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La verdad es que Carlos es muy simpático.
Pero me da mucho miedo llevarme otra decepción, no quiero hacerme ilusiones.
Me lo he pasado muy bien esta noche.
Para eso están los amigos.
Creo que no vamos a poder ser amigos.
Menos mal que has sabido improvisar.
No he improvisado, Alberto.
Estoy conociendo a otra persona.
- ¿Ya se ha ido todo el mundo? - Solo quedamos tú y yo.
Me gustaría que entendieras que nos lo pasamos muy bien juntos.
- Pero... - Pero nada más.
- Estamos de acuerdo. - No me gustaría que hubiera malentendidos.
Voy a Madrid porque estoy enamorado de la mujer de mi vida.
Se llama Rita Montesinos.
- Ya has llegado. - Rita, yo no puedo esperar más, yo...
- ¿Te acuerdas de Adolfo? - Sois novios Adolfo y tú, ¿no?
Pues no lo sé, Pedro. Porque estas cosas
- del amor son difíciles de definir, ¿sabes? - ¿Has dicho del amor?
Sé exactamente lo que las mujeres como tú necesitan. Así que, para qué perder más tiempo.
Mateo, he pensado que, a lo mejor, podríamos pasarla en tu casa.
Se ha empeñado en venir a mi casa.
- Pero entonces sabrá... - Sí, lo sé, lo sé, lo sé.
He pasado una noche de ensueño en casa de Mateo.
Y he venido dando un paseo que estaba como en una nube.
- ¿Desde tan lejos? - Pero ¿qué dices? Si Mateo vive aquí al lado.
Pero si vive en el barrio de San Camilo.
La de anoche no era tu casa.
Hola, Gloria.
¿Qué quieres?
La felicidad de mi hijo. Y eso no te incluye a ti.
Sal de mi casa.
Sal tú de la vida de mi hijo.
Esa mujer sigue vive y está en Madrid.
Y quiere robarnos todo lo que es nuestro. No va a quedarse con nada porque todo será tuyo.
Voy a trabajar mano a mano con las galerías en los nuevos uniformes de Airsa.
¿Con don Alberto?
- Sí. - Como todas ustedes saben,
en Galerías Velvet empezamos un nuevo proyecto.
Trabajaremos para Airsa.
Cada una de ustedes tendrá que preparar un boceto con un diseño.
Esto es lo que estamos buscando. Tiene estilo, tiene clase.
¿Crees que es buena idea que trabajemos juntos?
[suena una melodía de los 50, sintonía de la serie]
[acaba melodía de los 50, sintonía de la serie]
Si las he citado con tanta premura es para comunicarles
quién será la diseñadora de los nuevos uniformes de Airsa.
Han trabajo rápido y muy bien.
Se lo agradezco.
Pero en este caso solo podemos seleccionar a una.
- Ana Ribera. - [Rita grita, aplausos]
[Blanca] Señoritas, por favor.
Todavía me acuerdo de cuando te venían grandes
los dedales de este taller. Y ahora...
- Enhorabuena, hija. Te lo has ganado. - Gracias, tío.
A trabajar, por favor.
Doña Blanca.
A partir de mañana quiero que Ana esté a mi entera disposición.
Quiero que dedique todo su tiempo única y exclusivamente a la colección, sin interferencias.
- ¿Entendido? - Por supuesto. Como usted mande, don Alberto.
Gracias.
Doña Blanca espero que no le importe que se los haya entregado a
él directamente. Necesitaba tiempo para aclararme.
Estoy más que acostumbrada a que vaya usted por libre.
En fin,
tiene usted mucho trabajo por delante, pero ahora es momento de celebrar con sus amigas.
- Vaya. - Gracias.
Don Alberto.
Ya que usted y Ana se van a encargar de supervisar la nueva línea de uniformes,
no creo que sea necesario contratar a otra jefa de taller.
- El taller va a estar divido en dos, doña Blanca. - Lo sé.
Pero yo puedo encargarme perfectamente de tramitar las labores de los dos equipos.
Perdón que intervenga, pero doña Blanca ya se ha encargado de tareas simultáneas
- en otras ocasiones. - No dudo de sus capacidades,
don Emilio, pero vienen tiempos de mucho trabajo y necesito que esté liberada y descansada.
Eso es todo.
Ponga un anuncio en el periódico.
- ¿Debo dar detalles del proyecto? - No.
Ni tampoco de empresa.
Don Alberto, si me escuchara un momento se daría cuenta de que no hay
- necesidad... - La decisión está tomada.
Ven aquí. Que me hace más ilusión que si lo hubiese ganado yo.
Si es que eres la mejor diseñadora de Velvet. ¿Que no? Díselo, Luisa.
- Hombre, pues claro que sí. - Pues claro que sí, mujer. Si no ya me dirás quién.
Pero y una cosa, lo de trabajar con Alberto codo con codo, ¿qué?
Eso, ¿te ves con ánimos?
Porque el roce hace el cariño. Y donde hubo fuego siempre quedan brasas, como dice mi madre.
Y vosotros tuvisteis brasas hasta a distancia.
Que sí hombre, que está todo bien. Que ya hemos hablado y ya sabemos cuáles son nuestros límites.
Bueno sí, pues si está hablado, pues estupendo. Nada. Fenomenal. Si es que
no hay nada mejor que hablar las cosas para que todo quede claro.
Bueno, ya, Rita, ya.
Ya. Si lo digo en serio. Mira adelante que el pasado, pasado está, ¿que no?
Bueno, ¿y qué pasa con doña Aurorita?
Pues nada, que para Airsa va a diseñar Ana Ribera, pero para doña Aurorita...
- El gran Phillip Ray. - Exactamente.
[gritan y ríen al unísono]
Clara, ¿quieres hacer el favor de escucharme? Por favor.
¿Para que vuelva a mentirme? No gracias, don Mateo.
No empecemos con el don, no empecemos con el don. Escúchame.
Don Alberto,
le he dejado lo que me pidió encima de la mesa de su despacho.
Muy bien.
Clara, Clara, Clara, por fa...
[suena música ambiental]
Nada, nada, nada.
Clara descubrió que el apartamento al que fuimos no era mío.
[Alberto] Ah.
- Gracias. Justo lo que necesito. Cachondeíto. - [ríe] Mateo, Mateo.
Pero si es que se veía venir.
¿No le vas a decir la verdad?
Lo he intentado.
No hay manera.
Vamos a ver.
¿Cómo le voy a contar que vivo con mi madre y con sus hermanas
mayores que son como las mismísimas brujas de Salem?
¿Que a falta de una madre, yo tengo tres y cada una peor?
[Mateo suspira]
¿Y tú qué tal?
- ¿Y esa sonrisilla? - [susurra] Bien.
Ya tenemos diseñadora.
- ¿Ana? - Ana.
- No sé si es idea absurda o... - Es una idea brillante, Mateo.
Te dije que diría que sí.
- ¿Qué dice Enrique? - Enrique me ha pedido que me ocupe de Airsa,
y yo me lo estoy tomando muy en serio.
[Mateo ríe]
[teléfono suena]
Pensé que habías dejado de trabajar como dependienta.
Hoy es mi último día y tenía que terminar algunas cosas.
Ya sabes que no me gusta dejar nada a medias.
El rigor es una gran virtud para el trabajo.
O al menos eso dicen.
Además, pensé que preferirías ser tú quien me lo quitara.
Gloria.
[suena música de jazz]
Justo a tiempo.
Sí, la impuntualidad no es uno de mis defectos.
¿No te lo dijo nunca nuestro marido?
Mi marido no solía hablarme de cosas sin importancia.
[diálogos ininteligibles]
¿Para qué me has llamado?
Me gustaría dejar las cosas claras entre nosotras definitivamente.
Me quedé con la sensación de que pudo haber malentendidos la última vez que nos vimos.
Y me da exactamente igual lo que hagas Isabel.
Puedes contarle todo a Alberto, puedes hacerte la víctima, puedes intentar chantajearme.
No va a servir de nada.
- Te estás equivocando conmigo. - [Gloría ríe]
No, eres tú quien se ha equivocado.
Has creído que podías llegar aquí y quitarme todo lo que es mío.
He cedido todas mis acciones. No hay nada a mi nombre. No hay nada que me puedas quitar.
Yo no quiero nada.
Yo lo único que quiero es
recuperar a mi hijo.
¿Y por qué no se lo dices a él? Ah.
Claro. Tienes miedo de que te pregunte por qué le abandonaste hace tantos años.
- Tú sabes que no fue así. - [ríe] Sí.
Es verdad, es verdad.
Tú nunca tienes la culpa de nada y solo eres una pobre víctima
de la crueldad de los demás.
Pero si buscabas una disculpa, esta vez sí has llegado tarde Isabel.
Rafael está muerto.
No te preocupes no hablará, aunque solo sea por evitar el escándalo.
Isabel, pienso que, dado tu estado de salud, lo mejor que puedes hacer es olvidar el pasado.
Aunque solo sea de momento. No empieces guerras que no conducen a ningún sitio,
y aprovecha todo el tiempo que puedas para estar con tu hijo.
Si tienes razón, como siempre.
No, la cosa no es tener razón, sino que te hagan caso.
Si sigues adelante con la idea de no decir quién eres,
creo que algo podemos hacer. Necesitamos
una jefa de taller. Y dada tu experiencia
serías perfecta para el puesto
y verías a Alberto a diario.
Pero yo no quiero empezar a trabajar con mi hijo contándole mentiras.
No podría.
Ya hemos tenido suficientes como para llenar dos vidas.
¿Crees que merece la pena destruir el recuerdo que él tiene de su padre
porque sepa la verdad?
Si le cuentas lo que pasó,
quizá consigas lo contrario de lo que te propones.
¿Por qué tú crees realmente que si él sabe la verdad
lo alejaría de mí?
Yo lo que creo que ese puesto es una buena ocasión para estar a su lado.
Nada más. Piénsatelo.
Sí.
Claro.
[Emilio ríe]
- Buenos días, doña Blanca. - Buenos días.
- ¿Ha visto a Ana? - No, Ana no está aquí.
Estará en clases de baile.
Pues es una pena porque queríamos que se encargase ella personalmente
de hacer los arreglos de los vestidos que se ha comprado mi cuñada.
Ana es la nueva diseñadora de los uniformes de Airsa,
y por orden expresa de don Alberto se dedicará en exclusiva a esa tarea hasta nueva orden.
Ah.
Bueno, pues muchas gracias.
Avisaré a Pepita para que se haga cargo.
Gracias, doña Blanca.
No tenía ni idea.
Ana y Alberto trabando juntos. Qué curioso.
[llaman a a la puerta]
Adelante.
Hola.
[Alberto] Hola.
¿Qué hacéis aquí?
Saludarte.
Bueno, hemos venido a recoger unas cosas para Bárbara
y así aprovecho para verte.
Ya sabemos que la nueva colección va viento en popa.
Va muy bien.
Doña Blanca nos ha dicho que Ana es la nueva diseñadora.
Su diseño fue el mejor, con diferencia.
Mira tú.
Además de con la música y con el baile, es buena diseñando.
¿Quién sabe qué más talentos ocultos tendrá Ana?
Cariño,
pensé que estabas en casa con Lourditas.
Pichín, no todo en esta vida va a ser cuidar de la niña.
Además, Velvet se está volviendo un lugar muy interesante con tanto cambio.
Estupendo. Y ahora, si nos permitís
tenemos que seguir trabajando.
El nuevo diseñador está a punto de llegar y tenemos que bajar a recibirlo.
¿Nuevo diseñador?
¿Has contratado a un nuevo diseñador sin consultármelo?
Bueno, pues nosotras os dejemos solos.
¿A qué viene eso, Enrique?
No sé a qué te refieres exactamente.
A que esta no es tu casa. No puedes hacer y deshacer a tu antojo.
¿Ah, no?
La contratación del nuevo diseñador tiene que pasar por las manos del director
y te recuerdo que ese sigo siendo yo.
No has dudado en contratar a la modistilla como diseñadora de los uniformes.
Has organizado los talleres a tu antojo.
No sé por qué te tendría que dar ninguna explicación.
De todas formas,
cuando te enteres de quién es no creo que pongas tantas pegas. La decisión está tomada.
¿Quién es?
- Lorenzo Palacios. - ¿Lorenzo Palacios?
Lorenzo Palacios lleva años retirado.
Bueno tal vez sea el momento de que vuelva.
Y lo hará por todo lo alto, aquí en Velvet.
Y ahora, te recomiendo que, si no quieres que se te vea como un
un pésimo director,
bajes conmigo y le recibas con una inmensa sonrisa.
[Enrique] ¿Vamos?
[teléfono suena]
[Blanca] Hagan el favor de tenerlo todo en orden.
[Emilio] Que todos y todo estén en su sitio,
por si el nuevo diseñador quiere bajar al taller. ¿De acuerdo? Vamos.
[timbre del ascensor]
Clara, ¿adónde vas? Va a venir el nuevo diseñador. Que lo ha dicho don Emilio.
Bueno, como si lo dice el papa. Yo me voy.
Tengo que averiguar lo que me está ocultando Mateo.
- ¿No te lo ha contado todavía? - No, es que no lo he dejado yo, que es diferente.
- No me creo una sola palabra de ese mentiroso. - Ah, ¿y qué puede ser?
A lo mejor que tenía la casa hecha una leonera, ya sabes cómo son los hombres para la limpieza.
Ay Rita, que sé perfectamente lo que cobra Mateo. Que si quiere puede tener una legión de criadas.
Este me está ocultando algo y lo voy a averiguar.
Tú cúbreme.
Pst, rubita.
¿A dónde vas tú con tanto garbo?
A trabajar. Y tú deberías ir también si no quieres que don Emilio te cante las cuarenta.
- Por ti me dejo hasta matar. - [Rita ríe]
¿Por qué no salimos a dar un paseo esta noche?
Quiero que todo el mundo vea la novia tan guapa que tengo.
¿Tú y yo somos novios?
- Lo somos, ¿no? - Sí, hombre, sí. Es la falta de costumbre.
[Rita] ¡Ay, que me derribas!
[Enrique suspira]
[suena música ambiental]
[chirridos]
Maestro, bienvenido.
Le presento a Alberto Márquez, director de las galerías.
Encantado.
- Mi padre fundó estas galerías... - [Lorenzo] Lo sé, lo sé.
Espero devolverles el esplendor que tuvieron antaño.
Y Patricia Márquez, accionista también de Velvet.
- Señorita. - Es un placer tenerle aquí.
Mateo Ruiz, subdirector de las galerías. Si quiere, puedo encargarme de enseñarle...
No, no hace falta, muchas gracias.
Prefiero la compañía de una buena mujer para pasear
y estoy seguro de que la señorita conoce de sobra estas galerías.
Por supuesto.
Patricia le enseñará el funcionamiento
de las galerías.
Lo dejo en tus manos. Cualquier cosa, estaré en mi despacho.
Hasta luego.
¿Vamos?
[ruedas chirrían]
Rita, Rita, espera, espera, espera.
¿Dónde está Clara?
No la he visto en recepción.
Pues usted sabrá, que es su secretaria.
Rita, tú también no por favor. Espera, espera un momento.
Vale.
Sé que he metido la pata. Estoy intentando arreglar las cosas.
Ayúdame, por favor.
Es imposible explicarle nada a tú hermana.
Por favor,
cuñadita.
¿Cuñadita?
Si se cree que me va a ablandar con eso, va "apañao".
No sé dónde está. Punto y final.
Es que sois iguales,
tu hermana y tú.
¿Iguales cómo?
De imposibles, Rita.
[Clara] ¿Señores de Ruíz Lagasca?
Qué está "casao" el muy "desgraciao".
- Buenos días. ¿Vive aquí Mateo Ruiz? - Buenos días.
Sí, señora.
Buenos días, señora.
Mire, usted tiene un pieza en casa y ya era hora de lo que fuera sabiendo.
Y si usted no está cansada de él, yo estoy muy harta de que su marido me esté tomando el pelo.
- ¿Mi marido? - Sí, sí, sí.
Su marido. Mateo Ruíz la está engañando conmigo.
- ¿A qué viene tanto alboroto? - ¿Qué pasa?
¿Ha venido una verdulera a vendernos fruta?
Mateo Ruiz es mi hijo.
Y no sé quién será usted, pero desde luego
clase tiene muy poca.
Soy una amiga de Mateo.
Ah, ¿de nuestro Mateíto?
¿Y no vas a decir nada más?
¿Y qué va a decir?
Si ya lo ha dicho todo.
¿Estás bien?
Corre el rumor de que van a contratar otra jefa de taller ahora que vas a estar con Lorenzo Palacios.
- Entiendo que te sientas dolida y... - ¿Dolida?
Tengo experiencia como para hacerme cargo de la colección y de los uniformes.
Esto es un insulto.
Ya sabes que si hay algo que pueda hacer para que te sientas mejor...
[timbre del ascensor]
[Patricia] Yo podría explicarle todo lo que sé pero será
- mejor que sea la mismísima doña Blanca. - Lleve esto al almacén, por favor.
[Blanca] Buenas tardes. ¿Puedo servirles en algo?
Al señor Palacios le gustaría conocer el funcionamiento del taller.
Síganme por favor, señor Palacios.
Contamos con ocho modistas y dos oficialas.
Aunque ahora con el encargo de realizar los uniformes para Airsa
nos dividiremos en dos grupos.
Dígame sus necesidades y el otro equipo se adaptará a ellas.
Mis necesidades.
Sí, sí, claro.
En cuanto las sepa se las haré llegar.
Bien y
ya que vamos a trabajar juntos
podríamos tratarnos de tú.
Si no es molestia, preferiría no hacerlo.
Y no se lo tome a mal, por favor.
Le admiro y sigo su carrera desde que empecé a trabajar,
pero creo que las formas y la jerarquía
son fundamentales para que todo funcione como debe.
Muy bien.
Como usted prefiera,
doña Blanca.
[Blanca] Síganme, por favor.
[máquinas de coser funcionando]
[Lorenzo chasca los dedos]
[ruedas chirrían]
[Clara] Hola.
He tenido que cubrirte con Alberto todo el día.
¿Y qué ha venido, a despedirme, don Mateo?
Clara, ¿podemos dejar a un lado tanta hostilidad, por favor?
Quiero hablar con tranquilidad. ¿Puedo?
Creo que no he sido del todo sincero contigo, por eso te mereces una explicación.
El hecho de que no te dijese cuál es mi verdadera casa es porque...
- Mateo, no. - No, no, no.
Déjame terminar porque es que si no, no voy a poder.
Es porque...
[Mateo suspira]
Todavía vivo con mi madre.
Vivo con mi madre y con mis tías. Si te digo la verdad, me tratan como si fuera un crío.
¿Y eso es todo?
¿Por eso has montado toda esa farsa del apartamento?
- ¿Eso? Si las conocieras no dirías eso así. - ¡Bueno eso es lo de menos, Mateo!
¿Tú sabes la de cosas que yo he pensado?
- Lo siento. - ¿La de vueltas
que le he dado a la cabeza pensando que me engañabas, que sí...?
- No, Mateo, no. Me has - [levanta la voz] ¡Perdóname!
- mentido, has jugado con mis sentimientos. - Lo sé.
¡pero es que me daba vergüenza que pensaras que era como un crío o algo así!
¡Y desde luego que te has comportado como un crío!
- Bien, perdona... - Mateo yo quiero confiar en ti, pero si me mientes
- no puedo. - Tienes razón. ¿Es lo que quieres escuchar?
¡Tienes razón, perfecto!
¡Soy nuevo en esto, discúlpame!
¡Meto la pata!
[suspira]
¡Nunca había estado tanto tiempo! Nunca había tenido una
pareja tanto tiempo.
No estoy acostumbrado.
- Perdóname. - En eso te creo.
- Bien. - Mm, y...
Tampoco quiero que pienses que yo soy una orgullosa.
Entonces...
¿Eso quiere decir que...
...puedo pasar esta noche aquí contigo?
- Mm. - ¿Mm?
Te perdono.
Ahora que esto no lo voy a olvidar, ¿eh? Advertido quedas.
[susurra] Bien.
Muy bien.
[teléfono suena]
Sí. ¿Carlos?
[Carlos] ¿Cómo está la mujer más bonita de España?
[ríe]
Me alegra que mis que mis llamadas te pongan contenta.
Bueno, eso también.
Pero es que tengo una muy buena noticia que darte.
Al final voy a ser la diseñadora de la línea de Airsa.
Ah, qué bien.
¿No te alegras?
Sí, claro. Pero ahora esto quiere decir que nos vamos a tener que ver el doble
fuera del trabajo y en las reuniones de Airsa.
Sí.
- Bueno, pero si no... - [Carlos ríe]
[ríe]
Serás...
Hubiese pagado para ver tu cara. ¿Cómo te lo has podido creer?
Oye, si algún día piensas dejar de ser piloto, puedes ser actor que se te da muy bien, ¿eh?
Escucha.
Ahora estoy en Londres,
pero mañana vuelvo y lo celebramos por todo lo alto.
¿Te apetece?
Claro que sí.
Buenas noches, señora diseñadora.
Hasta mañana.
[cuelga el teléfono]
[motor se para]
[grillos cantando]
- Hola. - Hola.
[cierra la puerta]
[resopla]
¿Cansado?
Estoy agotado.
¿Cómo estás?
- Muy contenta. - A ver, déjame que te vea.
- Tiene usted muy buenas hechuras, caballero. - [Cristina ríe]
Qué alivio, eh.
De verdad, cuando me fui de tu despacho pensé que iba a estallar una guerra entre Enrique y tú.
Pero lo habéis arreglado. Qué bien.
- ¿Arreglado? - Sí.
- Para la cena con Lorenzo. Me llamó Enrique... - ¿Otra vez?
¿No lo sabías?
[suspira]
No, no lo sabía.
¿Y sabes por qué?
Porque tu hermano se ha empeñado en convertirme en un pelele.
No, Alberto, por favor, no pienses eso.
- De verdad que Enrique valora muchísimo... - Cristina, por favor, no seas ingenua.
Por favor. ¿No lo quieres ver?
Primero me aparta de la colección, luego me pone a diseñar uniformes de azafatas.
¿No lo quieres ver?
Alberto,
Enrique ha podido cenar en su casa
con Lorenzo y ha querido que sea aquí, en casa del director de las galerías.
Por favor, mantén a un lado tu disputa con mi hermano
por un momento y piensa.
Aprovéchalo como una oportunidad...
...para acercarte a Lorenzo, para ganarte su respeto.
¿No lo ves?
Anda, vamos a cambiarnos.
[llaman al timbre]
[suena música de jazz]
- [Elvira] Buenas noches. - Buenas noches, Elvira.
Buenas noches.
¿Y los señores?
Están terminando de arreglarse, señora.
[Enrique suspira]
Te dije que llegábamos demasiado temprano.
Es mi hermana, confía.
[Patricia] Y mientras, yo os puedo servir de anfitriona.
[Bárbara] Patricia, mírate. Estás fabulosa.
[Patricia] Tú estás fabulosa.
Ya les gustaría a muchas lucir esta figura después de haber tenido un hijo.
- Enrique, no te quejarás. - Y no lo hago.
Pero de cualquiera de las maneras, Bárbara estaría siempre perfecta para mí.
No hagas caso de los hombres que te ganan con galanterías, ¿mm?
[Patricia ríe]
Pues diez kilos, ¿qué te parece?
¿Diez kilos?
Bárbara, Enrique, ya estáis aquí. Qué bien.
[Alberto] ¿Y Lorenzo? ¿No venía contigo?
Le he pedido que llegara a y media.
Quería que estuviéramos todos juntos antes.
He pensado que estaría bien que la familia mostrara que está unida.
- Que luego pasáramos a cenar al salón... - No, mejor en el jardín.
Claro.
Buena idea.
¿Un cóctel para amenizar la espera?
Perfecto, ¿vamos?
- Te traigo uno. - Gracias.
Veo que las cosas con mi hermano van como la seda.
Ahora me interesa más saber qué es lo que pasa entre tú y mi mujer.
¿Te has propuesto convertirte en su nueva mejor amiga?
Bárbara es una de las mujeres más suspicaces que conozco.
Y no queremos que se entere.
Pero mejor me pongo otra cosa.
- Para ya, hija, que me estás poniendo nerviosa. - Es que con los nervios de la cita...
Un poquito de música, ¿sí?
[locutor por la radio] Recordamos a nuestros oyentes que está en marcha
el primer concurso de intérpretes de canción ligera,
Radio Continental, para nuevos talentos.
- [Rita] Escucha. - Aquellas personas que deseen participar
no tienen más que llamar o enviar una misiva a nuestra emisora
con el lema "Concurso de talentos musicales".
El premio consistirá en un cheque al portador de
- 300 pesetas. - [apaga la radio]
Luisa, tienes que presentarte.
Tú estás loca.
¿Pero tú sabes la de cosas que puedes hacer con 300 pesetas?
Yo ni me lo imagino.
Bueno, y eso solo sería el principio. Porque 300 pesetas no serán nada
cuando toda España y Latinoamérica canten tus canciones.
[ríe] Sí, claro.
¿Y tú vas a ser mi representante?
Si ya lo soy.
Bueno, lo somos.
[ríe]
Estás...
...emperifollada.
[ríe]
Pero bien, bien.
Nunca lo digo a mal.
- Gracias, Pedro. Eres único haciendo cumplidos. - [puerta se cierra]
He quedado con Adolfo.
¿Has quedado con tu novio?
Ese soy yo.
El mundo está del revés porque hoy las estrellas andan por el suelo.
Y tú qué, Pedrito ¿No sales hoy?
- No tengo muchas ganas. - Claro.
Es lo que tiene tener la novia en la otra punta de Europa.
Aunque volveréis a estar juntos. Puede venir ella, o lo mismo te vas tú.
No creo que me vaya yo.
No, porque aquí en España hay un sol muy bonito.
Comparado con el de "Sgurtan".
Será mejor que nos vayamos.
¿Te veo mañana?
Pasadlo muy bien.
Pero bueno no lleguéis muy tarde, porque mañana tenéis que madrugar y...
Qué más da.
- [Elvira] Buenas noches. - [Cristina] Señor Palacios, bienvenido.
Soy Cristina Otegui. Encantada de conocerle.
A sus pies, señora.
[Lorenzo] Si me disculpa un momento.
Son las diez y media. No te vayas muy lejos,
- me gustaría retirarme sobre las doce. - No se preocupe. Esperaré en el coche.
No por Dios, no hace falta. Puedo pedirle a Elvira que le prepare algo de comer en la cocina y...
No, no. No se moleste. Muchas gracias. No conviene mezclar las cosas.
Darío sabe muy bien cuál es su lugar.
- ¿Verdad, Darío? - [Darío] Por supuesto.
¿No puede haber un diseñador normal?
[Darío] A las doce vendré a recogerle.
¿Vamos?
Claro.
[diálogo ininteligible]
[grillos cantan]
[suena música de jazz]
- [Lorenzo] Hace una noche espléndida, ¿eh? - [Cristina] Mm, mm.
Tienen un jardín precioso.
Muchas gracias.
Espero que las galerías le hayan gustado tanto o más, si cabe, que nuestro jardín.
Ah, desde luego. Todavía conservan esos aires de las grandes
casas de moda de Madrid.
¿Y sabe ya algo de la nueva colección?
La verdad es que para una casa de la categoría de Galerías Velvet hay que ser muy cuidadoso.
No vale cualquier cosa.
Pero,
si le soy sincero,
sí que hay una cosa que tengo muy clara.
Déjeme adivinarlo. Va a cortar el largo de las faldas.
[Lorenzo] No, no. Se equivoca.
Voy a retirar todos los modelos de de la Riva.
Mañana mismo.
[perro ladra]
Raúl de la Riva es un gran diseñador.
Desde luego.
Desde luego, pero ya no está en Velvet.
Esto ya lo hemos hablado Alberto. Exponer sus diseños sería una falta de respeto
con nuestro nuevo diseñador.
[Alberto] No, Enrique, no.
Además es tradición conservar la colección anterior antes de que salga la nueva.
[Lorenzo] Bueno,
la colección de de la Riva ha sido un absoluto fracaso.
No quisiera que el público relacionase mi colección con la suya.
Bueno, Raúl es gran amigo,
pero quizá ha llegado el momento de pasar página.
- Es absurdo. ¿Qué vamos a vender? - Alberto.
¿Qué os parece si pasamos al postre?
Elvira ha preparado crème brûlée, su especialidad.
- ¿Le apetece, Lorenzo? - Mi favorito.
[Cristina] Elvira.
¿Alberto?
No gracias, estoy lleno.
Si me disculpan.
- ¿De verdad? - Patricia,
Bárbara tiene una propuesta para ti que no vas a poder rechazar.
¿Te acuerdas de Borja Sagaló, el nieto de Sofía Latorre?
Ha vuelto de la academia y acaba de romper con su prometida.
- No me extraña porque ella era una bruja. - [ríen]
Pero él es maravilloso, encantador,
rico, simpático. Es el candidato perfecto.
Dentro de unos días, va a venir a casa a cenar y estás invitada.
No nos puedes negar que es un partidazo y que últimamente no se te ve mucho por las fiestas.
Os agradezco muchísimo la invitación, pero en este momento me gustaría
- centrarme en las galerías. - Patricia, ¿cuántas veces tengo que decirte
que vivir en un mundo de hombres
no te va a abrir los círculos sociales de Madrid?
Pero algo me dice que siempre que quiera podré contar con vuestra ayuda
- para estar al tanto de las novedades. - [Bárbara ríe]
Bueno, te mantendré informada.
[Bárbara] Mm.
Lourditas debe estar en la segunda toma de la noche.
- Voy a llamar para ver qué tal está. - [tintineo de vasos]
¿A qué estás jugando?
¿No dijiste que mi mujer no debía sospechar de nosotros?
[Patricia] Si hubiese dicho que sí a la cena, ¿te habría importado?
[Enrique] No.
Me habría excitado.
Es lo que pasa cuando te tengo cerca.
Que da igual quién esté por medio.
Eso tengo que verlo.
¿Qué tal está Lourditas?
Durmiendo como una bendita.
- ¿Siempre es tan buena? - Uy, qué va.
Cuando estamos en casa, no hay quien la duerma.
Solo quiere brazos, ¿verdad?
Sí.
Solo quiere brazos.
Bueno, los bebés buscan que les mimen. Como todos.
- Pues gracias por todo. Buenas noches. - Un placer. Buenas noches
[Cristina] Conducid con cuidado.
Bueno, yo me voy a dormir.
Mañana me espera un día muy largo.
- Que descanses, Patricia. - [Patricia] Descansad.
Yo creo que todo ha ido bien, ¿no?
Muy bien para ti.
¿No decías que me querías ayudar, que me querías apoyar?
Pues no me interrumpas cuando hablo.
[Alberto suspira]
Lo hice para evitar que estallara una guerra, Alberto.
Quiero que mi hermano y mi marido se entiendan. ¿Qué hay de malo en eso?
Nada.
No hay nada de malo.
[llaman a la puerta]
¿Me buscaba, doña Blanca?
[Blanca] Hoy no tengo ganas de jugar. Entra.
Te he visto con el nuevo diseñador.
Creo que le gustas.
Es un prepotente.
Y un déspota.
No me gusta.
[susurra] Te desnuda con la mirada.
[Adolfo] Bueno, rubita.
Un beso de buenas noches.
[Rita] Mua.
Ya.
Adolfo.
Adolfo.
- Adolfo, que tengo sueño. - Pues vamos a la cama.
Qué dices. Tú estás majareta. Que nos puede oír doña Blanca.
¿Y si nos vamos a una pensión?
¿Qué? Eso no es ni bonito. ¿Qué pensión? Que yo soy una señorita.
Qué menos que hotel de tres estrellas.
- Hecho. - ¿Qué?
Mañana. Tú, yo y una habitación en el Cibeles.
Como se merece la mujer más...
Más salvaje que conozco.
Bueno, eh, salvaje, salvaje...
Con toda la noche por delante y sin nadie que nos moleste.
¿Qué me dices, rubita?
[mujer 1] Buenas noches.
- [mujer 2] Buenas noches. - [Rita] Buenas.
[puerta se cierra]
Pues para mí que tiene más de dos brazos, porque yo le apartaba uno y ya tenía otro encima.
Al final va a ser un manitas pero de verdad.
¿Y por qué no te lo quitaste de encima?
- Si yo a disgusto tampoco estaba. - Ah.
De hecho, hemos quedado esta noche en un hotel de aquí al "lao".
[ríe] No me lo creo.
No te rías que estoy muy nerviosa.
¿Tú crees que ya ha llegado el momento de...?
- Bueno, lo de la flor y eso... - Sí, bueno...
- ¿Tú sabes de lo que estoy hablando? - Sí.
Pero creo que tienes que ser tú la que esté segura de eso, ¿no?
Pero y yo qué sé. Pero es que si eso yo no lo sé. ¿Tú estabas segura cuando lo hiciste con Alberto?
A ver Rita, hay cosas que, o se sienten o no se sienten, hija.
Ay, muchas gracias. Das unos consejos, que me has dejado igual.
Que no seas tonta.
No solamente es cuestión de saber si es el momento o no.
Mucho tampoco puedo esperar, que se me marchita la flor.
No seas burra.
Que, Rita, que yo creo que también hay que pensar si es la persona adecuada.
Si lo dices por Pedro. Ese tren ya pasó y no era para mí.
[suena música pop por la radio, Luisa canta la melodía]
- Pero canta muy bien, ¿no? - ¿Luisa?
[Luisa sique cantando]
Mira, la que solo cantaba con dos copas de más.
Pero tienes que apuntarte a ese concurso, seguro.
[ríe] ¿Que dices? Que no, hombre, qué vergüenza.
Que sí. Que yo quiero tener una amiga cantante famosa.
- ¿Ah sí? - Pero mientras se va haciendo famosa
hay que seguir trabajando así que voy a por la bata.
¿Qué bata?
Pero que ya no eres modista. Que a eres diseñadora.
Tiene razón, Ana. Tú ya no puedes ir con esa pinta.
- Oye. - Fuera bata y nada de pasear
estos estilos por los despachos, ¿eh?
- No me hagas hablar del pelo... - ¿Qué tiene mi pelo?
- No, no, no. - Nada.
- No, no, no, que os veo venir. - [Rita] Déjame a mí.
- Que os veo venir. - Déjame a mí.
- Que no, que no. - Déjame a mí.
[gritan y ríen]
Si tu madre viese lo guapa que estás y lo lejos que has llegado, hija.
Gracias tío, pero no siga, que
me voy a poner a llorar y se me estropea el maquillaje.
Disculpe, don Emilio.
- Madre del amor hermoso. - Pedro, Pedro, Pedro.
[suena música ambiental]
- Señorita. - Gracias, Pedro.
[Emilio] ¿Mm?
[Emilio] Vaya,
veo que no soy el único que se alegra de tu ascenso.
No, no, no tienes que decirme nada si no quieres, eh.
No, no pasa nada. Hay otra persona y no es Alberto.
Ah, ¿no me digas que esa sonrisa que lucías últimamente
- no era solo porque dormías como un cesto, no? - [ríen]
- [Blanca] Don Emilio, - ¿Sí?
- preguntan por usted. - Hola.
Doña Blanca le presento a Elena, no sé si recuerda...
- Sí, perfectamente. Si me disculpan. - Sí.
- ¿Has tomado una decisión? - [Isabel suspira]
[puerta se abre, teléfono suena]
[Clara] Muchas gracias por venir.
Su turno.
- ¿Usted es...? - Elena, es Elena, una buena amiga mía.
Con sobrada experiencia
- y muy trabajadora. - [Alberto] En palabras de don Emilio es mucho .
Pase, por favor.
Gracias.
No sé si sabrá que estamos buscando una nueva jefa de taller.
Cuénteme, ¿cuál es su experiencia?
Aunque empecé trabajando en Madrid,
la mayor parte de mi carrera la he desarrollado en Cuba.
Mi padre trabajó allí.
- En un pequeño establecimiento que se llamaba... - El encanto.
Yo trabajé con su padre.
¿Con mi padre?
Cuénteme, ¿qué recuerda de él?
Bueno,
era un hombre que no dejaba indiferente.
Era muy guapo. Eso usted lo ha heredado.
Era muy emprendedor. Si tenía una meta,
nada ni nadie podía detenerle.
[Alberto] Eso es verdad. Era muy luchador.
Sí, además de eso
era capaz de sacrificar cualquier cosa con tal de tener su sueño.
Sin mirar atrás.
Por lo menos eso era lo que nos transmitió a todos los que trabajamos con él.
Está contratada.
¿Ya?
Quiero decir, que a lo mejor mi experiencia no se ajusta a lo que usted necesita.
[Alberto] Hay cosas mucho más importantes que la experiencia.
Así que si a usted le parece bien,
nos veremos por aquí.
Sí.
- Mateíto. - Ay, Mateo.
- Ay, Mateo. - Mateíto.
- Mateíto. - Mateíto, ven aquí Mateíto.
Mateíto.
- Mateíto. - Tías,
- madre, ¿qué hacen aquí? - Anoche se quedó la cena fría
- esperando a que llegases. - Era el cumpleaños de tu tía Sagrario
y ni siquiera te dignaste a aparecer por casa.
- Discúlpeme tía, tenía muchísimo trabajo y... - Mientes
- igual de mal que tu hermano, Mateíto. - Y que tu padre.
- Herminia - Al menos él salía con fulanas de su clase.
Sí, no pongas esa cara, Mateo.
Precisamente ayer, una de tus amiguitas se presentó en nuestra casa,
pensó que yo era tu esposa
y se despachó tan a gusto,
a sus anchas conmigo.
Madre, ¿de qué está hablando?
- ¿No lo sabías? Ah. - No, ¿qué pasa?
Pues una chica así rubia, como
de lo más ordinario y vulgar
acabó diciéndome que no tenía ninguna clase,
que era tonta, imagínate.
Madre lamento muchísimo que haya tenido que pasar por esto de verdad.
Mira hijo,
yo no sé lo que le habrás hecho a esta chica, pero
deberías ponerla en su sitio.
O si no dime quién es, que ya me encargaré yo personalmente.
No, no, no madre, de esto me encargo yo.
- ¿Estás seguro? - [Mateo] Segurísimo.
Le aseguro que esto no va a volver a pasar.
Se lo aseguro.
- ¿Les acompaño a la salida? - Ay.
Mateo, que sobrino más guapo.
Oye, ¿y el pastel qué? Se quedó allí,
- ¿no vas a probarlo? - Y nunca más falles
- en mi cumpleaños. - Estás en los huesos.
- ¿Que Clara fue a tu casa? - Puso a parir a mi madre.
Se pensaba que era mi amante. ¿Te lo puedes creer?
- Hombre, tu madre. - Eh,
ni se te ocurra terminar esa frase, ni se te ocurra terminar
- esa frase. Por favor, un respeto. - Las cosas como son.
No se ha dignado a contarme lo que ha pasado. Me he tenido que enterar por mi madre, Alberto.
[sonido de máquinas de escribir]
¿Te hace gracia algo?
A mí no, ¿eh? Que le pedí perdón, Alberto.
Y ella haciéndose la ofendida.
Que no sabes la que me montó: "Me has mentido, Mateo".
"Has herido mis sentimientos, Mateo". Y yo suplicando su perdón como un gilipollas.
- ¿Quieres escuchar ya, coño? - [Alberto ríe a carcajadas]
Perdona.
¿Y qué vas a hacer? Porque algo tendrás que hacer. Tendrás que hablar con ella.
Ella no me ha contado la verdad, ¿cierto?
Pues yo a ella tampoco. Ahora va a cantar como un pajarito.
- Va a cantar como un pajarito. - [llaman a la puerta]
[Ana] Permiso Don Mateo, don Alberto.
[Mateo] Ana,
estás...
- ...muy bien. - [Ana] Gracias.
Un pequeño cambio para el nuevo trabajo.
¿Pequeño? Por favor, estupendo.
Mateo.
[susurra] Nuevo trabajo, nuevo novio.
No sé qué os pasa a las mujeres cuando me abandonáis,
pero os ponéis increíbles.
- Mateo, vas a llegar tarde. - [Mateo] Sí, sí.
Os dejo.
- Te queda muy bien. - Gracias.
¿Estás nerviosa?
¿Te digo la verdad? No he pegado ojo en toda la noche.
Eso es bueno. Significa que te importa.
¿Vienes preparada para la batalla?
¿Un regalo?
Sí.
- Vamos a empezar. - Venga.
Mira, había pensado...
Está muy bien.
Me gusta mucho cómo las has dibujado.
Pero en mi opinión...
- ¿Puedo? - Sí.
Yo...
...las entallaría un poquito más.
Ellas estarán más guapas, ellos más contentos
y más elegantes. Y se tiene que notar que están hechas en Velvet.
- Y Velvet es alta costura. - Por supuesto.
Pero tampoco podemos olvidarnos de que son uniformes y que tienen que estar cómodas.
Utilizamos telas ligeras.
La temperatura en las cabinas es estable.
¿Y arriesgarnos a que se rasguen a la primera de cambio?
Sería una publicidad pésima.
Son azafatas.
Tienen que manejar maletas
- y carritos... - Un momento, un momento.
En tu opinión,
- tú apuestas... - Yo creo que deberíamos buscar
una tela que fuera fuerte, pero bonita y que aguante el trote.
O sea que tu apuestas por uniformes flojos, tejidos fuertes y costuras reforzadas.
Es caro y yo no lo veo. No lo veo elegante.
No he dicho flojo en ningún momento. Se puede marcar la silueta de la mujer sin entallar.
¿Con costuras reforzadas y que sea barato? ¿Cómo?
Primero habrá que decidir el diseño, Alberto.
El presupuesto es el que es, Ana. Lo siento.
Te gustan mis diseños, pero no te vale nada de lo que te propongo.
- No entiendo nada. - Lo único que estoy pidiendo es que sea elegante
y que el presupuesto no se nos vaya de las manos. Tampoco estoy pidiendo ningún milagro.
- A ver, en mi opinión, creo que... - Tu opinión ya la conozco.
- ¿Conoces tú la mía? - Llevo oyéndola todo el día.
- Bueno, pues cualquiera lo diría, Ana Ribera. - Un momento, eh.
¿Necesitáis ayuda? ¿Una tercera opinión? ¿Una tila? ¿Un par de pistolas?
- Mateo, tu humor sobra ahora. - Bueno, no creo, visto lo visto.
- Mateo. - Solo estoy intentando enfriar los ánimos.
- Creo que nos vendría bien un descanso. - Ana.
[timbre del ascensor]
Ana.
- Ana, por favor. - [Enrique] Hombre.
La tripulación al completo.
¿Qué tal van los diseños de los uniformes?
- Muy bien. - No podían ir mejor.
Sí, sí, yo les he visto trabajar y lo confirmo. Eso era pura compenetración.
Estupendo, porque quiero ver algo a última hora de hoy.
- ¿Hoy? - ¿Algún problema?
Qué problema va a haber si las cosas no pueden ir mejor.
Muy bien, y quiero que Lorenzo les eche un vistazo.
Dijiste que podía diseñar con total autonomía, Enrique.
Y la tienes. Pero teniendo un diseñador de su talla en la casa, es absurdo que no dé su opinión.
- ¿Podemos hablar a solas, por favor? - Por supuesto.
Los revisaré encantado.
[Enrique] ¿A ti no te importa, verdad? Aprenderás mucho.
Claro, si últimamente no hago otra cosa que aprender.
- [teléfono suena] - [Cristina] Voy.
Ya estamos aquí.
¿Sí?
Alberto, qué casualidad. Justo estaba pensando que podíamos vernos para comer y...
Sí.
Sí, muy bien. Pero intenta
venir pronto. A ver si estoy despierta cuando vuelvas y hablamos.
Sí.
Un beso.
Adiós.
[suspira, cuelga el teléfono]
¿Qué ha pasado?
Pues nada, que va a estar todo el día ocupado.
Y que seguramente también llegue tarde esta noche a casa.
¿Y cuál es la excusa esta vez?
Ay, pero cómo eres Bárbara.
Pues trabajar.
Dice que esta noche tiene que tener listo no sé qué de...
Trabajo, cómo no.
Sí, la verdad es que tenía ganas de comer con él y hablar.
Bueno, ¿y quién te ha dicho que no puedes hacerlo?
Ahora Alberto y tú estáis casados.
Y un marido tiene que trabajar, pero también tiene que pasar tiempo con su esposa.
Ya.
Si algo me ha quedado claro desde que estamos juntos que el trabajo es muy importante para él.
¿Más importante que tú?
Me gustan como han quedado así.
Blancas y sencillas, es la clave.
Sí, ahora están más flojas sin llegar a ser blusones. Así nos ahorramos la doble costura.
Y encajan perfectamente con una falda recta.
También he cambiado la chaqueta de botones por una capa sin mangas.
Sí, imitando la capa española.
- Buena idea. - Y nos sale más barata que la chaqueta.
Te lo dije.
¿Te lo dije o no te lo dije?
Sabía que lo íbamos a conseguir.
Y estos lapicitos de colores, ¿qué? ¿Te los ha regalado tu novio?
No me constes si no quieres, ¿eh?
Sí, ha sido él.
¿Sí?
Y ese él,
tendrá un nombre.
Digo yo.
¿No me lo vas a decir?
- Estoy intentando normalizar esta situación. - Carlos.
Se llama Carlos.
- ¿Carlos? - Sí.
Puf. Vaya nombre.
[ríe]
Y Carlitos y tú, ¿cómo os conocisteis?
Pues él recibió el vestido de novia que se había perdido de Cristina, vino a traerlo y...
Mira tú que listo el tío.
¿Es cliente nuestro?
- ¿Su madre, su hermana? - Yo nunca lo había visto por aquí.
Pero tampoco le he preguntado. Cuando estamos juntos, no hablamos de las galerías.
Ya.
[Alberto suspira]
Alberto, han sido semanas muy complicadas.
- Y Carlos se ha convertido en un gran apoyo. - Ya, muy bien.
No, si a mí me parece muy bien, quería que lo supieras, que además estoy muy contento por ti.
Que me parece muy bien que después de todo lo que has pasado, pues que seas feliz.
Yo también quiero serlo.
[puerta se abre]
¿Molesto?
Cristina.
Un segundo.
- ¿Qué haces aquí? - He venido a recogerte.
Tendrás que comer, ¿no? Y si vamos aquí al lado he pensado que no...
Te he dicho que hoy iba a estar ocupado, Cristina.
Y yo estoy muy sola, Alberto.
¿No te das cuenta que desde que hemos vuelto de viaje no hemos tenido tiempo para estar juntos?
- Y las cosas... - Tengo que trabajar.
Alberto eres mi marido. ¿Tan extraño te parece que necesite pasar
- tiempo a solas contigo? - Sé que has venido para arreglar lo de ayer,
pero ahora mismo no es el momento ni el lugar.
- ¿Y cuándo va a ser el momento? - Cuando no me esté jugando mi negocio.
¿O es que no lo entiendes?
Me voy.
Te dejo trabajar.
[puerta se abre]
[puerta se cierra, teléfono suena]
[suspira]
¿Qué haces? ¿Por qué estás recogiendo?
- Ya está prácticamente todo hecho, lo que queda - Cristina se acaba de marchar, podemos seguir.
lo puedo hacer yo desde mi cuarto, a no ser que necesites que me quede por algo.
[susurra] No.
Va a ser un éxito, Ana.
Has hecho un trabajo excelente.
Gracias.
[puerta se abre]
[puerta se cierra]
[suena música pop por la radio, Luis tararea la melodía]
¿Cómo vas? ¿Te falta mucho?
Diez minutos, más o menos.
[locutor] Les recordamos, queridos radioyentes, que hoy es el último día para inscribirse
en nuestro concurso de canción ligera.
Aquí, en Radio Continental.
Pasión por la música.
Continuamos con la canción.
Bueno, pues yo ya estoy.
Pero ayúdame con esto, ¿no?
Que no, que no estoy todavía, quiero decir que voy un momento al baño.
¿Vale? Pero vuelvo enseguida y te ayudo.
¿Radio continental? Sí, hola. Quería apuntarme al concurso de canción ligera.
¿Que si canto bien? Pues, como los ángeles.
¿Quiere una demostración? Vale.
[canta] La chica de la Cruz Roja
Novia de la primavera
Nacieron sus corazones
Cantando, cantando Encuentran amores
Hombre, es que así de sopetón, sin calentar ni nada.
Me llamo Rita Montesi...
Rita, no, no. Luisa, Luisa Rivas. Sí.
¿Qué quién es Rita? Pues es una amiga que está aquí a mi lado.
Para, Rita. Que sí, mujer, que ya me he apuntado, que sí.
¿Porque me ha apuntado, verdad?
Pues muy bien, muchas gracias.
[canta] Y la primavera
[máquinas de coser funcionando]
- [chirridos de las ruedas] - Buenas tardes a todas.
No, no se detengan, por favor. No hay nada más relajante que el sonido de las máquinas de coser.
Y la belleza de mi jefa de taller.
- [Lorenzo] ¿Eh, Darío? - [Darío] Por supuesto, don Lorenzo.
Buenas tardes, señor Palacios.
Ya que se niega a tutearme, al menos llámeme Lorenzo, por favor.
[Lorenzo] ¿Cómo va todo?
Estaba organizando la división de talleres. ¿Sabe ya cuántas chicas va a necesitar?
Como mínimo voy a necesitar tres de las ocho modistas.
¿Quiere que habilitemos un espacio para usted y su ayudante?
No, no. Trabajaremos aquí en el taller.
Muy bien, gracias.
[Lorenzo] Verá, tengo algunas propuestas que hacer sobre la
nueva organización del trabajo.
- ¿Qué le parece si las comentamos esta noche - [grito ahogado de Blanca]
durante la cena?
Bueno, si quiere, podemos hablar ahora. Tengo tiempo hasta las siete.
¿Acaso tiene algo mejor que hacer hoy? [Lorenzo ríe]
Elija un restaurante de Madrid. Cualquiera.
[Blanca] Me va a disculpar pero no, gracias.
Relájese, Blanca.
Solo es una cena.
Si le ha dicho que no, ¿por qué insiste?
[ríe] ¿De dónde sale este Quijote de tres al cuarto?
Soy Maximiliano Expósito,
- dependiente de estas galerías. - Sí, dependiente y caballero andante.
[Lorenzo ríe]
Al menos, ya sé a quién tengo que llamar cuando me tengan que traer un paquete a casa.
He cambiado de opinión, señor Palacios.
Acepto su invitación.
Perfecto.
Entonces, ¿la recojo esta noche a las nueve?
En la puerta de las galerías.
Muy bien.
Maximiliano, acompáñeme, por favor.
[gime]
No me lo puedo creer. ¿De verdad vas a cenar con él?
Que sea la última vez que haces algo así.
- Ese hombre te estaba faltando al respeto y no... - Y tú has estado a punto de dejarme en ridículo.
Me basto y me sobro para defenderme. ¿Está claro?
¿O sea que tengo que ver como ese hombre te trata así
y quedarme callado?
¿Es eso?
Parece que empiezas a entenderlo.
¿Y qué? ¿Algún consejo para la gran noche? Algo que deba saber. No sé, decidme.
- No sé, Rita. Eso es algo muy personal. - Y cada uno lo vive de una manera.
Pero vamos, tú no te desanimes si la primera vez no sale bien.
Lo que tienes que hacer es preguntarle a alguien que sea más...
Más resuelta, que no le dé vergüenza hablar del tema, que tenga más experiencia. Más golfa.
Creo que tengo a la candidata perfecta.
Lo primero es elegir la ropa adecuada. A ver.
- ¿Qué te parece este? - No.
No, no, ¿verdad? Demasiado lazo. Con este lo mismo te canta una nana.
Pero tú, ¿hasta dónde has llegado?
Yo de las afueras de Madrid y del pueblo no he pasado. ¿Por?
Ay, Rita, céntrate, que estamos hablando de hombres.
¿Con los hombres? Pues así a...
Poca cosa, pues... Besos.
Y...
Ay, Clara.
¿Tú has visto a algún hombre desnudo?
Sí.
Una vez en el prado. Tenía una hoja de parra ahí.
Pues este hoja de parra no va a llevar.
[ríe]
Mira, lo que tienes que hacer es tomarte una tila. Relájate y déjate llevar.
Si es muy fácil. El sexo es igual que bailar.
Que al principio puede haber pisotones,
pero una vez que le coges el tranquillo,
- te lo pasas de miedo. - [Mateo] Clara, puedes pasar.
- No. - No.
Espera, que yo salgo.
Pruébatelo.
¿Qué pasa?
Sé que hoy íbamos a cenar al Alcalá, pero hay cambio de planes. Cenamos en mi casa.
- ¿Qué? - Sí.
Lo he hablado con mi madre y con mis tías. Les he dicho que estamos saliendo juntos.
La verdad que tenía un poco de miedo a cómo iban a reaccionar
porque soy el niño de sus ojos, pero no sabes cómo se han puesto de contentas.
- ¿De verdad? - Sí. Tanto es así, que quieren conocerte.
Hoy mismo.
- ¿No te hace ilusión? - Sí.
Pero tenías que haberme consultado. Eso es ir demasiado deprisa.
La verdad es que soy el primer sorprendido. Pero ver cómo reaccionaste cuando te conté la verdad
me ha hecho darme cuenta de que tengo que empezar a madurar.
De que tengo que empezar a tomarme en serio lo que es nuestra relación y mi familia.
[susurra] Eres la única mujer con la que me he atrevido a hacer algo así.
Dime que vendrás, por favor.
Te recojo a las diez.
- Has oído lo que... - Sí, hija. Todo.
Con la noche que te espera, igual el picardías te viene mejor a ti que a mí.
¿Picardías?
Lo que voy a necesitar es ropa de monja.
[ríe] ¿Ropa de monja tú? ¿Y de dónde la vas a sacar?
De tu armario.
[ríe]
No está mal.
Es un buen trabajo para un aficionado
o para alguien que acaba de empezar.
Como creo que es el caso de esta señorita.
Quizá le parecen muy modernos o atrevidos,
pero son ideales para una línea que está en expansión como es Airsa.
Moderno no significa estrambótico.
La modernidad no es un adjetivo en el que quepa cualquier cosa.
No, no, no.
Hay que repetirlos todos. Desde el principio.
No. Ni hablar.
- Lo que tenemos es muy bueno. - [Enrique] Alberto.
Llevo muchos años en el mundo de la moda y sé reconocer cuando algo es bueno, y esto lo es.
- Voy a apostar por ellos. - Muy bien.
Si mi opinión no va a ser tenida en cuenta...
- Por supuesto que se va a ser tenida en cuenta. - Te vas a equivocar, Enrique.
Los diseños se van a repetir y punto.
¿Dónde está Ana, Rita?
Acaba de salir. Había quedado con su...
Bueno, con el...
¿Con quién?
- Con su novio. - Ya, ya, la espero.
Rita, ¿tienes un momento?
- ¿No puede esperar a mañana? Tengo prisa. - Esa flor no te pega nada, de verdad.
Hijo, de verdad, cada vez que me arreglo tienes algo que opinar.
- ¿No has dicho que iba a ser un momento? - Mira, te quería decir algo muy importante
desde hace mucho tiempo, pero es que nunca he tenido el valor de decírtelo, es que nunca...
Dime algo que no sepa.
El problema que tengo es que te quiero decir algo, te doy la espalda porque me da mucha vergüenza.
- ¡Pedro, de verdad que tengo prisa! - ¿Dónde vas tú ahora?
Pero bueno, serás cotilla. ¿Y a ti qué te importa?
Oye, ¿que vas a dormir fuera?
Pues sí, sí, sí. Eso voy a hacer.
Pero no puedes. Tienes aquí una habitación y tienes una cama y tienes al manitas.
El manitas, sí.
- Se llama, Adolfo, que está bautizado. - Una pregunta, una pregunta.
¿Vas a...?
¿Vas a dormir
con él?
Y, y si lo fuera a hacer, ¿hay algún problema?
No.
Ninguno.
Rita...
La flor.
Que te queda muy bien.
[llaman a la puerta]
¿Aún no estás lista?
¿Estás bien?
[afónica] Es que he cogido frío.
[tose]
Se acabó la bombona y tuve que terminar la ducha con agua fría.
Ah pobre, con agua fría.
Yo no quiero que tus tías y tu madre me vean así.
Tenemos que cancelarlo.
[Clara tose]
Clara, no les puedes hacer esto.
Tienen tanta ilusión.
[afónica] Ya, lo siento mucho, pero es que me encuentro mal.
Y si voy, me voy a encontrar peor.
Clara, pero si va a ser ir del coche a la casa, de la casa al coche.
Además, mi tía Herminia tiene un remedio buenísimo que usaba
con mi hermano y conmigo cuando éramos pequeños que es mano de santo.
Mateo, que es la primera vez que me van a conocer
y no quiero que me vean con este aspecto.
A mi madre no le importan las apariencias, Clara.
Y a mis tías muchísimo menos.
Pero mira, para que te quedes tranquila,
un poquito de colorete,
una bufanda para que no te coja frío en la garganta,
y, a ver, un momento.
Y esto que te sienta como un guante.
[sin afonía] ¡Mateo, para!
- No puedo conocer a tu madre. - ¿Por qué no?
¡Porque no, porque ya me conoce! ¡Porque fui a tu casa y la confundí con tu amante!
Ah.
- ¿Ya lo sabías? - Lo sabía.
- ¿Lo sabías? - Lo sabía.
- ¿Y cómo puedes hacerme esto? - ¿Yo?
- Sí, tú. - ¿Yo?
[levanta la voz] Pero ¿cómo te atreves?
[levanta la voz] ¿Y tú a mi qué? ¡Vas a mi casa, insultas a mi madre, y encima me mientes!
Perdona. ¿Yo? ¿Y tú? Si tú me hubieras
dicho la verdad desde el principio, esto no habría pasado, que eres tú el primero que me ha mentido.
¿Quieres que escuchar la verdad?
- Sí. Sí. - ¿Sí?
¡No quiero que vengas a mi casa a conocer a mis tías!
¡Por lo menos, hasta que les haya dado demencia senil
y no se acuerden del lío que montaste por hacer las cosas sin consultar!
¿Sí? Pues no te preocupes, eh, que yo tampoco quiero ir a conocer el santuario de Mateíto.
- Sí, ¿qué pasa? - Porque te llaman Mateíto.
¡Me encanta que me llamen Mateíto!
¡Mateíto esto, Mateíto lo otro! ¡Me encanta, me encanta vivir con mi madre,
con mi tía, con sus tras gatos, me encanta!
¡Me encanta que me hagan la cama, que me compren la ropa,
me encanta hasta que me hagan el nudo de la corbata! ¿Contenta?
Sí, pues es más que evidente que esos calzones que sueles llevar no te los compras tú.
¿Qué le pasa ahora a mis calzones?
Pues no lo sé, porque a mí me encantan.
Me gustan como todo lo tuyo. Menos cuando me vuelves loca, que me dan ganas de matarte.
En eso estamos de acuerdo los dos.
[susurra] Pero esta noche,
mis calzones y un servidor se irán a su casa,
a la que usted está vetada hasta nueva orden.
Buenas noches, "Clara con demasiada experiencia".
[puerta se abre]
[puerta se cierra]
- [Blanca] ¿Puedo ayudarle en algo? - Sí.
No sé qué habitación me corresponde. Vengo a instalarme, pero...
- Quizá le pregunto a don Emilio. - ¿A instalarse?
- Sí. - ¿Por qué?
Bueno, ¿no te han dicho nada?
Eh, no.
Soy la nueva jefa de taller.
¿Qué tal?
Bienvenida.
Muchas gracias.
No hay nada que leer, hija. Es lo que ya te comenté.
Un contrato para cederte todo mi patrimonio,
y el otro para anularlo
y devolver todo a su sitio cuando esa mujer haya desaparecido.
Tienes que firmar cada hoja, a mi lado y después al final también.
Contra ti no podrá hacer nada.
[papel rasgándose]
¿Pero qué estás haciendo? ¿Te has vuelto loca?
[Patricia] Todo lo contrario.
Aquí tiene su copia del primer contrato.
Patricia, esto no me hace ninguna gracia. ¿A qué viene este numerito?
Estoy haciendo exactamente lo mismo que usted me hizo a mí.
Ahora sabe lo que se siente cuando te echan a la calle sin nada.
[ríe]
Pero ¿tú quién te has creído que eres?
A partir de este momento,
la dueña de todo.
Puede quedarse en la casa de la playa, yo no soy tan cruel como usted.
Me basta con perderla de vista, madre.
Todo esto es por su culpa.
Lleva toda la vida humillándome.
Y ahora, por favor,
no haga de esto un drama.
Ah,
y no de un portazo cuando salga, por favor.
Un poquito más rubita,
- que estamos de fiesta. - Sí. Bueno.
- Sí, señor. - Bueno, baja un poco el tono,
que nos van a oír de la habitación de al lado.
Bueno, que se vayan preparando.
- A ver, a ver vecinos. - [golpea la pared]
[Adolfo] Bueno, ¿no te lo bebes?
- Sí. - Venga.
- Uy, sí, señorita. - Adentro.
Bueno, ¿qué?
Guapa.
Gracias.
- Sí. - Ay...
[Rita ríe incómoda]
Eh, voy a un momentito a...
Un momentito al baño, ¿vale? Pero vuelvo enseguida. Tú quédate ahí
- quietecito. - Aquí me quedo.
No te muevas, que ya vuelvo yo, ¿vale?
Guapa.
Sí.
A ver Rita.
¿Qué? ¿Me has echado de menos, guapo?
¿Eh? ¿Sí?
Así, no, así, no. Mejor que no.
Bueno, pues...
Pues ya estoy de vuelta.
[ríe]
[suspira]
Pero ¿qué le vas a decir?
Si él no quiere oír, él quiere hacer.
Así que haz, hija, haz, haz.
Y déjate de decir, ¿eh?
[Pedro] La flor,
que te queda muy bien.
Adolfo, he pensado que quizás es mejor que esperemos...
¡Madre del amor hermoso! Pero ¿tú qué haces de esa guisa?
Estas cosas con ropa son un poco difíciles.
Tápate, tápate que así no te puedo hablar.
- Tápate. - ¿Pero qué te pasa?
Me pasa que... Me pasa que me he "equivocao".
Que yo pensaba que estaba preparada, pero no lo estoy, no lo estoy de...
De ninguna de las maneras.
Que yo no llevo todo este tiempo reservando mi flor para dársela
- al primero que se desnuda delante de mí. - ¿Qué flor? ¿De qué hablas? ¿Qué flor?
Pues esta.
Gracias.
Me gustaba más antes.
[Ana ríe]
Podrías llevar un mono y aun así me gustaría.
[Carlos] Gracias por esta noche maravillosa.
¿A mí?
No, gracias a ti.
Que me has venido a buscar, me has llevado a cenar a un restaurante precioso
y ahora me vuelves a traer.
[Carlos] Y te beso antes de acostarme.
No me has besado.
Es el nuevo novio de Ana.
¿Carlos? Tarde o temprano iba a pasar.
Ella iba a rehacer su vida.
¿Qué te crees, que se iba a quedar para vestir santos?
¿Sabes que desde que llegamos de Roma
no me ha venido el...?
Raúl de la Riva.
¿Qué, has venido a saludar?
Estos papeles
demuestran que jamás plagié a mi antiguo socio.
La pena es que la causa no se resolviera antes de que contratáramos a un gran diseñador.
Yo en realidad esta noche he venido aquí para abrirte los ojos.
¿De qué estás hablando, Raúl?
Tu hermano Enrique intentó hundirme.
- Pues ya estamos todos. - Falta Gloria.
- Y todavía no sé cuándo... - Mi madre no va a venir.
Me ha dejado todas sus acciones. Ahora también controlo su parte de la empresa.
- Tu madre no creo que haya... - Me da igual lo que tú creas, Alberto.
Esos documentos lo dejan bien claro.
Ahora controlo el 40 por ciento de esta empresa.
Creo que a partir de ahora estoy en posición de elegir
qué quiero hacer dentro de esta empresa.
- ¿Puedo pasar? - No quieres más
de lo que tenemos, pero si quieres desahogarte yo tengo que estar dispuesto.
Blanca, me he cansado. Me he cansado de que me uses cuando quieras.
¿Olvidando o celebrando?
Son los únicos motivos que pueden traerle a un bar a estas horas de la noche.
Más lo primero que lo segundo.
Suena complicado.
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