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TODOS: ¡Uuuuh!
EL IMPARABLE YELLOW YETI
Observad el cascabel.
- Vale. - ¡Mirad!
¿Y para qué es?
Para colocárselo en el cuello al horrible monstruo
que nos ha estado robando las remolachas, la Glotona.
Da, Rufus.
Oh, se me habían olvidado los colmillos.
Con este cascabel escucharemos acercarse a la Glotona
y no podrá robarnos las remolachas.
¿Y no podemos compartir las remolachas con la Glotona?
No. A la Glotona hay que marcarla.
¿Y le vas a colocar tú el cascabel?
Bueno, no. El héroe destinado a llevar a cabo esta misión
sentirá la llamada de este cascabel y dará un paso adelante.
¡Uh! Hora de comer.
¡Oh, cómo brilla!
-La Glotona ha vuelto. -Robará las remolachas.
¿Con qué alimentaremos a nuestros hijos?
¡Parad! Todavía no le hemos colocado el cascabel a la Glotona.
Entonces, ¿por qué está sonando?
Porque nuestro héroe ya ha aparecido.
TODOS: ¡Nuestro héroe!
Yo, Rocadura,
haré exactamente lo que queréis que haga.
No sé cómo, pero les he prometido que le colocaré esta cosilla
-a la Glotona. -Qué divertido.
Claro, si por divertido entiendes que te desmiembren poco a poco.
No es la primera vez que el viejo Gustav se enfrenta a un glotón.
Además, Rocadura es un buen rastreador.
-Juntos somos expertos en glotones. -Excepto porque la Glotona
es la madre de todos los glotones.
¡Oh!
Pues Rocadura retira su oferta.
Espera, no habrás hecho un juramento del arenque.
Tienes razón, señor arenque,
usted, Rocadura y yo hemos hecho una promesa solemne.
-¿Adónde vas? -A ayudar a Gustav.
Nosotros juramos ser buenos amigos, ¿recuerdas?
¡Oh!
¡Eh, Gustav! Pensaba que íbamos a buscar a la Glotona.
¡Ah, sí!
Anoche soñé que la Glotona saqueaba todas las despensas
de remolacha del pueblo,
así que estoy intentando recrear ese sueño en busca de pistas.
¿Seguro que fue un sueño?
Bueno, es que tengo un sueño muy profundo.
-En fin, buenas noches. -Creo que la Glotona ha estado aquí.
-Deberíamos rastrearla. -Ah, sí.
Eso es lo que yo, Rocadura, haría en esta situación. ¡Ay!
¡Ajá! Las huellas llevan hasta aquí.
Estoy segura de que llevan a la calle.
GUSTAV: Buscar y buscar, buscar y buscar.
Buscar, buscar. Buscar y buscar.
RITA: Ese canturreo nos está distrayendo, Gustav.
GUSTAV: Soy Rocadura y tu comentario sí que distrae.
Buscar y buscar.
Ha sido una búsqueda larga, pero me ha encantado el camino.
Ahora solo hay que colocarle el cascabel a la Glotona.
¿Habéis traído el cascabel?
Vale, ahora solo hay que colocarle el cascabel a la Glotona.
Sí. Ojalá tuviésemos también un collar.
Ay...
Chicos, id vosotros,
yo me voy a jugar aquí la vida con la Glotona.
Vale, creo que estamos listos.
-Recuerda, la Glotona es muy fiera. -No te preocupes.
Rocadura es silencioso como un ninja.
Rocadura necesita otra estrategia.
♪ Mi, mi, mi, mi, mi ♪
Arriba esos ánimos, gente, tenemos que dar un espectáculo.
-¿Qué es todo esto, Gus? -No soy Gus, soy Rocadura,
el rastreador y también director de teatro.
♪ Mi, mi, mi, mi, mi ♪
Para empezar, debéis aprenderos vuestras frases a frases.
¿Frases para qué?
Una saga épica sobre glotones que he escrito para atraer
y distraer a la Glotona y colocarle el cascabel.
¿Habéis dormido todo este tiempo?
Venid todos a escuchar la maravillosa historia
-de la saga de los glotones. -Un poco plano todo, Osmo.
Así no podremos ponerle el cascabel a la Glotona.
Cuando el mundo era joven, los glotones poblaban el planeta.
¡Ay, madre mía, cuántas cosas!
Pero los osos no pudieron soportar
lo maravillosos que eran los glotones.
Mirad.
Mi guion termina con unos dibujos tuyos un poco raros.
Entonces debemos improvisar.
Y entonces comenzó una gran batalla
entre los glotones y los osos.
Pero los glotones eran unos máquinas
y acabaron ganando a los osos, que eran tan básicos
que ni puedo explicar lo básicos que eran.
-Espera, ¿de verdad ha funcionado? -¡Uh!
Rocadura ha nacido para subirse a los escenarios.
Yo, Rocadura, rastreador y director de teatro,
le he colocado el cascabel a la Glotona.
TODOS: ¡La Glotona!
Rocadura, ayuda.
Rocadura, la Glotona ha vuelto a atacar otra vez.
No, le puse el cascabel, ¿recordáis? Seguramente lo habréis soñado.
Y ahora todos a la cama.
-¿Estáis soñando lo mismo que yo? -TODOS: Haz algo, Rocadura.
Yo, Rocadura, te ordeno que dejes esas remolachas
y que pares.
¿Qué hacemos ahora? No estoy seguro.
Esperad, a Rocadura también se le da genial el teatro.
Vale. Vamos a montar un espectáculo.
¿Qué estás haciendo?
Montar una obra para recuperar nuestras remolachas.
-¿Qué pasa ahora? -Más obras de Rocadura.
Sí, me cuadra.
Deja de hacer el bobo y ataca esa bestia.
Creo que yo, Rocadura, sé perfectamente lo que hago, señor.
He dicho que ataques a esa bestia ya.
Ataca, ataca.
¡Ayuda!
La Glotona se ha ido sin remolacha. ¡Conseguido!
Pero se ha llevado a mi padre. Para hacer tortilla de remolacha
hay que cascar alguna que otra. Tenemos que rescatar a mi padre.
Yo, Rocadura, digo que tenemos que rescatar a mi padre.
Es mi padre y eso lo he dicho yo.
Me pregunto para qué querrá la Glotona a tu padre.
Esa es una pregunta para el sargento McYeti,
pero hoy me voy a centrar en rastrear y montar obras.
Nunca os acerquéis a una madre que protege a sus crías.
-¿Qué hacemos? -Yo, Rocadura, no tengo ni idea.
A menos que vuelva como el chef Deliciosalsez y le diga a la glotona
-que los alcaldes son indigestos. -No creo que funcione.
Tienes razón.
Quizá el doctor Marron Azo sea más convincente. ¡Tatatachán!
No, déjate de actuaciones. ¿Qué haría Gustav, el yeti amarillo?
Pues ni idea.
Puede que no esté hecho para estas heroicidades humanas.
Déjate de chorradas. Eres más humano cada día que pasa.
La última vez que me diste un poco de tu sándwich
ni siquiera llevaba mugre de los pies.
Tienes razón. Así lo vamos a solucionar.
¿Comiendo sándwiches? Vale.
No, compartiendo. Yo mismo con mi mecanismo
propongo que el pueblo comparta las remolachas contigo, Glotona,
para que todos podamos convivir en paz.
Jamás.
Yo no negocio con animales salvajes y ordinarios.
No, espera.
Bueno, supongo que podríamos darte un par de remolachas
como una ofrenda semanal.
¡Sí! Yo, Gustav, soy el mejor rastreador,
director de teatro, negociador de rehenes
y solucionador de crisis familiares. ¿Quién es Gustav?
No importa. Quizá tengas la suerte de conocerlo algún día.
Me pregunto quién será el bobo que le traiga
a la Glotona sus remolachas.
Supongo que lo de compartir las remolachas fue lo correcto
-a fin de cuentas. -Se lo dije.
OLVÍDAME, YETI
¡Adiós, mamá y papá!
-¿Vais a estar fuera toda la tarde? -Por supuesto.
Tengo que revisar el pueblo de arriba a abajo,
empezando por abajo, las alcantarillas.
Y yo tengo un duelo a mediodía con el señor leñador.
Pero os he dejado arenque y sándwiches de remolacha.
Gracias, pero no hacía falta.
Prometo proteger su mansión de los habitantes rebeldes
en su ausencia, alcalde Chrome.
Sí, este pueblo obedece mis reglas sin cuestionarlas, Rufus.
Solo limpia las moscas muertas que acaban en las lámparas.
Las moscas pueden esperar.
Hoy Rufus quiere jugar a ser la señora de la mansión.
¡Oh! ¡Oh! Las moscas muertas no hacen ruido,
a menos que sean habitantes rebeldes.
Muy bien, ahora comamos. Aquí está el pan, pan monstruoso.
Masamons, ahora te toca a ti.
Decidme, ¿por qué vais tan elegantes?
Para disfrutar de la buena vida. Acéptalo, Rita,
nosotros vivimos como un par de don nadie,
yo en una caseta de esquí y él en tu despensa
de las remolachas.
La buena vida no es como vosotros pensáis.
¿Estáis seguros de que eso es apto para el consumo humano?
-Hola. Estoy aquí. -Perdona, olvidé que tienes corazón.
Para ser sincero, vosotros me creasteis
a partir de mugre de monstruo,
es posible que sufráis efectos secundarios como trasero anegado,
hinchazón de las fosas nasales, también del trasero.
¡Dios! Masamons, corta el rollo.
¡Habitantes rebeldes!
AMBOS: ¿Eh?
-¿Nos conocemos? -Ni siquiera me conozco a mí mismo.
Solo recuerdo decir... Solo recuerdo decir...
Solo recuerdo... He entrado en bucle.
¿Dónde estamos? ¿Qué hacemos? ¿Quién soy?
Recomponte, seas quien seas. Espera, primero me voy a presentar.
Yo soy... Yo soy... ¡Ay!
-Hola, Arm. -Me mola el nombre.
A mí me gusta porque es fácil de pronunciar, Arm.
No quería decir eso, pero bueno.
Seguro que podemos averiguar quiénes somos.
Vosotros os estabais abrazando, seréis pareja.
Y nosotros somos niños. ¿Es posible que seamos vuestros?
Ya veo el parecido.
Yo no, pero estamos todos juntos en esta casa
y estábamos a punto de cenar. ¿Seremos una familia?
Solo hay una manera científica de comprobarlo: abrazo grupal.
Me ha gustado. ¡Sí que somos una familia!
¡Oh! ¿Qué ha pasado?
-Acabamos de despertarnos obviamente. -Vale, pero ¿y antes de eso?
Pues ni idea, la verdad.
Vale, que todo el mundo se tranquilice.
-Estamos tranquilos. -Totalmente tranquilos.
Genial. Entonces querréis una respuesta de vuestro líder.
¿Quieres decir que tú eres nuestro líder?
No seas ridícula. Los líderes viven en las colinas en casas enormes
como aquella.
Familia, creo que tenemos la guarida de un monstruo aquí abajo.
Olvídate de eso. Mira todas las habitaciones que tenemos aquí.
Vivimos a lo grande. Hay hasta una cama.
¿En serio? ¿Y por qué no nos ponemos a dar saltos? Vamos, niños.
¿Queréis saber quiénes somos en realidad?
Hola. ¿Es posible que nos concedan una audiencia
con nuestro querido líder?
Mostrad más respeto, es obvio que son importantes,
hasta de la realeza.
Te lo dije, princesa, somos importantes.
A ver, sus altezas, ¿alguno sabe quién es?
No, pero podemos ser quienes queramos ser.
Debéis disculpar a mi revoltosa hija.
-Decidnos lo que sabéis. -El señor patilargo y yo
hemos despertado junto a un agujero. Lo siento, no recuerdo tu nombre.
Por esa llave inglesa que lleváis en la mano
yo diría que ambos sois ingleses o quizá fontaneros de mi reino.
Sí, reina, sabias palabras, yo creo que los fontaneros.
-¿Alguna otra pregunta? -¿Por qué tenemos estas motosierras?
Es obvio que sois un dúo de malabaristas.
En esta carta pone que soy la señorita Atomic Pie.
Eso es por lo que eres científica nuclear.
-O la chef real. -¿Por qué no ambas cosas?
A juzgar por mis arrugas, diría que llevo aquí mucho tiempo,
pero no recordaba así las cosas.
Juro que antes el cielo era azul y no de este color tan apagado.
Vamos a escucharle, podría ser un anciano sabio.
¿Alguien ha visto mis dientes?
Juraría que los tenía bajo el sombrero.
¿Seguro que vivíamos aquí?
¿Dónde vamos a vivir los fontaneros, barbitas, en una mansión?
Somos de las alcantarillas. ¿Dónde está la acción?
-Yo duermo en la cañería de arriba. -¿Por qué?
-¿Desde cuándo eres el jefe? -Lo pone en mi pañuelo, listo
pone Chrome, y las cañerías están hechas de cromo,
por lo que seguro que soy un genio de la fontanería;
lo que te convierte a ti en mi ayudante, así que obedéceme.
Y ahora a descansar. ¡Quema, quema, quema!
De las cañerías a las estrellas.
Vosotros también deberíais estar abajo.
Lo siento, no sé por qué he dicho eso.
Me ha salido instintivamente.
-¿Y ahora qué haces? -Haciéndoos la pelota, majestades.
¿Puedo llevarle los libros, princesa Arm?
-Mejor, ¿podemos cargarla a usted? -No será necesario.
Venga, princesa Arm, dale a la gente lo que quiere.
Tres platos de mugre de los pies, por favor.
¿Y de dónde voy a sacar eso?
Yo no te pregunto a ti cómo hacer mi trabajo,
científica nuclear/barra cocinera.
Yo quiero un pastel de col de mofeta.
Necesito la proteína para hacer piruetas con mi reina.
Papá, mamá, en la mesa no.
Yo quiero las tortitas de savia, pero sin las tortitas.
Eso es azúcar puro, su alteza.
Sí, pero es que este príncipe no merece menos.
A ver qué os parece a vosotros lo de convertir la despensa
en una mazmorra para los habitantes que se porten mal.
¿Muy horroroso?
Bah, se me ha pasado el hambre.
Siempre has sido una niña requetecomplicada.
¿Siempre? Pero si no recuerdas nada de antes de esta mañana.
Ya, y has sido complicada desde entonces.
Ahora deja de fastidiarnos la cena. Todo va bien.
-Perdón. -No te preocupes, no pasa nada.
Creo que es la forma que tienen las cañerías
de decirnos que algo va muy mal.
Esa peste no es nada comparada con la de la comida que he tenido
que preparar para nuestros líderes.
La práctica hace la perfección.
¡De eso nada! Sois todos unos perdedores.
Perdón, sois perdedores en esta vida que vivís ahora,
pero puede que no sea vuestra vida.
Esa niña me ha robado las palabras de la boca
-y puede que los dientes. -¡Paparruchas!
Yo soy un genio de la fontanería desde siempre.
¿Estás seguro? ¿No lo veis?
No deberíais dejar que nadie os dijese quiénes sois.
Debéis vivir vuestra vida, tener sueños propios,
-empezar... -TODOS: ¡Una revolución!
Princesa, ponte aquí.
Este rectángulo es capaz de grabarlo todo.
A nuestro público le va a encantar esto.
Lo dudo, porque creo que he desatado una pequeña revolución.
TODOS: ¡Revolución, revolución, revolución!
Habitantes rebeldes, van a echar abajo nuestro palacio.
¡Rápido, a la azotea!
TODOS: ¡Revolución, revolución...!
Adiós, mamá y papá. ¿Vais a estar fuera toda la tarde?
Aquí está el pan, pan monstruoso.
¿Estás seguro de que eso es apto para el consumo humano?
Es posible que sufráis efectos secundarios.
-El pan monstruoso. -Efectos secundarios.
Así hemos perdido la memoria.
Yo no soy una reina, soy un yeti amarillo.
¿Contraje matrimonio con un monstruo?
No, qué va. Y no somos de la realeza.
-No somos nadie. -Escuchad, vosotros sois lo más raro,
lo más salvaje y lo más alucinante que le ha pasado nunca
a Villainvierno, que ya es mucho decir para este pueblo.
Qué bien que vuestra personalidad esté de vuelta.
Sé que no formo parte de vuestro grupito,
pero parece que los de ahí abajo siguen sin recordar nada.
Quizá mis pulmones de monstruo puedan devolverle sus recuerdos.
TODOS: ¡Revolución, revolución...!
Espera, puede que yo tenga afición por cazar monstruos
y tú eres uno,
pero quiero que recordemos el tiempo que hemos pasado juntos,
mi reina.
Un momento, yo soy el alcalde y esa es mi casa.
-Rufus. -Rufus.
¿Sabéis? Ponerse en la piel de los demás
ha ayudado a que todos se lleven bastante mejor.
Pues yo me alegro de volver a ir descalzo,
esos tacones me estaban matando.
Pero me pregunto si Rufus recordará algo de todo esto.
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