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Señora Ortega,
no quería que se fuera sin antes enseñarle algo.
- ¿Estos bocetos son suyos? - Sí.
Es un trabajo estupendo.
Hablaré con mi padre en cuanto llegue a Barcelona.
Le diré que tenemos un trato.
El señor Ortega me acaba de llamar.
Los americanos les han hecho
una propuesta muy buena y en unos días les mandarán sus bocetos.
Entonces viajaremos a Nueva York.
Si quieres ir a Nueva York, consigue el dinero por tus medios.
Vamos a empeñar las joyas,
las de mi padre. Modelos clásicos
de colecciones anteriores. La subasta va a salir muy bien.
Va a ser un éxito y tú vas a venir a Nueva York
porque tú tienes que presentar esos modelos.
Mañana. Tú, yo y una habitación en el Cibeles.
Vas a dormir
con él.
Y si lo fuera a hacer, ¿hay algún problema?
No.
Papá, papá,
mamá quiere que vayas a casa.
¿Cuántas veces te he dicho que no quiero verte por aquí?
¿Tú sabes que se pilla antes a un mentiroso que a un cojo?
¿Me puedes explicar qué es esto?
Que estás casado y tienes cuatro hijos.
¡Cuatro!
¡Desde que te conozco no has hecho más que mentirme!
¡Pedazo de sinvergüenza!
Don Emilio.
Mi primo, el del pueblo, que viene a cubrir la vacante de vendedor.
Bien. Estará a prueba una semana.
Lo sabía.
- ¿Qué? - Que hay otra.
Cree que la estás engañando.
Me lo dijo ella.
Entonces no sabe que eres tú.
Me gustaría que entendieras
que nos lo pasamos muy bien juntos. Pero...
- Nada más. - Antes de que nos hagamos daño, mejor dejarlo.
¿Cuál es el problema?
¿Estas galerías son el problema?
No. Las galerías son mi vida.
Tú eres
el problema, Max.
No me vuelvas a tocar nunca.
Me has hundido.
¿Qué pasaría
si sus empleadas se enterasen de que la persona
que les impone
un código de comportamiento
es incapaz de cumplirlo?
[suena una melodía de los 50, sintonía de la serie]
[acaba melodía de los 50, sintonía de la serie]
[Isabel] Blanca.
[Blanca] ¿Qué hace usted aquí a estas horas?
¿Y tú dónde vas con esta maleta?
Eso no es de su incumbencia.
¿Por qué eres tan desagradable conmigo con esa actitud casi insolente?
Ya está.
Esta carta es para ti. Me la dio Maximiliano.
Déjeme pasar, por favor.
Me la dio antes de irse,
en mano.
Es tuya.
[Max] Blanca:
Tenías razón.
Como siempre.
Quiero que sepas que, aunque para ti
todo esto haya sido un error,
para mí ha sido un placer equivocarme a tu lado.
No me arrepiento de nada.
Todo lo que te he dicho ha sido verdad.
Todo lo he sentido en cada momento.
Y lo sigo haciendo.
Nada de eso ha cambiado,
pero sé lo mucho que significan para ti estas galerías.
No podría perdonarme,
si por mi culpa lo perdieras todo.
- Por eso sé que tengo que marcharme. - [Blanca solloza]
Me voy.
Pero te llevo conmigo, Blanca.
Hasta siempre.
Max.
Gracias.
No te vayas.
Hazme caso.
No, no es tan fácil.
Don Emilio.
Don Emilio, ya hablo yo
con don Emilio.
Los errores son...
...solo eso,
errores.
[Blanca suspira]
[Isabel] Maximiliano
se ha marchado de las galerías para siempre.
[Emilio] Mm.
No puedo negar que se le va a echar de menos. Pero,
si no se hubiese ido él...
Bueno.
Ese mal trago que te ha ahorrado, ¿no?
Sí.
Tampoco parecía mal chico.
Ha dejado una carta a Blanca
diciendo que se acabó. Así que todo vuelve a la normalidad.
No, todo no, Isabel.
Yo no puedo permitir que nadie ponga
en riesgo la disciplina en estas galerías.
¿Qué pasaría si se supiese todo esto, mm?
¿Vas a tirar por la borda una amistad de
veinticinco años
por un error?
Porque yo podría haber hecho lo mismo contigo.
Y aquí estoy.
[Alberto] Thank you, sir.
You take the change.
Here, sir.
Thank you.
[Alberto] Bienvenida a Nueva York.
El sueño americano, la ciudad que nunca duerme,
el lugar donde todo es posible.
[Ana] ¡Ay, Alberto! Todavía no me puedo creer que estemos aquí.
Quiero perderme por la ciudad y verlo todo.
Bueno, pero primero tenemos que preparar la reunión.
No me mires así.
Hay tiempo para todo. Y lo primero es lo primero.
- [Ana] Oye. - [portero] Good night.
Para mí esto también
es muy importante, que es mi primer trabajo como diseñadora.
Lo sé, señora diseñadora.
Pues cógeme las maletas.
- Uau. - [suena música de jazz]
Qué bonito, Alberto.
Bueno, me han dicho que las habitaciones aquí son impresionantes.
Aunque, sinceramente, a mi ahora con que tengan una ducha me basta.
[Alberto ríe]
Sara.
¿Cómo estás?
Os esperaba antes.
Había mucho tráfico.
Y el taxista creo que ha dado unas cuantas vueltas de más. Lo siento.
Mientras seáis puntuales para la reunión, me basta.
Mi padre os recibirá mañana.
Su agenda es una auténtica locura.
Y he tenido que pelear mucho, pero he conseguido un hueco para mañana.
De camino a Bloomingdale's pasaremos por aquí
y desayunaremos con vosotros. A las nueve.
Hoy tenéis el día libre,
pero no os despistéis demasiado.
Mi padre es un hueso duro de roer.
Aprovecharemos la hora.
No te preocupes.
Quizás, si la tuvierais.
Solo os puede dedicar veinte minutos.
- ¿Solo? - ¿Perdona?
No tiene más tiempo.
Pero no podemos presentarle tanto trabajo en esas condiciones.
Tendríamos que replantear la reunión.
Hoy tenéis el día libre, ¿no?
Sara, tú no sabes lo que hemos hecho para llegar hasta aquí.
Ni lo sé,
y no me culpes si te lo digo, pero tampoco me importa.
Y menos le importará a mi padre mañana, creedme.
- Veinte minutos serán más que suficientes. - [Alberto suspira]
Incluso diez para una primera impresión.
Eso espero.
Mañana nos vemos.
Bienvenidos a Nueva York.
[Ana susurra] Esta mujer es implacable.
¿Y ahora qué hacemos?
No lo sé.
Pero no hemos llegado hasta aquí para rendirnos.
[Alberto] Are you sure about it, sir?
I'm afraid I am sure, yes.
But we booked two rooms.
Well, I´m afraid I can´t find the reservation.
It must be a mistake.
I´m very sorry for the inconvenience, sir,
but you must understand it´s the high season.
¿Qué pasa?
No sé lo que habrá hecho Clara, pero no tienen nuestras reservas.
¿Qué no tenemos habitaciones?
Sí, pero...
Estamos en temporada alta y...
¿Y...?
¿Y qué?
[Ana] ¿Una cama? ¿Para los dos?
[Alberto] Es la única habitación que tenían.
Hasta mañana no nos pueden dar otra.
Es la suite nupcial.
Dos camas para dos recién casados sería
- un poco raro, ¿no? - Ya. Pero tú y yo no estamos casados, Alberto.
No te preocupes. Mañana nos darán otra.
¿Y esta noche qué hacemos?
Dormir juntos.
- Sí, hombre, ya. - [Alberto ríe]
Mira, ven.
No te preocupes, que vas a dormir muy bien.
El sofá parece que tiene muy buena pinta.
De todas formas ya hemos llegado, que es lo importante.
¿Qué han sido, diez horas?
Doce y media.
Estoy agotada.
Quiero que preparemos la reunión de mañana.
Quiero tenerlo todo bien atado antes de que te duermas.
¿Ahora?
[Alberto] Thank you, sir.
Porque el estilo nace en Velvet
y viaja con aerolíneas Airsa.
- ¿Qué te parece? [Ana suspira]
Bien resumido, pero...
¿Pero?
No, da igual, si yo no entiendo de eso.
Dilo, por favor.
Pues que tenemos veinte minutos para hacer la presentación,
y ahora mismo está un poco...
¿Un poco cómo?
¿Aburrido?
Tienes razón. Tenemos que dividir el discurso.
Una parte tú y una yo.
No, no. ¿Estás loco?
¿Nos jugamos
todo en esto y me quieres dejar a mí
- más responsabilidad? - [Alberto] Tú eres la diseñadora.
Lo vas a hacer muy bien, Ana. Ya lo verás.
No, no, Alberto. Yo no soy Sara. Yo no tengo
el aplomo ni la seguridad que tiene ella, ni soy una mujer de negocios.
Sara es una mujer con experiencia y eso se consigue y se aprende.
Confía en mí.
Empezamos.
Venga.
[diálogo inaudible]
[Ana] Porque el estilo viaja en Velvet,
y vuela con aerolíneas Airsa.
He hecho todo lo que me has pedido. ¿Qué tal?
Bien.
¿Solo bien?
Nos falta algo.
Querías ser eficaz como Sara y lo eres.
Pero creo que tendrías que utilizar más tus propias armas.
- ¿Mis armas? - Tú eres
encantadora, tienes una gracia natural.
- Si lo haces todo tan serio. - [Ana ríe]
Eso.
Te tienes que reír más. Esa es nuestra arma secreta.
Anda ya.
Si te ríes mañana así, nadie te va a poder decir que no.
¿A no?
No.
Con todo este jaleo ni avisamos
de que habíamos llegado. Voy a llamar.
¿Ana? ¿Eres tú?
Hola Luisa, sí.
[Luisa] ¡Ay, qué alegría! ¿Llegasteis bien?
Muy bien. Todo muy bien.
Bueno, ¿y qué? ¿Es todo tan grande como en las películas?
[Ana] Bueno, es muchísimo más grande que en las películas.
Oye, ¿está por ahí mi tío?
Tu tío está trabajando. Que nos pillas en plena jornada.
Ay, hija, perdón. Es que tengo un jaleo con las horas.
Bueno... ¿Puedes decirle que he llamado y que he llegado bien?
Y ya le llamaré
luego o mañana cuando tenga un poco de tiempo.
- Sí, claro. - [máquinas de coser funcionando]
Y Luisa, ¿cómo está Rita?
¿Cómo lleva lo de Adolfo?
Bien.
Muy bien. Tú no te preocupes por nada que está fenomenal.
Está hecha una campeona.
[llora] ¿Que me echa de menos?
[Luisa] Pues claro que te echa de menos, muchísimo.
- Si se ha ido de compras para comprarte regalos. - [Rita llora]
Ay Rita, ¿qué pasa ahora?
Pues que Ana está en Nueva York y yo aquí.
Y yo fui con ella a París y ya ni para eso sirvo.
Bueno, pues mira, tú fuiste a París. Que yo me quedé aquí.
Ya, pero soy yo la que está viviendo el drama ahora, ¿no?
¿Rita, qué te pasa? Me han dicho que no has ido a trabajar porque estabas enferma.
No estoy enferma.
- Estoy peor. - Ah, pues mejor, porque traigo un cotilleo.
¿A que no sabéis a quiénes he pillado magreándose hasta las entrañas?
A Patricia Márquez con Enrique Otegui.
- Todo el mundo magreándose hasta las entrañas - [Luisa] ¿Qué dices?
menos yo, que estoy sola.
¡Sola!
[susurra] Adolfo.
Pero cariño, si Adolfo no era más que un caradura.
No quiero volver a escuchar su nombre.
Pues no lo vas a volver a oír.
A partir de ahora va a ser "el que no tiene nombre".
Pero Rita, ¿se puede saber dónde te metes?
- Ah, el que faltaba. - No se encuentra bien.
- ¿Por qué, por Adolfo? - [Clara] "El que no tiene nombre".
- [Pedro] ¿Cómo? ¿Quién no tiene nombre? - [Clara] Adolfo.
- [Pedro] ¿Cómo? - [Rita grita]
[levanta la voz] ¡Fuera! ¡Todos fuera!
Anda, tira, tira.
- [Luisa] Bueno, es que venís así y entráis así.
[Rita grita]
Bueno, me callo.
Deberías.
Pues yo ya no sé qué hacer. Yo nunca la había visto así.
Llamamos a tu madre, que traiga matanza. Eso siempre la anima mucho.
Pedro, ¡que no todo en la vida se solucionan con salchichones, hijo! ¡Ojalá!
Ay, de verdad, ¿eh?
Y tú, ni mu de lo que te he dicho ahí dentro, ¿eh?
¿Qué pasa?
Nada, Pedro, que todo lo quieres saber.
Claro.
Luisa, Luisa, Luisa.
Pero si esto parecen unos calzones.
Esto no es nada.
Tú que todo lo quieres saber.
- [dependiente] Sí pasa. - Atentos, por favor. Escúchenme.
¡Atentos!
- Un momento. - [Pedro] ¿Qué pasa, don Emilio?
Su compañero, Maximiliano Expósito,
ha causado baja.
Se ha marchado definitivamente.
- [Jonás] ¿Maximiliano? ¿Nuestro amigo? - [Pedro] Ese, sí, sí.
[Pedro] Pero no se puede haber ido así como así.
[Clara] No se ha despedido de nosotros.
Ni de ustedes ni de nadie. Anoche abandonó su habitación.
Pero ¿se ha ido por algún motivo?
Naturalmente, el señor Maximiliano tenía su motivo.
Un motivo estrictamente personal.
¿Mm? Bien. Ya lo saben.
El hecho de que se haya marchado un compañero
no es motivo para que se queden ustedes aquí
como pasmarotes. Vamos. Cada uno a su trabajo.
Bien.
¿Don Emilio, tiene un momento?
Usted dirá.
Creo que deberíamos hablar
sobre lo que pasó ayer.
[Blanca] Sé que es difícil, pero me gustaría que todo volviera a ser como antes.
Como antes.
Se refiere a...
...antes de
su historia con Maximiliano.
Doña Blanca ya me conoce, mi postura es la de siempre.
Ante todo,
el principio de ejemplaridad.
Si...
...cree que puede cumplirlo...
...será bienvenida
a "como antes".
Le voy a confesar una cosa doña Blanca.
Muchas veces me pregunto...
...si los que nos pasamos la vida...
dando ejemplo a los demás...
...no será...
...porque no sabemos hacer otra cosa.
- Luisa, ven. Ven, ven, corre. - [máquinas de coser funcionando]
¿Qué pasa?
No te lo vas a creer.
¿El qué?
Doña Blanca y Max,
que estaban juntos. Que por eso se ha ido él.
¿Pero qué tonterías dices mujer?
Que sí, que sí, que se lo he oído decir a don Emilio.
¿Doña Blanca y Max? No me lo puedo creer.
Ni se te ocurra decírselo a nadie.
[Blanca] Venga, señoritas. Menos cháchara y a trabajar.
¡Vamos!
¿Es que no me ha oído?
- Buenos días a todas. - [máquinas de coser funcionando]
Doña Blanca, me gustaría comunicarles algo.
Por supuesto, está usted en su taller.
Señoritas,
el señor de la Riva quiere hablarles.
Señoritas, cuando acepté volver a las galerías, fue con un fin.
O lo que es lo mismo, con un principio.
Con un nuevo principio.
La nueva colección de las
Galerías Velvet.
Ya les adelanto que no va a ser fácil. Me juego mucho
con esta colección y voy a exigirles mucho.
Puede que esos uniformes
devuelvan la prosperidad a nuestras finanzas,
pero les aseguro que
nuestra colección devolverá el buen gusto
y el éxito a nuestros
escaparates.
Así que, terminen con esos pedidos
porque esos modelos pertenecen al pasado.
Lo que viene es el futuro
y el futuro
hará historia. Muchas gracias.
[Blanca] Ya lo han oído, señoritas.
- Todo el mundo a trabajar. - [Luisa, inaudible]
Luisa,
tengo aquí unos bocetos...
Luisa.
- Luisa. - [Luisa, inaudible]
[grita] ¡Luisa!
Sí, señor de la Riva.
Que sea la última vez que no atiende a mis discursos.
Me esfuerzo mucho porque sean tan
motivadores en lo laboral como inspiradores en lo artístico.
Lo son, señor de la Riva.
A mí me motivan mucho, pero...
¿Pero qué?
[susurra] Es mono.
¿Quién?
El chico, que es mono.
Y hacen buena pareja.
¿Pero qué dice? Que no, que no. Que entre nosotros no hay...
...nada.
Ah, bueno.
Por favor, Luisa.
Tendré gafas, pero ciego no estoy.
Si lo único que quiero es darle...
Bueno, devolverle una prenda.
Bueno, pues mujer.
Pues, entonces, ¿por qué
tanto secretismo? Ni que fueran unos calzones.
Toda la vida mirando por encima del hombro
a esta España gris y triste.
Y ahora creo que yo voy a venirme a vivir a las galerías.
[susurra] Ay, qué horror, señor de la Riva.
Por favor, no se lo diga a nadie.
Tú, ven "pa'cá".
Anda que en menudo lío me has metido, ¿eh?
- Toma, anda. - [Jonás ríe]
¿El qué?
- ¿Qué haces? - Chs, chs, chs.
Cuando quieras hacemos otro intercambio, ¿eh?
Mira, mira, guárdalos que te los quemo, ¿eh?
No, por favor. Que solo tengo dos. De quita y pon.
Pero, los lavaste, ¿no?
[timbre del ascensor, sonido de máquinas de escribir]
¿Se puede saber dónde te has metido en todo el día?
No te vas a creer...
[Mateo] Tengo que hacer el ingreso de la subasta.
Mateo.
Mateo, por favor, esto es absurdo.
Lo que es absurdo es tu comportamiento.
Clara,
¿después de lo de anoche bienes ahora como si no hubiera pasado nada?
Pero es que tengo que contarte...
Que no, Clara. Que no.
Estoy cansado.
¿Qué tú estás cansado?
Yo sí que estoy cansada de tus mentiras.
No te mentí. Pero como comprenderás,
no voy a hacer un listado de las cosas que he hecho con las mujeres que ha habido en mi vida.
Porque sí, he hecho
muchas cosas y sí, he estado con muchas mujeres.
[Enrique] Clara, ¿puedo hablar con usted un momento?
¿Ahora?
¿Usted qué cree?
[puerta se abre]
[teléfono suena]
[puerta se cierra]
Quiero que redacte una carta a los
compradores agradeciéndoles su colaboración.
Cualquier arreglo que tengan que hacer en los vestidos será gratuito.
Una cosa más.
Siéntese.
¿Conoce la fábula de la cotorra
y la palmera?
- No. - ¿No?
Pues habla de una cotorra
con complejo de pájaro carpintero...
...que se pone a picar,
a picar,
a picar y a picar el tronco de una palmera.
Y cuando se quiere dar cuenta se le caído encima.
No la conocía.
Claro.
Porque me la acabo de inventar.
Cuente algo de lo que vio aquí anoche.
¿Aquí? ¿Anoche? Es que no sé de qué me está hablando.
Mejore su interpretación,
o le pasará como a la cotorra.
Buenos tardes.
Cariño.
¿Qué tal?
Puede retirarse.
[susurra] Buenas tardes.
¿Has venido con Cristina?
Sí, está fuera esperando.
Pero ¿qué pasa?
¿Qué pasa con qué?
No sé.
Bueno, tu secretaria estaba un poco rara, ¿no?
Ya sabes que de vez en cuando hay que presionar un poco a los trabajadores.
Pero qué te voy a contar yo a ti que no sepas.
El terror de las muchachas de servicio.
Ya.
Bueno.
Solo venía a recordarte que esta noche tenemos cena con los Miravelles.
- Lo sé. - ¿Mm?
Cógete algo bonito. Que lo apunten en mi cuenta.
No tengas la menor duda de que lo haré.
Clara, ¿y estás segura de que Alberto no ha llamado al despacho?
No.
No ha llamado y a estas horas su avión ya debería haber llegado.
Pero no se preocupe, que no tardará en llamar.
Ya.
Siempre preocupándonos por los hombres.
Si es que somos tontas.
Tú, Clarita, aléjate de ellos.
Especialmente de los casados.
Nos vamos. Muchas gracias, Clara.
¿Bárbara, qué haces?
Que creo que es ella.
¿Qué?
Esta, la marrana esta
que es la que se está acostando con Enrique.
[Cristina] Pero ¿qué dices? Deja de decir tonterías.
[Bárbara] Bueno, ¿y qué quieres que te diga? ¿Que vivimos
en un mundo maravilloso? ¿Que esas cosas no pasan?
- A nosotras, no. - [timbre del ascensor]
[Bárbara] Mm.
Es aquí a la derecha.
Tienes que relajarte, Ana. Nos va a salir bien.
Pero ¿cómo me voy a relajar?
La primera reunión de negocios que tengo en toda mi vida.
Y nos jugamos todos muchísimo.
Esta colección es un regalo envenenado de Enrique.
Quiere que nos hundamos con él,
pero no lo va a conseguir.
Igual que no va a conseguir arruinarnos este viaje.
Espérate a que encontremos ese diner.
Las mejores hamburguesas de la ciudad y una tarta de queso...
Te va a encantar.
Eso espero. Porque me duelen un montón los pies ya de caminar.
Aquí parece que está todo muy cerca, pero luego...
Vale la pena, ya lo verás.
Mira, yo tenía cinco o seis años cuando mi padre me llevó a allí.
Y todavía me acuerdo de esas hamburguesas.
- Tiene que estar por esta manzana. - [Ana ríe]
Ya sé porque estamos dando vueltas.
No tienes ni idea de dónde está.
Tú ríete.
Ya lo verás. Y que no te extrañe que veamos a alguna estrella de cine ahí.
Ven, míralo. Ahí está.
¡Ay, Alberto! ¡"Cuidao", los pies!
- [Alberto] Two cheeseburgers with fries, please. - [suena música pop]
[diálogos ininteligibles, risas]
¿Qué le has dicho?
Me ha preguntado que si eras una estrella.
Le he dicho que sí pero que querías pasar desapercibida.
Y, además, le he pedido dos hamburguesas con queso. Que es la especialidad de la casa.
Muy bien.
[Alberto] Thank you.
Será cosa mía pero aquí todo el mundo tiene cara de actor.
Parece que estoy dentro de una película.
Te he dicho que valdría la pena.
¿Sabes que va a ser la primera hamburguesa que voy a comer en mi vida?
Si te digo la verdad yo no me acuerdo de la última que me tomé.
Cristina hubiera preferido ir al bistro de la esquina.
¿Cómo os va?
¿La versión larga o la corta?
Tenemos tiempo.
Quiere que tengamos hijos.
Bueno, es una buena noticia.
¿No?
Bueno, no lo sé. Ahora tengo mucho trabajo,
dos colecciones que sacar adelante Yo no sé si es el mejor
momento para ser padre.
Thank you.
Mm.
Mm.
Tenías razón.
Está buenísima.
Y vosotros, ¿qué tal?
Con Carlos.
¿Queréis tener hijos?
Ni lo había pensado, la verdad.
Nos estamos conociendo y...
Y nos llevamos muy bien, pero...
...de ahí a...
No sé qué te hace tanta gracia.
[ríe]
Alberto, ¿de qué te ríes?
¿Eh?
[Alberto ríe a carcajadas]
Tienes ketchup.
¿Desde cuándo?
Desde hace un rato.
Alberto, ¿aquella mujer es Doris Day?
¿Quién?
Doris Day.
Allí.
[Ana ríe a carcajadas]
[Ana] En serio, es ella.
[Alberto] Es Doris Day.
Sí, sí, en serio.
[Alberto] Cuando se lo cuente a Mateo, no se lo va a creer.
¿Dónde vas?
- ¿Tengo ketchup? - Sí, aquí.
[ríe]
[Alberto] Excuse me.
It would be just a minute.
I beg your pardon, sir.
Doris, could you please sign for me?
Thank you so much.
Thank you.
Le he pedido un autógrafo para Mateo.
Su regalo de Navidad por adelantado.
¿Este va a ser su regalo? ¿Una servilleta?
Esto es la prueba de que esto
es real.
Con pintalabios y todo.
Esto hay que celebrarlo.
[Ana ríe]
[suena música rock en la gramola]
[diálogos ininteligibles entre las modistas]
Silencio. ¿A qué viene este alboroto?
Todo el mundo a su sitio.
Vamos.
Señoritas, aún falta media hora para que termine la jornada
y las máquinas no cosen solas.
¿Es que no me han oído?
Les he dicho que vuelvan a sus puestos.
Les he dado dos avisos.
El tercero vendrá acompañado de una carta de despido.
- Luisa, venga conmigo, por favor. - [máquinas de coser funcionando]
[Blanca] ¿Se puede saber a qué ha venido eso?
Yo no lo sé, doña Blanca.
No se haga la tonta conmigo.
Si algo he logrado en estos
veinticinco años como jefa de taller
es que obedezcan ustedes a la primera.
Muy bien.
Lo he intentado parar, doña Blanca, pero...
¿Parar el qué?
Parar los rumores que hay sobre usted y...
¿Y?
Max.
¿Cómo ha sido capaz de hacer algo así?
¿Para eso me animó a que me quedara?
¿Para ir contándolo todo por ahí
y ridiculizarme delante de mis empleadas?
Pero, Blanca.
¿De verdad piensas que yo he ido contando algo por ahí de ti?
Claro, me conoces poco.
Puede que sea eso.
Lo siento.
¿Quiénes se han enterado?
No sé.
Todas las chicas del taller, como poco.
Y, conociéndolas, es probable que el mismísimo señor Márquez.
¿Cómo he podido hacer algo así, Dios mío?
Le juro que nunca antes me había dejado llevar de esta forma.
Si don Emilio se entera de que esto se sabe yo...
Qué vergüenza, Dios mío.
¿Vergüenza?
Blanca.
Las chicas se olvidarán.
Como mucho te van a mirar
con un poquito de envidia, porque
claro, el chico era guapo un rato.
La belleza no se puede negar.
- Could you please tell him his wife called? - [suena música de jazz]
Thank you.
Thank you so much. Bye.
[suspira]
¿Y?
La buena noticia es que ha llegado.
Está bien.
Y la mala es que no está en la habitación
y no le he podido desear suerte para la reunión.
Bueno, Alberto no necesita suerte.
Seguro que vuelve con ese contrato.
No lo tengo yo tan claro, ¿eh? No lo tienen nada fácil.
¿Lo tienen? ¿Con quién ha ido?
Con Ana.
Anita Rocanrol.
¿Y lo que te preocupa es el contrato?
Bárbara,
es Ana.
¿Y?
Puede que no sea de nuestra clase, pero es mona.
Y está ascendiendo rápidamente en la empresa.
Pobre, mona y ambiciosa. Son las peores.
No, no, no. No vayas por ahí.
Allá tú.
Lo que seguro que es cierto es lo de tu hermano con esa marrana.
Es imposible que Enrique esté con Clara.
Es la novia de Mateo.
Y hasta hace nada Mateo era el novio de Anita Rocanrol.
¿Casualidad? No lo creo.
Bárbara,
¿a ti no te parece que todo esto se te está yendo un poquito de las manos?
Cristina, conozco a tu hermano
y conozco a las de su clase. Te digo yo que entre estos dos hay algo.
Y tú me vas a ayudar a averiguarlo.
No.
¿Cómo que no?
Es mi hermano.
Bárbara, confío en él.
Sí, ya sé que no es el hombre perfecto.
Pero sería incapaz de hacerte una cosa así, y menos con esa.
Cristina, que no me estoy volviendo loca.
Y si tú no quieres escucharme, yo misma te demostraré que lo que digo es cierto.
[ríe]
¡Mateo!
Bárbara.
¿Por qué no vamos tú y yo a tomarnos algo?
Como los viejos tiempos.
Porque estoy trabajando
y porque hay cosas que es mejor no removerlas.
Por favor. ¿No pensarás que estoy intentando seducirte, verdad?
Para nada. Sería impropio de alguien como tú.
Mateo, yo estoy felizmente casada.
Y tú estás
felizmente ennoviado, ¿no?
Es imposible guardar un secreto en estas galerías, ¿eh?
¿Cómo te has enterado?
Se dice el pecado, pero no el pecador.
¿Algo grave?
Problemas. Punto.
- Déjame adivinar. - [timbre del ascensor]
Celos.
Lo sabía.
Pensaba que era la única que lo sospechaba.
¿Que sospechabas el qué?
Pues Enrique y Clara.
Mateo, que tus celos no son infundados.
Que están liados.
Pero ¿qué estás diciendo, Bárbara?
Que los celos no son míos, son de ella.
Pues deberías tenerlos tú.
Dime que no has visto nada raro entre ellos.
Esta tarde entré en el despacho y se podía cortar la tensión.
Mateo, entre estos dos hay algo
y lo sabes.
[Clara] Pensé que ya te habías marchado.
Y yo pensé que no me ocultabas nada,
pero se ve que los dos nos hemos equivocado.
¿Lo sabes? ¿Quién te lo ha dicho?
La pregunta es:
¿Por qué no lo sé por ti?
Bueno, porque intenté contártelo esta mañana
pero tú no tenías ninguna gana de hablar conmigo, ¿recuerdas?
Pero este es un tema tan...
¿Cuándo fue?
Aquí, anoche en el despacho.
Ahora, que esto ya lleva pasando un tiempo.
Esto no es cosa de un día, ni de un calentón,
- vamos. - Esto es increíble.
Bueno Mateo, ¿y qué quieres que haga? Es mi jefe, ¿qué me despida?
Mira que mi madre y mis tías ya me lo advirtieron
y al final van a tener razón.
- ¿Lo sabían? - Lo sospechaban.
Bueno, da igual lo que ellas opinen. El problema es cuando se entere doña Bárbara.
Doña Bárbara ya lo sabe.
Ah, ¿y le parece bien?
¿Cómo le va a parecer bien Clara, por favor? ¡Y a mí tampoco me lo parece!
Pero bueno, ¿a ti qué más te da?
¿A mí? Lo tuyo es de una desfachatez inaudita.
Pero claro, ¿de qué me extraña? Cambiaste a Pedro por mí,
ahora a mí por Enrique. ¿Qué es lo siguiente?
[levanta la voz] ¿Alberto? ¿Gerardo Otegui?
Pero Mateo, ¿a qué viene eso ahora?
¡Que me la estás pegando con ese fantoche, Clara!
- ¿Qué te crees, que soy imbécil? ¡Sí! - ¿Qué?
[levanta la voz] ¡Que yo no soy la amante del señor Otegui!
Que es Patricia.
Don Enrique me ha amenazado.
Que si cuento algo de esto, me despide.
[Clara suspira]
Entonces entre tú y él no...
Pues no, Mateo, no.
[ríe] Claro, es que Bárbara me dijo que entre vosotros...
Ah, qué raro. Ahora la señorita estirada,
eh, se mete en nuestras vidas. Tú no te das cuenta
de cuáles son sus intenciones, ¿verdad?
- Mateo, no. - Ya está.
Que has dejado muy claro en quién confías y en quién no.
[Mateo] Ya pasó.
Por favor, ¿eh?
Ni una palabra de lo de don Enrique y Patricia. Te lo pido.
[teléfono suena]
[ríen]
- [Alberto] Regalo de Navidad para Mateo por adelantado.
Todavía no me puedo creer que lo hayas hecho.
El que no se lo va a creer es él.
Por favor, llámame cuando se la vayas a dar que no me quiero perder
su cara por nada del mundo.
Tendría que cobrársela.
¿Qué? Le voy a sacar una fortuna.
No seas malo.
Deberíamos ir a descansar para mañana.
Sí.
Lo tenemos muy bien preparado. Nos va a salir muy bien.
[Ana] Voy a planchar los uniformes ahora,
para que estén impecables.
[Alberto] La colección es preciosa, les va a encantar.
[Ana] Alberto.
Alberto, ven.
[Alberto] ¿Qué pasa?
No están.
Ni los trajes, ni las muñecas.
No es nuestra maleta.
[Alberto] No puede ser.
Se tienen que haber equivocado en el aeropuerto.
¿Nuestra maleta tenía nombre?
I beg you, please find it.
No. No. Listen, listen...
No han encontrado nuestra maleta y tampoco han reclamado la de ellos.
No lo puedo entender.
[Ana] Pues nada.
Supongo que sin nada que enseñar esto se acabó.
No hemos venido aquí para nada.
No entiendo cómo nos ha podido pasar esto, Alberto.
No te vengas abajo, por favor.
- ¿Y qué quieres que haga? - No lo sé.
Pero no nos podemos venir abajo ahora que estamos tan cerca.
No podemos dejar que Enrique se salga con la suya.
[Alberto suspira]
Voy a llamar a Sara y le voy a...
¿Qué?
¿Conoces la leyenda?
La de que las curvas
de Mae West inspiraron su diseño.
Creo que volvemos a tener maniquíes.
Qué, te parece un disparate, ¿no?
Hombre, querías una presentación impactante.
Desde luego que si le llevas unas cuantas botellas
vestidas de azafata no la van a poder a olvidar
- nunca. - No lo van a olvidar.
Necesitamos telas y patrones.
¿Tú no decías que eras el que mejor hacía avioncitos de papel?
Soy el mejor haciendo aviones de papel.
Pues de momento tenemos esto.
Voy a por más cosas.
Nos va a llevar toda la noche, te aviso.
Pero esta es la ciudad que nunca duerme.
Venga, vamos.
¿Se puede saber qué te pasa? Que vamos a llegar tarde.
Pues aquí, pensando en Rita.
Para variar.
Es que la veo así y se me llevan los mil demonios, primo.
Y no paro de pensar que todo es culpa mía.
[Jonás] Primo, tú es que de bueno eres tonto.
Ya se le pasará, hombre.
Pero es que si hemos intentando todo, primo, todo, todo y no funciona nada.
[Jonás] A ver, es una mujer, ¿no?
¿Qué les gusta a las mujeres?
- Pues los toreros. - [Jonás resopla]
Los regalos primo, los regalos.
Algo habrá que le guste, que podáis comprarle entre todos.
Entre todos vosotros, porque yo todavía no he cobrado.
Mira que eres muy cazurro, primo,
pero hay veces que tienes
muy buenas ideas.
Le voy a dar un regalo que hace tiempo le tenía que haber "dao".
Lo sé, lo sé, lo sé.
¡Ay, perdón, perdón!
¡Rita!
[Rita grita]
¡Pedro!
Te he traído un regalo.
Es esto.
¿Te gusta?
Pero si dijiste que se te había olvidado hacerla.
Ya. Es que...
¿Sabes? Yo pensaba que la había perdido entonces digo...
Se va a enfadar mucho si yo le digo: Oye, Rita, me hecho la foto.
Y al final no he hecho la foto porque...
¿Qué milonga me estas contando, Pedro?
Está guapo.
Está guapísimo.
- Y el crío también. - [Rita ríe]
Me encanta verte sonreír.
¿Cómo no voy a sonreír, con esta belleza de criatura?
¿Eh?
No sabes la suerte que tienes de tener un hijo así.
¿Sabes quién tiene un hijo también?
"El que no tiene nombre".
- Rita, por favor, de verdad... - Es la verdad.
Tú tienes un hijo y él tiene cuatro hijos.
Todo el mundo tiene hijos menos yo.
Y a este paso,
espérate a ver si los acabo teniendo.
Bueno, tú dentro de muy poco vas a tener un novio.
Que no quiero novios, Pedro.
¿Cómo te lo tengo que decir?
Vale.
Vale.
De verdad, es que contigo siempre me pilla la vaca.
Si ya lo sé.
Que soy insoportable.
Ya lo sé.
La culpa es mía, ya lo sé.
Por eso voy a quedar sola.
Sin nadie que se preocupe por mí...
...y sin nadie que me quiera.
Vieja, arrugada...
...y muy sola.
Rita.
Si ves a Luisa, le dices que me traiga
una copa de helado del Nebraska cuando acabe de trabajar.
Por favor, Rita.
[Rita] De chocolate.
Eso por allí, por aquí.
Uy, qué alegría.
[Luisa] Pero bueno, ¿qué está pasando aquí?
Esto que está pasando, querida Luisa,
se llama feng shui.
Y ustedes dirán: "¿Qué demonios es el feng shui?"
Pues no se preocupen porque se lo voy a explicar inmediatamente.
Por favor, atiendan un segundo. Acérquense.
El feng shui
es un sistema estético
que los chinos llevan utilizando cientos de años,
que consiste
en el estudio de las formas
y colocación de los objetos
para así crear los espacio más armónicos
y donde fluye la energía.
[Jonás] ¿Qué energía?
¿La corriente?
Si hay luz ya.
Esa energía no, Jonás.
La energía de la vida,
la creatividad,
la vitalidad,
la pasión.
[Raúl se aclara la garganta]
Con esta distribución del espacio, vamos a trabajar todos muchísimo mejor.
Claro. Como cuando construyes un gallinero,
que lo pones mirando al sol para
que las gallinas estén más calentitas y pongan más.
Eh, sí.
Más o menos lo mismo.
Señor de la Riva, ¿se puede saber a qué viene todo esto?
Doña Blanca, bienvenida al ritual de la creación.
Lo hago siempre antes de cada colección.
Ahora vamos a honrar el trabajo con una
antigua oración china.
Doña Blanca, no sé qué le pasa esta mañana
pero tiene usted una energía negativa bastante perturbadora.
Muchas gracias por dejarnos solos, gracias.
Bien, cójanse las manos.
Bueno, no sé porque no podemos quedarnos solamente nosotras.
Al fin y al cabo, ellos son vendedores y no van a participar en la colección.
[Raúl] ¿Cómo que no?
Ustedes son el principio, ellos son el final.
Desde la idea primigenia hasta la
venta al cliente, todo cuenta. Es un gran círculo que se cierra.
Y por eso nos ponemos en círculo Creo que empiezo a encontrarle el sentido, sí.
Muy bien, me alegro que lo entienda.
Cerremos los ojos.
Todos mis miedos y mis temores
de ayer se han disipado.
Hoy puedo ver con más claridad mi vida.
Tengo poder para crear mi propio mundo.
Y todos mis sueños
se materializarán porque creo
y persevero en ellos.
Todo lo que me proponga lo conseguiré.
Y todas las puertas
se abrirán para mí.
Amén.
Está usted muy perdido,
Jonás, muy perdido.
Bien.
Pónganse en parejas, por favor.
Y al suelo.
Luisa, usted con Jonás.
Al suelo. Cultura china, al suelo. En parejas.
Ahora quiero que se cojan de las manos,
que se miren a los ojos,
y que digan lo primero que se les pase por la cabeza.
Mira, a mí esto me parece una tontería.
Que no, que no, mujer, que no, ya verás. Déjate llevar.
"Fenchuí, fenchuí".
Empiezo yo.
[se aclara la garganta]
La verdad es que no se me viene nada a la cabeza.
[Raúl] Da igual Jonás. No lo piense.
No lo piense. Viento, aire, fuego, tierra.
¡Trigo!
No, no, es...
- ¿Cebada? - [ríen]
¿Centeno?
[levanta la voz] ¡Bueno, ya está! Hasta aquí, ¿no?
Señor de la Riva, a mí todo esto me parece un circo.
¡Luisa!
¡Chs, mm!
¡Luisa!
¡Luisa, espere! Por favor. No sea impertinente.
¿A usted le parece normal?
Después de lo que le he contado, montar toda esta
tontería para juntarme con Jonás, para reírse de mí. ¿Cómo se atreve?
No, ¿cómo se atreve usted a cuestionar mi forma de crear?
¿Qué?
El feng shui es un arte milenario.
Y todo lo que ha ocurrido ahí dentro ha sido por y para la colección.
Colección de la que soy responsable, y usted solo una modista.
¿De verdad piensa que haría todo eso para emparejarla con un chico?
[levanta la voz] ¿Usted quién se piensa que es?
¿De verdad se cree tan importante?
Quizá me he equivocado escogiéndola.
[solloza] Señor de la Riva, por favor, perdóneme.
Lo siento.
Si es que no...
Jonás me insiste y yo no...
No quiero, no...
No puedo tener pareja.
Luisa, es usted joven.
Es preciosa.
Tiene talento
El mundo está en sus manos.
Y usted tendrá la pareja
que quiera tener cuando quiera tenerla.
Eso sí, el chico es mono, pero mira que lo del trigo, la cebada,
- las gallinas. - [Luisa ríe]
Muy rústico.
[resopla]
[timbre del ascensor]
[diálogos ininteligibles]
- ¿Quién ha hecho eso? - [máquinas de coser funcionando]
- ¿Quién ha sido? - [máquinas de coser se detienen]
¿Qué ha pasado, doña Blanca?
Hay una pintada ahí fuera.
Y quiero saber quién es la responsable.
Señoritas, si no me lo dicen ahora mismo
consideraré que todas son responsables
y todas sufrirán el mismo castigo.
Se lo aseguro.
Muy bien.
Si eso es lo que quieren.
He sido yo, doña Blanca.
¿Va a atreverse a castigarme después de lo que ha hecho con Max?
Y bueno, ¿y después de...?
¡Doña Blanca!
Las dos. A mi despacho.
Ahora mismo.
[Enrique] ¿Pintadas en la pared?
Pero ¿de qué arrabal ha salido usted?
Esta empresa vende imagen y clase.
Y eso es lo que quieren nuestros clientes,
no chusma y actos vandálicos. ¡Haga el favor de desaparecer de mi vista!
¡Limpie la pintada y dé gracias de que no la ponga de patitas en la calle! ¡Fuera!
[teléfono suena, sonido de máquina de escribir]
[puerta se cierra]
[Clara] Doña Blanca,
su turno.
[Blanca] ¿Se puede?
[Enrique] Adelante.
No, no se siente.
Con usted voy a ser mucho más breve.
Está despedida.
Lo siento. No debí haber pegado a esa chica.
Por favor. El guantazo ahora ya es lo de menos.
Se ha estado revolcando con un empleado de estas galerías.
¿Y quién sabe durante cuánto tiempo?
Por el amor de Dios.
Pero si podría usted ser su madre.
Eso forma parte de mi vida privada.
- [llaman a la puerta] - Quién.
Don Enrique, ¿puedo hablar con usted?
No, ahora no.
[Enrique] Doña Blanca, coja sus cosas
y márchese cuanto antes.
[Emilio] Con el debido respeto,
está usted cometiendo un error.
Estoy aplicando el reglamento.
El mismo que ella parece haber olvidado.
[Emilio] No se pueden echar por tierra más de veinticinco años de trabajo
solo porque se haya cometido una falta,
por grave que sea.
En tiempos de don Rafael
- aquí habría... - [Enrique] ¿Don Rafael?
¿El mismo hombre que se tiró por esa ventana
dejando a la empresa en ruinas?
Escúcheme.
Don Emilio, déjelo, por favor.
Doña Blanca es la mejor jefa de taller
que han tenido, y posiblemente tendrán,
estos almacenes.
Usted no puede prescindir de ella.
Y menos en este momento,
al inicio de una colección
y con medio taller
ocupado por los uniformes.
Encontraremos a otra.
¿Otra?
¿Otra que conozca y que sepa lidiar
con el señor de la Riva?
Usted sabe que no es un hombre fácil.
El señor de la Riva
respeta a doña Blanca y respeta su trabajo.
Si doña Blanca se va
será un caos para el taller.
No llegaremos a las fechas.
Y qué pretende usted, ¿que mire hacia otro lado,
que me olvide de lo que ha pasado?
Doña Blanca es una persona responsable.
Sabrá acatar la
sanción que usted estime conveniente
y sobre todo,
sabrá recuperar
el respeto de su taller.
Muy bien.
No hay mal que por bien no venga.
No va a cobrar usted hasta el año que viene.
Y, por supuesto, olvídese de la paga extra de Navidad.
¿Le parece bien?
Qué vergüenza. En todos los días de mi vida lo he pasado peor.
No martirice más, doña Blanca.
¿No cree que ya ha tenido suficiente?
- Don Emilio, - [máquinas de coser funcionando]
gracias.
No me las de a mí solo.
¿Sabe que tiene una especie de ángel de la guarda?
- Doña Elena. - Mm, mm.
[Blanca suspira]
[modista] Doña Blanca.
Siento que tenga que pasar por todo esto por mi culpa.
Todos cometemos errores.
Vamos, no se quede ahí como un pasmarote.
[teléfono suena]
[Alberto] Hello.
Good morning.
¿Cristina Márquez? Yes, please.
[Cristina por teléfono] ¿Alberto?
Hola, cariño.
Estaba preocupadísima, ¿por qué no me has llamado?
Lo siento, es que no sabes cómo está siendo esto.
Un problema detrás de otro.
¿Ya habéis presentado la colección?
No, vamos ahora por la mañana.
¿Estás nervioso?
[Cristina] Lo vais a hacer muy bien, ¿lo sabes, verdad?
Sí.
Ay, estabas dormido. ¿Te he despertado?
Lo siento.
No, lo siento yo. Si es que tengo un lío de horas, ¿qué hora es ahí?
Las nueve menos diez. Cristina, te dejo.
¡Ana!
Nos hemos dormido.
¿Qué hora es?
[Alberto] Muy tarde.
[Ana] Thank you. Uy.
[Alberto] ¡Corre!
[Ana] ¡Espérame!
Esto es increíble.
Señor Ortega, por favor, discúlpenos.
No puede marcharse sin ver nuestros modelos.
Mi tiempo es para el quién se lo merece.
Y nosotros lo merecemos.
No habríamos viajado desde tan lejos
si no nos importara esta colección.
[Alberto] Ana, por favor.
Cuatro minutos.
¿Botellas?
No son botellas.
Es Mae West.
[Alberto] La leyenda dice
que la forma de las botellas estaba inspirada en las curvas de esa mujer.
Y quién mejor para lucir sus uniformes
que una de las mujeres más deseadas del mundo.
Esto es una tomadura de pelo.
Padre.
No sé si los diseños merecerán la pena,
pero al menos tendrá algo original que contar en la próxima junta de accionistas.
[Ortega suspira]
[Alberto] Verá.
[Alberto] Les presentamos
la nueva colección para las azafatas de Airsa.
[diálogo inaudible]
Y eso solo son telas
y papeles. Imagínese lo que haríamos
con telas de máxima calidad.
[sonido de máquinas de escribir]
Ahí dentro no ha pasado nada, por si te lo estabas preguntando.
¿Ha llamado Alberto?
Por novena vez, no.
Te las está haciendo pasar canutas, ¿verdad?
- Clara, yo... - [teléfono suena]
Galerías Velvet.
Don Alberto.
Sí, justo lo tengo aquí delante.
¿Qué tal por las Américas?
¿Tenemos contrato o no?
Mm, mm.
Mm, mm.
[Mateo grita]
¡El contrato es nuestro!
Mateo. No vuelvas a hacer esto.
[ríe]
- Por Airsa, - [suena música de jazz]
y por Velvet.
Que juntas tengan un viaje largo y placentero.
Y por ti Sara. Muchas gracias
por confiar en nosotros
y hacer que tu padre nos brinde esta oportunidad.
- Salud. - [tintineo de copas]
Salud.
[Sara] Pero el mérito es vuestro,
por haber conseguido un contrato millonario
con un poco de papiroflexia.
Bueno, no sabe lo mal que lo hemos pasado, ¿eh?
[Sara] Ahora que ya tenéis el contrato, no importa, ¿no crees?
Es cierto.
- [Sara] Salud. - [tintineo de vasos]
Por vosotros.
[Carlos] ¿Qué se celebra?
Pero...
Carlos, ¿qué haces aquí?
Aeropuerto cerrado en Berlín,
vía libre para Nueva York.
[diálogos ininteligibles]
[Carlos] Alberto, Sara.
[Sara] Carlos.
¿Qué tal ha ido todo?
Hemos conseguido el contrato.
Enhorabuena.
Eso se merece que te invite esta noche al mejor restaurante
de Nueva York.
[Ana] Muy bien.
Voy a por el bolso.
[Carlos] Perdonad que no os invite, pero la ocasión lo merece.
[Sara] Hasta luego.
Enhorabuena.
Supongo que ya te has enterado.
¿Del abrumador éxito de tu hermano en Nueva York?
Bueno, eso es algo que nos viene bien a todos.
No has venido a verme ni una sola vez hoy.
Y he estado muy solo.
Después de lo de la otra noche, me ha parecido mejor
mantener las distancias.
Si te refieres a lo de Clara, no tienes de qué preocuparte.
Si quiere mantener su puesto, sabrá estarse calladita.
Te aseguro que una secretaria charlatana
no va a poner en jaque mi
matrimonio.
¡Enhorabuena!
Espero que tengáis copas, que no hemos encontrado ninguna.
[Enrique] Veo que las noticias vuelan.
Sobre todo si son así de buenas.
[Cristina] Patricia.
Pero no se te ve contento, Pichín.
Bueno, digamos que este contrato
ha dado bastantes vueltas. Solamente estoy siendo precavido.
¡Enrique!
¡Buenas tardes a todos!
Solo quería asegurarme de que te habías enterado y que estabas
disfrutándolo como es debido.
Ya me ves.
Lo que es bueno para Alberto, es bueno para todos.
Brindemos por ello.
Lo siento.
Me acabo de acordar. Tengo que marcharme.
¿No te quedas?
No, lo siento.
[Mateo] Disfruten, señoritas.
Pst, pst.
Mateo.
Deberías estar celebrando la buena nueva.
Sí. Una buenísima noticia, pero no es la que
más me interesa en este momento.
¿Has hablado con la marrana de tu novia?
¿Con Clara? Sí.
¿Y? Es ella.
- No. No es ella. - ¿Se lo has preguntado?
Sí. No insistas.
Y la has creído.
Mateo, hay que ver lo ingenuo que te has vuelto.
Los infieles tienen la misma facilidad para meterse en camas ajenas que para mentir.
Mira, Bárbara. Que tú marido te la esté pegando con otra,
no significa que Clara también lo haga.
Perdona. No debí decir eso.
Bueno, así que
es cierto. Hay una amante.
No lo he dicho.
Y la cotilla de tu novia sabe quién es por lo tanto tú también lo sabes.
No. La cotilla de mi novia no lo sabe.
Mateo.
Mírame a los ojos y dime
que no sabes con quién se está acostando Enrique.
Así que, no solo lo sabes tú, sino que lo sabe todo el mundo.
Bárbara, es una tontería. Olvídalo.
Enrique es como es, ya lo sabes.
¿Quién es?
¿La conozco?
Sí, seguro que la conozco.
Si la conoce la tonta de tu novia seguro...
Patricia.
[diálogo ininteligible]
[suspira]
Rita.
Que Ana lo ha conseguido Ha triunfado en Nueva York.
¿No te alegras?
Bueno, y no sabes la de cosas que están pasando en el taller y tú te lo estás perdiendo y...
Rita, me estás empezando a preocupar, ¿eh?
Estoy bien, Luisa, de verdad.
Lo único que me apetece es tumbarme y abrazarme a la almohada.
Pero tú si quieres me puedes cantar alguna de esas canciones de amor
que cantas.
Pero de las lentas.
Sí, de las que deprimen.
Sí, sí, de esas.
[puerta se cierra]
[diálogos ininteligibles]
[Luisa grita]
Sé que soy nuevo aquí y no controlo bien las normas, pero
tú no deberías estar aquí.
Contigo quería yo hablar.
¿Ah, sí?
Sí, pero no te hagas ilusiones.
¿Y tu primo?
¿Mi primo?
- [al unísono] ¡Sorpresa! - [suena música rock]
¿Qué hacéis?
Pues que no nos gusta verte así, mujer.
¿Así, cómo? ¿Viva?
No, triste.
Que tú siempre estás ahí cuando te necesitamos
y no nos podemos quedar con los brazos cruzados,
- Rita. - Y mira a quién hemos invitado.
- [Jonás] Mira. - [Luisa] Mira.
Te vas a reír.
Pero ¿esto qué es?
El...
"El que no tiene nombre". Rita.
Rita. "El que no tiene nombre".
¿Pero cómo se os ocurre invitar a este mamarracho?
Se parece, ¿no?
Sí. Lo que un huevo a una castaña.
[Luisa] Pero es para que te desahogues, mujer.
Tú te imaginas que es él y le pones en su sitio.
[Pedro] Claro, tú dile.
Dile, dile todo lo que
se te pase por la cabeza. Que no se te quede nada dentro.
A vosotros se os ha ido la cabeza, ¿verdad?
¿Eso es vino?
Sí. Y del bueno, del barato.
Sube más rápido.
Ponme una copa.
Esa es la actitud. Claro que sí. Toma.
[Luisa] Y las que hagan falta.
Ahora que os digo una cosa, si queréis animarme, dudo que esto funcione.
Vino para todos.
- [Luisa] Brindamos. - [Pedro] Por Rita.
[Luisa] Por Rita.
¡Por la felicidad!
¡Por Margarita! Por Rita, por Rita.
¡Estoy
feliz!
¡Feliz!
Cántame algo, Luisa.
Bueno, yo creo que hasta aquí hemos llegado.
Eh, no, no, que bailamos.
[Rita] Venga va.
¿Pero qué pasa aquí?
¿Montáis una fiesta y no me decís nada?
Anda que... Trae "pa'cá".
Este es el espíritu. Aprended, muermos.
Que sois unos muermos.
Menos mal que has llegado, Clarita.
Tú sí que sabes divertirte, ¿verdad?
De siempre. Has sido mi modelo y mi gurú para un montón de cosas. Si me permites que te lo diga.
Sí, te lo permito, pero
hoy no tengo el horno para bollos, Rita.
¿Hombres?
Sí, hombres.
Ay, ojalá se extinguieran.
Ay, ojalá.
Todos, ¿eh?
Bueno, todos menos Mateo. Que es un cafre, pero es mi cafre.
Eso todos menos Mateo. Y menos Pedro.
Que es otro cafre, pero es el cafre de otra.
- "El que no tiene nombre", querrás decir. - Mm, mm.
A ese que se pudra.
Que quiero a Pedro, hija. Yo que sé. De siempre.
Hala.
Y me lo dices así, como si nada.
No, no, te lo digo así porque estoy borracha.
¿Qué pasa que todas las mujeres
se quieren quedar con los hombres de mi vida?
¿Todas quién?
Rita, ese no es el tema.
Ya lo sé.
¿Quieres otra copa?
¿Me perdonas?
Estoy borracha y tengo el corazón roto, Clarita.
Anda, consígueme otra copa.
Pero de esto vamos a hablar, ¿eh?
Vale.
Para.
Otra copa para la mejor hermana del mundo.
Y otra botella para mí.
[Pedro] Rita.
¿Qué?
¿Seguro que te está haciendo bien esto?
Sí, mucho. Muchísimo. ¿Sabes por qué?
¿Por qué?
Porque estoy rodeada de gente buena que me quiere.
Si y no necesito nada más en el mundo.
Luisa,
te quiero mucho, ¿eh? Pero mucho.
Y yo.
Jonás.
Ay.
Tú me das un poco igual, la verdad.
No te ofendas.
- Nada mujer, no pasa nada. - [Rita ríe]
Pero es que a ti, Pedro...
A ti te quiero más que a nadie.
Uy, cómo nos quieres a todos.
[Clara] ¡Venga, exaltación del amor! Venga, anda.
- Venga. - [Rita] No, no, no.
- No te equivoques. - [Clara] Trae "pa'cá".
Que a este lo odio y mucho.
Que es un falso
y que me ha roto el corazón con sus mentiras.
[levanta la voz] ¡Falso que eres un falso!
¡Que sería capaz de vender a tu madre
por un revolcón!
¿Sabes qué? Que tú para mí
eres historia.
[ríe]
Oh, que se asustan.
[ríe a carcajadas]
[Pedro] ¿Estás bien?
Estoy en la gloria.
[suena música de jazz, diálogos ininteligibles]
¿Olvidando o celebrando?
Este es nuestro hotel.
[ríen]
¿Qué te parece una buena presentación a la vuelta?
¿Y piensas volver a presentar los modelos en botellas?
- No. - Ah.
Había pensado presentar primero el contrato.
Velvet y Airsa, juntas.
Podemos llamar a todos los medios de comunicación.
Primero el dinero y después la moda.
Para que luego digan que no tienes talento para los negocios.
¿Quién dice eso?
Un imbécil que no tiene ni idea de lo que habla.
Enrique.
A bourbon, please.
[Sara] ¿Y tú cómo sabes lo que bebo?
El día que te conocí te invité a unos cuantos.
[Alberto ríe]
¿En el Pausa?
En el Pausa.
No sé si llamarlo
un capricho del destino,
o la casualidad más desafortunada del mundo.
Cuando te vi aparecer en las galerías, quería que me tragara la tierra.
¿Y mis consejos por lo menos te sirvieron de algo?
Ah, me lo imaginaba.
¿Porque todos los hombres somos previsibles y testarudos?
Porque la mujer de la que me hablaste, la que
no puedes olvidar es Ana,
¿verdad?
Eres un libro abierto.
Es injusto. Tú lo sabes todo sobre mí y yo no sé nada sobre ti.
Yo no necesito desahogarme, Alberto.
Todos necesitamos desahogarnos.
[Sara ríe]
Tu hotel no está nada mal, pero en el mío
sirven los mejores cócteles de Manhattan.
Lo siento, tengo un vuelo a primera hora.
He fracasado.
Por un instante pensé que podría hacerte olvidar un rato.
De no haber sido por ti, esta noche habría sido una tortura.
¿Por qué hablas en pasado?
Aún es de noche ahí fuera y aquí dentro.
Mi vida y es demasiado complicada, tal y como es.
Alberto, esto no sería complicado.
Créeme.
Un caballero hasta el final.
Buenas noches.
[timbre del ascensor]
[Ana] No tenías que haberlo comprado.
[Carlos] Así nunca olvidarás haber subido al Empire State.
[Ana] No lo hubiera olvidado en mi vida,
aunque quisiera. Es precioso.
[puerta se abre]
¿Por qué no me invitas a pasar?
[Ana ríe]
Es tarde. Será mejor que te vayas a tu habitación.
Vamos, pensaba que...
Es tarde.
Nunca es tarde para una noche perfecta.
[Carlos ríe]
Sabes que quiero ir despacio, Carlos.
Dime una cosa. Dime que todo esto no es por ese novio que te hizo tanto daño.
No es por él. Confía en mí
Está bien.
- Qué descanses. - Y tú también.
Si me ha dicho que me quiere.
- Rita me quiere a mí. - [Jonás ríe]
A ti y a media humanidad.
Ya, pero a mí a mí me lo ha dicho
de una forma diferente. Eso se notaba, vamos.
A ver primo, ¿tú quieres saber si te quiere?
Sí.
Pues lánzate a la poza.
Pero es que no puedo primo. Si se piensa...
Se piensa que estoy prometido con Rosa Mari.
Ya, bueno. Es que tienes que terminar con eso.
Mira, mañana le dices que te ha dejado.
Que estás muy triste, que necesitas que te abracen.
- Y ahí entre abrazo y abrazo pues, ¡zas! - [Pedro suspira]
Rita en el bolsillo.
No, ya está, ya está.
¿Sabes lo que voy a hacer?
Que se lo voy a decir.
Pero, claro, ¿cómo se sale de una mentira?
[bosteza] Con otra mentira, primo.
No.
No, no, no. A partir de mañana,
nada ni nadie va a impedir que yo esté con Rita, primo.
[Manolito] Papá.
Manolito.
Rosa Mari.
Le he dicho a todo el mundo que me voy a casar con Rosa María
y ella no lo sabe.
Como se encuentre con Rita por los pasillos y se lo diga...
¡Manolito!
Ay, ¿cómo estás?
Hemos venido a pasar la Navidad con papá.
He pensado anunciar la colección como se merece.
¿Ah, sí? ¿Y cómo es eso?
Haremos una rueda de prensa. Quiero que se entere todo el mundo.
Ha llamado mi madre.
Al parecer, mi padre tiene neumonía, y...
Bueno, está todo controlado, pero ya sabes que hasta que no le vea
con mis propios ojos no me quedaré tranquila.
Dale muchos ánimos de mi parte.
¿Seguro que no quieres venir?
Ya me gustaría, pero es imposible.
Eres una mujer fuerte, esto no va a acabar contigo.
No, si al final va a resultar que...
Que además de un golfo,
eres buena persona.
Alberto, ¿estás incómodo conmigo?
Nueva York es cosa del pasado.
No conozco el compromiso ni me interesa.
¿Querías algo, Enrique?
Sí, he pensado que estaría bien
que Carlos se sumara a la rueda de prensa.
No hace falta. Ya tenemos a Sara
en representación de Airsa.
Sigo enamorado de ti, Ana.
Nunca he dejado de estarlo.
Vámonos de aquí, por favor.
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