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Gracias a la intermediación de Carlos, las Galerías Velvet van a tener el honor
de diseñar los nuevos uniformes de Aerolíneas Airsa.
Si las he citado con tanta premura es para comunicarles
quién será la diseñadora de los nuevos uniformes de Airsa:
Ana Ribera. A partir de mañana quiero que Ana esté a mi entera disposición.
Necesitamos una jefa de taller, y dada tu experiencia
serías perfecta para el puesto.
- Yo trabajé con su padre. - Cuénteme qué recuerda de él.
Era capaz de cualquier sacrificio con tal de lograr sus sueños.
- ¿Puedo ayudarle en algo? - Sí, soy
- la nueva jefa de taller. - Lo sé todo,
Raúl. ¿Pensaste que nos íbamos a enterar?
¿Esto es cierto?
La denuncia sí, el plagio no.
¡Raúl! ¿Qué ha pasado, dónde estás?
La jugada perfecta de tu hermano.
Esa mujer sigue viva y está en Madrid.
Y quiere robarnos todo lo que es nuestro.
No va a quedarse con nada, porque ahora todo será tuyo.
Me gustaría aclarar las cosas definitivamente contigo, Isabel.
No hay nada que me puedas quitar.
- ¿Tú quién te has creído que eres? - La dueña de todo.
Sé exactamente lo que las mujeres como tú necesitan, así que, para qué perder más tiempo.
Bárbara es una de las mujeres más suspicaces que conozco.
No queremos que se entere.
- ¿Pretendes convertirte en su nueva mejor amiga? - ¿Ya se ha ido todo el mundo?
Solo quedamos tú y yo. Me gustaría que entendieras que
nos lo pasamos muy bien juntos, pero...
Pero nada más. Estamos de acuerdo.
No me gustaría que hubiera ningún malentendido.
- Rita, yo no puedo esperar más, yo... - Pedro, ¿no?
¿Te acuerdas de Adolfo?
Sois novios Adolfo y tú, ¿no?
Pues no lo sé, Pedro, porque estas cosas del amor son muy difíciles de definir, ¿sabes?
¿Has dicho del amor?
Mañana. Tú, yo y una habitación en el Cibeles.
Vas a dormir con él.
Y si lo fuera a hacer, ¿hay algún problema?
No.
Me lo he pasado muy bien esta noche.
Para eso están los amigos.
Creo que no vamos a poder ser amigos.
- Menos mal que has sabido improvisar. - No he improvisado, Alberto.
Estoy conociendo a otra persona.
Gracias por esta noche maravillosa.
Gracias a ti. Que me has venido a buscar, me has llevado a cenar a un restaurante precioso
y ahora me vuelves a traer.
¿Te beso antes de acostarme?
[suena una melodía de los 50, sintonía de la serie]
[acaba melodía de los 50, sintonía de la serie]
Alberto.
[Alberto] Siento si os he interrumpido.
No, no, no, tranquilo.
No sabía que...
Que vosotros dos...
Sí, sí, lo reconozco, tengo intereses ocultos en tus galerías, aparte de
tus uniformes.
Me ha dicho Ana que estaba trabajando en ellos.
Sí, sus propuestas fueron las mejores.
Gracias, pero aún queda mucho trabajo por hacer.
[Carlos] Espero que no tengas muchas horas extra.
Intentaré que no sea así, Carlos.
Tenemos que preparar nuevos bocetos, Ana.
Lorenzo Palacios ha sugerido una línea más sobria.
Si pudieras tener algo preparado para mañana...
Claro, don Alberto.
No os interrumpo más.
[Rita] ¡Espera Ana!
No cierres.
Pero ¿tú qué haces aquí?
- ¿No tenías que estar en el hotel con...? - En el hotel, sí, con Adolfo.
Cuando te cuente el culebrón...
Aunque espera, por tu cara yo diría que tienes uno mejor, ¿o qué?
Alberto nos ha visto a mí y a Carlos juntos.
Ay, madre. ¿Y cómo ha ido?
Raro, incómodo.
Tú no tienes nada de qué avergonzarte.
No, ya lo sé, pero...
Pero no puedo dejar de pensar en...
En cómo se lo habrá tomado.
Bueno, pues si tiene un mínimo de corazón le habrá dolido algo, aunque sea un poco.
Pero te digo una cosa, ojalá.
Así empezará a darse cuenta de lo que ha perdido.
[suena música de rythm and blues]
[Sara] ¿Olvidando o celebrando?
Son los únicos motivos que pueden traerle a un bar a estas horas de la noche.
[tintineo de hielos]
¿Puedo?
¿Qué?
¿No se atreve a responder?
No soy el único que bebe solo a estas horas de la noche.
Le podría hacer la misma pregunta.
Celebrando.
Siempre hay tiempo para una copa cuando brindas, porque...
...se puede beber sola a estas horas de la noche.
Una mujer no debería estar en un sitio como este sin compañía masculina.
Y aquí estoy.
Ahora le toca a usted.
¿Olvidar o celebrar?
- Más lo primero que lo segundo. - Mm.
Suena complicado.
[Alberto] Le aseguro que mi mujer es maravillosa, es
la mujer perfecta y yo quisiera quererla con toda mi alma, pero no...
Pero no es esa otra mujer.
No es esa otra mujer, no lo es.
Ahora me he enterado que ha rehecho su vida.
Que tiene novio.
Y la observo desde fuera y la veo valiente, la veo decidida, la veo como antes.
Y debería de alegrarme, pero no,
pero no, no me alegro.
No me alegro. La veo sonreír y no es por mí.
No sabía que esta noche me había encontrado con uno de los pocos románticos que quedan.
- Tampoco se crea todo lo que le digo. - [Sara ríe]
- ¿La estoy molestando? - No, no, no, por favor.
Usted es una especie en extinción.
Y en cierta forma me siento una privilegiada.
Antes me refugiaba en mi trabajo.
[Alberto suspira]
Pero ahora, un imbécil me lo ha quitado todo.
No me queda nada. Solo me queda un trabajo menor que no me...
...que no me motiva.
No sé por qué le cuento todo esto.
Porque no me conoce de nada.
Supongo que es más fácil que una desconocida no le juzgue
y de paso, le dé una solución mágica a todos sus problemas.
Supongo.
Pero ha dado con la mujer equivocada.
En realidad no se hace una idea de lo ridículo y egoísta que suena.
[Sara ríe]
¿Yo le cuento mi vida y usted me insulta?
¿Usted de verdad cree que la vida lo llevó hasta aquí?
Porque hasta donde yo he oído, lo ha hecho usted solito.
En eso consiste madurar.
Sí, en eso
y en aprender que la felicidad depende de uno mismo.
Hágase un favor:
Deje de lamentar cada decisión y empiece a hacerse responsable de ellas.
Permiso.
[susurra] Buenas noches.
[Blanca] Señoritas, espabilen.
Tienen una hora para arreglarse y estar en sus puestos.
[Rita] Doña Elena.
¿Por qué no pasa usted primero?
¿Por qué? Si lleváis más tiempo esperando vosotras.
No, no, pero a nosotras no nos corre prisa, ¿verdad que no?
No, qué va.
- Claro. - Está bien.
Voy. Muchas gracias.
Gracias.
Anda que, para qué va a ir al baño, si ya le has dado tú jabón de sobra.
[Rita] Que hay que tener amigos hasta en el infierno, chicas.
Que no sabemos cómo es esta.
Qué poca experiencia vital.
Con permiso. Con permiso.
Uy, con lo fácil que era firmar en una hoja de papel en Cuba.
Todo es cuestión de acostumbrarse, eh.
[suena timbre del reloj de fichar]
No está permitido ausentarse para ir a las habitaciones.
No se dan permisos, salvo algún asunto familiar grave.
Y cuando haya algún encargo extraordinario, las chicas se organizarán por turnos.
- ¿La gente está aquí tranquila, feliz, trabajando? - [máquinas de coser funcionando]
Bueno, tienen techo y trabajo.
¿Por qué no habrían de estarlo?
No, porque la Revolución Industrial terminó hace mucho.
Vamos, dense prisa.
Hay que sacarlos antes de la apertura de puertas.
Órdenes de don Enrique.
Si el señor de la Riva
viese todo esto...
- [interfono suena] - [Clara] ¿Sí, don Alberto?
[Alberto por interfono] No me pase ninguna llamada.
Y que no me molesten. No quiero ver a nadie.
[Raúl] ¿Ni siquiera a un viejo amigo?
[Alberto] Raúl.
¿Noche toledana?
[Alberto] Pensaba que estabas en París.
- Pero ¿qué haces aquí? - Bueno
- Alberto, Patricia... - Tenemos visita.
Raúl de la Riva.
¿Qué has venido, a saludar?
Mira. Estos papeles
demuestran que jamás plagié a mi antiguo socio.
Sentencia y peritaje de bocetos.
Me alegra que todo se aclarara.
Pena que la causa no se resolviera antes de que tuviéramos que contratar un gran diseñador.
Tengo una oferta en Harrods, en dos días me voy a Londres.
No he venido a mendigar, sino a callar bocas.
- ¿Tienes una oferta en Harrods? - Mm, mm.
Y veo que lo que he conseguido, ¿no?
Entonces habrá que celebrarlo. ¿Una copa?
[Raúl] Y no una cualquiera.
No, una cualquiera no, un buen bourbon .
¿Enrique, quieres una?
[Raúl] ¿No te quedas, Enrique, a tomar una copa?
Ah, Enrique, mucha suerte con Lorenzo Palacios
hace mucho que no diseña.
La vas a necesitar cuando te llene de óxido los escaparates.
[ríen a carcajadas]
¿Te he dicho ya cuánto te he echado de menos?
Viniendo de ti, nunca es suficiente, Mateo.
- [Mateo] Así que Harrods. - [zumbido de la maquinilla de afeitar]
Sí, dietas, libertad para escoger a mi equipo,
fines de semana libres. ¿Qué más se puede pedir?
Así me gusta, que se reconozca tu talento como Dios manda.
Bueno, tú siempre lo reconociste.
A ti te costó un poquito más.
[Alberto ríe]
Lo único que me sabe mal es que todo esto haya tenido que terminar así, Raúl.
Bueno, por suerte ya ha terminado.
Y ha sido agotador.
[Raúl] Así que quiero que esta noche lo celebremos como se merece
los tres en el Pausa.
Hecho.
Siento interrumpir pero...
- ¡Cherie! A mis brazos. - [Clara y Raúl ríen]
[Clara] ¿Esto es porque me has echado mucho de menos?
A unos más que a otros.
Yo también te he echado de menos.
Y ahí hay alguien que también te ha echado.
[Raúl] Pero...
Pero, Ana.
¿Pero qué te has...? Pero estás divina.
[Ana] Gracias.
Soy la diseñadora de los uniformes de Airsa.
¿Cómo?
[Raúl] Pero...
Aquí han pasado muchas cosas buenas desde que me he ido, ¿no?
Bueno tenéis que contarme.
Vamos.
[Raúl] Señoritas...
[Rita] ¡Raúl!
- Señor de la Riva, qué sorpresa. - [Rita] ¡Uy, uy, ay!
No me puedo creer. ¡Dios mío!
Señorita, por favor.
Míralo, pero si está más flaco.
¿Tendrá una buena razón para irse sin despedirse?
[Blanca] Señoritas, ante todo, discreción.
Bonito pelo, doña Blanca.
Seguí un buen consejo que me dieron.
A usted no la conozco. Yo soy Raúl.
Elena Valle.
- [Isabel] Encantada. - [Raúl] Un placer.
Ahora tenemos dos jefas de taller.
Bueno, bueno, no exactamente.
Bueno, madre mía, veo que por aquí abajo también ha pasado una revolución.
[Rita] Uy, por aquí ha "pasao" de todo.
Hasta una rata se nos coló aquí dentro.
- ¡Ay, no! - Sí, sí.
- ¡Ay, qué asco, una rata! - Ya. Sí.
¡Ay!
¿Habréis salvado las telas de París?
- ¡Sí! - ¿Y a don Emilio?
Era un ratoncito.
Solo un ratoncito.
No les dejaría armar este alboroto, si la ocasión no mereciese la pena.
Bienvenido señor de la Riva.
- Es una alegría volver a verle. - [Raúl suspira]
La alegría es para mí, don Emilio.
De verdad.
¡Ay, les he echado mucho de menos!
[gritan]
- [Rita] A mí, a mí. - [ríen]
Así que le dije: "O ese mármol o ninguno".
Y tu hermano aceptó.
No sé,
últimamente está más atento que nunca.
Cristina.
[Cristina grita, Bárbara ríe]
Perdona. Perdona, es que tengo la cabeza en otro sitio.
¿Sabes que desde que llegamos de Roma
- no me ha venido el...? - ¿Mm?
Pero eso es una noticia buenísima.
Sí, calla, calla, calla. Pero todavía es demasiado pronto para emocionarse.
Pero ¿te imaginas que si estuviera...?
Pues si lo estuvieras, íbamos a ser la envidia del club de golf.
Yo con Lourditas, tú con Alberto junior.
Tenemos que ir a ver al doctor Salas.
Ya verás, es maravilloso, te va a encantar.
Pero, primero vamos a las galerías, ¿eh?
Se lo quiero decir a Alberto.
No he tenido ocasión de decírselo y la última vez que nos vimos discutimos y...
Y no hay nada mejor que una noticia como esta
para arreglar las cosas.
Confía en mí.
- ¡Venga, báñate! - Que no, que estoy en estado.
- Que está muy fría. - [Bárbara ríe]
[llaman a la puerta]
Adelante.
Buenos días.
Buenos días.
Anoche te esperé despierta hasta tarde en casa, pero ni siquiera has venido a dormir.
Tenía mucho trabajo, no podía pasar.
Y te estuve llamando al despacho, pero no contestaba nadie.
Salí a comer. ¿Qué es esto, un interrogatorio?
No.
No, no, por supuesto que no. Pero, podías haberme avisado.
Bueno, ya te lo he dicho, tenía mucho trabajo.
Palacios y tu hermano me tumbaron a última hora la propuesta para la colección.
Como si yo no pintara nada en esto y tu hermano supiera mucho de moda.
¿Y qué sabe? ¿Eh?
Dime.
Por un momento pensé que venías por la buena nueva.
Raúl ha vuelto. Ya no tiene problemas con la justicia, pero, claro, a lo mejor tú no te lo crees.
Pero ¿cómo te atreves?
¿Dónde está?
Quiero verle.
Está abajo.
[sonido de máquina de escribir, teléfono suena]
Uy, uy, uy.
Por la cara que traes, parece que las cosas no han ido todo lo bien que esperaba.
No se lo he dicho.
Prefiero esperar a estar segura.
Vámonos, quiero bajar al taller.
¿Al taller?
¿Para qué?
Señoritas.
[Raúl suspira]
La última vez no me fui
como un caballero, me fui sin despedirme.
Pero si lo hubiera hecho,
les hubiera dicho que para mí
ha sido un verdadero placer trabajar con ustedes.
No se imaginan cuánto.
Bueno señoritas, de vuelta al trabajo.
[timbre del ascensor]
- Hola. - Hola.
¿Y qué tal, Bárbara? Estás bárbara.
Mucho mejor que la última vez que te vi.
Bueno, ya sin exceso de equipaje.
La niña, ¿qué tal? ¿Está bien?
Perfectamente está, Raúl.
[Cristina] ¿Y tú, cómo estás?
Alberto me ha dicho que todo se ha arreglado. Me alegro.
[Raúl suspira]
Raúl, quería...
No me apetece remover el pasado, Cristina. De verdad.
Ven a casa a cenar. Por favor.
Tengo plan para esta noche.
[Cristina] Vamos a celebrar que está todo bien.
A Alberto y a mí nos haría muchísima ilusión.
No.
Va a haber sopa.
[teléfono suena]
Diga.
Sí, soy yo.
¿De Radio Continental?
¡Qué!
- Dame una sola razón - [Rita ríe nerviosa]
para que no te mate ahora mismo.
[Ana levanta la voz] Oye, ¿qué pasa?
Que la he apuntado en el concurso de talentos de la radio.
- Ah, pero, ¿Luisa canta? - [Rita] Uh, como los ángeles.
Ay, Dios mío, pero no sabía nada. Qué callado te lo tenías.
Porque soy modista, no cantante.
¡A ver, tregua!
Necesito silencio para concentrarme o no termino estos bocetos, mira cómo me lo habéis "dejao".
Pero ¿a ti no te gustaba cantar?
- No. - Bueno.
Bueno, sí, me gusta cantar, pues como a todo el mundo, "pa" hacer el canelo.
Bueno, y lo de quitarte el luto y soltarte el pelo en la verbena, ¿no era para romper con todo?
Ay, sí, anímate. Y así podemos conocer a Verónica Lago.
Que he oído en la radio que va a ser ella el jurado del concurso.
Además, a ti el dinero del concurso lo mismo hasta te viene bien, ¿no?
Bueno, muy bien. Supongamos que acepto. Hay un problema.
El concurso es mañana y es en inglés.
- [Clara y Rita al unísono] ¿Qué? - [Luisa] Sí, en inglés.
Bueno, pues hay que encontrar a alguien que hable inglés y que te pueda echar un cable.
Ayudarla, venga, pero fuera de aquí que yo necesito trabajar.
Venga, fuera.
- Una... - [Rita] Eh.
Y a ti, de verdad, que ya te vale.
Pues creo que tengo al profesor adecuado para ti.
Definitivamente, te has vuelto loca, Clara.
Mira, de algo te tenían que servir tus estudios en Londres.
Me sirve para los negocios, no para jugar a los maestros con tus amiguitas.
Ay, bueno. ¿No seguirás enfadado por lo de tu madre?
No. No sigo.
Lo que no quiere decir que no se me haya pasado.
Pero sabes de sobra que soy el hombre con menos paciencia del mundo.
Además, pasarme la noche entera enseñando a Luisa no me parece el plan más apetecible.
[sonido de máquina de escribir]
Pues,
es ese o ninguno.
Ni hoy ni el resto de semana.
Está bien, si es lo que quieres.
Mateo, que solo tienes que enseñarle unas pocas frases en inglés, las de la canción.
Que no.
Tú piénsalo. Podemos ir al concurso y conocer a todas las estrellas de la radio.
Ah, de ahí viene tu interés.
Bueno ¿y qué pasa?
Es que va a estar la gran Verónica Lago y a mí me encanta.
¿Sabes quién es? Va a ser jurado en el concurso.
Sí, me suena ligeramente de los carteles de cine y todo eso.
Además, prometo pagar sus servicios, profesor.
Pero algo por adelantado.
No sabes el lío en el que me he metido.
Madre mía.
Muy bien, Carlos. Muy bien.
Nos vemos luego.
Adiós.
Dime que la reunión con Ortega no se ha retrasado.
Carlos ha llamado para confirmar la reunión.
Él también asistirá.
Bien. Cuantas más caras conocidas, mejor.
Es el nuevo novio de Ana.
[teléfono suena al fondo]
¿Carlos?
Sí, Carlos.
Yo puse la misma cara que tú.
Anoche fui a buscar a Ana para decirle que teníamos que replantear
los bocetos, y estaban los dos ahí, besándose
en el callejón.
¿Qué?
Por eso hoy te estabas cambiado aquí. Ayer no volviste a casa, ¿verdad?
- Fui a tomar una copa. - Ah.
Y se te hizo de día, ¿verdad?
No, Mateo, sé lo que estás pensando y no es eso.
No es eso. Estoy preocupado por Ana.
¿Qué sabemos de Carlos?
¿Qué sabemos de Carlos? Que es amigo de Enrique.
Que se llevan bien. No son las mejores referencias.
- ¿Qué? - Nada.
Podría ser primo hermano del papa y aun así lo mirarías mal.
Alberto, tarde o temprano iba a pasar,
ella iba a rehacer su vida. ¿Qué te crees?
¿Qué se iba a quedar aquí para vestir santos?
Don Alberto, la señorita Patricia acaba de llegar para la junta de accionistas.
[Patricia] Pues ya estamos todos.
[Alberto] Falta Gloria. Si todavía
- no se me ha olvidado... - Mi madre no va a venir.
Me ha dejado todas sus acciones. Ahora también controlo su parte de la empresa.
[ríe, da una palmada]
He traído estos documentos por si queréis echarles un vistazo.
¿Por qué no ha venido ella a comunicárnoslo?
[Patricia] No quería armar un revuelo con todo esto.
Gloria no es una mujer que deje escapar una oportunidad así.
¿Qué puedo decir? Quería retirarse.
Los años pesan, estaba harta de la ciudad...
No nos tomes por tontos, Patricia.
- Tu madre no creo que haya salido de aquí... - Me da igual lo que tú creas, Alberto.
Esos documentos lo dejan bien claro.
Ahora controlo el cuarenta por ciento de esta empresa, el mismo que controla Enrique.
Esto no hace sino confirmar el relevo generacional que había empezado mi padre.
Yo por mi parte no tengo mucho más que decir.
[Patricia] Pues yo por la mía, sí.
Creo que ahora estoy en posición de elegir qué quiero hacer dentro de esta empresa.
¿Y tienes algo en mente?
Quiero trabajar con Lorenzo Palacios.
Sé de moda y creo que podría ser de utilidad.
No sé si es demasiado pronto, Patricia, para que te ocupes de una responsabilidad así.
Si estás celoso...
¡No, no son celos, no te equivoques!
Si lo piensas bien, nunca has tenido una responsabilidad así.
Dudas de mí, como habría hecho nuestro padre.
Puedo hacerlo, Alberto. Igual que pude empezar desde abajo.
Yo no tengo inconveniente en que estés aquí conmigo.
Está bien.
Al menos tú sabes de moda. Enrique poco podría haber hecho.
[Enrique ríe sarcásticamente]
¿Entonces, estamos todos de acuerdo?
Perfecto.
[puerta se cierra]
Pensé que no había secretos entre nosotros.
Enrique, por favor.
No sé si te has dado cuenta, pero tienes más acciones...
- ¿Que Alberto? Sí. - [teléfono suena al fondo]
Y además eres una Márquez.
Con tus votos y los míos podrías ser la nueva directora de Velvet.
¿Sabes una cosa?
¿Mm?
[sonido de máquina de escribir al fondo]
Que en los negocios, como en todo...
...ir deprisa nunca es placentero.
- Así que, tiempo al tiempo. - [timbre del ascensor]
Que hoy el nuestro tiene dueño.
Señor Palacios.
Siento el retraso.
No es mi costumbre. Enrique.
- [Lorenzo] Señorita. - No se preocupe.
Eso nos ha dado tiempo a ajustar los planes.
Y además, la señorita Patricia tiene unas ideas estupendas que contarle.
¿Ah sí?
[Pedro silba]
Venga, Adolfito, que no tenemos toda la mañana, venga.
[continúa silbando]
Salustiano.
Bueno... Uy, vaya carita tienes, ¿no?
Una noche complicada, ¿verdad?
Ya, serán las preocupaciones. A mí me suele pasar siempre lo mismo, eh.
- Pedrito. - Dime.
Que no está el horno para bollos.
Ya. Oye, espera Espera, espera, espera...
Espera que... Perdona.
Que es que...
Así, así.
Con la boca.
Hala.
- [Rita] Buenas. - Buenas.
Pedro, sé que tienes que supervisar la carga pero ¿nos dejas a solas un momento?
¿A solas?
- Pues la verdad es que... - ¿Nos dejas a solas sí o no?
- Por favor. - Sí, voy a recoger la última carga del camión.
Así que me voy, pero ahora vengo.
Perdón.
Tienes que acabar "agotao", todo el día con las cajas, ¿no?
Rita, tengo mucho trabajo.
Así que, si no tienes nada que decir...
Rita.
Cuando me llamas Rita no es cosa buena.
Yo quería decirte que entiendo que estés "enfadao" por lo de anoche.
Y que, bueno, que tenía que habérmelo pensado mejor y no dejar
que te viera los... Las...
Lo que te quería decir
- es que... - Rita.
- Yo tenía claro... Me apetecía, pero me pongo... - Rita, para, para, para.
- Para. - Cuando te pones cerca.
Entiendo que las mujeres necesitáis un poco más de tiempo para estas cosas y está bien.
- Tú me gustas mucho. - ¿Sí?
Y no quiero que esto se estropee por habernos precipitado.
¿Estás de acuerdo, rubita?
Rubita.
Ves, eso está mucho mejor.
Ahora que, si me vas a volver a dejar plantado, no lo hagas en un hotel.
Que me he dejado toda la paga de la semana.
Ay, siempre mirando la peseta. Mira que yo con tacaños, no, eh.
Que mucho mejor románticos.
Pues yo de eso ando "sobrao".
¿Sí?
Sí, ven aquí... Que te voy a enseñar.
- Mira Ven aquí. - Pero ¿qué haces?
- Mira, mira. - Que yo tengo miedo
[Rita ríe]
[Rita] Uy, qué...
Qué caradura.
[máquinas de coser funcionando]
[Alberto] Buenas tardes, doña Elena.
Siento si la interrumpo.
Buenas tardes.
No, por Dios, estoy aquí...
¿Qué tal? ¿Le está costando adaptarse a las galerías?
Bueno,
si quiere que le diga la verdad, con diez años menos
llevaría todo muchísimo mejor.
Pero vamos, tener trabajo a mi edad es...
...como mínimo, como para estar bailando el chotis por las esquinas.
[Alberto ríe]
Así que yo quiero agradecérselo, porque para mí,
don Alberto, esto es una oportunidad que yo...
- ...realmente... - Don Alberto.
Don Emilio me ha dicho que quería hablar conmigo.
[Alberto] Sí,
quería hablar con las dos.
El arranque de la colección de Airsa no será tan inminente como pensábamos.
Y como doña Elena está entre nosotros, he pensado
que compartan la jefatura del taller desde ya.
Así usted tiene menos trabajo y usted se va adaptando a los
procedimientos, a las chicas del taller.
Perfecto.
[ríe]
- [Ana] Espera. - [timbre del ascensor]
- Hola. - Hola.
Venía a enseñarte algunas propuestas en las que he estado trabajando.
Muy bien.
Alberto, antes que nada quería hablarte de lo de Carlos.
No, no me tienes que decir nada. Me alegro por ti.
Yo bajaría la falda un poco.
Un poco, un poquito,
dos centímetros.
Y...
...un poco más...
Más estrechita.
A este paso, no van a poder ni respirar.
Bueno, es lo que quiere Lorenzo, que sean más elegantes.
Ya.
Y menos cómodas
y más clásicas.
Te llevo oyendo toda la tarde.
¿Usted tiene alguna propuesta, señora diseñadora?
Podríamos conseguir ambas cosas recortando el largo de la falda por encima de la rodilla.
Bueno, se van a trabajar, no se van a un guateque.
Y quizá Lorenzo tenga razón, esta empresa es tradicional,
es conservadora. Sus clientas son así.
A mí tampoco me gusta esto, Ana.
¿Y por qué lo hacemos?
¿No eres el director del proyecto?
¿No deberías entregar algo en lo que creas?
¿Algo en lo que crea? Bienvenida al mundo real.
¿Y si el cliente te pide chaquetas de esparto, también se las vas a dar?
[ríen]
Serían unos modelos dignos de ver.
- Y picarían. - [puerta se abre]
Eso picaría.
Siento interrumpir.
Hola.
¿Qué tal, Carlos?
[Carlos] Espero que tengas hambre, porque tenemos mesa en diez minutos.
Claro, recojo y nos vamos.
No, no te preocupes, ya recojo yo. No vayas a perder la reserva.
Gracias.
Gracias.
- Hasta mañana. - [Ana] Hasta mañana.
[suspira]
[puerta se cierra]
Qué bien que ya has llegado. La cena está a punto...
No me quedo a cenar. He quedado con Raúl en el Pausa.
[Raúl ríe a carcajadas]
[Raúl] Así que accionista mayoritaria.
[Patricia] Como lo oyes.
[Raúl] Me encanta.
[Alberto] ¿Raúl?
Más de un cliente va a echar de menos esas piernas, te lo digo yo.
- [Patricia] Qué tonto. - Habíamos quedado en el Pausa.
¡Sorpresa!
Cristina me ha invitado a cenar y si Cristina me invita a cenar, yo no puedo negarme.
Gracias.
Me ha costado mucho volver a estas galerías
y no pienso marcharme a Londres sin cerrar heridas.
Así que esta velada va a ser para hablar mucho,
como en los viejos tiempos, sin tabúes.
- ¿Vamos? - [Raúl] Vamos.
Hola. ¿Está Jonás?
Jonás... Que soy tu primo Pedro.
[ríe]
¿Qué tal? Bueno...
Tengo una muy buena noticia.
Que te vienes para la capital, así que prepara ya el hatillo.
Sí, de dependiente.
Sí, sí. Bueno, tienes que preparar primero una prueba
con don Emilio, pero lo tengo ya en el bolsillo, eh.
Sí.
Bueno, no, no... Bueno, ¿vas a venir?
Vale. Vale, venga, pues te espero aquí.
Vale, adiós, primo. Adiós.
[cuelga el télefono]
Rita. ¡Rita!
Rita, no sabes con quién acabo de...
...hablar.
¿Con quién acabas de hablar?
Pues con quién va a ser, con su mujer y su hijo.
Siempre se le queda esa cara de pasmarote cuando habla con ellos.
- ¿Y cómo están? - Buf,
pues están estupendamente. Tengo muchísimas ganas de verles.
¿Y cuándo os vais a ver?
Pronto, prontísimo, este mes no puedo porque no tengo muchísimo dinero, pero claro,
tenemos que hacer todos los preparativos de la boda, las flores, el vestido...
¿El vestido? Pero, si el vestido no lo tienes que preparar tú.
Ya, pero, claro ¿Tú te has casado alguna vez? Yo sí me voy a casar dentro de muy poco.
Y como veo muchísimos... Muchos, buf,
muchísimos vestidos,
Rosa María que se fía muchísimo de mi opinión, ¿sabes?
[Clara] Rita.
Hija de mi vida.
- ¿Nos vamos? - Sí.
- Me tengo que ir. - Vale, muy bien, pues...
- Mañana nos... - Ay, qué tirón me ha dado en el cuello.
- Mañana nos vemos. - ¿A dónde vas?
- A la escuela. - Muy bien.
¿Qué haces?
A ver. Esta es la canción que he escogido.
No sabía que iba a tener tantas alumnas.
En fin. A ver, Luisa.
Fíjate en cómo leo la primera frase.
"I don't know what it is that makes me love you so".
Pero vamos a ver. Yo tengo la letra aquí y no dice eso.
Rita, se pronuncia así.
- ¿De acuerdo? - [Clara ríe]
Lo importante es que te quedes en cómo lo digo.
- A ver, la "e" es "i". - ¿Y la "a", entonces?
La "a" es "a", o "ei", o es una mezcla entre "e" y "a" o...
A ver, pero, ¿no sería más sencillo que fuera solo una "a"?
Porque ya me dirás tú. ¿Y cómo sabes que se dice de una manera o de otra?
Se sabe, Rita, se sabe. Con la práctica, al oírlo, esas cosas se saben.
Centrémonos en la letra, por favor.
Bueno, entonces, si te aprendes todas las vocales como se dicen y todo el abecedario, ya está.
[levanta la voz] ¡Las alumnas aventajadas, fuera!
¡Fuera!
- Fuera. - ¿Yo también?
Tú la primera. Fuera.
[puerta se abre, después de cierra]
Era eso o matarlas.
[Mateo suspira]
A ver Luisa. Vamos a hacerlo más sencillo.
Si quieres ganar este concurso
limítate a leerlo tal y como te lo escribo.
Oye, pues menudo carácter gasta tu novio.
Pues sí. Porque, que te eche a ti, todavía, pero que me eche a mí.
Yo no me pienso quedar aquí esperándole.
¿Nos vamos a tomar algo?
Espera, que oigo algo.
[Luisa canta en inglés]
Música.
Oigo música.
¿Pues, que quieres escuchar ahí dentro?
Anda, vámonos.
[Rita] ¿Al Pausa?
Pero invitas tú, eh, que ganas más.
Esa excusita se te va a acabar.
"Ai...
...donte...
...nou...
...guou...
...isi...
...iti..."
No.
"¿Itís?"
Hombre, Max. Estarás contento de que haya vuelto, ¿no?
Menudo el trajín
que te has ahorrado. Hola.
- Antes tenía menos tiempo para pensar. - Ah.
Pues yo no sabía que eras un "telectual" de esos.
Yo no soy ningún intelectual, Pedro.
Más bien soy un imbécil.
Bueno, imbécil...
...imbécil soy yo.
No, tú no puedes ser imbécil.
Bueno, si yo te contase...
Pero aquí lo importante eres tú, así que...
...cuenta.
Que soy un imbécil, Pedro, porque solo un imbécil se enamoraría de una mujer que no...
Bueno, que no...
Bueno, ya sé.
Yo de eso sé de sobra.
O sea, lo importante siempre es...
...¿cómo sabes que no te quiere?
No, no,
que solo quiere lo que quiere.
Claro, ¿y qué quiere?
Sexo.
- Solo quiere sexo. - Bien.
Pero, o sea...
Pero tú no puedes, no puedes estar mal, o sea...
Es que yo estaría muy contento de eso, ¿no?
¿Lo ves? Pues por eso soy imbécil.
Pero es que eso no es ser imbécil, Max.
En serio, ser imbécil es...
...pues ver a la mujer que te gusta agarrada del brazo de otra persona
un día, y otro día, y otro día, y otro día.
Y así una mañana, y otra, y otra y otra.
Y erre, y erre, y erre.
Y se cogen de la mano, y se cogen y se vuelven a coger.
Y claro, tú no puedes hacer nada ante eso.
[Pedro respira agitadamente]
Pero aquí lo importante eres tú.
O sea, ¿tú te has mirado a un espejo?
¿Tú te has visto la cara que tienes, Max?
Si yo fuese tú,
yo no dejo, yo no dejo... A ni una la dejo viva.
A ni una.
Venga.
Bueno, me voy a dormir
a ver si alguien me pide sexo o algo de eso.
[puerta se abre]
[puerta se cierra]
¿Puedo pasar?
¿A qué has venido?
Si sigues preocupado por lo de Lorenzo, no tienes motivos.
He cancelado mi cita con él.
Haz lo que quieras.
¿Vas a estar todo el tiempo así?
He tenido un día duro. Esa doña Elena me está sacando...
O sea que no quieres más que lo que tenemos, pero
si quieres desahogarte, yo tengo que estar dispuesto.
Max, por favor.
¿Qué pasa?
¿Acaso he dicho algo que no sea cierto?
¿Tenemos que discutir esto aquí?
Será mejor que pase, alguien podría vernos.
Sí, y eso sería inaceptable, ¿verdad?
Blanca, me he cansado.
Me he cansado de que me uses cuando quieras.
Tu pusiste los límites, no fui yo.
Será mejor que se vaya, doña Blanca.
De acuerdo.
Buenas noches.
[suena música de jazz]
Cualquiera interrumpe a dos compañeros de clase.
He hablado con tu madre.
Siento haber dudado de ti y de tus intenciones.
Disculpa.
Solo espero que lo des todo por el legado que padre nos dejó.
Nuestro padre nunca hizo nada por mí, ¿por qué habría de hacerlo yo?
No digas eso mujer, sí que se preocupó por ti.
[ríen]
Es increíble que tengas estas fotos todavía.
Pero mira qué pintas.
[Raúl ríe a carcajadas]
Perdón.
Raúl, lo que pasó el día de mi boda, no...
Tuve miedo del qué dirán.
Y...
Y también pensé en mi padre. En todo el esfuerzo
- que había hecho. - Por favor, no lo empeores más todavía, Cristina.
Lo que hiciste fue muy decepcionante.
Has trabajado muy bien en las galerías.
Todo el mundo lo comenta.
Ahora vas a tener que tomar decisiones muy importantes.
Así que es eso lo que te preocupa,
saber en qué lado estoy.
Pues ni de uno, ni de otro, Alberto.
Y por supuesto que no tengo ningún interés en que tu guerra con Enrique me pille por medio.
Pero lo estás.
Tienes el cuarenta por cierto de las acciones.
Me preocupa que no estemos en el mismo barco.
Bueno, pues no te preocupes.
Entiendo que es algo normal en los hermanos mayores,
pero a ti eso siempre te vino grande.
Así que demos las gracias porque sepa cuidarme por mí misma.
Yo, en realidad, esta noche he venido aquí para abrirte los ojos.
Llevas mucho tiempo engañada.
[Cristina ríe]
¿De qué estás hablando, Raúl?
Tu hermano Enrique intentó hundirme.
Mi hermano Enrique lo único que quería era salvar la imagen de las galerías.
¿Por eso envió pruebas falsas a la acusación?
No, eso no puede ser verdad.
No, es verdad, no puedo demostrarlo.
Pero sé con seguridad que lo hizo.
- ¿Y por qué iba a hacer una cosa así? - Porque tu hermano
haría lo que fuera con tal de hacerle la vida imposible a Alberto.
Cristina, yo no gano nada mintiéndote.
Piénsalo.
Alberto tiene que saberlo.
Vamos a dejarle en paz a Alberto.
Que ya tiene mucho con lo que tiene.
Y si no os lo he querido contar esta mañana en las galerías es porque...
...preferiría no echarle más leña al fuego.
Pero tú lo tienes que saber.
[pasos acercándose]
- ¿Todo bien? - [Raúl] Mm.
Perfectamente. Excepto
que me falta vino.
Te traigo una botella.
Lo siento.
Uy, uy, uy.
Pero ¿tú estás segura de que ese vestido combina con ese cinturón?
¿No, qué?
¿Debería cambiarme?
O ponerme una chaqueta a lo mejor.
Oye, Rita que estoy muy nerviosa, que no estoy "pa" bromas hoy.
Ana, que yo he visto tus diseños, conque les guste la mitad de lo que me han gustado a mí
estas galerías se van a acabar llamando Galerías Ribera,
- y si no, al tiempo. - [Ana ríe]
[llaman a la puerta]
Pero bueno, ¿y esto?
Son "pa" ti.
¿"Pa" mí?
¿Ana, has visto? Que me han "regalao" flores.
A mí. Con lo que me gustan.
Qué bonitas son.
Y tienen tarjeta.
- ¡No, no, no la leas! - Sí, sí, sí...
"Unas pocas flores para la flor más bonita de todas.
Que tengas el mejor de los días. Adolfo".
Si al final va a resultar que el manitas es un romántico.
Qué boba eres.
[Pedro] Yo solía regalar a Rosa María tulipanes.
Porque los tulipanes huelen muchísimo mejor.
Y además en "Sgurtan" teníamos la manía de regalar ramos día a día,
por la mañana, por la tarde, y ella estaba encantada, claro.
¿Y tú qué estás esperando? ¿La propina?
No. Me voy ya.
Mételo en agua, porque a lo mejor, se mueren.
Este chico es tonto.
- Está celoso. - No.
Vamos.
Toma, hay que ir a por agua.
Rosas para las rosas.
Ay, para una flor.
[llaman a la puerta]
[teléfono suena al fondo]
Adelante.
[puerta se cierra]
Doña Elena, qué sorpresa.
¿Sucede algo?
No, no, no.
Solo que como hoy presentamos los bocetos de los uniformes
en los que hemos estado trabajando, quería
desearle suerte.
Gracias.
No está nervioso, ¿no? Ha hecho esto mil veces.
[susurra] No, no estoy nervioso.
[ríen]
Sí, un poco sí.
Pero el día que deje de estarlo me retiraré, se lo aseguro.
Eso decía su padre.
[puerta se abre, después de cierra]
Perdón, no sabía que estuviera aquí, doña Elena.
Querida, pasa. Ya me iba.
Bueno, nosotros también, que el señor Ortega está a punto de llegar.
Les va a ir muy bien.
[ríe] Gracias, doña Elena.
- Tiempo al tiempo. - Gracias.
Gracias.
- Vamos. - Vamos.
Aprieta, aprieta.
A ver si te vas a desmayar antes de que llegue.
Guárdate las bromas para luego, que nos jugamos mucho en esto, Mateo.
No te preocupes, estamos bien preparados.
Seguro que ese Ortega solo sabe de moda con lo que aprendió yendo con su madre a comprar fajas.
[Alberto y Mateo ríen]
No se relajen, que el señor Ortega es un hombre serio y exigente.
[puerta del coche se cierra]
Madre mía.
Nada de fajas. Lencería cara, seguro.
- [Enrique] Sara, qué sorpresa. - Enrique.
- Esperábamos a tu padre. - Sí,
reunión urgente en Nueva York.
[Sara] Sí, te pido disculpas en su nombre.
[Enrique] Si van acompañadas de una cena, las acepto.
Te presento a Alberto Márquez, director de las galerías.
Encantada.
Encantado.
[Enrique] Mateo Ruiz, subdirector.
Y Ana Ribera, la diseñadora de la colección.
¿Entramos?
No la necesitas, pero, suerte.
[Ana] Gracias.
[Alberto] Comodidad, calidad y sobriedad.
Son las tres líneas en las que hemos trabajado los uniformes.
Y las mismas líneas en las que trabaja nuestro nuevo diseñador para la colección de temporada.
Las dos irían en consonancia.
Y podrían convertirse la una en el escaparate de la otra.
Hemos adaptado nuestro taller para que puedan producir al doble de velocidad de lo habitual.
A un precio muy competitivo, claro.
¿Y bien?
Esto no era lo que esperaba encontrar.
Señora Ortega.
¿A qué viene esto?
[Sara] Eso me pregunto yo.
Si esos son los mejores diseños que pueden ofrecerme, no firmaré nada con Velvet.
¿Firmar? El contrato ya está cerrado.
No,
no lo está.
Disculpe.
Y con el trabajo que acaban de presentarme, no va a estarlo nunca.
¿No hay nada que podamos hacer para disuadirla?
Me temo que no.
Esta misma noche cojo un tren a Barcelona.
Quiero trabajar con gente que cree en lo que hace.
Y se nota que esto, para ustedes, es un trabajo menor.
[timbre del ascensor]
Lo siento, Enrique.
Señores.
[timbre del ascensor]
[puerta del ascensor se cierra]
- Lo siento mucho, de verdad. - No es culpa tuya.
Dijiste que lo tenías todo controlado.
Sara es una mujer de carácter. Es difícil saber lo que quiere para su empresa.
Está claro que no le hemos sabido dar lo que quería.
La culpa es nuestra. Le hemos presentado unos bocetos que ni nos gustan a nosotros.
[Alberto levanta la voz] ¿Cómo podemos pretender que le gusten a ella?
Alberto, tranquilo. Lamentarse no vale de nada. Ya tendremos otra oportunidad.
No. Esta oportunidad no la hemos perdido.
[suspira]
Teníamos algo que nos gustaba. Hicimos ese trabajo.
¿Los anteriores bocetos?
- ¿Tú crees que si los viera...? - ¿Cuándo, Ana?
Ya la has oído. Se va a Barcelona.
Carlos, averigua a qué hora sale su tren.
[Alberto] Aunque sea le presentaremos esos bocetos en la estación.
- Haré lo que pueda. - [Alberto] Ana, busca esos bocetos.
[Mateo] ¿Qué vas a hacer? Alberto.
- Dijiste que el trato estaba cerrado. - [Enrique] Y así era.
Un pacto verbal entre caballeros. Firmarlo era una formalidad, pero tenías venir a estropearlo.
¿Sabes quién lo ha estropeado?
El gran Lorenzo Palacios.
Esa mujer venía en busca de algo distinto, y lo teníamos,
lo teníamos antes de que vosotros dos metierais las narices.
Por desgracia para todos, eso es algo que nunca sabremos.
Lo único cierto es que a esa mujer no le ha gustado lo que ha visto
- y eso es tu responsabilidad. - Estás disfrutando con todo esto, ¿verdad?
- Sí. - Alberto, cálmate.
Estoy sereno porque tengo la conciencia muy tranquila.
Este trabajo era tu responsabilidad y habrá que tomar decisiones al respecto.
Por supuesto. Desde que has llegado aquí, lo único que has intentado ha sido humillarme,
y no te voy a dar ese gusto.
Sé lo que quiere esa mujer y voy a recuperarlo.
Voy a recuperar ese contrato.
[Mateo suspira]
Un ramo de rosas rojas, preciosas.
Y con esta tarjeta, mira.
Y tú vas y le dejas desnudo ahí, en la habitación del hotel.
Pues mira Rita, yo te lo advierto, ¿eh?
Pero lo que un hombre no tiene en casa, se lo busca fuera.
Y eso es así de toda la vida.
Hombre, la cantante.
¿Qué, cómo terminó la clase?
[Luisa] Nos ha costado, pero creo que lo tenemos.
Ay, pues cántanos algo, a ver.
No, no, don Mateo me ha dicho que me reserve la voz para esta noche, como los profesionales.
¿No nos vas a dar ni un la, la, la?
Nada. Ale, que llegamos tarde.
[Pepita] Que tengas mucha suerte esta noche, Luisa.
- ¿Qué? - Que tienes una boquita que...
Bueno, pues igual le he contado lo del concurso a Pepita.
Pero vamos, que es una mujer discretísima, esto de aquí no sale.
Chs.
[aplausos]
- ¿Qué canción vas a cantar? - ¿Y qué te vas a poner?
Una tumba, Pepita, una tumba.
No la pongáis nerviosa, que tiene que estar concentrada.
Cántanos algo.
- ¡Ay, sí! - ¡Venga!
[Rita] Pero mujer, ¿cómo la pides eso?
Que pareces tonta. Que se tiene que reservar la voz, como las profesionales.
Que así se te quita la vergüenza. Tú canta.
- ¿Y cómo vas a ir peinada? - No lo sé.
Oye, de verdad...
Bueno. ¿Qué jolgorio es este?
Nada, nada. Si ya nos poníamos a trabajar.
¿Y no me vais a contar lo que pasa?
Pues verá, es que esta noche Luisa participa en un concurso de canto en la radio
y la estábamos deseando suerte.
Luisa, no me habías dicho nada que cantabas.
Enhorabuena.
Claro, celebren, celebren. En cinco minutos, eso sí, cada una en sus puestos, ¿eh?
Y poned la radio,
no nos vayamos a perder tu nombre cuando lo digan.
Madre mía.
Esto es una jefa de taller, ¿eh? Y lo demás son tonterías.
Que llega a ser Lucifer y estamos haciendo horas extras lo que queda de mes, ¿que no?
[suena música de swing lento en la radio]
¿Qué canción nos vas a dedicar?
Entonces, todo bien, ¿verdad, hija?
Cuánto me alegro.
No, por aquí sin novedad, ningún problema.
Hija, te tengo que dejar.
Sí, sí, hablamos en otro momento.
Un beso.
[cuelga el teléfono]
- Puntadas un poquito más gruesas para que la flor - [máquinas de coser funcionando]
sea más consistente. No se va a ver.
La música altera la tranquilidad necesaria para trabajar.
El único ruido permitido aquí es el de las máquinas de coser.
Precisamente la música ayuda a armonizar el traqueteo de las máquinas,
que al final del día, acabamos todas de los nervios.
Oiga, no pienso consentir que me falte al respeto de esta manera
y mucho menos delante de mis empleadas.
[Isabel] Pero ¿qué le molesta? ¿Qué le molesta?
¿Que estemos todas relajadas, tranquilamente, con más ganas?
No, no. Que estemos todas más distraídas.
En el taller no hay lugar para el ocio.
- Dios mío. - [apaga la radio]
Desde hace dos días
- ya no es solo su taller. - [enciende la radio, suena música de swing]
[suena música ambiental, diálogos ininteligibles]
[Gerardo] No lo dudes.
Seguro que te queda espectacular.
¡Papá!
¿Cómo estás?
Sorprendido, sin duda, no te voy a engañar.
- ¿Ocurre algo? - No. No, no, no.
Pero, quería pedirte un favor.
- ¿Me tengo que preocupar? - No. No.
No es nada que tú no puedas solucionar.
¿Recontratar a de la Riva? No sé qué me ofende más,
si que me pidas una cosa así, o que traigas a papá para convencerme.
Es que si no hubiese venido con él, ni siquiera te habrías dignado a escucharme.
¿Y para qué?
Es que hay una demanda por plagio de por medio.
Que ha resultado ser falsa.
Como muchas otras cosas, por lo visto.
¿A qué se refiere exactamente?
Dímelo tú.
¿Creaste pruebas falsas para acusar a de la Riva?
[ríe]
¿Eso os ha contado?
Y, ¿para qué iba a mentir, Enrique?
Si ha limpiado su nombre,
le han ofrecido un trabajo en Londres,
ha dicho que no iba a denunciar a las galerías.
¿Qué iba a sacar él de todo esto?
Pues, mira, te sorprendería saber de lo que es capaz la gente con tal de hacer daño.
¿Lo dices por experiencia propia?
Puedo contratar a alguien para que investigue el asunto
y demuestre si de la Riva miente.
¿Es eso lo que quieres?
No tiene pruebas de nada.
Y, por tu bien, espero que no las tenga nunca.
Os eduqué para que actuarais correctamente.
No quiero que el apellido Otegui se vea mezclado en este asunto.
Enrique,
no quiero que eso pase,
¿estamos?
Muy bien.
Estoy dispuesto a darle a Raúl una segunda oportunidad.
Pero,
por desgracia, es algo que no depende solo de mí.
Habrá que someterlo a votación de los accionistas.
Enrique, por favor.
No, no, no.
Tú puedes saltarte las normas, si te da la gana, pero yo no lo voy a hacer.
Toda decisión debe ser sometida a voto de los accionistas.
¿Verdad, padre?
Si esto es una broma, no tiene ninguna gracia.
[Enrique] Ojalá lo fuera.
Pero parece que tu mujer está verdaderamente empeñada
en que vuelva su querido Raúl.
¿Y quién soy yo para negarle nada a mi hermana?
¿La idea ha sido de Cristina?
Idea, capricho. Llámalo como quieras.
¿Y Lorenzo Palacios?
Tenemos un contrato con él.
Habría que indemnizarlo.
Como veis, la vuelta de Raúl traería bastantes problemas.
Así que por eso he considerado oportuno someterlo a votación.
Por eso, y porque no te queda más remedio, claro.
Voto en contra.
A favor.
Patricia.
Patricia,
tú decides.
A favor.
Muy bien.
No lo haremos oficial hasta que no acepte.
Os pido que esto no salga de aquí.
Bueno, pues habrá que llamar a Raúl.
Pero no te preocupes, Enrique.
Yo me encargo.
[puerta se abre]
[puerta se cierra]
¿A qué ha venido eso?
¿A que ha venido qué?
Había que votar y he votado lo que creía mejor para la empresa.
Pensé que estábamos juntos en esto.
Enrique,
tú y yo estamos juntos solamente en la cama.
En los negocios, cada uno va por su lado.
Y ahora que los negocios han terminado...
[Enrique chista]
[Hombre] Pero ¿te la has llevado ya al catre o no?
[Adolfo] A puntito he "estao".
Pero me ha salido estrecha, la muchacha.
Si es que con algunas cuesta más que con otras.
- Ahora, ¿tú sabes qué le he dicho? - [hombre] No.
Que no me importa esperar.
[ríen a carcajadas]
[Adolfo] Eso funciona siempre. Esta cae fijo, te lo digo yo.
[ríen]
[Pedro grita] ¡Eh!
¡Desgraciado, no se te ocurra volver a faltarle al respeto a Rita en la vida! ¿Eh?
Pelele, por favor, vete a repartir esa cajita y métete en tus asuntos.
[ríen a carcajadas]
Cuando retires lo que has dicho, yo me marcho de aquí.
Que te vas a hacer daño, pelele.
Retira lo que has dicho, o te las vas a tener que ver conmigo ya, ¿eh?
Esto te lo estás buscando tú, ¿eh?
Tú lo has visto ¿eh? Ay.
[Adolfo] ¿Dónde vas?
Mira, mira, mira.
[Pedro] Ay.
- Mira para aquí. Pumba, pumba. - [hombre ríe]
Dandi.
[Pedro gime, hombre ríe]
[Rita gime]
[gime]
Ya, lo siento, lo siento mucho, Rita, de verdad.
Qué alivio. Si encima no lo sintieras...
Peleando como dos niños de colegio. ¿Y qué pasa?
¿Que te quitó el bocadillo del recreo, eh?
¿O es que no te quería dar la mano en la fila?
Si es que de verdad. ¿Se puede saber por qué estabais peleando?
Es que no lo soporto, Rita. Yo no lo soporto.
No, si ya...
Si ya lo sé yo ya, que desde lo de la rata no le tragas. Si ya lo sé.
Si es que de verdad, de verdad que cómo sois los hombres, eh.
[levanta la voz] ¡Cómo sois los hombres!
Es que Adolfo no...
¿Qué?
Adolfo no, ¿qué?
Que no te conviene.
¿Qué?
Confía, confía.
Y, ¿quién me conviene según tú?
Porque yo no sé si a ti te conviene Rosa Mari.
Vive en Alemania, y os habéis separado y os habéis "juntao" pues...
Pues ni sé ya las veces.
Pero tú quieres casarte con ella, ¿verdad?
Sí,
quiero.
Pues eso es lo único que importa.
Lo que pensemos los demás, pues da igual.
Que no digo yo que pensemos nada malo, eh.
Además tú eres mi amigo, Pedro. Tú eres mi mejor amigo.
Si pudieras hacer el esfuerzo de llevarte bien con mi novio, significaría mucho para mí.
Te lo prometo.
¿Se puede saber dónde está todo el mundo?
[Isabel] Supongo que en sus habitaciones.
Aún falta media hora para que termine la jornada.
[Isabel] Bueno.
Luisa canta en un programa de radio esta noche.
Ah, y eso le ha parecido razón más que suficiente
para que la empresa les regale media hora de sueldo a sus empleadas.
No te lo tomes a mal, pero creo que haces una montaña de un granito de arena, ¿eh?
Eso no le corresponde a usted juzgarlo.
Blanca. Esto no puede quedar así.
[Blanca] Por supuesto que no.
Le expliqué a doña Elena nuestra política de permisos
el primer día con total claridad.
Don Alberto también explicó con total claridad
que las dos estaríamos al mando.
Y las chicas se han aprovechado de eso para conseguir lo que querían.
Bueno, recuperarán esa media hora en cualquier momento.
Mañana mismo, si es preciso. No veo cuál es el problema.
¡Que usted se ha saltado las normas con total impunidad! Ese es el problema.
Normas muy anticuadas que no benefician a nadie.
Han beneficiado a esta empresa durante treinta años.
No parece buena idea romper con las normas establecidas
el primer día que se llega a un sitio.
Tampoco es de recibo negar el diálogo a alguien por el hecho de que las cosas
se hacen siempre como siempre.
Con el debido respeto, se están ustedes comportando como dos criaturas.
No tengo muy claro si lo que necesitan es una azotaina
o que las lleve de una oreja al despacho del director,
lo que sí tengo claro es que yo no voy a resolver sus diferencias.
Tienen edad más que suficiente
para hacerlo por ustedes mismas.
Buenas tardes.
Don Emilio tiene razón.
Estoy dispuesta a dejar pasar este incidente.
Si reconoce que se ha extralimitado.
¿Cómo?
Tengo la misma autoridad que tú en este taller y con estas chicas.
Esas chicas, son mis chicas.
Las he cuidado, les he enseñado todo lo que saben.
Llevo años dando mi vida por este taller
y ninguna extraña me lo va a arrebatar en un día.
[puerta se abre]
[Raúl ríe, suena música de jazz]
Es increíble.
Aquí fue donde por primera vez me suplicasteis trabajar para Velvet, y aquí
nos encontramos otra vez.
Deja vú , lo llaman los franceses.
La última vez dijiste sí. ¿Qué va a ser ahora?
Dentro de dos horas tengo un avión para Londres,
para firmar un contrato en Harrods.
Un contrato nada austero, debo decir.
Lo igualaremos.
Tengo un hotel con vistas al Hyde Park.
El Palace está al lado del Retiro.
Y el Retiro es mucho más bonito,
- no lo puedes negar. - Mucho más.
¿Y qué va a ser de Lorenzo Palacios? Tenéis un contrato con él.
[Raúl] Y no va a ser nada fácil indemnizarle y nada barato. Porque
si pensáis que voy a trabajar con ese...
Trabajarás solo, no te preocupes.
Enrique se ocupará de la negociación.
Pero ¿no acabas de decirme que no tengo que preocuparme?
¿Y bien?
[diálogos ininteligibles]
Antes, quiero una disculpa.
Cuando salió lo del plagio,
te traté injustamente.
Lo siento.
Otra vez.
[Enrique ríe]
Lo siento.
Raúl.
¿Y? ¿Qué ha pasado?
Bueno, no es una decisión fácil.
Debería meditarlo. Lo correcto sería tomar...
...un tiempo de reflexión.
Aunque si precisamente algo no soy es correcto.
- Pues claro que me quedo. - Ay.
Gracias, me alegro muchísimo, Raúl.
Yo también me alegro.
Lo entenderás cuando veas mi contrato.
Ahora vuelvo. Voy a llamar a Londres para decirles que no me esperen.
¿Una negociación complicada, mi amor?
[Enrique] Mm.
Bueno,
habrá días mejores.
Tranquila, Bárbara.
No hay nada con lo que Enrique no pueda lidiar.
- Ah, ay. - [ríen]
Eres increíble.
Señores,
y con esta borrachera de felicidad, me marcho.
¿El rey de la fiesta vuelve a casa tan pronto?
El rey de la fiesta, siempre tiene otra fiesta.
[Bárbara ríe]
[Rita] Hija, no paras, estás como poseída.
Ay, chicas, siento muchísimo no poder ir a la radio.
- No estaba hablando contigo. - Tengo que terminar esto urgentemente.
La señora Ortega estará pronto en la estación, y dice Alberto que si le enseñamos los bocetos
puede que recuperemos el contrato.
- [Rita] Menuda nochecita. - Uy, yo estoy como un flan.
Pues ya te estás quitando los nervios, porque al final te va a temblar la voz
te vas a quedar sin fuelle y esto va a ser un desastre.
- Solo intentaba ayudar. - [llaman a la puerta]
Mira, esta es Clara.
- [Clara] ¿Estáis listas? - Sí.
[Clara] Vamos.
[Ana] Luisa,
suerte.
[Mateo] Vamos, que llegamos tarde.
Bueno, qué ansias, hijo, ni que fueras a cantar tú.
Con las pocas ganas que tenías, y al final te vas a poner tú más nervioso que Luisa.
Después de lo que hemos trabajado, sería una pena.
Oye, ¿tú no estás muy arreglado?
Voy como siempre, hay que estar presentable en la radio.
Pues por eso, porque es la radio, no se te ve.
¿Y esto que hay aquí atrás?
Uy, mira, un disco de Verónica Lago.
Sí, bueno, es mío. Para mi madre, para que lo firme, es muy admiradora suya.
Sí, sí, para tu madre.
Tú lo que quieres es conocer a Verónica Lago, anda, que me lo tenía que haber imaginado.
Demasiado preocupado estabas tú sin que hubiera una mujer de por medio.
- Clara, no sé de qué me hablas, la verdad. - Ya, ya.
Ahora lo importante... Luisa, ¿cómo van esos nervios?
Está estupenda. Va a ser coser y cantar.
[Rita ríe nerviosa]
[Cantan en inglés]
Dios, vamos a perder.
Vamos, no. Vas, vas.
A ver, que mal no lo hacen, pero tú preocúpate de lo tuyo que es lo importante.
No, si yo ya me preocupo, ya.
[continúa cantando]
[aplauden al ritmo de la canción]
[aplausos y vítores]
Que no pasa nada, mujer.
[locutor por altavoces] Y ahí las tienen, Susy and the girlies
han dejado el listón muy alto...
Tengo un pañuelo de sobra. Por si lo quieres para la baba.
...este fantástico cuarteto.
¿Ya estamos con los celos, Clara?
Ni siquiera la he mirado.
Recuerden que están ustedes en sintonía
- ¿Cómo van esos nervios? - con Radio Continental.
El siguiente es Juan Heras.
[Mateo] Disculpe.
Señorita Lago, mi nombre es Mateo.
Mateo Ruiz Lagasca.
[Mateo] Soy el subdirector de las Galerías Velvet.
Esta es mi tarjeta.
Para lo que necesite. Si pasa un día por las galerías, pregunte por mí.
Cómo negarse ante tanto ímpetu.
¿Ellas han venido con usted?
- Sí. - [Mateo] Sí, sí.
[susurra] Trabajan para mí.
- [Mateo] Rita, Luisa. - Encantada.
- Y Clara, mi... - Hola.
...secretaria.
Encantada.
[locutor] ...en su convocatoria y una multitudinaria...
Parece que me reclaman.
Disculpe, ¿Le importaría firmarme su disco?
Es para mi madre. Es gran admiradora suya.
[ríe] Será un placer.
Es tu novio, ¿verdad?
¿El bigotitos que tontea con Verónica Lago? Sí, hija sí.
Puedes estar tranquila.
Mucho me temo que tu novio no es su tipo.
[locutor] ...al término de nuestro espacio...
Si todo el mundo lo sabe, mujer.
Que Verónica Lago es... Bueno.
Que tiene unos gustos más femeninos.
[locutor] De un programa especial de copla y canción española
que no les dejará indiferentes.
[locutor por la radio] Todas las voces ya consolidadas de nuestro panorama musical
se reúnen para ofrecerles un recorrido por la amplísima variedad
de temas musicales que a más de uno
le traerá recuerdos inolvidables.
Quédense con nosotros, no cambien de dial.
Les garantizamos que no se arrepentirán.
¿Qué haces aquí?
¿Ya se te ha pasado el enfado?
He pensado que se nos podría pasar a los dos.
Si salimos a cenar.
Max, te he dicho mil veces...
Sí, lo sé, lo sé, que no quieres cenas, pero...
Eso es. No quiero cenas,
no quiero que me defiendas, ni que duermas conmigo.
No quiero nada más de lo que ya tenemos. Ya lo sabes.
¿Y qué pasa con lo que yo quiero?
Te quiero, Blanca.
Es la verdad. No me avergüenza reconocerlo.
Es lo que siento por ti.
Max.
Llevo días pensando que esto no lleva a ninguna parte.
Tú quieres unas cosas y yo quiero otras.
Antes de que nos hagamos más daño es mejor dejarlo.
Esto, fuera lo que fuera, se acabó.
Es que,
no puedes dejarme...
Sí, sí, Max.
Puede que ahora no lo veas, pero es lo mejor para los dos.
Blanca, yo...
No insistas, por favor.
Lo siento.
[canta en inglés]
Se le va a desencajar la cadera.
Ese pobre no tiene ninguna oportunidad.
[continúa cantando en inglés]
[diálogo inaudible]
- [niña] ¡Papá, papá! - [suena música de swing en la radio]
Mamá quiere que vayas a casa.
¿Cuántas veces te he dicho que no quiero verte por aquí? ¿Eh?
Venga, dile a tu madre que voy ahora a casa.
Venga, que vayas a casa.
[puerta se cierra]
[continúa cantando en inglés]
[aplausos escasos]
Ay, perdón. Es la hora.
Perdón, ¿podrían poner la radio un momento?
¿Sí? Es que sale a cantar una chica ahora del taller.
- ¿Quién? - Luisa.
Es divina.
[locutor por la radio] Y después de este anuncio informativo, continuamos...
Deséame suerte.
Suerte.
...que nos sintoniza en Radio Continental.
- Suerte. - [locutor] Expectación para saber
quién es el ganador o ganadora
- [Verónica] Mateo. - de nuestro gran premio que consiste en,
nada más y nada menos,
- que trescientas pesetas. - Voy.
Voy, voy.
Pero no se impacienten todavía. Como primicia...
Ha llegado el turno de su amiga. ¿Nervioso?
[Mateo] Para nada Lo va a hacer muy bien.
...en el que detergentes...
Llevo toda la noche queriendo hacerle una pregunta.
No he podido evitar fijarme.
Su secretaria y usted, ¿trabajan juntos, o hay algo más?
...producto para el lavado de la ropa.
[Mateo] Bien.
Hay que recordar a los oyentes...
¿A qué viene esa pregunta?
Bueno creo que es evidente.
Y una multitud de concursantes se han acercado...
Bueno, Verónica,
me halaga muchísimo que me hagas esta propuesta, pero es que estoy con Clara.
Por mucho que me desees, entre nosotros creo que ahora mismo no...
- No, no, no. - Pero ¿quién sabe? Nunca...
¿Nosotros?
...voces que hemos escuchado a lo largo...
- Lo pregunto por ella. - Lástima de esos nervios
- No por usted. - que han provocado
que a nuestro amigo Carlos
- de Vicálvaro - ¿Eh?
le hayan impedido finalizar.
- Si me disculpa. - Para él
un afectuoso saludo. Deseando
- ¿Ella? - que para la próxima ocasión
tenga más suerte.
[Verónica por los altavoces] Y me parece que llegamos a nuestra última concursante.
[locutor] Así es, Verónica. Se trata de Luisa Rivas.
Bueno Luisa, cuéntanos a qué te dedicas, qué experiencia tienes.
No me lo puedo creer. ¿Tú sabías? Ella...
¿Yo? ¿El qué?
Que yo no... Eras tú.
- Ay, Mateo, yo no tenía ni idea de nada. - Ella es una...
- No, no tenía idea de nada. Clara - Sh.
- Que va a cantar Luisa. - Mi único público son mis compañeras
del taller que son las que me han engañado para venir hasta aquí.
He de decirles que Luisa tiene unos ojos verdes preciosos
y una gran dulzura en el rostro.
Seguro que su voz nos la transmite.
Adelante.
[aplausos]
[suena "I only want to be with you" en la radio]
[sube el volumen]
[Luisa canta "I only want to be with you"]
Venga, Luisa, que tú puedes.
Vamos. Demuéstrales quién eres. ¡Venga, Luisa!
[Luisa continúa cantando por la radio]
[suena "I only want to be with you" en la radio]
[aplauden al ritmo de la canción]
[aplausos y vítores]
- ¡Bien! - ¡Bravo!
¡Muy bien!
- ¡Bravo! - ¡Bravo!
¡Muy bien, Luisa!
[locutor] Luisa, nos has dejado sin habla.
Damas y caballeros, después de escuchar a Luisa Rivas,
nuestra última concursante, podemos afirmar
que ya tenemos un ganador.
[suena redoble de tambor]
[redoble continúa]
[sube el volumen]
Y el ganador es...
- [Verónica] Luisa Rivas. - [suena platillo]
[Luisa grita]
[Rita y Clara gritan, aplausos]
[grito ahogado]
¡Bien! ¡Bien!
[Rita grita, aplausos continúan]
¡Bien! ¡Bien, Bien! ¡Bien!
[Rita y Luisa gritan]
¡Ay, qué bonito!
Hasta luego, chicas.
Muchas gracias.
Muchas gracias, muchas gracias.
[Alberto] ¿Tienes los bocetos preparados?
¡Sí! Sí.
Vamos.
[suena silbato del tren]
[suena silbato del tren, campanadas]
[diálogos ininteligibles]
Señora Ortega. No quería que se fuera sin antes enseñarle algo.
Algo en lo que sí creemos.
¿Estos bocetos son suyos?
Sí. Bueno, de los dos.
Es un trabajo estupendo.
Gracias.
Hablaré con mi padre en cuanto llegue a Barcelona.
Le diré que tenemos un trato.
Buen viaje.
Gracias.
[anuncio ininteligible por los altavoces]
Lo hemos conseguido.
Lo hemos conseguido.
- [Alberto grita] ¡Lo hemos conseguido! - [Ana grita]
[Ana] Ay.
¡Ay! ¡Alberto, bájame!
[grita] ¡Lo hemos conseguido!
Sara Ortega dice que los americanos les han hecho una propuesta y les mandarán sus bocetos.
Entonces, viajaremos a Nueva York.
Si quieres ir a Nueva york, consigue el dinero por tus medios.
Vamos a empeñar las joyas. Las de mi padre.
Modelos clásicos de colecciones anteriores.
La subasta será un éxito, y tú vendrás a Nueva York, porque tú debes presentar esos modelos.
- Ay, Rita, no te lo vas a creer. - No te lo vas a creer.
- ¿El qué? - Pues que ha perdido el cheque.
No lo he perdido, estaba en el bolso.
- ¿Y el bolso? - Lo he perdido.
- Don Emilio. - ¿Sí?
Mi primo el del pueblo, que viene a cubrir la vacante de vendedor.
Bien, estará a prueba una semana.
Me independizo, Clarita.
- ¿Qué? - Estoy buscando piso, en el centro.
¿Tú sabes que se pilla antes a un mentiroso que a un cojo?
Sabes lo que tienes, ¿no? ¿Quieres que te lo diga? Mujer e hija. Eso es lo que tienes.
Cristina quiere que tengamos un heredero.
Siempre he querido ser padre, pero me da la sensación de que ahora no es el momento.
¿Cuál es el problema? ¿Estas galerías son el problema?
No. Las galerías son mi vida, tú eres el problema, Max.
- Lo sabía. - ¿Qué?
Que hay otra.
Cree que la estás engañando. Me lo dijo ella.
Entonces, no sabe que eres tú.
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