familia a la fuerza.

Estas Navidades las pasaremos todos juntos en la casa de Baqueira.

Como la familia bien avenida que deberíamos ser.

¿Estamos?

Por mucho que se empeñe, hay cosas que no pueden forzarse.

Tú te quedas.

Lo tuyo con Patricia se acabó.

¿Quién le ha dicho eso?

Cristina.

No me lo puedo creer.

Lo que yo no me puedo creer

es que hayas sido tan estúpido como para que te pillen.

Y con la hermana de tu cuñado.

Viniste a Velvet para quitarme trabajo, no para darme más.

Con el debido respeto, padre,

Mi matrimonio es un asunto personal. No es asunto...

¡Eres un Otegui!

Si esto llega a oídos de la gente, ¿en qué lugar nos deja?

Lo he hecho todo por esta familia.

Patricia es trabajo.

Estando a su lado, controlo sus acciones.

Quizá era lo pretendías, pero esa niñata hace contigo lo que quiere.

Eso no es cierto.

Demuéstramelo.

Déjala y recupera a tu mujer.

¿Cómo ha ido?

Tu padre quiere que pasemos las Navidades con él.

Y con Enrique y Bárbara. La familia feliz.

¿Tan mal te parece?

Ha sido idea mía.

Estamos hasta arriba de trabajo, Cristina, no podemos salir así como así.

Enrique necesita pasar más tiempo con Bárbara, sobre todo ahora.

Bárbara ha descubierto que Enrique le es infiel.

Con tu hermana.

¿Patricia?

[susurra] No me lo puedo creer.

¿Cómo te has enterado?

Bárbara me llamó. Imagínate qué cara se me ha quedado.

¿Es que este desgraciado no tiene dos dedos de frente o qué?

Perdona, pero le no es el único culpable de lo que está pasando.

Tu hermana se ha portado como una cualquiera y casi rompe un matrimonio con un bebé.

Como si le hubiera importado el matrimonio antes de esto. Parece que no lo conoces.

Perfectamente.

Y no creo que haya tenido que ponerle una pistola en la cabeza Patricia para hacer nada.

Mi hermana es una inconsciente, no te digo que no.

Lo que todavía no puedo entender es cómo sigues defendiendo a tu hermano después de todo.

Es ella la que se ha metido en medio de una familia.

Es ella la que no ha sabido mantener la decencia.

- Se ha comportado como una... - ¡No te consiento que sigas hablando así de ella!

Es la única familia que tengo.

¿Tu familia?

Ojalá pusieras el mismo interés en crear la tuya propia

que en defender a esa desvergonzada.

¿Qué haces, Cristina? Tenemos que volver a la fiesta.

[Cristina] Discúlpate en mi nombre.

[Pedro] Manolito, pórtate bien, ¿vale? Dame un beso.

Ven aquí, primo.

Que coma solo lo de la bolsa, que luego se pone como una bola, ¿vale? Que se acueste pronto.

Que no duerma en calzoncillos, que te va a decir que quiere dormir así, que duerma en pijama.

Y que no beba mucha agua, que luego se te mea encima, y mea, cómo mea el niño.

O sea, que coma lo que quiera, que duerma en calzoncillos y que mee por toda la habitación, ¿no?

Bah, es una broma, primo, que estará a cuerpo de rey.

Muchas gracias por cuidar de él, ¿eh?

De nada, hombre. Que uno no se va todos los días

- a cenar con su futura esposa. - [Pedro ríe incómodo]

Oye, primo, ¿tú estás seguro de esto?

Segurísimo.

Si Rosa María quiere, Manolito quiere y yo... Yo quiero.

Quieres, quieres, claro que quieres. Pues no lo parece, que pareces un becerro camino

- del matadero. - No hurgues en la herida, que me ha costado.

- Sonríe, primo, que viene. Dile que está guapa. - ¿Qué viene?

- Directamente. Estás muy guapa. - [Jonás susurra] Ahí está.

Ay, muchas gracias.

- Pues, ya estoy lista. - Bueno.

Gracias por dejarme usar el baño.

Nada. Gracias al primo. ¿Nos vamos? Que al final, nos entretenemos.

- Sí. - [Jonás] Venga.

Disfrutad, pareja. Hasta luego.

Tío Jonás, ¿vamos a jugar al balón?

No. Vamos a jugar a una cosa mucho más divertida, ven aquí.

Coser es cosa de chicas.

No, quejarse es de chicas.

Qué rollo.

Mira, guapo, hoy me he cargado este vestido, y como se enteren

se me cae el pelo, así que, te va a tocar esperar.

¿No quieres cenar un poco, que ya es hora?

Si ya he cenado.

- ¿Ya te lo has comido todo? - Sí.

Madre mía. Si va a ser verdad que el crío es una lima. Anda, juega un poco por ahí.

¡Cataratas!

¡Manolito!

Manolito, deja eso, que me buscas la ruina.

Pero ¿qué está pasando aquí?

Luisa.

Pues nada...

El niño, que se lo estoy cuidando a Pedro y Rosa Mari, y se me ha escapado del cuarto

- y ha venido hasta aquí. - Mentira. El tío Jonás ha venido aquí a coser.

[Luisa] ¿Cómo a coser?

Pero si este vestido es nuestro.

Me vas a decir ahora mismo lo que pasa aquí o llamo a don Emilio y se lo cuentas a él.

No, no no. Está bien, está bien, está bien.

El señor de la Riva creía que estabais haciendo algo raro y me pidió que investigara.

No me lo puedo creer. ¿Has estado espiándonos? Pero ¿tú quién te crees que eres?

Que no, que no me dio tiempo. Me colé en el dormitorio de Ana, y sin querer rompí este vestido.

Pero esto es el colmo. ¿Nos espías y nos rompes la ropa?

Pero ya está "arreglao".

¿Pero y tú desde cuándo sabes coser?

Mujer, hay muchas cosas de mí que no sabes.

Me crié con mi madre y mis tres hermanas.

No se lo vas a decir a don Emilio, ¿verdad?

No. Se me ocurre una cosa mejor.

¿Tú conoces a Phillip Ray?

No.

[llaman a la puerta]

¿Pero qué invento es este?

Estoy tirando a la basura todas las cosas de Mateo.

- ¿Un trofeo de pesca? - No.

Esto es de Pedro.

Esto y las cartas de amor que me escribía en el pueblo.

Y su gorra del servicio militar.

Por Dios, te llevas todo esto al Rastro y te forras, ¿eh?

Sí hija, sí, tengo de todo.

¿Y de Mateo qué tengo? Nada.

No tengo nada.

No tengo ni la cuenta de nuestra primera cita.

[solloza]

Nada. Ni un recuerdo, ni un regalo. Nada.

Y eso es la prueba de que nuestra relación no significaba nada.

Es que no sé cómo he estado tan ciega y no he visto que nuestra relación

no tenía ningún futuro.

Bueno, no tienes cachivaches de Mateo. ¿Y eso qué más da, Clara?

Si lo que sientes por él es mil veces más fuerte que lo que hayas sentido por ningún novio antes.

Solo hay que ver la que has montado.

Llevas todo el día en camisón y sin maquillarte. Eso no pasaba desde...

Eso no ha "pasao" nunca.

¿Y qué se hace, Rita?

¿Cómo se olvida?

Si yo lo supiera...

[suena música de swing, diálogos ininteligibles]

¡Madre mía! Ahora sé lo que siente un eunuco.

¿Has echado un vistazo? Esto es el paraíso y yo solo pensando en una.

Hola. ¿Qué tal?

¿Nos pones dos más, por favor?

¿Qué tal con Cristina?

Se ha marchado a casa, no tenía ganas de fiesta.

A ti se te nota emocionadísimo, ¿eh?

No soy la mejor compañía para esta fiesta, ¿no?

¿Dónde está Clara?

Tú sabrás.

Ha estado todo el día fuera con el asunto de los bancos que le pediste.

Yo no le he pedido que fuera a ningún banco.

Ana me dijo que tú le ordenaste un no sé qué de los bancos.

¿Yo?

Entonces, ¿tú no...?

Yo no.

Alberto,

aquí está pasando algo y no me gusta nada.

Me voy.

Con permiso.

- ¿Me invitas a una copa? - [tintineo de hielos]

Un bourbon.

Don Mateo, no puede estar aquí a estas horas.

Estoy buscando a Clara.

Pues no está, porque se ha ido a hacer recados.

Rita, basta ya de excusitas, por favor.

Entre Ana y tú me estáis volviendo loco. ¿Qué pasa?

Esta es por Clara.

Y, a lo mejor, porque ya tengo tensión acumulada por mis cosas.

- Ya sabe. - No, no lo sé.

- ¿Ah, no? ¿No lo sabe? - No, no lo sé.

¿No sabe lo que pasó ayer noche? Porque mi hermana sí que lo sabe.

Pero ¿el qué, por Dios?

Usted y la "devorahombres". ¿O va a decirme que no se vieron en el Pausa, eh?

- ¿Clara nos...? - Sí.

Pero si...

¡Sinvergüenza!

Clara, Clara, soy yo.

[Mateo] Abre.

Abre, por favor.

[llama a la puerta]

¿Podemos hablar esto como adultos?

Clara.

[baja la voz] Entre Bárbara y yo no ha pasado nada.

[Mateo] De verdad, nada .

Ábreme. Ábreme, por favor. Déjame que te explique.

Clara.

Clara.

No me hagas esto, por favor. Abre.

[llama a la puerta]

Clara.

[suspira]

[risas]

- ¿Aburrido de tanto chiste de pilotos? - [suena música de jazz]

Cansado, solamente.

[Ana] Hola.

Un segundo.

[tintineo de hielos]

Buenas noches.

Habéis montado una buena, ¿eh?

Carlos, quería disculparme por lo de antes.

Estaba nervioso por la rueda de prensa y

la he pagado con quien no debía.

Ni te preocupes. Es normal.

Si aceptas un consejo, relájate con Enrique.

La vida es demasiado corta como para pasarla peleándote con jefes complicados.

Tienes razón.

Y mucha sed.

¿Queréis tomar algo?

¿Un San Francisco?

- Perfecto, gracias. - ¿Alberto?

Estoy bien.

Gracias por disculparte, Alberto.

Muy comprensivo tu novio.

Supongo que conmigo era mucho más difícil. Con este carácter que tengo.

No es el momento.

¿El momento de qué?

¿De decirte que me muero de celos cada vez que te veo con él?

Alberto, por favor.

Sigo enamorado de ti, Ana.

Nunca he dejado de estarlo.

No sigas.

[susurra] Te quiero.

Te quiero igual que el primer día.

Si supieras cuánto he deseado volver a oír eso.

Pero ha pasado demasiado tiempo.

Y demasiadas cosas. Estás casado.

[susurra] Vámonos de aquí, por favor.

Olvídate de todo.

Vámonos.

[Carlos] Ana.

- Y aquí tenemos el San Francisco. - Gracias.

¿Te puedo presentar a unos amigos?

- Claro. - [Carlos ríe]

[golpes secos]

Es de mala educación que el anfitrión sea el primero en irse de la fiesta.

Lo sabes, ¿verdad?

¿Me llevas?

[respiraciones agitadas]

[jadean]

¡Padre, nieve!

¡Enciende, primo!

Estas noche es Nochebuena.

¡Manolito! ¡Pero bueno!

Rosa Mari, Pedro, no os había visto.

Pedro me va a pedir la mano en Nochebuena. Cenando con la familia.

¿Cómo es posible que a día de hoy todavía no haya descubierto lo que traman esas chicas?

¡Hala!

Por los milagros.

- Por un milagro en Navidad. - Que falta nos hace.

¡Olé!

- ¿Qué pasa? - No sé. ¿Han dicho algo más?

¡Silencio, por favor!

Todas las líneas de trenes y autobuses han sido cortadas más allá de la capital.

Rita, ¿tú volverías atrás?

Pero eso es imposible, Pedro, porque tú ahora estás con Rosa Mari.

¿Y si no estuviera?

Yo también tuve que renunciar a un hijo.

Me quedé embarazada del hermano de don Rafael.

Negó que él fuera el padre y desapareció.

Pero esa historia no es así.

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